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Vida y obra de Diego Velázquez

Diego Velázquez (1599-1660) fue un pintor español considerado uno de los máximos exponentes de la pintura barroca. Pasó sus primeros años en Sevilla donde desarrolló su estilo influenciado por Caravaggio. A los 24 años se trasladó a Madrid donde el rey Felipe IV lo nombró pintor de cámara, cargo que ocupó el resto de su vida pintando retratos reales. Su estilo evolucionó hacia una gran luminosidad influenciado por sus viajes a Italia. Alcanzó su máxima

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Vida y obra de Diego Velázquez

Diego Velázquez (1599-1660) fue un pintor español considerado uno de los máximos exponentes de la pintura barroca. Pasó sus primeros años en Sevilla donde desarrolló su estilo influenciado por Caravaggio. A los 24 años se trasladó a Madrid donde el rey Felipe IV lo nombró pintor de cámara, cargo que ocupó el resto de su vida pintando retratos reales. Su estilo evolucionó hacia una gran luminosidad influenciado por sus viajes a Italia. Alcanzó su máxima

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Diego Velázquez

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Para otros usos de este término, véase Diego Velázquez (desambiguación).
«Velázquez» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Velázquez (desambiguación).

Velázquez se autorretrató, pintando, en 1656 en su cuadro más emblemático: Las meninas. En las
mangas de su vestido y en su mano derecha se aprecia su estilo final rápido y abocetado. En su
paleta distinguimos los pocos colores que utilizaba en sus pinturas. La cruz de la Orden de
Santiago que lleva en su pecho fue añadida al cuadro posteriormente.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, bautizado el 6 de junio de 15991-


Madrid, 6 de agosto de 1660), conocido como Diego Velázquez, fue un pintor barroco
español considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y maestro de
la pintura universal.
Pasó sus primeros años en Sevilla, donde desarrolló un estilo naturalista de
iluminación tenebrista, por influencia de Caravaggio y sus seguidores. A los 24 años se
trasladó a Madrid, donde fue nombrado pintor del rey Felipe IV y cuatro años después fue
ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores de la corte. A
esta labor dedicó el resto de su vida. Su trabajo consistía en pintar retratos del rey y de su
familia, así como otros cuadros destinados a decorar las mansiones reales. Su presencia
en la corte le permitió estudiar la colección real de pintura que, junto con las enseñanzas
de su primer viaje a Italia, donde conoció tanto la pintura antigua como la que se hacía en
su tiempo, fueron influencias determinantes para evolucionar a un estilo de gran
luminosidad, con pinceladas rápidas y sueltas. En su madurez, a partir de 1631, pintó de
esta forma grandes obras como La rendición de Breda. En su última década su estilo se
hizo más esquemático y abocetado, alcanzando un dominio extraordinario de la luz. Este
período se inauguró con el Retrato del papa Inocencio X, pintado en su segundo viaje a
Italia, y a él pertenecen sus dos últimas obras maestras: Las meninas y Las hilanderas.
Su catálogo consta de unas 120 o 130 obras. El reconocimiento como pintor universal se
produjo tardíamente, hacia 1850.2 Alcanzó su máxima fama entre 1880 y 1920,
coincidiendo con la época de los pintores impresionistas franceses, para los que fue un
referente. Manetse sintió maravillado con su obra y le calificó como «pintor de pintores» y
«el más grande pintor que jamás ha existido». La parte fundamental de sus cuadros que
integraban la colección real se conserva en el Museo del Prado en Madrid.
Índice

 1Reseña biográfica
o 1.1Primeros años en Sevilla
 1.1.1Aprendizaje
 1.1.2Sus comienzos como pintor
o 1.2Rápido reconocimiento en la corte
o 1.3Primer viaje a Italia
o 1.4Madurez en Madrid
o 1.5Segundo viaje a Italia
o 1.6Última década: su cumbre pictórica
o 1.7Documentación contemporánea sobre el pintor
 2El artista
o 2.1Evolución de su estilo pictórico
o 2.2Sus dibujos
o 2.3Reconocimiento de su pintura
o 2.4Influencias y homenajes en el arte del siglo XX
o 2.5Catálogo y museografía
 3Obra
o 3.1La rendición de Breda
o 3.2Retrato del papa Inocencio X
o 3.3Las meninas
o 3.4La fábula de Aracne (Las hilanderas)
 4Otras obras
 5Véase también
 6Referencias
 7Bibliografía
 8Enlaces externos

Reseña biográfica[editar]
Diego Velázquez Autorretrato Museo de Bellas Artes de Valencia

Primeros años en Sevilla[editar]


Diego Rodríguez de Silva y Velázquez fue bautizado el 6 de junio de 1599 en la iglesia de
San Pedro de Sevilla. Sobre la fecha de su nacimiento, Bardi se aventura a decir, sin dar
más detalles, que probablemente nació el día anterior a su bautizo, es decir, el 5 de junio
de 1599.1
Sus padres fueron Juan Rodríguez de Silva, nacido en Sevilla, aunque de
origen portugués (sus abuelos paternos, Diego Rodríguez y María Rodríguez de Silva, se
habían establecido en la ciudad procedentes de Oporto), y Jerónima Velázquez, sevillana
de nacimiento.3 Se habían casado en la misma iglesia de San Pedro el 28 de diciembre de
1597.4 Diego, el primogénito, sería el mayor de ocho hermanos.5 Velázquez, como su
hermano Juan, también «pintor de imaginería», adoptó el apellido de su madre según la
costumbre extendida en Andalucía, aunque hacia la mitad de su vida firmó también en
ocasiones «Silva Velázquez», utilizando el segundo apellido paterno.6
Su casa natal en Sevilla

Se ha afirmado que la familia figuraba entre la pequeña hidalguía de la ciudad.78 Sin


embargo, y a pesar de las pretensiones nobiliarias de Velázquez, no hay pruebas
suficientes que lo confirmen. El padre, tal vez hidalgo, era notario eclesiástico, oficio que
solo podía corresponder a los niveles más bajos de la nobleza y, según Camón Aznar,
debió de vivir con suma modestia, próxima a la pobreza.9 El abuelo materno, Juan
Velázquez Moreno, era calcetero, oficio mecánico incompatible con la nobleza, aunque
pudo destinar algunos ahorros a inversiones inmobiliarias.10 Los allegados del pintor
alegaban como prueba de hidalguía que, desde 1609, la ciudad de Sevilla había
comenzado a devolverle a su bisabuelo Andrés la tasa que pesaba sobre «la blanca de la
carne», impuesto al consumo que solo debían pagar los pecheros,11 y en 1613 comenzó a
hacerse lo mismo con el padre y el abuelo. El propio Velázquez quedó exento de su pago
desde que alcanzó la mayoría de edad. Sin embargo, esta exención no fue juzgada
suficiente acreditación de nobleza por el Consejo de Órdenes Militares cuando en la
década de los cincuenta se abrió el expediente para determinar la supuesta hidalguía de
Velázquez, reconocida únicamente al abuelo paterno, de quien se decía que había sido
tenido por tal en Portugal y Galicia.12
Aprendizaje[editar]
La Sevilla en que se formó el pintor era la ciudad más rica y poblada de España, así como
la más cosmopolita y abierta del Imperio. Disponía del monopolio del comercio
con América y tenía una importante colonia de comerciantes flamencos e italianos.13
También era una sede eclesiástica de gran importancia y disponía de grandes pintores.14
Su talento afloró a edad muy temprana. Recién cumplidos los diez años, según Antonio
Palomino, comenzó su formación en el taller de Francisco Herrera el Viejo, pintor
prestigioso en la Sevilla del siglo XVII, pero de muy mal carácter y al que el joven alumno
no habría podido soportar. La estancia en el taller de Herrera, que no ha podido ser
documentada, hubo de ser necesariamente muy corta, pues en octubre de 1611 Juan
Rodríguez firmó la «carta de aprendizaje» de su hijo Diego con Francisco Pacheco,
obligándose con él por un periodo de seis años, a contar desde diciembre de 1610, cuando
pudo haber tenido lugar la incorporación efectiva al taller del que sería su suegro.1516
En el taller de Pacheco, pintor vinculado a los ambientes eclesiásticos e intelectuales de
Sevilla, Velázquez adquirió su primera formación técnica y sus ideas estéticas. El contrato
de aprendizaje fijaba las habituales condiciones de servidumbre: el joven aprendiz,
instalado en la casa del maestro, debía servirle «en la dicha vuestra casa y en todo lo
demás que le dixéredes e mandáredes que le sea onesto e pusible de hazer»,17 mandatos
que solían incluir moler los colores, calentar las colas, decantar los barnices, tensar
los lienzos y armar bastidores entre otras obligaciones.18 El maestro, a cambio, se obligaba
a dar al aprendiz comida, casa y cama, a vestirle y calzarle, y a enseñarle el «arte bien e
cumplidamente según como vos lo sabéis sin le encubrir dél cosa alguna».17
Los pintores de los que fue aprendiz
Francisco de Herrera el Viejo.
San Buenaventura recibe el hábito de San Francisco.

Francisco Pacheco.
Juicio Final.

Pacheco era un hombre de amplia cultura, autor de un importante tratado, El arte de la


pintura, que no llegó a ver publicado en vida. Como pintor era bastante limitado, fiel
seguidor de los modelos de Rafael y Miguel Ángel, interpretados de forma dura y seca. Sin
embargo, como dibujante realizó excelentes retratos a lápiz. Aun así, supo dirigir a su
discípulo y no limitar sus capacidades.15 Pacheco es más conocido por sus escritos y por
ser el maestro de Velázquez que como pintor. En su importante tratado, publicado
póstumamente en 1649 e imprescindible para conocer la vida artística española de la
época, se muestra fiel a la tradición idealista del anterior siglo XVI y poco proclive a los
progresos de la pintura naturalista flamenca e italiana. Sin embargo, muestra su
admiración por la pintura de su yerno y elogia los bodegones con figuras de marcado
carácter naturalista que pintó en sus primeros años. Tenía un gran prestigio entre el clero y
era muy influyente en los círculos literarios sevillanos que reunían a la nobleza local.19
Así describió Pacheco este periodo de aprendizaje: «Con esta doctrina [del dibujo] se crio
mi yerno, Diego Velásques de Silva siendo muchacho, el cual tenía cohechado un
aldeanillo aprendiz, que le servía de modelo en diversas acciones y posturas, ya llorando,
ya riendo, sin perdonar dificultad alguna. Y hizo por él muchas cabezas de carbón y realce
en papel azul, y de otros muchos naturales, con que granjeó la certeza en el retratar».2021
No se ha conservado ningún dibujo de los que debió realizar de este aprendiz, pero es
significativa la repetición de las mismas caras y personas en algunas de sus obras de esta
época22 (véase por ejemplo el muchacho de la izquierda en Vieja friendo huevos o en El
aguador de Sevilla).
Justi, el primer gran especialista sobre el pintor, consideraba que en el breve tiempo que
pasó con Herrera debió transmitirle el impulso inicial que le dio grandeza y singularidad. Le
debió enseñar la «libertad de mano», que Velázquez no alcanzaría hasta años más tarde
en Madrid, aunque la ejecución libre era ya un rasgo conocido en su tiempo y
anteriormente se había encontrado en el Greco. Posiblemente su primer maestro le
sirviese de ejemplo en la búsqueda de su propio estilo, pues las analogías que se
encuentran entre los dos son solo de carácter general. En las primeras obras de Diego se
encuentra un dibujo estricto atento a percibir la exactitud de la realidad del modelo, de
plástica severa, totalmente opuesto a los contornos sueltos de la tumultuosa fantasía de
las figuras de Herrera. Continuó su aprendizaje con un maestro totalmente diferente. Así
como Herrera era un pintor nato muy temperamental, Pacheco era culto pero poco pintor,
que lo que más valoraba era la ortodoxia. Justi concluía al comparar sus cuadros que
Pacheco ejerció poca influencia artística en su discípulo.7 Mayor influencia hubo de ejercer
sobre él en los aspectos teóricos, tanto de carácter iconográfico, por ejemplo en su
defensa de la Crucifixión con cuatro clavos, como en lo que se refiere al reconocimiento de
la pintura como un arte noble y liberal, frente al carácter meramente artesanal con que era
percibida por la mayoría de sus contemporáneos.23
Debe advertirse, con todo, que de haber sido discípulo de Herrera el Viejo, lo habría sido
en los inicios de su carrera, cuando este contaba alrededor de veinte años y ni siquiera se
había examinado como pintor, lo que solo haría en 1619 y precisamente ante Francisco
Pacheco.24 Jonathan Brown, que no toma en consideración la supuesta etapa de
formación con Herrera, apunta otra posible influencia temprana, la de Juan de Roelas,
presente en Sevilla durante los años de aprendizaje de Velázquez. Habiendo recibido
importantes encargos eclesiásticos, Roelas introdujo en Sevilla el incipiente
naturalismo escurialense, distinto del practicado por el joven Velázquez.25
Sus comienzos como pintor[editar]

Inmaculada Concepción, c. 1618 (National Gallery de Londres)


Adoración de los Magos, 1619. Se estima que sus modelos fueron su familia: así el Niño Jesús sería
su hija Francisca, la Virgen su esposa Juana, Melchor su suegro Pacheco y Gasparsería el mismo
Velázquez.26

Terminado el periodo de aprendizaje, el 14 de marzo de 1617 aprobó ante Juan de


Uceda y Francisco Pacheco el examen que le permitía incorporarse al gremio de pintores
de Sevilla. Recibió licencia para ejercer como «maestro de imaginería y al óleo», pudiendo
practicar su arte en todo el reino, tener tienda pública y contratar aprendices.1514 La escasa
documentación conservada de su etapa sevillana, relativa casi exclusivamente a asuntos
familiares y transacciones económicas, que indican cierta holgura familiar, solo ofrecen un
dato relacionado con su oficio de pintor: el contrato de aprendizaje que Alonso Melgar,
padre de Diego Melgar, de trece o catorce años, firmó en los primeros días de febrero
de 1620 con Velázquez para que este le enseñase su oficio.27
Antes de cumplir los 19 años, el 23 de abril de 1618, se casó en Sevilla con Juana
Pacheco, hija de Francisco Pacheco, que tenía 15 años pues había nacido el 1 de junio de
1602. En Sevilla nacieron sus dos hijas: Francisca, bautizada el 18 de mayo de 1619, e
Ignacia, bautizada el 29 de enero de 1621.1 Era frecuente entre los pintores de Sevilla de
su época unirse por vínculos de parentesco, formando así una red de intereses que
facilitaba trabajos y encargos.
Su gran calidad como pintor se manifestó ya en sus primeras obras realizadas con solo 18
o 19 años, bodegones con figuras como El almuerzo del Museo del Ermitage de San
Petersburgo, o la Vieja friendo huevos de la National Gallery of Scotland de Edimburgo,19
de asunto y técnica totalmente ajenos a cuanto se hacía en Sevilla, opuestos además a los
modelos y preceptos teóricos de su maestro, quien no obstante iba a hacer, a raíz de ellos,
una defensa del género pictórico del bodegón:
¿Los bodegones no se deben estimar? Claro está que sí si son pintados como mi yerno los pinta
alzándose con esta parte sin dexar lugar a otros, y merecen estimación grandísima; pues con estos
principios y los retratos, de que hablaremos luego, halló la verdadera imitación del natural alentando
los ánimos de muchos con su poderoso ejemplo.28

En estos primeros años desarrolló una extraordinaria maestría, en la que se pone de


manifiesto su interés por dominar la imitación del natural, consiguiendo la representación
del relieve y de las calidades, mediante una técnica de claroscuro que recuerda el
naturalismo de Caravaggio, aunque no es probable que el joven Velázquez pudiera haber
llegado a conocer ninguna de las obras del pintor italiano.29 En sus cuadros una fuerte luz
dirigida acentúa los volúmenes y objetos sencillos que aparecen destacados en primer
plano. El cuadro de género o bodegón, de procedencia flamenca, de los que Velázquez
pudo conocer los grabados de Jacob Matham, y la llamada pittura ridicola, practicada en el
norte de Italia por artistas como Vincenzo Campi, con su representación de objetos
cotidianos y tipos vulgares, pudieron servirle para desarrollar estos aspectos tanto como la
iluminación claroscurista. Prueba de la temprana recepción en España de pinturas de este
género se encuentra en la obra de un modesto pintor de Úbeda llamado Juan Esteban.30
Además, el primer Velázquez pudo conocer obras del Greco, de su discípulo Luis Tristán,
practicante de un personal claroscurismo, y de un actualmente mal conocido retratista,
Diego de Rómulo Cincinnato, del que se ocupó elogiosamente Pacheco.31 El Santo
Tomás del Museo de Bellas Artes de Orleans y el San Pablo del Museo Nacional de Arte
de Cataluña, evidenciarían el conocimiento de los dos primeros. La clientela sevillana,
mayoritariamente eclesiástica, demandaba temas religiosos, cuadros de devoción y
retratos,19 por lo que también la producción del pintor en este tiempo se volcó en los
encargos religiosos, como la Inmaculada Concepción de la National Gallery de Londresy
su pareja, el San Juan en Patmos, procedentes del convento de carmelitas calzados de
Sevilla, de acusado sentido volumétrico y un manifiesto gusto por las texturas de los
materiales; la Adoración de los Magos del Museo del Prado o la Imposición de la casulla a
San Ildefonso del Ayuntamiento de Sevilla. Velázquez, sin embargo, abordó en ocasiones
los temas religiosos de la misma forma que sus bodegones con figuras, como ocurre en
el Cristo en casa de Marta y María de la National Gallery de Londres o en La cena de
Emaús de la National Gallery of Ireland, también conocida como La mulata, de la que una
réplica posiblemente autógrafa en el Instituto de Arte de Chicago suprime el motivo
religioso, reducido a bodegón profano.32 Esa forma de interpretar el natural le permitió
llegar al fondo de los

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