Medidas Cautelares PP - SilviaBaronaVilar PDF
Medidas Cautelares PP - SilviaBaronaVilar PDF
net/publication/323987574
CITATIONS READS
0 877
1 author:
Silvia Barona-Vilar
University of Valencia
21 PUBLICATIONS 13 CITATIONS
SEE PROFILE
Some of the authors of this publication are also working on these related projects:
All content following this page was uploaded by Silvia Barona-Vilar on 24 March 2018.
1
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
(Albert Camus)
Agradecimientos
de
la
autora
a
la
revisión
del
trabajo,
incorporaciones
y
adaptaciones
al
Derecho
de
Honduras
por
el
equipo
compuesto
por
Claudia
Suyapa
Mejía
Mejía,
Luis
Armando
Navas
Flores,
Olga
Damalis
Hernández
Marcía,
Juan
Carlos
Griffin
Ramírez
y
Luis
Alfonso
Vallejo
Suazo,
con
quienes
participó
en
el
«Programa
de
Apoyo
al
sector
Seguridad-‐
PASS,
Convenio
No.
DCI-‐ALA/2007/019-‐235»
de
la
Unión
Europea
en
la
capacitación
de
Fiscales.
2
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Índice
Abreviaturas
Capítulo
I
CONSIDERACIONES
PREVIAS
1.
Adecuación
del
proceso
penal
de
Honduras
a
los
parámetros
constitucionales
y
garantistas
de
los
derechos
humanos
2.
Principios
básicos
del
proceso
penal
hondureño
3.
Algunos
componentes
del
modelo
procesal
penal
Capítulo
II
LAS
MEDIDAS
CAUTELARES:
UNA
MANIFESTACIÓN
DE
LA
TUTELA
JURISDICCIONAL
1.
Función
jurisdiccional
2.
Función
jurisdiccional
cautelar
y
proceso
cautelar
Capítulo
III
RÉGIMEN
JURÍDICO
CAUTELAR
EN
EL
PROCESO
PENAL
HONDUREÑO:
PUNTO
DE
PARTIDA
1.
Fundamento
y
naturaleza
jurídica
de
las
medidas
cautelares
1.1.
Fundamento
1.2.
Función
de
las
medidas
cautelares
y
clases
1.2.1.
Medidas
cautelares
como
género
1.2.2.
Medidas
precautelares,
cautelares,
preventivas
e
interdictivas
como
especie
C)
Medidas
cautelares
concretas
aplicables
en
Honduras
2.
Características
de
las
medidas
cautelares
2.1.
Instrumentalidad
2.2.
Provisionalidad
2.3.
Temporalidad
2.4.
Variabilidad
2.5.
Proporcionalidad
Capítulo
IV
PRESUPUESTOS
1.
Presupuestos
formales
1.1.
Competencia
1.2.
Resolución
3
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
2.
Materiales
2.1.
Fumus
boni
iuris
2.2.
Periculum
in
mora
Capítulo
V
APREHENSIÓN
O
CAPTURA
DE
LAS
PERSONAS
1.
Concepto
2.
Naturaleza
jurídica
y
características
3.
Modalidades
de
la
aprehensión
3.1.
Aprehensión
por
la
Policía
3.1.1.
Objeto
y
sujetos
3.1.2.
Requisitos
y
condiciones
de
la
aprehensión
policial
3.1.2.1.
Supuestos
en
que
es
posible
legalmente
la
aprehensión
policial
3.1.2.2.
Principios
básicos
de
la
actuación
de
la
Polícia
en
la
aprehensión
3.2.
Aprehensión
por
particulares
Capítulo
VI
DETENCIÓN
PREVENTIVA
1.
Supuestos
2.
Presupuestos
3.
Consecuencias:
puesta
a
disposición
del
juez.
Privación
de
libertad
máxima
de
24
horas
Capítulo
VII
ESTATUTO
JURÍDICO
DEL
PRIVADO
DE
LIBERTAD
CAUTELARMENTE
EN
HONDURAS.
ESPECIAL
REFERENCIA
AL
HÁBEAS
CORPUS
1.
Garantías
procesales
del
privado
de
libertad
en
Honduras
2.
Estatuto
propio.
Significado
y
contenido
3.
Referencia
especial
al
hábeas
corpus
3.1.
Significado
y
características
del
hábeas
corpus
3.1.1.
Razón
de
ser
3.1.2.
Características
3.2.
Elementos
subjetivos
3.3.
Procedimiento
Capítulo
VIII
LA
PRISIÓN
PREVENTIVA
1.
Características
1.1.
Medida
cautelar
1.2.
Medida
cautelar
personal
1.3.
Medida
cautelar
excepcional
2.
Finalidad
y
presupuestos
2.1.
Presupuestos
formales
4
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
5
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
6
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
ABREVIATURAS
art(s).
artículo(s).
CE
Constitución
española.
CH
Constitución
de
la
República
de
Honduras
(Decreto
No.
131,
del
11
de
enero
de
1982).
CPC
Código
Procesal
Civil
(Decreto
núm.
211-‐2006).
CP
Código
Penal
(Decreto
No.
144-‐83).
CPP
Código
Procesal
Penal
(Decreto
No.
9-‐99-‐E).
Ed.
Editorial.
ed.
edición.
etc.
etcétera.
L
Lempira.
LECRIM
Ley
de
Enjuiciamiento
Criminal
española
(1882).
LJC
Ley
sobre
Justicia
Constitucional
(Decreto
núm.
244-‐2003).
LO
Ley
Orgánica.
LOPJ
Ley
Orgánica
del
Poder
Judicial
(española).
No.
número.
núm.
número.
pág(s).
página(s).
(S)STC
Sentencia(s)
del
Tribunal
Constitucional
(español).
STEDH
Sentencia
del
Tribunal
Europeo
de
Derechos
Humanos.
StPO
Strafprozeßordnung
(Ordenanza
Procesal
alemana).
TEDH
Tribunal
Euriopeo
de
Derechos
Humanos.
7
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
I
Consideraciones
previas
La
aprobación
del
Código
Procesal
Penal
en
Honduras
mediante
Decreto
No.
9-‐
99-‐E,
emitido
por
el
Poder
Legislativo
en
fecha
19
de
diciembre
de
1999
y
publicado
en
el
Diario
Oficial
La
Gaceta
No.
29.176
de
fecha
sábado
20
de
mayo
de
2000,
entrando
en
vigor
el
20
de
febrero
de
2002,
supuso
una
auténtica
metamorfosis
de
la
tutela
penal.
Derogó
el
viejo
Código
de
Procedimientos
penales
de
1985
e
introdujo
el
sistema
procesal
penal
acusatorio
y,
con
él,
se
consolidaron
las
bases
y
principios
que
fundamentan
un
verdadero
proceso;
un
proceso
que
se
encamina
hacia
la
defensa
de
los
derechos
humanos
y
libertades
fundamentales
y
que
reconoce
a
las
personas
como
tales
y
abandona
su
cosificación.
Ciertamente
el
Código
no
se
ha
mantenido
en
estado
puro,
sino
que
ha
sufrido
sucesivas
modificaciones,
algunas
de
ellas
podrían
justificarse
sobre
la
base
de
su
adaptación
a
la
realidad
en
la
que
se
aplica
–Honduras-‐,
si
bien
otras,
precisamente
referidas
al
tema
de
las
medidas
cautelares
penales1,
responden
más
a
criterios
de
control
social
y
seguridad
que,
en
todo
caso,
pueden
provocar
una
involución
en
la
conquista
de
los
derechos
fundamentales.
Las
consecuencias
iniciales
de
esta
aprobación
obligaron
a
los
operadores
jurídico-‐penales
a
capacitarse
en
el
manejo
del
nuevo
modelo
penal,
asumiendo
un
cambio
fundamental
en
la
tutela
penal,
en
los
papeles
de
los
diversos
protagonistas
penales,
afectando
tanto
a
la
Judicatura,
como
a
la
Fiscalía,
como
a
la
Defensoría
pública,
como
a
los
abogados
privados.
El
trabajo
realizado
en
los
primeros
años
en
la
formación
y
certificación
de
quienes
interactuaban
en
el
proceso
penal
se
hizo
absolutamente
imprescindible
e
incluso
los
años
no
han
mermado
las
necesidades
de
adaptación
al
modelo
de
proceso
penal
hondureño;
un
modelo
que
no
se
ha
mantenido
de
forma
petrificada
en
el
tiempo,
sino
que
ha
sido
objeto
de
diversas
y
constantes
reformas,
en
unos
casos
para
adaptar
la
norma
a
la
realidad
jurídica
de
Honduras;
en
otros
casos,
para
endurecer
el
modelo
penal
ante
la
situación
creciente
de
criminalidad
imparable
y
ante
la
exigencia
política
de
dar
respuesta
social
a
la
lucha
contra
la
violencia
y
la
inseguridad
ciudadana.
Ahora
bien,
no
solo
se
ha
producido
esa
adaptación
y
endurecimiento
de
las
normas
procesales
penales
en
materia
de
criminalidad
de
adultos,
sino
que
igualmente
la
necesidad
de
adaptar
el
Código
de
Niñez
y
Adolescencia
se
hizo
realidad,
necesitando
de
diversas
reformas
en
atención
a
la
realidad
social
y
sociológica
del
momento.
Este
Código
ha
sido
reformado
en
diversas
ocasiones
y
recoge
una
suerte
de
medidas
cautelares
que
han
venido
a
justificar
igualmente
la
necesidad
de
garantizar
durante
la
pendencia
del
proceso
penal
por
responsabilidad
penal
del
niño
o
niña
la
persona
de
éstos,
así
como
favorecer
y
garantizar
el
debido
desarrollo
y
cumplimiento
de
la
sentencia
cuando
ésta
se
1.
Estas
adaptaciones
son
en
ciertos
casos
inevitables
y
probablemente
una
necesidad
ineludible
8
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
9
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
fácil.
Una
sociedad
que
no
luche
por
estas
misiones
no
puede
encontrar
respuestas
positivas
en
la
aplicación
de
la
tutela
penal
que
exigen
los
ciudadanos.
Esta
debe
ser
la
tendencia
de
todo
sistema
democrático,
tratando
de
abandonar
«maneras»
inquisitivas
que
aun
se
encuentran
como
vestigios
de
siglos
de
historia
en
las
que
el
sospechoso-‐imputado-‐acusado
no
era
ni
tenía
sentido
hacerle
sentir
como
«ser
humano»;
la
ingratitud
de
su
persona
hacia
con
la
sociedad
recibía
el
justo
castigo,
tanto
durante
el
proceso
hasta
ser
efectivamente
condenado
como
tras
recibir
la
sentencia
condenatoria.
Así
las
cosas,
era
ya
una
exigencia
insoslayable
la
aprobación
de
un
nuevo
Código
de
Procedimiento
penal
que
no
fuera
sino
la
adecuación
del
sistema
procesal
a
la
Constitución
Política
del
Estado
y
a
las
múltiples
Convenciones
y
normas
Internacionales
sobre
Derechos
Humanos
ratificadas
por
la
República
de
Honduras.
De
este
modo,
la
estructura
y
pilares
esenciales
sobre
los
que
asentar
el
nuevo
proceso
penal
hondureño
venían
ya
conformadas,
desde
la
base
de
un
verdadero
sistema
de
garantías.
No
en
vano
debe
citarse
como
antecedente
de
gran
interés
que
a
mediados
de
1995
y
como
iniciativa
de
Ley
de
la
Corte
Suprema
de
Justicia,
se
sometió
al
Congreso
Nacional
un
Anteproyecto
de
Código
Procesal
Penal,
un
paso
adelante
extraordinario
en
línea
de
afrontar
una
transformación
absoluta
que
llevara
a
pasar
del
sistema
inquisitivo
al
acusatorio
en
el
proceso
penal.
En
tal
sentido,
el
nuevo
proceso,
el
que
entró
en
2002,
responde
a
esas
garantías,
que
de
alguna
manera
eran
exigencia
de
la
ratificación
por
Honduras
de
la
normativa
de
la
Convención
Americana
sobre
derechos
humanos
o
Pacto
de
San
José
de
Costa
Rica
(1969)
y
del
Pacto
Internacional
de
Derechos
Civiles
y
Políticos
(1966)
de
Naciones
Unidas,
que
significaban
esa
ineludible
necesidad
de
cambio
en
los
modelos
jurídicos
penales
en
aras
de
la
protección
de
los
derechos
humanos2.
Además,
la
Constitución
de
Honduras
incorporaba
un
elenco
numeroso
de
preceptos
que
hacían
incompatible
un
modelo
jurídico
procesal
penal
que
no
respondiera
a
esos
parámetros
de
protección
y
defensa
de
los
derechos
humanos.
Son
numerosos
los
preceptos
constitucionales
que
se
han
convertido
en
bastión
de
las
reformas
procesales
penales
y
que
incorporan
estos
derechos
fundamentales.
A
saber:
1.
Término
máximo
de
detención
e
incomunicación,
previo
a
la
autoridad
de
juzgamiento.
Detención
judicial
para
inquirir.
Viene
regulada
en
el
artículo
71
cuando
dispone:
10
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Ninguna
persona
puede
ser
detenida
ni
incomunicada
por
más
de
veinticuatro
horas,
posteriores
a
su
detención,
sin
ser
puesta
en
libertad
o
a
la
orden
de
autoridad
competente
para
iniciar
su
proceso
de
juzgamiento.
Excepcionalmente
este
plazo
lo
extenderá
la
autoridad
competente
hasta
48
horas,
cuando
se
trate
de
delitos
de
investigación
compleja,
a
causa
de
la
multiplicidad
de
los
hechos
relacionados,
dificultad
en
la
obtención
de
pruebas
o
por
el
elevado
numero
de
imputados
o
víctimas.
La
medida
de
excepcionalidad
debe
ser
desarrollada
en
el
Código
Procesal
Penal.
La
detención
judicial
para
inquirir
no
podrá
exceder
de
seis
días
contados
desde
el
momento
en
que
se
produzca
la
misma.
2.
Derecho
de
petición
y
pronta
respuesta.
Artículo
80:
Toda
persona
o
asociación
de
personas
tiene
el
derecho
a
presentar
peticiones
a
las
autoridades,
ya
sea
por
motivos
de
interés
particular
o
general
y
de
obtener
pronta
respuesta
en
el
plazo
legal.
3.
Derecho
de
defensa.
Artículo
82:
El
derecho
de
defensa
es
inviolable.
Los
habitantes
de
la
República
tienen
libre
acceso
a
los
tribunales
para
ejercitar
sus
acciones
en
la
forma
que
señalan
las
leyes.
4.
Derecho
a
un
defensor
de
oficio.
Artículo
83:
Corresponde
al
Estado
nombrar
procuradores
para
la
defensa
de
los
pobres
y
para
que
velen
por
las
personas
e
intereses
de
los
menores
e
incapaces.
Darán
a
ellos
asistencia
legal
y
los
representarán
judicialmente
en
la
defensa
de
su
libertad
individual
y
demás
derechos.
5.
Motivos
de
detención.
Formalidades
del
arresto.
Artículo
84:
Nadie
podrá
ser
arrestado
o
detenido
sino
en
virtud
de
mandato
escrito
de
autoridad
competente,
expedido
con
las
formalidades
legales
y
por
motivo
previamente
establecido
en
la
Ley.
No
obstante,
el
delincuente
infraganti
puede
ser
aprehendido
por
cualquier
persona
para
el
único
efecto
de
entregarlo
a
la
autoridad.
El
arrestado
o
detenido
debe
ser
informado
en
el
acto
y
con
toda
claridad
de
sus
derechos
y
de
los
hechos
que
se
le
imputan;
y
además,
la
autoridad
debe
permitirle
comunicar
su
detención
a
un
pariente
o
persona
de
su
elección.
6.
Lugares
de
detención.
Artículo
85:
Ninguna
persona
puede
ser
detenida
o
presa
sino
en
los
lugares
que
determine
la
Ley.
7.
Derecho
a
guardar
silencio
ante
un
interrogatorio.
Valor
de
las
declaraciones.
Artículo
88:
No
se
ejercerá
violencia
ni
coacción
de
ninguna
clase
sobre
las
personas
para
forzarlas
a
declarar.
Nadie
puede
ser
obligado
en
asunto
penal,
disciplinario
o
de
policía,
a
declarar
contra
sí
mismo,
contra
su
cónyuge
o
compañero
de
hogar,
ni
contra
sus
parientes
dentro
del
cuarto
grado
de
consanguinidad
o
segundo
de
afinidad.
Sólo
hará
prueba
la
declaración
rendida
ante
juez
competente.
Toda
declaración
obtenida
con
infracción
de
cualesquiera
de
estas
disposiciones,
es
nula
y
los
responsables
incurrirán
en
las
penas
que
establezca
la
Ley.
8.
Presunción
de
inocencia.
Artículo
89:
Toda
persona
es
inocente
mientras
no
se
haya
declarado
su
responsabilidad
por
autoridad
competente.
11
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
9.
Debido
proceso
judicial.
Fuero
de
guerra.
Artículo
90:
Nadie
puede
ser
juzgado
sino
por
juez
o
tribunal
competente
con
las
formalidades,
derechos
y
garantías
que
la
Ley
establece.
Se
reconoce
el
fuero
de
guerra
para
los
delitos
y
faltas
de
orden
militar.
En
ningún
caso
los
tribunales
militares
podrán
extender
su
jurisdicción
sobre
personas
que
no
estén
en
servicio
activo
en
las
Fuerzas
Armadas.
10.
Competencia
entre
el
fuero
común
y
el
militar.
Artículo
91:
Cuando
en
un
delito
o
falta
de
orden
militar,
estuviese
implicado
un
civil
o
un
militar
de
baja,
conocerá
del
caso
la
autoridad
competente
del
Fuero
Común.
11.
Requisitos
del
auto
de
prisión
y
de
la
declaratoria
de
reo.
Artículo
92:
Solo
podrá
decretarse
auto
de
formal
procesamiento,
cuando
exista
evidencia
probatoria
de
la
existencia
de
un
delito
e
indicios
racionales
de
que
el
imputado
es
autor
o
cómplice.
En
la
misma
forma
se
hará
la
declaratoria
de
reo.
12.
Derecho
a
rendir
caución
para
poder
ser
juzgado
en
libertad.
Artículo
93:
Aun
con
auto
de
prisión,
ninguna
persona
puede
ser
llevada
a
la
cárcel
ni
detenida
en
ella,
si
otorga
caución
suficiente,
de
conformidad
con
la
Ley.
13.
Imposición
de
penas.
Derecho
a
ser
oído
y
vencido
en
juicio
debido.
Artículo
94:
A
nadie
se
impondrá
pena
alguna
sin
haber
sido
oído
y
vencido
en
juicio,
y
sin
que
le
haya
sido
impuesta
por
resolución
ejecutoria
de
Juez
o
autoridad
competente.
14.
Legalidad
de
la
pena
y
protección
contra
el
doble
juicio.
Artículo
95:
Ninguna
persona
será
sancionada
con
penas
no
establecidas
previamente
en
la
Ley,
ni
podrá
ser
juzgada
otra
vez
por
los
mismos
hechos
punibles
que
motivaron
anteriores
enjuiciamientos.
15.
Irretroactividad
de
la
ley.
Excepción
en
materia
penal.
Artículo
96:
La
ley
no
tiene
efecto
retroactivo,
excepto
en
materia
penal
cuando
la
nueva
Ley
favorezca
al
delincuente
o
procesado.
16.
Penas
que
se
prohíben.
Duración
máxima
de
la
pena.
Artículo
97:
Nadie
podrá
ser
condenado
a
penas
infamantes,
proscriptivas
o
confiscatorias.
Se
establece
la
pena
de
privación
de
libertad
a
perpetuidad,
la
ley
penal
determinará
su
aplicación
para
aquellos
delitos
en
cuya
comisión
concurran
circunstancias
graves,
ofensivas
y
degradantes,
que
por
su
impacto
causen
conmoción,
rechazo,
indignación
y
repugnancia
en
la
comunidad
nacional.
Las
penas
privativas
de
la
libertad
por
simples
delitos
y
las
acumuladas
por
varios
delitos
se
fijarán
en
la
ley
penal.
17.
Protección
contra
la
detención
que
no
provenga
de
hechos
de
índole
penal.
Artículo
98:
12
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Ninguna
persona
podrá
ser
detenida,
arrestada
o
presa
por
obligaciones
que
no
provengan
de
delito
o
falta.
18.
Inviolabilidad
del
domicilio.
Excepciones.
Formalidades
del
allanamiento
de
morada.
Artículo
99:
El
domicilio
es
inviolable.
Ningún
ingreso
o
registro
podrá
verificarse
sin
consentimiento
de
la
persona
que
lo
habita
o
resolución
de
autoridad
competente.
No
obstante,
puede
ser
allanado,
en
caso
de
urgencia,
para
impedir
la
comisión
o
impunidad
de
delitos
o
evitar
daños
graves
a
la
persona
o
a
la
propiedad.
Exceptuando
los
casos
de
urgencia,
el
allanamiento
del
domicilio
no
puede
verificarse
de
las
(6)
seis
de
la
tarde
a
las
(6)
seis
de
la
mañana,
sin
incurrir
en
responsabilidad.
La
Ley
determinará
los
requisitos
y
formalidades
para
que
tenga
lugar
el
ingreso,
registro
o
allanamiento,
así
como
las
responsabilidades
en
que
pueda
incurrir
quien
lo
lleve
a
cabo.
19.
Inviolabilidad
de
las
comunicaciones.
Excepción.
Valor
jurídico.
Artículo
100:
Toda
persona
tiene
derecho
a
la
inviolabilidad
y
al
secreto
de
las
comunicaciones,
en
especial
de
las
postales,
telegráficas
y
telefónicas,
salvo
resolución
judicial.
(...),
los
libros,
y
comprobantes
de
los
comerciantes,
y
los
documentos
personales,
únicamente
estarán
sujetos
a
inspección
o
fiscalización
de
la
autoridad
competente,
de
conformidad
con
la
ley.
Las
comunicaciones,
los
libros,
comprobantes
y
documentos
a
que
se
refiere
el
presente
artículo,
que
fueren
violados
o
sustraídos,
no
harán
fe
en
juicio.
En
todo
caso,
se
guardará
siempre
el
secreto
respecto
de
los
asuntos
estrictamente
privados
que
no
tengan
relación
con
el
asunto
objeto
de
la
acción
de
la
autoridad.
La
aprobación
de
la
Constitución
de
la
República
de
Honduras
supuso
un
cambio
político
fundamental
que
cambió
el
destino
del
país,
iniciando
una
etapa
democrática
en
la
que
había
que
garantizar,
más
allá
de
la
propia
estructura
del
Estado,
la
concepción
y
tutela
de
los
ciudadanos
y
sus
relaciones
con
el
Estado.
Y
precisamente,
desde
este
reconocimiento
constitucional
se
venía
haciendo
incompatible
el
modelo
procesal
existente
con
la
proclamación
de
derechos
que
venía
configurada
en
el
texto
de
la
Constitución.
Especialmente,
cuanto
implicara
un
reconocimiento
general
del
derecho
a
la
libertad
y
una
exigencia
de
garantías
en
la
restricción
o
limitación
a
la
misma
casaba
muy
mal
con
el
modelo
procesal
penal
existente
en
aquel
momento,
un
modelo
en
el
que
lo
que
existía
no
era
sino
la
lentitud,
la
detención
o
privación
de
la
libertad
de
la
persona
como
regla
general,
la
inexistencia
del
principio
de
presunción
de
inocencia
con
la
existencia
de
las
denominadas
penas
anticipadas
(larga
duración
de
la
detención
preventiva),
la
ausencia
absoluta
de
la
publicidad
y
la
oralidad,
etc.,
y
sobre
todo
la
consideración
del
sujeto
pasivo
del
proceso
como
«objeto»
y
no
como
«sujeto»
del
mismo,
lo
que
obligaba
no
solo
a
configurar
el
modelo
procesal
penal,
sino
también
adecuarlo
a
los
derechos
y
libertades
fundamentales
reconocidos
en
los
textos
internacionales
de
los
que
Honduras
es
parte
y
que
fueron
incorporados
a
la
Constitución
política
del
Estado
y
de
ahí
a
las
leyes
procesales
posteriores.
2.
Principios
básicos
del
proceso
penal
hondureño
13
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3.
Sobre
estas
cuestiones
puede
verse
el
artículo
de
René
SUAZO
LAGOS,
Leo
VALLADARES
LANZA,
José
María
PALACIOS
y
otros,
El
proceso
penal
en
Honduras,
consultado
en
http://unpan1.un.org/intradoc/groups/public/documents/icap/unpan028759.pdf,
día
24
de
febrero
de
2014.
14
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
procesal
penal
hondureña.
Así
las
cosas,
se
proclaman
en
el
Título
I
del
Código
las
denominadas
garantías
constitucionales,
o
las
denominadas
disposiciones
comunes
a
todo
el
procedimiento,
que
se
consagran
en
23
artículos
que
componen
el
Capítulo
Único,
aun
cuando
no
solo
están
recogidas
en
estos
preceptos
sino
a
lo
largo
de
todo
el
proceso.
1.
Juicio
previo.
El
artículo
1
del
CPP
se
refiere
a
esta
garantía
procesal
y
jurisdiccional;
a
saber:
para
que
una
persona
sea
condenada
penalmente
es
necesario
que
dicha
condena
sea
el
resultado
de
un
proceso,
y
éste
con
todas
las
garantías
que
legalmente
se
establecen
en
la
ley,
y
especialmente
la
posibilidad
de
dar
el
debido
cumplimiento
al
principio
de
contradicción
o
audiencia
previa,
y
por
ello,
sin
que
nadie
pueda
ser
condenado
sin
ser
oído
y
vencido
en
el
proceso.
Para
dar
debido
cumplimiento
a
este
principio,
el
legislador
hondureño
prevé
un
juicio
oral,
que
viene
desde
la
base
constitucional
y
de
proyección
internacional,
configurado
de
forma
garantista
en
el
nuevo
Código
procesal
penal.
A
esta
garantía
se
refiere
el
artículo
1
del
CPP
y
sería
el
elemento
de
conexión
–esta
nulla
poena
sine
iudicium–
con
las
garantías
estrictamente
penales
materiales
de
legalidad;
a
saber:
nullum
crimen
sine
lege,
nulla
poena
sine
lege.
2.
Estado
de
inocencia.
El
principio
de
presunción
de
inocencia,
reconocido
en
los
textos
internacionales,
entre
otros,
en
el
artículo
11.1
de
la
Declaración
Universal
de
los
Derechos
Humanos
de
1948,
así
como
el
artículo
14.2
del
Pacto
Internacional
de
los
Derechos
Civiles
y
Políticos
de
1966,
en
la
Convención
Americana
sobre
Derechos
Humanos
en
el
artículo
8,
así
como
en
la
propia
Constitución
en
el
artículo
89
y
artículo
2
del
Código
Procesal
Penal,
no
puede
quedar
convertido
en
una
mera
declaración
programática,
sino
que
debe
ser
el
interpretador
de
cuantas
dudas
concurran
en
la
mente
del
juzgador
a
los
efectos
de
limitar,
restringir
o
privar
derechos
de
los
sujetos
afectos
al
proceso,
así
como
en
la
decisión
final
del
mismo.
En
tal
sentido,
el
legislador
ha
proclamado
la
premisa
de
la
que
debe
partir
el
juzgador:
la
inocencia
de
todo
sujeto
llevado
a
un
proceso
penal
mientras
no
se
demuestre
lo
contrario.
Ello
significa
que
el
juzgador
debe
alcanzar
la
certeza
de
la
culpabilidad
del
acusado
para
dictar
sentencia
condenatoria,
y
esa
certeza
debe
ser
resultado
de
las
pruebas
practicadas.
Así
las
cosas,
la
falta
de
pruebas
o
la
insuficiencia
de
las
mismas
conlleva
la
absolución
del
acusado,
siendo
el
principio
de
presunción
de
inocencia
el
que
condiciona
este
resultado
desde
el
punto
de
vista
constitucional,
de
manera
que
se
trata
de
un
verdadero
principio
del
proceso
penal,
cuyos
elementos
definidores
son:
a) Se
trata
de
una
garantía
procesal
que
produce
efectos
en
la
culpabilidad-‐
inocencia
del
acusado,
sin
repercusión
sobre
la
calificación
de
los
hechos
o
sobre
la
responsabilidad
penal
del
acusado.
b) Si
bien
entendida
como
máxima
procesal,
determina
el
contenido
del
pronunciamiento
de
la
sentencia,
condicionando
la
absolución
cuando
no
ha
quedado
demostrada
la
culpabilidad
del
acusado.
c) Pese
a
su
denominación
por
la
jurisprudencia
como
presunción
iuris
tantum,
verdad
interina
de
inculpabilidad,
se
trata
de
una
manera
poco
15
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
adecuada
de
afirmar
que
el
acusado
es
inocente
mientras
no
se
demuestre
lo
contrario.
La
presunción
exige
un
hecho
base
o
indicio,
del
que
se
desprende
la
existencia
del
segundo,
el
hecho
presumido,
con
el
nexo
lógico
entre
ellos
que
es
la
presunción,
operación
que
consiste
en
entender
existente
el
hecho
presumido
por
la
concurrencia
y
prueba
del
hecho
base
o
indicio.
El
efecto
inmediato
de
este
principio
es
el
de
que
el
acusado
no
necesita
probar,
sino
que
corresponde
a
los
acusadores
la
prueba
de
cargo,
de
manera
que
la
falta
o
insuficiencia
de
prueba
conduce
a
la
absolución,
repercutiendo
en
la
carga
de
la
prueba,
sin
perjuicio
de
que,
liberar
al
acusado
de
la
necesidad
de
prueba,
no
le
impide
la
misma.
Es
por
ello
que,
para
que
el
efecto
de
la
presunción
de
inocencia
pueda
quedar
desvirtuado
es
necesario:
1)
Que
exista
actividad
probatoria,
de
acuerdo
con
todas
las
garantías.
2)
Que
esa
actividad
tenga
la
consideración
de
prueba
de
cargo.
3)
Que
la
prueba
de
cargo
pueda
considerarse
como
suficiente
para
fundamentar
un
pronunciamiento
de
condena.
El
legislador
hondureño,
en
el
artículo
2
del
CPP,
llega
más
lejos
al
establecer
que
la
violación
de
este
precepto
obligará
a
los
responsables
a
indemnizar
a
la
víctima
por
los
perjuicios
causados,
los
que
serán
exigibles
en
juicio
civil
ordinario,
sin
perjuicio
de
la
responsabilidad
penal
o
administrativa
que
proceda.
Este
principio
debe
inspirar
la
aplicación
de
las
medidas
cautelares
en
todo
caso,
y
eso
significa
que
aún
cuando
se
haya
producido
reformas
en
Honduras
−como
se
verá−
que
han
afectado
al
modelo
garantista
originario
que
velaba
por
el
estado
de
libertad
del
sujeto
mientras
pende
el
proceso.
En
caso
de
duda
debe
interpretarse
en
favor
del
imputado,
de
lo
contrario
se
está
interpretando
contra
los
principios
fundamentales
en
defensa
de
los
derechos
humanos
reconocidos
en
los
textos
internacionales
y
en
la
Constitución.
Esto
puede
llevar
a
una
esquizofrenia
jurídica
al
tropezar
con
dos
normas
que
pueden
ser
antagónicas
pero
que
desde
la
Constitución
y
desde
los
principios
fundamentales
del
Código
exigen
su
aplicación
−la
de
la
presunción
de
inocencia−
con
carácter
preferente.
3.
Respeto
a
la
dignidad
y
a
la
libertad.
El
artículo
3
del
CPP
establece
que
los
imputados
tendrán
derecho
a
ser
tratados
con
el
respeto
debido
a
todo
ser
humano
y
a
que
se
respete
su
libertad
personal.
Así,
la
restricción
de
ésta,
mientras
dure
el
proceso,
sólo
se
decretará
en
los
casos
previstos
en
el
presente
Código.
Se
trata,
por
ello,
de
garantizar
el
trato
debido
con
el
respeto
a
su
dignidad,
en
cuanto
se
lleve
a
cabo
cualquier
actuación
contra
una
persona
penalmente,
sea
en
sede
administrativa
–debe
entenderse
policial
o
Ministerio
Público–
sea
judicial,
todas
las
garantías
que
desde
la
Constitución,
las
Convenciones
y
Tratados
Internacionales
vigentes
y
este
Código
le
reconozcan.
4.
Principio
de
contradicción.
Se
generaliza,
salvo
excepción
legalmente
establecida,
el
juicio
oral
y
público.
En
él
regirá
el
principio
de
contradicción,
garantía
procesal
y
derecho
de
las
partes
(la
necesidad
de
ser
oído
antes
de
ser
vencido
en
el
proceso).
Esto
conecta
obviamente
con
el
ejercicio
del
derecho
de
16
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
17
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
18
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
19
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
20
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
21
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Esto
significa
que
los
instructivos
deben
ser
considerados
como
instrumentos
de
interpretación,
de
aplicación
y
de
aclaración
de
las
fuentes
primigenias
del
derecho.
Ello
no
debe
significar
que
puedan
incurrir
en
una
interpretación
contra
legem
o
que
orille
la
ley
de
tal
manera
que
permita
considerar
al
margen
de
la
ley
una
decisión
judicial
amparada
en
estos
instructivos.
Por
tanto,
son
y
deben
ser
instrumentos
de
las
fuentes
del
derecho.
Y
la
razón
de
esta
afirmación
se
encuentra
precisamente
en
quienes
son
los
que
la
crean.
No
son
poder
legislativo
como
tales,
en
sentido
jurídico
continental
(no
anglosajón),
sino
que
son
poder
judicial,
aun
cuando
se
trate
de
quien
ostentan
la
culminación
de
ese
poder
judicial
que,
a
la
postre,
pueden
desempeñar
una
función
creadora
del
derecho.
15.
Finalmente
y
para
terminar
este
elenco
de
garantías
y
principios,
debe
tenerse
presente
lo
que
bajo
la
Generalidad
de
las
garantías
y
principios
procesales
se
considera
que
las
garantías
y
principios
previstos
en
este
Código
serán
observados
en
todos
los
procedimientos,
cuando
como
consecuencia
de
ellos,
se
deban
aplicar
sanciones
penales
o
medidas
restrictivas
de
la
libertad
a
una
persona.
Es
un
reconocimiento
que
este
modelo
es
garantista
y
por
ende
siempre
que
se
pueda
producir
una
limitación
o
restricción
de
la
libertad,
las
garantías
y
principios
que
se
consagran
en
el
proceso
penal
son
perfectamente
aplicables.
La
proclamación
de
estos
principios
y
derechos
es
importante,
y
no
sólo
por
su
extensión,
sino
también
por
su
contenido.
Recoge
la
esencia
de
ese
nuevo
modelo
procesal
reconocido
en
el
CPP
hondureño.
Cierto
es
que
en
otros
ordenamientos
jurídicos
se
ha
incorporado
en
este
elenco
de
garantías
algunas
específicamente
referidas
a
las
legalidad
de
las
pruebas
y
a
la
prueba
ilícitamente
obtenida,
amén
de
referirse
de
forma
explícita
a
la
adopción
de
la
tutela
cautelar,
refiriéndose
al
carácter
restrictivo
de
cuantas
medidas
comporten
o
puedan
comportar
restricción
o
privación
de
derechos
o
facultades
del
imputado.
Ello
no
significa
que
no
interesen
al
legislador
hondureño,
sino
que
las
entiende
implicadas
en
algunas
de
las
expuestas
y
reciben
el
tratamiento
específico
en
el
articulado
de
la
ley
posteriormente.
3.
Algunos
componentes
del
modelo
procesal
penal
hondureño
Ciertamente
muchos
son
los
elementos
que
comportan
la
ruptura
con
el
pasado;
un
pasado
marcado
por
el
modelo
mixto
inquisitivo-‐acusatorio,
en
el
que
los
jueces
jamás
asumieron
la
configuración
del
acusatorio
en
la
verdadera
fase
procesal,
la
del
juicio,
y
en
el
que
la
oralidad,
la
inmediación
y
la
publicidad
brillaban
por
su
ausencia.
En
suma,
se
trataba
de
un
proceso
escrito,
secreto,
dilatorio,
sin
reconocimiento
de
derechos
del
sujeto
pasivo,
quien
quedaba
a
la
disponibilidad
que
en
nombre
del
Estado
quisiera
asumir
el
juez,
sin
opción
de
defensa
alguna
y
en
el
que
la
privación
de
libertad
era
la
regla
general,
además
de
que,
pese
a
existir
un
reconocimiento
constitucional
en
ese
sentido,
no
se
aplicaba
la
máxima
fundamental
de
que
toda
persona
debe
entenderse
inocente
mientras
no
se
demuestre
lo
contrario.
22
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Asumido
que
el
nuevo
sistema
procesal
viene
a
configurar
un
verdadero
proceso
penal
acusatorio,
con
garantías,
cierto
es
que
sus
pilares
básicos,
además
de
las
citadas
garantías
constitucionales
que
recoge
el
legislador,
son
la
prueba
más
palpable
de
que
se
ha
producido
una
verdadera
revolución
procesal.
Muchos
han
sido
por
tanto
los
cambios
que
el
proceso
penal
conlleva.
Y
muchos
de
estos
cambios
se
han
producido
como
consecuencia
de
esa
necesidad
ineludible
de
transformación,
de
metamorfosis
del
proceso
penal,
hacia
un
verdadero
proceso,
un
proceso
debido,
un
proceso
con
todas
las
garantías.
Son
muchos
los
motivos
que
abocaron
a
esa
transformación
procesal
penal.
Podemos
citar
al
respecto:
a)
Para
tutelar
efectivamente
los
derechos
humanos;
b)
Para
aproximar
la
justicia
a
los
ciudadanos;
c)
Para
proveer
seguridad
ante
el
fenómeno
criminal
y
la
violencia
social;
d)
Humanizar
y
dignificar
la
ejecución
penal.
Y
en
toda
esta
transformación,
amén
del
Código,
que
efectivamente
es
la
piedra
angular
desde
la
que
gira
la
actuación
de
los
órganos
jurisdiccionales
al
otorgar
tutela
a
los
ciudadanos,
asumen
un
papel
esencial
tanto
la
Constitución
como
su
interpretador
constitucional.
De
este
modo,
no
debe
olvidarse
que
la
Constitución
es
la
norma
suprema
y
el
Código
no
debe
jamás
interpretarse
desde
una
lectura
contraria
a
los
principios
constitucionales.
Sin
ánimo
de
exhaustividad
las
reformas
se
han
centrado,
en
cuanto
sus
postulados,
en
los
siguientes:
Ø Fortalecer
el
juicio
oral,
público
y
contradictorio
como
etapa
central
del
proceso
penal.
Ø Fortalecer
la
función
jurisdiccional
de
los
jueces.
Ø Separación
entre
la
actividad
de
investigación
y
la
jurisdiccional.
Ø Dotar
al
Ministerio
Público
de
los
medios
de
investigación
apropiados
para
asegurar
una
investigación
criminal
eficiente.
Ø Garantizar
la
defensa
técnica,
pública
o
particular
desde
la
primera
información
que
indique
que
una
persona
está
bajo
investigación,
convirtiendo
la
persona
afecta
al
proceso
en
«sujeto»
y
abandonando
su
pasado
status
de
«objeto»
del
mismo.
Ø Racionalizar
los
recursos
disponibles
para
la
persecución
penal.
Ø Medios
alternativos
de
resolución
de
conflictos
penales.
Ø Creación
de
un
servicio
público
de
defensa.
Ø Ampliar
las
facultades
de
intervención
de
la
víctima.
Ø Asegurar
tutela
judicial
efectiva
de
todos
los
ciudadanos.
Ø La
libertad
como
regla
y
la
privación
de
libertad
como
excepción.
Medidas
sustitutivas
de
la
prisión
preventiva.
Ø Simplificación
y
racionalización
de
procedimientos.
Ø Motivación
de
las
decisiones.
Ø Establecer
un
régimen
racional
de
impugnación
de
las
resoluciones
judiciales.
Ø Procedimientos
especiales.
Ø Control
de
la
ejecución
penal.
23
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
24
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
II
Las
medidas
cautelares:
una
manifestación
de
la
tutela
jurisdiccional
Para
analizar
las
medidas
cautelares,
su
naturaleza,
la
función
que
se
desarrolla
en
la
adopción
de
las
mismas,
y
un
largo
etcétera
de
su
configuración,
estructura
y
diseño,
se
hace
necesario
partir
de
unos
conceptos
básicos,
que
permiten
configurar
las
medidas
cautelares
como
el
objeto
de
una
subfunción
ejercida
en
el
marco
de
la
tutela
jurisdiccional.
Adentrarse
en
la
consideración
de
la
tutela
cautelar
como
tutela
jurisdiccional
obliga,
sin
embargo,
a
referirse
a
algunos
conceptos
previos,
que
perfilan
conceptualmente
la
naturaleza
de
las
mismas.
Como
premisa
deben
tenerse
en
cuenta
las
coordenadas
que
hemos
expuesto
que
reflejan,
de
una
forma
u
otra,
el
modelo
procesal
penal
que
se
ha
querido
instaurar
en
Honduras,
siempre
desde
el
debido
respeto
al
binomio
entre
la
libertad
y
la
seguridad,
dos
componentes
del
equilibrio
imprescindible
y
reinante
en
la
idea
de
Justicia.
Así,
en
este
binomio
entre
el
derecho
a
la
libertad
y
derecho
a
la
presunción
de
inocencia
y
el
derecho
a
la
seguridad
se
encuentra
el
punto
que
les
equilibra,
que
no
puede
ser
otro
que
la
debida
proporcionalidad
entre
la
libertad
y
la
seguridad,
entre
el
ciudadano
y
la
sociedad.
A
estos
derechos
fundamentales
y
la
necesidad
de
la
ponderación
y/o
equilibrio
derivado
de
la
debida
proporcionalidad
entre
ambos
se
refiere
la
Constitución
hondureña
y,
en
concreto,
habrá
que
estar
a
los
artículos
61,
69,
62,
71,
82,
84,
85,
86,
88,
89,
98,
esencialmente.
Desde
ellos
habrá
que
interpretar
la
regulación
de
las
medidas
cautelares
en
el
proceso
penal.
1.
Función
jurisdiccional
Si
constitucionalmente
en
la
mayor
parte
de
los
Estados
modernos
se
ha
pretendido
configurar
un
verdadero
Poder
Judicial,
con
más
o
menos
garantías
frente
a
los
otros
poderes,
cierto
es
que
uno
de
los
elementos
desde
los
que
habrá
que
partir
es
el
de
la
función
que
desempeñan
esos
integrantes
del
Poder
Judicial,
a
saber,
para
qué
sirven
o
qué
deben
hacer
los
órganos
dotados
de
potestad
jurisdiccional.
Si
bien
en
muchas
ocasiones,
las
más
probablemente,
los
órganos
del
Estado
resuelven
heterocompositivamente,
a
saber,
de
forma
impositiva,
el
conflicto
o
litigio
suscitado,
no,
empero,
su
función
es
solo
la
de
resolver
conflictos,
dado
que
en
ocasiones
no
existen
conflictos
intersubjetivos
sino
exigencias
de
tutela,
como
sucede,
por
ejemplo,
cuando
lo
que
se
reclama
es
la
tutela
de
los
derechos
y
de
la
libertades
fundamentales
reconocidas
en
el
texto
constitucional,
o
cuando
se
pone
en
marcha
la
actividad
jurisdiccional
penal
para
el
ejercicio
del
ius
puniendi.
No
se
25
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
26
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
mediante
un
procedimiento,
que
exige
el
debido
cumplimiento
de
unas
garantías,
unos
plazos,
y
unas
consecuencias
jurídicas
derivadas
del
debido
cumplimiento
de
todos
ellos.
Si
bien
hemos
concluido
con
la
afirmación
de
que
la
adopción
de
medidas
cautelares
se
desarrolla
mediante
el
ejercicio
de
la
función
jurisdiccional
cautelar
a
través
de
un
proceso
y
formalmente
mediante
la
sucesión
de
actos
que
conforman
un
procedimiento,
debe,
sin
embargo
y
pese
a
las
posibles
confusiones
derivadas
de
la
práctica
forense,
incluso
de
terminología
legal,
distinguirse
el
proceso
del
procedimiento.
No
son
dos
realidades
idénticas,
sino
que,
antes
al
contrario,
debe
partirse
de
la
diferenciación
entre
ambas,
para
poder
posteriormente
incardinar
y
naturalizar
la
función
cautelar
como
manifestación
de
la
función
jurisdiccional.
Tomando
como
referente
los
antecedentes
históricos,
ni
el
término
proceso
ni
el
de
procedimiento
figuraban
en
el
derecho
romano.
Fue
en
la
época
medieval
y
en
el
derecho
canónico
cuando
aparecen
de
forma
diferenciada
los
términos
processus
y
procedere.
Así,
el
segundo
término
venía
a
configurar
el
conjunto
de
formas
que
los
ciudadanos
debían
seguir
para
alcanzar
la
justicia
pretendida,
y
que
necesariamente
debían
respetarse
por
el
tribunal
para
su
concesión.
Era
por
ello
una
manera
clara
de
asimilar
el
procedimiento
con
la
forma
de
manifestación
de
la
petición
y
de
la
decisión.
La
lucha
a
lo
largo
del
siglo
XX
por
los
autores
de
Derecho
Procesal
ha
sido
precisamente
por
convencerse
de
que
la
verdadera
justicia
no
solo
se
alcanzaba
por
la
mera
forma
−a
la
que
necesariamente
debe
otorgarse
el
valor
que
se
merece−,
si
bien
no
bastaba
con
la
concatenación
de
formas
procedimentales,
sino
que
lo
verdaderamente
importante
era
la
calidad
jurídica
de
lo
que
hacían
las
partes
y
el
juez,
que
era
preciso
tomar
como
referencia
el
sistema,
apareciendo
así
la
noción
de
proceso,
que
no
queda
reducido
a
la
forma,
que
es
el
procedimiento,
sino
al
significado
de
las
actuaciones,
a
los
principios,
a
los
conceptos,
para
llegar
a
la
consagración
de
un
sistema
u
otro
en
la
configuración
de
la
tutela
por
un
ordenamiento
jurídico.
Lo
que
es
verdaderamente
trascendente
es
que
cuando
se
habla
de
proceso
no
basta
la
forma,
sino
que
se
hace
necesario
analizar
la
estructura
y
los
nexos
que
median
entre
los
actos,
los
sujetos
que
los
realizan,
la
finalidad
a
que
tienden,
los
principios
a
que
responden,
las
condiciones
de
quienes
los
producen,
las
cargas
que
imponen
y
los
derechos
que
otorgan.
Solo
es
posible
referir
el
término
proceso
al
que
sirve
como
instrumento
de
realización
de
la
función
jurisdiccional,
mientras
que
procedimiento
puede
extenderse
a
cualquier
actividad
jurídica4.
Ello
es
importante,
en
cuanto
no
puede
quedarse
en
la
mera
formalidad
el
estudio
de
un
Código
(las
formas
de
los
actos,
la
sucesión
de
un
acto
tras
otro,
los
4.
Sobre
la
distinción
entre
proceso
y
procedimiento
puede
verse
Juan
MONTERO
AROCA
(con
Gómez
Colomer
y
Barona
Vilar),
Derecho
Jurisdiccional
I.
Parte
General,
22.ª
ed.,
Tirant
lo
Blanch,
Valencia,
2014.
27
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
plazos);
de
lo
contrario
se
cae
en
el
absurdo
de
una
mera
concepción
formal
la
que
se
cumplen
por
los
tribunales.
Así
las
cosas,
formalmente
sería
correcta
una
sentencia
en
la
que
se
condenase
a
una
persona
tras
el
desarrollo
de
todas
las
actuaciones
que
se
configuran
en
el
Código,
bastaría
el
respeto
a
los
preceptos
legales
para
su
validez
e
inimpugnabilidad.
Cuando
comienza
a
tener
importancia
los
términos
presupuestos
objetivos
y
subjetivos
de
validez
de
los
actos,
los
efectos
jurídicos
de
esos
actos,
así
como
los
principios
que
pergeñan
el
sistema
garantista
del
proceso,
ya
no
basta
con
el
respeto
debido
a
una
serie
de
reglas
de
procedimiento,
sino
que
se
exige
algo
más.
No
debe
tomarse
como
base
el
procedimiento,
sino
el
proceso.
Sin
perjuicio
de
las
garantías,
los
principios
y
elementos
configuradores
esenciales
del
procedimiento
penal,
que
deberán
conocerse,
aplicarse
y
defenderse,
es
necesario
que
los
operadores
jurídicos
se
pregunten
el
por
qué
de
muchas
de
las
instituciones,
el
fundamento
y
la
razón
de
ser
de
algunos
de
los
principios-‐cimientos
del
proceso
penal,
para,
en
los
supuestos
de
duda,
poder
asumir
el
espíritu
de
la
ley.
Todo
lo
anterior
va
a
tener
una
repercusión
notable
en
el
estudio
de
la
tutela
cautelar,
en
cuanto
en
el
capítulo
procesal
habrá
que
tener
en
cuenta
la
jurisdicción
y
competencia,
los
presupuestos
en
relación
con
las
partes,
el
debido
respeto
a
los
principios
garantistas
del
proceso
y
con
carácter
especial
habrá
que
tener
en
cuenta
el
principio
de
contradicción,
evitando
así
la
adopción
y
mantenimiento
de
una
medida
cautelar
sin
haber
oído
previamente
al
sujeto
que
deba
soportarla,
sin
olvidar
cuestiones
procesales
tales
como
la
necesidad
de
congruencia
en
la
resolución
judicial,
la
motivación
de
la
decisión
judicial,
entre
otras.
Y,
en
el
análisis
del
procedimiento
cautelar
se
estudiará
la
adopción
de
la
medida
a
instancia
de
parte
acusadora
o
ex
officio,
los
plazos
que
se
establecen
para
el
desarrollo
de
las
diversas
actuaciones
que
configuran
el
procedimiento,
si
se
rige
por
el
principio
de
la
oralidad
o
no,
entre
otros.
De
todo
ello
se
deriva,
por
tanto,
que
la
adopción
de
las
medidas
cautelares
necesita
de
un
proceso
cautelar
a
través
del
cual
se
van
a
desplegar
las
garantías
y
derechos
reconocidos
a
los
ciudadanos
en
el
Código
Procesal
Penal,
y
cuya
sucesión
temporal
y
formal
no
es
sino
el
desarrollo
procedimental
de
la
tutela
cautelar
pretendida.
2.
Función
jurisdiccional
cautelar
y
proceso
cautelar
Expuestas
las
coordenadas
anteriores
y
asumiendo
el
papel
que
las
medidas
cautelares
cumple
en
el
proceso
penal,
amén
del
significado
y
afección
que
comporta
en
quien
la
padece,
la
petición
y
adopción
de
medidas
cautelares,
así
como
su
ejecución
deberán
incardinarse
en
el
marco
del
ejercicio
de
la
función
jurisdiccional
y
a
través
del
proceso.
Es
por
ello
que
doctrinalmente
se
considera
que
el
ejercicio
de
la
función
cautelar
en
un
proceso
es
una
tercera
manifestación
28
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
de
la
función
jurisdiccional,
y
como
tal,
debe
desarrollarse
formalmente
a
través
de
un
proceso,
que
no
es
otro
que
el
proceso
cautelar.
El
sentido
y
razón
de
ser
de
esta
función
cautelar
no
es
otro
que
el
que
la
función
de
decir
el
derecho
y
de
ejecutar
no
es
instantánea
en
el
tiempo,
sino
que
requiere
de
un
tempus
para
su
realización.
Las
medidas
cautelares,
en
todos
los
procesos,
se
justifican
siempre
en
la
necesidad
de
tiempo
para
la
actuación
del
derecho
objetivo
en
el
caso
concreto.
Ese
«factor»
tiempo
implica
en
sí
mismo
el
riesgo
de
que
la
sentencia
que
llegue
a
dictarse
sea
inútil,
sobre
todo
si
el
sujeto
pasivo
lo
ha
aprovechado
para
hacer
que
la
sentencia
no
pueda
ejecutarse.
Aparece
así
la
tercera
manifestación
de
la
función
jurisdiccional,
la
cautelar,
que
sirve
para
asegurar
la
función
de
juzgar
y
la
de
ejecutar
lo
juzgado,
en
cuanto
evitadora
de
la
insatisfacción
y
la
ineficacia
del
sistema
jurisdiccional5.
El
hecho
de
que
afirmemos
que
estamos
ante
una
subfunción
de
la
jurisdicción
significa
tanto
como
afirmar
que
en
la
adopción
y
ejecución
de
las
medidas
cautelares
existe
un
verdadero
proceso,
y
no
solo
un
mero
procedimiento.
Así,
frente
a
quienes
doctrinalmente
han
venido
a
configurar
la
tutela
cautelar
como
un
conjunto
de
medidas
en
sí,
sin
la
concurrencia
de
un
proceso,
verdadero
proceso
cautelar,
si
bien
con
un
común
nexo
de
unión
de
todas
ellas
−la
instrumentalidad
en
relación
con
el
proceso
principal,
siendo
incidente
del
proceso
de
declaración
o
medio
de
aseguramiento
del
de
ejecución−,
otro
sector
doctrinal,
a
mi
modo
de
ver
más
concluyente,
ha
postulado
que
la
actividad
jurisdiccional
cautelar
se
desarrolla
a
través
de
un
verdadero
proceso
cautelar,
autónomo,
pese
a
que
se
mantenga
la
instrumentalidad
respecto
de
los
procesos
de
declaración
y
de
ejecución6.
Ahora
bien,
para
que
exista
proceso
se
hace
necesario
de
alguien
que
se
convierta
en
parte
en
el
mismo
(solicitante
de
la
tutela
cautelar
y
sujeto
pasivo),
que
ejercita
el
derecho
a
la
tutela
cautelar
como
manifestación
de
la
tutela
judicial
efectiva,
y
de
un
órgano
suprapartes,
que
resuelve
acerca
de
la
misma.
En
el
ámbito
penal,
el
hecho
de
que
en
el
ejercicio
de
la
función
jurisdiccional
puedan
intervenir
sujetos
que
no
son
el
juez,
no
desnaturaliza
la
consideración
de
jurisdiccional
a
esta
función
cautelar.
Ello
obedece
a
la
necesidad
de
que
en
la
materialización
de
las
medidas
deban
intervenir
sujetos
que
actúen
la
decisión
judicial
(policía,
fiscalía...).
De
hecho,
el
papel
de
estos
representantes
del
Estado
va
a
ser
esencial
para
el
debido
cumplimiento
y
alcance
de
los
fines
pretendidos
en
sede
cautelar.
5.
Silvia
BARONA
VILAR
(con
Montero
Aroca
y
Gómez
Colomer),
Derecho
Jurisdiccional
III.
Proceso
penal,
22.ª
ed.,
Tirant
lo
Blanch,
Valencia,
2014,
pág.
478.
6.
Se
convierte
así
en
lo
que
GUASP
ha
denominado
como
aquel
que
tiene
por
objeto
facilitar
otro
proceso
principal
garantizando
la
eficacia
de
sus
resultados.
Jaime
GUASP
DELGADO,
Derecho
Procesal
Civil,
tomo
II,
Madrid,
1968,
pág.
683.
29
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
III
Régimen
jurídico
cautelar
en
el
proceso
penal
hondureño:
punto
de
partida
El
legislador
hondureño
regula
en
el
Título
VI
las
medidas
cautelares,
dedicando
los
artículos
172
a
197
del
CPP.
Este
Título
se
desarrolla
en
Capítulo
I
(Disposiciones
Generales,
en
las
que
se
regulan
los
presupuestos
y
finalidad,
las
medidas
cautelares
aplicables,
la
imposición,
revocación
y
reforma
de
las
medidas
cautelares,
la
aprehensión
de
personas
y
el
allanamiento),
Capítulo
II
(Prisión
preventiva,
sus
presupuestos,
duración,
prohibición
de
la
prisión
preventiva,
casos
en
que
no
deberá
decretarse,
sustitución
de
la
prisión
por
otras,
el
internamiento
cautelar,
forma
y
contenido
de
la
resolución
que
adopta
la
prisión
preventiva
o
las
medidas
sustitutivas
de
la
misma,
contenido
del
acta
que
registre
la
prisión
provisional,
la
revocación
o
sustitución
de
la
resolución
que
ordene
la
prisión
preventiva,
lugar
de
cumplimiento
de
la
prisión
preventiva
y
tratamiento
del
imputado,
e
incomunicación
del
imputado)
y
Capítulo
III
(Las
cauciones,
cuantía
y
naturaleza,
forma
de
constituir
y
cancelación
de
las
cauciones).
Ello
no
obstante
existen
algunos
preceptos
a
lo
largo
del
Código
en
los
que
se
hace
referencia
a
las
medidas
cautelares,
sea
genéricamente
o
sea
de
forma
individualizada,
referida
a
aspectos
que
van
a
regular
la
materialización
de
alguna
de
las
medidas
cautelares.
Y,
en
todo
caso,
igualmente,
habrá
que
considerar
algunas
normas
que
no
se
hallan
en
el
Código
de
Proceso
Penal
y
que
sin
embargo
hacen
expresa
referencia
a
medidas
cautelares,
especialmente
cuando
se
trata
de
delitos
especiales,
más
agravados,
y
en
relación
fundamentalmente
con
medidas
cautelares
de
naturaleza
patrimonial.
Al
efectuar
un
estudio
dogmático
de
las
mismas,
debemos
centrar
nuestra
atención
en
tres
bloques
temáticos:
por
un
lado,
el
estudio
de
la
tutela
jurisdiccional
cautelar
como
función
jurisdiccional,
conectada
necesariamente
con
la
existencia
de
un
proceso
cautelar;
en
segundo
lugar,
el
estudio
de
las
reglas
que
conforman
formalmente
la
actividad
jurisdiccional
cautelar,
a
saber,
el
procedimiento
cautelar;
y,
finalmente,
el
régimen
jurídico
propio
de
las
medidas
cautelares.
Puesto
que
a
las
líneas
generales
señaladas
al
primero
de
los
apartados
ya
nos
hemos
referido,
vamos
a
continuar
este
trabajo
en
relación
con
el
régimen
propio
de
las
medidas
cautelares,
que
enlaza
necesariamente
con
la
posición
que
debemos
de
entender
que
estamos
ante
un
verdadero
proceso,
en
el
que
se
pretende
una
tutela
cautelar
y
en
el
que
el
desarrollo
de
esa
tutela,
pasa
necesariamente
por
deslindar
lo
que,
en
el
marco
de
la
efectividad
y
garantías,
se
pretende
con
la
adopción
de
una
medida
cautelar,
la
finalidad
o
funcionalidad
de
la
misma,
así
como
las
características
de
estas
medidas
cautelares.
Y
todo
ello
sin
olvidar
la
clasificación
de
las
medidas
cautelares
que
pueden
ser
objeto
de
adopción
en
un
proceso
penal,
ya
para
garantizar
la
efectividad
de
un
proceso
30
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
penal
en
el
que
se
está
ventilando
una
posible
responsabilidad
penal,
como
para
efectivizar
una
posible
futura
condena
por
responsabilidad
civil
derivada
de
la
comisión
del
hecho
delictivo.
1.
Fundamento
y
naturaleza
jurídica
de
las
medidas
cautelares
En
el
estudio
de
las
medidas
cautelares
debe
arrancarse
de
la
verdadera
razón
de
ser
o
fundamento
de
las
medidas
así
como
de
las
características
y
finalidad
a
la
que
se
dirige
la
adopción
de
éstas,
que
perfilan
la
naturaleza
jurídica
que
deba
atribuírseles.
1.1.
FUNDAMENTO
El
fundamento
de
las
medidas
cautelares
en
el
proceso
penal
no
es
otro
que
el
de
garantizar
el
cumplimiento
efectivo
de
la
sentencia
condenatoria.
Obviamente
para
dar
cumplimiento
a
tal
finalidad,
es
necesario
que
se
pueda
llegar
a
dictar
dicha
sentencia,
lo
que
comporta
una
garantía
de
efectividad
del
desarrollo
del
proceso
mismo.
Es
precisamente
esa
pendencia
del
proceso,
y
la
duración
de
la
misma,
lo
que
genera
unos
riesgos
que
fundamentan
la
adopción
de
las
medidas
cautelares.
La
realidad
forense,
sin
embargo,
pone
de
relieve
que
las
medidas
cautelares
que
se
adoptan
en
el
proceso
penal
en
muchas
ocasiones,
y
como
enfermedad
universal,
vienen
a
cumplir
una
finalidad
que
excede
en
ciertas
ocasiones
del
verdadero
fundamento
cautelar.
De
este
modo,
aún
cuando
se
les
sigue
etiquetando
como
medidas
cautelares,
se
dirigen
a
otros
fines
que
no
son
realmente
cautelares,
tales
como
la
satisfacción
de
un
sentimiento
colectivo
de
indignación,
venganza
o
inseguridad
(siendo
en
tales
casos
realmente
medidas
de
prevención
general,
en
el
sentido
de
pretender
dar
ejemplo
para
tranquilizar
a
la
sociedad
o
amedrentar
a
los
posibles
delincuentes)
o
de
prevención
de
posibles
futuros
delitos
cometidos
por
el
inculpado
(una
función
evidente
de
prevención
especial).
Estas
funciones
no
cautelares
en
ciertas
ocasiones
vienen
cubiertas
por
preceptos
legales,
que
han
incardinado
en
la
regulación
de
las
mismas
conceptos
como
la
reincidencia,
la
alarma
social
que
causa
el
hecho
cometido,
la
frecuencia
con
que
se
cometen
estos
hechos
(conceptos
todos
ellos
que
se
incardinan
por
ejemplo
en
la
Ley
de
Enjuiciamiento
Criminal
española).
No
obstante,
exponentes
de
medidas
cautelares
adoptadas
para
cubrir
estas
finalidades
que
no
lo
son
y
que
se
aproximan
claramente
a
la
naturaleza
preventiva
se
hallan
también
en
otros
sistemas
jurídicos,
incluso
sin
el
marco
legal
que
le
ampare.
Ambas
situaciones
deben
ser
denunciadas.
31
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
32
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
7.
Puede
verse
al
respecto,
Silvia
BARONA
VILAR,
Derecho
Jurisdiccional
III.
Proceso
Penal,
cit.,
págs.
478-‐480.
33
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
efectividad
del
cumplimiento
de
la
sentencia
condenatoria
y
conforman
el
régimen
de
la
libertad
provisional),
medidas
de
carácter
preventivo
personales
(privación
provisional
del
permiso
de
conducir,
orden
de
alejamiento
de
la
víctima,
prisión
provisional
para
evitar
la
reiteración
delictiva,
prisión
provisional
por
quebrantamiento
de
una
orden
de
alejamiento...),
medidas
interdictivas
(suspensión
provisional
de
profesión
o
cargo
público,
suspensión
de
la
patria
potestad,
deber
de
realizar
una
determinada
actividad
social,
laboral
o
profesional,
aun
cuando
se
exija
el
consentimiento
del
sujeto
al
que
se
impone).
b)
Medidas
coercitivas
que
afectan
a
la
integridad
personal,
como
los
actos
de
investigación
de
las
intervenciones
corporales
(extracciones
de
sangre,
pruebas
de
ADN),
los
actos
preventivos
personales
como
el
internamiento
en
un
centro
médico
u
hospitalario
especializado,
o
algunas
medidas
instrumentales
de
las
cautelares
(como,
por
ejemplo
en
España,
aunque
en
Honduras
aun
no
se
cuente
con
este
control,
la
colocación
de
brazaletes
electrónicos
que
permitan
dar
debido
cumplimiento
a
la
prisión
atenuada
o
al
arresto
en
el
propio
domicilio).
c)
Medidas
coercitivas
sobre
la
propiedad,
pudiendo
configurar
verdaderas
cautelas
que
responden
a
la
garantía
de
la
responsabilidad
civil
derivada
del
hecho
delictivo
o
a
la
responsabilidad
penal
cuando
ésta
venga
exigida
por
el
pago
de
una
multa
(fianzas)
o
medidas
cautelares
aseguratorias
de
la
prueba
(secuestro
del
material
incautado).
d)
Medidas
coercitivas
que
afectan
al
derecho
de
inviolabilidad
del
domicilio
y
al
secreto
de
las
comunicaciones:
las
diligencias
de
investigación
de
la
entrada
y
registro
en
lugar
cerrado,
el
registro
de
libros
y
papeles,
el
control
de
las
comunicaciones
personales;
todas
ellas
con
finalidades
investigadoras,
no
cautelares.
1.2.2.
Medidas
precautelares,
cautelares,
preventivas
e
interdictivas
como
especie
El
legislador
viene
otorgando
el
régimen
jurídico
de
las
cautelares
a
medidas
que
no
lo
son.
Vamos
por
ello
a
diferenciarlas.
a.
Medidas
precautelares:
Son
aquéllas
que,
recayendo
sobre
la
persona
del
imputado,
o
en
su
caso
del
todavía
sospechoso,
o
del
que
está
presuntamente
cometiendo
un
delito
in
fraganti,
tienen
como
fin
asegurar
la
efectividad
del
proceso
que
va
a
iniciarse
o
ya
está
incipientemente
iniciado,
amén
de
la
sentencia
que
en
su
día
se
dicte.
Exponentes
de
ellas
son
la
aprehensión
o
captura,
que
se
convierten
en
la
«antesala»
de
las
cautelares,
una
suerte
de
medidas
instrumentales
de
las
medidas
cautelares.
b.
Medidas
cautelares:
En
el
desarrollo
de
la
actuación
procesal
penal
pueden
adoptarse
dos
clases
de
medidas
cautelares:
1.ª
Medidas
cautelares
personales,
que
recaen
sobre
la
persona
del
imputado,
con
el
fin
de
asegurar
la
efectividad
de
la
sentencia
que
en
su
día
se
dicte.
Son
las
34
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
35
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
siempre
que
concurrieren
los
presupuestos
legitimadores,
y
siempre
que
se
lleve
a
cabo
mediante
una
resolución
motivada
que
deberá
adoptar
la
forma
de
auto.
Esta
afirmación
general
va
a
encontrar
matices,
en
la
medida
en
que
el
artículo
173
viene
a
no
ser
tan
libremente
aplicable
cuando
se
analizan
los
preceptos
posteriores
y
especialmente
aquéllos
en
los
que
el
legislador
ha
introducido
una
serie
de
conductas
imperativas
para
el
juez
que
llevan
a
la
adopción
ex
lege
de
la
prisión
preventiva
sin
alternatividad
posible,
o
aquellos
casos
en
la
se
excluye
ésta
por
disposición
legal
imperativa,
etc.
En
todo
caso,
las
medidas
que
se
regulan
en
este
precepto
y
configuran
el
cuadro
cautelar
penal
en
Honduras
son
las
siguientes:
1. Aprehensión
o
captura.
2. Detención
preventiva.
3. Prisión
preventiva.
4. Arresto
en
su
propio
domicilio
o
en
el
de
otra
persona
que
lo
consienta,
bajo
vigilancia
o
sin
ella.
5. Someter
al
imputado
al
cuidado
o
vigilancia
de
una
persona
o
institución
determinada
que
informe
periódicamente
al
Juez.
6. Obligar
al
imputado
a
presentarse
periódicamente
ante
un
determinado
Juez
o
autoridad
que
éste
designe.
7. Prohibirle
al
imputado
salir
del
país,
del
lugar
de
su
residencia
o
del
ámbito
territorial
que
el
órgano
jurisdiccional
determine.
8.
Prohibirle
al
imputado
concurrir
a
determinadas
reuniones
o
a
determinados
lugares.
9. Prohibirle
al
imputado
comunicarse
con
personas
determinadas,
siempre
que
con
ello
no
se
afecte
el
derecho
de
defensa.
10. La
constitución
a
favor
del
Estado
por
el
propio
imputado
o
por
otra
persona,
de
cualquiera
de
las
garantías
siguientes:
Depósito
de
dinero
o
valores,
hipoteca,
prenda
o
fianza
personal.
11. El
internamiento
provisional
en
un
establecimiento
psiquiátrico,
previo
dictamen;
y
12. Suspensión
en
el
ejercicio
del
cargo,
cuando
se
le
atribuya
un
delito
contra
la
administración
pública.
El
desarrollo
de
cada
una
de
estas
medidas
será
realizado
infra,
si
bien
en
este
elenco
de
medidas
hay
algunas
cuya
identidad
cautelar
es
manifiesta,
pero
otras,
en
las
que
es
la
naturaleza
asegurativa
o
preventiva
lo
que
va
a
primar.
2.
Características
de
las
medidas
cautelares
Atribuido
ese
carácter
de
garantía
o
aseguramiento
a
la
tutela
cautelar,
que
conforma
el
verdadero
fundamento
de
las
medidas
cautelares,
se
hace
necesario
delimitar,
como
complemento
necesario
de
su
fundamento,
los
elementos
que
pergeñan
las
características
de
las
medidas
cautelares,
teniendo
en
cuenta
que
los
mismos
van
a
configurar
los
componentes
diferenciadores
de
estas
medidas
36
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
cautelares
con
otras
figuras
afines.
A
algunos
de
ellos
nos
hemos
referido,
siquiera
sea
someramente
en
las
páginas
anteriores,
empero
hay
que
referirse
ahora
como
elementos
naturalizadores
de
las
medidas
cautelares.
2.1.
INSTRUMENTALIDAD
La
característica
esencial
de
las
medidas
cautelares
es
la
instrumentalidad.
Se
entiende
por
instrumentalidad,
como
afirmaba
CALAMANDREI8,
aquella
característica
que
vincula
las
medidas
cautelares
con
el
proceso
principal,
al
que
sirven,
garantizando
la
efectividad
de
su
resultado.
De
este
modo
son
exclusivamente
conducentes
a
hacer
posible
la
efectividad
de
la
tutela
judicial
que
pudiere
otorgarse
en
una
eventual
sentencia
estimatoria,
siendo
por
ello
instrumentos
del
proceso
de
declaración
y
del
de
ejecución.
O,
en
palabras
de
CALDERÓN
CUADRADO9,
la
«tutela
cautelar
se
prevé
por
el
legislador
como
medio
a
través
del
cual
puede
conseguirse
que
otro
medio,
el
proceso,
funcione
eficazmente,
haciendo
realidad
esa
afirmación
teórica
de
juzgar
y
de
hacer
ejecutar
lo
juzgado».
El
trasvase
al
proceso
penal
de
esta
configuración
instrumental
de
las
medidas,
que
se
configura
esencialmente
desde
el
análisis
dogmático
del
estudio
de
las
mismas
en
el
proceso
civil,
no
pierde
sentido
alguno,
antes
al
contrario,
la
tutela
cautelar
es
instrumental,
sea
cual
fuere
el
proceso
que
garantice,
ya
sea
un
proceso
civil,
laboral,
administrativo,
constitucional
o
penal.
Y,
desde
ese
prisma
la
adopción
de
medidas
cautelares
en
el
proceso
penal
se
caracteriza,
esencialmente,
por
la
interrelación
que
debe
existir
entre
el
instrumento
jurídico
que
se
adopta
para
garantizar
el
proceso
penal
y
el
hecho,
las
circunstancias
que
confluyen,
los
presupuestos
de
cada
una
de
ellas,
y
las
consecuencias
jurídico-‐penales
derivadas
de
la
posible
condena
que,
obviamente,
juegan
un
papel
esencial
en
la
delimitación
del
presupuesto
del
peligro
y
que,
en
cualquier
caso,
van
a
incidir
en
la
aplicación
del
principio
de
proporcionalidad
en
la
adopción
de
la
medida
cautelar
más
adecuada
y
pertinente.
De
ahí
la
acertada
consideración
legal
que
se
efectúa
en
el
Código
Procesal
Penal
al
referirse
en
el
artículo
182
a
la
prohibición
de
la
prisión
preventiva
en
los
casos
en
él
expuestos
y
con
aplicación,
cuando
se
den
los
presupuestos,
de
las
medidas
sustitutivas.
E
igualmente
del
artículo
183
del
CPP
en
el
que
se
regula
un
elenco
de
supuestos
en
los
que
no
podrá
decretarse
la
prisión
preventiva,
amén
del
artículo
184
en
el
que
se
fomenta
la
posible
sustitución
de
la
prisión
preventiva
por
una
medida
menos
gravosa10.
A
título
de
ejemplo
puede
afirmarse
que
en
algunos
ordenamientos
jurídicos
se
ha
establecido
una
disposición
en
la
que
se
considera
desproporcionada
una
medida
cautelar
restrictiva
de
la
libertad
cuando
lo
que
se
8.
Piero
CALAMANDREI,
Introduzione
allo
studio
sistematico
dei
provvedimenti
cautelari,
Padova,
1936,
págs.
21
y
22.
9.
Medidas
cautelares
indeterminadas
en
el
proceso
civil,
Civitas,
Madrid,
1992,
págs.
34-‐35.
10.
Todo
ello
sin
perjuicio
de
la
nueva
redacción
dada
a
este
artículo
184
por
Decreto
56-‐2013
de
fecha
16
de
abril
de
2013,
publicado
en
el
Diario
Oficial
La
Gaceta
No.
33.122
de
fecha
17
de
mayo
de
2013,
vigente
desde
su
publicación.
37
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
pretende
es
garantizar
el
resarcimiento
del
daño
civil
que
en
el
futuro
se
reclamará
o
el
pago
de
los
conceptos
pecuniarios
penales,
tales
como
las
costas
procesales
o
las
penas
de
multa
que
el
delito
lleve
aparejadas.
Si
desde
un
punto
de
vista
dogmático
la
instrumentalidad
es
la
nota
que
perfila
la
tutela
cautelar,
en
cuanto
la
hace
depender
de
un
proceso
penal
principal,
cierto
es
que
en
la
práctica
se
trasluce
esta
característica
en
una
serie
de
consecuencias
que
ponen
de
relieve
esa
existencia
dependiente
de
la
tutela
cautelar
en
relación
con
la
acción
penal
que
se
ejercita
en
el
proceso
principal;
entre
ellas
es
posible
citar:
1.º
Si
la
medida
cautelar
que
se
adopta
es
instrumental
de
un
proceso
penal
principal,
se
deduce,
por
tanto,
que
sólo
es
posible
adoptarla
cuando
ya
existe
el
proceso.
Este
principio
general
encuentra
excepciones
en
algunos
procesos,
en
los
que
se
permite
la
adopción
de
la
medida
ante
causam,
esto
es,
antes
de
que
comience
el
proceso
principal.
Cobra
especial
interés
esta
afirmación
cuando
se
trata
de
medidas
cautelares
personales,
que
afectan,
limitan,
o
prohíben
la
libertad.
2.º
Consecuencia
de
la
instrumentalidad
también
el
alzamiento
de
la
medida
cuando
desaparece
el
proceso
principal
del
que
dependen.
Ello
es
lógica
consecuencia
de
su
vocación
de
carácter
no
definitivo.
De
este
modo,
si
finaliza
el
proceso
principal,
habrá
que
estar
a
la
suerte
que
el
sujeto
afectado
por
la
medida
haya
finalmente
conseguido.
Si
se
pusiere
fin
al
proceso
mediante
sobreseimiento,
incluso
el
provisional,
y
siempre
que
sea
total,
habrá
que
proceder
a
alzar
las
medidas
cautelares,
máxime
cuando
pierden
la
razón
de
ser
jurídica.
Si
el
proceso
finaliza
por
sentencia,
ésta
puede
ser
absolutoria
o
condenatoria.
Si
se
dictase
una
sentencia
absolutoria,
el
mantenimiento
de
las
medidas
cautelares
personales
carece
de
fundamento,
a
salvo
de
las
situaciones
de
excepcionalidad
que
podrían
producirse
como
consecuencia
de
la
interposición
de
un
recurso,
y
la
renovación
de
la
petición
de
mantenimiento
de
la
medida
que,
cuando
concurrieran
los
presupuestos
para
así
decidirlo,
podría
acordarse
su
mantenimiento.
Si,
por
el
contrario,
la
sentencia
que
se
dicta
en
el
proceso
penal
es
condenatoria,
habrá
que
estar
a
las
consecuencias
jurídicas
que
se
derivan
de
la
citada
condena,
en
cuanto
carecería
de
sentido
mantener
una
privación
de
libertad
si
el
sujeto
pasivo
ha
sido
condenado
a
pena
privativa
de
derechos,
tales
como
la
suspensión
de
empleo
o
las
inhabilitaciones,
o
incluso
penas
pecuniarias.
Cuestión
diversa
es
que
exista
una
naturaleza
material
semejante
entre
la
medida
y
la
condena
contenida
en
la
sentencia,
en
cuyo
caso
lógico
es
aplicar
el
régimen
del
abono
de
la
medida
cautelar
en
relación
con
la
pena
que
deba
cumplirse,
si
bien
esta
situación
se
produce
ya
en
fase
de
ejecución
de
la
sentencia,
alzándose
la
medida
cautelar.
Si
la
sentencia
aún
no
ha
devenido
firme
y
ha
sido
recurrida,
nada
obstaría
al
mantenimiento
de
la
medida
cautelar,
hasta
el
momento
en
que
el
título
ejecutivo
condenatorio
pueda
realizarse
en
sus
justos
38
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
términos,
pero
con
numerosas
aristas,
esto
es,
habrá
que
determinar
si
puede
temporalmente
mantenerse
o
se
ha
producido
un
exceso
de
privación
de
libertad
durante
la
pendencia
del
proceso,
o
determinar
si
puede
mantenerse
una
medida
que
no
sea
privativa
de
libertad,
etc.
Cuestión
ésta
nada
baladí
porque
puede
hacer
imposible,
en
ciertos
casos,
la
efectividad
del
proceso
al
producirse
la
fuga
del
condenado,
por
ejemplo.
3.º
Finalmente,
en
la
adopción
de
la
medida
cautelar,
en
su
elección,
también
se
pone
de
manifiesto
el
peso
de
la
instrumentalidad
como
característica
de
la
tutela
cautelar,
y
ello
por
cuanto
ejerce
un
papel
esencial
la
correlación
entre
ésta
con
el
posible
contenido
de
la
sentencia
que,
en
su
momento,
se
dicte.
Ello
provoca
una
simbiosis
entre
la
instrumentalidad
y
la
proporcionalidad,
en
cuanto
las
medidas
que
se
adopten
deben
de
ser
proporcionadas
al
posible
contenido
de
la
sentencia
que
se
dicte
en
el
proceso
del
que
emergen
los
instrumentos
cautelares.
Por
ejemplo,
carece
de
sentido
adoptar
la
medida
de
prisión
preventiva
si
en
el
proceso
no
se
ventilan
hechos
delictivos
que
no
tengan
prevista
pena
privativa
de
libertad,
o
en
aquellos
que
aún
sancionados
con
pena
privativa
de
libertad,
ésta
lo
sea
inferior
a
tres
o
cuatro
años.
Con
ello
se
está
determinando
que
la
medida
cautelar
más
gravosa
para
el
sujeto
que
la
padece,
que
es
la
detención
o
prisión
preventiva,
que
comporta
una
privación
por
tiempo
de
la
libertad,
no
puede
emplearse
en
todo
caso
en
que
exista
una
causa
penal,
sino
cuando
la
misma
comporte
unos
hechos
de
entidad
cualificada
y
por
ello
las
consecuencias
jurídicas
penales
derivadas
de
la
comisión
de
los
mismos,
se
enmarquen
en
los
límites
de
gravedad
que
se
han
apuntado.
Carecería
de
sentido
adoptar
una
medida
de
suspensión
de
cargo
público
si
el
delito
que
supuestamente
cometió
la
persona
funcionario
público
no
se
hizo
en
el
ejercicio
de
su
cargo,
etc.
En
conclusión,
las
medidas
cautelares
se
convierten
en
los
instrumentos
técnico-‐jurídicos
que
tienen
una
función
procesal
de
evitar
que
se
realicen
todas
aquellas
actuaciones
que
impidan
o
dificulten
la
efectividad
de
la
sentencia
que
en
su
día
se
dicte,
frustrando
la
eficacia
del
proceso
penal.
Es
por
ello
que
se
justifican
sólo
con
relación
a
otro
proceso,
llamado
principal,
del
que
tiende
a
garantizar
su
resultado.
De
ahí
que
se
ha
afirmado
que
la
medida
cautelar
no
es
un
fin
en
sí
mismo,
sino
medio
instrumental
a
través
del
cual
se
está
garantizando
los
resultados
del
proceso
penal,
entendiendo
por
ellos
tanto
la
efectividad
del
proceso
en
sí,
como
la
de
la
propia
sentencia,
que
conecta
necesariamente
con
el
aseguramiento
de
la
ejecución
penal.
2.2.
PROVISIONALIDAD
La
provisionalidad
es
también
nota
característica
de
las
medidas
cautelares.
Se
entiende
por
la
misma
la
limitación
temporal
de
la
vigencia
de
la
tutela
cautelar.
Y
es
por
ello
que
se
afirma
que
la
medida
cautelar
no
tiene
vocación
de
convertirse
en
definitiva,
ya
que,
de
lo
contrario,
se
desnaturalizaría
la
esencia
misma
de
la
naturaleza
cautelar
de
estas
medidas.
39
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
40
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
los
que
se
aplicaron
y,
en
ningún
caso,
se
prolongarán
más
allá
del
máximo
permitido
por
el
artículo
181
del
CPP»
(referido
a
la
duración
de
la
prisión
preventiva)11.
2.4.
VARIABILIDAD
La
medida
cautelar
puede
ser
modificada,
e
incluso
alzada,
cuando
se
altera
la
situación
de
hecho
−los
fundamentos
o
presupuestos−
que
dio
lugar
a
su
adopción.
Esta
nota
de
variabilidad
de
las
medidas
cautelares
puede
producirse
en
sentido
positivo,
esto
es,
para
adoptarlas
o
modificarlas,
o
en
sentido
negativo,
es
decir,
para
alzarlas.
El
hecho
de
que
para
proceder
a
su
variabilidad
deban
seguirse
los
trámites
y
cauces
marcados
por
el
legislador
en
cuanto
al
procedimiento
a
seguir,
a
los
criterios
de
justicia
rogada
y
a
los
límites
de
congruencia
que
constriñen
al
órgano
jurisdiccional,
no
empaña
la
afirmación
general
de
que
las
medidas
pueden
variarse
a
lo
largo
del
proceso
principal.
Así,
una
medida
puede
agravarse
en
aquellos
supuestos
en
que
se
incumplen
algunas
de
las
condiciones
de
su
vigencia,
como
sucede,
por
ejemplo,
cuando
el
imputado
incumple
con
cualesquiera
de
las
obligaciones
que
le
han
sido
impuestas
en
la
adopción
de
una
medida
sustitutiva
de
la
prisión
preventiva,
produciéndose
la
posible
revocación
de
la
medida,
como
por
ejemplo
se
refiere
el
legislador
en
el
artículo
186
in
fine.
2.5.
PROPORCIONALIDAD
La
simbiosis
entre
instrumentalidad
y
proporcionalidad
se
pone
más
acentuadamente
de
relieve
en
el
ámbito
del
proceso
penal.
De
este
modo,
las
medidas
cautelares
deben
ser
proporcionadamente
adecuadas
a
los
fines
pretendidos.
Ello
exige,
en
consecuencia,
una
delimitación
legal
de
cuales
deban
ser
estos
fines
cautelares.
El
legislador
ha
querido
referirse
a
esta
idea
de
la
proporcionalidad
en
el
artículo
174
del
CPP
cuando
se
refiere
que
a
la
hora
de
seleccionar
una
medida
cautelar
el
órgano
jurisdiccional
deberá
tener
en
cuenta
su
idoneidad
y
la
proporcionalidad
en
relación
con
los
fines
que
se
pretende
conseguir,
teniendo
en
cuenta
la
gravedad
del
hecho
y
de
la
pena
que
en
caso
de
condena,
podría
ser
impuesta
y
las
circunstancias
personales
del
imputado.
Es
por
ello
que
la
proporcionalidad
la
medirá
el
juez,
a
quien
corresponde
realizar
un
juicio
de
razonabilidad
acerca
de
la
finalidad
perseguida
y
las
circunstancias
concurrentes,
potenciándose,
en
todo
caso,
una
menor
«gravosidad»
para
el
imputado
que
debe
soportarla.
11.
El
artículo
181
reza:
«La
prisión
preventiva
podrá
durar,
como
regla
general,
hasta
un
(1)
año.
Cuando
la
pena
aplicable
al
delito
sea
superior
a
seis
años,
la
prisión
preventiva
podrá
durar
hasta
dos
años».
Si
bien
estas
serían
las
reglas
generales
de
duración
de
la
prisión
preventiva,
cierto
es
que
existe,
sin
embargo,
la
posibilidad
de
que
se
apliquen
reglas
excepcionales
y
especiales
para
supuestos
especiales.
Nos
referiremos
a
ellos
al
analizar
la
prisión
preventiva.
41
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
42
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
IV
Presupuestos
El
artículo
173
enumera
una
serie
de
medidas
cautelares
que
podrán
ser
adoptadas
en
el
proceso
hondureño
siempre
que
concurran
los
presupuestos
necesarios
y
legitimadores
de
la
misma.
Estos
presupuestos
son
los
que
permiten
fundar
procesal
y
materialmente
las
mismas,
en
aras
a
garantizar
el
cumplimiento
efectivo
de
la
sentencia.
Es
por
ello
que
en
nuestro
desarrollo
hemos
querido
distinguir
entre
presupuestos
formales
y
presupuestos
materiales.
1.
Presupuestos
formales
Hay
determinados
componentes
esenciales
que
van
a
otorgar
garantía
en
el
desarrollo
y
adopción
de
una
tutela
cautelar,
de
manera
que
si
bien
en
unos
ordenamientos
jurídicos
se
regula
de
forma
explícita
un
verdadero
proceso
cautelar,
en
el
que
se
configuran
los
presupuestos
esenciales
en
relación
con
los
sujetos
−órgano
jurisdiccional
y
partes
solicitante
y
sujeto
soportante
de
la
medida−
así
como
a
los
principios
esenciales
conformadores
del
mismo,
básicamente
en
lo
que
a
la
exigencia
de
contradicción
se
refiere
y
a
los
derechos
que
asisten
a
la
parte
más
débil
del
proceso,
en
otros
sistemas
se
ha
optado
por
tan
sólo
referirse
explícitamente
al
órgano
que
debe
adoptar
y/o
ejecutar
la
medida,
así
como
a
la
forma
en
que
la
medida,
de
forma
garantista,
debe
ser
adoptada.
1.1.
COMPETENCIA
Así,
como
norma
general,
será
el
órgano
jurisdiccional
el
que
adoptará
las
medidas
cautelares
(arts.
173.1
y
174,
entre
otros).
La
razón
no
es
otra
que
se
trata
de
un
juez
de
garantías
que
vela
de
forma
independiente
e
imparcial
por
la
tutela
de
los
ciudadanos
y
la
sociedad,
un
equilibrio
entre
la
seguridad
y
la
libertad
como
binomios
esenciales
en
la
adopción
de
cualesquiera
tutela
cautelar
existente.
Esta
norma
general,
sin
embargo,
encuentra
igualmente
excepciones
a
la
misma.
Así,
el
artículo
173,
en
su
último
párrafo,
dispone:
«para
los
mismos
fines
previstos
en
este
artículo,
y
para
los
efectos
de
la
investigación,
el
Ministerio
Público
en
caso
de
urgente
necesidad
que
impida
recabar
la
autorización
judicial,
podrá
adoptar
una
o
más
de
las
medidas
cautelares
previstas
en
los
numerales
1),
2),
7),
9)
y
11)
de
este
artículo.
Inmediatamente
lo
pondrá
en
conocimiento
del
órgano
jurisdiccional,
exponiendo
las
razones
que
impidieron
obtener
aquélla
autorización.
El
órgano
jurisdiccional,
oída
la
persona
imputada
y
su
defensor,
convalidará
o
dejará
sin
efecto
lo
dispuesto
por
el
Ministerio
Público».
43
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
44
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
12.
Sobre
estas
cuestiones
y
su
tratamiento
puede
verse
mi
obra
Prisión
provisional
y
medidas
alternativas,
Ed.
Bosch,
Barcelona,
1988.
45
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
46
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
jurisdiccional
para
poder
adoptar
la
medida,
esto
es,
no
se
trata
de
una
certeza
de
la
existencia
del
hecho
criminal
imputado
y
de
la
autoría
del
sujeto
sobre
el
que
se
pretende
la
medida
cautelar,
sino
de
una
posibilidad,
de
una
probabilidad,
de
indicios,
no
de
prueba.
De
ahí
que
el
legislador
se
refiera
a
términos
tales
como
sospecha,
indicios.
Es
lo
que
se
denomina
el
“humo”,
que
no
la
claridad
absoluta.
Si
se
exige
prueba
plena
se
está
desnaturalizando
el
sentir
de
la
medida
cautelar,
por
cuanto
la
misma,
como
instrumental,
variable
y
temporal
que
es,
puede
ser
objeto
de
cambio
o
transformación.
Pretender
prueba
plena
en
este
momento
a
la
hora
de
decretar
la
medida
cautelar
es
la
desnaturalización
del
significado
de
lo
que
la
tutela
cautelar
instrumental
del
proceso
principal
deba
ser.
2.2.
PERICULUM
IN
MORA
El
segundo
presupuesto
que
debe
concurrir
para
decretar
la
medida
cautelar
personal
es
el
peligro
o,
en
su
caso,
los
peligros,
que
llevan
a
fundar
la
injerencia
en
la
esfera
jurídica
personal
del
sujeto
pasivo
de
la
medida
cautelar.
A
éste
se
le
denomina
periculum
in
mora.
La
doctrina
procesal
ha
venido
consagrando,
si
bien
en
el
marco
del
sistema
procesal
civil,
los
elementos
que
deben
entenderse
integrantes
de
este
presupuesto
del
periculum
in
mora,
a
saber,
el
retraso,
la
duración
del
proceso
mismo
y
el
daño
marginal
que
produce
precisamente
la
duración
procesal13.
Así,
trasladando
este
presupuesto
al
proceso
penal,
también
éste
tiene
una
duración,
y
en
el
transcurso
temporal
de
aquél,
pueden
producirse
ciertas
situaciones
que
provoquen
la
inefectividad
del
mismo
proceso
penal
y,
en
consecuencia,
de
la
sentencia
penal,
como
sucede,
por
ejemplo,
con
el
riesgo
de
fuga
del
imputado
que,
en
ciertas
ocasiones,
viene
complementado
con
otros
posibles
riesgos.
En
el
estudio
de
cada
una
de
las
medidas
cautelares
personales
habrá
que
ir
configurando
estos
peligros
de
forma
específica:
peligro
de
ocultación
de
pruebas,
peligro
de
desaparición
de
éstas,
peligro
de
reintegración
a
la
organización
delictiva,
peligro
de
daños
o
violencia
contra
la
víctima...
(art.
172,
2
y
3
del
CPP).
En
los
Códigos
procesales
se
configuran
manifestaciones
de
este
presupuesto:
tratar
de
ocultarse,
fugarse
o
ausentarse
del
lugar,
evitar
que
pueda
modificar
el
estado
de
las
cosas
o
el
lugar
del
delito
(art.
175,
176,
178
del
CPP
entre
otros).
Son
todos
ellos
manifestaciones
de
este
periculum,
siendo
configurado
de
manera
diferente
en
atención
a
cada
una
de
las
medidas
cautelares
específicas.
Quizás
los
más
ilustrativos
a
este
respecto
son
los
que
vienen
enumerados
en
el
artículo
178
referidos
a
la
prisión
preventiva,
por
la
variedad
que
los
fundamenta
pero
que
se
convierten
evidentemente
en
sustento
de
este
presupuesto:
1. Peligro
de
fuga
del
imputado.
2. Posible
obstrucción
de
la
investigación
por
parte
del
imputado.
13.
Sobre
estos
conceptos
en
el
ámbito
de
la
tutela
procesal
civil
puede
verse
María
Pía
CALDERÓN
CUADRADO,
Las
medidas
cautelares
indeterminadas
en
el
proceso
civil,
cit.,
págs.
46-‐48.
47
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3. Riesgo
fundado
de
que
el
imputado
se
reintegre
a
la
organización
delictiva
a
la
que
hay
sospecha
pertenece
y
utilice
los
medios
que
ella
le
brinde
para
entorpecer
la
investigación
o
facilitar
la
fuga
de
otros
imputados.
4. Riesgo
fundado
de
que
el
imputado
atente
o
ejecute
actos
de
represalia
contra
el
acusador
o
denunciante.
No
obstante,
es
el
artículo
172
del
CPP
el
que
con
carácter
general
y,
por
ende,
aplicable
a
cualquier
medida
cautelar,
recoge
dos
manifestaciones
de
este
peligro:
—
Por
un
lado,
Que
la
persona
imputada
se
haya
fugado
o
exista
motivo
fundado
para
temer
que
podría
darse
a
la
fuga
en
caso
de
permanecer
en
libertad.
—
Así
como
igualmente
Que
existan
fundados
motivos
para
temer
que,
puesta
en
libertad,
el
imputado
tratará
de
destruir
o
manipular
las
fuentes
de
prueba.
En
el
primer
caso
el
peligro
se
centra
en
la
persona
misma
del
sujeto
pasivo,
mientras
que
en
el
segundo,
se
refiere
a
la
posible
acción
del
sujeto
pasivo
del
proceso
en
aras
de
la
destrucción
o
manipulación
de
las
fuentes
de
prueba.
En
ambos
casos
lo
que
se
produciría
es
una
obstaculización
de
la
acción
de
la
justicia,
aun
cuando
las
consecuencias
derivadas
de
uno
u
otro
peligro
son
diversas.
El
riesgo
de
este
peligro,
y
así
debe
denunciarse,
es
la
interpretación
subjetiva
del
mismo
que
se
hace
por
los
operadores
jurídicos.
No
existen
sino
criterios
legislativos
que
permiten
valorar,
ponderar,
el
grado
de
peligro,
pero
no
existe
en
la
práctica
una
única
manera
de
aplicar
estos
criterios,
sino
que
se
deja
a
la
razonabilidad
del
órgano
decisor.
Es
por
ello
imprescindible
contar
en
la
resolución
cautelar
de
los
argumentos
jurídicos
que
han
permitido
ponderar
y
valorar
los
diversos
criterios
a
efecto
de
adoptar
una
medida
cautelar
y
de
rechazarla.
Y
en
esa
ponderación
o
valoración
el
factor
«tiempo»
jugará
un
papel
extraordinario
porque,
por
ejemplo,
el
peligro
de
fuga
a
priori
puede
perder
en
ciertos
casos
parte
de
su
intensidad,
exigiéndose
una
valoración
periódica
del
mismo,
a
los
efectos
de
considerar
si
es
necesario
mantener
o
no
la
medida
cautelar
por
concurrir
este
presupuesto
o
por
haber
perdido
su
fuerza.
48
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
V
Aprehensión
o
captura
de
las
personas
El
legislador
hondureño
se
refiere
a
esta
medida
en
el
artículo
173.1
del
CPP,
al
enumerar
las
medidas
posibles,
así
como
en
el
artículo
175
del
CPP
−de
forma
específica
y
ad
extensum−
así
como
por
referencia
en
el
artículo
177
CPP.
Estamos
claramente
ante
una
modalidad
de
medida
cautelar
(veremos
que
es
precautelar)
personal,
que
incide
en
la
libertad
del
sujeto
que
la
padece.
Es
por
ello
que
habrá
que
regular
y
establecer
las
condiciones
legalmente
establecidas
para
poder
proceder
a
decretarla.
Muy
probablemente
estos
preceptos
vienen
inspirados
en
los
textos
internacionales
que
reconocen
ese
ejercicio
del
derecho
a
la
libertad
y
los
límites
que
la
libertad
misma
puede
encontrar
en
determinados
casos.
Ahora
bien,
aun
cuando
se
hace
referencia
al
estudio
constitucional
de
la
libertad,
ésta
puede
analizarse
desde
una
vertiente
positiva,
como
derecho
fundamental
de
toda
persona,
referido
a
la
libertad
personal
en
sus
manifestaciones
deambulatorias,
físicas
o
de
movimiento,
así
como
desde
una
vertiente
negativa,
esto
es,
determinándose
los
límites
constitucionales
de
la
injerencia
en
el
derecho
fundamental.
De
ahí
que
hayan
sido
los
mismos
textos
constitucionales
los
que
en
la
mayor
parte
de
los
países
han
determinado
las
condiciones
para
la
detención,
el
arresto
y
la
prisión,
en
cuanto
se
entiende
que
también
puede
haber
trasgresiones
de
la
libertad
dentro
de
los
límites
que
legal
y/o
constitucionalmente
se
establecen.
1.
Concepto
La
aprehensión
es
una
medida
precautelar
personal
que
consiste
en
la
privación
breve
de
libertad,
limitada
temporalmente,
con
el
fin
de
poner
el
sujeto
detenido
a
disposición
de
la
autoridad
judicial,
quien
deberá
resolver,
atendidas
las
condiciones
legales,
acerca
de
su
situación
personal,
bien
manteniendo
la
privación
de
libertad
por
tiempo
mayor
(prisión
o
detención
preventiva),
bien
adoptando
una
medida
cautelar
menos
gravosa
(medidas
sustitutivas
de
la
detención
provisional,
que
en
otras
legislaciones
se
denomina
como
libertad
provisional),
o
bien
restableciendo
el
derecho
de
libertad
en
su
sentido
natural,
ante
la
ausencia
de
presupuestos
que
condicionen
una
tutela
cautelar
personal
penal.
Ese
carácter
de
precautelar
viene
en
gran
medida
vinculado
a
la
idea
de
convertirse
en
una
medida
que
es
la
antesala
de
una
medida
cautelar
posterior,
convirtiéndose,
por
ende,
en
garantía
de
la
garantía.
En
todo
caso,
no
debe
olvidarse
que
la
medida
que
aquí
se
desarrolla
es
la
que
se
adopta
con
una
finalidad
cautelar,
esto
es,
en
conexión
con
la
previsible
comisión
de
un
delito
y,
por
ende,
con
la
existencia
o
futura
existencia
de
una
causa
49
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
penal,
eludiéndose
con
ello
funciones
de
seguridad
o
aseguramiento,
no
cautelares.
Esto
es,
no
tiene
por
qué
ser
consecuencia
o
estar
vinculada
a
una
investigación
penal
pendiente
sino
que
puede
ser
precisamente
la
que
abre
la
citada
investigación.
Ahora
bien,
es
importante
diferenciar
una
privación
de
libertad
imputativa,
derivada
de
los
fines
propios
del
proceso
penal,
que
es
la
que
propiamente
debe
denominarse
como
cautelar,
respecto
de
aquellas
aprehensiones
que
pueden
realizarse,
porque
las
permite
el
ordenamiento
jurídico,
pero
que
responden
a
fines
ajenos
al
proceso
penal
(por
ejemplo,
cuando
se
efectúa
la
aprehensión
de
un
presunto
incapaz
para
garantizar
la
adopción
de
una
medida
de
internamiento
en
una
institución
especializada,
o
la
aprehensión
por
motivos
de
protección
de
la
salud
pública
derivados
de
una
fiebre
aftosa
que
obliga
a
impedir
la
salida
de
un
grupo
de
personas
de
un
determinado
lugar,
o
incluso,
como
sucede
en
España,
la
detención
de
los
extranjeros
que
se
hallan
inmersos
en
un
procedimiento
administrativo
de
expulsión
del
país
debido
a
no
hallarse
en
posesión
del
permiso
de
residencia
en
España,
entre
otras),
siendo
en
este
caso
una
aprehensión
no
imputativa
y
por
tanto
no
vinculada
a
la
persecución
penal.
Si
bien
la
imputativa
es
precautelar,
la
segunda,
la
no
imputativa,
no
lo
es.
2.
Naturaleza
jurídica
y
características
Atendiendo
a
esa
privación
de
libertad
de
una
persona
como
consecuencia
de
la
existencia
actual
o
futura
de
una
causa
penal,
y
en
aras
de
asegurar
la
persona
del
presunto
responsable
de
los
hechos
criminales
que
se
imputan,
vamos
a
delimitar
los
elementos
que
van
a
servir
para
definir
y
caracterizar
a
la
aprehensión,
y
que
son:
1.
La
aprehensión
es
una
verdadera
medida
precautelar,
directa
y
estrictamente
vinculada
a
la
cautelar
futurible,
y
ello
por
cuanto
en
ella
concurren
las
notas
esenciales
de
la
tutela
cautelar,
si
bien
algunas
matizadas;
así:
a)
La
instrumentalidad:
sólo
es
posible
la
adopción
de
la
aprehensión
en
función
de
una
causa
penal14,
de
manera
que
las
posibles
privaciones
o
restricciones
de
libertad
que
el
ordenamiento
jurídico
ampara
y
que
no
se
hallan
relacionadas
con
el
ejercicio
del
ius
puniendi
estatal,
no
son
medida
cautelar.
Vimos
ejemplos
que
así
lo
justifican
y
que
no
son
cautelares.
El
elemento
esencial
que
sirve
para
deslindar
la
aprehensión
por
motivos
cautelares
o
la
que
se
realiza
sin
dar
debido
cumplimiento
a
los
mismos
se
halla,
por
tanto,
en
la
función
de
aseguramiento
del
posible
responsable
de
la
infracción
penal
que
da
lugar
o
ha
dado
lugar
a
la
incoación
del
proceso
penal
correspondiente.
14.
Entiéndase
en
los
términos
señalados,
a
saber:
la
causa
penal
puede
existir
ya
o
puede
ser
precisamente
esta
aprehensión
la
que
la
ponga
en
marcha.
Esto
es,
referirnos
a
causa
penal
es
que
se
produzca
como
consecuencia
de
la
posible
comisión
de
un
hecho
delictivo
que
deba
ser
perseguido
penalmente.
50
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
15.
Todo
ello
sin
perjuicio
de
que
si
se
hubiere
producido
la
aprehensión
de
una
persona
y
se
acreditare
la
ausencia
de
participación
respecto
de
una
o
más
de
las
personas
retenidas,
serán
éstas
dejadas
en
libertad,
una
vez
recibida
la
información
necesaria
para
la
investigación
y
dejada
constancia
de
los
datos
relativos
a
su
identidad
(art.
175),
lo
que
implica
igualmente
ese
carácter
de
corta
duración
que
esta
medida
conlleva,
ora
por
la
puesta
en
libertad
de
la
persona
aprehendida,
ora
por
la
conversión
en
auténtica
medida
cautelar
privativa
o
restrictiva
de
la
libertad.
51
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3.
Esta
medida
personal
se
halla
regulada
en
el
Capítulo
I
del
Título
VI
Libro
I
del
Código
Procesal
Penal
de
Honduras,
en
el
que
se
regulan
las
medidas
cautelares,
y
específicamente
son
los
artículos
173.1,
175
y
177
del
CPP
los
que
efectúan
su
desarrollo,
tanto
en
lo
que
al
tratamiento
se
refiere,
como
respecto
del
régimen
jurídico
aplicable
a
esta
medida.
3.
Modalidades
de
la
aprehensión
La
regulación
de
la
aprehensión
en
el
Código
de
procedimiento
penal
configura
varias
modalidades,
básicamente
atendiendo
al
criterio
de
los
sujetos
que
están
facultados
para
aprehender.
Podemos
diferenciar
cuatro
tipos
de
aprehensión:
1.
Aprehensión
por
la
policía
sin
orden
judicial
(art.
175.I
del
CPP).
2.
Aprehensión
policial
con
orden
judicial
(
art.
175
del
CPP).
3.
Aprehensión
por
orden
fiscal
(art.
173
in
fine
del
CPP)
4.
Aprehensión
por
particulares
(art.
175
del
CPP).
No
obstante,
es
posible
igualmente
utilizar
un
segundo
criterio
para
delimitar
las
posibles
modalidades
o
tipos
de
aprehensión,
que
atiende
al
momento
en
que
la
misma
se
produce,
pudiendo
igualmente
diferenciar
tres
clases
de
aprehensión:
1.
Aprehensión
preprocesal,
practicada
sin
que
exista
causa
pendiente
contra
la
persona
aprehendida.
Se
tratará
de
numerosos
supuestos
en
los
que
precisamente
es
la
aprehensión
la
que
da
lugar
a
la
puesta
en
marcha
del
aparato
de
persecución
penal.
2.
Aprehensión
procesal,
practicada
estando
pendiente
una
causa
penal,
produciéndose
por
orden
del
fiscal
o
por
orden
del
órgano
jurisdiccional
que
está
dirigiendo
y
controlando
la
persecución.
3.
Aprehensión
post
sententiam,
que
tendrá
valor
de
verdadera
medida
de
ejecución
(art.
175
del
CPP).
Ejemplo
de
este
supuesto
se
da
cuando
el
sujeto
se
encuentra
cumpliendo
condena
en
un
establecimiento
penitenciario
y
se
fuga,
siendo
objeto
de
aprehensión
en
este
caso,
con
la
finalidad
no
cautelar,
de
afectación
y
garantía
de
un
proceso
pendiente,
sino
de
aseguramiento
del
cumplimiento
de
la
ejecución,
es
por
ello
que
se
trata
en
este
caso
de
una
medida
claramente
de
cumplimiento
de
ejecución
de
la
condena.
Encuentra
acomodo
en
el
artículo
175.
III
CPP.
3.1.
APREHENSIÓN
POR
LA
POLICÍA
En
el
marco
de
las
privaciones
de
libertad
establecidas
en
el
cumplimiento
de
esa
misión
precautelar
o
cautelar
el
legislador
hondureño
ha
distinguido
varias:
bien
de
duración
muy
breve
por
las
horas
en
que
la
persona
va
a
estar
privada
de
libertad,
distinguiendo
entre
aprehensión
o
captura
(seis
horas)
y
detención
52
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
preventiva
(24
horas),
que
son
dos
modalidades
de
privación
de
libertad
muy
breves,
así
como
la
verdadera
y
más
gravosa
medida
cautelar,
en
cuanto
supone
una
privación
mucho
mayor
de
libertad,
cual
es
la
prisión
preventiva.
Con
referencia
a
la
primera
de
ellas,
la
aprehensión
o
captura,
es
indudable
que
estadísticamente
responde
a
la
medida
policial
por
excelencia.
El
artículo
175
del
CPP
hace
referencia
precisamente
a
la
posible
adopción
de
esta
medida
por
la
Policía
Nacional
o
bien
por
la
Policía
Preventiva.
En
ambos
casos
la
autoridad
policial
materializa
la
aprehensión
o
captura
pero
con
una
clara
vocación
finalista,
que
no
es
otra
que
poner
a
la
persona
capturada
en
manos
de
la
autoridad
correspondiente
(Ministerio
Público,
juez
competente
o
Dirección
Nacional
de
Investigación
Criminal
(DNIC).
Con
la
aprehensión
o
captura
se
produce
una
privación
de
libertad
breve,
si
bien
el
sujeto
que
la
practica
va
a
condicionar
la
propia
naturaleza
de
esta
medida.
Su
régimen
jurídico,
sin
embargo,
se
desprende
no
sólo
de
este
precepto,
sino
de
cuantos
artículos
a
lo
largo
del
Código
se
refieren
a
la
investigación
penal
a
cargo
de
la
Fiscalía,
con
auxilio
de
la
Policía
Nacional
y/o
de
la
preventiva.
3.1.1.
Objeto
y
sujetos
La
aprehensión
consiste
también
aquí
en
la
privación
de
libertad
de
una
persona
por
concurrir
en
su
persona
sospechas
fundadas
de
responsabilidad
en
la
comisión
de
un
hecho
delictivo,
siendo
este
tiempo
necesariamente
breve,
debido
a
las
consecuencias
posteriores
inmediatas
derivadas
de
la
aprehensión
policial,
que
obligan
a
dar
cuenta
a
la
autoridad
fiscal
en
un
plazo
dentro
de
las
seis
horas.
En
consecuencia,
el
sujeto
activo
de
la
aprehensión
es
la
Policía,
mientras
que
el
pasivo
es
el
sujeto
que
ha
sido
sorprendido
cometiendo
el
delito
in
fraganti
(no
existe,
por
ello,
aun
causa
penal
pendiente),
o
el
que
aparece
afectado
formal
o
informalmente
a
una
causa
penal
ya
pendiente,
o
incluso
fenecida.
De
ello
debe
concluirse,
por
tanto,
que
pese
a
la
dicción
literal
del
precepto
−art.
175
del
CPP−,
en
el
que
se
hace
expresa
referencia
a
“podrá
aprehender”,
se
trata
en
realidad
de
un
verdadero
deber,
consecuencia
de
la
función
pública
que
realiza
la
policía
y
sometimiento
a
la
legalidad.
Esta
aprehensión
por
la
Policía
puede
llevarse
a
cabo
por
orden
judicial,
que
no
plantea
problema
alguno
y
es
la
consecuencia
de
actuar
como
colaborador
directo
de
los
órganos
jurisdiccionales,
o
bien
puede
igualmente
producirse
por
orden
fiscal,
como
se
deriva
de
lo
que
dispone
el
artículo
173
del
CPP,
en
su
último
párrafo,
de
manera
que
cabrá
que
sea
el
propio
Ministerio
Público
el
que
ordene
la
medida
recogida
en
el
artículo
173.1
del
CPP
«en
caso
de
urgente
necesidad
que
impida
recabar
autorización
judicial»,
lo
que
no
es
óbice
a
la
necesidad
de
comunicarlo
a
la
autoridad
judicial
de
forma
inmediata
y
exponiendo
las
razones
por
las
que
no
se
solicitó
con
carácter
previo
la
debida
autorización
judicial,
siendo
el
juez
el
que
convalidará
o
dejará
sin
efecto
lo
dispuesto
por
el
Ministerio
Público
y,
por
tanto,
validará
la
legitimidad
de
la
medida.
53
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3.1.2.
Requisitos
y
condiciones
de
la
aprehensión
policial
El
artículo
175
del
CPP
establece
los
supuestos
en
que
es
posible
la
práctica
de
la
aprehensión
y
los
principios
básicos
de
actuación
de
la
policía
en
la
ejecución
de
la
misma.
Si
son
tres
las
vías
por
las
que
se
puede
producir
esta
medida
de
aprehensión
por
la
policía
(sin
orden
judicial,
por
orden
judicial
o
por
orden
fiscal)
vamos
a
referirnos
a
aquella
que
viene
expresamente
regulada
y
desarrollada
en
la
ley
en
el
artículo
175
del
CPP
y
que
se
refiere
a
los
casos
en
que
no
ha
precedido
orden
fiscal
o
judicial.
En
los
casos
en
los
que
concurre
la
orden
del
fiscal
o
del
juez,
la
Policía
actúa
en
relación
de
dependencia
y
desarrollará
la
privación
de
libertad
precisamente
por
pendencia
de
una
causa
penal
y
por
una
apariencia
de
hecho
delictivo
existente
que
se
halla
bajo
la
persecución
penal.
3.1.2.1.
Supuestos
en
que
es
posible
legalmente
la
aprehensión
policial
La
Policía
Nacional
podrá
aprehender
a
cualquier
persona
aún
sin
orden
judicial
en
los
siguientes
casos:
1.
En
caso
de
flagrante
delito.
El
legislador
hondureño
ha
querido
determinar
qué
se
entiende
por
la
comisión
del
delito
in
fraganti,
en
cuanto
se
considera
que
hay
flagrancia
cuando:
a)
Sea
sorprendida
la
persona
cometiendo
el
delito
o
en
el
momento
de
ir
a
cometerlo
(lo
que
vulgarmente
se
denomina
«con
las
manos
en
la
masa
o
a
punto
de
meterlas
en
la
masa»).
b)
Sea
sorprendida
inmediatamente
después
de
cometido
el
delito.
Debe
tenerse
en
cuenta,
por
ello,
que
el
legislador
está
permitiendo
la
aprehensión
tanto
de
quien
acaba
de
realizar
actos
de
ejecución
o
inmediatamente
después
de
su
comisión
como
respecto
de
quien
realiza
actos
preparatorios
punibles.
Y
ello
conectaría,
por
ejemplo,
con
el
artículo
5.1,
c)
del
CEDH
que
se
refiere
a
la
detención
de
una
persona
“cuando
se
estime
necesario
para
impedirle
que
cometa
una
infracción”,
si
bien
no
se
trata
propiamente
de
una
medida
cautelar
sino
de
una
medida
de
prevención
criminal,
que
no
tiene
que
ver
con
los
restantes
supuestos
de
aprehensión.
Este
es
un
supuesto
de
inexistencia
de
causa
penal
pendiente
o
abierta,
debido
a
que
la
comisión
del
hecho
y
la
inmediatez
de
la
aprehensión
policial
es
prácticamente
instantánea,
sin
que
exista
nexo
causal
personal
alguno
en
la
práctica
de
esta
aprehensión,
es
decir,
orden
fiscal
o
judicial
para
aprehender
a
la
persona
sobre
la
que
pesan
sospechas
o
indicios
de
haber
cometido
un
hecho
delictivo
o
fuere
ya
imputada
del
mismo.
En
este
caso
los
presupuestos
materiales
que
deben
fundar
la
aprehensión
policial
son:
54
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
1)
El
presupuesto
del
fumus
se
refleja
en
la
flagrancia
en
la
comisión
del
hecho
delictivo,
teniendo
en
cuenta
que,
a
posteriori
y
previa
exigencia
del
aprehendido,
deberá
justificar
que
se
ha
obrado
en
virtud
de
motivos
racionalmente
suficientes,
evitándose
con
ello
decisiones
arbitrarias
e
irracionales.
2)
El
periculum
in
mora
comportará
el
riesgo
razonable
de
que
la
actuación
del
aprehendido
podría
impedir
la
efectividad
de
la
sentencia,
bien
fugándose,
bien
ocultando
o
destruyendo
medios
de
prueba.
2.
Cuando
la
persona
sorprendida
en
alguno
de
los
dos
supuestos
anteriores,
está
siendo
perseguida
por
la
fuerza
pública,
por
el
ofendido
o
por
otras
personas.
Tampoco
existe
en
este
caso
causa
penal
iniciada
sino
inmediatez
en
la
posible
comisión
del
hecho,
lo
que
lleva
a
la
persecución
de
la
persona
y
a
su
aprehensión
o
captura.
Y
del
mismo
modo
que
en
el
caso
anterior
no
se
produce
como
consecuencia
de
una
orden
judicial
sino
por
la
flagrancia
en
la
comisión
del
hecho
delictivo.
Es
por
ello
que
los
presupuestos
del
fumus
boni
iuris
y
el
periculum
in
mora
del
supuesto
anterior
serían
perfectamente
aplicables
al
caso
que
nos
ocupa.
3.
Cuando
existan
indicios
muy
fundados
de
haberse
cometido
un
delito
y
la
persona
aprehendida
haya
sido
sorprendida
teniendo
en
su
poder
armas,
instrumentos
o
efectos
procedentes
del
delito
o
falta,
o
presente
señales
o
vestigios
que
permitan
inferir
la
participación
del
aprehendido
en
la
infracción
cometida
o
intentada.
En
este
apartado
tercero
se
mantienen
las
coordenadas
expuestas
anteriormente
de
manera
que
aun
no
ha
comenzado
la
investigación
propiamente
dicha
y
concurren
unos
indicios
−fumus−
de
la
comisión
del
hecho
delictivo
y
elementos
que
posee
la
persona
aprehendida
y
que
permiten
inferir
la
participación
del
aprehendido
en
la
infracción
cometida
o
en
la
que
se
frustró
antes
de
cometerse
pese
a
la
intencionalidad
de
la
comisión.
Los
peligros
que
se
derivarían
en
este
caso
estarían
conectados
igualmente
con
los
expuestos
en
el
apartado
1,
a
saber,
podría
impedir
la
efectividad
de
la
sentencia,
bien
fugándose
o
bien
ocultando
o
destruyendo
pruebas.
4.
Cuando
existan
indicios
muy
fundados
de
haberse
cometido
un
delito,
de
haber
participado
en
él
la
persona
aprehendida
y
que
ésta
pueda
tratar
de
ocultarse,
fugarse
o
ausentarse
del
lugar.
Conecta
claramente
con
los
presupuestos
anteriormente
expuestos.
Se
trata
de
la
matización
específica
que
realiza
el
legislador
y
que
permite
enjugar
esta
posibilidad
de
captura
o
aprehensión
de
la
Policía
sin
necesidad
de
orden
judicial
previa.
5.
Cuando
al
iniciarse
las
investigaciones,
en
la
imposibilidad
de
distinguir
entre
las
personas
presentes
en
el
lugar,
a
los
partícipes
en
el
hecho
y
a
los
testigos,
exista
necesidad
urgente
de
impedir
que
alguna
de
ellas
se
ausente,
o
se
comuniquen
entre
sí,
así
como
evitar
que
puedan
modificar
en
cualquier
forma,
el
estado
de
las
cosas
o
el
lugar
del
delito.
Es
más
bien
una
medida
preventiva
que
cautelar,
dado
que
permite
preservar
la
situación,
garantizar
la
presencia
de
todos,
hayan
sido
partícipes
o
no
del
hecho,
siempre
que
hayan
estado
presentes
en
la
comisión
del
55
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
mismo.
La
medida
que
se
adopte
con
base
en
este
artículo
175.1,
5)
en
realidad
es
una
medida
preventiva
pero
no
es
cautelar.
Repárese
que
el
legislador
ha
querido
establecer
que
como
quiera
que
se
asume
que
no
todos
los
presentes
van
a
ser
partícipes
del
hecho
o
sospechoso
de
serlo,
se
ha
establecido
una
regla
de
actuación
para
la
Policía,
de
modo
que
una
vez
acreditada
la
ausencia
de
indicios
de
participación
respecto
de
una
o
más
de
las
personas
retenidas,
serán
éstas
dejadas
en
libertad,
una
vez
recibida
la
información
necesaria
para
la
investigación
y
dejada
constancia
de
los
datos
relativos
a
su
identidad
(art.
175.II).
6.
Cuando
se
haya
fugado
después
de
la
primera
aprehensión.
El
legislador
ha
querido
establecer
esta
posibilidad,
más
allá
de
las
anteriores
que
pueden
efectuarse
por
la
Policía
sin
orden
judicial
alguna,
y
que
se
fundamentan
en
la
existencia
de
una
fuga
de
su
situación
de
privación
de
libertad.
Esa
fuga
lo
puede
ser
referida
a
una
privación
corta
de
tiempo
(captura
o
detención)
o
bien
cuando
se
fugan
de
un
establecimiento
en
el
que
se
encuentren
en
calidad
de
detenido,
preso
o
penado,
esto
es,
privado
de
libertad
cautelarmente
o
en
cumplimiento
de
pena
privativa
de
libertad.
A
esta
posibilidad
se
refiere
el
legislador
en
el
artículo
175.III.
CPP.
En
este
caso
se
produce
un
cambio
de
la
situación
derivada
de
la
misma
pendencia
de
una
causa
penal,
sea
cual
fuere
el
estado
en
el
que
se
encontrare,
ora
itinerante
ora
fenecida,
pero
a
la
postre,
vinculada
a
la
causa
penal
referida.
Los
presupuestos
para
adoptar
esta
medida
de
aprehensión
son:
1)
El
fumus
tiene
un
mayor
reforzamiento
aquí,
dado
que
había
concurrido
con
anterioridad
la
existencia
de
elementos
de
convicción
suficientes
para
sostener
que
el
imputado
es,
con
probabilidad,
autor
o
partícipe
de
un
hecho
punible,
o
está
ya
condenado
por
prueba
de
su
culpabilidad
mediante
sentencia
y
cumpliendo
condena
por
ello.
Con
ello
se
exige,
por
un
lado,
la
concurrencia
de
elementos
de
convicción
que
excluyen
las
meras
intuiciones
personales,
y,
en
consecuencia,
exigen
un
fundamento
basado
en
la
razón
y
no
en
la
mera
intuición;
y,
en
segundo
lugar,
debe
tenerse
presente
que
se
requiere
suficiencia
de
estos
elementos
de
convicción,
no
tanto
por
cantidad
sino
por
la
calidad
de
los
mismos,
que
lleven
a
apoyar
la
posible
inculpación
del
sujeto
y,
con
ello,
a
la
aprehensión
por
la
Policía.
Y
que
el
grado
de
exigibilidad
y
de
certeza
se
alcanza
cuando
la
fuga
se
ha
producido
de
un
establecimiento
en
el
que
se
halla
cumpliendo
condena.
2)
El
periculum
se
refleja
en
la
fuga
misma,
de
manera
que
estando
sometido
a
privación
de
libertad
cautelarmente,
se
ha
fugado
del
establecimiento
en
el
que
se
hallaba.
Y
se
refiere
tanto
a
la
medida
cautelar
pendiente
el
proceso
como
a
la
medida
cautelar
post
sententiam.
Si
bien
es
cierto
que
estamos
ante
verdaderas
medidas
cautelares
que
se
hallan
directamente
vinculadas,
en
cuanto
instrumentales,
a
la
existencia
de
un
56
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
57
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
privación
de
libertad
por
tiempo
más
largo,
mediante
una
prisión
o
detención
preventiva.
Y
asimismo
que
las
conductas
de
la
policía
prohibidas
a
que
se
refiere
este
precepto
son
la
referida
a
la
imposición
(infligir
por
la
misma
policía),
la
provocación
(instigar
a
que
otros
así
actúen)
o
la
permisibilidad
(tolerar
que
efectivamente
se
lleve
a
cabo
por
otras
personas)
actos
que
vejen
al
aprehendido
o
castigos
o
tratos
crueles,
inhumanos
o
degradantes
(insultos,
ridiculizar,
coacciones
psicológicas,
burlas,
bofetones,
torturas
físicas
o
síquicas...).
La
prohibición
legal
y
constitucional
(además
de
internacionalmente)
de
estas
conductas
por
la
policía
supone
que
la
realización
de
las
mismas
está
sometida,
por
un
lado,
a
la
posible
responsabilidad
disciplinaria
y,
por
otro,
a
responsabilidad
penal.
Hay
que
estar,
a
este
respecto,
al
artículo
68
de
la
Constitución
de
la
República;
artículo
5.1
y
5.2
de
la
Convención
Americana
de
Derechos
Humanos;
artículo
101
numerales
6,
7,
8;
y
282
numeral
4
del
CPP;
artículo
32
numeral
7
de
la
Ley
Orgánica
de
la
Policía
Nacional.
Es
por
ello
que
serán
varios
los
tipos
delictivos
en
los
que
podrían
incurrir
los
funcionarios
de
la
policía,
entre
los
que
podría
destacarse
desde
delito
de
lesiones
(arts.
133
al
138
del
CP),
delitos
contra
la
libertad
individual,
detención
ilegal
(art.
333,
numeral
1,
del
CP),
privación
injusta
de
libertad
(art.
193
del
CP),
abuso
de
autoridad
y
violación
de
los
deberes
de
los
funcionarios
públicos
(art.
349,
numerales
1,
2
y
3,
del
CP),
coacciones
y
amenazas
(arts.
206
y
207
del
CP),
vejámenes
(art.
333,
numeral
3,
del
CP)
y
torturas
(arts.
209
y
209-‐A
del
CP),
entre
otros.
4.
Restricción
de
la
presentación
de
los
capturados
ante
los
medios
de
comunicación.
Si
bien
en
Honduras
se
proscribe
la
presentación
de
los
detenidos
ante
los
medios
de
comunicación
como
si
fuesen
culpables
de
uno
o
más
delitos,
ello
no
es
óbice
a
que
en
la
práctica
las
diferentes
agencias
policiales
hagan
caso
omiso
a
esta
regulación,
razón
por
la
cual
podría
acusárseles
por
los
tipos
penales
de
violación
de
los
deberes
de
funcionarios
públicos
(art.
349,
numeral
3,
del
CP)
y
vejámenes
(art.
333,
numeral
3,
del
CP).
Tal
regulación
se
encuentra
prescrita
en
el
artículo
89
de
la
Constitución
de
la
República;
artículo
2
párrafo
2
y
282
numeral
5
del
CPP.
5.
Identificación
policial.
Uno
de
los
principios
de
actuación
policial
esenciales,
manifestación
en
todos
los
sistemas
jurídicos
garantistas,
es
la
exigencia
de
identificación
de
los
integrantes
policiales
que
llevan
a
cabo
la
actividad
cautelar
de
la
aprehensión.
Así,
como
punto
de
partida
el
Agente
o
los
Agentes
deberán
identificarse
al
momento
de
la
aprehensión
como
miembros
de
la
Policía
Nacional,
y
para
ello
deberán
exhibir
su
carné
o
placa
que
los
acredite
como
tal,
en
atención
a
lo
que
señala
el
artículo
282
numeral
1
del
CPP.
6.
Información
del
motivo
de
la
privación
de
libertad
y
de
los
derechos
de
la
persona
aprehendida.
Habrá
que
informar
a
la
persona
que
es
aprehendida,
en
el
momento
de
la
aprehensión,
del
motivo
de
ésta,
de
su
derecho
a
guardar
silencio
sin
que
ello
le
perjudique
y
a
designar
un
abogado
defensor
o
que
se
le
nombre
a
través
de
la
Defensoría.
El
artículo
9.2
del
Pacto
Internacional
de
los
derechos
civiles
y
políticos
también
lo
reflejaba
entre
sus
principios
programáticos,
58
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
59
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
60
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
No
se
exigirá
la
autorización
señalada
en
aquellos
supuestos
en
que
se
trate
de
entrar
en
establecimientos
públicos,
negocios,
comercios,
centros
de
reunión
o
de
recreo
y,
en
general,
en
cualquier
lugar
urbano
o
rural
que
no
sirva
de
casa
de
habitación,
residencia
o
domicilio
de
una
persona.
9.
Entrega
de
la
persona
aprehendida.
El
artículo
175
del
CPP
en
su
último
párrafo
determina
claramente
el
fin
de
esta
privación
de
libertad.
Es
un
instrumento
para
garantizar
una
posible
causa
penal
que
empezará,
ya
ha
empezado
o
ha
acabado.
Y
esa
garantía
que
se
exige
en
este
caso
a
la
hora
de
la
privación
de
libertad
es
que
la
Policía,
sea
nacional
o
sea
preventiva,
debe
cumplir
con
el
mandato
legal
de
entrega
a
la
autoridad
de
la
persona
aprehendida.
Es
por
ello
que
el
legislador
ha
establecido
claramente
su
actuación:
«la
autoridad
policial
que
la
haya
practicado
o
a
la
que
le
haya
sido
entregada
la
persona
sorprendida
infraganti,
dará
cuenta
del
hecho
al
Ministerio
Público
y
al
juez
competente.
Si
la
captura
la
realiza
la
Policía
Preventiva,
deberá
poner
a
la
persona
aprehendida,
de
manera
inmediata,
a
la
orden
de
la
Dirección
Nacional
de
Investigación
Criminal
(DNIC),
así
como
los
instrumentos,
efectos
del
delito
y
las
piezas
de
convicción
si
las
hubiere».
10.
Registrar
el
lugar,
día
y
hora
de
la
aprehensión.
Parece
razonable
que
la
Policía
deje
efectivamente
consignado,
en
un
registro
inalterable,
el
lugar,
el
día
y
la
hora
de
la
aprehensión,
máxime
cuando
en
la
ley
se
establece
un
plazo
máximo
de
duración
de
la
misma,
y
es
un
mecanismo
de
control
de
ésta.
Se
trata
de
una
garantía
formal,
consistente
en
la
constatación
por
quienes
llevan
a
cabo
la
privación
cautelar
de
una
persona,
de
los
elementos
temporales
y
espaciales
de
realización
del
mismo:
lugar
en
que
se
practicó
la
aprehensión,
así
como
el
día
y
la
hora
en
que
la
misma
se
ejecutó.
Estos
elementos
dan
constancia
del
cumplimiento
efectivo
de
las
coordenadas
espacio-‐temporales
de
la
privación
de
libertad,
y
son,
en
suma,
garantías
formales
del
debido
cumplimiento
de
los
requisitos
y
motivaciones
que
la
ley
ampara
para
poder
llevar
a
efecto
una
medida
cautelar
personal.
11.
Consecuencias
del
incumplimiento
de
los
principios
establecidos
en
este
precepto.
La
inobservancia
de
estos
principios
de
actuación
de
la
Policía
dará
lugar
a
la
correspondiente
responsabilidad
administrativa
que
corresponda,
amén
de
poder
incurrir
en
responsabilidad
penal.
3.2.
APREHENSIÓN
POR
PARTICULARES
El
legislador
hondureño
acoge
esta
posibilidad
cuando
en
el
artículo
84
de
la
CH,
en
relación
con
el
articulo
175
numeral
2
del
CPP,
considera
que
cuando
se
trata
de
supuestos
de
flagrante
delito
es
posible
que
la
aprehensión
pueda
hacerse
por
cualquier
persona,
permitiendo
incluso
que
se
puedan
adoptar
las
medidas
necesarias
para
evitar
que
el
delito
produzca
consecuencias.
Primero.
Habrá
que
tener
en
cuenta
que
se
trata
de
una
facultad
de
los
particulares,
frente
al
deber
que
tienen
las
autoridades
policiales
de
dar
debido
61
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
62
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
VI
Detención
preventiva
En
el
índice
de
gradación
respecto
de
gravedad
de
la
intromisión
en
la
esfera
jurídica
personal
a
través
de
una
medida
cautelar,
más
allá
de
la
privación
de
unas
horas,
como
era
el
supuesto
de
la
aprehensión
o
captura,
es
posible
hacer
referencia
a
la
detención
preventiva,
que
se
encuentra
regulada
expresamente
en
el
artículo
176
del
CPP16
y
complementada
por
lo
que
dispone
el
artículo
177
del
CPP.
Se
adopta
fundamentalmente
por
orden
del
fiscal;
puede
decirse
que
es
la
vía
que
se
asume
con
carácter
general,
si
bien
excepcionalmente
la
Policía
Nacional
podrá
ordenar
o
practicar
la
detención
preventiva
de
persona
en
los
supuestos
de
los
artículos
279,
281
y
282
del
CPP
(casos
de
urgencia
o
necesidad
inminente).
Y
evidentemente,
puede
ordenarse
la
detención
preventiva
por
el
juez.
Se
regula
en
los
artículos
176
y
177
del
CPP
−fiscal−
y
esencialmente
en
lo
que
dispone
el
artículo
282
del
CPP
cuando
interviene
la
Policía
Nacional.
Ahora
bien,
debe
observarse,
a
este
respecto,
que
la
aprehensión
o
captura
es
en
teoría
exclusiva
del
órgano
jurisdiccional
y
excepcionalmente
la
policía
nacional
podrá
aprehender
a
una
persona
sin
orden
judicial
bajo
los
parámetros
del
artículo
175
del
CPP.
Bajo
esa
premisa
y
del
análisis
del
artículo
176
del
CPP
de
la
detención
preventiva,
debe
considerarse
que
esta
medida
cautelar
debe
ser
emitida
u
ordenada
por
el
Ministerio
Publico.
Y
si
bien
en
el
párrafo
final
del
mismo
artículo
parece
que
se
faculta
para
ordenar
la
detención
preventiva
a
la
Dirección
Nacional
de
Investigación
Criminal
y
supletoriamente
a
la
Policía
Nacional
Preventiva,
a
nuestro
parecer,
se
trata
de
una
mala
redacción
o
una
mala
técnica
legislativa,
la
cual
no
está
en
consonancia
con
el
espíritu
del
legislador,
ya
que
no
se
establece
en
nuestro
ordenamiento
jurídico
facultad
alguna
a
la
Dirección
Nacional
de
Investigación
Criminal
y
a
la
Policía
Nacional
Preventiva
para
emitir
resoluciones
jurídicas
de
este
tipo.
Pareciera
un
error
que
así
se
mantuviera.
Podemos
afirmar
que
es,
por
excelencia,
una
medida
cautelar
en
la
que
asume
el
protagonismo
el
Ministerio
Público
y
se
encuadra
en
la
posible
actividad
que
desempeña
la
fiscalía
en
el
ejercicio
de
la
investigación
de
los
delitos
y
la
promoción
de
la
acción
penal
pública.
Todo
ello,
sin
olvidar
que
esta
medida
obedece
a
fines
procesales,
directos
o
reflejos.
1.
Supuestos
16.
Este
precepto
ha
sido
afectado
por
la
reforma
introducida
en
el
Código
Procesal
Penal
por
Decreto
No.
74-‐2013,
de
8
de
mayo
de
2013,
y
publicado
en
el
Diario
Oficial
La
Gaceta
No.
33.301
de
fecha
11
de
diciembre
de
2013.
63
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
64
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
17.
Este
precepto
reza:
«El
allanamiento
de
una
morada,
casa
o
lugar
en
que
viva
una
persona,
sólo
podrá
efectuarse
previa
orden
escrita
del
órgano
jurisdiccional
competente.
Lo
dispuesto
en
el
párrafo
anterior
no
será
aplicable
en
caso
de
flagrancia
o
cuando
la
medida
sea
necesaria
para
impedir
la
comisión
de
un
delito,
para
evitar
la
fuga
de
un
delincuente
o
la
destrucción,
pérdida
u
ocultamiento
de
las
pruebas
o
evidencias
con
miras
a
lograr
la
impunidad
de
los
responsables
y
no
sea
posible
esperar
el
tiempo
necesario
para
solicitar
la
autorización.
En
estos
casos,
el
Ministerio
Público,
una
vez
practicado
el
allanamiento
lo
pondrá
inmediatamente
en
conocimiento
del
Juez
competente,
al
que
explicará
las
razones
que
lo
determinaron.
El
Juez,
por
autor
motivado,
convalidará
o
anulará,
total
o
parcialmente,
lo
actuado.
En
lo
demás
se
estará
a
lo
dispuesto
por
el
artículo
99
de
la
Constitución
de
la
República.
Quedarán
comprendidos
dentro
de
lo
dispuesto
en
el
párrafo
anterior,
los
casos
siguientes:
1. Cuando
exista
noticia
fundada
de
que
una
persona
extraña
a
las
que
habitan
una
morada,
casa,
lugar
en
que
viva
una
persona,
fue
vista
en
el
momento
en
que
se
introducía
a
esta
en
circunstancias
inusuales;
65
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
2. Cuando
la
persona
que
es
perseguida
para
su
captura,
entra
a
una
casa
habitada,
sea
propia
o
ajena;
3. Cuando
de
una
morada
se
oyen
voces
o
gritos
de
alarma
que
pongan
de
manifiesto
que
se
está
cometiendo
un
delito
o
que
alguien
solicita
auxilio;
y,
4. Cuando
el
allanamiento
se
haga
necesario
por
causa
de
incendio,
terremoto,
inundación,
epidemia
u
otro
peligro
semejante.»
66
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
67
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
68
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
69
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
VII
Estatuto
jurídico
del
privado
de
libertad
cautelarmente
en
Honduras.
Especial
referencia
al
Hábeas
Corpus
La
primera
cuestión
que
debemos
plantearnos
es
si
efectivamente
existe
en
Honduras
un
estatuto
jurídico
del
privado
de
libertad.
Quizás
como
premisa
en
el
tratamiento
de
estas
personas
privadas
de
libertad
(aprehendida,
capturada
o
detenida,
bajo
los
presupuestos
legalmente
establecidos)
deberá
tenerse
en
cuenta
que
tras
la
privación
debe
o
bien
ponérsele
en
libertad
o
bien
entregar
la
persona
a
la
autoridad
correspondiente.
Ahora
bien,
no
existe
de
forma
explícita
en
el
ordenamiento
jurídico
hondureño
lo
que
en
otros
países
ha
venido
denominándose
como
régimen
jurídico
del
estatuto
del
privado
brevemente
de
libertad.
Ello
no
es
óbice
a
que,
aun
cuando
sin
dicho
nombre,
la
existencia
de
normas
que
regulan,
establecen
y
limitan
los
derechos
fundamentales,
y
especialmente
el
derecho
a
la
libertad,
y
algunos
otros
derechos
fundamentales,
como
la
Constitución,
la
ley
de
justicia
constitucional,
los
textos
internacionales
refrendados
por
Honduras
y
el
propio
del
CPP,
permiten
sostener
sin
género
de
dudas
que
concurren
una
serie
de
garantías
procesales
que
pueden
conformar
la
existencia
de
una
verdadero
estatuto
jurídico.
El
respeto
a
estas
garantías
y
en
general
al
estatuto
jurídico
del
privado
de
libertad
queda
protegido
por
la
posible
responsabilidad
en
la
que
pueden
incurrir
aquellos
que
infringen
o
violan
estas
normas
que
conforman
el
estatuto
jurídico
del
privado
de
libertad.
1.
Garantías
procesales
del
privado
de
libertad
en
Honduras
El
punto
de
partida
para
la
delimitación
de
estas
garantías
se
encuentra
en
los
principios
conformadores
de
la
Constitución
hondureña,
a
saber:
1.
El
derecho
a
la
libertad.
La
libertad
de
la
persona
es
inviolable
y
solo
con
arreglo
a
las
leyes
podrá
ser
restringida
o
suspendida
temporalmente
(art.
69
de
la
CH).
2.
Ninguna
persona
puede
ser
detenida
ni
incomunicada
por
más
de
veinticuatro
(24)
horas,
posteriores
a
su
detención,
sin
ser
puesta
en
libertad
o
a
la
orden
de
autoridad
competente
para
iniciar
su
proceso
de
juzgamiento.
Excepcionalmente
este
plazo
lo
extenderá
la
autoridad
competente
hasta
cuarenta
y
ocho
(48)
horas,
cuando
se
trate
de
delitos
de
investigación
compleja,
a
causa
de
70
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
la
multiplicidad
de
los
hechos
relacionados,
dificultad
en
la
obtención
de
pruebas
o
por
el
elevado
número
de
imputados
o
víctimas.
La
medida
de
excepcionalidad
debe
ser
desarrollada
en
el
código
procesal
penal
(art.
71.I
y
II
de
la
CH).
3.
La
detención
judicial
para
inquirir
no
podrá
exceder
de
seis
días
contados
desde
el
momento
en
que
se
produzca
la
misma
(art.
71.III
de
la
CH).
4.
El
derecho
de
defensa
es
inviolable.
Los
habitantes
de
la
República
tienen
libre
acceso
a
los
tribunales
para
ejercitar
sus
acciones
en
la
forma
que
señalan
las
leyes
(art.
82
de
la
CH).
5.
Nadie
podrá
ser
arrestado
o
detenido
sino
en
virtud
de
mandato
escrito
de
autoridad
competente,
expedido
con
las
formalidades
legales
y
por
motivo
previamente
establecido
en
la
Ley.
No
obstante,
el
delincuente
in
fraganti
puede
ser
aprehendido
por
cualquier
persona
para
el
único
efecto
de
entregarlo
a
la
autoridad.
El
arrestado
o
detenido
debe
ser
informado
en
el
acto
y
con
toda
claridad
de
sus
derechos
y
de
los
hechos
que
se
le
imputan,
y
además
la
autoridad
debe
permitirle
comunicar
su
detención
a
un
pariente
o
persona
de
su
elección
(art.
84
de
la
CH).
6.
Ninguna
persona
puede
ser
detenida
o
presa
sino
en
los
lugares
que
determine
la
ley
(art.
85
de
la
CH).
7.
Toda
persona
sometida
a
juicio,
que
se
encuentre
detenida,
tiene
derecho
a
permanecer
separada
de
quienes
hubieren
sido
condenados
por
sentencia
judicial
(art.
86
de
la
CH).
8.
No
se
ejercerá
violencia
ni
coacción
de
ninguna
clase
sobre
las
personas
para
forzarlas
a
declarar.
Nadie
puede
ser
obligado
en
asunto
penal,
disciplinario
o
de
policía,
a
declarar
contra
sí
mismo,
contra
su
cónyuge
o
compañero
de
hogar,
no
contra
sus
parientes
dentro
del
cuarto
grado
de
consanguinidad
o
segundo
de
afinidad
(art.
88
de
la
CH).
9.
Toda
persona
es
inocente
mientras
no
se
haya
declarado
su
responsabilidad
por
autoridad
competente
(art.
89
de
la
CH).
10.
Nadie
puede
ser
juzgado
sino
por
juez
o
tribunal
competente
con
las
formalidades,
derechos
y
garantías
que
la
Ley
establece
(art.
90
de
la
CH).
11.
Solo
podrá
decretarse
auto
de
formal
procesamiento,
cuando
exista
evidencia
probatoria
de
la
existencia
de
un
delito
e
indicios
racionales
de
que
el
imputado
es
autor
o
cómplice.
En
la
misma
forma
se
hará
la
declaratoria
de
reo
(art.
92
de
la
CH).
71
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
12.
Aun
con
auto
de
prisión,
ninguna
persona
puede
ser
llevada
a
la
cárcel
ni
detenida
en
ella,
si
otorga
caución
suficiente
de
conformidad
con
la
ley
(art.
93
de
la
CH).
13.
A
nadie
se
impondrá
pena
alguna
sin
haber
sido
oído
y
vencido
en
juicio,
y
sin
que
le
haya
sido
impuesta
por
resolución
ejecutoriada
de
Juez
o
autoridad
competente.
En
los
casos
de
apremio
y
otras
medidas
de
igual
naturaleza
en
materia
civil
o
laboral,
así
como
en
los
de
multa
o
arresto
en
materia
de
policía,
siempre
deberá
ser
oído
el
afectado
(art.
94).
14.
Ninguna
persona
podrá
ser
detenida,
arrestada
o
presa
por
obligaciones
que
no
provengan
de
delito
o
falta
(art.
98).
15.
El
domicilio
es
inviolable.
Ningún
ingreso
o
registro
podrá
verificarse
sin
el
consentimiento
de
la
persona
que
lo
habita
o
resolución
de
autoridad
competente.
No
obstante,
puede
ser
allanado,
en
caso
de
urgencia,
para
impedir
la
comisión
o
impunidad
de
delitos
o
evitar
daños
graves
a
la
persona
o
a
la
propiedad
(art.
99).
2.
Estatuto
propio.
Significado
y
contenido
Expuestos
estos
derechos
fundamentales
que
conforman
el
marco
constitucional
esencial
de
la
privación
de
libertad
en
Honduras
hay
que
concluir,
por
un
lado,
que
encontramos
el
reconocimiento
de
derechos
de
quien
es
privado
de
libertad
en
el
momento
de
efectuarse
la
aprehensión,
captura
o
detención
preventiva,
así
como
durante
el
transcurso
del
tiempo
en
que
ésta
dura,
y,
en
segundo
lugar,
que
su
contenido
se
halla
claramente
inspirado
en
los
preceptos
constitucionales
y
de
los
textos
internacionales.
Desde
esta
premisa
es
posible
establecer
los
elementos
que
conforman
el
estatuto
jurídico
del
privado
de
libertad
cautelarmente,
que
son:
1.
Derecho
a
ser
informado
de
las
razones
motivadoras
de
su
privación
de
libertad
así
como
de
todos
los
derechos
que
le
asisten
(art.
101
y
282
del
CPP).
2.
Derecho
a
la
asistencia
gratuita
de
un
intérprete,
si
desconoce
la
lengua,
es
sordomudo
y
no
puede
darse
a
entender
por
escrito
(art.
101.9).
3.
Derecho
a
que
se
comunique
su
aprehensión,
captura
y
detención
a
un
pariente
o
persona
de
su
elección
(arts.
101
y
282
del
CPP).
4.
Derecho
a
ser
reconocido
por
un
médico
(art.
282.6).
5.
Derecho
a
la
asistencia
de
abogado
(derecho
irrenunciable,
art.
15.III):
manifestación
del
derecho
de
defensa
(art.
14,
15,
101.3
y
282
del
CPP).
Y,
en
concreto,
para
delimitar
el
contenido
propio
de
este
derecho
de
defensa
podemos
considerar
que
en
el
mismo
se
incluyen:
72
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
73
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
74
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
libertad
personal
ante
las
posibles
arbitrariedades
de
los
agentes
del
poder
público.
Es
especialmente
significativo
observar
que,
si
bien
en
el
artículo
5.4
del
Convenio
Europeo
de
Derechos
Humanos
se
preveía
el
habeas
corpus,
cierto
es
que
en
Europa
tan
sólo
Inglaterra
y
España
lo
han
desarrollado
en
sus
legislaciones.
3.1.2.
Características
El
proceso
de
hábeas
corpus
debe
configurarse
sobre
la
base
de
unos
principios
que
permitan
con
agilidad
y
flexibilidad
otorgar
la
tutela
pretendida
al
ciudadano.
Se
trata,
por
ello,
de
que
el
control
judicial
de
la
privación
de
la
libertad
se
efectúe
de
manera
que
ofrezca
una
pronta
respuesta
a
la
tutela
pretendida,
sea
ésta
en
términos
positivos
o
negativos.
De
ahí
que
las
características
de
este
proceso
deben
ser:
1)
Agilidad,
en
cuanto
procedimiento
extraordinariamente
rápido
que
garantice
el
ejercicio
de
la
pretensión
de
amparo.
De
ahí
que
el
artículo
25
de
la
Ley
de
justicia
constitucional18
regule
la
prioridad
en
la
sustanciación
de
la
acción,
como
dispone
el
mismo
artículo
4.3
de
la
Ley
de
justicia
constitucional.
2)
Sencillez
y
carencia
de
formalismos.
Si
la
pretensión
de
esta
institución
no
es
otra
que
poner
de
manifiesto
la
posible
situación
indebida
o
ilegal
de
una
persona
privada
o
limitada
de
su
derecho
a
la
libertad,
no
puede
configurarse
un
instrumento
complejo,
lento,
lleno
de
formalismos
y
rebuscado,
sino
que
debe
tratarse
de
un
cauce
sencillo,
ágil,
de
fácil
comprensión
y
carente
de
formalismos.
3)
Generalidad.
Esta
nota
se
predica
esencialmente
respecto
de
los
sujetos,
en
cuanto
pueden
plantear
la
demanda
de
habeas
corpus
tanto
la
persona
privada
o
limitada
de
libertad
como
cualquiera
a
su
nombre;
y,
en
segundo
lugar,
esa
idea
de
generalidad
debe
también
proyectarse
en
relación
con
los
sujetos
que
llevan
a
cabo
la
limitación,
restricción
o
privación
de
libertad,
de
manera
que
ningún
particular
o
agente
de
la
autoridad
pueda
sustraerse
al
control
judicial
de
la
legalidad
de
la
detención
de
las
personas.
De
lo
contrario
se
estaría
vulnerando
las
garantías
constitucionales
desde
criterios
privilegiados
claramente
rechazables.
4)
Universalidad.
En
principio
debemos
entender
que
a
través
de
esta
acción
es
posible
plantear
cualquier
privación
o
limitación
de
la
libertad,
venga
o
no
vinculada
a
la
existencia
de
una
causa
penal,
aun
cuando
sea
especialmente
en
el
ámbito
penal
desde
donde
más
posibilidades
existen.
18.
Este
precepto
se
intitula
«De
la
prioridad
en
la
substanciación
de
la
acción
de
hábeas
corpus»
y
reza
del
modo
siguiente:
«La
substanciación
de
la
acción
de
hábeas
corpus
se
hará
sin
pérdida
de
tiempo,
por
lo
que
el
respectivo
órgano
jurisdiccional
pospondrá
cualquier
asunto
de
distinta
naturaleza
de
que
estuviere
conociendo.
Adoptará
sin
tardanza,
asimismo,
las
medidas
necesarias
para
la
averiguación
del
caso
y
para
proteger
la
libertad
o
la
seguridad
del
detenido
o
preso.
En
caso
contrario,
se
le
juzgará
como
coautor
de
la
detención,
vejación
o
agravio.»
75
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
5)
Gratuito.
Hay
que
entender
que
queda
libre
de
costas,
como
dispone
el
artículo
16
de
la
Ley
de
justicia
constitucional.
En
conclusión,
estamos
ante
un
verdadero
proceso,
diferente
del
proceso
penal
en
el
que
o
en
relación
con
el
que
se
ha
efectuado
la
privación
de
libertad,
con
naturaleza
constitucional,
referida
expresamente
a
la
incidencia
en
el
derecho
fundamental
a
la
libertad,
con
naturaleza
de
control
de
este
derecho
por
su
carácter
de
amparo
constitucional.
3.2.
ELEMENTOS
SUBJETIVOS
La
aplicabilidad
de
esta
institución
necesita
de
una
debida
configuración
de
los
sujetos
que
pueden
intervenir
en
la
misma,
refiriéndonos
tanto
al
órgano
competente
para
resolver
esta
petición
como
a
los
sujetos
legitimados
en
este
proceso.
Así,
por
un
lado,
se
determina
en
el
artículo
17
de
la
Ley
de
Justicia
constitucional,
que
todos
los
titulares
de
los
órganos
jurisdiccionales,
en
el
ejercicio
de
sus
respectivas
jurisdicciones
y
competencias,
serán
competentes
para
conocer
de
esta
acción
de
hábeas
corpus.
Y
de
hecho
el
artículo
18
establece
que
el
conocimiento
de
la
misma
no
es
rechazable,
de
manera
que
se
reconoce
la
obligación
ineludible
de
proceder
de
inmediato
para
hacer
cesar
la
violación
a
la
libertad
o
seguridad
personal,
pudiendo
los
titulares
de
los
órganos
jurisdiccionales
que
dejaren
de
admitir
esta
acción,
en
responsabilidad
penal
y
administrativa.
Y
en
cuanto
a
quién
o
quiénes
son
las
personas
que
pueden
plantear
esta
pretensión
de
control
judicial
de
la
privación
de
libertad
debe
entenderse
que
por
ese
carácter
de
«generalidad»
a
que
antes
nos
referíamos,
puede
plantearse
por
la
misma
persona
que
sufre
o
ha
sufrido
la
privación
de
libertad
así
como
por
cualquier
otra
persona
que
no
sea
la
víctima
de
aquélla
−sea
o
no
pariente−
(art.
19
de
la
LJC)
o
bien
incluso
es
posible
el
control
de
oficio
en
aquellos
casos
en
que
se
tenga
conocimiento
de
la
posible
privación
de
libertad
ilegal.
Hay
que
entender
que
el
ejercicio
de
esta
acción
puede
llevarse
a
cabo
por
hondureño
o
no
hondureño,
esto
es,
puede
ejercitarse
por
persona
extranjera
que
se
encontrare
en
la
misma
situación
de
limitación
o
violación
del
derecho
a
la
libertad.
3.3.
PROCEDIMIENTO
La
Ley
de
Justicia
constitucional
viene
a
establecer
las
líneas
generales
que
deberemos
considerar
a
efectos
del
desarrollo
del
procedimiento
de
hábeas
corpus:
1.
Inicio
del
procedimiento.
Este
podrá
llevarse
a
cabo
de
oficio
o
a
petición
de
cualquier
persona
sea
o
no
el
supuesto
ofendido
(art.
19
y
20
de
la
LJC).
Así,
se
iniciará
de
oficio
cuando
«el
órgano
jurisdiccional
tenga
noticias
de
que
una
persona
se
encuentra
ilegalmente
presa,
detenida
o
cohibida
de
cualquier
modo
en
el
goce
de
su
libertad
personal,
o
cuando
en
su
detención
o
prisión
legal
se
le
estén
aplicando
76
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
77
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
78
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
79
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
80
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
VIII
Prisión
preventiva
La
prisión
preventiva
es
la
medida
cautelar
personal
más
gravosa
del
ordenamiento
jurídico,
por
suponer
una
privación
de
libertad
del
sujeto
que
la
padece,
siendo
su
función
la
de
evitar
el
riesgo
de
fuga
del
imputado
y
con
él,
la
efectividad
del
desarrollo
del
proceso
y
la
ejecución
de
la
sentencia.
Y,
a
pesar
de
esta
afirmación,
los
legisladores
han
utilizado
en
muchos
momentos
históricos
esta
institución
con
fines
diversos
de
los
estrictamente
cautelares,
convirtiendo
a
la
misma
en
una
medida
de
aseguramiento,
de
prevención,
ya
sea
general
o
ya
especial.
En
todo
caso,
de
una
cuestión
previa
se
debe
partir:
en
la
adopción
de
las
medidas
cautelares
personales
se
hace
necesaria
una
ponderación
de
los
intereses
en
juego,
que
son
el
derecho
a
la
libertad
de
todo
ciudadano
y
a
su
presunción
de
inocencia,
constitucionalmente
reconocidos,
y
el
derecho
de
la
sociedad
a
mantener
el
orden
y
la
seguridad
para
la
convivencia
pacífica,
convirtiéndose
así
en
lo
que
PISAPIA
definía
como
el
termómetro
que
mide
la
ideología
de
cada
período
histórico,
según
el
cual
uno
u
otro
de
los
derechos
delimitados
(con
preferencia
en
el
interés
individual
del
imputado
o
en
los
derechos
de
la
sociedad)
ha
tenido
primacía,
de
ahí
que
las
restricciones
a
los
derechos
constitucionales
reconocidos
de
libertad
y
de
proceso
con
todas
las
garantías
así
como
a
la
presunción
de
inocencia,
deben
ser
excepcionales
y,
en
todo
caso,
condicionadas
a
la
justificación
de
las
mismas.
Si
la
libertad
del
ciudadano
es
derecho
universalmente
reconocido,
y
si
mundialmente
se
establece
que
existen
supuestos
en
que
será
posible
la
limitación
o
restricción
de
la
libertad,
estos
supuestos
deberán
estar
preestablecidos
al
momento
en
que
se
pretenda
su
limitación,
restricción
o
privación,
de
modo
que
la
misma
debe:
1)
estar
predeterminada
por
ley;
2)
estar
justificada
en
la
ley
el
fin
de
la
privación;
3)
estar
predeterminados
legalmente
los
presupuestos,
condiciones
y
elementos
necesarios
que
deben
concurrir
para
que
pueda
producirse
la
citada
privación.
En
consecuencia,
y
dado
que
la
prisión
preventiva
es
la
medida
cautelar
de
mayor
efectividad
para
el
cumplimiento
de
los
fines
del
proceso,
además
de
ser
la
más
gravosa
de
todas
ellas,
y
dada
la
incidencia
en
la
libertad
del
sujeto
que
la
padece
y
en
su
derecho
a
la
presunción
de
inocencia,
se
exige
que
deba
fundarse
en
la
legalidad
y
en
la
regularidad.
Es
por
ello
necesario
que
desde
el
derecho
interno
se
establezcan
los
elementos
configuradores
para
su
adopción:
presupuestos
de
adopción
y
de
mantenimiento,
límites,
fines,
sujetos,
procedimiento,
efectos,
etc.
Para
el
desarrollo
y
concreción
de
todos
estos
elementos
en
Honduras,
hay
que
estar
a
su
regulación
en
el
Código
Procesal
Penal,
que
ha
dedicado
un
importante
81
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
82
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
19.
Fue
uno
de
los
autores
del
denominado
pensamiento
psiquiátrico-‐fenomenológico.
Nació
en
1881
y
falleció
en
1966,
médico,
psiquiatra,
doctorado
con
Jung,
y
estrechó
grandes
lazos
de
amistad
con
Freud,
siendo
director
del
Sanatorio
de
Kreuzlingen,
lo
que
le
ofreció
elementos
suficientes
para
posicionarse
en
torno
a
estas
cuestiones
que
afectan
a
los
privados
de
libertad,
sea
en
internamientos
psiquiátricos
o
sea
en
cárceles.
20.
DÜNKEL,
F.,
«Alternativen
zur
Freiheisstrafre
im
europäischen
Vergleich»,
en
la
obra
de
Ortner,
H.
(hersausgeber),
Freiheit
statt
Strafe,
2,
Tübingen,
1986,
págs.
147
y
ss.
21.
Especialmente
importante
fue
la
obra
de
Antonio
BERISTAIN
en
general,
destacando,
entre
otras,
Cárceles
de
mañana.
Reforma
penitenciaria
en
el
tercer
milenio,
Instituto
Vasco
de
Criminología,
San
Sebastián,
1996,
180
págs.
(compilador).
83
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Procesal
Penal,
aun
cuando
las
reformas
posteriores,
y
especialmente
las
últimas
de
2013
al
CPP,
han
introducido
matices
a
la
regulación
de
la
prisión
preventiva
que
van
a
afectar
a
algunos
de
los
postulados
iniciales
y
esenciales
en
un
modelo
garantista,
en
cuanto
convierten
la
prisión
preventiva
en
la
primera
y
esencial
de
las
medidas
cautelares
y
las
sustitutivas
como
algo
que
no
se
desconoce
pero
se
va
convirtiendo
en
la
práctica
en
residual.
Esta
evolución
es
altamente
peligrosa
al
invertir
un
modelo
garantista
en
un
modelo
represivo
o
si
se
quiere
con
predominio
de
la
seguridad
sobre
la
libertad.
1.
Características
La
configuración
de
esta
medida
en
el
marco
del
proceso
penal
debe
ofrecernos
las
notas
que
sirvan
para
diferenciar
la
misma
de
otras
instituciones
que
pueden
ser
no
procesales,
o
procesales
pero
no
cautelares.
No
en
vano,
y
como
apuntábamos
supra,
ha
sido
una
medida
“política”
o
si
se
quiere,
una
medida
que
ha
sido
empleada
como
arma
a
favor
de
la
seguridad
y
el
control
y,
por
ende,
en
aminoración
de
las
libertades.
Es
por
ello
que,
antes
de
pasar
a
analizar
su
régimen
jurídico
propio
y
los
presupuestos
legalmente
establecidos,
vamos
a
determinar
las
características
que
se
predican
de
la
misma,
que
son:
1.1.
MEDIDA
CAUTELAR
La
calificación
de
la
misma
como
medida
cautelar
nos
lleva
a
atribuirle
las
siguientes
notas
definitorias
de
la
misma:
1.
La
instrumentalidad,
pues
su
adopción
depende
de
la
concurrencia
de
una
posible
imputación.
En
consecuencia,
su
finalidad
no
es
otra
que
garantizar
la
persona
del
imputado
en
la
tramitación
del
proceso
y
en
el
eficaz
desarrollo
de
la
ejecución.
Obviamente
en
este
caso
es
necesario
que
exista
imputación
de
la
persona
a
la
que
se
somete
a
este
régimen
cautelar.
2.
La
provisionalidad
y
variabilidad,
en
cuanto
se
trata
de
una
decisión
que
puede
ser
revisada
en
cualquier
momento
del
procedimiento,
y
de
hecho
los
presupuestos
que
concurren
para
justificar
los
riesgos
que
comporta
el
esperar
el
juicio
en
libertad
pueden
no
ser
suficientes
para
mantener
la
prisión
preventiva,
de
modo
que
los
elementos
condicionantes
de
su
existencia
pueden
quedar
desdibujados
e
incluso
desaparecer
o
acentuarse
con
el
paso
del
tiempo.
3.
Temporalidad,
dado
que
su
duración
viene
condicionada
al
cumplimiento
de
unos
plazos
o
a
la
desaparición
de
la
concurrencia
de
los
presupuestos
que
la
fundamentaron
en
su
inicial
decisión.
Cierto
es
que
la
naturaleza
cautelar
choca
con
la
configuración
de
unos
plazos,
en
cuanto
la
función
garantista
debería
poder
cumplirse
en
tanto
en
cuanto
fuere
necesario
por
el
mantenimiento
de
los
presupuestos
que
la
condicionaron,
si
bien
la
duración
excesiva
de
la
prisión
preventiva
ha
motivado
una
constante
protesta
en
el
mundo
internacional,
en
los
84
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
sectores
de
protección
de
los
derechos
humanos,
que
ha
provocado
una
exigencia
de
limitación
temporal
de
la
misma.
Y
es,
por
esta
razón,
que
los
Estados
han
configurado
plazos
en
la
duración
de
la
prisión
provisional,
más
o
menos
largos,
pero
a
la
postre
referidos
a
diversos
criterios
legales.
Y
en
este
sentido
se
ha
pronunciado
también
el
legislador
hondureño
en
el
artículo
181
del
CPP.
4.
Jurisdiccionalidad,
ya
que
se
trata
de
una
medida
cautelar
que
tan
sólo
puede
ser
adoptada
por
el
juez,
lo
que
no
excluye
en
absoluto
la
petición
de
la
medida
por
las
partes
acusadoras22.
1.2.
MEDIDA
CAUTELAR
PERSONAL
Esta
medida
incide
sobre
la
persona
que
la
padece.
En
tal
sentido
la
incidencia
de
esta
medida
se
efectúa
en
determinados
derechos
de
la
persona,
fundamentalmente
el
derecho
a
la
libertad,
y
el
principio
de
presunción
de
inocencia,
ambos
expresamente
contemplados
en
la
Constitución
y
en
el
capítulo
I
del
Libro
I
del
Código.
1.3.
MEDIDA
CAUTELAR
EXCEPCIONAL
Se
trata
de
una
medida
excepcional,
frente
a
la
situación
normal
de
esperar
el
juicio
en
estado
de
libertad,
o
en
su
caso
mediante
la
restricción
de
la
libertad
en
cualquiera
de
sus
manifestaciones
que
no
comporte
la
privación
de
la
misma.
Queda
reflejado
en
el
articulado
del
Código
esta
característica
de
la
medida
de
prisión
preventiva
en
cuanto,
por
un
lado,
se
ha
querido
regular
de
forma
minuciosa
cuándo
y
cómo
adoptarla,
mediante
la
configuración
de
los
presupuestos
que
la
avalan,
y,
por
otro,
se
ha
querido
igualmente
regular
los
supuestos
de
prohibición
de
la
prisión
preventiva
(art.
182
del
CPP),
los
casos
en
que
no
podrá
decretarse
la
misma
(art.
183
del
CPP)
y
los
supuestos
que
permiten
y
abogan
por
la
sustitución
de
la
prisión
preventiva
por
una
medida
de
menor
gravedad,
con
las
excepciones
incorporadas
en
todo
caso
(art.
184
del
CPP)23.
2.
Finalidad
y
presupuestos
La
tarea
del
legislador
en
la
conformación
de
la
prisión
preventiva
es
esencial,
y
ello
por
cuanto
para
entender
constitucionalmente
válida
esta
institución,
en
cuanto
privadora
de
un
derecho
fundamental
−el
de
la
libertad−
se
necesita
el
22.
Repárese
que
cuando
el
legislador
en
Honduras
establece
en
el
artículo
173.II
que
el
Ministerio
Público,
en
caso
de
urgente
necesidad,
podrá
adoptar
una
o
más
medidas
cautelares
sin
autorización
judicial,
no
se
incluye
entre
las
posibles
la
prisión
preventiva,
precisamente
por
ser
considerada
como
la
más
gravosa
y
como
tal
exige
el
control
y
la
decisión
judicial
como
garantía
de
la
misma.
23.
Sobre
la
naturaleza
de
la
prisión
preventiva
y
la
necesidad
de
deslindar
función
cautelar
de
función
no
cautelar
puede
verse
mi
trabajo
«Prisión
provisional:
“solo”
una
medida
cautelar»,
en
Actualidad
Penal-‐La
Ley,
núm.
42,
2000,
págs.
891-‐911.
85
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
establecimiento
de
un
régimen
jurídico
y
la
debida
concreción
del
por
qué
y
para
qué
de
esta
medida,
a
saber,
la
delimitación
de
la
finalidad.
Y
en
tal
sentido
es
importante
que
la
finalidad
pretendida
sea
efectiva
y
verdaderamente
la
cautelar.
Sucede,
sin
embargo,
que
la
utilidad
de
esta
medida
incisiva
para
otros
fines
se
ha
puesto
de
relieve
en
ciertas
ocasiones,
sobrepasándose
con
ello
esa
finalidad
cautelar
que
debe
presidir
la
misma.
Así,
por
ejemplo,
sin
ir
más
lejos,
en
el
sistema
procesal
español
se
hace
referencia
a
la
finalidad
de
aseguramiento
de
que
el
sujeto
no
vuelva
a
delinquir
(peligro
de
reiteración)
o
asegurar
que
no
se
cometan
hechos
análogos
en
este
territorio
(peligro
de
reiteración
delictiva,
satisfacción
de
seguridad
ciudadana),
o
la
alarma
social
(concepto
abstracto,
indeterminado
y
confuso,
que
tiende
hacia
la
satisfacción
de
venganza,
prevención
general,
seguridad
ciudadana);
todos
ellos
componentes
que
convierten
la
prisión
provisional
en
una
medida
de
prevención
(general
o
especial),
quebrando
los
principios
esenciales
de
la
misma
y,
lo
más
grave,
quebrando
la
esencial
afirmación
de
que
la
prisión
provisional
debe
mediarse
desde
parámetros
de
excepcionalidad.
De
ahí
la
importancia
de
entender
esa
necesidad
de
vincular
lo
cautelar
al
proceso
principal,
a
la
instrumentalidad,
a
la
eficacia
del
proceso
y
de
la
sentencia
que
en
su
día
pueda
dictarse.
El
punto
de
partida
en
Honduras
nos
lleva
al
ya
citado
artículo
172.I
del
CPP
cuando
dispone
que
«las
medidas
cautelares
tienen
como
finalidad
asegurar
la
eficacia
del
procedimiento,
garantizando
la
presencia
del
imputado
y
la
regular
obtención
de
las
fuentes
de
prueba».
Esa
garantía
se
alcanza
de
forma
máxima
a
través
de
la
medida
que
supone
privación
de
libertad
cautelar,
que
es
la
prisión
preventiva,
dado
que
con
ella
se
cumple
la
finalidad
de
asegurar
el
desarrollo
procesal,
la
persona
del
sujeto
pasivo
del
mismo,
favoreciendo
con
ello
el
buen
desarrollo
procedimental
del
ejercicio
del
ius
puniendi
por
parte
del
Estado.
Complemento
de
esta
proclamada
finalidad
es
la
configuración
de
los
fundamentos
o
presupuestos
que
pueden
efectivamente
llevar
a
su
adopción
y
vienen
regulados
en
los
artículos
178
y
siguientes
del
CPP,
si
bien
de
nuevo
debemos
distinguir
entre
los
presupuestos
formales
y
los
presupuestos
materiales.
2.1.
PRESUPUESTOS
FORMALES
Estamos
ante
una
medida
cautelar
jurisdiccional
y,
en
consecuencia,
solo
y
exclusivamente
puede
ser
el
órgano
jurisdiccional
el
que
decrete
la
prisión
preventiva.
De
ahí
que
el
legislador
hondureño
haya
sido
absolutamente
coherente
con
esa
idea
y
haya
excluido
la
posibilidad
de
que
pudiere
decretarse
por
orden
del
fiscal.
Determinada
la
competencia
judicial
para
decretar
la
prisión
preventiva,
habrá
que
configurar
los
elementos
esenciales
que
lleven
a
concretar
la
forma
y
el
contenido
de
la
resolución
cautelar
que
se
dicte,
que
revestirá
la
forma
de
auto
(art.
139.III
del
CPP).
En
relación
con
el
contenido
de
esta
resolución
debemos
estar
a
lo
que
dispone
el
artículo
186
del
CPP:
86
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
1.
La
denominación
del
juzgado
que
adopte
la
medida,
lugar
de
emisión.
2.
Datos
personales
del
imputado
o
los
que
sirvan
para
identificarlo24.
3.
Sucinta
relación
de
hecho
o
hechos
que
se
atribuyan
al
imputado,
con
su
calificación
legal25.
4.
Fundamentos
de
la
imposición
de
la
medida,
con
indicación
de
los
presupuestos
que
la
motiven,
especificando,
en
su
caso,
la
existencia
de
peligro
de
fuga,
de
obstrucción
de
las
investigaciones,
de
que
existen
motivos
suficientes
para
presumir
que
el
imputado
continuará
su
actividad
delictiva
o
que
pueda
atentar
o
ejercer
actos
de
represalia
contra
el
acusador
o
denunciante;
expresando
los
indicios
tenidos
en
cuenta,
así
como,
las
normas
aplicables
al
caso26.
24.
El
imputado
debe
ser
identificado
de
manera
exacta,
es
decir,
nombre,
apellidos,
el
lugar
y
la
fecha
de
nacimiento,
el
último
domicilio
conocido...
Una
descripción
física
de
la
persona
del
imputado
generalmente
no
es
imprescindible,
si
bien
ésta
es
conveniente
cuando
el
sujeto
pasivo
se
le
identifique,
por
ejemplo,
con
un
apodo;
descripción
que
podría
realizarse
también
por
medio
de
una
fotografía
que
conste
en
los
autos
o
que
haya
sido
publicada
en
prensa.
Aunque
no
se
refiera
expresamente
a
ello,
en
el
caso
de
que
el
sujeto
pasivo
fuera
extranjero,
deberá
expresarse
también
la
nacionalidad.
25.
En
el
concepto
de
hecho
o
hechos
que
se
le
atribuyen
se
engloban
diversos
aspectos,
teniendo
que
aportarse
tanto
los
antecedentes
fácticos
como
las
formas
de
decisiones
concretas
de
determinado
significado.
De
este
modo,
hay
que
aportar:
a.
El
hecho
del
cual
el
imputado
se
considera
sospechoso;
en
este
sentido
se
aportan
los
antecedentes
históricos,
de
manera
tal
que
el
imputado
pueda
reconocer
exactamente
la
imputación
que
se
le
hace
y
sus
delimitaciones.
b.
El
lugar
del
hecho
y
el
tiempo
en
que
se
cometió.
c.
El
hecho
delictivo
punible
calificado
como
tal
en
alguna
disposición
del
ordenamiento
jurídico
penal.
De
la
misma
manera,
deben
aportarse
algunas
circunstancias
que
puedan
tener
interés,
tales
como
las
determinadas
formas
de
participación,
intentos
de
consumación,
que
puedan
tener
cierto
valor
en
lo
que
se
refiere
al
capítulo
de
las
circunstancias
del
hecho.
Si
el
imputado
lo
fuere
por
varios
hechos
puede
hacerse
una
descripción
general
resumida
de
todos
ellos.
No
obstante,
está
permitido
también
el
decretar
la
orden
de
prisión
por
determinados
hechos
y
señalar
asimismo
que
los
restantes
hechos
atribuibles
al
imputado
no
se
consideran
como
hechos
delictivos
en
la
orden
de
prisión.
26.
La
fundamentación
sirve,
por
un
lado,
para
el
control
de
sí
mismo
del
órgano
jurisdiccional
y,
de
otro,
sirve
para
el
examen
por
el
imputado
y
su
defensor
de
la
propia
orden
de
prisión,
así
como
para
el
conocimiento
que,
en
su
caso,
podría
llevar
a
cabo
el
órgano
competente
que
conoce
del
recurso.
Si
los
elementos
de
convicción
suficientes
se
basaran
en
meros
indicios,
deberán
éstos
también
aportarse,
en
su
caso.
No
se
trata
de
la
mera
cita
de
los
preceptos
del
Código,
sino
la
interpretación
de
los
hechos
desde
la
concurrencia
de
los
presupuestos
para
su
adopción,
esto
es,
su
motivación,
entendida
como
aportación
por
un
lado,
de
relato
fáctico,
hechos;
y,
por
otro,
de
la
aportación
de
las
normas
en
las
que
se
fundamenta
la
decisión
cautelar.
Si
bien
esta
segunda
fundamentación
no
va
a
plantear
problemas
de
redacción
al
juez,
si
lo
puede
hacer
la
primera
clase
de
fundamentación,
a
saber,
la
fáctica.
Esta
motivación
o
fundamentación
del
auto
es
trascendental
a
los
efectos
de
determinar
la
debida
proporcionalidad
entre
la
finalidad
pretendida
y
las
circunstancias
que
concurren
a
la
hora
de
decretar
la
detención
preventiva.
En
este
sentido
se
ha
pronunciado
de
forma
reiterada
tanto
el
Tribunal
Constitucional
español
como
el
Tribunal
Europeo
de
los
Derechos
del
Hombre.
Significativa
es
la
STC
46/2000,
en
la
que
se
reitera
la
necesidad
de
motivar
las
resoluciones
judiciales
limitativas
de
derechos
fundamentales,
expresando
en
ellas
las
circunstancias
que
justifican
tal
limitación,
siendo
una
exigencia
formal
del
principio
de
proporcionalidad
y
persigue,
como
fin,
hacer
posible
el
debate
y
comprobación
de
la
legalidad
y
racionalidad
de
la
restricción
acordada.
Para
ello,
el
órgano
judicial,
en
la
resolución
que
adopte,
debe
efectuar
87
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
88
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
probabilidad,
de
posibilidad,
asentado
en
el
carácter
de
suficientes
a
que
se
refiere
el
legislador
en
cuanto
a
los
elementos
de
convicción.
Si
se
exigiera
prueba
plena
no
será
proceso
cautelar
sino
que
estaríamos
en
el
causa
penal
propiamente
dicha
de
declaración.
En
este
sentido,
es
especialmente
significativa
la
labor
realizada
en
la
sede
de
los
derechos
humanos
por
el
Tribunal
Europeo,
al
considerar
en
torno
a
la
racionalidad
de
los
motivos
o
sospechas
(caso
Fox,
Campbell
y
Hartley,
sentencia
de
30
de
agosto
de
1990),
que
«es
una
parte
fundamental
de
la
protección
que
proporciona
el
artículo
5.1,
c)
contra
las
privaciones
de
libertad
arbitrarias»,
y
apunta
que
para
medir
esa
discrecionalidad
pueden
tomarse
en
cuenta
dos
referencias:
la
de
un
soporte
objetivo
en
el
que
los
indicios
se
apoyen
y
el
criterio
estándar
de
ponderación
que
le
correspondería
a
un
tercero
imparcial.
Así
señala:
El
tribunal...
entiende
que
la
existencia
de
sospechas
(o
indicios)
racionales
presupone
la
de
hechos
o
informes
adecuados
para
convencer
a
un
observador
imparcial
de
que
el
individuo
de
que
se
trate
pueda
haber
cometido
el
delito.
Sin
embargo,
lo
que
puede
considerarse
«racional»
dependerá
del
conjunto
de
las
circunstancias.
Es
más,
esa
racionalidad
de
las
sospechas
no
debe
ser
sólo
un
elemento
a
conjugar
en
el
momento
de
adopción
de
las
medidas
sino
que
debe
ser
una
constante,
que
responde
ante
el
mantenimiento
o
regularidad
de
la
prisión
provisional.
En
el
asunto
Stögmüller
(sentencia
de
10
de
noviembre
de
1969)
insiste
el
TEDH
en
la
necesidad
de
mantener
las
sospechas
para
justificar
la
prolongación
de
la
prisión
y
exige
que
ésta
no
exceda
de
un
plazo
razonable,
si
bien
entiende
que
la
razonabilidad
del
plazo
tiene
prioridad
sobre
la
racionalidad
de
los
indicios.
2.2.2.
Periculum
in
mora
La
doctrina
procesal
ha
venido
construyendo
la
teoría
general
de
las
medidas
cautelares
sobre
la
base
de
la
concurrencia
de
los
presupuestos
que
deben
adoptarse
para
decretar
las
mismas,
habiéndosele
otorgado
estas
denominaciones
de
fumus
boni
iuris
y
periculum
in
mora;
conceptos
que
se
gestaron,
en
primer
lugar,
en
el
ámbito
propio
del
proceso
civil,
para
extrapolarse
posteriormente
a
los
otros
órdenes
jurisdiccionales.
En
el
ámbito
propio
de
este
segundo
presupuesto,
el
legislador
no
se
refiere
de
manera
expresa
a
esta
denominación,
como
fundamento
de
adopción
de
la
prisión
preventiva,
si
bien
si
determina
claramente
los
peligros
que
de
concurrir,
podrían
fundar
una
medida
cautelar
de
este
género.
Basta
a
estos
efectos
la
concurrencia
de
uno
de
ellos
para
entender
fundada
la
decisión
judicial
cautelar.
Con
carácter
general
es
el
artículo
178
del
CPP
el
que
determina
cuatro
riesgos
o
peligros
que
permiten
fundar
la
prisión
preventiva
y
son:
1. Peligro
de
fuga
del
imputado
2. Posible
obstrucción
de
la
investigación
por
parte
del
imputado
89
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3. Riesgo
fundado
de
que
el
imputado
se
reintegre
a
la
organización
delictiva
a
la
que
hay
sospecha
que
pertenece
y
utilice
los
medios
que
ella
le
brinde
para
entorpecer
la
investigación
o
facilitar
la
fuga
de
otros
imputados,
y
4. Riesgo
fundado
de
que
el
imputado
atente
o
ejecute
actos
de
represalia
en
contra
del
acusador
o
denunciante
Vamos
a
concretar
en
diferentes
conceptos
y
matices
las
exigencias
legales
en
torno
a
este
segundo
presupuesto,
a
saber:
2.2.2.1.
Peligro
de
fuga
El
legislador,
además
de
referirse
a
este
peligro
como
circunstancias
concurrente
a
efectos
de
adoptar
la
prisión
preventiva
(art.
178
del
CPP),
establece
en
el
artículo
179
del
CPP
las
circunstancias
que
concurrirán
para
determinar
si
existe
peligro
de
fuga
del
imputado.
La
razón
de
esta
concreción
es
para
favorecer
algunos
elementos
que
permitan
interpretar
al
órgano
jurisdiccional
el
animus
del
imputado,
desde
la
valoración
de
una
serie
de
circunstancias
que,
al
establecerse
legalmente,
permiten
la
fundamentación
de
la
decisión
judicial
de
someter
al
sujeto
pasivo
del
proceso
a
prisión
preventiva,
evitándose
con
ello
decisiones
arbitrarias.
Estas
circunstancias
son:
1.
La
falta
de
arraigo
en
el
país,
teniendo
en
cuenta
el
domicilio
del
imputado,
el
asiento
de
su
familia,
de
sus
negocios
o
de
su
trabajo,
y
las
facilidades
con
que
cuente
para
abandonar
definitivamente
el
territorio
nacional
o
para
permanecer
oculto.
Con
esta
circunstancia
lo
que
se
pretende
es
justificar
el
arraigo
del
sujeto
que
pudiera
verse
afectado
por
esta
medida
cautelar,
es
decir,
que
su
fuga
del
territorio
nacional
le
supusiera
una
quiebra,
bien
afectiva,
bien
económica,
bien
profesional.
Así,
cuando
puede
justificarse
domicilio,
asiento
de
su
familia,
de
sus
negocios
etc
en
territorio
hondureño,
se
está
aminorando
la
presencia
de
un
posible
riesgo
de
fuga.
2.
La
gravedad
de
la
pena
que
pueda
imponerse
al
imputado,
como
resultado
del
proceso.
Todos
los
ordenamientos
jurídicos
recogen
esta
circunstancia
como
elemento
ponderador
de
la
fuga,
en
cuanto
supone
que
a
mayor
gravedad
se
predique
de
la
pena
a
imponer,
es
más
fácil
que
el
sujeto
pueda
tener
“inclinación”
hacia
la
fuga.
3.
La
importancia
del
daño
que
deba
indemnizar
y
la
actitud
del
imputado
frente
al
mismo
y,
en
participar,
su
falta
de
voluntad
reparadora.
Es
muy
interesante
que
se
haya
recogido
esta
circunstancia
en
el
marco
de
la
interpretación
del
riesgo
de
fuga
y
ello
por
cuanto
implica
asumir
que
cada
vez
más
la
función
restaurativa
que
se
cumple
como
tercera
misión
por
el
derecho
Penal
puede
tener
validez
en
la
fundamentación
de
la
prisión
preventiva
por
90
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
posible
peligro
de
fuga
del
sujeto
pasivo.
Este
elemento
comporta
que
la
actitud
que
pueda
mantener
el
sujeto
pasivo
del
proceso
frente
a
la
víctima
va
a
servir
de
elemento
ponderador
a
los
efectos
que
nos
ocupan.
4.
El
comportamiento
del
imputado
durante
el
proceso,
en
cualquier
otro
anterior
o
en
las
diligencias
previas,
del
que
razonablemente
pueda
inferirse
su
falta
de
voluntad
para
someterse
a
la
investigación
o
al
proceso
penal.
Esta
circunstancias
implica
una
valoración
subjetiva
del
animus
del
sujeto
pasivo,
que
será
más
subjetivamente
valorable
por
quien
deba
asumir
la
decisión
cautelar
de
someter
la
persona
a
la
prisión
preventiva.
Responde
más
a
la
actitud
colaboradora
en
el
desarrollo
de
la
causa
que
a
otras
razones
diversas.
En
cualquier
caso
es
uno
de
los
cuatro
criterios
y
por
ello
habrá
que
ponderarse
juntamente
con
los
anteriores
en
aras
de
determinar
el
riesgo
de
fuga
o
no
del
sujeto
pasivo.
Se
tratará,
por
ello,
carácter
irresponsable,
irreverente
e
intolerable
del
sujeto
pasivo
en
este
proceso
o
en
otros
anteriores,
pone
de
relieve
una
predisposición
de
la
fuga,
a
tratar
de
eludir
la
acción
de
la
justicia
por
cualquier
medio
que
tenga
a
su
alcance.
Una
cuestión
parece
interesante
en
el
estudio
de
este
peligro
y
es,
como
ha
puesto
de
manifiesto
de
forma
reiterada
el
Tribunal
Europeo
de
Derechos
Humanos,
que
el
riesgo
de
fuga
disminuye
necesariamente
a
medida
que
transcurre
el
tiempo
de
la
detención,
y
ello
por
cuanto
el
ahorro
probable
de
la
duración
de
la
prisión
preventiva
para
el
cumplimiento
de
la
pena
de
privación
de
libertad
que
el
interesado
presume
que
se
le
imponga
le
presentará
esta
hipótesis
como
menos
temible
y
atenuará,
en
su
caso,
la
tentación
de
huir.
2.2.2.2.
Peligro
de
obstrucción
de
la
investigación
El
artículo
180
del
CPP,
modificado
por
Decreto
No.74-‐2013,
determina
que
para
tomar
una
decisión
acerca
de
la
posible
concurrencia
del
peligro
de
obstrucción
de
la
investigación,
se
tendrá
en
cuenta
todo
indicio
racional
del
cual
se
infiera
que
el
imputado:
1.
Destruirá,
modificará,
ocultará,
suprimirá
o
falsificará
la
prueba
o
pruebas
existentes,
relacionadas
con
el
delito.
2.
Influirá
en
los
demás
imputados
o
en
los
testigos
o
peritos,
para
que
informen
falsamente
sobre
lo
que
saben
o
para
que
se
comporten
de
manera
desleal
o
reticente;
y
3.
Forzará
o
inducirá
a
otros
interesados
a
observar
los
comportamientos
previstos
en
el
numeral
anterior.
4.
Riesgo
fundado
de
que
el
imputado
se
reintegre
a
la
organización
delictiva
a
la
que
hay
sospecha
de
pertenecer
y
utilice
los
medios
que
ella
le
brinde
a
fin
de
infringir
un
temor
racional
en
los
intervinientes
del
proceso.
La
incorporación
de
estos
elementos
que
permiten
la
interpretación
de
este
peligro
encuentran
su
origen
en
la
influencia
que
se
ha
tenido
desde
finales
de
los
91
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
92
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3.
Duración
de
la
prisión
preventiva
Referirnos
en
abstracto
a
las
medidas
cautelares
y
a
su
función,
como
garantizadoras
del
proceso
implica
tanto
como
afirmar
que
las
medidas
cautelares
deberán
durar
el
tiempo
indispensable
para
garantizar
la
persona
del
sujeto
imputado
y
la
efectividad
del
proceso.
No
obstante
esta
afirmación
es
complicada
de
sostener
en
un
mundo
en
el
que
lo
que
está
en
juego
es
la
libertad.
Es
por
ello
que
en
los
ordenamientos
jurídicos
y
debido
esencialmente
a
la
proclamación
en
los
textos
internacionales
y
en
las
constituciones
de
las
garantías
y
derechos
del
imputado,
acusado
y
penado,
se
fue
haciendo
necesario
establecer
coto,
un
límite
temporal
en
el
que
las
personas
se
pueden
encontrar
afectas
por
una
medida
cautelar
tan
gravosa
como
la
prisión
preventiva.
En
línea
con
esta
posición
se
encuentra
igualmente
el
legislador
hondureño,
quien
en
el
artículo
181
del
CPP
va
a
establecer
la
regla
general
y
las
excepciones
y,
en
todo
caso,
el
régimen
jurídico
aplicable
en
el
ámbito
propio
de
la
limitación
temporal
de
la
privación
de
libertad
cautelar.
3.1.
REGLA
GENERAL
El
legislador
establece
una
regla
general
en
el
marco
de
la
duración
de
la
prisión
preventiva
que
se
basa
en
el
empleo
de
la
calidad
o
tipo
de
delito,
de
manera
que
si
bien
se
establece
que
como
regla
general
la
prisión
preventiva
podrá
durar
hasta
un
año,
se
determina
que
en
aquellos
casos
en
que
la
pena
aplicable
al
delito
sea
superior
a
seis
años,
la
prisión
preventiva
podrá
durar
hasta
dos
años.
Se
trata
de
un
criterio
general,
un
año
de
duración
de
prisión
preventiva
−lo
que
no
quiere
decir
agotarlo−
y
un
criterio
específico
en
atención
a
una
posible
El
TEDH
admite
este
peligro
de
repetición
de
infracciones
al
decir:
«El
Tribunal
está
dispuesto
a
admitir
esta
razón
como
compatible
con
el
artículo
5.3
del
Convenio
en
las
circunstancias
especiales
de
la
causa.
Un
juez
puede
razonablemente
tomar
en
cuenta
la
gravedad
de
las
consecuencias
de
delitos,
cuando
se
trata
de
tomar
en
consideración
el
peligro
de
ver
repetirse
esas
infracciones,
con
vistas
a
apreciar
la
posibilidad
de
poner
en
libertad
al
interesado
a
pesar
de
la
existencia
eventual
de
tal
peligro».
Sin
embargo
se
formularon
varios
votos
particulares,
casi
todos
ellos
dirigidos
a
afirmar
que
la
prisión
provisional
no
puede
cumplir
una
finalidad
de
prevención
general
o
especial,
no
entendiéndose
que
la
mera
posibilidad
de
repetición
de
una
infracción
constituya
un
delito
por
sí
mismo.
Pese
a
ello,
con
posterioridad,
en
el
caso
Toth
(12
de
diciembre
de
1991),
el
Tribunal
admite
de
nuevo
la
valoración
del
peligro
de
ulteriores
infracciones.
Y
también
en
el
caso
Clooth
(sentencia
de
12
de
diciembre
de
1991)
la
admite,
si
bien
mantiene
una
posición
más
restrictiva,
en
cuanto
se
decía
que
la
gravedad
de
una
infracción
puede
conducir
a
las
autoridades
judiciales
a
situar
y
dejar
al
sospechoso
en
prisión
provisional
para
impedir
tentativas
de
nuevas
infracciones;
sin
embargo,
es
preciso
entre
otras
condiciones,
que
las
circunstancias
de
la
causa
y,
especialmente,
los
antecedentes
y
la
personalidad
del
interesado,
hagan
plausible
el
peligro
y
adecuada
la
medida.
No
prosperó
este
motivo
por
la
disparidad
entre
la
gravedad
de
los
hechos
de
los
que
derivaban
sus
condenas
anteriores
y
los
que
eran
ahora
objeto
del
procedimiento,
además
de
que
se
trataba
de
persona
que
necesitaba
ayuda
siquiátrica
y
no
prolongación
de
la
prisión
provisional.
93
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
mayor
gravedad
en
la
consecuencia
jurídica
penal,
y
que
permitiría
cuando
la
pena
fuere
superior
a
los
seis
años,
que
la
duración
se
extendiera
hasta
dos
años,
lo
que
tampoco
supone
tener
que
agotar
esa
duración
en
ningún
caso.
3.2.
EXCEPCIONES
El
legislador
no
pretende
otorgar
soluciones
matemáticas
o
herméticamente
cerradas
sino
ofrecer
criterios
que
permitan
la
permeabilidad
a
la
hora
de
mantener
a
una
persona
en
prisión
preventiva
o
alzar
la
medida
sustituyéndola
por
otra.
En
esta
línea
el
artículo
181.III
del
CPP
establece
una
serie
de
situaciones
que
pueden
permitir
modular,
en
el
sentido
de
extender
la
duración
del
tiempo
en
que
una
persona
debe
estar
en
prisión
preventiva.
Señala:
Excepcionalmente,
y
habida
cuenta
del
grado
de
dificultad,
dispersión
o
amplitud
de
la
prueba
que
deba
rendirse,
la
Corte
Suprema
de
Justicia
podrá
ampliar
hasta
por
seis
meses
los
plazos
a
que
este
artículo
se
refiere,
a
solicitud
fundada
del
Ministerio
Público.
Las
coordenadas
establecidas
por
el
legislador
que
permiten,
en
todo
caso,
adoptar
esta
solución
excepcional
son:
1.
Ampliación
máxima
del
tiempo
(sobre
el
año
o
los
dos
años):
seis
meses
más
del
tiempo
legalmente
establecido
en
el
artículo
181.1
y
2
del
CPP.
2.
Motivos
para
poder
adoptar
esta
solución
excepcional:
por
la
dificultad,
dispersión
o
amplitud
de
prueba.
Se
trata
de
criterios
que
afectan
el
desarrollo
ágil,
sencillo
y
sin
altibajos
de
la
causa
penal,
de
modo
que
cuando
existan
dificultades
y
sea
complicado
proceder
a
seguir
y
desarrollar
las
actividades
en
los
tiempos
establecidos
es
una
garantía
la
adopción
de
la
prolongación
del
tiempo
que
una
persona
pueda
estar
en
situación
de
privación
de
libertad,
pero
estas
razones
deberán
aparecer
necesariamente
en
la
resolución
cautelar
−auto−
que
justifique
la
prolongación
del
tiempo
pasado
en
situación
cautelar
privativa
de
libertad.
3.
La
decisión
−repárese−
es
de
la
Corte
Suprema
de
Justicia.
No
puede
ser
una
decisión
del
juez
ordinario
sino
de
la
Corte
Suprema
y
siempre
a
petición
del
Ministerio
Público.
Ello
implica,
por
tanto,
que
no
es
como
en
el
pasado
una
decisión
unilateral
del
juez
que
instruye
la
causa,
sino
una
decisión
de
altas
instancias
judiciales
y
bajo
petición
del
Ministerio
Público,
quien
deberá
invocar,
entre
los
motivos,
alguna
de
las
causas
que
se
apuntan
en
el
apartado
anterior.
4.
Finalmente,
como
límite
a
esta
prolongación
de
la
duración
de
la
prisión
preventiva
deberemos
tomar
en
consideración
lo
que
marca
el
artículo
181.IV
del
CPP
que
establece
que
en
ningún
caso,
la
prisión
preventiva
podrá
exceder
de
la
mitad
de
la
duración
del
mínimo
de
la
pena
aplicable
al
delito.
5.
Regla
especial
de
cómputo
del
plazo
de
duración
de
la
prisión
preventiva
una
vez
dictada
la
sentencia
condenatoria.
En
principio
cabría
pensar
que
dictada
94
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
95
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
2.
Se
regula
igualmente
la
posibilidad
de
que
a
instancia
de
parte,
esto
es,
del
imputado
o
de
su
defensor,
se
proceda
a
revisar
la
situación
cautelar
del
mismo,
el
tiempo
de
duración,
los
presupuestos
concurrentes,
y
asumir
o
no
un
cambio
cautelar.
3.
El
legislador
establece
plazos
para
finalizar
con
una
clara
consecuencia
jurídica
derivada
del
transcurso
de
los
plazos,
esto
es,
el
artículo
181.VII
del
CPP
determina
que
si,
vencido
el
plazo,
no
ha
llegado
a
su
fin
el
proceso,
el
imputado
será
puesto
en
libertad
provisional
y
sometido
a
otras
medidas
cautelares,
sin
perjuicio
de
la
continuación
del
proceso,
hasta
que
la
sentencia
adquiera
el
carácter
de
firme.
4.
Finalmente,
el
legislador
en
el
artículo
181
del
CPP
in
fine
dispone
la
posible
responsabilidad
en
la
que
se
puede
incurrir
como
consecuencia
del
incumplimientos
de
los
plazos
legalmente
establecidos
en
torno
a
la
prisión
preventiva.
Señala:
Cuando
dentro
del
plazo
indicado
no
se
de
fin
al
proceso,
los
funcionarios
y
empleados
que
hayan
dado
lugar
al
retraso
por
malicia,
culpa
o
negligencia,
serán
sancionados
de
conformidad
con
la
ley
de
la
carrera
judicial,
sin
perjuicio
de
la
responsabilidad
penal
en
que
hayan
incurrido.
La
Corte
Suprema
de
Justicia
y
el
Ministerio
Público
velarán
por
el
estricto
cumplimiento
de
lo
dispuesto
en
este
párrafo.
Tanto
en
el
ámbito
de
los
funcionarios
del
Poder
Judicial
como
respecto
de
los
del
Ministerio
Publico
debe
tenerse
en
cuenta
que
pueden
incurrir
en
el
delito
establecido
en
el
artículo
349
numeral
3
del
CP,
referido
al
tipo
penal
de
Violación
de
los
Deberes
de
los
Funcionarios.
Reza
este
precepto
que
quien
omita,
rehúse,
o
retarde
algún
acto
que
deba
ejecutar
de
conformidad
con
los
deberes
de
su
cargo,
será
castigado
con
reclusión
de
tres
a
seis
años
e
inhabilitación
especial
por
el
doble
de
tiempo
que
dure
la
reclusión.
Y
en
el
delito
de
detención
ilegal
contemplado
en
el
artículo
333.2
del
CP,
que
señala:
Se
aplicará
la
pena
de
reclusión
de
tres
(3)
a
cinco
(5)
años
y
multa
de
cincuenta
mil
(L.
50,000.00)
a
cien
mil
lempiras
(L.
100,000.00)
al
funcionario
o
empleado
público
que:
[…]
2)
No
ordene
oportunamente
la
libertad
de
un
detenido
cuando
proceda
legalmente
o
quien
lo
retenga
después
de
haber
recibido
la
orden
de
libertad
del
mismo.
Una
vez
más,
el
ordenamiento
vincula
las
garantías
a
la
sanción,
a
saber:
si
se
restringe,
limita
o
priva
de
libertad
a
una
persona,
debe
realizarse
en
el
marco
y
con
las
condiciones
legalmente
establecidas,
lo
que
comporta,
en
consecuencia,
que
si
la
privación
de
libertad
se
lleva
a
cabo
con
incumplimiento
de
lo
dispuesto
legalmente,
se
está
incurriendo
en
responsabilidad,
que
podrá
ser
civil,
penal
y
administrativa.
Esta
responsabilidad
es
una
vez
más
el
elemento
que
pondera
la
balanza
entre
la
libertad
y
la
seguridad,
la
tutela
del
ciudadano
y
la
exigencia
de
respuesta
social.
En
esa
balanza
se
permite
privar
de
libertad
al
ciudadano,
pero
el
exceso
de
esa
privación
está
sometido
a
control
y,
en
su
caso,
a
la
exigencia
de
la
debida
responsabilidad.
96
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
4.
Modalidades
de
cumplimiento
de
la
prisión
preventiva.
Especial
referencia
al
lugar
de
cumplimiento
y
a
la
incomunicación
del
preso
preventivo
Aun
cuando
en
el
Código
hondureño
no
existen
de
forma
explícitamente
reguladas
las
tres
modalidades
de
cumplimiento
de
la
privación
de
libertad
cautelar,
de
la
regulación
que
se
efectúa
en
los
preceptos
que
estamos
analizando
puede
concluirse
que
efectivamente
es
posible
hablar
de
tres
tipos
de
prisión
preventiva,
cuales
son:
comunicada,
la
situación
excepcional
de
incomunicación,
y,
en
tercer
lugar,
la
forma
atenuada
−así
se
le
denomina
en
el
artículo
505
de
la
Ley
de
Enjuiciamiento
Criminal
Española−
denominándose
en
Honduras
arresto
domiciliario.
Son
tres
maneras
de
encontrarse
preso
preventivamente
y
a
ellas
dedica
parte
de
su
regulación
también
el
Código
del
Proceso
Penal,
aun
cuando
se
regule
como
tal
de
forma
explícita.
4.1.
COMUNICADA
Es
la
regla
general,
y
supone
la
necesidad
de
que
la
prisión
preventiva
se
practique
de
forma
que
menos
perjudique
al
imputado,
lo
que
significa
restringir
lo
menos
posible
sus
derechos.
De
este
modo,
a
todos
los
presos
preventivos
deben
garantizárseles
los
derechos
de
comunicación
en
sus
diversas
manifestaciones,
esto
es,
el
régimen
de
comunicación
oral,
mediante
el
sistema
de
visitas;
la
comunicación
escrita,
a
través
del
respeto
a
la
correspondencia
y
sus
limitaciones;
y
la
comunicación
efectuada
a
través
de
las
vías
telefónicas,
en
la
medida
de
lo
posible,
amén
de
reconocérseles
los
derechos
fundamentales
que
forman
parte
del
estatuto
jurídico
del
privado
de
libertad
y
que
en
esencia
se
refieren
al
derecho
a
la
presunción
de
inocencia,
al
trato
humano
y
prohibiciones
de
torturas,
coacciones,
amenazas,
etc.,
a
ser
informado
de
los
motivos
de
su
privación
de
libertad
y
de
sus
derechos
(a
guardar
silencio
y
a
no
confesarse
culpable
y
derecho
a
defenderse
por
sí
mismo,
derecho
a
la
defensa
técnica,
derecho
a
un
intérprete,
derecho
a
cumplir
su
situación
cautelar
separado
de
los
presos
o
condenados,
entre
otros).
De
alguna
forma
es
el
artículo
191
del
CPP
el
que
nos
sirve
de
apoyo
legal
para
sostener
este
régimen
jurídico
aplicable
en
la
práctica
de
esta
medida
cautelar29,
de
manera
que
se
insiste
en
la
idea
de
que
deberá
cumplirse
esta
medida
de
tal
manera
que
«no
adquiera
las
características
de
una
pena,
ni
provoque
al
imputado
otras
limitaciones
que
las
imprescindibles
para
evitar
su
fuga,
la
obstrucción
de
la
investigación
o
que
continúe
en
la
actividad
delictiva».
29.
El
artículo
191.II
dispone:
«El
imputado,
en
todo
momento,
será
tratado
como
inocente
y
teniendo
en
cuenta
que
se
encuentra
detenido
para
el
solo
efecto
de
asegurar
su
comparecencia
en
el
proceso
o,
en
su
caso,
el
cumplimiento
de
la
pena.»
97
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
98
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
99
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Y
la
interpretación
de
este
criterio
debe
efectuarse
siempre
desde
el
prisma
de
la
proporcionalidad,
ya
que
la
incomunicación
y
las
consecuencias
limitadoras
que
conlleva
deben
estar
debidamente
conjugadas
con
la
necesidad
de
garantizar
la
investigación
y
evitar
los
obstáculos
que
perturben
el
descubrimiento
de
la
verdad.
4.2.2.
Límites
de
la
incomunicación
Si
bien
como
apuntábamos
supra,
la
incomunicación
es
perfectamente
posible,
cierto
es
que
la
misma
queda
condicionada
a
la
concurrencia
de
determinados
límites
para
que
pueda
realizarse
en
el
marco
de
la
legislación
procesal
penal
garantista.
Así:
Primero.
Se
exige
que
la
duración
de
la
incomunicación
no
exceda
de
veinticuatro
horas.
Que
de
conformidad
a
lo
establecido
en
los
artículos
101.2
del
CPP,
se
establece
que
a
la
persona
detenida
se
le
permita
comunicar
de
manera
inmediata
el
hecho
de
su
detención
y
el
lugar
en
que
se
encuentra
detenida,
a
la
persona
natural
o
jurídica
que
él
desee,
no
obstante
en
casos
excepcionales
se
aplica
lo
establecido
en
el
artículo
192
que
entre
otras
cosas
dispone
que,
para
fines
investigativos,
el
juez
a
petición
del
fiscal
podrá
solicitar
su
incomunicación
por
un
plazo
no
mayor
de
veinticuatro
(24)
horas,
es
decir,
es
facultad
exclusiva
del
juez
dictar
esta
medida,
sin
embargo
en
el
mismo
artículo
se
faculta
al
Ministerio
Público
decretar
esta
incomunicación
en
casos
urgentes
pero
únicamente
por
un
espacio
de
seis
(6)
horas
dentro
de
las
cuales
está
obligado
a
gestionar
la
orden
judicial
por
las
restantes
dieciocho
(18)
horas.
Conforme
a
nuestra
realidad
en
la
mayor
parte
de
los
casos
se
respeta
ese
derecho
y
plazo,
no
obstante
existen
algunos
abusos
por
parte
de
algunas
autoridades.
Durante
años
se
han
producido
verdaderos
abusos
y
supuestos
inhumanos
en
los
antiguos
sistemas
procesales,
en
que
era
posible
y
lícito
que
la
incomunicación
de
los
inculpados
se
prolongara
por
largo
tiempo,
que,
en
palabras
del
comentarista
español
AGUILERA
DE
PAZ,
producía
la
mayor
tortura
moral
del
sometido
a
ella,
y
que
acusaban
un
atraso
lamentable
de
la
cultura
jurídica
y
una
atonía,
más
lamentable
aún,
de
la
conciencia
pública
en
que
se
hacía
cómplice
de
tales
abusos
tolerándolos,
los
cuales
han
desaparecido
ya,
por
fortuna.
Segundo.
Deberá
decretarse
por
el
juez,
quien
en
su
decisión,
deberá
hacer
constar
los
motivos
que
fundan
la
incomunicación
(art.
192.1
del
CPP).
Sin
embargo,
pese
a
esa
atribución
judicial,
el
legislador
otorga
competencias
para
autorizar
la
incomunicación
al
Ministerio
Publico
en
caso
de
urgencia
excepcional
a
que
se
refiere
el
artículo
192.III
del
CPP,
a
saber:
En
casos
de
urgencia
excepcional,
en
que
la
demora
para
solicitar
del
Juez
la
incomunicación
pueda
frustrar
o
perjudicar
gravemente
la
investigación
en
curso,
el
Ministerio
Público
podrá
acordarla;
pero
esta
incomunicación
no
podrá
exceder
de
seis
horas,
dentro
de
las
cuales
deberá
gestionar
la
correspondiente
orden
judicial.
En
este
supuesto
será
el
juez
el
que
ratificará
convalidando
o
no
la
decisión
de
incomunicación.
100
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Tercero.
La
incomunicación
no
va
a
impedir
al
imputado
que
se
comunique
con
su
defensor
inmediatamente
antes
de
rendir
su
declaración
o
antes
de
realizar
cualquier
acto
que
requiera
su
intervención
personal,
ni
tampoco
el
acceso
a
libros,
revistas,
periódicos
u
otros
objetos
análogos
(art.
192.II
del
CPP).
A
sensu
contrario
podemos
considerar
que
no
tendrá
derecho
a
la
entrevista
con
su
abogado
de
manera
reservada
sino
en
los
términos
antes
expuestos,
no
podrá
disfrutar
del
derecho
de
comunicaciones
orales,
a
salvo
de
las
que
puedan
efectuar
con
las
autoridades
judiciales
o
funcionarios
superiores
del
establecimiento,
no
podrá
entregar
ni
recibir
carta
ni
papel
alguno
sino
por
conducto
y
con
licencia
del
Juez,
el
cual
se
enterará
de
su
contenido
para
darles
o
negarles
curso.
Cuarto.
El
legislador
establece
las
condiciones
para
que
pueda
producirse
una
situación
de
incomunicación
pero
no
se
dice
que
podría
ordenarse
nuevas
incomunicaciones.
El
sistema
español
si
lo
permite,
dado
que
el
artículo
509
de
la
Ley
de
Enjuiciamiento
Criminal
establece
que
el
juez
competente
podrá
ordenar,
bajo
su
responsabilidad,
nuevas
incomunicaciones,
si
la
causa
ofreciere
méritos
para
ello,
si
bien
la
segunda
incomunicación
no
podrá
nunca
exceder
de
tres
días,
a
salvo
de
aquellas
actividades
que
necesariamente
deban
realizarse
fuera
de
la
península.
Hay
que
tener
en
cuenta
que
la
comunicación
del
imputado
se
debe
entender
como
un
solo
momento,
si
se
toma
en
consideración
lo
que
dispone
el
texto
constitucional
en
su
artículo
71
y
en
el
mismo
sentido
el
artículo
192
del
CPP,
que
taxativamente
otorga
un
plazo
máximo
de
veinticuatro
(24)
horas
para
restringir
este
derecho.
De
igual
forma
debemos
entender
que
el
espíritu
del
legislador
fue
el
de
crear
esa
figura
y
dado
la
lesividad
a
un
derecho
tan
importante
decidió
restringirlo
en
una
sola
ocasión,
para
ello
debemos
analizar
otras
figuras
procesales
en
donde
de
igual
forma
se
restringen
derechos
constitucionales.
A
título
de
ejemplo,
utilizaremos
el
artículo
224
que
nos
habla
de
la
clausura
de
sitios
o
establecimientos,
en
donde
el
legislador
si
otorga
esa
discrecionalidad
al
Juez
y
al
Ministerio
Público
de
poder
prorrogar
la
restricción
de
ese
derecho
por
otras
veinticuatro
(24)
horas
en
caso
de
extrema
urgencia
o
necesidad.
Desde
tales
argumentos,
como
ya
indicamos
con
el
artículo
192
del
CPP,
taxativamente
nos
faculta
a
restringir
este
derecho
en
una
sola
ocasión,
no
obstante
si
existiesen
otras
interpretaciones
(in
mala
partem)
debemos
circunscribirnos
a
lo
que
indica
el
artículo
18
del
CPP
que
nos
ilustra
en
ese
sentido
y
que
dispone
que
cuando
existan
pasajes
oscuros
o
contradictorios
en
la
Ley
Penal
se
interpretarán
de
modo
que
más
favorezca
a
la
persona
imputada,
por
ende
se
nos
obliga
a
ser
una
interpretación
en
este
caso
extensiva
a
favor
de
la
persona
que
está
siendo
sometida
a
un
proceso
criminal
y
al
cual
le
podríamos
estar
vedando
uno
de
los
derechos
de
mayor
trascendencia
en
nuestro
ordenamiento
jurídico.
Es
por
ello
que,
por
cuanto
el
legislador
ha
querido
regular
101
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
el
fundamento
y
los
límites
de
la
detención
preventiva
incomunicada,
levantada
la
incomunicación,
puede
posteriormente
volver
a
concurrir
los
condicionantes
legales
para
provocar
una
segunda
incomunicación.
Cierto
es
que
esta
segunda
incomunicación,
en
todo
caso,
debiera
ser
algo
más
restrictiva
en
su
duración,
aun
cuando
la
ley
no
lo
diga.
4.2.3.
Momento
para
decretar
la
incomunicación
Normalmente
la
incomunicación
es
una
medida
que
se
adopta
al
comienzo
del
procedimiento,
ya
que
se
pretende
con
ella
impedir
y
evitar
que
la
persona
de
la
que
se
sospecha,
se
ponga
en
contacto
con
aquellos
testigos
o
copartícipes,
o
terceras
personas,
para
desfigurar
la
verdad
y,
con
ello,
frustrar
el
éxito,
de
alguna
manera,
de
la
investigación.
Es
por
ello
que
puede
incluso
decretarse
la
incomunicación
de
un
aprehendido.
Ahora
bien
a
salvo
de
la
referencia
que
se
efectúa
en
el
artículo
192.1
del
CPP
referida
a
la
investigación
no
existe
óbice
a
que
pueda
adoptarse
en
momentos
posteriores.
4.3.
ARRESTO
DOMICILIARIO
O
PISIÓN
PREVENTIVA
ATENUADA
Existen
ciertas
situaciones
que
requieren
de
un
tratamiento
específico,
más
favorecedor
del
preventivo,
y
que,
si
bien
con
denominación
diversa,
encuentran
acogida
tanto
en
la
legislación
española
como
en
la
hondureña,
si
bien
con
algunos
matices
en
cuanto
al
tratamiento
y
al
presupuesto
de
adopción
de
la
detención
preventiva
bajo
esta
modalidad.
En
España
la
situación
ha
sido
especialmente
peculiar,
y
es
por
ello
que
resulta
interesante
el
iter
legislativo
hasta
la
regulación
actualmente
existente.
De
este
modo,
hasta
1980
no
se
introdujo
de
manera
expresa
la
atenuación
de
la
prisión
provisional
en
nuestra
ley.
Con
anterioridad,
la
Ley
de
10
de
septiembre
de
1931
incorporó
a
la
LECRIM
dos
preceptos
del
Código
de
Justicia
Militar,
vigente
entonces,
si
bien
lo
hizo
de
forma
atípica,
por
cuanto
no
incorporó
a
ningún
precepto
concreto
de
nuestra
LECRIM
esta
modalidad.
Por
la
Ley
de
22
de
abril
de
1980
se
introduce
el
artículo
505.II
del
código
procesal
penal,
permitiéndose
la
adopción
de
la
prisión
provisional
atenuada
cuando
por
razón
de
enfermedad
del
inculpado
el
internamiento
entrañe
grave
peligro
para
su
salud,
restringiéndose
con
ello
las
posibilidades
de
esta
atenuación,
dado
que
la
Ley
de
1931
no
limitaba
esta
posibilidad
al
estado
grave
de
salud
del
imputado,
sino
que
se
dejaba
al
criterio
razonado
del
órgano
jurisdiccional
instructor,
atenuar
las
condiciones
de
cumplimiento
de
la
prisión
provisional,
convirtiéndola
en
arresto
domiciliario.
Pese
a
todo,
no
se
establece
el
régimen
de
esta
atenuación
y,
sobre
todo,
los
medios
a
través
de
los
cuales
puede
desarrollarse
la
misma.
Significativa
es
la
configuración
de
la
misma
en
la
Ley
de
1931,
en
la
que
se
permitía
la
salida
de
su
domicilio
durante
las
horas
necesarias
para
el
ejercicio
de
su
profesión,
bajo
la
vigilancia
correspondiente.
Si
bien
hoy
parece
carecer
de
utilidad
práctica,
dada
la
falta
de
cobertura
legal
de
desarrollo,
resultaría
una
buena
alternativa
a
la
prisión
provisional,
probablemente
porque,
como
sucede
en
otros
ordenamientos
102
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
103
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
104
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
105
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
106
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
107
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
108
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Admitido
el
recurso,
el
juez
remitirá
sin
tardanza
−debe
entenderse
a
la
mayor
brevedad
posible−
al
tribunal
de
apelación
una
copia
de
las
actuaciones
que
guarden
relación
con
la
resolución
cautelar
apelada
al
criterio
del
titular
del
órgano
jurisdiccional,
quien
certificará
la
misma.
La
Corte
de
Apelaciones
resolverá
sin
más
trámite
dentro
de
los
tres
días
siguientes
de
recibidas
las
actuaciones.
7.
Abono
del
tiempo
pasado
en
prisión
preventiva
a
efectos
de
pena
El
tiempo
pasado
cautelarmente
en
prisión
preventiva
debe
computarse
a
los
efectos
de
la
condena,
cuando
finaliza
el
proceso
y
se
dicta
una
sentencia
condenatoria.
En
España
este
tema
se
regula
en
los
artículos
58
y
59
CP.
En
la
mayor
parte
de
los
países
se
encuentra
unos
criterios
para
proceder
al
cómputo
de
este
tiempo.
Así,
en
Honduras
también
se
encuentra
regulado
en
los
artículos
58
CP
y
en
el
386
del
CPP.
En
general
puede
decirse
que
en
los
dos
artículos
se
enuncia
que
el
cómputo
de
la
pena
deberá
quedar
comprendido
el
tiempo
en
el
que
el
condenado
haya
permanecido
tanto
en
detención,
como
en
prisión
preventiva.
Debe
tenerse
en
cuenta
especialmente:
1. Si
se
impone
una
condena
a
pena
privativa
de
libertad,
se
le
descontará,
a
efectos
de
la
condena,
el
tiempo
pasado
en
situación
de
prisión
provisional,
a
razón
de
un
día
de
prisión
preventiva
por
un
día
de
presidio,
de
reclusión
o
de
prestación
de
trabajo.
2. Si
se
impone
una
pena
no
privativa
de
libertad,
como
fuere
la
pena
de
multa,
cabe
abonarla
también,
existiendo
diversos
criterios,
por
ejemplo
en
algunos
países
se
entiende
que
un
día
de
prisión
preventiva
debe
computarse
por
tres
días-‐multa
que
deba
cumplir.
3. En
España
es
posible
también
abonar
el
tiempo
en
prisión
preventiva,
incluso
cuando
se
dicte
sentencia
absolutoria,
cuando,
en
otro
proceso
diferente,
se
dicte
una
sentencia
condenatoria
a
pena
privativa
de
libertad,
siempre
y
cuando
haya
tenido
por
objeto
hechos
anteriores
al
ingreso
en
prisión
art.
58.1
4. Es
más,
en
España
un
cierto
sector
doctrinal
e
incluso
jurisprudencial
se
ha
manifestado
en
favor
de
una
interpretación
del
tiempo
de
privación
de
libertad
a
abonar
en
sentido
maximalista,
esto
es,
computándose
no
sólo
el
tiempo
de
prisión
provisional
sino
también
el
tiempo
que
se
ha
sufrido
anteriormente
como
consecuencia
de
una
detención
o
de
un
arresto
domiciliario;
opinión
que
compartimos.
5. Por
su
parte,
podrían
incluso
valorarse
las
horas
que
se
ha
pasado
en
situación
de
captura,
aprehensión,
arresto,
detención
por
el
fiscal,
etc.,
a
efectos
del
cómputo
a
pasar
en
prisión
preventiva
y
en
la
futura
condena
a
pena
privativa
de
libertad
o
privativa
de
derechos
109
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
8.
Indemnización
por
prisión
preventiva
sufrida
En
numerosos
supuestos
el
proceso
finaliza
sin
sentencia
condenatoria
o
con
una
condena
privativa
de
libertad
de
menor
duración
o
a
condena
no
privativa
de
libertad
y
una
persona,
quien
fue
imputado
y
acusado
en
el
proceso
ha
sufrido
una
privación
de
libertad
excesiva
o
injusta.
Estaríamos
ante
supuestos
que
pondrían
de
manifiesto
el
mal
funcionamiento
de
la
justicia
al
inferir
un
daño
desproporcionado
a
quien
soportó
la
medida
más
gravosa
que
es
la
prisión
preventiva
durante
la
pendencia
del
proceso.
Consecuencia
de
ello
en
el
ordenamiento
español
se
ha
reaccionado
estableciendo
una
suerte
de
respuesta
legislativa
que
arranca
del
mismo
texto
constitucional,
cuando
el
artículo
106.2
de
la
CE
reconoce
el
derecho
de
todo
particular
«a
ser
indemnizado
por
toda
lesión
que
sufran
en
cualquiera
de
sus
bienes
o
derechos,
salvo
en
los
casos
de
fuerza
mayor,
siempre
que
la
lesión
sea
consecuencia
del
funcionamiento
de
los
servicios
públicos».
Puede
ocurrir,
por
tanto,
que
se
exija
responsabilidad
bien
subjetiva
o
bien
objetiva.
Desde
el
punto
de
vista
subjetivo
cabría
reclamar
responsabilidad
civil,
si
mediare
dolo
o
culpa
o
responsabilidad
penal,
derivada
de
la
concurrencia
de
los
elementos
del
tipo
que
pudieran
reclamar
por
delito
de
prevaricación,
en
aquellos
supuestos
en
que
se
dicta
un
auto
de
prisión
preventiva
a
sabiendas
de
que
es
injusto.
Sin
embargo,
junto
a
esta
posibilidad
de
responsabilidad
subjetiva,
el
supuesto
normal
que
se
puede
reclamar
es
el
de
la
responsabilidad
objetiva
o
patrimonial
del
Estado-‐juez.
A
esta
responsabilidad
patrimonial
del
Estado-‐juez
se
refiere
el
artículo
121
de
la
CE30,
que
se
extiende
a
los
daños
causados
con
ocasión
del
ejercicio
de
la
jurisdicción,
sin
hacer
expresa
referencia
a
la
prisión
provisional.
El
desarrollo
de
esta
norma
se
produjo
por
la
Ley
Orgánica
del
Poder
Judicial
de
1985,
en
la
que,
por
primera
vez,
se
regula,
la
posibilidad
del
derecho
a
una
indemnización
a
cargo
del
Estado,
como
consecuencia
de
error
judicial
o
por
daños
causados
por
funcionamiento
anormal
de
la
Administración
de
Justicia
(arts.
292
a
297),
y
el
supuesto
específico
de
indemnización
en
materia
de
prisión
provisional,
dado
que
el
artículo
294.1
de
la
LOPJ
establece
que
«tendrán
derecho
a
indemnización
quienes,
después
de
haber
sufrido
prisión
preventiva,
sean
absueltos
por
inexistencia
del
hecho
imputado
o
por
esta
misma
causa
haya
sido
dictado
auto
de
sobreseimiento
libre,
siempre
que
se
le
hayan
irrogado
perjuicios».
La
interpretación
literal
de
la
ley
implica
que
sólo
es
posible
esta
indemnización
cuando
se
dicta
sentencia
absolutoria
o
auto
de
sobreseimiento
libre
por
inexistencia
del
hecho
imputado,
dejando
al
margen
situaciones
injustas
de
prisión
provisional
tales
como
que
el
hecho
no
sea
constitutivo
de
delito
o
que
el
preso
preventivo
aparezca
exento
de
responsabilidad
criminal,
o
que
sea
30.
Entre
otras
puede
verse,
Vicente
GARRIDO
MAYOL,
La
responsabilidad
patrimonial
del
Estado,
Tirant
lo
Blanch,
Valencia,
2004.
110
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
condenado
a
pena
no
privativa
de
libertad,
o
que
sea
condenado
a
pena
privativa
de
libertad
de
menor
duración,
entre
otras.
Se
trata
de
supuestos
de
injusticia
que
absurdamente
no
quedan
cubiertos
por
este
derecho,
y
que
ha
provocado
una
interpretación
libre
y
expansiva
de
la
jurisprudencia,
que
viene
equiparando
la
inexistencia
objetiva
del
hecho
a
la
inexistencia
subjetiva
del
mismo.
No
obstante,
siempre
cabría
pretender
una
indemnización
por
el
supuesto
general
(art.
292.2),
bien
como
declaración
de
error
judicial
(si
bien
con
la
exigencia
de
que
el
mismo
se
produzca
por
resolución
firme)
o
por
funcionamiento
anormal
de
la
Administración
de
Justicia
(que
en
suma
podría
centrarse
en
los
conceptos
de
la
razonabilidad
de
la
duración
de
un
proceso).
La
jurisprudencia
lo
ha
ido
flexibilizando.
Así,
inicialmente
la
declaración
programática
de
la
responsabilidad
patrimonial
del
Estado-‐juez
por
el
artículo
121
de
la
CE,
por
los
daños
causados
con
ocasión
del
ejercicio
de
la
jurisdicción,
no
hacía
expresa
referencia
a
la
prisión
provisional,
si
bien
el
desarrollo
de
esta
norma
se
produjo
por
la
LOPJ
de
1985.
Se
regula,
por
vez
primera,
la
posibilidad
del
derecho
a
una
indemnización
a
cargo
del
Estado,
como
consecuencia
de
error
judicial
o
por
daños
causados
por
funcionamiento
anormal
de
la
Administración
de
Justicia
(arts.
292
a
297),
y
el
supuesto
específico
de
indemnización
en
materia
de
prisión
provisional
(art.
294.1
de
la
LOPJ).
Ahora
bien,
el
artículo
294
solo
admite
la
indemnización
por
sentencia
absolutoria
o
auto
de
sobreseimiento
libre
por
inexistencia
del
hecho
imputado,
dejando
al
margen
situaciones
injustas
de
prisión
provisional
tales
como
hecho
no
constitutivo
de
delito,
el
preso
preventivo
exento
de
responsabilidad
criminal
(art.
637.2
y
3),
que
sea
condenado
a
pena
no
privativa
de
libertad,
o
condenado
a
pena
privativa
de
libertad
de
menor
duración,
entre
otras.
Se
trata
de
supuestos
no
cubiertos
por
la
norma
y
que
en
la
jurisprudencia
se
venían
equiparando
a
la
inexistencia
objetiva
del
hecho.
Sin
embargo
esta
interpretación
ha
sido
puesta
en
cuestión
por
el
STEDH
(asunto
Puig
Panella
c/España,
sentencia
de
25
de
abril
de
2006;
y
posteriormente
en
la
sentencia
de
13
de
julio
de
2010
(asunto
Tendam
c/España),
al
considerar
que
el
294
de
la
LOPJ
solo
está
permitiendo
la
pretensión
indemnizatoria
en
los
supuestos
de
adopción
de
prisión
provisional
cuando
la
resolución
penal
de
absolución
o
sobreseimiento
lo
sea
por
inexistencia
del
hecho
imputado
y
no
de
manera
genérica
en
todo
caso,
dado
que
es
necesario
tal
pronunciamiento
y
en
el
sentido
de
inexistencia
de
hecho
delictivo
como
ausencia
de
toda
imputación.
Ello
no
significa
desprotección
de
otras
situaciones
de
prisión
provisional
seguidas
de
sentencia
absolutoria
o
sobreseimiento
libre,
dado
que
cabría
plantearlas
por
la
vía
general
prevista
en
el
artículo
293
de
la
LOPJ
(sentencia
de
23
de
noviembre
de
2010).
La
situación
también
se
resuelve
en
Honduras
en
el
artículo
324
de
la
Constitución,
donde
se
consagra
que
si
el
servidor
público
en
el
ejercicio
de
su
cargo,
infringe
la
ley
en
perjuicio
de
particulares
será
civil
y
solidariamente
responsable
junto
con
el
estado
o
con
la
institución
estatal
a
cuyo
servicio
se
encuentre,
sin
perjuicio
de
la
acción
de
repetición
que
estos
pueden
ejercitar
111
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
contra
el
servidor
responsable
en
los
casos
de
culpa
o
dolo.
Ahora
bien,
debe
tenerse
en
cuenta
que
la
responsabilidad
civil
no
excluye
la
deducción
de
las
responsabilidades
administrativas
y
penal
contra
el
infractor.
Así
mismo
el
artículo
326
de
la
Constitución
señala
que
es
pública
la
acción
para
perseguir
a
los
infractores
de
los
derechos
y
garantías
establecidas
en
esta
Constitución
y
se
ejercitara
sin
caución
ni
formalidad
alguna
y
por
simple
denuncia.
Igualmente,
el
artículo
327
de
la
Constitución
dispone
que
la
Ley
regulara
la
responsabilidad
Civil
del
Estado,
así
como
la
responsabilidad
civil
solidaria,
penal
y
administrativa
de
los
servidores
del
Estado.
Debe
tenerse
en
cuenta
también
en
Honduras
lo
que
dispone
la
Convención
Americana
de
Derechos
Humanos
en
su
artículo
10,
cuando
establece
que
toda
persona
tiene
Derecho
a
ser
indemnizada
conforme
a
la
Ley
en
caso
de
haber
sido
condenada
en
sentencia
firme
por
error
judicial.
En
ese
mismo
sentido
el
Pacto
Internacional
de
los
Derechos
Civiles
y
Políticos
en
su
artículo
4
numeral
5,
establece
que
toda
persona
que
haya
sido
ilegalmente
presa,
tendrá
el
derecho
efectivo
a
obtener
reparación.
Para
finalizar,
debe
tenerse
en
consideración
del
mismo
modo
el
artículo
393
del
CPP,
que
en
su
parte
conducente
dispone
que
el
Juez
de
Ejecución
tramitará,
de
conformidad
con
lo
dispuesto
en
el
Código
de
Procedimiento
Comunes,
la
tasación
de
costas
impuestas
y
demás
gastos
a
que
se
refiere
el
código
penal.
Si
los
bienes
del
condenado
no
fueren
suficientes
para
cubrir
todas
las
responsabilidades
de
naturaleza
económica,
se
imputarán,
por
el
orden
siguiente;
1)
A
la
reparación
del
daño
causado
e
indemnizaciones
de
los
perjuicios;
2)
A
las
costas
procesales
y
personales;
3)
A
los
gastos
ocasionados
en
el
juicio;
4)
A
la
multa.
En
conclusión,
en
Honduras
la
persona
ilegalmente
detenida
puede
accionar
la
reparación
o
indemnización
del
daño
causado
en
primera
instancia
por
dos
vías;
ante
los
Juzgados
de
lo
Contencioso
Administrativo,
una
vez
que
haya
obtenido
una
sentencia
absolutoria,
por
falsa
denuncia
o
falsa
acusación
o
por
hechos
inexistentes
que
le
hayan
supuesto
una
privación
provisional
de
libertad
durante
el
proceso.
Y
la
segunda
vía
a
través
de
un
juicio
ejecutivo
en
el
Juzgado
de
Ejecución
cuando
un
funcionario
o
servidor
del
Estado
haya
sido
condenado,
siguiendo
el
ejemplo
por
detención
ilegal.
112
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
IX
Medidas
cautelares
sustitutivas
de
la
prisión
preventiva
1.
Sustitución
de
la
prisión
preventiva
El
estudio
comparativo
de
las
medidas
sustitutivas
o
alternativas
a
la
prisión
preventiva
refleja
una
diversidad
tanto
en
su
configuración
como
en
su
naturaleza
jurídica,
si
bien
en
todos
los
países
existe
una
nota
común:
el
deseo
de
que
la
prisión
preventiva
sea
de
forma
restrictiva
adoptada
por
el
órgano
jurisdiccional,
que
efectivamente
se
cumpla
el
carácter
excepcional
de
la
medida,
tan
propugnado
desde
las
sedes
internacionales.
Es
por
ello
que,
en
cumplimiento
de
los
principios
de
idoneidad
y
de
proporcionalidad
que
han
sido
reiteradamente
expuestos,
debe
tenerse
presente
como
punto
de
partida
que
la
prisión
preventiva
es
la
excepción
y,
por
ello,
que
siempre
que
los
riesgos
o
peligros
a
que
se
refiere
el
artículo
178
del
CPP
puedan
ser
evitados
por
la
aplicación
de
otra
medida
menos
gravosa
para
su
libertad,
el
Juez,
de
oficio
o
a
petición
de
parte,
podrá
imponer
al
imputado,
en
lugar
de
prisión
preventiva
otras
medidas.
Las
medidas
sustitutivas
de
la
prisión
preventiva
podrán
ser
impuestas
en
forma
simultánea
o
bien
de
forma
sucesiva,
pero
en
todo
caso,
son
menos
gravosas
que
la
privación
de
libertad
cautelar,
aun
cuando
sirven
al
fin
de
sujetar
al
sujeto
pasivo
durante
la
tramitación
del
proceso,
además
de
favorecer
del
mismo
modo
la
averiguación
de
la
verdad
por
medio
de
la
investigación
en
el
procedimiento.
En
la
mayoría
de
los
países
se
ha
intentado
disminuir
la
necesidad
de
prisión
preventiva
a
favor
de
la
aplicación
de
medidas
alternativas
o
sustitutivas
de
aquélla.
De
este
modo
bien
se
le
deja
en
libertad
provisionalmente,
condicionando
este
estado
al
debido
cumplimiento
de
ciertas
obligaciones,
o
bien
se
le
priva
de
su
libertad
de
manera
muy
especial.
En
la
mayoría
de
ellas
se
está
abriendo
una
posible
confianza
en
la
persona
del
imputado,
a
quien
se
le
exige,
somete
o
restringe
alguno
de
sus
derechos
con
el
fin
de
garantizar
o
favorecer
el
desarrollo
del
proceso,
la
efectividad
en
la
investigación
y
el
cumplimiento
de
la
sentencia
cuando
se
dicte.
Como
quiera
que
en
muchas
de
ellas
debe
establecerse
cualesquiera
mecanismos
de
control,
se
deja
abierta
la
posibilidad
de
que
se
el
órgano
jurisdiccional
el
que
determine
cuáles
serán
los
criterios
que
habrá
que
considerar
para
llevar
a
cabo
este
control.
No
obstante,
el
artículo
184
del
CPP
establece
en
su
apartado
III
que
«el
juez
velará
por
el
estricto
cumplimiento
de
la
medida
impuesta,
para
lo
cual
debe
contar
con
el
apoyo
de
cualquier
órgano
de
seguridad
de
la
Policía
Nacional».
1.1.
DELIMITACIÓN
DE
LAS
MEDIDAS
SUSTITUTIVAS
DE
LA
PRISIÓN
PREVENTIVA
113
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
El
legislador
ha
querido
determinar
qué
medidas
podrán
adoptarse
bajo
esta
condición
de
medidas
sustitutivas
de
la
prisión
preventiva,
remitiendo
a
las
que
se
regulan
en
el
artículo
173,
numerales
4),
5),
6),
7),
8),
9;
y
10),
que
son
las
que
a
continuación
se
exponen.
1.1.1.
Arresto
en
su
propio
domicilio
o
en
el
de
otra
persona
que
lo
consienta,
bajo
vigilancia
o
sin
ella
Implica
esta
medida
la
permanencia
en
el
propio
domicilio
o,
en
su
caso,
en
el
de
otra
persona.
Es
por
ello
que
en
algunos
sistemas
se
le
denomina
arresto
domiciliario
o
detención
domiciliaria.
Lógicamente
es
una
medida
menos
gravosa
que
la
privación
de
libertad
en
un
establecimiento
del
Estado,
si
bien
por
su
naturaleza
sigue
siendo
una
medida
cautelar
personal
que
implica
una
limitación
de
la
libertad
o
lo
que
podríamos
denominar
igualmente
como
una
privación
de
libertad
soft.
Esta
medida
puede
adoptarse
con
vigilancia
de
la
persona
o
sin
ella,
si
bien
la
decisión
de
someter
a
vigilancia
plantea
no
pocos
problemas:
quién
será
la
persona
o
la
institución
que
deberá
llevar
a
cabo
esta
vigilancia,
cuánto
tiempo,
quién
sufraga
el
coste
de
la
misma,
cuáles
son
las
consecuencias
derivadas
del
posible
incumplimiento
de
esta
obligación,
entre
otras.
Todos
estos
interrogantes
hacen
compleja
la
decisión
cautelar
de
arresto.
En
todo
caso,
el
juez
deberá,
al
decidir
la
medida
cautelar
que
adopta,
esto
es,
la
de
arresto
en
el
propio
domicilio
o
en
el
de
otra
persona,
indicar
el
por
qué
de
la
medida,
que
no
es
otra
cosa
que
motivar
la
concurrencia
de
los
presupuestos
necesarios
para
adoptar
la
medida,
y
la
idoneidad
de
esta
medida
respecto
de
otras.
En
conclusión,
las
notas
que
van
a
servir
para
pergeñar
esta
detención
domiciliaria
la
convierten
en
una
medida
específica.
Así:
1)
Consiste
en
la
permanencia
en
el
propio
domicilio
o
en
el
de
otra
persona.
De
ahí
que
en
otros
sistemas
se
la
denomine
como
arresto
domiciliario.
2)
Puede
decretarse
con
vigilancia
o
sin
ella.
La
adopción
de
esta
medida
con
vigilancia
plantea
ciertas
dudas,
sobre
todo
si
la
misma
debe
llevarse
a
cabo
por
órganos
públicos,
dado
que
en
tal
caso
el
coste
de
la
medida
desbordaría
las
previsiones
del
Estado
para
Justicia.
Es
por
ello
que,
asumiendo
los
errores
de
otros
sistemas
y
los
debates
desde
sus
legislaciones,
el
legislador
hondureño
acoge
cualquiera
de
las
posible
formas
de
control,
esto
es,
con
vigilancia
o
sin
ella;
y
en
relación
con
la
posible
vigilancia
impuesta,
cabe
la
posibilidad
de
que
ésta
se
lleve
a
cabo
por
una
persona
determinada,
familiar
o
amigo,
incluso
el
propietario
de
la
vivienda
en
la
que
se
debe
recluir
al
sujeto
pasivo
del
proceso.
Esta
modalidad
sería
mucho
más
económica
para
el
Estado
que
la
vigilancia
policial,
por
ejemplo.
114
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3)
Es
una
medida
mucho
menos
gravosa
para
el
sujeto
que
la
sufre
que
la
detención
preventiva
en
establecimiento
penitenciario
o
preventivo,
dado
que
permite
incluso
la
posibilidad
de
que
pueda
tener
movilidad
en
caso
de
necesidad.
1.1.2.
Someter
al
imputado
al
cuidado
o
vigilancia
de
una
persona
o
institución
determinada
que
informe
periódicamente
al
juez
Es
una
de
las
fórmulas
históricamente
reconocidas
en
los
sistemas
jurídicos.
Su
fundamento
obedece
a
razones
de
prudencia,
ya
que
con
ella
se
pretende
tener
noticias
con
cierta
frecuencia
del
paradero
del
procesado
que
se
halla
en
libertad
y
prueba
suficiente
de
que
no
ha
tratado
de
ocultarse
para
eludir
su
responsabilidad.
La
medida
de
sometimiento
al
imputado
al
cuidado
o
vigilancia
de
una
persona
o
institución
determinada
que
informe
periódicamente
al
Juez
no
implica
la
exigencia
de
permanencia
del
imputado
en
un
lugar
fijo,
sino
control
del
mismo
periódico
por
persona
o
institución.
En
este
caso
no
se
da
una
privación
de
libertad
sino
una
restricción
de
la
misma,
bajo
las
condiciones
legalmente
establecidas
y
las
que
puedan
igualmente
imponerse
como
régimen
jurídico
de
cumplimiento
por
el
órgano
jurisdiccional
en
su
auto
cautelar.
La
primera
cuestión
que
surge
en
el
marco
del
régimen
jurídico
determinable
de
esta
medida
es
la
de
determinar
la
persona
o
institución
de
que
se
trata.
Y
en
este
sentido
debe
afirmarse
que
puede
ser
persona
física,
con
vinculación
o
no
familiar
al
imputado,
y
puede
serlo
por
una
institución,
ya
sea
ajena
absolutamente
al
mismo
o
ya
por
ejemplo
desde
la
empresa,
el
hospital,
el
centro
de
salud,
instituciones
de
desintoxicación
de
drogodependientes
e
inclusive
podría
encomendarse
−porque
no
se
excluye−
a
instituciones
penitenciarias
públicas
que
hicieren
un
seguimiento
etc.
Se
trata
de
un
garante
personal
y
no
existe
exclusión
más
allá
de
la
lógico
y
significado
de
la
medida.
En
cuanto
a
la
decisión
del
juez
de
adoptar
esta
medida
debemos
tener
en
cuenta
que
podría
convivir
de
forma
sucesiva
con
otras
medidas
tales
como
el
arresto
domiciliario
o
el
internamiento
en
una
institución,
y
establecer
un
grado
de
sucesión
por
el
mismo
juez.
Uno
de
los
elementos
esenciales
en
la
puesta
en
práctica
de
esta
medida
cautelar
es
la
fijación
y
determinación
de
la
relación
jurídica
que
deberá
existir
entre
el
vigilante
y
el
juez
que
adoptó
la
medida
cautelar,
en
la
medida
en
que
aquél
deberá
rendir
informe
periódico
a
éste.
La
periodicidad
vendrá
determinada
por
el
juez
al
pergeñar
el
régimen
jurídico
aplicable
de
esta
medida
y
sin
que
el
legislador
establezca
el
grado
y
los
límites
a
la
periodicidad
del
informe.
En
todo
caso,
se
entiende
que
deberá
concurrir
un
compromiso
de
informe
regular.
Y
este
informe
puede
ser
oral
o
escrito,
dado
que
no
se
establecen
tampoco,
como
no
puede
ser
de
otra
forma,
reglas
formales
para
ello.
En
todo
caso
y
en
lo
que
a
la
vida
jurídica
de
la
medida
se
refiere,
hay
que
entender
que
un
informe
o
varios
desfavorables
o
la
ausencia
de
los
mismos
podría
devenir
en
una
orden
de
prisión
preventiva.
1.1.3.
Obligar
al
imputado
a
presentarse
periódicamente
ante
un
determinado
Juez
o
autoridad
que
éste
designe
115
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
116
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
117
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
118
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Viene
referida
a
dos
objetivos:
por
un
lado
la
medida
puede
dirigirse
a
evitar
que,
de
forma
directa
o
indirecta,
mantenga
relación
con
personas
que
pudieren
haber
tomado
parte
en
la
comisión
del
hecho
delictivo,
como
podría
ser
coautores,
partícipes,
encubridores,
etc;
o
bien
puede
referirse
también
a
la
posibilidad
de
alejarse
de
las
víctimas,
como
medida
de
protección.
El
legislador
ha
querido,
sin
embargo,
establecer
una
exclusión
a
esta
limitación
del
derecho
de
comunicación
con
terceros,
cual
es
la
referida
al
ejercicio
del
derecho
de
defensa.
El
equilibrio
y
proporción
entre
el
ejercicio
del
ius
puniendi
por
parte
del
Estado
y
el
derecho
de
defensa
reconocido
al
individuo
lleva
a
establecer
una
primacía
respecto
del
segundo,
de
modo
que
la
adopción
de
la
medida
no
perturbará
el
ejercicio
de
cuantas
actuaciones
favorezcan
el
derecho
de
defensa.
Como
en
las
anteriores
medidas,
no
existe
una
regulación
ni
un
régimen
específico
que
permita
determinar
el
sistema
a
seguir
para
llevar
a
cabo
el
control,
si
bien
el
uso
de
los
medios
tecnológicos
como
la
pulsera
electromagnética
permite
en
determinados
ordenamientos
jurídico
llevar
a
cabo
el
control
pertinente
y
por
tanto
garantizar
la
eficacia
de
la
medida.
La
consecuencia
de
su
incumplimiento,
como
sucediera
en
los
casos
anteriores,
llevaría
a
la
agravación
de
la
situación
y,
en
consecuencia,
a
favorecer
el
decreto
de
prisión
preventiva.
1.1.7.
Constitución
a
favor
del
Estado
por
el
propio
imputado
o
por
otra
persona,
de
cualquiera
de
las
garantías
siguientes:
depósitos
de
dinero
o
valores,
hipoteca,
prenda
o
fianza
personal.
El
legislador
hondureño
ha
querido
incorporar
a
las
cauciones
como
último
Capítulo
de
este
Título
destinado
al
estudio
de
las
medidas
cautelares.
Es
el
Capítulo
III
el
que
regula
las
mismas,
y
en
concreto
los
artículos
193
a
197
del
CPP.
Puede
decirse
que
ha
sido
históricamente
la
medida
que
ha
tenido
más
presencia
en
la
mayoría
de
los
sistemas
jurídico-‐procesales.
Su
fundamento
se
asienta
en
responder
de
la
comparecencia
del
inculpado
cuando
fuere
llamado
por
el
juez
que
conociere
de
la
causa;
en
suma,
concurren
los
dos
presupuestos
para
adoptar
las
medidas
cautelares,
la
existencia
de
elementos
de
convicción
suficientes
para
sostener
que
el
que
debe
prestarla
es,
con
probabilidad,
autor
o
partícipe
de
un
hecho
punible;
y
la
existencia
de
elementos
de
convicción
suficientes
de
que
el
imputado
no
se
someterá
al
proceso
(peligro
de
fuga).
De
la
regulación
específica
de
las
cauciones
en
el
marco
del
Código
Procesal
Penal
hondureño
podemos
señalar
las
siguientes
coordenadas:
1.
Hablar
de
caución
implica
referirse
a
una
institución
con
un
condicionante
que
escapa
de
la
privación
o
restricción
de
libertad.
Estamos
ante
una
exigencia
de
naturaleza
real
o
económica
que
puede
jugar
como
medida
cautelar
o
como
salvaguarda
de
una
cautela.
119
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
2.
Su
función
es
la
de
responder
de
la
comparecencia
del
inculpado
cuando
fuere
llamado
por
el
juez
que
conociere
de
la
causa,
actuando
condicionando
la
libertad
del
sujeto
pasivo,
de
modo
que
es
una
conditio
de
su
libertad
(de
hecho
vienen
a
condicionar
la
libertad
provisional
del
sujeto
pasivo,
art.
194).
3.
Clase
de
caución.
El
legislador
establece
una
serie
de
normas
de
forma
fragmentada
pero
referidas
a
las
mismas.
Así,
―
La
caución
podrá
ser
fianza,
o
garantía
real.
a)
Fianza:
Podrá
otorgarla
todo
aquel
que
tenga
capacidad
para
contratar
y
disponer
y
que
sea
propietario
de
bienes
suficientes
para
responder
por
la
cuantía
de
la
caución
establecida
por
el
Juez.
Tales
bienes
podrán
ser
muebles,
inmuebles
o
depósitos
bancarios
y
su
existencia
se
probará
con
los
atestados
o
certificaciones
correspondientes.
b)
Caución
real:
mediante
hipoteca,
prenda
o
depósito
de
dinero.
Habrá
que
distinguir
a
estos
efectos
las
diversas
modalidades
de
fianza.
Así,
por
ejemplo,
cuando
se
trate
de
una
fianza
que
afecte
a
bienes
inmuebles,
ya
fueren
del
mismo
sujeto
imputado
o
de
un
tercero,
se
presentará
en
el
juzgado
el
título
de
propiedad,
el
avalúo
catastral
y
el
certificado
del
Registro
correspondiente
que
acredite
que
no
pesa
sobre
ellos
ningún
gravamen,
o
que
aún
tratándose
de
un
bien
que
se
halla
gravado,
constituye
garantía
suficiente
a
los
efectos
pretendidos.
Pero
en
todo
caso
se
exige
por
ley
la
conformidad
del
propietario
del
bien.
Si
fuere
un
bien
mueble
o
joyas,
deberá
acreditarse
su
valor
mediante
las
oportunas
pericias.
No
obstante,
el
juez
o
tribunal
deberán
asimismo
verificar
la
autenticidad
de
los
mismos,
así
como
la
veracidad
de
esta
operación,
con
el
fin
de
evitar
situaciones
fraudulentas
que
impidieren
efectivizar
el
sentido
propio
de
la
fianza
a
efectos
de
afección
del
sujeto
pasivo
al
proceso
penal.
Toda
esta
labor
judicial
culminará
con
la
designación
de
un
depositario
de
estos
bienes.
Y
en
todo
caso
si
estos
bienes
afectados
estuvieren
sujetos
a
registro,
deberá
inscribirse
el
gravamen
en
el
registro
correspondiente.
Cuando,
finalmente,
la
fianza
consista
en
la
entrega
de
dinero
deberá
depositarse
las
cantidades
pertinentes
en
una
cuenta
bancaria,
a
la
orden
del
juez
o
tribunal
de
la
causa.
Estas
cantidades
mantendrán
el
valor
otorgado,
sin
perjuicio
de
los
intereses
que
este
depósito
puedan
generar
en
la
entidad
bancaria
correspondiente.
―
Puede
sustituirse
en
todo
caso
y
siempre
con
autorización
del
juez,
la
caución
rendida
por
otra
equivalente.
―
En
los
casos
en
que
el
imputado
no
tenga
capacidad
para
rendir
una
caución
de
naturaleza
económica,
podrá
decretarse
caución
juratoria,
juramento
de
someterse
al
procedimiento.
Deberá
decretarse
conjuntamente
con
la
medida
a
que
se
refiere
el
numeral
6,
del
artículo
173
del
CPP
y
cualquiera
otra
que
el
juez
considere
conveniente
(art.
184.V
del
CPP).
―
Puede
prestar
la
caución
persona
distinta
del
imputado,
no
gozando
en
este
caso
del
beneficio
de
excusión.
120
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
121
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
122
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
3)
Parricidio
4)
Violación
5)
Trata
de
personas
6)
Pornografía
infantil
7)
Secuestro
8)
Falsificación
de
Moneda
y
billetes
de
banco
9)
Robo
de
vehíulos
automotores
terrestres,
naves
aéreas,
buques
y
otros
bienes
similares
y
el
robo
de
ganado
mayor
10)
Magnicidio
de
Jefe
de
estado
o
de
Gobierno
Nacional
o
Extranjero
11)
Genocidio
12)
Asociación
ilícita
13)
Extorsión
14)
Delitos
relacionados
con
armas
de
guerra
15)
Terrorismo
16)
Contrabando,
en
artículo
392-‐D,
1),
2),
5),
11),
13),
14),
15),
16),
17),
18),
19)
y
21)
del
CP
17)
Defraudación
fiscal
en
artículo
392-‐D,
1),
2),
9),
10),
11),
12),
14),
15),19)
del
CP
18)
Delitos
relacionados
con
tráfico
ilícito
de
drogas
y
estupefacientes
19)
Lavado
de
activos
20)
Prevaricato
21)
Feminicidio
Son
todos
ellos
delitos
absolutamente
dispares,
que
tienen
bien
jurídico
diferente,
que
responden
a
naturalezas
diversas,
si
bien
tienen
como
elemento
en
común
que
son
los
delitos
más
gravosos,
los
que
más
impacto
social
producen
y
los
que
el
ordenamiento
jurídico
entiende
que
no
puede
acudirse
a
medio
o
vía
que
aminore
el
tratamiento
de
quien
aparece
como
sospechoso
de
la
comisión
del
mismo
o
incluso
como
imputado
o
procesado
por
la
comisión
de
estos
hechos.
1.3.
FORMA
Y
CONTENIDO
DE
LA
RESOLUCIÓN
QUE
DECRETE
MEDIDAS
SUSTITUTIVAS
Y
CONTENIDO
DEL
ACTA
QUE
REGISTRE
UNA
MEDIDA
SUSTITUTIVA
Las
medidas
sustitutivas
de
la
prisión
preventiva
se
adoptan
por
el
órgano
judicial,
aun
cuando
en
algunos
casos
excepcionales
se
permite
en
virtud
de
lo
que
dispone
el
artículo
173.
II
del
CPP,
y
por
tanto
solo
respecto
de
las
medidas
determinadas
en
la
norma,
que
sea
el
Ministerio
Público
el
que
adopte
en
caso
de
urgente
necesidad
alguna
de
estas
medidas
si
bien
con
la
convalidación
posterior
del
juez.
De
este
modo,
puede
afirmarse
que
con
carácter
general
será
competencia
judicial
la
decisión
de
decretar
o
no
medidas
sustitutivas
de
la
prisión
preventiva.
En
esta
decisión,
que
revestirá
la
forma
de
auto
(art.
139.III
del
CPP),
deberá
contenerse,
según
dispone
el
artículo
186
del
CPP:
1.
La
denominación
del
juzgado
que
adopte
la
medida,
lugar
de
emisión.
2.
Datos
personales
del
imputado
o
los
que
sirvan
para
identificarlo.
3.
Sucinta
relación
de
hecho
o
hechos
que
se
atribuyan
al
imputado,
con
su
calificación
legal.
123
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
124
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
125
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
estar
a
o
que
dispone
el
artículo
173.11
del
CPP
y
su
desarrollo
en
el
artículo
185
CPP.
En
el
caso
que
nos
ocupa
el
fundamento
de
esta
medida
se
halla
en
la
situación
del
sujeto
pasivo,
en
su
capacidad
o
en
su
estado
psíquico
o
psicológico
que
lleva
a
considerar
que
la
privación
de
libertad
no
debe
serlo
en
un
establecimiento
penitenciario
o
cautelar
sino
en
un
establecimiento
especializado
para
dar
tratamiento
adecuado.
El
régimen
jurídico
aplicable
en
este
supuesto
de
internamiento
en
establecimiento
especializado
viene
determinado
por
lo
que
prescribe
el
artículo
185
del
CPP,
a
saber:
1.
Se
dan
los
mismos
presupuestos
que
concurren
para
decretar
la
prisión
preventiva.
2.
Concurre
y
así
se
hace
constar
mediante
un
dictamen
pericial,
que
la
persona
que
ha
de
ser
sometida
a
prisión
preventiva
se
halla
en
un
estado
de
enfermedad
mental
cuyo
tratamiento
es
incompatible
con
el
cumplimiento
de
la
medida
cautelar
en
un
establecimiento
penal.
Se
trata
por
ello
de
la
medida
aplicable
tan
sólo
a
quienes
se
hallan
inmersos
en
alguna
causa
de
discapacitación
mental
o
incapacidad
transitoria.
La
exigencia
del
dictamen
pericial
avala
la
comprobación
de
si
sufre
una
grave
alteración
o
insuficiencia
de
sus
facultades
mentales
que
lo
tornan
peligroso
para
sí
o
para
terceros.
3.
No
es
una
decisión
automática,
fruto
de
las
coordenadas
descritas,
sino
que
queda
a
decisión
específica
y
caso
por
caso
del
órgano
jurisdiccional,
quien
podrá
o
no
determinar
la
necesidad
de
ordenar
el
internamiento
en
un
establecimiento.
4.
La
decisión
de
internamiento
tendrá
la
condición
de
cautela
igualmente,
si
bien
para
garantizar
la
función
de
aseguramiento
del
imputado
durante
el
proceso
se
requerirá
de
la
debida
aplicación
de
los
medios
pertinentes
para
impedir
la
fuga
de
la
persona
internada.
5.
El
internamiento
no
podrá
durar
más
que
la
prisión
preventiva
ordinaria,
lo
que
lleva
a
vincularla
con
los
plazos
legalmente
establecidos
para
la
misma,
regulados
en
el
artículo
181
CPP.
Y
en
todo
caso
concluirá
este
internamiento
cuando
haya
cesado
la
situación
y
el
órgano
jurisdiccional
valore
la
procedencia
de
mantener
a
la
persona
privada
de
libertad
cautelarmente
en
un
establecimiento
penal
o,
en
su
caso,
adoptar
una
medida
sustitutiva.
2.2.
SUSPENSIÓN
DEL
CARGO
En
los
supuestos
en
que
se
atribuye
al
imputado
un
delito
contra
la
administración
pública
es
posible
pensar
en
una
medida
de
suspensión
del
ejercicio
del
cargo.
Si
bien
es
cierto
que
esta
medida
se
regula
entre
las
medidas
cautelares
aplicables,
concurriendo
los
presupuestos
legitimadores
de
las
mismas
para
adoptarlas,
ex
artículo
173,
la
naturaleza
de
esta
medida
no
es
propiamente
cautelar.
No
se
dirige
a
asegurar
la
eficacia
del
procedimiento,
ni
a
garantizar
la
126
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
127
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
128
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
productos,
instrumentos,
ganancias
de
origen
ilícito
o
que
no
tengan
causa
económica
o
legal
de
su
procedencia.
2.
El
procedimiento
especial
que
ha
de
seguirse
para
el
efectivo
cumplimiento
y
aplicación
de
esta
Ley.
3.
Las
facultades
y
actuación
de
las
autoridades
encargadas
para
el
conocimiento
y
aplicación
de
esta
Ley.
4.
Las
obligaciones
de
personas
naturales
o
jurídicas,
que
se
dedican
al
ejercicio
de
profesionales
o
actividades
susceptibles
para
ser
utilizadas
en
las
transferencias,
uso,
ocultamiento
y
circulación
de
bienes,
productos,
instrumentos
originados
en
actividades
ilícitas
o
surgidos
como
producto
de
la
criminalidad.
5.
Los
mecanismos
legales
que
han
de
permitir
el
ejercicio
de
los
derechos
de
las
personas
que
se
consideren
afectadas
con
la
aplicación
de
esta
Ley.
6.
La
aplicación
de
técnicas
especiales
de
investigación,
como
entrega
vigilada,
operaciones
encubiertas,
y
otras
permitidas
por
la
Ley.
En
especial,
y
al
efecto
que
a
nosotros
no
interesa,
hemos
de
estar
a
lo
que
prevé
el
Capítulo
VIII,
en
sus
artículos
32
a
38,
en
los
que
se
recogen
algunas
de
estas
medidas
así
como
el
procedimiento
para
ello.
Todo
y
que
la
ley
es
la
que
va
a
condicionar
el
marco
en
el
que
se
pueden
aplicar,
la
exigencia
de
valorar
y
ponderar
la
concurrencia
o
no
de
esta
situación
especial
que
lleve
a
considerar
necesario
aplicar,
amén
de
otros
instrumentos
como
especialmente
las
técnicas
de
investigación
de
bienes,
productos,
instrumentos
o
ganancias,
las
medidas
cautelares
que
de
forma
específica
se
recogen
en
la
Ley
y
sobre
todo
su
régimen
jurídico
aplicable.
Estas
medidas
consisten
en
prohibir
o
suspender
el
poder
dispositivo
o
de
transferir,
convertir,
enajenar
o
gravar
o
trasladar
bienes,
productos,
instrumentos
o
ganancias;
o
su
custodia
o
control
temporal,
ya
se
trate
de
dinero
depositado
en
instituciones
financieras,
títulos
valores
y
de
los
rendimientos
de
los
anteriores,
etc31.
Las
posibles
dudas
que
pueden
plantearse
en
el
supuesto
anterior,
en
el
caso
de
medidas
cautelares
patrimoniales
en
el
marco
de
los
procesos
penales
comunes
del
CPP,
en
cuanto
a
régimen
jurídico
aplicable,
no
se
dan
aquí,
porque
tienen
una
regulación
propia
que
viene
a
considerarse
claramente
aplicable
cuando
se
trata
de
medidas
que
están
vinculadas
a
delitos
referidos
a
crimen
organizado,
que
se
sirve
de
bienes
originados
por
actividades
ilícitas,
en
cuyo
caso
esta
ley
pretende
implementar
medidas
que
priven
de
los
mismos
a
quienes
se
hallan
inmersos
en
estas
actividades.
Esencialmente
podemos
considerar
las
siguientes
reglas
de
actuación:
31.
En
el
artículo
3
apartado
5)
se
define
la
medida
precautoria,
cautelar
o
de
aseguramiento
como
la
prohibición
temporal
de
transferir,
convertir,
gravar
o
enajenar,
o
trasladar
bienes,
productos,
instrumentos
o
ganancias;
o
su
custodia
o
control
temporal,
mediante
mandamiento
expedido
por
el
Órgano
Jurisdiccional
Competente
o
el
Ministerio
Público.
129
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
130
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Capítulo
X
Medidas
cautelares
en
el
proceso
penal
por
responsabilidad
penal
de
menores
1.
Algunas
cuestiones
en
torno
a
la
responsabilidad
penal
de
los
menores
A
principios
del
siglo
XX
surgió
una
necesidad
de
establecer
una
línea
divisoria
entre
la
responsabilidad
penal
de
menores
y
responsabilidad
penal
de
adultos.
Fueron
muchos
los
ordenamientos
jurídicos
que
asumieron
este
reto,
como
forma
de
cubrir
una
vocación
tuitiva
y
protectora
de
los
menores
de
edad.
Este
punto
de
partida
es
muy
encomiable,
aun
cuando
la
realidad
ponía
de
manifiesto
que,
pese
al
nombre,
en
el
ámbito
procesal
las
diferencias
eran
pocas
y
el
sistema
era
tan
represivo
para
adultos
como
para
niños
y
niñas.
Muy
probablemente
uno
de
los
hitos
esenciales
en
el
marco
de
la
necesidad
de
modificar
la
normativa
penal
y
procesal
cuando
se
trate
de
responsabilidad
de
menores
de
edad
vino
impuesta
en
primer
lugar
por
la
aprobación
de
las
denominadas
«Reglas
de
Beijing»,
reglas
mínimas
de
las
Naciones
Unidas
para
la
administración
de
Justicia
de
menores.
Fueron
aprobadas
por
la
Asamblea
General
de
las
Naciones
Unidas
el
29
de
noviembre
de
1985,
siendo
que
en
ellas
se
enmarcaban
los
grandes
trazos
de
una
nueva
era
en
este
ámbito.
Conviene
destacar:
1.
Se
aplican
a
los
menores
delincuentes
con
imparcialidad,
sin
distinción
alguna,
ya
sea
por
razones
de
raza,
color,
sexo,
idioma,
religión,
opinión
política
o
de
cualquier
otra
índole,
origen
nacional
o
social,
posición
económica,
nacimiento
o
cualquier
otra
condición.
2.
Define
qué
debe
entenderse
por
menor,
por
delito
y
meor
delincuente
y
conmina
a
los
poderes
públicos
a
establecer
leyes
específicas
para
la
delincuencia
juvenil
y
órganos
judiciales
propios
y
especializados
en
menores.
2.
Impulsa
a
los
estados
a
procurar
el
bienestar
de
los
menores
y
garantizar
las
respuestas
proporcionadas
a
las
circunstancias
del
delincuente
y
del
delito.
4.
Insisten
en
la
flexibilización
de
las
normas
penales
y
de
la
ejecución
de
las
medidas
impuestas,
para
garantizar
la
regla
de
«facultades
discrecionales»
en
la
aplicación
de
las
normas
en
atención
a
los
menores
y
a
sus
circunstancias
concurrentes.
5.
Se
recogen
las
bases
para
el
debido
respeto
a
la
presunción
de
inocencia,
derecho
de
defensa
letrada,
principio
acusatorio,
contradicción,
derechos
durante
la
detención,
especialización
policial,
derecho
a
un
juicio
imparcial
y
justo,
duración
mínima
de
la
prisión
preventiva,
etc.
6.
En
lo
estrictamente
procesal
podemos
destacar:
131
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
―
La
respuesta
que
se
de
al
delito
será
siempre
proporcionada,
no
sólo
a
las
circunstancias
y
la
gravedad
del
delito,
sino
también
a
las
circunstancias
y
necesidades
del
menor,
así
como
a
las
necesidades
de
la
sociedad.
―
Las
restricciones
a
la
libertad
personal
del
menor
se
impondrán
sólo
tras
cuidadoso
estudio
y
se
reducirán
al
mínimo
posible.
―
Sólo
se
privará
de
libertad
al
menor
cuando
sea
condenado
por
un
acto
grave
en
el
que
concurra
violencia
contra
otra
persona
o
por
la
reincidencia
en
cometer
otros
delitos
graves,
y
siempre
que
no
pueda
darse
otra
respuesta
adecuada.
―
En
el
examen
de
los
casos
se
considerará
primordial
el
bienestar
del
menor.
―
Los
delitos
cometidos
por
menores
no
se
sancionarán
en
ningún
caso
con
la
pena
capital.
Tampoco
con
penas
corporales.
―
La
autoridad
competente
podrá
suspender
el
proceso
en
cualquier
momento.
―
Se
incorporan
una
serie
de
reglas
que
faciliten
al
juez
de
menores
un
elenco
amplio
de
penas
alternativas
a
la
privación
de
libertad,
tales
como
la
libertad
vigilada,
sanciones
económicas,
tratamientos
psicológiocos,
prestaciones
en
beneficio
de
la
comunidad,
etc.
Y
asimismo
obliga
a
garantizar
determinadas
normas
durante
la
ejecución,
que
respeten
el
derecho
a
la
intimidad,
la
exigencia
de
asistencia
social
y
sanitaria,
atención
psicológica,
orientación
hacia
la
reeducación,
así
como
su
educación
y
formación
profesional
para
permitirles
que
desempeñen
un
papel
constructivo
y
productivo
en
la
sociedad.
Desde
estas
reglas
las
legislaciones
de
los
Estados
miembros
han
ido
haciendo
sus
tareas,
incorporándolas
en
legislaciones
que
tutelan
a
los
niños,
niñas,
menores,
en
diversos
ámbitos
y
también
en
el
ámbito
punitivo,
tratando
de
otorgar
una
tutela
adecuada
frente
a
conductas
que
son
realizadas
por
menores,
que
exigen
una
respuesta
especial,
que
favorezca
especialmente
la
reeducación
de
los
menores
y
su
inserción
en
la
sociedad.
Así,
por
ejemplo,
en
España
la
norma
más
cercana
a
estas
reglas
de
Beijing
fue
la
que
se
aprobó
por
LO
1/1996,
de
15
de
enero,
de
protección
jurídica
del
menor
y
la
posterior
LO
5/2000,
de
12
de
enero,
reguladora
de
la
responsabilidad
penal
del
menor32,
y
su
reglamento
aprobado
por
32.
El
punto
de
partida
y
razón
de
ser
de
la
LO
de
responsabilidad
penal
del
menor
queda
muy
detalladamente
explicitado
en
la
Exposición
de
Motivos,
que
contiene
los
principios
en
que
se
inspira
y
un
completo
resumen
del
contenido
normativo,
un
Título
Preliminar,
donde
se
delimita
la
edad
de
aplicación
y
se
garantizan
los
derechos
fundamentales;
Título
I
(donde
se
reflejan
las
competencias
del
Juez
y
del
Fiscal
de
Menores,
así
como
los
derechos
de
las
víctimas),
Título
II,
en
el
que
se
recogen
los
tipos
de
medidas
(sanción),
principio
acusatorio,
reglas
sobre
la
aplicación
y
duración
de
las
medidas,
así
como
su
modificación,
prescripción,
concurso.
Título
III,
en
el
que
se
regula
la
instrucción
del
procedimiento
desde
la
detención,
desistimiento,
sobreseimiento,
medidas
extrajudiciales,
actuación
instructora
del
Ministerio
Fiscal,
equipo
técnico,
medidas
cautelares.
Título
IV,
en
el
que
se
regula
la
audiencia,
las
pruebas,
los
agentes
intervinientes
y
las
posibles
conformidades
con
la
pena.
Título
V,
en
el
que
se
regula
la
sentencia
y
la
suspensión
de
la
ejecución.
Título
VI,
en
el
que
se
conforma
el
régimen
de
recursos.
Título
VII,
que
regula
la
ejecución
de
las
medidas,
las
competencias,
las
reglas
de
ejecución,
la
refundición,
el
expediente
del
menor,
el
quebrantamiento,
la
sustitución
de
medidas,
las
reglas
especiales
para
las
medidas
privativas
de
libertad.
Y
Título
VIII
en
el
que
se
regula
la
responsabilidad
civil.
132
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
RD
1774/2004,
de
30
de
julio.
Y
en
Honduras
un
punto
de
partida
esencial
fue
la
aprobación
del
Código
de
Niñez
y
Adolescencia,
que
se
reformó
por
Decreto
No.
35-‐2013
de
27
de
febrero
de
2013,
siendo
publicado
en
el
Diario
Oficial
La
Gaceta
en
fecha
6
de
septiembre
de
2013
No.
32.222,
vigente
desde
su
publicación.
El
planteamiento
general
de
los
Estados
que
han
ido
incorporando
las
Reglas
de
Beijing
es
el
de
asumir
que
hay
un
principio
específico
que
debe
gravitar
sobre
la
normativa
penal
del
menor
infractor,
que
es
precisamente
el
interés
que
se
exige
de
tutela
de
los
menores,
lo
que
se
ha
venido
denominando
como
el
principio
de
«superior
interés
del
menor».
¿Qué
significado
se
le
da
en
este
entorno
penal?
Lo
esencial
no
es
sancionar,
sino
conseguir
la
recuperación
del
menor,
lo
que
se
trata
de
alcanzar
a
través
e
la
incorporación
de
medios
psicológicos
y
socioeducativos
que
permitan
moldear
las
falencias
educativas
del
menor
infractor,
quien
ha
llevado
a
cabo
conductas
antisociales,
y,
a
la
vez,
se
recupera
al
menor
o
se
incorpora
al
menor
en
la
sociedad
tratando
de
ofrecerle
una
vida
alejada
de
la
delincuencia.
Se
asume
que
aquello
que
a
priori
puede
parecer
como
interés
individual,
se
convierte
en
realidad
en
el
interés
del
bien
común33.
Y
esta
incorporación
de
normas
específicas
de
referencia
en
la
responsabilidad
penal
de
los
menores,
niños
o
niñas,
en
los
diversos
Estados
suele
tener
una
finalidad
sancionadora
educativa.
Es
ius
puniendi
del
Estado
y
por
ello
en
él
también
se
recogen
un
conjunto
de
normas
que
determinan
la
responsabilidad
criminal
de
los
menores,
como
respuesta
sancionadora
de
la
sociedad
ante
las
conductas
reprochables
a
quienes
se
apartan
o
infringen
las
normas
sociales,
si
bien
no
solo
se
mantiene
esa
idea
de
reproche,
garante
del
interés
social,
sino
que
existe
y
concurre
un
interés
del
individuo,
un
interés
por
recuperar
al
individuo
menor
a
través
de
las
medidas
educativas.
Estas
medidas
son
mucho
más
costosas
para
el
Estado
que
las
sancionadoras,
pero
solo
si
se
las
analiza
desde
una
visión
cortoplacista.
La
repercusión
de
la
eficacia
de
estas
medidas
educativas
a
medio
y
largo
plazo
es
altamente
estimable.
Y
en
esa
adopción
de
medidas
son
muchos
los
criterios
que
habrá
que
conjugar,
si
bien
merece
destacarse
especialmente
la
necesidad
de
que
sean
valorados
desde
el
principio
de
flexibilidad,
tanto
en
la
adopción
de
las
mismas
como
en
su
ejecución,
ateniendo
a
la
naturaleza
de
los
hechos
reprochables,
las
circunstancias
que
concurren,
el
estado
psicosocial
y
situación
personal
y
familiar
del
menor,
etc.
Y
siempre
desde
una
máxima
esencial
que
debe
regir
con
carácter
general
y
más
aun
cuando
se
trata
de
menores,
que
es
el
denominado
principio
de
intervención
mínima,
que
en
estos
últimos
tiempos
ha
dado
paso
a
su
contrario,
a
saber,
al
principio
de
intervención
máxima.
2.
Medidas
cautelares
con
menores.
Régimen
jurídico
33.
Puede
verse
José
Ángel
BLANCO
BAREA,
«Responsabilidad
penal
del
menor:
principios
y
medidas
judiciales
aplicables
en
el
Derecho
Penal
español»,
en
Revista
de
Estudios
Jurídicos,
núm.
8/2008
(Segunda
Época).
133
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
En
el
Código
de
Niñez
y
Adolescencia
se
regulan
las
medidas
cautelares
y
las
medidas
sancionadoras
en
los
artículos
188
y
siguientes.
Al
igual
que
sucede
en
la
responsabilidad
penal
de
adultos,
se
contempla
en
la
ley
la
posibilidad
de
imponer
judicialmente
medidas
cautelares
sobre
el
menor.
De
su
regulación
se
deriva
que
en
ocasiones
se
están
incorporando
verdaderas
medidas
cautelares,
mientras
que
en
otros
casos,
en
realidad
se
trata
más
bien
de
medidas
de
aseguramiento.
Esta
situación
de
aseguramiento
se
da
igualmente
en
el
proceso
con
adultos,
si
bien
con
menores
se
ha
incrementado
la
necesidad
de
protección
también
de
las
víctimas,
lo
que
ha
dado
juego
a
la
incorporación
de
una
serie
de
medidas,
que
se
denominan
cautelares,
aun
cuando
no
lo
son
realmente,
sino
preventivas
o
asegurativas.
2.1.
FUNCIÓN
Y
NATURALEZA
El
legislador
hondureño
ha
querido
denominarlas
medidas
cautelares,
aun
cuando
efectivamente
se
están
incorporando
en
el
proceso
penal
por
responsabilidad
penal
de
los
niños,
niñas
o
adolescentes,
una
serie
de
medidas
que
tienen
naturaleza
cautelar,
en
cuanto
se
vinculan
a
la
existencia
del
proceso
y
en
ellas
concurren
las
notas
de
instrumentalidad,
provisionalidad,
temporalidad,
variabilidad
y
jurisdiccionalidad,
con
una
lectura
proporcional
y
basada
en
la
necesidad
del
análisis
de
idoneidad
de
la
medida
a
las
circunstancias
concurrentes,
a
la
persona
del
menor
o
adolescente
a
la
que
se
aplica
y
a
la
misma
víctima
y
las
consecuencias
de
los
hechos
sobre
ella.
Y,
junto
a
ellas,
también
se
incorporan
otras
medidas
que
no
son
propiamente
cautelares
pero
que
quedan
integradas
en
el
régimen
jurídico
que
a
las
mismas
se
atribuye
en
el
Código.
En
este
sentido,
el
artículo
189
del
Código
de
la
Niñez
y
Adolescencia
establece
las
funciones
que
pueden
atribuirse
a
estas
medidas
que
se
denominan
como
cautelares,
y
son:
1.
Serán
aquellas
que
se
adoptan
para
asegurar
y
garantizar
la
presencia
del
niño
o
niña,
o
adolescente,
en
el
proceso.
De
ahí
que
tienen
un
carácter
efectivamente
y
estrictamente
cautelar,
en
cuanto
son
instrumentales
del
proceso
en
cuanto
se
convierten
en
vías
para
garantizar
la
presencia
del
menor
durante
la
pendencia
del
proceso.
2.
Sirven
igualmente,
según
dispone
este
precepto,
para
asegurar
las
pruebas.
No
son
realmente
medidas
asegurativas
de
la
prueba,
sino
más
bien
que
permiten
garantizar
que
la
investigación
y
posterior
acusación
no
queden
desvirtuadas
por
la
ausencia
de
medios
que
eviten
o
impiden
que
éstas
puedan
ser
destruidas,
ocultadas
o
permitan
ser
alteradas.
3.
También
se
hace
referencia,
tal
como
anunciamos
supra,
a
las
medidas
que
pueden
adoptarse
para
llevar
a
cabo
la
protección
de
las
víctimas,
del
denunciante
o
incluso
de
un
posible
testigo.
Estas
no
son
medidas
cautelares
claramente,
sino
que
forman
parte
del
conjunto
de
medidas
asegurativas,
preventivas,
que
se
dirigen
esencialmente
a
evitar
un
ataque,
una
venganza
hacia
quien
ha
puesto
en
marcha
el
aparato
de
la
justicia
o
quien
lo
está
impulsando
de
alguna
manera.
134
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
135
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
34.
Se
entiende
por
responsable
a
las
personas
que
lo
tengan
bajo
su
cuidado
en
forma
temporal
o
permanente.
136
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
En
aquellos
supuestos
en
que
el
detenido
menor
muestre
señales
de
maltrato
físico
o
psicológico,
inmediatamente
el
Ministerio
Público
dispondrá
su
evaluación
psicofísica,
quien
de
verificar
las
agresiones,
abrirá
la
investigación
para
determinar
la
causa
y
el
tipo
de
lesiones
que
se
le
hayan
podido
ocasionar
así
como
sus
posibles
responsables.
2.2.3.
Detención
cautelar
(prisión
preventiva)
Además
de
la
detención
precautelar
anteriormente
expuesta
y
que
ha
querido
ser
tratada
de
forma
específica
en
el
Código
de
la
Niñez
y
Adolescencia
para
no
darle
la
aplicación
que
se
establece
en
el
Código
de
Proceso
Penal,
el
legislador
también
ha
establecido
algunas
coordenadas
específicas
cuando
de
prisión
preventiva
se
trate.
No
se
quiere
mantener
la
denominación
de
prisión
preventiva
y
es
por
ello
que
se
le
denomina,
como
en
otros
ordenamientos
jurídico-‐penales
latinoamericanos
como
«detención
cautelar».
De
esta
detención
cautelar
podemos
considerar:
1.
El
régimen
jurídico
aplicable
a
esta
privación
de
libertad
(prisión
preventiva
para
adultos,
detención
cautelar
para
menores)
es
el
que
se
establece
en
el
Código
de
la
Niñez
y
Adolescencia,
no
el
Código
de
Proceso
Penal
(art.
192.I).
2.
Esta
medida
cautelar
debe
ser
considerada
como
excepcional,
de
manera
que
solo
y
exclusivamente
cuando
no
es
posible
decretar
otra
medida
cautelar
menos
gravosa,
podrá
decretarse
la
privación
de
libertad
por
más
tiempo.
3.
Presupuestos
para
que
pueda
decretarse
la
misma:
―
Por
un
lado,
los
presupuestos
formales
son
esencialmente
que
debe
ser
adoptada
por
el
juez,
por
petición
fundada
de
la
Fiscalía,
y
que
debe
ser
adoptada
mediante
una
resolución
que
tendrá
forma
de
auto
y
tendrá
(deber)
que
ser
motivado,
siendo
que
esa
motivación
es
la
esencia
de
la
permisibilidad
de
la
privación
de
libertad,
dado
que
la
libertad
es
uno
de
los
derechos
fundamentales,
por
lo
que
su
limitación,
restricción
o
prohibición
solo
se
podrá
realizar
si
se
halla
fundado
en
alguno
de
los
supuestos
establecidos
en
la
ley.
―
Por
otro
lado,
por
la
concurrencia
de
los
presupuestos
materiales
para
su
adopción,
que
son:
a)
Fumus
boni
iuris:
Que
se
haya
producido
supuestamente
una
infracción
por
el
menor,
reprochable
penalmente.
Y
esa
infracción
haya
producido
daño
a
la
vida,
a
la
integridad
personal,
la
libertad
personal
o
sexual
de
las
personas
o
implique
grave
violencia
contra
de
otro
u
otros
seres
humanos.
b)
Periculum
in
mora.
Se
exige
en
el
Código
de
la
Niñez
o
Adolescencia
que
exista
peligro
de
fuga
u
obstrucción
de
la
investigación.
c)
En
tercer
lugar,
el
Código
ha
querido
incorporar
un
elemento
propio
en
caso
de
presuntos
responsables
penales
menores
y
es
el
de
que
el
niño
o
niña
haya
rechazado
expresa,
reiterada
e
injustificadamente
el
cumplimiento
de
otras
medidas
cautelares
o
sanciones
impuestas
por
la
autoridad
competente.
137
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
138
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
que
es
uno
de
los
verdaderos
males
de
la
Justicia
Penal,
que
son
las
instituciones
penitenciarias
o
si
se
quiere
el
planteamiento
que
del
derecho
penitenciario
debe
hacerse,
estricta
y
directamente
vinculado
a
las
garantías
que
se
ofrecen
en
sede
procesal.
6.
Posible
revocación
o
sustitución
de
la
detención
cautelar.
Del
régimen
jurídico
general
de
las
medidas
cautelares
se
deriva
que
éstas
−todas
ellas−
son
además
de
instrumentales,
variables,
provisionales,
temporales
y
jurisdiccionales,
debiendo
regirse
por
los
principios
de
proporcionalidad
e
idoneidad.
Es
por
ello
que
la
adopción
de
una
medida
no
significa,
en
consecuencia,
que
vaya
a
permanecer
inalterable
hasta
la
sentencia
sino
que
en
cualquier
momento
del
proceso
es
posible
solicitar
la
revocación,
revisión
y
sustitución
de
una
medida
por
otra,
y
especialmente
cuando
se
trate
de
la
detención
cautelar,
pudiendo
adoptarse
al
respecto
una
medida
menos
gravosa
(art.
194).
Ahora
bien,
en
este
caso,
la
tramitación
para
el
cambio
a
medida
menos
gravosa
seguirá
lo
que
dispone
el
artículo
188
del
Código
Procesal
Penal,
esto
es,
se
adoptará
en
audiencia
oral
celebrada
al
efecto,
si
bien
a
diferencia
del
plazo
establecido
en
el
CPP
en
relación
con
adultos,
en
el
caso
de
los
menores,
ser
celebrará
en
el
plazo
de
24
horas
siguientes
a
la
fecha
en
que
se
haya
presentado
la
respectiva
petición,
debiéndose
celebrar
con
la
comparecencia
de
las
partes
y
resolverse
en
la
misma.
2.2.4.
Demás
medidas
cautelares
enumeradas
en
el
artículo
173
del
CPP
Más
allá
de
las
medidas
cautelares
que
de
forma
específica
encuentran
acomodo
en
un
régimen
jurídico
privilegiado
para
los
menores
de
edad,
es
posible
adoptar
medidas
de
las
enumeradas
en
el
artículo
173,
a
las
que
se
aplicará
el
régimen
jurídico
común
ya
expuesto
supra,
y
que
responden
a
un
grado
de
mayor
benevolencia
en
el
trato
cautelar
a
los
menores.
Así
será
posible
adoptar,
como
ya
se
ha
expuesto,
el
arresto
domiciliario
o
en
el
de
otra
persona
que
lo
consienta,
bajo
vigilancia
de
ella
o
si
ella;
el
sometimiento
del
menor
al
cuidado
o
vigilancia
de
una
persona
o
institución
determinada
que
informe
periódicamente
al
Juez;
la
obligación
de
presentación
periódica
del
menor
ante
un
determinado
Juez
o
autoridad
que
éste
designe;
la
prohibición
de
salir
del
país,
del
lugar
de
su
residencia
o
del
ámbito
territorial
judicialmente
designado;
la
prohibición
de
concurrir
a
determinadas
reuniones
o
a
determinados
lugares;
prohibición
de
comunicarse
con
personas
determinadas,
siempre
que
con
ello
no
se
afecte
el
derecho
de
defensa;
y
el
internamiento
provisional
en
un
establecimiento
específico.
En
todos
estos
casos,
no
se
dan
reglas
específicas
que
otorguen
un
tratamiento
diverso
y
privilegiado
a
los
menores,
por
lo
que
debe
entenderse
que
habrá
que
estar
a
las
normas
comunes
generales
que
han
sido
expuestas
en
capítulos
anteriores
en
relación
con
la
responsabilidad
penal
de
los
adultos.
En
todo
caso,
139
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
habrá
que
considerar
que
cuando
se
habla
de
la
proporcionalidad
y
la
idoneidad,
éstas
van
a
venir
en
gran
medida
valoradas
y
ponderadas
desde
la
consideración
de
las
sanciones
que
en
principio
debiera
llevar
aparejada
la
comisión
del
hecho
delictivo,
y
que
son
las
que
se
enumeran
en
el
artículo
19535,
que
tiene
como
objeto
«su
incorporación
a
un
proceso
reeducativo,
por
medio
de
su
formación
integral
y
familiar,
para
lograr
su
reinserción
social
y
el
pleno
desarrollo
de
sus
capacidades,
mediante
su
orientación
y
tratamiento».
35.
El
juez
podrá
ordenar
que
su
ejecución
se
realice
en
forma
simultánea
o
sucesiva,
verificando
que
las
mismas
no
sean
incompatibles
entre
sí.
Son
sanciones
aplicables
las
siguientes:
a)
Sanciones
no
privativas
de
libertad:
1)
Amonestación;
2)
Libertad
asistida;
3)
Prestación
de
servicios
a
la
comunidad;
y,
4)
Reparación
del
daño
a
la
víctima.
b)
Sanciones
de
orientación
y
supervisión:
1)
Residir
en
un
lugar
determinado
o
cambiarse
de
él;
2)
Frecuentar
o
dejar
de
frecuentar
determinados
lugares
o
personas;
3)
Abstenerse
de
consumir
drogas,
otros
estupefacientes
o
bebidas
alcohólicas,
que
produzcan
adicción
o
hábito;
4)
Participar
en
programas
especiales
para
la
prevención
y
tratamiento
de
adicciones;
5)
Someterse
a
programas
educativos
con
el
fin
de
comenzar
o
finalizar
la
escolaridad
básica,
si
no
la
ha
cumplido,
aprender
una
profesión
u
oficio
o
seguir
cursos
de
capacitación
en
el
lugar
o
la
institución
que
determine
el
Juez;
6)
Someterse,
si
es
necesario,
a
tratamiento
médico
o
psicológico,
de
preferencia
en
instituciones
públicas;
y,
7)
Asistir
o
integrarse
a
los
correspondientes
sistemas
o
centros
educativos.
c)
Sanciones
privativas
de
libertad:
1)
La
privación
de
libertad
domiciliaria;
2)
Régimen
de
semi-‐libertad;
y,
3)
La
privación
de
libertad
en
centros
certificados
o
especializados
de
la
Dirección
de
la
Niñez,
Adolescencia
y
Familia,
(DINAF)
para
sancionados.
140
Publicado por la Editorial OIM, (Tegucigalpa) Honduras, en 2015
Prontuario de Derecho Procesal, número 3
Bibliografía
BARONA
VILAR,
Silvia:
«Breves
notas
en
torno
a
la
prisión
provisional
en
España»,
en
Revista
de
los
talleres
de
investigación
jurídica
de
la
Universidad
Nacional
Mayor
de
San
Marcos,
Perú,
1987-‐1,
págs.
12-‐19.
—:
Prisión
provisional
y
medidas
alternativas,
Bosch,
Barcelona,
1988.
—:
Medidas
alternativas
a
la
prisión
provisional
(Seminario
sobre
detención
y
prisión
provisional),
Xunta
de
Galicia,
1995.
—:
Medidas
cautelares
penales
en
el
nuevo
proceso
penal
boliviano,
Editorial
El
País,
Santa
Cruz
de
la
Sierra,
Bolivia,
2002.
—:
«Garantías
y
derechos
del
detenido»,
en
Derechos
procesales
fundamentales,
colección
Manuales
de
Formación
Continuada,
CGPJ,
Madrid,
2004.
—:
«¿Una
nueva
concepción
expansiva
de
las
medidas
cautelares
personales
en
el
proceso
penal?»,
en
Revista
Poder
Judicial,
número
Especial:
Propuestas
para
una
nueva
Ley
de
Enjuiciamiento
Criminal,
CGPJ,
Madrid,
2006,
págs.
237-‐265.
BLANCO
BAREA,
José
Ángel:
«Responsabilidad
penal
del
menor:
principios
y
medidas
judiciales
aplicables
en
el
derecho
Penal
español»,
rej.uajaen.es
(Revista
de
Estudios
Jurídicos
núm.
8/2008
,
2.ª
época).
BONILLA
CORREA,
Jesús
Ángel:
«Las
medidas
cautelares
personales
en
la
Ley
Orgánica
reguladora
de
la
Responsabilidad
Penal
de
los
Menores»,
en
Estudios
jurídicos.
Cuerpo
de
Secretarios
Judiciales,
núm.
7,
2001,
págs.
103-‐150.
DE
LA
ROSA
CORTINA,
José
Miguel:
«Medidas
cautelares
en
protección
de
la
víctima
y
proceso
penal
de
menores»,
en
Diario
La
Ley,
núm.
6927,
17
de
abril
de
2008.
GUERRA
PÉREZ,
Cristina:
La
decisión
judicial
de
prisión
preventiva.
Análisis
jurídico
y
criminológico,
Tirant
lo
Blanch,
Valencia,
2010.
GUTIÉRREZ
DE
CABIEDES,
Pablo:
La
prisión
provisional,
Thomson-‐Aranzadi,
Pamplona,
2004.
PUJADAS
TORTOSA,
Virginia:
Teoría
general
de
medidas
cautelares
penales.
Peligrosidad
del
imputado
y
protección
del
proceso,
Marcial
Pons,
Madrid,
2008.
SANGUINÉ,
Odone:
Prisión
provisional
y
derechos
fundamentales,
Tirant
lo
Blanch,
Valencia,
2003.
VALBUENA
GARCÍA,
Esther:
«Protección
y
custodia
cautelar
del
menor
de
edad
exento
de
responsabilidad.
Un
análisis
profundo
del
artículo
29
de
la
LORPM»,
en
Anuario
da
Facultade
de
Dereito
da
Universidade
da
Coruña,
núm.
13,
2009,
págs.
887-‐918.
141