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Autismo y su relación con el mercurio

El documento discute la posible relación entre el autismo y la exposición al mercurio a través de vacunas y la contaminación del aire. Señala que si bien algunos estudios han encontrado una asociación, la evidencia no es concluyente. Un nuevo estudio de Harvard encontró que las mujeres embarazadas expuestas a altos niveles de diésel y mercurio tenían el doble de riesgo de tener un hijo con autismo. Sin embargo, otros estudios no han encontrado diferencias en los niveles de mercurio en la sangre de niños con

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Autismo y su relación con el mercurio

El documento discute la posible relación entre el autismo y la exposición al mercurio a través de vacunas y la contaminación del aire. Señala que si bien algunos estudios han encontrado una asociación, la evidencia no es concluyente. Un nuevo estudio de Harvard encontró que las mujeres embarazadas expuestas a altos niveles de diésel y mercurio tenían el doble de riesgo de tener un hijo con autismo. Sin embargo, otros estudios no han encontrado diferencias en los niveles de mercurio en la sangre de niños con

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Autismo y mercurio

Un reciente artículo de Ecowatch titulado “¿El Autismo Es Una Epidemia Real?” sostiene
que el incremento de vacunas con mercurio desde 1989 a la actualidad va de la mano con el
surgimiento de una epidemia de Autismo Regresivo, un tipo de trastorno del espectro
autista (TEA) que se manifiesta luego de los 1-2 años de edad y en el cual los niños
afectados muestran una pérdida de lenguaje y habilidades sociales alcanzadas.

(Los datos epidemiológicos recogidos en el último par de décadas indican que la


prevalencia del autismo está en aumento. Las estimaciones actuales pasan a ser de 1 de
cada 150 a 1 de cada 91 niños en los [Link].)

No hay pruebas médicas que diagnostiquen los TEA (Trastorno Autista, Síndrome de
Asperger y el Trastorno de Desarrollo Generalizado No Especificado) y los médicos deben
evaluar la conducta del niño y su desarrollo para diagnosticarlos. Por eso se les llama
“trastornos de un espectro” porque afectan de manera distinta a cada persona y hasta el
momento no existe cura para los TEA.

Esta epidemia actual que según Ecowatch no es admitida por instituciones como el Centro
de Control de Enfermedades (CDC) e investigaciones, contradice la posición del
doctor Fred Silberman, quien sostiene que el origen del Autismo Regresivo es genético y
reciente ya que es producto de millones de años de la evolución humana y no se supo de
este hasta los años setenta.

El investigador señala en un artículo de la BBC: “Algunos padres y activistas


responsabilizaron equivocadamente a las vacunas como culpables del Autismo citando la
investigación de 1998 del gastroenterólogo Andrew Wakefield, que estableció un vínculo
entre la triple vírica y un trastorno intestinal llamado enterocolitis autista y que el
diagnóstico en el pasado era imposible ya que no existía el término “espectro autista” como
categoría médica”.

Sin embargo, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que la


exposición al mercurio en cantidades muy pequeñas a través de los conservantes de las
vacunas como el Tiomersal -para evitar el crecimiento de bacterias y hongos contaminantes
que se pueden introducir durante el uso repetido de las vacunas- podría tener efectos
tóxicos en el desarrollo fetal e infantil, los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato
digestivo, los pulmones, los riñones, la piel y los ojos.

El Tiomersal es usado desde los años 30 en la fabricación de vacunas y medicamentos. La


producción de este representa una proporción muy pequeña (0,1%) de las principales
fuentes de exposición humana al mercurio, una cantidad ínfima que justamente necesita el
mercurio para mostrar sus efectos.
Entre las vacunas con tiomersal están: difteria, tétanos, hepatitis B, rabia, gripe y las
infecciones por Haemophilus influenzae de tipo b (Hib) y meningococos. No obstante, la
OMS, afirma que todas sus vacunas cumplen las normas internacionales de garantía de
calidad, seguridad y eficacia y son suministrados por los responsables de adquisiciones de
las Naciones Unidas.

El aire contaminado contiene toxinas que afectan tanto a las funciones neurológicas como
al desarrollo del feto en el útero, según han reflejado diferentes organismos sanitarios, entre
ellos la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA, en sus siglas en
inglés). Un estudio publicado esta semana va un paso más.

"Vivir en una región con altos niveles de aire contaminado puede incrementar el riesgo en
las embarazadas de tener un bebé con algún trastorno del espectro autista", concluye la
primera investigación nacional a este respecto en Estados Unidos, elaborada por expertos
de la Universidad de Harvard y publicada este martes en la revista Environmental Health
Perspectives.

"Las futuras madres que estén expuestas a altos niveles de diésel y mercurio tienen el doble
de riesgo de tener niños con este trastorno que aquellas que viven en zonas limpias de
polución. Dependiendo del contaminante, del 20% al 60% de las mujeres que participaron
en nuestro estudio viven en áreas donde el riesgo de autismo es elevado", ha asegurado
Andrea Roberts, autora e investigadora asociada en el Harvard School of Public Health, a
The Huffington Post.

Estudios anteriores habían establecido una vinculación potencial entre estos dos factores,
aunque las muestras eran muy pequeñas. La primera vez que se encontró la relación entre
autismo y polución fue en 2006, en un estudio elaborado por el Departamento de Salud de
California. El último se publicó en noviembre 2012.

Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, uno de cada 50 niños es


diagnosticado con autismo o algún trastorno relacionado en EE UU. Estos trastornos están
acompañados por deficiencias en la interacción social y, en la mayoría de los casos, se
presentan patrones restringidos, repetitivos y estereotipados del comportamiento. A pesar
de que muchos de los niños son diagnosticados a la edad de 8 años, hay un incremento del
número de casos entre los menores de tres años.

Los investigadores dividieron en cinco las áreas de estudio, que iban desde lugares en los
que las mujeres vivían en zonas con altos niveles de polución hasta casi ninguna. Tras
analizar los datos atmosféricos del área donde vivió cada mujer durante su embarazo y
parto y ajustar otros factores como los ingresos económicos, la educación y si eran
fumadoras o no en su gestación (usando datos de la EPA), los datos mostraron que las
mujeres embarazadas que vivían en las zonas más contaminadas con diésel y mercurio
tenían el doble de riesgo de tener un niño autista que aquellas que vivían en zonas más
limpias.
En cuanto a otros tipos de contaminantes -como manganeso, metales pesados y plomo-,
también se encontró cierta relación, pero no en tan alta proporción. “Todos los productos
químicos sometidos a estudio, conocidos como neurotoxinas, de los que se sabe que hay
transmisión de la madre al feto, hacen posible que lo que esté respirando la madre afecte al
cerebro del bebé”, ha continuado Roberts.

La investigación actual incluye una muestra muy amplia de mujeres repartidas por los 50
Estados que conforman la nación. El estudio evaluó a 325 mujeres que habían tenido un
hijo con autismo y a 22.000 con hijos libres de trastorno. Fueron seleccionadas de una
muestra total de más de 110.000 particpantes recogidos en The Nurses Health Study II, con
niños nacidos desde 1989 hasta 2002.

Los autores advierten que los resultados deben ser leídos "con cuidado", sobre todo en lo
que respecta al riesgo relacionado con el mercurio. Muchos padres en EE UU están
preocupados por el hecho de que este elemento se usa en las vacunas y su relación con el
autismo "a pesar de que esta preocupación ha sido muy estudiada y rechazada en más de
una ocasión por los científicos".

PATRICIA MATEY

Ni las amalgamas dentales, ni ciertas vacunas, ni los sprays nasales o los productos para
deshacer los tapones de cera de los oídos están de alguna forma involucrados en el autismo.
Pese a que la posible relación entre mercurio (metal que contienen todos los productos
enumerados) y este trastorno del desarrollo ha hecho correr ríos de tinta, ahora un nuevo
estudio niega su existencia.

Esta conclusión se da tras comprobar que los niveles de mercurio en sangre en menores con
autismo son los mismos que los que tienen los niños sanos. Irva Hertz-Picciotto, de la
Universidad de California-Davis (EEUU), es la autora principal de la investigación que
forma parte del trabajo 'Riesgo de autismo en niños, factores genéticos y ambientales',
[CHARGE, por sus siglas en inglés]. Este proyecto incluye a pequeños de 24 a 60 meses,
residentes en California, que han sido diagnosticados de la enfermedad, sufren otros
trastornos del desarrollo o están sanos.

"La neurotoxicidad del mercurio ha recibido una atención especial en relación con este
trastorno... Dado que la investigación CHARGE trata de identificar los factores asociados
al autismo que puedan servir para aclarar la etiología de la enfermedad o los mecanismos
que elevan la susceptibilidad a padecerla, decidimos hacer un estudio que constatara las
concentraciones de mercurio en la sangre en menores preescolares autistas y en niños de la
misma edad sin el trastorno. En ella hemos evaluado la exposición que han tenido al
metal tanto por la dieta, como por el uso de productos de cuidado personal, exposición
a vacunas o por amalgamas dentales", reza el trabajo, publicado en el
último 'Environmental Health Perspectives'.
Así, el ensayo se llevó a cabo con 452 menores de entre dos y cinco años cuyos padres
rellenaron un cuestionario, bien en español bien en inglés, sobre consumo de pescado (atún
u otras especies procedentes del océano, así como piezas de agua dulce), inmunización
reciente, uso de sprays nasales o para los tapones de los oídos y empastes dentales de sus
hijos. Además, todos los participantes fueron sometidos a una analítica para evaluar las
concentraciones del metal en sangre.

"De todos los participantes, 249 eran autistas; 143 tenían un desarrollo normal y 60 sufrían
otros trastornos del desarrollo como Síndrome de Down. Pese a que los niveles de mercurio
fueron similares en todos los grupos, los menores con autismo tendían a presentar cifras
algo más bajas. Sin embargo, durante la investigación se comprobó que precisamente estos
niños eran los que menos pescado consumían", aclaran los científicos.

Atunes 'ricos' en mercurio


De hecho, la ingesta de pescado es el factor que más contribuye a la elevación de los
niveles de mercurio en sangre, pero "si ignorábamos este factor, las concentraciones eran
similares en todos los menores analizados. Algo que se repitió tras ajustar otras variables
como la dieta, el uso de productos farmacéuticos o los empastes", insisten los autores.

"Lo que demuestra este trabajo es la complejidad del autismo... Es tiempo de abandonar la
idea de que un sólo factor va a poder explicar las razones por las que algunos niños
desarrollan la enfermedad. Las evidencias demuestran que si no se tienen en cuenta la
susceptibilidad genética y los factores ambientales, la historia está incompleta y pocos
estudios se están llevando a cabo con esta visión multifactorial", recuerda la doctora
Picciotto.

Para Mara Parellada, coordinadora de la unidad AMI-TEA [atención integral a toda la


población con trastornos del espectro autista] en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid,
el "nuevo estudio es muy interesante. Una de las áreas de mayor interés actual en la
investigación del trastorno es el estudio de la influencia de variables ambientales
incluidos los tóxicos o la polución, entre otros. Desgraciadamente para los autistas, se sabe
muy poco sobre su origen y la patología es tan limitante que las familias se agarran a
cualquier pequeña esperanza en forma de sustancias 'culpables' que puedan retirar de la
dieta para así intentar ayudar a sus hijos".

Reconoce, además, que "es importante que la ciencia vaya aportando datos rigurosos sobre
los niveles normales y patológicos de sustancias que, solas o en sinergia con otras, pudieran
tener relación con la patología"
Los profesores e investigadores de la Universidad de Burgos Tomás Torroba y José Miguel
García Pérez han fabricado y desarrollado un polímero fluorescente, llamado JG25, capaz
de detectar la presencia de mercurio en muestras de pescado.

Una de las revistas científicas más prestigiosas Chemical Communications ha publicado


este avance y los resultados de los estudios desarrollados por estos dos científicos
vinculados a la UBU.

JG25 detecta los altos niveles de toxicidad y se ilumina en contacto con el mercurio en
muestras de pez espada, atún y cazón. Según el investigador Tomás Torroba, “el polímero
contacta con muestras extraídas directamente de pescado durante unos 20 minutos y,
tras ser irradiado con luz ultravioleta, emite una luz azulada cuya intensidad es
proporcional a la cantidad de metilmercurio y mercurio inorgánico presente en los
peces”.

La técnica se aplicó, mediante una sonda polimérica portátil que se puede usar in situ, en
muestras de 2 gramos extraídas de diversas especies. La relación cuantitativa entre los
niveles de mercurio en el pez y el incremento de la fluorescencia se verificó con un análisis
químico (denominado ICP-Mass).

Los resultados revelan que los peces más grandes tienen cantidades más elevadas de
mercurio: entre 1,0 y 2,0 partes por millón en pez espada, el atún y cazón; alrededor de 0,5
ppm en congrio y 0,2 ppm en panga. En el salmón de piscifactoría no se encontró esta
sustancia nociva, ya que, aunque son pescados de gran tamaño y en la parte superior de la
cadena trófica, en cautividad no hay presencia del metal.

Por encima de 0,5 ppm la contaminación en un alimento ya es considerable y esa cantidad


es superada e incluso duplicada por varias de las muestras analizadas de atún fresco y pez
espada en la Universidad de Burgos.

El mercurio es un metal tóxico que puede llegar al medio ambiente desde fuentes naturales,
pero en las últimas décadas se han disparado sus concentraciones en zonas marinas y
terrestres por los vertidos industriales. En la cadena alimentaria se presenta diluido en
forma orgánica, como metilmercurio (MeHg+), o inorgánica, como el catión Hg2+.
_________________________________________________________________________

¿Cuáles son las fuentes de mercurio? El mercurio es emitido al aire por la actividad humana
o por fuentes naturales. El mercurio que esta de forma natural en la corteza terrestre y se
puede liberar por la movilización natural, por actividad volcánica o por erosión de las
rocas; las liberaciones de mercurio asociadas con la actividad humana, como ser la
movilización de impurezas de mercurio en materias primas como los combustibles fósiles,
en la extracción de oro y otros minerales extraídos, tratados y reciclados, producción del
portland. Además el mercurio es utilizado intencionalmente en productos y procesos, el
cual se puede liberar durante la producción, uso o incineración de productos de desecho,
por ejemplo: incineración de residuos peligrosos (hospitalarios, electrónicos, metálicos,
etc), la rotura de productos que contienen mercurio (termómetros, interruptores, algunas
lámparas de luz, etc.), el inadecuado tratamiento y disposición final de productos y residuos
con mercurio también pueden liberar mercurio al ambiente.

 El primer emperador de la China unificada, Qin Shi Huang, murió por la ingestión de
píldoras de mercurio que tenían la intención de darle vida eterna.43

 Isaac Newton sufría envenenamiento por mercurio al hacer sus


experimentos alquímicos, lo que explicaría su enfermedad y los cambios en su
conducta.44 En 1693 sufrió una gran crisis psíquica, causante de largos periodos en los
que permaneció aislado, durante los que no comía ni dormía. En esta época
sufrió depresión y arranques de paranoia. Mantuvo correspondencia con su amigo, el
filósofo John Locke, en la que además de contarle su mal estado, lo acusó en varias
ocasiones de cosas que nunca hizo. Algunos historiadores creen que la crisis fue
causada por la ruptura de su relación con su discípulo Nicolás Fatio de Duillier. Sin
embargo, tras la publicación en 1979 de un estudio que demostró una concentración de
mercurio (altamente neurotóxico) quince veces mayor que la normal en el cabello de
Newton, la mayoría opina que en esta época Newton sufría envenenamiento por
mercurio.44
 En el México colonial, la minería era muy importante y se usaba el mercurio para la
extracción de la plata. Los trabajadores en estas haciendas enriquecedoras eran
afectados y tenían una esperanza de vida de solo 40 años.
 La frase es "loco como un sombrerero" es probablemente una referencia a la
intoxicación por mercurio, pues los compuestos de mercurio se utilizaban en la
fabricación de sombreros de fieltro en el siglo XVIII y XIX.
 Durante años, incluyendo la primera parte de su presidencia, Abraham Lincoln tuvo un
medicamento común de su tiempo llamada "masa azul", que contenían cantidades
significativas de mercurio.

El caso de los enfermos de Minamata


CIENCIA INFUSA
La mano de Tomoko Uemura, enferma de Minamata. Foto: W. Eugene Smith (1971)
Era un día de la primavera de 1956. El 21 de abril, una niña de la ciudad, de 5 años de edad
y llamada Tsukinoura, amaneció con convulsiones y dificultades para andar y hablar.
Ingresó en el hospital de Minamata, el Hospital Chisso, de la empresa propietaria de la
principal fábrica de la ciudad. Fue, esa niña, el primer caso bien documentado de la
enfermedad de Minamata. Su aparición fue reconocida oficialmente el 1 de mayo, cuando
había cuatro enfermos ingresados, entre ellos, la hermana de la primera enferma. El director
del hospital notificó a los servicios de salud que cuatro enfermos mostraban síntomas
cerebrales de origen desconocido.

Minamata, de la Prefectura de Kumamoto, era una pequeña ciudad del sur de la isla de
Kyushu, en el Japón, en la desembocadura del río Minamata que se abre a la bahía del
mismo nombre y al mar de Yatsushiro. En 1956, cuando comienza esta historia, tenía unos
50000 habitantes.

Con el tiempo y muchos estudios, se descubrió que la causa de la enfermedad de Minamata


era el envenenamiento con metil mercurio asociado al consumo diario de grandes
cantidades de pescado y marisco contaminado con mercurio.

Presenta síntomas muy variados según el grado de exposición al tóxico. Los casos más
graves se caracterizan por problemas sensoriales, sobre todo en las extremidades,
problemas de movimiento y equilibrio y reducción del campo visual. Hay otros signos de
problemas neurológicos como la dificultad en el habla, pérdida de audición, movimiento
difícil de los ojos, temblores,… Los casos más suaves incluyen sensación de pinchazos en
las extremidades (parestesia), dolor en las articulaciones, problemas en el uso de los dedos,
dolores de cabeza, fallos de la memoria, insomnio,…
Todo empezó unos 50 años antes, cuando se instaló en Minamata la empresa Chisso,
entonces conocida como Nippon Nitrogen Fertilizer Corporation, que, a partir de la década
de los 50, comenzó a producir acetaldehído, compuesto utilizado en la síntesis de plásticos
y en otras aplicaciones. La ciudad creció a la vez que la fábrica, su industria más
importante. Para la síntesis del acetaldehído era necesario el mercurio como catalizador, o
acelerador de la reacción química. Después, el mercurio sobrante se vertía al mar donde, en
parte, cambiaba a metil mercurio, mucho más tóxico y más fácilmente asimilable por los
organismos vivos. En los peces, moluscos y crustáceos entraba por el sistema digestivo o
por las branquias. Los bivalvos y los peces morían, las algas no crecían y, en tierra, los
gatos y las aves agonizaban.

Las investigaciones identificaron el mercurio como la causa de la enfermedad de


Minamata, pero las autoridades y la empresa Chisso no utilizaron este dato para contener la
extensión de la enfermedad. En 1956 eran 54 casos reconocidos, con 17 fallecimientos. Y,
por estadísticas epidemiológicas, se demostró que la enfermedad estaba asociada al
consumo de pescado y marisco, y se sugirió que los síntomas se debían a una intoxicación
con un metal pesado. A pesar de ello, las autoridades no prohibieron ni la pesca ni el
consumo de pescado y, por supuesto, desconocían el origen del metal pesado. La fábrica
Chisso era sospechosa de la contaminación pero, en aquellos años, no era fácil de probar.
Se diagnosticaron más casos en 1958 y, también aquel año, Chisso incrementó la
producción de acetaldehído y, por si se demostraba que eran los causantes de la enfermedad
con sus vertidos, diluyeron lo que expulsaban con agua de mar y cambiaron el punto de
vertido. Pero, para el año siguiente, aparecieron nuevos enfermos en los alrededores del
nuevo punto de descarga.

Los grupos de investigación detectaron, para julio de 1959, grandes concentraciones de


mercurio en la bahía, con un máximo de 2 gramos por kilogramo de muestra en el punto de
vertido de la empresa Chisso. La empresa rechazó estas cifras pero no mencionaba que el
mercurio fuera parte de sus vertidos, sobre todo desde que inició la producción de
acetaldehído a principios de los 50. Incluso, como veremos más adelante, no hizo público
que en sus laboratorios había reproducido los síntomas de la enfermedad de Minamata en
gatos alimentados con pescado y marisco de la bahía y, también, mezclando su alimento
con lo que vertían al entorno como subproducto de la síntesis del acetaldehído.

Fueron los equipos de investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de


Kumamoto los que trabajaron durante años para conocer mejor la enfermedad y su origen
en el metil mercurio. El 22 de julio de 1959 publicaron un informe en el que escribían que

“La enfermedad de Minamata es una enfermedad del sistema nervioso que es causada por
la alimentación con pescado y marisco en el área local (Bahía de Minamata). El mercurio
ha llamado nuestra atención como la causa posible de la contaminación del pescado y el
marisco.”
Firmaban este informe los profesores Tadao Takeuchi y Haruhiko Tokuomi. El 5 de agosto
la empresa Chisso respondía afirmando que

“La teoría del mercurio orgánico de la Universidad de Kumamoto es una especulación sin
ninguna prueba, y es irracional según el sentido común de la química.”
Sin embargo, el 6 de octubre de 1959, en un experimento en el Hospital Chisso de
Minamata, el hospital de la empresa, los gatos alimentados con los vertidos sufrían
síntomas de la enfermedad de Minamata. Chisso nunca publicó estos resultados.

La hipótesis de que el metil mercurio que vertía la empresa Chisso podía ser la causa de la
enfermedad, convirtió el problema médico y ambiental en un problema social. Los
pescadores exigían a Chisso una compensación por el daño causado, que cesaran los
vertidos y que se depurara todo lo que salía de la fábrica hacia el mar. Hay manifestaciones,
invasión de la fábrica, mandato del gobierno para que Chisso tratara sus vertidos y,
también, comisiones de investigación en el Parlamento.

En diciembre de 1959, Chisso firmó un acuerdo con los pescadores y puso en marcha una
depuradora que, aunque el presidente de la compañía bebió un vaso del agua depurada
delante de pescadores y administración, no servía de mucho para retirar el mercurio.
Separaba del vertido las sustancias que lo enturbiaban, con lo que el agua era transparente y
parecía limpia, pero no actuaba sobre las sustancias disueltas y, entre ellas, estaba el
mercurio.
Chisso compensó económicamente a los enfermos, 78 censados en aquel año, y a sus
familias con un acuerdo que les prohibía cualquier otra reclamación en el futuro. La
empresa añadía que su ayuda era por simpatía a los enfermos, no como compensación de
cualquier daño del que sintieran responsables.

Con este acuerdo, pescadores y gobierno, y por supuesto la empresa, daban por finalizado
el asunto, aunque los científicos seguían estudiando la intervención del metil mercurio en la
enfermedad y su presencia en la bahía y en el sedimento y en el pescado y marisco de la
dieta de los pescadores.

Entonces estalló la segunda fase de la enfermedad de Minamata. Desde mediados de los 50,
en la ciudad habían aumentado los casos de parálisis cerebral, los abortos, los nacimientos
prematuros y había cambiado el índice de sexos pues los afectados eran, sobre todo, los
niños frente a las niñas. En 1961 y 1962, murieron dos mujeres jóvenes y, en la autopsia,
ambas llevaban fetos muertos con la enfermedad de Minamata. Además, en 1962 se
declararon 15 nuevos casos de parálisis cerebral.

En aquellos días, los empleados de Chisso seguían encontrando metil mercurio en los
procesos de síntesis de acetaldehído, aunque la empresa no lo hizo público. Solo en 1967
los investigadores conseguieron demostrar la presencia de metil mercurio en el proceso de
síntesis de acetaldehído. Y en 1968, el gobierno estableció que el metil mercurio vertido
por Chisso era la causa de la enfermedad de Minamata. Habían pasado 12 años desde
aquella primera niña enferma de 5 años detectada en 1956. Aquel mismo año, 1968, Chisso
dejó de producir acetaldehído en su factoría de Minamata. Se calcula que en los años de
contaminación, Chisso vertió a la bahía de 70 a 150 toneladas de mercurio, incluyendo de
0.6 a 6 toneladas de metil mercurio.

Hubo que esperar hasta 1971, 15 años después, para que la justicia sentenciara que Chisso
era responsable de lo ocurrido. En 2005, habían recibido el certificado oficial de padecer la
enfermedad de Minamata 1775 pacientes, y hay más de 3000 a la espera de que se resuelva
su petición. Para 2007, Minamata, con la enfermedad y la crisis de la economía, había
perdido casi la mitad de su población respecto a la década de los 50, cuando se declaró la
enfermedad, y tenía unos 29000 habitantes.

Acrodinia (enfermedad rosada), y la enfermedad de Minamata.

Acrodinia estado que principalmente se observa en la infancia, generalmente como


consecuencia de la exposición crónica a compuestos de mercurio, que pueden producir
encefalopatía y polineuropatía. Las características clínicas incluyen dolor, inflamación y
decoloración rosada de los dedos de manos y pies, debilidad de las extremidades,
irritabilidad extrema, hiperestesia y alteraciones en el nivel de conciencia.
La enfermedad se presenta en lactantes y niños pequeños en una edad que varia de 1 a 3
años, sin embargo, se han descrito casos en niños mayores pero con mucho menos
frecuencia.

La acrodinia presenta una sintomatología muy variada, la cual es válido observar en todos
los casos, pero con una mayor o menor acentuación de ellos, según el carácter de la forma
clínica que adopte. A veces tiene un comienzo insidioso, observándose tan solo cambios
de carácter del niño, el cual se manifiesta por apatía, inquietud, indiferencia, irritabilidad,
Otras veces están malhumorados, quejumbrosos, hoscos, insufribles, serios, quisquillosos y
taciturnos, faltándoles su alegría natural.

Mercurio, responsable del bajo rendimiento sexual de mineros en Antioquia

Así lo asegura una trabajadora sexual que ha visto, según ella, cómo los hombres que la
frecuentan han perdido el desempeño sexual. La hipótesis de la mujer fue respaldada por
médicos e investigadores que advierten de otros problemas de salud.
Imágenes de ilustración | AFP y Getty

La mujer, a la que conocen como ‘la Mona’, se refiere específicamente a los trabajadores
de minas en Segovia con los que ha estado ya que, dice, ha notado que tienen dificultades
para lograr o mantener una erección, según contó a RPT Noticias.

“Yo tengo un señor que tiene muchos años trabajando en eso, que son los químicos. Él

viene normal, me paga normal, pero no se le para. Uno aquí se gana la plata muy fácil,

porque aquí los mineros se ‘vienen’ muy rápido o a veces no se les para, eso es muy
frecuente acá, en Segovia”, dijo la mujer.

‘La Mona’ habla de químicos como el mercurio, usado en las minas para extraer el oro, ya
que tiene fuertes efectos en la salud de quienes viven expuestos a él.
Por eso, el doctor Camilo Prieto, miembro del Colegio Médico Colombiano e investigador
sobre el mercurio, explicó a ese medio que además de la impotencia sexual el mercurio
deja otras graves consecuencias en los humanos.

INTER

“El testimonio que estamos viendo (el de ‘la Mona’) tiene todo el soporte científico y la
evidencia médica, porque la toxicidad por mercurio está relacionada con alteraciones
neurológicas. Y esto, ¿en qué se puede traducir? En disfunción eréctil, es decir, en
impotencia”, aseguró el especialista a RPT.

La misma mujer había dado ese testimonio a Testigo Directo, a finales de enero de 2018, y
el programa también consultó a especialistas que advirtieron sobre los graves daños que
el mercurio causa a la salud de los mineros.

“El mercurio causa una intoxicación crónica, y los efectos se ven a largo plazo. Por

ejemplo, ellos tienen depresión, ansiedad, temor, insomnio, dolor de cabeza, pérdida de la

memoria, Pero ellos no lo sienten, porque es un efecto a largo plazo”, dijo al programa el

médico toxicólogo Federico Molina, que se refiere específicamente a los mineros en


Segovia.

Un periodista de Testigo Directo viajó hasta la zona minera para corroborar la situación, y
encontró que mujeres y hombres con los que habló dicen sentirse bien y sin ningún síntoma
de los que explican los médicos.

De todas formas, autoridades locales de salud hablan de pacientes con “temblores” y


“cólicos renales”, pero aseguran que no conocen hasta el momento de casos de impotencia
sexual.

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