El muralismo y David Alfaro Siqueiros
Mtro. Emmanuel Román Espinosa Lucas
Concursante para la impartición de la asignatura Historia del arte mexicano
contemporáneo.
El muralismo fue uno de los movimientos artísticos más sobresalientes en México
durante el siglo XX. Esto se debió a que fue una propuesta que, desde sus primeras
obras, propuso una visión de la identidad nacional, es decir, qué es México y qué
elementos caracterizan a los mexicanos. Asimismo fungió como un arte educativo
dirigido a las clases populares, al pueblo, a los obreros, protagonistas del México
moderno. Por lo tanto, las pretensiones y compromisos sociales imprimieron en el
muralismo un sello distintivo que, a más de 50 años de su debacle, continúa
influyendo en el arte nacional.
Ante su importancia, resulta adecuado y necesario recapitular un poco sobre
el muralismo dada su importancia en la configuración del México moderno. Para
ello, en esta ocasión se retoma a uno de los tres máximos exponentes del
movimiento, David Alfaro Siqueiros, cuyas obras son resultado de un deber férreo
con las causas sociales, pero también responde al contexto de su propia época.
Muralismo
Se le llama muralismo o pintura mural a “aquellas imágenes que se encuentran
plasmadas sobre muros o paredes y que están subordinadas a las condiciones
arquitectónicas del lugar donde se encuentran” (Maldonado Valencia, 2014: 49). Los
murales se caracterizan por encontrarse en el interior o exterior de un edificio, por
lo que ante su ubicación pueden variar las técnicas y materiales utilizados para su
elaboración. De acuerdo con la investigadora Georgina Pino Mora:
El muralismo es algo más que un trabajo artístico en gran escala hecho sobre una
pared, pues es necesario tomar en cuenta todos los requisitos técnicos y estéticos,
en razón de su emplazamiento como parte integral de la estructura del edificio y
resolverse de forma que el espectador o aprecie cómodamente (Pino Mora, 1982:
113).
En el caso del muralismo mexicano, el factor que impulsa su surgimiento es
la Revolución de 1910, la cual, además del conflicto armado representó también
una lucha en el ámbito cultural por recuperar la autonomía artística nacional, la cual
se encontraba influida por corrientes europeas, especialmente la francesa,
importadas durante el Porfiriato (Maldonado Valencia, 2014: 51). Sin embargo, es
hasta la década de 1920 que el muralismo comienza a consolidarse debido al
contexto posrevolucionario, el cual se caracterizó por una reorganización del país
tras 10 años de conflicto y la confluencia de diversas propuestas, durante las dos
décadas siguientes, sobre las vías que tenía que tomar México para llegar a la
modernización, como es el caso de las reformas a la economía, al campo, al trabajo,
a la educación y el nacionalismo revolucionario, el cual el antropólogo y sociólogo
mexicano Roger Bartra (1993: 36-37) define como “una corriente política que
establece una relación estructural entre la naturaleza de la cultura y las
peculiaridades del Estado”. A partir de él se forma una noción del mexicano y lo
mexicano.
El muralismo mexicano se desarrolla en tres etapas. En la primera de ellas,
que abarca aproximadamente de 1920 a 1930, el interés de los artistas estuvo en
plasmar la visión social que cada uno de ellos tenía sobre la identidad nacional. Se
fomenta la revaloración de la cultura y las tradiciones, así como los valores que
diferencian a México y al mexicano respecto de otros pueblos. En la segunda, que
se extiende por las décadas del 30 al 40, el muralismo entra en una etapa de
reflexión sobre el ser mexicano y conformar un arte comprometido con las clases
obreras y campesinas. Los artistas se preocupaban aún más sobre el pasado
histórico, las repercusiones de la Independencia y la Revolución, así también por un
sentido nacionalista (Maldonado Valencia, 2014: 51-52). Finalmente, la última etapa
del muralismo, que se extiende de finales de los 40 a 1954, representa el declive
del movimiento así como el surgimiento de otros como la Ruptura, el cual se
caracterizó por su postura contraria y la presentación de valores más cosmopolitas,
abstractos y apolíticos en su trabajo. Entre sus representantes se encuentran Pedro
Coronel, José Luis Cuevas y Lilia Carrillo, entre otros artistas.
David Alfaro Siqueiros
Mientras los artistas no conquisten la opinión de las mayorías populares no podrán
hacer, con sus medios expresivos propios, con su escala auténtica
correspondiente, un arte poderoso (Tibol, 1974: 17).
José de Jesús Alfaro Siqueiros, mejor conocido como David Alfaro Siqueiros1, fue
un pintor y militar mexicano nacido en Camargo, Chihuahua, en 1896, y fallecido en
Cuernavaca, Morelos, en 1974. Es considerado uno de los máximos exponentes del
muralismo mexicano junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco. Fue alumno
de la Escuela Nacional de Bellas Artes, así como militante del Partico Comunista
Mexicano hasta su muerte.
Para estudiar un poco la vida y trayectoria de Siqueiros, resulta adecuado
dividir este periodo por etapas, siendo la primera de ellas su juventud, donde
establece sus primeros acercamientos con la pintura gracias a su padre, Cipriano
Siqueiros, militar con gran admiración por las imágenes religiosas. Aunque David
no compartió el mismo tenor religioso, si generó un gusto por la obra de Echave
Juárez, Juan Correa y Miguel Cabrera, lo que definió su interés por el arte
(Rodríguez Feregrino, 2010: 48).
1
El nombre “David” se debe a Graciela Amador, primera esposa del artista, quien prefirió llamarlo de esta
manera o también José David.
En 1907 pinta su primera obra Retrato de la virgen de la Silla. Poco tiempo
después se convirtió en alumno del pintor Eduardo Solares Gutiérrez, quien lo
instruyó en el naturalismo. Para 1911, ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes,
donde tomó clases nocturnas y empezó a formar su pensamiento político al
participar en publicaciones independientes así como congresos.
En 1919 viaja a Europa para seguir su formación artística; como el gobierno
mexicano no tenía los suficientes fondos para becarlo, Siqueiros fue trasladado
como ayudante de los agregados militares mexicanos en Francia, Italia y España
(Rodríguez Feregrino, 2010: 50). En su estancia conoce a José Clemente Orozco y
Diego Rivera. Tres años después retorna a México, donde el entonces secretario
de Educación José Vasconcelos lo invita a pintar algunos de los muros de la Escuela
Nacional Preparatoria. Ya para 1924, y tras la formación del Sindicato de Pintores,
Escultores y Grabadores Revolucionarios funda el periódico El Machete junto con
Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rosendo Gómez Lorenzo y Graciela Amador
(Rodríguez Feregrino, 2010: 53).
En esta etapa destaca el primer mural de Siqueiros, titulado Los elementos o
El espíritu de Occidente (1922), la cual se trata de una figura femenina, “una mujer
de brazos musculosos cuya cabeza está cubierta con un velo que la hace lucir como
gitana; la rodean símbolos abstractos de los elementos: aire, viento, agua y tierra,
a los que el mural debe su nombre” (Guadarrama Peña, 2010: 25).
La segunda etapa abarca la madurez de Siqueiros como artista cuya obra se
enfoca principalmente a las cuestiones sociales y políticas. Asimismo se convierte
en portavoz de la clase obrera mexicana en el extranjero. Sin embargo, en 1930 es
apresado debido a su militancia política así como su supuesta participación en una
conspiración que tenía por objeto el asesinato del presidente Emilio Portes Gil. A
finales de ese año es enviado a Taxco, Guerrero, donde obtiene libertad condicional
y conoce al cineasta ruso Serge Einsenstein (Rodríguez Feregrino, 2010: 55).
En 1932 se exilia a California, Estados Unidos, donde continúa su obra. Un
año después emigra a Uruguay y Argentina, de la cual es expulsado en 1936. Para
1937 se une a las Brigadas Internacionales del Ejército Popular español en contra
del régimen de Francisco Franco. Esta experiencia sirve de inspiración para la
realización del mural El coronelazo (1945). En 1940, debido a su participación en
un atentado en contra de León Trotsky, es exiliado a Chile gracias a las
intervenciones del embajador Reyes Spíndola y el poeta Pablo Neruda (Rodríguez
Feregrino, 2010: 56-61). Al terminar su estancia en este país emigra a Perú,
Ecuador, Colombia, Panamá y Cuba, de donde destaca su obra El nuevo día de las
democracias, la cual:
… significó su propuesta de arte de guerra, con una visión optimista. El personaje
principal es la representación de la democracia, reconocible porque porta el gorro
frigio libertario; imagen monumental que emerge en el horizonte como la aurora en
un nuevo día, desde un volcán activo hacia las cordilleras, cubriendo la isla como
un acto protector […]. Esta obra es calificada como el más intenso aporte de
Siqueiros a Cuba por su sentido profético y simbólico de la república libertada y
libertadora, refiriéndose seguramente a la Revolución Cubana posterior
(Guadarrama Peña, 2010: 93).
En 1944, Siqueiros retorna a México. Es invitado a pintar el segundo piso del Palacio
de Bellas Artes, donde realiza Nueva democracia, Víctimas de la guerra y Víctimas
del fascismo. Sobre la primera:
Aparece una imponente figura femenina descubierta hasta el torso, que simboliza la
democracia triunfante, la cual emerge violentamente, como las revoluciones, de un
pequeño volcán en erupción ubicado en un árido y sombrío paisaje de posguerra.
La colosal mujer, en cuyas muñecas se encuentran los grilletes de las cadenas que
ha roto, eleva los brazos como signo de liberación y sostiene con una mano la
antorcha de la libertad y con la otra una floración, símbolo de la paz. Sin embargo,
su gesto no indica felicidad por el fin de la guerra sino que parece estar en el proceso
de un parto doloroso: el nacimiento de la democracia.
Detrás de la nueva democracia aparece un tercer brazo con lo que simula movilidad,
cuyo puño fuertemente apretado es un significante de lucha […]. El fascismo, que
personifica a las fuerzas contrarias a la democracia, fue caracterizado por un
hombre con casco nazi, que yace vencido y con las manos aún ensangrentadas por
los asesinatos (Guadarrama Peña, 2010: 107-108).
En Víctimas de la guerra, la intención de Siqueiros era “mostrar las diversas
masacres contra la población civil de ésta y otras guerras mediante cuerpos
mutilados semidesnudos colocados sobre escalones y pisos fracturados para hacer
más dramática la escena” (Guadarrama Peña, 2010: 109). Víctimas del fascismo,
por su parte, refleja el racismo intrínseco a esta ideología similar a la del Ku Klux
Klan, movimiento que simpatizaba con el fascismo. “La imagen de un hombre negro
torturado con las manos atadas por gruesas cuerdas y la espalda cubierta con
marcas de latigazos exhibe lo irracional de esta ideología” (Guadarrama Peña,
2010: 109-110).
La última etapa corresponde a los últimos años de Siqueiros como artista
hasta su muerte en 1974. Durante este periodo participa en la XXV Bienal de Arte
de Venecia junto a Orozco, Rivera y Rufino Tamayo. Obtiene uno de los primeros
lugares. Asimismo continúa su labor como pintor y muralista. Entre las principales
obras de este periodo se encuentran Por una seguridad completa y para todos los
mexicanos (1951-1954), en el Hospital de la Raza de la Ciudad de México; El pueblo
a la Universidad y la Universidad para el pueblo (1952-1956) en Ciudad
Universitaria; Del Porfirismo a la Revolución (1957-1966), en el Castillo de
Chapultepec, y La lucha y futura victoria de la ciencia médica (1958), en el hospital
de oncología del Centro Médico. Respecto del segundo mural mencionado:
Siqueiros asumió el tema como la consolidación de un supuesto ideal de la
Revolución Mexicana en la que él había participado: el derecho a la educación. El
pueblo que accede a la universidad está simbolizado por loes estudiantes, enormes
figuras que portan emblemas de los diversos campos de la enseñanza que se
imparten en esa institución […]. Uno de los estudiantes, con los brazos extendidos
en diagonal, señala a sus compañeros que el camino es enlazarse con el pueblo, el
cual, ubicado en segundo término, marcha hacia la universidad enarbolando la
bandera nacional (Guadarrama Peña, 2010: 141).
En 1960, David Alfaro Siqueiros fue encarcelado por sexta y última vez
debido a su labor política. Fue enviado al palacio de Lecumberri. Dos años después
fue condenado a ocho años de prisión; sin embargo, le fue otorgado un indulto en
1964. Tres años después recibe por parte del gobierno mexicano el Premio Nacional
del Arte mientras que la URSS le otorga el Premio Internacional de la Paz
(Rodríguez Feregrino, 2010: 66-67). A partir de 1967, comienza a trabajar en la que
fue su última gran obra La marcha de la humanidad en la Tierra y hacia el cosmos:
miseria y ciencia, la cual fue terminada en 1971 y representó la obra de mayores
dimensiones del pintor y en la cual mezcla pintura y escultura en un proyecto
“dividido en cuatro zonas temáticas generales: la marcha de la humanidad hacia la
revolución democrático-burguesa; la marcha de la humanidad hacia la revolución
del futuro; paz, cultura y armonía, y ciencia y tecnología” (Guadarrama Peña, 2010:
174). Finalmente, David Alfaro Siqueiros falleció el 4 de enero de 1974 en
Cuernavaca, Morelos, lugar de su residencia.
La vida y obra de David Alfaro Siqueiros es un testimonio de un arte
comprometido con las causas políticas y sociales, las cuales encontraron en el
muralismo un medio de expresión que sirvió para mostrar una postura ante el
contexto de su época, pero que también pretendió ser una herramienta para la
educación del pueblo mexicano.
Fuentes de consulta
Bartra, Roger (1993). Oficio mexicano. México: Grijalbo.
Guadarrama Peña, Guillermina (2010). La ruta de Siqueiros. Etapas en su obra
mural. México: Instituto Nacional de Bellas Artes.
Pino Mora, Georgina (1982). Las artes plásticas. San José: Universidad Estatal a
Distancia (EUED).
Maldonado Valencia, Manuel Edel (2014). El muralismo mexicano como discurso
pictórico creador de una conciencia social de identidad nacional (tesis de
licenciatura en ciencias de la comunicación inédita). Coatzacoalcos: Facultad de
Ciencias de la Comunicación, Universidad de Sotavento.
Rodríguez Feregrino, Rocío (2010). David Alfaro Siqueiros y su pintura mural: entre
arte político y propaganda política (tesis de licenciatura en ciencias de la
comunicación inédita). México: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Tibol, Raquel (1974). Textos de David Alfaro Siqueiros. México: Fondo de Cultura
Económica.