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Historia de la Hacienda Caballero

La Hacienda Caballero data del siglo XVII cuando Juan Caballero de Tejada era el mayor proveedor de carne, leche y queso en Lima. En el siglo XX la hacienda pasó a manos de varios propietarios hasta que finalmente se convirtió en una cooperativa agrícola durante la reforma agraria. Hoy es un sitio en ruinas ubicado a una hora de Lima. La Hacienda San Juan Grande data de 1559 cuando fue propiedad de Diego Porras Sagredo. En el siglo XVI la hacienda pasó a manos de la Compañ

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Historia de la Hacienda Caballero

La Hacienda Caballero data del siglo XVII cuando Juan Caballero de Tejada era el mayor proveedor de carne, leche y queso en Lima. En el siglo XX la hacienda pasó a manos de varios propietarios hasta que finalmente se convirtió en una cooperativa agrícola durante la reforma agraria. Hoy es un sitio en ruinas ubicado a una hora de Lima. La Hacienda San Juan Grande data de 1559 cuando fue propiedad de Diego Porras Sagredo. En el siglo XVI la hacienda pasó a manos de la Compañ

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Hacienda Caballero

3.1 Ubicación

La Hacienda Caballero, patrimonio cultural de Lima Norte.

Se accede atraves de Av. Tupac Amaru, se encuentra a 1 hora del centro de Lima.
3.2 Antecedentes Históricos
Existió en la colonia, allá en el siglo XVII, un personaje que pudo poner en problemas
a toda la Lima cuadrada. Juan Caballero de Tejada, regidor del cabildo limeño, era el
mayor abastecedor de carne, leche y queso en la ciudad. Su finca y casa de campo –
la hacienda Caballero- era una de las más importantes del valle del río Chillón por su
producción agrícola y vacuna. Este hacendado, convertido en un potentado
económico, adquirió tierras e inmuebles con las cuales fundó el Mayorazgo de
Caballero. Estudiar la historia de la Casa Hacienda Caballero es conocer cómo
estaban fundados los sistemas de producción, las élites sociales y la utilización de la
tierra.
En la Hacienda Caballero se criaban toros de lidia. Caballero de Tejada los enviaba al
ruedo de la Plaza de Acho del Rímac. Foto: Marco Gamarra Galindo.
Han pasado más de tres siglos desde que Juan Caballero fue el propietario de esta
gran hacienda. Unos años menos desde que el General José de San Martín, el
libertador argentino, iniciara su recorrido de ingreso hacia la ‘Ciudad de los Reyes’
desde Lima Norte para romper cadenas y alcanzar la tan ansiada libertad. Las tropas
patriotas, lideradas por San Martín, tomaron la Hacienda Caballero por considerarla
un lugar estratégico de acceso a Lima y por ser una zona clave en la producción de
alimentos, esto luego de una serie de enfrentamientos contra las tropas realistas por
la posesión del valle.
Años después, con la invasión chilena en territorio nacional, la Hacienda Caballero
sufre asaltos y destrozos de considerable magnitud. Luego de la ocupación chilena,
se encarga de la hacienda la familia Calmet (en 1918), quien además era dueña de la
hacienda Huarangal, que se encuentra frente a Caballero, cruzando el río Chillón.
En el siglo XX muchas haciendas se convertirán en sociedades agroindustriales, que
a su vez estaban relacionadas a actividades ligadas a la minería, la banca y la
construcción, lo cual convirtió a sus propietarios en un importante grupo de poder
económico del país y, a vez, en protagonistas de la vida política y militar del Perú. En
1965 existían veinte haciendas en el valle del Chillón, las cuales eran administradas
por nueve propietarios, entre ellos destaca Ernesto Nicolini. La Hacienda Caballero
perteneció, luego, a la Sociedad Agrícola Los Cedros. Para ese entonces el producto
más sembrado era el algodón que era llevado después a la desmotadora de la
hacienda Chocas y de ahí llevado al Callao para ser exportado.
El sistema económico basado en las haciendas terminó durante el gobierno de Juan
Velasco Alvarado, quien promulgó la Reforma Agraria; así la propiedad de las tierras
agrícolas, pasó a manos de los campesinos que trabajaban el campo. La hacienda
Caballero, unida con la hacienda Chocas formó la Cooperativa María Parado de
Bellido N° 64, con 560.33 hectáreas cultivables cuyos beneficiarios eran 106 socios.
En poco tiempo las cooperativas se convirtieron en poblados rurales, tal es así que
en 1984 la población de Caballero y Chocas sumaban 3,570 habitantes, quienes
participaban en las actividades agrícolas de siembra y cosecha de productos
agrícolas.
Hoy la hacienda Caballero permanece en el más triste olvido. Su historia es rica en
pasajes importantes de nuestra identidad y pasado. Sin embargo, las autoridades
parecen desconocer ello. Esperemos que sea pronta su recuperación. Las
autoridades de Carabayllo deberían encontrar soluciones para recuperar estos
inmuebles, patrimonios de Lima Norte. Foto: Marco Gamarra Galindo.

3.3 Elementos Arquitectónicos


Para ingresar a la casa hacienda se tenía que ascender por una amplia escalera que
aun funciona. luego se llegaba a una terraza techada, desde donde se apreciaba los
campos de cultivo, las rancherías de los esclavos, los galpones y los corrales.
Asimismo, al costado de la escalera principal se encontraba un pozo construido para
obtener agua.

Presenta: tres niveles y paredes de adobe de casi medio metro de ancho, además de
elementos traídos de Europa como sus baldosas, algunas de las cuales aún
permanecen en su lugar original.
Existe, además, en sus paredes aledañas una capilla familiar, cuyas torres estaban
adornadas de campanas. En sus interiores se contaba con un reluciente retablo y otros
a los lados. Su techo fue abovedado de medio cañón y hasta 1998 se podía apreciar el
alto coro que se encontraba ingresando a la capilla.

Los ambientes construidos con muros de adobe y techo con viguetas de


madera. Loa ambientes eran amplios y se iluminaban atreves de vanos altos y
claraboyas en el techo.
Hacienda San Juan Grande
3.4 Ubicación

Se encuentra en la Av. Los Próceres en el distrito de surco.


3.5 Antecedentes Históricos
Los documentos más antiguos que se detectan de San Juan son títulos de propiedad
solar de la época del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, segundo marques de
Cañete y tercer virrey de Nueva Castilla. Dichos documentos tratan sobre una
provisión de 100 fanegas15 dada por el Superior Gobierno de la ciudad de los Reyes,
a favor de Diego Porras Sagredo, el cual sirvió como regidor de Lima y alcalde en
1572, 1575 y 1580. En 1559 Diego Porras Sagredo, también tesorero e intendente
del vicerreinado de Toledo, toma posesión del predio, haciéndose aprobada su
provisión gracias a la intercesión de Alonso de Montalbán, para ese entonces regidor
de Lima. Se realiza un testimonio notarial aprobado por los caciques y principales del
pueblo de Surco en agosto de 1565. Para ese entonces no existían linderos que
determinen la extensión de la propiedad, esto se debe a que no hay una legislación
que procure el cumplimiento de respetar los límites indicados en el testimonio. Las
características de la tierra que comprendía los terrenos de la hacienda registran lo
siguiente: tierra carente de hummus, mala en composición y no apta para cultivar
por el alto índice de sílice, aislada de la red hidráulica del valle de Surco y sin
suficiente producción agrícola, si bien no hay registro de la producción de ese
entonces, dado el tipo del suelo no se podía esperar un producto de alta calidad.
Las tierras de la hacienda, propiedad de Diego Porras, alcalde repitente de la Ciudad
de reyes en el año 1575, dispuso de recursos para habilitar una red hidráulica que
alimente su propiedad. Dicha disposición fue tomada en la sesión de cabildo un 28
de enero de 1575, con la participación del mencionado alcalde y el regidor Francisco
Ortiz de Arbildo. Si bien la disposición por parte del propietario de la hacienda fue
en vías de la mejora de la producción, el inexistente avance de sus propiedades en
el valle de Surco, prácticamente obligo a tomar la decisión de realizar una
transferencia por motivos altruistas, a la Compañía de Jesús. Diego Porras de
Sagredo y su esposa Ana de Sandoval tenían precedentes de benefactores de los
Jesuitas, a meses de su llegada en el año 1568, ellos ayudaron en la construcción de
los edificios de la sede central de la Compañía en la capital, erigiendo el “Complejo
conventual y colegio San Pablo”. Otras obran de las cuales fueron participes fue el
Pueblo y reducción de Santiago de Cercado en 1569 y 1571, así como el colegio
cacical para los hijos de caciques comarcanos. El 21 de Junio de 1581 deciden ceder
por escritura la hacienda San Juan Grande a la Compañía de Jesús. Este fue el inicio
de la era Jesuita, debido a la falta de práctica de la composición de tierras, no hay
dimensiones que determinen la extensión del predio, tal y como ocurrió con el
anterior propietario. La reducción de tierras de San Juan se dio en pleno proceso
composicional, por este motivo la Compañía solicita la merced real de los ámbitos
de Villa, una hacienda continua, con el fin de extender el territorio. Se llega a un
acuerdo con la comunidad surcana, a cuesta de evitar problemas con los pobladores,
y se ceden 34 fanegadas de tierra para mantener el orden. Los problemas de redes
hidráulicas seguían acechando las áridas tierras de la hacienda, lo cual llevo a que
los Jesuitas adquieran una chacarilla donde construyen un estanque y drenaje de
aguas para abastecer las tierras de San Juan. Según registro, los alcances territoriales
comprendían un cerro que dividía la hacienda de Villa en la cual existía un puquio
donde abastecían a ambos predios.
En 1630 se ratifica el convenio entre la comunidad indígena de Surco y la Compañía
de Jesús, los cuales se comprometen y acuerdan que la comunidad dotaría de agua
proveniente de la acequia a cambio de tecnología de producción. Lamentablemente
el contrato de convenio se anuló porque este no poseía licencia virreinal. Es
importante mencionar que la Iglesia era utilizada como un centro de
adoctrinamiento de sus habitantes, indios y negros, así como de los alrededores, la
vida espiritual de los jesuitas también tuvo lugar en la hacienda.
Fernando de Saavedra, visitador general de tierras y juez de composiciones, con la
ayuda del medidor Pedro de Noguera, en 1641 calcularon 172 fanegas equivalentes
a 481,6 hectáreas las cuales pertenecían al predio de San Juan. Este es el primer
registro del área que posee el terreno. Para 1671, la administración de la hacienda
está a cargo del padre Ambrosio de la Espada, el cual se encarga de arrendar las
tierras surcadas, expandiendo la explotación del cultivo y de esta manera recibiendo
un sustento económico. El deterioro de la hacienda y la expulsión de la Compañía de
Jesús en Setiembre de 1767, iniciaron el declive de esta, la cual para ese entonces
contaba con 482 esclavos provenientes de África entre mujeres y hombres. El
envejecimiento de los esclavos y las enfermedades, llevaban a que los ingresos de la
hacienda sean gastados en el mantenimiento del personal y así disminuir su
producción agrícola. En 1768 el Padre Iñigo Jiménez, ultimo administrador jesuita,
detalla un documento donde se describe la infraestructura de la casa hacienda: “Una
vivienda alta con su patio, y traspatio la que tiene dos corredores, que mira a una y
otra parte cubiertos de madera recibidos sobre columnas de los mismo sus
Barandillas, y quince bancas de firme, cuatro escaleras, dos bajas de patio, y dos al
traspatio, y vivienda que se compone de ocho cuartos corrientes con sus puertas,
chapas y llaves en el patio la oficina del aceite, y seis cuartos pequeños en el callejón
que sale al patio, dos cuartos y en cada uno un Cepo”.
Sobre el patio: “Este se compone de ocho cuartos corrientes, y sirve de refectorio la
que tiene catorce mesas de firme, sus asientos y respaldos de los mismo, dos
alacenas y encima de este un cuarto alto, hay dos bañeras una baja y otra alta, con
una piedra de destilar, y una campana de bronce”
Acerca de la ramada: “cubierta de madera sobre diez y ocho pies de alfajía la que
tiene vista y salida que, se compone de veinte pies de membrillo y otros diversos
árboles, y se halla cercado de adobes con los cimientos de piedra, su puerta con su
cerradura, y demás resguardos: en la ramada hay tres cuartos, en sus cabeceras, y
una alhacena.
Luego del final de la era Jesuita la hacienda queda en manos de la Real Junta de
Temporalidades, la cual otorga la administración a don Lucas de Garay. En este
periodo con la nueva administración, la hacienda se posiciona como industria
azucarera de segundo orden, sin embargo, la administración mediocre de Garay,
llevo a la hacienda a generar grandes deudas, cediendo la propiedad a su hermano
Juan Antonio. Para esto ya se contaba con pérdidas de ganado como de esclavos.

De 1768 a 1770 la administración pasó a cargo de don Antonio Espinoza de los


Monteros, donde siguió sufriendo grandes pérdidas, reiterando una mala
administración. La sobrepoblación esclava, costos operativos, pagos diferidos y
créditos aumentaban el déficit de fondos de la hacienda. A mediados de 1770 se
entrega la administración a García Urbaneja, con la culminación de la construcción
de nuevos trapiches ordenados por el antiguo administrador, para una supuesta
mejor producción.

El deterioro de San Juan, se debe a la superpoblación esclava, lo cual genera gastos


que no son proporcionales a los ingresos de la hacienda. Para la época la solución
que se planteaba era partir el territorio donde se ubicada el predio y vaciando la
población esclava.

Como solución al declive, se decidió fusionar con la hacienda Villa, vendiendo 70


esclavos para disminuir el costo de la población (subasta de negros), esta decisión
fue tomada por la Junta de Temporalidades. En 1780 la densidad demográfica de la
hacienda vario en un 65%, lo que inicialmente se planteó como un cambio para
mejorar el estado de la propiedad, fracaso ya que desapareció una cantidad
considerable de esclavos debido a factores no registrados, lo cual frustró la iniciativa
de potenciar la hacienda haciendo falta la mano de obra.
Nicolás Coronel y Unzueta gana la buena pro para la administración de la hacienda
en 1784, en este año San Juan alcanza su máxima expansión. El 30 de Julio de 1790,
se realiza el traspaso al coronel Joseph Rudecindo Casanova. Luego de un largo
conflicto con la población indígena de Surco, debido a que, en la administración de
Coronel y Unzueta, se tomaron hectáreas del territorio de Santiago de Surco
perteneciente a los indígenas, se generó una disputa que duro años en el cual solo
acreció la devaluación de la hacienda y su posterior embargo de los capitales
contenidos, deudas, moras y pagos diferidos.

El 17 de noviembre de 1808, Alzamora Ursino adquiere la hacienda aceptando las


condiciones del dictamen correspondiente a la hacienda. La encontró en una ruina
total, pero siguió cumpliendo con las condicionantes ofrecidas por el virreinato hasta
que la llegada de las tropas de San Martin y la constante hostilidad que habitaba la
ciudad de los Reyes, le hizo difícil continuar.
Con las labores de la hacienda aumentando la deuda y el incumplimiento del pago,
esto continúo conforme pasaban los años, excusando su responsabilidad de pago
con cartas dirigidas al estado virreinal. Alzamora continúo siendo poseedor de la
hacienda hasta la vuelta de la Compañía de Jesús en 1870.

Para esa época la hacienda vuelve a los Jesuitas quienes optan por un consenso y
negociación, la cual permitía seguir produciendo y cumpliéndole cada semestre al
estado. Se superaron los problemas por falta de riego de aguas a las tierras, hasta el
1879 donde Chile declara la guerra y esto sería el inicio del deterioro y expropiación
de la hacienda como trofeo bélico a manos de los chilenos.

Durante la Guerra con Chile, la campaña de San Juan de Surco (primera campaña),
se llevó a cabo muy cerca de la Hacienda, las instalaciones sirvieron como refugio
para los heridos y un campamento provisional dirigido por Belisario Suarez.
Posteriormente fue convertida en Cuartel General de los chilenos.

El terremoto del año 1966 ocasiona la destrucción del retablo de madera y el retablo
mayor, hubo daños menores en sus demás estructuras. En 1972 es declarada
monumento histórico de la nación.

El plan de Vivienda del Gobierno Peruano (1980-1985) concebía la revolución


habitacional en democracia la cual es fruto del proceso en el que se inició la
construcción de las grandes unidades vecinales en 1945, las cuales se consolidaron
con este plan de Vivienda entre 1963 y 1968. Para ese entonces los terrenos de la
periferia de la hacienda San juan Grande se encontraban dentro del proyecto de
urbanización, dando como resultado el proyecto “Los Próceres”, incorporando al
Conjunto Arquitectónico como parte del equipamiento cultural. Sin embargo, dicho
proyecto no se llegó a concluir por falta de presupuesto de parte del Banco de la
Moneda, quedando una vez más la hacienda en completo estado de abandono.
3.6 Elementos Arquitectónicos

6
c
3 2

5
c 1

1. ATRIO
2. IGLESIA
3. CLAUSTRO
4. ANTIGUO REFLECTORIO
5. RESIDENCIA DEL HACENDADO
6. ZONA DE SERVICIO

Cuenta con una planta cuadrada y un patio interior, característico de las casas
hacienda, donde se erige el famoso “pino”, reconocido luego como una
Araucaria. Resalta el claustro con galerías de arcos, posee dos plantas y un área
construida de 2 925.00 m2. El sistema estructural consta de muros portantes y
un techo plano horizontal, donde podemos encontrar los siguientes materiales
utilizados en su construcción:
La edificación cuenta con una Iglesia de una sola nave, con bóveda de cañón y cúpula,
también tiene dos torres con campanas barrocas. Dentro de ella hay dos ambientes, un
altar, dos retablos y la sacristía. La ranchería, el trapiche, la bodega de miel, el galpón de
los negros y la carpintería, son otros ambientes que también conforman la hacienda. En
el Gobierno militar del año 1971, se expropio 248.33 hectáreas que formaban parte de
la hacienda, pero luego de una resolución suprema dada por el Ministerio de Educación,
esta es declarada Monumento Histórico en diciembre de 1972.
BIBLIOGRAFIA:
Centro Cívico de Lima, Blog Historiador del Perú, Apuntes sobre el Brutalismo en Lima.
Instituto de Investigaciones de Arte Peruano:
[Link] html
Tesis: rehabilitación de la hacienda san juan grande y centro cívico en Santiago de
surco. Universidad Ricardo Palma.
[Link]
caballero-historias-de-un-potentado-espanol-y-de-un-cura-decapitado/

CONCLUCIONES:
La investigación genera interés en la recuperación de las haciendas que pueda otorgar
un nuevo servicio para que de esta manera pueda generar ingresos propios y así lograr
un mantenimiento adecuado.
El análisis de equipamiento urbano determinó la falta de un espacio cultural en cada
sector, en el cual se encuentra ubicado el proyecto.
Las haciendas aportan aun espacio de encuentro donde el principal objetivo es el vínculo
entre el ciudadano y su historia, disfrutando del valor arquitectónico que posee el
distrito donde reside.
Una casa hacienda encontramos valores educativos y culturales para los estudiantes de
arquitectura y la población.

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