ESTRATIFICACIÓN Y CLASES SOCIALES.
1.- INTRODUCCIÓN.
2.- SISTEMAS DE ESTRATIFICACIÓN SOCIAL.
2.1. Esclavitud.
2.2. Castas.
2.3. Estamentos.
2.4. Clases.
3.- LA ESTRATIFICACIÓN EN LAS SOCIEDADES MODERNAS: TEORÍAS.
3.1. La teoría de Karl Marx.
3.2. La teoría de Max Weber.
3.3. Erik Olin Wright: un enfoque neomarxista.
3.4. Frank Parkin: un enfoque neoweberiano.
4.- DIFERENCIAS DE CLASE EN LAS SOCIEDADES ACTUALES.
4.1. Diferencias de riqueza y renta.
4.2. La clase alta.
4.3. La clase media.
4.4. La clase obrera.
4.5. La infraclase y la pobreza.
6.- LA MOVILIDAD SOCIAL.
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1.- INTRODUCCIÓN.
a) ¿Por qué son más ricas o poderosas algunas personas que otras en una sociedad democrática
como la nuestra?
b) ¿Qué grado de desigualdad subsiste en las sociedades modernas? ¿Por qué perduran hoy en
día las bolsas de pobreza en los países más ricos?
c) ¿Qué probabilidad de alcanzar la cima económica y social tiene alguien que nacer en una
familia humilde? Estas y otras son las preguntas que nos plantearemos en este tema.
A lo largo de la historia, en todas las sociedades ha existido y existe una distribución desigual
de la riqueza, del poder y de las recompensas materiales o sociales (de los derechos y
obligaciones, de las oportunidades, del prestigio social, etc.). Este es un hecho objetivo y
extendido de una forma universal.
Paralelamente, dichas sociedades inventaron diferentes teorías para explicar e incluso justifi-
car esa desigualdad. Por ejemplo, en las sociedades preindustriales, estuvo muy extendida la idea
de que dichas diferencias son naturales. Así, Aristóteles afirmaba tranquilamente que por
naturaleza unos hombres nacen libres y otros esclavos (el mismo argumento aplicaba a la relación
desigual entre hombres y mujeres). En otros casos, se buscó una explicación religiosa o moral
para justificar dichas diferencias sociales (es el caso del sistema de castas en la India o del sistema
estamental de la Edad Media (que hablaba de las personas de “sangre azul” y que predicaba el
sometimiento y obediencia al señor feudal o a la Iglesia como una virtud cristiana).
Pero a partir del siglo XVII, fue extendiéndose la idea de que todos los seres humanos nacemos
iguales, no desiguales. A partir de entonces, si se supone que la igualdad es la con- dición natural
del hombre, ¿cómo se explicarán y se justificarán las desigualdades existentes en la sociedad?
Desde este momento, ya no cabían explicaciones naturales o divinas, sino que hubo de buscarse
razones de tipo político, económico o, en general, causas sociales, como haremos en estas
páginas. Pero antes, hagamos un repaso de las principales formas de expresarse esas
desigualdades a lo largo de la historia.
2.- SISTEMAS DE ESTRATIFICACIÓN SOCIAL.
Los sociólogos utilizan el término estratificación social para referirse a esas desigualdades de
las que venimos hablando. No hablamos aquí de diferencias individuales o de nacimiento:
La ESTRATIFICACIÓN puede definirse como el conjunto de desigualdades sistemáticas que
aparecen entre diferentes grupos sociales y que dan lugar a la estructura de esa sociedad. El
término nos trae la imagen de los estratos geológicos de las rocas en la superficie de la tierra. La
sociedad puede verse como compuesta por estratos en una jerarquía, con lo privilegiados en la
cima y los más desfavorecidos cerca de la base.
Aunque en las sociedades más simples y más antiguas existía ya una desigualdad, una
estratificación basada en criterios como el sexo, la edad o la estirpe familiar, nosotros vamos a
concentrarnos en cuatro sistemas de estratificación clásicos: la esclavitud, las castas, el sistema
estamental y las clases.
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2.1. Esclavitud.
La esclavitud es una forma extrema de desigualdad, en la cual algunos individuos son,
literalmente, poseídos por otros, como parte de sus propiedades privadas. Ello significa que el
esclavo puede ser vendido por su amo de la misma que lo haría con un animal y, aún más, que
puede darle muerte sin tener que rendir cuentas por ello. No obstante, la historia del esclavismo
va desde una ausencia total de derechos (además, por ley) como ocurría en el sur de los [Link].
en el s. XIX, hasta una situación más cercana a la de un sirviente.
En la Atenas clásica, los esclavos carecían de derechos políticos (no eran considerados
ciudadanos) sin embargo, se hallaban presentes en muchos ambientes y ocupaban algunas
posiciones de gran responsabilidad (educadores, consejeros, capataces de fincas y negocios…).
En Roma, algunos esclavos se hicieron muy ricos con sus actividades mercantiles (incluso
poseían, a la vez, sus propios esclavos).
Pero la historia está salpicada de rebeliones de esclavos. Los sistemas de trabajos forzados de
los esclavos, como las plantaciones, suelen ser inestables, porque para conseguir que tuvieran
una alta productividad era necesaria una constante vigilancia y el uso de métodos brutales de
castigo. Además de provocar luchas y rebeliones, los sistemas esclavistas fallan porque resulta
más eficaz motivar a los trabajadores con incentivos económicos. Es tan simple como que la
esclavitud no consigue unos altos rendimientos.
El tráfico de esclavos realizado por las potencias coloniales occidentales hasta el siglo XIX fue
el último de la historia (también el más extensivo). Hoy puede decirse que ha desaparecido el
esclavismo como sistema extendido y oficial en cualquier país del mundo, aunque existen casos
particulares de trata de blancas y explotación infantil en países de Asia y África, así como
situaciones límite en nuestros propios países (mujeres extranjeras obligadas a prosti- tuirse,
inmigrantes chinos sometidos a las mafias de su país...). Los expertos, como la ONG
estadounidense American Anti Slavery Group, calculan que hoy en día hay 27 millones de
esclavos repartidos por distintos países.
2.2. Castas.
Este sistema se asocia sobre todo a la India.
Curiosamente, el término casta procede del portu-
gués y significa "raza" o "estirpe pura". El sistema
de castas de la India está extremadamente elaborado
y varía en su estructura de una zona a otra, por lo
cual no constituye un sistema única, sino un
conjunto de creencias y prácticas variables.
Eso sí, el sistema está tan arraigado que pese a varios intentos de modernización de la India,
sigue funcionando, sobre todo en las zonas rurales (la mayoría). Principales castas de la India:
Los brāhmanes (sacerdotes) son la casta más alta, que salieron de la boca de Brahmā.
Los chatrías (clase político-militar), que salieron de los hombros de Brahmā.
Los vaishias (comerciantes, artesanos y ganaderos), se formaron de las caderas de
Brahmā.
Los shudras (siervos), que provienen de los pies de Brahmā.
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Por tanto, el rango social corresponde a la pureza religiosa y se entiende que las castas inferio-
res contaminan a las superiores, por lo que se establecen unas normas que restringen sus contactos
(se prohíben los matrimonios entre castas distintas, no aceptar alimentos de la casta inferior, etc.).
La casta más baja e impura, la de los intocables (dalits), es la encargada de los peores trabajos y
de manipular animales o sustancias que son consideradas impuras o conta- minantes (desde un
punto de vista religioso). Los hindúes consideran que los dalits son tan bajos como el excremento.
El sistema de castas está estrechamente ligado a la creencia hindú en la reencarnación Un
elemento básico del hinduismo, el kharma, enseña al hindú que ha nacido en una determinada
casta debido a que se lo merece como consecuencia de sus acciones en una vida anterior. Por su
parte, el dharma es el conjunto de normas sagradas que hay que seguir en la vida presente para
alcanzar una futura reencarnación en una casta superior. De esta manera, la religión contribuye a
evitar rebeliones y a mantener la estricta separación entre los grupos.
2.3. Estamentos.
En la Europa medieval, el Estado feudal consistía en estratos (llamados estamentos o estados)
con diferentes obligaciones y derechos recíprocos, algunos establecidos por ley y otros mediante
normas consuetudinarias (costumbres con valor de ley). El estamento más elevado era el
compuesto por la aristocracia, la nobleza de sangre. El clero formaba otro estamento, con inferior
status pero con importantes privilegios económicos (el diezmo), políticos, jurídicos y sociales.
El llamado "tercer estado" o estado llano lo constituían los plebeyos: siervos de la gleba,
campesinos libres, mercaderes y artesanos.
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La posibilidad de movilidad de un estamento a otro era muy escasa, aunque a veces se tolera-
ban ciertos matrimonios, algunos plebeyos podían ser ennoblecidos por el monarca en
agradecimiento a sus servicios, y en la útlima parte de la Edad Media algunos mercaderes podían
comprar títulos de nobleza. Sin embargo, el sistema se basaba principalmente en la sangre y la
condición social se heredaba de padres a hijos, bien que el estamento eclesiástico era una
posibilidad de ascender en la escala social. Para entender este sistema hay que tener en cuenta la
organización local (feudos) mas que la nacional. Cada señor, propietario de las tierras, recibía
una parte de las cosechas y gozaba de ciertos privilegios (como el de "pernada") a cambio de
proteger a sus siervos y mantener la paz. De hecho, cada señor feudal contaba con su propio
ejército (el Estado nacional moderno, unitario y centralizado, aún no había nacido).
2.4. Clases sociales.
Entre los sistemas descritos anteriormente y el actual sistema de clases existen tres diferencias
básicas:
1º) Las clases no están preestablecidas por ley o por normas religiosas; la perte-
nencia a una u otra clase no se basa en el nacimiento o en la costumbre. Por ello, el
sistema de clases es más fluido, más permeable y no existen fronteras definidas entre
una clase y otra. La movilidad es mucho mayor.
2º) Las diferencias de clase dependen de las diferencias económicas, esto es, de las
desigualdades en la posesión y control de los recursos materiales.
3º) Aquí las relaciones entre las clases no se expresan, como en los otros sistemas de
estratificación, en términos de derechos y obligaciones recíprocas de carácter personal (del siervo
respecto al señor, del esclavo hacia el amo, etc). Las relaciones de clase operan a gran escala,
agrupando a todos los individuos que, por ejemplo, tienen un salario y unas condiciones de
trabajo determinadas.
Sobre esta base, podemos definir la clase como un agrupamiento a gran escala de personas que
comparten una situación económica similar, la cual influye fuertemente sobre el estilo de vida
que son capaces de llevar. La propiedad de la riquza junto con la ocupación son las bases más
importantes de las diferencias de clase. A partir de esos dos criterios, hablamos en nuestras
sociedades occidentales de tres clases principales: la clase alta (los ricos, terratenientes,
empresarios y los más altos ejecutivos; poseen o controlan directamente los recursos producti-
vos), una clase media (la mayoría de los profesionales, comerciantes y trabajadores de "cuello
blanco" como los oficinistas) y la clase obrera (trabajadores de "cuello azul", que viven de
empleos manuales).
3.- LA ESTRATIFICACIÓN EN LAS SOCIEDADES MODERNAS.
3.1. La teoría de Karl Marx.
Carlos Marx nació en Alemania, aunque vivió parte de su vida en Inglaterra. Fue, además de
filósofo, un pionero de la sociología y la economía, historiador y activo revolucionario. La
influencia que desde el s. XIX ha ejercido en el pensamiento y en la historia de Occidente ha
sido enorme.
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Para Marx, una clase social es un conjunto de personas que tienen en común una determinada
relación con los medios de producción (aquellos con los que se ganan la vida y producen lo
necesario para vivir). Más concretamente, las clases se establecen en función de quién posee y
controla dichos recursos. Antes de la Revolución Industrial los medios de producción consis-
tían básicamente en la tierra y los instrumentos para trabajarla, por consiguiente las clases
principales eran los nobles (dueños de la tierra) y los siervos dedicados a trabajarla. En el siglo
XIX, las industrias, la maquinaria y la riqueza o capital necesarios para obtenerlos se hicieron
importantes. Por tanto, las nuevas clases fueron los propietarios de dichos medios de produc-
ción (los industriales o capitalistas) y aquéllos que sólo podían ganarse la vida ofreciendo su
fuerza de trabajo a cambio de un salario: el proletariado.
Según Marx, la relación entre estas clases es de explotación (de hecho, la historia del hombre
ha sido la historia de la explotación de unos hombres por otros). Para entender esto, Marx utiliza
el concepto de plusvalía: el trabajo humano aplicado sobre una materia prima aumenta el valor
de ésta. El origen de la riqueza no está en la tierra o en las materias primas, sino en el trabajo que
las transforma en mercancías aptas para el intercambio mercantil. Pues bien, los trabajadores de
una fábrica, aún cuando recibieran un sueldo digno, están produciendo un plus de valor en los
objetos que fabrican que irá a parar al empresario y que es el origen de los beneficios de los que
se apropia el capitalista. Esto ocurre lógicamente debido al sistema económico imperante, en el
que la propiedad de los medios de producción (tierras, fábricas, maquinaria) es privada.
Las consecuencias son injustas: en un sistema económico como el capitalista, en el que se
genera más riqueza de la que se podía imaginar cualquier tiempo pasado, dicha riqueza no va a
las manos de quien la produce, sino a una pequeña minoría opulenta y explotadora. A su vez, el
propio trabajador se convierte en una mercancía (un objeto que se compra con un sueldo o se
desprecia cuando no interesa) y el trabajo en sí mismo se convierte en algo embrutecedor,
rutinario y opresivo. Estas consecuencias negativas son las que Marx reúne bajo el término
alienación (del latín alienus: ajeno, significa enajenar, arrebatar o hacer ajeno lo que es propio
de uno). El trabajador, en un sistema como el capitalista, está alienado porque se le arrebata el
producto de su trabajo (la riqueza que él genera) y se le convierte a él mismo en cosa, una
mercancía sin derechos y sin libertad para elegir, obligado a trabajar en unas condiciones
infrahumanas.
3.2. La teoría de Max Weber.
También alemán, Weber desarrolla a caballo entre el siglo XIX y XX una extensa obra que le
convierte en uno de los padres de la Sociología actual. Aunque recoge algunas de las ideas de
Marx, su preocupación era netamente científica y no la de transformar políticamente la sociedad.
En primer lugar, aunque Weber acepta que las clases se basan en condiciones econó- micas
objetivas, el control y propiedad de los medios de producción es, para él, sólo uno de los factores
económicos que influyen en la determinación de las clases. Existen otros factores como son los
conocimientos técnicos y las cualificaciones que afectan a los tipos de trabajos que las personas
pueden obtener. Por eso, los profesionales o los puestos de gestión ganan más y tienen
condiciones de trabajo más favorables que los trabajadores de cuello azul. Las cualificaciones,
títulos o conocimientos técnicos que poseen les hacen tener más posibilidades en el mercado de
trabajo.
A diferencia del estricto dualismo de clase en Marx, Weber identifica cuatro clases sociales:
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a) la clase obrera, b) la pequeña burguesía, c) técnicos, especialistas y administradores de bajo
nivel, d) las clases privilegiadas, que ocupan la cima de la jerarquía en cuanto ocupación y pro-
piedad. Otra diferencia es que las clases representan para Max una relación necesariamente de
explotación, mientras que para Weber sólo representan diferentes "oportunidades de vida" en el
mercado de trabajo, sin que necesariamente se tenga que producir una lucha de clases como la
que decía Marx.
En segundo lugar, para Weber, existen otras formas de estratificación social, aparte de la clase
económica, como es el status social. Con este término hace referencia a las diferencias entre los
grupos en cuanto al prestigio o el honor social que le conceden los otros. Así, los médicos y los
jueces gozan en nuestro país de un status o prestigio social superior al de un empresario agrícola
mediano, aunque éste puede que gane más dinero que aquéllos. Otro ejemplo está en la diferencia
de status que poseen las familias ricas de toda la vida (incluso estando algunos arruinados) frente
a los nuevos ricos, de origen humilde y sin "pedigrí", sin un apellido de solera. Por tanto, mientras
la clase es una categoría objetiva (depende de factores económicos exclusivamente), el status
depende de las apreciaciones subjetivas de la gente acerca de los diferentes grupos. El status
refleja el "estilo de vida" de un grupo que tiene su propia conciencia de identidad y posee una
determinada consideración social. Esta
consideración puede ser positiva o bien negativa, como
ocurre con los parias, grupos despreciados y conside-
rados inferiores o sucios, como las minorías étnicas, que
son excluidas de los derechos que poseen los demás (los
judíos en la España medieval o los negros en los estados
suristas de [Link]., un sistema de segregación racial que
permaneció incluso después de ser abolida la esclavitud).
En general, la teoría de Weber sobre la estratificación
se considera más flexible y refinado que el de Marx.
Las aportaciones de ambos son aún hoy día ampliamente utilizadas y, como sus puntos de vista
son en buena medida complementarios y compatibles, hoy encontramos teorías que recogen ideas
de ambos.
3.3. Erik Olin Wright: un enfoque neomarxista.
Este sociólogo estadounidense ha desarrollado en los últimos años una posición teórica que
debe mucho a Marx, aunque incorpora también ideas de Weber. Según Wright, en el sitema
capitalista actual existen, no uno sino tres elementos que influyen en la división de clases: a) el
control sobre las inversiones y el capital, b) el control de los medios físicos de producción (tierra,
fábricas y oficinas) y c) el control sobre la fuerza de trabajo. Pues bien, la clase capitalista sería
aquella que controla cada una de estas dimensiones dentro del sistema de producción, mientras
que la clase obrera la componen aquéllos que no controlan ninguno de estos factores (no pueden
invertir porque no poseen capital, no dirigen su trabajo sino que son dirigidos y no contratan sino
que son contratados).
En medio de estas dos clases principales (que serían básicamente las mismas que en Marx)
existen sin embargo grupos cuya posición es más ambigua, tanto que Wright las denomina
situaciones contradictorias de clase. Es el caso de los capataces y, en general, de los
profesionales liberales (abogados, profesores...) y los trabajadores de cuello blanco. Por una
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parte, deberíamos incluirlos entre la clase obrera pues son contratados por los patronos y reciben
un sueldo a cambio de su trabajo. Pero precisamente su trabajo consiste en dirigir a los obreros
que tienen bajo su control. Por otra parte, poseen un margen de libertad sobre su propio trabajo
que no poseen los trabajadores de cuello azul, sometidos al horario y condiciones laborales
marcadas por otros. Esto les sitúa a medio camino entre los capitalistas y la clase obrera, con
unos intereses de clase que, a veces, pueden resultar contradictorios.
3.4. Frank Parkin: un enfoque neoweberiano.
Este sociólogo británico ha desarrollado, también en las últimas décadas, un acercamiento que
descansa más en Weber, aunque aceptando aportaciones de Marx (la relevancia de la propiedad
de los medios de producción como fundamento básico de la estructura de clase).
La novedad introducida por Parkin es la idea de cierre social que hace referencia a cualquier
proceso mediante el cual unos grupos privilegiados tratan de mantener su control exclusivo sobre
los recursos, limitando el acceso de los demás a ellos. De esta forma, la propiedad de la tierra o
del capital financiero puede ser (y, de hecho, ha sido y es) monopolizada por una mino- ría y
utilizada como una base de poder sobre otros. Pero existen, según Parkin, otras formas posibles
de cierre social, como son la religión (Europa medieval), el origen étnico (Sudáfrica) incluso los
títulos y credenciales académicos (como ocurre en nuestro país con los colegios de abogados,
farmacias, etc, que impiden la libre competencia y restringen el acceso).
El cierre social pone en marcha dos tipos de procesos. La exclusión se refiere a las estrategias
adoptadas por los grupos para impedir el acceso a los recursos valiosos (por ejemplo, en la
primera mitad del s. XX, los sindicatos de blancos en los [Link]. excluían entre sus miembros a
los negros, como medio de mantener sus propios privilegios laborales). La usurpación es el
proceso contrario, el intento de los menos privilegiados de adquirir recursos o derechos que antes
eran monopolizados por otros (como la lucha de los negros estadounidenses para alcanzar el
derecho de afilición sindical). Incluso, dice Parkin, pueden emplearse ambas estrategias
simultáneamente, de usurpación hacia las clases superiores y de exclusión de las clases inferiores,
a lo que él llama cierre dual (los sindicatos blancos hacían huelgas contra los empresarios, para
pedir mayor prticipación en la dirección de la empresa, al mismo tiempo que intentaban excluir
de la afiliación a las minorías étnicas para conservar sus derechos ya adquiridos). Es como si los
que están situados en posiciones medias estuvieran, dirigiendo sus ojos hacia la cima, al tiempo
que se preocupan de mantener su distancia frente a los que tienen debajo.
4.- DIFERENCIAS DE CLASE EN LAS SOCIEDADES ACTUALES.
Algunos sociólogos afirman que ya no tiene sentido hoy día hablar de clases diferenciadas en
las sociedades occidentales modernas. Si es cierto que hace un siglo las diferencias de clases eran
muy acentuadas, hoy las desigualdades materiales han disminuido, debido a la redistribu- ción
de la riqueza por parte del Estado del Bienestar (los impuestos de los ricos se reparten en ayudas
sociales para los más pobres: subsidio de paro, seguridad social, educación universal y
gratuita...). Así, el ideal de la igualdad de oportunidades independientemente del origen que uno
tenga se ha alcanzado por fin.
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Por desgracia, este cuadro dista mucho de ser fiel a la realidad. Todos sabemos que las
oportunidades y el estilo de vida de una persona de clase baja, siguen siendo muy distintas de los
de un hijo de familia adinerada. Las estadísticas lo reflejan incluso en el ámbito de la salud: los
individuos de clase obrera tienen una menor esperanza de vida y una mayor propensión a
enfermedades como el cáncer, la diabetes, la neumonía o
la bronquitis (son estadísticas reales, no inventadas).
4.1. Diferencias de riqueza y renta.
No se puede negar que la mayoría de las personas se
hallan mejor materialmente que en cualquier otra época
anterior. Los trabajadores de cuello azul ganan hoy entre
tres y cuatro veces más que sus homónimos de principios
de siglo. El poder adquisitivo actual de un trabajador es
mucho mayor que los del siglo XIX, que tenían que limitar
a sobrevivir. No obstante, el cuadro no es tan optimismo si
observamos el dato clave: cómo está distribuida hoy la
riqueza y la renta entre las distintas cla- ses. Poniendo como
ejemplo de país occidental moderno a Gran Bretaña,
observamos que el 10% más rico de la población posee el
53% de las riquezas nacionales (datos del año 1989; en
1976 ese mismo 10% controlaba el 50% de la riqueza, con
lo cual las desigualdades no han cambiado, si acaso a peor);
resulta que la mitad más pobre del país sólo disfruta del
6% de la riqueza. El caso
particular de la propiedad de acciones y participaciones de bolsa es más sangrante: el 1% de la
población del Reino Unido posee el 75% de las acciones de bolsa.
Si nos fijamos en los salarios y sueldos, es decir, la renta nos encontramos con las mismas
diferencias. Ya hemos dicho que los salarios de los trabajadores no han dejado de crecer a los
largo del siglo. Ello se ha debido a un aumento de la productividad (el rendimiento por trabajador)
en las empresas gracias al desarrollo de la tecnología, lo cual ha aumentado los beneficios y ha
permitido subir los sueldos. No obstante, si sumamos todos los sueldos y rentas obtenidas por
los ciudadanos del Reino Unido, vemos que la distribución de la renta sigue siendo muy desigual
(el 20% de las familias más ricas obtienen el 50% de las rentas totales del país). Aún así, es cierto
que la renta y la riqueza está algo mejor distribuida en los países occidentales que hace 150 años.
En esta tendencia a un reparto equitativo los Estados Unidos quedan fuera: allí la disparidad entre
ricos y pobres es considerablemente mayor que en la mayoría de los países industrializados
(incluyendo el nuestro). Se habla de 25 millones de pobres en [Link]. (el país más rico del
mundo) y de 43 millones de personas que no tienen ningún tipo de seguro médico y dependen la
beneficencia de los hospitales o instituciones (en [Link] no existe una Seguridad Social universal
y gratuita como en los países europeos).
4.2. La clase alta.
Consta de un número relativamente pequeño de individuos y familias que poseen
considerables propiedades (puede ser entre el 1% y el 5% de la población). Dentro de este grupo
suele haber diferencias de status entre el dinero "viejo" y el "nuevo". Las familias cuyas
propiedades han sido heredadas menosprecian con frecuencia a quienes se han enriquecido por
sí mismos.
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Además, esas propiedades, como decían Marx y Weber, confieren un gran poder social y
político, por que esta clase se encuentra desproporcionadamente representada en los más altos
niveles del poder (en Inglaterra los hijos de familias ricas, que estudian en Oxford y Cambridge,
acaparan muchos de los puestos políticos en el Parlamento y el gobierno). Por tanto, constituyen
una verdadera élite que no sólo tiene el control del capital financiero e industrial, sino que ejercen
su influencia en las posiciones más importantes de las esferas política, educativa y cultural.
Evolución: Hoy no es tan sencillo identificar a la clase alta con un grupo de poderosas fami- lias
con grandes propiedades (tierras, capital financiero o grandes industrias). De hecho, la tierra ha
dejado de ser hoy una fuente identificativa de poder (a nivel nacional, el sector primario aporta
menos del 10% de la riqueza del país). Además, la titularidad de las grandes empresas y
corporaciones de negocios no se encuentran ya en manos individuales, sino en manos de miles
de accionistas que ejercen escasa influencia en la marcha de la compañía. De hecho, son dirigidas
por altos ejecutivos, que son administradores y profesionales de alta cualificación, pero no son
dueños de la empresa. Estos grupos constituyen una verdadera aristocracia de las finanzas que
convive con la clase alta tradicional.
4.3. La clase media.
Designa a personas que trabajan en ocupaciones muy diferentes. Dentro de la clase media
podemos distinguir tres sectores: la vieja clase media, la clase media alta y la clase media baja.
La vieja clase media la componen los pequeños negocios, propietarios de comercios locales y
pequeños propietarios del campo. Su cifra ha descendido continuamente y es que los pequeños
negocios son mucho más inestables, incapaces de competir con las grandes compañías, los
supermercados, cadenas de restaurantes, etc. Aún así, todavía se mantiene como grupo, dado que
hay mucha gente deseosa de establecer un negocio por su propia cuenta.
La clase media alta se compone principalmente de quienes ocupan posiciones de gestión en
las empresas y los profesionales liberales (médicos, abogados, etc). La clave para acceder a este
nivel social está en haber pasado por algún tipo de educación superior (cursos, universidad...).
La clase media baja es una categoría muy heterogénea, incluyendo a personas como
oficinistas, representantes, maestros, enfermeros y otros. A pesar de su corta distancia respecto
a los trabajadores de cuello azul, suelen tener (en conjunto) una actitud política diferente, menos
de izquierdas. Tienden a identificarse con niveles sociales más altos, aún cuando puede que
muchos vivan con rentas inferiores a las de los trabajadores manuales mejor pagados.
Evolución: En los países occidentales, la proporción que supone la clase media ha crecido
constantemente, debido al aumento de los trabajos de cuello blanco frente a los de cuello azul
(por el desarrollo del sector terciario de la economía, los servicios, frente al estancamiento del
sector agrícola y el industrial). El desarrollo de la administración pública (funcionarios del Estado
central y administraciones locales, sanidad, educación, asistencia social, etc) ha contribuido a
este incremento. Ahora bien, no está claro si debemos situar a todos estos trabajadores no
manuales en la clase media o en la clase obrera. Las fronteras entre una y otra se hacen cada vez
más difusas, lo que explica la variación reflejada en las tablas del final del tema, según se
consideren muchos de estos trabajos en un nivel u otro de la escala social. Otra importante
evolución se ha producido con la creciente incorporación de la mujer a estas ocupaciones de
oficina y similares, lo cual está cambiando el estilo de vida de nuestra sociedad radicalmente.
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4.4. La clase obrera.
Como hemos dicho, abarca a quienes trabajan en ocupaciones manuales, de cuello azul, aunque
también existen dentro de ellas diferencias acusadas, sobre todo en función de la cualificación.
La clase obrera alta compuesta por los trabajadores más cualificados, ha sido vista como una
"aristocracia del trabajo", con unas rentas, condiciones de trabajo y una seguridad en el empleo
muy superiores a los de las ocupaciones de cuello azul (no se ven afectados por los crecientes
niveles de desempleo). Son, por ejemplo, los pilotos de avión, técnicos especialistas, etc. Por su
parte, la case obrera baja la componen aquéllos trabajos semicualificados o que no requieren
cualificación ni pasar por un sistema educativo (jornalero, minero, etc). Paralelamente, gozan de
unas rentas más bajas, peores sueldos y una seguridad en el empleo inferior.
También se suele hacer una distinción entre áreas de la economía centrales y periféricas. Los
sectores centrales son aquéllos en los cuales los trabajadores lo son a tiempo completo, obtienen
ganancias relativamente altas y disfrutan de seguridad en el empleo a largo plazo (las
comunicaciones, fábricas de transportes, grandes empresas o la propia Administración). Suelen
estar afiliados a sindicatos y, por tanto, más protegidos y con mejores subidas salariales. Mientras
tanto, los sectores periféricos son aquellos cuyos trabajos son inseguros, tienen bajas ganancias
y una alta proporción de trabajadores a tiempo parcial (agricultura, camareros, confeccionistas,
la construcción...). El nivel de afiliación sindical es bajo, por lo que gozan de menor protección.
Evolución: A lo largo del siglo, el tamaño de la
clase obrera ha ido disminuyendo en los países
occidentales. Tres pueden ser las causas: a) la
continua introducción de maquinaria y tecnología
que ahorra mano de obra (hoy la revolución
informática y la computerización de las cadenas
de producción industrial); b) la crisis económica
de los años setenta (crisis del petróleo) que ha
producido una elevación generalizada del
desempleo en todos los países, afectando más a los
empleos de baja cualificación; y c) el crecimiento
de las industrias manufactureras (textil, etc) fuera
de Occidente, sobre todo en Extremo Oriente,
donde los bajos costes salariales les convierten en
una competencia insoportable para las
tradicionales industrias occidentales. Por otra
parte, en la clase obrera se ha producido el llamado
"aburguesamiento": la conciencia de clase de
los obreros, su solidaridad interna y su carácter
revolucionario han disminuido mucho a lo largo
de siglo. Hoy, la mayoría son propietarios de su
casa, tienen coches, lavadoras, televisores y teléfono. Su estilo de vida y su mentalidad no es
muy diferente de los de la clase media. Ello quizá se deba al predominante modelo consumista,
que ha producido una sociedad de masas, en la que las diferencias entre clases se hacen más
borrosas.
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Sociología 2º Bachillerato Tema 2: clases sociales.
4.5. La infraclase y la pobreza.
La infraclase está compuesta por trabajadores de minorías étnicas (gitanos, inmigrantes
magrebíes), aquellos que se encuentran en una pobreza persistente o sufren el desempleo de larga
duración. Marx los describió durante el s. XIX con el término "lumpemproletariado" (del alemán
'lumpen': harapo, andrajo). Son personas que, sencillamente, no están anclados en el sistema
general del trabajo y el consumo, como los sin-techo (vagabundos, alcohólicos...), o los que viven
en una situación de gran precariedad, ancianos con escasísimas ayudas, aquellas familias nu-
merosas en las que falta el padre, o los que viven en zonas urbanas degradadas, con malas
viviendas y que dependen económicamente de las ayudas del Estado. En definitiva, son los
pobres de la sociedad.
Pero, ¿qué es la pobreza? ¿Cuándo podemos calificar de pobre a una persona o una familia?
Los expertos suelen distinguir entre pobreza absoluta (carecer de los requisitos básicos para
mantener una condición física saludable, es decir, alimento y cobijo para que funcione normal-
mente nuestro cuerpo) y pobreza relativa (la gran separación de las condiciones de vida de una
persona respecto a los niveles medios de la sociedad; por ejemplo, alguien que carece de luz y
agua caliente puede ser calificada de pobre en nuestra sociedad, aunque tenga más que la mayoría
de los habitantes del tercer mundo). De todas formas, utilizar un sólo criterio (el nivel de renta)
suele ser poco realista.
Los datos de 1987, para Gran Bretaña, son de 10 millones de pobres (19% del total) y 5 mill.
que viven en los márgenes de la pobreza. Sumados, constituyen el 28% de la población de uno
de los países más ricos y avanzados del mundo. En [Link]. se calculan en 25 millones de pobres
y en la Unión Europea (calificando como pobres a aquellos que perciben una renta inferior a la
mitad de la renta per cápita media) son 44 millones (el 14%).
En España, un Informe de Cáritas de 1984 revelaba la existencia de 8 mill. de pobres (sobre un
20%), con la matización de que parte de dichos pobres (los de zonas rurales donde la vida no es
tan cara) no lo serían tanto. Los principales grupos que nutren la pobreza en España son:
- Disminuidos físicos, psíquicos y sensoriales sin apenas ayudas o pensión: 1 millón.
- Toxicómanos (100.000) y una parte de los casi dos millones de alcohólicos.
- 30.000 mendigos e indigentes sin hogar.
- 34.000 reclusos de las cárceles.
- Más de 100.000 mujeres marginadas, incluidas las prostitutas.
- Una parte del pueblo gitano (800.000).
- Inmigrantes en situación ilegal (200.000).
Pero no podemos olvidar a toda una masa de personas con trabajo precario y mal pagado,
ancianos con pensión de miseria, jóvenes sin trabajo y que han abandonado la escuela demasiado
pronto, familias monoparentales encabezadas por madres, etc. Con los datos en la mano no parece
justo decir (como afirman los políticos más conservadores) que los po-bres son culpables de su
propia pobreza y que son unos vagos que quieren vivir gratis con las limosnas de la
administración. La pobreza no es un problema individual, tie-ne unas causas estructurales (fuerte
desempleo desde la crisis de los 70, un sistema de mercado libre que no distribuye la riqueza
equitativamente, precariedad en las condiciones laborales, etc). Si tenemos en cuenta que una
buena parte la componen enfermos, mayores de 65 años, chicos de menos de 14 y que una cuarta
parte sí están empleados pero ganan muy poco para superar el umbral, no se entiende esa idea tan
extendida de que el pobre podría salir adelante si quisiera buscar trabajo.
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Sociología 2º Bachillerato Tema 2: clases sociales.
6.- LA MOVILIDAD SOCIAL.
Usamos este término para referirnos a los movimientos de los individuos y grupos a lo largo
de la escala de la estratificación social; nos da un indicador de la posibilidades que una persona
tiene de cambiar su posición socio-económica según sea su origen. Dentro de esto, podemos
hablar de movilidad vertical al referirnos al desplazamiento hacia arrtiba o hacia abajo en la
escala: quienes ganan propiedades, más renta o status social se denominan "móviles
ascendentes", mientras que quienes pierden son llamados "móviles descendentes". También
abunda hoy día la movilidad horizontal que alude al traslado geográfico entre ciudades, regio-
nes... Por otra parte podemos estudiar la movilidad social de un individuo desde que nace y en
el transcurso de vida laboral, que se llama movilidad intrageneracional, o bien puede analizarse
hasta qué punto los hijos repiten el mismo tipo de ocupación y estilo de vida de los padres, lo que
nos indicará la movilidad a lo largo de varias generaciones: movilidad interge- neracional.
Los estudios comparativos de movilidad nos ofrecen una valiosa información sobre el grado
de apertura de una sociedad, respecto a otros países. Responden, por ejemplo, a la pregunta de
qué probabilidad de alcanzar la cima económica y social tiene alguien de origen humilde pero
con talento. Aunque estos estudios comparativos llevan realizándose hace 50 años, en España no
contamos con datos disponibles por lo que debemos conformarnos con la comparación con otros
países occidentales. Las sociedades modernas suelen legitimarse con la promesa de que
cualquiera que se esfuerce lo suficiente puede alcanzar la cima. No obstante, los estudios
demuestran que esta idea no es cierta; y es que los puestos más altos en status o nivel de rentas
son, por definición, escasos: en el caso británico de una población de 55 mill. no más de dos o
tres mil personas pueden dirigir una de las 200 mayores empresas. Además, quienes ocupan las
posiciones de poder y riqueza tienen muchas más oportunidades de perpetuar sus ventajas y
traspasarlas a sus hijos, asegurándoles la mejor educación disponible, lo cual les conducirá con
frecuencia a los mejores puestos. Así, la mejor forma de llegar a ser rico es, aún hoy, haber nacido
rico.
Uno de los trabajos pioneros en este campo fue el de Pitrim Sorokin, que hizo en 1927 un
estudio sobre los [Link]. llegando a la conclusión de que su movilidad vertical (las posibilidades
de ascender) es mucho menor de lo que suponen sus propios ciudadanos (los mitos del "país de
las oportunidades" y del "self-made-man" son sólo eso, mitos basados en casos particulares no
generalizables). Aún así, el estudio de Sorokin era muy rudimentario y fue matizado 40 años
más tarde por Blau y Duncan en un estudio más minucioso. Estos autores concluyeron que sí hay
una gran movilidad vertical en los [Link]. pero que casi toda se produce entre posiciones muy
cercanas unas a otras (p.e.: subir de la clase obrera alta a la clase media baja, del cuello azul al
cuello blanco). La movilidad ascendente de "largo alcance" es muy rara. Además, el movimiento
descendente de los que están arriba es mucho menos fre- cuente que el ascendente. En un estudio
internacional ya famoso, Lipset y Bendix analizaron nueve países (Gran Bretaña, Francia,
Alemania Occidental, Suecia, Suiza, Japón, Dinamarca, Italia y [Link].) descubriendo con
sorpresa que la movilidad ascendente no es menor en los países europeos que [Link]. (la
movilidad total entre la línea cuallo azul / cuello blanco era del 30% en [Link]., del 31% en
Alemania y del 29% en Inglaterra y Suecia).
Por otra parte, hay que ser precavido con los resultados sobre la movilidad ascendente: pue-
den deberse a los cambios estructurales de la economía (el aumento de los empleos del sector
terciario) más que al carácter relativamente abierto de esas sociedades (las posibilidades reales
de ascender).
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