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Claves para una felicidad duradera

Este documento discute los factores que conducen a la verdadera felicidad. Sugiere que la felicidad duradera no depende de metas materiales como el matrimonio, la casa o el trabajo, ya que esas sensaciones de felicidad suelen ser pasajeras. En cambio, la felicidad verdadera depende de factores como estar satisfecho con lo necesario en lugar de desear riquezas, evitar la envidia, amar a los demás y tener fortaleza interior. El documento cita la experiencia del rey Salomón, quien

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Claves para una felicidad duradera

Este documento discute los factores que conducen a la verdadera felicidad. Sugiere que la felicidad duradera no depende de metas materiales como el matrimonio, la casa o el trabajo, ya que esas sensaciones de felicidad suelen ser pasajeras. En cambio, la felicidad verdadera depende de factores como estar satisfecho con lo necesario en lugar de desear riquezas, evitar la envidia, amar a los demás y tener fortaleza interior. El documento cita la experiencia del rey Salomón, quien

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La felicidad

“Seré feliz cuando me case y tenga hijos.”


“Seré feliz cuando tenga mi propia casa.”
“Seré feliz cuando consiga ese trabajo.”
“Seré feliz cuando...”
¿ALGUNA vez ha deseado algo parecido? ¿Cómo se sintió cuando lo consiguió? ¿Feliz? ¿Y cuánto le
duró la felicidad? Nadie niega que cumplir una meta o comprar algo que queremos nos haga sentir
bien. Lo que pasa es que esa sensación puede ser pasajera. No basta con metas y posesiones.
La felicidad verdadera es como la salud: depende de muchos factores.
Todos somos distintos. Lo que hace feliz a una persona puede no hacer feliz a otra; además, el paso del
tiempo nos hace cambiar a todos. Aun así, se ha descubierto que algunas cosas producen más felicidad
que otras. En este artículo examinaremos cuatro de ellas: estar satisfechos con lo básico, evitar la
envidia, amar al prójimo y tener fortaleza de carácter.

Filipenses 4:12-13

«Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a


vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar
hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece.»

2 Corintios 12:10
«Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y
dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.»

1 Pedro 4:13
«Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que
también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo.»

Job 5:17
«¡Cuán dichoso es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del
Todopoderoso.»
Salmos 37:4-5
«Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al
Señor tu camino; confía en él, y él actuará.»

ESTAR SATISFECHOS CON LO JUSTO.


Un sabio de la antigüedad que estudió el comportamiento humano dijo que el dinero es “una
protección”. Pero también advirtió: “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata,
ni ningún amador de la riqueza con los ingresos” (Eclesiastés 5:10; 7:12). ¿Qué quiso decir con estas
palabras? Que aunque necesitamos dinero para vivir, no debemos amar las riquezas, pues la codicia
no tiene límites. El sabio del que hablamos fue el rey Salomón. Él trató de averiguar si las riquezas y
los lujos podían hacerlo feliz. “Nunca me negué ningún deseo —escribió—; jamás me negué ninguna
diversión” (Eclesiastés 1:13; 2:10, Dios habla hoy, 2002).
Con su inmensa fortuna construyó mansiones, jardines y estanques, y puso a su servicio a muchísima
gente. En pocas palabras, conseguía todo lo que quería. ¿Cuál fue el resultado? El experimento
funcionó... pero solo hasta cierto grado y por poco tiempo. Después, el esfuerzo le pareció totalmente
inútil. ¡Incluso llegó a odiar la vida! (Eclesiastés 2:11, 17, 18.) Así es, Salomón aprendió que una vida
de placeres y lujos nos deja insatisfechos y vacíos.*
¿Qué opinan los expertos? ¿Concuerdan con el rey Salomón? Un artículo publicado en una revista que
estudia el bienestar humano señala que “una vez cubiertas las necesidades básicas, un mejor sueldo
no equivale a más satisfacción” (Journal of Happiness Studies). Lo que es más, se ha descubierto que
cuando la gente compra más cosas pero descuida su espiritualidad y sus valores, es menos feliz.
PRINCIPIO BÍBLICO: “[Manténganse libres] del amor al dinero, y estén contentos con las cosas
presentes” (Hebreos 13:5).

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