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Estrategias Cognitivas según Chadwick

El documento describe las estrategias cognitivas como procesos mentales que las personas usan consciente e inconscientemente para controlar y mejorar sus esfuerzos cognitivos como el aprendizaje y la resolución de problemas. Las estrategias cognitivas incluyen técnicas como la repetición, la inferencia y la inducción que los estudiantes usan para mejorar su aprendizaje y memoria. El documento también discute las estrategias de enseñanza como preinstruccionales, coinstruccionales y postinstruccionales que los profesores us
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Estrategias Cognitivas según Chadwick

El documento describe las estrategias cognitivas como procesos mentales que las personas usan consciente e inconscientemente para controlar y mejorar sus esfuerzos cognitivos como el aprendizaje y la resolución de problemas. Las estrategias cognitivas incluyen técnicas como la repetición, la inferencia y la inducción que los estudiantes usan para mejorar su aprendizaje y memoria. El documento también discute las estrategias de enseñanza como preinstruccionales, coinstruccionales y postinstruccionales que los profesores us
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1.

Según Chadwick (1996), las estrategias cognitivas son procesos de dominio


general para el control del funcionamiento de las actividades mentales,
incluyendo las técnicas, destrezas y habilidades que la persona usa
consciente o inconscientemente para manejar, controlar, mejorar y dirigir
sus esfuerzos en los aspectos cognitivos, como procesamiento, atención y
ejecución, en el aprendizaje.

2. Son críticos en adquisición y utilización de información específica e


interactúan estrechamente con el contenido del aprendizaje. Las estrategias
cognitivas son destrezas de manejo de sí mismo que el alumno (o persona)
adquiere, presumiblemente durante un periodo de varios años, para
gobernar su propio proceso de atender, aprender, pensar y resolver
problemas. De manera general, se entienden las estrategias cognitivas
como todas aquellas conductas y procedimientos secuenciales, planeados
y orientados por reglas, que le facilitan a una persona aprender, pensar y
ser creativo, con el fin de tomar decisiones y resolver problemas.

3. Las estrategias cognitivas se dividen en estrategias de aprendizaje, cuando


son utilizadas por el estudiante, y estrategias de enseñanza cuando son
utilizadas por el docente.

4. Estrategias cognitivas del aprendizaje

Las estrategias de enseñanza, según el momento en que son introducidas en el


proceso enseñanza-aprendizaje, se clasifican en: · Preinstruccional: objetivos,
organizadores previos, actividad generadora de información previa. ·
Coinstruccional: señalizaciones, ilustraciones, analogías, mapa conceptual. ·
Postinstruccional: resúmenes, mapa conceptual, organizadores gráficos.

Las estrategias cognitivas se refieren a procesos y conductas que los estudiantes


utilizan para mejorar su capacidad de aprendizaje y memorización, particularmente
aquellas que ponen en juego al realizar ciertas actividades.

Pueden consistir en:  La repetición, estrategia que sirve para identificar y para
memorizar.  La inferencia consiste en utilizar elementos del texto - oral o escrito -
para elaborar hipótesis o para darle sentido aunque este no haya sido manifestado
de manera explícita.  La síntesis interna es una actividad constante de
reformulación interior cuya finalidad es facilitar la memorización.  La deducción
consiste en aplicar reglas conocidas para resolver problemas nuevos del mismo
tipo. Va de lo general a lo particular.  La inducción o generalización consiste en la
formulación de reglas generales a partir de la observación de un número de casos
entre los que se perciben ciertas regularidades. Va de lo particular a lo general. 
El transferir consiste en utilizar reglas que se han aprendido en situaciones
anteriores para realizar nuevas aplicaciones en situaciones nuevas. Las
actividades se desarrollarán en distintos agrupamientos: individual, en pequeños
grupos o en gran grupo, y con ello favorecer la puesta en juego de diversas
estrategias cognitivas y de intercambio.

Las estrategias cognitivas “están dirigidas a la codificación, la comprensión, la


retención y la reproducción de la información y se dividen a su vez en estrategias
de retención, estrategias de elaboración y estrategias de organización” (Bernabé,
2006).

Aquí también pertenecen las estrategias de control de recursos, que ayudan al


alumno a adaptarse a las demandas de la tarea y al entorno y permiten realizar los
cambios en el ambiente con el fin de mejorar las condiciones de la actividad de
estudio. “Algunas de estas estrategias son: el manejo eficiente del
tiempo y de la información proporcionada por el entorno y la utilización eficaz de la
ayuda obtenida por el profesorado o de otros compañeros” (Bernabé , 2006).

En este sentido es importante realizar con los estudiantes una orientación en


relación con las maneras como pueden organizar el material de estudio, tomar
notas, hacer resúmenes, elaborar mapas conceptuales, esquemas y gráficos,
orientarse en la búsqueda de la información en los bases de datos, evaluar la
complejidad de las tareas y distribuir el tiempo necesario, realizar pausas
activas y ejercicios de relajación para recuperar la atención, desarrollar las
estrategias para mejorar la memorización de la información necesaria, llevar a
cabo la planeación de horarios de trabajo distribuidos, etc.

Durante la aplicación de estas estrategias, el estudiante inicia el proceso de


toma de consciencia sobre su propio proceso de aprendizaje. Esta toma de
conciencia debe también estar orientada por el docente mediante las preguntas
de reflexión que se hacen a los estudiantes sobre como perciben su
rendimiento con la ayuda de estas estrategias, qué estrategias les parecen
más convenientes a cada uno, etc

Cuando los estudiantes ya están familiarizados con estas estrategias mediante un


ejercicio continuado durante un tiempo determinado, se pasa a la segunda etapa:
fomentar la autoadministración metacognitiva del propio proceso de
aprendizaje por parte de los estudiantes.
La enseñanza de las estrategias cognitivas y metacognitivas requiere de un
Modelamiento sistemático, una constante supervisión del proceso de
realización y una retroalimentación positiva permanente. El proceso de la
14 generalización e internalización de las estrategias se hace más eficiente si los
estudiantes tienen la posibilidad de aplicar las estrategias de una manera
consciente y reciben retroalimentación frente a su desempeño. La aplicación de
las estrategias al material de estudio permite a los estudiantes entender
cuándo, por qué y cómo hay que aplicar ciertas estrategias.
Es importante subrayar que la mediación del profesor durante la realización de
Estas actividades constituye un factor supremamente importante porque
permite organizar y dirigir la actividad cognitiva de los estudiantes en el plano
de la actividad externa, lo cual a su vez facilita la interiorización de estas
pautas y su posterior arraigo en la actividad psíquica interna del estudiante.
Esta mediación consiste en unas indicaciones concretas y precisas acerca de
cómo hay que prestar la atención, cómo concentrarse, el modelamiento de
cómo utilizar las estrategias para memorizar mejor, cómo observar, etc.

Es importante explicar a los estudiantes la manera de aplicar las estrategias


ofrecidas a las tareas de clase concretas y efectuar un modelamiento de estas
estrategias con el fin de que el estudiante pueda entender bien, tanto el
procedimiento, como la manera de actuar.

Por esta razón es necesario hacer énfasis en una integración intracurricular de


La enseñanza de estrategias cognitivas, que permiten a losEstudiantes
aprender a organizar su actividad de estudio e ir conociendo sus propias
particularidades en cuanto a las capacidades de memoria, atención, etc. Esto a
su vez permite ir fomentando una mayor toma de conciencia por parte de los
estudiantes sobre cómo estudian, y cómo se puede mejorar el proceso. Esta
toma de consciencia es el primer paso hacia el fomento de las estrategias
metacognitivas.

Nuevos contextos y exigencias: Tanto en la literatura educativa como en las metas


y políticas educativas que recientemente han trazado los países con respecto a la
calidad, la equidad y la pertinencia de la formación, varios temas o problemas han
sido persistentes, sin que por ello se haya llegado a una claridad o unanimidad en
los significados y mucho menos en las soluciones. En todos ellos el contexto de la
actual sociedad del conocimiento aparece como telón de fondo, como escenario
retador que interpela metas, procesos y prácticas, materiales y recursos, roles e
intervenciones de diferentes actores, incluyendo a maestros y estudiantes, al
propio Estado y a la sociedad civil. En esta sociedad en la que prima el valor de la
capacidad intelectual, del conocimiento, del desarrollo científico y tecnológico y de
la capacidad de innovación, como factores básicos de competitividad y de
supervivencia, y como elementos claves para el desarrollo económico, social y el
mejoramiento de las condiciones de vida y de bienestar individual y colectivos, la
educación de las personas se convierte en un asunto estratégico, siendo
fundamental el desarrollo de ciertas competencias como la capacidad de pensar,
la independencia intelectual y el aprendizaje autónomo El concepto de autonomía
no es de ninguna manera nuevo: Confucio (551-479 AC.) consideraba que a los
niños y jóvenes había que formarlos desde muy temprano para que pudieran
enfrentarse a la vida, por si mismos: “Si le das pescado a un hombre, lo alimentas
un día; si lo enseñas a pescar lo alimentas para toda la vida. Desde su método
mayéutico, basado en la exposición, la ironía, el debate y argumentación, Sócrates
insistía en que el saber no se alcanza desde afuera, sino desde adentro, y que la
reflexión sobre las cosas arranca de la reflexión sobre sí, de ahí su famosa frase
de “conócete a ti mismo”.

También Kant en la Crítica de la Razón Pura, nos habla de la ‘mayoría de edad’,


refiriéndose a un pensamiento sin subordinación, capaz de valerse por sí mismo,
sin la dirección del otro. El mismo Freire en su crítica a la educación consumista,
acumulativa y bancaria se refiere a la necesidad de caminar hacia una
‘emancipación’ en la construcción del conocimiento y hacia la configuración de un
pensamiento reflexivo, constructivo y crítico. Autores más cercanos a nosotros,
provenientes del mundo de la psicología y de la pedagogía, han hecho expresas
sus consideraciones con respecto a la autonomía intelectual o del aprendizaje:
Constance Kamil, famosa por sus escritos acerca del tránsito de la heteronomía a
la autonomía en el proceso evolutivo, tanto intelectual como moral, y basándose
en los aportes de Jean Piaget, nos enfrenta a ‘la autonomía como la finalidad de la
educación’ y en tal sentido afirma : “se alcanza la autonomía cuando la persona
llega a ser capaz de pensar por sí misma con sentido crítico, teniendo en cuenta
muchos puntos diferentes de vista, tanto en el ámbito moral como en el
intelectual”.

Va quedando entonces cimentada la idea que la esencia de la autonomía es que


las personas piensen y actúen independientemente, y esto significa que sean
capaces de tomar sus propias decisiones, considerando el mayor bien colectivo, el
costo-beneficio más adecuado, la mejor de las lógicas y la más alta de las
satisfacciones individuales En esta sociedad del conocimiento, la información
cambia con una extraordinaria velocidad y pronto se vuelve obsoleto lo que ayer
sabíamos y conocíamos. La misma estructura del conocimiento ha cambiado en
forma radical en relación con su producción, circulación y transmisión. Por ejemplo
se ha pasado de una producción unidisciplinar, intramural e individual del
conocimiento a una producción inter y transdisciplinaria, interinstitucional y
colectiva; más que con certezas, las ciencias ahora avanzan a partir de
aproximaciones, con verdades que se relativizan; otro cambio se refiere a los
espacios donde se crea el conocimiento pues ya no se limita a las aulas, a los
laboratorios y a los centros de investigación universitarios, sino que puede ocurrir
en cualquier escenario del acontecer humano y social; hay otras formas de
producción y de circulación atadas a grupos y redes y existen otros referentes de
validez del conocimiento amarrados a contextos de producción y de aplicación del
saber.
El imperativo de dominar ciertos contenidos al concluir un periodo académico, hoy
es motivo de debate, no solo por los cambios y transformaciones que ocurren al
interior de las propias ciencias y disciplinas, sino porque el saber producido por el
hombre está a la mano, y basta con oprimir una tecla de un computador para
acceder a la información que se quiera, con mayor profundidad y extensión incluso
de lo puede ofrecer un profesor, una escuela o una facultad. Varias preguntas
surgen de inmediato: ¿qué es lo qué interesa y conviene cimentar como
contenidos en los planes de estudio?, ¿en qué conviene invertir el tiempo y los
esfuerzos del estudiante durante su proceso educativo?. Todo indica que hoy no
basta con dominar contenidos; que es mucho más importante identificar dónde
está la información, saber acceder a ella y poderla transformar en conocimiento
aplicando estrategias y habilidades de pensamiento y comunicación. El
mantenerse no solo bien informado sino saber hacer uso de la información
oportunamente, en función de metas e intereses específicos, es clave en la vida
personal y en la vida laboral.

La incorporación de las tecnologías de información y comunicación en todos los


ámbitos y escenarios de la vida, es sin dudas uno de los rasgos distintivos de la
sociedad del conocimiento y ello demanda el desarrollo de otras destrezas y
habilidades en las personas como el reconocimiento de íconos para explorar
información, el saber acceder a archivos y bases de datos electrónicas, navegar
por Internet y comunicarse con otros; seleccionar, clasificar, remitir, y transferir la
información a nuevos contextos y a otros actores. Muchas de estas actividades no
ocurren en el salón de clases, sino fuera de él y se realizan sin la mirada vigilante
del profesor y la mayoría de los niños y jóvenes las realizan por diversión y
curiosidad, sin planeación ni organización y mucho menos con la intención de
aprender.

Una mina de oro hay aquí por explotar si le damos carácter deliberativo de
aprendizaje pues muchas de las habilidades o competencias que allí están
comprometidas son las que se requieren para el desarrollo de un aprendizaje
autónomo: motivación, movilidad de pensamiento y capacidad de decisión. Dos
situaciones de contexto, aparentemente coyunturales, han revivido el interés por el
aprendizaje autónomo: una es la adopción del sistema de créditos académicos en
todos los sistemas universitarios del mundo, que ha llevado a replantear el
concepto de carga académica del estudiante, involucrando no solo el tiempo que
dedica las sesiones de trabajo directo con el docente en clase, sino el tiempo que
debe dedicar fuera de clase, a su estudio independiente, para lograr las
competencias que se han establecido en su formación.
En este caso, gran parte del éxito académico está asociado a la capacidad del
estudiante para aprender autónomamente. La otra situación es la realidad
preocupante de los altos niveles de deserción que se presentan en el sistema
educativo, especialmente en la educación superior, con un promedio nacional del
45% (de cada 100 matriculados, 45 abandonan sus estudios). Diferentes estudios
sobre causas de deserción, muestran que además de razones económicas y
socioculturales, tienen un fuerte incidencia las que están asociadas al rendimiento
académico porque hay problemas de vocacionalidad, por falta de integración a la
vida universitaria, pero principalmente porque el alumno no se sabe relacionar con
el conocimiento, porque no tiene métodos de estudio, porque cree que todas
asignaturas se abordan de la misma manera, porque incluso no sabe leer
comprensivamente y menos escribir con coherencia sus ideas, porque desconoce
cuáles son sus aciertos y fracasos ya que nunca se ha preguntado cómo es que
aprende y conoce, porque nadie tampoco le ha enseñado a trabajar en forma
autónoma.

Fundamentos que soportan el aprendizaje autónomo: Una premisa de partida:


información no es lo mismo que conocimiento. La primera es insumo del segundo
y aunque externa al sujeto que aprende, requiere de codificación neurosensorial
por parte de éste. El conocimiento compromete mucho más que órganos
receptores y neurotransmisores e implica procesos de pensamiento que conducen
a la elaboración de ideas, conceptos, nociones, asociaciones proposiciones, pero
también de sentimientos, afectos, intereses, cosmovisiones, compromisos, que
generan acciones tanto internas como externas. Mientras que la información
puede ser encapsulada y en cierta forma aislada de sus condiciones de
producción, el conocimiento es un proceso situado, sociohistórico; un proceso
interno, dinámico, personal e intransferible (en el sentido de que nadie aprende
por otro y que requiere una intencionalidad); y la manera de conocer produce una
experiencia de aprendizaje que está ligada a la historia personal y al contexto
social de cada quien. La búsqueda de un aprendizaje significativo, que implique
una participación activa del sujeto cognoscente, una experiencia de construcción
de sentidos y de cambios en la forma de entender y comprender, una manera
diferente de relacionarse con el mundo y de actuar, y que además asuma
integralmente a la persona abarcando todo su ser y mirando su perfeccionamiento,
es el marco de referencia que aquí se propone para el diseño y la implementación
de programas que buscan promover habilidades y estrategias para el aprendizaje
autónomo. El aprendizaje autónomo como condición para continuar aprendiendo
durante toda la vida, si bien se plantea dentro de los ideales formativos y dentro de
los perfiles de los educandos, no parece haber tenido un espacio propio en los
currículos. Pareciera ser que es un aprendizaje que se da por supuesto o por
añadidura, a veces se le traslada a escenarios no formales o no escolares, y
muchas veces se le reduce a un conjunto de técnicas de estudio.
Varias razones han confluido para esta situación, especialmente los diferentes
imaginarios y concepciones que sobre el tema tienen los profesores y estudiantes
y las resistencias que se originan por el cambio de roles que se introducen en los
procesos de enseñanza y aprendizaje En la primera situación, el aprendizaje
autónomo se confunde con la libertad total, con dejar a los alumnos que definan su
propios objetivos y estrategias de aprendizaje (una especie de“laissez faire”); o se
homologa al aprendizaje de tanteo, por ensayo y error, el que ocurre más o menos
al azar; o con el autodidactismo que traslada la responsabilidad de la gestión del
aprendizaje al alumno, sin ninguna ayuda externa; o con el estudio adicional que
demandan las sesiones de clase (en el lenguaje de créditos académicos), todo lo
cual ha dado por resultado temores, frustraciones y desmotivación. En la segunda
situación, la búsqueda real de un aprendizaje autónomo implica no solo una
participación más protagónica por parte del estudiante en su proceso de conocer,
lo cual exige abandonar su cómodo papel de receptor para convertirse en
planificador, director y constructor en su trabajo intelectual, además de llegar a ser
un examinador de su propio trabajo. Y de otro lado implica una intervención más
sustantiva del profesor, con un rol incentivador y provocador, de acompañante,
tutor y guía, que para nada simplifica su trabajo, obligándole por el contrario, a
conocer más profundamente a sus alumnos y a reconocer sus intereses,
diferencias y estilos para aprender.
Son otros roles que exigen por supuesto concebir y planear en forma distinta los
escenarios, medios, recursos y estrategias de comunicación e interacción
pedagógica, y especialmente un cambio en la manera de acercarse a los objetos
de conocimiento. Antes de plantear algunas consideraciones académicas y
pedagógicas que pueden ayudar al desarrollo de habilidades y estrategias del
alumno, conviene precisar los sentidos del aprendizaje autónomo: De una persona
se dice que es autónoma cuando se autogobierna; cuando valiéndose de su
propio pensamiento, y guiado por sus intereses y necesidades, toma por sí misma
decisiones.

La persona autónoma utiliza sus experiencias previas y define estrategias para


enfrentar nuevas situaciones y resolver nuevos problemas. Quienes alcanzan un
alto grado de autonomía, no solo se apartan de forma crítica y reflexiva de otras
propuestas o decisiones, sino que son capaces de crear otras. La autonomía no
se funda en el capricho o en la obstinación sino en la lógica, en el raciocinio, en la
argumentación y ello implica la capacidad de suspender el pensamiento propio
para acercarse al de los demás (interacción con otros) y la capacidad de re-
elaborar sentidos de la situación que vive, buscando el mayor bien para sí y para
los demás. La persona autónoma fundamenta su posición, decide en forma
premeditada (con intención) e ilustradamente (con la mayor información y lógica
posible), por ello es capaz de auto-dirigirse. El aprendizaje autónomo es un
aprendizaje estratégico en el que la persona toma decisiones claves sobre su
propio aprendizaje: autodirigiéndolo en función de unas necesidades, metas o
propósitos, auto regulándolo (seleccionando alternativas, acciones, tiempos) y
autoevaluándolo, de acuerdo con los recursos y escenarios de que dispone y de
las exigencias y condiciones del contexto. Con el aprendizaje autónomo la
persona aprende a aprender gracias al entrenamiento y desarrollo de
competencias o habilidades cognitivas, afectivas e interactivas pero también, y de
manera esencial, gracias al desarrollo de habilidades metacognitivas. En las
primeras (las cognitivas) distinguimos desde las más básicas (pero no menos
esenciales) cono la capacidad de escuchar, de leer comprensivamente, de escribir
con sentido y con una estructura discursiva, hasta otras más complejas como la
capacidad de buscar información, de enlazar y conectar conceptos y
proposiciones, de analizar, sintetizar, abstraer, de preguntar, sospechar, formular
hipótesis, resolver dudas, generar nuevas preguntas, de investigar, de hacer
rectificaciones, juicios y reflexiones críticas y propositivas. Aquí incluimos también
técnicas de recepción, acopio, memorización y aplicación de información que
contribuyen a ordenar el pensamiento y hacer más metódico el trasegar con el
conocimiento
En las segundas encontramos habilidades que facilitan la comunicación, el
intercambio con los demás, el respeto por las ideas de los demás y su apropiación
resignificada, la colaboración en el trabajo, la capacidad de negociar y de resolver
conflictos, la capacidad de postergar y de manejar los propios impulsos y de
pensar en el bien para sí y para los demás. Recuérdese que el desarrollo de la
lógica descansa sobre un proceso de intercambio y de refutación. Aquí se
involucra la dimensión de conexión e identidad consigo mismo: la automotivación
o capacidad de la persona para mantenerse involucrado en una tarea, de persistir
y esforzarse en la consecución de unas metas y de convertir el proceso de
aprendizaje en parte del proyecto de vida que también busca el goce y la
realización personal. En las terceras están las habilidades metacognitivas que son
esenciales y sin las cuales no es factible el aprendizaje autónomo pues tratan de
esa capacidad exclusivamente humana de autorreflexión, de pensar sobre los
propios pensamientos, de examinar qué estrategias utilizamos cuando
aprendimos, cuáles fueron exitosas y bajo qué condiciones, y cuáles se deben
replantear por haber resultado fallidas o frustrantes. La capacidad de
autoevaluación que aquí está presente, es la que facilita la autocorrección, el
redireccionamiento y la introducción de cambios por parte del alumno y por ende,
la voluntad de automejoramiento continuo. Los tres tipos de habilidades implicados
en el aprendizaje autónomo son los que se advierten en la literatura de las
ciencias administrativas como condiciones para el ‘empoderamiento’ de las
personas en las organizaciones Implicaciones académicas y pedagógicas: Lo
anteriormente planteado nos deja varias reflexiones: 1. El aprendizaje autónomo
no aparece de un momento a otro, es un proceso que requiere de entrenamiento
desde la educación básica y que va perfeccionándose a medida que se transita
por el aparato educativo, alcanzando grados o niveles de autonomía que van
desde desde el manejo técnico de herramientas y procedimientos hasta llegar a
desarrollar un aprendizaje estratégico (metacognición, autorregulación o control
interno y expresión o explicitación de los proceso internos y de las decisiones
adoptadas). 2. El aprendizaje autónomo no puede quedarse en declaraciones de
los proyectos educativos de las instituciones ni en enunciados de los perfiles
estudiantiles. Debe incorporarse en los planes de formación: con objetivos,
acciones, estrategias y evaluación. Esta incorporación curricular implica
dimensiones como la de los contenidos o saberes, la cognitiva y metacognitiva, la
metodológica, la técnica e instrumental. Es tal vez en los programas a distancia
donde la incorporación curricular de las estrategias para el aprendizaje autónomo
se ha hecho más evidente, pero perfectamente pueden extenderse a otras
modalidades de oferta educativa. Algunas estrategias son las afectivo-
emocionales o de automotivación, las de autoplanificación, las de autorregulación
y las de autoevaluación, como propone la Universidad la Pontificia Universidad
Católica del Perú. 3. El aprendizaje autónomo requiere un replanteamiento de los
procesos cuotidianos de enseñanza y aprendizaje, pero igualmente de una
capacitación específica a los docentes sobre estrategias que promuevan el
desarrollo de habilidades para el aprendizaje autónomo del estudiante, tales como
la realización de mapas conceptuales y mapas mentales, el diseño de esquemas y
la graficación de procesos, el aprendizaje basado en problemas (ABP), los
estudios de casos, las matrices de resignificación de experiencias, el diseño de
proyectos individuales y grupales, exposiciones orales ante los pares, participación
en páneles y debates, simulación de roles en mesas de jueces y dictámenes de
expertos. Entrenamiento que abarca igualmente el manejo pedagógico de las
TIC´s -no simplemente instrumental-: enseñanza sobre acceso, selección,
clasificación, uso y transferencia de la información de tipo impreso y digital, el
manejo de diferentes medios como las aulas virtuales con sus múltiples recursos
(foros y chats, ejercicios, enlaces en Internet) y de las bases de datos electrónicas,
y en general el manejo de materiales en red . Punto importante que no debe
dejarse de lado es el sentido y alcance de la consulta y investigación a través de
estos medios, así como las exigencias que conlleva la citación de fuentes y
autores. 4. La indagación en clase sobre los intereses y necesidades de los
estudiantes, especialmente sobre lo que ya conocen y saben acerca de cada tema
o tópico que va a ser objeto de enseñanza. Esta exploración se torna en requisito
de entrada de los aprendizajes significativos y en desencadenador de relaciones
de pensamiento y de nuevos retos (desequilibrios, en términos de Piaget) para
aprender. Al tiempo que se conocen estos intereses (personales, vocacionales,
profesionales, laborales), es imprescindible afianzar técnicas y hábitos de estudio
de tipo general (organización del plan de trabajo, de tiempos, identificación de
claves y elaboración de ensayos, cuadros sinópticos, resúmenes y portafolios etc)
que no deben reservarse sólo para la educación primaria y secundaria; como
también de tipo específico, es decir, acercamientos y entrenamientos en los
modos particulares que tiene cada ciencia y disciplina al indagar sobre sus objetos
de conocimiento, al preguntar, refutar, constrastar, validar y exponer. 5.
Entrenamiento en el rol del profesor como tutor acompañante (presencial o virtual)
del estudiante, tanto en el aspecto cognitivo como afectivo, especialmente en el
trabajo que ocurre fuera del aula (o estudio independiente) propiciando la
comunicación espontánea y el diálogo horizontal; incitando el movimiento del
pensamiento a través de la búsqueda, del asombro, de la formulación de
preguntas y de la contrastación de hipótesis; monitoreando las rutas y secuencias
de aprendizaje establecidas por los alumnos; evaluando, retroalimentando y
haciendo de la evaluación otro momento de aprendizaje; indagando cómo va el
ánimo y la motivación del estudiante y reforzando; induciendo a la autorreflexión y
a la metacognición. El aprendizaje autónomo pocas veces es un trabajo totalmente
solitario, por el contrario casi siempre es un aprendizaje social, acompañado
(aunque los los profesores y los compañeros estén a distancia). En los roles que
asumen los actores, el profesor es plenamente consciente que está conduciendo
al alumno hacia un estado de mayor libertad de pensamiento, de reflexión, de
crítica y de acción; y el alumno a su vez, va creciendo en conciencia de que está
caminando hacia una mayor responsabilidad en la gestión de su propio
aprendizaje. 6. Finalmente, sobre el aprendizaje autónomo no hay nada
concluyente, lo que permite abrir muchas posibilidades de innovación y
experimentación, de investigación y de sistematización por parte de los profesores y de las
mismas instituciones..

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