Resumen de “El último teorema de Fermat”
La intención del autor de este libro es contarnos la historia de uno de los más grandes
enigmas del mundo matemático el teorema de Fermat, los orígenes del problema se
dieron en la antigua Grecia, dos mil años antes de que Pierre de Fermat planteara el
problema en la forma en que se conoce hoy en día. Conecta los fundamentos
matemáticos creados por Pitágoras con las ideas más sofisticadas de las matemáticas
modernas. El último teorema de Fermat era el pico más alto del Himalaya de la teoría
de números.
Considerando los avances en física, química, medicina e ingeniería desde el siglo XVII.
En medicina se ha progresado hasta la ingeniería genética, se han identificado las
partículas atómicas y hemos llevado hombres a la Luna; pero, en teoría de números, el
teorema de Fermat permanecía indescifrable. En el último teorema, los matemáticos
tenían su mayor reto, y la persona que encontrara la respuesta recibiría la admiración
de todos los matemáticos. Fermat fue el padre de la moderna teoría de números, y
desde aquel tiempo las matemáticas han evolucionado, progresado, y se han ramificado
en varios campos, en los que nuevas técnicas han generado nuevas áreas de las
matemáticas.
En 1963 a la edad de 10 años Andrew Wiles encontró el mejor problema en la biblioteca
pública, llena de acertijos matemáticos que era lo que más le gustaba, allí encontró un
libro(El último problema; escrito por Eric Temple Bell ,solamente hacía referencia al
teorema del matemático francés Pierre de Fermat) poco común que a diferencia de los
demás no tenía las soluciones en las páginas posteriores, un problema tan simple y
ninguno de los grandes matemáticos de la historia lo había demostrado aún, desde
aquel momento jamás salió de su cabeza y sabía que debía resolverlo. El libro trata
sobre el teorema de Pitágoras y su infinidad de ternas, estas son combinaciones de tres
números enteros que se ajustan a la ecuación pitagórica: x^2+y^2=z^2.Pero al ser
elevada a la tercera potencia, parece no existir combinaciones de números enteros que
satisfagan la ecuación, y se complica aún más si cambiamos la potencia por otra mayor
con valor n.
Fermat mientras estudiaba el libro II de la Aritmética, llegó a una serie de observaciones,
problemas y soluciones relacionados con el teorema de Pitágoras y con las ternas
pitagóricas. De pronto, en un momento de inspiración proclamó el teorema de Fermat,
tal como se conoce, establece que x^n+y^n=z^n no tiene solución con números enteros
cuando n es mayor que 2. Esta ecuación seria la que leería aquel Andrew Wiles de diez
años en la biblioteca pública. Fermat afirmó que en ningún lugar del universo infinito de
los números existía una “terna fermatina”. Era una afirmación extraordinaria, pero
Fermat se creía capaz de demostrarla. Tras el primer apunte marginal que bosquejaba
la teoría, el travieso genio anotó un comentario adicional que iba a atormentar a
generaciones de matemáticos:
“Poseo una prueba en verdad maravillosa para esta afirmación a la que este margen
viene demasiado estrecho”.
El sueño de su niñez y de su madurez fue resolver el problema, cuando treinta años
más tarde Wiles ya todo un profesional que laboraba en la Universidad de Princeton y
de la cual era uno de los mejores matemáticos reveló por primera vez su demostración
en 1993, aquello representaba siete años de duro trabajo dedicado al problema, con
una gran concentración y determinación. Varias de las técnicas que usó aún no habían
sido creadas cuando empezó su labor. Agrupó el trabajo de muchos matemáticos,
uniendo ideas y creando conceptos que otros habían temido desarrollar. Andrew Wiles
guardó su trabajo para sí mismo, salvo en las últimas etapas. Wiles tenía una verdadera
pasión por ser el primero en resolver el problema, una pasión suficientemente fuerte
como para dedicarle siete años de su vida y mantener su objetivo en secreto
Pierre de Fermat nació el 20 de agosto de 1601 en Francia. Fue abogado además de
un aficionado a las matemáticas. Fermat era tímido, pero tenía una veta de malicia, pues
escribía cartas con sus acertijos más recientes sin la solución, y desafiaba a dar con ella
a matemáticos de la época. Al no revelar sus desarrollos causaba frustración en sus
contemporáneos tales que, Descartes llamó a Fermat “engreído” y el inglés Wallis se
refirió a él como “ese maldito francés”. Fermat contribuyó con la aparición de la teoría
de probabilidades, además estuvo vinculado a la creación de otra área de las
matemáticas, el cálculo.
Wiles reviso los estudios de todos los matemáticos que habían intentado demostrar el
último teorema. Empezó estudiando el trabajo del matemático que primero logro un
progresó en la resolución del teorema. Euler partió con ventaja porque descubrió una
pista escondida en los apuntes de Fermat. Ahí describió de manera críptica, una prueba
para el caso específico de n = 4 y la incorporó a la demostración de un problema
totalmente distinto. Aun a pesar de que ésta es la operación más completa que Fermat
dejó por escrito, los detalles son superficiales para demostrar que no hay soluciones
posibles para la ecuación x^4+y^4=z^4.Sirviéndose del método de descenso infinito,
Fermat había demostrado que para la ecuación con n = 4 no existen soluciones posibles.
Euler envió una carta al matemático Christian Goldbach que había aplicado el método
de descenso infinito de Fermat y que había demostrado con éxito el caso de n = 3.
Después de cien años, era la primera vez que alguien conseguía algún acercamiento al
desafío de Fermat.
Después Gabriel Lamé demostró el caso del primo n = 7.Luego Cauchy comunicó que
había estado trabajando en una línea parecida a la de Lamé y que también él estaba a
punto de publicar una demostración. Seguidamente Kummer que era un teórico de
números del más alto nivel había repasado los detalles de Cauchy y Lamé, que se
basaban en la utilización de una propiedad de los números conocida como factorización
unívoca. La factorización unívoca establece que sólo existe una combinación posible de
números primos tal que al multiplicarlos entre sí dan como resultado un número
determinado la factorización unívoca es cierta para los números reales. Kummer había
demostrado que una prueba completa del último teorema de Fermat se hallaba fuera
del alcance de los enfoques matemáticos al uso. A lo largo de su adolescencia, Andrew
Wiles había estudiado los trabajos de Euler, Cauchy, Lamé y, por último, Kummer.
Con la publicación de la obra de Kummer, se perdieron las esperanzas de encontrar
una solución para el último teorema de Fermat. Hasta que en 1908, Paul Wolfskehl, un
industrial alemán de Darmstadt, revivió el problema; cuando por una decepción amorosa
decide suicidarse, planeo dispararse a media noche hasta eso arreglaría sus asuntos
financieros. Sin embargo termino mucho antes de la hora prevista; así que decide ir a la
biblioteca y comenzó a curiosear entre las publicaciones matemáticas, descubre que
Kummer se saltó un paso en su demostración al elaborar el una prueba; así que la
prueba de Kummer había sido reparada y el último teorema de Fermat continuaba sin
ser descifrado , para pagarle a las matemáticas por haberle salvado la vida decide dar
más de la mitad de su fortuna a quien lograra demostrar dicho teorema creándose el
premio Wolfskehl por la universidad de Gotinga .
La máquina de Turing era capaz de ejecutar cálculos de una extensión complicada para
los humanos. Los ordenadores de hoy ejecutan más cálculos en un instante que los que
realizó Fermat a lo largo de toda su vida. Con la llegada del ordenador, los casos difíciles
del último teorema de Fermat podían ser despachados con rapidez y, tras la segunda
guerra mundial, equipos de informáticos y de matemáticos demostraron el último
teorema de Fermat para todos los valores de n hasta 500, luego hasta 1000 y por fin
hasta 10000, y más recientemente pudieron afirmar que el teorema de Fermat era cierto
para todos los valores de n inferiores a cuatro millones. Aun cuando el teorema fuera
demostrado cierto hasta el valor de mil millones, no habría ninguna razón para que
también lo fuera con el valor de mil millones más uno.
En 1954, un brillante joven matemático de la Universidad de Tokio fue a la biblioteca de
su departamento. Goro Shimura buscaba una copia del libro Matematische Annalen. En
particular estaba buscando un artículo de Deuring sobre su teoría algebraica de la
multiplicación compleja, que necesitaba como ayuda para un cálculo particularmente
difícil y enigmático; pero se lo había llevado Yutaka Taniyama, pero sugirió que podían
compartir sus ideas y tal vez colaborar en el problema. Sin saber que
su colaboración cambiaría el curso de la historia de las matemáticas
Las formas modulares estudiadas por Shimura y Taniyama son una de las cosas más
misteriosas y extraordinarias de las matemáticas. En el siglo XX, Martin Eichler, las
contó como una de las cinco operaciones fundamentales: suma, resta, multiplicación,
división y formas modulares. La característica es su alto grado de simetría. Estas
se pueden desplazar, invertir, intercambiar, reflejar y rotar en un número infinito
de maneras y siempre permanecen inalteradas, por lo que son los objetos matemáticos
más simétricos. Las formas modulares y las ecuaciones elípticas habitan regiones
completamente diferentes del cosmos matemático y nadie creía que existiera una
relación entre los dos temas. Taniyama y Shimura sorprenderían a la comunidad
matemática al sugerir que las ecuaciones elípticas y las formas modulares son en
realidad una sola cosa.
El gran potencial de la conjetura de Taniyama-Shimura afirma que cada ecuación
elíptica debe estar relacionada con una forma modular. Si la conjetura fuera cierta,
permitiría a los matemáticos abordar problemas elípticos que habían permanecido sin
resolver durante siglos. Uno de los conferencistas del simposio en Oberwolfach,
Alemania 1984, Gerhard Frey, matemático de Saarbruck, no podía ofrecer ninguna idea
nueva sobre cómo atacar la conjetura, pero hizo la sorprendente afirmación de que, si
alguien conseguía demostrarla, podría probar de manera inmediata el último teorema
de Fermat
En 1986 Kent Ribet había probado el nexo entre Taniyama–Shimura y el último teorema
de Fermat, Wiles sabía posiblemente más que nadie en el mundo sobre ecuaciones
elípticas, pero era consciente de que incluso con sus enormes conocimientos y
habilidades matemáticas la tarea que quedaba por realizar era inmensa. Para demostrar
el último teorema de Fermat Wiles debía probar la conjetura de Taniyama–Shimura que
se aplica a un número infinito de casos, y aunque un ordenador puede comprobar cada
caso individual en pocos segundos nunca podría comprobarlos todos. Wiles
descubrió el primer paso de su demostración escondida en el trabajo de un genio, de
trágico destino, de la Francia del siglo XIX; Inmerso en los cálculos de Galois había un
concepto conocido como teoría de grupos, una idea que había desarrollado hasta
convertirla en una potente herramienta capaz de resolver problemas previamente
insolubles. Un siglo y medio después, Wiles usaría el trabajo de Galois como el
fundamento para su prueba de la conjetura de Taniyama–Shimura.
Después de siete años de esfuerzo en solitario, Wiles había completado una
demostración de la conjetura de Taniyama– Shimura. Como consecuencia, y tras treinta
años de soñar con ello, había demostrado también el último teorema de Fermat. Al
finalizar la conferencia en Cambridge, el comité Wolfskehl fueron informados de la
demostración de Wiles; y como no se le podía reconocer el premio antes de que fuera
sometido a un proceso de revisión y que a su vez es revisado por un grupo de
evaluares. Pero lo evaluadores revisaban excautivamente la demostración que era
enorme y encontraba pequeños errores gramaticales, tipográficos o triviales que se
podían arreglar sin problema alguno. Pero un día Nick katz encontró un error en la
demostración, pero esencia el error no significaba que la prueba de Andrew estuviese
mal, pero debería consolidar la demostración de tal forma que el método de kolyvagin-
Flach también pudiese ser adaptado para la demostración tal que pudiera ser utilizado
para cada elemento e las series E y M.
Wiles tras 14 meses de estudio logro arreglar y en 1994 se dio fin al teorema que
por más de 300 años intrigo a muchos matemáticos, finalmente se había resuelto
el teorema de Fermat. Ya no habían dudas el manuscrito de Wiles de dos artículos y de
130 páginas, los cuales fueron exhaustivamente revisado lo que posteriormente fue
publicado por Annals of Mathematics (mayo de 1995).Este gran paso abrió un tremendo
paso para la teoría de números, la recopilación que hizo Wiles había reunido casi todos
los grandes avances de la teoría de números del siglo XX y los había incorporado en
una imponente demostración. Había creado técnicas nuevas y había combinado con las
tradicionales en formas que nadie habría considerado posibles.
No hay duda de que nunca reemplazará del todo la obsesión que tuvo con el último
teorema de Fermat. “No hay otro problema que pueda significar lo mismo para mí. Fue
la pasión de mi infancia. Nada puede reemplazar eso. Lo he resuelto. Intentaré
resolver otros problemas, estoy seguro. Algunos serán muy difíciles y tendré una
sensación de realización otra vez, pero no hay ningún problema matemático que me
pueda capturar como lo hizo Fermat. Al haber resuelto este problema existe
ciertamente una sensación de pérdida, pero a la vez hay una sensación tremenda de
liberación. Estuve tan obsesionado con el problema que durante ocho años pensé en
él todo el tiempo; desde que me levantaba por la mañana hasta que me iba a dormir
por la noche. Es mucho tiempo para pensar en una sola cosa. Esta odisea en
particular se ha acabado. Mi mente descansa.”