XVI Congreso Internacional de Filosofía - Filosofía: razón y violencia
Toluca, 24 al 28 de octubre de 2011
Violencia en la formación humana: el caso de los cínicos.
Alexandra Peralta Verdiguel, FFyL, UNAM
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El tema que se abordará en esta ponencia se circunscribe a revisar una filosofía helenística,
a saber, el cinismo. El motivo es que nos permite reflexionar en qué medida la acción del
que asume la formación de otro implica una cierta violencia. El caso de los cínicos parece
ser paradigmático, pues el gesto violento o agresivo –que no es en perjuicio físico ni moral
de los demás- pretende un fin formativo: la transformación de la forma de vida.
El objetivo es mostrar cómo la práctica del cinismo implica un compromiso del filósofo que
podemos caracterizar de pedagógico en dos sentidos: i) debido a la atención y esfuerzo
constante por alcanzar la virtud y, en esta medida, la práctica de una auto-formación y ii) el
interés por mostrar la necesidad de un tipo de formación ya sea mediante el testimonio de
su propia vida o sea desempeñando la función de maestro. Asimismo, se pretende señalar
que el filósofo cínico se sirve de un cierto tipo de violencia para provocar dicha formación.
Atendiendo a este propósito en primer lugar, será necesario exponer los rasgos principales
de la filosofía cínica y de sus figuras más representativas, en segundo lugar se señalarán las
razones por las cuales la práctica cínica implica un carácter pedagógico, a partir de lo cual
se mostrará en qué sentido hay un cierto tipo de violencia en la propuesta formativa del
cínico.
Bíos Kynikós
El periodo helenístico fue cuna de variadas propuestas filosóficas. El cinismo se reconoce
como reacción a su propio contexto1, no obstante la impronta de esta escuela supera los
1
Para mayor información consulte los siguientes textos: Brun, Jean. El estoicismo. Buenos Aires, Eudeba,
1962; García Gual, Carlos. La filosofía helenística. Madrid, Síntesis, 2007; Petiti, Paul y André Laronde. La
1
límites históricos de su nacimiento y nos muestra su valor como actitud vital, pues esta
filosofía no es otra cosa que una forma de vida.
La filosofía cínica no se basa en la presentación oral o escrita de discursos teóricos, en
cambio es abundante en anécdotas, dichos, máximas y sentencias. Esto es lo que puede
hacer creer que la pobreza teórica del cinismo es razón suficiente para no admitir su
importancia filosófica. Más, hemos de reconocer que en la Antigüedad el filósofo no se
distinguía únicamente por sus discursos sino principalmente por su forma de vida. En este
sentido señala Hadot que el filósofo es un atopos con relación al resto de los hombres, es
decir, es inclasificable y singular.2 El filósofo antiguo se diferencia drásticamente de los
demás, pero el cínico representa la radicalización de esta extrañeza.
Ahora bien, se suele ubicar la fundación de esta escuela en el siglo IV a.C. por Antístenes,
aunque, como veremos, será Diógenes de Sinope la figura paradigmática de la escuela. Se
tiene noticia de que el último filósofo cínico fue el ascético Salustio en el siglo VI d. C. Si
bien las condiciones en las que nace el cinismo no son las mismas en los casi diez siglos
que duró la escuela, sí podemos decir que la postura fundamental permanece, a saber, el
esfuerzo por alcanzar la virtud y con ella la felicidad a través del rechazo de las
convenciones sociales y la afirmación de un “retorno” a la naturaleza.
Una de las características del periodo helenístico fue el derrumbamiento de la polis como
marco referencial de la vida de los hombres. Para el tiempo de la expansión del imperio
macedonio dirigido por Alejandro Magno pero aún más después de su muerte en 323 a. C.
las ciudades, inestables e inseguras respecto a su devenir, no ofrecían a los hombres la
confianza que en otros tiempos fue fundamental para los filósofos. Pues “«vivir bien» será
a partir de ahora mucho más difícil que en el pasado. Los filósofos griegos que vivieron en
una Ciudad todavía responsable de sí misma asociaban directamente el buen gobierno de la
polis y el buen gobierno del alma. La idea de la Ciudad-pedagogo fue uno de los
fundamentos de la cultura clásica”.3
civilización helenística. México, Jus, 2008; Puente Ojea, Gonzalo. Ideología e historia. El fenómeno estoico en
la sociedad antigua. México, Siglo XXI, 1995; Tarn, W. W., La civilización helenística. México, FCE, 1969.
2
Vid. Hadot, Pierre. Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Madrid, Siruela, 2006.
3
Daraki, María y Gilbert Romeyer-Dherbey. El mundo helenístico: cínicos, estoicos y epicúreos. Madrid,
Akal, 2008, p. 13.
2
Así pues, ante la pregunta ética sobre ¿cuál es la vida buena? y la pregunta pedagógica de
¿cómo formarse? El filósofo helenístico tiene que buscar el camino por su cuenta y
formular una respuesta. La respuesta cínica es el rechazo de las convenciones, de la
civilización. Para abrir paso a un regreso a la naturaleza que implica también la reinvención
y el tallado de su propia escultura.
El modo de vida cínico se caracteriza por una voluntad de transgresión y un espíritu
«contestatario». Retoma la oposición, ya discutida por los sofistas, entre la naturaleza y la
civilización, la physis y el nomos. Su apuesta es la denuncia y rechazo de las inútiles
necesidades impuestas por la sociedad, tales como el lujo y la banalidad, proponen una vida
al margen de las convenciones y deberes sociales. Su fin es esforzarse para alcanzar la
virtud, cifrada en la libertad, la independencia, y la autosuficiencia. En esto consiste la
felicidad del cínico.
Los cínicos encontraron el camino de “regreso” a la naturaleza en la observación e
imitación de algunos animales. Aunque se propongan distintas razonas por las cuales estos
filósofos recibieron el adjetivo kynicos,4 es decir “perruno”, no cabe duda que podemos
admitir que sus acciones despreocupadas y desvergonzadas tomaron muchas veces como
modelo al perro. Así, Diógenes habría recibido tal caracterización por parte de sus
contemporáneos y le habría parecido sumamente acorde a su práctica.5
De esta forma, la filosofía cínica es totalmente ejercicio (askesis) y esfuerzo. Aquél que
quería adoptar el tribon6 del cínico asumía que la filosofía se muestra en la acción, que la
elección filosófica implica la elección de una forma de vida, a la cual es inherente la
4
Onfray ofrece tres razones por las cuales los cínicos recibieron ese nombre: 1) Antístenes dio sus lecciones
en el Cinosargo, 2) debido a el perro guardián del Hades, Cerbero. Y 3) por la constelación del Can que
augura los tiempos de canícula. Vid. Onfray, Michel. Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros.
Argentina, Paidós, 2002, p. 35-43. No obstante, parece más plausible la idea que sostiene García Gual:
“Quienes comenzaron a apodar a Diógenes de Sinope «el Perro» tenían muy probablemente intención de
insultarle con un epíteto tradicionalmente despectivo. Pero el paradójico Diógenes halló muy ajustado el
calificativo y se enorgulleció de él.” García Gual, Carlos. La secta del perro. Madrid, Alianza, 2007., p. 21
5
No se tiene certeza sobre a quién se le habría adjudicado primero este adjetivo, o bien a Antístenes o bien a
Diógenes. El mismo Laercio, nos indica que los dos se conocieron como “kynicos”. No obstante Diógenes de
Sinope se considera el perro por excelencia. Al respecto es interesante la breve pero precisa reconstrucción
que ofrece García Gual respecto al significado de este adjetivo en la literatura anterior al cinismo. Vid. García
Gual, Carlos. Op. Cit.
6
El tribon era un manto o retazo de tela rústica de color oscuro, que llevaban los cínicos como parte de su
indumentaria. Vid. Onfray, Michel. Op. Cit.
3
realización de un trabajo con uno mismo que tiene como máxima el “vivir conforme a la
naturaleza”.
Si bien nos podríamos dejar llevar por lo humorístico de algunas anécdotas cínicas, hay que
resaltar que el cínico realizaba una auto-formación, donde el esfuerzo es una constante. El
cínico tiene la atención sobre él mismo y, realiza una autodisciplina. Éste es el camino que
proponen para llegar a ser hombres. Así pues, el camino del cínico a pesar de la sentencia
de que es «el camino más corto a la virtud»7, no es un sendero para cualquiera ni tampoco
el que requiere menor esfuerzo. No basta con vestir como cínico sino serlo.8
Si el cínico muestra su filosofía en sus actos y dichos será necesario apuntar algunos de los
rasgos propios de la vida de los hombres que se adscribieron a esta escuela, se destacará
principalmente la figura de Diógenes de Sínope por dos razones: se tienen más testimonios
sobre él y además se constituyó su figura como la del cínico por antonomasia. Para cumplir
este objetivo uno de los recursos más valiosos es el libro VI de Vidas y doctrinas de los
filósofos más ilustres de Diógenes Laercio. En el cual no encontramos discursos ni
epístolas sino anécdotas y pequeñas sentencias que como los aforismos se leen rápido pero
se rumian durante mucho tiempo. Al respecto señala García Gual que:
Las anécdotas que cuenta este sagaz compilador del siglo III d. C. son
anécdotas estupendas y justamente famosas, reales o inventadas mucho
antes. Nunca la anécdota cobró tanto sentido, y nunca un pensamiento se
expresó tan claramente mediante las anécdotas; son como petardos que el
terrorismo intelectual del cínico coloca al pie de los monumentales sistemas
ideológicos, quiebros ágiles contra la seriedad fantasmal de la opinión
dominante, muecas un tanto de payaso, oportunas e inteligentes para
desenmascarar esa aparatosa seriedad de las ideas solemnes y las
convenciones cívicas.9
Ciertamente la filosofía cínica no podía ser expresada de otra forma más que intentando
reproducir por medio de la escritura, la figura y acciones de estos hombres. La anécdota nos
señala el carácter subversivo de los llamados perros.
7
Vid. Daraki, María y Gilbert Romeyer-Dherbey. Op. Cit., p. 8
8
En la época del imperio Romano, la vestimenta del cínico fue adoptada por algunos charlatanes. Sin
embargo, tal parece que era fácil distinguir al filósofo del estafador.
9
García Gual, Carlos. Op. Cit., p. 13
4
Diógenes Laercio considera al cinismo como escuela. Por eso nos muestra la sucesión de
maestros y discípulos que pudo reconstruir con más información y documentación de la que
disponemos actualmente. Señala a Antístenes como primer filósofo cínico. Este hombre fue
discípulo del sofista Gorgias, pero al conocer a Sócrates se convirtió en uno de sus más
fervientes y cercanos seguidores. Así pues, a través del fundador de esta filosofía se pasa al
cinismo y posteriormente al estoicismo, el precepto socrático del cuidado del alma. El
discípulo no querido de Antístenes fue Diógenes de Sinope, figura emblemática de la
escuela, que se ganó su lugar a través de su askesis permanente.10 Crates el Tebano fue
discípulo de Diógenes. Era un hombre rico que dejó su fortuna para convertirse en cínico.
Su conversión a la filosofía da cuenta una elección vital. Muy contrario a su maestro se
ganó el cariño de sus contemporáneos que lo consideraban un agathos daimon. Metrocles e
Hiparquia eran hermanos, ambos adoptaron la túnica cínica y siguieron las enseñanzas de
Crates. El caso de Hiparquia es significativo. Esta mujer llevo la vida errante y dura del
perro, decidió unirse a Crates aunque tanto él como sus padres intentaron disuadirla. Pero
la razón de su elección ella misma la refirió cuando Teodoro el Ateo la censuro diciendo
que ella había abandonado el telar, es decir, la actividad propia de la mujer en esa época. La
respuesta fue: “¿Es que te parece que he tomado una decisión equivocada sobre mí misma,
al dedicar el tiempo que iba a gastar en el telar en mi educación?”.11 Sin duda, es digno de
atención la respuesta de esta filósofa, pues por un lado ilustra la postura de una mujer que
desafía su época y muestra cómo esforzándose en la filosofía se puede llegar a ser virtuosa.
Y por otro lado, nos da cuenta de la actividad filosófica de las mujeres en la Antigüedad.
Hubo algunos otros filósofos cínicos, de los cuales Laercio da sólo algunos datos, así como
también ofrece algunos títulos de libros que fueron escritos por los cínicos y de los cuales
hay únicamente fragmentos en autores tardíos. No obstante, conviene señalar que la
impronta de esta escuela se conservó en un género literario típicamente cínico, conocido
como spoudogélioin, que suele traducirse como serioburlesco.
Violencia en la formación
10
Laercio refiere que Diógenes tuvo como discípulos a Onesícrito de Egina, a un Menandro, a Hegesias de
Sinope y Filisco de Egina. De los cuales no ofrece mucha información.
11
Diógenes Laercio. Vidas de filósofos cínicos. En García Gual, Carlos. Op. Cit., p. 138.
5
El cinismo, siendo una escuela heredera de la preocupación socrática por el alma, mostrará
mediante medios muy distintos al socrático la necesidad de la formación. En este sentido,
Diógenes el perro considerado como un «Sócrates vuelto loco»12 tiene la misión de “hacer
reflexionar a los hombres, de denunciar, con sus mordaces ataques y con su modo de vida
los vicios y los errores. Su cuidado de sí es, inseparablemente, un cuidado de los demás”.13
Así pues, el cínico muestra una cierta violencia respecto al orden establecido de la
civilización, pues la niega a través de sus actos, denuncia su artificialidad y en la práctica
muestra el desorden, lo extraño que para los ojos del ciudadano que vive conforme a la
sociedad es el total sin sentido, la insensatez. Justamente en esa insensatez el cínico
encuentra lo más sensato “vivir conforme a la naturaleza”.
El cínico asume su propia formación, se esfuerza en alcanzar la libertad y la
autosuficiencia, esto es, no pone el valor en las cosas externas como las riquezas y menos
aún en cosas triviales como los lujos, rechaza los artilugios de la sociedad, con el fin de
alcanzar la virtud.
Así pues, en Antístenes podemos identificar la auto-formación y el interés por la formación
de los otros. Según este filósofo, la paideia “constituye «la más bella corona» para la vida y
es para el alma lo mismo que la gimnasia es para el cuerpo; la educación es mucho mejor
que la riqueza y diferencia a los que la tienen de los otros que viven como sonámbulos”. 14
Esto es, la paideia es lo que constituye propiamente al hombre y lo propiamente suyo, de
ahí la importancia de poner atención en esto y salir del aletargamiento que atribuye siempre
lo valioso a las cosas externas.
Hay varias anécdotas que ilustran esta consideración, por ejemplo la bella y contundente
sentencia de que las enseñanzas de los filósofos no deben escribirse en las tablillas sino en
el alma, sólo así se garantiza la impronta que la filosofía tiene que dejar en el hombre.
Además, una vez que se ha asumido y practicado la formación de uno mismo se tiene lo
necesario para la vida pues Antístenes “decía que convenía disponer el equipaje que en el
naufragio fuera a sobrenadar con uno”, así pues la formación es lo propiamente nuestro y lo
12
Se suele atribuir a Platón esta sentencia. D. L. VI, 22
13
Hadot, Pierre. ¿Qué es la filosofía antigua? México, FCE, 1998, p. 125.
14
García Gual, Carlos. Op. Cit., p.39
6
que permanece en nosotros. Por eso es importante no dejarlo al azar sino asumir el
compromiso sobre nosotros mismos. [Otra anécdota es clarificadora al respecto; cuando le
preguntaron que era lo que había obtenido de la filosofía, él respondió “el ser capaz de
hablar conmigo mismo”.15]
En cuanto a su misión con los otros, él indica que ayuda a curar el alma: “Al ser preguntado
por el motivo de que zahiera cáusticamente a sus discípulos, dijo: «También los médicos
tratan así a los enfermos».16 Esta práctica mordaz y agresiva es la característica de los
cínicos, la cual se tornará extrema en Diógenes. El fin del gesto, de la máxima o la acción
es producir un cambio, una trasformación en el oyente, espectador o lector. Dicho cambio
será formativo.
Ahora bien, revisemos brevemente la figura de Diógenes y su consideración sobre la
formación. Diógenes, el modelo paradigmático del filósofo cínico, al ser expulsado de su
natal Sínope asumío la vida del perro. Estableció su residencia de invierno en el ágora de
Atenas, pasaba los veranos en Corinto. No poseía bienes materiales a excepción de su
alforja en la que guardaba algo de comida y algún utensilio que al demostrarse su inutilidad
lo rechazaba. Su casa era una tinaja de barro pero su ciudad era el mundo. Espectador
irónico, practicante de la desfachatez e indiferencia, Diógenes sospechaba de la sociedad y
de los beneficios del progreso, en cambio se refugiaba en la confianza de la naturaleza del
hombre que puede practicar el ascetismo para dirigirse hacia la libertad.
Sobre Diógenes existe una variedad de anécdotas, las cuales tienen, sin duda, un núcleo
ético. Son pequeños mensajes filosóficos que tienen el sentido de mostrar la necesidad de
aprender la virtud. Así pues, para Diógenes la formación no consiste en el aprendizaje de
conocimientos innecesarios sino en llevar una vida frugal que sea consistente con la
finalidad moral.
En este sentido, Diógenes, decía que como maestro de coro, le toca dar la nota más alta
para que los demás puedan entonar adecuadamente. Ciertamente como maestro de virtud le
corresponde sacudir el alma de los demás a través de gestos agresivos que muestran que se
15
Diógenes Laercio. Op. Cit., p. 95
16
Ibíd., p. 94
7
puede llegar a una vida virtuosa. Así puede entenderse que realizara todo tipo de actos en la
plaza pública, de manera desvergonzaba escandalizaba a sus espectadores, ya sea comiendo
lo que le aventaban, haciendo sus necesidades naturales o bien fastidiando a los tranquilos e
ingenuos transeúntes con sus ironías y mordaces comentarios, o molestando a los filósofos
como a Platón, o incluso mostrando su sabiduría frente a Alejandro.17
A plena luz del día deambulaba por el ágora con un faro diciendo que buscaba un hombre.
Respondía a uno que le preguntaba si había muchas personas en el baño público diciendo
que no, en cambio a otro que le interrogó sobre si había mucha gente le dijo que sí. Y
reprendía a los que se acercaban a oír a los que cantan porque acudían rápidamente a los
charlatanes y no a los que aconsejan sobre la virtud. En ocasión “al serle preguntado por
qué dan limosnas a los pobres, y no a los filósofos, respondió: «Porque piensan que pueden
llegar a ser cojos o ciegos, pero nunca a filosofar».”18
En estas breves pero agudas anécdotas se da cuenta de la importancia de llevar una vida
virtuosa y del compromiso que Diógenes asumió como filósofo. Tal era la búsqueda de la
transformación que “de continuo decía que en la vida hay que tener dispuesta la razón o el
lazo de horca”.19 Así, en esta fuerte sentencia se concentra la ironía de Diógenes en el
señalamiento de la necesidad de la vida conforme a la naturaleza. Para este filósofo más
valdría “salir” de la vida que vivir de forma insensata.
Ahora bien, una de las anécdotas que convirtió a Diógenes en personaje literario 20, fue su
supuesta venta como esclavo, la cual ilustra la figura del filósofo como educador de
jóvenes.
Cuando Menipo en su Venta de Diógenes que, cogido prisionero y siendo
vendido como esclavo, le preguntaron qué sabía hacer. Respondió: «Gobernar
hombres». Y dijo al pregonero: «Pregona si alguien quiere comprarse un amo»
[…] Decía extrañarse de que, al comprar una jarra o una bandeja, probáramos
su metal haciéndolas sonar, pero en un hombre nos contentamos con su aspecto.
17
En muchas anécdotas se muestra el enfrentamiento entre Platón y Diógenes si bien no son todas certeras si
podemos decir que ilustran dos formas de vida filosófica. Asimismo son famosas las anécdotas que colocan a
Diógenes frente Alejandro, mostrando que la felicidad y autosufiencia del filósofo es deseada por el rey.
18
Ibíd., p. 118. Todas las anécdotas están tomadas de la sección sobre Diógenes “el perro” del libro VI de
Laercio.
19
Ibíd., p. 104.
20
El tópico de la venta de Diógenes fue en la Antigüedad abordado por varios literatos, algunos de ellos
practicantes de la filosofía cínica, como Menipo, según Diógenes Laercio.
8
Le decía a Jeníades, que lo compró, que debía obedecerle, aunque fuera un
esclavo. Cuenta Eubulo en su obra con el título de La venta de Diógenes que
éste enseñó a los hijos de Jeníades, además de otros conocimiento, a cabalgar, a
disparar el arco y la honda, y lanzar la jabalina. Luego, en la palestra no le
dejaba al maestro de gimnasia educarlos como atletas sino en la medida
conveniente para su buen color y sana disposición. […] En casa les enseñaba a
cuidarse a sí mismos usando de una alimentación sencilla y bebiendo sólo agua.
Los llevaba con el pelo rapado y sin adornos, y los habituaba a ir sin túnica y
sin calzado, silenciosos y sin reparar más que en sí mismos en las calles.21
Esta caracterización de Diógenes como pedagogo, nos indica que se reconocía en el cínico
un modelo y guía para los hombres. En este caso ocupándose de los hijos del amo, pero en
el escenario de la ciudad, el cínico que vivía en el ágora pretendía ampliar su influjo
formativo. Increpaba a sus contemporáneos con el fin de propiciar una trasformación en la
propia vida del oyente o espectador.
En general, el filósofo cínico no rechaza la formación sino una forma de practicar ésta, la
que implica tomar parte de la civilización. Se propone, pues, otro camino, el de una
formación creativa que es responsabilidad de cada uno, la cual puede comenzar a partir de
haber sentido la mordida del perro. Esta mordida que se expresa como un sacudimiento
anímico que provocaba el ser testigos de la forma de vida del cínico.
Esta característica de los filósofos cínicos se puede destacar también en la literatura que
tomó como motivo a esta escuela. Así había señalado Demetrio la finalidad del género
literario serioburlesco: “erradicar mediante la burla los yerros del alma”. 22 Es decir, ésta
literatura tiene el mismo fin de la práctica cínica, esto es, propiciar la reflexión y
transformación de los otros, pero expresado mediante la palabra escrita.
De esta forma, tanto la vida de los cínicos como la literatura entorno a ellos, tiene como fin
claro y definido el provocar mediante la risa, la ironía, la burla y la mordacidad de los
actos, la enseñanza de la virtud.
Conclusión
21
Diógenes Laercio, Op. Cit., p. 106-107.
22
Los filósofos cínicos y la literatura moral serioburlesca. Vol. I. Madrid, Akal, 2008, p. 29.
9
Los cínicos apostaron por dejar testimonio de su filosofía mediante su vida. De esta forma,
podemos acercarnos a las anécdotas y máximas de los llamados perros y encontrar en ellas
no sólo una filosofía contestataria e irónica, sino también una preocupación propiamente
pedagógica.
Ahora bien, como ya hemos señalado el modo de proceder del cínico parece ser que una
cierta forma de violencia, más bien inscrita en una agresividad del gesto o palabra cínica.
“El cínico denuncia, no con hermosos discursos, sino con zafios y agresivos ademanes, el
pacto cívico con una comunidad que le parece inauténtica y perturbada, y prefiere renunciar
al progreso y vagabundear por un sendero individual, a costa de un esfuerzo personal, con
tal de escapar a la alienación”.23
En este sentido nos muestra que la formación implica dicha violencia para producir un
cambio positivo en la persona. El cambio se verá reflejado cuando es radical, en la
adopción de un modo de vida distinto, o cuando es velado, en el reconocimiento de que la
artificialidad de las convenciones produce perturbaciones al alma.
Así pues, resulta que fue claro para los filósofos cínicos el compromiso pedagógico de la
auto-formación y guía de los otros. Estos pedagogos ejemplares dejaron constancia de que
la labor formativa implica también el trabajo sobre uno mismo, el cual requiere esfuerzo y
el asumir una forma de vida. Si este pequeño texto no ha podido dar cuenta de esta
característica del cínico, la culpa no se les debe imputar a ellos.
Bibliografía
- Daraki, Maria y Gilbert Romeyer-Dherbey. El mundo helenístico: cínicos, estoicos
y epicúreos. Madrid, Akal, 2008.
23
García Gual, Carlos. Op. Cit., p. 23
10
- García Gual, Carlos. La filosofía helenística. Éticas y sistemas. Madrid, Síntesis,
2007.
- _________________. La secta del perro. Madrid, Alianza, 2007.
- Hadot, Pierre. Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Madrid, Siruela, 2006.
- ___________. ¿Qué es la filosofía Antigua? México, FCE, 1998.
- Los filósofos cínicos y la litera moral serioburlesca. Vol. I. [Edición de José A.
Martín García. Texto corregido y revisado por Cristobal Macías]. Madrid, Akal,
2008.
- Onfray, Michel. Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Argentina,
Paidós, 2002.
11