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Texto CALI01

Un hombre perdió un hacha y sospechó inmediatamente que el hijo del vecino se la había robado. Más tarde encontró el hacha, y se dio cuenta de que sus sospechas sobre el niño estaban infundadas, ya que el niño no había cambiado, solo su percepción de él. La moraleja es que no se debe sospechar de alguien sin pruebas.

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Un hombre perdió un hacha y sospechó inmediatamente que el hijo del vecino se la había robado. Más tarde encontró el hacha, y se dio cuenta de que sus sospechas sobre el niño estaban infundadas, ya que el niño no había cambiado, solo su percepción de él. La moraleja es que no se debe sospechar de alguien sin pruebas.

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La injusticia de la mera sospecha

Un hombre perdió un hacha. De inmediato


sospechó que el hijo del vecino se la había
robado. Cuando veía pasar al niño, el niño tenía
apariencia de haber robado un hacha; cuando
escuchaba sus palabras, oía a un niño que había
robado un hacha. Todos los actos y modales del
niño indicaban que era el ladrón.

Más tarde, mientras cavaba una zanja, el


hombre encontró el hacha perdida.
Al día siguiente vio de nuevo al hijo del vecino,
pero en sus actos y modales no había rastros
del niño que había robado un hacha. El niño no
había cambiado, sino el hombre. Y el único
motivo de ese cambio radicaba en su sospecha.

(Cuento tradicional chino)


Versión de Warren Horton Stuart
Moraleja: Sin pruebas no debemos sospechar.

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La injusticia de la mera sospecha

Un hombre perdió un hacha. De inmediato

sospechó que el hijo del vecino se la había

robado. Cuando veía pasar al niño, el niño tenía

apariencia de haber robado un hacha; cuando

escuchaba sus palabras, oía a un niño que había

robado un hacha. Todos los actos y modales del

niño indicaban que era el ladrón.

Más tarde, mientras cavaba una zanja, el

hombre encontró el hacha perdida.

Al día siguiente vio de nuevo al hijo del vecino,

pero en sus actos y modales no había rastros

del niño que había robado un hacha. El niño no

había cambiado, sino el hombre. Y el único

motivo de ese cambio radicaba en su sospecha.


La injusticia de la mera sospecha

Un hombre perdió un hacha. De inmediato sospechó que el hijo del vecino se la


había robado. Cuando veía pasar al niño, el niño tenía apariencia de haber robado
un hacha; cuando escuchaba sus palabras, oía a un niño que había robado un
hacha. Todos los actos y modales del niño indicaban que era el ladrón.
Más tarde, mientras cavaba una zanja, el hombre encontró el hacha perdida.
Al día siguiente vio de nuevo al hijo del vecino, pero en sus actos y modales no
había rastros del niño que había robado un hacha. El niño no había cambiado, sino
el hombre. Y el único motivo de ese cambio radicaba en su sospecha.
(Cuento tradicional chino)
Versión de Warren Horton Stuart
Moraleja: Sin pruebas no debemos sospechar.

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