El parto de los montes
Un días los montes comenzaron a temblar, sacudirse y lamentarse.
Todos los lugareños se asustaron muchísimo al ver a estos montes
siempre tan serenos y bonitos, en una actitud tan extraña. Los montes
parecían contraerse y lamentarse, tanto que las parteras del pueblo
comenzaron a decir que iban a dar a luz. Y así las personas que vivían
en los alrededores, atemorizadas, fueron viendo durante todo el día
cómo los montes se quejaban y temblaban, cada vez más fuerte. Hasta
que al anochecer, se produjo un estruendo tremendo, los montes se
abrieron, y de la grieta salió un pequeño ratón.
La moraleja de la fábula
La moraleja de esta historia recuerda el refrán popular «mucho ruido y
pocas nueces», es decir aquellos acontecimientos que se anuncian como
algo mucho más grande o importante de lo que realmente terminan
siendo.