Evangelios Sinópticos y Hechos I
Evangelios Sinópticos y Hechos I
QUITO 2016
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PREFACIO
El presente estudio pretende dar un aporte bíblico a los vastos estudios sobre la persona
de Jesús de Nazaret y su mensaje, a través de la lectura científica y teológica sobre los
Evangelios sinópticos y el libro de los Hechos de los Apóstoles. En efecto, se ha realizado
un estudio teológico y particular a cada uno de los evangelios denominados sinópticos,
tratando de descubrir sus propios rasgos literarios y sus líneas teológicas particulares, como
también sus fuentes comunes y propias. De igual manera, se ha hecho con el libro de los
Hechos de los Apóstoles que, según las investigaciones bíblicas modernas, es considerado
un segundo volumen de la obra lucana.
Este manual ofrece siete capítulos que giran en torno al estudio de los evangelios
sinópticos y el libro de los Hechos. Inicio presentando una introducción al Nuevo
Testamento para poder acercarse y entender el vasto ambiente de las diversas culturas que
influyeron en el mensaje neotestamentario. Así pues, mencionamos la amplia cultura
helénica que marcaba el desarrollo de los pueblos de Medio Oriente en aquel entonces.
También anotamos algunos elementos del Imperio Romano que regía y dominaba dichas
regiones. Además, mostramos la profunda fe y cultura judía, contenida en el mensaje de los
libros inspirados del Nuevo Testamento. En este sentido, el libro pretende ofrecer una
aproximación al mensaje de salvación de Jesús de Nazaret, quien a través de la historia
siempre ha despertado interés a millones de creyentes y no creyentes, por su estilo de vida,
sus gestos de misericordia para con la gente de su época y su ofrecimiento del reino de Dios
que trasciende hasta nosotros y a la gente de todas las épocas.
La manera de abordar los temas de este escrito es, sencillamente, exponiendo de forma
sintética, el pensamiento de algunos exégetas clásicos, como; Bultmann, Fitzmyer, Brown,
entre otros; como también, citando la investigación de algunos biblistas modernos, entre
ellos están: Guijarro, S., Crossan, J. D., Meier, J., Piñero, A. y otros más. Es decir, la obra
ofrece una visión modesta sobre los evangelios, pero sobre todo enfrentándonos al texto
inspirado, realizando una lectura científica y teológica. Así pues, hemos procurado descifrar
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el mensaje evangélico para nuestro mundo moderno que cada vez es más complejo y
complicado.
En esta perspectiva, el evangelio según Mateo presenta a un Jesús con rasgos serenos y
fuertes, es decir, un Jesús más preocupado por la comunidad que debe continuar predicando
y construyendo el reino de Dios; por eso, resalta la figura de Pedro, cabeza de la Iglesia. En
tanto, el Jesús del evangelio de Marcos es un Maestro fuerte, valiente y duro con sus
discípulos y con la gente, quienes deben salir de su necedad y dureza de corazón para entrar
en la fe y aceptar al Mesías. Mientras que, el Jesús lucano es una persona con más detalles
de ternura, de bondad y de misericordia, sobre todo para los más débiles y los más
olvidados, o sea, es la misericordia divina que sale al encuentro de la miseria humana para
ofrecer la salvación universal.
En este mismo sentido, el libro de los Hechos de los Apóstoles difunde la salvación de
toda la creación por medio de la predicación Apostólica que anuncia el Evangelio a todos
los pueblos, comenzado por Jerusalén hasta llegar a los confines del mundo (cf. Hch 1,8).
Ahora, la salvación no tiene límites porque Dios ha cumplido su promesa, hecha a su
pueblo desde antiguo. Por tal motivo, el Espíritu Santo impulsa la predicación de los
apóstoles y toda obra de Dios. Así, se van formando las comunidades cristianas en los
lugares donde se anuncia el Evangelio.
En tal virtud, en palabras del prestigioso biblista Cardenal Martini, mencionamos: “el
mensaje bíblico es, como Cristo mismo, carne y palabra divina, historia y trascendencia,
humanidad y divinidad”. Por eso, cada aporte académico o reflexión teológica sobre la
Palabra de Dios tiene un gran valor, sobre todo, pretende despertar el interés por interpretar
el mensaje divino; en este caso, el deseo es descubrir la inagotable riqueza y frescura de la
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Palabra de Cristo inscrita en los evangelios. Es decir, el fin es adquirir mediante la lectura
de los evangelios “la ciencia suprema de Cristo” (Flp 3,8).
Por otra parte, este escrito es el resultado de varios años de estudio y enseñanza de la
cátedra de Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, en la Facultad de Teología a
los religiosos y seminaristas que se forman con miras a recibir el Sacramento del
Sacerdocio, como también a los estudiantes laicos que se preparan para comprometerse con
el Evangelio y ser parte de la misión de evangelizar de la Iglesia y sobre todo, ser parte del
movimiento del Espíritu que impulsa el camino de salvación ofrecido por Jesús de Nazaret.
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El Nuevo Testamento constituye los veinte y siete libros inspirados que colocan al
centro o tienen como eje a la figura de Jesús de Nazaret, el mismo que es proclamado como
el Hijo de Dios, el Mesías nombrado en las promesas del antiguo pueblo de Dios. De ahí,
que Jesús se constituye en el principal vínculo entre la antigua y la nueva alianza.
Principalmente, Jesús es el comienzo del Nuevo Testamento (Lc 16,16). Por eso, todos los
escritos neo-testamentarios relatan la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús; luego, la
predicación apostólica y la vida de la iglesia cristiana primitiva y culminan con la espera de
la segunda venida de Jesús glorioso.
El núcleo de la vida de Jesús es que fue un galileo del siglo I de nuestra era, que se
constituyó maestro de un grupo de discípulos que él mismo les llamó a que le sigan. Su
fuerza estaba en su relación cercana e íntima con Dios, en la novedad de su mensaje que era
el Reino de Dios que está cerca en medio del pueblo y de la gente. Mucha gente lo sigue
por su corazón inmensamente misericordioso, su compasión con los débiles, pobres, su
poder sanador y exorcista. Fue a Jerusalén y allí fue condenado a muerte por las autoridades
judías y romanas porque perturbó el funcionamiento del Templo y criticó la ley de Moisés.
Las autoridades lo mataron considerándolo peligroso para su sistema religioso y político.
Pero, mientras las autoridades judías y romanas movían la condena de Jesús, según la
maldad de Satanás, Jesús afirma que con su pasión, muerte y resurrección está cumpliendo
la voluntad divina que consiste en la salvación del mundo y del hombre. Es decir, la
humanidad queda reconciliada por el sacrificio de la muerte de Jesús, pero su vida no
termina con la muerte, sino que resucita. Así, el amor humano y divino queda sintetizado en
el sacrificio de Jesús por los pecadores. El amor implica sacrificio. El amor y el sacrificio
se encuentran juntos en el corazón de Jesús que muere en la cruz del Gólgota.
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El Nuevo Testamento es un conjunto de veinte y siete obras, compuestas hace casi dos
mil años, y redactadas desde una mentalidad y cultura distante y distinta de la nuestra
actual. La cultura internacional, en aquella época, era una mezcla de la cultura griega y
romana; mientras que la mentalidad era judía con la fe puesta en un solo Dios verdadero, es
decir, una fe monoteísta. En efecto, los libros pretenden mostrar el ambiente de su época,
pero sobre todo quieren interpretar la vida y misión de Jesús y el desarrollo de la historia de
sus seguidores, denominados cristianos. Sin embargo, podemos afirmar con toda seguridad
que dichas obras son un producto humano-divino e hijas de su tiempo, solamente que
reflejan la trascendencia y la fuerza del mensaje de Jesús de Nazaret, en medio de un
ámbito predominantemente pagano (greco-latino) y otro sector creyente (judío). Aquí, en
este marco se origina y se desarrolla el cristianismo.
Los libros del Nuevo Testamento narran la historia de la época, pero sobre todo son
propaganda de la fe en Jesús de Nazaret. Mientras que para otros que no comparten esta fe,
aquellos son libros que contienen una mezcla de historia, leyendas y mitos de contenido
religioso. Para nosotros los cristianos, los 27 libros del Nuevo Testamento son “sagrados e
inspirados”, son considerados “Palabra de Dios”, los mismos que fueron escritos desde
mitad del siglo I de nuestra era hasta los primeros años del siglo II d. C. Dentro de ellos se
encuentra la verdad y quien cree en ella, consigue la salvación.
1. Sus autores fueron todos judíos del siglo I de nuestra era, excepto Lucas (autor del
tercer evangelio y de los Hechos de los apóstoles) que probablemente era un
prosélito, un convertido al cristianismo y conocía muy bien el judaísmo.
2. Su ámbito sociológico e histórico es el Mediterráneo oriental. Un ambiente de
realce en lo religioso que generó muchas novedades.
3. Todos los libros fueron escritos en griego, con ciertos arameísmos. Es decir, el
Nuevo Testamento es producto judío y griego al mismo tiempo.
4. Todos los autores intentan explicar el mundo y el ser humano en su relación con
Dios a través de la fe en una misma persona: Jesús de Nazaret, el Mesías verdadero,
el Hijo de Dios.
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Inicialmente, los cristianos eran un grupo pequeño que aún conservaba y practicaba las
enseñanzas del judaísmo. Es decir, ellos tenían en sus manos el Antiguo Testamento como
orientación de su fe, o sea, esa era su Biblia. El cristianismo era una derivación del
judaísmo, como una secta. Por eso, los primeros seguidores de Jesús fueron llamados
“nazarenos” (Hch 24,5). Después los discípulos de Jesús fueron llamados “cristianos” en
Antioquía de Siria (Hch 11,26). Así, poco a poco los cristianos fueron escribiendo los libros
de la era cristiana, a favor de una identidad propia, sobre todo con las cartas paulinas.
Entonces, los cristianos se consideraban a sí mismos, el verdadero Israel y fueron
adquiriendo convicciones religiosas propias en torno a la vida y misión de Jesús.
Las primeras obras escritas fueron las cartas paulinas: primera y segunda a los
Tesalonicenses y otras, en torno a las necesidades de las comunidades y la constitución de
las primeras iglesias. Entonces, el que aparece primero como autor es Pablo de Tarso,
según nos afirma Crossan (2002): “A diferencia de los años 50, en las que están datadas las
cartas de Pablo, no hay documentos datados de los años 30 y 40” (pág. XVI). Al mismo
tiempo, Pablo fundó muchas comunidades cristianas, ya que era un misionero itinerante.
Luego, vienen otras epístolas que llevan el nombre de Pedro, Santiago, Judas, etc. Lo
más probable es que escribieron los seguidores de dichos apóstoles. Pues, ellos ayudaban a
transmitir la tradición cristiana. En aquel tiempo existía la “pseudonimia” (nombre falso), la
misma que consiste en que los discípulos atribuían a sus escritos, el nombre del maestro,
con la finalidad de dar mayor credibilidad a la obra escrita. Dado que este fenómeno era
muy común en la antigüedad, sobre todo en la cultura helénica.
Posteriormente, se escribieron los evangelios, ya que las distintas cartas dirigidas a las
comunidades solo hablaban de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Mientras que los
evangelios añaden los dichos, enseñanzas y milagros del maestro. Es decir, los evangelios
vienen a ser una biografía de Jesús, según el pensamiento de aquella época, ya que se
añaden los dichos y la vida del maestro, al relato de la pasión. En esto está de acuerdo
Meier (2004):
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Finalmente, aparecieron algunos escritos que hablan del final de los tiempos, en este
caso el libro del Apocalipsis (similar a la literatura de Qumrán). En este grupo se
encuentran los escritos joánicos, es decir, el evangelio y las cartas de Juan, los mismos que
se escribieron alrededor del año 100 d. C. Así pues, el Apocalipsis es el último libro que
cierra la revelación cristiana con un leguaje simbólico y habla del final de los tiempos.
Los libros del Nuevo Testamento fueron escritos desde mitad del siglo I hasta los
primeros años del siglo II de la nuestra era. Pero como en aquella época circulaban muchos
escritos sobre la vida de Jesús, los denominados libros apócrifos. Además, la grande
influencia del judaísmo, pues el cristianismo era una derivación de la religión judía. Por
tanto, había mucha confusión en la identificación de los libros sagrados. Así pues, a partir
del siglo II d. C. se comienza aclarando el canon de los libros del Nuevo Testamento. En
efecto, a la tradición cristiana le interesa determinar el canon de los libros, incluso para
diferenciar del canon judío de los libros del Antiguo Testamento.
El término “canon” fue usado para designar el bloque de escritos cristianos sagrados.
Probablemente, lo usó inicialmente, Orígenes, en su Comentario al Evangelio de Mateo,
compuesto hacia el año 244. El vocablo “kanon” es un derivado de una palabra semítica
“kanna”, que sería “caña”, la misma que en ocasiones servía de medida al carpintero o de
guía al escribano. Entonces, tomó el significado de “norma, regla”, tanto en sentido ético
como estético. De ahí que se habla de “canon de la verdad” o de “canon de la fe” para
designar una confesión de fe cristiana o un conjunto de doctrinas, aceptadas por la Iglesia.
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También, el canon adquirió significado de “lista o catálogo”. Por eso, se habla de la lista de
los libros sagrados o canónicos y libros deutero canónicos.
Por otra parte, las bases muy importantes del cristianismo de la época que servían como
autoridad para tener los libros sagrados, eran las siguientes:
Las Escrituras judías (el Antiguo Testamento), las cuales eran aceptadas por los
cristianos como inspiradas, sin ninguna objeción (cfr. 2Pe 3,16; 2Tim 3,16).
La tradición sobre las palabras del Señor. Pues, los discípulos de los apóstoles las
usaban en su predicación oral y las citaban con la misma importancia que tenían las
tradiciones de la Ley y los Profetas.
Los apóstoles y generaciones seguidas por discípulos que interpretaban la vida y el
mensaje del maestro, lo cual tenía valor de norma.
El Espíritu de Jesús. Los cristianos estaban convencidos que la fuerza e inspiración
del Espíritu de Jesús habitaba en ellos, así interpretaban las palabras del Señor,
exhortaban a los fieles a la perseverancia en la espera de los últimos tiempos.
El proceso del canon de los libros del Nuevo Testamento inicia en el siglo II de nuestra
era, que según algunos autores como Kümmel: la formación del canon fue el resultado
necesario de una evolución interna de la Iglesia. Es decir, después de la predicación oral
que dejó de existir, los cristianos recogieron la predicación apostólica en los evangelios y
escritos apostólicos que ya circulaban espontáneamente, y con ello, espontáneamente les
concedieron el valor de norma suprema a dichos escritos. Es decir, según esta teoría, el
canon tuvo como criterio máximo la tradición apostólica sea en el ámbito de la predicación
como en los escritos.
Por otro lado, Piñero (2006), sostiene que la formación del canon neo-testamentario
fue un acto positivo y voluntario, no un proceso espontáneo (págs. 51-52). Es decir, el
canon cristiano se originó gracias al hereje Marción, quien eliminó la unidad entre el Dios
creador y el Dios redentor, como también separó la esencia humana y divina de Jesús, lo
que se denomina “Docetismo” y lo muestra en su obra “Antítesis”. Además, Marción solo
aceptó el Evangelio de Lucas como sagrado y 10 epístolas de Pablo, ya que para Marción,
sólo Pablo entre todos los apóstoles, interpretó bien el mensaje de Jesús. Pues, el único
apóstol que había dejado una notable herencia literaria era Pablo. Frente a esto, la Iglesia
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luchó y determinó el canon de los libros inspirados del Nuevo Testamento, y Marción fue
excomulgado de la Iglesia, pues éste representaba un peligro para la doctrina cristiana.
En el siglo I de nuestra era, el pueblo de Israel vivía una división grande en lo que
respecta a sus raíces religiosas. De hecho, los esenios se derivan de la religión tradicional,
salen de Jerusalén para ubicarse en el desierto de Qumrán y allí, esperar al Mesías.
También, la figura de Jesús no es una excepción, sino que también trae novedad para su
época. Jesús es un galileo piadoso, respetuoso de la ley de Moisés, legado del Antiguo
Testamento, pero critica la religión tradicional. Por eso, en los evangelios vemos a Jesús
levantando su voz con un tono fuerte contra los fariseos y saduceos (Mt 16,1-12).
Jesús nace en medio de un pueblo elegido por Dios, pero en aquella época se encuentra
dominado por el Imperio Romano, aunque todavía se conserva y se propaga la cultura
helénica. Aproximadamente, en el año 63 a. C., Palestina cayó en manos de los romanos
por la intervención de Pompeyo y terminó a inicios del siglo IV con el emperador
Constantino, quien declaró al cristianismo, religión oficial del Estado. Asimismo, algo nos
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resuena el nombre de Herodes, el Grande, un rey tirano que aparece ordenando decapitar a
Juan el Bautista. Posteriormente, aparece el rey Herodes Antipas, hijo de Herodes el
Grande y gobernador de Galilea, quien aparece cerca de Pilato, en el juicio a Jesús, antes
del duro camino de la pasión.
Por lo tanto, el contexto en el que se mueve el Nuevo Testamento está enmarcado por
dos ámbitos fundamentales: por un lado, la religión monoteísta del Judaísmo y por otro, el
marco del Helenismo.
1.3.1 El Judaísmo
Galilea era una provincia verde del territorio, era fundamentalmente agrícola, pero
también era considerada una provincia marginal, ya que estaba alejada de la capital
Jerusalén y rodeada de paganos. Pero en lugar de que los galileos se mezclaran con los
paganos, ellos aumentaban su sentido nacionalista y religioso. De ahí, se originó y se
desarrolló el grupo judío ortodoxo de los Hasidim (Sivan & Newman, 1980, págs. 65-66),
que eran los denominados puros o píos. Además, la revolución más importante en tiempos
de Jesús fue la de Judas el Galileo, como los galileos estaban lejos del Templo, donde se
ofrecían los sacrificios a Dios. Por lo tanto, su espiritualidad estaba centrada en la sinagoga,
donde se realizaba el estudio de la ley y la oración. En el tema del cumplimiento de la ley,
los galileos eran considerados laxos y relajados en sus interpretaciones (Piñero, 2006, pág.
93). Por eso, la pureza ritual, estaba ubicada con mayor rigurosidad y era practicada en
Jerusalén, provincia de la Judea. Pero otras prácticas judías se realizaba simultáneamente
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sea en Judea como en Galilea, como la circuncisión, la observancia del sábado, el sustento
económico y las peregrinaciones al Templo. En este lugar geográfico vivió Jesús, de ahí,
los evangelios acentúan su origen rural y su sabiduría que proviene del campo. Por eso, su
predicación y sus parábolas están llenas de comparaciones con lugares y signos del campo.
Por otra parte, La religión monoteísta del Judaísmo tiene sus elementos muy subrayados
en la mente y en la praxis de la gente de la época de Jesús. Prueba de esto es la existencia
de algunos grupos que subrayan la dimensión de ser un pueblo elegido por Dios y la ley
dada a Moisés para practicarla y alcanzar la salvación. En aquella época, ser judío
significaba estar muy protegido por la ley romana para practicar la religión (Piñero, 2006,
pág. 95). Por otro lado, los judíos eran muy proselitistas, pues, recordemos el texto de Mt
23,15: “Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas que recorréis el mar y la tierra para
ganar a un prosélito…”. Es decir, los paganos conquistados eran denominados “temerosos
de Dios”, quienes eran preparados y asiduos lectores de las Escrituras. Estos mismos serán
buscados por los cristianos para predicar a Jesús, el Mesías.
El marco social en el que se movía la gente era el campo, pues, la gente labraba la tierra
y otra parte, ejercía el pastoreo de los rebaños. Mientras la actividad comercial e industrial
vinculada al mar Mediterráneo era mínima. La pobreza se palpaba en la inmensa mayoría y
solo unos pocos terratenientes eran ricos. Cabe mencionar que la situación agrícola de la
Galilea era mejor que en cualquier otra parte del territorio. También, en el mundo social se
destacan algunos grupos importantes, como los saduceos, fariseos, esenios, celotas entre
otros.
Este personaje dedicó su vida a comentar y explicar los libros del Pentateuco para el
pueblo judío y los paganos de su entorno. Filón fue un ejemplo a seguir en el momento de
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encontrar en el Antiguo Testamento, y por medio de la alegoría, figuras y tipos del Mesías
que había aparecido en Jesús. Por eso, los cristianos al igual que este estudioso, encuentran
en el Antiguo Testamento, personajes paralelos a Jesús o estereotipos como: Elías, Moisés,
entre otros, según afirma Piñero (2006):
Para Filón de Alejandría, la Biblia tiene dos sentidos. Uno patente y visible: el
sentido literal obvio de cada texto; otro no patente e invisible, el sentido espiritual o
profundo que se debe descubrir en cada caso…Filón defiende que el que estudia la
ley con devoción será iluminado por el Espíritu y alcanzará tarde o temprano una
intelección suficiente de ella (pág. 112).
Finalmente, para Filón, la ley de Moisés es la ley moral universal que concuerda
con la ley natural. Lo importante de la Ley es el Decálogo, que es válido para todos los
seres humanos sin excepción. Por eso, el hombre virtuoso e iluminado por la divinidad,
alcanza con facilidad la comprensión del bien y del mal. Además Filón, influenciado por la
filosofía platónica difunde en los judíos de su época el dualismo entre bien y mal, alma y
cuerpo, e impulsa al desprendimiento de lo material para alcanzar espiritual y divino. Todo
esto influye en Pablo de tarso cuando hable de la Ley de Moisés.
1.3.2 El Helenismo
Los autores del Nuevo Testamento, sin lugar a duda, conocían bien la atmósfera
religiosa pagana como es el mundo helénico que hacía ya cuatro siglos invadió el mundo
religioso de Israel. Por eso, para entender el Nuevo Testamento, no podemos considerar
solamente el mundo judío, sino también el influyo o la mezcla de judaísmo y ciertos
aspectos de la religiosidad pagana circundante.
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Los helénicos de la época de los inicios de la era cristiana que cultivaban la filosofía,
probablemente aceptaban el monoteísmo práctico de Israel. Pero la práctica de la filosofía
fue en verdad la religión de muchas personas educadas desde la época helenística, ya que la
filosofía era un modo de vida que ayudaba a vivir plenamente. De esta manera, el Nuevo
Testamento será heredero de algunas ideas y prácticas de la cultura helénica. A
continuación, anotamos algunos elementos del helenismo:
Los misterios del helenismo eran, tanto el ser humano como el mundo,
dependientes de Dios, la aspiración religiosa hacia la salvación personal más allá
de la religión tradicional del estado, la felicidad ultraterrena. En este sentido, Pablo
hablará del cristiano como un hombre nuevo en Cristo surgido de la muerte (Rm 6,
3-4). Pues, para el Nuevo Testamento, Jesús es el único y definitivo salvador que
trae vida eterna.
Piñero (2006), dice al respecto:
(s. XIII-XII a. C.). Actualmente, los palestinos son de raza árabe que ocuparon el territorio
varios siglos.
1.4.1 Historia
Por otra parte, Herodes se educó en la corte del Sumo Sacerdote Juan Hircano II
(63-40), donde su padre Antípatro era mayordomo por haber dispuesto así César. Gracias al
favor de César, Antípatro logró que sus hijos Herodes y Fasael fueran nombrados estrategas
de Galilea y Judea, respectivamente (47 a. C.). Luego, con ayuda de Roma, Herodes derrotó
al general de Antígono (38 a.C.) y en el 37 a. C. ocupó Jerusalén (Haag, 2005, págs. 833-
834)ocupó Jerusalén”.
Otras obras importantes realizadas por Herodes en Palestina son las fundaciones de
nuevas ciudades, según afirma Díez Fernández (2006): “Cesarea marítima, Sebaste
(Samaria antigua), Antipátride y Frasaelis. Además, construyó para él un magnífico palacio
en Jerusalén y fortalezas a lo largo del desierto de Judea, entre las más importantes
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tenemos: Massada, Maqueronte, Herodion” (pág. 24). Esta última, se dice que le sirvió de
panteón al gran Herodes, aunque nunca se han encontrado sus restos. Favoreció también, la
agricultura y el comercio.
El final del Procurador Poncio Pilato no se sabe con certeza; algunos dicen que tuvo
una muerte violenta, como sostiene Haag (2005) en el Diccionario de la Biblia: “Eusebio
enumera a varios escritores, según los cuales, Pilato terminó quitándose la vida. Según
otros escritores, Pilato habría sido ejecutado por Nerón; mientras la apócrifa tradición de
Pilato, dice que siendo ya cristiano, fue ejecutado por Tiberio” (págs. 1532-1533). De todas
maneras, lo más probable es que Pilato tuvo una muerte violenta.
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Seguidamente, en los años 66-70 d. C. se dio la revuelta judía contra Roma por los
abusos del imperio hacia las cuestiones sagradas judías. Pero lastimosamente, los judíos
fueron derrotados por las tropas de Vespasiano y definitivamente, por las tropas de su hijo
Tito, quien aniquiló Jerusalén y destruyó el Templo y en el 73, Roma destruyó la última
fortaleza judía “Masada”. Años más tarde, los judíos no tenían capital, ni Templo; por
tanto, ven en peligro sus Escrituras y realiza el Concilio en Jamnia para determinar el canon
definitivo de sus Escrituras, en el año 90 d. C.
En el año 130, el Emperador romano Adriano visitó Jerusalén, como afirma Díez
Fernández (2006) (pág. 27) y quiso reconstruirla según el modelo de las ciudades romanas,
las mismas que se construyeron en base a dos calles principales, la una que va de norte a
sur, denominada el Cardo y la otra, que va de este a oeste, llamada el Tucumano. Adriano
quiso darla su propio nombre a la ciudad, lo cual, ocasionó otra rebelión judía contra
Roma. Pero la furia del emperador romano contra los judíos fue bárbara, que en el 135,
Jerusalén fue arrasada y en su lugar se levantó la ciudad “Elia Capitolina”.
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Por otro lado, Jesús de Nazaret es la figura principal del Nuevo Testamento. Mateo y
Lucas nos dicen que Jesús nació en Belén (Mt 1-2; Lc 1-2). Mientras Marcos y Juan
presuponen que nació en Nazaret (Jn 1,45). De todas maneras, Jesús vivió alrededor de 30
años en Nazaret. El año de nacimiento, probablemente fue en el 6 a. C. Los evangelios
mencionan los hermanos de Jesús (cfr. Jn 2,12) lo más probable es que la palabra
“hermanos” se refiera a los parientes o familiares. Es decir, el término griego adelfós que
traduce “hermano uterino” al español, tiene varios usos en el Nuevo Testamento, uno es el
significado del hermano carnal y otro, es el uso genérico aplicado a los cristianos de la
comunidad o a los parientes en general (Mc 3,31-35 y 6,5; Lc 8,19-31).
También, Jesús, lo más probable, es que sabía leer y escribir, pues como todo judío
varón fue a la escuela para estudiar las Sagradas Escrituras y además, conocía el hebreo y el
griego, a parte de su lengua materna, el arameo. De hecho, Lucas lo presenta leyendo el
rollo de Isaías en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,16), que según la tradición judía, la lectura
en público de las Escrituras se debía hacerlo en hebreo. Por otra parte, Maier (1988) cita las
fuentes extra-bíblicas, específicamente, los escritos del historiador judío Flavio Josefo, que
se refiere a Jesús como el “hombre sabio y virtuoso”. (págs. 264-265).
Otro dato que podemos añadir a la persona de Jesús, es que era célibe, aunque los
evangelios no lo dicen de manera expresa, pero el silencio de su matrimonio y su
dedicación total al Reino de los Cielos en el texto de Mt 19,12: “Hay otros que se hicieron a
sí mismos eunucos por amor al Reino de los Cielos”. Pero el celibato era un estado muy
raro en el mundo judío. Parece que Jesús aplicaba este texto a sí mismo y a los suyos. Sólo
los evangelios apócrifos afirman que Jesús estaba casado, el Evangelio de Felipe dice que
Jesús tenía por esposa a María Magdalena y la amaba más que a los discípulos. Mientras
que el Evangelio de Tomás afirma que la mujer de Jesús era Salomé. Por el contrario, el
Evangelio de los egipcios expresa que Jesús odiaba el matrimonio.
Jesús fue muy cercano a Juan el Bautista, eran primos por parte de sus madres María e
Isabel respectivamente. Jesús fue bautizado por Juan y luego de esto, también Jesús
bautizaba (Jn 3,22). Esto da a sospechar que Jesús era discípulo de Juan. Poco después,
mientras Juan estaba en prisión, Jesús comenzó su ministerio (Lc 3,19; Mc 6,14).
Posteriormente, Jesús formó su propio grupo de discípulos (Mc 3,13-19), algunos eran
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discípulos de Juan, con el objetivo de formarles para la implantación del Reino de Dios.
Pues, Jesús invitaba a seguirle de un modo absoluto y exclusivo. Jesús atraía a muchas
multitudes con su palabra. Enseñaba a la gente por medio de parábolas y de historias, lo que
era muy bien acogida su manera de enseñar, junto con su misericordia y ternura hacia las
clases pobres, débiles y vulnerables de la época y del medio. Su mensaje llegaba con
facilidad al corazón de la gente y así, fue amado por unos y odiado por otros.
1.4.2 Geografía
La Palestina del siglo I de la era cristiana estaba dividida en cuatro zonas: Galilea,
Samaria, Perea y Judea (en el mismo territorio estaba Idumea) bajo la administración
romana. Para la comunicación de norte a sur (Cesarea del mar y Jerusalén, dos ciudades
principales) tenía dos vías, la de la costa (via maris) que era considerada la vía de los
paganos, pues por ahí transitaban los romanos y otros, mientras que la vía que seguía la ruta
del río Jordán era la de los judíos. A la muerte de Herodes el Grande, las cuatro zonas
quedaron bajo la administración de sus hijos: Arquelao gobernó Samaria y Judea; en
cambio, Herodes Antipas gobernó Galilea y Perea.
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[Link] La Galilea
Esta zona está ubicada en la zona norte, se distingue por sus tierras fértiles y verdes,
ya que posee agua del mar de Genesaret y del río Jordán. La Galilea se divide en dos: la alta
Galilea y la baja Galilea.
La Alta Galilea está caracterizada por ser zona montañosa. De hecho, se encuentra
el monte Hermón, con una altura de 2800 metros, aproximadamente. Actualmente,
comparte territorios de Siria, Líbano e Israel. Los salmos lo cantan y lo llaman también, el
Monte mayor (Sal 89,13). En este monte nace el río Jordán y sigue su rumbo hacia el sur,
atraviesa el mar de Galilea y desemboca en el mar muerto, en la Judea. También, está la
montaña sagrada de Paneas, donde se adoraba las divinidades antiguas cananeas, como en
las aguas subterráneas (Jos 11,17); después, la ocupación helenista, siguiendo esta tradición
adoraba al dios “Pan”. Más tarde, en el mismo lugar, se recuerda la ciudad romana:
“Cesarea de Filipo”. Desde este lugar hermoso y más hacia delante, el agua del Jordán es
limpia y transparente y el terreno my verde, allí se localiza el santuario antiguo de Dan,
donde se adoraba a Yhavé. Siguiendo hacia el mar Mediterráneo se encuentra otra montaña
importante, donde se recuerda los pasajes de la vida del profeta Elías, podemos ver las
grutas y la montaña sagrada del Carmelo.
Naín es una población pequeña, ubicada a los pies del monte Tabor, donde el
Evangelio de Lucas menciona a la viuda de Naín, la mujer que Jesús tuvo compasión de
ella y resucitó a su hijo joven (Lc 7,11-18).
[Link] La Perea
Esta región estaba ubicada al oriente de Palestina, al otro lado del río Jordán, donde se
encontraban algunas ciudades de la decápolis, luego del mar de Galilea, siguiendo el rumbo
del río Jordán, en dirección hacia el sur. No es muy nombrada en el Nuevo Testamento,
sino sólo de manera general y escasa.
[Link] La Judea
Ésta es la región más nombrada por las Sagradas Escrituras, ya sea en el antiguo
como en el Nuevo Testamento. Pues, es de vital importancia porque en ella se encuentra la
capital política y religiosa del pueblo de Dios, Jerusalén, y junto a ella, toda la importancia
histórica y espiritual que le dan tanto los salmos como los evangelios. Se distingue por ser
una zona seca y desértica, como el desierto del Neguev y el territorio de Jericó hasta el mar
muerto. Pero también, posee franjas verdes como el lugar de Ein Carem, donde se recuerda
la casa de Zacarías e Isabel y el nacimiento de Juan el Bautista. Judea posee escasa agua,
sólo cuenta con la del Jordán o agua que se trae desde Belén. Tiene montañas muy bajas,
extensos desiertos y pocas franjas verdes; algo característico es el mar muerto, donde
desemboca el río Jordán y la depresión más baja del planeta que llega hasta los 400 metros
bajo el nivel del mar. Veamos algunos lugares importantes de esta región.
11). Además, se le identificaba también, con el nombre de Sión desde la época cananea que
señala la literatura profética y los salmos (Is 2,3; Jr 3,14; Sal 14,7; 97,8). Por otra parte,
Jerusalén fue la capital del reino de David, por eso, se le llamó: “ciudad de David” (2Sm
5,6-9; 1Cr 11,4-9).
Jerusalén es una ciudad muy importante en las Sagradas Escrituras porque allí será
el futuro reino mesiánico (Sal 110,2). Aquí, Dios ordenó construir su Templo a su siervo el
rey Salomón, en el siglo X a. C., el mismo que fue destruido por Babilonia y se reconstruyó
a finales del siglo VI a. C. Posteriormente, en el año 19 a. C., Herodes el Grande restauró el
Templo de manera solemne y pomposa, éste fue el Templo que conoció Jesús.
La ciudad de Jerusalén es considerada la madre para las tres grandes religiones del
mundo, como son: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo. Pues, allí se encuentran las
ruinas del Templo judío, el sepulcro de Jesús y la mezquita de Omar, donde se venera al
profeta Mahoma, quien según la tradición islámica ascendió a los cielos.
El Templo, lugar central para la fe del pueblo judío, donde Jesús enseñaba durante el
día. Allí se encontraba el Sancto Sanctorum (el Debir), el lugar más sagrado del Templo
donde Dios hizo su morada (en hebreo Shekiná).
martirio de Esteban (Hch 7,55-60). Más hacia el sur, el monte del escándalo, donde se
rendía culto idolátrico a dioses falsos (2Re 23,13).
En el interior de la ciudad recordamos la ruta del via crucis de Jesús, que hace historia
el dolor y la purificación, la crucifixión y la redención de la humanidad, en el Gólgota y el
Santo Sepulcro, donde los cristianos veneraron a Jesús por siglos y siglos, y el emperador
romano Constantino ordenó construir la primera Basílica de la zona, en el siglo IV d. C.
Belén, el término hebreo es Betlehem que significa: “Casa del pan o del alimento”.
Se encuentra a 8 km. de Jerusalén. Mateo y Lucas nos dicen que Jesús nació en Belén (Lc
2,1…; Mt 2,1…). Allí murió Raquel, esposa de Jacob (Gn 35,19). También, el Antiguo
Testamento anuncia la profecía de que el Mesías debe nacer en Belén (Mi 5,1-4).
Jericó se ubica a 38 km. de Jerusalén, en dirección al este, cerca del río Jordán. El
nivel de la población es de 370 m. bajo el nivel del mar. Jericó es considerada una de las
ciudades más antiguas del mundo, ya que según los estudios arqueológicos modernos, se
remonta a los 8.000 años a. C. Se caracteriza por sus tierras áridas y secas, pero con
algunos oasis. Aquí, los evangelios nos remiten algunos pasajes, como: El buen samaritano,
en el camino de Jericó a Jerusalén (Lc 10,29-37); La conversión de Zaqueo (Lc 19,1-10); el
ciego a la orilla del camino (Lc 18,35-43); el monte de las tentaciones de Jesús (Mt 4,1-11);
27
entre otros. Muy cerca de Jericó, en el río Jordán, Juan el Bautista realizaba el bautismo de
conversión a sus seguidores, y también, Jesús se hizo bautizar (Mc 1,4-11).
[Link] La Samaria
Desde sus orígenes, el Nuevo Testamento era leído de una manera espiritual o
dogmática; es decir, se pensaba que el Evangelio contenía la verdad en todos los ámbitos,
incluido el histórico. Pero sobre todo, era considerado la Palabra de Dios. Sin embargo,
desde el siglo XVIII, se lee el Nuevo Testamento con ojos de historiador crítico, o sea, se
resalta la importancia de la historia en los acontecimientos evangélicos. De esta manera,
muchas certezas de los pasajes de la vida de Jesús tambalearon porque con la lectura
histórica de los evangelios, se encontraron dudas de historicidad.
los escritos neotestamentarios, opuestas entre sí: “La petrina, judaizante y conservadora; la
paulina, liberal, innovadora y abierta a los paganos; y una tercera, la Lucana, irenista o
pacífica, con ánimos de concordia que intenta unir a las dos primeras…Cada escrito del
Nuevo Testamento puede encuadrarse en una de estas tres directrices” (Piñero, 2006, pág.
136). Obviamente, dicho autor por ser de nacionalidad alemana compara estas tendencias
con la teoría hegeliana: tesis, antítesis y síntesis.
Avanzamos al siglo XX, cuando A. von Harnack publicó su obra: “Esencia del
Cristianismo”, en 1900. Este estudioso protestante afirma que se debe distinguir
claramente, entre el mensaje evangélico, puramente judío y el dogma posterior que es obra
del espíritu griego en suelo del Evangelio. En efecto, la figura de Jesús se debe entender
desde el marco de la esperanza en la llegada del Mesías y el anuncio del Reino de Dios al
corazón del ser humano. Pero, los apóstoles alteraron esta idea primera y mezclaron la fe
cristiana con los objetivos de la conformación de la comunidad, en el marco de la cultura
semítica y helénica. Así pues, la moral cristiana es también griega que vino por el canal del
judaísmo helénico, por ejemplo: la unión con la divinidad (eucaristía), la filiación divina
(por el Hijo), el nuevo nacimiento (el bautismo). Finalmente, en el Evangelio de Juan, Jesús
es identificado con el “Logos” de Dios. De todas maneras, según el exégeta Crossan (2002):
“el nacimiento del cristianismo abarca las décadas de los 30 y los 40, cuando los discípulos
quieren entender y asimilar la vida y la muerte del Maestro para adentrarse en el misterio
de la persona de Jesús de Nazaret” (pág. X).
Por otra parte, Piñero (2006) cita a W. Bousset (1913), quien afirma que: “Las
concepciones judías sobre la figura apocalíptica del ‘Hijo del Hombre’ (libro de Daniel) no
se los aplicó Jesús a sí mismo, sino que fueron sus discípulos quienes las utilizaron para
interpretar la misión de aquel. Igualmente, en las comunidades de cristianos helenistas
surgió la idea de ver a Jesús como el verdadero Kyrios, Señor y Dios” (pág. 139). Entonces,
en este proceso de estudio, ya existe una diferencia entre el marco de Jesús y el de sus
seguidores, que más adelante se confirmarán estas ideas.
La Escuela de Historia de las Religiones hace una crítica radical a los evangelios.
Por tanto, se nota la diferencia entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Así pues, J.
Wellhousen en su escrito: “Introducción a los tres primeros evangelios” (1905), dice que
30
los evangelios no poseen valor histórico, sino que son testimonios de fe de los seguidores
de Jesús. En efecto, para Theissen (2004) esta misma tesis, confirmó K. L. Schmid, en su
ensayo: “El marco de la historia de Jesús” (1919). Es decir, los evangelios están ordenados
según la teología y el ambiente litúrgico y de predicación de los apóstoles, pero el orden
geográfico e histórico no es real conforme al libro Jesús histórico (pág. 24).
a. Para Klausser (Jesús de Nazaret, 1934), Jesús expuso una ética judía
admirable, pero con una experiencia nueva de un Dios cercano a la
historia del ser humano.
b. Según C. G. Montefiore (The Synoptic Gospels I-II, London 1927), Jesús
fue un profeta que continua la línea profética antigua, pero en una
situación históricamente nueva. Es decir, los profetas polemizaron el culto
sacrificial; mientras que, Jesús cuestionó el funcionamiento del Templo y
otros ritos: el sábado, preceptos sobre manjares y normas de pureza legal.
c. De acuerdo a R. Eisler (Jesús, rey que no reinó, Heidelberg, 1930), Jesús
fue un rebelde que defendió una doctrina no violenta, pero después
conquistó el Templo con fuerza; finalmente, fracasó en el conflicto con
los romanos.
Por otro lado, para el mismo Theissen (2004), D. Flusser presenta a Jesús como un
judío cumplidor de la ley, pero lo novedoso del nazareno es el mandamiento del amor que
supera la ley del talión y la espera del reino de Dios (pág. 27). Así pues, la visión judía
sobre Jesús es muy clara y determinante en el estudio científico del Maestro de Nazaret.
También, Meier (2004), en el estudio del retrato de Jesús, habla del Jesús real, distinto
del Jesús histórico:
Jesús vivió aproximadamente 35 años en la Palestina del siglo I. Cada uno de esos
años estuvo lleno de cambios físicos y psicológicos. Incluso antes de que empezase
su ministerio público, buena parte de sus palabras y hechos habían tenido como
testigos a su familia y amigos, sus vecinos y clientes. En principio, estos
31
Así pues, se llega a la afirmación que dichos escritos fueron formados por pequeñas
unidades literarias que circulaban en el marco de la tradición oral. Y estas unidades
literarias poseen un “Sitz im leben”, término alemán que significa: “contexto vital”, es
decir, una situación de la comunidad que transmite el texto.
En esta perspectiva, la Historia de las Formas afirma que: “los evangelistas son
meros compiladores y transmisores de tradiciones. Marcos es el creador del género, y
Mateo y Lucas utilizaron la obra de Marcos como una de sus fuentes. Para Piñero (2006),
“los Evangelios sinópticos no son biografías, sino testimonios de unas creencias” (pág.
142). En este sentido, los evangelios giran en torno a los acontecimientos más importantes
de Jesús, como son: pasión, muerte y resurrección.
Así pues, el fracaso de Jesús de liberar a Israel muriendo en la cruz fue justificado
por los apóstoles, quienes anunciaron su resurrección y colocaron como fundamento las
Escrituras. Asimismo, los mismos apóstoles llevaron adelante la tradición oral sobre los
dichos y hechos de Jesús.
32
En los escritos, se detectaron las pequeñas unidades o formas literarias que hacen
referencia a su propio contexto vital, como el de la comunidad de Mateo que habla de su
conflicto con la comunidad judía. En este mismo sentido, el marco geográfico e histórico de
los evangelios se perdió probablemente, los evangelistas construyeron otro marco.
En esta etapa, juegan un papel importante los apóstoles y demás seguidores de Jesús
que alimentaban y fortalecían la tradición oral e interpretaban las Escrituras cristianas. Por
tal razón, los Evangelios son fruto de un largo proceso de tradición y redacción e historia
posterior. De ahí que, la Historia de las Formas se encarga de estudiar las perícopas y
determinar cuáles son originales de la vida de Jesús y cuáles son secundarias de la
comunidad cristiana primitiva, aunque los Evangelios son escritos en el contexto de la fe.
Por otra parte, la Historia de la Redacción estudia los añadidos, las omisiones del
texto, las transposiciones de material, los cambios de elemento en un mismo pasaje para
llegar al contexto vital del autor sagrado (tercer contexto) y del objeto teológico del escrito
en particular.
Así pues, la sociología, aplicada a los libros inspirados, señala en qué grado de la
historia concreta y las condiciones sociales han afectado y conformado el contenido del
mensaje cristiano. Así, por ejemplo, Lucas presenta a un modelo de comunidad cristiana
(Hch 2,42-47). Mientras que Mateo muestra la división entre hebreos y los helenistas en
Jerusalén (Mt 6,1-6). Por otra parte, el conflicto entre Pedro y Pablo (Gal 1,1-14). Esto
quiere decir que es importante estudiar los fenómenos sociales de las distintas situaciones
que afectaron dicho mensaje. Por un lado, la comunidad lucana que ve un modelo de
comunidad cristiana; por otro, también existen conflictos en otras comunidades cristianas.
Así pues, los estudiosos más críticos quieren llegar a Jesús, por medio de la historia,
a la ipsissima verba (palabras auténticas y precisas) que él pronunció. Mientras, que la
exégesis sociológica quiere llegar a los fenómenos sociales de la vida de Jesús y de su
comunidad de seguidores, quienes tenían unos comportamientos y unas funciones sociales
determinadas, lo que les daba una identidad de fe. En efecto, la sociedad influye en las
creencias religiosas. Pues, las estructuras o condiciones sociales, a veces, determinan las
creencias de una agrupación humana o sencillamente, la modifican.
En este sentido, la lectura sociológica de los libros del Nuevo Testamento es similar
a la lectura que nuestras comunidades de Latinoamérica hacen hoy, de la Escrituras. Así
como, en los primeros siglos de la era cristiana, los textos inspirados eran leídos,
reflexionados e interpretados en un contexto de fe y de los fenómenos sociales propios del
lugar y de la época, donde los cristianos luchaban contra los principios radicales del
judaísmo y los criterios dominantes del imperio romano que causaban confusión. De
manera similar, hoy, en los países de Latinoamérica, la lectura e interpretación de los
evangelios y de las Escrituras, en general, se realiza desde un ambiente de lucha, de
sufrimiento, pero sobre todo, desde un marco de fe. De este modo, los evangelios generan
esperanza en Dios y en sus promesas. En efecto, la Biblia es el testimonio de la revelación
divina a un pueblo concreto que tiene su fe puesta en el Dios de la historia.
36
Sin lugar a duda que los evangelios fueron transmitidos en el marco de la tradición oral
de los apóstoles y las primeras comunidades cristianas. Luego de la muerte y resurrección
de Jesús, los apóstoles, lo primero que, predicaron fue la pasión, muerte y resurrección de
Jesús, es decir, el Kerygma; por ejemplo Hch 4,8-12 habla de los discursos de Pedro.
También, tenemos los discursos de Pablo (1Co 15,3-7) que, según el evangelista Lucas, en
el pasaje 24,44-48, este Kerygma fue entregado por el mismo Jesús resucitado a sus
apóstoles.
En este mismo sentido, los signos cristianos iban cobrando gran valor en el
aprendizaje de la tradición cristiana. En el orden histórico, los seguidores de Jesús, primero,
usaron el pescado para actualizar el rito de la fracción del pan que el Maestro les enseñó.
Luego, el pelícano también se constituyó en signo cristiano, por eso, quedó grabado por los
creyentes, en el cenáculo de Jerusalén. Finalmente, la cruz se convirtió en el signo cristiano
por excelencia, ya que Jesús murió en una cruz y se constituyó en signo de redención.
que existía el Evangelio de Mateo en hebreo que, probablemente, después fue traducido al
griego y el texto original hebreo se extravió. Sin embargo, para Papías, posteriormente, el
Evangelio de Marcos fue el primero que se escribió, luego de que el discípulo de Pedro,
escuchó su predicación y fue su intérprete en Roma.
Desde los inicios de los escritos inspirados del Nuevo Testamento, gracias a los
testimonios antes mencionados, los cristianos creyeron que el Evangelio de Mateo era el
más antiguo y el más completo, por ser el más largo en relación a los otros (Mt contiene 28
capítulos, Mc 16 y Lc 24). Por eso, Mateo fue el Evangelio más usado en las primeras
comunidades cristianas para la liturgia, para la reflexión y la oración. En esta perspectiva,
la Biblia de Jerusalén (1995) habla de la teoría de Griesbach, sostenida por los ingleses y
los norteamericanos: “Esa teoría se apoya en la tradición de los ancianos referida por
Clemente de Alejandría: el primer evangelio sería el de Mateo, Lucas dependería de Mateo;
y Marcos, que sería el último, dependería unas veces de Mateo y otras de Lucas, a los que
habría simplificado” (pág. 1408). De ser así, ¿dónde quedaría el relato de la infancia de
Jesús, que no trae Marcos? ¿Por qué Marcos querría simplificar y omitir varios pasajes de
Mateo y de Lucas?
Pero, por otro lado, según las investigaciones bíblicas modernas, desde inicios del
siglo XX, se consideró a Marcos como el Evangelio más antiguo, sobre todo, el exégeta
alemán Bultmann (2000) afirma lo siguiente:
39
Por tal razón, se habla de la teoría de las dos fuentes: Marcos y la fuente “Q”
(contiene los dichos de Jesús), de las cuales se sirvieron Mateo y Lucas y, a su vez, estos
dos últimos, cada uno independientemente, tuvieron fuentes propias. Pero también, Lucas
es parecido al Evangelio de Juan, en lo que se refiere al relato de la pasión y resurrección
de Jesús. Entonces, ¿qué pasó aquí con Lucas, en relación a Mateo y Marcos? Además,
Mateo y Lucas también presentan elementos más arcaicos que Marcos, como los
arameísmos y cuestiones helénicas antiguas. De ahí que, el problema sinóptico sigue sin
tener solución.
3.2.1 La Fuente Q
El dato que tenemos hasta nuestros días, es que, probablemente, la literatura paulina
fue la primera que formó parte de las Escrituras del Nuevo Testamento, veamos lo que
afirma el exégeta norteamericano Brown (2002):
Un segundo bloque de escritos fueron los evangelios sinópticos, que serán escritos,
luego de la muerte de Pablo, que probablemente, fue en el año 64 d. C. como afirma el
Buscemi (1997), especialista de los escritos del Apóstol Pablo:
40
Questo dato storico mi sembra Molto interesante per stabilire la data del
martirio di Paolo. E credo che abbiano propio racione gli Atti ad affermare
che la testimonianza di Paolo a Roma durò solo due anni. Infatti, lo scadere
de due anni coincide propio con il periodo del cambiamento Della politica
neroniana nei riguardi dei cristiani. Quindi, mi sembra Molto probabile che
nel 63, massimo nel 64 d. C., Paolo si trovò nel mezzo Della bufera
scatenata da Nerone: venne processato e condannato a morte. Così,
rendendo testimonianza a Cristo, Paolo piegò da cittadino romano prima le
spalle alla flagelazione e poi il collo alla spada del carnefice (págs. 259-
260).
En tal virtud, la fuente “Q” que contenía los dichos del Señor, posiblemente, eran
frases sueltas, sentencias, proverbios, dichos de Jesús, los cuales fueron transmitidos por
los apóstoles y sus discípulos, en forma de billetes o cuadernillos pequeños,
inmediatamente después de la muerte y resurrección de Jesús. Pues, lo que más permanecía
fresco en la memoria de los seguidores de Jesús, eran los acontecimientos de la pasión,
41
La fuente Q pasó por el proceso de la tradición oral para llegar a la colección de las
palabras del Señor, luego a los evangelios escritos. Dicha tradición oral se desarrolló,
probablemente, en el marco de la predicación apostólica, de los actos litúrgicos, de las
controversias con los judíos y de la misión a los paganos. Pues, en estos ambientes:
cristiano, judío y pagano, se pretendía una firme tradición en torno al Señor Jesús.
quienes impulsaban fuertemente la tradición oral en torno al maestro. Otro de los motivos,
pudo haber sido la parusía del Señor, que mencionan los evangelios (Mc 13,24-27; Mt
24,26-28), es decir, los cristianos vivían en espera de la segunda venida de Jesús.
A continuación, abordaremos las palabras o dichos del Señor que estaban contenidos en
la fuente Q, y que circulaban en las comunidades de fe, antes de que los evangelios sean
escritos inspirados como tales. Para citar algunas frases o sentencias de los evangelios
sinópticos nos hemos servido del estudio que Bultmann realizó acerca de nuestro tema.
Según Bultmann (2000), exégeta protestante, las palabras del Señor se clasifican en tres
grandes grupos de acuerdo al contenido, objetivo o su forma (págs. 129-263), a saber: La
Logia o sentencias sapienciales, palabras proféticas y apocalípticas, leyes y reglas para la
comunidad. En efecto, Logia es un término griego que traducido al español, quiere decir
“palabras”. Pues, ese fue, propiamente, el término con el que se propagó la colección de
los “dichos de Jesús”, desde su origen, en el siglo I de la era cristiana.
Este grupo de palabras del Señor, se refieren propiamente a los dichos de Jesús,
como también a las sentencias sapienciales que tienen mucha relación con la sabiduría judía
y los libros sapienciales del Antiguo Testamento. En este grupo hay que distinguir las
diversas formas de escribir, como las comparaciones, metáforas, las paradojas, la hipérbole,
los paralelismos y las antítesis. Por ejemplo, en el viejo testamento, tenemos los principios,
las exhortaciones y las preguntas.
Ejemplos de Principios:
“Mirada benévola alegra el corazón, buena noticia vigoriza el cuerpo” (Prov 15,30;
paralelismo sinonímico).
“La bendición del padre asegura las casas de sus hijos, y la maldición de la madre arranca
de raíz sus cimientos (Eclo 3,9; paralelismo antitético con uso de imágenes).
43
“Un golpe de látigo produce moratones, un golpe de lengua quebranta los huesos” (Eclo
28,17; uso de metáfora y de hipérbole).
“Feliz el que encuentra sabiduría; pues, es más rentable que la plata y más provechoso que
el oro” (Prov 3,13; macarismo y paralelismo sinonímico en forma de comparación).
Ejemplos de exhortaciones:
“Hijo mío, no rechaces la instrucción del Señor, ni te enfades por su reprensión, pues el
Señor reprende a quien ama, como un padre a su hijo predilecto” (Prov 3,11s; doble uso de
paralelismo sinonímico).
“procura estar bien con una persona a quien le sonríe la hora” (Pesahim 112ª).
Ejemplos de preguntas:
“¿puede alguien meter fuego en el seno sin que se queme su ropa?” (Prov 6,27-29;
preguntas retóricas con paralelismo sinonímico y sintético).
“¿de quién los ayes, de quién los lamentos?” (Prov 23,29s; preguntas con paralelismo
sinonímico).
Ahora bien, anotamos a continuación los ejemplos del material sinóptico que tiene
relación con los ejemplos que hemos citado anteriormente.
Ejemplos de principios:
Mc 10,31 (Mt 20,16; Lc 13,30): “Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos,
primeros”.
44
Lc 11,28: “Dichosos más bien, los que oyen la palabra de Dios y la observan” (macarismo).
Ejemplos de exhortaciones:
Mc 11,24: “Por eso os digo que obtendrán todo cuanto pidan en la oración, si creen que ya
lo han recibido”.
Ejemplos de preguntas:
Mt 6,27; Lc 12,25: “¿quién de ustedes puede, por más que se preocupe, añadir un solo
codo a la medida de su vida?”.
Mc 2,19: “¿pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”.
Lc 6,39; Mt 15,14: “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?” ¿No caerán los dos en el hoyo?”.
La Logia o sentencias sapienciales tienen un parecido con las formas del mashal, en
el Antiguo Testamento de un solo miembro o de dos miembros, es decir, bimembre.
Veamos:
Mt 8,20: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no
tiene donde reclinar la cabeza” (paralelismo antitético y sinonímico).
Pero la senda de los justos es como alba luminosa” (mashal con ilustración y paralelismo
antitético).
Los ejemplos que hemos escrito nos dan a entender que la logia sinópticos están en
conexión con la sabiduría judía y además, es razonable pensar que las palabras de Jesús
pudieron derivarse de esa sabiduría popular que circulaba entre la gente del pueblo de Dios.
45
Es importante explicar que la profecía mira hacia el futuro y hace una lectura de la
realidad desde los designios de Dios. De ahí que, muestra un camino de fe a seguir, sin
importar la crudeza de la realidad o la tendencia al pecado. Mientras que la apocalíptica
(Haag, 2005, págs. 123-126) mira hacia el final de los tiempos, utilizando abundante
simbología, en especial misteriosa, pero también usa figuras importantes del pasado para
explicar el camino de salvación. Entonces, tanto la profecía como la apocalíptica miran al
futuro.
a. Predicación de la salvación
Lc 14,15: “Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios”. Lucas lo coloca en el relato
del banquete, es decir, la imagen del banquete mesiánico que aparece en el Antiguo
Testamento (Is 25,6; Esd 6,52), como también en el libro del Apocalipsis (Ap 3,20).
Lc 10,23s y Mt 13,16s: “Dichosos los ojos que ven lo que veis”. Es decir, anuncia el
privilegio a los discípulos por ser testigos oculares.
Mc 8,35: “porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y
por el Evangelio, la salvará”. Ésta es propiamente, una sentencia profética con formulación
paradójica.
b. Palabras de amenaza
Lc 6,24-26: Los ayes contra los ricos, ayes en diatribas proféticas que se encuentran en Is
5,8s; Hab 2,6s; Mt 13,17.
Mt 23,37-39; Lc 13, 34-35: Palabras de amenaza contra Jerusalén, que ya existía como una
de predicción judía.
c. Exhortaciones
d. Predicciones apocalípticas
Mc 13,2: “¿ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra, ni una
que no sea destruida”.
Mc 14,58: “Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no
hecho por hombres”.
Mt 26,61: “Yo puedo destruir el Santuario de Dios y reedificarlo en tres días” (cfr. Mc
15,29 y Jn 12,19). En cuanto a las predicciones apocalípticas sobre la destrucción del
Templo, ya en el mundo judío existía la esperanza de que en la era mesiánica surgiría un
Templo nuevo y más glorioso (Bultmann, 2000, pág. 179). Por este motivo, estas palabras
de Jesús expresadas al pueblo judío, no debieron de ser novedosas, pero sí escandalosas.
Lc 17, 23-24; Mt 24,26-27: “Como relámpago fulgurante que brilla de un extremo al otro
del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día”. La llegada repentina del Hijo del Hombre.
El pasaje del juicio final contiene elementos específicamente cristianos, no por los actos
de caridad que ya se enseñaban y se practicaban en el judaísmo, sino por la presencia de
todos los seres humanos en el juicio y la función específica de juez del Hijo del Hombre.
Pues, según el judaísmo, sólo Dios es juez y, por tanto, sólo a Él le compete realizar el
juicio final, sostiene Bultmann (2000):
48
En este grupo de las palabras de Jesús, según la Tradición sinóptica de Bultmann (2000),
lo más probable, es que la comunidad cristiana recogió el material judío (págs. 184-189) y
luego, puso en labios de Jesús porque fueron escuchadas en la comunidad; además, la
predicación de los profetas cristianos tenían mucha fuerza y eran asociadas a las palabras
del resucitado que estaba presente en la fe de la comunidad. De ahí que, la tradición afirma
que algunos textos, probablemente, son de material judío, atribuidos a Jesús:
Por otro lado, la tradición apócrifa muestra algunas sentencias nuevas, entorno al Señor,
que poseen relación con los textos de 1Tes 4,15-17(el pasaje de los muertos y los vivos en
la venida del Señor), Ireneo, Justino, Papías, Clemente. De este último, citamos el texto:
“Es preciso que lleguen los bienes, y feliz, dice, aquel a través de quien vengan; sin
embargo, es preciso también que lleguen los males, y ¡ay de aquel por quien vengan!”(Hom
Clem. 12,29). Pero todo esto, no descarta la centralidad de la persona de Jesús en la fuente
Q. Además, es evidente que la tradición refiere a Jesús todos los pasajes en los que se habla
de: “El Hijo del Hombre y el Kyrios”, títulos máximos de Jesús, en las primeras
comunidades cristianas.
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Probablemente, son las sentencias del Señor más tardías, en comparación a las
anteriores, donde Jesús Resucitado se dirige a su comunidad para indicarle su forma de
comportamiento y su vivencia del mensaje del Reino de Dios. Por eso, es posible que,
dichas sentencias en su mayoría, son creaciones de la comunidad. Tenemos algunas
sentencias que marcan una actitud ante la ley y piedad judía:
Mc 3,4: “¿es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de
destruirla?”.
Mc 2,27: “El sábado ha sido instituido para el hombre, y no el hombre para el sábado”.
Mc 7,15: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; lo que
realmente contamina al hombre es lo que sale de él”.
Algunas frases de este tipo están formuladas con un estilo jurídico, es decir,
oraciones que contienen el indicativo condicional, como primera parte, y el imperativo o
enunciado, como segunda parte; veamos:
Mc 10,11; Lc 16,18; Mt 5,32: “Quien repudie a su mujer y se case con otra comete
adulterio contra aquélla”.
Mc 11,25; Mt 16,14s. Muestra la reconciliación como condición para que la oración sea
escuchada. Algo parecido sucede en el pasaje de Mt 6,2-4.5-6.
Mc 7,6-8; polémica contra los que honran a Dios con los labios, según el texto de Is 29,13.
Otro pequeño grupo de este tipo de palabras, se denominan sentencias de debate que
sirven para la confrontación polémica y apologética, esencialmente, mediante el diálogo de
Jesús con adversarios judíos. Veamos los textos:
Mc 2,25s; 7,6-8; 10,3-9: “¿nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad,
cuando él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y
comió los panes de la presencia?”.
Mt 18,20: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio
de ellos”. Esta sentencia es de suma importancia porque en lugar de la Torá, aparece el
nombre de Jesús, y en lugar de la Shekiná aparece Jesús mismo. La Shekiná es el término
hebreo con el que el pueblo judío designa “la presencia de Dios” por excelencia; de manera
especial, en el interior del Templo.
Mc 9,37.41: Habla del pasaje de la acogida a un niño que es acoger a Jesús mismo y por él,
al Padre. Jesús aparece como receptor de los actos de bondad.
Además, tenemos en este tipo de palabras del Señor, las llamadas sentencias del “Yo”,
que probablemente, quieren resaltar a Jesús en persona, quien deja el mensaje a la
comunidad, el título de Hijo del Hombre y las palabras del seguimiento que es a la persona,
propiamente, de Jesús.
Mt 12,30: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo,
desparrama”.
Lc 6,46: “¿Por qué me decís ‘Señor, Señor’ y no hacéis lo que yo digo?”. Lo más probable
es que esta sentencia demuestre la autoconciencia profética de Jesús.
Lc 14,27; Mt 10,38; Mc 8,34b: “El que no cargue con su cruz y venga en pos de mí, no
puede ser mi discípulo”. La negación de sí y el cargar la cruz como condición para seguir a
Jesús en persona.
Lc 12,49s: “He venido a arrojar un fuego sobre la tierra, y ¡cuánto desearía que ya hubiera
prendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustiado estoy hasta que se
cumpla!”. Indica la pasión y la parusía de Jesús, Señor de la historia.
Éste es otro tipo de material sinóptico, como son los relatos de milagros muestran la
autoridad mesiánica y el poder divino de Jesús. Por tal motivo, fueron parte de los
evangelios. Estos relatos se dividen en cuatro grupos:
52
a. Milagros de curaciones
Mc 3,1-6: Curación en sábado
b. Expulsión de demonios
Mc 5,1-21: El endemoniado de Gerasa
c. Milagros de la naturaleza
Luego de hablar de la tradición oral y las fuentes existentes, pasamos a la siguiente fase,
la de la composición de los evangelios, donde estos textos inspirados son redactados, de
acuerdo al material recolectado de las diversas fuentes y tradiciones existentes, las mismas
que son: la Fuente Q y fuentes propias de cada evangelista. Así, se va conformando los
evangelios escritos de una manera coherente y unitaria.
(Bultmann, 2000, pág. 388). Por eso, Mateo y Lucas difieren las expresiones y palabras
claves en los distintos pasajes comunes. En efecto, Mateo y Lucas procedieron reuniendo el
material de discursos procedente de Q, como también, el material ofrecido por Marcos.
3.3.1 El Discursivo
3.3.2 El Narrativo
Este tipo de material sinóptico se refiere a los relatos de la pasión, los cuales son relatos
largos y no pequeños discursos o pasajes, sino como su nombre mismo lo indica son relatos
seguidos que muestran la continuidad de los acontecimientos. Estos relatos tuvieron fuentes
distintas, ya que fueron elaborados y transmitidos en forma narrativa y no en pequeñas
frases como las que contiene la fuente Q, sin embargo, los relatos de la pasión fueron
54
El material narrativo fue, sin lugar a duda, sometido a redacción porque constaba,
inicialmente, de pasajes sueltos que se hallaban desligados. Por tal motivo, era necesario
construir una sola redacción coherente, que demuestre la concatenación de los
acontecimientos como de los pasajes sapienciales, proféticos y apocalípticos.
El nombre del escritor sagrado significa, según Balz (1996): “Mateo, se deriva,
probablemente, del hebreo rabínico mattay, que quiere decir: Don de Dios” (pág. 122).
Mientras que, el personaje Mateo es identificado con el hombre que cobra impuestos y es
llamado por Jesús, en persona, para ser su discípulo (Mt 9,9); luego, se menciona en la lista
del grupo de los apóstoles de Jesús, como el publicano Mateo (Mt 10,3). Por otro lado, los
evangelios de Marcos y Lucas identifican a Mateo con el nombre de Leví (Mc 2,14; Lc
5,27). Por estos motivos, Mateo es reconocido como un discípulo directo de Jesús, y como
miembro del grupo de los Doce.
La primera idea que exponemos es que, el escrito de Mateo que ha llegado hasta
nosotros, a través de los siglos, es el texto griego, como sostiene Guijarro (2010): “Sin
embargo, una antigua noticia de Papías, conservada por Eusebio de Cesarea, plantea la
posibilidad de que haya existido una edición anterior de este evangelio escrita en hebreo o
arameo” (pág. 285). Entonces, se habla de un texto que, probablemente existió, pero no el
texto evangélico que siempre se transmitió, que fue el Mateo griego, con el que contó la
Iglesia antigua como la actual.
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Mateo utilizó varias fuentes para la composición de su escrito, entre esas tenemos: una
tradición oral viva que conservaba los recuerdos sobre Jesús; el Evangelio de Marcos con
su estructura narrativa, pero realizando importantes modificaciones; la fuente Q y material
propio. En esta última fuente, anotamos algunos pasajes que constan en Mateo y no en los
otros evangelios.
Mt 13,24-50: Las parábolas del trigo y la cizaña, el tesoro escondido, la perla preciosa y la
red (no tiene Marcos ni Lucas, pero sí el Evangelio de Tomás).
Mt 5,21-24.27-28.33-37; 6,2-6.16-18.
combinación de las diversas fuentes. A partir del capítulo catorce, Mateo sigue el orden de
Marcos.
Partimos de que Mateo sigue el orden del Evangelio de Marcos, desde el capítulo 14 en
adelante, es decir, la estructura y los pasajes son tal y cual como lo presenta Marcos. Por
eso, para realizar una lectura de Mateo, presupone haber leído y conocido el Evangelio de
Marcos. Pues, haciendo una lectura continuada de Mateo, podemos darnos cuenta que el
autor sagrado quiso escribir una biografía ordenada, al estilo de la época antigua helénica.
Algunos estudiosos, como Guijarro (2010) divide dicho evangelio en cinco discursos,
los cuales constituyen el núcleo fundamental de la obra mateana. Veamos a continuación
los cinco discursos (pág. 293):
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Estos cinco discursos estarían precedidos por un preámbulo (Mt 1-4) que habla de
los orígenes, el bautismo y las tentaciones de Jesús; después del quinto discurso, se
concluye la obra con el epílogo (Mt 26,2-28,20) que habla sobre la pasión, muerte y
resurrección del maestro.
Por otra parte, también existe la división de Mateo en tres partes, la misma que
supone la división seguida por Marcos:
Introducción Mc 1,1-13
Pero en el caso de Mateo, las partes resultan de manera más amplia; entonces la división
podría quedar de la siguiente manera:
La primera parte del evangelio se centra en dos temas importantes. En el primero, narra
los orígenes de Jesús; es decir, relata que Jesús es de origen judío, en efecto, pertenece a la
descendencia de Abraham y de David. Por eso, el número 14 generaciones, probablemente,
hace referencia a la suma de las tres consonantes hebreas del nombre de David. Por tal
motivo, Jesús será el elegido para ser el Mesías. En el segundo tema, Jesús está vinculado
con la figura de Juan el Bautista (Mt 3,1-4,16), juntamente con el episodio importante del
traslado de Jesús a Cafarnaún, donde realizará la mayor parte de su ministerio, tanto su
predicación como sus curaciones y milagros a la gente del lugar y del entorno del mar de
Galilea.
El relato de los dos primeros capítulos de Mateo son diferentes a los relatos de infancia
de Lucas, por el contrario, Marcos no posee. Mateo habla de la genealogía de Jesús, un
tema muy importante para el pueblo judío porque la raza judía y no otra, es la elegida por
Dios para ser destinatario, también, de las promesas y de la salvación divina. Tanto las
promesas como su cumplimiento deben provenir, be manera exclusiva, del pueblo judío, no
de otro. Por eso, resulta fundamental que el elegido sea de raza judía, de la estirpe de
Abraham y de David.
Luego, Mateo cita al profeta Isaías (Mt 1,23) para confirmar el cumplimiento de las
promesas divinas a su pueblo, por medio del nacimiento del salvador. Es decir, quiere
explicar el origen del niño Jesús, quien por medio de José, su padre, proviene de la
descendencia de Abraham y David.
Pero para Mateo, el verdadero origen de Jesús es que fue “concebido por obra del
Espíritu Santo”; además, cita al profeta Isaías, aplicando al niño, el nombre de Dios-con-
nosotros (Mt 1,23). Entonces, para Mateo, Jesús es de origen de judío, pero sobretodo, tiene
un origen divino.
Por otro lado, el pasaje de los magos de oriente que siguen la estrella y llegan a
Belén para adorar al niño. Mientras que, Herodes y Jerusalén quieren matarlo, la huida a
Egipto y el regreso de Egipto entran en el marco de la salvación universal, la misma que
sólo era exclusiva para el pueblo elegido. Pero también, se nota desde ya, la oposición de
60
dos grupos: los que aceptan a Jesús y lo adoran (los magos) y los que lo rechazan y
buscarán su muerte (Herodes y Jerusalén).
Además en esta primera parte, podemos ver que Jesús aparece vinculado con Juan el
Bautista (Mt 3,1-4,16). Pues, Mateo presenta a la figura de Juan como el precursor, aquel
que reconoce a Jesús cuando acude a él y proclama su indignidad ante Jesús (Mt 3,13-17).
Se podría decir que Jesús aprendió mucho con Juan el Bautista, ya que Mateo pone en
labios de Juan, lo que Jesús repetirá en su predicación: “Convertíos porque ha llegado el
Reino de los Cielos” (Mt 3,2; 4,17).
En esta segunda parte del Evangelio, se relata dos secciones; por un lado, el ministerio
de Jesús y por otro, la reacción de los líderes judíos frente a la actividad pública de Jesús.
Así pues, dos versículos son claves que introducen estas dos partes:
Mt 4,17: “Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: convertíos porque el Reino de los
Cielos ha llegado”.
Mt 16,21: “Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a
Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que
le matarían y resucitaría al tercer día”.
que es el Reino. Así, Mateo usa la palabra “cielos”, quizá por la mentalidad judía que
entiende por cielos al lugar de la morada de Dios.
Seguidamente, hay dos pasajes evangélicos que hablan de la llamada de los primeros
seguidores de Jesús y la enseñanza y sanación en Galilea y muchos otros pueblos que
venían al Maestro para ser atendidos de sus dolencias y enfermedades. A continuación, se
encuentra el primer discurso de Jesús, o sea, el Sermón de la montaña, que no se encuentra
en Marcos o en Lucas (de forma amplia), probablemente, fue tomado del documento Q.
Este discurso abarca los capítulos 5-7 del evangelio, donde Jesús, de manera sapiencial,
instruye a la gente con un compendio de enseñanzas sobre la felicidad o recompensa a
quien lo pone en práctica. Aquí, en dicho discurso, sobresalen algunos elementos muy
importantes para el creyente, como:
la promesa de felicidad
la nueva interpretación de la ley
la nueva interpretación de las prácticas de piedad
los nuevos criterios éticos
la exhortación a vivir estas enseñanzas con alegría y confianza en Dios.
62
Este discurso de Jesús esboza un nuevo estilo de vida para la mayoría de un pueblo
pobre y una minoría de los fariseos y escribas; pues, no todos eran ricos. Las
bienaventuranzas describen los rasgos de un nuevo estilo de vida centrado en la esperanza
que Dios va a realizar, a pesar de la adversidad y la opresión de un duro yugo que provocan
sufrimiento. Así pues, Jesús invita a practicar la justicia de Dios y la confianza absoluta en
Él, cuando dice: “Guárdense de practicar la justicia ante los hombres para que los vean…”
(Mt 6,1); “No amontonen tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que
corroen…Mas bien amontonen tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre…”
(Mt 6,19-20).
Para Guijarro (2010), “Mateo propone así una nueva halaká, es decir, una nueva
interpretación ética de la ley y de la tradición de Israel, como fundamento para una justicia
mejor, es decir, de un estilo de vida en el que se hace presente el reinado de los cielos
anunciado por Jesús” (pág. 309). Es decir, la doctrina de Jesús es renovadora, en el sentido
que propone un nuevo camino para relacionarse con Dios y con el prójimo.
Luego, viene una sección narrativa de milagros (Mt 8,1-9,35), unidas por dos breves
intermedios sobre el seguimiento de Jesús (Mt 8,18-22; 9,9-17). Entre los milagros
realizados por Jesús, están los siguientes: la curación de un leproso, la sanación del siervo
del centurión, la de la suegra de Pedro y una serie de exorcismos y sanaciones; que Mateo
concluye (Mt 8,17) con una frase del profeta Isaías: “Él tomó nuestras flaquezas y cargó
con nuestras enfermedades” (Is 53,4). Desde este texto de Isaías, se interpreta el sentido de
los milagros de Jesús, que revelan la identidad del siervo sufriente.
El versículo clave que señala esta parte es Mt 16,21: “Desde entonces comenzó Jesús a
manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los
ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que le matarían y resucitaría al tercer día”.
Las actitudes de rechazo a Jesús vienen de parte de los fariseos y saduceos, como también,
de parte de la gente judía que aparte de Jesús, también rechazarán a sus seguidores. Por eso,
Jesús instruirá muy bien a sus discípulos y luego, dirigirá su ministerio a la gente pagana.
En esta parte, podemos distinguir tres secciones: La identidad de Jesús (Mt 11-12), las
parábolas que revelan el Reino de los Cielos (Mt 13) y el abandono de Jesús a la gente que
no le comprende y no le acepta (Mt 13,54-16,20).
Al inicio de esta sección, como la final traen la pregunta sobre la identidad de Jesús.
Veamos: “Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro” (Mt 11,3). Luego al final,
Jesús hace la pregunta a sus seguidores: “¿quién dicen los hombres que es el Hijo del
Hombre?; y “ustedes: ¿quién dicen que soy”? (Mt 16,13.15). Así pues, el que Jesús vaya
revelando su identidad por medio de su predicación, de sus obras y curaciones causará una
actitud de rechazo por parte de los fariseos, saduceos y por el pueblo mismo de Israel.
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Encontramos varios episodios de rechazo con tono polémico, entre Jesús y los fariseos,
en los capítulos 11 y 12 de Mateo. Veamos:
Mt 12,2: “Los fariseos al verlo le dijeron: mira tus discípulos hacen lo que no es lícito
hacer en sábado”.
Mt 12,24: “Mas los fariseos, al oírlo comentaban: Éste no expulsa los demonios más
que por Beelzebul, Príncipe de los demonios”.
Mt 12,30: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo,
desparrama”.
Esta parte concluye con la afirmación de Jesús, donde da especial atención a sus
seguidores y los indica como sus hermanos, hermanas y madre. Jesús habla de su verdadero
parentesco y afirma que consiste en el cumplimiento de la voluntad de Dios Padre (Mt
12,46-50).
Las parábolas explican el sentido oculto del Reino que los discípulos de
Jesús van entendiendo poco a poco. En cambio, Israel no entiende porque tiene el
corazón embotado y no quiere convertirse a Dios. En efecto, los fariseos, los
saduceos y hasta la gente de Israel no quiere entender el mensaje de Jesús. Por eso,
ellos rechazan a Jesús pensando que Él opera con el poder del Príncipe de los
demonios.
c. La tercera sección (Mt 13,54-16,20) muestra que Jesús decide abandonar a los que
muestran incomprensión y rechazo hacia Él. Veamos:
Mt 14,13: “Cuando Jesús se enteró, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar
solitario”.
Mt 15,21: “Jesús salió de allí y se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón”.
65
Por otro lado, esta sección subraya el papel de los discípulos que hacen de
intermediarios entre Jesús y la gente, en los dos relatos de la multiplicación de los panes
(Mt 13-21; 15,32-39). De igual manera, incluye la tradición de Pedro, a quien lo presenta
como ejemplo de actitud de los discípulos (Mt 14,28-30) y como fundamento de la Iglesia
(Mt 16,15-20). Mateo a diferencia de Marcos y de Lucas, añade a la persona de Pedro las
figuras de la piedra y de las llaves. Para Luz (2001), la piedra podría significar el
fundamento de la Iglesia:
En cambio, la figura de las llaves del Reino señala la potestad de Pedro sobre la tierra y los cielos,
según el mismo Luz (2001):
El que tiene las llaves es el portero o administrador (Is 22,22), que dispone de las
dependencias y edificios de su señor. La idea de un portero divino es muy frecuente
en la antigüedad; pero el pasaje no alude al Pedro, portero celestial, según a imagen
popular posterior, sino a la potestad otorgada al Pedro terrenal (págs. 609-610).
La polémica entre Jesús y los fariseos continúa acerca del tema de lo puro y lo
impuro (Mt 15,1-38). Por tal razón, Jesús dirige su acción a los paganos, entre ellos están la
mujer cananea y la gente que comió los panes al otro lado del mar de Galilea, que
probablemente, era gente de la Decápolis, gente pagana.
66
Luego, la actitud de rechazo a Jesús por parte de los fariseos y los saduceos, cuando
piden una señal del cielo (Mt 16,1). Por eso, ahora ya sólo se dirige a los discípulos y los
instruye, en especial a Pedro. Así pues, podríamos decir que, esta parte comenzó con el
rechazo a Jesús en la sinagoga (Mt 13,53-58) y concluye con la fundación de la Iglesia (Mt
16,13-20). Entonces, el tema de fondo es el paso de la sinagoga, donde Jesús es rechazado,
a la Iglesia cimentada por Pedro. Concluimos diciendo que Jesús y sus discípulos
anunciaron el Reino de los Cielos, pero Israel rechazó este reino. Por eso, salieron de la
sinagoga judía para fundar la Iglesia de Jesús.
Esta parte es la más larga del evangelio y, a su vez, se divide en dos: por un lado, la
instrucción de Jesús a los discípulos y por el otro, el rechazo a Jesús por parte de las
autoridades judías por el ministerio realizado y el cuestionamiento a las normas y
costumbres judías que estaban desvirtuando el acercamiento a la revelación de Dios.
El primer anuncio de la pasión (Mt 16,21-23) está seguido por la instrucción o las
exigencias del seguimiento a Jesús (Mt 16,24-28). Continúa con los pasajes de la
transfiguración de Jesús, la venida del profeta Elías y la curación del endemoniado
epiléptico.
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El segundo anuncio de la pasión (Mt 17,22-23) viene seguido por la instrucción del
maestro a Pedro sobre los impuestos del Templo (Mt 17,24-27). Luego el texto de Mt 18,1-
9 contiene el discurso sobre las relaciones comunitarias, o sea, la acogida a los pequeños y
el perdón a los hermanos, y para entender mejor, estas enseñanzas terminan con una
parábola. Mientras que, Pedro recibe la instrucción de manera particular: “Señor, ¿cuántas
veces debo perdonar las ofensas que haga mi hermano?...no te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22).
Los tres primeros capítulos de esta sección (Mt 21-23) narran los episodios del rechazo
a Jesús y las consecuencias de eso para Israel. Mientras que los dos siguientes capítulos (Mt
24-25) contienen el discurso escatológico que anuncian la venida del Hijo del Hombre y
sugiere las actitudes para la preparación.
En estas controversias que indica Mateo, podemos darnos cuenta con mucha claridad, la
tensión que existía entre la iglesia judeocristiana y la sinagoga judeofarisea, donde la
primera buscaba su propia identidad; mientras la segunda era más poderosa. De ahí que, la
comunidad de Mateo quería potenciar la doctrina de Jesús y los ritos externos que den una
identidad cristiana clara frente al judaísmo imponente.
69
Seguidamente, Jesús dice las actitudes que el cristiano debe tomar como preparación a la
venida del Hijo del Hombre, actitudes de velar, de estar despierto, de estar en pie (Mt
24,36-44). A continuación, vienen instrucciones por medio de tres parábolas: La parábola
del mayordomo, la parábola de las diez vírgenes y la parábola de los talentos, donde estas
parábolas están en función de la enseñanza para la preparación hacia la llegada de los
tiempos escatológicos que serán terribles, pero para quienes están preparados, según el
evangelios, el final de los tiempos será un encuentro de alegría y celebración en el Señor.
Concluye, esta sección con el gran pasaje del juicio final (Mt 25,31-46), el juicio sobre la
vivencia del amor y la caridad hacia los demás, especialmente, hacia los más necesitados
como fruto del amor y entrega total a Dios.
El relato de la pasión presenta siete escenas bien definidas por el tiempo que es la
celebración de la pascua y los lugares. Veamos:
El Evangelio de Mateo subraya el rol de los discípulos; pues, ellos conocen y aceptan
con anterioridad lo que va a suceder (Mt 26,2). Así pues, Jesús quiere que sus seguidores
conozcan el plan de Dios, antes de que se manifieste la malvada voluntad humana. Además,
Mateo ha incluido el pasaje de la muerte de Judas (Mt 27,3-10) y el grito de la gente que se
hace responsable de la muerte de Jesús (Mt 27,25). Por eso, no sólo las autoridades judías
son culpables de la muerte de Jesús, sino también, todo el pueblo judío.
El contexto nos permitirá conocer varios datos de información sobre esta obra
importante del Nuevo Testamento, como el autor, la fecha y la composición, datos que
iluminarán la comprensión del mensaje evangélico.
Mateo utilizó recursos característicos de la literatura judía y cita con frecuencia las
Escrituras de Israel. Por tal razón, los padres de la Iglesia afirman que Mateo escribió entre
los hebreos y Guijarro (2010) está de acuerdo con esta afirmación: “Era un discípulo de
origen judío perteneciente a la segunda generación, que conocía bien la lengua griega y
estaba familiarizado con el Antiguo Testamento” (pág. 333).
Por otra parte, después de la destrucción del Templo, la comunidad mateana entre otras
comunidades cristianas emigraron de Judea a las ciudades que brindaban protección, entre
ellas están: Cesarea Marítima, Fenicia, Alejandría, Siria, Antioquía. La comunidad de
Mateo se ubicó en el territorio entre Antioquía y Siria, en ella se habla griego y habitaba
una importante colonia judía, donde se mezclaron judíos y griegos (Hch 11,19-30).
Además, Pedro desempeñó un papel importante en Antioquía (Gal 2,11-14), esto explicaría
el protagonismo de Pedro en el Evangelio de Mateo y la fama de Jesús que llegó hasta Siria
(Mt 4,24).
Así pues, podríamos afirmar que el autor de nuestra obra en estudio fue un judío de la
diáspora, que conocía bien la lengua griega y las Escrituras de Israel. Sus destinatarios sería
la comunidad judeo-cristiana, la misma que necesitaba, urgentemente, una identidad propia,
ya que las circunstancias del ambiente judío como del imperio romano son duras y pueden
representar una amenaza a la fe cristiana que está en crecimiento.
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Además, gracias a los estudios modernos, se cree que Marcos pudo haber tenido otras
ediciones, como afirma Guijarro (2010):
Hch 12,12: Lo identifica como Juan Marcos que tenía su madre María en Jerusalén, a la
cual acudió Pedro.
Hch 15,37-39: Juan Marcos se separó de Pablo y Bernabé, en Panfilia por motivo de
contiendas.
Por otro lado, las cartas de Pablo y de Pedro también, mencionan a nuestro personaje
como comprometido con el Evangelio que se está difundiendo y predicando a las
comunidades primitivas.
En las cartas, Marcos aparece como discípulo, ya no solo de Pablo, sino también de
Pedro, y un lazo espiritual mucho más fuerte porque ha sido llamado: “mi hijo”. Es decir,
Pedro lo ha engendrado a Marcos en el espíritu y ahora, más que su discípulo, es su hijo.
Finalmente, encontramos que el Evangelio de Marcos, en una escena particular y propia del
evangelista, lo identifica con el joven que huye desnudo del peligro, mientras los soldados
arrestan a Jesús (Mc 14,50-52).
75
En este caso, podríamos decir que Marcos tuvo un lazo más fuerte e íntimo con el
apóstol Pedro más que con Pablo, sin embargo, Marcos inició su camino evangélico con el
apóstol de los gentiles.
Marcos utilizó varias fuentes para redactar su obra; entre ellas, tenemos la Fuente Q
y tradiciones orales diversas. También se habla de un relato premarquiano de la pasión. En
cuanto a la segunda fuente, mencionamos algunos textos para fijarnos las tradiciones que
influyeron en la obra escrita de Marcos.
Mc 1,24: “Jesús, el santo de Dios”. Aparece sólo aquí y con este calificativo que
sólo Marcos le da a Jesús.
Mc 14,1.43.53; 15,1. Marcos ha introducido a los “escribas” dentro del relato de la
pasión, quizá para darles mayor trascendencia e importancia a este grupo de
personas. Los escribas no son mencionados como protagonistas por los evangelios
ni de Mateo ni de Lucas, ellos sólo mencionan a los Sumos Sacerdotes y a los
ancianos.
Mc 14,1-11: Marcos ha relacionado tres tradiciones: la conspiración de los
Sacerdotes contra Jesús, la escena de la unción en Betania y la traición de Judas.
Estas tradiciones son diferentes y hasta se contrastan porque explican significados
diferentes.
Mc 5,21-43, el pasaje de la vivificación de la hija de Jairo se interrumpe para narrar
la sanación de la hemorroísa y se retoma cuando esta concluye.
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Marcos, al parecer, se encuentra con muchas tradiciones orales sueltas; por eso, mezcla
dichas tradiciones. Para tratar de dar una secuencia a su relato. Pero esto más bien influye
en el significado de los pasajes. Esta mezcla de tradiciones es estilo propio de Marcos,
como ya hemos mencionado varios textos son una mezcla de pasajes y tradiciones.
En el Evangelio de Marcos, las escenas y los lugares geográficos son bien definidos; así
como también, los personajes: Jesús, sus discípulos y sus adversarios están bien
caracterizados y participan de forma dinámica. De ahí que, Marcos elabora una biografía de
Jesús similar a los autores griegos, latinos y judíos de su época. Pero, la biografía que
Marcos hace de la vida de Jesús, sólo el comienzo del relato no se ajusta al modelo de vidas
helenísticas, ya que esas comenzaban refiriéndose al origen y educación del protagonista;
mientras que, Marcos presenta a Jesús, ya adulto; aunque, Marcos precisa algunos datos de
Jesús: es de Nazaret, Galilea (Mc 1,9; 14,70), nombra a su madre, sus hermanos y el oficio
de su padre (Mc 6,3).
Dicho de otra manera, Marcos creó el género “evangelio” sobre la vida de Jesús.
Marcos escribió una biografía de Jesús al estilo helénico antiguo. Esta forma literaria
agradó a los escritores de esa época; por eso, después se escribieron muchas biografías de
Jesús con el título “evangelio”, donde Jesús es el protagonista y portador de la buena nueva
de salvación. Jesús tuvo un origen divino, hizo unas obras maravillosas con la gente, murió
y resucitó. Entonces, esto no debe ser olvidado jamás, sino que será transmitido de
generación en generación por siempre.
Pues, la obra de Marcos inicia así: “Comienzo del Evangelio de Jesús” (Mc 1,1).
Resalta el término evangelio como género título de su obra. Por eso, para Gnilka (2005)
“después de él, Mateo, Lucas, Juan y otros autores apócrifos toman el género de Marcos y
lo perfeccionan” (pág. 21). Es decir, Marcos es el primero en elaborar una vida cronológica
y narrativa de Jesús, ya que las fuentes anteriores a Marcos, como la Fuente Q eran sólo
frases sueltas del mensaje de Jesús de Nazaret. En efecto, Marcos coloca el carácter
histórico a la revelación cristiana.
Marcos sitúa la actividad pública de Jesús, luego de que comienza con el anuncio de
Juan el Bautista (Mc 2,1-7) y termina con el discurso de tono escatológico, que anuncia la
venida del Hijo del Hombre (Mc 13). En esta obra neotestamentaria, la identidad de Jesús
se va revelando, progresivamente, en su vida pública y se revela plenamente, en la pasión
con la pregunta del Sumo Sacerdote a Jesús, si es el Cristo (Mc 14,61-62) y la
proclamación del centurión: “Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39).
Los autores antiguos no dividían sus obras escritas con títulos y subtítulos como
nosotros lo hacemos hoy, sino que una obra, luego de su título, tenía todo el contenido
seguido hasta el final. Así pues, en el mundo antiguo, las obras escritas eran destinadas a
ser recitadas en público y no para la lectura privada. Por eso, era muy importante la
atención del público para darse cuenta de los detalles de la obra, de la trama y del paso de
una escena a otra.
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En cambio, según los elementos teológicos, la obra de Marcos gira en torno a dos
títulos atribuidos a Jesús: Mesías e Hijo de Dios. Veamos algunos textos:
Mc 15,39: “El centurión dijo: verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios”.
Prólogo 1,1-13
Mesías 1,14-8,30
Para Marcos, Jesús es similar, muy parecido a Juan, pero en el acontecimiento del
bautismo se confirma quien es Jesús, se revela la identidad de Jesús con la voz del cielo:
“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11). Luego, los cuarenta días de
tentación de Jesús, hacen referencia a los cuarenta años que el pueblo pasó en el desierto
para llegar a la tierra prometida. Fundamental mente, Jesús es el Mesías. Por eso, la lectura
del Evangelio de Marcos es un itinerario de fe hasta llegar a comprender la verdadera
identidad de Jesús.
Según la obra de Marcos, Jesús comienza su ministerio en Galilea, luego de que Juan ha
terminado su actividad. El ministerio de Jesús está orientado a la predicación del Reino de
Dios. En este proyecto, aparecen varios personajes: sus discípulos, la gente y sus
adversarios. Los discípulos son llamados por Jesús: “vengan conmigo, y les haré llegar a
ser pescadores de hombres” (Mc 1,17). La gente es destinataria de las enseñanzas del
maestro y de las curaciones que es poder salvífico (Mc 1,21; 4,34). Los adversarios de
Jesús aparecen en varios pasajes, primero, en el pasaje de la curación del hombre de la
mano paralizada (Mc 2,1-12; 3,1-6). Estos últimos personajes cuestionan a Jesús, las
curaciones, su predicación y su mensaje.
Los adversarios de Jesús son los fariseos y de manera especial, los escribas (Mc
2,6). Ellos discuten con Jesús algunos temas de trascendental importancia, como: la
relación con los pecadores, las prácticas alimenticias y la observancia del sábado (Mc 7,1-
23). En el primer tema, Jesús les cura, les enseña y comparte con ellos la mesa; en la
mentalidad judía, esto significa transgresión de las normas de pureza. Algo similar sucede
con los alimentos, se dan las mezclas inapropiadas (leche con carne), la no guarda del
ayuno de parte de los discípulos de Jesús. Asimismo, la observancia del sábado era sagrada.
80
Pero Jesús se autoproclama “Señor del sábado” (Mc 2,28); es decir, con esto, Jesús
inaugura una nueva época, la época del Reino de Dios.
Para Marcos, la concepción del Reino de Dios es la acción de Jesús y ésta pide
conversión y fe en el Evangelio, el mismo que se expresa en el servicio. Por ejemplo, la
suegra de Pedro, una vez curada, se pone a servir a Jesús y a sus discípulos. En efecto, el
servicio es la característica de los discípulos y discípulas de Jesús (Mc 9,35; 10,43; 15,41).
Por eso, podemos decir que el que sirve con humildad y generosidad ha aceptado el Reino
de Dios que predica Jesús y ha comenzado una vida de cambio y de fe en el Evangelio, el
mismo que es salvación.
Un elemento propio de Marcos es que, Jesús busca los lugares solitarios como
lugares propicios para el encuentro con Dios y con sus discípulos (Mc 1,35-39; 6,31-32)
para explicarles que el sentido de la misión de Jesús es una constante “salida”, que tiene la
finalidad de predicar el Reino de Dios. Veamos algunos textos:
Mc 1,29: “Cuando salió de la sinagoga, Jesús se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y
Andrés”. Jesús se fue a curar a la suegra de Pedro.
Mc 1,35: “De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un
lugar solitario; y allí se puso a hacer oración”.
Mc 1,38: “Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí; pues para
eso he salido”.
Entonces, la misión de Jesús consiste en “salir” para curar, para predicar a la gente, pero
sin olvidar que esa misión viene de Dios. Por eso, Él sale y busca los lugares solitarios para
orar y encontrarse con el Padre.
81
[Link] El Discipulado
Los discípulos recibieron el misterio de Dios (Mc 4,10-11), son enviados por Jesús
(Mc 6,7), comparten con Él la mesa en la última cena (Mc 14,17…). Pero en ellos, se
destaca su incomprensión e incapacidad para comprender a Jesús y su palabra. En efecto,
ellos no entienden las parábolas (Mc 4,13; 7,18); fracasan en la tempestad en el lago (Mc
4,35-41); de igual manera, cuando Jesús camina en el lago (Mc 6,51-52), en el momento de
la pasión, no entienden lo que sucede (Mc 9,32; 10,32). Se censura a los Doce (Mc 9,35);
Judas es uno de los Doce (Mc 14,10.20.43); también, Pedro fracasa y es reprendido por
Jesús (Mc 8,33). Aunque, fuera de los Doce, Marcos afirma que hay otros discípulos de
Jesús (Mc 2,15; 5,37; 7,2; 13,3; 14,33) que son testigos de los hechos de Jesús y aprendices
de las enseñanzas del maestro.
“la falta de comprensión de los discípulos, forma parte también del marco del
secreto mesiánico, que conduce a la cruz. El discípulo auténtico comprende la confesión
acerca del crucificado (Mc 15,39), que incluye la disposición a llevar la cruz” (pág. 33).
En el tema de la fe, Jesús choca con el endurecimiento de corazón de la gente (Mc 3,5),
con la mente embotada de sus discípulos (Mc 8,17) y con la incredulidad de los fariseos
que piden una señal (Mc 8,11-13). En este camino, los milagros de Jesús ponen al
descubierto la incredulidad (Mc 6,2-3). Sin embargo, Jesús continúa invitando a creer y a
confiar en Dios (Mc 11,22), a tener fe que abre los ojos, los oídos, sobre todo el corazón
82
para comprender el camino de Dios, como el ciego que fue salvado por su fe y luego, le
sigue a Jesús por el camino (Mc 10,46-52). Pues, ha experimentado el Reino de Dios que le
salva y le impulsa a seguir a Jesús.
Los tres relatos de las predicciones de la pasión (Mc 8,31; 9,31 y 10,32-34) terminan con
los pasajes de la falta de inteligencia de los discípulos: las reprensiones a Pedro (Mc 8,32),
la discusión de los discípulos sobre la jerarquía apostólica (Mc 9,32) y la petición de los
hijos del Zebedeo (Mc 10,35-45). En la misma línea, se multiplican los adoctrinamientos a
los discípulos (Mc 8,31-9,1; 9,9-13.33-50). Marcos hace notar que los seguidores de Jesús
necesitan la gracia de Dios para salir de su necedad y su carencia de fe para luego, asumir
la misión de Jesús.
De la misma manera, en la cruz, las personas que no creen están a un lado, y aquellas
que creen, se ponen de parte del crucificado (Mc 15,32.36.39). Por eso, los discípulos
deben ser rescatados de su necedad, de su carencia de fe. En esta perspectiva, Marcos
resalta la gracia de Dios para ellos. Jesús los llamó libremente (Mc 1,16-20) y a los que Él
quiso (Mc 3,13), a ellos les confía el misterio del Reino de Dios (Mc 4,11) y los reunirá de
nuevo en Galilea (Mc 14,28; 16,7) para enviarles a predicar el Evangelio. Pero antes, ellos
serán salvados de su incredulidad y cerrazón de mente para que ejerciten el poder salvador
que Jesús les imprime en su misión de implantar el Reino de Dios.
El tema del Reino de Dios en Marcos es, particularmente, un misterio (Mc 3,7-19; 4,11)
que se desarrolla por medio de la actividad de Jesús, comenzando por Galilea. Jesús marcha
acompañado de sus discípulos, a quienes los llama desde el monte (Mc 3,13-19), la gente es
destinataria de las enseñanzas, curaciones y exorcismos (Mc 3,7-12). Mientras los fariseos,
los escribas y otros se oponen al proyecto de Jesús y le critican por su predicación y por sus
obras.
Los Doce constituyen la pieza fundamental para el establecimiento del Reino (Mc 3,13-
19). Jesús llamó a los que Él quiso para que estén con Él y para enviarles a predicar con el
poder de expulsar demonios (Mc 6,7-13). Por eso, ellos continuarán la misión de Jesús por
todas partes del mundo (Mc 16,20) y realizarán las mismas obras de su maestro.
83
El pasaje de Mc 4,1-34 expone el misterio del Reino de Dios. Jesús se dirige a la gente
(Mc 4,1), a los que están cerca de los Doce, que se podría decir los discípulos (Mc 4,10) y a
los que están fuera (Mc 4,11). De todas maneras, el tema central es la parábola del
sembrador (Mc 4,10-25) que indica que el Reino de Dios crece misteriosamente y para
entenderlo es necesario tener el don que viene de Dios y que da a la nueva familia de Jesús
(Mc 4,10-11). Es decir, todos pueden ser partícipes del reino, pero a los Doce, Jesús les
entrega el Reino de Dios, de manera particular y cercana.
Por otro lado, en el Evangelio de Marcos, los milagros se dan alrededor del lago y todos
estos relatos están relacionados con lugares y personas consideradas impuras: el mar, el
endemoniado, la niña muerta y la mujer con flujo de sangre (Mc 4,35-5,43). Jesús entra en
contacto con este ambiente, pero no se contamina, sino que cura al endemoniado, no le
permite pertenecer al grupo de los Doce, pero le envía a anunciar las maravillas del Señor a
los de su casa y de su sector (Mc 5,18-19). En cambio, los enfermos curados por Jesús,
tienen fe a diferencia de los discípulos (Mc 5,34.36).
Por otra parte, para Haag (2005): “El establecimiento del Reino de Dios significa
tanto el fin de las cosas como la aurora del orden nuevo y definitivo” (pág. 1671). Entrar en
el Reino de Dios significa entrar en la Vida (Mc 9,43.45); salvarse (Mc 10,23.26); su
acceso sólo lo procura una sincera conversión (Mc 1,15). El Reino de Dios es obra
exclusiva de Dios: germina, crece, da fruto como la semilla (Mc 4,26s). Mientras que el
hombre lo espera como José de Arimatea (Mc 15,43) y lo acoge como un niño (Mc 10,15).
En este sentido, el Reino de Dios es obra, puramente, de Dios que Jesús ofrece al gente,
de manera gratuita, pero exige una actitud constante de fe y conversión. El Reino de Dios
es don, es gracia que el hombre debe recibir, acoger desde la dimensión de la fe que da
claridad y apertura al corazón para entender los signos de Dios que se presentan en la
historia. Finalmente, la conversión, viene a ser la respuesta al don de Dios o el fruto que
resulta de la gracia divina que se da por medio de Jesús y el creyente que acoge a la persona
de Jesús y asume su mensaje.
En la presente sección, encontramos dos relatos sobre la multiplicación de los panes que
ponen de manifiesto que el reino es como un banquete, todos se alimentan y se sacian.
Estos relatos concluyen con el pasaje de la pregunta sobre la identidad de Jesús, en la cual,
Pedro proclama a Jesús como el Mesías. Posteriormente, este lenguaje relacionando con el
alimento será interrumpido con el pasaje del anuncio de la pasión.
Luego, el pasaje del envío de los Doce (Mc 6,7-13) está vinculado con la llamada a los
primeros discípulos (Mc 1,16-20) y con el grupo de los Doce (Mc 3,13-19). Jesús les envía
a predicar dándoles el poder de curación y de expulsión de los demonios, una vez que han
sido testigos de la actividad de Jesús. Así pues, los discípulos desarrollan la misma
actividad que su maestro porque los signos del Reino son los mismos: las curaciones y la
expulsión del mal.
A continuación, se narra la muerte de Juan el Bautista (Mc 6,17-29) que según este
relato de Marcos, Juan fue asesinado por Herodes por motivos moral y social. Pero otra
fuente, como la judía (citada por Guijarro 2010), habla de la muerte de Juan el Bautista que
fue por motivos políticos.
Entonces, las dos fuentes difieren acerca del tema de la muerte de Juan el bautista.
Marcos concluye el relato, diciendo que Juan murió en la cárcel y sus discípulos recogieron
el cadáver de su maestro y le dieron sepultura. Este acontecimiento, más tarde, provocará la
ira de Jesús de Nazaret contra Herodes.
Marcos presenta dos relatos de multiplicación de los panes (Mc 6,34-44; 8,1-10). Estos
pasajes desencadenan la discusión de Jesús con los fariseos y los escribas venidos de
Jerusalén (Mc 7,1-13). Luego, viene la recriminación de Jesús a los discípulos por su
incapacidad de comprensión del mensaje (Mc 6,52; 7,18; 8,17-18). Así pues, algunos
exégetas afirman que la multiplicación de los panes podría relacionarse con la última cena
de Jesús y sus discípulos, cuando el maestro dice: “pronunció la bendición, lo partió y se
los dio” (Mc 14,22). Es decir, algo parecido a una comida será el reino de Dios, un
banquete que contenga un pan espiritual y pueda saciar el corazón hambriento del alimento
de Dios.
En esta perspectiva, Jesús explica el tema de lo puro y lo impuro. De estos dos relatos
podemos entender que Dios ofrece su Reino, primero, al pueblo de Israel, comenzando por
los Doce, y luego, también a los paganos, ya que en el segundo relato usa el número siete
que represente a las comunidades cristianas de origen helénico (Cfr. Hch 6,1-6). De todas
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maneras, Judíos y paganos están invitados al reino, lo cual implica una respuesta libre y
voluntaria, respuesta que tiene que ver con la conversión y la fe en Jesús, el Mesías e Hijo
de Dios, sólo entonces el Reino se hace presente en el corazón del que acepta a Jesús y su
mensaje de salvación.
Además, la simbología numérica tiene su propio significado, así nos dice Gnilka
(2005):
Finalmente, el dato sobre la cantidad de 4.000 personas que se saciaron del alimento
es para resaltar la magnitud del acontecimiento.
Esta sección concluye con el tema de la identidad de Jesús, donde sólo Pedro responde
de manera acertada: “Tú eres el Cristo” (Mc 8,29). Pero Jesús le prohíbe hablar del tema; es
decir, Jesús todavía no ha revelado su identidad plena y perfecta. Por eso, los discípulos
deben seguir con Jesús hasta descubrir la verdadera identidad del maestro, que se revelará
plenamente en la cruz y en la resurrección. De ahí que, sólo es posible conocer a Jesús y su
mensaje, si hay un vínculo fuerte con el Maestro, en la cotidianidad de la vida, en el
sacrificio y en la vida renovada a los pies del resucitado.
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Esta sección, inicia indicando que Jesús salió de la Galilea para dirigirse a la Judea.
Es decir, esta parte está marcada por el ambiente del camino, por el cual la gente sigue a
Jesús, pero también, los fariseos siguen interrogando e interpelando a Jesús, en el tema
relacionado a la ley de Moisés.
Seguidamente, viene la escena de Jesús con los niños, que es una escena muy tierna,
donde Jesús les abraza, les bendice, o sea, muestra la bondad del Padre. Asimismo, da la
enseñanza de que para entrar en el reino de Dios, tenemos que ser similares a un niño,
quien brilla por su inocencia, su sencillez, pero sobre todo por su abandono en las manos de
la madre, de quien recibe seguridad y cariño.
Las dos escenas siguientes hablan del peligro que proporciona el apego y la
confianza en el dinero, en las riquezas. Frente a esto, Jesús responde que la confianza total
debe estar en Dios y en el seguimiento a Jesús. Dios debe constituir la riqueza más grande
el creyente, cuando no es así, otros ídolos, como la riqueza ocupan el corazón del hombre.
Por eso, el hombre debe someter su voluntad a la voluntad divina para seguir el camino de
la salvación.
En esta perspectiva, Jesús anuncia por tercera vez, la pasión que sufrirá en
Jerusalén, la cual es el motivo del viaje a la ciudad. Pero sus discípulos no entienden, una
vez más, el mensaje de Jesús. Por eso, le hijos del Zebedeo le piden la gloria a Jesús.
Nuevamente, el maestro les habla del cáliz, que es el signo del dolor que representa la cruz,
la entrega de Jesús para redimir los pecados de la humanidad. Es decir, no hay gloria, sin
cruz. La gloria vendrá después de la cruz.
Esta sección concluye con el tema del servicio, que es la característica fundamental
de los seguidores de Jesús. Mientras los grandes se oprimen y se aplastan, los discípulos
deben servirse con generosidad, lavarse los pies los unos a los otros, con humildad. Así,
serán verdaderos discípulos de Jesús e importantes ante los ojos de Dios. Ser el primero es
ser el servidor de todos, pero no el dominador de los otros. En esto consiste la gloria y la
satisfacción del seguidor de Jesús, en servir y amar. De esta manera, entramos en el camino
de la salvación de Dios.
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De igual manera, la curación del ciego de Jericó revela el sentido del seguimiento.
En efecto, el ciego, una vez curado por Jesús, lo sigue por el camino. También, este ciego
se ha convertido en discípulo de Jesús porque ha experimentado el poder curativo y
salvador de Jesús. De hecho, se adhiere a las filas de los que siguen a Jesús.
Otra característica de esta sección es que el título de Jesús que se resalta es “Hijo de
David” (Mc 10,47-48; 11,10; 12,35-37), a diferencia de la sección precedente que hacía
referencia al título de Hijo del Hombre. Aquí, se trata de demostrar que Jesús procede de la
estirpe del rey David, quien dio libertad y autonomía al pueblo de Dios. De la misma
manera, Jesús traerá la libertad al pueblo, pero una libertad que trasciende las fronteras de
los países, una libertad que llega hasta la vida eterna. Por eso, Jesús es el Hijo de David
(Sal 110,19).
mientras la gente lo aclama a Jesús como Hijo de David (Mc 11,9-10), Jesús no hace eco,
no responde de la salutación del pueblo. Por eso, Gnilka (2005) comenta lo siguiente:
Así pues, Jesús entra en Jerusalén, no como Mesías triunfante, sino como Mesías
que es rechazado por la ciudad y sus autoridades, y al final, sufrirá en la cruz, pero reinará
desde ella, porque Jesús revela su mesianismo en la muerte escandalosa de la cruz. Jesús es
el Mesías sufriente. Pues, la gente no ha entendido esto, pero lo entenderá después de la
resurrección.
Luego de las tres jornadas en Jerusalén, Jesús, en las escenas seguidas, aparece como un
gran “Maestro” que enseña (Mc 12,[Link].38) con sabiduría y autoridad como en
Cafarnaúm (Mc 1,22).
“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie porque no miras la
condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios” (Mc 12,14).
“Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él y que amarle
con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como
a sí mismo vale más que todos los sacrificios y holocaustos” (Mc 12,32-33).
La parte final de esta sección es el discurso escatológico (Mc 13,1-37), donde Jesús se
dirige, primero, sólo a los cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés, quizá porque
la manifestación gloriosa del Hijo del Hombre es una revelación especial. Por eso, Jesús
invita a estar alerta, habla de los signos que acompañarán a la venida del Hijo del Hombre y
además, exhorta e insiste a estar en vela para no ser sorprendidos por el día del juicio final.
En el discurso escatológico, Jesús menciona que vendrán falsos mesías y falsos profetas
(Mc 13,5-6.21-23) usurpando el nombre de Jesús para engañar a la gente. En esta
perspectiva, la actitud de velar y orar es importante para discernir lo bueno de lo malo, la fe
del fanatismo, la luz de la obscuridad. También, habrán signos cósmicos: la luz del sol y de
las estrellas se apagarán, y las fuerzas del cielo serán sacudidas (Mc 13,24-27) porque el
mal y bien entrarán en el combate de la balanza de la justicia y la misericordia. Pero los que
91
padecen ahora persecución y odio por el nombre de Jesús, participarán ese día de su gloria
(Mc 13,9-13).
Las comunidades cristianas primitivas se dejan guiar por el final de los tiempos, por la
venida gloriosa del Hijo del Hombre. Todo esto significa seguir, atentamente, los
acontecimientos temporales, permanecer conscientes de las cuentas que Él pedirá. Pues,
Jesús tuvo la autoridad y el poder de expulsar el mal de las personas que se acercaron a Él;
de la misma manera, los Doce que recibieron esta autoridad (Mc 3,15; 6,7) de combatir el
mal deberán ejercitarla para que al final rindan cuentas. En esta perspectiva, Gnilka (2005)
hace referencia diciendo: “El Hijo del Hombre que vendrá un día sobre las nubes, recorre
primero el camino de la cruz” (pág. 246).
Podemos decir que los trece capítulos de la obra de Marcos son el resultado de la unión
de tradiciones sueltas. En cambio, el relato de la pasión es un verdadero relato que tiene
concatenación y armonía de los acontecimientos. La pasión es un relato que muestra unidad
en su contenido conjunto, como en la descripción de los acontecimientos particulares.
El relato de la pasión inicia con el complot de los Sumos Sacerdotes con los escribas
para encontrar los motivos y matar a Jesús (Mc 14,1-2). Posteriormente, la unción a Jesús
por parte de una mujer anónima (Mc 14,3-9) que Jesús mismo aclara que esta unción
anticipa su sepultura y concluye la primera sección con la escena de Judas, quien negocia
con los Sumos Sacerdotes para traicionar a Jesús (Mc 14,10-11). Toda esta sección explica
que Jesús es el Mesías sufriente, ya que es rechazado por las autoridades judías, por uno de
sus seguidores y se anuncia ya su muerte y sepultura con la unción de la mujer anónima.
A continuación vienen tres escenas importantes que narran la cena de Jesús con sus
discípulos: la preparación, el anuncio de la traición de Judas y la entrega del pan y del vino
(Mc 14,12-25). Con la última cena, Jesús inaugura una nueva época que conmemora su
entrega voluntaria para la nueva liberación del pueblo. Por eso, las palabras y los gestos de
Jesús son expresiones de un nuevo rito de salvación. Jesús mismo es el cordero que se
inmola por los pecados del pueblo. Así pues, su cuerpo y su sangre serán signos de
remisión de los pecados de toda la humanidad.
Después de esto, Jesús se dirige a Getsemaní, al pie del monte de los Olivos. En el
camino, Jesús anuncia a sus discípulos que le abandonarán y además, predice las
negaciones de Pedro (Mc 14,26-31). Más tarde, en Getsemaní, por medio de la oración,
Jesús hace notar que su muerte, no es resultado del complot bien tramado de las autoridades
judías, sino la consecuencia de haber aceptado la voluntad del Padre Dios. Por eso, Jesús no
se defiende, ni protesta en el arresto, sino que va como un manso cordero al matadero.
Además, se cumple el abandono total al maestro por parte de sus discípulos, e incluso el
joven, dejando el lienzo, se escapó desnudo (Mc 14,51-52). Pues esta escena propia de
Marcos hace notar el abandono total al maestro, en estos momentos de peligro. Cabe
mencionar que muchos exégetas identifican al joven que corre desnudo frente al peligro,
con el evangelista Marcos porque esta escena es exclusiva de este evangelio.
Luego, ante el Sanedrín, Jesús revela su plena identidad de Mesías (Mc 14,61-62), que
siempre la ocultó ante el pueblo. Precisamente, en ese momento, en cambio, Pedro niega
conocerlo o tener algún vínculo con el maestro. Aquí, los testimonios son distintos, el de
Jesús es uno y el de Pedro es otro. Jesús da el testimonio verdadero de Mesías e Hijo de
Dios, pues ha asumido ya, el camino de la cruz. En esto consiste el “secreto mesiánico” de
Marcos, es decir, en que el Mesías se revela plenamente en el misterio de la cruz, cuando se
abraza el dolor y el sufrimiento por amor. Mientras que Pedro negó la identidad de Jesús y
su lazo de discípulo, quizá por su fragilidad o porque las circunstancias de peligro doblegan
la voluntad, aparentemente, fuerte de Pedro.
Pero después de que cantó el gallo, Pedro lloró amargamente (Mc 14,72) y su pecado
fue perdonado. El lamento de Pedro, luego de negar a su maestro, es el signo de su
arrepentimiento. Por eso, él es alcanzado por la gracia de Dios y perdonado por la inmensa
misericordia divina. Pedro se niega a ir a la cruz como Jesús, pero su fe es probada y
purificada en el fuego de la pasión. Por tal motivo, después que ya ha sido purificado y
cribado por Satanás. Sólo entonces, abrazará la cruz como Jesús lo hizo. Pues, todo
discípulo tiene que pasar por la dura prueba de la cruz. Solamente, abrazando el sufrimiento
y el dolor por amor se halla la gracia de la cruz, la redención de Jesús.
Seguidamente, Jesús ante Pilato (Mc 15,1-20) es interrogado acerca de su reinado sobre
los judíos (Mc 15,[Link]). La autoridad romana interroga varias veces a Jesús,
llamándolo: “Rey de los judíos”, ya que Jesús, en persona, afirma que es rey, pero no de
este mundo (Mc 15,4). El relato deja notar que Pilato, autoridad romana, no tiene
responsabilidad sobre la muerte de Jesús, sino que es inocente. Más bien, las autoridades
judías son los responsables de la condena de Jesús y hasta el pueblo es manipulado por los
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jefes judíos para condenar a Jesús inocente. Pues, Pilato concluye su tarea con el castigo a
Jesús y la coronación de espinas como burla de Jesús, quien ha afirmado ser rey.
La pasión de Jesús, según Marcos, inicialmente, terminaba con la sección de los pasajes:
de las mujeres que seguían a Jesús desde galilea, que lo acompañan hasta el calvario, la
sepultura de Jesús y el sepulcro vacío (Mc 15,40-16,8). En esta sección, las mujeres toman
protagonismo, pues, ellas acompañan a Jesús en el momento más duro de la muerte (Mc 15,
40-41), ellas son testigos de la sepultura (Mc 15,47), ellas van al sepulcro y encuentran la
tumba vacía, son testigos de la resurrección de Jesús (Mc 16,1-8).
Las mujeres seguían y servían a Jesús, cuando estaba en Galilea. Los dos verbos: seguir
y servir son los verbos que definen la actitud del verdadero discípulo de Jesús (Mc 8,34 y
9,35). Entonces, las mujeres han seguido a Jesús hasta la muerte. Por eso, se constituyen en
discípulas de Jesús, quizá por eso, ellas son los primeros testigos de la resurrección del
maestro.
El Evangelio según san Marcos concluye con el pasaje que contiene estas escenas,
donde se refuerza el acontecimiento de la resurrección de Jesús, que luego de esto volverá a
Galilea para visitar a los once y realizar el envío misionero y el anuncio del Evangelio a
todas las naciones. En efecto, esta fuerza del Evangelio acompañará a los once para que
puedan expulsar el mal e implantar el Reino de Dios que la única condición que pide es
conversión y fe.
El autor de esta obra se afirma que fue el evangelista Marcos. Pues, el testimonio más
antiguo sobre el autor del Evangelio se encuentra en los fragmentos de Papías, Obispo de
Hierápolis del siglo II d. C., recogidos por Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica
(Guijarro, 2010, pág. 265), donde se dice que Marcos fue intérprete de Pedro y escribió
cuánto el Señor había dicho y hecho, y su escrito carece de orden.
Además, tenemos algunas citas bíblicas, donde se muestra la conexión entre Pedro y
Marcos: “os saluda también, Marcos, mi hijo” (1Pe 5,13). Juan Marcos acompañó a Pablo y
a Bernabé, en su primer viaje misionero (cfr. Hch 13,25). Pero la dificultad radica en que la
obra de Marcos no da ningún realce a la figura de Pedro, más bien Pedro es presentado de
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forma negativa (Mc 8,27-33). Pero los evangelios de Mateo y Lucas trataron de mejorarlo
(Mt 16,23-30).
La obra contiene varias expresiones aramaicas: Talitha qumi (Mc 5,41); efata (Mc
7,34); abba (Mc 14,36). Esto indica, probablemente, la presencia de comunidades
judías.
La presencia de latinismos: Modion, legion, denarion, frageloo, praitorion,
kenturion (Mc 4,21; 5,9.15; 6,37; 15,15; 15,16; 15,39).
La expresión de costumbres romanas, como el divorcio (Mc 10,11-12) y costumbres
típicamente judías, como lavar los platos y vasos (Mc 7,3-5).
Por otra parte, los estudiosos de las Sagradas Escrituras, de manera particular de los
evangelios, están de acuerdo mayoritariamente, que la composición del Evangelio de
Marcos fue alrededor del año 70 d. C., después de la destrucción del Templo de Jerusalén.
El argumento para determinar esta fecha es el discurso escatológico contenido en Mc 13,6-
13 que habla de una situación inestable y de persecución a los discípulos de Jesús.
A manera de conclusión, podemos decir que Marcos retrata a un Jesús valiente y firme
en su fe y en sus decisiones. De hecho acoge a la gente y a sus discípulos con gran
equilibrio. Pero cuando no entienden su mensaje, les deja y se va a un lugar a solas para
orar y encontrarse con el Padre y para retomar su misión. Asimismo, en el momento de la
pasión, a pesar de que todos sus discípulos le abandonan, Él asume con valentía, su pasión,
abraza la cruz y ante el Sanedrín, firmemente, se revela como el Mesías verdadero. Asume
el dolor y la muerte en la cruz porque sabe que así, está cumpliendo la voluntad salvadora
de Dios, Padre. Al tercer día, resucitará y se aparecerá a sus discípulos para enviarles a
todas las naciones a predicar el Evangelio, que es fuerza de salvación para todos.
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La obra de Lucas constituyen dos escritos: el Evangelio y el libro de los Hechos de los
Apóstoles, cada uno con género literario diferente. El primero es catalogado como una
biografía helenística, al igual que los demás evangelios sinópticos; mientras que, el segundo
es una monografía histórica. Esta diferencia hace notar Guijarro (2010):
Así pues, los estudiosos afirman que la obra de Lucas es una sola, dividida en dos
volúmenes. Para sostener esta afirmación tenemos dos razones, entre otras:
Los dos escritos lucanos están dedicados al mismo personaje, llamado “Teófilo” (Lc
1,3 y Hch 1,1).
El comienzo del libro de los Hechos es una continuación del final del Evangelio. El
pasaje de Lc 24,50-53 narra la ascensión de Jesús a los cielos, luego de que Jesús da
las últimas recomendaciones a sus seguidores. Asimismo, Hch 1,4-11 menciona la
ascensión de Jesús a los cielos y luego la describe, recordando las instrucciones de
permanecer en Jerusalén, como lo dijo al final del Evangelio.
Lucas es considerado el tercer evangelio, tanto en el orden cronológico como en el
orden canónico. El Evangelio de Lucas, después del de Mateo, fue el más usado por las
primeras comunidades cristianas, ya que pone énfasis en el rostro misericordioso de Jesús.
Pero también, fue muy usado en el ámbito litúrgico, ya que contiene los importantes
cánticos de: el Benedictus, el Magnificat, el Nunc Dimittis.
Además, Lucas añadió nuevos episodios a la vida de Jesús, como los relatos de la infancia:
la concepción, el nacimiento y la pérdida de Jesús en el Templo. Por otra parte, están las
parábolas de la misericordia: el Hijo pródigo, el Buen samaritano, entre otras.
Lucas “es un nombre pagano atestiguado en las inscripciones” (Balz, 1996, págs. 82-83).
A Lucas, las cartas paulinas lo llaman médico y compañero de Pablo. Veamos:
“En la Iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón apodado el Negro,
Lucio de Cirene…” (Hch 13,1).
Lucas tiene un estilo propio de ver la vida; de hecho, el Evangelio, lo ilumina desde la
historia de salvación. De ahí, el pasaje de la predicación de Jesús en Nazaret (Lc 4,16-30)
constituye un verdadero programa de vida. Asimismo, la parábola del Hijo pródigo (Lc
15,11-32) se encuentra en la mitad del Evangelio, indicando la importancia del rostro
misericordioso del Padre Dios porque según Bovon (2005), Lucas quiere conmover con
esta imagen del Padre: “Lucas utiliza una técnica narrativa muy sencilla: alinea unas
historias cortas que forman parte de un todo y que están destinadas a edificar y a
conmover” (pág. 31).
fáciles de entender. Los términos hápax son términos únicos, en los libros de las Escrituras,
usados por el autor sagrado, una sola vez en la obra, en el Nuevo o en el Antiguo
Testamento, para dar énfasis al mensaje del pasaje bíblico. Por ejemplo, proclama
solemnemente, la fecha del comienzo de la actividad de Juan el Bautista, envuelve la
transfiguración del misterio y narra de manera sencilla, el encuentro de Jesús con Zaqueo,
como también, la parábola del buen samaritano y la conversación de Jesús con Martha y
María (García Viana, 1995, pág. 187).
Podemos decir que, Lucas es un ejemplo del griego Koiné. Lucas se esfuerza por
mejorar el lenguaje rudo de la obra de Marcos. De ahí que Lucas, siguiendo la tradición de
la Iglesia primitiva, quiere mostrar como Dios, por medio de su Hijo, realizó la salvación y
la propagó por medio de los apóstoles, quienes fueron guiados por el Espíritu Santo. Pues,
la obra salvadora de Dios, para Lucas, se da en la historia concreta. Por eso, Bovon (2005)
afirma lo siguiente:
Así pues, la finalidad de esta obra se encuentra en el prólogo (Lc 1,1-4). También existe
la posibilidad de que existió un proto-Lucas, fruto de haber combinado los materiales de Q
y SLc (tradiciones propias de Lucas, sean escritas u orales combinadas con Q y Marcos) y
posteriormente, Marcos. La otra teoría más aceptada es que, primero, Lucas utilizó el
esquema básico de Marcos y luego, insertó los materiales de Q y SLc, que es el resultado
del actual Evangelio.
En esta perspectiva, Lucas quiere mostrar, en su obra, la historia de salvación obrada por
Dios a través de su Hijo y bajo la guía del Espíritu Santo. En esta tarea, después de Jesús de
Nazaret está el papel misionero de los apóstoles que impulsan el crecimiento de la fe de una
iglesia primitiva que sigue las huellas y los mandatos de Jesús, muerto en la cruz y
resucitado por el Padre Dios para continuar su obra salvadora, iniciada en el momento de la
100
creación del mundo y la revelación a un pueblo judío para luego, extenderse a todo el
universo.
Lucas, como buen escritor e historiador, posee varias fuentes escritas e informaciones
orales para elaborar su obra. Así tenemos: el Evangelio de Marcos, la Fuente Q y la fuente
particular (SLc).
Refiriéndonos a la primera fuente, Lucas sigue el orden de Marcos, desde los inicios (Lc
3,1…), pero Luego, prescinde la sección de Mc 6,45-8,26. Lucas sitúa la visita de Jesús a la
sinagoga de Nazaret al inicio de su actividad pública (Lc 4,16-30); mientras que Marcos lo
coloca después (Mc 6,1-6). Además, Lucas amplia este pasaje citando a los profetas Isaías,
Elías y Eliseo. Pues, este pasaje es importante en los evangelios, ya que marca la vida
pública de Jesús y el sentido de su misión en la tierra.
En cuanto se refiere a la Logia, Lucas es más fiel que Mateo a la hora de usar la
fuente; pues, sigue primero el orden de “Q”, entre los capítulos Lc 9,51-19,39. Los dichos
del documento Q, usados por Lucas fueron insertados al final de la presentación inicial de
Jesús (Lc 3,1-4,3) y al final del viaje a Jerusalén hasta la entrada en el Templo (Lc 18,15-
19,44) y en el relato vocacional (Lc 9,57-58).
En esta misma perspectiva, Lucas resalta su fuente propia, en los relatos de la infancia
de Jesús, en las parábolas de la misericordia del Padre Dios, en las apariciones del
resucitado a los discípulos que van camino hacia Emaús, en la Ascensión, entre otros. Las
fuentes propias (SLc) probablemente, provienen de otros escritos, pero sobretodo, de la
tradición oral judeocristiana.
Las parábolas de Lucas son extensas y muy elaboradas; mientras que, las parábolas de
Jesús se caracterizan por ser sencillas y breves. Por tal motivo, se dice que las parábolas
corresponden a su estilo literario, rico en vocabulario y detallista en las explicaciones.
También, Lucas, probablemente, elaboró las parábolas en consonancia con el Antiguo
Testamento. Por ejemplo, la parábola de Buen samaritano (Lc 10,25-37) en relación con el
libro de Crónicas (2Cro 28,14-15).
Aunque, el último himno, se cree que fue compuesto por Lucas, basado en textos del
Antiguo Testamento.
Lo que los estudiosos afirman que es propio de la pluma de Lucas, son los siguientes
pasajes: el prólogo (Lc 1,1-4), los sincronismos (Lc 2,1-2 y 3,1-2), los sumarios (Lc 4,14-
15; 17-19) y, probablemente, el relato de la ascensión de Jesús a los cielos, que se repite en
el libro de los Hechos (Lc 24,50-53 y Hch 1,9-11).
obra una biografía de Jesús al estilo helenístico antiguo, pero corregida y aumentada, en
relación a la obra de Marcos, siguiendo los pasos de una auténtica biografía helenística: el
origen del personaje, las obras que resaltan al protagonista y la muerte heroica.
Por otro lado, se encuentra el personaje Teófilo, a quien dedica su obra y explica la
finalidad de la misma. Pero ¿quién es este personaje? Veamos algunas respuestas, como el
comentario de la Biblia de Jerusalén (1995): “Teófilo no sería un cristiano a quien se
desearía confirmar en la fe, sino un alto funcionario a quien se trata de informar” (pág.
1491).
Es decir, Lucas quiere dar firmeza y solidez a la fe cristiana por medio de las
enseñanzas que la tradición lo propaga fielmente. Pero el “ilustre Teófilo” representa, no la
privacidad de la obra escrita, sino la universalidad del destinatario, porque el mensaje
cristiano es siempre de carácter universal. Respecto al personaje, también nos comenta Balz
(1996):
Lucas quiere decir quién es Jesús; en este sentido, Lucas le da un origen humano,
cuando en el pasaje de la genealogía lo remonta hasta Abrahán y Adán (Lc 3,23-38) y
luego, le da un origen, sobretodo, divino. Es decir, una persona honorable según los
designios de Dios. Esta sección narra desde los orígenes de Jesús hasta su vida privada y
concluye con el pasaje de las tentaciones, las cuales Jesús debe superarlas para iniciar su
vida pública.
Lucas se sirvió de diversas tradiciones para componer los relatos de la infancia de Jesús.
Al menos, se habla de tres fuentes. La primera se refiere a los cánticos: el de María (Lc
1,46-55), el de Zacarías (Lc 1,67-79) y el de Simeón (Lc 2,29-32). La segunda alude los
relatos de la niñez de Jesús y Juan Bautista (Lc 1). Mientras que la tercera fuente remite a
los relatos de Lc 2. Así pues, de la primera fuente ya hemos explicado anteriormente. En
cuanto se refiere a las fuentes segunda y tercera, probablemente, son fuentes propias de
Lucas, provenientes de la tradición oral cristiana.
Por otro lado, es bastante curioso el relato de la peregrinación al Templo, que hacen
José, María y Jesús (Lc 2,41-52). Probablemente, este pasaje responde a los cánones de las
biografías antiguas. Es decir, tal vez Lucas usó este artificio literario para resaltar la misión
de Jesús que sucederá en Jerusalén, en lo posterior. De igual manera, Lucas inserta una
genealogía de Jesús en medio de los pasajes del Bautismo y las tentaciones ¿a qué se debe
esto? Quizá para concluir la sección que habla de los orígenes de Jesús.
En esta sección, también podemos notar el paralelismo que el autor hace entre Juan el
Bautista y Jesús. Los pasajes que indican esto son: el anuncio de la concepción de Juan y de
Jesús, El nacimiento de los dos niños, la circuncisión de los dos personajes y finalmente, la
vida oculta y pública tanto de Juan el Bautista como de Jesús de Nazaret. Pues, las dos
figuras, Juan y Jesús representan dos épocas distintas de la historia de la salvación (Lc
16,16 y Hch 10,37). Juan clausura el tiempo de la Ley y los profetas; mientras que Jesús
inaugura el tiempo del reino de Dios. Pero, Jesús supera la figura de Juan el Bautista: “le
llamarán Hijo del Altísimo…y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32-33). “Hoy, nos ha nacido en
la ciudad de David un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,11).
106
Así pues, Lucas afirma que Jesús proviene de Dios y es el Salvador. Pero su misión será
interrumpida por Satanás, Diablo o el Tentador, comoquiera que se le llame, es un personaje
importante en la trama del Evangelio de Lucas, que se aparecerá en los momentos propicios para
impedir que Jesús cumpla su misión. El Tentador impulsa siempre al mal y quiere producir el caos
en la tierra. Por eso, Jesús debe superar las tentaciones en el desierto por la acción del
Espíritu Santo para dar inicio a su misión. Asimismo, en la pasión, al finalizar su misión,
nuevamente, aparecerá el tentador y Jesús se verá obligado a luchar contra el mal para
cumplir los designios de Dios. Además, el tentador es conocido como el Seductor, el
Anticristo (1Jn) o el desviador de doctrina como Balaán, el que hace tropezar y caer en el
pecado (Nm 31,8.16; 2Pe 2,15; Ap 2,14) y aleja de los caminos de Dios. Esta sección
termina con el pasaje de las tentaciones, como el puente para pasar de la vida privada a la
vida pública de Jesús.
Una vez que se narra los orígenes de Jesús y su vida privada, Lucas procede relatar el
ministerio público de Jesús, el mismo que comienza en Galilea, movido por el Espíritu
Santo (Lc 4,14). Jesús comenzará su vida pública en Galilea y desde allí, se extenderá a
muchos lugares y concluirá su misión en Jerusalén. Así pues, para Lucas es muy importante
a ciudad de Jerusalén, ya que su Evangelio comienza y termina en Jerusalén. Allí, se
presentan las ofrendas a Dios en el Templo y desde allí mismo, los discípulos predicarán el
Evangelio hasta los rincones más lejanos del mundo.
sinagoga de Nazaret es el punto de partida de la vida pública; mientras que, para Marcos
este pasaje se encuentra después de haber iniciado ya la vida pública (Mc 6,1-6).
Asimismo, para Marcos, la llamada a los primeros discípulos (Mc 1,16-20) es el inicio de la
misión de Jesús; en cambio, para Lucas este pasaje viene después de diversas sanaciones
(Lc 5,1-11). Igualmente, el relato de la madre y los hermanos que buscan a Jesús, para
Lucas viene después de la conclusión a las enseñanzas de las parábolas (Lc 8,19-21), para
Marcos es mucho antes (Mc 3,31-35).
Por otro lado, en estos capítulos encontramos tres sumarios (Guijarro, 2010, pág. 377),
que probablemente, son propios de Lucas. El primero Lc 4,14-15 indica el inicio de la
actividad de Jesús e Galilea. El segundo Lc 6,17-19 señala las enseñanzas de Jesús a sus
discípulos y las curaciones a la gente. El tercero Lc 8,1-3 muestra las enseñanzas de Jesús a
toda la gente sobre el Reino de Dios y la compañía de algunas mujeres en su grupo de
discípulos. Al parecer, cada sumario indica el inicio de una nueva sección.
La segunda sección (Lc 6,17-7,50) es enunciada por el sumario Lc 6-17-19, donde las
enseñanzas de Jesús son destinadas sólo a los discípulos (Lc 6,20) y no a la gente. Las
enseñanzas son instrucciones sapienciales que comienzan con una promesa de felicidad y
concluyen con la invitación a poner en práctica las enseñanzas (Lc 6,46-49). En cambio, las
curaciones a la gente terminan con el encuentro con los enviados de Juan el Bautista (Lc
7,18-23), la pregunta: “¿Eres Tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Lc
7,20) y la respuesta de Jesús son las obras de sanación y no las palabras: “Los ciegos ven,
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los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los
pobres reciben la buena nueva” (Lc 7,22). Es decir, Jesús es el Mesías esperado por todos,
por eso, instruye y cura las dolencias de la gente.
La tercera sección (Lc 8,1-9,50) es introducida por el sumario Lc 8,1-3 que señala una
nueva serie de enseñanzas y curaciones. En la sección anterior aparecen nuevos personajes
como las mujeres: la viuda de Naím y la mujer pecadora, que manifiesta su fe en Jesús. Así
pues, el grupo de los discípulos de Jesús ha crecido con algunas mujeres (Lc 8,2-3) que
sirven con sus bienes. Luego, tenemos una colección de parábolas y la invitación a poner en
práctica aquello que se escucha y se aprende (Lc 8,19-21).
Ésta es una composición típicamente lucana porque según Lucas, a Jesús le agrada
ponerse en camino, y también, a sus discípulos los invita a ponerse en camino. Por eso, esta
sección del viaje comprende diez capítulos para su explicación; mientras los otros dos
evangelios sinópticos sólo dedican uno o dos capítulos para relatar el viaje de Jesús a la
capital. Por tal razón, se puede decir que para Lucas, el camino tiene un gran valor
teológico.
Lc 9,57: “mientras iban caminando, uno le dijo: te seguiré adondequiera que vayas”
Lc 10,38: “Yendo todos de camino, entró en un pueblo (Betania), donde una mujer, llamada
Marta, lo recibió en su casa”.
Lc 13,33: “Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un
profeta perezca fuera de Jerusalén”.
Lc 17,11: “De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaria y Galilea”.
Lc 18,31: “Tomando consigo a los Doce, les dijo: ya ven que subimos a Jerusalén, donde se
cumplirá todo lo que los profetas escribieron sobre el Hijo del hombre”.
Lc 19,11: “Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola. (Estaba él cerca
de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro)”.
Estas referencias al viaje y al destino, Jerusalén son muy imprecisas. Pues, los lugares
geográficos que se mencionan no tienen una secuencia lógica para el viaje emprendido. Por
eso, el viaje de Jesús a Jerusalén tiene un valor más teológico que geográfico. En efecto, no
existe una progresión geográfica en el viaje, más bien se nota una articulación teológica del
tema del camino y el destino Jerusalén.
110
La sección del viaje, según Guijarro, podría dividirse en tres etapas (Guijarro, 2010, pág.
382):
Esta etapa tiene varias características. Por ejemplo, Jesús es más itinerante que va
visitando y atravesando numerosos pueblos y ciudades, como: La Samaria, Galilea,
Corazaín, Betsaida, Betania, Jericó y muchos otros lugares no identificados. Otra
característica es el anuncio del Reino de Dios tanto al comienzo como al final, ya sea en el
pasaje de las exigencias del seguimiento a Jesús (Lc 9,60-62), que son propias de Lucas, ya
que no poseen los otros sinópticos. Pues, Lucas es radical en las exigencias del
seguimiento: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú vete a anunciar el Reino de
Dios” (Lc 9,60). “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el
Reino de Dios” (Lc 9,62). Asimismo, las parábolas del grano de mostaza y la de la levadura
anuncian el Reino de Dios (Lc 13,18-21) y concluyen la etapa.
En esta perspectiva, el anuncio del Reino de Dios es la motivación para dejarlo todo
y seguir a Jesús (Lc 9,60-62) sin titubear ni esperar nada a cambio, simplemente seguir al
maestro. Asimismo, el contenido principal del mensaje que los apóstoles deben anunciar es
el mismo, el Reino de Dios (Lc 10,9). También es el centro de la oración: “Padre,
santificado sea tu nombre, venga tu Reino” (Lc 11,2), y el objetivo más importante de toda
búsqueda es el Reino: “Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura”
(Lc 12,31). Por tanto, esta etapa se encuentra marcada por el anuncio y la llegada del Reino
de Dios a diversos lugares que visita Jesús.
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Esta etapa se caracteriza por los pasajes que hacen referencia al comer y beber (Lc 14,1-
24), donde se explica que el reino de Dios es como una cena. También, al final tenemos el
pasaje que habla de comida (Lc 17,7-10). Además, de estos pasajes, existe el vocabulario
de alimento en medio de ellos: pan, comer, beber, comensales, cena o banquete; incluso en
las llamadas parábolas de la misericordia, encontramos los términos sobre el tema del
alimento: la oveja perdida, la dracma perdida, el Hijo pródigo (Lc 15,1-32).
En esta perspectiva, podemos decir que en esta etapa, el Evangelio no hace tanta
mención al viaje, sino que parece un banquete amplio, donde se da una larga conversación,
y en ella, Jesús instruye a sus discípulos y a la gente sobre el Reino de Dios y el
seguimiento a Jesús. En efecto, el Reino de Dios es comparado a un banquete gozoso (Lc
14,15). Pues dijo un comensal: “Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios”. Es
decir, existirá una gran alegría compartida en el banquete celestial. Pues, en el banquete no
se trata de la alegría personal, sino de un gozo comunitario en la casa de Dios, como lo
afirma Bovon (2005):
Aquí, Lucas presenta una vez más el sentido de las enseñanzas de Jesús, frente a la
pregunta que le hacen los fariseos: “¿Cuándo llegará el Reino de Dios?” (Lc 17,20). Luego,
algo parecido le dicen a Jesús sobre el mismo tema: “Mientras la gente escuchaba estas
cosas, añadió una parábola (él estaba cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios
aparecería de un momento a otro)” (Lc 9,11). Entonces, el tema es la manifestación
definitiva del Reino, que incluye el tema de la salvación inminente. En este sentido, Jesús
da una respuesta a la gente que le interroga y le escucha: “El Reino de Dios ya está entre
vosotros” (Lc 17,21). Por tanto, la conversión es ya, ahora, no hay tiempo que perder.
Así pues, Lucas no narra tanto un itinerario del viaje, sino un itinerario de los
discípulos, quienes son instruidos por Jesús sobre el Reino de Dios, como primer tema, y el
discipulado, como segundo tema. Entonces, en el camino se diseña la forma para alcanzar
el Reino de Dios y, cómo realizar el seguimiento a Jesús.
Así pues, la teología del “hoy” es lucana. Puesto que, varias veces aparece en el
evangelio la expresión: “Hoy es tiempo de salvación”. Veamos:
Entonces, para Lucas, Hoy es tiempo de salvación; por eso, Jesús se dirige a Zaqueo
como también al ladrón arrepentido, en la cruz, para ofrecerles la salvación, pero eso es
hoy, no mañana, ni más tarde.
Esta sección es bastante breve, comienza con la última mención del camino para entrar a
Jerusalén (Lc 19,28) y concluye con el sumario que precede el relato de la pasión (Lc
21,37-38). Una cuestión particular del Evangelio de Lucas es que la mayoría de los
episodios se desarrollan en el Templo. Todo esto resume dos pasajes tanto al inicio como al
final de la actividad en la capital (Lc 19,45-48 y 21,37-38) a diferencia de Marcos, el cual
tiene pocas escenas dentro del santuario sagrado.
Posteriormente, Jesús responde a las preguntas que le hacen sus interlocutores sobre su
propia autoridad. En efecto, Jesús se identifica como el Mesías, hijo de David (Lc 20,41-
44). Luego, subestima el papel de los escribas y previene de caer en la actitud soberbia de
ellos, pero por el contrario, resalta la actitud humilde de la mujer y valora el óbolo de la
viuda, quien ha dado todo lo que tenía para vivir (Lc 20,45-21,4).
Seguidamente, Jesús explica el interrogante: “¿cuándo sucederá esto? ¿Cuál será la señal
de que todas estas cosas están por ocurrir?” (Lc 21,7). Es decir, el interrogante se refiere a
la destrucción del Templo y de la ciudad. La respuesta de Jesús es que cuya duración es
indeterminada. Pues, el tiempo final no está relacionado con la destrucción de Jerusalén,
sino con la venida del Hijo del hombre y la llegada del Reino de Dios. Con relación a este
tema dice Bovon (2005):
En esta perspectiva, los discípulos y toda la gente deben estar preparados para este
momento final (Lc 20,34-36). Por eso, es tan importante la actitud de la vigilancia, de estar
en vela, orando hasta que el Hijo del hombre llegue para manifestar su gloria y su
misericordia, según la obra lucana. Así pues, Lucas ha reelaborado el discurso escatológico
de Marcos que es más fuerte y rústico para hacerle buena noticia para la gente de su época.
Por otro lado, Jerusalén para Lucas, no es sólo el escenario de la última etapa de la vida
de Jesús, sino también, el lugar de la ascensión de Jesús a los cielos y el centro, desde
donde partirá el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra (Hch 1,8) por parte de
los discípulos de Jesús. Desde la capital se propagará el Evangelio hasta los últimos
rincones del planeta, ya que la salvación, según Lucas, es universal para toda criatura.
a. El relato lucano de la pasión tiene mucha relación con el del evangelista Juan, en los
siguientes pasajes: la oración y la lucha en el monte de los Olivos, el prendimiento
de Jesús, parte de Jesús ante el Sanedrín, Jesús ante Pilato, de nuevo Jesús ante
Pilato, la muerte de Jesús y después de la muerte (Lc 22,39-53. 67-68; 23,2-5. 13-
25. 44-49). Esto quiere decir que tanto Lucas como Juan conocieron otra fuente
diferente del relato tradicional de la pasión que tomaron Marcos y Mateo, quizá esta
fuente pertenecía a la tradición oral.
116
b. Otro elemento importante de Lucas es el material propio en los pasajes: Los dichos
sobre la bolsa y la espada (Lc 22,35-38), Jesús ante Herodes (Lc 23,6-12). Estos
pasajes dan un tono fuerte e intenso al relato de la pasión de Jesús. Por eso, los
discípulos están al borde ante la prueba de libertad y fidelidad en el peligro que trae
la pasión. Es decir, “está amaneciendo un nuevo tiempo dentro de la era del
cumplimiento. La hostilidad será la compañera de la Iglesia. Así se lo dijo Jesús.
Espada: esta referencia a un arma destructiva debe entenderse en el contexto global
de Lc-Hch y en el contexto inmediato del pasaje. Dado que Lucas cuenta en su
evangelio que Jesús no sólo predicó el amor a sus enemigos (Lc 6,26-36), sino que
también vivió esta enseñanza” (Karris, R., 2004, pág. 194).
c. Finalmente, las numerosas apariciones de Jesús resucitado a los discípulos y la
ascensión a los cielos. Es decir, Lucas presenta más apariciones del resucitado que
Marcos (Lc 24) y concluye el relato con la ascensión de Jesús a los cielos, indicando
la importancia de Jerusalén para el anuncio del Evangelio.
Parte del lenguaje propio de Lucas es la espada, la cual es el arma, por excelencia, para
la guerra, pero Jesús lo usa el término, de manera metafórica, para la lucha contra el mal,
lucha que está por comenzar. Quizá la espada, ahora se hace tan importante porque Satanás
ha entrado en escena (Lc 22,3.31) para impedir la misión de Jesús. Por tanto, por el pasaje
que viene a continuación, que es la oración de Jesús en el monte de los Olivos (Lc 22,39-
46), podemos deducir, que la espada que Jesús pide a sus discípulos como arma para el
combate todo el tiempo de la pasión es la oración.
Por otra parte, el relato que comprende Lc 22,1-23,56 comienza con una referencia a la
fiesta judía de la pascua (Lc 22,1) que Lucas ha ubicado en este tiempo los acontecimientos
finales de la vida de Jesús. Pero suprime el pasaje de la unción en Betania (Mc 14,3-9) y
explica la traición de Judas como una obra de Satanás (Lc 22,3), quien ya anunció su
aparición en el relato de las tentaciones en el desierto (Lc 4,13) para impulsar el complot de
matar a Jesús e impedir el cumplimiento de su misión.
117
Luego de la cena, Jesús se dirige al monte de los Olivos, donde la acción de Satanás se
hace más intensa; por eso, Jesús les dice dos veces a sus discípulos: “Oren para que no
caigan en tentación” (Lc 22,40.46) y él acoge la voluntad de Dios en oración, venciendo la
tentación de Satanás. De hecho, Jesús es arrestado al final del encuentro con las autoridades
judías y los soldados, él se entrega voluntariamente, dando paso a la astucia de Satanás,
cuando dice: “Ésta es vuestra hora y del poder de las tinieblas” (Lc 22,53). Asimismo,
Lucas presenta a Jesús ante el Sanedrín después de las negaciones y el arrepentimiento de
Pedro; mientras que Marcos, coloca este pasaje antes de las negaciones de Pedro.
Por otra parte, en el juicio de Jesús ante Pilato y Herodes, Lucas muestra la inocencia de
Jesús, tres veces (Lc 23,4.14.22). Es decir, Jesús es plenamente inocente, él es el hombre
justo, inocente, libre de culpa (como el hombre sabio de los libros sapienciales) que va a
asumir las culpas de los demás para redimirnos en la cruz. Jesús se convierte así, en modelo
de mártir para los discípulos que serán perseguidos. Así pues, Jesús ora por los pecadores y
les concede el perdón de los pecados, e incluso al malhechor en la cruz (Lc 23,34.42-43).
Después de la muerte en la cruz, viene el relato de la tumba vacía, las apariciones del
resucitado y la ascensión a los cielos (Lc 24,1-52). La tumba vacía (Lc 24,1-12)
presenciada por las mujeres y por Pedro, quienes fueron muy temprano al sepulcro, es la
118
Las apariciones del resucitado a los peregrinos de Emaús cala más fuerte y profundo en
el corazón de los discípulos, ya que los signos de la presencia del resucitado son más
creíbles: Las Escrituras y la fracción del pan (Lc 24,27-35). Ahora sí, exclaman: “En
verdad, el Señor ha resucitado” (Lc 24,34). Es decir, ya no existen dudas de la resurrección
de Jesús, sólo signos de su presencia y nuevamente, la esperanza germina en el corazón de
los apóstoles. En Emaús, los discípulos expresan el deseo de la Iglesia peregrina: “Quédate
con nosotros porque atardece y el día ya ha declinado” (Lc 24,29). Ellos han comprendido
que la compañía del Maestro es esencial. Por lo tanto, no haya salvación sin Jesús, no hay
Iglesia sin Jesús. Ahora la presencia de Jesús se ha quedado en la Eucaristía y en las
Escrituras. Por eso, hay que descubrir y redescubrir al resucitado en la fracción del pan y en
la palabra de Dios.
Posteriormente, las apariciones de Jesús resucitado a sus seguidores son mucho más
lúcidas y no dan lugar a las dudas. Por eso, ellos abrieron sus mentes y comprendieron las
Escrituras (Lc 24,45). De esta manera, los apóstoles recibirán con mucha confianza la
promesa de Dios Padre por medio de Jesús, el Espíritu Santo.
que identifica a Lucas como el autor del Evangelio y del libro de los Hechos de los
apóstoles. Así pues, afirma Guijarro: También Lucas, el compañero de Pablo, escribió en
un libro el evangelio predicado por él (Adv. Haer. 3,1)” (Guijarro, 2010, pág. 392).
Entre otros testimonios que sostienen la autoría de Lucas, podemos mencionar: El Canon
de Muratori, el cual ofrece algunas aclaraciones complementarias sobre el oficio de Lucas y
su relación con Pablo y con Jesús. También, el Prólogo Antimarcionita añade
informaciones sobre el autor y el lugar de composición. A estos se suman otros testimonios
de los Padres de la Iglesia: Tertuliano, Adv. Marc. 4,2,2-3; Eusebio, Hist. Ecl. 3,4,6-7;
Jerónimo, Vir. III.7 (Guijarro, 2010, pág. 393).
Por otra parte, es curioso que la autoría de la obra lucana se atribuyó a un compañero de
Pablo y no a un apóstol como era más recomendable. Pero, esto causó cierta polémica, ya
que el libro de los Hechos de los Apóstoles muestra un pensamiento teológico diferente al
de las cartas de Pablo. Por tal motivo, para Piñero (2006) existe otra tesis, obviamente más
moderna sobre la autoría de la obra lucana: “Pudo ser bien un judeocristiano muy
helenizado, o un pagano no muy cercano al judaísmo, es decir, un prosélito o convertido a
la religión judía” (pág. 377).
De todas maneras, el autor es una persona culta, conocía bien el griego, tenía amplia
información sobre el Antiguo Testamento. Como menciona Karris: “Lucas domina bien la
lengua griega, puede escribir perfectamente, tanto en el estilo elegante de Lc 1,1-4, como el
de los LXX de Lc 1,5-2,52” (Karris, R., 2004, pág. 134). Podríamos decir que era un
discípulo de la tradición apostólica con cultura helénica, que tenía autoridad dentro de las
comunidades cristianas. Pero hasta ahora, la tesis más defendida sobre la autoría lucana es
la tradicional, la cual sostiene que el autor es Lucas, el médico y compañero de Pablo en los
viajes misioneros.
“mar de galilea” al lago de Galilea, ya que el término mar queda reservado para el mar
Mediterráneo. Además, Lucas conoce, de manera más precisa, la organización del imperio.
El ambiente de la obra de Lucas es el mundo del imperio porque la obra misma hace
referencia a elementos históricos, sociales y culturales del imperio de aquel entonces.
También, Lucas hace referencia a cuestiones de la ley y de las costumbres judías, pero de
manera distante. Para Lucas, el mundo del imperio es el ambiente más importante que
influenció en la escritura de su obra. Veamos algunos elementos:
Además, Lucas hace referencias a las Escrituras y a las costumbres judías (Lc 4,25-27),
como también al Templo y a la Ley (Lc 2,21-28) porque Jesús es judío y pertenece al
judaísmo, y en ese ambiente, purificará la fe y dará una nueva orientación a la ley judía y al
culto del Templo. Por tal motivo, según Lucas, Jesús ofrece la salvación a todos (Lc 3,6),
comenzando por Jerusalén con los judíos y a todas las naciones con los paganos.
En cuanto se refiere a los destinatarios, lo más probable es que sean las comunidades
cristianas que se encuentran ubicadas en Roma. De hecho, para dichas comunidades, Pedro
y Pablo son personajes muy importantes (de quienes habla el libro de los Hechos de los
Apóstoles). Por tal motivo, Lucas aborda mucho el tema de la conversión constante y la
renovación permanente, como también, Lucas invita a estar alerta, despiertos para rechazar
las seducciones del mundo. Es decir, estar en comunión con Dios, arraigados en el
Evangelio para no acomodarse a las propuestas que ofrece el imperio.
122
El libro de los Hechos de los Apóstoles gozó de gran estima en la Iglesia antigua, pero
independientemente del Evangelio de Lucas. Actualmente, sabemos que, los exégetas
recomiendan leer el libro de Hechos, juntamente con el Evangelio, ya que es el mismo
contexto que cobija a los dos libros. El libro de los hechos fue muy difundido por las
comunidades cristianas del siglo II y III d. C. así, lo atestigua san Ireneo.
Por otra parte, Lucas se sirvió, probablemente, de fuentes escritas (Guijarro, 2010, págs.
409-410), entre ellas están tres, básicamente: la aramea, la antioquena y el diario de viaje.
La primera es la “fuente aramea”, pues, los capítulos del 1 al 12 del libro de los Hechos
poseen numerosas expresiones de origen semítico.
La segunda es la “fuente antioquena”, que en la primera mitad del libro (Hch 1-15), los
relatos están vinculados a lugares y comunidades concretas, como Jerusalén, Cesarea y
Antioquía. Esta última está vinculada más con Hch 6-15). Anotamos algunos bloques:
En estos bloques literarios se narra la difusión del Evangelio desde Jerusalén hasta
Antioquía.
Por otra parte, Lucas no usa las cartas de Pablo como fuentes para componer este libro,
tal vez no las conocía y no quiso usarlas o quizá no estaban todavía muy difundidas.
Asimismo, no usó las cartas de Pedro, quizá porque eran objeto de polémica (2Pe 3,15-16)
y Lucas no quiere entrar en polémica, pues no es su estilo.
Podemos afirmar con toda seguridad, que Lucas escribió una obra original, la cual sirvió
de modelo para otros escritos posteriores, o sea, los llamados libros apócrifos. Como ya
dijimos anteriormente, el libro de los Hechos de los Apóstoles es una “monografía
histórica” compuesta con toda la libertad del autor, ya que narra los acontecimientos
históricos de la predicación apostólica y la Iglesia naciente.
Sin lugar a duda, para Guijarro (2010): “El libro de los Hechos es una monografía
histórica, en la que se entrelazan relatos y discursos de los diversos personajes con ayuda de
sumarios y otros recursos literarios que facilitan la articulación del texto” (pág. 411). Así
pues, algunos de los relatos son breves, como la persecución de Herodes Agripa contra la
124
comunidad de Jerusalén (Hch 12,1-2) y otros episodios son repetitivos, como la conversión
de Pablo (Hch 9,1-30; 22,3-16; 26,4-20).
Asimismo, los discursos son importantes en el libro porque muestran las enseñanzas
de Jesús agrupadas. Entre los discursos están los de carácter misionero, dirigidos a los
judíos por parte de Pedro (Hch 2,14-36) y los dirigidos a los paganos por parte de Pablo
(Hch 17,22-31). En el primero, el tema es el Kerygma, anuncio de la pasión, muerte y
resurrección de Jesús; mientras que en el segundo, el tema es el paso del Evangelio a los
paganos. También, están los discursos dirigidos a grupos de discípulos por Pedro (Hch
1,16-22; 15,7-11), Santiago (Hch 15,13-21) o Pablo (Hch 20,18-35). Además, tenemos los
discursos forenses, donde Pablo se defiende de sus acusadores (Hch 22-26).
Finalmente, otro elemento importante, son los sumarios que sirven para señalar el
comienzo de un nuevo desarrollo (Hch 1,14) de la difusión del Evangelio por medio de la
predicación de los apóstoles, comenzando desde la ciudad de Jerusalén hasta Antioquía y
otras ciudades importantes y lejanas el imperio dominante de aquel entonces.
El título que aparece en los escritos antiguos, en lengua original, según Fitzmyer (2003),
es:
En esta perspectiva, el libro de los Hechos de los Apóstoles ha sido determinado como
una monografía histórica, un género literario helenístico muy conocido en aquel entonces.
Hechos es un escrito o una narración histórica, aunque muchos datos no tengan una
precisión histórica, sin embargo el libro muestra la concatenación de acontecimientos de la
iglesia primitiva cristiana que iba multiplicando sus comunidades en diversos lugares con la
difusión y la vivencia del Evangelio de Cristo.
En cuanto al autor, se afirma que es el mismo que escribió el tercer evangelio, ya que los
dos libros contienen, por un lado, el mismo destinatario “Teófilo” y por otro, el libro de los
Hechos es la continuación de los acontecimientos del evangelio de Lucas. El evangelio
escrito termina en Jerusalén con la ascensión de Jesús a los cielos y el mandato a propagar
en el Evangelio a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Mientras que el libro de
los Hechos continúa con la difusión del mandato del maestro a sus discípulos, llevando el
Evangelio a las naciones cercanas y lejanas, como cumplimiento del mandato del Maestro
porque el libro de los Hechos de los Apóstoles es continuación del evangelio de Lucas,
comenta Fitzmyer (2003):
La fecha de composición oscila desde el año 60 a. C., antes de la muerte del apóstol
Pablo hasta el año 150 d. C. cuando se comenzó a hablar de los criterios del canon del
Nuevo Testamento. Pero, hoy por hoy, la fecha más aceptada por los exégetas es la que gira
alrededor del año 90 d. C., cuando la tradición paulina ya había crecido y las comunidades
cristianas avanzaban cada vez más en la fe y el Evangelio se iba difundiendo a lo largo y
ancho del imperio de aquel entonces, a pesar de la persecución cruel y sangrienta a los
cristianos de la época.
126
La intención del libro de los Hechos es, obviamente, la difusión del Evangelio a todos
los confines de la tierra, comenzando desde Jerusalén. Por eso, El libro narrará como se
desarrolla la iglesia de Jerusalén y el anuncio del Evangelio a las poblaciones de los
gentiles en Antioquía, Tarso, Roma y otros muchos lugares del Imperio Romano. En el
tercer evangelio, el protagonista es Jesús acompañado de sus discípulos, que anuncia el
Reino de Dios por medio de la predicación, las curaciones y los gestos de misericordia;
mientras que en el libro de los Hechos, el protagonista es el Evangelio de Jesús que es
difundido por medio de la predicación apostólica, la misma que es impulsada y guiada por
el Espíritu Santo.
El libro de Hechos forma parte de la obra lucana; por tal motivo, al igual que el tercer
evangelio, forma parte de un mismo pensamiento teológico. Así pues, el libro de los
Hechos, hoy, se lee conjuntamente con el evangelio.
La lapidación era la pena de muerte del pueblo judío, que se imponía a quien
cometía los pecados de: adivinanza (Lv 20,27); blasfemia (Lv 24,16);
idolatría (Dt 17,2-5); incluso violación del sábado (Num 15,35) y todos los
delitos de naturaleza teológica. El lugar del suplicio era fuera de la ciudad (Lv
24,14) (págs. 1485-1486).
127
El libro de los Hechos podría ser dividido de dos maneras: la primera consta del
protagonismo de Pedro (Hch 1-12) y el protagonismo de Pablo (Hch 13-28). Sin embargo,
la actividad de Pablo se nota en Hch 8,3; 9,1-10; asimismo, la actividad de Pedro se ve en
Hch 15,1-35. Por tal motivo, existe una segunda división que distribuye al libro en tres
partes, reconociendo también, la actividad de os helenistas:
Este segundo esquema responde a Hch 1,8 que dice que el Evangelio debe llegar,
primero, a Jerusalén, luego a Judea y Samaria, y finalmente hasta los confines del mundo.
Es decir, el texto recuerda el mandato de Jesús resucitado a los discípulos y da importancia
a tres lugares geográficos, como el tercer evangelio: Jerusalén, Judea y Samaria, y los
confines de la tierra.
En este sentido, el libro contiene tres transiciones, la primera Hch 1,12 que narra que
los apóstoles regresan a Jerusalén para desde allí, comenzar la tarea del anuncio del
Evangelio. Luego, la segunda transición Hch 8,1-2 relata la muerte de Esteban,
inmediatamente después, la iglesia de Jerusalén, huyendo de la persecución judía, se
dispersó a las regiones de Judea y Samaria. En cambio, la tercera transición Hch 15,36-
16,10 evoca la misión de Pablo, Bernabé y sus colaboradores, quienes realizarán la misión
evangelizadora en los lugares de los gentiles. Pero ya antes, Hch 13,47 se enuncia el tercer
lugar geográfico, los “confines de la tierra”, en el discurso que Pablo dirige a los gentiles en
Antioquía. Así pues, en la primera transición, los protagonistas son los Doce apóstoles
(Hch 1,15-26); en la segunda, los principales testigos de la salvación son los helenistas
(Hch 6,1-6); y en la tercera transición, los protagonistas del anuncio del evangelio son
Pablo y sus colaboradores (Hch 15).
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Entonces, la división completa del libro para Guijarro (2010), según los lugares
geográficos (pág. 416), donde se difundirá el Evangelio, es la siguiente, estructurada en tres
partes: La Iglesia de Jerusalén, de Jerusalén a Antioquía y Hasta los confines del mundo.
Veamos la estructura:
El libro comienza con algunas referencias al evangelio de Lucas, como por ejemplo, el
destinatario, Teófilo (Hch 1,1), las apariciones de Jesús resucitado (Hch 1,3) y su ascensión
a los cielos (Hch 1,9-11). Estos dos últimos acontecimientos hacen suponer que el libro de
los Hechos de los Apóstoles es la continuación del tercer evangelio. Lo novedoso en el
prólogo es que presenta los datos de los cuarenta días después de la resurrección se da la
ascensión (Hch 1,3) y los dos hombres vestidos de blanco (Hch 1,10). Pero el escenario es
siempre alrededor de la ciudad de Jerusalén; asimismo, se resalta el mandato que Jesús dio
129
a sus discípulos, de anunciar el Evangelio, comenzando desde Jerusalén hasta llegar a los
confines de la tierra (Lc 24,46-49; Hch 1,8).
Esta primera parte, relata el testimonio de los apóstoles en Jerusalén, En efecto, el libro
mismo indica que ellos se situaron en Jerusalén (Hch 1,12) y después, con la muerte de
Esteban, muchos seguidores de Jesús, dejando Jerusalén, se trasladaron a las regiones de
Judea y Samaria (Hch 8,2). En este relato, los Doce apóstoles son los protagonistas del
anuncio del Evangelio, luego, se adhieren el grupo de los helenistas en el servicio a las
viudas. De esta manera, la palabra iba creciendo en las comunidades cristianas. Además,
algo novedoso es el dato sobre la muerte de Judas (Hch 1,18-19), que no sabemos la fuente
de la que se sirvió el autor para dar esta información. Con referencia a la muerte de Judas,
comenta la Biblia de Jerusalén (1995):
El primer grupo está constituido por los Doce apóstoles que dan testimonio de la
resurrección de Jesús en Jerusalén (Hch 1,15-5,42). Mientras que, el segundo grupo es el de
los helenistas que realizarán el servicio de la caridad a las viudas. Entonces, en esta parte
encontramos varias secciones: La primera narra la conformación de la Iglesia de Jerusalén
por obra del Espíritu Santo (Hch 1,5-2,47). El segundo relato se centra en el testimonio y
persecución de Pedro y de Juan (Hch 3,1-4,31). El tercer relato narra la actividad misionera
de los apóstoles (Hch 5,2-42).
130
En el segundo relato (Hch 3,1-5,11), los protagonistas del testimonio del Evangelio son
Pedro y Juan, quienes curan un paralítico. Esto produce admiración en la gente y alaban a
Dios por su bondad. Es decir, la salvación de Dios es ahora, a través de los apóstoles que
sanan; mientras que, la gente alaba a Dios. También, existe la invitación de parte de los
apóstoles al arrepentimiento de los pecados y a la conversión.
Por otro lado, los jefes de Israel se fastidian por los prodigios que realizan los apóstoles,
por tal motivo, mandan a arrestar a Pedro y a Juan para imponerles un juicio ante el
Sanedrín (Hch 4,1-22). Aquí, es preciso proclamar que Jesús es el único salvador (Hch
4,12). Pero la persecución acompañará al anuncio del Evangelio (Hch 5,17-42). A pesar de
todas las contrariedades que experimentarán los apóstoles, ellos continuarán predicando la
Palabra y obedeciendo a Dios con valentía (Hch 4,31) porque el Espíritu Santo obra en
ellos.
131
En cambio, la sección de esta primera parte (Hch 6,1-8ª) muestra el protagonismo de los
helenistas, quienes dan testimonio de la caridad de Dios. Primero, ellos son reconocidos por
los apóstoles, son de buena fama y están llenos del Espíritu Santo (Hch 6,3; Is 11,2). Entre
ellos, está Esteban, quien fue el primero en morir por la fe cristiana y sembrar con su sangre
la fidelidad al Evangelio en la vida e incluso en la muerte. Ellos fueron una pieza
fundamental en la difusión del mensaje evangélico a otros lugares fuera de Jerusalén.
Comenzando por la muerte de Esteban, quien siguió los pasos de Jesús, ya que oró también
por quienes le condenaban (Hch 7,60) antes de morir. Lo que provocó la muerte de Esteban
es su discurso al Sumo Sacerdote y otras autoridades judías. Hizo referencia a Abrahán,
José, Moisés y al pueblo de Israel. Esto provocó la ira y rabia; por eso, Esteban fue
condenado a la pena de muerte judía, como era la lapidación, una muerte cruel para que
sirva de escarmiento a la fe cristiana y este acontecimiento desató la persecución a los
cristiano por parte de los judíos.
la base de las demás comunidades y el fundamento que rige la misión evangelizadora de los
helenistas. Por tal motivo, los siete helenistas en Jerusalén (Hch 6,1-7); mientras que en
Antioquía se encuentra el grupo de los profetas y maestros (Hch 13,1) construyendo la
comunidad de fe cristiana.
Por otra parte, Saulo aparece en el camino a Damasco, donde Dios lo llama para que sea
su instrumento de evangelización (Hch 9,1-31). Luego, Pablo predica en las sinagogas de
Damasco con un gran fervor misionero y después, llegará a Jerusalén (Hch 9,26-30) para
unirse en la fe con los discípulos de esa comunidad porque aquella es la comunidad madre
de todas las comunidades de fe que se están fundando en diversos lugares.
Pedro, por su parte, evangeliza la región costera de Palestina (Hch 9,32-11,18). Allí,
Pedro cura a un paralítico en Lida, resucita a una mujer en Jope y visita a Cornelio,
centurión romano en Cesarea (Hch 10,1-11,18). La escena más importante se ubica en la
casa de Cornelio, un pagano muy cercano a Israel (Hch 10,1.28). En efecto, él es un
hombre temeroso de Dios. Además, Cornelio es el primer pagano que recibe el bautismo
por parte de Pedro. Es decir, el Espíritu Santo se derramó sobre circuncisos y sobre gentiles
(Hch 10,44-46).
La segunda sección (Hch 11,19-15,35) introduce el texto: “los que se habían dispersado”
(Hch 11,19); es decir, desde Jerusalén hasta traspasar las fronteras de Judea y de Samaria, y
llegar con el anuncio del Evangelio hasta Fenicia, Chipre y Antioquía. Ahora, es un nuevo
escenario donde se siembra el Evangelio y se forma la Iglesia de Antioquía.
Esta tercera parte comienza con la separación de Pablo y Bernabé (Hch 15,36-41). Pues,
Pablo con Silas y sus otros colaboradores serán ahora los portadores del mensaje
evangélico. Desde ahora, Antioquía ha dejado de ser el centro de su actividad
evangelizadora, en adelante se ubicará para su ministerio en ciudades como: Corinto, Éfeso
y Roma. En efecto, Pablo y sus colaboradores realizan la actividad misionera en diversas
ciudades de Asia Menor y Grecia (Hch 16,11-20,38). Es decir, el mensaje de Jesús está
llegando hasta los confines de la tierra. Pero sin desligarse de los apóstoles de la Iglesia de
Jerusalén, a quienes daba cuenta de todo lo que hacía.
Pablo, en su inmensa actividad misionera, visitó muchas ciudades, entre ellas están:
Filipos, Tesalónica, Berea, Atenas, Corinto, Éfeso y otras. Todo este recorrido lo hace
acompañado de su colaborador, Silas, quien lo acompañó desde la separación de Bernabé,
el acompañante de Pablo en el primer viaje misionero. Por consiguiente, en esta tarea
misionera, Pablo formó cada comunidad cristiana en las distintas ciudades y le dio su forma
y estructura. Por eso, las distintas comunidades tendrán su cabeza y su organización dejadas
por el gran misionero Pablo de Tarso y sus colaboradores Silas, Timoteo, Aquila, Priscila;
esta última es una mujer, esposa de Aquila, un judío del Ponto (Hch 18,2).
Las comunidades grandes formadas por Pablo, se encuentran en las ciudades de Atenas,
Corinto, Éfeso. Atenas era importante para Grecia y toda la cultura helénica. Asimismo,
Corinto, era una importante ciudad portuaria y capital de la provincia de Acaya, donde se
recompone el grupo misionero de Pablo, Silas, Timoteo y la incorporación de Aquila y
Priscila (Hch 18,1-11). Allí fue intensa la enseñanza de la Palabra de Dios. Luego, en
Éfeso, hubo la particularidad de que varios discípulos no habían escuchado hablar del
Espíritu Santo y sólo han recibido el bautismo de Juan (Hch 19,1-7). Pues, Pablo les
explicó que el bautismo de Juan era sólo un bautismo de conversión; mientras que, el
134
bautismo de Jesús es un bautismo del Espíritu Santo. Por tal razón, Pablo les impuso las
manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo.
Luego de Éfeso, Pablo con su grupo de misioneros visita las ciudades de Tróade, donde
resucitó a un muerto y Mileto (Hch 20,7-38), donde despidió a los presbíteros de Éfeso y se
dirigirá a Jerusalén. En la capital del pueblo judío, se desatará las acusaciones contra Pablo,
pero él está dispuesto a subir a Jerusalén por el nombre de Jesús y cumplir la voluntad de
Dios (Hch 21,1-14). En Efecto, Pablo es arrestado en Jerusalén por los judíos venidos de
Asia por predicar contra la Ley de Moisés y profanar el Templo, haciendo entrar al interior
a griegos paganos (Hch 21,27-29), Inclusive intentaron darle muerte. En este mismo lugar,
Pablo dio un discurso a los judíos de Jerusalén, explicándoles que es un judío de pura cepa,
discípulo de Gamaliel y, a la vez, ciudadano romano (Hch 22,1-29). También, Pablo fue
interrogado por el Sanedrín y luego enviado a Cesarea, donde estuvo cautivo (Hch 24,22-
27). Pues, el proceso de Pablo duró dos años (Hch 24,27). Al final, Pablo apeló al César
(Hch 25,1-16); por tanto, será enviado a Roma para que sea juzgado allá en esa ciudad.
Los últimos relatos concluyen con el viaje de Pablo a Roma (Hch 27,1-28,31),
atravesando la isla de Malta; dicha narración se desenvuelve con la primera persona plural
“nosotros”. En Roma, Pablo continuó predicando el Evangelio a los dirigentes judíos de
Roma (Hch 28,17-29).
EL relato del libro de los Hechos termina resaltando el encuentro con los
responsables judíos en la casa de Pablo, a quienes les predicó el reino de Dios (Hch 28,30-
31), de una manera libre y sin temor alguno. Por tanto, el mandato de Jesús de anunciar el
Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del mundo, se ha cumplido con la predicación
de los apóstoles y la conformación de las distintas comunidades cristianas en las diversas
ciudades del imperio romano.
Contenido
1. INTRODUCCIÓN AL NUEVO TESTAMENTO ...................................................................................... 5
1.1 ¿Cómo se escribió el Nuevo Testamento? ................................................................................ 7
1.2 ¿Cómo se formó el canon de los libros del Nuevo Testamento? .............................................. 8
1.3 Contexto de los libros del Nuevo Testamento ........................................................................ 10
1.3.1 El Judaísmo ....................................................................................................................... 11
1.3.2 El Helenismo ..................................................................................................................... 14
1.4 Historia y Geografía de Palestina al tiempo de Jesús.............................................................. 16
1.4.1 Historia ............................................................................................................................. 17
1.4.2 Geografía .......................................................................................................................... 21
2. LA LECTURA DEL NUEVO TESTAMENTO ........................................................................................ 28
2.1 El Estudio del Nuevo Testamento en los últimos siglos .......................................................... 28
2.2 La Historia de la Formas .......................................................................................................... 31
2.3 La Historia de la Redacción ..................................................................................................... 32
2.4 El Estudio Sociológico del Nuevo Testamento ........................................................................ 33
3. LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS ...................................................................................................... 36
3.1 La Tradición oral ...................................................................................................................... 37
3.2 El Problema sinóptico .............................................................................................................. 37
3.2.1 La Fuente Q ...................................................................................................................... 39
3.3 Redacción de los Sinópticos .................................................................................................... 52
3.3.1 El Discursivo...................................................................................................................... 53
3.3.2 El Narrativo ....................................................................................................................... 53
4. EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO ............................................................................................. 55
4.1 Composición del Evangelio...................................................................................................... 55
4.2 Lectura del Evangelio de Mateo .............................................................................................. 57
4.2.1 Presentación de Jesús (Mt 1,1-4,16) ................................................................................ 59
4.2.2 Predicación y actuación de Jesús (Mt 4,17-16,20) ........................................................... 60
4.2.3 La Pasión y muerte de Jesús (Mt 16,21-28,20) ................................................................ 66
4.3 Contexto vital del Evangelio de Mateo ................................................................................... 71
136
Bibliografía
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