Estudios sobre la obra de Emilia Pardo Bazán: Actas de las Jornadas conmemorativas de los ISO años de su nacimiento
Emilia Pardo Bazán ante la
CONDICIÓN FEMENINA
Marina Mayoral
Profesora Titular de Literatura Española de la Universidad Complutense
de Madrid y Escritora
I. Cuál era el ideal femenino en la época de doña Emilia
Para entender la postura de doña Emilia ante la condición femenina conviene recordar antes cuál era la
postura de la sociedad de su tiempo.
La propia doña Emilia nos lo va a decir:
El ideal femenino para el hombre español y por extensión para la sociedad de su tiempo es un mode
lo tradicional, sin variaciones desde el pasado.
Para el español, por más liberal y avanzado que sea, no vacilo en decirlo, el ideal
femenino no está en el porvenir, ni aún en el presente, sino en el pasado. La esposa mode
lo sigue siendo la de cien años hace.
Ese modelo perpetúa la falta de instrucción y la ignorancia de las mujeres hasta extremos ridículos:
Hombre conozco que se pasa la vida patullando en el charco de la política, y censura
como el mayor delito o escarnece como la mayor ridiculez el que una mujer se atreva a emi
tir opinión sobre un negocio público. Y en cuanto a conocimientos de otro orden, muchos
opinan lo mismo que el papá de una amiga mía, que, habiéndole preguntado su hija si
Rusia está al norte, contestó muy enojado: A las mujeres de bien no les hace falta saber eso.
La falta de instrucción femenina lleva a un tipo de relación en la pareja en la que es imposible la comu
nicación intelectual:
En mi patria, lejos de aspirar el hombre a que la mujer sienta y piense como él, le place
que viva una vida psíquica y cerebral, no sólo inferior, sino enteramente diversa.
En el modelo ideal femenino es esencial la creencia religiosa católica, sea cual sea la postura ideológi
ca del varón:
Sean ellos lo que gusten -deístas, ateos, escépticos o racionalistas-, sus hijas, hermanas,
esposas y madres no pueden ser ni son más que acendradas católicas1.
Esa distancia entre lo que el hombre es y lo que quiere que sea la mujer da origen a dualidades muy
curiosas entre la vida pública y la privada, que son comentadas con ironía por doña Emilia. Cuenta el caso,
que debió de ser proverbial en su tiempo, del mitin de librepensadores al que podían asistir señoras.1
1. Emilia Pardo Bazán, La mujer española y otros escritos, edición de Guadalupe Gómez-Ferrer, Madrid, Cátedra, col. Feminismos, 1999,
p. 87, 88-89.
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Cuando le preguntaron al presidente por qué no había asistido la suya contestó: "Mi esposa no es libre
Jorn ada s conmem ora tiva s de los 15 0 añ os de su nac imient o
Estud ios sobre la ob ra de Em il ia Par do Ba z á n
pensadora, gracias a Dios"2.
Pero Pardo Bazán no se contenta con ejemplos que podrían parecer chistes y cita con nombres y ape
llidos a conocidas figuras públicas en las que se produce esa dualidad. Así nos cuenta que don Estanislao
Figueras, presidente de la República, rezaba diariamente el rosario con su mujer y que en la casa de Emilio
Castelar mientras vivió su hermana Concha no se servía carne en vigilia.
II. Causas de esta situación
A ctas de las
Doña Emilia vio con claridad que la raíz del atraso de la mujer española estaba en una concepción erró
nea por parte de la sociedad de la naturaleza femenina. Su ensayo "La educación del hombre y la de la
mujer" es un espléndido análisis de la situación y de los remedios posibles. Señala dos errores funda
mentales: El primero consiste en considerar que "el papel que a la mujer corresponde en las funciones
reproductivas de la especie humana determina y limita las restantes funciones de su actividad humana".
De ahí se deriva un segundo error: el de creer que "la mujer es más apta para su providencial destino cuan
to más ignorante y estacionaria". La educación para los hombres sería un camino de perfeccionamiento
humano mientras que para las mujeres sería una traba en su función reproductora. De todo ello deriva una
consecuencia: la del destino relativo de la mujer, la idea de que "el eje de la vida femenina no es la digni
dad y felicidad propia, sino la ajena del esposo e hijos, y si no hay hijos ni esposo, la del padre o del her
mano y cuando éstos faltaren, la de la entidad abstracta género masculino"3. Es decir que la vida de la
mujer no tiene sentido en sí misma y está siempre en función de otra vida.
III. Permanencia y arraigo de estos errores
Del arraigo y extensión de esta creencia nos da idea el hecho de que participen de ella personas tan tole
rantes e inteligentes como Galdós, cuyas relaciones íntimas con doña Emilia hacían suponer otro tipo de
gustos. Pero, a la hora de escoger las cualidades que pueden hacer feliz a una mujer, Galdós se decide por
aquellas que la convierten en complemento del hombre. La revista femenina La Vie Heureuse envió un
cuestionario a los escritores más famosos de la época preguntándoles cuales son las cualidades que hacen
más feliz a una mujer. Galdós no llegó a enviar las respuestas, pero escribió tres en el reverso del cuestio
nario:
Harán feliz a la mujer las cualidades que realcen y complementen o suplan las cuali
dades del hombre.
Todas las cualidades que la hagan digna del hombre sin parecerse al hombre.
El conocimiento del hombre y el arte de poseer la ciencia de la vida y el arte de disi
mularlo4.
2. Idem, pp. 89-90.
3. La educación del hombre y la de la mujer (Memoria leída en el Congreso Pedagógico el día 16 de octubre de 1892), cito por La mujer
española y otros escritos, ed. cit., pp.151-152.
4. Este fue publicado por H. Chonon Berkowitz en "Gleaning from Galdos'correspondance", Hispania, octubre 1933, p. 276.
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Emil ia Pardo B azán ante la condición fenenina
Tipos femeninos del siglo XIX
Est ud io s sobre la obr a de Em il ia Par do Bazán
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A ctas de las Jor na da s co nm em or ati va s de los 15 0 año s de su nacimiento
Imágenes de la mujer en la prensa del siglo XIX
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Es curioso que también Cecilia Bohl de Faber, una mujer instruida, recomienda a la mujer el disimulo
de sus conocimientos. Así habla por boca del personaje del abad en su novela Clemencia-,
No hay nada en el mundo, hija mía, que se deba disimular más que una superioridad,
pues es lo que menos perdonan los hombres (...) Persuádete de esta verdad: la superiori
dad es una carga, como lo es para el gigante su estatura; gozar de ella y disimularla con
benevolencia y no con desdén, es la gran sabiduría de la mujer. (...)
Lo que aprendas, líbrete Dios de lucirlo, pues harías de un bálsamo un veneno: oculta las flores; que
cuando su vista no brille, será más suave y más atractivo el perfume que aun involuntariamente exhalen5.
No hay que olvidar tampoco que esa concepción de la complementariedad femenina llegó hasta bien avan
zado el siglo XX y puede verse en las obras de formación para jóvenes publicadas por Pilar Primo de Rivera:
El hombre es el rey; la mujer, los niños, las ayudas, los necesarios complementos para
que el hombre alcance su plenitud (De "La mujer en casa")6.
Así quería a la mujer la sociedad de la época, pero ¿cómo es la mujer ideal de doña Emilia? No es fácil
decirlo. Veamos primero los medios que pone para remediar lo que no le gustaba.
IV. Remedios que propone doña Emilia
Para superar esta situación de dependencia de la mujer doña Emilia considera indispensable proporcionarle
una educación que le permita llegar a la emancipación económica. Defiende el trabajo femenino en todos los
campos, desde el trabajo manual a la cátedra universitaria. Esas ideas las desarrolló de modo teórico en su
ensayo "La educación del hombre y la de la mujer" y en "La mujer española" y de modo más vivo y dramá
tico en sus novelas. Veamos primero la crítica que hace de la instrucción femenina según las clases sociales:
De las mujeres aristócratas critica algunos aspectos de su formación, pero está claro que esa es su clase
preferida y que prefiere defenderla que atacarla. Recordemos sus puntualizaciones a La Montálvez de
Pereda al que acusó de hablar de lo que desconocía y de repetir tópicos falsos7.
Hay muchas alabanzas en su obra a mujeres de la aristocracia. No necesitan trabajar para vivir porque
les basta con administrar sus rentas y cultivar su inteligencia para hacer un buen papel social. Aun así cri
tica su educación en la que ve dos defectos: es floja y muy extranjerizante: "Todo para ser elegante y
correcto ha de venir de Francia, Alemania o Inglaterra."8 No insiste en los defectos pero se ve que le gus
taría una aristocracia femenina menos superficial, más culta, con mayores conocimientos de los clásicos
españoles y menos volcada hacia lo extranjero.
Su visión de la señorita burguesa es despiadada: "Las señoritas no sirven par cosa alguna. Quédanse
en la casa paterna, criando moho, erigidas en convento de monjas sin vocación"9. Su única aspiración es
casarse o que las mantenga un hermano, que es el que ha estudiado una carrera. Pecan de cursis, imitan a
5. Clemencia, edición de Julio Rodríguez, Madrid, Cátedra, 1982, pp. 179-180.
6. Cito por Paul Prestan, Las tres Españas del 36, Barcelona, Plaza Janés, 1998, p. 165.
7. "Los resquemores de Pereda", en Obras completas, t. III, Madrid, Aguilar, 1973, p. 1.002.
8. "La mujer española", en La mujer española y otros escritos, ed. cit., p. 97.
9. Ibídem, p.101.
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la aristocracia, su educación está encaminada solo a hacerlas "presentables", no tienen instrucción inte
Estu dios sobre la ob ra de Em il ia Pardo Ba z á n
lectual, pero tampoco saben arte culinario ni hábitos de limpieza e higiene, ni buen gusto para vestir y lle
var una casa, ni siquiera para el arreglo personal.
En su novela La prueba, segunda parte de Una cristiana, vuelve a la carga sobre esta clase social. Las
páginas iniciales del capítulo IV de la novela son una crítica feroz a la clase media femenina. Las cuatro
hijas de la viuda de un subsecretario, "las señoritas del primero", le sirven para pintar el cuadro de unas
mujeres "cuya inutilidad e intolerable sosería son fruto combinado de la vida anodina, la deficiencia de
instrucción, la estrechez de miras y la frivolidad"1'1.
Aparte de algunas aristócratas concretas, la mujer de su tiempo más alabada por Pardo Bazán es la
obrera e industrial catalana a la que ve como "una mujer de la civilización y de la edad moderna en toda
la fuerza del término."11 Sus características son:
•Aseo y asiduidad al trabajo.
•Conciencia de que ese trabajo es "un deber y acaso un honor".
•El orden.
•La sencillez en el vestir .
•El espíritu agenciador y práctico.
•La aspiración a las comodidades ganadas con el sudor de su frente.
•La independencia nacida de su propia consagración al trabajo.
Pardo Bazán sólo le señala un pequeño fallo: tiene menos ductilidad, maña y agrado que la parisina
para engatusar a los compradores o ganarse una propina.
V. Modelos literarios
La burguesa Fe Neiras
Repasando novelas y ensayos vemos que doña Emilia piensa que tiene que surgir un nuevo modelo feme
nino. Lo ve ya en esa trabajadora de Cataluña y lo ejemplifica para la clase media en la figura de Fe Neiras,
cuyo nombre no es arbitrario. Encarna la fe en un futuro que podrá ser remoto, pero que llegará.
La protagonista Fe Neiras, concebida como una réplica a la Tristana de Galdós12 11 convierte en porta
10, se
voz de las ideas de la autora. Feíta es la séptima hija de una familia de once chicas y un sólo varón. Desde
niña manifiesta su disconformidad con la decisión del padre de dar estudios al hijo, que no vale para ello,
mientras le niega a ella el permiso de acudir al Instituto. Don Benicio, el padre, es una persona bondado
sísima, pero participa ciegamente de las creencias de su época sobre el papel de la mujer:
Hija mía, Dios hizo a la mujer para la familia, para la maternidad, para la sumisión,
para las labores propias de su sexo (...) No lo olvides nunca o serás la criatura más anti
pática, más ridicula y más despreciable del mundo: un marimacho13.
10. La prueba, en Obras completas, 1.1, Madrid, Aguilar, 1963, p. 633.
11. "La mujer española", ed. cit., p.109.
12. Desarrollo esta idea en "Tristana y Feíta Neiras, dos versiones de la mujer independiente" en Galdós. Centenario de «Fortunata y Jacinta.
Actas del Congreso Internacional, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense, Madrid, 1989, pp. 337-344.
13. Doña Milagros, en Obras completas, t. II, Madrid, Aguilar, 1964, p. 429.
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La mujer contemporánea de Emilia Pardo Bazán
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Caricatura de doña Emilia. [Procedencia: Museo del Pueblo de Asturias]
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E mil ia Pardo Bazán
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Esas labores, según don Benicio, son muy reducidas y así se lo explica Feíta a Mauro Pareja: "Coser,
bordar, rezar y barrer, dice mi padre que le basta a una señorita"."
Frente a aquellas ideas tradicionales se alza la nueva mentalidad encarnada por Feíta que no duda en
ante la cond ición fenenina
enfrentarse a su padre para declarar sus propósitos: "Quiero estudiar, aprender, saber y valerme el día de
mañana sin necesidad de nadie. Yo no he de estar dependiendo de un hombre14
15."
Esa independencia y esa emancipación de la familia se consigue mediante un trabajo remunerado. Fe
Neiras lo consigue dando clases a domicilio y su loa cuando cobra su primer sueldo revela la importancia
del dinero ganado honradamente:
¡Dinerito de mi alma! (...) ¡Qué bien me sabes! ¡Qué embelesada estoy contigo! Te he
ganado yo, yo misma; no te he recibido de manos de ningún hombrón; no eres señal de
mi esclavitud, ¡eres prenda de mi emancipación total y absoluta!16
Mauro Pareja, que teme por ella, la pone en guardia y le hace ver que sus aspiraciones son imposibles
por el momento:
Todas esas novedades que le bullen a usted en esa cabecita revolucionaria... serán
muy buenas en otros países de Europa o del Nuevo Mundo; lo serán tal vez aquí, en mil
novecientos ochenta; lo que es ahora..., ¡desdichada de usted si se obstina en ir contra la
corriente!17
Fe quiere realizar la aspiración de doña Emilia de que las mujeres tengan un destino propio, no un des
tino relativo. Ella es todavía una excepción, pero, por su decidida actitud de ganarse la vida por sí misma
y de no supeditar su destino al de otras personas, no cabe duda de que es el modelo propuesto por Pardo
Bazán para la mujer del porvenir. Y su defensa de la libertad al rechazar la proposición de matrimonio de
Pareja todavía hoy resulta conmovedora:
Sólo aspiro a gozar de la libertad... no para abusar de ella en cuestiones de amorucos
(...) sino para interpretarme, para ver de lo que soy capaz, para completar, en lo posible,
mi educación, para atesorar experiencia, para..., en fin, para ser algún tiempo y ¡quién
sabe hasta cuando ! alguien, una persona, un ser humano en el pleno goce de sí mismo18.
Una posibilidad fallida: la inglesa Mo
En La prueba había aparecido otra posibilidad: la inglesa Mo, a quien uno de los personajes, Luis, el amigo
del protagonista narrador, considera en un primer momento "la mujer del porvenir", "la mujer nueva",
que es definida de este modo: "hembra superior al nivel general de su sexo, libre de preocupaciones enfer
mizas; varonil en el mejor sentido de la palabra, que es el que implica fuerza, entendimiento y resolu
ción."19 Pero a la postre resulta aún peor que las vituperadas señoritas del primero:
14. Memorias de un solterón, en Obras completas, t. II, Madrid, Aguilar, 1964, p. 470.
15. Doña Milagros, ed. cit., p. 429.
16. Memorias de un solterón, ed. cit., p. 487.
17. Memorias de un solterón, ed. cit., p.510.
18. Ibídem, p. 509.
19. La prueba, ed. cit., p.647.
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Hoy por hoy, no sé si te diga que prefiero el tipo de nuestra mujer ignorante y cerril
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■< s a una marisabidilla como Mo. Las cosas a medias, los conatos, siempre tienen algo de
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ca i aborto, cierto sello ridículo20.
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«á | La aristócrata Clara Ayamonte
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uJ A mi entender es en La quimera donde doña Emilia da su modelo de mujer del porvenir de clase alta. Igual
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que Fe Neiras es el modelo mesocrático, Clara Ayamonte lo es de la aristócrata.
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o Clara Ayamonte ha sido educada por su padrino, el doctor don Mariano Luz Iranzo (de nuevo un nom
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bre simbólico: luz), sin "trabas ni anteojeras". Es una mujer culta, viuda a los veintitrés años, a quien su
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S o padrino recomienda no volver a casarse para defender su libertad: "Lee el Código, y verás que una mujer
8 3 no es dueña de sus acciones hasta que enviuda."21
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K S< Esa viudedad no implica el retiro del mundo. El doctor Luz profesa las mismas doctrinas sobre libertad
LU
sexual que el comandante Pardo, el hermano de Nucha, la desgraciada señora de Los Pazos de Ulloa: No hay
un pecado más para las hembras. Todo se reduce a una cuestión social. Recordemos algunos párrafos de la
conversación que en la novela Insolación mantiene el comandante con Asís Taboada a propósito de este tema22:
La infeliz de ustedes que resbala, si olfateamos el resbalón, nos arrojamos a ella como
sabuesos, y, o se salva casándose con el "seductor", o la matriculamos en el gremio de las
mujeres galantes hasta la hora de la muerte.
La mujer se cree infamada, después de una de esas caídas, ante su propia conciencia,
porque lo más malo, lo más infamante, lo irreparable es eso; que es como el infierno, donde
no sale el que entra. A nosotros nos enseñan lo contrario: que es vergonzoso para el hom
bre no tener aventuras, y que hasta queda humillado si las rehuye... De modo que lo mismo
que a nosotros nos pone muy huecos, a ustedes las envilece.
La conclusión del comandante es clara:
Es decir que la cosa queda reducida a las consecuencias positivas, exteriores... al cri
terio social. En salvando éste, en no sabiéndose nada, el asunto no tiene más trascenden
cia en ustedes que en nosotros.
Y por lo que se refiere a la propia conciencia se trata de "preocupaciones hereditarias emocionales",
que diría Spencer23.
El doctor Luz razona de igual modo y trasmite a Clara Ayamonte esas mismas ideas de libertad inte
rior y de prudencia frente a la sociedad:
Tus pasiones, siendo como tuyas, en nada te deshonrarán; si las sustraes a la malig
nidad del mundo, procederás con cordura, como procede el que se defiende de una fiera
dañina; pero eso no es lo que importa; es que en tu interior no te creas humillada ni cul
pable porque te sucede lo que viene sucediendo a la Humanidad desde su origen. Contra
esa falsa, injusta preocupación quisiera defenderte, pertrecharte24.
20. Ibídem, p. 687.
21. La quimera, edición de Marina Mayoral, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1991, p. 215
22. Desarrollo estas ideas en la Introducción a mi edición de Insolación, Madrid, Espasá-Calpe (Colección Austral) 1987
23. Insolación, ed. cit., pp. 122-123. '
24. La quimera, ed. cit., p. 216.
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Mar ina Mayoral
Emil ia Pardo Bazán ante la condició n fenenina
La artista: Minia Dumbría
Minia Dumbría se podría decir que representa el alter ego ideal de doña Emilia: artista consagrada que ha
creado sus obras empapándose de la realidad "contra la corriente de los convencionalismos, desdeñando
ataques y groserías."25 En la novela se da por hecho que Minia "ha llegado", es decir: no solo es una artis
ta reconocida, aunque criticada, sino que, fundamentalmente, es alguien que ha conseguido crear unas
obras que pasarán a la posteridad, que es a lo que Silvio Lago aspira.
La imagen que doña Emilia da de la artista consagrada es la de una mujer serena, fuerte, equilibrada,
que lucha día a día, con constancia y sin desfallecimiento en la construcción de su obra. Es la antítesis de
la exaltación nerviosa y falta de disciplina que encarna el joven pintor protagonista. Sus recomendaciones
van siempre por el camino de la disciplina, el trabajo y el alejamiento del triunfo mundano, cosa esta últi
ma que doña Emilia no practicó. Cuando alaba al artista anónimo de la Edad Media y Silvio le hace notar
que ella no ha ido por ese camino, le contesta:
Por eso he recibido en mitad del pecho todas las puñaladas. El arte anónimo era como
el sayal: vestidura idéntica, que identificaba aparentemente. Dentro latía el corazón, el
cerebro funcionaba, la inspiración nada perdía. Hoy... es un infiemo.
VI. Conclusión
Doña Emilia no se ajusta a los cánones de la época sobre lo que debía ser y hacer una mujer. Tampoco disi
mulaba su superioridad como recomendaba Cecilia Bohl de Faber. Su vida no debió de ser fácil. Pese a que
nunca adopta posturas victimistas, se adivinan las dificultades de la mujer creadora. En La quimera hay
varias alusiones, pero pueden interpretarse como dificultades del artista en general, no referidas en espe
cífico a la mujer. Sólo recuerdo dos ocasiones en las que abiertamente habló de la hostilidad que su labor
despertaba.
En la entrevista hecha por El Caballero Audaz:
Tengo la evidencia de que si se hiciese un plebiscito para decidir ahorcarme o no, la
mayoría de las mujeres españolas votarían que ¡sí!26
Y por boca de su personaje Natalia Mascareñas, en su última novela Dulce dueño:
Por haber tenido yo la curiosidad de leer algunos manuscritos del Archivo, las hijas
del juez, que son las de Alcalá, y que me tienen tirria, me han puesto el mote la Literata.
¡Literata! No me meteré en tal avispero ¿Pasar la vida entre el ridículo si se fracasa y entre
la hostilidad si se triunfa?27
Recapitulando lo dicho podemos concluir que la mujer nueva que doña Emilia deseaba se caracteriza
por la independencia económica, conseguida mediante el trabajo honrado, y por la igualdad social con el
25. Ed. cit., p. 150.
26. El Caballero Audaz, Galería, Madrid, Ediciones Caballero Audaz, 1943, p. 273
27. Dulce dueño, edición de Marina Mayoral. Madrid, Castalia (Biblioteca de Escritoras), 1989, p.110.
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A ctas de las Jornadas conm emor ativas de los 150 añ os de su nacimiento
hombre: igualdad de educación, igualdad de oportunidades e igualdad en la moral. Pensaba Mauro
Estudios sobre la ob ra de Em il ia Par do Ba z á n
Pareja, el solterón conquistado por la revolucionaria Fe Neiras, que eso podría ocurrir en mil novecientos
ochenta. Por una vez y faltando a su costumbre, doña Emilia pecó de optimista.