¿Qué es una meta?
Una meta o fin es el resultado esperado o imaginado de un sistema, una acción o
una trayectoria, es decir, aquello que esperamos obtener o alcanzar mediante un
procedimiento específico. Las organizaciones, los individuos, los colectivos, todos
se trazan metas y procedimientos para tornarlas realidad.
La palabra meta proviene del latín, y designaba a una serie de objetos cónicos que
se colocaban en los extremos de la pista de carreras del circo romano, marcando
el inicio y el fin de la trayectoria.
De allí se tomó como metáfora para el fin, el objetivo, y por lo tanto también la
utilidad de un proceso determinado. No debe confundirse, no obstante, con el
prefijo meta-, proveniente en cambio del griego, y que significa “más allá”.
Existen muchas formas de concebir las metas, y en la cultura occidental la
realización individual, la felicidad, y el cumplimiento de las metas que nos
hayamos propuesto están estrechamente relacionadas.
A la fijación de metas se le denomina planificación, y a su cumplimiento, eficiencia
o efectividad. Esto en lenguaje corporativo u organizacional.
Tipos de meta
Existen diversos tipos de meta, atendiendo al tiempo que requerirá
realizarlas:
A corto plazo. Aquellas que requieren de un breve período de tiempo para
realizarse. Días, semanas o meses, por ejemplo.
A mediano plazo. Aquellas que requieren de un esfuerzo sostenido en el tiempo
para cumplirse. Meses o años, por ejemplo.
A largo plazo. Aquellas que necesitan de un gran lapso de tiempo para
concretarse. Años o décadas, por ejemplo.
Y, en cambio, atendiendo a su cometido final, pueden ser:
De dominio. Aquellas cuyo cometido es acumular conocimientos o capacidades,
que representan un mayor alcance o potencia para quien las cumple.
De desempeño. Aquellas que se cumplen al demostrar las capacidades a los
demás o destacar dentro de una población determinada. De evitación. Aquellas
que se cumplen cuando se evita un trámite o riesgo, se cumple rápidamente una
acción o se evita del todo cumplirla
.
Siete estrategias para alcanzar el éxito
Ponerse metas claras y alcanzables
La búsqueda de la perfección puede ser el camino del fracaso y la frustración. Si
los retos que nos planteamos son a todas luces inalcanzables, no lograremos
avanzar ni un ápice hacia las metas que nos pongamos. En cambio, si uno va
marcándose pequeñas metas hacia culminar en un objetivo mayor será más fácil
motivarse e ir progresando poco a poco. Realizar acciones concretas, hacer un
calendario con fechas y objetivos a corto, medio y largo plazo puede ser de gran
ayuda. La adecuada planificación y la claridad de las metas son dos de los pilares
básicos para alcanzar el éxito, por lo que es necesario estar muy seguro y haber
reflexionado lo suficiente antes de emprender un reto.
Establecer prioridades
Una vez que se tengan claras todas las preferencias vitales para este 2013, ya
sean económicas, de crecimiento personal o físicas, es preciso establecer un
orden de prioridades. A la hora de alcanzar el éxito, “menos es más” y será más
productivo ir objetivo por objetivo, hasta alcanzarlo, que abarcar todos a la vez y
acabar el año sin haber conseguido ninguno. La serenidad es una de las claves
para que la motivación no decaiga. Por ello debemos tomarnos los procesos con
calma, ya que requieren tiempo y esfuerzo.
Flexibilidad
Obsesionarse con una meta puede ser peligroso y provoca que tropecemos
siempre en la misma piedra. Nadie sabe de antemano cuál es la estrategia
perfecta para conseguir un reto, además de que lo que funciona para unos puede
suponer un fracaso para otros. Por tanto, deberemos ir probando diferentes
fórmulas para mejorar y evitar posibles errores que nos ayuden a pulir la estrategia
que mejor se adapte a nosotros mismos y a nuestras metas particulares.
Comenzar por desechar los malos hábitos
Los teóricos de la psicología positiva defienden que, para adquirir buenos hábitos,
la clave está en cambiar primero los malos hábitos. Aunque parezca un juego de
palabras, esta premisa advierte de que los peores enemigos que nos
encontraremos en el camino de la búsqueda del éxito somos nosotros mismos.
El crecimiento personal implica comenzar a hacer las cosas de diferente manera y
por esto debemos apasionarnos al pensar en el cambio. Para ello hay que
potenciar las emociones positivas, celebrando y destacando los pequeños logros
que vayamos alcanzando, lo cual nos dará fuerza para seguir adelante.
Confiar en uno mismo
Enlazando con la estrategia anterior, para cambiar de hábitos y mantenernos
motivados lo primero y más fundamental es confiar en uno mismo. Esta actitud
nos servirá de protección para sortear los malos momentos y salir indemnes de los
golpes bajos. La confianza es una barrera contra los temores y miedos al fracaso,
por lo que es una compañera indispensable para alcanzar cualquier meta que nos
propongamos.
Proactividad
Ser proactivo y tener claros los objetivos en la vida son dos cuestiones que deben
ir de la mano. Tomar el control de nuestras vidas y hacer todo lo posible para
cambiar o mejorar. Llevar siempre la iniciativa para que la realidad no nos
sobrepase y asumir responsabilidades para hacer que las cosas sucedan son dos
virtudes necesarias para alcanzar el éxito. Además, la proactividad nos permite
improvisar cuando surjan dificultades para salir airosos de los problemas que se
nos presenten.
Buscar ayuda cuando sea necesario
A muchas personas les cuesta pedir ayuda a los demás, ya sea por falta de
confianza o porque simplemente creen que no es lo correcto. Aunque no lo
parezca, saber cuándo y a quién pedir consejo, sobre todo en los momentos de
mayores dificultades, puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso