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Pajaro Cu

El cuento narra cómo las aves le dieron plumas al pájaro Cu para que no se sintiera avergonzado por estar desnudo. Sin embargo, el pájaro Cu se llenó de vanidad y voló hacia el cielo. Desde entonces, el búho lo llama por las noches para que regrese, mientras que el correcaminos lo busca por los caminos.

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Pajaro Cu

El cuento narra cómo las aves le dieron plumas al pájaro Cu para que no se sintiera avergonzado por estar desnudo. Sin embargo, el pájaro Cu se llenó de vanidad y voló hacia el cielo. Desde entonces, el búho lo llama por las noches para que regrese, mientras que el correcaminos lo busca por los caminos.

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El pájaro Cu.

(Cuento mexicano)

Cuando Dios hizo el mundo, tuvo mucho cuidado en darle forma a las aves. Hizo sus
cuerpos y luego los cubrió de plumas, creando al búho, a la paloma y al pavo real; cada
uno diferente del otro. Pero luego se le acabaron las plumas. La última ave que quedaba
era el pájaro Cu que no pudo recibir plumas. Al pájaro Cu eso no le importaba. Podía ir
al lugar que quisiera, y no le importaba estar tan desnudo como la palma de la mano.

Pero las otras aves estaban preocupadas.


“¿Qué podemos hacer por él?” preguntó el búho.
“¿Qué pena me da esa pequeña cosa,” dijo la paloma.
“Luce tan feo,” agregó el pavo real. “Todos los otros animales hablan de él.”
Las aves estuvieron de acuerdo en que algo tenía que hacerse.
En eso el búho dijo: “Si cada uno de nosotros le da una pluma quedará completamente
cubierto y nosotros no sentiremos la diferencia.”
Todas las aves estuvieron de acuerdo en que era una idea estupenda. El loro le dió una
pluma verde, el canario una amarilla, el pájaro de guinea le ofreció una pluma plateada;
el cuervo una negra; la del cisne era blanca; y el petirrojo le dió un pluma roja y
brillante.
Y estaba el pájaro Cu a punto de recibir su nuevo abrigo, cuando repentinamente el
pavo real chilló: “¡No! Con todas esas plumas él estará pavoneándose lleno de orgullo.”
“Pero no lo podemos dejar desnudo,” dijo la paloma. “El es la vergüenza de la
comunidad de aves.”
Todos, incluyendo al pájaro Cu, se preguntaban qué hacer.
“Ya sé,” dijo el búho. “Si cada uno de ustedes le da una pluma yo lo vigilaré y los
protegeré a todos ustedes de su vanidad.”
En poco tiempo el pájaro Cu era el ave mejor vestida de los alrededores. Hasta el pavo
real admiraba en silencio su plumaje. Extendiendo sus resplandecientes alas, el pájaro
Cu voló directamente hacia el estanque donde pudo ver reflejada su imagen y se quedó
maravillado y luego salió veloz como un rayo hacia el cielo.
El búho, viejo y pesado, trató de seguirlo, pero sus cortas alas no estaban hechas para
ese tipo de vuelo. Lentamente, haciendo espirales bajó a la tierra, donde encontró a las
otras aves esperándolos en las ramas de los árboles.
Entonces el loro dijo: “Ninguno de nosotros ha podido volar nunca hasta el cielo. Eso
sólo nos puede traer problemas. Todos vamos a tener que pagar por su vanidad.”
“Es culpa del búho” dijo el pavo real. “Yo se lo advertí.”
Después de lo cual empezaron a perseguir al búho. El búho encontró refugio en el
agujero de un árbol. Y así pasaron los días, en los que el búho se preguntaba cómo hacer
para que el pájaro Cu regresara del cielo. Un día recibió una visita.
“Pasa, correcaminos,” exclamó el búho. “Me alegra mucho verte.”
“Te he traído algo para cenar,” dijo el correcaminos.
“Muchas gracias. ¿Pero qué es lo que debo hacer?” preguntó el búho.
“Debes quedarte acá,” le advirtió el correcaminos. El cuervo ha jurado que te matará si
no le devuelves su pluma.”
El búho le dijo: “Entonces tendré que cazar por las noches, cuando el cuervo está
dormido. Y llamaré al pájaro Cu hasta que regrese.
“Yo lo buscaré por el camino,” agregó el correcaminos.
Y hasta hoy lo están buscando. Por eso es que el correcaminos corre veloz como una
flecha de un lado a otro buscando por los caminos al pájaro Cu. Y si escuchas por las
noches, podrás oír al búho llamando “¡Cu, Cu, Cu, Cu!”

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