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La leyenda del salmón y el martín pescador

El salmón y el martín pescador conversaban y el martín pescador silbaba bien. Un día, el salmón quería aprender a silbar y el martín pescador quería aprender a nadar, así que el martín pescador dejó su silbido en una piedra pero el salmón lo tomó y lo echó a perder mojándolo. Desde entonces el martín pescador busca triste al salmón que le quitó su silbido.
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La leyenda del salmón y el martín pescador

El salmón y el martín pescador conversaban y el martín pescador silbaba bien. Un día, el salmón quería aprender a silbar y el martín pescador quería aprender a nadar, así que el martín pescador dejó su silbido en una piedra pero el salmón lo tomó y lo echó a perder mojándolo. Desde entonces el martín pescador busca triste al salmón que le quitó su silbido.
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EL SALMÓN Y EL MARTÍN PESCADOR

El salmón conversaba con el martín pescador. El Martín pescador además de saber hablar, silbaba muy bien. Se lo
pasaba sobre una patagua a la orilla de un arroyo, silbando que daba gusto oírlo.

Un día, se encontraban conversando el salmón y el martín pescador. El salmón alababa al martín pescador la hermosa
manera de silbar. El Martín Pescador quería aprender a nadar, y el salmón quería aprender a silbar. Entonces, el salmón
le pidió al Martín pescador que dejara sobre una piedra de la orilla, el silbido, para que no se mojara y por lo tanto no
se perdiera. El Martín pescador, de acuerdo con lo convenido, dejó en una piedra su silbido. El salmón dio un salto y
se apoderó del silbido, se hundió en el agua, y al mojarlo, lo echo a perder.

El martín pescador se puso triste y desde entonces se lo pasa agachado, mirando en los arroyos, buscando al salmón
que le quitó el silbido.

EL SALMÓN Y EL MARTÍN PESCADOR

El salmón conversaba con el martín pescador. El Martín pescador además de saber hablar, silbaba muy bien. Se lo
pasaba sobre una patagua a la orilla de un arroyo, silbando que daba gusto oírlo.

Un día, se encontraban conversando el salmón y el martín pescador. El salmón alababa al martín pescador la hermosa
manera de silbar. El Martín Pescador quería aprender a nadar, y el salmón quería aprender a silbar. Entonces, el salmón
le pidió al Martín pescador que dejara sobre una piedra de la orilla, el silbido, para que no se mojara y por lo tanto no
se perdiera. El Martín pescador, de acuerdo con lo convenido, dejó en una piedra su silbido. El salmón dio un salto y
se apoderó del silbido, se hundió en el agua, y al mojarlo, lo echo a perder.

El martín pescador se puso triste y desde entonces se lo pasa agachado, mirando en los arroyos, buscando al salmón
que le quitó el silbido.

EL SALMÓN Y EL MARTÍN PESCADOR

El salmón conversaba con el martín pescador. El Martín pescador además de saber hablar, silbaba muy bien. Se lo
pasaba sobre una patagua a la orilla de un arroyo, silbando que daba gusto oírlo.

Un día, se encontraban conversando el salmón y el martín pescador. El salmón alababa al martín pescador la hermosa
manera de silbar. El Martín Pescador quería aprender a nadar, y el salmón quería aprender a silbar. Entonces, el salmón
le pidió al Martín pescador que dejara sobre una piedra de la orilla, el silbido, para que no se mojara y por lo tanto no
se perdiera. El Martín pescador, de acuerdo con lo convenido, dejó en una piedra su silbido. El salmón dio un salto y
se apoderó del silbido, se hundió en el agua, y al mojarlo, lo echo a perder.

El martín pescador se puso triste y desde entonces se lo pasa agachado, mirando en los arroyos, buscando al salmón
que le quitó el silbido.

EL SALMÓN Y EL MARTÍN PESCADOR

El salmón conversaba con el martín pescador. El Martín pescador además de saber hablar, silbaba muy bien. Se lo
pasaba sobre una patagua a la orilla de un arroyo, silbando que daba gusto oírlo.

Un día, se encontraban conversando el salmón y el martín pescador. El salmón alababa al martín pescador la hermosa
manera de silbar. El Martín Pescador quería aprender a nadar, y el salmón quería aprender a silbar. Entonces, el salmón
le pidió al Martín pescador que dejara sobre una piedra de la orilla, el silbido, para que no se mojara y por lo tanto no
se perdiera. El Martín pescador, de acuerdo con lo convenido, dejó en una piedra su silbido. El salmón dio un salto y
se apoderó del silbido, se hundió en el agua, y al mojarlo, lo echo a perder.

El martín pescador se puso triste y desde entonces se lo pasa agachado, mirando en los arroyos, buscando al salmón
que le quitó el silbido.

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