Análisis de Efesios: Autoría y Audiencia
Análisis de Efesios: Autoría y Audiencia
Esto significa que al estudiar la carta de Pablo a los Efesios, es útil comenzar con preguntas
como: ¿A quién fue dirigida esta carta? Y, ¿qué hechos significativos estaban enfrentando
en sus vidas? El conocer las respuestas a preguntas como estas nos ayudará a comprender
mejor las enseñanzas de Pablo.
Autoría
Cierto número de estudiosos modernos ha sugerido que Pablo realmente no escribió esta
carta. Por el contrario, han argumentado que Efesios fue escrita por uno de los alumnos de
Pablo para continuar con el legado de Pablo y aplicar sus enseñanzas en nuevas formas.
Pero hay grandes razones para rechazar esta noción. La carta establece que fue escrita por
Pablo. Escuchemos las palabras de Efesios capítulo 1 versículo 1
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús
que están en Efeso. (Efesios 1:1)
Claramente, la carta afirma proceder de Pablo. Ahora, es cierto que en la iglesia primitiva
algunos falsos maestros producían cartas falsas bajo la firma de otra gente. Pero cada vez
que la iglesia descubría que una carta era falsa, la rechazaba. Escuchemos la enseñanza de
Pablo sobre este asunto en 2 de Tesalonicenses capítulo 2 versículos 1 al 3:
Os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os
conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra…Nadie os
engañe en ninguna manera. (2 Tesalonicenses 2:1 – 3)
Además, tanto en doctrina como en lenguaje, Efesios es semejante a todas las demás cartas
de Pablo. Hay puntos de conexión especialmente fuertes con Colosenses, lo que no debería
sorprendernos, puesto que Pablo probablemente escribió ambas cartas más o menos en el
mismo tiempo. Estos puntos de conexión son tan poderosos y naturales que incluso, si
Pablo no hubiese puesto su nombre en la carta, sería muy difícil imaginar a la iglesia
atribuyéndola otra persona.
Finalmente, según Hechos, capítulos 19 al 21, Pablo había plantado la iglesia en Efeso, y
había vivido dos años en Efeso, y aún después de ese tiempo, había conservado una
estrecha relación con sus ancianos. Es simplemente inimaginable que los efesios no
hubieran reconocido esta carta como falsa. Así como también es inimaginable la idea de
que la iglesia primitiva no hubiera eliminado una carta falsa, supuestamente enviada por un
apóstol tan prominente a una iglesia tan prominente.
Audiencia
Audiencia Principal
Efeso era la ciudad capital de la provincia romana de Asia que, más o menos, corresponde a
la región actual de Asia menor. Durante el primer siglo, era una de las ciudades más
populosas e importantes del Imperio Romano, y que servía como vía de acceso entre los
mundos del oriente y occidente. Efeso era una gran ciudad puerto y un gran centro de
comercio. Geográficamente, yacía en la costa del Mar Egeo no muy lejos al norte del río
Meander.
Algunos estudiosos creen que esta carta no fue enviada originalmente a los efesios. Hay
una variedad de razones para sus dudas, pero todas tienen un fundamento muy débil.
Apuntan al hecho de que algunos manuscritos antiguos de esta carta no tienen las palabras
"en Efeso" en Efesios capítulo 1 versículo 1. Aunque esto es cierto, la mayoría de los
manuscritos sí contienen dichas palabras, y ningún manuscrito conocido nombra otra
audiencia.
Además, muchos detalles de la carta habrían sido particularmente relevantes para los
efesios. Consideremos sólo dos ejemplos:
Primero, sabemos por Hechos capítulo19 que durante su tiempo en Efeso, Pablo se había
enfrentado con adoradores de la diosa pagana Artemisia y con muchas prácticas de
ocultismo. Al mismo tiempo, en Efesios capítulo 5 versículo 11, él enseñó fuertemente
contra las obras infructuosos de las tinieblas y en Efesios capítulo 6 versículos 11 y 12,
insistió en que los cristianos tienen que batallar contra los falsos dioses paganos.
Estos y otros detalles parecen haber sido diseñados para armonizar con la iglesia en Efeso.
Finalmente, varios padres de la iglesia primitiva dieron testimonio de que esta carta fue
enviada por Pablo a los efesios. Por ejemplo, Clemente de Alejandría, quien escribió las
siguientes palabras, casi al final del segundo siglo, en el capítulo 5 de su obra El Instructor:
Y escribiendo a los efesios, [Pablo] ha develado en forma muy clara el asunto en cuestión,
hablando con el siguiente propósito.
Luego de este prefacio, Clemente continuó con el texto completo de Efesios capítulo 4
versículos 12 al 15.
Del mismo modo, Tertuliano, quien escribió muy al comienzo del siglo tercero, dijo lo
siguiente en su obra Contra Marción, libro 5, capítulo 17:
Tenemos, según la verdadera tradición de la iglesia, que esta epístola fue enviada a los
efesios, no a los de Laodicea.
Según Tertuliano, toda la tradición de la iglesia, anterior a ese tiempo, afirmaba que esta
carta había sido enviada a Efeso. Y ningún testigo de la iglesia primitiva contradice a
Tertuliano en este punto. En resumen, a pesar de la negación de algunos eruditos modernos,
hay evidencia poderosa para creer que la intención de Pablo era que esta carta fuera leída
por la iglesia en Efeso.
Ahora que hemos revisado la evidencia de que la iglesia en Efeso fue la audiencia
primigenia de Pablo, debemos centrar nuestra atención en su audiencia secundaria,
particularmente en las iglesias del Valle de Licia.
Audiencia Secundaria
Hubo un número de iglesias que en el primer siglo creció en el Valle de Licia. Sabemos que
hubo iglesias en las ciudades de Colosas y Laodicea, y tenemos buenas razones para
suponer que también hubo una iglesia en Hierápolis. El Valle de Licia yacía al oriente de
Efeso, a lo largo de uno de los tributarios del Meander, y se conectaba con Efeso a través de
una serie de caminos. Aun cuando no se menciona a estas iglesias en la carta de Pablo a los
Efesios, hay buenas razones para sospechar que Pablo al escribir las tenía en mente.
Consideraremos dos tipos de evidencias que apuntan a las iglesias del Valle de Licia como
audiencia secundaria de Pablo. Primero, la evidencia de que Pablo le escribió a una
audiencia que no le era familiar; y segundo, la importancia de esta carta para las iglesias del
Valle de Licia. Comencemos observando algunos detalles que sugieren que la audiencia de
Pablo no le era familiar.
Otra indicación de que Pablo le escribió a una audiencia compuesta por mucha gente que
no le era familiar, es que su carta no contiene referencias personales. En todas sus otras
cartas canónicas, Pablo indica que conocía a sus lectores personalmente, al incluir cosas
como:
los nombres de los individuos de su audiencia que él conocía;
saludos a gente específica;
menciones sobre el tiempo que él había pasado con sus lectores;
términos familiares para dirigirse a los lectores, como "hermanos;"
expresiones del amor por sus lectores; y
su descripción de sí mismo como el "padre espiritual" de sus lectores.
De hecho, la carta de Pablo a los Efesios es su única carta canónica que no contiene
referencias personales. Y esto, a pesar del hecho que tenía una relación muy íntima con la
iglesia en Efeso. Esto indica que Pablo quería que su carta circulara por varias iglesias,
comenzando con la iglesia en Efeso, pero continuando con las iglesias con las que no estaba
familiarizado.
Luego de haber visto que la audiencia de Pablo incluía iglesias que no le eran familiares,
estamos listos para examinar la evidencia de que él escribió a las iglesias en el Valle de
Licia, incluyendo las de Colosas, Laodicea y Hierápolis.
Podemos hallar una conexión con el Valle de Licia en el amigo de Pablo, Tíquico. Según
Efesios capítulo 6 versículos 21 al 22, y Colosenses capítulo 4 versículos 7 y 8, Tíquico
entregó por lo menos dos cartas de parte de Pablo: una para la iglesia en Efeso, y una para
la iglesia en Colosas. Y es muy probable que las haya entregado durante un mismo viaje.
Además, Pablo al mismo tiempo le escribió una carta a la iglesia en Laodicea, aunque esta
carta no sobrevivió.
Pablo mencionó su carta a los laodicenses en Colosenses capítulo 4 versículo 16, al escribir
estas palabras:
Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de
los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. (Colosenses 4:16)
Es razonable asumir que Tíquico también entregó la carta que Pablo le escribió a la iglesia
en Laodicea. Este habría sido el mejor método para asegurarse de que ambas iglesias
leyeran ambas cartas. Y, si Tíquico quería asegurarse de que los colosenses y los
laodicenses compartieran sus cartas, es razonable pensar que también llevó copias de la
carta a los Efesios para ellos, para que también las leyeran.
Otra razón para pensar que Pablo trató de que las iglesias del Valle de Licia leyeran Efesios
es que estas iglesias fueron muy importantes para Pablo durante su tiempo prisión.
Pablo estaba preocupado por las falsas enseñanzas en Colosas, y al parecer creía que en
Laodicea tenían los mismos problemas, y quizá también en otras iglesias de la región.
El hecho de que Pablo mencione a Hierápolis probablemente indica que allí había una
iglesia organizada. La implicación parece ser que las iglesias del Valle de Licia estaban
financiando en común la estadía de Epafras con Pablo, haciendo de Epafras un recordatorio
de las iglesias a las que representaba.
En todo caso, la preocupación de Pablo por las iglesias del Valle de Licia sugiere que él no
habría perdido la oportunidad de ministrarlas, especialmente si esto sólo requería el hacer
una copia extra de una carta que Tíquico tenía que llevar.
Un tercer factor que debería llevarnos a pensar que Efesios fue escrita para las iglesias del
Valle de Licia es que las cartas de Pablo a los Efesios y a los Colosenses se refieren a
problemas similares. Esto es evidente a causa de los muchos paralelos entre las cartas de
Pablo a estas dos iglesias, e indica que la epístola a los Efesios también habría sido
relevante y apropiada para las iglesias del Valle de Licia. Mencionaremos sólo un ejemplo
a modo de ilustración.
Tal como lo vimos en la lección anterior, los colosenses estaban luchando contra los falsos
maestros que adoraban y veneraban a los demonios. Pablo contrarrestó sus herejías
enfatizando la supereminente grandeza de Jesucristo por sobre todo el cosmos,
especialmente sobre los demonios.
Por ejemplo, en Colosenses capítulo 1 versículo 16, Pablo describe a Jesús con estas
palabras:
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la
tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades;
todo fue creado por medio de él y para él. (Colosenses 1:16)
Compare esto con Efesios capítulo 1 versículos 20 al 22, donde Pablo describió a Jesús en
estos términos:
Sentándole…[a Cristo]…sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo
nombre que se nombra…y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre
todas las cosas a la iglesia. (Efesios 1:20-22)
En este pasaje, tal como en el de Colosenses, que leímos recién, Pablo usó las palabras
griegas avrch y evxousia, aquí traducidas como principado y autoridad. Estas dos palabras
se refieren principalmente a los seres espirituales. También repite su uso de la
palabra kurio.thj, que puede referirse tanto a líderes humanos como a seres espirituales
como ángeles y demonios. Finalmente, Pablo emplea la palabra griega dunami aquí
traducida como señorío. Aun cuando dumani se usa a menudo para significar una "fuerza"
o "habilidad" simple, el judaísmo del primer siglo solía aplicar este término a los demonios
que se alineaban con Satanás para luchar contra Dios.
Ahora, nunca debemos olvidar que cada una de las epístolas de Pablo desde la prisión tenía
cualidades distintas. Sin embargo, el rol de Tíquico como mensajero de Pablo, la especial
preocupación que Pablo tenía por las iglesias del Valle de Licia, y los temas similares de
Efesios y Colosenses sugieren con mucha fuerza que Pablo también tenía en mente a las
iglesias del Valle de Licia cuando escribió Efesios.
Ahora que hemos visto que la audiencia original de Pablo probablemente incluía tanto a la
iglesia en Efeso como a las iglesias del Valle de Licia, estamos en condiciones de observar
con mayor detenimiento su propósito al escribir. ¿Por qué Pablo sintió la necesidad de
enviar esta carta? ¿De qué manera esta epístola apunta a los problemas de estas iglesias?
Propósito
Pablo diseñaba sus cartas para apuntar a problemas específicos de un grupo de gente
relativamente localizado, a quienes él conocía directa o personalmente. Pero en Efesios, él
hizo algo distinto: respondió a los problemas de varias iglesias de distintos lugares, en
muchas de las cuales nunca había estado.
Ahora, el propósito de Pablo al escribir esta carta fue tratar los problemas de todas estas
iglesias. Sin embargo, su estrategia no fue tratar cada caso individualmente.
Reino de Dios
La mayoría de los cristianos asocia la expresión reino de Dios con los evangelios
sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Pero el reino de Dios también fue un tema muy
importante para Pablo. En sus cartas, él se refirió dieciséis veces en forma explícita al reino
de Dios, y usó otras expresiones similares con similar profusión.
En las lecciones anteriores, enfatizamos que la escatología de Pablo, su doctrina sobre los
últimos días, era central en su pensamiento. Pablo entendía que Cristo estaba trayendo a la
historia a su gran clímax, comenzando con su ministerio en la tierra, continuando con la era
de la iglesia y, finalmente, hallando su consumación en el retorno triunfal de Cristo. Pablo a
menudo hablaba de la obra de Cristo en términos del traslape entre la era presente de
pecado y de muerte, y la era venidera en que Dios derramará sus bendiciones y maldiciones
finales.
Pero cuando Jesús y los escritores de los evangelios hablaron de la era venidera,
generalmente la describieron en términos del reino de Dios. Ellos la veían como el tiempo
en que el reino de Dios se manifestaría tanto en la tierra como en el cielo y, por supuesto,
Pablo creía eso también.
Desde esta perspectiva, sería difícil exagerar la importancia del reino de Dios en el
pensamiento de Pablo. De hecho, según el amigo y compañero de viajes de Pablo, Lucas, la
predicación sobre el reino de Dios constituía la esencia del ministerio apostólico de Pablo.
En ese tiempo en cuestión, Pablo estaba preso en Roma, probablemente en el mismo lugar
y en el mismo tiempo en que escribió su epístola a los Efesios. Nótese cómo Lucas describe
el ministerio de Pablo allí. En vez de decir que Pablo predicaba "el evangelio," Lucas dice
que Pablo predicaba "el reino de Dios."
En la iglesia moderna, la gente a menudo asocia el "evangelio" o "las buenas nuevas" con
cosas como el perdón de los pecados de un individuo, y la promesa de una vida eterna
individual. Y estos son aspectos maravillosos de nuestra esperanza.
Sin embargo, en la Biblia el evangelio tiene una dimensión cósmica. Es el mensaje de que
nuestro Rey divino está usando su poder y autoridad para someter a sus enemigos y vencer
el pecado, para redimir a su pueblo de su esclavitud y establecerlo como gobernante de la
Nueva Tierra. Es por eso que Jesús y los escritores de los evangelios a menudo hablaban
del "evangelio del reino." Entonces es correcto decir que cuando Pablo instruyó a los
efesios con respecto a la naturaleza del reino de Dios, les presentó un gran cuadro del
evangelio.
Aun cuando Pablo menciona en forma explícita el reino de Dios sólo unas pocas veces en
Efesios, frecuentemente hace referencias a él. A menudo, su vocabulario menciona al reino
de Israel del Antiguo Testamento y al Imperio Romano contemporáneo. Estas dos
asociaciones le recuerdan a los lectores de Pablo que su evangelio era sobre un reino,
específicamente, el reino de Dios.
Consideremos seis formas en que Pablo dirige la atención al reino de Dios en Efesios,
comenzando con el concepto de ciudadanía, que Pablo menciona en Efesios capítulo 2
versículos 12 y 19. En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios estaba organizado como
un reino, específicamente, el reino de Israel. Dios era su rey y ellos eran los ciudadanos de
su reino. Del mismo modo, la ciudadanía más valiosa y conocida en los días de Pablo era la
ciudadanía del Imperio Romano. Por estas razones, cuando Pablo hablaba de los cristianos
como "ciudadanos," su audiencia debe haber comprendido que ellos eran ciudadanos de un
reino.
Lo mismo sucede con el concepto de herencia, que Pablo menciona en Efesios capítulo 1
versículos 14 y 18, igual que en el capítulo 5 versículo 5. En el Antiguo Testamento, sólo a
los ciudadanos del reino de Israel se les dio una herencia en la tierra prometida. En otras
palabras, los derechos de herencia sólo estaban disponibles para los ciudadanos de los
reinos. De hecho, Pablo asoció explícitamente nuestra herencia con el reino de Dios en
Efesios capítulo 5 versículo 5.
Más aun, el dominio sobre la creación, mencionado en lugares como Efesios capítulo 1
versículo 20 al capítulo 2 versículo 6, está asociado con el reino de Dios. En el Antiguo
Testamento, uno de los principales objetivos de Israel era expandir sus dominios sobre la
tierra. Lo mismo era cierto respecto del Imperio Romano. De manera que, cuando Pablo
enseñó que los creyentes están sentados con Cristo en posiciones de autoridad sobre toda la
creación, estaba indicando que Cristo es un rey, y que los creyentes son tanto ciudadanos
como autoridades dentro de su reino.
Cuando Dios habló de restaurar el tabernáculo de David, estaba diciendo que restauraría el
reino de Israel, bajo el reinado de los descendientes de David, como parte del desenlace de
la historia de la humanidad. Y aquellos que han sido agregados a este reino restaurado han
sido llamados por el nombre de Dios.
En el Imperio Romano, el dar un nombre establecía además una conexión con el reino.
Específicamente, era común que aquellos a quienes se les otorgaba la nacionalidad en el
Imperio tomaran el nombre de quien los auspició en su obtención de la ciudadanía, o el
nombre del emperador que les otorgó la ciudadanía. En todo caso, tomar el nombre de otro
era parte del proceso de unirse al imperio.
Finalmente, en Efesios capítulo 6 versículo 20, Pablo habla de sí mismo como embajador
de Dios. Tanto en el Antiguo Testamento como en las instancias romanas, un embajador era
un representante oficial del rey o del emperador.
En esta y en muchas otras formas, Pablo revela que su gran preocupación en esta carta está
directamente relacionada con este concepto del reino de Dios.
Ahora que ya hemos observado el tema del reino de Dios en la carta de Pablo a los Efesios,
estamos listos para enfocarnos en los desafíos del reino de Dios a los que Pablo se refiere.
Desafíos
Pablo menciona muchos desafíos que enfrentaron las iglesias de Efeso y del Valle de Licia,
pero en honor al tiempo sólo mencionaremos tres: "el viejo hombre" o la naturaleza
pecaminosa que lucha contra el "nuevo hombre" dentro de cada creyente, animándonos a
pecar; las tensiones raciales entre los cristianos judíos y los gentiles; y las fuerzas
demoníacas. Primero, cuando Pablo escribió acerca de nuestra naturaleza pecaminosa y
nuestros hábitos pecaminosos, él apeló al lenguaje del reino, enseñando que el pecado no
debe caracterizar a los ciudadanos del reino de Dios.
Segundo, Pablo usó la figura del reino de Dios para referirse al tema de la tensión étnica o
racial entre judíos y gentiles en la iglesia. Escuchemos sus palabras en Efesios capítulo 2
versículos 11 al 13:
Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais
llamados incircuncisión por la llamada circuncisión…estabais sin Cristo, alejados de la
ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa…Pero ahora en Cristo Jesús...
habéis sido hechos cercanos. (Efesios 2: 11-13)
Aquí, Pablo contrasta la condición de sus lectores gentiles "incircuncisos" antes de que
llegaran a la fe en Cristo con su condición después de que llegaran a la fe. Antes de que
llegaran a la fe, eran extranjeros en vez de ciudadanos de Israel, el reino de Dios en la
tierra. Pero una vez que los gentiles llegaron a la fe, se transformaron en ciudadanos
legítimos del reino.
Pablo dice también que entonces los gentiles aún estaban ajenos a los pactos de la promesa.
Los pactos del Antiguo Testamento eran nacionales, eran tratados teocráticos entre Dios e
Israel. Eran los acuerdos legales por medio de los cuales Dios administraba su reino en la
tierra. Una vez que Cristo insertó a los gentiles en el reino de Dios, ellos quedaron bajo la
autoridad de estos pactos nacionales. Y como resultado de esto, se les hizo merecedores de
las bendiciones del pacto.
La discusión de Pablo sobre la iglesia, en términos de la ciudadanía y los pactos, indica que
Pablo estaba hablando de la iglesia como el reino de Dios. En resumen, Pablo enseñó que
los judíos y los gentiles se han reconciliado, en parte, porque ahora son ciudadanos del
mismo reino.
Finalmente, Pablo usa el lenguaje del reino para referirse al asunto de las fuerzas
demoníacas que desafían a la Iglesia.
Tal como lo vimos en la lección anterior, las iglesias del Valle de Licia estaban atribuladas
con los falsos maestros. Estos falsos maestros tomaban elementos de la religión griega e
interpretaciones erróneas de la ley judía con el fin de persuadir a los cristianos, para que
adoraran a los diversos poderes espirituales, incluyendo los demonios y los elementos
fundamentales del universo: la tierra, el aire, el agua y el fuego. Pablo caracteriza a estos
demonios y a estos elementos fundamentales de numerosas formas en consonancia con su
teología del reino de Dios.
Pablo dice que los demonios tienen su propio reino, al que denomina el reino del aire. Este
reino tiene un gobernante o rey que lo gobierna. Tal como vemos en el resto de las
Escrituras, el espíritu malo es Satanás. No es de sorprenderse que Pablo más tarde describa
la oposición entre la iglesia y el reino de Satanás como una guerra entre reinos.
La iglesia como el reino de Dios está en una batalla cósmica contra el reino de las tinieblas,
que es gobernado por Satanás y sus demonios.
La audiencia original de Pablo tenía una gran variedad de problemas, desde el pecado
personal a la tensión racial, al paganismo y a los demonios. Y Pablo determinó que la mejor
forma de referirse a estos diversos problemas era relacionándolos todos en un tema común.
De modo que los reunió todos a la luz de la amplia realidad cósmica del reino de Dios en
Cristo, presentando a sus lectores el gran cuadro de lo que Dios estaba llevando a cabo.
Al apelar de esta manera al tema del reino de Dios, Pablo les dio a estas congregaciones de
la iglesia primitiva una manera de concebir la vida cristiana como un todo, y de animarlas a
vivirla con amor y dedicación.
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II. BOSQUEJO DEL LIBRO
1.1-2: Salutación
Salutación
Adoración
No sabemos con certeza por qué Pablo decidió no incluir ningún saludo personal. Puede
que haya pensado que una sección de adoración funcionaría mejor en una carta circular. O
puede que haya querido preparar el camino para las secciones doctrinales siguientes.
Algunos han visto esta sección como el comienzo de un diálogo de oración que se extiende
por los primeros tres capítulos. Otros han apuntado que en el mundo antiguo las doxologías
al rey eran comunes en los escritos oficiales. En todo caso, las razones de Pablo para
estructurar la carta de esta manera fueron complejas.
Puede que sea difícil imaginarse cuáles fueron los motivos de Pablo para incluir esta
adoración, pero no es difícil reconocer su contenido. Podemos concentrarnos en cosas
como: su fuerte teología trinitaria a través de estos versículos, honrando explícitamente la
obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; o su énfasis en la salvación a través del
sacrificio de Jesucristo en el versículo 7; o la revelación del misterio del evangelio en el
versículo 9; o la promesa de nuestra gloria futura, asegurada por el don del Espíritu Santo,
en los versículos 11 al 14. Todas estas ideas son dignas de atención.
Pero hay una idea más amplia que no sólo incluye todos estos hilos de la adoración de
Pablo, sino que además explica muchos más detalles mencionados en este pasaje. Y no es
de sorprenderse que esta idea sea el reino de Dios.
Por ejemplo, en los versículos 4 y 5, Pablo honra a Dios por su gobierno soberano,
adorándolo por predestinar a ciertos individuos para ser un pueblo especial. En los
versículos 9 y 10, Pablo además alaba Dios por su gobierno soberano sobre toda la creación
que eventualmente pondrá todas las cosas bajo el dominio de Cristo.
Más allá de esto, en los versículos 5 al 7, Pablo adora la gracia de Dios para con su pueblo.
Dios ha demostrado su misericordia adoptando, redimiendo y perdonando a su pueblo. Era
común en la antigüedad que los reyes ejercieran grandes actos de misericordia con sus
pueblos, aun cuando los actos de misericordia de Dios claramente exceden a cualquiera
ofrecido por gobernantes meramente humanos.
Y en el versículo 14, Pablo adora a Dios por nuestra herencia en Cristo. Esto se refiere al
reino de Dios porque, en el capítulo 5, versículo 5, Pablo identifica nuestra herencia como
una "herencia en el reino de Cristo y de Dios, "y porque los derechos de herencia sólo
pertenecen a los ciudadanos del reino."
Oración
Luego de esta adoración introductoria, la próxima sección es una oración por los lectores de
Pablo, que se halla en Efesios capítulo 1 versículos 15 al 23.
La oración de Pablo consiste esencialmente en tres partes: su gratitud por los creyentes a
quienes les escribe; una doble petición de que el Espíritu Santo los ilumine; y una
explicación explayada sobre esa iluminación.
La oración de Pablo repite los mismos elementos que vemos en la sección anterior de
alabanza. Incluye una fuerte teología trinitaria, honra explícitamente la obra del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, en el versículo 17. Enfatiza que la salvación viene a través del
sacrificio de Jesucristo en los versículos 19 al 20. Su principal petición es, en los versículos
17 al 19, por una mayor revelación del evangelio, en la forma de una iluminación que
permita a los creyentes comprender las bendiciones que han recibido. Y habla, en el
versículo 18, de la esperanza de nuestra gloria futura.
Y tal como en la sección de adoración, la idea principal del reino de Dios provee el
contexto en el que se mencionan todas estas otras ideas.
Al explorar el tema del reino de Dios en la adoración de Pablo, nos concentramos en tres
detalles: Dios gobernante soberano, que incluye su poder y su autoridad; la gracia de Dios,
que consiste en las cosas buenas que él libremente nos da; y nuestra herencia en Cristo, que
incluye todas las bendiciones del pacto de Dios con su pueblo. Y no es de sorprenderse de
que estos tres elementos del reino también estén presentes en su oración.
Y habla de la gracia de Dios cuando menciona que el poder de Dios es "para nosotros los
que creemos" en el versículo 19, como cuando dice que Cristo gobierna como rey en
beneficio de la iglesia en los versículos 22 y 23.
Cuerpo
Luego de ver la centralidad del reino en la adoración y en la petición de Pablo, tenemos que
ir al cuerpo principal de esta epístola, que se halla en el capítulo 2, versículo1 al capítulo 6,
versículo 20. El cuerpo se concentra en el contraste entre el reino justo de Dios, por una
parte, y el reino pecaminoso de los demonios y de la humanidad caída, por la otra.
Hay muchas formas de bosquejar el cuerpo principal de la epístola de Pablo a los Efesios.
Pero en concordancia con nuestro enfoque de esta lección, nuestro bosquejo enfatizará
cómo los temas del cuerpo principal se relacionan con el tópico del reino de Dios.
Dividiremos el cuerpo en tres secciones principales: primero, la enseñanza de Pablo sobre
la ciudadanía en el reino, en el capítulo 2 versículos 1 al 22; segundo, su explicación de la
administración del reino, en el capítulo 3 versículos 1 al 21; y tercero, un código de vida
dentro del reino de Dios, que hayamos desde el capítulo 4 versículos 1 al capítulo 6
versículo 20. Observaremos con mayor detalle cada una de estas secciones. Comencemos
entonces observando la ciudadanía en el reino de luz, en el capítulo 2 versículos 1 al 22.
Ciudadanía
Los seres humanos caídos son enemigos de Dios. Antes de que Dios nos salve, nosotros
voluntariamente obedecemos a nuestras naturalezas pecaminosas, y servimos a Satanás, el
gobernador del reino del aire.
Pero, tal como lo vimos anteriormente en esta lección, Dios ha decretado soberanamente
que algunas personas hereden la salvación. Entonces, en Efesios capítulo 2 versículos 4 al
10, Pablo se concentra en el hecho de que Dios usa su prerrogativa real para transferirlos
desde el reino de las tinieblas al reino de la luz. Como parte de este proceso, él renueva
nuestros espíritus, de modo que estemos espiritualmente vivos. Y nos recrea en Cristo, para
que tengamos nuevas naturalezas que aman a Dios. El además predestina buenas obras para
que nosotros las realicemos, y así sirvamos a Dios y no a sus enemigos. Y como resultado
de esto, esperamos incomparables riquezas en la era venidera, en vez de la ira y el juicio de
Dios.
El último tópico que Pablo trata en esta sección es la forma en que Dios ahora ha cumplido
el ideal del Antiguo Testamento de reunir a judíos y gentiles en un sólo reino bajo el
gobierno soberano de Dios. A través de todo el Antiguo Testamento se menciona este ideal.
Por ejemplo, en el Salmo 22 versículos 27 y 28, David describe esta visión de la naturaleza
del reino de Dios:
Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de
las naciones adorarán delante de ti. Porque de Jehová es el reino, y él regirá las naciones.
(Salmo 22:27-28)
Sin embargo, en los días de Pablo el estatus de los cristianos gentiles era un tema de mucha
controversia. Los cristianos judíos generalmente no objetaban la conversión de los gentiles.
Pero algunos de ellos sentían que los gentiles eran cristianos de segunda clase.
Antes de que Cristo viniera, los judíos ciertamente recibían un trato preferencial en el reino
de Dios. El pueblo del pacto de Dios consistía principalmente en la nación de Israel, y todas
las bendiciones del pacto pertenecían a los judíos hombres y libres. Pablo conocía esta
verdad del la fe del Antiguo Testamento. Pero a través de los apóstoles, el Nuevo
Testamento enseña que todos los creyentes, sean judíos o gentiles, hombres o mujeres,
esclavos o libres, reciben las bendiciones eternas del pacto únicamente a través de la unión
con Cristo. En Cristo, a cada creyente se le cuenta como si él o ella fuera Jesús mismo: el
judío hombre y libre que guarda perfectamente el pacto de Dios y hereda todas las
bendiciones del pacto.
Como resultado, las viejas diferencias entre judíos y gentiles en el reino de Dios son
obsoletas. Porque cada uno obtiene la salvación de la misma forma, el nuevo estándar
consiste en un estatus y un tratamiento semejante para cada ciudadano, independientemente
de su origen étnico. Y a causa de esto, todos los ciudadanos del reino de la luz son
ciudadanos plenos con los mismos derechos y privilegios, incluyendo el libre acceso a
Dios. Tal como Pablo escribe en Efesios capítulo 2 versículos 13 al 19:
Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos
cercanos…porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo
Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los
santos, y miembros de la familia de Dios. (Efesios 2:13-19)
Ahora que hemos visto la idea de la ciudadanía en el reino de luz de Dios, tenemos que ir a
las enseñanzas de Pablo sobre la administración del reino y que él presenta en Efesios
capítulo 3 versículos 1 al 21.
Administración
Todo reino necesita de algún tipo de estructura administrativa. Los reinos no pueden
funcionar si sólo tienen un rey y la ciudadanía. Tiene que haber otros oficios de gobierno, a
través de los cuales el rey administra su reino. En los gobiernos humanos típicos, esto
incluye diversos niveles y tipos de liderazgo, tales como aquellos que hacen las leyes,
aquellos que ejecutan las leyes, y aquellos que juzgan la violación de las leyes. Lo mismo
sucede en el reino de luz de Dios, especialmente como se manifiesta en la iglesia. La Biblia
enseña que la iglesia debe ser gobernada por ancianos que son responsables unos frente a
otros y frente a Dios.
En los días de Pablo, los falsos maestros estaban desafiando la estructura de autoridad de la
iglesia. De hecho, poco antes de ser arrestado en Jerusalén, Pablo había advertido a los
ancianos de Efeso que desde sus propias líneas se levantarían falsos maestros.
En Hechos capítulo 20 versículos 28 al 30, Lucas registra estas palabras que Pablo
pronunció frente los ancianos de Efeso:
Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por
obispos…yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que
no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas
perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. (Hechos 20:28-30)
Pablo sabía que se levantarían falsos maestros, y que desordenarían a la iglesia. De modo
que él instruyó a los ancianos para que hicieran guardia contra esos falsos maestros.
Pero, ¿qué le dio a Pablo la autoridad para asignar esta tarea a los ancianos, y condenar a
los falsos maestros? Bueno, en los días de Pablo había otro oficio eclesiástico, por medio
del cual Dios administraba su reino, y que existió como un oficio fundacional, pero que ya
no existe hoy. Y éste fue el oficio de apóstol. Fue ejercido por aquellos a quienes Dios
mismo eligió y entrenó, y que estuvieron personalmente con el Señor Jesucristo resucitado.
Hombres como Pablo. Los apóstoles fueron investidos con la autoridad de Dios, y
gobernaron en forma infalible sobre toda la iglesia, incluyendo a los ancianos.
Los apóstoles poseyeron una gracia especial de Dios que les dio el poder y la autoridad para
su ministerio, y la revelación especial de Dios que les enseñó la verdad infalible. Y a ellos
Dios les asignó la tarea de enseñar esta revelación a la iglesia. Entonces, como un apóstol,
Pablo tenía la obligación y el derecho de explicar las reglas del reino de Dios a sus
ciudadanos, y de condenar a aquellos que se levantaban en su contra.
Pablo resolvió este problema haciendo uso de su autoridad apostólica. Les recordó a sus
lectores que, dado que él era un apóstol, su autoridad y su discernimiento eran mayores que
los de los demás. Ningún falso maestro podía alegar ser un apóstol. Y, por lo tanto, ningún
falso maestro podía tener el discernimiento de Pablo, o hablar con autoridad divina. Pablo,
por otra parte, pronunció las palabras de Dios al pueblo de Dios para liderarlos en la
verdad.
Muy sabiamente, la enseñanza de Pablo sobre la administración del reino no terminó con su
afirmación de autoridad, sino con una oración que hallamos en Efesios capítulo 3 versículos
14 al 21. Pablo había sido misionero, pastor y apóstol por suficiente tiempo como para
saber que la gente no reconoce o acepta la verdad sólo porque la oyen. El sabía que él tenía
las palabras de vida, pero también sabía que él no podía hacer que la gente caída creyera en
ellas. Entonces, oró para que el Espíritu Santo iluminara sus mentes, para que ellos
aceptaran su autoridad y su enseñanza. Y oró para que, como consecuencia, ellos vivieran
en una manera que edificara el reino de Dios y bendijera a sus ciudadanos.
Ahora que hemos revisado las ideas de ciudadanía y administración en relación con el reino
de Dios, debemos ir al código de vida en el reino de luz, registrado en el capítulo 4
versículo 1 al capítulo 6 versículo 20.
Código de Vida
Este código de vida del reino contiene muchas y diferentes instrucciones sobre el
comportamiento cristiano. Pero puede resumirse de la siguiente forma:
La sección sobre el orden eclesiástico del reino, que se halla en Efesios capítulo 4,
versículos 1 al 16, se concentra principalmente en las posiciones de liderazgo, influencia y
autoridad en la iglesia. Y la enseñanza de Pablo enfatiza las formas en que estos roles
operan en conjunto por el bien de todos. Los ciudadanos no deben ser envidiosos de los
demás, sino apreciar las contribuciones hechas por sus hermanos y hermanas. Cuando cada
persona realiza las tareas que le asignaron, beneficia a Cristo. Y porque beneficia a Cristo,
beneficia a todo el reino.
En este pasaje, Pablo hace referencia al Salmo 68 versículo 18, que presenta al Señor como
un rey victorioso que regresa de la batalla. En el Salmo 68, el Señor recibe los despojos de
guerra de sus enemigos vencidos. Pablo, sin embargo, se concentra en lo que el Señor hace
con estos regalos. Tal como los reyes antiguos, él los comparte con su ejército. Entonces,
en un sentido muy real, estos dones no sólo benefician a Cristo, sino a la gente de su reino.
Pablo describe algunos de estos dones en Efesios capítulo 4 versículos 7 al 12:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo…Y
él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros,
pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la
edificación del cuerpo de Cristo. (Efesios 4:7-12)
Cristo ha repartido sus dones de forma que permitan a los ciudadanos de su reino el servicio
de los unos a los otros. Y por medio de este servicio, el reino de Cristo crece y se fortalece.
El tema del orden doméstico en el reino de luz es tratado en Efesios capítulo 5 versículo 21
al capítulo 6 versículo 9. Esta sección habla de mantener las estructuras de poder
apropiadas que existen en nuestros hogares, y de la forma en que cada parte dentro de las
relaciones de autoridad debe relacionarse con los demás.
En esta sección sobre el orden doméstico, Pablo afirma las estructuras de autoridad entre
esposos y esposas, padres e hijos, y amos y esclavos. Y enseña a cada parte de estas
relaciones a funcionar en formas que honren y beneficien a todas las partes. Y nuevamente,
la razón es que estas estructuras optimizan la vida en el reino de Dios.
Pablo resume esta sección final del cuerpo de la carta en Efesios capítulo 6 versículos 11 y
12, donde escribe estas palabras:
Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del
diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales
de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:11-12)
El diablo y su reino pelean contra la iglesia y el reino de la luz, y nuestro reino divino exige
nuestra lealtad en esta batalla. Para asegurarnos de que podremos permanecer firmes contra
nuestros enemigos, él nos viste con su armadura y nos arma con su palabra.
Saludos Finales