EL GRAN DESPERTAR
Joel E. Lisboa Morales
Introducción
En los momentos de mayor pereza y oscuridad religiosa, Dios se
ha encargado a lo largo de los siglos de historia humana a
levantar personas, movimientos y grupos que se han encargado
de redirigir el curso de la conducta humana. Estos movimientos se
han caracterizado por tener algo en común: Reavivamiento. Los
reavivamientos muchas veces impactan de manera grandiosa a
muchas personas y lugares geográficos que marcan la historia.
En el presente trabajo el enfoque del autor está demarcado en los
conocidos reavivamientos de Norteamérica entre los siglos 18 y
19. Muchas personas marcaron la historia con sus papeles
protagónicos en América y el esfuerzo de muchas de estas
personas quedó marcado en la historia de la cristiandad.
Este evento no se limitó solamente a Norteamérica, sino que fue
contagiado en otras partes hasta las costas de Inglaterra. Desde
Jonathan Edwards hasta Guillermo Miller, la historia será
condensada para examinar los puntos más sobresalientes de
cómo Dios ha puesto su mano en el curso de la historia. El
adventismo es un producto de estos reavivamientos y se
consumó en la proclamación de Guillermo Miller que originó un
tiempo después lo que conocemos como la Iglesia Adventista del
Séptimo Día.[1] Todos estos reavivamientos religiosos “siempre
han enfatizado preeminentemente la salvación del individuo en
vez de las necesidades sociales, políticas y económica
generales.”[2] La necesidad del ser humano de buscar a Dios
siempre ha sido una chispa en nuestros corazones y cuando está
se enciende, grandes cosas son las que podemos hacer con la
ayuda de Dios en su gran soberanía divina.
El Gran Avivamiento (1720-1750)
Norteamérica no gozaba un buen panorama religioso a principios
del siglo XVIII. Existían muchas divisiones entre los protestantes,
unos adoptando ideas nuevas, otros simplemente adhiriéndose a
corrientes antiguas. “Los presbiterianos, por ejemplo, se vieron
divididos por una controversia entre los del ‘bando antiguo’, que
exigían ante todo una adherencia estricta a las decisiones de
Westminster, y los del ‘bando nuevo’, para quienes la experiencia
de la gracia redentora era primordial.”[3] Antes de que la
separación de Iglesia-Estado fuera común en el terreno
americano, muchas colonias americanas fueron fundadas por
principios bíblicos y cristianos que buscaban el bienestar común
de todos sus ciudadanos. Pero luego del siglo XVII la
espiritualidad “comenzó a declinar.”[4] Algunas voces surgieron
para reavivar el espíritu cristiano, pero no fueron escuchadas. Sin
embargo, donde históricamente se identifica que comenzó este
Gran Reavivamiento es en Northampton, Massachusetts, por una
figura que se llamó Jonathan Edwards.
Jonathan Edwards (1703-1758)
Jonathan Edwards fue el único hijo en una familia de 11 niños.
Tuvo con su esposa Sara 11 niños de igual forma. Es interesante
notar que John Wesley y Jonathan Edwards nacieron el mismo
año (1703) y se admiraban mutuamente con sus trabajos
evangélicos, pero ellos nunca llegaron a conocerse en persona.[5]
Edwards fue el más grande teólogo del Gran Avivamiento. Sus
predicaciones causaron un grande impacto, ya que buscaban
principalmente el arrepentimiento genuino del individuo. El
pensaba claramente que el Espíritu Santo se estaba
manifestando en todo ese ímpetu religioso que conmovía a las
colonias americanas. Sin embargo, luego de varios años cesó la
revolución propulsada por Jonathan Edwards, pero su impacto fue
marcado en la historia.
George Whitefield (1714-1770)
Otro prominente predicador del reavivamiento fue George
Whitefield, un gran amigo de Jonathan Edwards. Whitefield viajó a
Inglaterra donde sus predicaciones fueron exitosas. Era
anglicano, y sus predicaciones fogosas y dramáticas movían a las
masas. “Edwards, a pesar de ser congregacionalista, invitó al
anglicano Whitefield a predicar en su iglesia, y se dice que
mientras el visitante predicaba el pastor lloraba. A partir de
entonces el Gran Avivamiento cobró fuerzas. Los ministros del
“bando nuevo” entre los presbiterianos se sumaron a él. Al mismo
tiempo que algunos predicadores seguían el ejemplo de
Whitefield, e iban predicando de lugar en lugar, muchísimos
pastores locales de diversas tradiciones (anglicanos,
presbiterianos y congregacionalistas) comenzaron a predicar con
nuevos bríos en sus propias iglesias, y allí también tuvieron lugar
escenas extraordinarias. Las gentes se arrepentían de sus
pecados en medio de lágrimas, daban gritos de alborozo por el
perdón alcanzado, y algunas hasta se desmayaban.”[6]
Whitefield también predicó en New York, Filadelfia, Charleston,
Boston y en otras partes con mucho éxito. Pero por causa de sus
énfasis emotivos en sus predicaciones, el reavivamiento “no fue
permanente y hubieron varias divisiones y controversiales
teológicas.[7] Dice un historiador “que uno podía dejar un bolso
de oro en las calles y el mismo no hubiera sido robado.”[8]
Efectos del Gran Avivamiento
Este primer Gran Avivamiento fue el primer movimiento a nivel
colonial en América y preparó en ciertas maneras a las colonias
para su rompimiento con Inglaterra en los 1770’s. Los metodistas,
fundados por John Wesley, y los bautistas fueron grandes
denominaciones que cobraron ímpetu con el Gran Avivamiento.
Nos dice Justo Gonzáles:
“En esa época, los blancos se adentraban cada vez más en el
país, y fueron los bautistas y los metodistas quienes, gracias al
espíritu del Gran Avivamiento, tomaron sobre sí la tarea de
predicarles y proveerles vida eclesiástica. Esa fue la principal
razón por la que pronto esas dos denominaciones fueron las más
numerosas en los nuevos territorios.”[9]
El Avivamiento tuvo resultados positivos y negativos. El mismo
incrementó el declive fatal de la espiritualidad en América.
También ayudó a combatir las ideas humanistas y racionalistas
que habían surgido con la Ilustración. Ayudó indirectamente a que
se buscara libertad para todas las religiones, como observamos
hoy día en los Estados Unidos. Además estimuló la educación, la
misión, la conciencia social y el humanitarismo. Este primer
avivamiento fue uno de los eventos históricos que le proveyó
forma a los Estados Unidos actualmente.
El Gran Avivamiento también produjo divisiones y nuevas
denominaciones. Se pueden mencionar a los Presbiterianos de
Cumberland, divisiones entre Calvinismo, Metodismo y los
bautistas, produjo a los “Discípulos”, los Universalistas y la
Conexión Cristiana.[10] Muchas personas comenzaron a
reflexionar, a examinar las escrituras y otras a cuestionar muchas
de las religiones establecidas. Los cismas entre estas religiones
produjeron graves críticas contra el Gran Avivamiento, sin
embargo, y a pesar de tales críticas, el ambiente estuvo
preparado para el Segundo Gran Avivamiento varias décadas
después.
Después del Gran Avivamiento, vino un declive espiritual, como lo
había antes del mismo. Entre los eventos que influenciaron para
este declive espiritual fue la Revolución Francesa y la Guerra en
India. El Deísmo también se realzó con más poder que antes y
muchos se vieron influenciados por esta filosofía y por “los
derechos naturales del hombre”. En este mismo lapso de tiempo,
se redactó el Acta de la Independencia y el péndulo se movió
fuera de la “ortodoxia” que dominaba a las Américas.
Termina diciendo Justo Gonzáles:
“Por último, el Gran Avivamiento tuvo otras consecuencias de
carácter político. Por primera vez hubo un movimiento que se
extendió a las trece colonias que después serían los Estados
Unidos. Gracias a aquel movimiento, comenzó a forjarse un
sentido de comunidad entre las colonias que hasta entonces
habían existido en relativo aislamiento unas de otras. Puesto que
al mismo tiempo circulaban nuevas ideas con respecto a los
derechos humanos, y tenían lugar en Europa hechos portentosos,
todo esto se conjugó para producir, tanto en el Nuevo Mundo
como en Europa, fuertes sacudidas que le presentarían al
cristianismo nuevos desafíos y nuevos horizontes.”[11]
De todos modos, el primer Gran Avivamiento fue un poderoso
testimonio para todas las personas de ese tiempo hasta nuestros
días de cómo predicadores de la Palabra pueden transformar
grandes regiones geográficas y pueden plasmar la historia con
sus hazañas. El primer Gran Avivamiento no quedó rezagado en
una pequeña página de un historiador, sino que es parte de la
historia de Norteamérica. En este movimiento podemos observar
el principio de cómo Dios obra y como puede transformar el curso
de la historia con solo la predicación de las Escrituras. Si dejamos
que la Biblia hable y no nosotros mismos, los resultados pueden
ser impactantes. Aunque estos grandes predicadores como
Jonathan Edwards, George Whitefield y Jonh Wesley están
muertos, sus “obras con ellos siguen.”[12]
El Segundo Gran Avivamiento (1790-1860)
Los últimos años del siglo 18 mostraron el punto más bajo de la
espiritualidad americana, irónicamente luego de los años del
primer gran avivamiento. Hubo varios factores que contribuyeron
a este declive de espiritualidad en la nación americana. Se
pueden mencionar a los problemas del ejército, la furia de
partidos políticos, la moralidad materialista de Franklin, las ideas
filosóficas del deísmo con hombres como Jefferson y la rivalidad
de Tom Paine.[13]
Sin embargo, al finalizar y comenzar el siglo 19, la efervescencia,
espiritual comenzó a surgir nuevamente. Estos nuevos
avivamientos comenzaron en Inglaterra y en las fronteras de
Kentucky. A diferencia del primer avivamiento “este avivamiento
no se caracterizó por grandes explosiones emotivas, sino que lo
que sucedía era más bien que, de modo inusitado, las gentes
empezaban a tomar su fe con mayor seriedad, y reformaban sus
costumbres para ajustarse mejor a las exigencias de esa fe.”[14]
Esta segunda explosión avivadora puede comenzarse a rastrear
desde los años 1790’s y terminando cerca de la guerra civil
americana en 1861-1865. Las reuniones se acostumbraron a
realizarse en las carpas de campo como se solía hacerse en esos
tiempos. Esas reuniones de avivamiento enfatizaban la
predicación, oración, himnos, emocionalismo y los temas del
“milenio inminente.”[15] Las denominaciones más favorecidas por
este segundo gran avivamiento fueron los bautistas y los
metodistas. Y en este contexto también surgió el movimiento
millerita en los años 1839-1844.
Timothy Dwight (1752-1817)
No es de extrañarse que una figura importante en el segundo
avivamiento fue el nieto de Jonathan Edwards, que fue
mencionado anteriormente y que tuvo un gran impacto en el
primer avivamiento. Su carrera profesional incluía: agricultor, un
político y senador de estado y dos años en el Ejército Continental.
Sin embargo, en el área religiosa se destacó como teólogo,
ministerio pastoral y educador.[16] Nació en Northtampton,
Massachusetts y desde temprano su vista fue afectada tanto que
a veces no podía “leer ni escribir”. Estaba influenciado por la
filosofía Calvinista de Edward y se destacó como un teólogo
conservador en Nueva Inglaterra.
Luego, Timothy se convirtió en el presidente de la Universidad de
Yale en 1795. “En esa universidad, y en muchos otros centros
docentes, se notó un gran despertar religioso, que hallaba eco en
el resto de la comunidad.”[17] El mantuvo ese puesto hasta su
muerte y mientras estuvo con vida, ayudó a fundar la Escuela en
Andover, escuelas médicas en Yale, la Sociedad Misionera de
Connecticut, la Junta Americana de Comisionados para Misiones
Extranjeras y la conocida Sociedad Bíblica Americana. Los
mejores trabajos de Timothy Dwigth incluyen “Theology Explained
and Defended (cinco tomos, 1818–1819); Travels in New England
and New York (cuatro tomos, 1821–1822); y Sermons by Timothy
Dwight (dos tomos, 1828).”[18] De la misma manera que su
abuelo marcó el primer avivamiento, su nieto Timothy Dwight
marcó la historia del Segundo Gran Avivamiento.
Cane Ridge
Luego de la figura de Timothy Dwight, el otro evento notable que
cabe mencionar fueron los avivamientos de Cane Ridge,
Kentucky. Este avivamiento fortificó a los metodistas y bautistas y
motivó a que se utilizaran de manera más eficiente las reuniones
en los campos y carpas. Las primeras reuniones ocurrieron
alrededor de julio de 1800 en la iglesia de Gasper River en el sur
de Kentucky. Atrajo muchas masas de personas, pero no se
comparó a organizada en Cane Ridge. En agosto de 1801, en
Cane Ridge, Kentucky, se realizó una reunión donde asistieron
alrededor de 10,000 y 25,000 personas.[19] Ministros
presbiterianos, metodistas y bautistas participaron de este evento.
Este evento marcó el modo de expansión para las
denominaciones Metodistas y Bautistas.
Este gran avivamiento se esparció rápidamente por Kentucky,
Tennessee y el sur de Ohio, siendo los Bautistas y metodistas los
más beneficiados. Los metodistas tenían una organización muy
eficiente que dependía de los ministros, que se llamaban
“circuitos”. Estos “circuitos” venían del populacho común,
ayudando de esa forma a convertir a muchas personas. Los
Bautistas no tenían hasta ese entonces una organización formal.
Sus predicadores eran agricultores quienes “recibían un llamado
de Dios, estudiaban la Biblia y fundaban iglesias que luego los
ordenaban. Otros ministros emergían de estas iglesias y ayudaron
a los bautistas a establecer presencia en lugares menos
poblados, promoviendo una expansión de la fe bautista. Usando
estos métodos, los bautistas se convirtieron en los dominantes
entre las fronteras y la mayoría del Sur de Estados Unidos.[20]
De esta manera “por métodos diversos, los bautistas y metodistas
lograron arraigarse en los nuevos territorios, y a mediados de
siglo eran las dos principales denominaciones protestantes del
país.”[21]
Guillermo Miller (1782-1849)
A mediados del siglo 19, surgió en Norteamérica el movimiento
millerita que luego llegó a ser la Iglesia Adventista del Séptimo
Día. Surgiendo con el trasfondo de los grandes avivamientos en
América, Guillermo Miller se destacó como la persona más
prominente en la proclamación de la Segunda Venida de Cristo
según el sostenía. Miller era el mayor de los 16 hermanos. El
tenía un conocimiento básico de la Biblia y de la historia. “A los 21
años Miller se casó con una señorita de Poultney, Vermont,
apenas cruzando el límite de su Estado cerca de Low Hampton,
Nueva York.”[22] Miller llegó luego a ser policía, juez de paz y
subjefe de policía. “Poco antes llegó a ser teniente en la milicia
estatal; durante la guerra avanzó hasta el grado de capitán en el
ejército regular. La experiencia que tuvo durante el tiempo de
guerra sacudió la fe de Miller en el seísmo.”[23]
Más tarde, Miller tuvo un encuentro personal con Cristo y decidió
estudiar sistemáticamente la Biblia, usando solo la Biblia y una
Concordancia de Cruden. Su viaje bíblico comenzó desde el
primer libro de la Biblia hasta el final en Apocalipsis. Cuando
encontraba un pasaje oscuro, “Miller buscaba todos los versículos
que contenían las mismas palabras claves. Mediante una
comparación cuidadosa y el razonamiento, formulaba entonces
sus explicaciones del pasaje dificultoso.”[24] Sin embargo, el
pasaje que centró su atención y luego se convirtió en clave para
la proclamación del advenimiento fue Daniel 8:14 y la profecía de
los 2,300 días. Basándose en la creencia popular de la
purificación de la tierra y la iglesia, concluyó que Jesús vendría al
final de los 2,300 días. Con algunos cálculos y fijando el comienzo
de la profecía en el 457 a.C., Miller llegó a la conclusión del fin del
mundo en varias fechas, entre ellas el 21 de marzo de 1843, 21
de marzo de 1844 y luego por la influencia de Samuel S. Snow, el
22 de octubre de 1844.
De la misma manera que otros eventos en los grandes
avivamientos norteamericanos y británicos, el movimiento millerita
conmovió a las masas. A veces se le ha llamado “El gran
despertar religioso del segundo advenimiento”. El historiador C.
Mervyn Maxwell nos relata el impacto que tuvo la predicación de
la venida de Cristo, especialmente en el “clamor de media
noche.”[25]:
“A medida que los días pasaban, los comerciantes adventistas
cerraban sus negocios, los mecánicos clausuraban sus talleres;
los empleados abandonaban sus empleos. En los congresos
campestres, veintenas confesaban sus faltas y acudían al frente
para que se orara por ellos. Grandes cantidades de dinero fueron
donadas para que los pobres pudieran cancelar sus deudas y se
pudieran publicar los periódicos, hasta que los editores dijeron
que los fondos sobraban, y los donantes vieron con pesar que no
se recibían más ofrendas. En el campo, algunos agricultores
abandonaron su cosecha para manifestar su fe. Las papas
permanecieron en la tierra, las manzanas se caían de los árboles,
el heno se aplastaba en los campos. En las ciudades la gente,
muchos maestros de escuelas, varios jueces de paz, y aún un
magistrado de Nortfolk, renunciaban a sus puestos… El 19 de
octubre se detuvieron las prensas. La gran tienda ya había sido
desarmada por última vez. Los predicadores habían regresado a
sus casas para unirse con sus familias.”[26]
Sin embargo, a pesar de toda la emoción, Jesús no vino para
esas fechas ni las propuestas posteriormente. A esa experiencia
amarga del 22 de octubre se le ha llamado en la historia como “El
gran chasco de 1844”. A pesar del desánimo y las divisiones del
movimiento en varias facciones, un pequeño grupo que sostuvo la
veracidad de la predicación de Miller y de la inminencia de la
Segunda Venida de Cristo llegó luego a desarrollarse y a
convertirse en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que sigue
expandiéndose a pasos agigantados hasta nuestros días.
Consecuencias del Segundo Gran Avivamiento
El Segundo Gran Avivamiento produjo un gran impacto a la
historia Americana. Los número de adeptos y creyentes entre los
bautistas y metodistas se incrementó grandemente por encima de
otras denominaciones que eran dominantes en las colonias como
los Anglicanos, Presbiterianos y Congregacionalistas. Estados
Unidos se estaba convirtiendo en “una nación más diversa
tempranamente a mediados del siglo 19, y las crecientes
diferencias entre los Protestantes americanos contribuyó a esta
diferencia.”[27]
Justo González expone otra consecuencia cuando nos dice que
“Una consecuencia importante de este Segundo Gran
Avivamiento en lo que a la historia de la iglesia se refiere fue que
contribuyó a romper las barreras del origen étnico. Entre los
nuevos metodistas y bautistas había ex luteranos alemanes, ex
presbiterianos escoceses y ex católicos irlandeses. Luego,
aunque todavía en términos generales continuó siendo cierto que
las divisiones denominacionales coincidían con los orígenes de
diversos grupos de inmigrantes, esa coincidencia se hizo
menor.”[28]
Gracias a todo este trasfondo, el adventismo goza de una historia
denominacional rica en experiencias y en grandes eventos que
ayudaron a contribuir una identidad clave en esa Iglesia. Puede
verse como la mano de Dios, aunque no presente en cada evento
de esos avivamientos, guió la verdad de la Palabra de Dios de
boca en boca, persona en persona, hasta llegar al clímax con el
movimiento millerita. El Segunda Gran Avivamiento quedó
marcado en la historia del cristianismo americano y no podrá ser
ignorado por los futuros historiadores de esta nación.
Conclusión
Efectivamente, la Palabra de Dios ha sido la semilla que brota en
los corazones de las personas y forma una reacción en cadena
que puede cambiar el curso de la historia. En el presente estudio
se analizó de forma condensada y resumida los detalles y
personajes más sobresalientes del evento que se conoce en la
historia secular como “El Gran Avivamiento”. Este evento gozó de
dos fases, la primera y la segunda, y cada cual impactó de
manera relevante a sus respectivas áreas.
Desde la república americana hasta las costas de Nueva
Inglaterra, diferentes voces proclamaron con ímpetu y fuerza las
buenas nuevas del evangelio. Comenzando por Jonathan
Edwards, su enfoque en el arrepentimiento ayudó a formar el
cascarón para otros seguidores y nuevos enfoques teológicos.
George Whitefield y sus dramáticas predicaciones fueron objeto
de imitación por futuros predicadores. El primer Gran Avivamiento
sentó las bases para el Segundo Gran Avivamiento.
El nieto de Jonathan Edwards, figura clave para el primer
Avivamiento, llamado Timothy Dwight protagonizó el Segundo
Gran Avivamiento. Gracias a sus esfuerzos, la Sociedad Bíblica
Americana fue fundada. Otros eventos como Cane Ridge, nos
proveen una idea de cómo una predicación, con el debido
enfoque cristocéntrico, puede mover a miles de personas a los
pies de Jesús. Aunque estuvo envuelto mucho fanatismo y
emocionalismo, el evangelio siempre encuentra su manera de
entrar en los corazones.
Sin embargo, es interesante notar que el movimiento millerista fue
parte de este fervor de reavivamiento que ocurrió en América y
culminó con un chasco que fue el origen de la Iglesia Adventista.
La mano de Dios estuvo siempre al timón y de todos los eventos
que culminaron en el levantamiento de la iglesia profética llamada
a predicar el último llamado al mundo. De la misma manera como
los primeros seguidores de Miller creyeron de corazones la venida
de Cristo, de la misma forma se debe inculcar en los corazones
de las personas la inminencia de la Segunda Venida de Cristo en
nuestros días. Es por tales razones que se puede concluir con las
palabras de Guillermo Miller:
“Mi alma está tan rebosante que no puedo escribir. Los invito a
ustedes, y a todos los que amen su venida, a darle las gracias por
esta gloriosa verdad. Mis dudas, mis temores y mi oscuridad se
han disipado. Veo que todavía estamos en lo correcto. La Palabra
de Dios es verdad; y mi alma está llena de gozo […]. Oh, cómo
desearía poder gritar. Pero gritaré cuando venga el Rey de
reyes.”[29]
Referencias
[1] Para un estudio más detallado de los orígenes de la Iglesia
Adventista y sus orígenes en el movimiento millerita ver Richard
W. Schwarz y Floyd Greenleaf, Portadores de Luz (Buenos Aires:
Asociación Casa Editora Sudamericana, 2002), 35-50.
[2] Le Roy Edwin Froom, The Prophetic Faith of ours Fathers Vol
IV (Washington DC: Review and Herald Publishing Association,
1954), 20.
[3] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 320.
[4] J. Stephen Lang, 1,001 Things You Always Wanted To Know
About The Holy Spirit (Nashville: Thomas Nelson Publishers,
1999), 195.
[5] Christian History : Jonathan Edwards and the Great
Awakening., electronic ed. (Carol Stream IL: Christianity Today,
1985; Published in electronic form by Logos Research Systems,
1996).
[6] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 321.
[7] Estas controversias dividieron a los Presbiterianos entre “el
bando nuevo” y el “bando antiguo”. Para el Congregacionalismo
de Inglaterra produjo una controversia entre el Calvinismo y el
Arminianismo que conllevó últimamente al Cisma Unitariano.
[8] Galaxie Software, 10,000 Sermon Illustrations (Biblical Studies
Press, 2002; 2002).
[9] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 322.
[10] Fue este movimiento cristiano que pertenecieron algunos de
nuestros pioneros más prominentes como por ejemplo Jaime
White. Un cuidadoso examen de las creencias de este
movimiento como su trasfondo social y religioso nos explica
muchas de las posiciones divergentes en el adventismo en sus
orígenes, como las posiciones arrianas y semi-arianas de la
naturaleza de Cristo.
[11] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 322.
[12] Apoc. 14:13, Reina Valera Revisada 1960. Se utilizará esta
versión a menos que se indique lo contrario.
[13] Leonard Woolsey Bacon, A History of American Christianity
(Joseph Kreifels), 119.
[14] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 329.
[15] Erwin Fahlbusch and Geoffrey William Bromiley, The
Encyclopedia of Christianity (Grand Rapids, Mich.; Leiden,
Netherlands: Wm. B. Eerdmans; Brill, 1999<2003), 3:598.
[16] Ver J. D. Douglas, Philip Wesley Comfort and Donald
Mitchell, Who’s Who in Christian History, Illustrated Lining Papers.
(Wheaton, Ill.: Tyndale House, 1997, c1992).
[17] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 330.
[18] J. D. Douglas, Philip Wesley Comfort and Donald Mitchell,
Who’s Who in Christian History, Illustrated Lining Papers.
(Wheaton, Ill.: Tyndale House, 1997, c1992).
[19] An Outline of American History (Oak Harbor, WA: Logos
Research Systems, Inc., 1998).
[20] Ibid.
[21] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 331.
[22] Richard W. Schwarz y Floyd Greenleaf, Portadores de Luz
(Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 2002), 29.
[23] Ibid., 30.
[24] Ibid., 30.
[25] Se le ha llamado de esta manera al movimiento del séptimo
mes de Samuel S. Snow junto con el énfasis de la fecha del 22 de
octubre de 1844.
[26] C. Mervyn Maxwell, Dilo Al Mundo (Florida: Asociación
Publicadora Interamericana, 1990), 30-31.
[27] An Outline of American History (Oak Harbor, WA: Logos
Research Systems, Inc., 1998).
[28] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL:
Editorial Unilit, 1994), 331.
[29] George R. Knight, Nuestra Iglesia: Momentos Históricos
Decisivos (Maryland: Review and Herald, 2007), 25-26.
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