Supercontinentes: Formación y Ciclos
Supercontinentes: Formación y Ciclos
Los supercontinentes
1.1. Definición
El prefijo “Súper” indica algo mayor a lo común, pues los supercontinentes fueron enormes masas
de tierra que existieron hace millones de años y de todos el más conocido es la Pangea, la existencia
de los supercontinentes se explica en que la Tierra está en movimiento constante. Bajo la superficie
las placas tectónicas se deslizan como resultado de los procesos dinámicos internos generados por
la elevada temperatura interna y la presión que ejercen los materiales que la componen.
Con las técnicas de datación geológica, se ha observado que la actividad de orogénesis no sigue
un patrón uniforme en el tiempo, por ejemplo, en intervalos cortos de tiempo entre 100 y 200 millones
de años se produjeron numerosas colisiones de continentes; pero también en intervalos más largos
de tiempo apenas se registraron ese tipo de actividades. Esto condujo a la hipótesis de que el ciclo
debe ser del supercontinente, la cual menciona que todos los continentes se congregan de forma
transitoria cada 500 millones de años.
Las fases de este ciclo vienen enunciados a través de varios fenómenos de ruptura y separación.
Primeramente, el afloramiento del magma a través de las fracturas forma grupos de diques
basálticos (que pueden ser formados por diversos cristales como la plagioclasa, olivino, etc.), que
pueden formar vacíos en su interior. En segundo lugar y a medida que los continentes se van
alejando se desarrollan márgenes continentales y se genera una nueva configuración de litósfera
oceánica. La mayoría de geólogos opinan que los supercontinentes se fragmentan y dispersan
porque éstos son aislantes que evitan la salida de calor del manto, por lo cual el manto se calienta
y genera que el magma basáltico ascienda a la superficie.
Tras la ruptura del supercontinente, los márgenes de la cola de los continentes se vuelven
tectónicamente inactivos; sobre estos se acumulan sedimentos que conforman plataformas
continentales extensas, mientras que en paralelo la orogénesis relacionada a la subducción continua
a lo largo de los márgenes de avance de los continentes; ello provoca una serie de colisiones con
litosferoclastos y actividad volcánica.
En los últimos años han surgido dos modelos que describen de forma global, las fuerzas que
generan la formación de supercontinentes, cuya idea principal se centra en el océano que se cierra
en el ensamblaje. Al fracturarse los continentes se generan dos tipos de océanos, los océanos
interiores que se generan entre masas continentales en dispersión sobre un fondo de litósfera
oceánica que es más joven que la fragmentación. Por otra parte, los océanos exteriores son
formados antes de la fractura continental. Mientras que el océano interior se expande el exterior se
contrae por subducción.
Uno de los modelos de la formación de supercontinentes considera que los océanos interiores se
cierran, si esto fuese válido en el futuro se presentaría la colisión entre Europa y África con
Norteamérica y Sudamérica y la desaparición del océano Atlántico.
El otro modelo apuesta a que los océanos exteriores son los que se cierran, por lo tanto, el siguiente
supercontinente se produciría por el cierre del océano Pacífico, Australia se uniría a Asia Oriental,
mientras que América del Norte y del Sur cerrarían el Pacífico.
Este modelo propone que la subducción de la litósfera oceánica que se genera después de
la ruptura y dispersión de un supercontinente, es el mecanismo por el cual los continentes
pasan a formar un nuevo supercontinente. En un proceso de “Tectónica de acordeón”
(denominación acuñada por la semejanza de extensión y contracción del instrumento),
entonces el supercontinente se va hacia adentro. Así los márgenes continentales interiores
del supercontinente en separación se transforman en cinturones orogénicos del siguiente.
Un ejemplo que sostiene a esta tesis es la evolución orogénica del Apalachiano-
Caledoniano-Varisco de Norteamérica y Europa.
Este modelo propone que tras la ruptura de un supercontinente los continentes migran por
el planeta hasta reunirse con el lado opuesto, este escenario se presenta como si los
continentes se dirigen hacia afuera, de modo que los márgenes continentales exteriores se
transforman en cinturones orogénicos interiores del futuro supercontinente. En 1991 Paul
Hoffman, propuso que la ruptura del supercontinente Rodinia formo la Gondwana y que el
océano pacífico se formó por primera vez hace 760 millones de años cuando la masa que
integraba a Australia y Antártida se disgregó de la masa continental que contenía a
Norteamérica. Mientras esa masa se alejaba del punto de fractura, la corteza que rodeaba
Rondinia y esto continuó hasta que colisionó con la masa unida de África y Sudamérica y
originó el supercontinente Pannotia.
Figura 5. Portada de la Publicación de Paul Hoffman
La introversión y extraversión son los extremos de una serie de posibilidades extensa. Los
dos modelos difieren en los modos de ensamblaje supercontinental con peculiaridades
geodinámicas distintivas. La clave para establecer el mecanismo geodinámico que se
presentó en un determinado periodo geológico se halla en la edad de la litósfera oceánica
subducida durante la formación del supercontinente precedente, mientras que en la
introversión la formación de la litosfera es posterior a la ruptura del supercontinente. Por el
contrario, en la extraversión la litósfera que subduce se habría constituido antes de la
formación del supercontinente.
Para infortunio, la subducción que acaba en colisión continental destruye casi la totalidad
de las pruebas que nos permitirían distinguir entre ambos modelos. Sin embargo, en la
orogenia existen pequeños fragmentos de litosfera oceánica en subducción que persisten
en el registro geológico. Asimismo, los complejos de islas volcánicas originados sobre las
zonas de subducción pueden resultar decapitados, arrancados e incorporados a los
márgenes continentales formando así otro registro geológico, pero el amalgamiento de los
continentes puede generar los mismos arcos volcánicos que son posteriores a la ruptura del
supercontinente, por lo tanto, no aportan en discusión de alguna de estas hipótesis.
La evidencia más convincente es que la mayor parte de la masa de tierra estaban juntas en
alguna configuración pre-Pangea, pero la configuración exacta de cualquier supercontinente
no es conocida. Las propuestas que se manejan son entorno a ciertos elementos cratónicos
con similitudes notables denominados “atractores extraños” y aquellos que mantienen una
relación familiar “intrusos espirituales” y los elementos que aparecen al azar.
Los cratones son masa continental con un estado de rigidez en un pasado geológico lejano,
que desde entonces no ha sufrido fragmentaciones o deformaciones, al no ser afectados
por los procesos orogénicos. Por lo tanto, se le considera como las partes más antiguas de
los continentes cuya composición es de rocas de más de 1400 millones de años.
1.4.1. Paleomagnetismo
Nos indica que los supercontinentes fueron construidos en gran parte sobre la
alineación de cinturones orogénicos que atraviesan a los bloques continentales, se cree
que los orógenos se pueden haber desarrollado durante la formación de los continentes.
Los orógenos son características lineales o curvilíneas que pueden ser alineados en
muchas formas no únicas y potencialmente incorrectas. Un problema más complejo
para es definir la configuración tectónica de cinturones orogénicos antiguos. Se
considera que se cinturón orogénico se formó durante el cierre de una importante
cuenca oceánica o tectonismo de acreción; sin embargo, la presencia de grandes zonas
de cizalla intracontinentales asociados al escape tectónicas observados en el Himalaya
muestra que grandes áreas de corteza continental pueden deformarse sin el cierre de
una cuenca oceánica.
En los últimos años los estudios de circón detrítico se han utilizado para identificar los
posibles pares conjugados en el Protezoico. La idea es que si los circones exteriores
no se encuentran en las regiones proximales a las rocas se pueden utilizar para rastrear
la pieza que falta, adopta una postura de precaución al señalar que las suites de circón
detrítico del Sur de África, Australia, Fennoscandia y Laurentia no pueden distinguirse
unos de otros. Dato curioso dado que no existe proximidades en cualquier
reconstrucción supercontinental. Además, se sostiene que no existe un rigor estadístico
requerido para diferenciar adecuadamente a las poblaciones de circón detrítico.
Sugiere que las edades de los productos eruptivos o intrusivos de grandes provincias
ígneas proporciona un código de barras único para cualquier bloque de corteza
particular. Comparando los códigos de barra de diferentes bloques puede revelar
patrones similares (o diferentes) que pueden ayudar la contigüidad de los segmentos
de la corteza en el primer caso o discontinuidad en el último caso. En algunos casos se
puede formar un patrón radiante que puede ayudarnos a identificar la región de origen
y si el código es lo suficientemente grande puede recorrer teóricamente varios bloques
continentales cercanos y a su vez a través de la Geoquímica se pueden tomar las
huellas necesaria para proporcionar comparaciones de elementos de traza que pueden
ser usados para identificar productos ígneos ampliamente separados.
Para elaborar la lista de probables supercontinentes se considera a aquellos cuya extensión fue
mayor a la cuarta parte de tierras emergidas, y serían los siguientes:
- Ur: hace unos 3000 millones años, es el segundo supercontinente que existió sobre la Tierra
es considerado como tal a pesar que no fue más grande que Australia y fue uno de los
componentes de lo que más tarde sería la Rodinia, en la actualidad los vestigios de este
continente son parte de África, Australia, India y Madagascar.
- Nena: hace 1800 millones de años fue un supercontinente que surgió hace
aproximadamente 1.800 millones de años y que comprendía Siberia, Báltica, Groenlandia y
Norteamérica. Nena se unió a Atlántica y Ur (que ya era más extenso) para luego formar
Rodinia. El término Nena es un acrónimo que deriva de "Norte de Europa y Norte de
América".
- Columbia: hace 1800 millones de años, consistió en un proto-cratón que integraban los ex-
continentes de Laurentia, Báltica, Ucrania, Amazonia, Australia, y posiblemente Siberia,
norte de China y Kalahari. La existencia de Columbia se basa en datos paleomagnéticos.
Se estima que Columbia tendría cerca de 12.900 km de norte a sur, y cerca de 4.800 km en
su parte más ancha. La costa del este de la India estaba unida a Norteamérica occidental,
con Australia meridional y Canadá occidental. La mayor parte de América del Sur estaba
girada de manera que el borde occidental (lo que hoy en día es Chile y Perú) se alineó con
el este de América del Norte, formando un margen continental que se extendía hasta el sur
de Escandinavia.
- Atlántica: hace 1800 millones de años, alrededor de 200 millones de años más tarde, se
convirtió en parte del supercontinente Columbia y 300 millones de años más tarde, se
separa de Columbia. Hace 1.100 millones de años (o 400 millones de años después de la
desintegración de Columbia), se une a Nena y Ur pasa a formar parte del supercontinente
Rodinia. Después de que Rodinia se dividiera y los fragmentos se volvieran a reunir hace
600 millones de años, pasa a formar parte del supercontinente Pannotia. En el Cámbrico,
Pannotia se desintegró, dejando Atlántica en el supercontinente Gondwana. Gondwana
luego pasa a formar parte del supercontinente Pangea en el Pérmico, y luego se fragmentó
en el Jurásico. En la actualidad, restos de Atlántica se encuentran en África y Sudamérica.
- Rodinia: hace 1100 millones de años, comenzó a formarse hace alrededor de 1.300
millones de años a partir de tres o cuatro continentes preexistentes, un acontecimiento
conocido como la Orogenia Grenville. Fue un supercontinente que existió hace 1100
millones de años, durante la era Neoproterozoica y reunía gran parte de la tierra emergida
del planeta. Empezó a fracturarse hace 800 millones de años debido a movimientos
magmáticos en la corteza terrestre, acompañados por una fuerte actividad volcánica. La
existencia de Rodinia se basa en pruebas de paleomagnetismo que permiten obtener la
paleolatitud de los fragmentos, pero no su longitud, que los geólogos han determinado
mediante la comparación de estratos similares, actualmente muy dispersos. Rodina estaba
conformada por 8 continentes más tarde volvieron a reunirse en el supercontinente global
denominado Pannotia.
- Pangea: hace 300 millones de años, los libros de Historia y Geografía permiten saber que
Pangea es el nombre por el cual se identifica a un supercontinente que habría existido en
los periodos Paleozoico y Mesozoico por el aglutinamiento de todos los continentes que
reconocemos en la actualidad. Se cree que el término, surgido de la unión del prefijo griego
pan (“todo”) y el vocablo gea (que, en español, significa “suelo” o “tierra”), fue empleado por
primera vez por el científico de origen alemán Alfred Wegener.
- Gondwana: hace unos 200 millones de años, es el nombre que se le da a un antiguo bloque
continental meridional que resultó de la partición en dos de Pangea, cuando se extendió el
mar de Tethys hacia el oeste, lo que lo separó de Laurasia. Durante el Jurásico y el
Cretácico Gondwana fue escindiéndose, y dio lugar a las masas continentales de las
actuales Sudamérica, África, Australia, Zealandia, el Indostán, la isla de Madagascar y la
Antártida, un proceso de partición y alejamiento que continuó durante el Cenozoico y
permanece activo.
- Laurasia hace unos 200 millones de años, fue untérmino acuñado por el geólogo Rudolf
Staub, construyó este neologismo del nombre “Laurentian Mountains” que son unas
montañas al sureste de Canadá y Eurasia que es la totalidad del territorio de Europa y Asia
solo dividido por los montes Urales.
Figura 19. Laurasia y Gondwana
2. La Pangea
2.1. Definición
La Pangea proviene de los vocablos griegos “pan” que significa “todo” y “gea” que significa tierra,
este término se interpreta como “Toda la tierra”, fue acuñada por el científico alemán Alfred
Wegener, cuya hipótesis señala que Pangea habría sido una gran masa de tierra emergente en
forma de letra C y que estuvo rodeado por un enorme océano denominado Panthalassa que significa
“Todos los mares”.
Se considera que existió hace unos 300 millones de años, y fue formada por la unión de todos los
continentes actuales, antes que se dispersaran por la tectónica de placas hasta adoptar la
configuración actual, la hipótesis de Wegner sobre la existencia de la Pangea se basaba en que los
contornos de los continentes encajaban entre sí, además de fósiles de las mismas especies de
reptiles o plantas incapaces de atravesar océanos en continentes diferentes.
La Pangea alcanzó su configuración final a finales del Triásico, después de una historia de
amalgamas y acreción continental. Se puede conocer la ocurrencia de estos registros a partir de
los registros sedimentarios y metamórficos.
Pangea fue el antepasado de todos los continentes que hoy conocemos y existió durante los
períodos geológicos de fines de la era Paleozoica y comienzos de la era Mesozoica, cuando la Tierra
era absolutamente diferente a la de hoy. Cuando hablamos de Pangea hablamos entonces de una
enorme masa continental, que era el único continente sobre la superficie del planeta, hace cientos
de millones de años. En esencia, todos los continentes estaban conectados y pensando los
continentes como lo hacemos hoy, para aquel entonces, bastaría un pequeño paso para cruzar
desde América a África. No obstante, los constantes cambios por encima y por debajo de la
superficie fueron desarmando esa grandísima masa terrestre como si de un rompecabezas se
tratase.
Rodinia se formó hace 1100 millones de años durante el Proterozoico, fue el supercontinente del
que derivaron todos los continentes subsecuentes. Rodinia se fragmentó hace unos 750 millones
de años y después los fragmentos volvieron a reunirse en el supercontinente Pannotia hace 600
millones de años. Pero una vez más, el supercontinente único se vuelve a fragmentar. Hace 540
millones de años, solo después de 60 millones de años de su formación, Pannotia se divide en dos
fragmentos: Gondwana al sur y Proto-Laurasia, más pequeño, al norte.
Hacia el final del Ordovícico, Báltica chocó con Laurentia, y el norte de Avalonia chocó con Báltica
y Laurentia. Entonces, Laurentia, Báltica y Avalonia se unieron para conformar al supercontinente
menor de Euramérica o Laurusia, cerrando el océano Iapetus, mientras que el océano Rheico se
expandió hacia la costa meridional de Avalonia. La colisión también dio lugar a la formación de los
Apalaches norteños. Siberia se asentó cerca de Euramérica con el océano Khanty entre los dos
continentes. Mientras todo esto estaba sucediendo, Gondwana se desplazó lentamente hacia el polo
sur. Este fue el primer paso de la formación de Pangea.
El segundo paso en la formación de Pangea fue la colisión de Gondwana con Euramérica y su unión
a ella. Durante el Silúrico, Báltica ya había chocado con Laurentia para formar Euramérica. Avalonia
no había chocado aún con Laurentia, y una vía marítima entre ellos (que era un remanente del
océano Iapetus) todavía se contraía al mismo tiempo que Avalonia avanzaba lentamente hacia
Laurentia. Mientras tanto, Europa meridional se separó de Gondwana y comenzó a dirigirse hacia
Euramérica a través del recientemente formado océano Rheico y colisionó con Báltica meridional
durante el Devónico. Sin embargo, este microcontinente tan solo era una placa oceánica. El océano
Khanty (el océano hermano de Iapetus) también se contrajo al mismo tiempo que un arco insular
desgajado de Siberia chocaba con Báltica del este (ahora parte de Euramérica). Detrás de este arco
insular se estaba formando un océano nuevo, el océano Ural.
Al final del Silúrico, los microcontinentes de China del Norte y China del Sur se desgajaron de
Gondwana y comenzaron a dirigirse hacia el norte a través del océano Proto-Tetis, abriendo desde
el sur el océano Paleo-Tetis. En el período Devónico, Gondwana se desplazó hacia Euramérica, lo
que causó que el océano Rheico se contrajera.
Al inicio del Carbonífero, el noroeste de África había tocado la costa sudeste de Euramérica, creando
la porción meridional de las montañas Apalaches y las Montañas Atlas. Sudamérica se movió hacia
el norte con dirección a Euramérica meridional, mientras que la porción del este de Gondwana (India,
Antártida y Australia) se dirigió hacia el polo sur desde el ecuador.
China del Norte y China del Sur se encontraban en continentes independientes. Hacia la mitad del
Carbonífero, el microcontinente de Kazakhstania había chocado con Siberia (el continente siberiano
había sido un continente separado durante millones de años desde la fragmentación del
supercontiente Pannotia). Al final del Carbonífero, el oeste de Kazakhstania chocó con Báltica,
cerrando los océanos Ural y Proto-Tetis entre ellos (orogenia Uraliana), lo que causó la formación
de las montañas de los Urales y la formación del supercontinente de Laurasia.
Mientras tanto, Sudamérica había chocado con el sur de Laurentia, cerrando el océano Rheico y
formando la parte sur de los Apalaches y las montañas de Ouachita. Para este tiempo, Gondwana
se posicionó cerca del polo sur, y se formaron glaciares en la Antártida, la India, Australia, África
meridional y Sudamérica. El bloque del norte de China chocó con Siberia al final del Carbonífero,
cerrando por completo el océano Proto-Tetis.
Para el inicio del Pérmico temprano, la placa Cimmeriana se desgajó de Gondwana y se dirigió hacia
Laurasia, formando un océano nuevo en su extremo meridional, el océano Tetis, y cerrando el
océano Paleo-Tetis. La mayoría de las masas de tierra estaban reunidas en una sola entidad. Para
el período Triásico, Pangea rotó ligeramente en dirección al sudoeste. La placa Cimmeriana todavía
viajaba a través del cada vez más pequeño océano Paleo-Tetis, hasta la mitad del Jurásico. Paleo-
Tetis se cerró de oeste a este, creando la orogenia Cimmeriana. Pangea parecía una "C", con un
océano dentro de la "C", el nuevo océano Tetis. No obstante, Pangea se desunió durante el Jurásico
Medio, y esta fragmentación se explica en el siguiente apartado.
LOS VIAJES DE IBERIA, AVALONIA, ARMÓRICA Y REICO. Iberia sigue dividida entre la
plataforma del océano Reico y los pequeños continentes de Avalonia y Armórica, rodeados
de islas volcánicas. El clima cálido ha fundido los hielos y la subida del nivel de la mar
propició la abundancia de plataformas marinas donde se diversifica rápidamente la vida
animal.
IBERIA EN EL POLO SUR, LA EXTINCIÓN DEL FRÍO. Sobre Gondwana, en el Polo Sur,
se forma otro enorme casquete de hielo que produce glaciaciones durante millones de años.
El fuerte impacto sobre las poblaciones marinas someras de aguas cálidas origina la
extinción masiva que pone fin al Ordovícico, una de las mayores registradas.
LOS PRIMEROS ANFIBIOS, POR FIN EN TIERRA FIRME. Los continentes derivan hacia
zonas más ecuatoriales propiciando un clima benigno y húmedo. Aparecen las
Progymnospermas, los primeros bosques de árboles con madera y esporas, ecosistemas
húmedos que son el crisol de los primeros anfibios, como Ichthyostega.
UN ÉXITO MORTAL, LA VIDA CONTROLA EL CLIMA. El consumo de enormes cantidades
de CO2 por los abundantes organismos fotosintéticos disminuye las temperaturas.
Gondwana está otra vez en el Polo Sur y una nueva glaciación avanza hacia el ecuador. El
frío produce una grave extinción masiva que aniquila al 70% de las especies.
LOS GRANDES DESIERTOS DEL PÉRMICO. La unión de las tierras emergidas en un solo
supercontinente provoca una intensa aridez que se extiende durante el Pérmico. En este
ambiente árido comienza la erosión del Macizo Ibérico, arcillas, arenas y conglomerados de
distintas tonalidades que forman la Arenisca Roja Moderna.
La popularidad de los dinosaurios tal vez induzca a muchos a creer que su desaparición,
ocurrida hace 65 millones de años y debida probablemente al impacto de un asteroide, fue
la mayor extinción en masa de la historia de la Tierra. Pero aquella catástrofe que marcó la
frontera entre el Mesozoico, o Era Secundaria, y el Cenozoico, o Era Terciaria, fue apenas
un tropiezo en el currículo de la vida terrestre en comparación con la Gran Mortandad.
Por este nombre se conoce a un desastre ecológico global que aniquiló a la mayor parte de
las especies del planeta hace 250 millones de años, poniendo un brusco fin al Paleozoico o
Era Primaria. Se zanjaba así el experimento biológico que había comenzado 292 millones
de años antes y que hoy denominamos Explosión Cámbrica, el momento en que la factoría
terrícola comenzó a lanzar especies en masa. Aquel capítulo de la historia de la vida, tan
largo que nos cuesta comprender su magnitud, se cerró con la eliminación de 7 de cada 10
especies terrestres y de más de 9 de cada 10 marinas. Los insectos, incluyendo los más
grandes que jamás han existido, prácticamente desaparecieron. Fue el fin de los trilobites,
quizá los animales más conocidos de la fauna del Paleozoico. Cualquier observador habría
apostado a que la vida en la Tierra había tocado a su fin.
Aún no existe una explicación definitiva sobre qué causó la Gran Mortandad. Las pruebas
de aquel suceso quedaron destruidas largo tiempo atrás o acabaron sepultadas bajo
toneladas de rocas más recientes. Con las escasas pistas disponibles, los científicos han
apuntado varias hipótesis, como el vulcanismo intensivo, el envenenamiento de los mares
y de la atmósfera o incluso la colisión de uno o varios asteroides.
Dos científicos chinos han elaborado ahora un estudio que responsabiliza de la Gran
Mortandad a la formación del supercontinente Pangea (“toda la tierra”, en griego). A
comienzos del Pérmico, el último período del Paleozoico, todos los continentes se
fusionaron en una única y colosal masa de tierra de unos 200 millones de kilómetros
cuadrados, rodeada por un único océano, Pantalasa (“todos los mares”, en griego). Esta
reunión continental alcanzó su apogeo entre finales del Pérmico y principios del Triásico, el
primer período del Mesozoico tras la Gran Mortandad. Según Hongfu Yin y Haijun Song, de
la Universidad China de Geociencias en Wuhan, la integración de las tierras emergidas fue
la primera ficha de un colosal efecto dominó que terminó desencadenando un cataclismo
ecológico global.
Yin y Song opinan lo contrario. Según su estudio, publicado en la revista Science China
Earth Sciences, la formación de Pangea hizo saltar por los aires los delicados engranajes
de la Tierra, conectados entre sí: “La crisis biótica durante la transición del Paleozoico al
Mesozoico fue un largo proceso de coevolución entre geosferas y biosfera”, escriben los
investigadores. “La secuencia de eventos en la frontera Pérmico-Triásico revela un patrón
de dos episodios, cambios globales de rápido deterioro y extinción biótica en masa, así
como la íntima relación entre ambos”.
Atmósfera envenenada
Los científicos sugieren que el desastre se inició con una pluma del manto, una columna de
material del interior de la Tierra que asciende y se abre camino hasta la corteza. Estas
plumas se han propuesto para explicar el vulcanismo en lugares alejados de los contactos
entre placas tectónicas, como el archipiélago de Hawái, aunque su existencia aún se debate.
Este fenómeno sería responsable de los llamados traps de Tunguss, en Siberia, y
Emeishan, en China, enormes regiones de roca volcánica que surgieron durante la
integración de Pangea. Esta, a su vez, habría sido una consecuencia de las corrientes en el
manto terrestre provocadas por las plumas.
El estudio alega que la fuerte actividad volcánica generada por las plumas envenenó la
atmósfera con grandes volúmenes de dióxido de carbono, metano, dióxido de nitrógeno y
cianuro, asfixiando la vida en tierra. Estos gases causaron además un intenso calentamiento
global debido al efecto invernadero y deterioraron la capa de ozono de la estratosfera,
exponiendo la superficie terrestre a la dañina radiación ultravioleta. La aridez y el calor en
el interior de Pangea favorecieron la extensión de incendios que contribuyeron a la
destrucción. En cuanto a los océanos, los gases volcánicos y la disminución del oxígeno
alteraron profundamente la química marina y los ciclos del carbono, lo que según los
científicos explica la devastación de los ecosistemas oceánicos.
La tercera fase principal (y final) de la desintegración de Pangea ocurrió al inicio del Cenozoico
(Paleoceno - Oligoceno). Norteamérica/Groelandia finalmente se separó de Eurasia, abriendo
el mar Noruego hace cerca de 60-55 millones de años. Los océanos Índico y Atlántico
continuaron expandiéndose, cerrando el océano Tetis. Mientras tanto, Australia se separó de la
Antártida y se movió rápidamente hacia el norte, así como lo había hecho la India hace más de
40 millones de años antes; en la actualidad se encuentra en curso de colisión con el este de
Asia. Australia y la India se están moviendo actualmente en dirección noreste a una velocidad
de 5-6 centímetros por año. La Antártida ha estado en (o muy cerca de) el polo sur desde la
formación de Pangea (desde hace 280 millones de años). La India comenzó a chocar con Asia
hace cerca de 35 millones de años, formando la orogenia Himalaya y cerrando finalmente con
esto la vía marítima de Tetis; esta colisión aún continúa hoy. La placa africana empezó a cambiar
su dirección, del oeste al noroeste hacia Europa, mientras que Sudamérica comenzó a moverse
en dirección al norte, se separó de la Antártida y permitió por primera vez la completa circulación
oceánica alrededor de Antártida, causando un rápido enfriamiento del continente y la formación
de los glaciares. Otros acontecimientos importantes ocurrieron durante el Cenozoico, tales como
la apertura del golfo de California, el levantamiento de los Alpes y la apertura del Mar del Japón.
La desintegración de Pangea continúa hoy día en la grieta al este de África; además, las
colisiones en curso pueden indicar la creación incipiente de un nuevo supercontinente.
3. Bibliografía