Di Benedetto - Cuentos Completos PDF
Di Benedetto - Cuentos Completos PDF
Cuentos completos
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de una obra, el valor emblemático de los drulos, la historia edito- años cuarenta), luego la edita con varias modificaciones en 1955,
rial, se dejaban de lado. En la recopilación de lo escrito no habría para reeditarla en 1974 con otro título (Annab~/la) y con algunos
un relato impllcito de la composición del corpus. cambios significativos, antes de, en los ochenta, prever su desapa-
Sin embargo, escas reediciones hubieran podido volver percep- rición entre las capas de textos posteriores (en los Cien cumwr).
tible la amplia extrañeza de una literatura sin parangón en Argenti- No se trata de un proceso de corrección hacia una especie de ideal
na, pero también perinitir medir el pesó de lo breve, de lo fragmen- exigente o de escritura. progresiva en busca de un resultado acaba-
tado, de lo despojado, como núcleos y moldes de escritura, wuo do, sino la muestra de una relación conflictiva con la cre.'lción, que
de los cuentos como de las novelas. Habrá que esperar el fin de los llevaría más a. una negación que a una afirmación, a un silencio
años noventa para que la reedición sistemática de los libros de Di más que a una expresión inteligible, a un desplazamiento más que
Benedetto por Adriana Hidalgo vaya construyendo o reconstlil.- a una posición estética firme. Una novela.en forma de fragmentos
yendo una obra y una trayectoria estética, con sus articulaciones, que. a su vez. se fragmenta hasta dispersarse. Y no se trata, tampoco,
digresiones y tensiones internas. La presente edición de los Ctuntor de un ejemplo aislado o excepcional, al contrario: los cambios de
compktor reequilibra a su manera la bibliografia dibenedeniana, títulos o las importantes correcciones de algunos textos, a menudo
dominada por un texto célebre, la novela Zama~ Bibliografía que se varias décadas después de la escritura, son prácticas constantes en
compone, tomando los títulos definitivos y las fechas de publica- Di Benedetto, prácticas veniginosas porque transforman lo ya pu-
ción, de cuatro novelas (Zama, 1956; .El sikncimJ, 1964; Lor suici- blicado en borradores, en aproximaciones, en variantes de un relato
das, 1969; Sombras, nada más... , 1985), y de seis compilaciones de nunca narrado del todo. Lo más sintomático de este mecanismo
cuentos (Mundo animal, 1953; Cumwr claros, 1958; Dtclinación y es d cambio de título (~e Elpmtdgono ,a Annab~lla): asr llegamos .a
Ang~l. 1958; El cariño tÚ ÚJstontos, 1961; Abrurdos, 1978; Cumtor la aparenre aberración de ser la tradición edirorial y crítiCl la que
del ai/io, 1983) más algunos relatos inéditos o nunca editados en fijó los cltulos de algunos libros, como puede consrararse con estos
libro. En d centro, un texto híbrido, esa "novela en forma de cuen- dos casos opuestos: El sikncinp se reeditó una vez.. en España con el
tos" {según la presentación del propio autor), Elpmtdgono (1955), título, efímero, de El hacedor tÚ silmdo (1982), sin que el segun-
que Di Benedetto pensaba incluir, desarticulando los diferentes do título prosperase, mientras que Cuentos claror, en su primera
relatos que la componían, en secciones de sus Cien cutntor. versión, se intitulaba Grot, título éste rápidamente olvidado. ·Más
El gesto de reedición proyectada de los cuentos de El pmtdgono, que el escritor fueron los lectores y edirores los que, en un punto,
disociados de su organización y justificación primeras y dispersos decidieron qué títulos podían considerarse definitivos.
entre otros textos escritos en períodos distintos, es característico del En vez. de facilitar una legibilidad de su producción literaria, las
modo de construcción (o deconstrucción) sistemática de lo escrito intervenciones del autor tendían entonces a aumentar la opacidad
por su propio autor. O, si se quiere, de una dinámica de inestabi- del conjunto, o a borrar la idea en sr de un conjunto, lo que quizás
lidad y de puesta en duda de lo definitivo que supone el paso a. la. deba agregarse a la larga lista de razones que explicarían d lemo
edición (del borrador al libro) y del conjunto de libros a una "obra" reconocimiento de Di Benedetro en ta:Oto que gran figura literaria
(progresión, segmentos identificables, cierre). Porque la tcedición en Argentina. Al respecto se ha aludido, por supuesto, a su. posi-
desperdigada de su primera novela es sólo una anécdota en una ción marginal: a la vez. mendocino y a contrapdo de las corrienres
larga lista de reescrituras, a veces muy posteriores, de lo ya publi- regionalistaS en los años cincuenta y sesenta primero, expulsado a
cado; Di Benedetto, en este ejemplo, redacta primero una novela un exilio difícil luego, sin haber logrado encontrar un espacio en
que intenta "contar de otra manera" (aparentemente a. fines de .los el Buenos Aires de la posdict::tdura cuando regresó. Para explicar su
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relegación también se ha puesto de relieve el carácter experimental su "entrada en escritura") eligen la experimentación narrativa y la
1 de su narrativa (como si la experimentación, valorable. en. sí, estu- aterritorialidad referencial.•. rompiendo con el horizonte regionalis..,
a Zama como una de las grandes novelas argentinas es, desde hace sis del sujeto con la crisis del relato. Del l:rdo del apól.ogo o de la
décadas, un lugar común de la evaluación crítica: ya en 1987, una fábula, con trazas. kafkianas, marcas freudianas y variantes alrede-
célebre encuesta a escritores clasificaba a Zama en un noveno lugar doJ: de la literatura fantástica, los breves texto~ de A1ttndo anima!
en. la lista de las novelas argentinas más importantes, después de multiplican metamorfosis, mutilaciopes, intrusiones violentas, en
Rayu~la. Los si~u locos, Addn Bumosaym, La invmción di! Mortl, donde lo humanp ~tá a cada paso sometido o iguala99 a lo animal;
Don Stgwulo Sombra, Faetlndo, El juguttt· rabioso y Sobr~ !Jtrots y mientras que en Elpmt{igono, JJn~ s.~rie de variacioQ~ alrededor
tumbas. 2 También son conocidas las reivindicaciones del lugar de d~ un tema clásico, el aduherio, IJ~va ~ ~~:}.llido del relato único,
Di Benedetto en la literatura en castellano -la de Juan José Sacres, a .la forrnafi7-.!lciÓil de 1~ relaciones amorosas en uiángulos y pen-
seguramente, la más firme y la más explícita. A pesar de ese recono- tágonos y a, ijna dinámica de repetición de lo mismo, todo lo que
cimiento, la obra resiste, en parte por su atipicidad, por la sutileza ocupit, $.ignificativamente, el lugar de la primera novela. Ambos
con la que se desliza fuera de todo encasillamiento f-ácil, por la di .. ~cx;tQS plamean emonces una rcpresemación fraccionada del indi..,
námicaque trabaJa percepción de un todo coherente a partir de los vidlJO y de su relación sufrieme con lo no racional. Lo indecible
fragmentos que la constituyen, e inclusive por la imposibilidad de efe lo pulsional, las angustias identirarias, los límites de lo cuhural,
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aplicarle al escritor algunos tópicos sobre autores relegados, como los conflictos éticos, no originan un gran relato otg;mizador sino al
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i . el de "marginal izado genial" o el "precursor ignorado". La suya es contrario una proliferación, una división, una repetición negativa~
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una negatividad que supone una singularidad: Di Benedetto .es un una serie de transgresiones genéricas. El origen de la escritura en
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"fenómeno" literario, es lin escritor antidásico, que practicó una. Di Benedetto esraría por lo tanro del lado de la fragmentación,
literatura inacabada, silenciosa, inestable, en cambio constante tanto del cuerpo y del sujeto (invadido 1 muhiplicado en reAej_os
(como lo era su firma, que él variaba sistemáticamente). Un escritor deformantes, mutilado) como del relato (una novela desmontada
que no cabe en el molde uniforme de la canonización, un escritor en segmentos similares y diferentes}~ así como estaría en un proceso
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extrafio o, mejor, un escritor de la exrraficza, del extrafiami'enco, de deshumanización (el inundo humano convertido en mundo ani-
términos que, a falta de otros más específicos, parecen calificar acer- mal, las relaciones amorosas reducidas a formas geométricas).
tadamente sus textos. Sólo después de estos dos libros se da la éscritura de un gran re-
lato (en cl.semido de la extensión y coherencia), .la novela histórica
Znma, primer eslabón de lo qué sería una trilogía completada en
La presente edición de Cumtos compktos permite en. todo caso
esbozar algunas pistas de comentario sobre el: ritmo, las caracterís- ~ jimena Néspolo analiza detalladamente esa· "entrada en cscriturn~ dc:lautor cn.su
ticas y las fechas de la producción literaria de Di Benedeuo. Por lo libro Ejuririos de pudor. Sujeto y escritum m 111 nam1ti1111 de. Antonio Di BmttÚtto
pronto, sus dos primeros libros (Mundo animal y El pmtágono son (Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2004, pp. 23·84), subrayando la falta de color IOC'II
como marca fundacional de su cscritul':l. Se tl':lta, en regla genero!, del csrudio m:is
serio e informado que existe sobre la obra de Di Benedetto; mu~as afirmaciones de
2 Humor, no 203.agosto de 1987. la presente introducción podlin ampliarse o completarse consultando ese trabajo.
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los sesenta con El silmcin-o y Los micidm. Paralelamente, los postu- forma. narrativa autónoma de las novelas. Con las particularidades
lados de una po~tica del fragmento, de la deshumanizaCión y de la que le da Di Benedetto, el cuento es el laboratorio de una escritura,
transgresión formal, se prolongan en dos orientaciones opuestas: el cimiento del proyecto, la estructura que pr:efigura toda posibilidad
por un lado, con un volumen mucho mas extremado en sus princi- de relato; en él se expanden algunas de las mejores páginas del autor
pio~ narrativos de reificación de lo humano (Dtclinación y Angt/), (las de. "Caballo en el salitral", "Aballay", "Obstinado visor", "As,
y por el otro, con dos libros (Cumtos claros y .El cariño de los tontos) y otras más). Si el cuento o, mejor, l::t forma breve, es el punto de
que integran personajes y situaciones más "claros" {como lo afirma partida y de llegada de la trayectoria de cre::tóó~. es, también, el es-
el drulo de uno de ellos), es dedr más legibles por su diálogo direc- pacio privilegiado de la innovación, del experimento, de la variación
to con tradiciones realistas, temáticas regionalistas y tramas argu- gen~ric.a ({datos realistas, psicológicos, de ci~nc;:i.a ficción, policiales,
menrales Umpidas. Pero la incorporación del desierto y la mohta- históricos), hasta a veces desestabilizar la arqui~~urn de las novelas
fia, así como de personajes, lenguajes y situaciones no urbanas, sé (como sucede con El pmtdgono y Sombras, mula mds.. . ). Expansión
lleva a cabo, como se verá más adelante, respetando los· postulados del fragmento, crispación existencial de la forma, USQS pe,culiares de lo
iniciales de extrafiamiento discursivo, inestabilidad del sujeto, for- regional y de lo fantástico, inserción lateral en la literatura argentina,
ma entrecortada, irrisión generalizada. {y hasta de grotesco, que era serían entonces las grandes características de la trayectoria del autor
el sentido del primer tírulo de Curntos claros, Grot). Es decir que el y, en todo caso,las caracterfsticas mayores de los cuentos que, en esta
paso a una gran novela situada en la historia colonial (Zama) y la introducción, merecen algún desarrollo complementario, buscando
introducción del paisaje mendocino y de temáticas regionalistas en así circunscribir,~¡ 110 d~finir,la extrafieza.de la prosa de Oi Benedetto.
la obra (Cumtos claros, El cariño dt los tontos), prolongan la deshu-
manización y la fragmentación de los dos primeros libros. Sólo se
puede nombrar lo propio, sólo se puede narrar la historia, después Aunque podría. considerarse que las tres novelas de dicha "tri-
de haber delimitado una posición de perplejidad est~tica y existen- logía" (Zama,_ El silmcitro, Los suicidas) representan, el centro de la
cial radical. Y nótese que al final de la producción y luego de una producción, la forma breve sc;ría el molde de la frase y la prosodia
pausa significativa (en diecisiete afias Di· Benedetto sólo publica dibenedettianas (o sea, de su estilo). Una lectura atenta muestra
dos novelas), la última parte de la obra parece dominada de nuevo cómo el fragmento funciona en tanto qu,e unidad mínima de cons-
por la generalización de los cuentos {en Absurdos y en Cumtos dtl trucción de sus .relatos1 aun de los más extensos. La estructura en sí
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~e los textos (capítulos escuetos divididos en secuencias, tendencia
!
ailio), que son una variación sobre la pérdida, el desajuste existen-
cial y el desarraigo. Todo esto lo enconttánios también en Sombras, a la miniescena, con planteamiento y resolución propios) y dd dis-
nada más... , uña novela que se presenta como una serie dispersa de curso (párrafos y frases cortas) llevan la marca de los períodos breves
relatos de suefios, con "episodios de aparición repentina sin solu- y más generalmente, de la ruptura como m.odo .narrativo. Esta afir-
ción ni epílogo propio"" y sin un eje narrativo específico. mación es ante todo comprobable en lo que seda entonces lo más
Vemos entonces que en una clara tradición latinoamericana el específico del estilo dibenedettiano, es decir ese ritmo o escansión
cuento no es, para Di Benedetto, un espacio menor de entrada pro- producidos por el uso agudo de la interrupción de lo dicho, per-
gresiva en los grandes relatos, ni es tampoco, como en Cortázar, una ceptibles desde el nivel más elemental de la frase y el párrafo hasta
la serie de acontecimientos y el encadenamiento causa-efecto que
permiten el avance de la. narración. Citemos un ejemplo singular
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Antonio Di Benedetto, "Cronología y método•, Sombras. ntü/4 mds... , Madrid:
Afi:mn, 1985, p. 9. por ser un episodio de tensión situado en el desenlace de un cuento,
lo 11
"Aballay"·. Se u'ata del encuentro final entre un gaucho estilira en la: decible, lo no narrado). En las pausas, en la exposición del silencio,
pampa del siglo XIX, Aballay, que ha pasado largos afios expiando en la. combinación de percepciones, deducciones y narraciones, se
la muerte de un hombre, con el hijo de este último: amplifica y prepara el desenlace trágico: la violencia, la vcnganz.1., la
muerte que ronda entre los dos personajes. Asf se subraya también
Siempre piensa en el gurí que le hincó la mirada. la textura verbal, las resonancias, los ecos :y otros efectos fónico-se-·
Pasan años. Un día se encuentra con esa mirada. mánticos que esta misma escasez induce -al Ígúal que en 1la poesía-:
Sabe que el nifio, hecho hombre, viene a cobrarse. la palabra dibenedertiana és "pes.'lda" por so dra.m:itica parquedad.
Lo ha seguido, el mozo. Lo topa en un c:~ñaveral. Véase, en el ejemplo citado, la recurrencia en fin de frase de dos
Podría parecer un santón de poc:~ edad, en digno c:~ballo. Trae tem- susranrivos, "mirada" y "padre", que funciona como una puesta. de
plados los ojos, pero decididos. Igual que Aballay, está. en harapos. relieve rimáda: la repetición, la. fata.lidad, la acusación, el. dolor de la
Le comunica: filiación, están allf su·geridos. El minimalismo, lo compacto de los
-Lo he busc:~do.
períodos discursivos, son los que se expanden en modalidades de
-¿Mucho tiempo ... ? organización globales: el. relato dibenedetc'iano esrá casi siempre di-
-Toda mi vida, desde que crecí. vidido en minisecuencias, a veces de pocas lfncas pero relativamente
No pregunta, afirma: autónomas, separadas por espacios en blanco que ·a su v~ terminán
-Conoció a mi padre. componiendo secciones breves (en general divididaS pot tres sobrios
Sería ocioso pregunrarlc quién es él y quién era su padre. asteriscos). Una obra, todo un corpus, en forma de cuentos.6
Asf, (rente al acontecimiento y a la experie-ncia se instala una
Le pide:
-Sefior, eche pie a tierra. (p. 337) subjetividad extrafiada, cuando no espantada, scfialando constan"'
1 cemente lo callado: el tartamudeo podría ser la posición del narra..:
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En el fragmento se nota cómo el lenguaje dibenedettiailo está dor dibenedetriano, que muchas veces és ta.mbién el protagonista
marcado por una cadencia sincopada que sería el paroxismo de un de lo que cuenta.- O Sea, alguien viene a balbucear su propia his""
estilo, tanto discursivo como de estructuración del relato: fms·e.-pau- toria: cuento tallando. El hiato, la elipsis, lo'lacónico; lo sugerido,
·:
sa-frnse-pausa. Esta manera de llevar adelante la acción ciene que lo sincopado, son en todo caso las marcas estillsticas del desajuste
ver con una focalización: la narración integra constantemente una erute el sujeto y un mundo ajeno, el ritmo de una observación
subjetividad ante lo que sucede, gracias a ese vaivén entre la acción interrogativa o, si se quiere, una modalidad de integración -de
y el sujeto (acciones explícitas o implícitas en este ejemplo: pensar, no integración- en lo ·real. Escritura negativa, por supuesto, que
1.' saber, parecer, ver, recordar, etc.), de un sujeto situado, como lo afir,. no puede sino ser asociada al silencio, esa obsesión de uno de los
ma Sergio Chejfec, én d entrecruzamiento de "percepción, acon- personajes de escritor más fuertes de la obra, el silencitro. ·Porqlle
tecer y recuerdo".s Porque ese vaivén pasa por el uso sistemático
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de periodos cortos y del punto y aparte, que introducen un ttmpo 6En un reportaje del final de su vida, Di Benederto declaraba que l:t ley fundamental
semánticamente sugestivo (el de la observación, el de la reAe.xión; de su escritura cm l:t economCa: "Economra de las palabms, no abundar en ellas y,
el del interrogante) pero también .negativo (el de lo callado, [o in_. por el contrario, elegir la que se:t m:is precisa, la que m:is aprese. Esa es la ley" ("La
soledad como protección", cñtrcvista, m Sinlmbargo h 1O, Sevilla, julio-diciembre
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la marca mayor sería entonces la de escribir callando, haciendo
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1 •
cuento de noventa páginas y esr:i n:1rrado exclusivamente con im:igc:nes visu:ales (no
1 Antonio Di &nc:detto, Mundo animi1l, Mendoza: D'Accunio, 1953, p. S. En el litc:nrias) y sonidos. Fue concebido p:ant qué ada acción pueda ser fotografiacb o
prólogo de l:a rcc:dición de 1974 de El pmtdgono (con el tíruJo Annabtlla. Novt!tz tn dibuj:ad:a, en todo caso termine de cxpliarse con el diálogo, c:l ruido de los objetos, o
fonna tÚ n~tntos, Buenos Aires: Orión, 1914) se refiere al proyecto del libro como simplemente l:a músia. Es una abdiación 11 u litenttur:a de l:a t&nica cinc:matográfia,
un:a pretensión "de h:acer :algo distinto" y un intento de •con tu de otn manen" (p. no escriu como guión sino como narrativa." •Antonio Di Benedetto, 'La culpa de
12), o se:1 que se afum:a u mism:a inscripción en un:a literatura "evolucionada" o al haber n:tcido'", resumen del progntma de la televisión esp:ú\ou "A fondo" del 17 de
menos de rcn~ción formal. septiembre de 1978, publicado en Ttk &Jio, Madrid, 1978, p. 615.
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instancia .narradpr;1. (se narra sin saber que se narra,, simplemente desaparición. La historia .(lo que sucedió antes del instante de la
se narra "rnom<mdc;>"), desemboca en una aguda deshuma'nización escr~rura o.de.(a lectura) no es narrable.
de personajes y sentimientos. Cierto es que la historia literaria ·posterior a los cincuenta lle-
En Cl]anto a "El abandono y la pasividad", el relato .sería el r~ va a leer D~clinadón y Angfl desde las vanguardias de los s~enta
sul~ado de un desafio, el de contradecir la. opinión CJCpr~ad,a por '1 como un ej~rcicic;> precursor del Nouvtau roman (el propio Di
Ernesto Sabaro sobre la imposibilidad de escribir un relaJo ~in pc;r- Benedeno alentó esas lecruras, dando lugar a algunas polémicas
~onajes.10 El texto que leemos es·una descripción diacrónica de una sobre el tema). Sin dejar de valorar ;la originalidad, del libro, quizás
habitación, es decir que el cuento da cuenta de lo que sucede en él, resulte más pertinenrc respetar su especificidad: ni eco cardlo de
d~ las transformaciones posteriores a la partida de una mujer (par- los años veinte ni "invención" ignorada de nuevas modalidades de
tida que tiene connotaciones de un abandon_o amoroso), .hasta la narración; sil'lo más bien otro avacar de una concepción formalista
llegada de un hombre al. mismo lugar, desl?u~ d.e un tiempo inde~ de la. literatura, inherente al siglo XX y a la modernidad, que su-
terminado pero importante. La habitación se d~rad.a en ese. lapso,., pone que no hay gran escritura literaria sin una relación reflexiva y
y en particular se degrada una. car~ deja<la por la. muj,er. El men- hasta conflictiva con los códigos utilizados, una exhibición proble-
saje, que se supone hubiese podido ~pljcar las circunstancias de matizada de Jos componentes del relato, una distancia. dubitativa
una separación, se vuelve ilegible: en ~1 papel, mojado por el agua que dé cuenta de lo incierto de la representación, una palabra que
de un Aorero, ajado por el sol, eo,suci~dp por el polvo, ·la escritura se interrogue a sí misma. La forma del relato, las modalidades de
se borra. El tiempo transcurrido impide la comprensión del texto, la focalización, la relación con el lenguaje, son espacios para re-
impide aclararlas coordenadas de una pasión o contar las cir.cuns'- presentar una incertidumbre existencial, una crisis del sujeto, un
tancias de su ft:\lqJ.SO. Este breve relato termina con un intento escepticismo sobre el sentido. La apasionada reivindicación de Di
de lectura, indirec~mente narrado: el "papel" se acerca. a la luz y Benedetto por parte de Saer se explica, ante todo, por esta cons-
"tiembla un rato inacabable ante los lentes redondos". El homb~:e tatación, que corresponde con algunas de las ideas centrales del
(deducimos} no logra descifrar lo escrito: el mensaje "no se entrega. proyecto literario del escritor santafesino.
No es más un r:nensaje" (p. 189). Este relato sin personaje retoma, Porque en los relatos más "experimentales" enconrramos a la vez
a decir verdad, el rnodelo de la creación en Di Benedeno (o lo qúe la deshumanización, la fragmentación y la extra.ficza, lo que per-
apareda como justificación legendaria de la innovación}: la pérdi- mite comprender entonces la coherencia latente entre estos textos
da, la deshumanización, la fragmentación. La carta borrada sería extremados (a los que podría agregarse, desde otra perspectiva, El
.la imagen paradigmática de un proyecro de escritura: la escritura p~ntdgono) y los más lineales y "clásiq>s" del escritor. Un comef\-
como una mancha, que fue sentido pero que sufrió un proceso de tario similar podrra hacerse sobre la variedad genérica y temática
deformación, de ocultación.. de represión, que la convierte en :~n de estos cuentos completos; bajo la aparente variedad y multipli-
dibujo no figurativo, ahora incomprensible; la escritura como una cidad encontramos postulados estilrsticos y existenciales similares
cicatriz dejada por un abandono ya sucedido; la escritura como que vuelven homogéneo un corpus en el que figuraría la literatura
una práctica sin mensaje, sin comunicaCión, hecha por lo tanto de fantástica (en ;Mttndo animal, Absurdos y Cttmtos dfl o:ilio particu-
silencio ininteligible y amenazada constantemente por la propia larmente),los cuentos policiales ("Los reyunos", "Ortópteros"), los
relatos históricos ("Felino de Indias", "Caballo en el. salitral", "Aba-
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llay"),las fábuJas y apólogos (en Mundo animal y Cumtos tklo:i/io),
•Lentamente estoy volviendo al exilio• (entrevista), C/4rln, Buenos Aires, 14 de
julio de 1985.
la ciencia ficción (''En busca de la mirada perdida"), el melodrama
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("Enroscado'\ ''Pez"), las comedias grotescas ("ftalo en Italia", "El siones, -amenazas, degradaciones, expulsiones, se suceden en los re-
juicio de Dios"), etc. Esta serie de categorlas es relativamente fon.a- l;uos como acontecimientos espantosamente banales. La literatura
da y sólo muestra la capacidad de reconstruir; con esquemas narra- fantástica en la versión dibenedettiana supone también la puesta
tivos diferentes y tramas variadas, una constancia que podría resu- en escena de un sujeto sufriente y conflictivo, que muchas veces
mirse en un desajuSte e5trucrural entre la palabrn, la enunciación, la. acrualiza la figura de un ingenuo culpable o de un inocente-acusa-·
narrnción por un lado y la realidad por el otro. Una literatura ajena, do, o de una víctima responsable.
un hombre que se siente ajeno. Las opciones estilísticas, constructi- En cambio, sería diflcil identificar en estás ficciones una especi-
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vas y genéricas de los relatos de Di Benedetto afirman ese desajuste, ficidad genérica que las diferenciarla de otros textos más "realistas".
ya que no oponen vigilia y sueño o vida e imaginación, sino que MientraS que Cort:izar integra la irrupción de lo otro perturbador
perciben al mundo como una dimensión más en el universo de las en una coddianeidad neutra o Borges inventa la desescabilización
pesadillas, como una serie de ominosos enigmas. caótica de la lógica desde el sistema rncional de pensamiento, en Di
Benedetto no hay una confrontación de dos realidades o dos dimen-
siones opuestas. É se encuentra quizás más cerca de las particulari-·
Esta constatación general es sobre todo pertinente, claro está, dades de lá literatura kaflciana: una percepción onírica del mundo,
en la problemática adhesión a la categoría de "relatos fantásticos" en donde no se puede distinguir lo real de lo soñado, lo temido de lo
que a menudo se le aplica a parte de su producción. Muy tem- sucedido, .lo verosímil de lo inverosímil, construyendo en sus textos
pranamente, ya en los afios cincuenta, Di Benedetto sugiere Una alegorías infinitarneme significativas. Un universo pesadiUesco, sin
filiación borgeana para su obra, inscribiéndola en la órbita de un afuera, una normalidad o un punto de referencia en donde refu-
la. literatura fantástica; al final de su vida vuelve a reivindicar su giarse. Lo fantástico, no como lo desconocido y temido que irrum•
pertenencia a esa corriente, afirmando haberla estudiado meticu- pe, .sino comó Ja materia íntima de la realidad, como el grado cero
losamente." En 1958, una anécdota reúne las dos referencias: el de lo real, como una manera de-mirar. En ese sentido, lo que podría
entonces director de la Biblioteca Nacional, Jorge Luis Borges, lo~ denominarse la literatura fantástica en su obra es una peripecia más
invica a dar una conferencia sobre el tema, conferencia comentada de la extrañeza y la deshumanización que vimos en los textos de-
luego en los diarios porteños: un reconocimiento nacional y una nominados experimentales. Tampoco habría diferencias esenciales.
ubicación en el mapa de autores argentinos se perfila entonces en entre, por ejemplo, dos cuentos de Cutntos tÚ/ ai/io: "Recepción",
ese acontecimiento. Ahora bien, en un nivel estricto, esta clasi- en donde con una leve lógica onírica, un hombre es discretamente
ficación es discutible y habría que limitarla a aspectos temáticos rechazado por amigos, conocidos y familiares durante una fiesta (o
sobre codo presentes en Mundo animal y Cumtos dtl txilio: espejos, sea, la puesta en escena de una sutil extrañeza sin acontecimientos
animales teratológicos o mezcla de la animalidad con la humani- inverosímiles ni realidades diferentes), de otro relato, "Bueno como
dad, metamorfosis y fantasías anatómic.1S, el poder del sueño y el pan", en el que un sentimiento de culpa Ueva a la metamorfosis
del pensamiento, espacializaciones deformantes de la conciencia, de un hombre- en pan y en migas desperdigadas por una calle (un
variaciones temporales. En ese contexto, el cuerpo y la casa son uh desenlace francamente sobrenatural con times alegóricos).
terreno de enfrentamientos y transformaciones: invasiones, distar- Los postulados de escritura de Di Benedetto lo asocian con una
filiación subterránea de la licerarura hispanoamericana, que prolon-
ga la literatura fantástica en textos sin acontecimientos ni sintaxis
11•Antonio Di Bcnedctto: entre los gnndcs namdores llrgcrttinos" (cntrevisr:a), La
Prtnsa, 26 de febrero de 1984, p. 6 (cimdo por jimcna Néspolo, op. dr., pp. 41-42). de ese orden, concentrándose más bien en efectos y sentidos seme·
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james a los textos clásicos del género. Con prácdcas muy variadas, ramente, la inscripción en esa filiación implica..a la vez la búsqueda
podrían incluirse en esa corriente a Felisberco Hernánde1., Silvina- de un esprtcio de libertad (la lirerorura fantástica. en Argentina tiene
Ocampo o Virgilio Piñera, por dar algunos nombres. Son escritores sus letraS de nobleza en la innovación estética y Ja capacidad de de..
que retoman las preocupaciones de la lireraruro fantástica (puestas sarrollar problemáticas éticas y epistemológicas originales) y también
en escena. de perrurbaciones de la identidad, de lo turbio de las pul- un gesto de oposición o resistencia (ante d realismo imperatne en los
siones, de la pesadilla de la modernidad), pero sin d despliegue de cincuenta, el coQ'lpromiso de los sesenta y la combinación de ambos
una parafernalia temática y a. veces sin, ni siquiera, acontecimientos que podría ~er la lireraruro regionalista). Elegir lo fantástico es elegir
sobrenarurnles. Lo f.1nt:istico como impresión y no como fenómeno una.filiación o fumiliaimelectual (Borges, Sur), como manera de ins-
argumental, como horizonte y no como mecanismo narrativo, como cribirse en el campo literario de _la época, legitimando as! ciertas op-
focalización y no como peripecia. 0, ejemplo opuesto y- simétrico, cion~ estéticas, sin que esa_ filiación sea plenamente reconocible en
haciendo de lo más extraordinario y sobrenaturnl lo más banal -lo l_as características de la adpica producción del escritor: me.ndocino ..
más insoportablemente banal-. En ambos casos se borra la idea de
una irrupción o cltoque entre dos mundos, creando una extrafieza
.1 1 que vuelve difícil describir esos textos inclasificables. Las lecruras de Al respecto cabe recordar algunas_ pautas de integración de la
Freud y la utilización literaria del psicoanálisis son, quizás, la especi- tradición, Jo local y lo regional como complemento de esta cons-
ficidad de una. práctica literaria en la que se le atribuye una especie rr.ucción de una ,filiación literaria. Escrita desde Mendoza con un:i
de valor de verdad al espacio del suefio, trama secrcra de todos los. voluntaria omisión de Buenos Aires y sus trndiciones culruroles, la
comportamientos. Y si el suefio es la figura de lo liternrio en Di Be-' obra de Di Benede~to establece una compleja ·relación con la cit.¡.,.
nedetto, al sueño habría que entenderlo en rres niveles diferentes: dad en ran_t_o que espacio literario. En ·un pl'imer nivel de. lectura
un sueño a la Borges (es un sueño dirigido), un sueño a la K:lfka- se· puede ob~~ar un rechazo Yehemente de cualquier localización
(una pesadilla culpabilizante), pero también un sueño a la Freud (el limitativa de sys relatos: .las intrigas de MtJndo animal-o de El pmtd'-
sueño como un relato hecho de claves oculms y determinantes, de goflQ e,stán simadas en un éspatio urbano neutro, innominado y ge•
pulsiones inconfesables en lucha con la censura y la ética, el sueño nerali1JUlte,lo que va. a prolongarse e.n muchas ficciones posteriores,
como una máquina de narrar). Por lo tanto y a partir del psicoa,.. c~entos o no.vclas. El sikncitro, por ejemplo, está precedido por una
nálisis se percibe a la realidad como una construcción subjetiva, a.cJ!\roción del autor, casi un epJgrafe programático, que afirma: "De
como una urdimbre de deseos y fantasmas. Significativamente, una. haber ocurrido, esta historia s_upuesta pudo darse e·n alguna 'ciudad
constatación semejante puede llevarse a cabo en el caso al menos de d<; América Latina, a partir de l~ posguerro tardía (el año 50 y su
Felisberto Hernández y de Virgilio Piñcrn. Porque el concepto en después resultan admisibles)"_, declaración válida para casi todos los
sf de extrañeza, varias veces utilizado aquí, no es ajeno a la lectura cuemos urbanos del escritor, El borrado toponímico y referencial
frcudiana de lo f.mtástico -el wzh~imlich, la inqui!tantt ltrangtt! en. de muchos textos suyos corresponde .c:on la.construcción literaria de
su traducción francesa-, es decir la confrontación con lo amenaza- U!la esfera particular, autónomayconAicriva. El mundo reflejado en
dor que es, de hecho, la otra cara de lo propio y lo fumiliar. un "mundo animal" y narrado como un "absurdo" -retomando los
En este sentido podemos interrogamos sobre el objetivo de la dtulos de dos libros-: ése es el gesto de escrituro de la realidad, ésa
adhesión explicita de Di Benedetto a la trndición de .literarum fnn- es la manero de situars.e anJe el realismo. Antirrealismo que conlleva
tástica, si no se entiende como literatura .fantástica a 'toda literatura una posturo de reinvención interpretativa del mundo, a partir de
no realista o no referencial en el sentido más lato del término. Segu- una posición de exrrafiamiemo y de no pertenencia que tiene que
20 21
1:
1 .
ver con la posición de un escritor mendocino en el sistema literario Esta conclusión es útil para observar la otra cara de la escritura
argentino de los años cincuenta y sesenta, pero sobre todo con una dibenedettiana, que se caracteriza por una. serie de desplazamien-
1 ~ 1 especie de metafísica de la aterritorialidad, un escribir desde afuera, tos dentro de cierta. u·adición de oposición pampa/ciudad y civili-
1• ••
1 1 desde lo ajeno, desde el margen, posición que va mucho más allá de zación/barbarie. Es decir toda la vertiente de su obro que recupera
las coordenadas regionales de Mendoza. Un escritor desamparado. el espaciQ del desierto, de la montaña y en general de lo no urbano
En ese sentido es significativo que su tercer libro, Zama, elija una (en "El juicio de Dios", ".El carifio de los roncos", "El puma blan-
posición dos veces excentrada. Primero tempornlmeme, ya que es co", "Los reyunos", "Ortópteros.., "Pez''. "Cªb;tllo en el salitral.. ,
una novela situada en el pasado histórico del Virreinato, pero en un por ejemplo). En estos textos vemos que se realiza una doble ope-
pasado (últimos afios del siglo XVIII) sin acontecimientos centrales ración: por un lado, el conflicto fundacional del espacio argentino
para la fundación de los países del .Plata• .Luego, espacialmente, en (Buenos Aires/la pampa) se desplaza hacia una oposición ciudad/
la medida en que se desarrolla en un lug:u lateral dentro el mapa no ciudad centrada en el contexto mendocino, lo que es una ma-
virreinal (Asunción, como un reflejo de Mendoza, en vez de Bue- nera de modificar lateralment~ la tradición. Así como la ciudad
nos Aires) pero también del mapa cultural (la novela termina en el ya. no es Buenos Aires sino una imprecisa Mendoza, la pampa se
!'1 j corazón de la selva en vez de hacerlo en la inmensidad connotada ha convertido en un verdadero desierto, el que domina el paisaje
1
1 de la pampa). Semejante aterritorialidad es una manera de defender de esa provincia. Muchos relatos del autor retoman la oposici.6n
la especificidad del espacio literario, o de afirmar un extrafiamiento entre la ciudad. y la no-ciudad como elemento estructurante de la
radical ante lo propio, aunque ese principio lleve también a ver concepción del espacio nacional. Pero la retoman con una mar-
Mendcna de otra manera o a modernizar su representación litera,.. ca imaginaria que. desdibuja sus valores ideológicos: la oposición
ría: la sefiorial ciudad provinciana se convertirá, en muchos textos, toma visos de una confrontación entre d yo y el no-yo, entre el
en una urbe moderna alienante y anónima.. Y nótese, volviendo a mundo consciente y el mundo incontrolado de la indiferenciación
las marcas particulares del estilo y a Zama, que es aJ inventar una hostil, entre lo humano y lo animal (o entre la razón y una peli-
lengua capaz de narrar esa historia alejada (en el tiempo y en el es- grosa animalización del hombre). Fuera de la ciudad, más allá de
1 pacio), en el. artificio de una. seudo lengua del siglo XVIII, que Di la casa, de la calle,. de la construcción, comienza un espacio arcaico
11 Benedetto termina de forjar algunos procedimientos retóricos que en donde fuerzas incontrolables amenazan los proyectos de progre-
•1
,: serán características permanentes luego (dijimos: anacoluto, extra- so humano, pero que sobre todo ponen en duda la identidad, la
fieza léxica, aminaturalidad sintáctica). O como escribe Saer~ refi- conciencia, el control racional de un universo regresivo. A partir de
.1 riéndose· a la lengua en la que está escrita. la novela, un estilo fuera esta especificidad, se puede afirmar que Di Benedetto propone un
de toda época determinada: "no se trata de una imitación pedestre a ,nuevo avatar de la dicotomía civilización y barbarie, actualizando
la manera de nuestros neoclásicos, sino de un sabio procedimiento algunos tópicos: la inanidad de los proyec;tos de desarrollo {en este
alusivo y secundario incorporado a la entonación genernl de la len- caso el ferrocarril} frente al condicionamiento telúrico en "El' juicio
l. gua. personal de Di Benedetto." 11 .Esa "entonación general de la len- de Dios, o en "Ortópteros", la barbarie animal que irrumpe en una
gua personal", ese escribir como un "sabio procedimiento alusivo y civilización precaria en "Pez", la maldición geográfica en "Caballo
secundario", se definen en el afuera, en el margen, en la frontera del en el salitral", la presión de la inmensidad como condicionante de
territorio, de la historia y de la. cultura de Argentina. la ';'ida en los pueblos aislados (las langostas de "Ortópteros"), etc.
.El desplazamiento es entonces también el paso de lo ideológi-
u Juan J~ Sacr, "ZAmd', en EJ amapto tk ficción, Buenos .Aires: Aric:l, l 997, p. 49. co-cultural (la propuesta sarmientina. y sus peripecias posteriores) a
22 23
-,~~-----------------------------------------------------------.r-------------------------------------------------------------~~
una lecruta imaginaria, material, subjetiva del fenómeno. En Já serie liación. ficcional y problematizadora de la figura del gaucho, sino
de teXtOs que marcan Ja esrrucruración del mapa argentino en tér- que puede considerarse como un texto magistral que "cierra~ cierto
minos literarios, Di Benedctto lee la subjetividad, las próyecciones tipo de ficciones al respecto. ".Aballay" es la his~oria de un gaucho
afectivas, la capacidad de fantasear o soñar el espacio (características estilita, un g:\Ucho que decide expiar una culpa no bajándose más
presentes en el Facu11do y a veces dominantes en Radiografta· tk la del caballo. El punto de partida de la intriga es un duelo, anterior
pampá). El espacio de la no-ciudad es ese espacio de la barbarie (Sar- al tiempo de la historia, en el cual Aballay mara a un hombre y
miento), de un determinismo negativo (Mardnez Estrada), pero es guarda en la memoria la mirada acusadora del hijo de éste. Una
también la. pantalla de proyección de un universo ínrim_o. En ese referencia hecha al pasar por un predicador en la pampa lo lle-
caso, el desplazamiento de la pampa a Mendoza deberla tomarse va a imitar el ascetismo de los estilitas de la Antigüedad: en vez
como una posición de lectura: de Sarmiento a GUiraldes, de Mar- de subirse a las columnas que. quedaron después de la destruc-
dncz. Estrada a Borges, la escritura del desierto aparece aquí mar- ción de los templos paganos, Aballay va a subirse "para siempre"
cadamente intertextual. Representar el espacio mendocino es u·na a. su caballo y a expiar su culpa. con una vida de sacrificios y de
manera de integrarlo, no en una geograffa, sino en una biblioteca. largos recorridos por la pampa.. En algún momento, y huyendo
El mecanismo es particularmente visible cuando en ese marco apa- de las patrullas de soldados, debe internarse "tierra adentro'':. del
recen reescrituras de textos de otras literaturas, como por ejemplo otro lado de la frontera, en el mundo de los indios. Su regreso
•' en "El cariño de los tomos", que puede tomarse como una versión es el inicio de una transformación involuntaria y paradójica: le
mendocina de Madamt Bovary; o en "El puma blanco", en el que van naciendo "mitos", "historias", y la gente termina tomándolo
la búsqueda de un puma en la inmensidad cordiUerana se convierte por un santo; casi involuntariamente, él mismo se adapta a su pa"'
rápidamente en una quimera enloquecedora, o sea en una variante pel de "hombre-caballo" puro, sin que el malentendido sobre la
andina de la ballena blanca de Moby Dick. 13 Vemos entonces que Di santidad calme los reclamos de su conciencia. Por fin el hijo del
Benedetto recupera el espacio no urbano con una dinámica inter- muerto, ya hombre, le sale al encuentro y lo desafla a un segundo'
texrual de apropiación: por un lado la dicotomía de civilización o duelo, simétrico al primero. Aballay; fatalmente, vuelve a matar
barbarie se encuentra anulada por la doble negatividad, por la extra- y, al bajarse del caballo para ayudar al herido, muere él también.
ñez.'l simétrica de los dos mundos, por fa irrupción de ló imaginario, La intriga, así resumida, contiene una serie de ecos intertextua-
es decir que se la trata como tema líterario con cónsonanciás me- lc:S fuertes que merecen algún comentario. Lo primero sería asociar
tafísicas, Por el otro, Flauben puede sencillániehte reescribirse con la transformación de este gaucho en una especie de santón errado
regionalismos y con una fuer:te tipicidad local. Si las comparamos con toda. una tradición de lectura del: Martln Fitrro, desde Rojas y
1 con las de "El escritor argentino y la. tradición" y "El Sur", vemos Lugones hasta Borges. Símbolo de la culpa y la redención, Aballay
'1 que ambas posturas Són semejantes a. las de Borges. es, como puede verse, un gaucho expiatorio. ,Es decir un gaucho.
Un relato aparemehiente. marginal es en este aspecto esencial. responsable de una muerte causada en un duelo (como lo era.Mar-
Nada anunciaba que el mendocino iba a escribir, prácticamente al dn Fierro), pero .tOrturado por la culpa. Es un gaucho que integra,
final de su producción, un texto que no sólo dialoga con una fi- entonces, la dimensión ética que a menudo Borges comentó en su
lectura del poema de Hernándcz., sefialando que la figura elegida
11 Di Bencdeuo confiesa haber buscado en •EJ carifio de los tontos" •tonos seme· como antepasado colectivo de los argentinos era un asesino. Abaiiay
jan tes a los de Modmuo canlilbill' {p. 40 del presente: volumen). Completando est:u
es un Martín Fierro culpable (es decir, un Mardn Fierro leído por
referencias posibles, Jimena N6polo ve lecturas de F.aulkncr y el o~~p south en esm
parte del rorpu.s (op. rit., p. 126). ]Jorges), pero consciente de la culpa e inscrito en una perspectiva,
24 25
de redención. En este sentido y a diferencia del payador, el estilitas( para resolver los conflictos de ese presente (el del siglo XIX, en al-
sería un antepasado posible. En codo caso, su regreso y eLsegundo gún momento impreciso después de la muerte de Facundo Quiro-
duelo retoman también el desenlace del Martln Fi~. en el cual ga). Esa palabra es "estilita" ("En el sermón de la carde, el fraile há
un nuevo duelo, de payadas esta vez, enfrenta al protagonista con dicho una palabra. bien dificil, queAballay no supo conservar, sobre
el hermano del Moreno asesinado otrora (y recuérdese que Rojas, 1los santos que se montaban a una pilastra", as{ empiez.a el cuentol.
en la segunda "pelea", ya leía, significativamente, la. voz. de la con- Efectivamente, un cura de camp<> menciona a esa corrieme mística
ciencia).14 Borges en su momento había prolongado, en "El fin", del Cercano Oriente, la de ermitaños que se instalaban sobre una
el desenlace del poema de Hernández.; en ese cuento de Ficdon~s. columna o un pilar y permanedan allí, subsistiendo en medio de
siete años después de la payada, Martín Fierro vuelve a enfrentarse· privaciones, emblemas vividos de un sufrimiento encaramado sobre
con el hermano del muerto y muere, por supuesto; pero al cumplir las .ruinas del pasado glorioso y rechazado: el dd paganismo gre-
su propio destino (al cerrarse la biografia de Martín Fierro, dejada: .colatino. Aballay, a partir de una palabra, ttáduce, establece equi-
abierta por Hernández.), él le transmite involuntariamente al. otro valencias y toma. esa .decisión magnifica: la de volverse él mismo
Moreno su propio destino de .asesino y de gaucho perseguido. 15 estilita, es decir: y en términos pampeanos, n-o bajar nunca más de su
En la versión de Di Benedetto, el duelo no produce, como en el caballo, convertirse en una reproducción gauchesca de ese ejemplo
cuenco de Borges, una repetición o una· reproducción de destinos: insigne, de la palabrn revelada. Al hacerlo, Aballaycimenta, compul-
no es el hijo el que mata para convertirse en un nuevo culpable, sivamente, alejarse del determinismo telúrico de la tierra sin limiteS,
sino que Aballay, sin quererlo, repite su gesto asesino (mata al hijo arcaica, bárbara, refugiándose en la cultura, en la espiritualidad, en
después de haber matado al padre}, y él mismo termina su recorri- un relato mítico preexistente~ Constántemente, el protagonista se
do de expiación recibiendo una herida mortal en el momento en interroga sobre el sentido del rel:ito del cura y el valor del ejemplo
que decide bajar del caballo para socorrer al hombre agoniz.ance. que esrá inremand0 seguir. u; Al final del cuento se agudiza ese in-
Hay por lo tanto .una especie de anulación ética, una. fatalidad de la terrogar un discurso anterior, cifrado y determinante. Aballay hiere
verticalidad negativa; la repetición indica la falta de libre albedrío al hombre ·con una cafia que, por accidente, se ha vuelto afiladá (la
en el comportamiento del gaucho y lo .ineluctable de esa repetición caña.se incrusta en la boca del retador y se la destroza). Emonces se
que, desde el inicio, Aballay pretende evitar. La tierra bárbara ter- plantea para el gaucho úrí dilema: ¿puede o no desmontar?, dilema
mina, con un pesimismo digno de Ezequiel Mardnez Estrada y de· que amplifica un ímerrogame constante a lo largo deLrexco sobre la
su visión apocalíptica de la pampa, tragándose. al gaucho mártir. norma de su conducta, sobre: lo acertado del comportamiento del
Más ampliamente, podríamos ver en "Aballay" una dramatiza- protagonista, comparado siempre con las explicaciones liminares del
ción de la relación con la tradición, con la palabra heredada. Volvien-
do al argumento del cuento: la. modificación .del gaucho criminal
proviene de un relaro y de una palabra. Aballay oye, en un sermón, " Nótese que el rexto parece :tv:anur, por momenros, a partir del disrur.so dd cura.
una palabra que trae consigo una figura de expiación de pecados y· Por asociación de palabr:as: ·m fraile dijo que montaban a la columna. 1!1, Aballay,
es hombre tic :a. c::1b:allo. Tempranito, a los primeros colores del dla, Aballay mtinta
una tradición, ajena. pero ejemplificadora, ajena pero reutiliz.able en su alaz;ln• (p. 319); tomando ese cliscurso como ejemplo: "En adelante debió
socorrerse con imaginación y ahí donde la astucia fallaba o vislumbrab;a riesgo de
14CJ Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, EJ Martln FiOTO, m Jorge Luis Borges_, quebrantar su designio, rom;aln ensel\:anu del rdaro dd cur:a• (p. 320); o tom~ndolo
Obras romplttas m rolnboradón, Madrid: Alianza, 1983, pp. 65-119. como un intertexto enigrmhico que se interroga: "No abusa de la licencia por·c::1wa
u q. Beatriz S:ulo, &rgrs, un escritor m las orillas, Buenos Aires: Ariel, 1995. pp. de extrema necesid;ad o fuerz:a mayor (...} que creyó sobreentender de los ejemplos
85-93. dd cun• (p. 322-323).
26 27
;
1 1
cura. 17 Esa duda, ese imcrrogame formulado a la palabra paterna, a Ahora bien, como en camas otras obras (pero seguramenre má$.
la tradición, al pasado, a Dios, le es final: "El instante de vacilación que en muchas orras obras), la de Di Benedetto tiene visos de una
.basta para que el vengador de abajo alce de punta.el cuchillo y l~ autoficción en donde e~ se,r escritor, el poder escribir, el represen~
•'
abra el vientre" (p. 339). Lo que se le plantea a Aballay, en el mo- rar el trabajo o las condiqones de emergencia de la escrirura, ocu-
mento de actuar, es un interrogante ético sin respuesta, un dilema pan un lugar importante. ~a t~matización de la .escritura aparece
sin solución, pero que remite a un discurso heredado, a una. visión siempre marcada por la impotenci;~, las p~rturbaciones producidas
tradicional del mundo. La palabra del cura (los cstilirns y el con- por el deseo, la recurrencia de unª culpa de raigambre edípica, la
junto normativo que se esboza detrás de esa denominación), ¿qué evocación repetida de un padre ausente o de un padre muerto. Ser
quiere decir exactamente? ¿Cómo interpretarla? ¿Cuál es la. norma? escritor tiene que ver con una imensa dramatización de la heren-
¿Cómo actuar? Este serta el primer segmento de una. larga serie de cia, herencia convertida en un p~rico~e gi~ntesco, monstruoso,
preguntas que la reescritura de la reescritura borgeana del Martln porque ha devorado la bibliot~ parerna kn ~Amigo enemigo"),
Fimv va. a ir suscitando. A.pesar y pasando por ".El escritor argen- herencia bajo la forma de una compulsjón .al suicidio (en Los fui~
1
i 1
tino y la tradición", la palabra heredada, la palabra aprendida en la eh/as) o de un piano que el. hijo no sabe ro~, mientras busca des-
cultura occidental, no permite enfrentar las contradicciones de la esperadamente escribir una novela inrin,1lq.ga .El ftclio, es decir una
realidad, ni definir uná posición ética, en Argentina y a. mediados novela que lo· ampare (El sikncitro}.
de la década del setenta. Nunca la problemática moral .que recorre En este sentido puede leerse "Aballay'' a partir de la r~lación q:m-
la obra de Di Bcnedeno había sido desarrollada en términos t:tn fiictiva que se instala, desde las primeras páginas, entre el relato de
complejos; resulta singular, por otra parte, que sea en el contexto Di Bened~tto y otros relatos, otras tradiciones: la cultura cl~ica, la
literario de la pampa. y .en un cuento quizás escrito en la cárcel, que rradiciQn cris~iana, la gauchesca, sus lccruras e inrerpr<:racion~. El
1
esta problemática se plantee con tanta agudeza y drrunatismo. 18 gaucho Aballay no puede sino interpretar,. repetir, r~l~ef> reescfibir,
La inscripción en la tradición como error, la figura del gaucho intentar; .descifrar correctamente un mensaje heredado y polisémico;
convertida en la de un héroe sin atributos, la imposibilidad de en- y también buscar en esa biblioteca un camino para su propia cul-
contrar verdades en la palabra heredada, la apropiación. del espacio p~. para su propio crimen, para. su propio destino, para su propia
fundador de la literatura argentina dentro de obsesiones y cons- p~abra. El intento de purificación (o de glorificación) gl1\cias a la
tantes personales: en "Aballay" Di Benedeno cristaliza su. relación idenriflcac~ón con los modelos es,. de por sí, un gesto del pasado,
con la cultura y con el. sistema literario a los que pertenece. Y, por condenªdo a fra~.ar:: ya no se puede elegir ser ermirafio sobre; Utla
supuesto, hacerlo retomando la figura del "payador" (del gaucho columna, ya n.o se puede inventar nada sobre gauchos y pampa, sólo·
como emblema legendario del escritor) es significativo para una se puede recorrer un laberinto de nombres, canonizados y frases ya
obra centrada hasta entonces en otros espacios y otras reescrituras. impresas, leídas e interpretadas. Después de escribir desde el margen
y la aterritorialidad, aquí se constata que la pampa es incapaz de
17
brindarle a un autor argentino ninguna imagen heroica renovada; el
La duda se formula en c:stos términos: "Dc:smonm n dar socorro y llega hasta d
vencido, pero lo bloque::\ su ley: no bajar al suelo, y lo ha hecho. anacronismo aparente t~rmina definiendo coordenadas muy actua~
Angustiado, levanta la mirada para consulrnr, y por su cuenca resuelve que en esta les de cierta dis9lucióq P1elancólica de una tradición, de una rradi~
ocasión ser:{ justo que permaneza. todo lo que haga f.Uta"(p. 339). ción que ha dejado d~ ser un concepto operativo. Si Martín Fierro se
1
' Según recurrentes declaraciones periodísticas de Di lknc:detto, el conjunto de los
ponía a cantar y fundaba una literatura, si el gaucho Don Segundo
cuentos de Absurdos habría sido escrito en la clrcd (d libro se publica, por otra parte,
pocos mc:ses después de su liberación). Sombra resultaba ser un diestro maestro de escritura para Fabio en
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AuTOBIOGRAFfA
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Escrita m ,J 968 por mcatgo pará una publicaddn tit Almumia
l,, OcddmtaL
1'
i i
He leído y he escrito. M:is leo que e~cribo, como es naruraiJ leo
mejor que escribo.
He viajado.. Preferida que mis libros viajen más que yo.
He trabajado, trabajo. Carezco de bienes materiales (excepto la
vivienda que tendré).
Una vez, por algo que escribí, gané, un premio, Y' después otro
y después ... hasta unos 20 de. literatura, uno de periodismo y otro
de argumentos de·cine.
Una vez tuve .una. beca, que me dio el Gobierno de Francia, y
pude estudi;:tr algo en París.
Un tiempo quise ser abogado. y no me quedé en qu·erer serlo,
estudié mucho, aunque nunca lo suficiente.
1• Después quise ser periodista. Conseguí ser:periodista. Persevero.
1
Una época anduve de corresponsal extranjero (por· .!:jemplo, re-
11 volución de Bolivia, la que Uevó-:al poder a.René Barrientos).¡
1
Yo quería escribir pará el cinc. Pero en general no soy más que
un espectador de cine, y también periodista de cine. Una vez fui al
1
Festival de Berlín, y otra al de Cannes, y btra a Hollywood, el día
1 de los Osear, y otra ... Bueno, en el Festival de Mar del Plata un
:1 afio me pusieron en el jurado internacional de la Crítica.
Soy argentino, pero no he nacido en Buenos Aires.
Nací el Día de los Muertos del año 22.
Música, para mí; la de Bach y la de Becthoven. Y el "cante jondo".
!1
'•
Bail3.r no sé, nadar no sé, beber sf sé. Coche no tengo.
'Prefiero la noche. Prefiero el silencio.
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35
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11
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1
;' 1'' Lo que sigue es la reproducción de la presentación que Antonio Di La denominación 100 cumtos no r~presenm la única arbitrarie-
Benedetto habCa redactado para la edición Alianza de sus Ciro cumtoi. dad, siéndolo ésta porque entre rapa y contrntapa están albergados
:1 El texto se encontraba escrito a máquina con varias correcciones a mano. 106. Lo de 100 es sólo para redondear.
Puede suponerse que nuevas correcciones hubiesen tenido lugar antes Están todos, o casi todos, los escritos desde los comienzos hasta
de su publicación. El orden previsto por el aucor para la organización lo~ m~ recientes, esto es los inéditos al tiempo de entregarlos a la
del volumen era aparentemente temácico y agrupaba bajo subtítulos edl[onal. De ese modo puede hallarse un número suficiente parn
entre uno y veinte cuentos en cada sección. Los subdtulos eran los si- advenir la juventud (o falta de destreza) del autor en sus faenas
.
gutentes: "D e nosralgta -• ": "O e celos,,; "D
. "; "D e amor"; "Senurnent;ues
' , es~ ini~iales. También, entre los m:is lejanos, posiblemente muy an-
afecciones del amor"; "De humillaciones"; "Del absurdo"; "Sombrfos"; tenores a 1950, uno o unos como "El abandono y la pasividad",
"Cruel"; "De las guerras"; "Del: cinismo"; "Irónicos"; "De frustraciones"; que andando el tiempo motivaría, juntamente con "Declinación
"De metamorfosis"; "Psicológico"; "Torturado"; "Oníricos"; "Realistas"; y.Ángel",largas controversias periodísticas y universitarias sobre la
"Realismo mágico"; "Realismo Urico"; "Fanta~realismo histórico"; "De paternidad del Objetivismo literario.
. . "; "Natu ral'tsta" ; "'A pól ogos"; "F.ta·
1o .trrea 1" ; "liransrea 1'tstas"; "Ob'Jetlvtsta Ni el orden ni por consiguiente el índice son cronológicos, ni apare-
bulas"; "Con ánimales, peto ·no f.ibulas"; "Zoo-botánico"; "Policiacos"; cen acumulados en fila india los contenidos en libro tras libro, sin con-
"Cuestiones de identidad y del tiempo"; "CortísiJTIOS (de humor; extrafie- tar que los hay carentes de procedencia de libro alguno: fueron dados a
za e ironía)"; "Fantásticos"; "Ominosos". El volumen reunía los cuentos través de revistas o suplemenros liternrios y por tal vehículo (m:is dificil
del autor publicados en libro (con excepción de los doce, más extensos, de conservar) otros se han perdido, quiz:is ya sin rescate posible.
incluidos en otro volumen, &latos comp/(tos), los cuentos que forman la .La clasi~cación no ~tá sustentada por fundamenro técnico o pro-
novela El protdgono (con correcciones y variaciones}, dos cuentos breves festona), auende m:is b1en al tema o carácter de las distinras piezas,
que figuran en la novela EL silmd(ro, algunos cuentos publicado~ en re- con sobra de dudas, de quien esto explica, acerca de dónde colocar
vistas o periódicos, más algunos textos inéditos. tal o cual cuento.
La instalación en el género cuento se debe al tamafio corto; otras
1 ,¡ narraciones, de más páginas y mayor empefio quedan para un segundo
libro, titulado "Relatos completos". ¿Son o no son, esos relatos, cuen-
tos? Para el autor, s(. Si bien admite que los relatos del segundo volumen
pueden pareceros a vosotros lectores, "nouvelles". Como gustéis.
C:On no ser ~tos, no es por la cantidad que pretende tener peso este
acoplo. Vale consrderar que un cierto número ya ha tenido aprobación
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y premio de jurados en concursos de afios recientes de Madrid, Va-
lencia, Oviedo, Calabria y Buenos Aires. El más fresco, de junio de
1984, concurso "Puerta de Oro'' de la C.1pital de Espafia.
La presente gavilla de cien composiciones cortas constituye, si
se quiere, una porción de las fanegas rendidas por la molienda de
una vida dedicada -en parte- al ejercicio de la pluma, variadas PRESENTACIÓN DE RELATOS COMPLETOS
mieses panificadas, como queda dicho, en encuentros y relatos,
amén de mucho periodismo en América y .Espafia, una poca de
poesía condenada al fondeadero y un parco número de novelas. Aquí se reprodúcc l:t pí:'c:SCilt:ición que Antonio Di Benedetto había re-
dacrndo para la edición Alianza de sus &latouompktos. El texto, manuscri-
El amor to, tiene, algunas t:rchadurns y acl:ü':lciones que parecen destinadas a un CO"
rrccror: profesional; sería, por lo tanto, d texto definitivo para la impresión.
El libro debía comprender los relatos más <;'(tensas del nuror, es decir: \&Pez",
"Enroscado", "El Juicio de Dios~, "Ab:illay'', ".El cariño de los tontos", "fralo
en Italia!', "Onagros y hombre con renos", "En busca de l:i mirn.da perdida",
"As", "Declinación y Ángel", "El puma.blanco ","Ortópteros".
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INFORMACIÓN MUNDO ANIMAL
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Se respetan las correcciones hcch;u por c:l :IUtor para la segunda cdici6n: Mundo
animal, Buenos Aires, f':lbril, 1971.
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1 •
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MARIPOSAS DE KocH
Oicen que escupo sangre, y que pronto moriré. ¡No! ¡No! Son
mariposas, mariposas rojas. Veréis.
Yo veía ar mi burro mascar margaritas y se me antojaba. que esa
placidez de vida, esa serenidad de espíritu que le rebas;tba los ojos
era. obra. de las· cándidas Rores. Un d!a quise comer> como él, una
margarita. T endlla mano y en ese m o memo se posó en. la flor una
mariposa tan blanca como ella. Me dije: ¿por qué no también?, y
la lleve a los labios. Es preferible, puedo decirlo, verlas en el aire.
Tienen un sabor que es tanto de aceite como de yerbas rumiadas,
Tal, por lo menos, era el gusto de esa mariposa.
.La segunda me dejó sólo un cosquilleo insípido en la garganta,
pues- se introdujo ella misma, en un Vlielo, presumí yo, suicida, en
pos de los restos d~ la amada, la. deglutida por mí. La tercera,. como
la segunda (el segundo, debiera decir, creo yo), aprovechó mi boca
abierta, no ya por el suefio de la siesta sobre el pasto, sino por mi
modo un tanto estúpido de contemplar el trabajo de las hormigas, las
cuales, por fortuha, no vuelan, y las que lo hacen no vuelan alto.
L1 tercera, estoy persuadido, ha. de haber llevado también pro-
pósitos suicidas, como es propio del carácter romántico suponible
en una mariposa. Puede calcularse su amor por el segundo y asimis-
mo pueden imaginarse sus poderes de seducción, capaces, como
lo fueron, de poner olvido respecto de la primera, la única, debo
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aclarar, sumergida -muerta, además- por mi culpa. direcra. Puede
aceptarse, igualmente, que la imimidad forzosa en mi interior ha de
haber facilitado los propósitos de la. segunda de mis habitantes.
No puedo comprender, en cambio, por qué la pareja, mn nueva
y tan dispuesta a las locas acciones, como bien lo había probado,
decidió permanecer adentro, sin que yo le estorbase la salida, con
mi boca abierta, a veces involuntariamente, otras en forma delibe-
rada. Pero, en desmedro del estómago pobre y desabrido que me
dio la naturaleza, he de declarar que no quisieron vivir en él mucho
tiempo. Se trasladaron al corazón, más reducido, quizás, pero con
las comodidades de un hogar moderno, por lo que está dividido en
cuatro departamentos o habitaciones, si así se prefiere nombrarlos. AMIGO ENEMIGO·
Esto, desde luego, allanó inconvenientes cuando el matrimonio co-
menzó a rodearse de párvulos. Allí han vivido, sin que en su condi-
ción de inquilinos gratuitos puedan quejarse del duefio de. casa, pues Eran de mi padre y quedaron para mí. Qui"Zcis nunca los tocaré.
de hacerlo pecarían malamente de ingratitud. Son dos cajones de libros de química antigua que alternan con
Allí estuvieron ellas hasta que las hijas crecieron y, como vo- cabalísticos, astrológicos y quirománticos. Con los de qufmic.; no
sotros comprenderéis, desearon, co'n su inexperiencia, que hasta quería hacer nada bueno: falsificar vinos y licores. Creo qUe lo
a las mariposas pone alas, volar más allá. Más allá era: fuera de mi hizo, porque son más efectivos que cualquiera de los otros, el adi-
corazón y de mi cuerpo. vinador de la lotería, por -ejemplo. Han Venido conmigo a todas
Así es como han empezado a aparecer estas mariposas tefiidas en las pensiones porque no me atrevo a venderlos ni a tirarlos. Tienen
lo hondo de mi corazón, que· vosotros, equivocadamente, llamáis algo de mi padre .o él tenía algo de ellos, y yo nada tengo de él,
escupitajos de sangre. Como v6s, no lo son, siendo, puramente, excepto esro.
mariposas rojas de mi roja sangre. Si, en vez de volar, como debieran Excepto esto y la mudez. No era muelo él, ·no. 'Pero fue por él,
hacerlo por ser mariposas, caen pesadamente~ suelo, como los cua- Yo tenía diecinueve afios y estaba enamorado. Entré en el bafio y
jarones que decís que son, es sólo porque :nacieron y se desarrolla- ahí estaba mi padre, en la bafiera, bajo .la lluvia~ sí; -pero colgado
ron en la obscuridad y, por consiguiente, son ciegas, las pobrecitas. del caño de la flor.
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pre le llevé migas, pero no todas las noches se .conformó con las
migas, No obstant~, algo hada yo por la salvación de los libros.
Por esa imposibilidad de participaren la conversación, uno, claro, Tomaba las sobras de la mesa del comedor. No me gusta lobas-
se exime de atender y nadie se molesta. por ello. Rovira, un periodis- ta.nte na~a más que la cortez.'\ del pan. Dejo Ja,blanca y pesada pul-
ta que acoscumbra contar cosas y que me contó esta historia, decía pa. Más aún desd~ que una señora atemorizaba a su -niñQ -ddante
algo para todos. Yo percibí distintamente sólo la palabra. "Hamelfn" de mí, la malvada-diciéndole que no comiera miga, que engorda,
(o "Hameln", no memoro bien) y las demás no, como si se mira la que la miga es el alimento de los tomos y de los muaos.
tela y se descuida el marco. Pero no hice nada con ella, porque no la Siempre he prescindido de la miga, pero antes nunca cargaba
había busc::tdo ni me interesó nada m:is que por el sonido. con eU:.t en mi~ bolsillos. La muchacha Jo sabía. y me pregumó por
Después, sólo después, yendo a la habitación, en unos instantés qué lo hada ahora. Quise ser humorista y le escribí en mi cuaderni-
se me presentó todo lo que pude_ recordar entonces, que es todo llo: "Es para mi hijo". Pero no le hizo gracia. Otra noche se acordó
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lo que sobre eso puedo recordar. "El tesoro de la juventud" y "El de mj respuesta al verm~ .recogiendo migajas sobrantes de todos los
flautista de Hamelfn·". Un viejito de melena larga y blanca. que ¡' p~nsionistas y me preguntó cuántos años tenía ya mi hijo. No supe
toca un cornetín y multicud de ratas que pasan junto a él y se arro- qué contestarle, porque deseaba seguir la broma y no se me ocurría
jan a un do. Con el dibujo una poesía-"del escritor inglés ... "- qué nada ingenioso ..Pero ella estaba festiva y sin esperu respuesta a. la
habla de flauta, no de cornetín, 'y dice que las rataS siguieron, como primera pregunta me hizo una segunda: ''¿Cómo se llama su. hijo?".
encantadas, al flautista, y seguían y seguían y cayeron todas al.agua Ahí, con su café, hablaba Rovira. Contaba de las. guerras o d~ alguna
y el. pueblo se libró de la plaga. Pero habíª más tard_e una venganza guerra. Yo anoté en. mi cuadernillo, para la muchacha: "Guerra:".
y no sé de quién, si de las raras sobre el flautista o del flau.tis.ra sobre -¡Je! Se llama Guerra. Un nene que se llama Guerra.
la gente del pueblo, porque no le pagaron., Entonces me fue fácil, también por el éxito, la respuesta a la pri-
Quizás, me dije, el pericote esté todavía en mi .pic;za. Quizás mera pregunta: "Tiene los años de la .humanidad y todavía más".
venga su compañera o alguna otra que le guste y hagan cría. Quizás Pero ella. y;~ no me entendió.
de este modo desde mi pieza podría lanzar sobre toda la pensión,
sobre roda la ciudad, una plaga de pericotes. Pero yo no quería
hacerle mal a nadie. Pensaba nomás.
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Yo escribía algo, una carta, y crujió la tapa del cajón puesto
arriba. Era la tapa del c::tjón de arriba presionada desde adentro y
astillándose segundo a segundo.
Esa noche el pericote estaba allí, dentro de un cajón. Tarde, en No podía ser alguna fórmula de mi padre, debía de ser el peri-
mi desvelo, meditando otras cosas de la infuncia, lo escuchaba roer su cote, que yo tenía olvidado, olvidado ya por tres días, con la emo-
alimento nuevo: los libros de mi pádre. ción de haber recibido esa carta de mi hermana, al cabo de tantos
Le di un puntapié al cajó_n, pero después siguió. Seguí yo tam., añ.os. No estaba solo, no.
bién, escuchándolo. No estaba solo en el mundo, no; pero en ese momento, en la
Esos libros me resisten, mas quiero conservarlos. No quería que pieza, tan tarde, sí, y sin voz., que me hizo tanta fulta cuando asomó
el pericote se los comiera. Le llevé. pan, miga. La .introduje po¡: las y sacó la cabeza. gorda de bestia cebada, cuando puso afuera -en-
rendijas y esa noche no escuché sus dientes moliendo papel. Siem- gendro asqueroso- medio cuerpo desmesurado y dos padtas todavía
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minúsculas. Era un monstruo repelenrey fiero que me miraba como
en reclamación, como anunciando eascigo, venganza, y alú voy por
ti mientras re revuelves en la impotencia de tu propio espanto.
No podía salir aún porque la panza le resultaba, seguramente,
demasiado voluminosa, y un escaso lapso de tregua a mi pavor,
NIDO EN LOS HUESOS
vergonzoso pero justificado, me sirvió para escapar de la silla y
subirme a la cama.
Forcejeó más y se arrojó, se arrojó hacia mf; cayó como ün ~e
Yo no soy el. mono. Tengo ideas distintas, aunque se nos haya
trame de leche condensada, de puro gordo y graso, de pura tmga.
puesto, por lo menos al principio, en la misma situación.
y papel. Y grande, deforme, pelando dientes, avanzaba, avanzaba,
Mi padre lo trajo como a la palmera. Le sobra tierra, le sobra
attastrndo, gomoso, hasta que sénd en mi mano la lapicera y se la
din~ro ..Puso la palmerita y le pareció muy bien mientras perma-
lancé como un pufiaL Se le clavó en el lomó y vi la sangre brotar en
neció joven y primorosa. Pero cuando se fue estirando, estirando,
un chorro mugriento, curvo, decadente peto continuo en su m~at.
se fastidió de ella, por desgarbada y barbuda, por inadaptada, dice
Desfallecí. Caf en mi lecho, boca arriba, abandonado, venc1do.
El miedo y el asco me forzaban a la lasitud fatal y me foríaron, ¡oh, él. Porque la perdió de vista, creo yq, pues no acostumbra llevar la
maravilla!, me forzaron un aliento de vo7. que yo no sabía qué era mirada al cielo, al menos, hacia ~ lado donde se ergufa la palma.
y creí seda, deseé que fuesé, una flauta. Y mi arroyito de vo1. era. el Mira hacia. la boca del río, donde. se forman las rormencas~ ya que
terror afinándose en música al paso por una flauta. de las Jluvias depende, para bieq o para mal, la cosecha.
Tampoco cayó en la cuenta de que el monito no se adapra-
r(a, no sólo por cuestiones de clima, sino porque le sería imposible
* * "'
adaptarse a la familia, y· él quería que fuese como un llliembro de
Ha quedado el rastro de sangre hasta el canal. Yo no pude verlo, la F.lmilia. Quizás no andaba del todo desacertado, pues, favorecido
nunca podría verlo. Y sin embargo lo veo. Lo veo ~esplazánd~se por cierras consideraciQnes, en las que mi padre ocasionalmente se
como una bola lustrosamente inmunda con un lap1cero hundido mostraba intuitivo, el pequefio simio hacía algo por ganarse~ lugar
en un hoyo de tinta roja. que se le prometiera. Pero su sitio, en definitiva, fue la palmera.
No siempre empleaba mi padre la fiesta, el alimento y la caricia;
por sobre todo, lo privaba de comida y no se cuidó de: educarlo
verdaderamente..El mono huyó, refugiándose en la palmera, como
el hijo vuelve a la madre. Bajaba sólo para hurtar o pa(ll tomar la
comida que la compasión de alguien le hubiese dejado al1pie de su
vivienda. Vivió solo, tal como se vela la copa raqulti,q¡ del árbol en
su altura. Se puso hurafio y meditabundo, torpe para. todo lo que
no fuera procurarse el sustento. Quiz.ís por malhum_QI:' -porque el
invernáculo anunciado nunca .se construyó- mi padre hizo limpiar
de vegetales todo el sector donde se estiraba lentamente, como. un
suspiro nostálgico, la palmera. Cayeron palmera y mono, y el mono
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se escondió emre algunos cajones y baúles hasta que los perros, no era yo mismo quien silbaba, y en aquella muchacha. suscité el
enardecidos por la sangre de un pollo que dio degollado unos pasos asombro candoroso de quien presencia el tránsito de un dios musi-
agónicos, se le echaron encima sin que nadie se los impidiera. cal, tangible y perecedero.
. ,. . * * •
Yo no soy el mono, pero también, por orden de mi padre, a. cau- No fue siempre así, sino apenas unos afíos, quizás unos meses.
sa de infracciones leves, en la niñez muchas veces ruve prohibido el Con el cambio he dudado un tamo de que haciendo la felicidad de
acceso a la mesa. No tengo palmera, sin embargo hice de mi tasa un p~jaro haré la. felicidad de todas las f.unilias de los siglos venideros.
una palmera, mejor dicho, de lds cuartos y de los cuadros de tierra Si todos pusiéJ:3.mos nuestra cabcza.al servicio de la fdicid:íd general,
qu.e podían serlo, de algún paseo, de algú·n libro y de algún amigo. mi vez podda ser; Pero nuestra cabeza, no sólo el semimiemo.
lvh palmera poseía, en verdad, muchas minas, y por eso, qu.izás, Yo puse la mía y ruvo gorriones, cmarios y perdices dichosqs.
tuve la posibilidad de pen~1r que yo no debla ser como el mono. T;unbién lo sQn altora.los buitres que han anidado en· ella. Pero ya,
Tal vez todo dependiese, como en el caso del simio y de la palma, no puedo serlo. Son inacabablemence voraces y han. afinado su pico
del lugar de nacimiemo y del ulterior destino inadecuado. No sé. para comerse hasta el último trocito de mi cerebro. Ya en hueso
Tal vez debí nacer en otras tierras y tal vez no sea as(. 'Es posible que mondo, aún me picotean, no diré ton saña, pero como cumpliendo
yo no debiese haber nacido en este tiempo. No quiero decir con dio una obligación. Y aunque sus picotazos fueran afectuosos y-jugueto-
que mi alumbramiento hubo de producirse·én la Edad Media ni en nes, nunca podrían ser tiernos. Duelen ferozmeme, hacen doler el.
el mismo año que eJ de Dostoyevski. No. Tal vez yo debí nacer en hueso y hacen expandir mi dolor y mi torrura en un llanto histérico:
el siglo XXI o en el XXII. No tampoco porque crea que entonces· y desgarrado de Auir constante. Nada puedo contra ellos y nadie·
s~rá más fácil vi~ir, au.nque· es posible que lo sea. Para que sea po- puede, pues nadie puede verlos, como nadie veía a los· pájaros que
stble, ya que es tmpostble que yo nazca transcurrida. una cemuria, silbaban. Y aquí: esroy yo, con mi nido rebosante de buitres que,
he querido, en la medida de mis fuerzas, ser de alguna utilidad. aprovechados, insidiosos y perennes, hacen crujir, con dlda picotazo
Cuando comprendí la inutilidad del mono pude acerc:irme a lo de cada uno de sus mil picos, cada hueso de cada parte de todo mi;
que me pareció hacerse un destino útil, siquiera sea para los demás. esqueleto. Aquí estoy, escondido entre los baúles, a.la espera de que
Su cabeza hueca me sugirió el aprovechamiento de la mía. Quise alguno de los que antafio dieron de comer al mono se-compadezca
hacer ·de ella, y fue sencillo hacerlo, un nido de pájaros. Mi cabeza de este acorralado y azuce· los perros.
se colmó de pájaros, voluntaria y gozosamente, de mi parre y la de Pero, por fiwor, que nadie, por conocer mi historia, se deje ganar
ellos. Gozabá, s(, por la felicidad del nido firme, seguro y abrigado por el horror; que lo supere y que no desista, si alienta algún buen pro-
que podía darles, y gozaba de otras maneras disrimas. Cuando, pór pósito de poblar su cabeza de p~jaros.
ejemplo, aquella vez hice mi aparición, físicamente sombría, en el
semialbotozo, con ~rdimbre de cálculo e inquietud transfigurados,
d~l té-canasta de mi madre, y ella ruvo que decirme, retadora y per-
diendo aplomo, que cómo hada eso de ponerme a silbar en medio
de· la reunión de sefíoras. Y yo deda, con mi boca de labios desuni-
dos nada más qüé por una sonrisa de lástima de su ignorancia, que
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1: l fuculrnd, la de pensar. No he venido a ser hombre sólo para atra-
que, un tanto inclinada, a fin de ahorrar espacio, entre la tata,
cuandó me pasan el café con leche, me pasan, con la mirada, un gantarme de angustia. Quiero poder hacer, para digerirla. Quiero
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poco de solidaridad. Tomo la solidaridad y la: agradezco con todo poder hacer, siquiera para morir por mi propia mano y no por la del
matarife, como ya me sucedió.
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'' Extraen el pan bien armado, cuad·rado y fragante que soy; pero Después vendrá el sol, a devolver el dorado a las cascaritas.
la decepción del juez lo desdeña, pues los valores que busca están Sus destellos atraerán las aves que vengan navegando el cielo y
destruidos o transfigurados, no sé, en todo caso, perdidos para él. entonces, por sus picos, me elevaré a. otra muerte, alada.
Quedo en la. reraguardia del frente de lucha contra er fuego, Yo acepto ..La vida es superable.
más bien, extraviado en la confusión. Me apartan, me salpican, me
abandonan.
He venido a dar, por los desordenados impulsos de una cantidad
de pies, en la naciente de una callejuela oscura.
Allí, arrinconado y solo, espectador de la orgía del fuego, está
·1 un niño, tan escaso de ropas como de carnes. Me considera de
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lejos, con cautela. Pobrecito, me mira como si le hubiesen blo:.
queado el paso con un animal quiero. Olfatea, me huele. Al fin, se
acerca, con prudencia, y cae de rodillas como en acto de adoraci6n:
todo este pan pará él, para él solo, para toda su hambre.
Hunde en mi pulpa las uñas. Arranca dos trozos. Lt boca escl
abierta y espera. No obstante, el chico vacila. Salva las dos primeras
porciones del suelo, de la suciedad ambiente, de él mismo: las lleva
al alféizar de una ven rana cercana, allí las deja y ante ellas se persigna.
1
1 No entiendo, luego creo comprender o recordar: es un rito infantil
¡¡ o campesino o de los pobres. El pan, como símbolo del sustento de
,, la vida, es sagrado. El primer pedazo, aunque sea del tamaño de un
11 pelliz.co, o el mendrugo abandonado, debe ser consagrado, lo cual se
logra apartándolo de la contaminación y del apetito descontrolado.
1 Ya el niño se halla de regreso y me devora y yo me ofrendo ab-
1 1
negado y satisfecho a su ansia de nutrición, a su gusto, y advieno
1 que me encuentra delicioso. Soy, pue5, aparte de sagrado -sagrado
1
por ser pan-, un pan dulce ·a la boca pura de un niño.
1 Quién sabe de qué sombra brota un hombrón, no por grande
1 menos mendigo que el chico; lo aparta con violencia y le quita lo
que de mí queda. Toma un pedazo, lo prueba y lo devuelve, rene-
gando de él. Soy amargo pan.
Amanece. L.1 pelea con el fuego se apagó a la medianoche, y el
barrio se ha quedado dclic.adarnéme callado y quieto. Hay, en el
aire, una serenidad de cristal solo.
Me reencuentro en las migajas, mis últirnos restos, levemente
ateridas sobre el pavimento color de ceniza.
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Trabajaban ella y la madre. Quizás podrían haber dispuesto bien alguien me contó que del padre, y esta explicación de nin~na
para. un departamentito mejor, por lo menos exento de esa vecin- manera queda yo que fuese inexacta, porque me daba un mouvo
dad que lo asemejaba al de un conventillo. Pero Barbarita prefe- para despreciarlo. Supe además, aunque vagamente atendí la refe-
ría guardar la diferencia con el propósito de comprarse un piano. rencia, que el padre le c:Xigla que buscara el medio de atender a sus
Era una desdichada ilusión, porque por cada cien pesos ahorrados necesidades. Por eso él siempre hablaba de publicar una revista, de
el precio de los pianos aumentaba doscientos. De todas maneras, la que nunca he visco un solo nómero.
doce afios sin tocar, desde los catorce... Lo perdí de vista tantas semanas y ahora ... ¡Ah, como me lo
Cuando vino Conchita Piquer al Teatro Municipal, 'a Perea, esperaba yo! Si algo sucedía, algo malo tendría que. ser. ¡1!1, sangr~
departamento seis, aprendió aquello de pútrida, él está allí, en mi puesto, nombrado el masmo día dé m1
despido!
"A la. lima y al limón,
Te vas a quedar soltera... "
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Se lo caneaba sin compasión. También los nifios lo aprendieron. Estuve aguardándolo pacientemente, pero cuando lo vi toda
i Barbarita. me lo contó; no para apurarme, estoy seguro. Me lo la furia me poseyó. Se me hincharon los belfos, me fui al suelo y
contó con una sonrisa triste, alguna vez que quiso hacerme enten- mis cuatrO patas me dispararon hacia él, que ya, advertido rápida-
der que no sólo yo era digno de lástima. mente, en sus cuatro patas también, con un leve aullido de miedo,
El sábado, ¡oh, qué malintencionado estaba yo!, fui preparándola y mostraba, por instinto de defensa, ios dientes. Me abalancé sobre
en cierto momemo, bajito, muy bajito, le canté: su cabeza mordiéndolo con implacable rabia, echando espuma por
la boca, tratando de hincarle los dientes en el cuello, que él defen-
"A .la lima y al limón, día desesperado con las paras delanteras.
Te vas a quedar soltera... " Un barrendero, a instancias de una mujer que gritaba espanta:.
da, nos separó a escobazos.
Y la dejé irse, en retirada, herida, con la boca semiabierta, pero
sin palabras. • • *
¡La perrada, santa furia! ¡Mi perrada!
Nada de esto, sin embargo, concede la raz6n a Magissi.
Siri saber hasta cuándo podrfa pagar la pensión, sin Barbarita, cier-
tamente... Uno, claro, necesita que algo suceda, está en tensión, a la
espera. Y sin embargo no se le escapa que muy probablemente lo que
ha de suceder será. malo.
Aquel hombrecito, de mi edad, pero mucho más endeble, era mi
amigo. Conversábamos y conversábamos y me daba envidia porque
1 él tenía riempo para leer tanto. Nunca le pregunté de qué vivía, si
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,._..J....¡:¡¡,l,;..:_.__ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _~----------'~:::.,_----~-··~"~'-~"~,~--
bies son, según su punto de vista, todos los hombres, y yo, que soy
un solo hombre, les cuesto trabajo -un trabajo que los regocija, he de
reconocerlo- para ser mantenido como culpable. Es absurdo~ Cuan-
do comeren una canallada y hasta se asustan ·de haberla cometido,
por temor a las represalias humanas,, no me exponen como culpable
EN ROJO DE CU(PA ame mis congéneres. No me presentan y dicen: "Somos inótchtes.
La culpa es de Caín. Descargad en él vuestra razonable· furia". No.
Tampoco les $irvo para alegato alguno ante un orden superior. Se
Los hombres dicen: "NQ es mi culpa; no soy culp'}Qle'\ Y cul- :conforman con saber que el culpable soy yo, aunque sepan· que no lo
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pan a la esposa, al clima, a su hígado, a Dios, al nuevo horario. soy. Es estúpidamente absurdo. O quizás no lo sea. Quizás se trate
''
~ 1 Ellos, los ratones, dicen: "No es culpa nuestra. El culpable es Caín". ·de una forma y un problema de la responsabilidad; pero ... no está a
1: 1' No soy Caín. Soy Abe!. Ellos me Uaman Caín por humillarme, mi alcance. Quizás, para comprenderlo, tendría que ilustrarme con
111 por humillar su culpa, su culpa comprada. algún ilustrado profesor. Tendré que hacerlo, si procuro ser, como
:111 Me pagan, sí; soy un pagac;lo d~ los ratones. Cuando el .papá su- muy probablemente ellos me prefieren, una culpa sosegada.
giere al nene que ponga el dienc~ilO debajo d~ la almohada para
que los ratoncitos, en cambio, le dejen un~ moneda~ los ratoncitos_,
en cambio, se le llevan al papá todos lqs billetes que escondía en el L'l.S guerras necesitan al asesino de. Francisco José para descar-
estante de los libros. Se especializan el) p~dres lerdos difusores de garse. Ocurrió todo en una ·sola casa y pudo parecer nimio, en
candideces. Podrían hacerlo con cualesqui~I!l otros, :pero les divierte relación con el orden general de persecución ·y muerte de ratones.
burlar la historia de la moneda. A mí también m~ divier.te cuando La casa era miserable como mi puesto. La habitaba, sin corregir
me cuentan sus hazafias y cuando arrastran a mi~ :pies los billetes, la soledad de sus cinco cuartos ruinosos, un viudo avaro. La com-
que son m1 paga. partían, a su modo la. disfrutaban, sin descuidar el sigilo, aunque
Soy una culpa. paga: tengo un ruin y desconsolador oficio. fuese innecesario, los ratones, una caudalosa pandilla·. Pero a la
Es absurdo, pero ellos sostienen ese absurdo y por su falta de efi- muerte del viudo penetró, con su. Familia y una sonrisa, una mujer
ciencia vivo, pago los estudios de mis hijos y las pieles, ¡Cristo, hasta pequefia, laboriosa, afable y optimista. Optimista a pesar de los ra-
pieles!, de mi mujer. Mi familia lo ignora. Si mi esposa lo supiera no tones y de la relativa ineficacia de su. lucha, planteada con c:Spanro
me diría, no, que dejara de hacerlo aunque tuviese que vender sus femenino, contra ellos.
pieles y aunque hubiéramos de quedar sólo con las nuestras originales. Pero la infortunada era miope y cardíaca. Sirvió a los nifios jalea
No se lo digo por su aprensión a los ratones. Pensaría después que viste de membrillo, untada en rebanadas de pan, y ella misma comió
pieles de ratones y estaría constantemente histérica e insoportable. jalea cuidadosamente untada en el pan. Al tapar et frasco reparó en
Es un absurdo. Encienden que su vida es así por culpa de los que había' algo oscuro sumergido en el dulce, como un inesperado
hombres, más poderosos, más numerosos, mejor armados que ellos. carozo. Escarbó con la: cuchara de mango largo; lo sacó y... Claro
Cuando los ofenden, cuando los dafian, fue el hombre; cuando in- está, el asco, su corazoncito tan poco dispuesto ... Quedó mal,. muy
festan una ciudad, la culpa es de la ciudad. Se consideran inculpables mal. Despu8, de nuevo, con su miopía, creyó que a su pequefia se le
1 '
y quieren tener en quien descargar la culpa que los hombres les adju- habría caído una de las rosas rojas preparadas para la maestra, la alzó
dican, y me pagan a mí para que yo sea la culpa de ellos. Los culpa- y ... Es que el gato nada más había hecho que matarlo y destrozarlo,
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instintivamente, por oficio, puesto que hamb~ no tenía, harto de despavorido y en demanda de socorro. Uno de ellos se zambulló
bien alimentado por la doméstica duefia. en mi boca. Me llenó de náuseas. Procuré escupirlo y se aferró a la
La enconada desgracia. La enconada desgracia para el nuevo lengua y finalmente se me introdujo por la garganta. Espantado,
viudo, el viudo de la mujer que sonreía, la descüchada optimista. adivinando sin esfuerzo lo que harían los otros, apreté los dientes y
La enconada desgracia para él, para los ratones y para mí. me lancé a. la carrera, pero sólo por unos metros. Los dos que esta-
Allí hubo de ser, porque la desgracia estaba enconada alli. Alli ban en mi cara, para obligarme a abrir la boca, me mordieron los
.hubo de brotar la peste bubónica y prender en los dos nifios, allí. labios, principiaron a comérmelos y yo grité y ellos se suicidaron. Y
No esperó, no, a los fumigadores de Salubridad. Instantáneo, otros subieron por mis piernas, por mi pecho y por mi cuello, y me
con un arrebato como el de la .muerte sobre sus hijos, el hombre de desgarraron labios, orejas, nariz, y fueron col.rpando .mi boca y mi
luto, armado de hacha, pico, un garrote, un cuchillo, escarbó, de- garganta y mi estómagó. Coniprendf. No h1,1bo necesidad de que
molió, en busca de madrigueras, sacando a'la luz·los animalejos de ninguno más fuera. devorado por su culpa, por su culpa. paga.
su catástrofe, y estrellándolos en .rojo implacable. Y la tasa siniestra He· vuelto. Aquí estoy, sin nariz; sin labios, con restos de· orejas,
tuvo por una vez, efímero, un jardfn de abundantes rosas rojas. vomitando, tirado en medio del Círculo de ·rarones muertos. Ellos,
muertos, se enfrían, y yo, con una malcüta resistencia involuntaria,
• + •
no muero ni me desvanezco . .Abro los ojos, abro los ojos y veo más
claro, con un horror que no puedo superar, que me seduGC. Horror
Esto también es estúpido. Pero, creo, es la úldma estupidez que de mí mismo y de verlos y de ver lo que a mí viene. Verlos muertos,
cometen conmigo, la última estupidez en que me complican. enfriándose, mientras mi sartgre se coagula. Verlos muertos, y las
Se han vuelto contra su culpa. El ilustrado profesor cürfa que no es pulgas transmisoras del ·mal que los· ab:indonah al sentirlos fríos y
posible destruirla, que las culpas permanecen y nos sobreviven, que que vienen, un~ a una, ;¡ mi carne caliente, derrotada e inculpable.
moralmente sólo podemos contra ellas un acto bueno y compensa-
dor referido a la misma cuesrión, aunque no ha de extinguirlas de
1 1
ninguná. manera. Sólo hay un medio, CÜrfa. él, de vestirlas de humo
1
1
'
tolerablemente camuflador y complaciente: el olvidó voluntario, me-
canismo apaciguador para tolerar la vida ajena y la propia.
Ellos no me olvidan, no. Se han cebado en mí para ·anularme,
expeditivos como una revolución triunfante, pero sádicos como los
que montan con despaciosa delectación el aparato de la horca. de los
vencidos a la vista de éstos.
Me previnieron que no debía intentar la fuga. Cubrieron el es-
pacio que. me circunda .de ratones muertos por la bubónica. Com-
prendí. Menosprecié la advertencia y quise huir. Tres .de los vivien-
tes treparon por mis piernas y paralizaron mis movimientos con el
miedo de sentirlos sobre mi cuerpo y de ignorar qué harían. de mí.
Nada hicieron, por unos minuros; Intenté dar otro paso. Se escu-
rrieron por mi pecho y surgieron por el cuello de la camisa. Grité,
J
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de modo que los tres -y no sólo yo, ni sólo ella y yo- condujimos
a los dem:is arroyo abajo, adonde crecen los berros porque el agua
del constante surgente les da vida y desde arriba los sauces cuidan
1 que haya sombra y, creo yo, cuidan asimismo que haya sosiego.
1
1
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que al cabo hice, a sentirme en paz sobre la misma tierra, a saberme Era. como si normalmente tuviese dos patas, pero una fuese inyisi-
en una soledad deliberadamente buscada y no ingrata ni dolorosa. ble. Era estrictamente como la. pavira de mi infancia y ni siquiera
Allá arriba -¿a cuántos metros?- algún bichito con alas hacía un conseguía excitar mi imaginación. En todo easo, suscitaba en: mí
cantito liviano, repetido y, tal vez, enamorado. estas morrecinas preguntas: ¿siempre haorá alguna as!...? ¿Siempre
Algo me picó en el empeine del pie y -el pájaro tuvo la cul-
he de encontrar
· 1as ....) (·S'1empre....)
pa- supuse que era una hormiga y me limité, sin alzar la cabeza, a Cuando me llegaron las voces de los· pescadores y acudí, a su
frotarme con el otro pie. llamado, a comprobar su grado de éxito, José se había hecho-visi-
Distraído por la no vista hormiga, descuidé un momento el ble nuevamente. Lo comprobé, pero con indiferencia y hasta con
pájaro y las ramas del sauce que se derramaban, pero finamente fatiga. No es que él hubiese faltado en la noche anterior. No. José
y sin caer s.obre mí, y pensé en Nora, pero no mucho ni muy cit- estuvo aliC, con nosotros; pero ya, esa tarde y hasta el .final, fue
cunstanciadamente. Sólo que deseé que estuviera allí, conmigo, como si estuviera más.
~
"1
solos los dos, allí, bajo el sauce y con todo el silencio de. la viña
y del domingo, sin hablar, partes del silencio nosotros mismos,
.pero, ¡palabra!, sin dejarla .que respirase. un instante, besándola,
besándola sin piedad. No era una hormiga. Era un tábano. Por ahí, por la. picadura,
Otra vez la picadura, maldito pinchazo instantáneo de alfiler, y con la arena de la acequia o con la tierra. de la vifia, entró la infec-
alcé la cabeza y vi como una mosca que remontaba. vuelo desde mi ción, y de ese modo vinieron el dolor y la renguera, que han de
pie, pero nada de hormiga. pasarse, y esta postración y la penicilina.
Nora lo supo y si lo desairado de mi actitud en la visita·nada pudo
* ... * expresarle de mi agradecimiento, nada ·tiene que ver eso con mi cari-
ño esp~ial, que ha nacido junto al de siempre, siendo,.quizás~ parte
El sol se iba abajo, lentamente, a guardar, y yo retornaba, con un de él mismo. Ha nacido de saber que se decidió a entrar· en mi casa
extraño fastidio, fastidio de pisar los desparejos terrones, de sentir un para estar conmigo; es más, que después del domingo averiguó, o, si
leve ardor en las picaduras, con aprensión de que la arena. húmeda es que lo supo accidemalmen.re, no prescindió de la información e
pudiera provocarme un resfrío o una ciática, como a un anciano. hizo lo que yo no me habría atrevido a hacer siendo ella.la enferma.
Ella se aderezaba, en algún lugar de la casa adonde ese dia sólo te- Vino, por mí, por este infortunado, por este torpe y callado
nían acceso las mujeres, y la partida de pescadores no había regresado. enamorado. Porque, ¿qué he de hacer? Vino, sí; vino a verme, pero
Fui entre los mesones de fruta seca hacia los chiqueros y los co- con José. Con José. ¿Podía ·ser de otra manera?
rrales. En el gallinero había una pavita nueva, de esas que todavía A pesar de José, posiblemente dispensada por la indiferencia. y
nadie se ocupa de engordar, que pudo asombrarme si no fuese que falta de sobresalto con que él asiste a mi existencia, tuve entonces
ella en nada. se diferenciaba de otra que caminó ante. mí .algún día e~ beso -uno para siempre- con el cual Nora me religó a la convic-
cuando yo era nifi.o. Caminaba con una sola pata, faltándote en CIÓn d~ que la tengo en mí pero nunca la tendré conmigo. Porque
absoluto la segunda. No era un animal que naturalmente poseyese sus labios no fueron al encuentro de mis labios, sino de mi frente,
una sola pata, sino una pavita vulgar, .de dos patas, a la que sólo le y únicamente al){ se posaron.
quedaba una. No por eso, al caminar, tenía que hacer desesperados Su cabeza se inclinó al beso sobre mi cabeza en la almohada.
esfuerws, ni andar a saltos, ni siquiera con pérdida del equilibrio. Ella estaba de pie y vestía una blusa blanca. Al agacharse se abrió
n 73
.1 • L
la blusa y pude ver, porque yo había bajado levemente 'la mirada, a
causa de sentir que el beso era de amiga.
Pude ver, por la blusa: entreabierta, que sólo tenía un seno-, y con
la pena por Nora acudió la memoria. de la pavita de una sola pata.
,1 Enseguida, Nora, inadvertida de la revel¡tción, se irguió con ·su
1
1
sonrisa buena y diáfana, y se restablecieron el relieve y la "armonía VOLAMOS
.r exterior de su busto .
1
el muro que da frente a su casa. El muro traslada humedad a mi Es gato y le gusta el agua. Eso no autoriza. a concluir que sea un
espalda. La humedad avanza hacia la base del cráneo y poco a poto perro. Ni siquiera esrá la cuestión en que sea perro o gato, porque
me voy helando. Los ojos quedarán detenidos en una mirada hacia ni uno ni otro vuelan, y este animalito vuela, desde hace unos días ·
Nora, ausente. se ha puesto a volar.
1
1 Yo espero que me pregunte si creo que se trata de una brujería.
1" Pero no; al parecer, no cree en eso. Yo tampoco; aunque lo pensé.
Mejor dicho, pensé que ella lo pensaba. Pero no.
1'
-¿No te maravillas?
1:
-Sl; seguramente. Me maravillo. Cómo no. Me maravillo.
Podría maravillarme, cómo no. Pero no. Puedo maravillarme por-
'1 que el gato-perro vuela. Pero es que no sólo hablo. Estoy pensando.
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Pienso que ella supone que he de maravillarme porque lo que creyó
era gato puede ser perro o lo que puede ser garo o perro puede ser un
ave o cualquier otro animal que vuele. Debiera maravillarme porque,
lo que se cree que es, no es. No puedo. ¿Acaso me maravillo de que tú
no seas lo que tu esposo cree que eres? ¿Acaso me maravillo de no ser
SOSPECHAS DE PERF.ECCIÓN
lo que mi esposa cree que soy? Tu animalejo es un dnico, nada más.
Un cínico ejercitado.
¡l Creo yo que nada se me opuso porque, al emrnr y en todos los
~·
r sucesivos registros, hice poner ·que• era maestro de vocación. Se•
pensó que menda, porque allí nadie cree en la vocación, y como la,
memi.ra es una. de sus formas de expresión normales, sé me aceptó
como uno de ellos.
1 1
Como soy un vendedor naro, ideal, canto: que, para poder 'ven-
der, donde no existe necesidad de lo que vendo creo la necesidad,
de ningún modo me desalentó la falta de librerías, clientes natu'rales
de los libros que yo suponía en viaje tras de mí, ni tampoco la com-
probación subsiguiente de que nadie sabía leer. Hi~e lo que hubiera:
hecho de vender coeinas de. gas: ensefiar el uso de-la cocina de. gas.
Me consagré a la ensefianza de la lectura. Sólo ensefiaba a leer, no
a escribir, puesto que no vendía papel en blanco ni estilográficas.
Quizás era una manera escandalosamente mercantil de comportar-
me, pero yo juzgaba que no podía. malograr el costoso viaje y ese
cálculo, tal·vra. por determinar mis acciopes con fatal exclusividad,
no me permitió apreciar debidamente el riesgo, del que me había
noticiado el hotelero, enterado, cauteloso y útjl, como suele serlo su
gremio. Me exponía yo, era peligroso lo que hada, según él y según,
asimismo, el .misterio que mis alumnos ponían en torno de su con-
currencia a mis clases. Pero precisamente esa aceptación, de parte
de ellos, de la responsabilidad ·de tomar mis lecciones, contribuía
a confundirse sobre la realidad del estado de cosas. Descuidaba yo
la noción de que aun en las sociedades más liquidadáS hay quienes
desean algo mejor y quienes se animan a intentarlo.
1 1 .• * ,.,
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n
Por algunos días, la rolerancia o el descuido, ignoro qué, me ..-Es la. costumbre -me explicó, por si yo no estaba satisfecho
mantuvieron impune; lo cual terminó cuando los libros, al llegar a con sus palabras anteriores.
la frontera, pusieron claridad, como menos no podía ser, tratándo- -¡Ah, sí! Claro -déclaré a mi vez, respetuoso del respeto a las
se de libros, acerca de mi persona y mis propósitos. costumbres.
Suspendidos mis propósitos, mi persona fue llevada a juicio,
ame un tribunal de hombres enmascarados y 'a caballo en bestias • * *
cubiertas de gualdrapas. Yo, en medio de todos, de pie, las mu-
fiecas oprimidas por una. cuerda. Ni la cuerda, ni los jinetes y sus El ajusticia·miento pudo ser vulgar; no lo fu·e, no sólo por el pun-
disfraces de justicia alcanzaban a turbarme tanto como el hedor to en que se suspendió, sino por la realidad, novedosa, por lo menos
del estiércol constantemente removido por las pezufias de los im-' para mi, ddpelotón de ejecución. Era propiamente un pelotón: algo
pacientes animales. así como una pelota grande formada por millones de hormigas.
Yo no tenía. defensor ni se. me permitía nombrarlo y pregunté L.'lS hormigas y las gemes se saciaron cuando yo estaba en los
por qué. huesos. Y al parecer se comprendió de inmediato que esas hormi-
-Porque de codos. modos serás condenado. gas no podrían con mis huesos, porque en mi presencia se sugirió
-¿Y cuál será la condena? el empleo de perros, que no fue aceptado porque, óf decir, los
'i -La única que establece el Código: la muerte. perros no eran, en ese taso, un instrumento legal.
11 -Entonces, si de antemano tienen resuelto mi ajusticiamiento, Se difirió, pues, la éohstímación del ajusticiamiento hasta que
¿por qué me juzgan? llegara otro pelotón eSpecializado. Yo, en huesos, pero con altivez
-Porque. éste es un páís amante de la justicia. adquirida. ·por la contienda de que les· estaba dando un trilbajo poco
común, caminé hasta la celda.
•. ·'Í' * En el curso de lás jornadas de espera me entretuve con la histo-
ria del trámité, aparentemente menuda, sin embargo no desdefia,.
A fin de hacer economías en la cárcel, se me autorizó a perma- ble para el ministro de Hacienda, que perdió el cargo con tachas de
necer en el hotel, a mis expensas, hasta la. fecha de la ejecución. indignidad. Se habla resuelto que el pelotón viniera de una tamé-
Ese día me despené bien temprano, con el bullicio de .la gente que lica ciudad del valle. El ministro se opuso arg\lmentando que cos-
acudía a tomar plaza para presenciar mi muerte; y muy enseguida, taría menos rraer un pelotón de la morí tafia, porque podría bajar
1 1 con un caruo de curiosidad, me mezclé con el que sería mi público. rodando y por consiguiente en menós tiempo y con menor gasto.
1 Ya, mientras me peinaba, había escuchado un cafionazo. Andan:. El ministro fue destituido, pues como re5ultaba razonable allí, nin-
do, escuché otro y vi, a la luz del fogonazo, el catión, que apuncaba al guna razón econ·ómica podía oponerse a un gasto para defender a
cielo pero a nadie podía intimidar, a menos que fuese por el estruen- la sociedad de una persona como yo.
do, porque .lo t~ían encerrado en un corralito de alambre de púas, en Sin embargo, algo importó la opinión del ministro, pues en
un terreno salitroso y baldío que se explaya a la derecha. del camino. definitiva se ordenó la actuación de un pelotón de hormigas vola-
Interrogué a uno de los silenciosos individuos que marchaban doras. Esto me serta provechoso como yo no podla imaginar, igno-
cerca de mí sin siquiera dirigirme una mirada y me informó que rando, como ignoraba, la insuficienda del arma aérea del lugar.
'1
el cafión disparaba para anunciar mi ejecución, pues debía consu- Cuando llegaron las hórmiga.S vol'adoras concurrieron, en cir-
1 ~ marse con el mayor sigilo, sin ninguna sefial exterior. cunspecto pelotón que naturnl'mcnte las obligaba a plegar las alas,
1 1
78 79'
,.
1¡
a observarme en mi celda, con el objeto de formarse idea del traba- da rorpeza, los inmundos o te,miples hábitos, el.designio tramposo,
jo que tendrían al día siguiente. el ánimo bélico y, en la guerra y la paz, el sentido de destrucción y
Quizás la disponibilidad de horas libres y algún espíritu de dis- la vol unta<! qe opresión -h~~ ahí iba, exaltado, mas de ·súbito me
conformismo y posiblemente un incipiente ánimo de sublevación, quebré en una. transición-; Pero; por piedad, salvad mis huesos; ..
que, desde luego, yo desconoda y no conocí hasta verlo manifes- Sucedió: el pelotón ~e deshizo. Como sj una cilida lágrima hu-
tarse en hechos, las predispusieron a escuchar las quejas de que yo biese llegado a una superficie plana, cambió su forma y se tendió,
estaba ahíto. Aun más; es probable que me escucharan porque mis convertido en convidadora alfombra dispuesta a. recibirme y volar. Y
quejas no fueron violentaS, n.o pocl_Ian comprometer mayormente voló, llevándome, esa unidad a~rea con impulsos de desafio a mi reto
a ningún auditorio, y tenían más bic;n el carácter de la confidencia y desobediencia a sus mandos, que .oo sé adónde la CPQclucirlan des-
y el lamenro del que sabe que se v~, irrcmcdiablemenre, pero .no pués, pero a .mí me ·condujeron hasta la frontera -que la escuadrilla
pierde del rodo su integridad~ no decidió trasponer- de otro territprjo, definitivamente diferente.
1
-Yo no he nacido para este país -dije.
i Era como una explicación ~Qnés, como una disculpa, ante r:e• * • •
1 cién llegados, por el·esC+tdo en que me velan.
• 1
Dije más.: Tenía ese tel;'ricorio, evidente desde mis primeros pasos en él,
1 1 -Si bien yo nací aquí y aquí pasé mi infancia, al vqJvc:.r, sin sen- un manso. y c;a_udaloso río de leche. Pero mi olfatQ experimentado
tirme superior a los demás-o al menos sin hacer os~~otaqc;Sn alguna percibió qu.e c;erca había otra bebida y, en efecco, poco me costó
de superioridad- realicé algo que, si en esencia en~. interesado, como dar con. un río de vino. No OPSt3Ilte el segundo hallazgo y su tenta-
toda venta de un objeto, aunque sea un libro, ~q¡. también algo bue- ción, m,e decidí-posiblern_ente inducido por el instinto de coll$er-
no y necesario: ensefiar a leer. vación- por el río de leche, y en. sus dber:l$ encantadoras pasé un
Empecé a percibir que hallaba c~o y a comprender por qué: tiempo feliz de recuperación de mis carnes. Quizás esto significó
. 1
esos seres tenían alas; posefan algo que hace posible no permanecer para mí algo como una nueva representación de la infancia, mejor
pegado al suelo. en mvcho de la que ~uve y en contraSte con las penuri:J.S recién
Dije aún: sufridas, con lo que, ~ muy probable, rpe malcrié.
-No soy superior a ellos pero carezco de su crueldad'. Malcriado en mi segunda c'rianza, la seducción de un placer, en
Observé que el pelotón se movía y advertí que en .realidad es- brindis natural y constante, me preparó oua serie de contrastes.
mba afrentando a las hormigas, porque ellas eran el instrumento Un día de calor probé el vino y renegué de la leche. Me trasladé a
obediente de esa crueldad. las (iberas del río de-vino y las seguí; curso abajo, exultante, exra-
Dije, pues, fastidiado y dispuesto a terminar (a que termin:u:an si:).qo con los. cambios que.en su cauc~ producían las horas del día:
conmigo): era un clarete balsamina al amanecer y a mediodía mudaba efi un
-¡Y bien, adelante! Basta de quejidos. Soy uno de los so~te_ne semillón tan fino y dorado como los propios rayos del sol en ese
dores de ~te Reino de los Hombres (que apenas es algo más que momento; por la noche, tinto cal:?ernet o denso baEbera d'Asti.
,,
1 • un Mundo Animal). Que se cobJ:"cn en m(, las bestias, lo q»c de
ellas despreciamos, condenamos y tememos, mi,enuas c_n la misma.
Entr~ en c;omunicación ton la gent~·- en suc~ivas poblaciones
y tierras ~uJtivadas, y no podía entender su spbriedad poseyendo,
especie humana brota y se ejerce, por individuos, por multitudes, de como poseen, a total discre~ión, un .inagotable río de vino. Para
instante en instante, o por rachas, la ferocidad, la impied:;td, la . cerra-· comer y participar de la mesa familiar me bastaba presentarme en
80 81
cualquier casa en eJ momento adecuado ..La desp·edida, con su ritual deseo. De momento no acieno a contestar. Puestp que sus mirn.-
de brindarse para una u otra ocasión que r.o eJigiese, hundía en m{ das, bondadosamente, me ayYdan, abro la boca y digo algo que no
el descontento como ante una sospecha de perfección que me resul- pensaba decir:
taba ajena. Pensé que si hada algo, trnbajar, por ejemplo, entraría -Amor...
en esa organización armónica como atrnpádo. -¿No ,Jo has tenido de las gentes, por lo menos en nuestro te-
rritorio?
• "" * ,Digo que sf y m~ sonrojo.
Entonces, eliQs ~emprenden: y todp. el auditorio comprende Y·
Me propuse, entonces, un plan b8ico encaminado a perturbar lo manifiesta con ojos conmovidos. y J.Hl vientecillo de palabras
el equilibrio de ese territorio·. Se me ocurrió que deStruyendo sus· afectuosas ..
ídolos algo fundamc:-nral deStruirla·.
La sesión entra eo una. pausa. de alguna$ horas.
Una de las deidades generales es la música y tiene su monumen-
to en el parque principal. No es una escultura, sino una fuente de • • •
sonidos visualizados en color. Para anularla fabriqué pólvora y por
semanas y semanas hice estallar bombas y baterlas. Nada pude. Era Al reanudarse el juicio ya. no esramos en el. esa:nariq los· rres solos,
como si la música. saliese el el corazón de las gentes. Intenté distraer- sino que también están unas rreinra mujeres, casi roda$ ellas muy jó-
:1
¡ 1
las con fuegos de artificio de cutlosó surtido, aprendidos de los ex- venes y muy bonitas, si bien algWtas decididamente n9 lo son..
! 1 pertos chinos de oficio milenario. Siempre resulmba más fascinante Casi no habría necesidad de preguntar, y sin emba.rgo pregunto.:.
la. belleza d~ los colores de la fuente. Finalmente, me puse a tapiar --¿Todas ellas quieren casarse?
el parque, sm esperanzas y siñ fe, sólo por hacerlo, como lo sablan --Toda,s ellas quieren casarse .contigo., Otras hay~ no aquf, que
todos los que me velan afanádo en la empresa, a tal eXtremo que yo quieren casarse, pero no contigo.
me hallaba asistido por unánime indiferencia. Al menos, hasta ser· -¿Y todas las que. están aqul pueden casarse c_onmigo?
!~amado a ju.icio, y aun entonces, pües este juicio, puede peñsarse, -Todas pueden.
t1ene por obJeto, solamente; volverme júicioso. -¿Y puedo yo tasarme.con rodas?
--¡No! Sólo con una, con la que elijas.
1 1
* * • -Ah.
~~ 1 1' Quedo indeciso entre dos de ellas y finalmente les pido que
.El juicio tiene algo de feria regional y de juegos florales; lo pri- hablen. Elijo la de voz más cabalmente .musical, sin pensarlo, y
,: 1
1' ! 1
mero, por los quioscos, las diversiones mecánicas y la. alegrla gene- al pensarlo y verle los ojos comprendo que elJa me ama y que yo
ral; lo segundó, porque los abogados, tanto los fiscales como mis la amo, y comprendo asimismo que si ahora destruyera Ja fuente
j; defen·sorcs, que son muchos, unos y otros, se suceden igual qué sería como destruirla a. elJa y .eso, para m{, r~ulrar{a imposible, por.
en un torneo de poesía. Hacia lo último, uno de los defensores y absolutamente doloroso.
1 "
uno de los· fiscales, que lucen, uno y otro, sendas Rores naturales Se me pregunta qué más quiero y yo digo:
y parecen ser los triunfadores en la competencia, me invitan al' -Dinero ..
proscenio y, como si ellos fuesen los jueces, sicf!do' ~posible que -¿Para qué ·quieres dinero? Si trabajas, no te será necesario.
hayan ganado la facultad de serlo, me preguntan qué es lo que yo -Es que no quiero trabajar.
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-Eres holgazán. -Volverás al otro país. Nuestras huestes, con tamo amor arma-
-No. Quiero retirarme. Al menós, por algún tiempo quiero das para las glorias de la victoria, acogerán con gratitud tus conoci-
retirarme. mientos del adversario y de su suelo, hombre reconstituido.
-¿Adónde quieres retirane?
Digo que al bosque, aliado dd río de ... Vacilo un instante y
enseguida afirmo que al lado dd río de leche. Me preguntan por
qué y yo sé que si dijera que deseo retirarme a cavilar me dirían que
sf, que puedo hacerlo. Pero no lo digo porque repentinamente me
inhibo para la mentira y emonces me dicen que no podrán autori-
zarme porque retirado, sin ninguna actividad útil, correré el. riesgo
de devorarme a mí mismo. Comó estqy ante un tribunal, callo,
porque entiendo que los tribunales han de discernir lo que es me-
jor para todos y esta vez confío en que el tribunal así ha de actuar y
percibo que en el número de todos puedo estar yo también.
Tendré una casa, para mf, para mi mujer y mis hijos, y podré
;¡ trabajar y además aprender álgún oficio o arre bello, según las po-
sibilidades que mis aptitudes me deparen. &re es el fallo del tribu-
i'j. ,, nal y, en principio, me confórma.
,, 1
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verlo, no hicieran· .nada más que hacen'ne notar que lo tengo .. Toda
adquisición me resulta como un hallazgo de algo mío. La cultura
es parn ml como una: devolución .. :Percibo que la cultura me era
necesaria y connatural.
De· ahí, entonces, que sin. ;éstablecer comparaciones, me en-·
ALGO DEL MISTERIO cuentre, con certidumbre y placer, en el plano de la. vida superior.,
Ya me sé capaz de grandes cosas, la primera de ellas, reflexionar.
Una. mad.rer dice a su nifio; en una matinée de butacas vadas,
Las sefioras dicen que soy ordinario, pero simpático. Dicen eso que no juegue conmigo, porque puedo hacerle daño. EstaS palabras'
y omiten decir que bien quisieran tener mis ojos, su tamafio, al imbéciles no hallan en m! d vado ni suscitan d rencor. Me colm.an
menos. Quizás por verme de ~to ojo me eligieron para este tm.- de ideas que van naciendo unas d~ otras, como las luces de BeoSªla.
bajo. Han puesto nuoneras y ra.roneros. Los ratoóeros somos no- Pienso que, c:omo le ha respondido la criatura. a la madre, yo no le
sotros, los gatos, Un diario dijo que en un cine se vio un ratón que hago nada si sólo juega conmigo. Esto significa que soy inofensivo;
recorría de extremo a CXUClJl() el pasillo. Como esta sala es chica, Pero no lo s_ería si se me tratara de otra, manera y· mm poco soy in-
ª
se halla exclusivamente mi cargo, con la colaboración, relativa- ofensivo parn los ratones. Los ratones, aunque ellos creyesen portarse
mente inoperante, de unas ratoneras de .resorte. bien y aun si se pórtaran bien, es más, si todo lo malo que h,iciesen
Me he hecho ya a esta vida y puedo decir que es una buena vida. fuera jugar conmigo, lo que no es nada malo, serían mis v{crima.S, de.
Tiene sus aspectos duros, claro escl. Se me envidiará, por ejemplo, cualquier manera, sin solución alguna. Pod.ría haber también gatos
el calorcito que gozo aquí en invierno. El envidioso ol_vida que la ca- para los nifios. Gatos más· grandes que ellos que· los mataran aunque
lefacción funciona solamente durante los espectácul()s. Las noches, los niños se portaran bien_•y sólo quisiesen jugar con los gatos. De
amigos, son aquí tan despiadadas como en una vivienda de obreros. ese modo, creo yo, habría después menos hombres desdichados. LQ
Desde luego, no es por la noche cuando yo paso frlo, pues entonces sedan asimismo si se causaran menos desdichas· unos ·a otros. Los
me queda la evasión dd techo, más frío, ciertamente, pero pletórico ratones no· Se hacen dafio entre ellos; hacen dafio a los hombres. Los
de amor. Son las mafianas las insoportables, mejor dicho, sedan las hombres serían imperdonables si no fuera. porque,. a\lllque se causan
mafianas las insoportables de no ser que entonces me sirven la única el dafio unos a otros, taólbién se hacen d bien unos a otros.
comida del día. Puedo reflexionar y puedo hacer mucho m~ aún. He visto, en
,. una documental sobre Roma, una decoración mural con el tema
1 * * * de un. mánir cristiano que tuvo que sorber una cantidad de plo-
' mo derretido. Yo querría hacer una escultura que represente, no al
Esta buena vida, sencilla y clara, a pesar de desenvolverse entre mártir en su integridad, sino el plomo tal como quedó en su cuerpo
las sombras, las nocturnas y las necesarias para la proyección de al enfriarse, y también, por encima de esa tortura de plomo, los ojos
las películas, no es tan sencilla ni se me está. haciendo tan clara. del sacrificado. Lo haría, quizás lo haré; pero no acierto a resolver
Aprendo, con las peliculas y con las conversaciones, aprendo. En cómo he de suspender los ojos en el aire.
rigor de verdad, aunque pueda creerse que no lo es y que sólo se
trata de engreimiento, al recibir conocimientos siento como si eso • • •
que se incorpora a mf ya se hallara en mi interior y el escucharlo, el
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Puedo hacer tanto; me siento dorado para hacer canto ... Y, lo
que me resulta más dificil de resolver: ,me hallo como ejercitado
para hacer. Igual que esa previa posesión de :conocimientos, hay
en mí algo como el precedente de numerosas realizaciones, y no'
minúsculas, sino magnas. Cas'i podría afirmar, y. lo afirmo, que al-
gtmas de las obras de anc que andan por: d mundo son mías, mías,
absolutamente de mi creación. BIZCOCHO PARA POULLAS
Yo he hecho, por ejemplo, claro está que con otro nombre, una de
las más indiscutibles pd!culas que sé han exhibido en este cine..Esa
película está levantando elogios y adniiracion por las salas de cuan ro. Puede apolillarse una persona, se dice,. cuando se retira, cuando
mundo hay, y aunque nunca se agorarn.cl interés de esta generación hace de la soledad su compañera. Puede, sí; puede apolillarse. Es
por ella, quedarán en reserva, para el entusiasmo continuo ·de las mi caso, como todos lo saben.
sucesivas generaciones; las copias de dnemateca. Mientras tanto, Todos lo saben, porque me ven; todos, asimismo, desconocen
como siempre desde hace un tiempo y siempre será en el futuro, mi las causas. La opinión generalizada, ·no por generalizada, creo yo,
película se ve, se estudia, se discute y finalmente se alaba en forma ace~Jada, es que siempre me resisú a los depones o por lo ~enos al
unánime en los clubes de cine-arte. Las libros de historia del cine le aire libre, al campo o simplememe a cualquier esfuerro flsaco: .
dedican capítulos y reproducen fotograf!as de sus mejores escenas, a Quizás induzca tales pensamientos mi cuerpo, aho~ ~n vasable.
pésar de que rodas sus escenas son las mejores. Los mayores cumpli- Es, posiblemente, mi castigo. En esto tiene que constst~r. Porque
dos son para el argumentista y director, "Y el argumentista y direcror. eSto de apolillarse, esta palabra rancia que me ha ocutndo, tomó
soy yo, aunque todos ignoran la verdad. Cuando, lejos en los siglos, posesión de mí como menos podía esperarlo, sin haberlo esperado
alguien procure ubicar corporalmente al argumentista y director que nunca, claro está.
hizo la famosa pelltula, se dará con el desconcertante problema de La polilla, este: ejército ciego y famélico, me come, me c~me,
que, tras-el nombre fingido, esrá el anonimato. Con el desconcierto paciente pero activamente, cuanta. ropa ~e pongo para ~ubnrme,,
vendrá un estado de ánimo subyuganre, el de la· intriga. sin dar alivio no sólo a mi pudor, sano a mts carnes metaltzadas p~r
Ahora mismo lo siento yo, siento ya el goce de la incógnita a el frío. Todo es imposible contra ellas. Cualquiér trapo ~ue me cai-
punto de ser revelación que nunca se revelará y, aun sabiendo que ga encima sliscitacl, no digo su apetir~, que debe. ser 1m placable,
nunca ha de revelarse, se espera. que sé revele. Me roma, como un sino su decisión de· cumplir una espec1e de abommable mandato
manso lago, la voluptuosidad del misterio inofensivo, porque hasta que me persigue. Devoran; me dejan con los brazos cr~zados sobre
yo mismo descono~co qué nombre usé para firmar el argumento el pechÓ; y desaparecen. Desaparecen; pero yo sé, av1sado por la
y presentarme corno director, e ignoro igualmente cuál es, dónde experiencia, que siempre volvecln. .
esrá, mi excelsa, mi bienaventurada obra de cinc. Nadapuedoconrraellasytampoco,¡Cristo!,puedoconrrarhf.~o
essóloporquealtomarelrevólverlaspolillassecomerianlasbalas,.smo
porque yo quiero vivir. Yo quie~o yivir. Nos~ para qué; pero quae~o.
Lo único que pido es que se me labre de las pohllas; que se me perm~ta
andar por la calle oculto, como todo el mundo, dentro de ~n t.ra!e.
La gente no se acostumbra y casi no me tolera. Al pnnc1p1o,
yo cultivaba la esperanza de que se habituaran a verme, como les
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Se respeta el cambio de título (Grot por Ctuntos claros). que realiza el autor en. la
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' segunda edición del volumen: C~nros claros, Buenos Aires, Galero:~, 1969. V~r1os
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.! 1 cuentos fueron reeditados luego en dos antologías del autor: CAballo m tl saiitraf;
1¡ :1 1 &rcclona, Bruguern, 1981; E/juicio tk Dios, Buenos Aires, Orión, 1975. ·Enrosculo ,
¡1, 1 "As", "'El juicio de Dios" y •No" fueron publicados tambi~n en: Pdpnas tscogidas tk
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Antonio Di Bmctktto. Stkctionadas por ti autor, Buenos Aires, Cdna. 1987·
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que parecen olvidos.
Sólo se confía al padre, se recoge en él, durante los descansos del
trabajo, a mediodía y en la noche, que siempre ilusiona con que
será muy larga.
El padre, contra la costumbre, se queda una tarde de semana. El
nifio está contento ..Pero llegan unos hombres que retiran los mue-
bles del comedor y los sacan a la calle. El padre los dirige. EL nifio
se va a la cocina ·y el padre lo considera:, sin decirle. nada, porque
puede ser timidez natural acentuada por los acontecimientos. Los
hombres caminan después hacia la cocina y la nombran, porque
deben llevarse el armario y la mesa. El nifio lo advierte y se desliza
al patio solitario, donde no hay más que unos cajones de basura, y
se esconde detrás de los cajones. El padre lo ·observa y lo compara,
apenado, con una lauchita asustada.
Las deudas, por esa enfermedad tari larga y sin remedio de la mu-
jer, la cifra del alquiler; que en su nuevo estado económico se vuelve
inmoderada, lo constriñen a ese cuarro de pensión" Pero fntima.Qlente
se halla complacido, porque el hogar quebrado no. se arregla con la
presencia de la cuñada. No se arregla; se afea·. Y él presiente que debe
darle a ella la oporrunidad de terminar con un trato y una responsa-
bilidad que ya no se ven fuvorecidos por ningún afecto.
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.1 Queda solo, con su pequeño hijo. Quizás para siempre, se dice. -Cómo, .hijito. Son las seis deJa tarde ...
Lo observa, buscando esas sombras de cansancio que el niño decla-
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ra. No son visibles, no. Pero le admira hallar, en los ojos, un destello
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Despacha en una chatita las valijas con la ropa, la camita del
chico y la silla a la que está. acostumbrado su cuerpo.
de inquietud. Sí, hasta se desvían hacia determinado lugar, esos ojitos. '
Parecen desear que. algo no esté donde está. Presm atención. Viene una
Cierra la puerta y pasa la calle para tomar el tranvía. Mientras lo voz, una voz de mujer.: Una mujer canta. Conjetura que es una, que
espera, contempla las ventanas clausuradas, sin visillos. Se acuerda ambula en salida de baño, como esperando turno para el agua.
de los visillos que colgó la esposa. ¿Qui~n los habrá sacado? Inrenrn comprender á la criatura. Deduce que lo intimida esa
Por la otra cuadra viene el tranvía. Es preciso despedirse. Despe- voz tan libre, en chocante·conrraste. con el silencio del bogar propio
dirse de la casa. En los cUas anteriores, cuando imaginaba ese· mo- reci~n abandonado. El niño percibe una presencia extraña, en ese
mento lo suponía solemne. Sin embargo ... Suspira. Siente.cobijada lugar donde tienen que vivir~ y no le agrada, pero se da cuenta de
en su mano la. manecita del niño. Hurga en el bolsillo del· saco; retira que le falta derecho para reclamar.
unas monedas y extiende el br:no para prevenir al motorman. -Está. bien, Berdto. Vas a dormir. Te preparó tu camita. ahora.
mismo.
El niño asiente con el gesto. Con el gesto, no más, dice: ".Está
Entrega la llave al dueño de la casa, toma otro tranvía y des~ ende bien. Es lo que necesito".
a dos cuadras de la pensión.
Camina, el hombre solo, con. una .figurita muda tomada de la
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La casa es como si fuera otra. Desde la. vereda, a través de la Desearla pasar al fondo, donde está el bafio; ·se abstiene, rend.rla
cancel abierta, descubre que el patio está endiablado de bailarines que me7,clarse con los bailarines u orilla.rlqs sin saber cómo. Son
y de música. tan desconoci_dos para él...
El padre siente algo en la garganta. Un mal trogo. No por él Lee títulos, miro fotografías del diario de la tarde que compró
-¿qué puede importarle?-_sino por el nifio. Intuye que ahf abajo, a en d bar. Bosteza. Se desviste. Ames de apagar la..luz, acude ·a
su lado, dembla un desconcierto, tal vez un pequefio espanto. No se controlar el sueño del nifio. Levanta. la sábana. Está con Jos ojos
atreve a mirar al nifio. Ames de enfrentarlo procuro encontrar una desesperadamente abiertos.
solución. Sospecha que .el error ha sido detenerse. Debió entrar sin El padre quiere decirle~ "Duerma, hijito; duérmase". Quiere
titubeos. Mira al nifio. El niño está mirando hacia adentro, .como decirlo con su voz más tierna y protectora, pero la. voz no le sale
encogido, como .replegada su alma. El padre quiere creer que no de la_ garganta.
pasará nada. Por fortuna, su habitación es la primera de la izquierda
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y tiene puerta al zaguán. No será necesario llegar al patio.
1 Emonces se decide. Primero: inrcnra animar al niño: S.ección jubilaciones del Centro de Empleados. Un oficinista. que
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-Mirá, Bertiro. Una fiesta. Qué lindo, ¿cierro? se apura en su trabajo, aunque no podrá arrancarse del escritorio
El niño niega con la. cabeza. hasra las doce en punto.
-Qué, ¿no te gusta la fiesta? Sin embargo; a_ las doce y cuarto consigue estar en la pénsión.
El nifio sacude la cabeza, obstinadamente. Lleva una protesta, en nombre de su bijo. Al pasar por el iaguán
El padre juzga que debe actuar con energía. observ.1. que la puerta de su habitación permanece cerrada. -Le sor-
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\ 1 -Bueno, vamos. prende, pero no lo retiene.
No ha contado con la voluntad del nifio. Tiro de la. manecita, y -Señora, ante codo, buen: dfa. Yo crel q~e esto era una casa de
• l. ese cuerpo, tan pequefio, se resiste .. Si se empeña, puede arrastrarlo . familia.
Pero ... -Señor Orrega, usted sabe muy bien que esto es una casa de
Lo alza en brazos..El niño agita piernas y brazos, en fronca pensión. En la calle hay un letrero.
rebeldía. -Sl, lo sé. Quise decir una pensión familiar.
-Vamos a tomar chocolate. -Y lo es. ¿Quién dice que oo?
El niño intenta desasirse, arrojarse al suelo. -Los .hechos, señora; los hechos.
-Chocolate con churros, con tortitas. Lo que quieras. -¿Qué hechos?
Aclara: -El. baile de anoche.
-Aquf no, en otra parte. -¿Y eso qué tiene de malo? ¿Acaso este. es un. night-dub? ¿Acaso
El nifio se .calma y se entrega. se baila todas las noches ... ?
Toman el chocolate en un bar con billa.res, donde sólo van los En el primer momento la duefia n.o estab'a di~puesta a someterse
hombres . .El nifio observa deslumbrado el juego cercano. Pero al a un pensionista tan nuevo y tan eocrespado. No obstante, advierte
terminar la raza inclina la cabecita sobre la mesa y el pad.re sabe que que puede transar: el motivo de la irritación es circunstancial y no
ya no ofrecerá resistencia. tiene importancia.
No ha cesado el baile. Son las' once. -Vea, señor Onega, yo le voy a explica-r:
Acuesta a Roberto. Explica: eso ocurre rara vez. El baile fue entre_ pensionistas.
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Ningún extrafio. llegaron camioneros de Córdoba y como en la El niño admite que d p:tdre haga combar su manecita.
pensión hay sefioriw que son rurisras... -¿Querés verlos? Te llevo.
Ortega escucha y hace suposiciones: "Turistas y camioneros. Turis-~ El. nifio cierra la mano. El padre ve que se ha ttansforma4o en un
11 tas muy económicas. Camioneros que ganan mucho...". Observa que se puño y le dude que la mano dd hijo ya anticipe las durezas de la vida.
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ella lo comprenden. Tanto que de inmediato la dueña. se halla en con-
diciones de plantear algo más delicado en que. ella es la disgustada.
-Y ahora, sefior Ortega, ¿me.puede decir quc5 pasa con su hijo?
¿Todos los días va a ser así?
Ocho y cuarto de la noche. El padre llega. No desperdicia un minuto
en amigos, en vidrieras, en pila.rras. No puede robar al hijo ese rescate
del encierro que duro ya casi una semana, hasta tanto acierte con una so-
lución o la criaruradepongasu empc:cinami~to en la clausura..El padre.
El hijo. La puerta cerrada. El padre siente que, en ese instarite, conRa en que la salida vendr:i sOla, por exclusivo 'imperio de la naruralez::t.
puede ser volteado con lo que lo coquen. El padre llega. El cuarto está a oscuras..Lo comprueba mirando
Quiere correr. Necesita ver. Pero antes precisa apunmlarse en desde afuera el vidrio de. la banderola. Entra tendiendo la ·mano hacia
alguna información. la. llave de la luz y diciendo su dolorido reproche:
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1!1 dejó al nifio~ Cuando la muchacha· quiso entrar, para hacer la. ,..,Hijo, siempre igual, y en la oscuridad. ¿Por qué? ¿Por qué?
limpieza, el nifio se puso a gritar..La muchachas~ impresionó y se La lU7. acude obediente al die de la llave, para révelarle la. integri-'
1'
.l negó a avanzar si no mediaba la patrona. Al ver a la. duefia el chico
se irritó más. Yse. notaba que no le sucedía nada, que no gritaba de\
dad del cuarto, pero a él sólo le descubre la presencia del niño, ahí
paradito, conteniéndose con la mano cierta parte del cuerpo.
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enfermo, que no quería que entrara nadie, no más. De modo que ...:Papá, pi.
las mujeres cerraron la puerta y se acabó el ruido ..La pieza estaba El nifio no contesta los reproches. Nada dice a la averiguación
j 1 sin hacer y as{ tendría q~e aguantarla el padre. del padre. Pide:
-¿Nada más que eso? -Pap:i,pi.
-¿Y le parece poco? -Ya te llevo. Guardo esto y: ..
Pero el nifio lo interrumpe y lo apura:
-Papá, pi.
la reiteración del episodio, al día siguiente, obliga a combinar ,Es un ruego:
un sistema. La mucama llega a las siete. Ames de limpiar la vereda, El padre comprende. Arroja las carperas sobre 'la mesa, cica al
apenas sacados los tachos de residuos, hace la pieza de Ortega, es nifio de la mano y lo conduce al fondo.
decir, mientras éste puede ocuparse del nifio. Diez minutos están Cuando llegan, la. criatura se ha mojado el pantalón.
salvados poda visita al bafio. Despuc5s, mientras aguardan la cena, el padre, senrado al filo de
Pero, ¿el resto del día? la cama, considera ese semblante que no parece reflejar culpa ni
-Be.rtito, yo no puedo quedarme acá. Si quisieras salir de la pieza vergüenza y sin embargo traduce la guardia frente á un castigo que
mientras no estoy... Al fondo, en el último patio, háy pollitos. no ~e puede descartar.
Una luz de interés se enciende en los ojos de la criatura. Es fugaz. El padre está demasiado confundido:
El padre se afana por hacerla renacer: -(Será. posible, rujo...? ¿Ni aunque re mueras de ganas...?
-Pollitos amarillos. Chiquititos. As( de chiquitos. Caben en tu
mano. Así, hacé un hueco con la mano.
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Ortega pide permiso. Media hora para ir a la cien~ Vuelve. Lo deja ahí. Lo (apa con una. revista.
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. l Vuelve a la oficina. La envoltura de papel no esconde el conte- Conduce al chi(;O hacia el bafio,. con ropa 'interior limpia para
d nido. Alguien se da cuenta. Una sonrisa que se comunica. Ortega cambiarlo.
la percibe. No había pensado en eso. Tampoco se le ocurrió dejar Cuando la muchacha viene a poner la mesa, le pide que saque la va-
el paquete en el guardarropa. Ahora no puede ponerlo sobre el es- sija. Ella vacila, dudando que, en realidad, a esa hora tal tarea se cuente
critorio. Lo disimula en el canasto de los papeles. Un compáñero entre sus obligaciones. Una resignación heredada le hace contestar:
ríe con ganas. Todos los compafieros ríer:t un. momento. Pero nadie -Bueno. Enseguida .
insiste con comentarios. Ortega. se serena. .La muchacha hace el reparto de _las canastillas del pan desde la
A las doce, saca el paquete del canasto de alambre. cpcinª. habitación por habitación. Como la-de Ortega es la última
El jefe, que no había participado de la. risa, le dice: de la casa, de adentro para afuera, cuando le provee su canastilla
-¿Se la lleva? Creí que estaba por .usarla aquí. con panes franceSes las manos le quedan libres. Entonces levanta el
Los demás cargan la_ burla con entera libertad. utensilio y sale al patio.
Ortega no se ofeode\ Sonríe. Acepta. Se le ocurre, repentina,- El padre escucha voces de protesta. Es un hombre y vocifera. La
mente, que en rodo esto hay un_ oscuro culpable, y sale pensando muchacha le dice algo.
que debe encontrar soluciones, sin-la•menor-demora. El padre se sobresalta. No entiende el sentido de las palabras,
pero sospecha que tieRen rdªc;ión con él.
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cierta idea, que fue súbita, que él no quiere admitir y que ya, pre-
sumiblemente, pasó, 3,unque le ha dejado el mandato de hallar la
pieza con esa ubicación y no una diferente. En la mafiana compra urr portairetrato, ramafio de postal. Espera
la noche, que es tnáS propicia para la efusión de sentimientos. Es más
apta, también, para que un padre hable las pocas palabras que un hom-
bre grande puede decir a su pequefio hijo, y percibir1sus latidos.
Nada representa, para el nifio, el traslado. S'ostiene·su vocación de -Papá, le hárá ver algo .que usted y yo queremos mucho. Pero;
encierro y, a lo más, concede acudir al bafio sin la compafiía del padre. m'hijito, noivaya aJlorar.
-¡Mafias! ¡Mañas! -clama el padre, d día que se persuade del fracaso. El nifio recibe con sorpresa esa noticia·y·esa recomendaciqn.
-¿Y si estuviera enfermo ... ? -sugiere esta duefia, que es menos El. padre despoja del papel. el porcarretram y lo ubica sobre la
discreta o menos egoísta que la otra, y ha tratado de entrar en el; pro- mesa, que ya :está libre. de las migas de la cena. :Abre la cartera de
blema del padre y el hijo. cuero donde conserva cartas,. recibos, documentos de identidad.
-Come, ¿no? -repliC3' con .violencja el padre. Extrae una fotograBa. Un retrato, un retrato de la esposa.
-Sí, eso sí. "Así era.", se dice.
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-Hace todo lo que tiene que hacer, ¿no? Así.era.unos meses antes de enfermarse.
-S C... Todo, lo que se dice todo ... Hace ciertas cosas. Pero no hace La contemplación del rétrato lo abstrae en· una forma que no
lo que hacen los demás nifios. había sospechado. Le. viene un calor de emoción y una desesperanza
-Ni lo que hace la demás gente, chicos o grandes. F.s el carácter, de.ausencia. Comprende que ha sido un error guardar la fotografía-.
sefiora. El carácter. Eso no lo arreglan los médicos. Tal vez su presencia entre las cosas cotidianas lo habría confortado
La mujer carece de mayores árgumentós. Quedá en silencio; de tanto suceso áspero_ y adverso~
concentrada. Después aventura esta opini'ón: "Así era ... "
-El carácter... puede ser.. O la pena. Así la conoció el nifio .. Así debe recordarla.
El padre advierte que ha estado todo. el tiempo bajo la mirada
del nifio. Recela de haber predispuesto SU$ sentimiemos y vacila
La pena. antes de mostrarle la fotografía. Pero está. decidido -si eso .tiene
.Estas palabras se prenden del corazón del padre. La pena. que suc~der- a llQrar con·su hijo, por primera vez jumos" lo que en
Recuerda que ha olvidado la pena. 1!1. comyn han perdido.
fntimamente, ya desligado del diálogo con la duefia, procura Coloca el retrato en la· mesa·,. delante del nifio.
justificarse. Enumera: una, dos mudanzas, las- contrariedades con El nifio lo mira.
el nifio, las deudas, la crueldad de los acreedores. El padre va a preguntar .si la reconoce, porque el nifio no ha
No obstante, a pesar de los motivos que· pueden disculparlo, he despegado los labios, no ha hecho un gesto, no ha interitadó tomar
aquí que ... la pena, tan lejana, tan apagada en tan potas semanas. la fotografía . .No es necesario preguntar'. El nifio dice:
i Pero no en el nifio, no puede haberse disipado en el nifio. Y él, -Mamá.
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que nunca le habla de la madre ....Para. nó hacerlo sufrir, ha creído Nada más.
hasta ahora. Y es que su pecho, como aquella. casa que .dejaron, se Levanta.la mirada, al padr:e, como preguntándole si aparte de eso
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ha vaciado de ella. hay algo más que ver.
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--Ll·ti·'
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El padre esrá. mortificado~ Masculla la sospecha de. que el hijo El padre posee ahora dos experiencias significativas.
es idiora. Lo que ha hecho en las peqsiones... La falta de reacción Por una de ellas sabe que, si olvidó.su propia pena, no la. había per-
ame el retrato de la madre ... dido_y por esa pena existente de verdad es que esrá tan extremadamente
Ha dejado la fotografía en el p~marretrato. En la. mafiana y· a sens.ibilizado que hasta ha humedecido su rostro con el llamo.
mediodía continuaba aj:lt En la noche no. El niño la· ha recortado Por la otra experiencia se cree reconciliado con el hijo. Ya;no lo
con tijeras y su falta de destreza para manejarlas ha. causado una culpa de sus contratiempos y disimula.hasrn donde puede el disgusto
decapitación de la imagen. que le provoca el tenaz.encierro en. ht habitación.
-¿Qu~ has hecho? -Cuando seas más grande, rendrás que .ir a la escuela. ¿Hasta.
El tono es tan duro, ya castiga mmo la pregunta, que el niño suel- cuando, Benito, seguirás de esta manera?
ra el llanto. Sin embargo, entre sollozos hace escuchar sus cuestiones: Ha intentado amisrarlo coh una niña vecina. Como siempre, acep-·
-Quiero más, q4iero otra ·para jugar. tó salir con el padre; pero jugar, hablar con esa criatura del mismo
El padre se enfurece y golpea al niño. tarnafio que él, eso no, no.
Cuando lo tiene entre las manos ca m o una cosa vencida, lo lleva La tía no puede tenerlo consigo y el padre prefiere que no pueda.
a la cama. No a la.camita propia del niño, sino a la que usa él, la que Una visira, rercetá o cuarta desde que habitan en pensión, ha
estaba ya en la habitáción, que es grande, antigua; de matrimonio. tenido un resultado ingrnto. Crispamiento del niño, gritos, una taza
Se acurruca junto al .niño. Mientras mide: la disminución de los rota. Al salir, la da deplora en· presencia de la dueña:
sollozos, como si al decrecer mermara el mal causado a .la criatura·, -Es un animalito.
le surge un presentimiento y se excim por el deseo vehemente de L'l dueña trata de ayudar, aunque forma parte de la mul-
comprobar si esrá o no en lo cierto. titud de seres que el nifi.o no admite .en sus prc;>ximidades.
La oportUnidad se produce más mrde, después que ha convencido Entonces procura acordar la cooperación del consejo:
al niño de que abandone la cama y tome la sopa. -A usted le hace falta mujer y al niño madre.
Con gran ansiedad por la respuesta, pregunta: Mujer.
-Berro, Benito, hijo, ¿qué le ha pasado a mamá? Otra palabra que se toma de Ortega. .Otra palabra tomada de
De los ojos del niño desciende una agilita fina. Elpadre teme lasti- él, pero tapada.
mar y lastimarse si averigua más el pensamiento del niño. Se arriesga, La dueña no puede saber qué sucede. No es mujer lo-que le falta.
con una voz cautelosa dispuesta a retirarse en cuanto vea que hiere: Precisamente, una causa de su trastorno es el desorden con las desco-
1 1 -Berro, Bertito, ¿dónde está mamá? nocidas mujeres de medianoche, cuando se desliza a la calle dejando
El niño levanta una mano, con el ademán del asombro, el des- er hijo al cuidado de su unico guardián infalible: el sueño. Con la
consuelo y la total ignorancia, y dice: mayor tajada de su tiempo otorgada a la oficina y la espuma de sus
-No sé, no sé, papá. Me ha dejado solo. Me ha abandonado, papá. minutos cernida para su niño, ¿cómo establecer relación regular
Puede verse que un sollozo le nace muy adentro, y hasm que sale con una mujer? ¿Cómo encontrar mujer respetable que se. avenga a
a la boca y a los ojos le sacude el pecho varias veces. su situación, a su chico, a sus deudas inagotables? No, mujer no• lé
Y eLpadre no puede consolarlo porque a él se lé ha caído la cabeza falta; pero ... qué mujeres. De orras habla la dueña, él lo comprende,
sobre el mantel y también está llorando. peroosu impaciencia de hombre no le permiredegit.
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verlas, porque son de ojos de confabulación y de malicia. y, para
que las entienda mejor, están subrayadas sus· expresiones por unas
Es la hora. en que el domingo declina. Ortega está sentado, con risit'íls de burla.
su niño, cerca del lago. El nifio lame un h~ado. Súbitamente, el hombre roma conciencia de la imagen que calan
Pasan muchas mujeres y el hombre las considera, con, gusto las mujeres: un hombre que intenta el asedio román~ico, que sigue
de verlas, nada más, sin darse a las ilusiones ni establecer ninguna a una mujer por el paseo de los enamorados, y que de. la mano lleva
especie de provocación sentimental. colgado a un hijo, del qué no puede desprenderse y que lo sigue con
Pero ésa, esa que viene allí, con un vestido que manifiesta y vela la consternación de sentirse forzoso testigo de. algo secreto que está
su cuerpo inquieto, le pone. adentro· como un presagio. Ella viene ocurriendo entre los mayores.
como llegando a reunirse con alguien. Se, nota, porque va sola, si Le. surge, al padre, una reflexión: le h~ perdido el respeto al hijo.
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bien no parece sentirse sola. El hombre se reduce ·a mirarla a los Él mismo se dice que es una extraña idea. Pero la tiene.
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ojos y ella. se reduce a mirarlo. Pero a los ojos.
Es suficiente. Está penetrado, está herido de_ des'eo. Debe se.:
guirla, debe darse con ella. Incita al niño a caminar. Le or~ena.que El lunes, el padre lleva una revista para que el niño corte las fo-
lo haga. Allá va ella, con ~paso rápido ..1!1 detrás. Se retrasa, porque tograflas y los dibujos. Últimamente lo hace siempre; aunque esta
el niño sólo logra. dar pasitos cortos, per:diéndose en_tre las piernas vez ha elegido una con figuras de mujeres llamativas. En el quiosco
de la gente que camina. despacio porque pasea; :El padre lo toma le pareció que el tamaño, los volúmenes contrastados, el fondo claro
de una mano y tironea. Lo alza. Le hace caer el helado. Se sálva de que destaca. las siluetas, hartan más fácil el recorre a las cijeras del
unos lagrimones de protesta sólo porque la criatura está ejercitada niño. Mientras espera el almuerzo la abre; observa algunas páginas
en la resignación silenciosa. y la revista cambia de destinatario.
La mujer ya no se encuentra donde pueda verla Ortega. El hom- Al llegar, el niño le ha preguntado: "¿Para mf?", y él ha asentido.
bre deja al niño en el suelo. Recupera la compostura exterior .. No Pero antes de irse la guarda en un cajón que el nifio no puede al-
obstante, se halla convulsionado de anhelos. ¿Por qué tanto? No lo canzar..El niño considera, con tristeza, cómo se desbarata su juego.
sabe. Lo piensa un instante. Porque cuando él la descubrió, ella a -:&ita no se puede romper; En la noche te traeré otra, con gatitos
su. vez lo descubrió a él. Porque no es una. mujer de la Calle y él no y patitos en .colores.
está acostumbrado, hace tiempo, a las sugestiones que contiene la La trae, en la noche. Pero el nifio quería llenar sus horas de la
mirada de una mujer que se posa en los ojos de un hombre.. tarde: el cojín que se pone sobre la silla para que él alcance la mesa
Debe encontrarla. es de cretona floreada; las tijeras han andado por ahí, dando inde-
Ella, era. evidente, iba al encuentro de alguien. ¿De quién? ¿De pendencia. ;¡las Rores estampadas, y la libertad ha sido aprovechada
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quién? Ahí está la respuesta: iba al encuentro de unas amigas. Están por la pobre mezcla. de paja y lana sucia que ~onstituía el relleno.
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reunidas, tomadas del brazo, festivas, como muchachas, aunque El padre quiere ocultar los restos del devastado cojín, que no es
ninguna lo sea. Ahora _tendrá que pasar él delante de e.lla. De ·ella$. de ellos, sino del limitado ajuar de la pensión. En la silla pondrá una
Tendrá que conformarse con verla al pasar. ¿Cómo abordar a u_na almohada. Mañana comprará otro cojín. Pero la muchacha entra
muj.er tomada del bmo de QtraS? sin llamar y ve al hombre en el suelo, recogiendo paja.
Ethorob.re espera recoger otra mirada íntima. Recoge en cambio La señora se entera por la muchacha. Acude como si la hubieran
las miradas de Q"es, cuatrQ mujeres. No quiere-verlas, ya no quiere convocado.
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Se detiene en el umbral. El nifio se retrae detrás del hombre~ que Después la acompafia hasta la esquinª·
se ha puesto de pie. No. huye porque está. el padre. Cuando ~;egresa, el hijo no está en la-~mita.
¡ ,'
-Eraran bonito, el cojín ... No debí dárselo. Son cosas que deben ¿Dónde? ¿Dónde?
traer los ·pensionistas. Busca en el baño, en el patio, sin encender; luces, 11;\mando
-Se lo pagaré, señora. No es tan valioso. quedamente, con sonidos empafiados por la angustia. -Se asoma a
--No, si no es por el valor, después de todo. Es... usted sabe, para Ja·vereda. Vuelve a la habitaqón, a revisar rincones.
qué decirlo. Me da lástima. Tiene razón la da. Es un animalito. El niño está debajo de la cama grande, justam.ente donde se
-¡Sefiora! ¡Qué barbaridad está diciendo! Yel chico oyendo todo. encuentran dos pared~.
¿No tiene compasión? Si no fuera por... El padre respira aliviado antes de preguntarle qué hace ah(, de
La mujer comprende que ha ofendido demasiado. Se arrepien· invitarlo a salir.
te, porque no se proponía hacerlo. Dijo todo eso por disimular la Cuando le habla; n.Q <;onsigue respuesta. Puede ver que la criaturar
molestia que le causa perder el cojín. permanece agazapada y descubre sus ojos redondos y luminosos
-Está bien. Tiene razón. Disculpe. Buenas noches. como los de un gato. ¡Cómo lo miran esos ojos ... !
Quiere sofocar, con muchas palabras, et. incendio. Quiere huir Insiste. Da fa7-0nes: hay que dormir; es tarde; no puede quedarse
del fuego. ahí, casi d~estido ... Pero, .¿es que le ha ocurrido algo?
Quiere cambiar el método y recurre a un primer tono:
-¿Estás jugando... ? ¿Jugando a qué? Si salieras podrías contarme.
Pero al padre le sigtie quemando, horas más tarde, y necesita Luego apela a. un segundo tono:
escapar adonde haya aire fresco. -Berco, Berro, que viene el cuco de los rincones.
Cuando el nifio duerme, se va. Hace una. voz de meter flliedo,· se echa: el Faldón de la camisa
Es medianoche. sobre la cabeza y avanza bajo la cama.
En la calle recoge a una mujer. El niño grita.
Su entendimiento está turbado por la rabia. Da con el medio de No es posible dejarlo gritar a esta hora.
vengarse de la ofensa que le ha hecho la duefia: le ofenderá la casa El padre se retira.
a ella. Recuerda que por algo buscó habitación cercana a la calle; Ejecuta un plan elemental: correr la cama. Empieza a arrastrarla,
a'unque nunca creyó posible que se animara a sacar· provecho de la cuidando de no escandalizar con el ruido -Y que la pata no atropelle
ubicación. ¿Y si lo descubren? Bueno, en eso estará la satisfacción. al chico. El niñ.o se solevanta prendido de lqs' hierros que tiene el
Cambiará de casa y quedará, para la. duefia, el agravio. ¿Y el nifio? elástico al costado. Nada podría conmda fuerza del padre, pero el
Duerme, duerme. Tiene que seguir dormido. Por otra pane, tantQ padre no quiere esa lucha.
le hace el nifio a él que algo puede hacerle él al niño. Y no se dará Enar<iecido dice: "Estarás ahí hast.a~··", apaga la luz., se desviste
.cuenta, aunque oiga, aunque vea. y se acuesta.
Ueva a la mujer. El niño reposa. La mujer, al descubrir el cuerpo Permanece un rato conteniendo la respiración para espiar; pQr el
en la camita, se rebela. El hombre se pone imperativo y ella cede. ruido, los posibles movimientos del hijo. Nada se le alcanza.
Se duerme con la hondura de las noches de amor.
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Camina todos los pasos que debe dar hasta la puerta. Son tan
pocos, pero le duelen, porque no queda darlos.
Abre la puerta, y no se resigna a irse, a abandonarlo así.
Le dice, muy quedo:
-Hasta la noche. Hasta la noche, hijito.
Suspira y cierra. FALTA ;DE VOCACIÓN
Sale a la calle. La claridad radiante le. choca: "Cómo puede haber
ramo sol, hoy".
Si se encuentran en el centro, al final de la mañana, vuelven
juntos. Don Pascual le ha alquilado el departamentito de a_trás, es
A las ocho y diez extiende el braz.o, .casi desde la puerta, y en- decir, de atrás· de· su casa, en .el pasaje Romairone, y las mujeres se
ciende la lámpara. entienden, a pesar de la diferencia de edad. Además, a Segura le
Ya no habla, no llama, no pregunta con palabras. Interroga con gustan algunas cosas que puede hacer con don .Pascual, como jugar a
un examen visual: la camita. está desarreglada, con el mismo des- las bochas, por-ejemplo, o tomar de aperitivo un par de ·empanadas
arreglo que le conoce desde anoche; el plato que tuvo la comida, ya con ·vino blanco bien frío. Conversan ·mucho y están de acuerdo.
no la tiene; el utensilio, que-habla caldo en desuso, ha salido de la.
mesita del velador, y habrá que cubrirlo con una. revista.
El padre comprende que ahora las cosas serán más diffciles. Sin avisarse el uno al otro, miran en el mismo instante y ven al
hombre que cae, de un piso altísimo, con un largo grito de miedo. El
cuerpo contra. el suelo hace un ruido aplastado, y se acaba el grito.
Don Pascual y Segura quedan magnetizados. Segura, sin salir
del trance, balbucea:
-.Primera. vez que me ocurre.
Después; en casa, puestas: al tanto las .dos mujeres, ·revisado y
comentado el acontecimiento, ·don Pascual se- recuerda y reclama:
.:..¿.Por qué dijo "Primera. vez que tne ocurre"? ¿'Le ocurrfa a usted,
acaso ... ?
Segura se explica: con.sus relatos policiales para el diario, él cuenta
al público·qué.ocurrió y cómo; pero siempre llega después. del choque
o del crimen, tiene que revivido imagiriativamente con testimonios
e indicios. Nunca, hasta ahora, el suceso se desenvolvió ante sus ojos
ni. el alarido de la vlctirha entró por sus propios oídos de cronisra.
Don Pascual que, como cualquiera, ha leído infinidad-de páginas
policiales, realmente tampoco fue espectador de ninguna catástrofe
ni de hechos violentos que merecieran la atenCión del periodismo.
Por eso quiere cotejar la realidad con la crónica. y espera el diario:
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Aya, minutos anus de qu~ so11arala sirma qu~ anuncia~[fin de las Do11 Pascual teclea con los dedos en la rnbla y ·confiesa, a medias:
tareas tk la maíúma, tk/ edificio m constn~edón tk San .Martfn ~quina... -Lo escribí yo ...
Aproximadamente lo que sabe don Pascual, con algunos detalles -De acuerdo, ¿pero qué es?
de individualización: Julio Funes, frentisra, 32 afios, casado, ere. -Una noticia. .. una crónica. Usted sabrá.
Pero Segura, que escribe todas las noches para el diario donde -(Cómo una noticia o una crónica. y que yo sabré... ? Discúlpe-
le pagan un sueldo, también escribe para u"n periódico donde nada me, don Pascual, no lo entiendo. ¿Es una noticia que. me da para
le pagan. Es un semanario y cada viernes se lo trae a don Pascual. p.ublicar?
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Don Pascual lo lee con cierca condescendencia: prefiere el diario -No. Para. publicar no es .. .
de todos los días. -¿Cuándo ha ocurrido esro ... ? ¿Dónde... ?
1 1 .Este viernes, sin embargo, encuentra algo que lo excita: --Y... aquí en Mendoza, .creo yo .
El milrcoks, ~[ obrao julio Ftuus cayó d~l dlcimo piso tk/ tdifici'o -¿Y yo no sé nada? No puede ser, en el parre c;liario de la polida
m construcción m San Martln y San Luis; El obr~ro St rompió crdn~o tendría que estar.
y cu~rpo. Ni~[ ~dificio ni los andamios mfritron d~tmoros. --Bueno, ocurrió ·en otro tiempo.
Nada más. Sin embargo, esa noticia, que por su r:nodo. se ha: -¿Otro tiempo ... ? -a Segurn se le ilumina la situación-: ¿Como
vuelto diferente de la otra, le produce determinada excitación, .de cuándo, a v:er? ¿Unos treinta o cuarenta años atrás? Porque ya no hay
la que no habla. estación San. Vicente. San Vicente se llama, hace mucho, Godoy Cruz.
Por raros se dedica a pensar tan abstraído que pone distancia Don .Pascual confiesa: quiso probarse, por si podía escribir una
entre él y la mujer. Ella~ asombrada. y en silencio, husmea. crónica como la del periódico del viernes. Pero no sabía qué contar.
Sacó el tema de una hipida del cementerio ..
Como está abochornado, lo cual se le pinta.en la cara y se corro-
Un día le dice a Segura que tienen que hablar y lo convida a bora con la evidencia de que no ha tocado el plato, Segura colige
Rodicar de la calle Amigorena. que debe· ser .comprensivo y le dice:
Saca un papel y se lo pasa por encima de la mesica.Segura titubea -¿Usted quiere escribir? Bueno, hace bien. Pruebe otra va. y
entre desdoblarlo o empezar con la empanada. Pero nora en don h:igrunelo leer.
Pascual una especie de ansiedad o apuro. Lee:
En la tstadón tk San Luis mbió al trm ~1 s~ñor Ba¡¡tista Frias. Con
~[ ufior Frias viajaba/a hija, tk ocbo afios de tdad, llamada Emtstina. Otro día .don Pascual entrega. otros papeles al periodista. Al
Cerca d~ la estación de San Vicmte, los tkmds ptZJajeros notaron qu~ ponerlos en sus manos lo hace con la sonrisa confiada de quien
la niña estaba !rorando sin baca ruido. Obsm~aron bim y tkscubriuon ere~ habe~: acertado:
quulpadre habla mumo, sin altuar aproas su. posición m elasimto, Estb~r y Su/la tstudiaban juntas para su maestras. Esther tra pobr~
junto a la ventanilla. y CflaJJdo d padr:t murió todos crcyuon que tmdrla qu~ ~mpl~arse.
Segura mira por encima dd papel a don Pascual, que no se tiene Sin tmb4.rgo~ ~/la y la madr~ comiatm menos, la madre trabajó mds
de inquieto, y vuelve· a leer: y .Estlur continuó estudiando.
En la estación de San Luis... Sttlla ltprtStaba los libros y, con la autorización tksupropiinnadr~.
No termina. Está ligeramente desconcertado. Pregunta: las zapatilla.s de goma y algún tklantal blanco m caso tk apuro.
-¿Qué es esto?
l Estb~r era pobrty Sttlla n-a rica. Ptro las dos eran igua/mmte fili-
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us ctumdo u rtdbin-on y vino un fotógrafo y las cuarenta compaña-as -Y... más o menos.
posaron en conjunto, cada una con una flor en la mano. -No, más o menos no. Literatura fantástica es esro que ha hecho
Estbn-, que n-a bonita, se casó y nunca tuvo necesidad de ejn-cer. usted. Esro es literatura 'ingenua y es literatura fantástica. ¿Quiere
Stella, qut no n-a bonita y no precisaba puesto, consiguió uno en la que le explique más?
escuela .No 1 de la capitaly por lo tanto ni siquiera tmla que viajar m -Bueno. A ver.
ómnibus a la campafía, como las dmuis maestras nuwas.
Cuando celebraron los diez años de so- maestras -no las cuarenta,
porque una habla muerto de parto- Stella; qut ya era vicedirtctora, En. el diario, Segura le. pasa el papel· a un colega:
le pidió algo a Esther. Le dijo: "Estber, tengo que pediru ·una cosa~ -Ledo.
Esthtr recordó todo lo que Sttlla le babia prestado cuando estudiaban .El colega lo lee y se lo devuelve:,
y le comestó: "Lo.que quieras, todo lo que. quieras': -No está mal. ¿Lo escribiste vos?
Sulla le pidió prestada la voz por una nocbe, para ir a rma fiestti. Segura r~ponde con un entusiasmo que parece protesta porque
Porque Esther siempre poseyó una hennosa voz y cuando criaba a ms el colega no valora como él:
dos niños tzo tmld mucbo. que bacer en las tardes y estudiaba canto. -No. Lo escribió un escritor nato. ¡Una revelación!
Esther dijo que si y Stella jiu a .lafiesta con la voz de la amiga. -¿Un chico preco_z.?
Al otro dla, al devolv!rsela, a Stella le brillaban/os ojos, y le dijo a -Qué chico. pre_coz. Cincuenta y siete afios, jubilado municipal,
Esther: "Ahora tengo novio. Gracias, .Esthn-': y le btió ímd mejilla. cu3,rro grado; ¡cuarto grado!
Segura siente necesidad .de preguntar, como antes: cc¿Qué es Otro periodista pide:
esto?" Se contiene. Procura poner inteligencia y tacto para no herir -A ver...
y, tal. vez, para. no destruir: Y un compafiero se sale del escritorio y se acerca ·al papel.
-¿Esto ha sucedido, don Pascual ... ? Segura espera que terminen. Está impaciente por la opinión.
Don Pascual se sobresalta. Esperaba un juicio aprobatorio, El que pidió, .levanta. la mirada.
-Tanto como suceder... más o menos. ~¿Seguro que no tiene más que cuarto grado? Habrá escriro toda.
-¿Más o menos ... ? la vidá.
-Es un drama social. Un redactor literario consul~a:
-¿Un drama social? -¿Es pa,ra el suplemento]
-Sí. La huérfana, la madre que se sacrifica ... No sé si me expreso Segura no había pensado en esa oportuni~ad para, el amigo:
bien. -¿Te parece... ?
-SC, s(. Eso está bien. ¿Pero ese préstamo de la voz... ? ¿Cómo -Parecer, me parece. Con otro final.
puede ser, don Pascual? -¿AsC no?
-Ah, ·eso. Es que yo no querCa un final dramático ... -titubea- -Mucha fanta5fa.
como los suyos. Y contar la verdad de lo que pasó con Esther y Stella 'Interyiene el que pidió d papel. Desdefia. esa opinión:
es muy vulgar. -.:¡Mucha fantasía ... ! ¡Mucha fantasía ... !
-¡Ah! -ahora el sorprendido es el periodista. Ya le ha indicado que no piensa igual que él. Ahora le di~e. como
Recapacita y empieza:' si lo invitara a ser más comprensivo:
-Don Pascual, ¿usted sabe qué_es la literatura. fantástica ... ? -Si al fin y al cabo, el mundo está hecho de fanrasmas •..
120 121.
Segura asimila el diálogo de la. oficina. Se: afirma. Elabora al- Segura aplica un ferviente afán de impulsarlo, como si temiera
gunos planes generosos. Recoge la suposición de que don Pascual que la vida del revelado escritor se extinga antes de realizar su obra.
tiene que haber escrito toda la vida. Le pregunra. y don Pascual lo Lo vigila, controla la producción. Rara véi le discute lo que hace.
admite: Sí, tiene varios cuadernos llenos. Aunque es otra cosa y no Sólo le exige que rinda.
puede confiárselos a nadie. Cuenra en ellos cómo eran sus campa- El gato de la cma un/a cara de bagrt. .
fieros de la Municipalidad y... algunas cosas que ocurrieron en la St lo declan, le hadan la broma de qüe lo iban a meter m una
Municipalidad, con aquel gobierno, y con el otro y el otro. Segura pecera.
es de confianza, pero no le van a gustar. Cuando los hizo, '"todavía Él acogió la omrrmda con uTiit vanidad txagtrada. Y st puso a
no sabía escribir". prmmzir de bagre.
Como confirmación de que ahora sabe,. y de que ,ha entendido Otro gatiJ se lo comió.
qué es la literatura Fantástica, le entrega otro papelito: -¿Todos, ahora, van a ser de animales? fute es el quinto.
Dt nodu, la sombra ck los drboks ts de /m·parejas. -Yqu6 quiere, Segura. Me da.
En la mafiana, cuando los drboks !Jan recogido su sombra encubri- La mujer, desde la cocina, secándose las manos con un répasa-
dora, m mi vtrtda metlmtro· una pareja. todavla mtrtlazada. dor, piensa: "Esta vez lleva razón. Le da. Vaya si le. ha dado". Está.
Con discrtdón, para advmirks que ahora strdn: v_istos por todos, gravemente preocupada. Sólo la desarman la complicidad y la com-
toco ti hombro de IL Cam los dos al suelo y no se mun~m. placencia del inquilino, ese hombre que preteñde sáberlo todo.
Mimtras busco un tellfimo para llamar a la policla, mtprtgunto an-
siosammu si ha sido un suicidio de amor o si'soy yo quim los ha matado. Don Pascual tiene sus cuidados, viejos repáros que siempre, antes
-Sí, está bien. Está muy bien. Sólo que no debe intentar otra· vez de declararse escritor, lo aparraron de ciertas tolerancias vulgares.
los dramas sociales. No son para usted. No los haga tan cortitos.. Las moscas le repugnan ton ·sólo verlas. Si alguna aletea con
¿Es su estilo? Bueno. Pero as( nunca.podrá armar el libro. ¿Le faltan insistencia cerca de su plato, se niega a comer.
temas? Bueno, imaginación no le falta. Dedíquele más la cabeza y Ahora es de noche. Cenan en un comedor:cito a la medida d'e los
los temas vendrán solos. dos: Aliado está la cocin-a. La mujer se levanta para tr;ter.el segundo
Don Pascual dedica la cabeza. Obedece. Tanto que <la esposa plato. Don Pascual se queda solo y descubre el vuelo de estudio de
se alarma y se fastidia, aunque no se atreve a Qpon·erse. Porque ya ·una mosca que elige plato para posarse. Don Pascual agita las manos a
lo sabe todo. Don Pascual escribe con ostentación y cuando· toma fin de alejarla de la: comida, apaga la lámpara del comedor y enciende
el lapicero es prudente que ella aleje visitas y traquetee menos por la del patio contiguo. Sabe que la mosca se dejará seducir por la luz.
el patio. Sin embargo, cuando esd pensando, puede golpear el Entorna la puerta. Mueve los brazos. A través de la.semiclaridad que
balde y las cacerolas, puede cantar y hablar a gritos con la vecina entra por el vano, sale como un proyectil el pequefio cuerpo negro.
por encima de la. pared. El hombre permanece tirado en una silla, ·.Lo sigue con la mirada, Constata el traslado. Ve desplazarse como
como encogido por el dolor de pensar, y ella se compadece de él un puntito que, en cierro momento de su trayectoria... ¡aletea con
porque cree que,. de viejo y con esos raros deseos, está un poco ido. aJas descomunales para su :tamafio y se ábate contra el farolito del
Entonces hace más ruidos, para. ver si lo despierta. Es una manera patio! Es-un murciélago, que sube, baja, gira en torno y permanece
de sacudirlo o de cachetearlo. Don. Pascual se. deja. como cautivo sin sosiego de la luz que irradia el foco.
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Don Pascual siente como si una mano, como si su propia mano más
fuerte, le hubiera caprurado el corazón y se lo esruviera apretando.
Sin declinar la mirada del aleteo que él ve, llama ;;t_la mujer, que En la mañana parte temprano. Esquiva a la mujer.
viene llegando con la fuente y $e apercibe de su voz d~ angustia. Al regresar, le prescribe con severidad: "Para Segura, no estoy".
-¿Qué te pasa, Pascual? De ese modo lo elude, hasta que Segura lo atrapa y entonces
-¡Mirá! ¡Mirá! ¿Qué ves? arguye:
-¿Adónde? -Tuve que andar saliendo. Cosas.
-Ahí, ¿no ves? En el patio. Segura desconfla y le concede una tregua, pero no resiste mu-
-Pero ... ¿ adónde? cho· tiempo la falta. de papeles y quiere saber. qué ha pasado con su
Ella mira afuera y "Vuelve la Qlirnda. a él, con aprensión. cuentista.
-¡En el foco! ¿Qué ves? ¿Qué hay? -No ha pasado nada, Segura. Nada. Sólo que hay cosas que no
-¿En el foco ... ? -ella se esfuerza por ve_r, pero tiene que comu- pueden ser y eso es todo.
nicarle-: Nada, nada. No veo nada . --¡Cómo· que no pueden ser... ! Usted podía. Usted puede, y no
.1!1 sí ve. debe parar.
-¿Nada? ¿Nada? Don Pascual hace un ademán que pretende. borrar o frenar la
-¡Nada! seguridad del periodista, y declara:
-¿Nada? ¿Ni un murciélago? -Tarde me equivoqué, tarde lo supe. De viejo me agarraron con
Y cuando está pregunt:wdo, cesa de ver el murciélago. ganas las ilusiones de ponerme a escribir. Qué me ibá a imaginar lo
Calla. Queda como marchito. que cuesta ser escritor; todo lo que hay que pensar y el tormento que
La mujer enciende. la luz y 1~ examina el rostro. es inventar para qué, al final, uno descubra que la imaginación se le
-Viejo, ¿qué te ha ocurrido? ha puesto rari fácil que trabaja sola y empieza a soltar monstruos.
Él hubiera preferido que siguieran a oscuras, un rato, hasta que Demasiado peligroso, digo yo.
se le pase. Todavía don Pascual reniega un poco, y como Segura amaga.
A don Pascual le gustan las cosas dulces. Todas las noches, al salir con otro argumento, le espeta con firmeza:
acostarse, le agrada ponerse un confite en la boca, un confite grande, - Yo-no-es-cri-bo-más-cuen-tos-de-é.. sos. ¡En tiéndalo bien y
de almendra. Pero esta vez descuida la costumbre. quírc:Selo de la cabeza!.
La mujer, mordiendo su alarma, procura que don Pascual repose Ame la embestida, Segura, prudente, se retrae, y don Pascual se
y s~ esmera en los últimos cuidados del día. Cuando él entra al lecho, aplaca y se arrepiente. Propone un. principio conciliatorio:
le alcanza la bolsita de La Balear.. -Para ser escritor, ¿no es cierro?, hay que tener vocación. Y bueno,
-Viejo, ¿no querés uno, esta noche ... ? pongamos que, a mí, me faltó vocación.
Don Pascual la mira como volviendo de una distracción. Dice con
el gesto: "Ah, sí", y toma un confite. Lo deja en la boca,. y se olvida
de chup~rlo. El confite permanece .alojado junto al carrillo izquierdo.
Al dormirse, sobre el coscado del corazón, don Pascual suefia que
se le ha salido un ojo y que lo está aplastando con la cabeza.
Se despierta. gimoteando como un chico.
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-Encontré a ManueL Me invitó a tomar chocolate. No me p:i.rcció
mal. No porque una. sea la patrona tiene que mostrarse orgullosa.
En otra. oportunidad puede decir con anticipación que volverá
tarde. Y al decirlo parece que pidiera permiso:
-Manuel me ha. invitado al casiño. Yo no conozco el casino,
As papá'. Y si no acepto, ¿cuápdo rendtc otra ·oportunidad? ¿Quién.
me va a llevar?
El padre comprende. Pero no le gusta: la hija tiene cuarentisiete
Hay que tomar una, chica.. El padre sabe por qu6. Porque la hija! afios y el empleado veintiués.
no soporta más los trabajos de la casa que ensucian excesivamente
las manos. La hija sostiene ouos motivos ·y el padre. no los cree,
tampoco los discute. Rosa· Esther es resignada y pasiva. Vda al amo en silencio. Si
Desde que el padre quedó impedido de las piernas, la hija supo él llena con radio las horas de ausencia de la hija, acepta la música
organizar tiempo y fuerzas para cuidarlo, hacer las comidas y la. clásica sin insinuat la menor preferenCia personal. l!lla estudia: ella
limpieza del hogar, vigilar y atender" la tienda. La tienda, la. tien- se absorbe éñ algo que no es la música y prescinde por completo de
dita, podía estar abierta de esa manera las ocho horas con un solo. los sonidos que vienen del apar:aro. Si maneja las piez.1S de ajedrez
dependiente. Hada de esto unos quince afi()s, la. ,nisma. época en después de concentraciones ran rigurosas como para enfrentar a un
que el padre se convenció de que la hija estaba desilusionada de los1 sabio jugador, ella se mantiene calladira, en su rincón, mirándolo
hombres. Después sólo la oyó hablar de ellos para censurar los de-:- o mirando quién sabe qué. Entonces, si la observa, él pi"ensa: "Des-
fectos vulgares y los defectos menos evidentes que les descubría. cansa". A veces se dice: "Descansa, la pobre. Cada vez trabaja más".
Cuando emplearon al nuevo dependiente, que al padre no le' Nunca se ha acercado a ver cómo juega, solo, el amo. Seguramente
impresionó bien porque carecía de eso que manifiesta a las personas: ignora de qué se trata y lo considera una operación personal.
trabajadoras y parecía demasiado acicalado y compuesto, comenza- Una noche visita al amo un anciano que es como él, con la dife-
ron en la hija los primeros signos de la evolución. rencia de que puede caminar. Hacen una partida. Rosa Esther los
Ahora hay que tomar una chica. mira, todo el tiempo, desde lejos'.
El cartelito de la vidriera convoca una cantidad considerable, a En la noche siguiente, cuando se quedán solos, ella se aueve a
lo largo del día. En definitiva queda Rosa Esther. La ha traído el preguntar:
padre, viejo criollo, lo cual puede aceptarse como una garanda. -Sefior, ¿qué es eso?
-¿No lo sabes? _
Se asombra y" también se enorgullece de haber provocado curiosidad.
Tal va durante los quince afios la hija deseó ir sola al cine, después Fue un jugador diflcilmente batible, "cuando -ha 'SOstenido alguna
de cenar. vezr-los ocios de la juventud eran más intelectuales". É leía.
n' ' -Ahora que tiene a la chica que lo acompafie... -dice, una noche Revela a Rosa Esther qué es el ajedrez: un juego, peró un j~«go
tras otra, y para cada una. encuentra un programa de películas que le cimcia.
interesa, que naruralmente no podrá dejar de ver. -¿Mecomprendes?Nocomo los demás. Noescomoel de barajas, o da-
Regresa temprano, apenas pasadas las doce. Sólo una vez se demora. dos. Para jugarlo, hay que tener un cerebro desarrollado ypensar mucho.
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En la joven ha encarnado la primera parte d_e la: insJt:uq::_ió_n: es Namralmente,la derrota. Rosa Esther-aplica con extrema habilidad
un juego. lo que ha captado, pero él sabe más, y puede sorprenderla siempre.
-;,Yo también podría jugar? Sin embargo, ella asimila ~las partidas con que él corta sus avances,
-No, no -dice con toda la aristocracia de su veteranía; pero se aunque no le sean explicadas. Esto tiene su placer para. el veterano. y el
ar~epiente del impulso negativo que rebaja a la muchacha y atenúa la juego vuelve a ser en él, como en lajuventud, una ardiente vocactón.
~;espuesta-: Bueno, no creo que puedas hacerlo, siendo tan joven. Rosa Esther intenta trayectorias que· no le han sido marcadas.
Rosa Esther no protesta. No pide más. ¿También a eso se ~e,. El amo se inquiera:
signará? -;,Por qué mueves la reiná de esa manera?
El amo no quiere negarse del todo: -;,Está mal?. -pregunta azorada la chica, dispuesta a .retirar la
-Hay una solución. Un juego más simple. Sirve el tablero de pieza.
ajedrez. ,.,.No, no; pero ...
"Busca allí", le indica, y Rosa Esther, guiada por éh en~ueJ}tra La mano de la chica sigue en el aire, sobre la reina, pronta a
una caja con fichas de madera, rojas y verdes, corregir el error si se lo dicen.
Le enseña la técnica. La chica ap_rende p.rQn_to, AllUT19 $e l_e Ue_na el -;,No se·corre así?
rostro de satisfacción. Podrá alr_ernars~ $P_litados de ajt!d~ con p;:trti- -No, no·es eso. Es que •.•
dos de damas frente a una persona que Olt.Jeva.·las pi~ de verdad. -;,La saco, entonces?'
-No. Puedes seguir, pero ... ;,quién re ha enseñado á mover así?
La niña retrae la mano. Con los ojos dice: ";,Enseñado ... ? Nadie·.
Rosa Esther aprende pronto. En la noche siguiénre. gana tres ;,Quién me va a enseñar a mí?". .
partidos sobre cuatro. Antes de un mes, Rosa Esther pierde muy escasos parudos·.
La hija anuncia: El amo se apasiona. Ganar -"ganarle a esa chica"- es una nece"'
-Manuel me ha invitado de nuevo al casino. sidad que lo domina.
-Sí, sf. Está bien -contes.ta el padre, apurado porque no. v.aya a La hija vuelve tarde. Ya no explica que va al casino. Saluda. El
rechazar la salida. padre le contesta abstraído, molesto a veces porque le permrba el
A la hora indicada nota que ella no se h'a vestido como para entrar:· itinerario ideal de una torre.
a, una sala de juego elegante, sino de modo mucho más común, con -;,Cómo ha estado, papci?
ropas ligeras que no le conocía..Esto lo deprime un poco. Pero no -Bien, bien. No me distraigas.
se cree con derecho a hablar. Más adelante, Manuel pasa a la sala comedor a las .dos ·de la
Rosa Esther lo vence de nuevo, partido tras partido y noche tras madrugada. Se queda hasta las tres.
noche. Entonce.5 el :uno advierte que el juego perderá seducción si En la mafiana viene tarde. Un día el negocio se abre alas diez.. Ma-
el rest.Jltado· ~- abiertamente previsible. nuel no ha llegado, la dueña ha conseguido despejar la cabeza sólo a
-Tienes mucha suerte, hijita. Veremos si. en el ajedrez es lo. esa hora, y la chica tambi~n duerme. El amo no se da cuenta. Todos se
mismo. Porque el ajedrez -y agita el dedo dé la superioridad y la han acostado pasadas las cuatro. No obstante, la hija. reta a la chica.
seguridad- es un juego-ciencia, y con él de nada vale la fortuna. -Mucha confianza, mucha confianza te estás tomando .
.La chica se informa del movimiento y el valor de las piezas. 1!1 le en-
seña algunas partidas fundamentales; naturalmente, las. más sencillas·.
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..
-
-¿Tienes cincuenta centavos...? dera. Es el fondo de sus reservas personales, para Jos gastos chicos, de
....Sí, la marná.me dejó cinco pesos. del sueldo.· tabaco, de periódicos, y esta vez. .se ha agotado excesiva.J'Jlente pronto.
.....Te gustará mis si jugamos por plata. -¿Todo lo que me has ganado hascLhoy?
El amo sabe que está contraviniendo cienoS principios del ajedrez, Rosa Esthet vacila:
que se toma de los placeres y las tentaciones de los otros que no son -¿Ya...?
"juego-ciencia", y es que percibe que le gustará más, a él, no a Rosa -No, no. Mafiana.
Esther como dice. Si ella hubiera. contestado que sí, sin titubear, él habría temido
Ha imaginado bien. Con un jaque devastador se apropia de los cin- tanta seguridad. Pero ella. ha dudado. Si él hubiera tenidQ los setenta
cuenta centavos y eso le produce una satisfacción tan avida y sensual pesos en su caja de la mesa de luz, los·,habrian disput'ado esta. noche.
que decide hacerla secreta. Pasa. el día siguiente con una alegría y UQ Tendrá que pedirlos.
optimismo que no consigue atenuar el estado de cuenms de fin de mes. -Hija, debes darme, setenta pesos,
....¿Tan poco, hija, tan poco ... ? ¿Es que ya. no entra nadie a esta -¿Y lo que tenia ... ?
tienda? -Se me ha terminado.
-No tenemos novedades, papá, y la gente busca colores modernos. -¿Para qué los quiere?
-Nunca hemos trabajado con el público de las novedades. El padre se . enardece:
El padre dice verdades y entiende que debieran gravitar para un -¿Tengo que .explicarte?
cambio en la vida de la hija, que represente además una mejora en Si la hija dice que sí, si de algún. modo pretende desconocer, en
la actividad del negocio. Pero también considera queb marcha de la ese punto, su autoridad de padre, será ella quien renga que explicar
tienda ya no es problema suyo. Suyas son las noches, actualmente, muchas cosas.
después de afias y afias de monotonía junto. a la hija, olvidado de Pero ella declina una discusión. Sin embargo, al decir que está
los amigos que fueron o existieron. bien, mientras se retira de la habitación, declara:
-Un peso, ¿te animas? -Tendré que pedírselos a Manuel.
-Sí. ¡Pedírselos a Manuel...! Etpadre está abochornado p.or esa con-
Gana él. fesión de la hija. Una,herida que pudo evitarle. Ah, ni piedad tiene
-¿Otro? ya el único ser de su sangre que le queda. Sólo puede contar con
.1 1
-Sí.
1 esa chica, su compafiía verdadera.
Gana ella. Recibe los setenta pesos. En la noche pasan a ser de Rosa Esther.
-¿Dos? Está confundido. Retorna a las cautelosas apuestas de un peso.
~
•. 1 . -S f.
Gana ella.
lli -¿Los dos que me ganaste anoche? El experimentado jugador de ajedrez desea entender lo que ocu-
-Bueno. rre. En muchas ocasiones aprovecha las horas del día para meditar
l!llos recupera. alguna jugada que hizp Rosa .Esther, mientras la chica está lavando
En un mes la chica. se hace de un capital de setenta pesos..l!lle ha los pisos, seguramente.ajena·a ese. tipo de preocupaciones que tienen
enseriado a jugar el todo por el todo y necesita que ese dinero, desme- tomado al amo.
nuzado partido tras partido, vuelva repentinamente a su caja de ma- Le desconcierta que las jugadas sean tan correctas.
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1.·
Su propia mente no da luz. al caso. Traca de recordar la. escasa -Vas al negocio. Enciendes las luces. Buscas la pieza de género
bibliografía del juego que ha pasado por sus manos. Ya no cuenca que m:is te guste. No te asustes de hacer ruido, mover la escalera ni
con los libros, que fueron de préstamo. abrir las puertas del mostrador. Eliges y emes lo que m:is te convenga
Cuando no está pensando en eso repentinamenre se le aparece para un vestido.
con cierra nitidez un párrafo, que en otro tiempo le impresionó. Est:i Rosa Esther obedece. Produce ruido como mandada a hacerlo.
en un libro ... de un autor de nombre francés. La hija no muestra enterarse. ¡Y la luz del dormitorio est:i en-
Con ayuda de la hija lo consigue. Relee, rebusca. cendida!
Da con ello: "Van Dusen demostró que mediante la lógica inevi- Rosa Esther vuelve con un cone estampado, de variados valores
table un novicio en el juego de ajedrez podía llegar a derrotar a un fuertes de az.ul y amarillo. El amo está enceguecido de dolor, pero
campeón que le hubiera dedicado toda su vida". deriva hacia la otm parte del plan que se ha propuesto:
' ·,
.Eso según Van Dusen. Ahora bien, ¿quién era Van Dusen?, se -Fíjate en la etiqueta. ¿Cuánto vale el metro?
pregunta el anciano. Un sabio, según el libro. Pero el libro es de -Treinta pesos.
ficción, aunque no dice si también lo es Van Dusen o si realmente el -¿Cuántos metros precisas para hacerte un vestido?
personaje existió. El amo no se siente muy firme en materia literaria -No sé. Unos tres...
y no acierra a interpretar de: modo que quede convencido en algún -Eres muy delgada. ¿Cuántos afios tienes?
sentido. Busca una nora de editor, un prólogo que lo oriente. Sólo -Dieciséis.
halla una referencia biográfica del autor: "Jacques Futrelle. Autor de -Bueno. No importa la edad. Tres .metros, dices. Son noventa
ascendencia francesa. Nació en Estados Unidos de Noneamérica. pesos. ¿Los juegas?
Pereció en el naufragio del 'Tiranic', en 1912". -¿Yo apuesto plata y usted la tela ... ? Bueno.
"Bueno, por lo menos el autor era una persona concreta,, se El amo juega con pasión y en un estado nervioso que le hace
dice el amo, satisfed1o de su ironía. Entonces vuelve al texto: "Van equivocar hasca el ejercicio de las intenciones.
Dusen demostró que mediame la lógica inevit:,tble...". Suspende No obstante, llegado el momento roma sus precauciones:
la lectura y se consagra a la reflexión: "La lógica inevitable". Rela- -Lo corearé yo. Trae el metro de hule y las tijeras. Mi hija no tiene
ciona la frase con Rosa .Esther. Concluye quitándose de encima la que emerarse. Después dejarás todo en orden y apagarás las luces.
preocupación: "¿Pero es que puede haber una lógica inevitable en
.
esa cnatura.... )"
.
Manuel da la pista:
. -:Ayer teníamos seis metros. Esa scfiora quedó en volver hoy.
No mucho después, en esa hora de la madrugada en que se Ptdló cuatro. No quedaban m:is que tres. No los hemos vendido.
perciben los pasos tenues, el padre nota que por el patio circula ¿Dónde están?
alguien. No es un ladrón, no. ¿Cómo pensarlo? La hija ha vuelto . ~ dueña se enciende. Allana la pieza de Rosa Esther. En apa-
diez minucos antes y está en el dormitorio. nenc•a es el cuarto humilde, con sólo lo indispensable, de una
Entonces en el padre se produce un ahogo de indignación. Se le muchacha a la que no se reconoce necesidades. Debajo del colchón,
ocurre probar si la hija está en siruación de escuchar ruidos exrrnfios. en paquetes detrás del baulito, en el baulico mismo, hay cortes de
Le dice a la chica, que se halla absorta en un problema del tablero tela, ropa interior, puntilla, botones forrados ...
y no se ha dado cuenta de nada: La saca de un brazo de la cocina, sacudiéndola:
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-- .....
-Si somos honestos ...
-¡Ladrona! ¡Porquería! -Ja-la media risa le descuelga a Manuel un costado del labio.
-Yo no he robado nada. No he robado nada, lo juro por Dios
-y llora, debatiéndose por zafurse de la mano que "la aprisiona y de
la acusación que la humilla. L1. muchacha vuelve en la. tarde detrás del padre, con un miedo
La mujer la arrastra nme d padre. espantoso de volver. Ha tenido que enterarlo sin reservas porque~ de
-Mfrela. Es una ladrona. ¡Lo que he descubierto ...! ¡Y lo que
otro modo, ¿cómo explicar la pérdida del trabajo? ¿Cómo hacerle en-
tendrá en su casa...! tender, a la f.'Ullilia, que le haya sido negado hasta el baulito con su pro-
El padre está desesperado. Quiere hablar, no acierta a hacerlo y la
pia ropa? "Que venga tti p~di:e",le ha dicho el ama, y ahí está el padre.
hija, profiriendo insultos, no se interesa por lo que él pueda decir.
Manuel no le da p:uo:·
La niña llora y le ruega: -.La sefiorita no está y el sefior está en cama. Tiene que enten-
-Por caridad, señor... Cuéntele~ .. Dfgale que no ... derse conmigo.
-Está bien -el hombre hace por delante de sí, con una mano,
-¿Y usted quién es?
el gesto del que ha sido descubierto, a: la hora de las confesiones -Manuel Gutiérrez. nada más. Pero usted tiene que entenderse
expiatorias. Sólo consigue tranquilizar medianamente a la chica, que con Manuel Gutiérrez.
sofrenad llanto. La hija no contiene d vendaval de las imputaciones Al padre de Rosa Esther le viene la gana de darle un manotazo.
y las suposiciones. -Su hija ha robado.
-No la maltrates. La culpa es mía. -¿Qué dice, mocito atrevido?
Ahora sí, la hija se queda quiera. La ha congelado la ·declaración. Pero una. mano, muy joven y muy poderosa, lo agarra de la
-Me lo ha ganado honestamente, jugando al ajedrez, en ~odo
solapa.
este tiempo. Tiene que contentarse, después, con gritarle desde la puerta:
La hija averigua, con la palabra y con los ojos: -El asumo no termina aquf. ¡La policía va a venir! ¡Y la justicia!
-Papá ... ¿está loco, usted?
-No, no estoy loco. Y lo que tiene no es todo. Ta}Tlbién me ha
ganado la vitrina alta. El padre de Rosa .Esther conoce algunos procuradores. Repasa
-¿Cómo ... ? los rostros -y los hechos que a ellos se refieren- mientras se va
-Sí, hija. Esperaba recuperarlo esta noche. Ya lo has malogrado tragand~ el frentazo. Sabe que existen procuradores de los pobres
y no sé qué haremos. Y que C:Ctsten procuradores de los pobres que se han equivocado a
Manuel, con una actitud de hombre tranquilo, ha estado en la
pro~ómo. A él le p:Uece que su caso es limpio; sin embargo, como
puerta escuchando sin ostentarse. h~y JUego por medto y su apellido no constituye una recomenda-
Ahora interviene y decide. Cuando el amo confiesa: "No sé que
CIÓn ... elige un p'illo.
haremos", él sentencia: El pillo le dice:
-Quitarle todo y echarla. -No tiene ninguna prueba... Y ella es rnénor ...
El padre lo mira, con la serenidad del que está resignado a dia-
El padre le hace notar:
logar con los intrusos: . -Mire que hay muchos pesos sobre la mesa. Y las deudas de
-No es posible. Juego son deudas de honor.
-¿Por qué no es posible?
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Entonces el procurador sospecha la posibilidad de un arreglo Le da la impresión de que estuviera cansado a cuenta. Como
extrajudicial. siempre que tiene que trabajar.
-Bueno. Si voy y lo asusto con una amenaza de embargo ... ¿Dice
que es un viejo ... ? Le prevengo que precisaré la firma de un abogado.
Ysi perdemos eso costará piara. Le enseña. la escoba de .quince. Lo más sencillo, piensa. Resulta
excesivamente rudimentario para la chica., Tute, brisca, truco. Rosa
Esther no puede decir todos los versos que rima el padre, como_ un
El padre de Rosa Esther ha puesto en marcha la venganza. Respira tran- floreo del juego. Ella no tiene memoria. Pero tiene lo que el padre
quilo y puede olvidar la ofensa de Manuel GutiéttéZ. Además su cabeza quiere: el camino siempre fácil para el triunfo. En la mesa de la
tiene espacio para otro tipo de consideraciones. I.z masculla. Despacito. cocina el padre padece tantas derrotas juntas como no 'ha. experi-
Al entrar, los recibe la averiguación de la maclre de Rosa Esther: mentado en mucho tiempo de ronda por los boliches.
-¿Y... ? ¿Qué hubo ... ? -Para el domingo hacé pasteles, Teresa.
No hace falta respuesta. Ha llegado el día señalado para la prueba. Invita a tres amigos.
Entonces quiere vengar en las carnes de la hija la pérdida de la ropa y Comen los pasteles con ensalada y vino tinto, en el patio,. debajo
el baulito. Alcanza a darle un bofetón, pero el padre la ataja con firmeza: del parral.
-Dejala. Ella no tiene la culpa. Al contrario... -dice y se interna Después Teresa pasa un pafio húmedo al hule y el marido aparece
de nuevo en su meditación. con el mazo de naipes y una cajira de granos de maíz. Arman el tute
Pide mate y sigue pensando. de cuatro. El padre pierde. .A ciena altura, socarrón, les confía:
Después llama a Rosa Esther. ·-Para .el truco rengo-otra flor.
-¿Así que renés mano con suerte? Y presenta a la hija.
-Y... no sé -responde la muchacha, modosa y encogida, porque Se ríen. ¿Qué pretende? El truco no es juego de chicos, menos de
desconoce si la atropellará un reto o la consolará un halago y considera chicas. Pero le hacen lugar. Y ponen el pesiro que no puede hurtarse
más posible lo primero. al panido aunque vaya "en broma". Al perder se dan cuenta de que
-¿Qué jugaste, ajedrez no más? no es broma-. .Ellos no son jugadores novacos y no cualquiera les
-Y damas. gana de primera intención. A menos -se consuelan-· que sea con
-¿Qué? mucha suerte.
-A las damas. ·Como la.suerte se despega de ellos toda. la tarde y no se resignan
-¿Y baraja? a esa pérdida afrentosa -unos quince pesos por cabeza-, combinan
-No, eso no, papá. Se lo juro -con dos dedos hace una cruz otra partida, por el desquite.
1·
sobre los labios. Al desquite acude un curioso.
Recela de haber llegado al punto más peligroso d~l imer_rogatorio. La curiosidad, en. la segunda ocasión, sale a la calle y gana el boliche.
No obstante, el padre pronuncia palabras insospechables: Algunos amigos .incitan al padre a que la lleve .. Determinan una
-Bueno, eso se arregla. Yo te voy a enseñar. noche de mitad de semana, con ciertas precauciones, para no llamar
El tono lleva algo de lamentación y de conformídad. la atención ..Esa noche el bar tiene más gente que. los sábados. Todos
La. nifia mira al padre. El padre no sonríe, no sé burla. Ha ha- hombres, ella sola mujer. De .este .lado del mostrador, porque del
blado con roda seriedad. otro está la esposa del duefio, indispensable para enjuagar tantos
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vasos, mordida de curiosidad, ella también, por eptrever el juego -Buenas.• agente.
de "esa negrita que arrea con todos". -¿Gusta. de algo?
-¿ U na cop1ra. ....:>
No pasa de ser la primera noche. Tendrá muchas.
Después, en cada oportunidad, al entrar en el callejón que termi- Con la mano dice que no y avanza mientras contesta.
na con su casa al fondo, Rosa .Esther· saca del bolsilliro del, vestido El~partido no se interrumpe, porque sería rraicionru,- algo es.con-
treinta, cuarenta pesos, que el padre recibe y cuenca,. a la luz del di.do. Rosa Es.ther no comprende en todo su alcance el pc;ligrq de
furo!, antes de entrar. t,m pqJic;(a ~n la mesa de juego. No se preocupa. Baraja ella. LQs
-Atu mamá.decile,.si re pregunta, que no te fue muy bien. Que dedos se Je han puesto muy ágiles.
ganabas veinte y perdiste diez. El polid:;t. CQJTiet)ta: "¡UnaJuz... !", mientras, de pie.no más, ocupa el
El recelo del padre es de que siempre gane. Por fortuna, a .veces hueco que le han abieno en la rueda. Todos asienten con un murmu-
pierde. De lo contrario sólo la wnidad de algún jugador podría man" llo, no arri~g4n QQ'Q c;omentario. Ignoran a qué ha. venido el vigilante.
tener la aceptación de una muchachita. en la mesa deJos .varones. ~1 incita: "¿Y,.. :? ¿No hay plata?". Algunos dicen que no con la
El miedo de la madre es diferente. Teme por los hoq¡bres. No cabeza. Uno lo ni~ga qbienamente, con tranquilidad, como cosa
fultará alguna mano ... demasiado sabida: "No, agentee Qué va... ". ,El padre se cree obligado
La mano que una noche se desliza hacia Rosa Esther no va para a una, información más clara: "G!J$to n_o más agente~ A los amigos
acariciar subrepticiamente, no va a despertar ladinamente la mujer. les gusta ser testigos del caso". La ll!Jll\ª·el caso, poxque no pu·ede
Le. saca el rollito del bolsillo. Es el último partido y ella pierde: no negarlo y hasta huele que el poli da ha venido jl.lSt;w\ente a constatar,
tiene por qué, al levantarse, poner la mano de nuevo allí. la fama. Por eso esgrime la osadía como un rero: "Ca,so de ~uerte,
En el callejón, sin el requerimiento del padre, ya innecesario, no más, Tanta que, por plata, no se .le anima nadie".
busca el fujo. No está. Mira el suelo. El vigilante lo mira. Ha recibido la insinuación y le parec;e que
-Papá, se me ha caldo. hay una sobra de coraje. Tiene que achicarlo. Y para eso ya no es
1 Recorren el callejón, ayudándose con fósforos par.i descubrir la cuestión de uniforme. Saca un billete de cinco pesos. Lo poneª una
huella· de las pisadas, para buscar justo, justo, por donde· vinieron. carra. La muchacha corta y da. Recoge el billete de cinco pesos. El
•i
•1 Llegan al boliche. Hacen levantar .al duefio. Revisan el piso. policía le estudia el semblante. Le recuerda ese tipo de jugadores
,,
1 1 -A la policía, habría que avisar. ¡Sinvergüenzas! Aprovecharse que no se entusiasman <;Qn J;¡ ganancia. Rosa. Esther ni siquiéra le
¡,.
as{ de una criatura. devuelve la mirada.
' 1
1 El padre siempre amenaza con la policía, pero ni acude a·ella ni El policía lleva la mano al pagtalón. Busca un solo billete. No
1· acudirá. Sabe que ningún policía que lo conozca "le hará justicia". quiere arriesgar demasiado. Di~e: ~Aquí hay otro", y observa con
disgusto que ha sacado uno de diez.
Hace tres· tiros más .. No consigue ,retener ni,ngún papel.
"Como si lo hubiera llamado", se. dice mentalmente, en la noche Entonces deja las manos quieras, sin conf~ar si P,O tiene más o
1 '
que sig~e, cuando en la puerta del boliche aparece un vigilante. No es no• quiere seguir jugando, y opina:
el. único que se intimida ante la presencia policial. En la mesa· no hay -Caso de suerte, no más.
dinero, sólo poro ros para marcar los tantos. Sin embargo, hay que bo- Se produce un momento de incertidumbre. Lo salva alguien. con
rrar de los ojos, de la nerviosidad de las manos, el indicio de las apuestas. un envite de escoba. Y par;tflO pecar por exageración de pureza,
-Buenas... apuesta una vuelta de cafia.
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u
Da vuelta los ojos hacia el agente, mientras baraja, y le explica: -SC, es cierto. Como se.ha. escirado, no lo reconoda. Pero, ¿cuánto
-Cafiita dulce, de duraznito. Por la chica, usted sabe, agente. hace de eso?
Además la condición.humilde de la madre no es una garantía de
lo que pu,eda ser. el hijo. Por eso el ·padre de Rosa Esther, disimu-
No ha sido una buena n9che. El padre de Rósa Esther sabe que ha. lando que habla, por si. el aludido le mira la. boca en ese momento
dejado un encono. Todo el dempó estuvo deseando qúe cada. mano y reconoce la: palabra, pregunta al bolichero:
se le diera en contra, a la hija. SÍ hubiera conseguido prevenirla:... -¿Batidor... ?
Pero la chica veía el billete y adelantaba porotos, estaba claro que: De atrás del mostrador sale una ·mirada inquieta, la de un hombre
con el respaldo del padre, y éste no podía decir que no. que hasta ese momento no había pensado que ahf está alguien que
Deja éh blanco cuatro dfas~ representa un peligro. Lo observa.bien, ames de contestar, y .da un
Visita al procurador. El procurador le confiesa qu~ un empleado, argumento. para tranquilizarse:
:1 un tal Gutiérrez, no lo ha dejado hablar con el dueljo 9~ la tienda. --No creo. Mírele las manos. Ha trabajado. No mucho, pero ...
Habrá que hacer un amago de demanda. H;tce falta. placa. A su Vt::L el padre de Rosa Esther lo analiza. Resume sus conclusiones:
El padre de Rosa Esther se sulfu~ "¿Oua va el mecido ese? Yo le ~Mucha ropa para tan poco trabajo.
voy a ensefiar". Pregunta: "Cuánto". Cuánto dinero hace fulra. -Y... a lo mejor... -y el bolichero hace el ademán devistear las cartas.
El procurador no sospechaba un acuerdo tan cándótóso y no Esto convence, aunque no del todo, al. padre de Rosa Esther, por..
tiene pensada la canddad que puede obtener. Vacila: que.~ un argumento razonable y combina bien con la curiosidad que
-Y... a ver, unos ~ien, ciento veinte pesos. provoca su hija. Está preparado, pues; para recibir sin sobresalto las
-Le voy a traer cincuenta. palabras que; con aire de sugestión y complicidad, le hace llegar en la
-A ver ... puede andar, si es prontó. ¿Mafiaha ... ? primera ocasión, con muchas pausas y hablándole. muy cerca. de la cara:
-Mafiana. -Una joya, la dtica. Lástima que no sepa el poker.
Hay que ganár cincuenta pesos. -¿Lástima... ? -dice lentamente. el padre, pero en voz. alta, para
que alguno más atienda, por si háy provocación--. ¿Y por qué, si se
puede saber?
No cree haber entrado, otra vez, con el pie debido. Al primero El otro lo mira sonriente, aunque sin pelea. Le descubre la des-
que descubre, el padre de Rosa Esther, es a ese que no conoce, que confianza y lo quiere ganar:
había aparecido la noche que apostó el vigilante. Le cayó mal, aquella -Porque es una pena que no salga. del barrio. Yo sé de un café ...
vez. Tiene aire de compadre, pero compadre joven, que ahí está lo El padre. se engall:t ligeramente, como siatajara una insinuación
malo. Y no es de la zona, ni de todo lo que él conoce en la orilla del sucia. El otro lo comprende todo muy rápidamente y lo serena de
zanjón. Y no hizo apuestas, ni espiaba el juego. Sobraba, no más, nuevo, con .la sonrisa y con. el gesto:
sin ofender. Pudo pasar, si era de pasada. Pero ha vuelco. -No se incomode, pues. Escúcheme un poquito no más. Yo sé
Antes de sentarse, el padre de Rosa Esther se acerca al mostrador de un café, le decía, donde.el poker llama mucho de esto --y se frota,
y hace una sefia al bolichero. expresivamente, el pulgar. con el índice.
-¿Quién ·es? La sefia se ha quedado en eLaire, encandilando al padre.
-¿No se acuerda? El hijo de dofia Cristina Leyes, que' era lavan-
dera.
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Convenido; Leyes le enseñará el ·poker. É conseguirn que entre -¿No le parece que ya sabe bastante la muchacha? -reclama el pa-
sin revuelo en el café. El padre podrá cuidarla en todo momento. dre cuando el aprendizaje ha cubierto todos los días de una semana.
No han hablado de la distribución ~de· beneficios. Evitan hablar, -Todavía no, don ... El poker, usted sabe, ·es una historia que
todavía, de. ese. juego como de un negocio. Un pudor que aún se tiene muchas historias.
puede sostener· un tiempo. Hasta que sea necesario .concretar. El padre está por contestarle: "Más historias tenés vos", pero se
Leyes se queda en camisa y cuelga d saco con determinadas contiene, porque reconoce que anda demasiado quisqu.illoso, por
precauciones. Luce bien, pero es siempre eJ mismo, y lo cuida. culpa de un dolor reumático que le·permite decir: ''Ya ve:uni'go, el
Enseguida comienza la lección ..Lo hace en serio, sin permitirse trabajo al. final lo. mata. a uno" .
.distracciones ni bromas. Leyes manosea, dueño de la situación:
Doña Teresa. canta en. el patio, mientras jabona la ropa. -Para el poker hay que h\lar fino, don.. No.se apure por· ser rico.
Sin despegarse el cigarrillo del labio ni sacar la mirada de sus Ya llegará. Tenga paciencia.
carcas, Leyes indica: Pero antes de llegar, el padre se enferma. "Un mal de cama",
-.Por favor, don, d!gale que ... dictam'ina la esposa, y él acata, porque no puede resistir en pie.
El padre de Rosa Esther lo mira sin saber al principio qué quiere; Como es un mal de cama, sólo al lecho se confía· y no a médico ni
otra mirada y un movimiento ·de cabeza le ayudan. Sale al patio y remedio alguno. Se deja citar.
enseguida el canto se corta. Leyes se asoma a la pieza.
El hombre vuelve a la silla, junto a la mesa, y no atiende el juego por -Buenas... ¿Cómo anda. hoy ese ánimo ... ?.
un rato. No está muy seguro de haber acertado. No le gusta obedecer¡ -Así, as(, no más. Bien, mejor dicho. Pero si me muevo, grito.
Menos a alguien mis joven que él. Menos, en su propia casa. -¿Quiere que le llame la Asistencia?
Más le fastidia la invasión de doña Teresa. Pero al marido no -¡Hospiralcs,.a mí, no! A mí no me encierran así como nsl.
puede protestarle.. Se le atreve al mozo porque fue vecina de la madre: -No se enoje. La Asistencia he dicho, no hospitales.
-¿Y usted no trabaja en nada? Y a los tres días:
-¿Por qué lo pregunta, sefiora? -responde muy tranquilo y muy -¿Y don ... ? ¿Se decidió?
pausado, sin molestarse. -Venga, Leyes. Acérquese.
-Como viene todas las tardes. Y cuando Leyes está parado junto a la cabecera, barajando el
-Observadora, ¿no? -sonríe-. Da la casualidad que estoy de mazo para ·la lección puntual, el enfermo le ·dice, con ese cipo de
licencia. pregunta que es un pedido.
--¿Y dura siempre esa licencia? -pregunta Ros~ Esther riéndose -¿Usted no tendría... ?
con simpatía. Con Leyes no es necesario hablar todas las palabras. Leyes no
Él la mira y enseguida le ayuda a reírse. Se han entendido. precisa saber, siquiera, cuánto:
Hasta ese momento, Rosa Esther nunca había dicho, para él, una -No, don ... Conmigo no cuente para eso. Voluntad no falca,
frase ajena a los temas del juego. Nunca habla en la mesa. Nunca pero ...
habla con los hombres. Ueva semanas de al temar con ·ellos y nada El padre sabe que no sacará nada de provecho con insistir. Echa
ha conseguido petturbarla. Ni las .malas palabras. la cabeza sobre la almohada y con la mirada en el techo se queda
masticando la caída de una esperanza.
Leyes no se v;t. Sonríe.
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-:-Hay una solución -Leyes-habla con muchas pausas, hasta para de .telas brillantes, morochas en eJ fondo sencillas, como ella. Rosa
dectr tres palabras: -"Hay una solución". Esther descubre esa semejanza por debajo de la diferencia de los trajes.
Lo repi_te con un campaneo insinu;uue. -¿Te gusta?
E~ padre mira a Leyes. Ve una sonrisa. Le desconffa, sin embargo, -Sí.
se .avtene a preguntar: -¿Sabés _bailar?
-,.¿Cuál ... ? -Un poco .
. . . "':(... usted sabe -Leyes arrastra las sílabas. -Ven!. Yo te ensefio lo demás.
-¿Qué sé yo? ~1 padre está por enojarse; pero no· lo hará mientras
no sepa bien de qué se traca.
-Usted lo sabe. La chica está lista para el café. L(:yes vuelve solo a la casa de la muchacha. Pero dos meses des-
-¿Y ahora me lo dice? p\lés de haber sa.lido con ella.
-Ahora estáJista y ahora .le hace falta. a usted -Leyes ha hablado La madre está. sola. Lo recibe hosca, a la defensiva; como. si te-
con mayor rapidez que de costumbre. Es una de esas conclusiones miera que ese hombre pueda hacerle más dafio. No puede mirarlo
suyas que no se pueden discutir. dé frente, ni siquiera al hacer la. pregunta:
El padre se toma un tiempito para dar su asentimiento. Como -Ella, ¿dónde está?
demora, el otro lo impulsa: ~lla observa despreocupado, sin concederle mayor importancia.
-Ahora le hace falca a usted, ¿no ... ? -ha vuelto a demorar las Contesta con otra pregunta:
sílabas. -¿Su mar.i<Jo, dofia Teresa? A él lo busco -y condesciende a
El padre áccede con una queja: explicar a.lgo-: Tenemos que conversar.
-Justo ahora, que estoy en cama, que no puedo ir yo~ -Ya va a venir. Hasalido·-a su vez, explica-: Ya camina.
-¿No me tiene confiapza, don ... ? Se arrepiente de hablarle asf a ese hombre. Entonces se anima a
El padre lo mira y se silencia. mostrar la rabia. Le sa.le:
-Ya, está avisada la polida. Le va a costar caro: es menor. Suerte
ha tenido hasta ahora. Quién sabe dónde la habrá escondido. Pero
se le acabó, ¡se-le-a-ca-bó! ¡Solito renfa que caer!.
Es sábado. Rosa Esther se ha puesto lo mejor de su ropa~ La ma- Leyes no se afecta. Cuando ella termina el párrafo, se vuelve y
dre la h~ ayudado a vestirse ...Es~ no sucedía desde que era chiquita. camina hacia la puerta.
Se ha. fiJado en los detalles: Mtrare esas mechas". Y ellá misma ha Ella quiere atajarlo, con un grito:
metido el peine en la cabeza de la hija. -¡No se vaya! ¡Espérelo!
A.l desembocar del callejón, Leyes la toma· del brazo. A Rosa le
gusta. Le agradaría estrenar, esta noche, zapatos altos.
Toman un tranv!a. · Sin detener su paso lento ni. acompafiar las palabras éon, Una
-¿Dpnde es? 111irada, él le concede:
-Callare. No preguntés. Te va a gustar. -No se asuste. No me voy.
La lleva a un baile. Hay mascarones pintados a un lado y otro· de la
boca de entrada, que revienta de luces. Entran mujeres con vestidos
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Desde la boca del callejón, el. padre lo descubre ante la puerta -Pero es menor.
de su casa.
-Claro -Leyes acepta que es menor, sin decir más, por no des-
Va diciéndose: "Lástima de Colt que me dejé quitar". Pero de
tapar que t~me m.ayores exigencias de los padres paJ.:a Qtorga.r el
eso hace muchos afios.
consentimiento.
Desde que se ha levantado lleva en la cintura un cuchillito corto,
Sin embargo, el padre no le plantea directamente .la <aJestión.
de cocina, de hoja triangular y muy filoso y puntiagudo, que el saco -¿Dónde van a vivir, si se puede saber?
no deja ver.
-Aquí no.
No sabe si Leyes está armado.
-¿Cómo, aquí no? -el padre se levanta.
Cuando lo tiene más cerca y lo ve tan sereno y sólido, considera que Leyes recibe el disgusto sin alterarse, S~ U:)Jlla ~ una cautelosa
será prudente parlamentar. ",Pero si hace falm ... "-, se dice, y acom-
espera. Cuando el padre ha cesado de barbotar el enoJo·, hace escu-
pafia la reserva con un juramento, para comprometerse a no aflojar.
1· char su palabra pacífica que no se le importa mucho de .la opinión
-Buenas~ don ...
del prójimo.
El padre no recoge el saludo más que para advertirle:
-Yo le. dije. recién: "Me la llevé a prueba y estoy conforme".
-Usted sabrá si son buenas.
Entiéndame. Si se enoja y no da la venia, me voy y no nos ven.
-Creo que sí, digo yo.
más. No se la voy a devolver. No se haga ilusiones. Si me la llevé a
El padre se ha detenido, á·dos metrO$, y-esp·era.
prueba era para ver cómo andaba en el poker con su suerte famo-
-Vengo a decirle que nos vamos a casar.
sa. Si estoy conforme es porque anda bien. Además, me· gusta. Es
Más de lo que el padre esperaba. Mucho más. No puede decirlo. flaquita, pero aceptable. Si la traigo acá, el negocio no anda, para
No quiere confesarlo. Se calla y sigue mirat)doí como diciendo: "Más. mí, se· entiende.
Más cosas, para que yo entienda mejor. Esto no está muy claró".
Hace una pausa y pregunta:
Leyes comprende la an·siedad y dice todo con franqueza: -¿Estamos?
1. -Me la llevé a prueba. Estoy conforme. I:.a ·Esther va a tener uñ
El padte comprende. No sacará nada de ese hombre. Nada.
chico -sonríe-. Cuando sea el tiempo, se entiende.
Sin embargo las ilusiones, cuando se apagan, a veces dejan rescoldos.
Antes de comprometerse con una respuesta, deja caer algo que
En la mesa de la cocina, el padre recobrn la palabra:
parece preocupación paternal:
-¿Dónde está?
-¿Tendrán un chico? ¿Ya lo saben?
-En una pensión.
-Sí claro. Seguro.
La madre quiere saber:
-¿Ve ... ? -se lamenta el padre, como dirigiendo la queja a sí
-¿Cómo está?
mismo-. Me queda una sola hija. Se va. A los dos meses, ya esrá
Leyes vuelve la cabeza hacia ella. Se. asombra de la pregunta:
casada y por tener un hijo. Al afio ya tendrá su propia familia,
-Bien. ¿Cómo va a estar?
' 1
bien completa, y los viejos ... solos, machucados y tristes -hace que
Y dirige la mirada al padre,. considerando que sóló de él espera
su mirada resplandezca como ante un hallazgo súbito-. ¿Y si nos
1 preguntas sensatas. El padre recoge con gravedad la distinción: dieran el chico ... ?
-Bueno, ahora quiero. saber yo, ¿cuándo se van a casar?
-¿Darle. el chico? ¿Y por qué? -con la sorpresa y la pregunta va
-¿Casarnos ... ? En cuanto arreglemos. Yo, por mí... Y ella está
de acuerdo. · el rechazo; pero Leyes se consulta y halla que puede decir-: Yo, por
mí... ¿Pero la madre... ? No va a querer, no.
146.
L47
El padre ha dado el consentimiento, a camóio de nada. El do-
mingo vendrá a almorzar Rosa .Esther con Leyes.
La madre espera el domingo.
Le pregunta al marido: EL jUICIO DE DIOS
-¿Para qué querías el chico? Hay que criarlo, ¿sabéS, no?
El marido se fastidia por la pregunta: El cuento pam Sarita.
-Es hijo de la Rosa, ¿no?
-Sí, es hijo, ¿y qué?
-¿Y si sacara la suerte de ella? U nos afios de pobreza, pero después ... El siglo ha comenzado unos siete afi~s antes. San Rafael evolu-
¿te das cuenta? A ése no se lo iba a llevar ningún compadrito. don~. El cuatrerismo decae· porque el ganado es menos, sólo por
La mujer se convence: hpmbre con mafias, el suyo. Medita un eso. La.tierra se racionaliza en colonias y en ellas enraizanJa viña, los
rato el plan del marido. durazneros y los hombres. .El ferrocarril.hallegado.con la. puntualidad
-¿Qué estás pensando? de los que, s~ bien es. cierto qüe ayudan, vienen a cobrar una parte.
-Que Leyes tenía razóq: que ella no iba. a querer. El ferrocarril. Organización inglesa. Organización. Pero alll, tan
-¿Quién no iba a querer qué? lejos, con tama soledad en torno, hace falta mucha voluntad para
-Mi hija. No iba, a querer dártelo a vos. que las cosas marchen sobre rieles. Por eso, el jefe de la estación,
Usa la voz de no ofender. Pero dice: "Mi hija", y dice: "Dánelo superior .autoridad ferroviaria. de la. zona, ·si quiere hacerlo tiene
,
a vos. m'ucho que hacer, y como el jefe, don Salvador Quiroga, lo hace
Llama, en la abierta puerta de calle, un par de manos. todo, parece. que el ferrocarri\ fuera suyo.
La mujer obedece. El marido queda eXigiendo jugo al mate. Con esa disposición para atender a cuanto sea necesario, cuando
La mujer regresa. se entera de que·eLtren de carga que viene de Mendoza ha quedado
-Es el procurador, otra vez. Dice que si no le das algo el ju'icio detenido, por confusas causas, entre Resolana. y Guadales, se dice:
no puede seguir. "¡En pleno desierto!", y como su. cuadrilla~de vías. y obras está tra-
bajando mucho más arriba, cerca de. P.ichi~ciego, y c5 lunes y·por
lo tanto no circula tren de pasajeros, piensa.Uegar primero con su
presencia y .el auxilio humano pára el maquinista, el foguista y el
gu'arda del convoy. Ep una zorra cargados damajuanas de.agua, una
de. vino, galleta y salame, jamón y escabeches. Y como el ferrocarril
es suyo, con sólo dos peones toma .la vía, dispuesto a alternarse con
ellos en. el braceo de la palanca.
Don Salvador cala los atributos. de mando. Lleva chaqueta con
botones de metal blanco y gorra de visera, con el cargo bien cla-
ro en letras doradas, pero con una grafía de uso exclusivo en los
ferrocarriles ingleses: "gefe", así, con "g". En realidad ni gorra ni
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chaqueta le convienen para el calor, tan serio, a golpes limpios de -Sí, don.Salvador; A una.hora de aqu1. Tal vez. menos.
sol y rachas de aire de hoguera. Con una mano defiende la gorra Hay conformidad en el que responde .. No en el otro, aunque
del viento; con la otra tironea las damajuanas que se corren para lo diga sólo con los ojos. Don Salvador nota. esa ·inquietud y sabe
atrás en la plataforma y pueden perderse. que puede comunicarse. al compafiero. Porque alH posible.ll)ente,
Antes de dejar los cultivos que configuran Cuadro Nacional, don tendrán agua dulce y fresca, ¿pero más arriba? Mucho e.xige el jefe,
Salvador siente que, por lo que respecta al trnbájo, él está sobrando, aun- y él mismo se siente. jncómodo de p.edir tanto, pero, qué ha de
que sea máquina para ocho brnzos.l.o5 peones se bastan solos. Fuertes, hacerle: el ferrocarril .es suyo y tiene que c.uidarlo.
graves, suben y bajan los duros torsos, mientras el sudor les pega la ca- A media hora de marcha, el peón conocedor suelta una mano de
misa al cuerpo. A uno le vuelan las crines negras; el otro las encasqueta la palanca y con el. brazo extendido sefiala hacia el norte, del lado del
con una boina. No piden resuello. Tampoco don Salvador, porque poniente. Don Salvador sigue con la mirada el rumbo indicado: jari..
no es hombre blando aunque no le vaya bien esa travesía. tan trajeado. Ua no más, jarilla todavía por todas partes. Pronto igualmente él des-
Les da una tregua, concediéndosela. él mismo. Paran, respiran cubre la tierra Limpia de malezas y .luego percibe.la :forma civiliiada
hondo. No hablan, todavía..Los tres tienen sed, no quieren beber de los surcos. Más adentro, como a cuatrocientos metros, la vivienda.
estando sudados. Por entretener la espera que manda la prudencia, Los peones bogan lentamente, hasta ubicar :el punto apropiado
observan en lontananza, con mayor interés hacia d punto donde para detenerse.
se pierden los rieles. Por allá se distingue una mujer, probablemente una anciana;
-No viene -dice uno de los peones, y es indudable para los otros con ·una criatura pegada a las faldas. Más lejos aún, ull hombre que
que se refiere al tren .. esrnba encorvado sobre los surcos suspende el trabajo y se queda
-Ni un alma -res!lffie el que ha mirado más detenidamente en torno. mirando. Los campesinos se mantienen a la expectativa.
-Pero r:nás arriba están sembrando. Yo he visto, en otra vuelta Don Salvador da orden de detenerse y los peones, como grandes
-previene el que los desilusionó de que el tren acudiera por sí solo perros cansados, suspenden el bombeo de la palanca. y.se dejan caer
hacia ellos. al suelo, a la exigua sombra de la zorra. Delegan .implícitamente
Ya han descansado y han conversado lo suficiente. Don Salvador en el jefe el resto .de la. rarea. lll: tendrá. que conseguir el agua. Don
destapa una damajuana de agua y se la. alcanza al más forzudo. Para Salvador se. pregunta si n\mbién le corresponderá traerla:, y com-
tomar hay que empinarla. en el aire ..El hombre pone los labios en el vi- prende. que eUos hacen demasiado bien y demasiado.solo~.su parte.
drio, recibe el.líquido ~en la boca, baja la damajuana y escupe-el agua. Los deja con un resuelto: "Ya. vuelvo".
-¡Caliente como un diablo! Se encamina adonde está. la anciana. No.sabe cómo pisar para no
,...¿Y el vino ... ? -pregunta el jefe. La respuesta es obvia, sólo que romper los surcos ni sufrir la posible acusación de dafiar semillas.o
él, el "gefe".,. tiene que mostrar preocupación por .sus subordinados brores. Va a.solicitar algo; lo necesita para sí y pé!.ra sus:~hombres y
en ese trance que no se· le ocurrió, porque ·a la intemperie los, red- no debe provocar reacciones en contra.
piemes tenían que calentarse, pero no tanto. Echa cuentas: están Se estira la chaqueta; prende Jos bocones para que el metal, al
a unos seis kilómetros de Cuadro Naciomíl; falta más del doble de sol, impresione más; se asegura que la gorra ton la palabra "gefe"
ese trayecto hasta la próxima estación, dos horas con exceso. ¿Habrá en letras doradas es.té bien derecha sobre la. cabeZa.
que volver esos seis kilómetros? La anciana parece recibirlo con gusto. Sonríe.l!lledice: "Abuelita",
-¿Donde están sembrando habrá agua que no sea salada? Eso explicaJo que pasa y pide el agua. La mujer dice: ''Sí, sí'', ·siguesonrien-
está antes de Resonala, supongo. do y no muestra apuro por hacer nada, aparre de ver bien al hombre,
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su uniforme y sus botones, y escuchar su .historia. Don Salvador reme sospecha que le conviene evitarlo. Cuando adviene que la mujer
enconcracsefrenrea. una. débil menral y Jedan ganas de empujarla hacia no se encamina a la casa, sino hacia el hombre que ha permanecido
la casa. Se contiene y hace una caricia a la nifia; que narurnlmeme nó quiero al exuerno de un cuadro de surcos, opta. por quedatse.
le importa, y que está muy sucia, descalza, con una mirada. tranquila La vieja hablá con el hombre. Lo hace inclinar, para hablarle
y amistosa para él, como si hubiera estado esperando que· reparara en al oCdo. No se percibe que ·él responda. Alza la cabeza y mira con
ella; pero plenamente. confi'ada en que eso sucedería. .Cuando .retira la detenimiento en derechura a don Salvador. Don Salvador lo ve.
mano del mentón de la chica. -una nena de men·os de dos afios, que agacharse.-Cree que recogerá un porrón de barro· para ofrecerle agua.
no parece saber hablar- ella hace algo semejante a un gran esfuerzo con Pero no. De los surcos el hombre ,levanta una escopeta.
todo el cuerpo, levantad bracito, sefiala con el dedo a don Salvador y¡ Don Salvador no acepta pensar nada malo. Se dice que no sale
cortando la palabra en sflabas, con mucha. firmeza articula: de lo común ·que d. campesino tenga a mano la ·escopeta~ por si co-
-Pa-pá. rre un~ liebre, por si sale la víbora, por si vuelan palomas silvesues
Don Salvador sonríe comp ante una gracia. .La vieja se sorprende o se abalanza la plaga de los tordos. ¿Que el hombre viene con la
un instante, nada más que un instante, y de inmediato también escopeta? Bueno, es gente que no suelta el arma, prevenida frente
sonríe, aunque con mayor satisfacción que, ;él. Se inclina, para a un extrafio. ¿Que ya está. ahí, encima, y él y la yieja uaen una
acercar su cara a la carita. de la nifia, y le dice, como incitándola a acusación en los ojos? Bueno, bueno ...
confirmar, .o negar: Como llegan, se detienen ante él y no hablan, don Salvador
-¿Papá? .¿Paaa-pá? imenta entenderse con el hombre. Le cuenta: el tren, el agua, los
Lo dice y ~e críe. peones, las damajuanas, el sol. ..
-¿Pa-pá? ¿Paaa-pá? El hombre -treinta afios, es decir, seis, ocho, menos que don
Y la nifia repite, muy convencida: Salvador, pero un cuerpo duro y elástico, y un enojo fuerte en la
-Pa-pá -y-con el.dedo apunta hacia arriba, aJa cabeza del jefe. cara- lo corra sin atenderlo: "Ya lo sé, ya lo sé ... Vamos a ver otra
Don Salvador pasa de nuevo la mano. por la carita y puede creerse cósa". Sin aliviar· la mirada que descarga sobre don Salvador, lla-
que hace un esfuerzo no calculado por borrar de la· nenala gana de ma: "Juanira", cbmo sLse tratara de alguien que se halla lejos; pero
decir esa palabra que, sin motivo, le esrá provocan~o un malestar. nombra a la nifia, que lo mira con un poquito de temor. Entonces
.Los ojitos están tiernamente puestos en él y .la Yieja mira eso~ la vieja se sienre convocada a la pr.ueba~ satisfecha de la oportunidad,
ojitos con una curiosidad impaciente: y gozosa. y con alegría excita a la pequefia que está en sus brazos:
Don Salvador hace otro esfuerzo por distraerlas de eso que le -¿Paaa... pá? ¿Paaa... pá? .
parece juego: Y le hurga la pan cita con una ufia, como para hacerla contestar
-Abuela, el agua. Mis hombres, allá, ti~nen sed, y tenemos que con palabras y, a la vez, con risas. "Sigue el juego~, quiere pensar
seguir. don Salvador, mas no consigue uanquilizarse.
La vieja, como recordando repentinamente algo muy importante -¿Paaa... pá? ¿Paaa... pá?
que había descuidado, lo calma con la mano, le dice "Sí, sí" y se Y de nuevo, esa mirada infantil que se abstrae para contemplarlo
va tironeando de la criatura que se da vuelta para llamarlo queda- a él, ese dedito que se alza y la vocécita que dice:
mente: "Papá, papá". -Paaa-pá.
Dos fuerzas tironean también de dón Salvador: seguirla en:pro- Y entonces también se alza la escopeta y la boca del cafio queda
cura del agua y volverse a la zorra. Hay algo que no comprende y a la altura de la frente. de don Salvador.
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El otro ·no responde. ¿Asentimiento o duda? El compañero-ave-
ngua:
Desde la sombra de la zorra, los dos peones del ferrocarril han -¿Qué te parece?
es cado ·observ;tndo: el "gefe" que se estira la ropa; el jefe que pisa los El preguntado se toma todavía un momento. Oespués dice:
surcos como temeroso de ensuciarlos; el je(e que habla con la vieja, -¿Cuál damajuana, la del agua o la del vino?
que habla, que habla, que habla; el jefe que se agacha y acaricia a: la
chica; la. vieja que se va con la chica; el hombre que se agacha para
escuchar a la vieja; el hombre que se agacha y levanta ... ¿un palo?,- Un chico de unos diez afios, que sale al encuentra del grupo ju'nto
no, una escopeta; el hombre que viene con la escopeta¡ la vieja y la ·con los perros, da vueltas y corretea como saband!ja. El hombre ~e
chica; el jefe que habla con el hombre o el jefe hablando solo·frchté la escopeta le ordena que avise "a todos los d_emás" y anteS de medta
al hombre; la escopeta que se levanta... hora don Salvador se. halla frente a un especie de. tribunal. En la
'""¿Vamos... ? cocina, con larga mesa cubiertá de hule y sudo de tierrn apisonada,
-¿Adónde? le ponen una silla baja, de totora, desde donde ve m:is altos a esos
-A pelearlo. 'hombres Aacos, con mucha tierra en el pelo 'Y unas manos d.e dedos
-Y él, ¿qué hace que no lo pelea?~ ·duros como madera, que también pueden parecer garras.
-Y... cuchillo no tiene. El que lo empujó hasta la casa lo tiene más cohibido que los otros,
.-¿Y manos: .. ? porque a la menor tentativa de protesta sé insinua con la escopeta.
-Qué, ¿querés que lo manotee ... ? Ya es tarde. Comienza:·elm:is viejo:
-¿Y patas ... ? Con una patada. en la canilla.... -¿D6nde está la Juana?
...Cierto, no. Don Salvador va a responder insrantáné.imente: ''¿Quién es la
El que preguntó"¿ Vamos?" se calla. Ya no tiene qué argumentar; Juana? ¿Qué estupideces son éstas?". Siente que le nacen las preguntaS
Siguen echados, ahorrándolealcuerpo todo lo que pueden,desol yde1 y la protesta; pero antes de abrir los labios consulta con la mirada al
movimiento. Parece que están :unodorrados y distraídos. Sin embargó: dueño de la escopeta. Cree adivinar que ya tiene franquicia para decir
-Ahora. se lo ·Ueva. algo, aunque seguramente con limitación a lo que se le pregunte.
El otro no• comenta la nueva.situaci'ón ..El primero insiste: -iLa Juana... ? ¿Quién es la Juana?
-¿Vamos? Entonces un hombre que estaba en otra sill~.- más alta, y muy
-¿Adónde? cerca de don Salvador, levanta una mano como para darle un bo-
-A traerlo. fetón, sin que llegue a descargarlo.
-¿·y st'1o tf.lemos ....) Don Salvador se vuelve más dmido. Hace un esfuerzo por en-
-Y... lo traemos. tenderlos, ya que visiblemente no tendrá su ayuda pará desentrañar
-Lo traemos y a seguir... sube y baja. la. cuestión.
~Cierto. -¿Es la hija ... la hermana de ustedes?
Otro silencio. Hasta que el de la iniciativa propone: La vieja ríe. Eso significa que ha acertado. Significa también que
-Ponemos la damajuana debajo de la zorra; cuando se· pueda ellos sospechan: "Se hada el que no la conoce".
tomar, si don Salvador: no ha, vuelto nos vamos a la estación y que .,-¿D6nde está? -insiste el del bofet6n suspendido.
se encargue la polida. -¡No sé! ¡Qué sé yo! No, la conozco.
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~omo ha reaccionado c;:on mucho ímpetu, teme que se.le echen Se sosiega. No rfe más con tanto r:uido. Con una .sonrisa de
enc1ma. Como eso no ocurre, adquiere por un momento la ilusión malicia le da·de nuevo a su argumento desde el principio·.
de que los ha sorprendido con el acento sincer.o de su réplica. Se Con el dedo gordo vuelto sobre el pecho se sefiala y dice: "Yo
desengafia solo: lo único que despliegan sobre él, provisoriamenre, soyila abuela". Indica hacia un lugar impr~ciso, que bien puede.ser
es un poco de paciencia. la puerta por donde. se sale al campo, :y rect,terda: "La Juana era: la.
-¿A qué has venido? nieta~. Y con decidida. picardía. en los ojos y una risa altisonante estira
-¡A mf no me vosea nadie! Soy el jefe del ferrocarril. La ley... -y todo lo que puede el brazo y el índice hacia lasillirnde don Salvador
se ha puesto de pie. y declara su convicción: "El que andaba con mi nieta. también es mi
.Los que estaban sentados también se paran y los que estaban nieto y ten fa que llamarme abuela". Ahí queda llegar.
.parados ponen el cuerpo cbmo si .estuvieran por saltar. Don Salvador se entiende ·de rabia, como si hubiera caído en:
Don Salvador se. sienta. Pasa la ráfugade.violencia. Queda, como una trampa. La familia masculina de los campesinos tarda·un poco
resultado, una..modificación. parcial en el trato: en captar la conclusión. Al hacerlo varía en la. relativa unanimidad
-¿A qué ha venido? anterior: algunós acompañan a la vieja en su hilaridad, otros se.
-A pedir agua, La abuela lo sabe. ponen más cefiudos y severos. Despectivo, pero menos hostil que,
La abuela rfe. Tiene una boca desagradable, tal. vez temible, pero antes, uno le dice:
ahora don .Salvador aguarda que de ahí nazca para. él una ayuda. =-Te has pisado, che.
Con muestras. de afecto, la anciana se acerca.y Je pone.una.mano Don Salvador no lo puede admitir:
en el hombro. Le dice, como recapitulando algo bien sabido por --¡No! ¡No!; ¡Y no! --protesta, machuclndose el muslo derechó con.
los dos: tres golpes. de puño, sin atreverse a abandonar nuevamente la silla.
-Tenías sed, ¿cierto? Su enojo despeja de risas el ambiente y parece un. llamado· a
-Sf, usted lo sabe. considerar la. situación más en serio~ Las pregunrás se multiplican:
-Y querías agua. -¿Se han casado?
-Claro. -¿Te mandó ella?
-Y yo soy la abuela .. -¿Por qué no vuelve?
-Seguro. -¿Has venido por la Juanira?
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-¡Ja, ja! -la vieja rfe,. victoriosamente, mientras· los hombres que -¿Espera: otra... ? -en un además expresivo de .maternidad.
h_ap seguido con atención el diálogo, se esfuerzan por compre~der -¿Qué piensan, hacer?
el sentido. -¿No han pensado en nosotros?
La vieja comienza. a revelar: su treta. Don Salvador mita a cada una de las bocas que se abr~n e insen-
Ríe, de, mientras se sefiala golpeándose eón toda la mano abierta siblemente la. suya se va abriendo también, de asombro. Sin embar-
y dice: "Yo soy la abuela". Los otros la acompafian con una sonrisa go, advierte que la situación se inclina más .en favor de. un diálogo·
de acuerdo, sin que todavía se ltitga.en ellos la claridad .. Don Salvador razonable, porque los acusadores ya no tienen la preocupaCión de
está muy desconcertado, tanto que reclama: probar su culpa.
-Sf, sf. ¿Qué hay con eso? Hace una sefia, con la mano. Un ademán en.el aire. Por el ade-
Los homb.res no le hacen caso, porque esperan algo de la vieja y mán y por el rostro, que muestra cansancio, un cansancio como de
ella se va al centro de la cocina, como para que la vean mejor. hombre vencido y dispuesto a confesar, cesan las voces inquisidoras.
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Don Salvador mismo cree que pedirá que lo escuchen serenamente, -¿Y no fueron al pueblo... a ver quién había hecho el daño?
con m:ís COf1CÍenqa, pero ... de adentro le sale otro ruego: Parecen desentenderse con el gesto, como si ·sus impedimentos
-Agua... tuvieran que ser comprensibles para todo el mundo:
No esperaban eso los jueces. Esa palabra: "AguaH.", en lugar de la -Eh, ¿y la cosecha?'
confesión sospechada, parece m:ís sincera que·todo, y en sus mentes -¿Y rodo lo demás? ¿Y lo que había que embolsar?
comicnz."l a. escampar. Tal vr:r; una punzada de~ emoción hace que Están dando explicaciones: se disculpan. Don Salvador siente
alguien ordene al sabandija: que gana terreno.
-Traele. El viejo no sólo tiene memoria para~ los primeros inconvenientes:
Y todos permanecen callados hasta que el sabandija traed jarro de -Al principio, m.ientras eso le crecía, sí, fue por el trabajo. Des~
loza, mientras don Salvador hunde los hombros, en la espera, cbh la pués, ·con la. papa, fuimos en el carro, yo y éste, y la llevamos a la
vergüenza de tener que confesar una necesidad tan elemental y verse Juana. Pero no quiso decir nada. Como siempre, decía que no sabía.
forzado a recurrir a una especie de piedad para conseguir un 'trago· lo qué le. pasó. Que nadie tenía la. culpa.
de agua. Cuando se lleva. etrecipiente a la boca, se da cuenta de·que. -El viejo...
precisa mucho el agua, perp qu~ algo se le ha end'urecido en la.gar-· Se ha. generalizado un afán explicador y hasta el nifio, el sabandija,
gama, porque para pasar cada sor~o tiene que esforzarse y le resulta pone lo suyo; empi~ a decir: ",El viejo ... " Y' uno de los mayores
como tragar algo sólido. Nunca don Salvador se ha visto en·trance recoge la referencia. para éontar él:
tan absurdo, porque eso no se arregla con arresros de hombría, por- -El viejo la molió. a. palos. Pero se·volvió .muda.
que lo confunden, lo atropellan y lo tienen secuestrado, porque está. Otro refiere:
desamparado en un ·rancho del desieno donde sólo moran enemigos -Todos los días, a la oración, al volver de la chacra yo le pregunta-
que nunca imaginó tener. No puede confonarse con la idea de que ba-<omo obse~:va que don Salvador no le éntiende, procura ser más
en la vía están los peones. Los campesinos no los dejarán acercarse y, claro-: Yo cuido la. chacra. Bueno, cuando volvía de la chacra, rodos.
si salen por su cuenta en busca de ayuda, es dudoso que vengan con los días, todos los días, le hablaba del asunto, y ella ¡nada! Enronces
auxilio antes de que él sufra quien sabe qué afrentas '1 qué castigos. yo le; $acudía un sopapo. Después se escapaba. Hacía la comida tem-
Le han dejado un remanso, para pensar, y se percam de que su único prano, a. media tarde, y la dejaba al rescoldo. La vieja la servía.
recurso es apelara la palabra y el razonamiento aunque constituyan débi- ·-¿Y entonces se fue? -quiere saber don Salvador.
les medios frente a tanta obstinación. Sin embargo, lo alienta esa sorpre- -No, pues, primero tuvo la cría; La amamantó.
sa respetuosa que consiguió al rogar:"Agua ... ". Sí, tal vez logrará algo. El viejo lleva más-ordenadamente· la. historia, que los demás qui-
-Ustedes creen que yo estuve con la Juana, que yo soy el padre zás recuerdan por episodios, rasgos, détalles, sin haberla repensado
de la chica. Yo soy el jefe de la estación de San Rafael. Nunca estuve ínregrarhenre. 1!1 puede dar un cuadro más completo:
aquí. Siempre pasé en el tren. No me había fijado ni siquiera en que -La tuvo aquí, la crió. Ya no le hadamos nada, nj preguntas, y
estaban cultivando esta tierr;1. ¿Cómo podía... conocer a la Juana? ella hablaba. otra ve:z., Hasta que tuve la idea.,.
-Ella iba al pueblo. -La mala idea -interrumpe el de la escopeta.
-Era la única que podía dejar el trabajo. -Sí, la mala idea·-éorrobora otro, asumiendo el papel de narra-
Tienen motivos remotos para sospechar, pero razonan. Don Sal- dor--. Tuyo la mala idea de volver a pensar en el tipo ...
vador se anima a formularles una medida objec;;ión, también qatural, (DpnSalvadorrecogeesocon esperanza: dice "el tipo" y no se refiere
con el riesgo de· que ·la tomen como una acu~ación y una ofensa: a él; a él, simplemente, le cuenta. ¿Se entusiJt.sma prematuramente?)
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-.·..y fa mandó al pueblo como antes, peto con la mocosa, para el m:,tquinista que aquí está parada una zorra. Si no la ve, la choca;
ver si el otro picaba. y se encarifiaba. Una vez, cuando volvió, la el tren descarrila, muere gente,_ se incendian los vagones, se pierde
chica decía ... la mercadería -gesticula1 exagera el vaticinio porque sabe que los
-No, no. Dejame a mí -la vieja le tajea el relato. -peones-pueden sacar la.zorra de las vías; y s!)lo c:;uando ha conseguido
Ella quiere decir su parte, lo que más domina: el efecto de desastre cambia de tono-: ¡Ah, si ustedes me conocieran
-Deda "papá". Ames no sabía hablar. Volvió del-pueblo y decía: a fondo ... ! Si preguntaran por mí, sabrían que soy casado, que tengo
"Paaa-pá" -y la vieja trata de decirlo como la criatura. mujer, dos hUost ¡dos hijos!, uno de siete y otro de cinco.
La vieja sigue soltando consideraciones que los demás saben: -¡Peor! -replica uno :por rodos, y ya no lo dejan hablar, para
"Lo único que aprendió: pa-pá. Seguro que lo vio; seguro que la acusarlo, más enojados que antes.
Juana se lo hizo ver y él le ensefio: páaa-pá" ..;;mientras los hombres .;...¡Casado, y con 1~ Juana!
se abochorl)an como ante el fracaso ominoso. de un agudo plan·. -¡Y haciéndole hijos!
Procuran dejar a. salvo el orgullo: -Seguro que la ha perdido y viene aquí a buscarla.
-¡Le pegamos una .... ! -¡Más que seguro!
-Entre todos, ¡le dimos.! Y ella, nada ¡muda otra vez.! Uno avanza. Don Salvador quiere atajarlo con los pies, pero está
-Y una noche desapareció. En la madrugada, cuando me le\ran té, can bajo en la sillita que apenas consigue levantar las piernas en el
el fogón estaba apagado, y yo me dije: "Algo pasa". air~, mientras el otro atropella y de un empellón lo tira,~ suelo.
La vieja empieza a llorar en silencio. Los hombres sorben recuer- El vecino, enardecido, le aplica un puntapié en las cosdllas y don
dos desagradables. Salvador ya sólo atina a encogerse. Los golpes cesan.
-Dejó la chica, se fue y esta es ya una casa sin mujeres, porque Arriba, en la superficie donde discuten y se mueven los hombres
la vieja ... ¿Y quién hace ahora una comida decente, quiere decirme, que pueden esrar de pie, y no como él echados en cierra, el viejo ha
quién lava la. ropa y hornea el pan, quiere decirme? ¿Voy a tener conseguido frenarlos. Don Salvador calcula que ese puede ser su
que casarme yo? resguardo, si aún es posible conseguir alguno.
Don Salvador esrá admirado: ¡ahora se confiesan ellos! De modo El viejo los·aqüieta, los distribuye en lugares donde no puedan
que ... la Juana se fue, ellos están furiosos porque perdieron a. la. hija, trabarse tan fácilmente en camorra.
la hermana y la mujer de trabajo, y desean recuperarla; en cuanto al Asume el semblante de la sentencia; aunque con cierra humildad,
hombre, lo precisan sólo a. fin de saber dónde está ella, y en cuanto a como si actuara por delegación o de antemano se sometiera a una. vo-
sí mismo, poco es, seguramente, lo que fulrn para quitarse de. encima luntad superior. Con todos los signos de una decisión final, declara:
las sospechas que despert6. Pero ... se equivoca. -Apelaremos al juicio de Dios.
Intenta despojarse definitivamente de los cargos pintándose con Este expedieme dene una virtud apaciguadora, que se traduce en
un aura moralista, familiar~ y con los tónos de su autoridad. silencio respetuQso, de: gente a quien se le recuerda poderes que están
-¡Ah, si ustedes, antes de acusarme, hubieran pensado quién soy .por encima de los suyos. Sin embargo, el hombre de la escopeta se
yo! Mi responsabilidad ... -saca el Longines, mira la hora, muestra atreve a sacar una pregunta que insinúa el rep:iro:
la esfera y lo guarda en d chaleco- si antes de las 12 no doy desde -Bueno, de acuerdo. Usted lo manda.· Pero, ¿por qué?
Resolana la sefial de llegada del tren. de carga, bajará la cuadrilla de El viejo mira al joven. Mira también en derredor y encuentra
vías y obras. Si no pueden ayudar y más demoran, más seguro es que en los ojos de los demás se ha formado la mism:i interrogación.
que, de. arreglarse, el tren llegue por acá de .noche. Cómo va a pensar Entonces accede a pronunciar los fundamentos.
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-Porque este hombre dice que no es el padre de la J uanita-y'noso- -No, pues ... No digo eso -.refunfuña el terco.
tros decimos que es. Dios debe estar enterado·y tiene que decirlo. A esa altura. el ·viejo cierra el capítulo:
Habla con mucha suavidad, eón una especie de iluminación -Bueno, entonces dejá que Dios nos:diga lo que tenga que decir
rústica que ante su auditorio reviste de pte5tigió sus1 palabras. Dice y vos no te metás.
y observa, y descubre que el efecto es convincente para todos, menos Y le vuelve la. espalda para enfrentar~ resto,.por si algún otro tiene
para el hijo apegado a la. escopeta, que mantiene el gesto porfiado y algo que objetar. Se traslu.ce una disposición de ánimo de acatainieht'o.
menea la cabeza. Comprende que si el hijo discute ya rio será efiCaZ. Don Salvador bebe los acontecimientos, tan llenos de malos
el discurso de la dulzura. El. hijo termina de sacudir la cabeza, como augurios. para él. Si eso hace ~ viejo con el joven, sólo porque. se
si hubiera batido en ella todo lo que tenía que decir, y plantea: le opone, quiere decir que a él todavía lo están. respetando mucho.
-El juicio de Dios está dado. Dios ha hablado por boca de la Puede ser por la. gorra que dice "gefe~, ·que ha rescatado· del suelo y
chica. Ella era la única que conoda al hombre de la Juana y cuando que no. piensa abandonar, porque tal vez lo preserva. Puede ser por
lo ha visto lo ha dicho. la ·duda.. Pero si delan de dudar y le adjudican definitivamente la
El viejo se irrita porque lo contradice: culpa, ¿qué demencia puede esperar de ellos?
-¿Qué ha dicho la chica? -¿Cómo va a ser el juicio? -averigua uno de :los hombres.
-Le ha dicho papá. Sin duda el viejo lo ha pensado en detalle, antes de proponerlo,
-¡No, no y no! .Ese no es el juicio de Dios. Para que Dios dé el porque lo expone sin vacilaciones:
juicio hay que pedírselo. -Este. hombre dice que en la. noche puede llegar un tren ...
-Sí es. -Puede estar aquí a medianoche-interrumpe don Salvador.
-No es, 'he dicho. -Mejor -dice el viejo, dejando confuso al jefe, 'Y prosigue-: Si
El hijo es tozudo. El viejo comprende que ha hecho mal en el. maquinista no ve la zorra .parada en las vías, habrá .un choque.
permitirle. que le discuta. Este hombre .no quiere el choque y tampoco quiere reconocer a la
-¡Se hace así y ya está! ¡Se acabó! . Juanita. Si él levantó a la.Juana, Dios dispondrá que el tren choque
-Se acabó, cY por qué? ¿Porque lo diga usted? ¿Ah ... ? con la zorra.
-Sí, porque lo digo yo. ..-As( sea -dice la vieja y se persigna.
Ycierra el puñ.o alrededor del cafio de la escopeta y se la saca del brazo Don Salvador siente que le nace una rebeldía y que el temor no
con un tirón sorpresivo. :La enarbola y está listo para, golpear con ella. podrá apagársela:
El hijo da un paso atrás, se agazapa, para defenderse y saltar, si -Pero eso ... pero eso ¡no puede ser! -se agarra con las dos ma-
es necesario. nos del a5iento de totora, para contenerse, y no logra contener las
Pero el viejo puede dar el primer golpe y arrinconarlo. Domina palabras: "¿Cómo van a dejar que choquen? ¡Pueden morir cuatro
la situación¡ ,Le dice: "Levantate", y el otro se levanta. El viejo baja o cinco hombres!".
el brazo, deja deslizar el arma por la mano y·sosterÜéndóla del cafio Los campesinos lo consideran desdefiosamentc, como a un chico
apoya la culata en el piso. Escudriña la probable actitud del hijo. Se que se entromete en la conversación de:: los mayores.
convence deJo que desea. Da al cafio un envión hacia afriba, suelta Como .don Salvador continúa: "Otsi, casi, sérlá un crimen, y
1 el arma un segundo y la toma de nuevo a la altura del gatillo. Se la un desastre: vagones roros, mercadería rirada, incendio", el viejo
1
pasa. al hijo. Mirándolo muy fijamente, le reprocha: le previene: "La culpa no será de nosotros. Y usted, mi amigo, se
-Qué, ¿acaso vos sabés más que Dios? calla, y nada más". El capturador juzga llegado el momento de
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entrar de nuevo en funciones. Le pone la. boca de la escopeta en la la cocina la fiambrera de alambre tejido y la lleva al patio. Saca un
oreja derecha; le dice: "¡Arriba!", y cuando don Salvador lo hace, le costillar, que de inmediato le disputan las mo~cas gordas. Apara-
indica: "Andando". Lo guía empujándolo con el arma. tosamente, lo alza como para revisarlo. Se pone de p-erfil, a fin, de
De atrás va la vieja, con sus risitas, y se pone a llamar: "Juanira, que lo vean de lejos.
Juanita". Juanita aparece, quien sabe de dónde, junto a la puerta ~ dificil que a esa distancia los peones puedan distinguir la car-
del galpón. Hacia allá. llevan al presuilto padre. ne. Sm embargo, la operación resulta bien sabida y no sólo los ojos
Don Salvador ve, mordido por los pequefios dientes, ese dedito parecen seguir el preparativo: el estómago muestra estar alerta y les
que lo ha acusado; ve también ~os ojitos blandos y carifiosos-para él. participa, con ruido, sus deseos.
Apenas consiguen distraerlo. Su cabeza está en otra cosa: ¿cómo puede Uno de los peones pregunta:
andar ese cuerpo suyo, repentinamente tan flojo, incapaz siquiera de -¿Convidarán?
esbozar una protesta o una defensa? Nunca se sintió as(, tan basurea- Y el. otro pronuncia la respuesta que los dos saben:
do. ¿Cómo es posible ahQra... ? Ahí está el galpón;· lo encerrarán, y -Plomo te van a convidar.
la vieja estúpida rebajándolo con la risa. Pc:{o no es tanto la risa. Es . Se explican a ~~ mismos. esa situaci6n, de apetito y de imposibi-
ese hombre con la escopeta; Eso es. Jamás_se sintió con un cafio de lidad de consegwr nada de los dem:is, a fin de justificar la acción
escopeta en el cuello -Y con un individuo, detrás de la e5copeta, con que fatalmente va a seguir.
tanta gana de meter bala. -¿Le meremos?·
La nifia lo recibe con la mirada. en al~o. buscando sus ojos, y -Y bueno, le metemos.
no habla. La vieja la: alienta: "Papá. Aquí está papá. Decile, vamos: Y se~ levanta para descargar la bolsa de provisiones.
pa-pá, paaa-pá". .. El viejo, .en el patio, advierte los movimientos, y teme que anun-
El hombre ha abierto el portón y empuja a don Salvador~ La vieja Cien la pamda. Al verlos descargar algo y echarse de ·nuevo los dos
entra con él. Se escapa, cloqueando, una gallina. Con mano segurá, en el suelo, co~prende que ha triunfado. Ignoraba que cuvieran qué
la vieja hurga entre unos palos y saca un huevo. Al salir, lo levanta comer. Sólo queda distraerlos, para que no se cuidaran las espaldas.
para que don Salvador lo vea. Está contenta con el huevo~ Pero ahora estarán m:is ocupados aún.
El hombre se fastidia: "Apúrese", y cuando ella sale. asegura el -¿Esperamos la siesta?
portón con .alambre. -¿Y si les viene el apuro?
-Vamos. Vos te quedás. Usted, vieja, también, con los chicos.
Entren y salgan de la casa; vayan al chiquero y al corral. Que crean
El viejo ordena hacer asado a la sombra de la casa. La vieja resiste: que so~os todos que andamos dando. vueltas por aquí.
"Hay puchero", y nQ consigue ni la atención de una respuesta. El p1quete de cuatro hombres se desliza de uno en uno detrás de
Los hombres de edad menor que el jefe tácito le obedecen ya sin la vivienda, que obstaculiza la visual desde la zorra hada el poniente.
revisar sus planes. Comer, en ese momento, puede creerse un dis- Caminan en fila· y sin desv.iarse. hasta el. bosquecito de algarrobos.
parate, porque lo urgente es capturar a los dos hombres de .la zorra, Por dentro de él derivan hacia el norte y después vuelven hacia el
para que no lleven alguna denuncia.aSan Rafael. M:is irrazonable naciente, buscando encubrirse con la vegetación: algarrobo y jarilla.
parece preparar asado afuera habiendo sopa adentro. Cruzan los rieles a unos quinientos rp.etros de donde se halla esta-
Pero en el asado está la astucia._ cionada la torra, reptando sobre. los durmientes. Diez minutos m:is
El viejo les advierte: "Que se vea bien el fuego~. Descuelga de tarde están en el jarillal que nace veinte metros detrás del rodado.
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El viejo da la voz, en tono bajo pero enérgico: "¡Ahora!'' y los -No. Quiere pele;a. Me desafía.
cuatro salen de disparada. La maniobra es de sorpresa: dos saltan. -¿Y cuchillo ... ? No tenés.
encima de la zorra, los otros dos la. flanquean.
...No, importa. -contesta, y arrojan·do. la. escopeta a un costado
Al golpe seco de los pies sobre la madera, uno de los peones
comienza a caminar en dirección al peón. A uno_s diez metros de él,
reacciona. Elástico como una víbora, hace con el cuerpo un .firulete
se descalza. Mantiene el cuerpo altivo, fija la mirada en el contendor.
en el aire y cae parado. En un instante toma idea de la situación Y'
se aleja corriendo. .
r
Deja una alpargata en el suelo empufia la 'Otra. Entonces da pasos
serenos, cautelosos y firmes ..
El otro tenía el cuchillo en la mano, cortando una rodaJa de sala.:.
El peón comprende que lo enfren-tará. ármado sólo con la alparga""
me; no alcanza ni a ponerse en guardia. De un puntapié uno deilos
ta: alpargata contra cuchillo. No puede ser, pata él, esa desigualdad
campesinos lo desarma y con ayuda del viejo lo voltea. De espaldas en
que le ofrece tanta Ventaja. Arroja el cuchillo de manera que se vea:
tierra, el hombre agita las piernas reciamente, para defende':e, pero
que. va bien lejos,- donde ni el miedo ni la desesperación, si se siente
corre el riesgo de que lo tajeen a mansalva y tiene q~e renduse.
en pérdi~, le permitan rescatarlo. La hoja de·métal brilla en el vuelo
En ·cuanto el apegado a la escopeta estuvo enctma de la zorra.
como una. estrella que se pierde en el vado ·deJa inutilidad.
y vio escapar- al primer peón, hizo pie firme para apuntar a las'
El peón se despoja de las dos. alpargatas· -de las dos, por razones
piernas. El fugitivo, en previsión de un ataque de esa naturaleza,
de equilibrio del cuerpo- y, con una en la mano, e5pera la ofensiva.
corre en z.igz..'lg, para dificultar que hagan puntería sobre él. Con su
Se mantiene sólido en su posición. El otro llega a metro y- medio y
escopeta, el agricultor se larga a la carrera, seguido .por u~ hermano.
comienza un juego de movimientos semicirculares, con la alpargata·
El ferroviario, con sus cortes, no puede ganar dtstanc¡a Y la falta
en alto. Si él coritendor descuida la defensa, la descarga y golpea.
de reparos naturales no lo. alienta a tomar' ningún rumbo especial.
Si él no se está quieto, lo penurba, sin ofrecer blanco. Hasta que al
Piensa que tendrá que ofrecer pelea o será cazado por la espalda.
pasar al costado izquierdo le tira un golpe a la cintura, que el peón
En ese momento, los dos hermanos, que corriendo en línea recta
alivia con la mano libre, sacándose de encima el "arma'' agresora.
han descontado distancia, le gritan:
Se retuerce la mano, el peón, como para desembarazarse del
-¡Aflojá! dolpr a la altura de la mufieca. El ataque y su repercusión dolorosa
-¡ Parate, s1. no....1 . lo distraen una insignificancia de tiempo. Basta para que descuide
El peón acciona su cuerpo con igual rapidez. que las advertencias el rostro y reciba un alpargatáz.o que le aplasta la nariz, mientras el
del instinto. Clava lós ·talones en tierra, y frena la carrera. Da un
agricultor salta atr:is y se pone fuera de su alcance. Siente una ilusión
brinco ·para quedar de frente a los enemigos y al caer en el suelo lo
de vahído y un adormecimiento desagradable en la parte central
hace abriendo las piernas, de modo de afirmarse bien para ~1a defen-
de la cara e inmediatamente percibe que algo caliente le viene de
sa. Mientras, el filoso cuchillo de punta ha salido a destellar al sol,
adentro; antes de que se dé cuenta Cábal de la eficacia del impacto,
sostenido por la mano derecha a la altura del estómago. la nariz chorrea sangre en abundancia.
Los perseguidores paran en seco, a unos veinte metros. El que
Se enfurece y toma la ofensiva. Se va en derechura sobre el
va desarmado sugiere al otro:
ofensor y, en ranto que con la mano .izquierda trara de conrener la
--Dale bala alrededor, hasta que tire el fierro.
hemorragia, con la derecha para la alpargnta en el airé, amenazando
Pero er de l'a escopera asume un carácter que hasta. entonces
caer sobre el agricultor con todo el ímpetu de la embestida y de fa,
había. ocultado con la supremacía del arma de fuego en la.s manos.
rabia. Pero es una treta. Prevé que el otro se apartará a la. derecha
Dice:. y por eso no gasta la energía en un golpe de arriba abajo, sino qué
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al pasar baja el brazo y le asesta con la alpargata en el vientre. El El j~fe ,no discute. Las preocupaciopes .de que lo hagan. respon-
campesino, que había llevado su defensa a la altura de la cara, se sable, la aprensión por su propia seguridad, han mermado frente
siente muy mal, y antes de que el otro se plante en guardia o vuelva a. otra: posibilidad más cercana: ahora es verdad que el tren puede
al ataque, lo persigue sin una vacilación. Al volverse, el peón se chocar con la zorra..
encuentra con. que la alpargata de[ éaínpesino le sacude la cabeza a. -¿L'l zorra. quedó enJas vfas?
derecha e iz.quier_da: uno, dos, uno, dos, sin darle un respiro ni tiem- -Seguro.
po más que para alzar los brazos; de ese modo tuerce el envión de -¿Para qué la quieren ésos ... ?
la alpargata que venía sobre él y en lugar de recibirla de. plano en la No. No piensa que los campesinos se la hayan robado. Piensa
mejilla se le va de punta sobre. el ojo derecho. Grita. de dolor: "¡Gran que ya no estarán los peones para hacer sefiales al maquinista si el
siete, desgraciado!". Tan en pérdida. está, con fuenes padecimientos, tren llega. de noche.
que se marea y no atina más que a un manoteo confuso mientras. se. No se queda con sus inquietudes adentro ..Los peones, si bien
aguanta otra bofetada más de la. alpargata, y otra,. y un golpe de can-· las comprenden, nada pueden hacer por atenuarlas.
ro en el ~uello, y de plano uno más en la boca, que por primera vez Les traen asado ..El jefe acepta: los peones no. Entonces el jefe deja
le hace soltar un "¡ay!" que, por vergüenza de coraje, tr:ansforma en su porción de lado .. Supone que ellos le están dando unalección de
"¡ay! ... juna". Está derrotado y exhausto, aunque se mantiene de. pie. orgullo. Ignora que han comido de lo que traían en la zorra.
El campesino lo cons.idera con prudencia. Está alerta al contraara.- En la rarqe, uno de los peones dice:
que y a la traición. Pero toda posibilidad de una u.otta cosa ha pasado .. -Si usted no come... -y.se apodera de la carne fria ..
También jadea, el vencedor. Vencedor y vencido son dos figuras Le.convida. al compafiero: "¿querés?". El compafiero acepta. El
lamentablemente agotadas, que no se derrumban sobre la tierra: jefe se queda mirándolos. A él ni siquiera lo invitan.
sólo por hombría. Hambre, temor, rabia, con una bárbara carga qe responsabilidad,
Cuando consigu.e hablar, ordena al hermano: se posesionan del jefe cuando se..insinúa la noche.
- Traele .la otra. alpargata y llevalo. Que se lave la sangre. Repite, en voz alta: "hay que .hacer algo", "hay que hacer algo".
Por allá abajo, los otros enfilan hacia el galpón arreándo al pri- Los peones toleran que diga, se pasee, se enfurezca. Saben que
sionero que cayó sin pelea. no pueden hacer nada. Han revisado el galpón. Tal vez, forzando
El campesino se acuerda del dolor que le alojó en. el vientre la chapas podrían escapar; pero, si miran por los agujeros que dejan
alpargata del peón. Siente aflojados los intestinos. los clavos salidos, descubren al hombre de la escopeta~ que vigila
como un soldado, y a un hermano, que está sentado en el suelo,
'pelando cafias con un cuchillo.
Los zumban al galpón, uno tras otro. Antes de que las sombras les dejen sólo las palabras pata .comu~
El menos maltratado le pregunta a don Salvador.: nicm~se, los peones han cambiado miradas que ellos comprenden
-¿Y usted qué ha .hec,ho? muy bien, para establecer un plan respecto al jefe.
El jefe, para ellos, es el culpable cuyas culpas pagan .los tres. Porque don Salvador no se contiene. Ha gritado reclamando
Don Salvador declara que lo quieren .hacer padre de la criatura, libertad aunque sea para impedir el desastre. Convencido de que
pero que él no es el padre. no la tendrán, ha pedido que lo escuchen, por lo menos desde
-¿Seguro ... ? -desconfía el peón que ha peleado, que ha sangrado, afuera. Ha ·voceado de nuevo sus razones. Nadie le ha contestado.
que está extenuado y que apenas puede hablar. Ha pretendido que hagan una. fogata ju,nto a las vías. Nadie se ha
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T
movido. Y va perdiendo el control de las palabras, porque ha perdido Vacila con el fósforo en la mano. Si pudiera conservar la llama ...
el control de los nervios. Los hombres vigilan: uno saltará sobre él, el otro donde caiga el
Le quedan dos fósforos. Regatea. encenderlos. No ha querido fósforo.
que se consuman dando fuego a los cigarrillos. Los peones se los El fósforo se consume entre los dedos y sólo cuando le escuece
piden; ellos no tienen. Saben que los guarda para mirar la hora; la piel don Salvador se resigna a soltarlo. Cae cerca; es inofensivo.
pero están prevenidos: puede tirarlos sobre los fardos de pasto para La llama se extingue. Por las dudas, el pie de un peón se posa sobre
incendiar el galpón. Una acción desesperada para conseguir que el fósforo y lo ahoga del todo en la tierra.
les abran la salida. Entonces se. descubre el rumor, inequívoco, de los vagones que
Penúltimo fósforo. Don Salvador mira la. esfera del Longines: se arrasrran por el camino de hierro.
"Once y veintiocho". Los peones están atentos al destino de la Ha- No sólo los percibe don Salvador, con su oído experto. Los peo-
mira. El jefe deja caer el fósforo a sus pies y lo aplasta. Sin embargo, nes se cómunican simultáneamente: "Ahí viene". Los campesinos,
se lamenta en voz aira: "Si quemáramos los fardos, el maquinista se que parédan dormidos, se pasan una advertencia, en voz baja, que
pondría alerta. Algo veda, algo podría sospechar". llega al galpón como un cuchicheo.
Uno de los peones le advierte, muy pausadamente: Don Salvador se va contra el portón, a golpear con las manos,
-Con cuidado, don Salvador. con los pies, con los gritos:
Y el otro repite, con el mismo rono: -¡Fuego! ¡Fuego! ¡Hagan una fogata! ¡Vayan a. las vías! ¡Lleven
-Hay que andarse con prudencia, don Salvador. farol! ¡Queremos salir!
La sentencia está pronunciada y uno de ellos tiene a mano un palo. Y como fracasa, como está claro que fracasa, desborda:
Don Salvador percibe que su voluntad puede ser resistida. Lue- -¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
go se olvida, porque está calculando los minutos, sabe que la hora De atrás, uno de los hombres lo toca y se anima a sacudirlo:
probable se acerca y no quiere hacer ruido, para notar desde lejos, -Cállese, don Salvador, que nos van a largar unos tiros.
desde muy lejos, la llegada del convoy. Pero el jefe no se interrumpe:
Todo, en la. tierra, parece dormido. Sólo de tanto en tanto se -¡Asesinos! ¡Criminales! ¡Hagan fuego! ¡Hagan fuego, asesinos!
revela, por algún ruido, que alientan los animales del corral. Don Entonces, el peón se da vuelta y le consulta al compañero:
Salvador, frío y trémulo, aguza el oído como si de los hechos depen- -¿Le damos?
diera su propia vida. Desfallece porque sus cuentas le dicen que El compañero dice rorundamente: "No". Avanza y se pone como
la medianoche ha pasado y si el tren no ha llegado puede ser que el jefe, a gritar y golpear el portón.
ya, esa noche, no avance. Trata de consolarse con la probabilidad El que ha quedado atrás se asombra del cambio. Luego com-
de que la tarde haya resultado escasa para la compostura o que el prende y suelta toda su voz:
auxilio necesario dependa de Catitas o de Mendoza. De día no -¡Asesinos! ¡Hagan señales! ¡Por Dios ... , criminales!
habrá riesgo alguno. Enardecidos por el reclamo y el insulto, aturdidos por su propio
Si gasta el último fósforo quemará con él la última posibilidad ruido, los tres prisioneros no ven nada, no advierten nada.
de encender una señal. Pero como ya es muy tarde, como cree que En cambio, la familia, que está. en el patio, con una tensa ansiedad
es muy tarde, se resuelve. Enciende. Uno de los peones, que estaba ve correr el tren y aunque no distingue el bulto de la zorra, sabe
adormecido, se despabila con la luz y rápidamente apronta el palo. en qué punto se halla. Desde su emboz.amicnto en la oscuridad,
-Una y treintinueve -pronuncia don Salvador. los hombres y la vieja calculan, segundo a segundo, el instante del
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encuentro. Tienen los oídos preparados para escuchar el estruendo El farol deambula. Los campesinos, veteranos de la tarea, ad-
más grande que se haya producido en esos campos. vierten que los recién llegados buscan ramas delgadas y secas. Leña
Se puede medir la distancia, entre el convoy y la zorra, por el deben tener, en abundancia, en el ténder.
aumento de rigidez que se va operando en la mandíbula de los Antes de media hora arde una hoguera cerca. de cada extremo
pasivos espectadores. del tren.
Sucederá, ¿quién lo duda? El eren rueda, despacio; pero rueda, Don Salvador se alivia. Se alivia tamo que se siente mareado ..El
confiado, rueda. tren parece conservar su integridad. No hay indicios de vCctimas,
El viejo está preparado para decir otra vez.: "¡Ahora!", como si porque no se manifiesta el desorden, ni la agitación, y las siluetas
tuviera el encargo de ordenar el asalro del tren a la z.orra. se destacan erguidas al pasar por delante de las fogaras.
Cuando va a soltar la palabra, se oye ese chirrido estridente, Después sobrevienen otra. espera)' otra guardia. Los ferroviarios,
irrirante, de todos los frenos puesros al mismo tiempo. Un segun- desconocedores del terreno que se despliega a los costados de las
do, dos más. El tren patina y un ruido formidable apaga los gritos vfas, no se atreven a explorar en medio de la oscuridad. Los Cam-
de los prisioneros. De la fricción han brotado largas chispas que pesinos permanecen en el patio, al acecho de los movimientos, a la
refucilan la noche, y la zorra ha saltado, desarmándose en el aire, espera de la aurora.
hasta la altura del faro de la locomotora. La anciana considera terminada la función, por esta noche, y es
-¡El juicio de Dios! -proclama el viejo, que no piensa en otra cosa. la única persona que acude al lecho. Encuentra despierta a la nifiira.
Su voz no entra en los demás, que sienten escalofríos de ver el Se entera por el tacto. Como no debe encender velas, le toca. las
comienz.o de la anunciada catástrofe, aunque no saben cómo se mejillas, tal vez intuyendo lo que sucede, y las nota mojadas. Lleva
desarrollará hasta el fin. los dedos a los ojitos y los descubre abiertos.
Por el ruido, crujiente, moliente, se percibe el brutal estreme- -¿Te asustaste? No era nada, no era. nada. Ya pasó. Mañana,
cimiento que sacude al convoy, recorriéndolo desde la punta a lo Juanita, vas a dormir con la mamá y el papá.
largo de los cuatro vagones. Pero se amansa. Y no hay vuelco,. no Pasadas algunas horas, la anciana distingue, en el suefio, la
revientan las llamas del incendio. Está parado, ahí, donde chocó. proximidad del alba. Se alza de la cama y sacude a la nifia. La niña
En el galpón se ha establecido el silencio. puede o{r despierta el primer