La función del boceto
Elaborar una buena pieza de comunicación visual implica planificar cuidadosamen-
te la colocación de imágenes y palabras en una obra para que su contenido sea com-
prendido claramente.
Con la llegada de los ordenadores personales a la practica profesional del diseño
gráfico la labor de "colocar" se simplificó, substituyendo gran parte del trabajo manual
por operación especializada de programas de cómputo, cambiando para siempre los
modos tradicionales de pensar y hacer el diseño.
Hoy día resulta muy tentador poner elementos en un documento nuevo de Illustra-
tor, Photoshop o Autocad probando composiciones que no requieren mucho esfuerzo al
dibujarse, o bien elegir de una infinita variedad de fuentes para escribir textos con la
ayuda del programa. Sin embargo actuar de esa manera resulta contraproducente
cuando no hemos definido nuestras intenciones, porque se cae fácilmente en el lugar
común, originado creaciones de aspecto mecánico y vulgar.
Antes de proceder en la máquina, lo mejor es contar con un "mapa" para saber a
donde vamos a llegar y por donde vamos a irnos, es decir, debemos preparar un boceto
que nos ayude a lograr un diseño correctamente madurado.
Mediante un boceto se pueden tomar decisiones que eviten la ansiedad de visuali-
zar resultados inmediatos en la pantalla, aterrizando las ideas mientras se proponen op-
ciones de configuración que pueden cambiar hasta encontrar la solución ideal.
Los bocetos pueden ser esquemáticos, pero en todo caso deben ofrecer suficiente
información para describir las formas con detalle y calidad, pensando en que frecuente-
mente se utilizan también para convencer a un cliente, seduciéndolo con el anticipo de
una presentación impecable del producto final.
Otra utilidad de este instrumento, consiste en permitir un manejo cómodo de la
composición en un tamaño pequeño que puede ser ampliado posteriormente, como en
el caso de las proyecciones para formatos murales.
No es necesario poseer una gran destreza como dibujante para realizar estas re-
presentaciones preliminares, pero si se debe tomar en cuenta que normalmente hay que
compartirlas con personas con las que quizá no tendremos contacto físico, por tanto los
bocetos deben explicarse a si mismos, si los acompañamos de innecesarias notas acla-
ratorias en realidad les estamos restando poder de comunicación.
Es bien sabido que muchos bocetos suelen conservarse por su belleza intrínseca,
hasta nuestros días han llegado las manifestaciones embrionarias de obras maestras
que se concibieron a través del método de la prueba y el error.
Basta con mencionar los numerosos dibujos de Leonardo da Vinci, algunos con-
vertidos en hermosas pinturas, objetos y máquinas, otros más que quedaron solo para
documentar visiones que nunca se llevaron a cabo.
Un anteproyecto nunca representa una perdida de tiempo, cuando orienta las ac-
ciones del diseñador y previene las posibles complicaciones, aclarando las dudas que
surgen durante la ejecución, manteniéndonos concentrados en un objetivo preestableci-
do. De hecho no hay mejor manera de ahorrar tiempo cuando diseñamos, que trazar un
plan concreto desde el principio.
No importa de que clase de pieza de comunicación visual estemos hablando, des-
de una ilustración sencilla hasta un elaborado sistema multimedia, la concepción comu-
nicacional siempre amerita el acto reflexivo del boceto. Una idea debe materializarse
primordialmente con la mano, puesto que este es el conducto natural de nuestra imagi-
nación antes de que la convirtamos en un producto, para plasmarla en el papel o en el
más novedoso soporte tecnológico.