Lectura 1
Lectura 1
“El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato, con
respecto al tiempo y al espacio. Su vida cae en una rutina fija; está limitado al contacto y a la
conversación con unos pocos amigos y conocidos, y sólo ve lo que ocurre en su vecindad
inmediata. No tiene forma de escapar de esa prisión. [. . .]
En cuanto al sabor del discurso, todo depende de la forma de leer. Que uno tenga sabor o no
cuando habla, depende de su método de lectura. Si un lector obtiene el sabor de los libros,
demostrará ese sabor en sus conversaciones, y si tiene sabor en sus conversaciones no podrá
menos que tener sabor en lo que escribe ”.
Lin Yutang
“Leer, pues, atrae los aspectos más elevados y primordiales de la mente, involucra
simultáneamente al id, al ego y al superego, o sea, a toda nuestra personalidad.
Por consiguiente, hay dos maneras radicalmente distintas de experimentar la lectura:
o bien como algo de gran valor práctico, algo importante si uno quiere progresar en la vida; o
como la fuente de un conocimiento ilimitado y de las más conmovedoras experiencias
estéticas”.
Bruno Bettelheim
“La ciencia neuropsicolingüística confirma que leer, que la aparente y simple lectura, pone en
funcionamiento y requiere de la presencia efectiva de un número superior a once habilidades
intelectuales diferentes, once habilidades intelectuales diferentes”.
Miguel de Zubiría
IMPORTANCIA DE LA LECTURA DE TEXTOS ESCRITOS
Pues bien, en el centro de esas estrategias para aprender a aprender y para desarrollar
competencias relacionales y comunicativas, se siguen ubicando la LECTURA y LA ESCRITURA,
como los principales vehículos para apropiarse de la lengua materna y de la cultura, enriquecer
la enciclopedia cultural de un sujeto, favorecer los procesos de socialización y producir
conocimiento. Estudios psicológicos han puesto en evidencia que un aumento en la capacidad
para leer y escribir, trae consigo un aumento en la capacidad para aprender, a la vez que la
lectura y la escritura aún siguen siendo los medios más eficaces para el desarrollo sistemático
del pensamiento, del lenguaje y de la personalidad.
Además, la lectura es el eje central de las estrategias para aprender y para desarrollar unas
efectivas competencias relacionales: semióticas, discursivas, cognitivas y comportamentales.
Competencias con las cuales la lectura establece una interesantísima relación dialéctica.
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En la introducción a esta guía, hicimos alusión al concepto de lectura integral para referirnos a un proceso dinámico y
cooperativo de descodificación e interpretación de signos articulados, de símbolos, de imágenes y de relaciones.
Advertimos, entonces, que en esta unidad el concepto de lectura se emplea en su acepción más común y específica:
comprensión e interpretación de textos escritos conformados por una secuencia de signos articulados.
autónomo, participativo y, por lo tanto, agente activo y responsable de su propio aprendizaje.2
Recordemos que el tipo de lectura elegido determina el tipo de pensamiento, y viceversa: una
lectura activa, multiforme y plural implica un pensamiento con estas mismas características.
Siempre que se alude a la importancia de la lectura se corre un riesgo muy grande: incurrir en
su sacralización. En su texto Lectura y literatura, Javier Navarro nos advierte que “a la
lectura hay que pensarla en relación con lo que se lee, con la calidad de las obras leídas. La
lectura no es algo por sí mismo bueno, ni una actividad santificadora. Puede ser incluso un
medio de alienación más, como la televisión o cualquiera de los medios masivos de
comunicación”. Una observación hecha hace veinte años, pero que no debemos olvidar.
En las tres últimas décadas, la proliferación de trabajos e investigaciones sobre los procesos
de lectura, constituye un hecho bastante notable que da cuenta de una problemática
ciertamente compleja, en la cual están involucrados múltiples factores. Ya no sólo se trata de
encontrar métodos adecuados para solucionar las serias deficiencias de comprensión de
lectura de textos escritos que presenta la mayoría de los estudiantes3 sino también, y esto
puede ser lo primordial, de configurar un amplio panorama teórico, con aportes de la
psicolingüística, de la sociolingüística, de la pragmalingüística, de la lingüística del texto, del
análisis del discurso, del constructivismo y de la psicología cognitiva; amplio panorama que
permita una mayor comprensión de los procesos de lectura, y descubrir esa estrecha relación
que estos procesos tienen con el aprendizaje.
Al referirnos a esa relación entre calidad de lectura y éxito académico, abordamos un asunto
bastante problemático y que contrasta con la importancia de la lectura: los estudiantes
universitarios presentan serios problemas relacionados con la comprensión lectora y con la
construcción de textos escritos.
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Resulta muy preocupante que nuestra educación, como lo anotaba Estanislao Zuleta, se haya caracterizado por ser un
sistema de prohibición del pensamiento, de transmisión del conocimiento como un deber. Sujetos pasivos, indiferentes
y dasapasionados son su producto más representativo.
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Esta es una queja generalizada entre intelectuales y docentes. Esas deficiencias en la comprensión lectora y en la
construcción de textos escritos tienen consecuencias directas en la formación académica de los estudiantes y,
posteriormente, en la baja calidad de los profesionales.
la formación académica de los estudiantes y, posteriormente, en la baja calidad de los
profesionales.
Salomón Kalmanovitz (1989: 16) considera que la universidad colombiana no ha resuelto estas
deficiencias de lectura y de escritura, y asegura que “los egresados que cuentan con estas
habilidades de lectura y redacción tienen “éxito” en el mercado de trabajo, precisamente
porque el nivel medio de los profesionales no cuenta con estas capacidades, con el agravante
de que la incultura conduce a la pasividad, o sea, a la carencia de iniciativa para enfrentar y
resolver problemas”.
Finalmente, María Cristina Martínez, profesora de la Universidad del Valle, afirma que “son
muy pocos los estudiantes que a través de su escolaridad han logrado desarrollar estrategias
discursivas que les permitan comprender los textos generales y menos aún aprender de los
académicos” (1997: 22).
Como vemos, el panorama de esta problemática no ha cambiado mucho en los últimos treinta
años. Léase bien: en los últimos treinta años. Ante esta situación poco alentadora surgen
múltiples interrogantes: ¿cuáles son las causas de esas deficiencias de lectura y de escritura
que presentan los estudiantes universitarios? ¿por qué después de más de treinta años este
problema continúa manifestándose más o menos de la misma manera ?, ¿qué preparación, qué
entrenamiento deben recibir los docentes de español como lengua materna para enfrentar
esta problemática en forma adecuada?, ¿cuáles son los mecanismos para lograr que los
estudiantes realicen sus lecturas de estudio como auténticas prácticas semióticas, como
procesos efectivos de exégesis y hermenéutica?, ¿qué estrategias4 a corto, mediano y largo
plazo se deben diseñar, entonces, para ayudarles a los estudiantes a superar esas
deficiencias?, ¿qué hacer para poder incidir en el proceso de conocimiento de los estudiantes y
desarrollar en ellos unas eficaces estrategias que les permitan alcanzar un alto nivel de
competencia lectora y escritural?, ¿qué es lo que consideramos, por lo tanto, una buena
competencia lectora ? Obviamente, ofrecer respuestas satisfactorias a todos estos
interrogantes no es nada fácil.
Nuestra experiencia docente nos ha demostrado, de modo contundente, que las estrategias
encaminadas al mejoramiento de los procesos de lectura y de escritura no pueden limitarse a
la pura competencia lingüística ni al manejo adecuado de los códigos gramaticales. Es
necesario recurrir también al concurso de las ya varias veces mencionadas competencias
semióticas, discursivas, cognitivas y comportamentales, para que el proceso de lectura se
desarrolle a cabalidad.
NOTA: toda la bibliografía de las unidades dedicadas a la lectura aparece al final de la Unidad 13.
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En términos generales, entendemos por estrategia un plan de acción para lograr un objetivo. Para Ausubel, una
estrategia es un procedimiento específico o una forma de ejecutar una habilidad determinada.