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Historia de México: Independencia 1808-1820

Este documento presenta un resumen de los primeros cuatro capítulos del Libro IV de la obra "Historia de México desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente" de Lucas Alamán. Describe la instalación de las Cortes de Cádiz en 1810 y su composición inicial, con muy pocos representantes americanos. También resume sus primeras discusiones sobre asuntos de América y el decreto de 15 de octubre de 1810 que afectó a las colonias.

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Historia de México: Independencia 1808-1820

Este documento presenta un resumen de los primeros cuatro capítulos del Libro IV de la obra "Historia de México desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente" de Lucas Alamán. Describe la instalación de las Cortes de Cádiz en 1810 y su composición inicial, con muy pocos representantes americanos. También resume sus primeras discusiones sobre asuntos de América y el decreto de 15 de octubre de 1810 que afectó a las colonias.

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1

LUCAS ALAMÁN

HISTORIA DE MÉJICO
DESDE LOS PRIMEROS MOVIMIENTOS QUE
PREPARARON SU INDEPENDENCIA EN EL AÑO DE 1808
HASTA LA ÉPOCA PRESENTE

PARTE PRIMERA
QUE COMPRENDE DESDE EL PRINCIPIO DE LAS INQUIETUDES EN 1808,
HASTA LA COMPLETA PACIFICACIÓN DEL REINO EN 1820, TERMINADA
LA GUERRA DE LA INSURRECCIÓN. CON UNA NOTICIA PRELIMINAR
DEL SISTEMA DE GOBIERNO QUE REGÍA EN 1808 Y DEL ESTADO EN
QUE SE HALLABA EL PAÍS EN EL MISMO AÑO.

TOMO II
LIBROS IV, V, VI y VII

MÉJICO
Imprenta de J. M. Lara, calle de la Palma núm. 4

1850 y 1851
3

ÍNDICE GENERAL

LIBRO CUARTO
CAPÍTULO I...............................................................................4
CAPÍTULO II............................................................................23
CAPÍTULO III...........................................................................42
CAPÍTULO IV...........................................................................54
CAPÍTULO V............................................................................67
CAPÍTULO VI...........................................................................86
CAPÍTULO VII.........................................................................95

LIBRO QUINTO
CAPÍTULO I...........................................................................107
CAPÍTULO II..........................................................................117
CAPÍTULO III.........................................................................132
CAPÍTULO IV.........................................................................146
CAPÍTULO V..........................................................................156
CAPÍTULO VI.........................................................................169
CAPÍTULO VII.......................................................................189
CAPÍTULO VIII......................................................................208

LIBRO SEXTO
PRÓLOGO...............................................................................222
CAPÍTULO I...........................................................................224
CAPÍTULO II..........................................................................237
CAPÍTULO III.........................................................................253
CAPÍTULO IV.........................................................................270
CAPÍTULO V..........................................................................286
CAPÍTULO VI.........................................................................296
CAPÍTULO VII.......................................................................307
CAPÍTULO VIII......................................................................322

LIBRO SÉPTIMO
CAPÍTULO I...........................................................................337
CAPÍTULO II..........................................................................351
CAPÍTULO III.........................................................................369
CAPÍTULO IV.........................................................................389
CAPÍTULO V..........................................................................403
CAPÍTULO VI.........................................................................428
CAPÍTULO VII.......................................................................461
4

LIBRO CUARTO.
Cortes de Cádiz. Su instalación. Sus deliberaciones. Constitución que dieron a la nación. Sucesos
que precedieron en Nueva España a la publicación de ésta. Tercera campaña de Morelos. Estado
general del continente americano cuando se proclamó la nueva constitución.

CAPÍTULO I.
Instalación de las cortes de España en la isla de León.—Composición de este cuerpo.—Juramento que prestaron
los diputados.—Declaran las cortes que la soberanía reside en ellas.—Consecuencias de esta declaración.—Cuestión
con el obispo de Orense.—Renovación de la regencia.—Libertad de imprenta y formación de los partidos.—Primeras
discusiones sobre asuntos de América. Decreto de 15 de Octubre de 1810.—Proposiciones de los americanos en
consecuencia de este decreto.—Su discusión y resultado.—Carta supuesta del diputado de Puebla Pérez al editor del
periódico “Español” y sus efectos.

No entra en el plan de esta obra formar la historia de las cortes instaladas en la isla de León el
día 24 de Septiembre de 1810, en los mismos días en que Hidalgo marchaba de Celaya sobre
Guanajuato, y que trasladadas a Cádiz en 24 de Febrero siguiente, son conocidas con el nombre de
esta ciudad; pero sí es esencial para mi objeto examinar su sistema y plan general de proceder,
como que ha sido el modelo que han imitado todos los congresos mejicanos, y referir sus
deliberaciones relativas a las cuestiones que entonces se agitaban en toda la América, y muy
especialmente con respecto a la Nueva España.1
Formadas de una sola cámara, aunque estaba acordado se compusiesen de dos, abrieron estas
cortes sus sesiones en el teatro de la isla de León, concurriendo ciento y dos diputados, de los cuales
cincuenta y cuatro eran nombrados por las provincias de Galicia, Cataluña, Extremadura y Cádiz;
diez y nueve suplentes elegidos en Cádiz por los naturales de las provincias ocupadas por los
franceses; veintiocho suplentes también, por América y Filipinas, nombrados de la misma manera
que los de España, y un solo propietario americano, que lo era por la isla de Puerto Rico, de suerte
que el número de suplentes que era el de cuarenta y siete, casi igualaba al de propietarios que eran
cincuenta y cinco. Los diputados y suplentes españoles eran en su mayor parte profesores de
universidades; eclesiásticos, y entre estos varios de los que eran tenidos en el clero español por
jansenistas; algunos magistrados y empleados, y no pocos jóvenes formados con la lectura de los
filósofos franceses del siglo anterior, y fuertemente impresionados con las ideas y principios de la
revolución de aquella nación. Los suplentes americanos eran todos eclesiásticos y abogados, que se
hallaban en Madrid pretendiendo togas y canonjías, o que las habían obtenido cuando se verificó la
irrupción francesa; empleados en los consejos y oficinas; o militares mucho tiempo hacía
establecidos en la península.2 Sucesivamente fueron presentándose otros diputados de las provincias
de España según fueron quedando libres de franceses, y llegaron también los nombrados por Nueva
España, Guatemala, y varios del Perú, Santa Fe, Venezuela, las islas Antillas y Filipinas.
En la misa de Espíritu Santo, que con asistencia de la regencia del reino, 3 celebró en la iglesia
parroquial de la isla el cardenal D. Luis de Borbón, arzobispo de Toledo, los diputados, después del

1 Recuérdese lo dicho sobre convocación y reunión de estas cortes, en el tomo 1.º de esta obra. Puede verte con
mayor extensión todo lo concerniente a la instalación y primeros pasos de estas cortes, en Toreno, Historia de la
revolución de España, tom. 5.º lib. XIII, con mucha parcialidad en favor de las cortes, de que el autor fue uno de
los principales miembros. En los cinco primeros tomos del Español, periódico publicado en Londres por D. Juan
Blanco, [que habiendo traducido su nombre en inglés se llamó White], se critican con juicio, aunque a veces con
excesiva acrimonia, los procedimientos de las cortes y de los gobiernos de España, y especialmente los tomos 3.º
4.º y 5.º son muy interesantes, por todo lo relativo a América. Véase también la Historia de la revolución de Nueva
España de Mier, tom. 2.º lib. XIV, y en los Diarios de las cortes las discusiones, de las que las más importantes
sobre América, están a la letra en el Español.
2 Véase en el apéndice núm. 1, la lista de los suplentes de América.
3 Véase en el tom. 1.º la creación de esta regencia, y los individuos que la componían.
5

Evangelio, prestaron juramento de sostener la religión católica sin admitir otra alguna; de mantener
la integridad de la nación española; de conservar a su soberano Fernando VII todos sus dominios,
haciendo cuantos esfuerzos fuesen posibles para sacarlo del cautiverio y colocarlo en el trono, y por
último, juraron guardar las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que
exigiese el bien de la nación. Mas apenas estuvieron en el salón destinado a las sesiones, y se hubo
retirado la regencia que las abrió, con un discurso pronunciado por su presidente el obispo de
Orense D. Pedro Quevedo y Quintano, en el que manifestó el estado de la nación, dejando un papel
en que invitaban los cinco regentes a la formación de un nuevo gobierno, cuando en aquel mismo
día y con el intervalo de pocas horas, olvidados del juramento que acababan de prestar, declararon,
a propuesta de D. Diego Muñoz Torrero, diputado de Extremadura, eclesiástico y rector que había
sido de la universidad de Salamanca, que la soberanía nacional residía en las cortes, 4 echando así de
un golpe por tierra las leyes fundamentales de España, a pretexto de que en su juramento se habían
reservado el derecho de alterarlas o variarlas. Dejóse subsistir provisoriamente la regencia con los
cinco individuos que la componían, pero se les exigió que se presentasen inmediatamente en las
cortes a reconocer la soberanía de estas, y a prestar juramento de obediencia a las leyes y decretos
que de ellas emanasen, y así lo verificaron cuatro de los regentes, excusándose el obispo de Orense,
en atención a su edad y enfermedades, por la incomodidad de la hora, pues era la media noche, por
haberse prolongado hasta entonces la sesión que se declaró permanente, y aunque esta excusa
pareció por entonces fundada, poco después se conoció que eran otros los motivos que habían
detenido al prelado, para no concurrir a prestar el juramento que se le pedía. 5 Decretóse también ser
la regencia responsable de sus actos, pero no habiéndose demarcado cuáles eran sus facultades,
pidió aclaraciones y se le dieron en términos casi tan vagos, como los del mismo decreto cuya
aclaración había pedido. En la misma sesión las cortes reconocieron por rey legítimo de España a
Fernando VII, declarando nulas las renuncias del mismo Fernando y demás individuos de la familia
real: habilitaron a todos los tribunales y autoridades para seguir en el ejercicio de sus funciones,
prestando el mismo juramento que se había exigido a la regencia, y establecieron la inviolabilidad
de los diputados.6
Declaradas las cortes soberanas, era consiguiente que se diesen todos los atributos
correspondientes al carácter que habían tomado, y a propuesta del diputado peruano D. José de
Mejía, mandaron en la sesión inmediata, que se les diese el tratamiento de “majestad”, 7 y que su
guardia la formasen las tropas de la casa real: a la regencia se concedió el tratamiento de alteza, el
mismo que debían usar los tribunales supremos de la nación, y se dispuso que se presentasen a
prestar ante las mismas cortes, igual juramento que la regencia, el general en jefe del ejército de la
isla, los presidentes, gobernadores o decanos de los consejos supremos que residían en Cádiz, el
gobernador de aquella plaza y el de la isla, habiendo pedido en seguida que se les concediese igual
honor otras muchas autoridades y personas.
Por todos estos actos, las cortes en vez de constituirse en una corporación moderadora de los
derechos del trono, ocuparon de golpe toda la plenitud de autoridad de que habían usado los
monarcas españoles en la mayor extensión de su poder, y se subrogaron tan completamente a la
persona del monarca, que habiéndoseles consultado por el ministro de gracia y justicia, a quien se
harían las notificaciones que según el uso forense, debían hacerse personalmente al rey en el grado
de segunda súplica, declararon que a las cortes, y que al efecto el escribano se presentaría a la
barandilla,8 y así se hizo en un caso que ocurrió. 9 La regencia quedó reducida a una mera comisión

4 Diario de las cortes. Sesión de 24 de Septiembre de 1810, y decreto del mismo día en la colección de decretos de
dichas cortes.
5 El ceremonial que para recibir a la regencia se acordó y el orden preferente de asientos, fue el mismo que se
observa actualmente en el congreso mejicano.
6 Diario y decreto citado.
7 Diario de las cortes. Sesión de 25 de Septiembre y decreto de la misma fecha.
8 Diario de cortes. Sesión de 23 de Diciembre.
9 Id. de 28 de id.
6

ejecutiva, o como la definió el diputado D. Agustín Argüelles, 10 uno de los más influyentes en estas
cortes, diciendo que las cortes no la consideraban “como poder ejecutivo, sino como parte alícuota
de la soberanía”. Todo el poder se concentró en las cortes, que lo ejercían sin traba, sin límite, sin
responsabilidad alguna, y éste fue el origen de fijarse en Méjico la idea de que un congreso
constituyente es un poder absoluto, que no tiene mas límite que su voluntad, y que puede por tanto
todo lo que quiere.
El obispo de Orense, el día siguiente de haber prestado la regencia el juramento exigido por
las cortes, presentó a éstas su dimisión no sólo del empleo de regente, sino también del encargo de
diputado, para el que había sido nombrado por la provincia de Extremadura, fundando su renuncia
no sólo en su edad y achaques, sino también en su repugnancia a jurar la soberanía que las cortes
exigían se reconociese en ellas. Admitiósele la renuncia, pero en un nuevo papel que dirigió a título
de dar las gracias, combatió directamente los principios establecidos por las cortes, censurando a la
regencia por haber prestado el juramento, y departídose de los derechos que le competían como
representando la persona del rey. Empeñóse la cuestión en la que por fin cedió el prelado,
allanándose a prestar el juramento que se le exigía; prueba por su parte o de ligereza en empeñar el
lance, o de falta de constancia en sostener sus opiniones una vez manifestadas.
Admitióse también a los demás individuos de la regencia la renuncia que habían hecho, y en
su lugar se nombraron tres, que lo fueron el general Blacke y los dos oficiales de marina Agar y
Císcar, el primero de los cuales siendo nativo de las provincias de Venezuela, se nombró para que
representase la América. Por ausencia de Blacke y Císcar, se eligieron dos suplentes, y en el acto de
prestar juramento en las cortes el marqués del Palacio, que era uno de ellos, las restricciones en
favor del rey con que quiso hacerlo, dieron motivo a que se suspendiese la posesión y se procesase
al marqués, quien se allanó a prestar el juramento, y publicó un manifiesto, aunque no fuese ya
necesaria su concurrencia a la regencia.11
La discusión que pocos días después se promovió para decretar la libertad de la imprenta, dio
a conocer el origen de la formación de los partidos, que estuvieron en continua lucha durante la
existencia de estas cortes, y que se han perpetuado después en los congresos sucesivos en España y
en Méjico. Estaban por las ideas de reformas y trastorno de todos los principios hasta entonces
admitidos en España, los eclesiásticos tenidos por jansenistas, varios de los profesores de las
universidades y todos los jóvenes versados en la lectura de los libros franceses del siglo anterior, y
estos fueron los elementos que compusieron el partido a que se dio el nombre de “liberal”, por
calificarse por tales las opiniones que seguían los que lo formaban: en el opuesto, se contaban los
eclesiásticos contrarios al jansenismo, los magistrados de los antiguos tribunales y varios abogados,
y éste permaneció por más tiempo anónimo, hasta que se le aplicó el epíteto de “servil”, tomado de
una composición poética de D. Eugenio de Tapia en que así lo caracterizó, escribiendo
maliciosamente las dos sílabas separadas, de esta manera “ser-vil”. 12 Los diputados americanos, a
quienes se daba el nombre de “la diputación americana”, enteramente unidos entre sí, con excepción
de pocos individuos, para todas las cuestiones de América, formaron un partido separado, que en los
asuntos generales se arrimaba a los liberales. En las cortes sucesivas permaneció este partido, que
interesándose muy poco en las cuestiones que no tocaban a la América, trataba de hacerse amigos
para estas en los partidos formados entre los diputados europeos, y no atendiendo siempre a los
principios de justicia, pero decidiendo las votaciones por su masa, causó a España graves males.
Los suplentes americanos, que en el acto de su elección verificada ante el consejero de Indias
Castillo Negrete, protestaron contra la desproporción del número de veintiocho, aumentado luego a
treinta, que se señalaron por la regencia a toda la América e islas Filipinas, comparado con el de
diputados que se designó a la península,13 luego que en la primera sesión se hubo declarado la
10 Sesión de 27 de Diciembre. Discusión del reglamento de la regencia.
11 Decretos de las cortes, números 6, 7 y 8, de 28 y 29 de Octubre.
12 Tapia, literato distinguido, ha sido después director de la imprenta real y obtenido otros honores y distinciones.
13 Sigo para todo lo concerniente a estas primeras discusiones de América, al P. Mier, tom. 2.º lib. XIV, desde el fol.
640 en adelante, porque él estaba en Cádiz por este tiempo y se hallaba bien impuesto de lo que pasaba: los
7

soberanía de las cortes y todo lo demás que comprende su primer decreto, propusieron que la
publicación de éste en América, fuese acompañada de varias medidas que conciliasen las
desavenencias que habían comenzado, sobre lo cual se acordó, que una comisión de los mismos
diputados americanos, presentase un dictamen acerca de este punto. En él propuso la comisión, que
siendo las provincias ultramarinas partes integrantes de la nación y sus naturales y habitantes libres,
iguales en derechos a los de la península, declarasen las cortes: que el número de treinta suplentes y
el modo de su elección, adoptado para aquellas cortes, había sido sólo efecto de la urgente
necesidad de instalarlas sin demora; pero que para completar el número de diputados que de justicia
correspondían a aquellas provincias, se haría extensiva a ellas la instrucción que había dado la junta
central en 1.° de Enero para las elecciones de España, observándose en aquella vez y en todas las
venideras, la misma forma de elección que en la península: que no habiendo nacido las turbaciones
de algunas provincias de América del intento de separarse de la madre patria, mandasen las cortes
sobreseer en todas las providencias y causas que con este motivo se hubiesen expedido y formado,
cesando igualmente todas las comisiones y órdenes relativas a la sujeción de aquellos pueblos, y a
la pesquisa y castigo de los sindicados por dichas turbaciones, confirmándose simultáneamente
todas las autoridades constituidas allí conforme a las leyes y a la necesidad de las circunstancias, y
por último, que se admitiesen todos los diputados que fuesen llegando de las provincias
ultramarinas, elegidos según el método prevenido para ellas por la regencia, descontándolos o
disminuyéndolos del número que se había de nombrar, según lo que ahora se previniese.
Aunque las cortes hubiesen votado en el día anterior sin discusión, el trastorno completo de
las leyes fundamentales de la monarquía, les parecieron tan exorbitantes las pretensiones de los
americanos, que no creyeron fuese posible ocuparse de ellas con tanta brevedad, que la resolución
que sobre ellas recayese, pudiese acompañarse con el decreto que ya tenían aprobado; por lo que
mandaron que éste se publicase sin demora, y se circulase a las Américas, abriéndose el puerto que
la junta de Cádiz había hecho cerrar, para que estos sucesos no se comunicasen a las provincias de
ultramar por vías particulares antes que oficialmente, y dejando tan grave asunto para más adelante,
por su decreto de 15 de Octubre “confirmaron y sancionaron el inconcuso concepto, de que los
dominios españoles de ambos hemisferios forman una sola y misma nación y que por lo mismo, los
naturales que fuesen originarios de dichos dominios, eran iguales en derechos, quedando a cargo de
las cortes tratar con oportunidad y con un particular interés, de todo cuanto pudiese contribuir a la
felicidad de los de ultramar, como también sobre el número y forma que para lo sucesivo debiese
tener la representación nacional en ambos hemisferios”.
Ordenaron asimismo, que respecto a todo cuanto hubiese ocurrido indebidamente en los
países de ultramar, en donde se hubiesen manifestado conmociones, hubiese un olvido general, con
tal que se reconociese la autoridad legítima soberana establecida en la madre patria, y dejando a
salvo el derecho de tercero. 14 Esta amnistía tan empeñosamente pedida por los diputados
americanos, sólo fue útil a Iturrigaray, que se dio prisa a acogerse a ella, para hacer cesar la causa
que por infidencia se le seguía, y al Lic. D. Juan Francisco Azcárate, que había permanecido preso
desde Septiembre de 1808, aunque permitiéndosele residir en su casa: en este largo período de
tiempo había presentado diversos ocursos, haciendo valer sus méritos, los de sus hermanos, y en
especial los de su hijo D. Juan, oficial valiente del regimiento de la Corona, que se hallaba en el
ejército del centro, y por último hizo una representación en su favor el ayuntamiento de Méjico,
exponiendo los servicios que como capitular había prestado a la ciudad; en vista de la cual, la junta
de seguridad en 20 de Septiembre de 1811, consultó al virrey se le declarase comprendido en la
gracia concedida por las cortes, satisfaciéndose los gastos judiciales que reclamaba el receptor, de la
real hacienda reintegrables por el fondo de penas de cámara, y el virrey Venegas no sólo se
conformó con lo consultado por la junta de seguridad, sino que añadió que se entendiese la
providencia en calidad de olvido, quedando el interesado en la buena opinión y fama que se tenía de

Diarios de cortes dan poca o ninguna idea de ellas, porque entonces no había todavía taquígrafos.
14 Es el decreto núm. 5 de los de las cortes extr., tom. 1.° fol. 10.
8

su honor y circunstancias, antes de los sucesos de 1808. 15 A los presos o expatriados mejicanos que
se hallaban en Cádiz, en mala hora se les aplicó esta amnistía, pues habiendo vuelto a Méjico en
virtud de ella, tomaron parte en las revueltas que con tanto calor se agitaban y perecieron víctimas
de ellas; Alconedo se unió a las partidas independientes de los llanos de Apán, y habiendo sido
cogido por los realistas, fue fusilado; Acuña y Castillejo se comprometieron en una conspiración,
para entregar a los independientes la fortaleza de Perote, en cuyo pueblo se hallaban detenidos por
falta de convoy en que pasar adelante. Acuña fue fusilado y Castillejo hizo valer la excusa de su
habitual embriaguez, y después de mucho tiempo de prisión, murió miserablemente en la crápula en
que vivía;16 a Hidalgo y sus compañeros hemos visto que la propuso Cruz cuando estaban en el
Saltillo y que contestaron con desdén, y los demás insurgentes que no se habían acogido al indulto
publicado por el virrey, tampoco hicieron caso de este, aunque dimanado de autoridad más superior.
Fundados en esta declaración, los suplentes americanos presentaron en la sesión de 16 de
Diciembre del mismo año de 1810, once proposiciones que copio a la letra, tanto por haber sido la
materia de que las cortes se ocuparon en muchas sesiones, cuanto porque ellas contienen la suma de
todos los motivos de queja que los americanos alegaban, y para hacer ver la poca idea que los
diputados suplentes de América tenían del carácter y objeto de las conmociones que a ésta agitaban,
pues por el empeño que tomaron en esta discusión, parece que creían de buena fe, que la aprobación
de sus proposiciones iba a satisfacer los deseos de todos. Son las siguientes:
1.ª En consecuencia del decreto de 15 del próximo Octubre se declara: 17 que la representación
nacional de las provincias, ciudades, villas y lugares de la tierra firme de América, sus islas y las
Filipinas, por lo respectivo a sus naturales y originarios de ambos hemisferios, así españoles como
indios, y los hijos de ambas clases, debe ser y será la misma en el orden y forma, aunque respectiva
en el número que tienen hoy y tengan en lo sucesivo, las provincias, ciudades, villas y lugares de la
península,18 e islas de la España europea entre sus legítimos naturales.
2.ª Los naturales y habitantes libres de América, pueden sembrar y cultivar cuanto la
naturaleza y el arte les proporcione en aquellos climas, y del mismo modo promover la industria
manufacturera y las artes en toda su extensión.
3.ª Gozarán las Américas la más amplia facultad de exportar sus frutos naturales e industriales
para la península y naciones aliadas y neutrales, y se les permitirá la importación de cuanto hayan
menester, bien sea en buques nacionales o extranjeros, y al efecto quedan habilitados todos los
puertos de América.
4.ª Habrá un comercio libre entre las Américas y las posesiones asiáticas, quedando abolido
cualquier privilegio exclusivo que se oponga a esta libertad.
5.ª Se establecerá igualmente la libertad de comerciar de todos los puertos de América e islas
Filipinas a lo demás del Asia, cesando también cualquier privilegio en contrario.
6.ª Se alza y suprime todo estanco en las Américas, pero indemnizándose al erario público de
la utilidad líquida que percibe en los ramos estancados, por los derechos equivalentes que se
reconozcan sobre cada uno de ellos.
7.ª La explotación de las minas de azogue será libre y franca a todo individuo, pero la
administración de sus productos quedará a cargo de los tribunales de minería, con inhibición de los
virreyes, intendentes, gobernadores y tribunales de real hacienda.
15 Todo consta en la causa que existe en el archivo general, y de cuya sentencia tengo copia.
16 Véase sobre estos individuos el tom. 1.º Algunos escritores mejicanos, con las exageraciones que suelen
acostumbrar, representan a Alconedo como un artista extraordinario, a quien los ingleses quisieron comprar sus
secretos en la platería. Este arte estaba bastante adelantado en Méjico en aquel tiempo, pero no cosa de poderse
comparar con lo que se hacía en Inglaterra. Alconedo era uno de los mejores cinceladores que había en el país,
pero si hubiera ido a Londres hubiera tenido mucho que aprender. Esta advertencia servirá para todas las demás
exageraciones de igual clase, reduciendo así a su verdadero valor los “ingenios divinales y talentos sublimes”, de
que frecuentemente habla D. Carlos Bustamante.
17 Copio estas proposiciones del padre Mier, tomo 2.º folio 647, confrontándolas con las que constan en los Diarios
de cortes, distribuidos en el cuerpo de la deliberación. Se imprimieron también en un papel suelto.
18 Por la península, sin otra adición se entendía en América la España europea.
9

8.ª Los americanos, así españoles como indios, y los hijos de ambas clases, tienen igual
opción que los españoles europeos para toda clase de empleos y destinos, así en la corte como en
cualquiera lugar de la monarquía, sean de la carrera política, eclesiástica o militar.
9.ª Consultando particularmente a la protección natural de cada reino, se declara que la mitad
de sus empleos ha de proveerse necesariamente en sus patricios, nacidos dentro de su territorio.
10.ª Para el más seguro logro de lo sancionado, habrá en las capitales de los virreinatos y
capitanías generales de América, una junta consultiva de propuestas, para la provisión de cada
vacante respectiva, en su distrito, al turno americano, a cuya terna deberán ceñirse precisamente las
autoridades a quienes incumba la provisión, en la parte que a cada uno toque. Dicha junta se
compondrá de los vocales siguientes del premio patriótico: el oidor más antiguo, el rector de la
universidad, el decano del colegio de abogados, el militar de más graduación y el empleado de real
hacienda más condecorado.
11.ª Reputándose de la mayor importancia para el cultivo de las ciencias y para el progreso de
las misiones que introducen y propagan la fe entre los indios infelices la restitución de los jesuitas,
se concede para América por las cortes.
Instaron con empeño los diputados americanos porque se tomasen prontamente en
consideración sus proposiciones, pero se fueron postergando, sea porque los europeos repugnaban
entrar en esta deliberación, o porque llamaban de preferencia su atención otros asuntos más
inmediatos, y ya los americanos se proponían hacer una enérgica representación para que se
pusiesen aquellas a discusión, cuando habiendo llegado los diputados propietarios de Puebla y
Tlaxcala, Dr. D. Antonio Joaquín Pérez, canónigo magistral de aquella catedral, que después fue
obispo de la misma diócesis, y Dr. D. José Miguel Guride y Alcocer, manifestaron en 31 de
Diciembre su adhesión a lo propuesto por sus compañeros y pidieron que se procediese a su
discusión y resolución, con la preferencia que demandaba el estado de cosas en América, de que
eran ellos mismos testigos. Las cortes en consecuencia, y a propuesta del mismo diputado Pérez,
acordaron destinar a este grave asunto dos sesiones en cada semana, para lo que señalaron los
miércoles y viernes.19 Este orden de deliberación interrumpida, es poco favorable a la materia de
que se trata, pues todo el interés que ella puede presentar, se pierde cortando con tanta frecuencia el
hilo del discurso.
Antes de entrar en esta discusión y como preliminar de ella, el mismo magistral de Puebla
Pérez propuso20 que se autorizase a los diputados americanos para hacer un manifiesto a sus
provincias, hablándoles en el tono más a propósito para excitar sus sentimientos en favor de la
madre patria, e invitándolas a socorrer las necesidades que ésta padecía, por efecto de la guerra en
que se hallaba empeñada. El pensamiento fue apoyado con general aclamación, pero queriendo los
diputados europeos no quedar atrás en pruebas de generosidad, a propuesta del diputado Villanueva,
se acordó discutir con preferencia a todo la proposición hecha anteriormente por D. Dionisio Inca
Yunpangui, diputado suplente por el Perú y descendiente de la familia real de aquel país, quien fue
trasladado a España muy niño, a consecuencia de la revolución promovida por Tupac Amaru, en el
reinado de Carlos III. Esta proposición21 estaba reducida a pedir se observasen puntualmente todas
las disposiciones de las leyes de Indias en favor de los indios, haciendo nueva y muy estrecha
prevención a todas las autoridades para su cumplimiento, y así se acordó sin discusión, agregando al
redactar el decreto, que se leyese por tres días consecutivos en la misa parroquial en todos los
pueblos de América y Asia, y se trasladase a cada uno de los cabildos de los indios, para que
constase el desvelo y solicitud paternal con que las cortes se ocupaban de su bienestar. 22
Providencias que por su generalidad, nunca produjeron bien alguno a aquellos en cuyo favor se
dictaban, y que en las circunstancias en que la América se hallaba, eran del todo extemporáneas.

19 Sesión del 2 de Enero. Diario de cortes, tomo 2.º


20 Sesión del 4 de Enero. Diario de cortes, tom. 2.º
21 Id. de 16 de Dic. de 1810, id.
22 Decreto de 5 de Enero.
10

Abrióse por fin la discusión23 sobre la primera y más importante de las proposiciones de los
suplentes americanos, y fue una de las más empeñadas que hubo en aquellas cortes. Compuestas
estas en su mayoría de hombres versados en las disputas académicas, o empapados en las teorías de
los filósofos franceses, siempre que se presentaba una cuestión o punto abstracto, en que una lógica
general podía ejercitarse libremente sin necesidad de hechos, se les veía en su elemento: los
diputados de talentos, y había muchos que los tenían muy brillantes, competían entre sí en
elocuencia y en destreza de discurso y argumentos, como sucedió en esta vez y en algunas otras
cuestiones generales.24 Los diputados españoles carecían casi en lo absoluto de conocimientos en
todo lo concerniente a América, y así lo confesaban, añadiendo alguno de ellos, 25 que no tenía más
nociones sobre aquellos países, que las elementales de los libros de geografía y estadística, que eran
entonces muy incompletas. Puede decirse que en el mismo caso se hallaban los diputados suplentes
de América, entre los cuales había algunos, tales como Mejía y Feliú, de gran talento e instrucción
sin duda en materias generales, pero muy poco versados en lo relativo a su patria, y sólo Morales
Duárez, se echa de ver que tuviese copiosa lectura de los escritores de América. De los diputados
propietarios, no se habíanpresentado al comenzar esta discusión más que Pérez y Alcocer, y estos
eran los únicos que podían ilustrar la materia, con conocimientos prácticos del estado del país en
sus actuales circunstancias.
Los americanos fundaban sus pretensiones en la igualdad declarada desde los reyes católicos
y el emperador Carlos V., confirmada por las leyes de Indias, reconocida por la regencia y
nuevamente proclamada por las cortes en el decreto de 15 de Octubre, en que habían apoyado sus
proposiciones, las que consideraban como una mera aplicación práctica de los principios en él
establecidos. Los europeos sin negar estos principios, variaban en cuanto al modo y tiempo de su
aplicación: pero estos principios en que todos parecían de acuerdo; que eran tenidos por tan
evidentes, que el P. Mier los llama “un axioma de eterna verdad”; en virtud de los cuales se daba
por asentado que los españoles e indios nacidos en ambos hemisferios eran iguales en derechos:
carecían de todo fundamento legal y no podían sostenerse sino sobre los principios generales de la
igualdad de todos los hombres y del pacto social. Que los españoles nacidos en América y Asia
tuviesen iguales derechos políticos que los nacidos en Europa, no podía dudarse, pues así había sido
reconocido siempre, pero no se podía sostener otro tanto respecto a los naturales del país. Morales
Duárez derivaba la igualdad de derechos de los indios, del reconocimiento que pretendía que había
hecho de ellos Carlos V. diciendo en una de sus leyes: “queremos y mandamos que sean tratados los
indios como vasallos nuestros de Castilla, pues lo son”, y de la declaración que el mismo emperador
hizo en Barcelona en 1529, de donde se tomó la ley 1.ª tít. 1.° del lib. 3.° de la recopilación de
Indias, que establece que las Américas son incorporadas y unidas a la corona de Castilla; de donde
concluía aquel orador, que si habían sido incorporadas y unidas a la corona de Castilla, eran unas
provincias de ésta, con sus mismos fueros y honores.26
Pero ni de estas palabras, ni del testamento de la reina Isabel, ni de todas cuantas leyes se
hicieron en beneficio de los indios, y que contiene todo el lib. 6.° de aquella recopilación, se deduce
la menor idea de reconocer en ellos la pretendida igualdad de derechos políticos con los españoles.
Todas aquellas disposiciones se contraen a eximir a los primeros de la esclavitud, de la sujeción a
los segundos, y de la imposición de servicios personales: pero cuando se hacía en su favor una
legislación protectora, que partía del principio de considerarlos débiles de espíritu y de cuerpo;
cuando se les conservaban perpetuamente los privilegios de la menor edad; cuando no se les
concedía lugar en los ayuntamientos de las poblaciones españolas, ni se les permitía usar caballos ni
armas: hubiera sido una contradicción monstruosa concederles el derecho de ser representados en
las cortes, al mismo tiempo que este derecho se iba cercenando a los españoles hasta reducirlo a la
nulidad. Además de esto, en las juntas de procuradores de las poblaciones españolas que se tuvieron
23 Sesión de 9 de Enero de 1811. Diario de cortes, tom. 2.º
24 Este juicio está tomado del Español, núm. 30, de Octubre de 1812.
25 El diputado Aner. Sesión de 9 de Enero. Diario de las cortes.
26 Diario de cortes. Sesión de 11 de Enero de 1811, tom. 2.º fol. 370.
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en Méjico con diversos objetos, pocos años después de la conquista; juntas que el mismo P. Mier
considera como congresos provinciales, y en cuyo hecho funda la legitimidad del que intentó
convocar Iturrigaray: nunca se tuvo la menor idea de hacer concurrir a los procuradores de las
poblaciones indias, lo que prueba que no se reconocían en ellas los mismos derechos que en las de
españoles.
En cuanto a las razas procedentes de África, la misma proposición de los americanos las
excluía, aunque esto procedió de que tuvieron que conformarse en ella con lo establecido ya en el
decreto de 15 de Octubre, aunque sus primeras proposiciones del 25 de Septiembre, comprendían a
todos los habitantes libres.27
El diputado europeo Quintana que abrió la discusión, aunque de acuerdo en lo que los
americanos pedían, quería que se separasen las clases de la población de América, en indios,
criollos, mestizos y europeos, y que cada una nombrase sus diputados de sus propios individuos:
que los pertenecientes a las razas originarias de África tuviesen voto activo, nombrando sus
representantes de la clase de mestizos, y que tomándose las medidas convenientes para extinguir la
esclavitud, mientras esto se lograba, los esclavos se reuniesen para nombrar un apoderado, que
fuese de los representantes europeos, que los protegiese y defendiese en todo lo que les fuese
conveniente.28 Estas ideas de que tendré ocasión de ocuparme más adelante, prueban por la absoluta
imposibilidad de reducirse a efecto, lo ignorante que estaban los diputados, aun los más ilustrados
como era Quintana, de las materias prácticas de gobierno. El punto que principalmente se ventiló,
no fue sin embargo éste, ni la justicia misma de la declaración que estando ya hecha no podía
variarse, sino la oportunidad de reducirla a práctica desde entonces. Los diputados europeos
pretendían que se dejase para que se estableciese en la constitución el modo de la representación
nacional igual en ambos hemisferios; que estando reconocida la legitimidad de las cortes reunidas
según la convocatoria de la regencia, el mudar la base de la elección para la América, pondría en
duda la validez de todo cuanto se hubiese hecho antes de la llegada de los diputados que de nuevo
se eligiesen; con lo que, si hubiese de esperárseles, era del todo inútil la reunión presente de las
cortes, y si no se les esperaba, llegarían fuera de tiempo, pues debía procederse inmediatamente a
formar la constitución que debía ser el término de las actuales sesiones, porque publicada aquella,
debía procederse a formar el congreso constitucional, según lo que en ella se estableciese.
Todo esto era incontestable, pero los americanos insistían en que se estableciese el principio
de la igualdad de la representación y se mandase proceder según él a las elecciones, aun cuando los
diputados nombrados no llegasen a tiempo; creyendo que esto solo bastaría para sosegar las
conmociones excitadas en varias partes del continente americano, ya que no era posible enviar
tropas que las reprimiesen, atribuyendo aquellas al disgusto que causaba en aquellos habitantes la
injusticia con que habían sido tratados en este punto, y aun el diputado de Querétaro D. Mariano
Mendiola, que se presentó en las cortes en aquellos días, dijo que 29 el descubrimiento de la
conspiración de Hidalgo en aquella ciudad (que en su lugar hemos visto cómo fue), las pruebas de
lealtad que sus moradores habían dado en aquella ocasión, y el empeño con que en cuatro días se
había puesto en estado de defensa y la resistencia que había hecho cuando había sido atacada, era
todo debido a las proclamas del virrey y de los diputados a aquellas cortes, prometiendo que
tendrían igual representación en ellas que sus hermanos europeos: siendo la verdad que cuando todo
esto ocurrió en Querétaro, en nada menos se pensó que en estas teorías de derecho representativo,
habiéndose debido el descubrimiento de la conspiración y las disposiciones para la defensa de la
ciudad, especialmente a los europeos avecindados en ella.
Dado el punto por suficientemente discutido, y lo estaba ciertamente en tantos días de
deliberación, se llegó a la votación que se verificó el 15 de Enero, y habiendo sido nominal, resultó

27 Mier, Historia de la revolución de Nueva España, tom. 2.° lib. 14 fol. 645.
28 Diario de cortes. Sesión de 9 de Enero, tom. 2.º fol. 317.
29 Diario de cortes. Sesión de 18 de Enero de 1811, tom. 3.º fol. 28. Mendiola prestó juramento en las cortes y entró
a ejercer en la sesión de 15 de Enero. Diario de cortes, tom. 2.º fol. 401.
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desechada la primera proposición por 64 votos contra 56;30 pero habiéndose reservado en sus votos
varios diputados el presentar modificaciones según las opiniones vertidas en la discusión, el
diputado europeo D. Evaristo Pérez de Castro, en la sesión del 19 propuso que se declarase a los
americanos el derecho de tener en las cortes una representación enteramente igual en el modo y
forma a la de la península; que en la constitución se estableciese el modo de esta representación,
pero que se procediese desde luego en aquellos dominios a las elecciones, bajo el pie que se habían
hecho en la península para aquellas cortes, esto es de un diputado por cada cincuenta mil almas, sin
que los trabajos de las cortes, incluso el dar la constitución, se entorpeciesen o demorasen en espera
de los diputados que así se nombrasen. 31 Adhiriéronse a estas proposiciones los americanos y se
volvió a abrir la discusión sobre ellas, repitiéndose en general las mismas razones que ya se habían
alegado, aunque con redoblado calor y acrimonia; pues habiéndose vertido por los europeos algunas
especies sobre la incapacidad de los indios y la ingratitud de los americanos, que en vez de
agradecer la participación que se les había dado en la representación nacional, el primer uso que de
ella hacían era exigirla mayor, estos se dieron por ofendidos y contestaron con no menos virulencia,
y el diputado Mejía en esta o en alguna otra de las anteriores discusiones, 32 peroró puesto de rodillas
para conmover los ánimos: movimiento oratorio acaso muy oportuno en la peroración de la defensa
de algún reo que estuviese a punto de ser sentenciado a la pena capital, pero que venía a ser ridículo
en una cuestión enteramente política, en que sólo debía tratarse de convencer y no de enternecer los
ánimos. Vínose a nueva votación en la sesión de 7 de Febrero, y divididas en dos partes las
proposiciones de Pérez de Castro, se aprobó por 123 votos contra 4 la primera, relativa al derecho
de igual representación, y se desaprobó la segunda, que tenía por objeto que esta igualdad tuviese
efecto desde aquellas mismas cortes, por 69 votos contra 61.33
Esta corta mayoría prueba la habilidad con que la cuestión fue sostenida por los diputados
americanos, y la buena disposición que había en un gran número de los europeos para adoptar todo
lo que pudiese conducir a cimentar la unión de la América, sobre la base de condiciones ventajosas
a la misma América. Atribuyeron los americanos el mal éxito de la segunda parte de las
proposiciones, al influjo del diputado de Puebla Pérez; 34 éste, habiendo ganado la benevolencia de
los diputados europeos con varias proposiciones que los lisonjeaban y que aunque no pasaban de
meras ofertas, como la de hacer acuñar a expensas de los diputados americanos una medalla en
honor del duque de Alburquerque,35 por haber salvado la isla gaditana y con ella la monarquía
española, con la célebre retirada que tan oportuna y acertadamente verificó cuando los franceses
invadieron la Andalucía, les persuadían que tomaba un vivo interés por los asuntos de España, había
sido nombrado presidente de las cortes en 24 de Enero, 36 siendo el primer americano que tuvo este
honor, y sus paisanos le imputaban que haciendo uso de las prerrogativas de aquel puesto, había
interrumpido la discusión cuando los discursos de los que sostenían la última parte de las
proposiciones parecían hacer mayor impresión en los europeos, y que había persuadido a estos a
que sostuviesen la negativa, asegurándoles con su cabeza que Méjico no lo llevaría a mal.37
Los paisanos del diputado de Puebla habían comenzado a sospechar, que más cuidadoso de
labrar su fortuna que de los intereses de su país, se había propuesto sacar una mitra por premio de su
manejo en las cortes; pero sin acudir a tan torcida interpretación, es muy probable que si en efecto

30 Diario de cortes, tom. 3.º fol. 31.


31 Diario de cortes, tom. 3.º f. 60.
32 Mier, tom. 2.º fol. 645 dice que esto fue en la discusión del decreto de 15 de Octubre. El mismo Mier recopila
todas las especies injuriosas escapadas a los diputados europeos, pero no hay exactitud cuando cita lo que dijo el
conde de Toreno al diputado de Santo Domingo Álvarez de Toledo, que preferiría que se perdiese la América o se
entregase a Napoleón, antes que darle igualdad de representación, pues esto lo diría Toreno en otra ocasión, o
como particular, porque en este tiempo no era todavía diputado.
33 Diario de cortes. Sesión de 7 de Febrero, tom. 3.º fol. 290.
34 Mier, tom. 2.º fol. 648.
35 Diario de cortes. Sesión de 13 de Enero, tom. 2.º folio 391.
36 Id. Sesión de 24 de Enero, tomo 3.º fol. 78.
37 Mier, en el lugar citado.
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ocurrió lo que en este caso se decía, el origen de este proceder no fue interesado. Pérez había salido
de Nueva España después de comenzada la insurrección y como profundo observador que sin duda
lo era, había conocido bien la índole de aquel movimiento y estaba convencido de la inutilidad de
todas aquellas medidas para calmarlo. Este incidente dio motivo a una represalia harto pesada, que
ejerció contra el diputado de Puebla alguno de sus paisanos. Publicábase por este tiempo en Londres
un periódico mensual titulado “El Español”, enteramente destinado a tratar de los sucesos
contemporáneos de España y América: su autor, D. José María Blanco, natural de Sevilla, había
sido canónigo magistral de la capilla real de aquella ciudad, cuya prebenda abandonó al
aproximarse los franceses, retirándose a Cádiz de donde pasó a Inglaterra y comenzó a publicar su
periódico en Abril de 1810. Siendo Blanco hombre de grande instrucción, de fácil y elocuente
estilo, pronto adquirió “El Español” mucha reputación, y examinando en él de una manera
desfavorable las providencias de la regencia, en especial las que tenían por objeto reprimir la
revolución que había comenzado en Caracas, Buenos Aires y otras provincias de ultramar, aquel
gobierno por real orden de 19 de Agosto de 1810, comunicada al virrey de Nueva España, prohibió
la lectura y circulación en América de este periódico, inculpando a su autor siniestras intenciones y
acusándole de haber sido eterno adulador de Godoy, de todo lo cual se vindicó de una manera
convincente.38
Instaladas las cortes, Blanco, admirador entusiasta del sistema de gobierno inglés, no perdía
ocasión de censurar acremente la nueva soberanía, criticando con razón la irregularidad de los
procedimientos de aquel congreso, y como en las cuestiones de América que habían ido tomando
cuerpo, reprobó siempre las medidas de rigor, apoyando las de conciliación y paz, se le tuvo por
parcial declarado de la independencia de América, y acabó en efecto por serlo y por renunciar a su
patria, religión y nombre, pues habiéndose hecho ministro protestante, tradujo su apellido en inglés
y se llamó White.39
El “Español” era pues un periódico sumamente desagradable a las cortes y al público de
Cádiz, y cada número que llegaba, excitaba más y más el odio contra su autor. Conociéndolo así el
maligno enemigo del diputado de Puebla, dirigió a Blanco una carta que se suponía escrita por
aquel, imitando su letra y firma, cuya fecha era 22 de Febrero de 1811, pocos días después de la
votación de las proposiciones substituidas a la primera de los americanos, en la que dándole las
gracias en nombre de toda la diputación americana de que se llamaba presidente, por los
inestimables oficios que en su periódico hacia a la faz del mundo en beneficio de las Américas, se
queja de una manera muy sentida del modo en que los diputados americanos eran tratados en las
cortes y por los periodistas de Cádiz, y le pide dé publicidad en su periódico a aquel testimonio de
su gratitud y de la de sus compañeros. Blanco, con más ligereza que la que convenía, dio crédito a
la tal carta, de cuya veracidad por otra parte no tenía motivo de dudar, y la insertó en el núm. 13 de
su periódico, correspondiente al mes de Abril de 1811, 40 con la atenta respuesta que dio a ella.
Apenas Pérez recibió esta contestación y vio impresa en el aborrecido periódico la carta que se le
atribuía, se llenó de terror, y en la sesión de las cortes de 24 de Mayo, 41 dio cuenta de todo lo
ocurrido; presentó la comunicación que había recibido de Blanco; negó haber escrito jamás a éste, y
con alusión a otro negocio, en que el diputado Golfin había presentado en aquella misma sesión un
documento que desvanecía una acusación injuriosa en que se le había complicado, dijo: “Ojalá
pudiera desvanecer, como lo ha hecho el Sr. Golfin, 42 con un documento auténtico, la imputación
38 Véase el Español núm. 11, de Febrero de 1811, tom. 2.º fol. 341. La real orden citada se publicó por bando en
Méjico en 14 de Noviembre de 1810, y se insertó en la gaceta de 15 del mismo, de donde Blanco la tomó.
39 Todo esto había sucedido ya, cuando yo conocí a Blanco en Oxford, en el año de 1815, y él fue quien me condujo
a ver todos los establecimientos científicos de aquella célebre universidad. Era sujeto sumamente instruido y
amable, y era entonces capellán de la familia del duque de Bedford.
40 Español, tom. 2.º fol. 69.
41 Sesión de aquel día, en los diarios de cortes, y el Español núm. 16, de Julio de 1811, tom. 3.º fol. 265.
42 Este desgraciado diputado, a quien conocí por haberlo sido en las cortes de Madrid de 1820 y 21, a que concurrí,
era oficial de mérito del cuerpo de ingenieros, y fue fusilado por orden de Fernando VII con Torrijos, cuando éste
desembarcó cerca de Tarifa para hacer una revolución en España.
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personal que se me ha hecho: pero no estando por ahora en mi mano el presentarlo, será preciso que
V. M. me crea sobre mi palabra, o que me permita salir a sumergirme en el mar, cuyas aguas quizá
no bastarán a lavarme de la mancha con que se ha querido denigrarme”. Agregó que tenía resuelto
imprimir ambas cartas, con otra de desengaño al autor del periódico, dirigiéndose al gobierno para
que dispusiese que esta última, escrita de mano de Pérez, se remitiese por medio del enviado de
España, al cual se diesen instrucciones para recoger la que era motivo de tanto movimiento y
presentarla a las cortes para su confrontación y cotejo.
Las cortes, prevenidas contra el autor del Español, y habiendo adquirido con la soberanía toda
la irascibilidad de los monarcas absolutos, dieron con esta ocasión rienda suelta a su resentimiento.
El diputado Esteban quería se mandase a la regencia que por medio del gobierno inglés, hiciese
venir cuanto antes la carta en cuestión: otro diputado, Aner, pidió, “que se declarase para siempre
proscrito de España al autor del Español, y que se influyese con el gobierno inglés para que no se le
permitiese escribir”, y esto cuando se acababa de establecer en España la libertad de imprenta. Otras
proposiciones se hicieron por este estilo, a pesar de la prudente observación del catalán Dou, a
quien con razón pareció que se daba al asunto más importancia de la que merecía, bastando para
terminarlo declarar, que las cortes habían oído con desagrado la carta y estaban satisfechas de los
sentimientos y probidad del diputado a quien se atribuía, y se concluyó por aprobar la proposición
del diputado del Monte, para que se pasase a la junta de censura de libertad de imprenta un ejemplar
de aquel número del Español, para que con su calificación obrasen en consecuencia los tribunales,
así respecto al periódico como al nombre del autor. Éste satisfizo al diputado ofendido en carta que
sobre este incidente le escribió y publicó, y en un artículo de su periódico en que examina toda la
ocurrencia, le dice, que en vez de quererse echar al mar, hubiera sido más decoroso negar
sencillamente que era suya la carta, lo que habría sido muy bastante para una ablución completa.
Esta incidencia no sólo no menoscabó el aprecio que los europeos hacían del diputado de Puebla,
sino que más bien lo hizo subir de punto, manifestándoselo con nombrarle para la comisión que
había de presentar el proyecto de constitución, y para las que entendieron en los asuntos más graves
de América.
Había seguido entre tanto la discusión de las demás proposiciones de los americanos, con
mucho menos calor y empeño que en la primera. Reducida la segunda a permitir el cultivo de todo
cuanto los climas de América fuesen susceptibles de producir y al libre ejercicio de todas las artes y
manufacturas, fue admitida sin oposición. 43 Mucha importancia se había dado a este artículo, en la
persuasión sin duda, de que estas prohibiciones eran un grande obstáculo para la prosperidad de la
agricultura y las artes, y aun alguno de los diputados americanos, hablando sobre la primera de las
proposiciones, representó con ridícula exageración, “los campos, tan fecundos en sus entrañas como
en su superficie, despoblados y eriazos por impedirse el cultivo de las plantas que podían producir”.
En las instrucciones dadas por José Napoleón a su agente en los Estados Unidos, Mr. Desmolard,
para insurreccionar la América, de que logró copia el ministro de España en aquellos Estados D.
Luis de Onis, y que la junta de Caracas comunicó al gobierno inglés y publicó el Español, 44 se
recomienda a los agentes secretos que habían de comisionarse en todas las provincias, que
insistiesen sobre las ventajas que habría de producir la libertad del cultivo de todos los objetos que
tenía prohibidos el gobierno español, tales como el lino, cáñamo, olivares y viñas, y en su lugar
vimos, que D. Gabriel de Yermo, en el día mismo que hizo la prisión del virrey Iturrigaray en
Méjico, pidió a la audiencia esta propia franquicia, mas bien para quitar pretextos de descontento,
que porque las prohibiciones en realidad existiesen.
Hemos tratado de esta materia con alguna extensión en otro lugar de esta obra, pero la ocasión
pide que se recuerden o repitan aquí algunas de las especies ya tocadas entonces, acerca de estas
prohibiciones, algunas de las cuales nunca existieron, pocas fueron autorizadas por las leyes, 45 sino

43 Diario de cortes. Sesión de 9 de Febrero, tom. 3.º fol. 290.


44 Español, núm. 11, de Febrero de 1811, tom. 2.º fol. 384.
45 Véanse en Solórzano, Política indiana, los artículos relativos a estas prohibiciones.
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por instrucciones dadas a los virreyes y gobernadores, y todas tenían por objeto impedir el cultivo y
fabricación de aquellos renglones que eran perjudiciales al consumo de los productos de la
agricultura e industria de España; algunas de ellas tuvieron su cumplido efecto, aunque por medios
indirectos, como la relativa a la seda y los tejidos de ella, cuyo cultivo y fábricas habían venido a
ser considerables en Nueva España y quedaron aniquiladas; a las viñas, cuyo progreso se detuvo y a
la fabricación de paños finos y otros artículos; pero en la época de que se trata, muchas habían sido
derogadas y otras no solo habían caído en desuso, sino que las mismas autoridades españolas
fomentaban abiertamente varios de los ramos que antes habían sido prohibidos: el virrey conde de
Revilla Gigedo hizo imprimir y circular una instrucción sobre la cría de gusanos de seda y cultivo
de lino y cáñamo: todos los cementerios de las parroquias y conventos estaban llenos de olivos, y en
la casa de campo del arzobispo de Méjico en Tacubaya, había y se conserva un gran campo cubierto
de ellos: el virrey Iturrigaray fomentó con tanto empeño el plantío que de estos árboles hizo en su
hacienda de los Morales el capitán D. José Garay, que para facilitarle los medios de formar la
prensa, le permitió cortar uno de los mas hermosos árboles del bosque vecino de Chapultepec; uno
de aquellos ahuehuetes cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y que forman una de las
antigüedades mas venerables de este país, y el intendente de Guanajuato Riaño, había tomado el
mayor interés por el progreso de las empresas industriales del cura Hidalgo en Dolores, siendo ellas
el principal motivo de las relaciones amistosas que entre ambos había.
La concesión era pues meramente nominal, a lo menos en cuanto a Nueva España, pues en
otras partes como en Quito, el barón de Humboldt refiere los obstáculos indirectos que aquel
gobierno puso al establecimiento de fábricas que intentaron el conde de Gijón y el marqués de
Maenza,46 no obstante haber obtenido permiso para ellas, y esta misma clase de obstáculos parece
temían se opusiesen los diputados americanos, y aun atribuyeron a miras siniestras que sobre todo
esto se tenían, el retardo que sufrió la publicación del tomo tercero de los diarios de las cortes, que
contenía la discusión de estas materias, y se pospuso por mucho tiempo, no obstante haber ofrecido
ellos mismos costear o auxiliar a la impresión. Es menester sin embargo decir, que la libertad de
estos cultivos e industrias, muy lejos de haber sido altamente reclamada por las necesidades de la
América, se ha visto con tal indiferencia, que muchos años después de hecha la independencia,
apenas se ha adelantado cosa alguna y han sido menester grandes esfuerzos y un estímulo muy
directo, para que se comenzase a mover el espíritu de especulación en algunos de estos ramos.
Las tres proposiciones siguientes eran relativas a la libertad de comercio con las potencias
extranjeras y de unas provincias de América con otras. 47 Esta materia, delicada por sí, lo era mucho
más para tratada en Cádiz, que siendo el puerto desde donde principalmente se hacía el comercio
exclusivo con América, la palabra sola de libertad de tráfico ponía en alarma todos los intereses. En
el año anterior se había publicado inopinadamente, durante el gobierno de la regencia, una real
orden, su fecha 17 de Mayo, por la que se autorizaba el comercio directo de todos los puertos de
Indias con las colonias extranjeras y naciones de Europa: sobrecogido el comercio de Cádiz con tan
grande e inesperada novedad, ocurrió a la regencia, que negó haber mandado publicar tal orden:
examinado el caso, resultó que con motivo de un permiso de introducción de harinas, limitado a
sólo el puerto de la Habana, la secretaría de hacienda de Indias había hecho extensiva la concesión a
los demás frutos y mercancías procedentes del extranjero y en favor de todas las costas de América.
Revocóse la real orden, y la regencia mandó recoger los ejemplares de ella, procediéndose a
formación de causa contra los empleados de la oficina de donde había emanado, por la que se vino a
saber, que el ministro marqués de las Hormazas firmó la orden sin leerla; que los que habían
manejado la intriga habían sido el oficial mayor de hacienda de Indias D. Manuel Albuerne y el
agente de la Habana D. Claudio Pinillos, teniendo conocimiento y sosteniendo secretamente la
medida, según se dijo, uno de los regentes, sin haber pasado las cosas adelante. 48 Albuerne publicó
46 Humboldt. Essai politique, tom. 4.º fol. 288. Paris 1811.
47 En los diarios de cortes no se habla de estas tres proposiciones, pasando inmediatamente a la sexta, que llaman
tercera, quizá por haberse suspendido la discusión de aquellas o, por haberse tratado después en sesiones secretas.
48 Toreno, Historia de la revolución española, lib. 13 tom. 5.º f. 60.
16

un manifiesto o defensa para indemnizarse, en que culpó gravemente a la regencia.


En esta vez se suspendió el tratar de las tres proposiciones hasta oír a la comisión de hacienda,
pero la regencia, instada por la Inglaterra, que muy interesada en este punto lo promovió por otros
medios, como a su tiempo veremos, recomendó a las cortes en Abril se tomase en consideración, y
se comenzó a tratar en sesiones secretas. 49 Pidióse informe al consulado de Cádiz, que como era de
esperar, lo dio contrario, y lo mismo hizo el de Méjico, el cual en una exposición dirigida a las
cortes, fecha 16 de Julio de 1811, intentó probar que el comercio libre era contrario al tratado de
Utrecht y a la religión católica. Las cortes lo negaron en 13 de Agosto, concediendo sólo el de
cabotaje de unos a otros puntos de América, pero la orden no llegó a expedirse y el diputado de
Veracruz D. Joaquín Maniau, por instrucción de aquel comercio, propuso se revocase en Septiembre
de aquel año.
Este comercio de las provincias de América entre sí, fue en algún tiempo de mucha
consideración: de cuánta importancia fuese el que se hacía entre el Perú y Nueva España, se echa de
ver por lo que acerca de él se dice en la descripción de Puebla que formaron el año de 1746 el P. Fr.
Juan Villa Sánchez, dominico, y el escribano D. Diego Bermúdez de Castro, por mandato del virrey
conde de Fuenclara, para dar cumplimiento a la real cédula fecha en Buen Retiro, a 19 de Julio de
1741, por la que se previno que los alcaldes mayores y justicias de todos los partidos, diesen a los
virreyes las noticias estadísticas que se les pedían, para que estos las mandasen para instrucción del
rey y del consejo de Indias.50 En este informe, describiendo la riqueza que antes había tenido Puebla
y el estado de adelanto de sus obrajes de paños, extendidos hasta Cholula y otros lugares
inmediatos, se dice que toda esta prosperidad había desaparecido y que los obrajes estaban en
ruinas, aun en lo material de los edificios, y la principal causa a que esta decadencia se atribuye, es
a la falta del comercio con el Perú, que se prohibió por reales órdenes de 28 de Mayo de 1620 y 23
de Noviembre de 1634, manifestando al mismo tiempo los perjuicios que de estas providencias
resultaban a la real hacienda, por el aumento del comercio clandestino con los extranjeros,
especialmente ingleses y holandeses, que era ya muy considerable. De las disposiciones citadas y
otras anteriores, se formó la ley 78 tít. 45 lib. 9 de la Recopilación de Indias, en la que se ve que el
objeto principal de esta prohibición de tráfico entre los dos reinos fue el de evitar la conducción de
efectos de China de Méjico al Perú, diciéndose en ella que había estado permitido que del Perú a
Nueva España anduviesen dos navíos al comercio y tráfico hasta en la cantidad de doscientos mil
ducados, que después se redujo a uno con ciertas calidades, pero que notando el aumento de ropa de
China en el Perú, sin embargo de tantas prohibiciones, se había resuelto prohibir del todo el tráfico
y comercio entre ambos reinos.
Aunque todas estas medidas se han atribuido al objeto de asegurar la sumisión de las
provincias por su aislamiento y fomentar el comercio de España, la buena fe obliga a reconocer y
confesar, que muchas veces ellas procedían de las opiniones y principios que entonces se tenían en
materias de economía política; algunas eran obra de solicitudes de los mismos pueblos, y no pocas
del noble principio de la protección de los indios. Así fue como se prohibió a solicitud de la ciudad
de Guatemala, el que se llevasen a aquella provincia los vinos del Perú, “que por ser fuertes, nuevos
y por cocer, causaban a los indios mucho daño, con que se acababan muy aprisa”, 51 y también fue
en consideración a los excesos que se cometían en los obrajes de paños y otros tejidos y labores
contra la libertad de los indios, por lo que se previno en la ley 1.ª lib. 4.° tít. 26 de la Recopilación
de Indias,52 a los virreyes y presidentes de las audiencias de las mismas, “que no diesen licencia

49 He tomado todo esto de Mier, tom. 2.º fol. 650.


50 Publicó este informe en Puebla en 1835, con notas y con el título de “Puebla sagrada y profana”, D. Francisco
Javier de la Peña.
51 Reales órdenes de Felipe III, de 18 de Mayo de 1615 y de Felipe IV de 19 de Junio de 1626, de las cuales se
formó la ley 18 lib. 4.º tít. 18 de la Recopilación de Indias.
52 Tomóse esta ley de la instrucción de Felipe IV a los virreyes, de 1624, cap. 4.º y la siguiente de la real orden del
mismo Felipe IV, de 22 de Noviembre de 1621. En esta segunda ley se hace referencia a la 19 del tít. 12 del lib. 6.º
en que se limitó el servicio personal de los indios, definiendo los casos u objetos en que podía exigirse.
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para establecer tales obrajes, sino que diesen cuenta al consejo con el expediente instruido que sobre
ello se les manda formar”, y por la ley 2.ª del mismo libro y título se les previene, que “aun cuando
se haya obtenido el permiso real, si encontrasen que por el establecimiento de algún obraje, haya de
resultar inconveniente al gobierno político y bien de los indios, o que se haya excedido la
permisión, la reformen o anulen y hagan demoler lo fabricado, castigando a los culpados, y si
hallaren que conviene la fundación, la permitan con todas las condiciones que la misma ley
previene, para asegurar la libertad y buen tratamiento de los indios”.
En todo esto pudiera decirse que se había tratado de encubrir con hipocresía, el fomento del
comercio de España con el título del beneficio de los indios, pero esta razón no puede tener lugar en
la prohibición que se hizo por cédula del año de 1579 y carta a la audiencia de Guatemala de 1581,
del cultivo del añil en la misma provincia de Guatemala y en la de Yucatán, pues no obstante que
este cultivo lo hacían los indios voluntariamente y que era cosa de mucho aprovechamiento, se
mandó impedir, porque “como sabéis”, son los términos de la carta del rey, “deseamos el bien y
conservación de los dichos indios, más que el aprovechamiento que puede resultar por su trabajo”.53
He citado expresamente los dos primeros casos del párrafo anterior; para manifestar la
exageración y aun la falsedad con que se formaban quejas sobre estos puntos, pues con referencia a
los mismos hechos y citando las mismas leyes en que me he fundado, el P. Mier dice que se
prohibió todo tráfico con Guatemala y se mandaron destruir las fábricas que se habían levantado, 54 y
ya se ve cuán diferente es lo que tales leyes previnieron. Por lo demás, esta importancia que había
tenido el tráfico de unas provincias de América con otras, provenía enteramente del sistema de
flotas adoptado para el comercio con España. Reducida la provisión de efectos europeos en el Perú
a sólo los que se recibían en la feria de Panamá, que se celebraba cada tres años a la llegada de la
flota, estos efectos entraban en pocas manos que los monopolizaban para venderlos a altos precios,
y era muy natural que estando libre el comercio entre el Perú y Nueva España, se condujesen en
gran cantidad, no sólo los efectos de China que solían abundar por medio de las naos, sino también
los de las manufacturas de Puebla, que encontraban buena salida por la escasez y carestía de los
europeos; pero luego que cesó este orden de cosas, por el establecimiento de lo que se llamó el
comercio libre, esto es, que se hacía en todo tiempo y con todos los buques que se querían mandar,
con tal que fuesen con bandera española y procedentes de Cádiz, y más tarde de algunos otros
puertos de la península a los cuales se concedió igual privilegio, el comercio de las provincias
americanas entre sí debió quedar reducido a muy poco, como en efecto sucedió, pues recibían con
mayor ventaja los efectos europeos directamente de los puertos de España, y de los regionales poco
cambio podía haber, cuando todas las provincias producían los mismos con uniformidad, y así este
comercio se redujo entre la Nueva España y el Perú, casi a sólo el cacao de Guayaquil y entre las
otras provincias a pocos artículos. La independencia, quitando todas las trabas, ha venido a poner
más en claro la verdad de estos principios, pues el comercio entre las provincias españolas de
América, que han venido a ser repúblicas independientes, no por esto ha tomado mayor actividad y
antes bien ha disminuido, ejerciéndose en cuanto a efectos europeos, únicamente para aprovechar
las oportunidades de introducir de contrabando en los puertos del mar del Sur de Méjico, los que
con este fin se depositan en Valparaíso en Chile, o en el Realejo en Guatemala. Con el comercio de
Asia ha sucedido lo mismo, pues la perfección, buen gusto y baratura de las manufacturas inglesas y
francesas, ha hecho que se estimen menos las de China y de la India, que se recibían por la vía de
Manila y que apenas son ya conocidas en los mercados mejicanos.
Proponíase en la sexta de las solicitudes o peticiones de los americanos, la supresión de todos
los estancos, indemnizando al erario de la utilidad líquida que de ellos sacaba por medio de
derechos equivalentes. Ocurrió desde luego la dificultad, que no sabiendo los mismos autores de la
proposición en qué consistían estos estancos, cuáles eran sus productos e hipotecas a que estaban
afectos, ni menos las contribuciones que podían establecerse para substituirlos, no podía procederse

53 Solórzano, Política indiana, lib. 2.º cap. 9 núm. 23.


54 Mier, tom. 2.º fols. 628 y 629.
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a deliberar sobre una materia en la que se carecía absolutamente de los datos precisos, y se reservó
para cuando estos se tuviesen.55 Puede decirse que en Nueva España el único estanco de
importancia era el del tabaco: hubo un tiempo durante el reinado de los príncipes austríacos de
España, en que todo quiso reducirse a estancos, pretendiendo por ignorancia de los buenos
principios de economía política, hacerse el gobierno comerciante y privar del libre tráfico de
muchos ramos mercantiles a sus súbditos: mandáronse pues estancar la sal, 56 la pimienta,57 los
naipes,58 el solimán,59 y después lo fueron también los cordobanes, los colores y la nieve. En cuanto
a la sal, habiéndose reconocido que la generalidad del estanco resultaba en daño y perjuicio de los
indios, se mandó suspender y quedó libre el uso de aquel artículo como antes estaba, habiéndose
restablecido después el estanco, respecto solo de aquellas salinas en que pudo hacerse sin perjuicio
de los indios y cuya administración no ofrecía dificultad. 60 Estaba pues reducido este ramo
estancado, a que siendo el gobierno dueño de las salinas, por regalía que se había reservado, vendía
la sal de primera mano a precio muy cómodo, en las salinas de Zacoalco en Nueva Galicia o Jalisco,
en las del Peñón blanco en S. Luis Potosí, en las de Colima, Oajaca y otras, siendo después
enteramente libre la circulación, como lo era también la fabricación de la sal en las inmediaciones
de Méjico, en las que se ven a cada paso montecillos de tierra en donde la elaboran los indios que
ejercen exclusivamente este ramo de industria.
Reducido a estos términos, el estanco de este artículo no sólo era absolutamente insensible y
nada gravoso, sino que por el contrario, ha sido muy perjudicial la libertad que se ha concedido,
cuando después de la independencia, vendidas las salinas para atender a las estrecheces del erario,
ha quedado este ramo de libre especulación, porque siendo los compradores de las salinas árbitros
para establecer el precio de la sal, ellos solos han sido los aprovechados con perjuicio de todo el
público. Mucho tiempo hacía que había cesado el estanco de los otros ramos, tales como la
pimienta; el de los cordobanes, establecido a solicitud de los zapateros, estaba reducido a una
contribución de tres granos sobre cada piel, que producía 4.500 pesos anuales; no quedaba de él más
recuerdo que el nombre de una calle de Méjico en que estuvo la administración; 61 el de la nieve, que
no era efectivo más que para la que se consumía en Méjico, Veracruz y Puebla, con alguna otra de
las capitales de provincia, se hacía por arrendamiento que daba al gobierno una utilidad anual de
30.000 ps., procedentes casi en totalidad de Méjico y Puebla. Este estanco, establecido por el virrey
duque de Linares, para construir con su producto la arquería llamada del salto del agua, que provee
en Méjico la parte meridional de la ciudad, quedó después por la real hacienda. Los arrendatarios en
Méjico y Puebla compraban a la familia noble india del apellido de Páez de Mendoza, dueña del
volcán, la nieve que se necesitaba para el consumo, y esto sin duda era muy poco gravoso al público
y muy ventajoso a aquella familia, si se ha de juzgar por la constante adhesión que manifestó a la
causa de España. El estanco de los colores, que era un privilegio antiguamente concedido a una de
las más ilustres familias de España,62 había sido muy menoscabado con la declaración que obtuvo
D. Manuel Tolsa, el escultor de la estatua ecuestre, de no ser el yeso color, sino materia de
construcción, y era también cosa de poca importancia, pero el del tabaco constituía una de las rentas
más productivas de la Nueva España, como en su lugar hemos visto. El conde de Revilla Gigedo, en
el excelente informe que dejó a su sucesor sobre todos los ramos de la administración del virreinato,
entra muy pormenor en todo lo relativo a este estanco, 63 cuyo producto regulaba en tres millones y
55 Diario de cortes. Sesión de 9 de Febrero de 1811, tom. 3.º f. 299.
56 Ley 13 lib. 8.º tit. 23 de la Recopilación de Indias.
57 Ley 14, id. id. id.
58 Ley 15, id. id. id.
59 Ley 16, id. id. id.
60 Ley 13 del lib. 8.º tít 23, ya citada.
61 Véase la instrucción reservada de Revilla Gigedo, a su sucesor marqués de Brancitorte, núms. 1285 a 1291,
impresa en Méjico en 1831 por D. José Sotero Castañeda, de la corte suprema de justicia, con muchas y muy
graves erratas de imprenta.
62 Entiendo que era la de los duques de Alba.
63 Instrucción reservada de Revilla Gigedo, a su sucesor marqués de Branciforle. núms. 1194 y siguientes.
19

medio de pesos anuales, y como ya desde entonces se había solicitado se suprimiese, corriendo el
tabaco libre imponiéndole una alcabala, se le previno a aquel capacísimo virrey por real orden de 4
de Enero de 1789, que informase sobre las ventajas que resultarían de la supresión del estanco,
dejando al público el libre cultivo y comercio de aquella planta, sin perjuicio del real erario y de los
empleados de la renta, y después de tratar este punto con la mayor atención, tomando todos los
informes necesarios, no halló medio de llevar a efecto aquel intento sin gravísimo perjuicio del
erario, y se convenció de que los inconvenientes del estanco que tanto se encarecían, no eran
trascendentales al público, sino cuando mucho a algunos pocos particulares, siendo muy difícil
hallar un arbitrio que rindiese una suma tan cuantiosa y que se diese con tanto gusto de los
contribuyentes, pues cada uno es árbitro para dejar de contribuir cuando le acomode y medir la
contribución con sus fuerzas y posibilidad.64 Sensible es observar que casi todas las mejoras
presentadas en los congresos de España y Méjico, habían sido intentadas por la antigua
administración, que desistió de ejecutarlas por las dificultades que ofrecían después de un maduro
examen, mientras que los congresos, precipitándose a todo con extraña ligereza, han trastornado
todo y causado males irreparables, sobre todo en asuntos de hacienda.
La misma falta de instrucción en materia de hechos se observa en lo relativo a la séptima
proposición, por la que se pidió y aprobó sin discusión por las cortes, la libre explotación de las
minas de azogue, pero dejando la administración de sus productos a los tribunales de minería, con
inhibición de los virreyes, intendentes, gobernadores y tribunales de real hacienda. Las leyes no
sólo no habían prohibido el libre laborío de este género de minas, sino que en el tít. 19 lib. 4.° de la
Recopilación de las de Indias, que tiene por objeto tratar de todo lo relativo al descubrimiento y
labor de las minas, en la ley 4.ª se previene a los virreyes, audiencias y gobernadores, “que pongan
todo cuidado y procuren, que las minas de azogue de que hubiese noticia en cualesquiera partes de
las Indias, se descubran y beneficien y hagan a los que las descubrieren y labraren, las
conveniencias que les pareciere y fuesen justas”, aunque sin darles repartimiento de indios para su
trabajo; y deseando fomentar el laborío de estas minas, por otras leyes se mandó que pudiesen ir a
trabajar a ellas voluntariamente los indios que quisiesen hacerlo, 65 y se recomendó procurar se
avecindasen cerca de las mismas,66 por convenir así “para proseguir y continuar en su labor y
beneficio”. Estas disposiciones tuvieron todo su efecto en el Perú, donde las minas de azogue se
trabajaron por los particulares, con la condición de entregar al gobierno por un precio convenido, el
azogue en caldo que extraían, para que este lo repartiese a los que trabajaban las minas de plata; 67
pero en Nueva España, habiéndose descubierto varias minas de aquel metal, se mandaron cerrar por
disposición de la superintendencia general del ramo, 68 por no perjudicar a la venta del de Almadén y
otros inconvenientes que se tuvieron presentes: sin embargo, mejor entendidos los intereses del
erario, en junta que reunió el virrey marqués de Casafuerte en 1727, por orden de la corte, para
consultar los medios oportunos para el aumento de la real hacienda, se propuso y fundó con las más
sólidas razones, lo conveniente que era que se cumpliese lo prevenido por las leyes citadas, y que
dejando libre el laborío de estas minas, se hiciese con las mismas condiciones que en el Perú.
Por entonces no se tomó providencia, pero con el aumento que la minería fue teniendo
sucesivamente, hízose necesaria una gran cantidad de azogue y que la provisión de este artículo no
estuviese sujeta a las vicisitudes continuas de las guerras marítimas, por lo que no sólo se alzaron
todas las prohibiciones, sino que por bando de 21 de Agosto de 1781, dando permiso para que
cualquiera pudiese trabajar esta clase de minas, se dejó a los especuladores en ellas la facultad de
vender el azogue que extrajesen al precio que les conviniese, con tal que fuese a minero y se
manifestase en la caja más inmediata,69 y en la ordenanza de Minería publicada dos años después, se

64 Son las mismas palabras de Revilla Gigedo, en su citado informe, párrafos 1.173 a 1.175.
65 Ley 2.ª lib. 6.º tít. 15.
66 Ley 21 del mismo lib. y tít.
67 Véase todo lo relativo a las minas de azogue del Perú, en Solórzano, Política indiana, lib. 6.º cap. 2.º
68 Gamboa en sus comentarios a las ordenanzas de minas, refiere todo lo ocurrido en esto. Capítulo 2.º pár. 1 y 2.
69 Revilla Gigedo, pár. 990.
20

confirma igual franquicia,70 con la condición de dar aviso al virrey y subdelegado de azogues, por si
conviniese al gobierno trabajar por su cuenta la mina, premiando equitativamente al descubridor, y
en caso de beneficiarse por cuenta del particular, entregando el azogue en los almacenes reales al
precio que se estipulase.
No descansando sólo en el interés de los particulares, el gobierno español emprendió por su
cuenta el laborío de las minas de azogue en Nueva España, y al efecto, en el año de 1778 mandó
una comisión de prácticos del Almadén, bajo la dirección de D. Rafael Elling, 71 quienes
reconocieron varias minas, especialmente las de la jurisdicción de Cuernavaca, que eran las que
anteriormente se habían mandado cerrar; pero después de haber gastado más de ciento sesenta mil
pesos, el director Elling con laudable buena fe, pues por ella iba a perder el sueldo considerable que
disfrutaba, manifestó que tanto allí como en otros lugares que había reconocido, no se hallaba veta
ninguna formal y que creía inútil hacer nuevos gastos. Así lo pensó también el virrey Revilla
Gigedo, quien en consecuencia creyó, que lo único que convenía hacer era ofrecer un premio
crecido a quien descubriese una veta formal de azogue, haciendo efectiva la oferta con los fondos
del tribunal de minería. No obstante este desengaño, la escasez de azogue a fines del siglo pasado
fue tal, que la diputación de minería de Guanajuato emprendió trabajar las minas de aquellas
inmediaciones, que según el informe del mismo Revilla Gigedo, eran las que presentaban mayores
esperanzas y este trabajo se emprendió bajo la dirección de D. Casimiro Chovel, de cuya suerte
desgraciada hemos hablado en otro lugar. 72 No fue tampoco satisfactorio el éxito y luego que la paz
permitió la llegada de azogue del Almadén, fue menester abandonar la empresa.
Aparece por todos estos hechos que la materia estaba agotada y que nada quedaba que hacer
en ella. Sin embargo, los diputados americanos lo ignoraban, y las cortes procedieron a votar la
proposición sin tener tampoco conocimiento del estado de la cuestión. Habíase pasado del extremo
de formar largos expedientes instructivos con demasiada demora, como lo practicaba el consejo,
antes de decidir nada, al de decidirlo todo sin conocimiento alguno de lo que se trataba: defecto
común en los congresos y de donde han procedido tantas leyes innecesarias, contradictorias e
inconexas con que se ha trastornado toda la legislación, especialmente en el ramo de hacienda.
La provisión de azogue a los mineros no había sido nunca objeto de especulación pecuniaria
para el gobierno español. Guiado por los más bien entendidos principios de economía política, no
había considerado el azogue más que como un medio necesario para la producción de la plata, y
para que esta fuese la mayor que se pudiese, se mandó que el azogue se diese a los mineros por sus
gastos,73 teniendo también en consideración los grandes costos de su labor, “y porque hagan mejor
paga a los indios en sus jornales”. 74 El tít. 23 del lib. 8.° de las leyes de Indias, contiene las más
menudas y prolijas explicaciones sobre el modo de envasarlo, conducirlo y entregarlo, dándoselo no
sólo por su costo, sino concediéndoles plazos largos para su pago; y como la cantidad de plata
extraída de los minerales, guarda una proporción determinada con el azogue empleado para su
extracción, de aquí procedía la disposición de que no se distribuyese el azogue por otros conductos
que el gobierno para evitar así el fraude en el pago de los derechos sobre las platas, por el
conocimiento de las que debían extraerse. El de Almadén se daba a los mineros a 41 ps. 2 rs. 11 gs.
en Méjico y el de Alemania a 63, y el repartimiento se hacía tomando por base la plata que cada
minero había presentado para el pago de derechos desde el repartimiento anterior. Este orden,
admirablemente establecido, fue exactamente observado, sin otra alteración que la que introdujo la

70 Art. 22 del tít. 6.º que trata del modo de adquirir las minas.
71 Revilla Gigedo, párrafos 985 a 994.
72 Las minas que se trabajaron fueron las del Rincón de Centeno, S. Juan de la Chica y el Durazno, siendo esta
última la que rindió mayores productos. Mi padre, el Sr. D. Juan Vicente Alamán, tuvo el encargo por la
diputación de minería, de toda esta empresa, en la que tomó el mayor empeño, y tengo en mi poder todas las
cuentas y noticias relativas a ella.
73 Ley 3.ª lib. 6.º tit 15 de Indias.
74 Capítulo de carta del príncipe de Esquilache, virrey del Perú, de 28 de Marzo de 1620, de que se sacó la ley citada.
Cópialo Solórzano, lib. 6.º cap. 2.º al fin.
21

rapacidad del virrey Iturrigaray y de algún otro de sus predecesores, haciendo distribuciones
extraordinarias a algunos mineros por una gratificación en cada quintal, y para evitar este abuso,
fácil de remediar con el castigo de los contraventores, se ocurrió al extremo de excluir a los
virreyes, audiencias y gobernadores de toda intervención en el repartimiento de azogues, con lo que
se destruía todo el mecanismo de la operación.
Cuando después de hecha la independencia se han querido hacer nuevos reconocimientos de
los criaderos de azogue, se ha procedido también con ignorancia de los hechos referidos, y se han
impendido nuevos y crecidos gastos para el examen de localidades ya conocidas y de que nada
había que esperar, como veremos a su tiempo, si Dios me concediere el necesario para llegar en esta
historia a escribir las cosas del gobierno del general Santa Anna en los años de 1844 y 45 y pueden
consultarse sobre el particular la exposición de la junta de fomento de minería, anexa a la memoria
del ministerio de justicia de 1845, y el resumen de los trabajos impendidos en aquel ramo, por el
catedrático de minería D. Antonio del Castillo.
En las varias leyes de Indias que he tenido que citar en este capítulo, se habrá podido notar el
espíritu de compasión hacia los indios y el deseo de hacerles bien, que dirigió las disposiciones de
los monarcas de la casa de Austria en España: si se prohibió la introducción de vinos en Guatemala,
fue porque aquellos perjudicaban a lasalud de los indios, y con el fin de conservar ésta se manda
cesar el cultivo del añil en la misma provincia; si se impusieron restricciones al establecimiento de
obrajes, el intento fue cortar los abusos que se cometían contra la libertad de los indios; el estanco
de la sal se suprimió y modificó por consideración a estos, y el precio del azogue se redujo a su
costo, entre otros motivos, porque los indios pudiesen percibir más crecidos jornales. Fácil sería
multiplicar las citas de esta clase, abriendo en cualquiera parte el código de las leyes de Indias, y
esta minuciosidad, este cuidado, que ha parecido ridículo mientras se ha considerado como la base
de la prosperidad de la industria de las naciones, la completa libertad e independencia de las
fábricas, deberá verse con otros ojos, ahora que con mentida compasión por la clase artesana, se la
ha vuelto sediciosa, para buscar en ella apoyo para siniestras miras. Aquellos monarcas piadosos
ciertamente no tenían otras en tales procedimientos que las del bien de aquella clase necesitada, y si
erraban, sus errores eran efecto de nobles y generosos impulsos.
La provisión de empleos había sido en todo tiempo el gran motivo de queja de los americanos,
y a esto se contraían las proposiciones 8.ª, 9.ª y 10.ª Por la primera de estas se pedía la declaración
de tener igual derecho a optarlos los americanos españoles e indios que los españoles europeos, y
sólo esta no sufrió contradicción, sino que fue aprobada por aclamación; pero las otras dos, en que
se fijaba la proporción en que los americanos debían obtener los empleos y los medios de hacerlos
efectivos, se reservaron para la constitución. La serie de esta obra nos hará patente el curso de estas
pretensiones, y como esta sed de empleos ha venido a ser una de las causas más poderosas de la
ruina del país.
Restaba la última de las once proposiciones, por la que se pedía el restablecimiento de los
jesuitas en América. Poco favor podía encontrar esta idea en un congreso en que los más de los
eclesiásticos que había en él, eran tenidos por jansenistas y entre los demás diputados, dominaban
los principios de la filosofía francesa del siglo XVIII. De los mismos americanos, Mejía no la quiso
firmar y los demás dijeron muchos de ellos, que sólo lo habían hecho por complacer a Morales
Duárez, que fue quien redactó las proposiciones y a los suplentes del Perú, y por ganar prez de
devotos y religiosos en las provincias de las cuales se decían representantes, y en las que no eran
conocidos.75 Así la proposición fue desechada casi a la unanimidad, y sin que hubiese habido nadie
que hablase para sostenerla.
Estaba concluida en todos sus puntos la discusión de las once proposiciones que tanto y por
tantos días habían ocupado a las cortes, cuando la volvió a suscitar el diputado de Tlaxcala Alcocer,
pidiendo, en la sesión del 15 de Febrero,76 que puesto que se había resuelto reservar para la

75 Así lo dice el P. Mier, acérrimo enemigo de los jesuítas, tom. 2.º fol. 654.
76 Diario de cortes, tom. 3.º folio 335.
22

constitución el llevar a efecto lo acordado sobre igualdad de representación y concesión de empleos,


ni una ni otra resolución se comunicase de oficio a las Américas, sino solamente lo dispuesto sobre
frutos, azogues, siembras, comercio y manufacturas. Fundó su proposición en que, siendo el origen
de las inquietudes de aquellos países, el concepto que sus habitantes tenían formado de que se les
trataba con desigualdad; en vez de calmarse aquellas se encenderían más, viendo que la igualdad
tantas veces prometida nunca llegaba a realizarse, y con este motivo se difundió nuevamente sobre
todas las quejas repetidas en la discusión, añadiendo la de que, en la última provisión de una
prebenda de la catedral de Méjico, la regencia, desatendiendo el mérito de hombres llenos de años y
de servicios, la había conferido a un joven que aun jugaba al trompo y al papalote.77
Las duras y ofensivas expresiones de que el diputado Alcocer hizo uso, dieron motivo a no
menos vivas, aunque más comedidas respuestas, y habiendo propuesto D. Agustín Argüelles, que
para que no se imputase a las cortes que procedían de mala fe, se publicasen en un decreto solemne,
las razones que se habían tenido presentes para diferir hasta la constitución el arreglo fundamental
de la representación de América, anticipando la promesa de que la base sobre que se estableciese
sería en todo uniforme en la península y en ultramar, quedó pendiente la discusión, y nada llegó a
resolverse.
Variaban así según los países y circunstancias los motivos que se alegaban para la revolución,
y esto solo bastaba para convencer que los que se presentaban como tales, no eran los que
verdaderamente excitaban aquella.
En Méjico se tomaba el nombre de Fernando VII: sostener sus derechos, asegurarle esta parte
de sus dominios, y deshacer las tramas de los españoles europeos para entregarlos a los franceses,
era el objeto del cruel y desconcertado movimiento que se había levantado; esto mismo se decía en
el principio en Caracas y en otras partes del continente americano, mientras que en las cortes se
sostenía que el derecho de igual representación, la derogación de medidas opresivas, las franquicias
al comercio y a la industria, y la reparación de antiguos agravios, era todo lo que se pretendía, y que
comprendiendo todos estos puntos las once proposiciones, que eran como el epílogo de todas las
pretensiones de los americanos, el restablecimiento de la paz y de la unión, sería la consecuencia
inmediata de la aprobación de aquellas.

77 Éste era D. Juan Manuel Irisarri, que fue nombrado entonces medio racionero, y que ha muerto siendo deán,
gobernador de la mitra, arzobispo “in partibus”de Cesarea, y propuesto para el arzobispado de Méjico.
Concediósele aquella prebenda en atención a haber muerto su padre, oidor que era de la audiencia de Méjico,
dejando una numerosa familia, para ayudar a la subsistencia de ésta.
23

CAPÍTULO II.
Otras discusiones importantes de las cortes relativas a los negocios de América.—Llegada de los diputados
propietarios de Nueva España.—Variedad de ocupaciones de las cortes.—Premios al virrey y ejército de Nueva
España.—Carácter de varios diputados de ésta.—Discusiones por la imprenta.—Cancelada.—El P. Mier y su historia.
—Nueva exposición de los diputados americanos.—Trátase de la celebración de un concilio en América.—
Representaciones del consulado de Méjico.—Acaloradas discusiones sobre ellas, y su terminación.—Negocio del ex-
regente Lardizábal.—Mediación ofrecida por la Inglaterra para las Américas, rehusada por las cortes.—Otros asuntos
graves tratados en las cortes.

No bien se había terminado la discusión de las once proposiciones de los diputados suplentes
de América, cuando se presentaron a desempeñar su encargo la mayor parte de los propietarios
elegidos en Nueva España. Las cortes trasladadas a Cádiz, habían abierto sus sesiones el 24 de
Febrero en la iglesia del oratorio de S. Felipe Neri, dispuesta convenientemente a tal objeto, y el
diputado de Puebla D. Antonio Joaquín Pérez que las presidía, y que terminó en aquel día su
periodo mensual, pronunció un discurso en que recordó con oportunidad y delicadeza, que su origen
era de aquella ciudad. Los nuevos diputados, conducidos a aquel puerto en el navío de guerra inglés
Baluarte, a excepción del de Veracruz, eran todos eclesiásticos, canónigos de diversas catedrales, y
sus poderes fueron aprobados en la sesión del día 27 de aquel mes.
El más autorizado entre todos, por representar a la ciudad de Méjico, el Dr. D. José Beye de
Cisneros, presentó pocos días después una memoria sobre el origen de la insurrección de Nueva
España,78 que debió persuadir a las cortes que nada se había adelantado con la discusión de las once
proposiciones y aprobación de lo más esencial de ellas, convenciéndolas de que nada tampoco había
de estable ni seguro, en lo que se había representado ser la causa de los movimientos
revolucionarios de América. El diputado de Méjico atribuía en su memoria los de aquel reino, a la
persuasión en que los americanos estaban de que los europeos, según ellos mismos lo vociferaban,
pretendían someter aquel país al yugo de Napoleón, si éste llegaba a dominar la península española,
y a los actos de tiranía y de violencia de que habían sido objeto por parte de las autoridades y de los
mismos españoles por su resistencia a este plan, y proponía se formasen juntas provinciales, con
una suprema representativa del gobierno de España, a la que estuviese sujeto el virrey y audiencia,
teniendo esta junta la facultad de declarar la independencia eventual de las Américas, en el caso de
ser subyugada enteramente España, con lo cual asegurada la Nueva España de su suerte desde
entonces, y a su respecto otras naciones, podría contratar con ellas préstamos sobre sus minas, para
ayudar a la antigua en las necesidades en que se hallaba por la guerra que sostenía. Este plan se
reducía a ejecutar, con la autoridad de las cortes, lo que se había intentado hacer con Iturrigaray, de
quien Cisneros era amigo y del cual, como luego veremos, se hizo defensor. Las cortes no tomaron
en consideración estas proposiciones, ni aun en sesión secreta, considerando este plan como
revolucionario, y sin duda también por el desagrado con que se recibía cualquiera indicación de que
España podría acabar por ser dominada por Napoleón, como sucedió cuando el diputado de
Guadalajara Uría interpeló a las cortes, hablando en ellas por la primera vez, para que se ocupasen
de los asuntos de América, diciendo que ésta se perdía y con ella y los recursos que de ella se
recibían, se perdería también España.79
Pronto se presentó a los diputados propietarios de Nueva España una discusión, que
interesaba mucho a las provincias que representaban. Se había acordado recoger la plata labrada de
las iglesias de España que no fuese absolutamente necesaria para el culto, y la tercera parte o la
mitad de los particulares por vía de préstamo al gobierno, para evitar también que cayese en manos
de los franceses, y la comisión de hacienda que había entendido en este asunto, propuso la cuestión
de si esta exacción debería hacerse extensiva a la América, adoptando una cuota menor que la

78 Mier, tom. 2.º fol. 655. Los diarios de cortes no hacen mención de esta memoria: quizá se presentó en sesión
secreta.
79 Sesión de 10 de Marzo. Diario de cortes, tom. 4.º fol. 169.
24

establecida para la península.80 La comisión, que estaba por la afirmativa, se fundaba en que
habiéndose declarado la igualdad de derechos entre la América y la España, debían ser también
iguales las cargas y obligaciones, y los diputados americanos, que no veían todavía nada de efectivo
en aquella declaración, consideraban como un insulto que se les hacía, el pretender que fuesen
iguales los gravámenes antes que de hecho lo hubiesen sido los derechos. No pudiendo sin embargo
combatir el principio que habían defendido con tanto empeño, no sólo no atacaron lo propuesto por
la comisión, sino que Mejía opinó que no debía hacerse diferencia alguna en la cuota, aunque
propuso se comenzase por pedir la plata de los particulares antes que la de las iglesias, como se
había hecho en España. El diputado de Puebla Pérez, considerando los inconvenientes que tendría la
ejecución de la medida, pidió que se exceptuasen las iglesias parroquiales y las de los indios, y
Alcocer expuso, que habiendo contribuido las Américas con sumas tan considerables por vía de
donativo, y estándose recogiendo en ellas el préstamo de cuarenta millones de pesos pedido por la
regencia, sería un doble gravamen exigir la plata labrada como otro nuevo préstamo.
Los diputados de Nueva Galicia y de Michoacán, que habiendo salido de Nueva España
cuando había tomado bastante cuerpo la revolución de Hidalgo, conocían los estragos que había
causado en sus provincias, manifestaron que la opulencia de que se hablaba, y la cantidad de plata
labrada que se decía tener los particulares, ya no existía: que en las provincias invadidas por los
insurgentes, los españoles que eran los vecinos más ricos de ellas, habían sido despojados de sus
bienes y muertos u obligados a huir destituidos de todo auxilio, y en las otras, con la interrupción de
todos los giros, la ruina era general y que las catedrales habían contribuido voluntariamente con
grandes sumas, pues sólo la de Guadalajara, de que Uría era canónigo, había franqueado en dinero y
alhajas, según la cuenta que presentó, 944.001 pesos fuertes. En este estado de la discusión, un
diputado español, el obispo prior de León, fue el primero en combatir directamente el dictamen,
manifestando que no había, con respecto a las iglesias de América, uno de los motivos que habían
hecho que las cortes adoptasen aquella medida, que era el riesgo de que los franceses se
aprovechasen de sus alhajas, y propuso que se exhortase a los obispos, cabildos y prelados, para que
impuestos del estado en que la España se hallaba, la socorriesen en cuanto pudiesen con la plata que
tuviesen por oportuno, y en cuanto a los particulares, dudaba si se debería hacer extensiva a ellos la
providencia, pero en caso que lo fuese, opinaba que la cuota debía ser siempre menor que la
asignada a los habitantes de la península.
Otros diputados, la mayor parte del bando que se tenía por servil, hablaron en el sentido del
obispo de León, pero uno de los suplentes de Nueva España, que había pasado ya a ser propietario,
por elección que de él hizo la provincia de su origen, dando pruebas no sólo de furibundo celo, sino
también de la más completa ignorancia de las cosas más sabidas de su país, insistió en que se debía
tomar toda la plata sin excepción, diciendo: “La igualdad de derechos, es menester que la haya en
todo, y si los americanos la gozan en las ventajas, deben sufrirla también en las contribuciones.
Muchas iglesias de América tienen grandísimas alhajas de oro y plata. La catedral de Querétaro, 81 la
de Méjico y Nuestra Señora de Guadalupe, tienen grandes lámparas y candeleros de oro: señor, son
muchas las riquezas de aquellas iglesias; en Méjico hay más de cuarenta conventos de monjas 82 con
grandes alhajas; en Querétaro hay uno también de monjas con millón y medio de duros de capital.
¿Qué inconveniente hay en que venga toda esa plata y que en su lugar usen de alhajas plateadas?”
El diputado Villanueva83 se adhirió a la opinión del obispo de León, pero verificada la votación, se
aprobó que se hiciese extensivo a la América el préstamo decretado en la península sobre la plata
labrada de las iglesias y de los particulares en la misma cuota que en aquella, exceptuándose a
propuesta de Pérez de Puebla, la plata de todas las iglesias de los indios, la de todas las parroquias,

80 Diario de cortes. Sesión del 6 de Abril de 1811 tom. 5.º folio 6. Véase a discusión en las sesiones siguientes.
81 Todos los lectores mejicanos saben que en Querétaro no ha habido nunca catedral, perteneciendo aquella ciudad a
la mitra de Méjico. Esta advertencia es pues solo para los extranjeros.
82 En Méjico no hay más que catorce conventos de monjas, y de ellos sólo seis pueden llamarse ricos: entre los otros
hay algunos muy pobres.
83 El célebre D. Joaquín Lorenzo Villanueva.
25

según propuso el diputado de Zacatecas Gordoa, y la del santuario de Guadalupe, por petición de
Alcocer.84 Sin embargo, este decreto no se publicó en Nueva España, considerando sin duda el
virrey el disgusto que causaría, y aunque el mismo virrey echó mano de la plata de los particulares,
como más adelante veremos, fue por providencia suya y no en virtud de lo determinado por las
cortes: la plata de las iglesias quedó por entonces ilesa y reservada para otras depredaciones
posteriores a la independencia.
En cuanto a no proveer las prebendas que fuesen vacando, aplicando las rentas que les
perteneciesen a las necesidades del erario, como estaba acordado para las catedrales de España, no
se hizo extensivo a las de América, en consideración al corto número de ellas y de sus canonjías, 85
ni tampoco se admitió la proposición del diputado de Querétaro Mendiola, 86 para que cesando el
cobro de los derechos parroquiales en Nueva España, se aplicasen a los curas los cuatro novenos
llamados beneficiales,87 y que por el primer año los percibiese el erario para auxilio de los gastos de
la guerra, comenzando por establecerse así en el corregimiento de Querétaro; sobre cuyo punto
Villanueva observó, que de ahí resultaría que los curas quedarían sin subsistencia por un año, y
Pérez de la Puebla llamó a la memoria que sobre esta materia se seguían dos cumulosos expedientes
en el consejo de Indias, que sería necesario tener a la vista, con lo que no se pasó adelante en la
discusión.
Fuéronse dictando por las cortes otras medidas relativas a América, tales como aprobar la
exención de tributos ya concedida a los indios de Nueva España por el virrey Venegas, haciéndola
extensiva a los de toda la América y a las castas; 88 a fomentar el comercio por los puertos del mar
del Sur, concediendo absoluta franquicia para el buceo de perlas, pesca de la ballena y caza de
nutrias;89 y otras muchas de diversas naturalezas que sería largo y poco interesante expresar, dando
lugar a esta variedad de disposiciones las facultades omnímodas de que hacían uso las cortes,
mezclándose en todos los negocios, aun los más distantes del carácter legislativo, y admitiendo toda
clase de ocursos. Así se las ve ocuparse del asunto de un religioso dominico de Cádiz, que se dijo
estaba emparedado y que resultó loco; de la provisión de un profesor de pintura para la academia de
la misma ciudad; de examinar los trámites de las causas criminales; de la asistencia de los enfermos
en el hospital de la isla de León, y de otras muchas cosas de esta especie.
Entre esta multitud de negocios de que las cortes se ocupaban, se trató 90 de la representación
que la ciudad de Méjico hizo, pidiendo se premiasen los extraordinarios servicios del virrey D.
Francisco Javier Venegas, con la gran cruz de la orden de Carlos III, dirigiendo los despachos al
ayuntamiento, para que este tuviese la satisfacción de presentarlos él mismo al virrey. Ya antes la
misma ciudad y el consulado de ella habían pedido se le continuase en el mando, cuya solicitud se
pasó por las cortes a la regencia; pero en esta vez, tomando en consideración la exposición del
ayuntamiento, que a todos pareció justa y fundada, cada diputado mejicano fue pidiendo que se
hiciese una manifestación particular de aprecio por los servicios hechos por su respectiva provincia;
Alcocer lo solicitó así, por la fidelidad con que los indios de Tlaxcala habían realzado los timbres de
sus mayores; Uría, por los servicios prestados por las tropas de Nueva Vizcaya y por el comandante
de ella brigadier Bonavía, y Mendiola por lodo el ejército de Nueva España, que como era la
verdad, dijo: “que se componía enteramente de soldados del país, y que estos eran los que habían
restablecido la tranquilidad en las provincias en que se había alterado”. En consecuencia se aprobó,
que se dijese a la regencia ser la voluntad de las cortes, que al virrey y demás jefes, oficiales y tropa
84 Decreto núm. 65 tom. 1.º fol. 155.
85 Decreto de las cortes número 78 de 16 de Abril de 1811.
86 Sesión de 19 de Enero de 1811, tom. 3.º fol. 35.
87 Los diezmos en América se dividían en cuatro partes, de las cuales una se aplicaba a los obispos, otra a los
cabildos, y las dos restantes se dividían en nueve novenos, y de estos estaban destinados uno y medio a la fábrica
de las respectivas iglesias, uno y medio a los hospitales, dos al gobierno en reconocimiento del patronato, y los
otros cuatro llamados beneficiales debían ser para los curas, y de esto es de lo que habló Mendiola.
88 Diario de cortes, sesión de 12 de Marzo de 1811, t. 4.° fol. 193.
89 Sesión de 2 de Abril de 1811, diario de cortes, tom.4.° fol. 448.
90 Sesión del 29 de Abril de 1811, diario de cortes, tom. 5.° fol. 240.
26

que tanto se habían distinguido en tranquilizar el reino de Nueva España, se concediesen los
premios y gracias que la misma regencia estimase convenientes, siendo el que se diese al virrey la
gran cruz de Carlos III, dirigiéndose los despachos a la ciudad de Méjico, para que tuviese la
satisfacción de entregárselos, como la misma ciudad lo tenía solicitado; que además se diesen las
gracias, a nombre de la nación, a toda la oficialidad y tropa que habían concurrido al
restablecimiento del orden y tranquilidad de aquellos países, y a todos los demás que hubiesen
contribuido con su patriotismo al mismo objeto, haciéndolo así entender a la ciudad de Méjico y
demás poblaciones de aquel reino, cuya lealtad había sido inalterable, y por último fueron
declarados beneméritos de la patria los soldados de que se componían las tropas que habían sido
empleadas en tranquilizar las provincias sublevadas.
El número de los diputados propietarios de Nueva España se había ido completando con las
nuevas arribadas de buques de aquel país, y habían llegado también muchos de las otras provincias
de América. Entre los primeros se distinguía el diputado de Puebla Pérez, por su hablar fácil y
adornado y por su genio conciliador con que sabía captarse el aprecio de los europeos, aunque no
sin celos y desconfianza de sus paisanos; el de Tlaxcala Alcocer, hombre de muchos y varios
conocimientos, de elocuencia nerviosa, aunque resintiéndose del carácter del púlpito, que es tan
diverso y aun opuesto al estilo parlamentario; Gordoa de Zacatecas, cuyo carácter veraz y alma
inocente y sincera, se pintaba en una fisonomía dulce y verdaderamente angelical, elogio, que así
como al diputado de Costa Rica, Castillo, les ha hecho el conde de Toreno, no muy amigo por cierto
de los diputados americanos. Gordoa, representante de una provincia minera, solicitó con empeño
los adelantos de las minas, y en una memoria que presentó, demostró con convincentes razones, las
ventajas que sacaría la real hacienda con la baja o exención absoluta de derechos de todos los útiles
e ingredientes que emplea la minería, que serían ampliamente compensados con los que causaría el
aumento de la extracción de plata y oro. El diputado de Méjico D. José Beye de Cisneros,
espléndidamente dotado por aquel ayuntamiento con una asignación de doce mil pesos anuales, era
entonces el personaje de mayor renta que había en Cádiz y reunía en su casa en tertulia a todos sus
compañeros; franco en su carácter y maneras, siempre que en las discusiones de las cortes ocurría
algún incidente de que los diputados americanos se diesen por ofendidos: “esto, amigos, les decía,
no tiene más que un remedio, que es el P. Hidalgo”, aludiendo a la revolución comenzada en Méjico
y a la que él era muy adicto. Entre los suplentes de Nueva España, se hacía notar por la rigidez de
sus principios y energía de sus discursos, Gutiérrez de Terán, y de las demás partes de América se
distinguían por la amenidad de su instrucción y afluencia de lenguaje, Mejía sobre todos, Feliú,
Leiba, Morales Duárez y otros.
Pero el carácter que desde entonces asomaba como superior a todos los demás, era el del
diputado de las provincias internas de Oriente Dr. D. Miguel Ramos Arizpe, cura de la villa de
Borbón, en la colonia de Nuevo Santander. Habiéndose embarcado en el navío inglés Implacable,
sin recibir los poderes que lo autorizaban como diputado, se suscitó viva discusión sobre si debería
ser admitido; pero en la sesión de 19 de Febrero de 1811, 91 se acordó su admisión y la del diputado
de Sonora Moreno, que se hallaba en el mismo caso. Aunque clérigo y doctor en teología, nada
parecía Arizpe menos que eclesiástico: solía decir de sí mismo, culpando el carácter remiso y frío de
sus paisanos, que él no era mejicano sino comanche, y aun por este nombre se le conocía en las
cortes, y en verdad había en todo él cierto aire de estos salvajes del Norte, que tienen en su
fisonomía una mezcla de candidez y de malicia, de energía y de suspicacia: la nariz muy pequeña,
redonda y hundida, apenas formaba una prominencia en el rostro, bastante a sustentar unos anteojos
redondos, que cuando no cubrían dos ojos pequeños y centelleantes, estaban suspendidos sobre las
cejas, muy pobladas y negras, y todo esto encerrado en un rostro casi circular, que tomaba una
singular animación, según las alteraciones muy frecuentes y vivas de su espíritu. Todo su cuerpo
correspondía a este tipo de rostro: pequeño, grueso, y de fuerte musculación, cuando hablaba, sus
movimientos más parecían atléticos que oratorios. Desaliñado en su traje, principalmente cuando

91 Diario de cortes, tom. 4.º fol. 272.


27

usaba el eclesiástico, siempre iba cayéndosele el manteo, como cosa que le estaba de sobra o que se
le despegaba del cuerpo. Habiendo cultivado muy poco los estudios de su profesión, no se había
dedicado a ningunos otros y toda la instrucción que tenía en materias políticas, no era más que la
que había adquirido asistiendo a las sesiones de las cortes; pero a esta falta de letras suplía una
viveza penetrante y un conocimiento profundo de los hombres, teniendo para estimar lo que cada
uno podía ser, un tacto tan delicado, que podría llamarse inspiración. Hombre todo de acción,
hablaba poco en público y esto con descuido, por frases interrumpidas y casi sin hilación en las
ideas: su influjo y poder en un congreso consistía en sus relaciones y manejos privados, y
acostumbrado a considerar en la política, al contrario que en la geometría, la línea curva como el
camino más corto entre dos puntos, nunca, aun en los negocios más sencillos tomaba otro, teniendo
una especie de antipatía a la línea recta. Su espíritu indómito e imperioso no sabía sufrir
contradicción: el que no era su partidario era su enemigo, y su opinión era ley para todos los que le
rodeaban, pero sin que por esto le faltase insinuación, modales y halago cuando le convenía. Nada
codicioso en materia de dinero, era franco con sus amigos, y cuando se trataba de servir a alguno,
toda su actividad y resortes se ponían en movimiento, como también se ejercían con igual empeño,
cuando trataba de perseguir a sus contrarios o a los de su partido. A su ingreso a las cortes, presentó
una memoria estadística de las provincias internas de Oriente, tanto más interesante, cuanto menos
conocidos eran aquellos países.
Los diputados americanos no sólo sostenían sus opiniones en la tribuna, sino que también las
defendían por la imprenta. Hallábase a la sazón en Cádiz D. Juan López Cancelada, editor que había
sido de la gaceta de Méjico, uno de los mas acérrimos enemigos del virrey Iturrigaray, y que como
en su lugar vimos, fue mandado a España bajo partida de registro por el arzobispo virrey Liana.
Sosteníanlo en Cádiz los españoles de Méjico, y redactaba un periódico titulado el “Telégrafo
americano”, destinado exclusivamente a tratar asuntos de América, escrito en el sentido del partido
español que en ella había. Publicó también Cancelada un folleto con el titulo “Verdad sabida y
buena fe guardada”,92 que contenía la relación de la prisión de Iturrigaray, y de todos los sucesos
que la precedieron y motivaron, al que contestó el diputado de Méjico Cisneros, aunque no bajo su
nombre, sino con el de D. Facundo Lizarza, abogado de Iturrigaray, siendo estos escritos los
primeros que dieron idea en España de los sucesos de Méjico. Cancelada imprimió otro cuaderno, y
la disputa se empeñó entre ambos muy en perjuicio de Iturrigaray, que se habría visto en graves
dificultades, si no se hubiese acogido a tiempo a la amnistía publicada por las cortes cuando se
verificó su instalación. Alcocer comenzó a publicar su”Censor”,en contraposición al periódico de
Cancelada, y habiendo éste hecho imprimir un opúsculo con el título de “Ruina de la Nueva España
con el comercio libre”, le contestó con acierto y buenos conocimientos el joven [Link] Villa
Urrutia, hijo del alcalde de corte de Méjico D. Jacobo de Villa Urrutia, que tanto nos ha ocupado en
el libro primero de esta historia.93
Otros americanos había en Cádiz, de los pretendientes que se habían retirado de Madrid por la
invasión francesa, que ayudaban a los diputados en sus cuestiones por la imprenta, y entre estos
comenzó a distinguirse desde entonces D. Pablo de La-Llave, eclesiástico, natural de Córdoba en la
provincia de Veracruz, que se había aplicado en Madrid con decidido empeño al estudio de la
botánica: pero el más útil e instruido colaborador era el Dr. D. Servando Teresa de Mier, cuya
tempestuosa e inquieta vida sería digna de una particular biografía.
Nacido en la provincia de Monterrey, una de las internas de Oriente, de una de las familias
establecidas allí desde la conquista de aquel país, hizo sus estudios y tomó el hábito de dominico en
Méjico y obtuvo el grado de doctor en teología a expensas de su comunidad. El sermón que predicó
ante el virrey Branciforte y la audiencia, en la función de la traslación de los huesos de Hernán
Cortés a la iglesia del hospital de Jesús, elevó su reputación como orador, y el haber pretendido salir
del camino trillado en el que predicó en la colegiata de Guadalupe en la función titular de aquel año,

92 Del que he hecho frecuentes citas en el tomo primero.


93 Ha sido después secretario del consulado de la Habana, en donde reside actualmente.
28

le atrajo una persecución que fue el principio de las desgracias de toda su vida. Censurado el
sermón por orden del arzobispo Haro y preso el orador fue remitido a España para estar encerrado
diez años en uno de los más austeros conventos de su orden. El sermón fue calificado
ventajosamente por la Academia de la Historia, y Mier puesto en libertad, anduvo por Francia e
Italia y pasó a Roma, donde se secularizó. Vuelto a Madrid fue de nuevo perseguido por el príncipe
de la Paz, por una sátira que escribió contra el autor del “Viajero universal”, por lo que éste dijo
relativo a Méjico, y encerrado en los Toribios de Sevilla, casa de corrección destinada a la reforma
de jóvenes extraviados, logró escapar de ella y trasladarse a Portugal y de allí volvió a España
cuando comenzó la insurrección contra los franceses, y entró a servir de capellán en el regimiento
de voluntarios de Valencia. En la dispersión de Belchite fue hecho prisionero, y quedándose oculto
en un pajar en uno de los lugares del tránsito a Francia a donde lo conducían, atravesó toda España
en la mayor miseria, como había pasado casi toda su vida, y llegado a Cádiz, la regencia, por estos
méritos mandó se le tuviese presente para una prebenda en Méjico; pero sin esperar a obtener este
premio, unido a los diputados y especialmente favorecido por el de Méjico, comenzó a escribir,
dirigiendo dos cartas al editor del “Español”, escritas con mucha vehemencia sobre los asuntos de
América. Ya fuese por temor de ser perseguido, ya porque Iturrigaray lo estipendió para que
escribiese en su favor en Londres, pasó a aquella ciudad, en donde publicó, bajo el nombre del Dr.
Guerra, que era su segundo apellido, la historia de la revolución de Nueva España, de que he
hablado en otro lugar y que tantas veces he tenido ocasión de citar: rico en conocimientos y
erudición, Mier es al mismo tiempo muy agradable por su estilo, y lleno de fuego y ardimiento,
abunda en chistes oportunos que hacen entretenida y amena la lectura de su obra. Esta ha venido a
ser muy rara, porque habiendo retirado Iturrigaray los auxilios que ministraba a Mier, luego que vio
que defendía abiertamente la independencia, éste, que había continuado escribiendo, se encontró sin
medios de pagar al impresor, quien embargó los ejemplares e hizo poner al autor en la prisión de los
deudores, en la que permaneció mucho tiempo, hasta que habiendo llegado a Londres los primeros
enviados del gobierno de Buenos Aires, éstos pagaron al impresor y rescataron los ejemplares de la
obra, que remitieron a su país, pero habiéndolos embarcado en un buque que naufragó, se perdieron
casi todos, excepto los pocos que andaban repartidos en diversas manos, o que quedaban en poder
del autor, al cual volveremos a encontrar frecuentemente en los diversos sucesos de esta historia.
A veces los americanos residentes en Cádiz, no se reducían a las armas legales de la discusión
en la tribuna y por la imprenta, sino que apelaban a hostilidades más abiertas. El diputado de la
ciudad e isla de Santo Domingo, D. José Álvarez de Toledo, oficial de marina, por motivos que no
todos fueron honrosos, se fugó de Cádiz, y habiendo publicado en los Estados Unidos un manifiesto
contra las cortes, se puso al frente de una cuadrilla de aventureros para invadir la provincia de Tejas,
como más adelante diremos. También se evadió D. José de S. Martín, 94 oficial de guardias
españolas, que se dirigió a Buenos Aires y vino a ser el defensor de Chile su patria y el vencedor del
Perú, y esta evasión fue auxiliada por algunos diputados y otros americanos; 95 pero es falso el que,
como se ha dicho en un periódico de Méjico, 96 los gobiernos de los países insurreccionados de
América, pusiesen a disposición de Ramos Arizpe gruesas sumas para estos manejos. Nunca los
diputados que en ellos tomaban parte, que tampoco eran todos, contaron con mas que sus propios
recursos, y así es que no pudieron hacer grandes gastos.
Con el aumento de número, el auxilio de la imprenta, el apoyo de un periódico tan acreditado
como el Español, y con el progreso de la revolución en casi todo el continente de América, los
diputados de ésta comenzaron a hablar en tono mas amenazador y resuelto, y en 1.° de Agosto de
1811, presentaron una animada exposición,97 en que refiriendo el principio de las turbaciones en las
diversas provincias, que atribuyeron a los motivos más análogos a su objeto, y volviendo a relatar
94 Tampoco fueron enteramente patrióticos los motivos de la evasión de S. Martín.
95 D. Miguel de Santa María, que después fue ministro de Méjico en Madrid, y firmó el tratado del reconocimiento
de la independencia por España, llevó a S. Martín disfrazado a bordo del buque en que salió para Buenos Aires.
96 En un artículo inserto en el periódico titulado “El Siglo XIX”, con ocasión de la muerte de Ramos Arizpe.
97 Publicóla el Español en su número de Marzo de 1812, t. 4.º folio 370: véase en el apéndice núm. 2.
29

los agravios hechos a los americanos como hombres, como vivientes y como sociales; pidieron que
se tomase en consideración lo que proponían para reparar aquellas ofensas, con la brevedad que
demandaba el estado crítico de las cosas, insistiendo en la igualdad de representación, en las
concesiones de todas las franquicias pedidas en las once proposiciones, y añadiendo el
establecimiento de juntas provinciales, a imitación de las de la península, que tuviesen el gobierno
de sus respectivos distritos, para enfrenar el despotismo de los gobernantes y distribuir los empleos,
informando sobre el mérito de los sujetos que debían obtenerlos. Esta exposición, formada por el
diputado de Tlaxcala Alcocer,98 fue suscrita por treinta y tres diputados, echándose de menos la
firma del de Veracruz Maniau y de algún otro; presentóse en sesión secreta, 99 y fue grande el
acaloramiento que causó, sin que se tomase sin embargo resolución alguna, pues pasada a una
comisión, se dieron por resueltos todos los puntos que abrazaba, con lo que sobre ellos se determinó
en la constitución. Desde entonces los diputados americanos más y más concentrados en sólo los
asuntos de su país, podían ser considerados más bien que como legisladores de una misma nación
con los europeos, como enviados extranjeros a un congreso de potencias independientes, que
procuraban hacer entre sí la paz, por medio de recíprocos convenios.
Entre los diversos proyectos que se presentaron a las cortes por sus comisiones, uno fue la
convocación de un concilio nacional, a propuesta del diputado suplente del Perú Ostoloza: la
comisión eclesiástica se ocupaba ya de esta materia, y en la sesión de 22 de Julio, presentó el
diputado Villanueva, individuo de ella, un proyecto de convocación, 100 fundado en los antiguos
cánones y prácticas de la iglesia de España, proponiendo que en el caso de resolver las cortes la
celebración de un concilio nacional en España, se celebrase otro en América, a que concurrirían los
arzobispos y obispos de la América, tanto septentrional como meridional, y los de los dominios
españoles de Asia: esto habría hecho casi imposible la reunión de este concilio y muy inútiles sus
deliberaciones, cuando reduciéndolo a los concilios provinciales, que con tanto fruto se celebraron
en años anteriores en Méjico y Lima, hubiera sido de mucho provecho. Aunque las cortes llegaron a
aprobar el que se celebrase el concilio, 101 no pasaron adelante en la discusión de los demás puntos
del dictamen, y el negocio quedó en tal estado, sin haber vuelto a ocuparse de él.
La comisión de constitución presentó en la sesión de 18 de Agosto la parte principal de su
trabajo, que comprendía la organización de los poderes legislativo y ejecutivo, con un discurso en
que explicó los principios sobre que había procedido. 102 Esta comisión era presidida por D. Diego
Muñoz Torrero, diputado por Extremadura, y la componían los diputados más distinguidos de las
cortes: de los americanos, se hallaban en ella D. Vicente Morales Duárez, diputado suplente por el
Perú,103 D. Antonio Joaquín Pérez, D. Mariano Mendiola y D. Andrés Jáuregui, propietarios, el
primero por Puebla, el segundo por Querétaro, y el tercero por la Habana, y D. Joaquín Fernández
de Leiba, suplente por Chile. Era considerado Morales Duárez como el más instruido de los
americanos en las cosas de América, y lo era en efecto, a lo menos hasta la llegada de los diputados
propietarios de Nueva España; Pérez y Leiba fueron nombrados para esta comisión desde que se
formó, habiendo sido aquel el primer diputado propietario que se presentó en las cortes; Jáuregui y
Mendiola fueron agregados posteriormente a la misma. Presidía las cortes el Dr. D. Juan José
Güereña, canónigo de Puebla y diputado por Durango en la Nueva Vizcaya, quien se creía que por
ser poco inclinado a las nuevas doctrinas, diferiría la discusión; mas sin embargo, señaló para dar
principio a ella el 24 del mismo mes en que acababa el periodo de su presidencia, término que
pareció demasiado estrecho para tan grave materia, y para proceder en ella con acierto, se mandaron

98 Es fácil conocer en esta exposición el estilo de escrito de abogado y predicador, que solía ser frecuentemente el de
Alcocer.
99 Por este motivo no se hace mención de esta exposición en los Diarios de cortes. Véase sobre ella a Mier, tomo 2.º
folio 657, y en el tomo 1.º libro 8.º en diversos lugares.
100 Diario de cortes, t. 7.º fol. 463, y por lo relativo a América fol. 471.
101 Sesión de 23 de Julio, Diario de cortes t. 1.º fol. 477.
102 Este discurso lo redactó D. Agustín Argüelles, según dice Toreno.
103 Toreno, lib. 13, lom. 5.º fol. 101.
30

hacer públicas rogaciones.


Dejo para el capítulo siguiente el examen de la constitución que se decretó, y el dar razón de
los incidentes principales de su discusión, destinando el presente a las demás ocurrencias de aquel
congreso, que tuvieron más inmediata relación con el asunto de esta historia. Una de las que
vinieron a agitar más violentamente los ánimos fue la exposición que el consulado de Méjico dirigió
a las cortes con ocasión de la constitución que se estaba discutiendo, sobre la representación que las
Américas debían tener, según el estado de civilización en que se encontraban las diversas clases de
habitantes que forman su población.104
Desde 17 de Abril de 1811, con motivo del decreto de la regencia de 20 de Agosto del año
anterior, publicado en Méjico en 19 de Diciembre del mismo, por el que se declaraba que la
convocatoria para nombrar diputados a cortes no debía entenderse como sonaba, con respecto sólo a
los españoles nacidos en América y Asia, sino que también comprendía a los domiciliados y
avecindados en aquellos países, y asimismo a los indios e hijos de españoles e indios, había
manifestado el consulado que las elecciones de diputados no se habían hecho conforme a estos
principios, porque siendo obra de los ayuntamientos de las capitales compuestos en su mayoría de
criollos, habían recaído aquellas exclusivamente en individuos de esta clase, resultando de aquí que
los españoles nacidos en la península y avecindados en América, que constituían la parte más
atendible de la población de ésta, por su influjo, adhesión a la madre patria y servicios que habían
prestado, habían quedado sin ser representados, careciendo por esto las cortes de la instrucción
necesaria para proceder con acierto en los asuntos de América, la que solo tenían los que en ella
habían residido, y se veían expuestas a obrar con equivocación, extraviadas por lisonjeras teorías y
por los informes de los diputados americanos, que aunque procediesen de buena fe, no podían
resistir a la inclinación natural “que tiene a la causa de la independencia el hijo de una gran
provincia que puede ser nación, y que le impide prestar su corazón a los intereses de la metrópoli,
en contraposición con los de su patria imaginada”, de donde concluía, que “siendo la concurrencia a
las cortes de los españoles europeos residentes en América, legal, justa y conveniente, y que no
podía ser suplida sin agravio por los diputados americanos”, se mandase que cada uno de los
consulados de Méjico, Veracruz y Guadalajara, que eran las corporaciones que la ley reconocía
como representantes de la universidad de mercaderes de cada distrito y que abrazaban la casi
totalidad de los españoles residentes en Nueva España, nombrase dos diputados que representasen a
estos en las cortes, suspendiéndose la discusión sobre toda novedad en el sistema de gobierno de
Indias, hasta que estos diputados se hallasen en el congreso, y que se hubiese consultado al consejo,
oído a los gobernadores y acopiado datos de los archivos de América, en los que se hallaban todos
los antecedentes y pruebas de las leyes que formaban la recopilación particular de Indias,
ofreciendo una manifestación más amplia y demostrativa, por la que se haría patente que siguiendo
otro camino, sería inevitable la absoluta separación de la América en la época de la próxima
renovación de las cortes. El consulado acababa su exposición pidiendo, que entre tanto las cortes
resolvían sobre estos puntos, fuesen nombrados defensores provisionales de los españoles europeos
residentes en Nueva España, los diputados D. Evaristo Pérez de Castro, D. Manuel García Herreros,
y D. Agustín Argüelles, con lo que se les nivelaría siquiera con los indios, a quienes concedía esta
gracia el decreto citado de la regencia, en el caso que no se hubiese contado con ellos para las
elecciones, entre tanto se arreglase el método en que ellos mismos debían nombrar sus
representantes, y los pondría a cubierto de las medidas contrarias a la conservación de la América,
sosteniéndolos en la triste carrera que tenían que seguir en aquel suelo de persecución, antes de
abandonarlo a sus enemigos. Esta solicitud, en cuanto a la representación particular de los españoles
excluidos en las elecciones, venía a reducirse a la cuestión de las minorías electorales, resuelta en
favor de estas por las leyes que actualmente rigen en la República.

104 D. Carlos Bustamante publicó estas exposiciones en el suplemento a la historia del P. Cavo t. 3.º fol. 336 a 377,
por lo que, y por ser bastante extenso el extracto que de ellas hago, he creído deber omitir la inserción de estos
documentos en el apéndice, no obstante lo dicho en el tom. 1.º de esta obra.
31

En la segunda exposición, ofrecida en la primera y remitida en 27 del mes siguiente, el


consulado, tomando la historia de América desde sus primeros pobladores, trató de persuadir que
son muy exageradas las relaciones hechas por los conquistadores mismos y por varios historiadores,
acerca de la gran población que en esta parte del mundo había y del alto grado de civilización a que
habían llegado algunas de las naciones que la habitaban; que no lo son menos, las crueldades que se
atribuyen a los conquistadores y que por el contrario los indios, a quienes tanto se afectaba
compadecer en las declamaciones de los escritores extranjeros y en las que se oían en la tribuna de
las cortes, habían mejorado mucho de condición, y merced a la escrupulosa atención que se había
tenido en beneficiarlos en las leyes de Indias, podrían tenerse por los seres más dichosos de la tierra,
si la felicidad sólo consistiese en vivir según la índole e inclinaciones de cada uno. Seguíase
examinando en la representación el estado de civilización, instrucción y costumbres de cada una de
las clases de habitantes de la Nueva España, cuyo número calculaba el consulado en seis millones, y
de estos regulaba que eran tres de indios, los cuales no estaban en estado de ser representados en las
cortes, ni tampoco los dos millones que componían las castas, ni la mitad del millón que quedaba
para la raza blanca, y hablando del estado del país en general, “la Nueva España”, dice, “es una
grande región en que domina el humor o el genio indolente y sensual; donde se vive para los
placeres y en la disipación; donde los sustos sobre lo futuro ceden a la confianza de lo necesario
presente; donde la religión santa recibe muchos obsequios exteriores y poco respeto interior; donde
la ley no se introduce en el uso ni en el abuso de las pasiones más groseras; donde el mando
precario e inestable deja correr las cosas en la marcha que llevan, y en donde la riqueza, la
abundancia y el temperamento, destierran la avaricia sombría, el temor saludable de la divinidad y
las delicadezas sociales”.
Continúa aquel tribunal describiendo el alto grado de prosperidad a que el país había llegado,
el que atribuía a la moderación de las instituciones, a la prudencia del gobierno y a la sensatez
española, y explicando los pasos por los cuales se había ido formando el espíritu de independencia
que había hecho estallar la revolución, asienta que éste había sido en gran manera impulsado por la
proclama de la junta central de que hemos hablado en su lugar. “La junta central”, dice el
consulado, “proclamó la soltura donde se sufría mal la sujeción; exageró la libertad, donde esta voz
suena independencia; habló a los ruines y estólidos indígenas el mismo lenguaje que a los
castellanos generosos; para halagarlos les ponderó los rigores de la tiranía insoportable en que
gemían, les anunció la reforma, les hizo creer que podían aspirar a mejor estado y exaltó el odio a la
matriz, al gobierno y a la sumisión: mostró timidez donde sólo prevalece la entereza; rogó, cuando
debía mandar; pidió la amistad, cuando debía exigir la obediencia; imploró la confraternidad,
cuando regían los derechos paternales; convidó con la soberanía, cuando no querían ser vasallos; les
dio representación nacional, cuando no sabían ser ciudadanos; los ensalzó como hombres provectos,
cuando entraban en la puericia, y los trató como a sanos y fuertes, cuando estaban entecos y
dolientes”. Todos los extravíos políticos que según la opinión del consulado, cometió la junta
central en el sistema que siguió respecto a la América, cree aquel cuerpo que procedieron del
ejemplar establecido por la constitución que formó la junta de notables reunida por Napoleón en
Bayona: “de allí nacieron”, dice, “la participación en el poder supremo y la asistencia a las cortes de
los diputados de Indias, su elección por los ayuntamientos y la calidad previa de nativos del país; la
igualdad de derechos entre los colonos y la metrópoli; la libertad de toda especie de cultivo y de
industria; el comercio recíproco de las provincias de América y Asia entre sí, y el solemne disparate
de que las Españas y las Indias se gobernasen por un solo código de leyes civiles, criminales,
mercantiles y fiscales”.
El consulado se extendió demostrando los inconvenientes que había traído la participación
que se había dado en el gobierno a las provincias de ultramar; el error gravísimo que la junta central
había cometido, creyendo asegurar la fidelidad de aquellas a fuerza de concesiones, y puso de
manifiesto todas las consecuencias que tendría la igualdad de representación en las cortes, con tanto
empeño pretendida por los diputados americanos, concluyendo con pedir que esta representación no
32

excediese del número de diputados asignados en la convocatoria de la regencia; esto es, uno por
cada provincia, a lo que agregados los seis nombrados por los consulados, según lo pedido en la
exposición anterior, haría el total de veintiuno por toda la Nueva España, y que en cuanto al
gobierno particular de las Américas, se dejase subsistente el código de Indias, haciendo en él las
reformas que la experiencia hubiese manifestado ser necesarias.
Firmaron estas exposiciones D. Diego de Ágreda, conde de casa de Ágreda, prior, y los
cónsules D. Francisco Chávarri y D. Lorenzo Noriega, y las redactó D. Francisco Arámbarri, natural
de Vizcaya, que había residido largo tiempo en la América meridional, y estuvo después empleado
en Méjico en la oficina de la administración de arbitrios.105
La segunda y más importante fue remitida a Cádiz por el navío Miño, dirigida a uno de los
principales comerciantes de aquella plaza D. Francisco Bustamante, quien la entregó a su cuñado el
diputado García Herreros, el cual siendo a la sazón secretario de las cortes, la reservó en su poder,
según sospecharon los diputados americanos, hasta el 16 de Septiembre en que discutiéndose el
artículo de la constitución que excluía del derecho de ser representados a los originarios de África,
la presentó al presidente D. Ramón Giraldo, y éste dio conocimiento de ella a las cortes, que
acordaron se leyese en sesión pública, juzgando por el epígrafe que sería conveniente imponerse de
su contenido, para el punto que se estaba debatiendo.
Difícil sería pintar la irritación que esta lectura causó en los diputados americanos, que se
creyeron personalmente ofendidos e injuriada toda la América. Hiciéronse varias proposiciones y la
discusión vino a ser tan tumultuosa, que el presidente se vio precisado a suspenderla, señalándola
para la sesión siguiente.106 En ella presentó Morales Duárez un proyecto de decreto, por el cual las
cortes declaraban que la lectura de aquel papel había causado en ellas una amarga sensación, y
mandaban se quemase por mano de verdugo, sacando testimonio y conservando la última foja para
que identificadas las firmas, se procediese contra los autores, considerando el escrito como libelo
sedicioso y calumnioso. Embravecióse más y más la contienda, que por entonces se terminó con
mandar pasar a una comisión cuya mayoría era de americanos, y en la que estaba el mismo Morales
Duárez, la proposición de éste, dando orden de cerrar el puerto, para que no llegase a América la
noticia de la presentación de la exposición, sin que la acompañase la de la resolución que sobre el
caso tomasen las cortes.107 La mayoría de la comisión adoptó, con corta variación, la forma de
decreto propuesto por Morales Duárez, pero uno de los individuos de ella, Gutiérrez de la Huerta,
disintió y propuso se declarase: “que las cortes habían oído con desagrado la lectura de la
exposición, por el acaloramiento y destemple en que estaba concebida; que se mandase cerrar, sellar
y archivar, no pudiéndose volver a abrir sin especial mandato de las cortes, y que para satisfacción
de la diputación americana en la parte que pudiese haber sido ofendida su delicadeza pundonorosa,
se le asegurase que el contenido de la representación en nada debía ofender el justo concepto que se
merecía.
Encrespóse de nuevo la disputa; los americanos que tomaron la palabra sostenían, que la
representación debía ser considerada como un libelo, de la naturaleza de aquellos que las leyes
califican de altamente criminales y por lo mismo debían ser castigados sus autores: otros, acaso para
dar lugar a que pasase el enardecimiento, manifestaban dudar de la autenticidad del papel y querían
que se suspendiese todo procedimiento, hasta cerciorarse de ello, y otros en fin indicaban diversos
conceptos. En medio de tanta contrariedad de opiniones, el peruano Mejía, con la agudeza y tino
que solía tener en las cuestiones más difíciles y delicadas, manifestó que disentía de todo cuanto se
había propuesto en la discusión; que habiendo invitado solemnemente las cortes a todos los

105 El secretario del consulado era el Lic. D. Basilio de Arrillaga, padre del Dr. y Lic. de este mismo nombre, pero
siendo americano, no se le dio conocimiento alguno de la exposición ni de su contenido.
106 Véanse en el tomo 8.º de los Diarios de cortes las sesiones en que se trató de este asunto, desde el folio 338 y
siguientes, y el P. Mier en su historia tom. 1.º fol. 285 hasta el fin del lib. 8.º y tom. 2.º fol. 674, así como también
su segunda carta al Español.
107 Los americanos que formaron la comisión, fueron Morales Duárez, Mendiola y Jáuregui, y los europeos Gutiérrez
de la Huerta y del Monte.
33

españoles a que las ilustrasen sobre las materias que en ellas se trataban, no podían rehusar el recibir
un informe que se les dirigía en virtud de aquella invitación, y que considerando la cuestión como
meramente literaria, debía imprimirse el informe y contestar a él los americanos, los cuales no
debían dar lugar a que se dijese que prevalidos del puesto que ocupaban, habían hecho de partes
para pedir, de asesores para consultar, y de jueces para sentenciar en su propia querella, siendo
además muy ajeno del carácter legislativo de las cortes, sentenciar como un tribunal ordinario y
mucho menos concurriendo a ello los agraviados. Esto dio motivo a que el diputado de Guatemala
Larrazábal propusiese, que no asistiesen a la votación los americanos, e iban a salirse si no lo
hubiera impedido el presidente.108
En este estado del debate, el célebre literato D. Antonio Capmany, entrando de lleno en el
fondo de la cuestión, que hasta entonces no se había tocado, dijo, que la representación era
propiamente un cuadro que abrazaba todos los colores de la pintura, y que aunque había mucha
imprudencia y animosidad en las duras y denigrantes expresiones que se empleaban para calificar
las castas, se debía atender a que en el estado de guerra encarnizada en que se hallaba la Nueva
España, era natural que hubiese una gran lucha de recíprocos agravios y de resentimientos, de
donde nacía sin duda la destemplanza y acrimonia del estilo del escrito. Que los puntos que en él se
trataban eran muy importantes, para que las cortes mejor instruidas sobre ellos, decidiesen con
acierto en las cuestiones que se estaban discutiendo; por lo que su opinión, de acuerdo con lo
propuesto por Mejía, era que el informe se imprimiese, y que los americanos, entre los cuales
sobraban plumas elocuentes y espíritus ilustrados, defendiesen su causa con luminosas
contestaciones, haciendo patente al mundo que el ingenio no está casado con el país. Mendiola, que
habló después, desarrolló una idea a que han dado gran peso en tiempos posteriores muchas de las
ocurrencias políticas del país, y es que “el interés mercantil está en oposición en Méjico con el
interés nacional”, y de aquí dedujo, que el motivo que había impulsado a los autores de la
representación, no era otro que los intereses mercantiles heridos por las franquicias concedidas por
las cortes a la industria y al mutuo comercio de las provincias de la España ultramarina.
Interminable hubiera sido la disputa, según el número de diputados que habían pedido la
palabra, si no se hubiese procedido a la votación, teniendo la cuestión por suficientemente debatida,
y habiéndose aprobado lo propuesto por Gutiérrez de la Huerta, en la sesión siguiente presentaron
los americanos una representación que firmaron casi todos, excepto Mejía, Pérez y Maniau,
pidiendo en nombre de toda la América una satisfacción proporcionada al agravio recibido. Nueva y
más tempestuosa discusión se hubiera empeñado, si el presidente Giraldo no hubiese propuesto que
se echase sobre todo lo ocurrido una losa sepulcral, cuya idea adoptaron las cortes, declarando que
no había lugar a deliberar sobre este nuevo incidente. Así terminó este ruidoso negocio, que produjo
consecuencias de efecto muy duradero.
Hoy, que no existiendo las causas que dieron entonces motivo a tanto enardecimiento, se
puede juzgar en la calma de la razón y con la luz de la experiencia el mérito de aquel escrito, es
preciso convenir con la opinión manifestada por Capmany. Dando su justa parte a los
resentimientos del momento, que producían tanta acrimonia en las expresiones, pues no puede
pretenderse que sean moderadas las palabras en un país en que las obras son estarse matando unos a
otros, todas las ideas que las representaciones contenían eran en el fondo enteramente exactas, y los
mismos diputados americanos que tanta irritación manifestaron, no podían menos de estar
persuadidos en su interior de la verdad de los hechos. Los diputados españoles, los más de los
cuales casi no tenían idea de la América y de su estado actual, y que apenas habían comenzado a
formarla de los sucesos recientes de Méjico por lo que había publicado Cancelada, fijaron por estas
representaciones un concepto que se vio prevalecer en todo lo que en adelante sucedió en las cortes.
Sin embargo, estaban estas ya demasiado empeñadas en la carrera que habían empezado a correr, y
era demasiado fuerte el imperio de las teorías, para ceder a la convicción que debieran producir las
razones de unos hombres que manifestaban conocer bien el país: mas como según el mismo

108 El P. Mier dice que hizo uso de la guardia para impedirles salir.
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consulado decía “los pecados políticos no se expían en el purgatorio, sino en la vida temporal”, 109
España expió los errores de las cortes con la pérdida de todas sus posesiones en el continente
americano, y como si esto no bastase, estuvo también a punto de perder, por los mismos motivos,
sus ricas islas en las Antillas cuando se restableció la constitución en 1834, hasta que escarmentada
por tanto desastre y hecha más cuerda a fuerza de golpes, dejó subsistir en lo poco que le quedaba,
ese antiguo y venerable código de Indias, que el consulado de Méjico proponía se conservase, sin
hacer en él más alteraciones que las que el transcurso del tiempo hubiese hecho indispensables.
Las consecuencias que el consulado preveía que habían de seguirse en América de la
adopción de un sistema para el cual la masa de la población no estaba en manera alguna preparada,
han sido igualmente ciertas y trascendentales: esos cinco millones de indios y castas, cuyos vicios
exageraba aquel cuerpo, pero que ciertamente no estaban en estado de entender siquiera el sistema
en que eran llamados a participar, extranjeros siempre a él, no han sido más que instrumento de
ajenas miras, mientras que la parte hispano-americana, en cuyas manos ha caído exclusivamente el
poder, parece haberse empeñado en sacar cierto el desventajoso retrato que de ella se hacia en la
representación de aquel tribunal. Desde la constitución española, se han variado infinitamente las
formas de gobierno, pero descansando siempre sobre bases para las que ni ha habido ni hay
elementos, todo ha sido fantástico e ideal, sirviendo únicamente esta variación de formas con el
mismo resultado, para demostrar con la ruina del país que ha sido la consecuencia necesaria de
tantos extravíos, que, como el consulado decía, “las leyes deben acomodarse absolutamente a la
influencia del clima, a la calidad y situación del terreno, al género de vida de los pueblos, al grado
de libertad que su constitución puede sufrir, a las inclinaciones e índole de los habitantes, a sus
costumbres y maneras, al estado de la civilización, al enlace de las relaciones recíprocas, al
volumen de la población, de las riquezas, del comercio y de la industria; porque las leyes más
exquisitas, son vanas e impertinentes cuando discuerdan con las circunstancias predominantes,
siendo las buenas las que sin estrépito ni convulsiones mejoran la condición presente de la multitud,
y las mejores, las que con menos inconvenientes, conducen a la perfección posible o relativa de la
sociedad.
En Méjico se tuvo confusamente idea de la representación del consulado por un extracto de
ella que corrió desde el mes de Noviembre, que dio motivo al bando que el virrey publicó en 11 de
aquel mes, de que hemos hablado, prohibiendo los papeles subversivos que circulaban sobre
rivalidades entre europeos y americanos, y aun las conversaciones sobre estas materias, y por un
barco correo salido de Cádiz en 2 de Octubre, se recibieron noticias a fines de Diciembre de 1811
de todo lo ocurrido en las sesiones de las cortes en que se trató este asunto, lo que causó grande
irritación y contribuyó poderosamente a dar mayor impulso a la revolución. 110 La indignación creció
de punto cuando se supo que por real orden de 27 de Septiembre comunicada al virrey por la
regencia, mandaba ésta se diesen las gracias al consulado por su representación, alabando su celo y
patriotismo, y sólo extrañando el acaloramiento con que se explicó en algunas expresiones y
proposiciones avanzadas, viendo también que en vez del castigo que se había esperado de los
individuos que firmaron la representación, en las elecciones del consulado que se verificaron el 7 de
Enero siguiente, en lugar del prior Ágreda que terminó sus funciones, fue nombrado Chávarri, que
había firmado como cónsul dicha representación.111
Casi al mismo tiempo que las cortes se habían ocupado de este asunto, tuvieron que tratar de
109 D. Carlos Bustamante cree que este axioma tuvo su cumplimiento con la expulsión de españoles en 1828 y 29 en
castigo de esta representación. Suplemento a los tres siglos, fol. 309. Demasiado se ha cumplido a expensas del
país en otras muchas circunstancias.
110 Todo esto está tomado del diario manuscrito del Dr. Arechederreta. Circuló mucho por aquellos días una cuarteta
que copia Bustamante y decía:
Francisco, Lorenzo y Diego
Sin salir del consulado
Hicieron más insurgentes
Que Allende y el cura Hidalgo.
111 Gaceta de 21 de Enero de 1812, tom. 3.º núm. 172, fol. 78.
35

otro no menos ruidoso, a que dio motivo el manifiesto que publicó en Alicante en el mismo mes de
Septiembre D. Miguel de Lardizábal, consejero de estado, que había sido nombrado por la Nueva
España individuo de la junta central, y lo fue después de la regencia cuando la violenta disolución
de aquella. Era el objeto de este papel vindicar la conducta pública del autor en la noche del 24 de
Septiembre, en que las cortes se declararon soberanas, e hicieron que la regencia las reconociese por
tales. Lardizábal atacaba la legitimidad de aquel cuerpo, especialmente por el gran número de
suplentes que hacían parte de él, censuraba sus procedimientos e indicaba que si la regencia hubiera
contado con fuerzas que la sostuviesen, habría defendido los derechos del monarca de quien se
consideraba representante.112 Leyóse el manifiesto en las cortes en la sesión del 14 de Septiembre, y
aunque Mejía propuso desde luego que se pasase a la junta de censura de libertad de imprenta, para
que lo calificase conforme a la ley, las cortes creyeron que se debía proceder de otra manera, porque
entendieron que en el manifiesto se entreveía una trama urdida por la regencia para sofocar a las
cortes en el mismo momento de su instalación, y en la sesión del lo mandaron que Lardizábal fuese
aprehendido y conducido a Cádiz desde Alicante donde residía, o a donde había sido confinado
desde que cesó la regencia de que era individuo; que se recogiesen y remitiesen con él todos sus
papeles, y que fuese juzgado por un tribunal especial de cinco jueces y un fiscal, todos del seno del
congreso, aunque después se resolvió que fuesen de fuera de él, pero escogidos por las cortes entre
doce que propusiese una comisión.
Creyóse que el consejo de Castilla obraba de acuerdo con Lardizábal y que había extendido
una protesta con los mismos intentos que el manifiesto de aquel, habiendo además otra del obispo
de Orense a la que Lardizábal hacía referencia, por lo que se comisionaron diputados a quienes se
habían de entregar todos estos documentos, y aunque no se encontró la protesta del consejo que el
conde del Pinar encargado de formarla dijo haber roto, por no haber la aprobado sus compañeros,
dieron bastante luz acerca de su objeto, los votos contrarios que aparecieron firmados por tres
consejeros; del obispo de Orense no se encontró nada nuevo, sino lo que había ocurrido cuando se
había rehusado a prestar el juramento exigido por las cortes. La junta de censura de la provincia,
establecida según la ley que arregló la libertad de imprenta para la calificación de los impresos
acusados, calificó el manifiesto de subversivo y sedicioso; mas la suprema, absolviéndole de estas
notas, sólo lo tuvo por impolítico, falto de respeto a las cortes, depresivo de la autoridad de los
diputados suplentes, y por tanto juzgó perjudicial su lectura y que no debía correr en el público. 113
Mas como por ninguna de estas notas podía ser calificado el escrito criminal, según la ley de
libertad de imprenta, debía ser absuelto el autor; pero muy lejos de esto, el fiscal del tribunal
especial pidió contra él la pena capital, y aunque el tribunal no se conformó con este pedimento,
condenó sin embargo a Lardizábal, por sentencia de 14 de Agosto de 1812, a salir expulso de todos
los dominios españoles y el pago de las costas del proceso, y mandó que todos los ejemplares del
manifiesto que se habían recogido, fuesen quemados por mano de verdugo en alguna de las plazas
de Cádiz.114 Lardizábal se retiró a Inglaterra, de donde las vicisitudes políticas lo trajeron después a
España a tener una parte muy principal en el gobierno, como a su tiempo veremos.
En las cortes volvieron a empeñarse las contestaciones con motivo de un periódico titulado la
“España vindicada en sus clases”, y se enardecieron de tal modo, que terminaron por un motín
popular contra el diputado D. José Pablo Valiente, odiado de antiguo en aquel puerto por
atribuírsele haber traído a él de la Habana, en donde había sido intendente, la fiebre amarilla, y
porque se entendía que favorecía el comercio libre, crimen que no se perdonaba en Cádiz, por lo
que a duras penas logró escapar de la saña popular, poniéndose en salvo en un buque inglés.
Íbase siguiendo la discusión de la constitución en medio de estos y otros incidentes, siendo
uno de los más importantes los esfuerzos que se hicieron por el partido opuesto a las ideas liberales,
para que se pusiese la regencia del reino en manos de la infanta D.ª Carlota Joaquina, que con su
112 Véase la relación extensa de todo esto en la historia de Toreno, lib. 18, tom. 6.º fol. 126.
113 Blanco publicó el dictamen de la junta suprema de censura en el Español del mes de Octubre, tom. 1.º fol. 425.
114 Véase la sentencia en el mismo número del Español, fol. 436. Por esto sin duda son escasos los ejemplares de este
manifiesto que no he visto, refiriéndome a lo que de él dicen Toreno y la junta de censura.
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marido el príncipe del Brasil se hallaba en Río Janeiro, desde donde había dirigido cartas a las
cortes y también a todas las autoridades de América; mas las cortes no creyeron deber hacer
atención a sus reclamaciones y todo terminó por el nombramiento de una nueva regencia de cinco
individuos en lugar de los tres que antes la componían; 115 pero dejando aparte estos sucesos, que
interesan poco para mi objeto, pasaré a hablar de la mediación ofrecida por Inglaterra, 116 para
terminar las desavenencias suscitadas entre España y las provincias ultramarinas.
En todos tiempos el gobierno inglés había tratado de ampliar la esfera de los consumos a su
comercio y manufacturas en las posesiones españolas de América, ya por medio del “asiento” para
introducción de esclavos negros, ya con el contrabando, ya finalmente protegiendo el espíritu de
insurrección e independencia, como una represalia de lo que el gabinete español había hecho
imprudentemente en favor de los Estados Unidos. Con este fin el general Picton, gobernador de la
isla de la Trinidad, dirigió en 1797, durante la guerra entre ambas potencias, una proclama a los
habitantes de Venezuela, en la que incluía una carta oficial del ministro Lord Dundas, ofreciéndoles
“todos los recursos y protección del rey de la Gran Bretaña, para resistir a la autoridad opresiva de
su gobierno, y constituirse independientes, sin ninguna pretensión a soberanía de parte de S. M.”
Con el mismo objeto se había hecho la expedición de Buenos Aires, se había enviado al general
Miranda a Caracas, y en el momento de comenzar el levantamiento de España contra Napoleón,
estaban reunidas en Corck en Irlanda para ir a fomentar la emancipación de Caracas, las mismas
tropas con Lord Wellington a su cabeza, que fueron destinadas a la guerra de España.117
Aliados con ésta los ingleses, hallaron en sus relaciones amistosas con aquel gobierno el
medio de proteger las mismas miras. La regencia, careciendo de medios para las multiplicadas
atenciones del gobierno, por haber cesado los auxilios pecuniarios que había dado, aunque nunca
muy largamente la Inglaterra, y también los donativos muy cuantiosos que se mandaron de América
al principio de la guerra contra la Francia, intentó negociar un empréstito de diez millones de libras
esterlinas, bajo la protección y garantía del gobierno inglés; mas pareciendo a éste excesiva esta
suma, se redujo a dos millones, sin tener por esto mejor resultado, pues el ministro Wellesley
contestó en Agosto de 1811, que siendo tan grandes los auxilios que la Inglaterra había prestado en
armas, municiones, dinero y vestuarios, para que aquella nación, extenuada ya por tantas
erogaciones, pudiese continuar haciéndolas, parecía justo que el gobierno español, en recíproca
correspondencia, concediese el comercio directo de los puertos de Inglaterra con los dominios
españoles de Indias, bajo un derecho de 11 por 100 sobre factura, cuya franquicia sólo duraría hasta
la terminación de la guerra con Francia. El ministro de estado Bardají contestó, “que no podría el
gobierno español admitir tal propuesta sin concitar contra sí el odio de toda la nación, a la que se
privaría, accediendo a los deseos del gobierno británico, del fruto delas posesiones ultramarinas,
dejándola gravada con el coste del empréstito que se hacía para su protección y defensa”. 118 Quedó
pues por entonces frustrado este intento, que como hemos visto, se promovió también en apoyo de
una de las proposiciones de los diputados americanos, no obstante lo cual se concedieron algunas
franquicias parciales para la introducción en América de efectos ingleses de algodón, aunque
siempre por vía de Cádiz, y permiso para sacar numerario de Nueva España a cambio de libranzas
sobre Londres.
Desde que comenzaron las inquietudes en América, el gobierno inglés manifestó su intención
de no tomar parte en ellas, y uno de sus ministros, Lord Liverpool declaró, 119 en circular que dirigió
115 Fueron nombrados para formar esta regencia el duque del Infantado D. Joaquín de Mosquera y Figueroa,
consejero de Indias, natural de Caracas, el teniente general de marina D. Juan María Villavicencio, D. Ignacio
Rodríguez de Rivas del consejo de Castilla, y el teniente general conde del Abisbal.
116 Todas las disensiones sobre la mediación inglesa habiendo sido secretas, nada acerca de ellas se encuentra en los
Diarios de cortes, por lo que todo lo que diré sobre esta materia es tomado del Español, de la historia del P. Mier y
de la del conde de Toreno.
117 Véanse los comprobantes de todo esto en Mier, tom. 1.º fol. 391.
118 Toreno, lib. 13 tomo 5.º fol. 92.
119 Toreno. lib. 13 tom. 5.º f. 56, y véase la circular pasada a este efecto por Lord Liverpool, a los jefes de las Antillas
inglesas, inserta en el Español de Marzo de 1810, tom. 3.º f. 422.
37

a los jefes de las Antillas inglesas, “que S. M. B. no se consideraba ligado por ningún compromiso a
sostener un país cualquiera de la monarquía española contra otro, por razón de diferencias de
opinión sobre el modo en que se debiese arreglar su respectivo sistema de gobierno, siempre que
conviniesen en reconocer al mismo soberano legítimo, y se opusiesen a la usurpación y tiranía de
los franceses”, y para que esto último tuviese efecto, “desde que la irrupción de las tropas francesas
en España hizo temer la incorporación de los pueblos del nuevo hemisferio bajo el yugo de la
Francia, los jefes de las posesiones inglesas en las Antillas hicieron a las autoridades de las costas
de Venezuela las más generosas ofertas, de contribuir con todos los medios posibles a substraer
aquellos países del peligro”.120 Siendo estas las disposiciones por parte del gobierno, el pueblo
inglés se hallaba mejor prevenido en favor de las provincias disidentes de América: en estas se
abrían los puertos al comercio inglés, en las circunstancias que más necesitaba estos ensanches por
estarle cerrados los de casi toda la Europa por el sistema continental de Napoleón, y estos mismos
puertos que las juntas gubernativas de aquellos países le franqueaban, eran de nuevo cerrados a
medida que las tropas del gobierno español reconquistaban aquellas provincias, decomisando los
buques que se presentaban en la costa y persiguiendo a los balleneros que se acercaban a las del
Perú.121
En tales circunstancias, aunque era evidente que el gobierno inglés deseaba sacar ventajas
para el comercio de aquella nación, deseaba también que las diferencias entre España y sus
provincias de ultramar se arreglasen de manera, que éstas continuasen auxiliando a aquella, para
sostener la lucha contra Napoleón, en que el mismo gobierno inglés se hallaba tan interesado, y por
esto contestando en 8 de Agosto de 1811 a las proposiciones que en 21 de Julio se le hicieron por
los comisionados de Venezuela,122 se recomendó “con ahínco” a la junta de esta última, “que
mantuviese las relaciones de comercio, amistad y comunicación de socorros con la madre patria,
ofreciendo la Inglaterra emplear sus buenos oficios, para conseguir un ajustamiento de tal modo,
que se asegurase a la metrópoli la ayuda de la provincia durante la lucha con la Francia, bajo las
condiciones que pareciesen justas y equitativas, conformes a los intereses de la provincia y
provechosas a la causa común”. El mismo deseo de obrar como mediador para cortar las diferencias
existentes, bajo principios de justicia y equidad, se manifestó en la circular arriba citada de Lord
Liverpool a los jefes de las Antillas inglesas. Estos en consecuencia observaron la más completa
neutralidad, y alguna vez trataron con rigor a los independientes del continente vecino.123
La regencia de España había comisionado entre tanto a D. Antonio Ignacio Cortavarría, del
consejo entonces reunido de España e Indias, para que pasando a la Costa firme con plenitud de
facultades, restableciese la obediencia de las provincias de Caracas en donde se había rehusado
reconocer a aquel gobierno. Cortavarría, desde Puerto Rico donde permaneció, dirigió órdenes al
ayuntamiento de Caracas y a otras corporaciones, para que fuesen reconocidas y obedecidas las
cortes que acababan de instalarse, con otras disposiciones tan inoportunas por sí mismas, como por
el estilo imperativo en que las hizo, a que la junta establecida en aquella capital, que se titulaba
conservadora de los derechos de Fernando VII, contestó en términos no menos irritantes, 124 con lo
que Cortavarría declaró el bloqueo de los puertos de Venezuela, y comenzaron las hostilidades. La
junta de Caracas no obstante había admitido la mediación, y el gobierno inglés la propuso a la
regencia de España, la cual dio cuenta a las cortes en 1.° de Junio de 1811. Éstas aceptaron la
mediación, pero fijando como bases indispensables, que las provincias disidentes de América se

120 Carta de la junta de Caracas al rey de Inglaterra, de 1.º de Junio de 1810, citada por Mier, tom. 2.º lib. 11 fol. 391,
nota.
121 Mier, tom. 2.º fol. 763.
122 Gaceta de Caracas de 26 de Octubre, copiada por el Español de Enero de 1811, tom. 2.º fol. 326.
123 El P. Mier, tom. 2.º fol. 764 dice, que el mayor general Hodgson, gobernador de Caracas, rehusó admitir en
aquella isla a los que huían de Monteverde y aun a ingleses que los acompañaban.
124 Véanse estas contestaciones, en el Español de Marzo de 1810, desde el fol. 437 tom. 2.º Nada es más ridículo que
la cédula de la regencia, comisionando a Cortavarría, inserta en la comunicación de éste, en que Fernando VII,
libre en la personificación de la regencia, habla de sí mismo, como prisionero en Francia.
38

habían de allanar a reconocer y jurar obediencia a las cortes, y mandar a ellas sus diputados y que
durante la negociación, que había de quedar concluida dentro de quince meses, se permitiría a la
Inglaterra comerciar con las mismas provincias, quedando a cargo de las cortes tratar sobre la
participación del comercio con todas las demás de América, a lo que la regencia agregó que si no se
lograba la sumisión de aquellas provincias, la Gran Bretaña suspendería toda comunicación con
ellas y auxiliaría a la metrópoli para someterlas a su deber, 125 con cuyas condiciones el gobierno
inglés creyó que era imposible adelantar nada y la negociación quedó sin efecto. Sobrevino después
la declaración de independencia de Caracas y provincias inmediatas que formaron la confederación
de Venezuela, y fueron siguiendo las demás de la América del Sur, con lo que pareció por entonces
perdida toda esperanza de avenimiento.
Mucho se ha censurado a las cortes por no haber aprovechado la ocasión que en esta vez se
presentó para transigir las cuestiones de América, mientras que los gobiernos establecidos en las
provincias disidentes reconocían a Fernando VII por su rey. Si en esto obraban aquellos gobiernos
de buena fe, se dice,126 no se debió dar lugar a que se desvaneciese tan buena disposición, y era
menester apresurarse a asegurar la unión de aquellas provincias, bajo un mismo monarca, aunque
fuese haciéndoles concesiones en cuanto al modo del gobierno: si esta buena fe no existía, los
gobiernos que se veían obligados a tomar este pretexto, no contaban con la voluntad nacional que
estaba por el obedecimiento al monarca, y habrían tenido que seguir lo que quería el mayor número;
pero los que así discurren no echan de ver que, como lo explicó claramente en Nueva España la
junta de Zitácuaro a Morelos en la carta que varias veces hemos citado, este pretexto no había de
servir más que para excitar a los pueblos, moviéndolos con el resorte de su misma fidelidad, pero
una vez logrado este intento, se había de caminar al objeto verdadero de todos estos manejos. En la
misma Venezuela, por todos los papeles oficiales de la junta de Caracas que Blanco publicó en el
Español, se advierte en qué sentido entendían la fidelidad a Fernando VII, reducida a establecer en
su nombre un gobierno independiente, y apenas se reunió el congreso, ya se procedió sin rebozo a
proclamar la independencia, en cuya acta publicada en el mismo Español, se ve que aquel congreso
consideraba rota toda unión con España desde el hecho de los sucesos de Bayona y renuncias de los
príncipes de Borbón, y que aun en estos acontecimientos no había visto más que una ocasión
oportuna para realizar estas miras. 127 No perdieron pues nada las cortes en poner tales condiciones a
la mediación inglesa, que viniese a ser impracticable, y antes bien con la cesación de las
hostilidades, que hubiera sido la consecuencia de su admisión hubieran dejado de ganar las ventajas
que las armas españolas obtuvieron por aquellos tiempos en la misma Venezuela, Nueva Granada, el
Perú y otras provincias; ventajas tan decisivas, que unidas a otras circunstancias favorables,
restablecieron enteramente la autoridad española en aquellos países.
Aunque la condición añadida por la regencia a lo acordado por las cortes era tal, que
estorbaba enteramente el resultado de la mediación; el gobierno inglés insistió en la negociación,
bien que dejando transcurrir un tiempo considerable, y en Abril de 1812 envió a Cádiz dos
comisionados que lo fueron los Sres. Sydenham y Cockburn 128 y el embajador inglés Wellesley
presentó diez bases sobre que había de establecerse la intentada mediación. 129 De ellas resultaba que
la idea de la Inglaterra no era el restablecimiento de la unión de las provincias de ultramar bajo un
mismo gobierno en la península, sino la creación de una confederación, en la cual se concederían
algunas ventajas al comercio de España, dejándolo libre para las demás naciones, y se ministrarían a
ésta auxilios para la guerra con Francia, dándose a la América igual representación en las cortes, y

125 Véase el decreto de 19 de Junio de 1811, en el Español de Agosto de aquel año, fol. 521 tom. 3.º y en Tor. con más
especificación, t. 6.°, 342.
126 Este es el argumento a que da mucha importancia Blanco en varios artículos del Español.
127 Véase esta declaratoria en el Español de Octubre de 1811, t. 1.º fol. 26.
128 El mismo, que siendo almirante, condujo en 1815 a Napoleón a la isla de Santa Elena.
129 Véanse en el apéndice núm. 3, tomados del Español de Septiembre de 1812, tom. 5.º fol. 392, el que las tomó del
Correo brasiliense núm. 41, periódico publicado en Londres, y de uno y otro las sacó el P. Mier, tom. 2.º fol. 703,
en la nota.
39

llevando a efecto todas las concesiones hechas en su favor. Pretendíase además que la mediación se
hiciese extensiva a Nueva España, habiéndose entendido hasta entonces que sólo comprendía
aquellas provincias de la América meridional, en las que se habían formado gobiernos regularmente
organizados. Las contestaciones que mediaron entre el embajador inglés y la regencia, bastaban
para persuadir que tales bases no serían admitidas, pero sin embargo, antes de dar por concluida la
negociación, se quiso esperar la resolución de las cortes a las que se había dado cuenta con el
negocio.130 Éste se examino por una comisión de siete diputados, cuatro europeos y los tres
americanos Alcocer, Mejía y Jáuregui, la que se dividió en su dictamen, siendo los tres individuos
americanos de opinión de admitir la mediación; tres de los europeos fueron de la contraria, y el
cuarto Cea no quiso votar. En la lectura de las notas diplomáticas que formaban el expediente se
pasaron dos días (11 y 12 de Julio) y cuatro en la discusión que fue muy empeñada y en que
hablaron en favor de la mediación los diputados Mejía, Ramos Arizpe y otros de los americanos, y
en contra de ella, y especialmente de su extensión a la Nueva España, Argüelles, Toreno y los más
distinguidos oradores de los europeos: Pérez de Puebla sostuvo que en Nueva España no había
gobierno con quien tratar; puso en ridículo a la junta de Zitácuaro, algunas de cuyas providencias
citó y sostuvo que todo medio de pacificación sería infructuoso, después de haberlo sido los
intentados por el obispo de Puebla en la correspondencia que para ello siguió con Rayón y Morelos,
de que más adelante hablaremos, y terminó proponiendo que se pusiese en la regencia una persona
real, y que esta mandase cuantas tropas pudiese contra los insurgentes. En la votación resultó no
admitida la mediación por ciento un votos contra cuarenta y seis: los primeros eran casi todos los
diputados europeos, y además Pérez y Maniau de los americanos, y los segundos todos los
americanos y seis europeos. Terminada de esta manera la negociación, se volvió todavía a tratar de
ella en Septiembre de aquel año, sin más resultado que pasar el expediente al consejo de estado,
quien lo devolvió con consulta en Mayo de 1813, para que quedase archivado.
Promovióse también nuevamente el que se nombrase regenta del reino a la infanta D.ª Carlota
Joaquina, en lo que tomaban empeño los diputados americanos, y hemos visto ya proponerlo al de
Puebla Pérez. En las instrucciones dadas por su provincia al de Monterrey, se prevenía así
considerando esta medida como la más eficaz para hacer frente a las intrigas de Napoleón; pero se
proponía que aquella primera residiese en Méjico, y gobernase desde allí la monarquía. 131 En
Septiembre de este año, los americanos consiguieron que fuese nombrado presidente de las cortes
D. Andrés Jáuregui, diputado por la Habana, adicto a aquella idea, 132 y con su apoyo propuso Feliú
en sesión secreta el llamamiento de la infanta, la que debería pasar por Méjico para sosegar los
disturbios suscitados en aquel reino. Fue desairada y mal recibida la proposición por los europeos, y
el presidente Jáuregui que intentó sostenerla, dándose por ofendido, no quiso volver a ocupar el
sillón de presidente, aunque todo esto ocurrió el día mismo de su elección (24 de Septiembre) en el
que, como preliminar de la proposición que iba a hacer Feliú, se leyó una carta de la infanta a la
regencia, felicitándola por la publicación de la constitución, y encareciendo las ventajas que habían
de resultar a la nación de su puntual cumplimiento.
Habíanse embarcado en Galicia y Cádiz a fines del año de 1811 las primeras tropas que la
regencia dispuso mandar a Nueva España, y las cortes acordaron que a su llegada a aquel reino, 133 el
virrey hiciese publicar un indulto general en favor de todas las personas que hallándose con las
armas en la mano, las depusiesen dentro del término que el mismo virrey prefijase y reconociesen
debidamente a las cortes, regencia y demás autoridades legítimas. Este decreto es el que
comunicado por el virrey Venegas a Calleja al acabar el sitio de Cuantla, como vimos en su lugar, le
hizo dudar tanto sobre el modo en que debía darle cumplimiento.

130 Véase el extracto de estas sesiones secretas, en el Español de Agosto de 1812, tom. 5.º fol. 324.
131 Hállanse estas instrucciones impresas en el Cosmopolita, o el Político imparcial, que redactaban Mejía y Feliú.
números 2 y 3.
132 Véase sobre este incidente a Toreno, en el tomo 6.º folios 353 a 356.
133 La fecha de este decreto es 8 de Noviembre de 1811, tom. 2.º de decretos de las cortes generales y extraordinarias,
fol. 26. Madrid, 1820. Imprenta real.
40

Las cortes se manifestaban dispuestas a acoger y admitir todas aquellas proposiciones de los
diputados americanos, que tenían por objeto el bien y adelantos de las provincias de ultramar,
cuando no tocaban a las cuestiones políticas que se agitaban en aquellos países: así fue que
atendieron a todo cuanto propuso Ramos Arizpe acerca de las provincias internas de Oriente, en la
memoria estadística que este diputado presentó: decretaron, a proposición del mismo, la habilitación
del puerto de Guaimas en Sonora: extinguieron la “mita” o contribución de hombres para trabajo de
las minas que aun subsistía en el Perú, y dictaron otras providencias de esta naturaleza. Pero cuando
ocurría algún asunto en que las cuestiones políticas se mezclasen, las discusiones eran acaloradas y
a veces aun ofensivas. Tal fue la que se suscitó con motivo de haber mandado a Cádiz Monteverde
ocho presos, de los principales comprometidos en la revolución de Caracas. 134 La regencia dio aviso
a las cortes en 19 de Noviembre de 1812, de haber sido recobrada aquella ciudad mediante una
capitulación entre D. Domingo Monteverde que mandaba las tropas realistas de Venezuela, y el
generalísimo de los independientes Miranda, según la cual no debía ser nadie perseguido ni
molestado por su conducta anterior. Monteverde había hecho agregar un artículo por el cual se le
reconocía por gobernador de la provincia, con lo que quedaba removido de aquel mando D.
Fernando Mijares, nativo del país que lo obtenía, y esta disposición había sido aprobada por la
regencia. Pretendía Monteverde en los varios oficies que a la regencia dirigió, que la capitulación
no había sido observada por Miranda, no obstante lo cual le había dado por su parte cumplimiento;
pues aunque había procedido a la prisión de aquellos y otros individuos, había sido por indicios de
nueva conspiración, y para probarla mandó una información de cuatro testigos.
Los presos, que a su llegada a Cádiz habían sido puestos en un calabozo de la cárcel pública
de aquella ciudad por orden de la regencia, se quejaban de infracción de la capitulación en la
aprehensión de sus personas, en la que, y en el largo tiempo de su prisión, se había faltado a todo lo
que prevenía la nueva constitución que acababa de publicarse. La regencia, que había consultado al
consejo de Estado, por parecer de éste había resuelto mandar los presos a Ceuta para que estuviesen
seguros, aunque recomendando su buen trato, hasta que Monteverde remitiese la información
sumaria necesaria para proceder a formarles causa, cuya providencia no se ejecutó por haber
promovido Ramos Arizpe que el negocio se tomase en consideración por las cortes. Éstas
cometieron su examen a una comisión de tres europeos y dos americanos, y como en tales casos
sucedía, la opinión de los unos fue contraria a la de los otros: aquellos aprobaban lo resuelto por la
regencia; estos, que fueron Salazar diputado de Lima y Foncerrada por Michoacán, creían que no
había habido motivo suficientemente comprobado para la prisión, y menos para la arbitraria
retención de los presos. Los debates fueron empeñados y duraron tres días: los diputados europeos
que sostenían el dictamen de la comisión, se esfozaron en probar que no había habido infracción de
la capitulación, y que no podía exigirse el cumplimiento de la constitución, cuando en Caracas no
había sido publicada ni jurada; los americanos por la confrontación de las fechas, por los informes
del mismo Monteverde y por la representación de los presos demostraban, que no podía
considerarse la medida más que como efecto de los temores que inspiraban los presos por su
anterior conducta, pues la prisión se había verificado inmediatamente después que Monteverde
había ocupado a Caracas y la Guaira, y muchos días antes que se tomasen las declaraciones en que
se pretendía apoyar el procedimiento. En este sentido hablaron con mucha extensión el diputado de
Maracaibo Rus,135 aunque su discurso se versó muy especialmente sobre la injusta deposición de
Miyares; Ramos Arizpe, como siempre vehemente e impetuoso, y Mejía con el tino y moderación
que acostumbraba: pero en la última sesión el 10 de Abril, el acaloramiento llegó a lo sumo,
habiendo dicho el diputado aragonés Aznares, 136 uno de los individuos de la comisión, que

134 Véase esta larga discusión en el tom. 18 de Diario de cortes, desde la sesión de 3 de Abril de 1813 en adelante, fol.
170.
135 D. José Domingo Russ, que después fue nombrado oidor de Guadalajara en Nueva España, de quien Iturbide hizo
mucho aprecio, y que murió siendo ministro del tribunal supremo del estado de Méjico.
136 Su hermano D. José Aznares vino a Méjico en calidad de médico del virrey Flores, y continuó siéndolo del
hospital de Jesús, hasta la expulsión de españoles en 1828, que murió en la Habana a donde se retiró.
41

Monteverde no había cometido otra falta que la de no haber fusilado a los infractores de la
capitulación y a todos sus cómplices; que era menester hacer cesar la equivocación de conceptos;
que el espíritu de la América estaba por la independencia, y que los medios de prudencia y blandura
que hasta entonces se habían empleado, habían sido no sólo inútiles, sino perjudicialísimos para la
pacificación. A tales expresiones los diputados americanos no pudieron contener su indignación:
Gordoa, uno de los mas moderados, pidió que Aznares repitiese las expresiones ofensivas que había
dicho, para contestar a ellas; Mejía que se escribiesen conforme al reglamento, y Terán exigió una
satisfacción, pero el testarudo aragonés contestó que “no daría una satisfacción que no creía debida,
y que habiendo hablado de los insurgentes, de los que estaban sosteniendo la independencia con las
armas, en este concepto ratificaba cuanto había dicho”. Habiéndose procedido a la votación, resultó
aprobado con gran número de votos el dictamen de la mayoría de la comisión, y los presos fueron
confinados a Ceuta, como la regencia había resuelto.
No obstante estas vivas y a veces punzantes discusiones, siempre los diputados americanos
fueron tratados con consideración. Resultaron sin duda muchos inconvenientes y aun no poco
ridículo, de la pretensión de las cortes de personificar en ellas la dignidad del monarca, aun en cosas
que no pueden ser más que personalísimas, como es recibir felicitaciones por cumpleaños, días y
otras de esta especie; pero acaso fue efecto de esta misma pretensión, el decoro que en todo
manifestaron y de que dieron pruebas en su conducta respecto a los diputados americanos. Desde
que llegaron los propietarios en número suficiente, se estableció nombrar alternativamente cada mes
el presidente y vicepresidente americano, y esto se observó desde el diputado de Puebla Pérez, que
fue el primero que obtuvo aquel honor, hasta el de Zacatecas Gordoa, en cuya presidencia las cortes
extraordinarias cerraron sus sesiones, y habiendo muerto repentinamente Morales Duárez, siendo
presidente, las cortes nombraron una comisión de tres individuos para disponer su entierro:
suspendieron el nombramiento de nuevo presidente, por consideración al difunto, hasta que el
cadáver fuese sepultado, y resolvieron que no hubiese sesión el día del funeral, aunque las había
hasta los domingos y días festivos, para que todos los diputados asistiesen a él. 137 Sin embargo, a
pesar de haberse declarado aquel cuerpo soberano, no pretendió que se hiciesen a sus presidentes al
sepultarlos, los mismos honores que al jefe del poder ejecutivo, en quien se personifica la autoridad
del gobierno en sus relaciones exteriores e interiores, género de extravagancia que quedó reservado
para el congreso mejicano, que quiso atribuir estos honores al presidente de la corte de justicia y a
los de las dos cámaras entre las cuales se divide el ejercicio del poder legislativo.138
Siendo tan poco conocidos los trabajos y esfuerzos de los diputados americanos en las cortes
de Cádiz, he juzgado necesario hablar de ellos con alguna extensión, con tanto más motivo, cuanto
que la celebridad que por ellos adquirieron algunos de los diputados de Nueva España, ha sido el
principio y causa de la importancia e influjo que tuvieron cuando regresaron a su patria. Débese a la
justicia el confesar que los diputados de aquellas cortes, tanto europeos como americanos, fueron
hombres animados de los más puros y nobles deseos de la prosperidad y engrandecimiento de la
nación. Extraviados por teorías brillantes, descaminados por la falta de experiencia y manejo de los
negocios, entrando en circunstancias muy difíciles en una carrera enteramente desconocida en
España, pasando del gobierno más absoluto a los ensanches de una libertad sin límites, cometieron
errores, gravísimos sin duda, pero nunca por principios depravados, nunca por codicia o ruines
intereses, y en medio de estos errores, todavía trabajaron con gloria y con buen éxito por repeler la
invasión extranjera, y luchando con constancia, a pesar de la desigualdad de las fuerzas, con el gran
poder de Napoleón, tuvieron la satisfacción de ver coronados sus esfuerzos con un triunfo honroso y
completo, asegurando por lo menos la independencia, ya que no la felicidad y libertad de la nación
española.
137 Murió D. Vicente Morales Duárez el día 2 de Abril de 1812. La comisión para disponer el entierro la compusieron
D. Joaquín L. Villanueva, el marqués de Villafranca, grande de España, y Morales de los Ríos. Sus honras se
hicieron el 8 del mismo Abril en el Carmen, que es a lo que asistieron los diputados. Diario de cortes tom. 12.
138 Véase el decreto del congreso de 1845 para los entierros de los presidentes de ambas cámaras y del presidente de
la suprema corte de justicia.
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CAPÍTULO III.
Constitución política de la monarquía española, formada por las cortes y proclamada en Cádiz en 19 de Marzo
de 1812.—Contenido de los diez títulos en que está distribuida.—Observaciones generales sobre ella.—Su examen por
lo respectivo a la América.—Exclusión de las castas del derecho de ciudadanía.—Número de diputados de ultramar y
dificultades que de esto resultaban.—Atribuciones excesivas delas cortes.—Perjuicio causado a los indios.—Gobierno
de las provincias.—Modificaciones que después se hicieron.—Diputaciones provinciales.—Solemnidad de la
publicación.—Decreto contra el obispo de Orense.

Bajo dos puntos de vista generales puede ser considerada la constitución que las cortes de
Cádiz dieron a la monarquía española en el año de 1812: el uno, la forma general de gobierno de la
nación; el otro, la particular que se estableció para aquellas grandes posesiones de América y Asia,
que conocidas con el nombre de “las Indias”, habían tenido hasta entonces una legislación especial
y habían sido regidas bajo principios enteramente diversos de los adoptados para el resto de la
monarquía, según hemos visto en el libro 1.° de esta historia. En cuanto al primer punto, habiendo
sido extensamente examinado por muchos escritores y no entrando en el plan de esta obra, no haré
más que dar una idea sucinta de él. El segundo es el que va a ser la principal materia de este
capítulo.
En diez títulos, divididos en capítulos y artículos, estaba distribuido aquel código. En el título
1.° se definía quiénes formaban la nación, se declaraba que la soberanía residía esencialmente en
ella, y se establecían cuáles eran las condiciones necesarias para ser español. En el 2.° se demarcaba
el territorio español, comprendiendo en él todas las posesiones de América y Asia; se declaraba ser
la religión católica, apostólica, romana, la religión de la nación española, y se prohibía el ejercicio
de cualquiera otra; se establecía la forma de gobierno monárquico, moderado, hereditario y la
distribución de poderes legislativo, ejecutivo y judicial, y se determinaban las condiciones
necesarias para ser ciudadano español, y las causas por las cuales se perdían o suspendían los
derechos de tal. Todos los españoles que por ambas líneas trajesen su origen de los dominios
españoles de ambos hemisferios, y estuviesen avecindados en ellos eran ciudadanos. Éranlo también
los extranjeros naturalizados, en virtud de carta de ciudadanía expedida por las cortes, por los
servicios y bajo las condiciones que se señalaban, y en cuanto “a los españoles que por cualquiera
línea fuesen habidos y reputados por originarios de África, para ser ciudadanos les quedaba abierta
la puerta de la virtud y del merecimiento, debiendo las cortes conceder carta de ciudadano a los que
hiciesen servicios calificados a la patria, o que se distinguiesen por su talento, aplicación y
conducta, debiendo además ser hijos de legítimo matrimonio, de padres ingenuos y estar casados
con mujer ingenua, avecindados en los dominios de las Españas, ejerciendo alguna profesión,
oficio, o industria útil con un capital propio”. (Tít. 2.° cap. 4.° art. 22.)
El modo de formar las cortes, la elección de diputados, la celebración de aquellas y sus
facultades, así como las de la diputación permanente que quedaba en ejercicio de una a otra reunión,
eran la materia del tít. 3.°, uno de los más extensos de la constitución. Eran las cortes de una sola
cámara, formada por los diputados de todos los dominios españoles en Europa, América y Asia; la
base para la representación nacional era la misma en ambos hemisferios, (cap. 1.° art. 28,)
nombrándose un diputado por cada setenta mil almas de la población, compuesta de los naturales
que por ambas líneas fuesen originarios de los dominios españoles y de los que hubiesen obtenido
carta de ciudadano. (Art. 29 y 31.) Las provincias que no tuviesen el número de habitantes
suficiente para nombrar diputado, elegían sin embargo uno, y también se nombraba otro cuando
había un exceso sobre la población requerida, de treinta y cinco mil habitantes. La elección se
verificaba por tres órdenes sucesivos de votación. (Los capítulos 2.°, 3.° 4.° y 5.° de dicho título.)
Los ciudadanos con derecho de votar, reunidos en juntas parroquiales, elegían compromisarios
desde once a treinta y uno, según el número de electores que correspondía a la población de la
parroquia, y estos compromisarios nombraban los electores parroquiales, en razón de uno por cada
doscientos vecinos. Los electores de todas las parroquias del partido, reunidos en la cabecera de
43

éste, nombraban a los que con los de los demás partidos, habían de elegir en la capital de la
provincia a los diputados que esta debía tener en las cortes y a los suplentes para reemplazar a los
primeros, por muerte o imposibilidad calificada por las mismas cortes. Para tener derecho de votar,
no se necesitaba otra calidad que la de ser ciudadano avecindado y residente en el territorio de la
parroquia respectiva, y desde el año de 1830 en adelante, saber leer y escribir los que de nuevo
entrasen en el ejercicio de los derechos de ciudadano. (Tít. 2.° cap. 4.°art. 24 pár. 6.°) Para ser
diputado, sólo se requería estar en ejercicio de estos mismos derechos, ser mayor de veinticinco
años y haber nacido en la provincia o estar avecindado en ella, con residencia a lo menos de siete
años; (cap. 5.°art. 91) pues aunque también era menester tener una renta anual proporcionada,
procedente de bienes raíces, (art. 92.) esta condición se suspendió, hasta que las cortes venideras
declarasen haber llegado el tiempo de que pudiese tener efecto, y estableciesen la cuota de la renta y
calidad de bienes de que hubiese de provenir. (Art. 93.) Los diputados se renovaban en totalidad
cada dos años y no podían ser reelegidos, sino mediando una diputación. No podían ser diputados
los ministros, consejeros de estado y empleados en la casa real; tampoco podían serlo los
extranjeros, aun cuando hubiesen obtenido carta de ciudadanos, ni los empleados, por las provincias
en que ejercían su cargo. Si la guerra impidiese la llegada de los diputados de alguna provincia,
oportunamente para la apertura de las sesiones inmediatas, debían continuar en calidad de suplentes
los diputados de la misma que hubiesen concurrido a las anteriores.
Las sesiones de las cortes debían ser anuales y durar tres meses prorrogables por uno más; sus
facultades eran muy extensas: todos los diputados tenían derecho de proponer proyectos de ley, así
como también lo tenían los ministros, pudiendo estos en tal caso asistir a las discusiones y tomar
parte en ellas, pero no estar presentes a la votación. Una diputación de siete diputados debía quedar
permanente de unas a otras sesiones, para velar sobre la observancia de la constitución y de las
leyes, (cap. 10.°) y dar cuenta a las próximas cortes de las infracciones que notase; tenía además que
presidir a la organización de las cortes siguientes, y debía convocar por sí misma a sesiones o cortes
extraordinarias, por fallecimiento del rey, por imposibilitarse este para el gobierno, o cuando el
mismo rey lo juzgase conveniente.
El título 4.° estaba destinado a definir las facultades del rey y a fijar el orden de sucesión a la
corona: se establecía también en él como debía gobernarse el reino en la minoridad o impedimento
del rey, y como debía ser dotada la familia real; se señaló asimismo el número y funciones de los
secretarios del despacho, y se les declaró responsables por las órdenes del rey que autorizasen con
sus firmas. El último capítulo de este título comprendía la formación y atribuciones del consejo de
Estado, compuesto de cuarenta individuos, de los cuales doce a lo menos debían ser nacidos en las
provincias de ultramar. La elección de los consejeros debía hacerse por listas propuestas por las
cortes con triple número de individuos, entre los cuales había de escoger el rey, según las clases de
que aquel cuerpo debía componerse, y sus funciones no se limitaban a asistir al rey con su dictamen
en todos los asuntos graves en que debía consultarlo, sino que le pertenecía también hacer la
propuesta por ternas, para la presentación de todos los beneficios eclesiásticos y para la provisión de
las plazas de judicatura.
La administración de justicia y los jueces y tribunales encargados de ella, eran el asunto del
tít. 5.º, y como en las cortes había muchos magistrados de las audiencias y mucho número de
abogados, se comprendieron en él multitud de disposiciones más propias de los reglamentos de los
tribunales que de una constitución, la que sólo debe tener por objeto la organización del gobierno y
las relaciones entre éste y los cuerpos destinados a cooperar a hacer las leyes, que es lo que debe ser
firme y estable, dejando todo lo demás para las leyes mismas que han de ser obra y resultado de
aquella organización.
En lugar de los antiguos ayuntamientos que quedaron suprimidos y que se componían de
regidores perpetuos, cuyos oficios eran vendibles y renunciables, con alcaldes y cierto número de
regidores nombrados por los mismos ayuntamientos, se establecieron por el tít. 6.° que trata “del
gobierno interior de las provincias y pueblos”, ayuntamientos de elección popular, eligiendo los
44

vecinos de cada lugar anualmente electores que nombraban los individuos de la municipalidad, los
cuales se renovaban cada año por mitad. Los ayuntamientos debían tener a su cargo toda la policía
interior de los pueblos, cuidar de las rentas municipales, de la instrucción pública, establecimientos
de beneficencia y obras de comodidad y ornato, y habían de establecerse en todos los pueblos que
no los tenían y en que por su población podían formarse. Para el desempeño de sus funciones,
estaban bajo la inspección de otras corporaciones de mayor jerarquía, llamadas “diputaciones
provinciales”, que se habían de crear en cada provincia, presididas por el jefe superior, nombrado
por el rey, en quien residía el gobierno político, y compuestas del intendente y de siete individuos,
nombrados por los mismos electores que habían de elegir a los diputados. Estas diputaciones, sobre
las que descansaba todo el gobierno económico de las provincias, no debían tener más que noventa
sesiones a lo más al año, distribuyéndolas en el orden que mejor les pareciese y nada concluían
definitivamente, pues las ordenanzas municipales de los pueblos, los arbitrios propuestos por los
ayuntamientos para las obras públicas, las cuentas de la inversión de estos mismos arbitrios, habían
de pasarse a las cortes por las diputaciones con su informe para su aprobación, sin más diferencia
con respecto a las provincias de ultramar por razón de la distancia, que poder poner en ejecución los
arbitrios, con aprobación del jefe político, dando inmediatamente cuenta al gobierno para la
aprobación de las cortes.
Éstas en el tít. 7.°, se reservaron la facultad de establecer o confirmar anualmente las
contribuciones, fuesen directas o indirectas, generales, provinciales o municipales, subsistiendo las
antiguas hasta que se publicase su derogación o substitución de otras. Las contribuciones debían
repartirse entre todos los españoles con proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio
alguno, asignando las cortes a las provincias su respectivo cupo de las directas, y haciendo lo
mismo las juntas provinciales respecto a las municipalidades, y los ayuntamientos respecto a los
vecinos. La tesorería general, establecida para toda la nación, era la que debía disponer y aplicar os
productos de todas las rentas, estando para ello en correspondencia con las tesorerías que debía
haber en las provincias. Ningún pago se debía hacer por aquella oficina que no fuese por orden del
rey, autorizada por el ministro de hacienda, expresando en ella el gasto a que se destinase y el
decreto de las cortes en que se apoyase. Una contaduría mayor que se había de organizar por una ley
especial, estaba encargada del examen de todas las cuentas, quedando la de la tesorería general
sujeta a la aprobación de las cortes.
En los títulos 8.° y 9.°, se trataba de la fuerza militar y de la instrucción pública. Aquella se
distinguió en tropas permanentes o de continuo servicio, y en las milicias nacionales que se
mandaron levantar. Para la instrucción pública, se dispuso formar una dirección general de estudios,
a cuyo cargo debía estar la inspección de la enseñanza, sujeta esta a un plan uniforme en todo el
reino, reservándose las cortes arreglar por planes y estatutos especiales todo cuanto perteneciese a
este ramo. La libertad de imprenta, ya establecida por una ley, quedó confirmada por un artículo del
último de estos dos títulos.
El título 10.° contenía lo conducente a la observancia y modo de proceder para hacer
variaciones en la constitución. Las cortes, en las primeras sesiones de cada año, debían tomar en
consideración las infracciones de constitución, de que como se ha visto, debía estar en acecho la
diputación permanente, y sobre lo cual todo español tenía derecho de representar, tomándose por las
mismas cortes las medidas necesarias para el conveniente remedio y para hacer efectiva la
responsabilidad de los contraventores. Ninguna alteración, adición ni reforma podía proponerse a
ninguno de los artículos de la constitución, hasta ocho años después de hallarse puesta en práctica
en su totalidad, lo que equivalía a un término muy largo e indefinido, y todavía las formalidades
requeridas para que tuviese efecto cualquiera variación o reforma eran tan largas y complicadas, que
para cumplirlas eran necesarios cuatro a seis años, pues que la discusión de la reforma intentada
debía repetirse en las cortes renovadas por dos veces, y sujetarla definitivamente a la aprobación de
las terceras cortes, cuyos diputados hubiesen sido autorizados con poderes especiales por los
electores.
45

Por el análisis que acabamos de hacer de esta constitución y por el examen más detenido de
sus artículos, se echa de ver que por ella el rey, en cuyas manos quedaba el poder material, teniendo
a su disposición la fuerza armada y la facultad de conferir las gracias y los empleos, quedaba con
muy poco poder legal, el cual pasaba casi en totalidad a las cortes, mientras que el de estas venía a
ser inmenso, tanto por la multitud de atribuciones que la constitución les confería, como por la
circunstancia de que teniendo la facultad de interpretar las leyes, todo venía a ser materia de
interpretación en el estado incierto en que todo quedaba por efecto de las novedades introducidas,
no pudiendo el ejecutivo casi dar un paso sin tener que ocurrir a las cortes. 139 Cuando la constitución
se formó, el rey no tenía quien lo representase y defendiese sus derechos: la regencia no era más
que una dependencia de las cortes, amovible por ellas a su arbitrio y el suceso del obispo de Orense
y el de Lardizábal, no debían estimular a sus sucesores para empeñarse en sostener la autoridad real;
ésta cayó pues sin resistencia, y las cortes, sin oposición de ninguna especie, pudieron aplicarse a sí
mismas la parte de poder que les convino. Así fue como su influencia se percibía en todos los ramos
de la administración pública: los ministros eran responsables ante las cortes; el consejo de Estado,
que el rey debía consultar para todo y que era el canal del nombramiento de todos los altos empleos
de la iglesia y de la magistratura, procedía en su origen de las cortes; las juntas provinciales eran
nombradas al mismo tiempo y por los mismos electores de provincia que los diputados, y estos
electores, nombrados a su vez por los de partido, que lo eran por los de parroquia, distaban
demasiado y por muchos grados de elección del pueblo que nombraba a estos últimos, para que la
opinión pública y los verdaderos intereses de los representados, pudiesen ser en todos los casos lo
que impulsaba y presidía a la elección. Eran pues muy de temer frecuentes y reiterados choques
entre un congreso con tan gran poder, y un gobierno que acostumbrado a ejercerlo en su totalidad,
se consideraba despojado de toda aquella suma de autoridad que el congreso se había apropiado, y
que había necesariamente de esforzarse a recobrarla, aun cuando no fuese por voluntad sino solo
por el hábito del mando, y estos choques habían de conducir por fuerza a actos de violencia, cuando
entre el despotismo real y la turbulencia democrática no quedaba intermedio alguno, ni se daba a la
autoridad real ningún medio legítimo de suspender o alejar los peligros que la amenazasen, pues la
constitución no facultaba al rey a disolver el congreso ni aun a suspender sus sesiones, y no podía
tampoco rehusar su sanción a las leyes sino por tiempo limitado.
Hubiera evitado muchos de estos inconvenientes la creación de otra cámara, que resistiese por
una parte los ensanches del poder real que pretendiese hacerse absoluto, y que por la otra, sirviese
de antemural contra los embates del espíritu democrático; pero las cortes, apartándose del ejemplar
que la historia de los reinos todos de España presentaba, en los tiempos en que mayor libertad
habían gozado Aragón y Castilla, despojaron a la nobleza y al clero de la parte que tenían en los
cuerpos legislativos y que había querido darles la junta central, llamando a los estamentos en su
convocatoria a cortes, con lo que estas reducidas a una sola cámara, quedaban expuestas a todos los
efectos de la precipitación en las resoluciones y de la influencia del espíritu de partido, que se hace
sentir particularmente en los cuerpos electivos frecuentemente renovados, y mucho mas cuando no
se requieren en los elegidos condiciones ningunas que sean una prenda de seguridad para la
sociedad, ni en los electores otra que la de saber leer y escribir para un tiempo futuro, el cual
llegado, las mesas electorales vendrían a ser un examen de escuela de primeras letras, para poderse
asegurar de que los que fuesen a votar tenían las calidades requeridas para la constitución.
Dudoso es sin embargo, si otra cámara compuesta de la nobleza y clero sea bastante para tener
en equilibrio el poder del monarca y el influjo del elemento popular en la constitución de una
monarquía moderada, y los sucesos recientes de la mayor parte de Europa podrían citarse como una
prueba de que una segunda cámara así constituida, si bien por algún tiempo puede servir para
amortiguar el choque de aquellos elementos encontrados, no basta para preservar al trono de la

139 Casi todo lo que voy a decir sobre la constitución en general, y sobre lo relativo a ultramar, es tomado del Dr.
Mier, excelente en esta parte, en su lib. XIV, que es el que trabajó con más cuidado, y de Blanco en el Español en
varios artículos, de quien el mismo Mier tomó mucho.
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ruina en un momento de crisis. En esto, como en otras cosas, el ejemplo de la constitución inglesa
ha hecho caer en graves errores, al hacer las constituciones nuevas de varias naciones,
constituciones por otra parte copiadas o imitadas de la francesa de 1789. El principio de donde
dimanan las instituciones inglesas es esencialmente diferente, y las consecuencias lo son de
necesidad. En Inglaterra el rey es todo; de él emana todo y puede todo, menos aquello en que
necesita la cooperación del parlamento; nunca hay duda sobre la extensión de su poder, pues éste se
extiende a todo aquello para lo que no hay restricción que le haya sido impuesta expresamente. En
las constituciones modernas, el principio es absolutamente inverso: en ellas la nación es todo, o más
bien los congresos que se dicen sus representantes, y la autoridad real es una concesión, una
asignación de poder hecha por el congreso, lo mismo que se hace a los alcaldes; todo lo que no le ha
sido expresamente concedido al rey, le es prohibido, y de aquí vienen las continuas dudas sobre la
extensión de este poder, y las interpretaciones que se requieren para hacer legítimo su ejercicio, en
mil y mil casos que cada día se presentan. Igualmente, el apoyo que se ha creído puede dar a la
autoridad real una cámara compuesta de la aristocracia feudal y del clero, procede de un
anacronismo. Fue en Inglaterra, como en España, esta cámara un apoyo, cuando la nobleza y el
clero tenían un poder efectivo, consistente en los feudos o señoríos territoriales, que daban a los
señores, tanto seculares como eclesiásticos, la facultad de levantar ejércitos y presentarse con ellos
en campaña, para sostener a mano armada sus derechos y pretensiones. Esta gran fuerza unida al
trono era incontrastable; separada de él o dividida entre sí, producía las guerras civiles tan
frecuentes en aquellos tiempos, y el trono vacilaba o caía privado de aquel sostén. Los monarcas,
aumentando el influjo de las municipalidades, arruinaron el poder feudal de la nobleza y del clero,
no pensando mas que en los riesgos en que a menudo los ponía y en las dificultades que les
suscitaba, sin reflexionar que podría serles útil bien organizado, contra esas mismas
municipalidades que entonces les servían como auxiliares a sus miras del momento. Mas tarde los
filósofos, ayudados por los reyes, destruyeron el poder moral del clero, y los filósofos cuando no
necesitaron de los reyes, excitaron contra ellos el espíritu democrático que todo lo arrolló, no
pudiendo encontrar oposición en unos tronos sin el sostén de la nobleza que los reyes habían
despojado del poder, ni del clero que los reyes mismos habían ayudado a reducir a la nulidad. En
Inglaterra, donde el establecimiento de la cámara de los pares viene desde el tiempo en que la
nobleza y el clero gozaban de todo su poder, y en donde el influjo de ambos cuerpos existe, esta
cámara es y será por algún tiempo todavía un apoyo del trono: en España y en Francia, esta misma
cámara ya hereditaria, ya vitalicia, compuesta de elementos olvidados y gastados, no es un resorte
que puede obrar por sí en la máquina política, sino solamente una rueda más que se le añade, para
hacer algo más lento su movimiento.140
Los inconvenientes que debían nacer del nuevo orden de cosas establecido por la constitución
eran tales, que sus efectos habían de comenzarse a sentir muy luego; pero era imposible el
remediarlos, porque la constitución no podía ser variada ni reformada en ninguno de sus artículos,
hasta ocho años después de planteada en su totalidad, y esto con formalidades y demoras que hacían
muy tardío y difícil el remedio. Cuatro de los diputados americanos que concurrieron a formarla
como individuos de la comisión encargada de redactar el proyecto de ella, Morales Duares, Leiva,
Mendiola y Jáuregui, en el voto particular que sobre esto presentaron, 141 fueron de opinión que la
constitución se plantease y llevase a efecto desde el día en que las cortes la sancionasen, como uno
de sus decretos, para el buen régimen de la monarquía; pero que no por eso se entendiese
irrevocablemente obligatoria, sino que se encargase a las provincias que enteradas de ella,
autorizasen a sus diputados para las cortes inmediatas, a fin de que, examinándose en estas de nuevo
y arreglándose a las instrucciones que al efecto se les diesen, la aceptasen, ratificasen y jurasen en
su nombre. Fundaban este concepto en el derecho que la nación tenía para aceptar libremente la
140 Esto se escribió antes de la última revolución de Francia, que echó por tierra la monarquía; revolución que ha
venido a confirmar cuanto aquí se dice.
141 Lo publicó el Español, en su número de Marzo de 1812, tom. 4.º fol. 389. El voto inserto por los cuatro diputados
dichos, tiene fecha de 26 de Diciembre de 1811.
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constitución que se le daba, mucho más cuando esta era obra de unas cortes formadas de una
manera muy irregular, tal como las circunstancias lo habían permitido, y a las que no habían
concurrido diputados de muchas provincias y en el número que a estas correspondía, y juzgaban que
era mucho más útil y prudente, dejar a las cortes futuras un medio legítimo para alterar algún
artículo de la constitución, que exponerse a que lo hiciesen sin que la constitución misma las
autorizase a ello. Las cortes sin embargo, puestas en el doble riesgo de ver aniquilada su obra por
las reformas prematuras que en ella se hiciesen, o por la imposibilidad de hacerlas legalmente,
abrazaron este último extremo. Incertidumbre necesaria cuando se le dan a una nación instituciones
para la que no está preparada, y que no son efecto de una opinión formada que las exige.
Examinemos ahora la constitución en su aplicación a las provincias ultramarinas, en aquellos
puntos que más directamente les tocaban. De estos el más debatido en las discusiones que habían
ocurrido y de que hemos hecho mención, había sido el de la igual representación con las provincias
europeas. Esta igualdad estaba declarada en el art. 28, tit. 3.° cap. 1.° de la misma constitución, pero
aunque el principio se hubiese establecido, se había prevenido también el camino de hacerlo
ilusorio. Este consistía en la distinción que se hizo entre españoles y ciudadanos. Todo español
estaba obligado a contribuir en proporción de sus haberes a los gastos del estado (art. 8.°) y a
defender la patria con las armas, cuando fuese llamado por la ley: (art. 9.°) pero si las obligaciones
eran comunes a todos, no por esto lo eran los derechos, pues sólo gozaban los de ciudadano
“aquellos españoles que por ambas líneas trajesen su origen de los dominios españoles de ambos
hemisferios”, (art. 18) con lo que quedaban excluidos de ellos todos los que tenían alguna parte de
sangre africana, es decir todas las castas de América, pues en España se suponía que no había tal
mezcla. Era esta exclusión injusta, odiosa y lo que es todavía peor, impracticable. No hay distinción
más ofensiva en la sociedad que la que nace del origen de las personas y la prevención que había
contra los mulatos, que así se llamaban los procedentes de sangre negra africana, era tan perjudicial
a la moral, como que haciendo que se tuviese por afrentosa toda alianza con ellos, multiplicaba por
esto mismo las relaciones prohibidas: conociéndolo así el obispo de Michoacán D. Fr. Antonio de S.
Miguel, en una representación al rey redactada por el canónigo Abad y Queipo, que fue después su
sucesor en aquella mitra, pidió se extinguiese tal distinción, y el consulado de Guadalajara, aunque
compuesto de europeos, había dado instrucciones a este mismo efecto al diputado Uría, nombrado
por aquella provincia. Además, esos mulatos a quienes la constitución degradaba privándolos de la
ciudadanía, no sólo formaban los batallones de pardos y morenos destinados a la defensa de las
costas, sino que componían la mayor parte de las tropas que estaban en la actualidad haciendo la
guerra en el continente de América en defensa de los derechos de España; algunos había que habían
recibido órdenes sagradas; muchos destinados en profesiones honrosas, y la mayor parte formaban
la masa de la útil población de los reales de minas, y estaban empleados en la labranza.
Además ¿como era posible ir a rastrear alguna gota de sangre africana en la sucesión de las
generaciones durante tres siglos, ni cómo fomentar las odiosidades a que daba frecuentemente
origen esta imputación, con las expresiones vagas de ser “habidos y reputados” por de tal
procedencia? Todo lo expusieron con claridad y fuerza los diputados americanos en la larga y
empeñada discusión a que este artículo (el 22) dio lugar,142 aunque perjudicó no poco a su intento, el
no estar ellos mismos de acuerdo entre sí, pues el de Guatemala Larrazábal, confesando la
incapacidad de aquella clase para ser representada por sí misma, propuso se le diese sólamente voto
activo en las elecciones, a cuyo concepto se arrimó el de Lima Salazar, el cual añadió que en
aquella capital se llevaba aun libro separado para asentar los bautismos de los mulatos, en prueba de
la inferioridad con que eran tratados. Las razones expuestas por los americanos eran de tal peso, que
algunos diputados europeos propusieron se declarasen desde luego ciudadanos, a todos los que
llevasen las armas en favor del gobierno, y los ordenados “in sacris”, pero el artículo fue aprobado
sin esta adición. Por otra, que tampoco fue admitida, propuso Ramos Arizpe que el artículo se
aclarase, en la parte más odiosa y vaga, esto es, en cuanto extendía la exclusión a todos los que

142 Véanse en el tomo 8.º de los Diarios de cortes, las diversas sesiones en que se trató de esta materia.
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fuesen “habidos y reputados” por originarios de África, agregando 143: “Siendo declaración, que para
excluir el concepto de originarios por cualquiera línea del África, bastará ser hijos de padres
ingenuos, o primeros nietos de abuelos libres”. 144 Su autor la fundó con un discurso tierno y
patético, y la apoyó en el ejemplar de providencias benéficas de los reyes, que hacían un triste
contraste con lo que acababan de decretar las cortes liberales, recordando la orden real que dejó sin
efecto la del ministro Gálvez para que se formasen los padrones con distinción de castas, por los
disturbios y pleitos que se temieron, y otra con que se derogó lo dispuesto en el año de 1771, en que
se prohibían los casamientos desiguales, queriendo desterrar toda diferencia y estrechar por los
matrimonios la unión de los habitantes de las provincias ultramarinas. Los diputados europeos
echaron luego de ver que esta adición hacía venir a tierra el artículo, reduciendo su efecto a los
esclavos y a los hijos ilegítimos, y Calatrava, que empezó en aquellas cortes a adquirir la gran
celebridad que después ha tenido, no dudó calificarla de “un artificio muy poco disimulado, para
dejar sin efecto el artículo que acababa de aprobarse”. Alcocer combatió las razones expuestas por
Calatrava con tal fuerza y con argumentos tan convincentes, que podían llamarse incontrastables, y
acabó por decir, lo que era a la verdad palpable, que no admitiéndose la adición propuesta por
Ramos Arizpe, “cualquiera habitante de América nacido allí, para ser ciudadano, tendría que probar
la negativa de no ser oriundo de África, cosa muy difícil respecto de los más, por su pobreza y falta
de papeles y ejecutorias, y que esto sería todavía más difícil en los términos en que estaba
concebido el artículo, pues tendría que probar la opinión, la que es tan varia como las cabezas”.
Excluidas de los derechos de ciudadanía las castas de origen africano, podía ser igual el
número de diputados ultramarinos y europeos; sin aquella exclusión hubiera sido mucho mayor el
de los primeros, y España hubiera tenido que ser gobernada por las posesiones que eran sus
colonias, y que acababa de llamar a tener participación en la autoridad. Sin embargo de esta
exclusión, el número de diputados de las provincias de ultramar quedaba tan considerable, que no
puede imaginarse cómo pudo creerse practicable trasladar a España cada dos años, tanto número de
personas de dos, de cuatro y de seis mil leguas de distancia. “El desamparo de las casas”, dice con
razón el consulado de Méjico en su tan famosa representación, “la molestia y peligros de largas
navegaciones, derramarían sin cesar la aflicción sobre centenares de familias de la primera
jerarquía”. ¿Qué gastos no sería menester hacer para el transporte y manutención de tantos
individuos? El P. Mier, calculando sobre datos que más bien parecen bajos que exagerados, regula
que el número de diputados que había de corresponder a las provincias ultramarinas, sería ciento
cuarenta y tres y los respectivos suplentes, siendo estos en razón de la tercera parte de los diputados
elegidos por cada provincia: el consulado de Méjico, comprendiendo a la verdad las castas, regula
doscientos cincuenta diputados y ochenta suplentes, que costarían al año un millón y trescientos mil
pesos, sin comprender los gastos de viaje, para el cual solamente para ida y vuelta, los de Filipinas
necesitarían dos o tres años, y estas asignaciones debían ser considerables, tratándose de hombres
que tenían que abandonar por largo tiempo su país, que desatender sus intereses, que tal vez iban a
perder estos y sus establecimientos durante su ausencia, y si entre tanto sobrevenía una guerra
marítima, que tan frecuentes habían sido en el siglo anterior, los diputados no podían ir a su destino
o regresar a su país sin grandes riesgos, y cuando escapasen de ellos sus personas, quedaban en el
continuo de carecer de dietas, siendo estas detenidas por no haber medio de hacérselas llegar, o
porque fuesen interceptadas en el camino, en cuyo caso sus respectivas provincias estaban en
necesidad de hacer nuevos desembolsos. No es fácil comprender cómo los diputados americanos,
que acababan de sufrir las molestias de tan largo viaje, de los cuales el de Nuevo Méjico Pino, en la
Memoria que presentó a las cortes sobre el estado de su provincia refiere, que desde la capital de
ésta hasta Veracruz, punto de su embarque, había tenido que atravesar novecientas leguas, ya que
por ser la mayor parte eclesiásticos no tenían que temer por sus bienes y rentas, no manifestaron a
lo menos los riesgos y molestias de la navegación, y en vez de esto no trataban de otra cosa que de

143 Para entender todo esto, téngase a la vista el texto del artículo 22, copiado a la letra más arriba
144 Véase la sesión de cortes de 10 de Septiembre, tom. 8.º de los Diarios, fol. 334 y siguientes.
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hacer que el número de los individuos que hubiesen de estar expuestos a sufrirlas fuese el mayor
posible. Si en nuestros días vemos la gran dificultad que hay para reunir un congreso en Méjico,
resistiéndose los diputados y senadores a venir a la capital, ¿cuánto mayor habría sido esta
resistencia, luego que hubiera pasado el prestigio de la novedad, para ir a formar las cortes en
Madrid?
¿Y a qué era este gran movimiento? ¿Qué utilidad había de resultar de la reunión en Madrid
de estos individuos, sacados con tanto trabajo y a tanta costa de los mas remotos ángulos del
mundo? “Para los más avisados, instruidos y hábiles criollos”, decía el consulado, “son un secreto
los negocios, exigencias y relaciones de la península, y sus votos vagarán al impulso de las
ocurrencias, de los afectos personales, o de la más servil condescendencia”. Faltóle decir, que los
diputados europeos estaban cabalmente en el mismo caso con respecto a América, que los
americanos respecto a España: uno de los más distinguidos de aquellos, Argüelles, confesaba
frecuentemente, que se hallaba embarazado para hablar sobre asuntos de América, por falta de
conocimientos; otros manifestaban con franqueza que no tenían de aquellos países más nociones,
que las que daban los tratados elementales de geografía y estadística, en aquel tiempo muy
imperfectos en esta parte, y sólo alguno, que como García Herreros, había sido educado en
Méjico,145 o que hubiese residido como empleado en alguna provincia de ultramar, sabía algo acerca
de ellas. La misma ignorancia tenían los diputados americanos de unas provincias de América
respecto a otras, y el peruano sabía tan poco de lo que convenía a Méjico, como el filipino de lo que
le interesaba a Buenos Aires. La multitud y variedad de facultades que las cortes se habían
atribuido, era un obstáculo todavía mayor para que pudiese ser de alguna utilidad un congreso
compuesto de elementos tan disímbolos. En el mismo día se presentaban a las cortes veinte
representaciones, del estudiante que pedía se le dispensasen algunos años de estudio o práctica, para
graduarse en su facultad; del menor que solicitaba habilitación de edad para manejar sus bienes; de
la viuda que pretendía aumento en el montepío que disfrutaba, con otras tantas quejas de
infracciones de constitución, y al mismo tiempo se pasaban por el gobierno a su aprobación las
ordenanzas municipales de dos o tres pueblos de Filipinas, las cuentas de la inversión de los fondos
de algunos ayuntamientos de Nueva España, un proyecto de arbitrios para construir un puente sobre
algún riachuelo en Canarias, un tratado de comercio, un proyecto de ordenanzas navales, y se estaba
discutiendo alguna ley orgánica de hospitales o de instrucción pública, en que se prevenían los más
pequeños pormenores administrativos.
No se crea que ésta es una caricatura fantástica que presento: véanse los diarios de las
sesiones de las cortes, léanse sus atribuciones en la constitución, y todo se hallará comprobado con
el ejemplo de lo que todos los días sucedía. Yo mismo, siendo diputado en 1821, asistí a la discusión
de un proyecto de ley orgánica de hospitales, en que uno de los artículos era, que las camas de los
enfermos habían de estar pintadas de verde; D. Pablo de la Llave, diputado entonces por Veracruz,
preguntó chistosamente a qué pena estaría sujeto el administrador del hospital de un pueblo, en
donde por casualidad no hubiese pintura verde y las hiciese pintar de color de plomo. La comisión
no contestó y retiró el artículo. ¡Y éste ha sido el modelo de todas las constituciones de Méjico,
mudando los nombres de reino en república y de rey en presidente o gobernador!
Si el objeto de todas las leyes ha de ser mejorar la condición de los individuos, con ninguna se
logró menos este fin que con la constitución de 1812, especialmente respecto a los indios, que tanto
se afectaba compadecer. En cambio del vano derecho que se les concedió, de ir a presentar a una
mesa electoral un papel que se les daba escrito con los nombres de personas que ellos generalmente
no conocían, ni sabían el objeto con que aquello se hacía, quedaron privados de todas las ventajas
muy positivas que les procuraban las leyes especiales de Indias: obligóseles al servicio militar de
que estaban exentos; si se les libró del tributo, parte del cual se invertía en el pago de sus defensores
y en la manutención de su hospital, se les sujetó al pago de las contribuciones generales y

145 Hizo sus estudios en S. Ildefonso, y era sobrino o pariente del conde de Ágreda, siendo este el motivo de sus
relaciones con el consulado y comerciantes de Méjico.
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particulares; se les admitió en los ayuntamientos de los pueblos, nombrando uno que otro para hacer
parte de estas corporaciones, pero se les privó del régimen peculiar de sus parcialidades y
repúblicas, y sus cajas de comunidad, exhaustas ya por los fondos tomados de ellas para gastos de la
guerra, quedaron extinguidas refundiéndose en los mal administrados fondos de propios; se mandó
que no se les diesen azotes por castigo, como lo hacían sus justicias y los curas como pena
correccional, pero se les sometió a la secuela interminable de las formas de los procesos de la
jurisdicción ordinaria, mucho mas gravosa para ellos.
El trastorno fue completo en el gobierno interior de las provincias. Como la constitución no
hablaba de autoridades superiores en ellas, ni de ninguna organización particular para las de
ultramar, debía necesariamente venir por tierra el título y autoridad de los virreyes, y no debiendo
estar reunidos los mandos militar y político, y previniéndose que los empleados de hacienda no
debiesen tener otra incumbencia, no podía subsistir en la misma persona la autoridad civil, la
capitanía general y la superintendencia de hacienda que todo lo ejercía el virrey. Las relaciones de
éste con la audiencia; la participación que ésta tenía en los negocios del gobierno, como consejo del
virrey con el nombre de acuerdo; la junta superior de real hacienda; los juzgados y administraciones
especiales de varios ramos; todo, en una palabra, debía quedar suprimido y la laboriosa máquina de
la administración de Indias, levantada con tantos esfuerzos, obra de la experiencia y del saber de
tres siglos, quedaba anonadada y había sido destruida de un solo golpe, por hombres que ni la
conocían, ni acaso habían leído su legislación privativa, dejando en su lugar el caos y la confusión
mas completa.146 A la vista de tales procederes, no parecerá demasiado riguroso el juicio que de
ellos hace con su estilo acre y cáustico el P. Mier, no apasionado sin duda a la legislación de Indias.
“Cuando yo considero, dice, que para dar un cuerpo de leyes a la América envuelta en sangre y
robos, tan defectuoso, disparatado, inconexo y contradictorio como él es, han sido menester dos
siglos y medio de errores, y errores perniciosos, (y no puede ser menos, cuando se quiere gobernar
por informes lejanos), y veo con la nueva constitución destrozar de un golpe toda su organización y
sistema, restituyéndonos al antiguo caos, se me antoja ver un loco bravo, que escapado de su jaula,
en un acceso de su delirio, tira a barrisco golpes furibundos sobre cuanto encuentra al paso, y que
hallando apiñados a los americanos, faja sobre ellos sin tino y sin misericordia”.
Sin embargo: la idea de gobernar las más remotas provincias de América y Asia, como las de
la Mancha y Castilla la Vieja, entendiéndose los jefes políticos directamente con el ministro de la
gobernación de Ultramar, empleo creado por la constitución y que venía a corresponder al antiguo
ministerio universal de Indias, era demasiado impracticable para que no se hiciesen en ella muy en
breve modificaciones. Aunque era bien claro que por provincias se debían entender lo mismo que en
España las intendencias, mientras no se hiciese la nueva división del territorio anunciada en la
constitución, pues que el intendente era individuo nato de la junta provincial, se formaron en
América provincias de inmensa extensión, por la acumulación de diversas intendencias, y aunque
éstas como tales provincias hacían sus elecciones de diputados para las cortes, no nombraban junta
provincial, sino un diputado para la que se estableció en la capital del virreinato, y así en Nueva
España, a la intendencia o provincia de Méjico, suficiente por su extensión, población y riqueza, no
solo para ser considerada como provincia, sino para dividirse en varias, se le agregaron las de
Puebla, Oajaca, Veracruz, Michoacán y otras que todas eran administradas por una diputación
provincial residente en Méjico. En la instrucción para el gobierno económico político de las
provincias, se distinguieron los jefes políticos en superiores y subalternos, y el virrey en la clase de
los primeros, siguió gobernando todas las provincias así aglomeradas, y por el mismo decreto se le
delegó el ejercicio de las facultades del real patronato, volviendo así a componer a piezas una
autoridad como la que antes existía, sin las limitaciones y restricciones que tenía, y como nada es
peor en las leyes que lo indefinido, tomándose parte de las antiguas y parte de las nuevas, sin
146 Se ha hecho en Méjico también moda hablar con desdén del código de Indias, y con este motivo preguntando yo a
uno de los personajes que más han figurado en nuestra escena política, si lo había leído, me contestó un poco
avergonzado: “lo que es una lectura seguida no, pero lo he hojeado bastante para poderlo juzgar”. Singular modo
de juzgar de un código de leyes.
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sujeción exacta ni a unas ni otras, cuando se había querido atar las manos al despotismo, no se hizo
más que abrirle más ancha y libre carrera.
Las diputaciones de estas provincias así compuestas, venían a ser una especie de congreso
provincial, y este es el fin que se hubiera debido tener en el arreglo del sistema de gobierno de las
provincias de ultramar. Ya en tiempos antiguos Méjico y el Perú habían tenido como hemos visto
sus congresos provinciales, aunque después se suspendió o prohibió su celebración sino por orden
del rey, y éste hubiera sido el único modo conciliable de establecer el sistema representativo. En los
apuntes que por encargo de la regencia formó D. José González y Montoya, intendente que había
sido de Puno en el Perú, y que publicó en Cádiz con el título de “Rasgos sueltos para la constitución
de América”, el autor reconocía que España y América no podían ser gobernadas por una misma
legislación, y que el gobierno económico de las provincias ultramarinas, debía ser privativo de ellas
mismas. Pero en esto había para España el grave riesgo de que así se creaban elementos para la
independencia, aunque también lo eran las mismas diputaciones provinciales y todo el orden nuevo
establecido por la constitución; con lo que será menester convencerse, que todo lo que era apartarse
del orden antiguo, era para España perder aquellos países, y que el consulado de Méjico había
conocido bien las consecuencias que iban a tener las novedades que se intentaban. Estas tenían
pues, sobre todos los demás inconvenientes, el mayor que pueden presentar los sistemas políticos,
que es el de ser absolutamente impracticables, y entre todos los desvaríos en que han podido caer
unos legisladores en estado de delirio, la constitución española de 1812 con respecto al gobierno
delas provincias de América, acaso no tiene igual en la historia.
Para poner en ejecución lo prevenido en la constitución, se procedió por las cortes al
nombramiento del consejo de estado, aunque con solo la mitad del número de consejeros que debían
componerlo, y entre los americanos que fueron elegidos se contaron D. José Mariano de Almansa,
de Veracruz, D. Melchor de Foncerrada, oidor de Méjico, y D. José de Aizinena, coronel de milicias
de Guatemala, de los cuales los dos primeros nunca fueron a servir sus destinos. Nombróse también
por la regencia nuevo ministerio, y recayó la elección para ministro de la gobernación de ultramar
en D. Tomás González Calderón, regente de la audiencia de Méjico, 147 y por no haber podido pasar
a España por sus enfermedades, ocupó su lugar D. Manuel de la Bodega, oidor de la misma
audiencia, ya promovido al tribunal supremo mandado formar por la constitución.
Para que el juramento y proclamación de ésta se hiciese con la mayor solemnidad posible,
decretaron las cortes que la publicación se hiciese el 19 de Marzo de 1812, por ser aquel el día en
que cuatro años antes, en el de 1808, subió al trono Fernando VII, por la renuncia que su padre hizo
de la corona, a consecuencia del tumulto de Aranjuez. El día anterior se leyeron en sesión pública
dos ejemplares de aquel código que firmaron todos los diputados, y para que ninguno se eximiese
de hacerlo, acaso porque se recelaba que los americanos que habían protestado de la ilegalidad de
todo cuanto se hiciese sin el número de diputados que a su país correspondía, insistiesen entonces
en su protesta, se acordó en secreto el día precedente, que todo diputado que se negase a firmar la
constitución y jurar lisa y llanamente el guardarla, sería declarado indigno del nombre español,
despojado de todos sus honores y distinciones, y expelido de todos los dominios de España; una
comisión de las cortes llevó uno de los ejemplares así firmados a la regencia, y el día 19 después de
haber prestado juramento las cortes, se presentó en el salón de sus sesiones la regencia y prestó
también el mismo juramento; ambas corporaciones fueron a la catedral, estando la tropa tendida en
la carrera y se celebró una misa solemne con “Te Deum”, y por la tarde se hizo la proclamación al
pueblo.148 Todos estos actos excitaron mucho regocijo, pues el pueblo de Cádiz en cuyo seno habían

147 Esta elección es para mí memorable, porque ella decidió la suerte de toda mi vida. El Sr. Calderón tenía íntima
amistad con mi familia, especialmente con mi hermano el Dr. Arechederreta, procediendo estas relaciones
estrechas de haber sido ambos colegiales del mayor de Santos. Nombrado ministro, estuvo a ver inmediatamente a
mi madre y le dijo que me llevaba consigo a España, y que desde entonces mi suerte y adelantos corrían de su
cuenta. Su vía se no se verificó, pero una vez resuelto el mío, ya se llevó a efecto, y de él ha dimanado toda la
serie de sucesos harto varios, de mi vida.
148 Véase en el tomo 2.º de los decretos de las cortes el de 14 de Marzo, y todos los demás relativos a lo que se dice
52

sido las discusiones públicas de aquel congreso, estaba en lo general entusiasmado por todo lo que
éste había hecho, y tanto los vecinos de aquella ciudad, cuanto todos los empleados del gobierno y
emigrados de toda España que residían en ella, habían dirigido a las cortes las más vivas
felicitaciones, con centenares de firmas, entre las cuales se notan las de muchos que después se
declararon sus más acérrimos enemigos. Diose luego orden para que en todos los dominios
españoles fuese publicada y jurada la constitución, por todas las autoridades, corporaciones, tropas
y pueblo; que en el calendario se señalase el 19 de Marzo como el día en que se había hecho la
proclamación, y en todos los actos públicos en que se expresan los años del reinado de los reyes, se
fijaren igualmente los corridos desde esta época.
A nueva cuestión con el obispo de Orense,149 dio lugar esta orden de jurar la constitución.
Habíase retirado este prelado a su diócesis, después de las contestaciones que se originaron siendo
regente, por su resistencia a reconocer la soberanía de las cortes. Antes de prestar ahora el
juramento requerido a la constitución, presentó a su cabildo una exposición, en que parecía dudar de
la legitimidad de las cortes, y protestaba sobre el despojo de ciertos señoríos que pertenecían a la
mitra de Orense, y de que había sido privada esta por el decreto que aquellas dieron sobre feudos,
reservándose el derecho de representar sobre ello a las futuras cortes, o a quien correspondiera, sin
perturbar en manera alguna la pública tranquilidad. El ministro de gracia y justicia pasó a las cortes
copia de todo lo ocurrido: enardeciéronse extraordinariamente los ánimos; pidióse por Argüelles
que se hiciese extensivo al obispo y a todo español, lo acordado en sesión secreta respecto a los
diputados que rehusasen jurar lisa y llanamente la constitución; otros querían más severo castigo; el
diputado Dueñas propuso que con los bienes del obispo y los de Lardizábal se erigiesen en Toledo y
Zamora dos monumentos, uno en honor de Padilla, y otro en el del obispo Acuña, decapitados en el
reinado de Carlos V, a consecuencia de la guerra de las comunidades de Castilla; Capmany observó
que cuanto más respetable era el obispo por su edad y virtud, tanto más peligroso era su ejemplo, y
que habiendo dado tanto en qué pensar a las cortes desde su establecimiento, era menester decidir
con madurez lo que debía hacerse, pasando el asunto a una comisión; a esto se opuso el conde de
Toreno y pidió se aprobase sin tardanza lo propuesto por Argüelles, para no dar lugar a que los
ánimos se resfriasen. Sólo el suplente del Perú Ostolaza, perteneciente al bando servil, el mismo que
en la discusión sobre los derechos políticos de las castas de América, se atrevió a echar en cara al
partido liberal dominante en las cortes, la contradicción que había entre los principios que afectaba
profesar y la conducta que seguía, por lo que se le llamó al orden, levantó en esta vez su voz en
defensa del obispo, manifestando que aunque el acuerdo secreto de las cortes se hiciese extensivo a
todos los españoles, nunca debiera aplicarse al obispo, pues no podía dársele efecto retroactivo. Sin
embargo, la proposición de Argüelles se aprobó por 84 votos contra 29.
Así fue privado del nombre español el primero que lo supo sostener con gloria, cuando
llamado por Murat para asistir a la junta de Bayona, contestó rehusándolo con dignidad, y manifestó
con firmeza su desaprobación de todo cuanto se estaba maquinando por Napoleón; éste lo declaró
proscrito, y las cortes procediendo a ejecutar lo que Napoleón había decretado, lo privaron de sus
honores, dignidades y rentas, y expulsándolo del territorio español, le obligaron a retirarse a
Portugal, a una parroquia de su obispado que se hallaba enclavada en aquel reino. Desde allí dirigió
una representación a la regencia para que la pasase a las cortes, quejándose de los actos violentos e
ilegales de que había sido víctima; en efecto, las cortes en sus procedimientos contra el obispo de
Orense, violaron la constitución que acababan de hacer y jurar; usurparon el poder judicial, y dando
fuerza retroactiva a un acuerdo secreto, quebrantaron los principios que ellas mismas habían
establecido, demostrando que el poder absoluto es siempre arbitrario, y lo es mucho más cuando se
ejerce por una corporación numerosa, que por un solo individuo.
Algún tiempo antes (6 de Noviembre de 1811) había muerto D. Gaspar Melchor de
Jovellanos; habíase retirado a Gijón, en Asturias su patria, y huyendo de los franceses que

en este párrafo.
149 Véase en el tomo 5.º del Español, todo lo concerniente a este suceso.
53

invadieron de nuevo aquella ciudad, después de sufrir una desecha tempestad en el pequeño buque
en que se embarcó, pudo arribar al puerto de Bega, donde acabó sus días pobre, calumniado y
perseguido.150 Víctima del despotismo durante la privanza de Godoy, salió de la prisión en que
estaba por defender altamente los derechos de su patria, invadida por los franceses, resistiendo a
todos los ofrecimientos que estos le hicieron para adherirlo a su causa: individuo de la junta central,
fue perseguido con todos sus compañeros, y la moderación y exactitud de sus ideas, fue vista con
desdén por los espíritus exaltados de las cortes, las cuales después de muerto lo declararon
benemérito de la patria. En su larga carrera, pudo Jovellanos reconocer en tan continuas vicisitudes,
que en tiempos turbados, el hombre de bien no puede aspirar a otro premio, que al que su propia
conciencia le asegura por la rectitud de sus intenciones, y la pureza de su manejo.151

150 Véase el artículo del Español de Diciembre de 1811, que tiene el epígrafe “Fallecimiento del Sr. Jovellanos”.
151 «Conscientia bene actae vitae, multorumque benefactorum recordatio, jucundissima est.» Cic. de Senect. Nunca
fue más exacta la aplicación de esta sentencia.
54

CAPÍTULO IV.
Providencias del virrey durante el sitio de Cuautla.—Libertad de introducción de carnes.—Préstamo forzoso.—
Requisición de caballos.—Decretos de las cortes en favor de los americanos.—Operaciones en el valle de Toluca.—
Acciones de Lerma y de Tenango.—Toma de la correspondencia que conducía Lailson en Cuajimalpa y sus
consecuencias.—Residencia de la junta en Sultepec, sus providencias y fuga.—Son asesinados los prisioneros de
Pachuca.—Entra Castillo Bustamante en Sultepec.—Operaciones en el rumbo de Pachuca y llanos de Apán.—Ataque
de Tlaxcala por los insurgentes, que son rechazados.—Operaciones en la provincia de Puebla y en los valles de
Cuautla y Cuernavaca.

Las grandes variaciones que en todo el orden político y administrativo habían de ser el
resultado de la constitución decretada por las cortes, no comenzaron a tener efecto en Nueva España
hasta fines del año de que vamos hablando, que fue cuando se recibió la orden para su publicación,
y es menester seguir ahora la serie de los sucesos ocurridos desde la salida de Morelos de Cuautla;
examinar las dificultades pecuniarias de que el virrey se hallaba rodeado, y las diversas medidas que
tomó para superarlas y para aprovechar la oportunidad que le presentaba la toma de aquel pueblo,
con el fin de recobrarlo perdido durante el sitio del mismo, terminando por presentar el estado
general del reino y de la América española, cuando todas estas alteraciones se intentaron.
A medida que las circunstancias habían venido a ser mas difíciles, el virrey se había visto
precisado a hacer uso de providencias extraordinarias, de las cuales algunas se dictaron con acierto,
muchas llevaron el sello de la necesidad, y otras fueron tales, que sin poder producir utilidad
alguna, no sirvieron mas que para aumentar el descontento, haciéndose mucho más sensibles en un
pueblo acostumbrado a ser gobernado blandamente, y para quien eran desconocidas las exigencias
de la guerra.
Con el fin de proveer al consumo de Méjico, en donde las carnes escaseaban, concedió
Venegas la libre introducción y venta de ganados, primero con algunas restricciones en cuanto a
precios y lugares de expendio, después con entera libertad, sin más que el pago de la alcabala, 152 y
de esta manera consiguió que el interés privado burlase la vigilancia de los insurgentes, y que aun
estos mismos fuesen los aprovisionadores de la capital, en la que por este medio, si no hubo la
abundancia acostumbrada, tampoco se dejó sentir mucho la escasez que se temía.
No era igualmente fácil crear recursos para los gastos que la guerra exigía, ni posible
procurárselos por medios tan suaves y liberales. Para que estos fuesen por lo menos los más
oportunos, convocó el virrey una junta de las principales autoridades de la capital, con el objeto de
que propusiese los arbitrios que podrían adoptarse para reunir de pronto dos millones de pesos, por
vía de suplemento provisional para los gastos que se tuviesen por mas urgentes, y formar un fondo
con que pagar este adelanto, tal que asegurase a los prestamistas y proporcionase los recursos
suficientes para cubrir las vastas atenciones del gobierno. La junta acordó que los dos millones se
aprontasen por el estado eclesiástico, propietarios y comercio de Méjico, Puebla y Veracruz,
completándolos con los caudales que existían en poder de varias personas para remitir a España y
Filipinas, cuyo envío impedía la interceptación de los caminos, y para el pago de estas sumas y
cubrir el deficiente que por las circunstancias resultaba en los gastos que requería la administración
pública y la situación actual del país, los eclesiásticos asistentes, que eran los comisionados del
cabildo metropolitano y los prelados de las religiones, ofrecieron no sólo lo que pendiese de sus
arbitrios, facultades y fondos que forman la dotación del clero secular y regular, sino también las
alhajas todas y plata de los templos, reservando únicamente los vasos sagrados. Sin perjuicio de la
distribución de los dos millones que no llegaron a recaudarse, pareció mas expedito y mas conforme
a los principios de equidad exigir, como se hizo por bando de 30 de Enero, 153 la entrega de toda la

152 En el bando de 22 de Enero se bajaron las pensiones tanto al abasto como a los menudcadores, y en el de 5 de
Febrero se declaró la libertad absoluta de la introducción, sin más que el pago de la alcabala y designación de los
lugares de venta: ambos bandos están en los Diarios de Méjico de aquellos días.
153 Véase en los diarios y en la gaceta de 1.º de Febrero, tom 3.º núm. 177 fol. 116, y en él se da razón de la reunión
55

plata y oro labrado en vajilla y objetos de lujo de los particulares, en calidad de préstamo forzoso
por el término de un año, reconociendo la real hacienda su valor a cinco por ciento de rédito, y para
reintegro de estas sumas y pago de sus intereses, se estableció por el mismo periodo de un año, la
pensión de diez por ciento sobre los arrendamientos de fincas urbanas, pagadero por mitad por los
inquilinos y propietarios, según se reglamentó por bando posterior de 24 de Febrero, 154 quedando
hipotecadas no solo las rentas todas de la corona, sino también subsidiariamente, para el caso que
aquellos arbitrios no bastasen a cubrir el capital y réditos, el oro y plata de las iglesias, en virtud del
ofrecimiento hecho por sus prelados. Por efecto de estas disposiciones, se procedió ejecutivamente
a la colectación de la plata y oro labrados y al establecimiento de la contribución sobre rentas de
casas que vino a ser permanente, aunque decretada solo para un año, como sucede casi siempre en
tales casos, sin haberse pagado los réditos ni menos reintegrado el valor del oro y plata recogida ni
héchose efectiva la hipoteca de la de las iglesias. No he hallado noticia de lo que produjo esta
exacción, pero debió ser una suma muy considerable, porque a causa de la mucha riqueza que en el
país había, y de lo cara que entonces era la porcelana y loza, todas las familias medianamente
acomodadas, tenían vajillas de mesa y otras piezas de menaje de plata, y el mucho uso que de este
metal se hacia para el servicio doméstico, había hecho de la platería un arte floreciente en Méjico,
que quedó desde esta providencia arruinado, sin esperanza de restablecerse.
A esta exhibición, que aunque tuvo el nombre de préstamo, se consideró siempre como dinero
perdido y que fue tanto más sensible, cuanto que muchas familias de la clase media iban empleando
sus ahorros en vajilla, que tenían como un depósito seguro de que hacer uso en un caso extremo,
siguió inmediatamente la requisición de caballos, mandada verificar por bando de 1.° de Febrero. 155
Para proveer al ejército de los que necesitaba para su remonta, y todavía más para evitar que
hiciesen uso de ellos los insurgentes, concibió el virrey Venegas el extravagante proyecto de
comprar todos los caballos que había en el país, pertenecientes a toda persona de cualquier estado,
dignidad o condición que fuese, sin otra excepción que los militares, los guardas, dependientes de la
Acordada y correos, y esto en tiempo que las rentas públicas no alcanzaban a cubrir las obligaciones
ordinarias. Mandáronse establecer con este fin juntas en Méjico y en las capitales de las provincias,
a las que los subdelegados debían remitir los caballos que habían de ser presentados en los pueblos,
ranchos y haciendas, así como las sillas, para que se tomasen estas si eran útiles para servicio
público, pagándose así como los caballos, según la tasación que se hiciese por los peritos que eran
individuos de las mismas juntas, y a aquellas personas que por su clase, enfermedades u otras
causas legítimas se permitiese el uso de caballo, se habían de destinar los inútiles y conceder una
licencia por escrito, condenando a la pena capital a todos los que, quince días después de publicado
el bando en la cabecera de su distrito, se encontrasen a caballo sin aquella.
El descontento que estas disposiciones produjeron fue tal, que varias personas se pasaron a los
insurgentes por no deshacerse de sus caballos, entre las cuales una fue D. José Antonio Pérez,
hermano del magistral de Puebla y diputado por aquella ciudad en las cortes. Como sucede siempre
con todas las falsas medidas, ésta produjo un efecto contrario al propuesto, y hallándola
impracticable, fue preciso no insistir en su ejecución, sin derogarla por eso; proceder ordinario, pero
pernicioso de las autoridades superiores cuando yerran y no se atreven a confesarlo.
No bastaban a templar el disgusto que tales medidas excitaban, los decretos que las cortes
expedían por el mismo tiempo con el objeto de ganar los ánimos de los americanos, los cuales,
dictados sin conocimiento de causa y publicados sin oportunidad, producían muchas veces, en el
estado de efervescencia en que se hallaban los espíritus, un efecto contrario al que se deseaba. El
indulto amplísimo que aquellas decretaron en 8 de Noviembre de 1811, para que se publicase a la
llegada de las tropas destinadas a Nueva España, 156 no fue según hemos visto más atendido que los

de la junta y de todos sus procedimientos.


154 Diarios de Méjico de 26 a 28 de Febrero.
155 Gaceta de 15 de Febrero tom. 3.º núm. 184 fol. 174.
156 Diario de Méjico de 3 de Abril.
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anteriores, y el decreto de 9 de Febrero del mismo año, 157 fruto de la larga deliberación sobre las
once proposiciones de los suplentes americanos, concediendo a las Américas igual base de
representación en las cortes que a la península española; libertad de cultivo de todos los frutos que
la naturaleza del clima fuese susceptible de producir, así como también la de ejercer todas las artes,
y declarando a los americanos españoles e indios igual opción que a los españoles europeos para
toda clase de empleos y dignidades, fue considerado como una de tantas concesiones arrancadas por
la necesidad y que nunca llegarían a observarse faltando esta, lo que ayudaba a persuadir el retardo
en la publicación, que no se verificó hasta 1.º de Abril de este año, uno después de la fecha del
decreto.
Mientras la atención principal del virrey estuvo dedicada al sitio de Cuautla, todas sus
providencias tuvieron por objeto en lo militar las operaciones relativas a aquel, limitándose a la
defensiva en todos los demás puntos a que alcanzaban sus órdenes, pues en las provincias mas
distantes, cada jefe, interceptada la comunicación con la capital, obraba según las circunstancias con
las tropas que tenía bajo su mando, lo que produjo la serie de acontecimientos parciales de que nos
ocuparemos en seguida; mas luego que la salida de Morelos dejó expeditas las fuerzas que por tanto
tiempo habían estado ocupadas en el bloqueo de aquel pueblo, y que estas regresaron parte a Méjico
con Calleja y el resto a Puebla con Llano, el virrey estuvo ya en aptitud de volver a tomar la
ofensiva, para recobrar los lugares de mayor importancia que habían sido tomados por los
independientes. Lo que más cuidado daba por entonces era la ciudad de Toluca y su valle, en donde
Rayón, habiendo reunido las partidas del cura Correa, Epitacio Sánchez y otras, ocupaba y tenía
fortificados todos los lugares circunvecinos, cortaba la correspondencia y comunicación con
Méjico, y amenazaba continuamente a aquella población, contra la que había dado diversos ataques,
aunque todos infructuosos. Dejando que la infantería que había hecho parte del ejército del centro,
fatigada con tan continuas marchas, descansase en la capital, dos días después de la entrada de este
ejército, hizo el virrey salir para socorro de Toluca algunos de los cuerpos (18 de Mayo) que
formaban la guarnición de aquella, aumentados con una rigurosa leva, incorporando en las filas los
presos por delitos leves que estaban en las cárceles y aun los prisioneros insurgentes, con lo que
pudo poner a las órdenes de D. Joaquín de Castillo y Bustamante el regimiento de Tres Villas, con
cuatrocientas cincuenta plazas, de cuyo cuerpo fue nombrado coronel cuando se dieron los grados
generales,158 y que había sido reorganizado por el teniente coronel D. José Calafat (e), segundo jefe
de la división;159 un batallón del fijo de Méjico con igual fuerza, al mando del teniente coronel D.
Rafael Calvillo (e); tres escuadrones de S. Carlos y uno de lanceros del Potosí, este a las órdenes de
D. Matías de Aguirre (e) con siete cañones, que hacían en todo mil quinientos hombres. Castillo
intentó forzar el 19 de Mayo el paso de Lerma, ciudad situada en medio de la laguna que allí forma
el río Grande, que comunica con Toluca por un lado y con el camino de Méjico por el otro por
medio de dos calzadas estrechas, la última de las cuales estaba defendida con cortaduras y
parapetos, guarnecidos con artillería. Echado un puente sobre la primera cortadura, fue tomado
bizarramente el parapeto por los granaderos y cazadores de Méjico y Tres Villas, pero en seguida se
encontraron otros atrincheramientos que Castillo no había podido reconocer y fue preciso retirarse
con pérdida considerable, volviendo a acampar la división a la hacienda de Jajalpa de donde había
salido. Atribuyóse este revés a la impericia de Castillo, que sin más conocimientos militares que los
pocos que había podido adquirir en esta guerra, pues su profesión antes de ella era el comercio, hizo
avanzar temerariamente sus tropas por una calzada estrecha, sin estar bien informado de los
obstáculos que en ella iba a encontrar, pues aunque Porlier había instruido de ellos al virrey,
aconsejando se tomase otro camino, sus comunicaciones fueron interceptadas, 160 y se entendió o
maliciosamente se sospechó que este descalabro no fue cosa desagradable a Calleja, por haber sido
157 Idem de 4 de idem.
158 Suplemento a la gaceta de 9 de Febrero, tom. 3.º núm. 181 fol. 144.
159 Véanse los partes de Castillo Bustamante, gaceta extraordinaria de 8 de Junio tom. 3.º núm. 241 fol 697, y de 18
del mismo núm. 316 fol. 631.
160 Parte de Porlier. Gaceta exraordinaria de 25 de Mayo, tom. 3.º núm. 233 fol. 545.
57

la expedición dispuesta sin consulta suya, y como para manifestar el virrey que tenía oficiales que
emplear sin necesitar de él.
Los insurgentes hicieron valer este suceso de poca importancia como una gran ventaja, y el
cura Correa161 llega hasta comparar el desacierto de Rayón en no aprovecharse de esta victoria, al
error militar de Aníbal en no marchar sobre Roma después de la batalla de Cannas. Mandábalos en
las cortaduras de Lerma D. Juan Manuel Alcántara, que tenía entre ellos el empleo de capitán,
hombre campesino, sin instrucción ni aun saber leer, 162 el cual, según refiere D. Carlos
Bustamante,163 vendió al canónigo Velasco por dos caballos briosos y de buena andadura, la gloria
de aparecer en los periódicos de Sultepec como jefe de la acción.
Reforzó el virrey a Castillo con el batallón expedicionario de Lobera con cuatrocientas plazas,
dos cañones y un obús, y habiendo avanzado nuevamente sobre Lerma, Rayón abandonó aquel
punto, (22 de Mayo en la noche) retirando toda su tropa y artillería a la fuerte posición del cerro de
Tenango. No se detuvo Castillo en Lerma más que lo preciso para arrasar las fortificaciones
levantadas allí, en cuyo trabajo fue eficazmente auxiliado por el celo del cura Viana; pasó en
seguida a Toluca (26 de Mayo); ahuyentó las partidas que circundaban la ciudad e impedían la
entrada de víveres en ella; la proveyó de estos, y llevando consigo parte de la guarnición, marchó
contra Tenango y acampó en la hacienda de S. Agustín (2 de Junio) a vista de aquel cerro,
considerado como inaccesible por la naturaleza, fortificado por el arte, coronado de artillería y
defendido por gran número de gente. Por resultado de varios reconocimientos practicados en los
días sucesivos, mudó Castillo su campo frente al pueblo, amagando atacar a este; pero en la noche
del 5 de Junio, dio sus órdenes para que en la madrugada del 6 Enríquez, con el batallón de Lobera
y los granaderos y cazadores de Méjico y Tres villas, emprendiese la subida del cerro por el camino
de Tenancingo, mientras Calvillo distraía la atención del enemigo amenazando al pueblo, y Aguirre
hacía un ataque falso sobre el punto del Veladero, que defendía el cura Correa con su gente. Tal era
el descuido con que estaban los insurgentes, que el primer aviso que tuvieron del ataque, fue ver
sobre las baterías que coronaban la cumbre del cerro a Enríquez con su tropa, dirigido por el
teniente D. Vicente Filisola, que iba a la cabeza de los cazadores del fijo de Méjico, y tenía muchos
conocimientos prácticos del terreno; el sonido de las cornetas de los cazadores de Lobera, 164 que por
la primera vez oían los insurgentes, causó en ellos tal pavor, que sin intentar hacer resistencia se
pusieron en fuga, cuyo momento aprovechó Calvillo para ocupar el pueblo, siendo de los primeros
que en él entraron D. Juan Codallos, teniente entonces del fijo de Méjico, al mismo tiempo que
Aguirre se apoderaba del Veladero. En Tenango tomaron los realistas porción de municiones,
provisiones de toda especie, cantidad de impresos y la correspondencia de Rayón, el cual huyó
echándose por una barranca, pero fueron cogidos todos aquellos abogados jóvenes, que como en su
lugar vimos, salieron de Méjico a unirse con él, y que no habían aprendido ni aun a huir, todos los
cuales fueron inhumanamente fusilados, cuando era bastante castigo de su temeridad el triste
desengaño que habían tenido. Así murieron los licenciados Reyes y Jiménez, y los jóvenes Cuéllar,
Puente y otros, como también el P. Tirado, vicario del pueblo, por haberse encontrado en su casa
una escopeta.165 Castillo Bustamante, sin perder momento, el día siguiente de su victoria hizo
marchar a su segundo Calafat, con parte de la división a ocupar a Tenancingo y Tecualoya, en donde
no sólo no encontró resistencia, sino que fue recibido con aplauso, saliéndole al encuentro los curas

161 Manifiesto o informe de Correa, inserto en el Cuadro histórico de Bustamante, tom. 2.º fol. 115.
162 El P. Bringaa refiere, (impugnación del manifiesto de Cos) que Alcántara fingía delante de sus gentes que leía las
cartas que recibía, y que frecuentemente ponía el papel al revés.
163 Cuadro hist. tom. 2.º fol. 99.
164 Enríquez en su parte a Castillo dice que las tuvieron por la trompeta del juicio.
165 Calvillo en su parte, inserto en la gaceta de 20 de Junio núm. 248 fol. 656, dice que se encontraron en su casa
cartuchos y mixtos, y que habiéndosele dado tiempo de disponerse para morir, no lo quiso hacer, y que llevaba al
cuello una ardilla, que encargó se le diese a una mujer. Bustamante, Cuad. hist. tom. 2.º fol. 125 dice, que
aficionado a la caza, tenía en su casa una escopeta, y que no se quiso confesar porque acababa de decir misa. El
Dr. Arechederreta confirma que no hubo motivo bastante para su ejecución.
58

con el vecindario, ayudando los indios a destruir las fortificaciones levantadas en uno y otro
punto.166
Por estos mismos días (Mayo 29), una partida de veintiséis lanceros del Potosí del escuadrón
de D. Pedro Meneso, situado en Cuajimalpa para custodiar el camino de Toluca, que a las órdenes
del teniente D. Juan Miota (e) y alférez D. Antonio Puente había ido a Lerma a conducir pliegos
para Castillo Bustamante, encontró a su regreso en el monte de las Cruces un grueso de caballería e
infantería insurgente, que se hace subir a quinientos hombres, con un cañón de a cuatro y un
pedrero, mandado todo por el maestro francés de equitación Lailson y tres clérigos: atacáronlos los
lanceros con tal brío, que sin darles lugar a disparar más que el primer cañonazo que hirió a dos de
aquellos, los pusieron en dispersión, les tomaron los cañones, las armas, seis mulas cargadas con la
ropa y papeles de Lailson167 y lo que más fue, la correspondencia de Rayón con los Guadalupes de
Méjico. Por esta última circunstancia y haber recaído esta derrota tan vergonzosa, en que unos
cuantos lanceros habían hecho huir a un número muy considerable de insurgentes, en un francés,
odiado entonces por su origen y ridiculizado por su ejercicio semejante al de los maromeros, fue
muy aplaudido este suceso, habiéndose publicado en la gaceta el nombre y patria de los oficiales y
soldados que tuvieron parte en él,168 y abiértose una suscripción para gratificarlos.169
A consecuencia de la interceptación de las cartas de Rayón que Lailson conducía, fueron
presos en Méjico en la noche de 3 de Junio los licenciados Falcón, Garcés, D. Benito Guerra, D.
José Ignacio Espinosa, y D. Juan Guzmán, y también fue depositada en la casa del licenciado
Primo, la señorita Dª. Margarita Peimbert, hija del licenciado Peimbert, que después casó con el
mismo licenciado Espinosa.170 Días antes había sido aprehendido en la hacienda del León junto a
Tacuba, su dueño el Dr. Díaz, aunque se le puso luego en libertad. 171 Estos individuos fueron los
mismos que compraron y sacaron la imprenta enviada a la junta a Sultepec; sin embargo, no
sufrieron otro castigo que permanecer algún tiempo en la prisión. El triunfo de Tenango fue ganado
a bien poca costa por los realistas, que no tuvieron más que algunos heridos. Los insurgentes
tuvieron una gran pérdida, pues circunvalado el cerro y pueblo por las tropas de Castillo
Bustamante, no tenían por donde huir, y así fueron muertos muchos y entre ellos los coroneles
Camacho y Anaya; los prisioneros fueron pasados por las armas, habiendo en su número hombres
de cuenta, como los que se han referido. Esta derrota desacreditó mucho la causa de la insurrección
en Méjico, en donde los adictos a ella contaban con que las fuerzas reunidas en Tenango habían de
ser las que marchasen a ocupar la capital y dar 1812 fin glorioso a la guerra, a cuya ilusión
contribuía la frecuente comunicación que con Rayón y los emigrados tenían, en razón de la corta
distancia.
Castillo Bustamante, para sacar de su victoria todas las ventajas posibles, después de pocos
días de descanso en Tenango y en Toluca, a donde volvió con su división, dispuso marchar a
Sultepec, con el objeto de dispersar la junta de gobierno y aprender si pudiese a los individuos que
la componían. Según en su lugar vimos, ésta, obligada a huir de Zitácuaro cuando aquella villa fue
tomada por Calleja, se retiró a Tlalchapa, de donde pasó a Sultepec, real de minas considerable y
lugar de recursos, que desde que Hidalgo estuvo en el valle de Toluca había sido invadido y

166 Parte de Calafat. Gaceta de 22 de Junio núm. 250 fol. 665.


167 Suplemento a la gaceta de 30 de Mayo núm. 237 fol. 571, parte de Meneso.
168 Gaceta de 15 de Junio núm. 244 fol. 620. La mayor parte de los soldados era de las haciendas de Bocas y del Jaral
y del pueblo de Santa María del Río, en la provincia de S Luis.
169 Gaceta de 6 de Junio núm. 240 fol. 590, donativo con este objeto de 112 ps. de D. Domingo de Ugarte y Acha; id.
de 13 de Junio núm. 244 fol. 618, de 1531 de los individuos de la policía y otros: recaudado por Aguirrevengoa,
id. de 22 de Junio núm. 250 fol. 668, de 1150, de una persona que ocultó su nombre. Al teniente Miota, vizcaíno,
único europeo que había en la partida, se le dieron 260 ps.; al alférez Puente 224, al sargento 108, al cabo 88, a
cada uno de los dos soldados heridos 604, y a los demás 57 a cada uno.
170 Apuntes de Arechederreta. Diario de Riofrío.
171 Arechederreta: Apuntes hist. El Lic. Guzmán, preso en esta ocasión, que después de la independencia ha sido
Oficial mayor del ministerio de relaciones y ministro de la corte suprema de justicia, casó con la viuda de este Dr.
Díaz.
59

saqueado por los indios de las inmediaciones, quienes dieron atroz muerte a D. Juan Montoro,
vecino principal y natural de aquel pueblo, 172 habiéndose puesto en salvo con anticipación los
europeos que allí tenían sus giros. La ocupación de las tropas del gobierno en Toluca, donde a duras
penas pudieron sostenerse durante el sitio de Cuautla, dio lugar a la junta para permanecer con
seguridad en aquel punto, en el que mientras Rayón sitiaba a Toluca, Verdusco y Liceaga
desplegaban todo el aparato de una corte; 173 pero también se trabajó con empeño en la fundición de
cañones, establecimiento de maestranza, fábrica de pólvora y otros talleres, que según la
calificación de Castillo Bustamante, habían formado en un grado ya de bastante perfección.174
Una de las providencias gubernativas de la junta fue el nombramiento del Dr. Cos de vicario
castrense, con cuya investidura procedió a remover a varios curas de sus respectivas parroquias, a
prender y confinar a presidio a algunos eclesiásticos, y a conceder dispensas matrimoniales, lo que
dio motivo a que el cabildo eclesiástico de Méjico, por su edicto de 30 de Junio, 175 declarase todos
estos actos nulos y atentatorios, sujetos a revalidación los matrimonios hechos por los curas
intrusos, e incursos en las censuras y excomuniones fulminadas por el derecho canónico, el mismo
Dr. Cos y todos los eclesiásticos que hubiesen ejercido cualquier acto de jurisdicción, que no
hubiese emanado del cabildo. El mismo cuerpo propuso al virrey aprobase el decreto de remoción
del curato de Nopola que tenía el cura Correa, y que en virtud del patronato, declarase privado de la
prebenda que obtuvo en la colegiata de Guadalupe al Dr. Velasco, como se verificó, mandando
además el cabildo que se fijase en tablilla por excomulgado al mismo Velasco, como se había hecho
ya antes con Correa.176
Entre tanto los miembros de la junta se habían dividido y enemistado cada vez más, habiendo
contribuido el sitio de Toluca a fomentar en gran manera las contestaciones acres que entre ellos

172 He aprovechado para todos los sucesos de Sultepec y otros que citaré en su lugar, de los apuntes muy
circunstanciados que me ha dado el P. dieguino Fr. José María Salazar, que a la sazón residía en el convento de su
orden en aquel mineral, y que después hizo veces de capellán en la división o partida de D. Manuel de la Concha.
El P. Bringas, en su impugnación al manifiesto de Cos, fol. 50, dice con referencia a Montoro, dirigiéndose a los
insurgentes: “Tuvisteis la humanísima piedad de fusilar en Sultepec al desgraciado Montoro, vecino honrado de
aquel real, pero poniendo la víctima al frente de su casa y a los ojos de su afligida esposa, para dar una prueba de
vuestra compasión, hiriendo dos cuerpos con una cruel sentencia y su ejecución, arrojándole después al balcón el
cráneo ensangrentado”. Es de notar, que aunque el P. Bringas es muy vehemente en sus expresiones, es también
muy exacto en los hechos de que habla. El P. Salazar sólo dice que los indios mataron a Montoro con sus machetes
y chuzos, llevando el cadáver sin cabeza al convento mientras los religiosos estaban en coro, y que pusieron la
cabeza sobre una viga en el camino.
173 En la semana santa de aquel año, asistieron Verdusco y Liceaga a los oficios, conforme al ceremonial que
observaban los virreyes en la catedral de Méjico, y Verdusco, según refiere el P. Bringas, uniendo a lo militar el
carácter eclesiástico, se presentó el jueves santo, (26 de Marzo) a recibir la comunión con uniforme de general, y
encima llevaba la estola de clérigo. En el mismo día el P. franciscano Luna, predicó un sermón de tal manera
extravagante y absurdo, que el P. Orcilles, el mismo que vimos había caído en una barranca, de donde pudo salir
de una manera que tuvo por milagrosa y que él mismo ha referido en una novena que compuso a Señor S. José,
creyó necesario hacerle alguna insinuación para que se moderase, a la que el predicador contestó de una manera
indecorosa para el lugar y la ocasión. Refiere todos estos pormenores el P. Bringas, en su impugnación al
manifiesto del Dr. Cos. El P. Luna hizo en su sermón este singular silogismo: “Jesucristo es mi general; yo soy
insurgente: luego Jesucristo es insurgente”. El P. Orcillés para contenerlo, subió por la escalerilla del púlpito y le
estiró del hábito: no habiendo hecho caso le estiró por segunda vez, y entonces el predicador le contestó con un
puntapié. (Bringas, fol. 127.) El P. Salazar me ha asegurado que lo relativo a la estola de Verdusco sobre el
uniforme es falso, y que asistió de sotana a la comunión. El P. Orcillés ha muerto en el convento de Méjico hace
poco, (1847 o 48) de una manera muy cristiana, y escribió una relación de todas sus aventuras, mientras anduvo
en la revolución, que no he conseguido ver. Estando en Puebla en el año de 1828 cuando se verificó la expulsión
de españoles, se celebró una función en el convento de S. Francisco de aquella ciudad, en que los ministros del
altar y predicador habían sido todos insurgentes, y el P. Orcillés cantó la misa. De resultas de esta función, los
españoles que quedaron en Puebla y otros muchos vecinos de aquella ciudad, retiraron las limosnas que daban a
aquel convento.
174 Gaceta de 29 de Agosto, núm. 280 fol. 914.
175 Gac. de 7 de Julio, núm. 256 709.
176 Idem idem idem, fol. 711.
60

había, pues Rayón imputaba el mal éxito del más empeñado de sus ataques contra aquella ciudad, a
la falta de municiones, de que no le proveyó con oportunidad Liceaga, que había quedado
encargado de hacerlo.177 Éste, en carta a Rayón que se encontró entre los papeles cogidos en
Tenango, se manifestaba muy desagradado por el nombramiento de vicario castrense hecho en Cos,
a quien calificaba desventajosamente,178 y así se verificaba, como sucede siempre cuando llega a
introducirse la división entre los individuos de un cuerpo, que cada incidente contribuía a
aumentarla. La derrota que Rayón sufrió en Tenango, vino a completar la desunión que ya existía y
dio motivo a la dispersión de los individuos de la junta. Rayón, previendo que Castillo Bustamante
no tardaría en marchar sobre Sultepec, acordó con sus compañeros que Liceaga fuese a la provincia
de Guanajuato y Verdusco a la de Michoacán, aquel con el título de general de las provincias del
Norte, y éste con el de las de Poniente a levantar fuerzas, mientras el mismo Rayón se retiraría a su
patria Tlalpujahua, para fortificar aquel punto y desde él extender sus operaciones en la de Méjico.
Formóse una acta que se publicó por bando y se insertó en el “Ilustrador americano”, en la que se
decía, que por ser conveniente atender al mejor arreglo de las tropas en los diversos distritos
dependientes de la junta, los individuos de ésta sin disolverla se separaban, y en consecuencia de
este acuerdo, luego que supieron que Castillo Bustamante había salido de Toluca el 16 de Junio,
Rayón hizo recoger la imprenta, artillería y cuanto se pudo trasportar de Sultepec, y tomó el 17 el
camino de Tlalpujahua.179 Liceaga se puso en marcha para el bajío de Guanajuato y Verdusco se
dirigió a Huétamo.
Antes de salir dio Liceaga orden para que fuesen degollados D. Bernardo Miramon (e),
subdelegado de Tenango, que había sido cogido al ir a Méjico y los treinta y dos españoles que con
infracción de la capitulación de Pachuca, habían sido hecho prisioneros en aquella ciudad y
conducidos a Sultepec, a los que se habían agregado dos mejicanos, Campuzano y Calderón, por
haberse manifestado contrarios a la revolución. Los religiosos del convento de S. Diego, después de
disponer cristianamente a aquellos desdichados, obtuvieron con dificultad que no se ejecutase esta
orden atroz, y Liceaga ofreció que serían conducidos a entregarlos a Rayón. Salieron en efecto
custodiándolos un tal Vargas, pero a tres leguas de distancia en las inmediaciones del pueblo de
Pantoja, los hicieron detener y rodeándolos con lanceros, pusieron a su frente porción de hombres
con armas de fuego para fusilarlos. Al ver preparar las armas, trataron de escapar cada uno por
donde pudo, pero sólo lograron salvar la vida tres y los dos americanos y todos los demás fueron
inhumanamente muertos, dándose con esto colorido de que habían intentado fugarse. Rayón, que no
estaba muy distante, volvió atrás al oír el fuego, y aunque así se pretendió hacer pasar este
acontecimiento como casual y sin su participación, nadie dudó que fuese cosa hecha por su orden, y
el Dr. Velasco en su manifiesto, asegura habérselo oído decir al mismo muchas veces. El conde de
Casa alta que había permanecido libre en Sultepec, salió acompañando a Rayón, lo cual y las cartas
que desde allí escribió al virrey Venegas en defensa de la insurrección, se tuvo por una prueba de su
complicidad en la entrega de Pachuca.180

177 Bustamante, Cuadro histórico, fol. tom. 2.º folio 122.


178 Bringas, impugnación a Cos.
179 Arechederreta, apuntes históricos. Bustamante, Cuadro histórico, tom. 2º fol. 126.
180 Está tomada esta relación de la declaración jurídica que dio D. José María Villar, uno de los europeos que
escaparon de la matanza, la que el presidente de la junta de seguridad Puente, pasó al virey con oficio de 6 de
Julio, y se halla inserta en la gaceta de 9 de Julio de aquel año, folio 726. Este Villar fue dueño de la mina de
Capula en el real de Atotonilco el Chico junto a Pachuca, y padre de la señora esposa de D. Francisco Ortega,
varias veces diputado, que ha desempeñado otros destinos, cuyos hijos los ocupan actualmente; los otros dos
españoles que salvaron la vida fueron D. Pedro Fernández, que pudo huir en Sinacantepec, no sé como, y
Fábregas; a otro D. Fernando Oteo lo pusieron en libertad en la hacienda de Sala; Villar ignoro como escapó. El
conde de Casa alta siguió siempre a Rayón, y murió de enfermedad en un pueblo del Sur de Michoacán. D. Carlos
Bustamante, que por decontado da por cierta la pretendida sublevación de los prisioneros españoles, Cuadro
histórico tom. 2º fol. 126, desaprueba sin embargo la matanza que de ellos se hizo, aunque no califica el suceso
más que de “desagradable”, y atribuye la culpa de él a la tenacidad del gobierno español en sostener la guerra, y
en mandar nuevas tropas de España.
61

Castillo Bustamante, vencidas las dificultades que ofrecía la serranía en que se halla situado
Sultepec, aumentadas con la fuerza de las aguas, que lo obligaron a hacer cinco días de penosa
marcha en las diez y seis leguas que hay de Toluca a aquel mineral, entró en él el 20 de Junio y lo
encontró desierto. Presentáronsele varios eclesiásticos y otros individuos que se habían ocultado
temerosos de ser perseguidos, por cuyo influjo hizo volver al resto de los habitantes, y se ocupó en
destruir las fábricas de cañones y pólvora establecidas por la junta, y en recoger la artillería,
municiones y pertrechos que encontró existentes u ocultos, de que remitió cantidad considerable a
Méjico,181 en donde entraron en triunfo el 29 de Julio, 31 cañones tomados en este lugar y en
Tenango. Hizo enterrar con pompa religiosa y militar los cadáveres de los desgraciados españoles
muertos cerca de Pantoja; restableció la administración política y económica; dio indulto a todos los
insurgentes que se presentaron a pedirlo, e hizo fusilar a los que fueron cogidos y condenados a
sufrir esta pena por la junta de guerra que estableció. Habiendo distribuido las tropas de su mando
en varias secciones, destinó la que puso bajo las órdenes del teniente coronel Enríquez a perseguir a
los individuos de la junta; encargó a Calvillo que con otra ocupase a Temascaltepec y pueblos
inmediatos; Calafat marchó a Zacualpan, y Aguirre y Pardo con las restantes fueron comisionados
para operar en diversas direcciones. Enríquez desistió pronto de seguir a los individuos de la junta
que se habían alejado con anticipación, pero alcanzó la artillería que Rayón había sacado de
Sultepec y cogió cinco cañones; Calafat se puso en comunicación con la guarnición de Tasco y
cuidó de aprovisionar aquel real, y Calvillo con los destacamentos que mandó hasta Tejupilco e
inmediaciones de Zitácuaro, sujetó todos los pueblos de aquella sierra. Castillo Bustamante regresó
entonces con su división a Toluca, para extender sus operaciones del lado de Ixtlahuaca, dejando
guarniciones en los puntos que creyó conveniente, y para reforzarlas hizo levantar compañías de
realistas, habiéndose distinguido con la suya el P. Campuzano en las excursiones que hizo con
Filisola, y especialmente en el ataque que éste con el teniente D. Juan Codallos, que mandaba la
compañía de cazadores del fijo de Méjico y 25 dragones, dio en el Salitrillo a gran número de
insurgentes.182 La guarnición de Sultepec fue atacada por los padres clérigos D. José Izquierdo, D.
Fabián Rodríguez, y D. Ignacio Saavedra, los cuales fueron rechazados por el teniente coronel D.
Santiago Mora, que mandaba en aquel punto; pero no obstante éste y otros reencuentros, todo el
valle de Toluca permaneció desde entonces sujeto al gobierno en una extensión de treinta leguas
hasta Ixtlahuaca, que vino a ser como la frontera del territorio que Rayón dominaba desde
Tlalpujahua, quedando abierta la comunicación con la capital.
Mientras por estas varias operaciones recobraba el virrey el valle de Toluca y países
comarcanos al S. O. de la capital, emprendía otras con el mismo objeto al N. de ella, en cuyo rumbo
los insurgentes se habían apoderado del real de Zimapán, heroicamente defendido por sus vecinos,
de Pachuca y de todos los lugares inmediatos. Dos pequeñas divisiones estaban empleadas en
aquella dirección: la del capitán D. Rafael Casasola (e) en Ixmiquilpán y la de D. Domingo
Claverino (e) hacia Actopan. El primero había hecho poco antes una expedición poco noble:
después de haber destruido el acantonamiento que los insurgentes habían formado en el Portezuelo,
convocando a los comandantes de realistas de las inmediaciones, marchó el domingo de Ramos (21
de Marzo) a sorprender a la gente pacífica que concurría a vender comestibles al tianguis o mercado
de Alfajayuca, y habiendo entrado en el pueblo sin resistencia y muerto ciento y cincuenta personas,
cogió el maíz y otros efectos que había en el mercado y lo repartió a su tropa, regresando en seguida
a Ixmiquilpán.183 Reunidas ambas divisiones bajo las órdenes de Claverino, se dirigió éste a
Pachuca, en donde entró sin oposición (10 de Mayo), y aunque los insurgentes ocupaban con mucho
tropel de gente y un cañón las alturas que dominan a aquel mineral, los desalojaron de ellas las

181 Véase el parte de Castillo Bustamante con el pormenor de estos pertrechos, gacetas de 27 y 29 de Agosto números
279 y 280.
182 29 Ag. Gaceta de 19 de Septiembre núm. 290 folio 989.
183 Véase el parte en que el mi mo Casasola cuenta estos vergonzosos pormenores en la gaceta de 31 de Marzo
número 205, folio 324.
62

partidas que Claverino mandó, haciéndoles algunos muertos y quitándoles el cañón. 184
Aposesionado Claverino de Pachuca, trató de recobrar los puntos inmediatos, tales como el Real del
Monte, el Chico y Atotonilco el grande, poniéndose en comunicación con el coronel Piedras en
Tulancingo, con cuyo fin, dejando el resguardo necesario en Pachuca, marchó a Atotonilco (21 de
Mayo) con 260 hombres, acompañándolo el teniente coronel Madera que estaba separado del
mando y desairado desde la capitulación de Pachuca. Con esta corta fuerza desbarató la gran
reunión que se había formado en Atotonilco, que Claverino hace subir a ocho mil hombres,
quitándoles once cañones, seis de los cuales eran de bronce tomados a los realistas en Pachuca y
Real del Monte, una culebrina de la fábrica real de Sevilla, y los cuatro restantes de plomo. 185 Los
jefes de los insurgentes Saucedo, González y otros, huyeron, y aunque Casasola los siguió hasta la
hacienda del Zoquital, no pudo darles alcance, habiéndoles quitado un costal con plata de iglesia y
otros efectos. Claverino publicó el indulto y lo concedió a los prisioneros; hizo destruir la fábrica de
cañones establecida en el real del Monte por La Chausée, hábil maquinista flamenco que se hallaba
en aquel mineral construyendo por cuenta del tribunal de minería, bajo la dirección de D. Fausto de
Elhuyar, director de aquel cuerpo, y de D. Andrés del Río, catedrático de mineralogía, la máquina
de columna de agua de la mina de Morán, habiendo tenido que quemar, por falta de mulas para
conducirlas, las cureñas que allí encontró, aunque muy bien hechas 186 y hecho todo esto regresó a
Pachuca, dando avisó a Piedras para que como lo hizo, situase un destacamento en Atotonilco el
grande para evitar se formase nueva reunión. En una excursión al Chico recogió Casasola la plata
de particulares que allí había y la condujo a Pachuca para hacerla barras y mandarla a Méjico, y
habiéndose presentado a Claverino (26 de Mayo), a pedir el indulto D. José Manuel Revilla minero
rico del Chico,187 el joven D. Juan José Andrade, que vimos se había pasado a los insurgentes con la
partida de dragones de España que mandaba, y otros individuos, lo concedió a todos, bajo la
condición de que se hiciesen acreedores a esta gracia con sus posteriores servicios, 188 y para hacerlo
así Andrade siguió en la división en calidad de soldado voluntario, y se distinguió de una manera
tan señalada en las acciones sucesivas, que mereció que el virrey, atendiendo sin duda también a los
méritos de su padre, no sólo lo repusiese en el empleo de alférez que tenía cuando desertó, sino que
le diese el de teniente, cuyo ascenso le hubiera correspondido en el tiempo que estuvo entre los
insurgentes.
La fuerza mayor de estos en los llanos de Apán, había entre tanto cargado sobre Tulancingo.
El comandante Piedras que había salido de aquel punto para auxiliar el movimiento de Claverino
sobre Atotonilco el grande, sabiendo las ventajas que este jefe obtuvo en aquel lugar, se apresuró a
volverse,189 y el 24 de Mayo se presentaron delante de aquella rica y cuantiosa población las
partidas reunidas de Villagrán, Serrano, Osorno, Cañas, Anaya, Espinosa y González, con gran tren
de artillería, dirigido por Beristain, y remitieron a Piedras multitud de papeles insultantes en prosa y
verso, intimándole se rindiese. No recibiendo contestación de aquel jefe, rompieron el fuego, que
continuaron durante seis días consecutivos intentando diversos ataques y causando mucho daño en
la población, sobre todo con un mortero hecho de una campana, con el que lanzaban piedras de mas
de dos arrobas de peso, y que colocaron sobre un cerro que domina al pueblo, el que por la multitud
de fragmentos de obsidiana labrados en forma de armas, parece haber sido en la antigüedad una
fábrica de estas; pero rechazados con pérdida en todos estos ataques por los intrépidos realistas que
con alguna tropa formaban la guarnición, habiendo perdido algunos cañones que esta les quitó en
las salidas que hizo, y sobre todo con la llegada de Claverino con su división, que se puso en
marcha luego que supo el peligro en que Tulancingo se hallaba, se retiraron, cuando ya escaseaban
las municiones en la plaza y las obras de fortificación se hallaban muy maltratadas, dejando porción

184 Gaceta de 12 de Mayo núm. 227 fol. 600.


185 Parte de Claverino, gaceta de 28 de Mayo número 235 folio 557.
186 Segundo parte de Ciaverino, gaceta núm. 235 fol. 561.
187 Era dueño de la mina de Arévalo, que después fue trabajada por la compañía alemana.
188 Parte de Claverino, gaceta n. 239 fol. 581.
189 Parte de Piedras, gaceta de 27 de Junio núm. 252 fol. 678, y de Claverino, gaceta de 4 de Junio núm. 239 fol. 581.
63

de muertos, entre ellos un religioso dieguino, y habiendo sido herido, según se dijo, Beristain.
Piedras entonces con el muy oportuno auxilio que recibió, hizo salir a seguir el alcance parte de sus
tropas a las órdenes de D. Carlos María Llorente (e), y lo mismo hizo la caballería de Claverino,
con lo que se causó gran mortandad a los insurgentes en el llano de Zacatepec, diciendo Llorente en
su parte, que no quedó ninguno de sus soldados que no hubiese manchado en sangre su espada,
lanza o bayoneta.190
El grave riesgo en que se había hallado Tulancingo, que en Méjico se creyó perdido, 191 y el
peligro en que Pachuca quedaba con escasa guarnición después de la salida de Claverino, hicieron
que el virrey dispusiese la pronta marcha para aquel mineral del batallón de Guanajuato, que había
vuelto a la capital con Calleja, acabado el sitio de Cuautla. Con este aumento de fuerza Claverino
extendió sus operaciones a los llanos de Apán, desalojó a los insurgentes de Capulalpán, cuyo punto
habían fortificado,192 y los batió en la venta de Irolo (Junio 24). Estas ventajas fueron balanceadas
con la pérdida que sufrió Samaniego (e), comandante del batallón de Guanajuato, quien habiendo
intentado atacar a Zacatlán, tuvo que retirarse a la hacienda de Atlamajac y de allí a Apán, habiendo
corrido riesgo de ser envuelto y desbaratado193 (25 de Julio). Los insurgentes en número
considerable atacaron a Llorente en Atotonilco el Grande (20 de Julio) y no pudiendo apoderarse de
la población le pegaron fuego,194 y en otro ataque que intentaron (23 de Agosto), mandados por
González, Maya y Flor, pusieron a Llorente en gran riesgo. 195 El pueblo de Apán fue atacado más
adelante (5 de Septiembre), y aunque su guarnición, mandada por el capitán D. Manuel Pardo, se
reducía a cincuenta infantes de Nueva España y sesenta dragones de Méjico, fue rechazado un
grueso considerable de insurgentes casi todos a caballo, 196 y pocos días después (21 de Septiembre,)
el mismo Pardo los atacó y desbarató en su marcha de Otumba a Apán, 197 de cuya acción, de muy
poca importancia, sólo hago mención por ser la primera vez que se halla en los papeles públicos el
nombre de D. Gabriel Valencia, que después ha figurado tanto en el país y que era entonces cadete
de dragones de Tulancingo. Así no obstante haber recobrado a Pachuca y batido en diversos
reencuentros a los insurgentes, estos eran dueños de los llanos de Apán, y Osorno conservaba su
posición en Zacatlán desde la cual dirigía sus correrías en diversas direcciones.
Llano con la parte del ejército que formó el sitio de Guautla y que bajo sus órdenes se separó
de Calleja en Ozumba, llegó a Puebla (17 de Mayo) en circunstancias que la vecina ciudad de
Tlaxcala se hallaba en gran aprieto, hostilizada por los insurgentes reunidos en el pueblo de Santa
Ana Chautempan, desde el que se extendían al santuario de Ocotlán y demás alturas que dominan
aquella capital.198 El brigadier Irisarri, que mandaba en Puebla, despachó en su auxilio al teniente
coronel Conti con un convoy de víveres, tabaco y otros efectos,199 (11 de Mayo,) cuya llegada fue
tan oportuna, como que en el mismo día fue atacada la ciudad por un número considerable de
insurgentes con siete cañones y una campana en forma de obús que cargaban con piedras. Irisarri,
por los avisos que recibió y por el vivo fuego que se oía en aquel rumbo, hizo marchar un nuevo
refuerzo al mando del capitán D. Francisco Cárdenas, (12 de Mayo) con cuya llegada Conti, que
había rechazado a los insurgentes pero que había tenido que retirarse con pérdida, habiendo
intentado apoderarse de las alturas de Ocotlán, los desalojó de ellas haciéndose dueño de aquel

190 Gaceta de 30 de Junio núm. 253 fol. 687.


191 Areched., apuntes históricos.
192 Gaceta de 30 de Junio núm. 253 fol. 689, parte de Claverino en Zempoala, Junio 26.
193 Es notable por su pedantería el parte en que Samaniego avisa de este descalabro que se insertó en la gaceta de 13
de Agosto núm. 272 fol. 845. “No obraron más los espartanos, dice, que transmitieron a la posteridad el célebre
nombre de las Termópilas, como lo que obró la división de mi cargo en su marcha al ataque de la hacienda de
Atlamajac. Eran necesarias las plumas de los Curcios y de los Jenofontes etc.”
194 Gaceta de 15 de Agosto núm. 273 Col. 849.
195 Idem de 3 de Septiembre núm. 283 fol. 931.
196 Gac. de 17 de Septiembre núm. 289 fol. 984.
197 Idem de 24 de idem núm. 292 fol. 1009.
198 Parte del gobernador Campillo, de 9 de Mayo, gaceta de 2 de Junio núm. 238 fol. 677.
199 Gaceta de 19 de Mayo, núm. 230 fol. 519.
64

santuario, y con la llegada de Llano a Puebla, pudo ocuparse en perseguirlos en las inmediaciones,
quedando Tlaxcala libre del asedio que había sufrido por largo tiempo.200
Desembarazado con esto Llano de las atenciones mas inmediatas, marchó a fines de Mayo
(29) con la columna de granaderos, batallón de Asturias y la correspondiente caballería y artillería,
con el objeto de franquear la comunicación con Orizava y conducir los tabacos detenidos en aquella
villa, que era tanto más necesario llevar a la capital, en donde escaseaban para la fábrica de cigarros,
cuanto que este ramo era el único con que contaba el gobierno para atender a tantos gastos. El 30 de
aquel mes atacó y tomó el fuerte punto de Tepeaca, en el que Arroyo había hecho construir muchos
parapetos que intentó defender, dejando entrar a los realistas hasta las calles para atacarlos por la
retaguardia; pero frustrado este plan, abandonó la población y en su retirada a Acatzingo perdió su
artillería, que consistía en seis cañones, y él mismo huyó hasta Jico siendo su gente enteramente
dispersada. La víspera del ataque, hizo Arroyo sacar de la ciudad a Rosains a quien tenía preso en
ella, poniéndolo a cargo del “Bendito”, otro bandido de aquel rumbo, quien lo condujo con los
brazos atados y en aquella noche lo puso en un calabozo en la hacienda de S. Gerónimo, de donde
lo llevó a Tepejí y allí permaneció treinta y dos días entre la vida y la muerte, en una prisión
inmunda, en compañía de D. Antonio Sesma, sujeto distinguido de Puebla que salió a unirse con los
insurgentes y fue también preso por Arroyo, hasta que Morelos, a quien Rosains ocurrió, dio orden
para que se les pusiese en libertad, con lo que pudieron ambos trasladarse a Izúcar. 201 Llano hizo
perseguir a los dispersos en todas direcciones, y encontrando a Tepeaca desierta por haber huido los
habitantes, temerosos de los castigos que se decía hacían los jefes realistas en los pueblos que
ocupaban, publicó una proclama en la que los invitaba a regresar y abrir sus casas, amenazándolos
con la confiscación de sus bienes, si no lo hacían, y a los pueblos de la provincia con hacer correr en
ellos arroyos de sangre, si no abandonaban el partido de la insurrección.202
Es Tepeaca una pequeña población que hoy se halla en decadencia, pero que fue de grande
importancia en los tiempos próximos a la conquista. Su campiña es fecundisíma en maíz, y por su
posición domina los caminos de las villas y de Oajaca. La iglesia de S. Francisco, que es la
principal, es notable por su construcción que la hace parecer más bien un castillo gótico que un
edificio destinado al culto, porque, como todas las iglesias, fabricadas en aquella época, tenían el
doble objeto de servir de punto de defensa y de reunión religiosa. Por estas circunstancias, Tepeaca
vino a ser el centro de las operaciones militares en aquella comarca durante toda la guerra, y Llano
dejando en ella el suficiente resguardo, salió el 4 de Junio para el pueblo de Tecamachalco, que
encontró fortificado, pero abandonado por los insurgentes. De allí continuó su marcha a Orizava,
pero siendo necesario para hablar de esta expedición, hacerlo antes de los sucesos que la
precedieron y motivaron, la dejaremos para tratar de ella en su lugar en el capítulo siguiente. Para
que Llano pudiese ocuparse de estas y otras operaciones, nombró el virrey gobernador militar y
político de Puebla al mariscal de Campo, conde de Castro Terreño, grande de España, que había
venido con objetos particulares, como en su lugar se dijo, pero que se prestó a hacer este servicio en
atención a la escasez de jefes que había.203
Al retirarse Calleja de Cuautla después de la toma de aquel pueblo, dejó al capitán D. José
Gabriel de Armijo con su escuadrón de lanceros, para que protegiese los pueblos y haciendas de los
valles de Cuautla y Cuernavaca. Instruido Armijo de que el coronel insurgente D. Francisco Ayala,
que había adquirido con justicia mucha fama de resolución y valentía, se hallaba en la hacienda de
Temilpa en el valle de Cuernavaca, reuniendo gente y construyendo cañones, con el objeto de
hacerse fuerte en aquel punto ventajoso,204 dispuso atacarlo y para sorprenderlo se puso en marcha

200 Véanse los pormenores relativos a los sucesos de Tlaxcala, en las gacetas citadas y en la de 23 de Mayo núm. 232
fol. 539.
201 Manifiesto de Rosains.
202 Partes de Llano, insertos en las gacetas de 6 de Junio núm. 240 fol. 595, y 7 de Julio núm. 256 fol. 711.
203 Areched. Apunt hist con fecha 25 de Mayo, en cuyo día salió el conde para Puebla.
204 Parte de Armijo. Gaceta de 16 de Junio núm. 245 fol. 627. Bust., Cuad. hist. tom. 2.º fol. 95, desfigura
extraordinariamente este suceso.
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por la noche con ciento cincuenta lanceros y la compañía de realistas de Cuautla, previniendo al
comandante de Cuernavaca ocupase las salidas en aquella dirección. Ejecutado todo con
puntualidad y acierto, Armijo llegó a Temilpa antes de amanecer, y tomados todos los puntos de
retirada, asaltó la casa de la hacienda, en la que Ayala, aunque cogido de improviso, hizo una
bizarra defensa, lo que obligó a los realistas a incendiar los tejados; Ayala, resuelto a dejarse quemar
antes que entregarse, se redujo a un rincón con sus dos hijos y treinta hombres que lo siguieron, y
desde allí continuó haciendo fuego, hasta que atacado denodadamente por veinticinco hombres
mandados por el teniente de lanceros D. Félix de la Madrid y el alférez D. Francisco Beistegui, tuvo
que rendirse, cuando ya once de sus compañeros habían perecido por la espada o habían sido
quemados. Armijo hizo fusilar a la entrada de Yautepec, a Ayala, a sus dos hijos y a los principales
que lo acompañaban, dejando colgados sus cadáveres en el camino y en los pueblos inmediatos.
Tanto valor hubiera sido digno de otro premio, pero en el género de guerra que se hacía, la muerte
era la suerte inevitable de todos los jefes prisioneros en uno y otro partido.
Otros varios reencuentros hubo en el valle de Cuernavaca con las escoltas de los convoyes
con que era preciso caminar;205 lo mismo sucedió en el de Cuautla con las partidas que en él habían
quedado o venían del rumbo de Chautla, 206 y Tasco sufrió un ataque más formal en fin de Mayo por
las fuerzas reunidas del mariscal de campo Lizalde, cura Ravadan y otros que fueron rechazados por
el comandante D. Miguel de Ortega, en cuya acción fue herido D. Felipe Codallos, general que ha
sido de la República y que entonces era alférez de granaderos del batallón de Santo Domingo, cuyo
cuerpo levantado por el arzobispo Lizana para pasar a aquella isla, nunca llegó a ir a su destino e
hizo en Nueva España toda la campaña de la revolución.207
Las operaciones en estos valles se ligaban con las del de Toluca, por la proximidad de Tasco a
Sultepec y por la continuación de la sierra de Ajusco hasta el monte de las Cruces, en cuyo punto
permanecía Meneso para asegurar el camino de Toluca a Méjico, y en él derrotó y dispersó una
gruesa reunión que a las órdenes de Marín, el P. Herrero, Alquiciras y González, acababa de tomar
un cargamento de efectos (30 de Junio), el que recobró persiguiendo a los fugitivos hasta el pueblo
de Huisquilucan, quitándoles dos cañones y porción de municiones y armas. Siguiendo la cordillera
de montañas que por la parte del Poniente cierra el valle de Méjico hasta tocar al Norte con las de
Actopan y Pachuca, atraviesan por ella los caminos que conducen a Querétaro y la tierra adentro,
practicables sólo para caballerías excepto el que pasando por Tula y el puerto de Capulalpán, sale a
Arroyozarco, que lo es para carruajes. El cura de Nopala D. José Manuel Correa, 208 que como antes
hemos visto, fue nombrado por la junta de Zitácuaro brigadier y comandante de todo este distrito
había vuelto a él y levantado nuevas fuerzas y fundido artillería, después de haber perdido las que
condujo a la defensa de Zitácuaro y cerro de Tenango, en el que como se ha dicho, estaba situado en
el punto del Veladero, cuando aquel fue tomado por Castillo Bustamante. 209 Ondarza (e) que sin ser
militar de profesión ni tener grado en el ejército, hacia la guerra como voluntario, titulándose el
patriota, o el granadero distinguido, estuvo muy cerca de sorprender a Correa en su casa, y él mismo
condujo con seguridad a Méjico un convoy210 de treinta y cinco mil carneros, y unido con Argumosa
entró en Jilotepec (29 de Mayo), en donde estaban fortificados los insurgentes, con lo que tenían
obstruido el camino que pasa por allí. Por el de Tula y sus contornos hacían frecuentes expediciones
D. Pedro Monzalve, comandante del destacamento de Escapuzalco, 211 y el subdelegado de
205 Parte de D. Justo Huidobro, comandante de Cuernavaca, del ataque del convoy que caminaba a Méjico el 11 de
Junio. Gaceta de 4 da Julio, núm. 255 fol. 701.
206 Gaceta de 13 de Agosto, núm. 272 fol. 844; parte de D. Juan Félix Goyeneche, comandante de los realistas de
Cuautla.
207 Gac. de 4 de Junio n. 239 f. 583.
208 Anteriormente se dijo por equivocación que se llamaba D. José María.
209 Arechederreta, Apuntes históricos.
210 Manifiesto de Correa en el Cuadro histórico de Bustamante, tomo 2.º fol. 109, de donde están sacados estos
hechos, omitiendo las muchas falsedades o exageraciones en que aquel documento abunda.
211 Sus partes de 12 y 18 de Marzo y 5 de Abril, en los fols. 275, 295 y 374 del primer tomo de la gaceta de 1812, en
el que pueden verse también los de Moreno.
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Cuautitlán Moreno, y aunque el virrey había tenido que retirar las fuerzas situadas en Ixmiquilpán y
Actopan para hacerlas marchar a Pachuca, luego que el regreso de Llano a Puebla le permitió sacar
de aquella ciudad el batallón americano, que había tenido algunas riñas con la plebe y llevarlo a
Méjico, hizo salir parte de este cuerpo (Junio 2), a las órdenes de su comandante D. Ramón
Monduy, quien partiendo de Escapuzalco, recorrió todos los pueblos de la sierra, recogiendo los
efectos robados, quemando las casas del mariscal Cañas y otros jefes principales de la insurrección,
y pasando por la villa del Carbón y Jilotepec, fue a situarse en Tula (22 de Junio.) 212 Fernández con
la gente de la hacienda de Tlahuelilpán, seguía sus correrías en las inmediaciones, y en una de estas,
sabiendo que una partida de insurgentes mandada por el capitán Zamora, había degollado en el
pueblo de S. Martín fiel al gobierno, a trece indios a la vista de sus mujeres e hijos, unido a los
patriotas de Actopan la persiguió con empeño y la destruyó enteramente, matando o hiriendo a
cuantos la componían (19 de Julio.)213 Monzalve, encargado de asegurar el camino de tierra adentro,
llegó a S. Juan del Río y desde allí marchó a hacer un reconocimiento en Huichapán (12 de Julio) 214
sin atreverse por entonces a atacar aquel pueblo que estaba bien fortificado y defendido por
Villagrán. Todas estas correrías eran sangrientas y especialmente los soldados del batallón
americano, que en todas partes dejaban mala reputación, cometieron todo género de excesos en los
pueblos de la serranía del Carbón. Las represalias eran igualmente atroces, según acabamos de ver
que fueron tratados los vecinos del pueblo de S. Martín.215
Estas nuevas fuerzas habían cubierto pues en esta dirección, el vacío que habían dejado las
secciones de Claverino y Casasola, destinadas a Pachuca y llanos de Apán, las cuales con el
refuerzo que habían recibido del batallón de Guanajuato, obraban activamente en estos últimos,
comunicándose con las tropas salidas de Puebla, y por esta serie de operaciones en la circunferencia
de Méjico y Puebla, el virrey había recobrado en poco tiempo todo lo perdido durante el sitio de
Cuautla, quedando sólo en poder de los independientes Zimapán e Izúcar, defendido este último
lugar más bien por el terror de las derrotas sufridas en él por los realistas, que por la fuerza que allí
había. Veamos ahora lo que en el periodo que acabamos de recorrer había acaecido en las provincias
más distantes.

212 Gaceta de 6 de Agosto, núm. 269 fol. 818.


213 Id. de 13 de id. núm. 272 fol. 843.
214 Id. de 15 de id. núm. 273 fol. 852.
215 Comienzo desde aquí a hacer uso del “Diario del gobierno y operaciones de la secretaría y ejército al mando del
Exmo. Sr. presidente de la suprema junta y ministro universal de la nación Lic. D. Ignacio. López Rayón”, llevado
por su secretario, que comienza en Agosto de 1812 y alcanza hasta 10 de Noviembre de 1813, volviendo a
comenzar en Enero de 1814 de cuyo año no comprende más que este mes y parte de Febrero. El suceso del pueblo
de S. Martín es con el que da principio dicho diario, aunque difiriendo algo en el nombre y en los incidentes del
parte de Fernández. Dice así: “Día 5 [de Agosto] se recibió un parte oficial del Sr. brigadier D. Manuel Correa, en
que copia otro del capitán D. José Rosillo, quien con cincuenta hombres y diez y seis fusiles, escarmentó para
siempre al fanático pueblo de S. Agustín, inmediato a Actopan, que se había alarmado por sí mismo, protegiendo
al tirano gobierno: logró dejar tendidos en el campo de batalla a cincuenta y tres, tomando prisioneros a dos
cabecillas, que pasó por las armas, dos fusiles y diez y nueve lanzas, siendo el último resultado incendiar esta
desgraciada población, para terrible ejemplo de las demás que cometan contra la patria tan enorme ingratitud”.—
He seguido en el texto lo que dice Fernández en su parte. El citado diario, que me ha sido de mucha utilidad, está
en poder del Lic. D. Ignacio Rayón, hijo del general. El secretario de Rayón se llamaba D. José Ignacio
Oyarzábal.
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CAPÍTULO V.
Operaciones en diversas provincias.—Marcha García Conde a Marabatio.—Auxilia a Valladolid.—Su campaña
en el bajío de Guanajuato.—Sucesos de Nueva Galicia.—Prisión, proceso y ejecución de Torres.—Operaciones
combinadas con las tropas de Nueva Galicia contra Albino.—Sorprende Iturbide a Albino en el valle de Santiago.—Su
ejecución en Celaya.—Vuelve García Conde al bajío y pierde parte del convoy que conducía.—Operaciones de Iturbide
contra Liceaga y Cos en el bajío.—Sucesos de S. Luis Potosí.—Fortifica Rayón el cerro del Gallo en Tlalpujahua.—
Excursiones de D. Ramón Rayón.—Derrota y prisión de Ferrer en Jerécuaro.—Mándalo fusilar Rayón.—Prisión,
sentencia y ejecución del P. Salto en Valladolid.—Decreto del virrey contra los eclesiásticos aprehendidos haciendo
armas.—Contestaciones a que este decreto dio motivo y su resultado.—Manifiesto del obispo de Puebla.

Según en su lugar se dijo,216 luego que Calleja se hubo apoderado de Zitácuaro, destacó del
ejército del centro a las órdenes del coronel D. Diego García Conde, que en la promoción general
obtuvo el grado de brigadier, una división compuesta del segundo batallón de la Corona bajo el
mando del teniente coronel D. Joaquín Villalva; un batallón mixto formado de piquetes de diversos
cuerpos, que mandaba el capitán D. Agustín de Iturbide; el regimiento de caballería de Puebla; dos
escuadrones del cuerpo de frontera y algunas piezas de artillería, con el fin de perseguir a las
partidas de insurgentes que inundaban el bajío de la provincia de Guanajuato, especialmente a
Albino García, que cada día se hacía más temible; cubrir todas aquellas poblaciones acudiendo
adonde la necesidad lo requiriese, y custodiar los convoyes, procurando franquear la comunicación
con la capital. Situóse García Conde en Marabatío, punto central entre Valladolid, Guanajuato y
Querétaro,217 y mientras se ocupaba en levantar compañías de realistas y en fortificar aquel lugar
importante para la comunicación de las provincias del interior con la capital, mandó a Villalva con
parte de la fuerza a la sierra de Santa María Tismadé para atacar a los Cañas y a D. Ramón Rayón, y
aunque estos no lo esperaron, consiguió el intento de destruir la fundición de cañones y quemar el
nuevo pueblo que habían comenzado a formar en aquel sitio, con casas de madera. Siguió luego
García Conde con toda su fuerza reunida a Acámbaro (3 de Febrero), y sabiendo allí que Valladolid
se hallaba atacada, hizo avanzar hasta Indaparapeo una sección mandada por el teniente coronel
Oroz y por Iturbide, por si aquella ciudad tuviese necesidad de ser socorrida, y continuó con el resto
de la división hacia Celaya, para dejar en aquella ciudad los enfermos que conducía del ejército del
centro y porción de provisiones tomadas en Zitácuaro, pero tuvo que retroceder desde Tarimoro, a
donde había hecho la primer jornada, por haber recibido aviso de Trujillo, manifestándole lo
importante que era que no se apartase de Acámbaro, mientras Valladolid se encontrase rodeada por
fuerzas muy considerables.
En efecto, Albino García, a quien en sus rápidas expediciones de pillaje hemos visto atacar a
Celaya; talar las inmediaciones de Pénjamo, haciendo retirar de ellas a los realistas; pasar de allí a
Lagos y echarse sobre Guanajuato, había atacado después a Irapuato (11 y 12 de Enero) 218 y
aumentado su fuerza, quitando las armas y desbaratando otras partidas de insurgentes, cuyos jefes
rehusaban obedecerle como Rubí y el P. Saavedra. La junta de Zitácuaro le exigió que reconociese
su supremacía, y para obligarlo despachó contra él a Cajigas con tropa y artillería; pero Albino, que
no respetaba más al gobierno de Zitácuaro que al de Méjico y que pretendía ser independiente de
todos, y sin plan ni objeto ninguno político, no intentando más que robar y dar rienda suelta a sus
apetitos, atrayéndose secuaces con permitirles igual licencia, como partidas de beduinos, atacó a
Cajigas, y quitándole la artillería y las armas, lo dejó volver sólo a dar cuenta a la junta de lo poco
que con él podía tanto su autoridad como sus fuerzas. Ahora en combinación con Múñiz y
Navarrete, se había movido sobre Valladolid, cuya ciudad debía atacar él por la parte del Norte, al
mismo tiempo que lo harían por el Poniente el P. Navarrete y por el Sur Múñiz, con la gente que
216 Véase el cap. 7.º del lib. 3.º
217 Parte de García Conde de 17 de Febrero en Salamanca, inserto en la gaceta de 27 de Febrero núm. 190 fol. 218.
218 Parte dado a Calleja por Esquivel, comandante de Irapuato, inserto en la gaceta de 23 de Julio núm. 263 fol. 765.
Este parte tiene fecha 13 de Mayo pero debe ser evidentemente 13 de Enero. Acaso el duplicado se puso en Mayo
por extravío del principal.
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había reunido en Tacámbaro y Piedra con cuatrocientos hombres de su hacienda de Canario.


Trujillo, para desbaratar esta combinación que debía realizarse el 3 de Febrero, hizo salir el 2 al
capitán D. Antonio Linares con cien infantes, doscientos caballos y tres piezas ligeras en busca de
Albino a quien encontró situado en las alturas del pueblo de Tarímbaro, con una multitud de gente
casi toda a caballo, que Linares hace subir a cuatro mil hombres con seis cañones. Albino al
descubrir a Linares se echó sobre él con su gran masa de caballería, pero puesta en desorden
fácilmente ésta por el fuego a metralla de la artillería de Linares, se dispersó abandonando sus
cañones y sufriendo gran pérdida en el alcance. Linares volvió a Valladolid en el mismo día,
llevando en triunfo la artillería de Albino y más de seiscientos caballos y mulas, la mayor parte
ensillados, que con otros despojos le quitó. Múñiz, ignorando el desastre de su compañero, se
presentó delante de Valladolid el día convenido, y según su táctica invariable en los repetidos
ataques que dio a aquella plaza, ocupó las alturas de la loma de Santa María, coronándolas con diez
cañones. Trujillo, unido con Linares, lo atacó en ellas; lo puso en fuga quitándole su artillería, y
habiéndolo perseguido Linares hasta Tacámbaro, tomó y quemó aquel pueblo, cogió nueve cañones
que allí había, y destruyó la fábrica de armas que de nuevo había formado el mismo Múñiz.
Navarrete, avisado a tiempo de la derrota de Albino, no se presentó y se volvió a su posición de
Jaujilla. Así Trujillo por sus acertadas medidas, con un puñado de gente desbarató sin perder un solo
hombre, una combinación de ocho a diez mil, y se hizo dueño en tres días de veinticinco cañones.
No por esto varió el estado de cosas en Michoacán: Múñiz volvió a fundir cañones y reunir gente;
las partidas, aunque no hubiese ninguna de consideración, inundaban los caminos e interceptaban
las comunicaciones, en términos, que se pasaron ocho meses en Valladolid sin tener noticias de
Méjico,219 y el parte de Trujillo de 8 de Febrero refiriendo estos sucesos, no llegó a manos del virrey
hasta principios de Junio.220 Piedra pasó a auxiliar a Morelos sitiado en Cuautla, en cuya salida fue
hecho prisionero en S. Gabriel según se ha dicho con D. Leonardo Bravo, y conducidos ambos a
Méjico, y el P. D. Luciano Navarrete, se volvió al fuerte que había construido en Jaujilla, del que
Linares recibió orden de Trujillo para hacer un reconocimiento, y aunque por estar situado en medio
de una laguna o terreno anegadizo, fue menester para practicarlo que la tropa entrase con el agua a
la cintura, sufriendo un fuego vivo de metralla y fusilería que causó la pérdida de más de cuarenta
hombres, entre ellos dos capitanes y un subalterno, aquel jefe cumplió con puntualidad su comisión,
llevando un informe completo del estado de las fortificaciones, que sirvió después de norma para las
operaciones ulteriores.221
Albino García, que de cada derrota parecía sacar nuevas fuerzas, reunió prontamente su gente
dispersa y volvió al Valle de Santiago, que venía a ser su cuartel general; juntáronsele las partidas
de Escandón, los González, Salmerón, Cleto Camacho, los pescadores y del negro Valero, todos los
cuales, así como él, no tenían más objeto que el pillaje, ni reconocían autoridad alguna; pero aunque
independientes entre sí, se unían cuando había que dar un buen golpe o que defenderse de un
peligro común, y su reunión formaba un número de gente muy considerable. García Conde, 222 no
siendo ya necesario su auxilio en Valladolid, dispuso atacar a Albino en el Valle, y con este objeto
dio orden a la sección de Oroz, que tenía avanzada en Indaparapeo, para que se situase en Yurira,
dirigiéndose de allí al Valle, a cuyo punto marchó el mismo García Conde desde Celaya para coger
a Albino entre dos fuegos: pero fuese que la orden fue interceptada o mal entendida, Oroz en vez de
ejecutar el movimiento prevenido se dirigió al pueblo de los Amoles, y en el camino encontró y
dispersó una de las partidas que Albino había convocado, haciéndole algunos muertos y cogiendo al

219 Así lo escribió el obispo Abad y Queipo a un amigo suyo en Méjico, cuya carta vio el Dr. Arechederreta y la cita
en sus apuntes históricos.
220 Se insertó en la gaceta de 6 de Junio núm. 240, fol. 589: el de Linares está en la misma gaceta fol. 593. Ambos son
copias duplicadas de las primeras comunicaciones remitidas e interceptadas. Linares, hombre de- mucha
veracidad, repite en la exposición de sus méritos dirigida al virrey, que tengo manuscrita, que Albino García tenía
en esta acción más de cuatro mil hombres.
221 Exposición citada de Linares.
222 Vuelvo a tomar desde aquí el parte de García Conde citado de 17 de Febrero.
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coronel Pulido y otros tres prisioneros, que según costumbre fueron inmediatamente fusilados.
Desconcertada por este incidente la combinación de García Conde, se encontró éste solo con su
sección, teniendo que luchar con todas las fuerzas reunidas de Albino que formaban dos largos
cordones, a derecha e izquierda del camino de Parangueo al Valle, y aunque García Conde los hizo
cargar vigorosamente por dos escuadrones de Puebla, se fueron retirando en buen orden hasta las
mismas calles del pueblo que defendieron con tesón. García Conde logró penetrar hasta la plaza,
(13 de Febrero) pero hallándose sin víveres, resolvió volver a salir en la mañana siguiente, teniendo
siempre a Albino con su caballería a la vista en las alturas inmediatas, hasta que se reunió la
división de Oroz al cuerpo de aquel. Juntas todas sus fuerzas, salió nuevamente García Conde, (15
de Febrero) en busca de Albino, quien no lo esperó y lo dejó entrar sin resistencia en el Valle, no
pudiendo por entonces García Conde emprender seguirlo más lejos por haberle pedido auxilio el
comandante de Irapuato Esquivel, temeroso de que Pedro García, que con su partida había atacado a
León y derrotado y dado muerte al comandante D. Manuel de la Concha, cayese sobre Irapuato, con
lo que García Conde retrocedió a Salamanca, desde donde se volvió a Celaya.
No lo dejaron descansar mucho en aquel punto las nuevas atenciones que lo rodearon. 223
Habíanse juntado en S. Miguel el Grande el teniente general Reyes, con los mariscales padre
Pedrosa, negro habanero y otros, cuyas fuerzas ascendían a tres o cuatro mil hombres, con seis
cañones y porción de armas de fuego, teniendo número considerable de tropas disciplinadas
compuestas de desertores de los realistas. Para desbaratar esta reunión, combinaron un movimiento
el comandante de la brigada de Querétaro García Rebollo y García Conde: el primero hizo marchar
a D. Ildefonso de la Torre con una división; el segundo al anciano, pero infatigable capitán
Guizarnótegui, con dos escuadrones de caballería, regulando sus movimientos para estar ambas
fuerzas el 26 de Febrero al amanecer sobre el enemigo. Llegó sin embargo primero la división de
Querétaro que había comenzado el ataque cuando se dejó ver la de Guizarnótegui, y entre ambas
desalojaron a los insurgentes del cerro de la Cruz que domina a la población, haciéndoles muchos
muertos, entre ellos un religioso agustino que era de los principales jefes, les tomaron la artillería y
se apoderaron de la villa, quedando expedito el camino para que pasase el convoy destinado a S.
Luis Potosí, que estaba detenido en Querétaro. Vuelto Guizarnótegui de esta expedición, fue
destinado con otra a Salvatierra (3 de Marzo,) donde se estaba fortificando Escandón. Aquella
ciudad fue entrada sin resistencia; Guizarnótegui hizo perseguir en su fuga a los insurgentes, y
publicó un bando intimando a los vecinos so pena de la vida, que entregasen las armas, y
desbaratasen en un tiempo prefijado las fortificaciones construidas con enormes peñascos, que
formaban en las calles trincheras de grande altura y espesor.224
García Conde entre tanto se movió sobre Irapuato, 225 amenazado por Albino, quien instruido
de su llegada no se atrevió a intentar el ataque; marchó luego a Silao (7 de Marzo), e hizo que las
dos compañías de patriotas de aquella población, saliesen a atacar a la partida del Aguador, situada
en la Laja, la que dispersaron haciendo algunos prisioneros, que fueron pasados por las armas.
Dirigiéndose en seguida a León, supo que Pedro García tenía sitiado en S. Pedro Piedra Gorda, al
capitán D. Angel Linares,226 que mandaba una sección de tropas de la nueva Galicia, y llegó tan
oportunamente que Linares, cuyos correos dando aviso a Negrete de su situación y pidiéndole
auxilios habían sido interceptados, estaba escaso de municiones y reducido a defenderse en la plaza,
en un recinto de tablas que había formado, bastante para resistir el primer ímpetu de los insurgentes,
cuya fuerza principal consistía siempre en estas provincias del interior en caballería, pero no para
sostenerse mucho tiempo, y se hubiera visto en la necesidad de perecer o rendirse. Unido entonces
con Linares, fueron ambos al pueblo del Rincón de León, para castigar a aquellos vecinos
constantemente adictos a la revolución, pero hallando que se habían fugado, quemaron algunas
223 Partes de García Conde y de García Rebollo con los de Torre y Guizarnótegui, en la gaceta de 17 de Marzo núm.
198 fol. 281 a 286.
224 Parte de Guizarnótegui, gaceta de 11 de Julio núm. 258 fol. 730.
225 Id. de García Conde, id. id. id. fol. 727.
226 Parte de Linares a Cruz, gaceta de 18 de Abril núm. 213 fol. 403.
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casas, y volvieron a León donde se quedó Linares, a quien municionó García Conde en cuanto
alcanzó la provisión que el mismo tenía, y regresó a Silao (17 de Marzo.)
La escasez de numerario había reducido a Guanajuato al último extremo: la plata pasta se
vendía a bajo precio, y el laborío de las minas padecía grave atraso por esta causa. Una diputación
del ayuntamiento salió hasta Silao, con un oficio del intendente, instando a García Conde para que
llevase a Querétaro las barras de plata de los particulares, ya que los oficiales reales no se creían
autorizados a poner en camino las de la real hacienda sin orden expresa del virrey, y volviese
trayendo el numerario y efectos que estaban detenidos en aquella ciudad. Hízolo así García Conde,
y habiendo llegado sin tropiezo a Querétaro, volvió a salir el 8 de Abril conduciendo para
Guanajuato los reales destinados a aquel mineral y gran cantidad de efectos mercantiles que habían
de distribuirse en todas las provincias del interior.
Caminó García Conde con el convoy sin dificultad hasta Salamanca, pero apenas hubo
entrado en aquel pueblo (11 de Abril,) se encontró rodeado por todas partes: Albino había reunido
en momentos toda su gente, y sus compañeros, excitados por el atractivo de tan rica presa, habían
acudido sin tardanza en número de cuatro a cinco mil hombres. García Conde tuvo que reforzar sus
avanzadas227 para impedir que los insurgentes penetrasen en la población, y aunque pensó salirlos a
atacar con dos secciones, dejando otra para resguardo de los reales y cargas, creyó que se
aventuraba mucho quedando éstas con corta defensa en una población que toda ella le era hostil, por
lo que resolvió a todo trance emprender la salida con el convoy y continuar su marcha. La noche se
pasó por una y otra parte con las armas en la mano y al amanecer, comenzó a salir el convoy,
llevando la vanguardia el mismo García Conde con dos cañones, los granaderos y guardia de
prevención de la Corona y cuarenta dragones, custodiando de preferencia el parque, los caudales,
los tabacos y otros efectos del rey. Seguía la carga de los particulares protegida por el teniente
coronel Villalva, con infantería de la Corona, y la retaguardia la cubría el teniente coronel Mora con
el resto de la división. Los insurgentes rompieron el fuego no sólo fuera de la población, sino desde
las bocas calles y azoteas de esta, tomando parte en la acción hasta las mujeres, pues una de ellas
mató con un tiro de fusil desde una torre a un músico de la Corona. Los arrieros despavoridos
huyeron dejando las mulas solas; estas caían muertas o corrían espantadas por las calles,
aumentando el desorden, y los soldados teniendo que recogerlas y que levantar las cargas caídas por
el suelo, no podían atender a la defensa.
Había avanzado no obstante García Conde, a más de un cuarto de legua del pueblo, cuando se
le avisó que el cordón que formaban las cargas de los particulares, había sido cortado por los
insurgentes, los cuales se habían apoderado de muchas de ellas, y que Villalva para poderse sostener
había tenido que replegarse a la plaza del pueblo. Con tal noticia mandó inmediatamente al capitán
D. Agustín de Iturbide con treinta dragones, a restablecer el orden de marcha del convoy y viendo
que tardaba, fue el mismo García Conde con un cañón y quince granaderos en su auxilio, cuyo
momento aprovecharon los insurgentes para atacar vivamente por todas partes, a la corta fuerza que
bajo las órdenes del teniente coronel Cayre, había quedado cubriendo en la vanguardia el dinero y
carga del rey. Corrió en el pueblo la voz de que García Conde había sido muerto y destruida la
vanguardia, y en esta se esparcieron rumores igualmente funestos respecto a la tropa que quedaba
atrás; Villalva, sobrecogido con la noticia de la muerte del comandante y de la pérdida de la
vanguardia, confiesa ingenuamente en su parte que llegó a tener entorpecida la facultad de discurrir,
pero volviendo sobre sí, tomó providencias acertadas para contener los avances del enemigo por la
retaguardia y el lado del río; Iturbide, con la serenidad que acostumbraba en los momentos de
mayor peligro, restableció la marcha de la carga, y García Conde pudo volver a sostener a Cayre
que a todo esfuerzo se defendía. Así se logró que acabase de salir el convoy, cubriendo con
infantería las bocas calles por donde tenía que pasar y sosteniendo su marcha con caballería, y con
pérdida de una carga de reales del rey y de porción de efectos de particulares, llegó en aquel día a

227 Véase el pormenor de todo este ataque en los partes de García Conde y de Villalva, gaceta de 16 de Julio núm. 260
fol. 741.
71

Irapuato, donde dio García Conde tres de descanso a la tropa, y no queriendo exponerse a nuevos
riesgos con un cargamento tan considerable, que era tan difícil defender en la larga extensión de una
legua larga que ocupaban más de mil mulas que lo conducían, dejó en aquel lugar lo perteneciente a
los particulares y llegó a Guanajuato el 17 con la carga del rey. Salió en seguida el coronel D. José
Castro con los efectos que quedaron en Irapuato, y situando en Silao los que debían continuar a
Guadalajara y Zacatecas, se incorporó con los demás en Guanajuato el 21 a la división de García
Conde.
Debía éste, según las órdenes que del virrey tenía, salir de Guanajuato conduciendo las platas
existentes en aquel mineral y llevarlas a Méjico, juntas con las que había dejado en Querétaro; 228 lo
que sabido en todos los pueblos del bajío que se habían puesto en estado de defensa, le dirigieron
repetidas representaciones exponiendo el peligro en que quedaban, y el general Cruz, que veía el
riesgo continuo a que estaba expuesta la provincia de su mando, de volver a encenderse en ella el
fuego de la revolución, mientras no se extinguiese en las inmediatas, le manifestó también la
necesidad que había de no emprender su marcha con el convoy, hasta destruir enteramente a Albino,
engrosado y ensoberbecido con la derrota de los otros jefes insurgentes, Escandón, Rubí y
González, a quienes había quitado las armas, como lo hizo también según hemos dicho, con
Cajigas, enviado contra él por la junta de gobierno. Por tales motivos suspendió García Conde su
salida con el convoy, y para combinar un plan de operaciones con las tropas de Jalisco, dispuso que
el capitán Iturbide fuese a conferenciar con Cruz y con Negrete. Marchó Iturbide con sesenta
realistas de Silao; con esta corta escolta atravesó por entre las partidas de los insurgentes;
desempeñó completa y satisfactoriamente su comisión, y con la viveza y actividad que le eran
geniales, a los seis días estaba de vuelta en Silao en el campo de García Conde. Marcha ciertamente
prodigiosa, si se consideran los riesgos a que Iturbide se expuso, y el corto tiempo en que
desempeñó su comisión, apenas bastante para el viaje de un correo en tiempos pacíficos y
tranquilos. Las divisiones de las tropas de Nueva Galicia habían continuado con empeño desde
principio de este año (1812) la persecución de las diversas partidas de insurgentes que quedaban en
los confines de las provincias de Michoacán y Guanajuato, y si alguna se arrojaba a penetrar hacia
el interior de aquella, era prontamente destruida. 229 En los varios reencuentros que aquellas tropas
habían tenido, habían perecido los más de los jefes de la insurrección que quedaban, muertos los
unos en el campo de batalla, los otros cogidos y fusilados en seguida. Tal fue la suerte del coronel
Vargas, de Francisco Piña, llamado el Seguidillo, Maldonado, Tomás Rodríguez y otros.
Señalábase, entre todos los comandantes realistas de aquella provincia por su actividad y no
menos por su severidad D. Pedro Celestino Negrete: altivo e inflexible por carácter, trataba a los
insurgentes con el mayor desprecio; nunca hablaba de ellos en sus partes sin agregar los más
denigrantes epítetos; monstruos, infames rebeldes, cobardes asesinos, vil canalla, son siempre las
calificaciones que de ellos hace, y correspondiendo las palabras a las obras, ejercía sobre ellos los
mas severos castigos: ninguno caía en sus manos que no perdiese la vida. Por el contrario, había
sabido exaltar el entusiasmo de las tropas que mandaba, tratándolas con la mayor consideración; un
soldado muerto y tres heridos que tuvo en la acción de Tlasacalca contra Torres, valían a sus ojos
más cada uno de ellos “que toda la canalla junta y los pueblos que la sufrían.” 230 Si el comandante
de Irapuato Esquivel decía a Calleja en uno de sus partes, 231 que en una correría hecha en las
haciendas inmediatas a aquel pueblo, habían sido recobrados dos soldados que los insurgentes
tenían prisioneros pertenecientes a la división de Negrete, este lo desmentía y reclamaba
públicamente el agravio que se hacía a los valientes que mandaba, en suponer que jamás se
humillarían hasta dejarse hacer prisioneros por la vil chusma, estando antes resueltos a perder la
vida, y si Cruz se condolía con él por las fatigas del soldado obligado a hacer tantas y tan penosas
228 Parte de García Conde de 18 de Mayo, inserto en la gaceta de 14 de Julio núm. 259 fol. 733.
229 Véase en las gacetas de Julio la serie de partes de principios del año, relativos a varias acciones de las divisiones
de Nueva Galicia, que no se publicaron hasta entonces, por la interceptación de las comunicaciones.
230 Gaceta de 18 de Abril núm. 213 fol. 401.
231 Idem de 23 de Julio número 263 fol. 790 parte de 3 de Junio.
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marchas en seguimiento de un enemigo que huía siempre de su presencia, 232 Negrete contestaba que
“sus soldados, valientes e infatigables; cuando lograban limpiar la tierra de algunos de los muchos
monstruos que la asolaban, ya estaban descansados”. Este mismo espíritu prevalecía en todos los
oficiales que militaban a sus órdenes y que han sido después de los jefes más distinguidos de la
república, como Quintanar, Mozo y otros generales y coroneles, y los soldados lo respetaban y
amaban como padre, especialmente los del regimiento de Toluca que él miraba como su cuerpo de
predilección, y de que fue nombrado después coronel.
Por efecto de esta tenaz persecución, se habían ido hundiendo sucesivamente en el sepulcro
los nombres obscuros de multitud de jefes de partidas que habían infestado la provincia y sólo
quedaba de nombradía D. José Antonio Torres, a quien llamaban el viejo Torres, que abrigándose en
la inmediata de Michoacán, salía de ella con las fuerzas que allí reunía, para invadir las riberas del
río Grande. Negrete desde la Piedad y Zamora observaba sus movimientos, y extendiendo sus
excursiones hasta Jiquilpán en principios del año, hizo perseguir a las partidas de Río y Macías, que
se retiraron a su aproximación hacia los Reyes y la hacienda de Guaracha, pero alcanzadas por
Quintanar en la estancia del Platanar, que era justamente el sitio en que Río había dado muerte a un
tal Jaso, les hizo considerable número de muertos y heridos.233
En el mes siguiente, Torres que en Uruapán había hecho fundir doce cañones, atacó a Negrete
acampado en una loma inmediata al pueblo de Tlasacalca, y habiendo sido rechazado, se retiró a
formar en batalla en la falda de un cerro y barranca, en donde fue atacado a su vez y desbaratado,
quedando en poder de Negrete sus doce cañones y municiones y huyendo casi solo el mismo Torres.
Esta facilidad de los insurgentes en proveerse de artillería que perdían tan pronto como la
fabricaban, procede de que siendo solamente fundida como las campanas, no empleaban máquinas
de barrenar, y donde encontraban material abundante y la persecución de las tropas reales les daba
algún tiempo para construir un horno y formar moldes, allí quedaba una fábrica planteada,
abundando estas mas que en otras partes en Michoacán, por los ricos minerales de cobre que hay en
aquella provincia. Después de esta derrota fue Torres vivamente perseguido por el comandante
Arango, que le cogió su equipaje en Paracho, y finalmente fue sorprendido el mismo el 4 de Abril
en Palo Alto234 cerca de Tupátaro, por D. Antonio López Merino, comandante de una guerrilla de la
división de Negrete. De la gente que acompañaba a Torres, que según el parte de Merino, ascendía a
cuatrocientos hombres, los unos murieron al filo de la espada, y los restantes quemados, por haber
mandado Merino pegar fuego a unas trojes en que se metieron. Sólo se salvó Torres, por haber dado
el comandante orden a la tropa de no matarlo para presentarlo vivo a Negrete, quien lo reservó
también para mandarlo a Cruz a Guadalajara.
Hízose entrar a Torres prisionero públicamente en aquella ciudad, en que antes había entrado
como vencedor para que todos lo viesen, se le quiso poner al cuello una argolla o tentemozo, pero él
ofreció que sin este aparato llevaría erguida la cabeza y lo cumplió. Púsosele en juicio, y le tomó
confesión con cargos el Dr. D. Francisco Antonio de Velasco, presidente de la junta de seguridad y
padre del canónigo Velasco, que había tomado a la sazón parte en la revolución. Sentenciósele el 12
de Mayo a ser ahorcado y descuartizado, poniéndose su cabeza en un palo alto en la plaza de
Guadalajara, y distribuyendo los cuartos de su cuerpo el uno en Zacoalco, donde derrotó las tropas
de Guadalajara mandadas contra él, a las ordenes de Villaseñor, en cuya acción pereció la flor de la
juventud de aquella capital; otro en la garita de Mejicalcingo, por donde entró cuando capituló la
ciudad, y los dos restantes en las del Carmen y barrio de S. Pedro, quemándose después de cuarenta
días de exposición. Su casa en S. Pedro Piedra Gorda, debía ser arrasada y su superficie sembrada
de sal. Para la ejecución de esta sentencia, que se verificó el 23 de Mayo, toda la guarnición se puso
sobre las armas formando en la plaza llamada de Venegas, por el nombre del virrey, al rededor de
una horca de dos cuerpos, que se construyó expresamente para que levantando el cadáver al
232 Parte de la acción del Platanar, dada por Quintanar, gaceta de 2 de Julio núm. 254 fol. 697.
233 Parte de Negrete en Guaracha 11 de Enero, inserto en la gaceta de 2 de Julio núm. 254 fol. 697.
234 Parte de Negrete fecho en las Pilas de Arechipa 4 de Abril. Gaceta extraordinaria de Méjico de 18 de Junio núm.
247 fol. 639.
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segundo, pudiese ser visto por toda la población.235


Libre Cruz del cuidado que Torres podía darle, y expedita con su prisión la división de
Negrete para ser destinada a otros objetos, quedó acordado por medio de Iturbide, que Negrete, a
quien llevó el mismo Iturbide al efecto las órdenes de Cruz, marcharía contra Albino García, 236
atacándolo el 15 de Mayo a las diez de la mañana, cubriendo los caminos que de Parangueo y Yurira
conducen al Valle de Santiago, y que García Conde haría lo mismo, a la misma hora, por el lado de
Celaya, para que no pudiese escapar por ningún rumbo. Para dar tiempo a que se ejecutasen por
Negrete los movimientos consiguientes a esta combinación, y disimular el intento que en ella se
llevaba, permaneció García Conde en Silao donde se hallaba, cuando el 1.° de Mayo antes de
amanecer recibió aviso del comandante de Irapuato, de estar cercado aquel pueblo desde la noche
anterior por las numerosas partidas de Albino. García Conde hizo marchar sin demora a Villalva con
su batallón de la Corona, cien dragones y dos cañones; al aproximarse estas fuerzas, Albino, que
durante todo el día había estado batiendo a Irapuato con cuatro mil hombres todos a caballo,
muchos fusiles y siete cañones, se retiró a la hacienda de las Ánimas distante una legua,
manteniéndose siempre a la vista y escaramuceando con la tropa de Villalva dos de sus capitanes,
Salmerón y Carrizal, con setecientos caballos cada uno, 237 los cuales le dieron mucho que hacer con
la irregularidad y variedad de los ataques, como los árabes del desierto, hasta que por el vivo fuego
que se les hizo, tuvieron que reunirse al cuerpo principal de Albino. Éste, según su táctica,
desapareció en la noche, y Villalva que se disponía a atacarlo el día siguiente, se limitó a hacer un
reconocimiento con partidas de caballería en las inmediaciones, sin poder descubrir el rumbo a
donde aquel se dirigía. Al cabo de seis días, sabiendo que Salmerón y Vázquez estaban con tres
cañones en el rancho de S. Jacinto, salió en su busca, pero no lo esperaron, y asegurado por el
comandante Esquivel que los habitantes todos de aquel rancho, así como los de dos leguas a la
redonda, sin distinción de edad ni de sexo eran adictos a la insurrección, quedándose Villalva fuera
sobre una altura con la división, dio orden al subteniente Gutiérrez, para que con treinta hombres
entrase a degüello, la que por consideraciones de humanidad modificó, exceptuando de la matanza a
los niños y a las mujeres, aunque persuadido que ellas eran aun más criminales que los hombres,
pero habiendo huido estos a tiempo, sólo se encontró uno en quien ejecutar aquella sangrienta
disposición. Recogióse el ganado, que se devolvió a los vecinos de Irapuato que probaron ser sus
dueños, y el producto de la venta del resto se distribuyó a la tropa, y esto mismo se hizo en todas las
rancherías de la comarca. Albino entre tanto había marchado contra Celaya, que atacó con gran
empeño el 5 del mismo mes de Mayo, en donde también fue rechazado por la guarnición,
compuesta de dos compañías de infantería y otras tantas de caballería, todas de realistas.238
La resistencia que los vecinos de Irapuato, de Celaya y de otros puntos hicieron en los
diversos ataques que Albino García intentó contra aquellas poblaciones, demuestra a un tiempo, el
efecto que produjo el bárbaro sistema de Hidalgo y de los primeros promovedores de la revolución,
excitando al pueblo a tomar parte en ella con el estímulo del saqueo, y la idea falsa que de ella dan
los escritores parciales, como D. Carlos Bustamante, cuando para presentarla como un esfuerzo de
un pueblo generoso peleando por conquistar su independencia y libertad, contrariado por una fuerza
opresora y extranjera, denominan a los insurgentes exclusivamente “americanos”, y llaman
“españoles” a los que los combatían. Albino García, reduciendo su plan a sólo el saqueo, sin mira
ninguna política y sin distinción de nacimiento de los dueños de las propiedades que invadía, obligó
a defenderse a todos los que tenían que perder.
El Lic. D. José María Esquivel y Salvago, comandante de Irapuato, que después de la
independencia ha sido muchas veces diputado en el congreso del Estado de Guanajuato,

235 Todos estos pormenores que da Bustamante en el Cuadro histórico, tom. 1.º fol. 145, me han sido confirmados por
otros conductos.
236 Parte de García Conde, en la gaceta de 14 de Julio n. 259 fol. 733.
237 Véanse los partes de García Conde, Villalva y Esquivel, en las gacetas de 14 y 23 de Julio números 259 fol. 733 y
736 y núm. 263 fol. 705. Este último debe tenerse a la vista, para lo que se dirá en el fol. siguiente.
238 Apuntes comunicados por el señor Linares.
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vicegobernador del mismo, y que por último murió ejerciendo el empleo de ministro del tribunal
superior del propio Estado, me ha asegurado que su opinión había estado siempre por la
independencia; que sus esfuerzos no eran dirigidos a defender los derechos de Fernando VII, los
que le eran enteramente indiferentes, sino sólo a conservar su propiedad en una guerra de bandidos,
y que habría estado dispuesto a hacer lo mismo, si el caso se repitiese. Para esto creyó autorizado el
uso de los medios más severos: leyendo sus partes a Calleja, insertos en las gacetas del gobierno de
Méjico del mes de Julio de 1812, se ve que mandaba fusilar o ahorcar sin distinción a todos los
insurgentes que cogía con las armas en la mano, y únicamente formaba sumarias a los que no eran
aprehendidos con ellas; que sólo se detuvo para no hacer ahorcar a un mozo de la hacienda de las
Arandas, que le trajo una intimación de Albino para que se rindiese, porque supo que éste lo había
obligado por fuerza a cumplir aquel encargo, y que castigaba con severidad aun a los arrieros que se
encontraban comprando granos en las haciendas ocupadas por los insurgentes. El mismo Esquivel,
para obligar a declarar a los delincuentes, usaba del terrible apremio de hacerlos encerrar en un
cuarto de su casa en que acostumbraba guardar cal viva, y la orden que daba de “al cuarto de la cal”
era poco menos que una orden de muerte. Esquivel era americano; lo era el cura de Irapuato D.
Victorino de las Fuentes, que después fue capitán de realistas del mismo pueblo y diputado en las
cortes de España,239 cuyo celo alaba en sus partes, y lo eran también, con alguna muy rara
excepción, todos los que defendieron a Irapuato. Esto mismo se verificaba en León, Silao, Celaya y
todas las demás poblaciones del bajío y de otras provincias que se habían puesto en estado de
defensa, y desgraciada de la que, como S. Miguel y Salvatierra, no lo había hecho, pues invadidas
frecuentemente por uno y otro partido, castigando cada uno de estos a su vez a los vecinos que tenía
por contrarios, acababan por quedar asoladas y destruidas, de cuyos males Salvatierra apenas ha
podido recobrarse todavía, al cabo de tantos años.
García Conde sacó de Guanajuato las platas que había de llevar a Méjico, como si su objeto
fuese marchar con ellas en derechura a aquella capital, y las condujo hasta Irapuato. Dejándolas allí
y reunido a la sección que mandaba Villalva que había permanecido en aquel punto, se puso en
marcha sin que nadie supiese su intento, el 15 de Mayo a las dos de la mañana, 240 para estar a las
diez sobre el Valle de Santiago en los puntos señalados en el plan combinado con Negrete; pero el
sagaz Albino, aunque era hombre sin letras ni instrucción alguna, pero que poseía aquel tacto militar
que solo da la naturaleza, había comprendido perfectamente el objeto de aquellos movimientos y
había sabido desconcertarlos con un tino que honraría a un consumado general. En vez de esperar
en el Valle el ataque simultáneo de García Conde y de Negrete, los previno adelantándose a
encontrar a este último a distancia de doce leguas, atacándolo en la hacienda de Parangueo a dos
leguas del Valle, y cargando sobre él con todas sus fuerzas, lo puso en mucho aprieto. García
Conde, habiendo llegado a las inmediaciones del Valle a la hora convenida, no sólo no encontró a
Negrete en las posiciones que debía ocupar, sino que oyendo el vivo cañoneo que se sostenía en
Parangueo, infirió que había sido atacado en aquel punto y corrió a su socorro. A la llegada de
García Conde, Albino se retiró y perseguido por la caballería, perdió alguna gente, quedando entre
los muertos Clemente Vidal, que era uno de sus subalternos de mayor confianza.
Puestos en comunicación García Conde y Negrete, resolvieron marchar al Valle, en tres
cuerpos, mandados dos por cada uno de estos jefes, y el tercero por Iturbide, tomando tres
direcciones para no dejar salida ninguna a Albino, en caso que hubiese vuelto a aquel pueblo; pero
no sólo no lo encontraron, sino que habiéndose fugado del lugar todos los hombres, no quedaron
más que los eclesiásticos, mujeres y muchachos. García Conde trataba de combinar nuevos
movimientos con Negrete, pero éste le manifestó que tenía que volver a ocupar sus posiciones, para
cubrir las entradas de la Nueva Galicia e impedir que Albino aprovechase su ausencia para
invadirla: acordaron no obstante, que tomando Negrete el camino de Pénjamo, García Conde se

239 Me es muy grato recordar la memoria de este virtuoso eclesiástico, a quien mi madre me confió para que me
llevase a España en 1814, lo que fue el principio de mis viajes. Murió siendo canónigo de Méjico en 1819.
240 Parte citado de García Conde, inserto en la gaceta de 14 de Julio núm. 259 fol. 733.
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dirigiese por el de Yurira a estrechar entre ambos a Albino y tomarlo a dos fuegos; pero éste con sus
beduinos, eludió todos estos intentos, y en los diez y siete días que García Conde e Iturbide lo
persiguieron con el mayor empeño hasta el fin del mes, aunque se hallaba enfermo de gota y
obligado por esto a caminar en coche o en camilla, estando a punto de ser alcanzado, montaba con
ligereza a caballo, tomaba caminos excusados, ocultaba sus cañones, de los que sólo se le tomaron y
quemaron las cureñas, y fatigaba a la tropa que lo seguía y la retardaba en su marcha, cortando los
puentes de madera que daban paso sobre las zanjas y acequias de riego del camino. 241 García Conde,
cansado de perseguir a un enemigo que siempre se le desaparecía, como las fantasmas de los
ensueños, cuando creía que iba a alcanzarlo tuvo que desistir de un intento que juzgó ser
impracticable y volvió al Valle de Santiago, cuya población, asilo constante del enemigo, quiso
quemar; pero viendo que no había en ella más que mujeres sin un solo hombre que las protegiera, y
eclesiásticos que se lamentaban de los insultos que tenían que sufrir y desacatos que se cometían en
los templos, hizo recoger, tanto en el Valle como en Yurira, los vasos y paramentos sagrados, y con
todos los eclesiásticos de ambos pueblos los llevó a Irapuato, a donde volvió para tomar las platas
que había dejado allí y seguir con ellas su marcha a Méjico, como se le había mandado por el virrey,
con mucho sentimiento de todos aquellos pueblos, que conocían el peligro en que quedaban
retirándose aquellas fuerzas, pues sabían bien que aunque pareciesen disueltas las de Albino, por
efecto de la persecución que se le había hecho, las volvería muy pronto a reunir, teniendo ocultas
todas sus armas.242
Me he detenido describiendo estas operaciones más de lo que acostumbro hablando de
movimientos militares, porque ningunos se hicieron en toda esta guerra que tuvieran un aspecto tan
estratégico como esta campaña de García Conde, y porque ellos dan una idea exacta del género de
guerra que se hacia en el bajío; de los enemigos que el gobierno tenía que combatir; del hombre que
era Albino García, el guerrillero más activo y temible que produjo la insurrección; y de la clase de
tropas que el gobierno había formado en el curso de la campaña. Grandes masas de gente del campo
a caballo de la clase de mestizos y mulatos, armados los unos con lanzas y los otros con fusiles y
espadas, prontos para atacar y más prontos para huir, era lo que constituía la fuerza principal de
Albino; auxiliaban a esta a veces, cuando se trataba de atacar un pueblo o una hacienda, multitud de
indios honderos, reunidos en los ranchos y campos vecinos, con algunas piezas de artillería, mal
hechas y peor servidas.243 Con este género de tropas, el ataque de los pueblos se reducía a cercarlos
con la caballería, la que era perfectamente inútil para asaltar puntos fortificados; desde lejos gritar
los mayores insultos, que como entre los héroes de Homero, eran el preludio del combate y
comenzar un fuego vivo de cañón y fusil casi sin objeto, pues los realistas y alguna tropa que había
en el pueblo, cubiertos con sus atrincheramientos y haciendo fuego desde ellos o desde las torres de
las iglesias, no se exponían a ser ofendidos. El cansancio de un largo e inútil ataque, la pérdida de
algunos muertos y heridos, o la llegada del auxilio de algún lugar inmediato, cuyos realistas se
habían puesto en marcha para socorrer al que había sido atacado, hacia retirar a los asaltantes, los
cuales, saqueando los suburbios y las haciendas que hallaban a su paso y dispersándose en diversas
direcciones, iban a reunirse a donde les convenía para sus ulteriores designios, mientras en el
pueblo, que se veía con esto libre del riesgo de ser robado y destruido, se atribuía a milagro su
salvación y el no haber sufrido pérdida alguna los vecinos armados para la defensa, sino alguno que
se lastimó cayendo del caballo por casualidad después de muchas horas de combate, durante el cual
los insurgentes habían tirado seis o setecientos cañonazos, cantándose el Te Deum y haciendo
función a la imagen especialmente venerada en el lugar, que había sido declarada y jurada generala
de las tropas. Si se habían hecho algunos prisioneros eran luego fusilados, y los insurgentes por su
parte hacían lo mismo con los soldados dispersos o con alguna pequeña partida que caía en sus
241 Véanse sobre todos estos movimientos los partes de García Conde y de Iturbide, insertos en la gaceta de 18 de
Julio núm. 361 fol. 749 a 755.
242 Véase la representación que sobre esto hizo Esquivel a Calleja, en la gaceta de 25 de Julio núm. 264 fol. 773.
243 Puede verse verificado todo cuanto aquí se dice de los ataques de los pueblos, en los partes citados de Esquivel,
relativos a los dos que dio a Irapuato Albino García, en 11 y12 de Enero y en 1.º de Mayo de 1812.
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manos, como lo hicieron con algunos dragones de Puebla que sorprendieron en las inmediaciones
de Irapuato y a quienes dieron muerte en Rancho nuevo.244
En el campo los insurgentes presentaban su artillería sobre alguna altura, su infantería tras de
ella, y las grandes masas de caballería en las alas; ésta se echaba sobre los realistas luego que los
percibía y fácilmente rechazada con algunos tiros a metralla, huía poniendo en desorden la mala y
desarmada infantería que custodiaba la artillería, la que era tomada sin haber hecho más que la
primera descarga, y por esto Albino se quejaba de que encontraba más dispuestos a los suyos para el
pillaje que para el combate. Pero este género de guerra era sumamente fatigoso para la tropa del
gobierno que se hallaba empeñada en ella. “Cualquiera cosa que en su elogio diga”, dice García
Conde al virrey, “ha de ser nada para lo que merece: 245 los excesivos calores, las incesantes marchas
de día y de noche, los anhelos por llegar a las manos con la canalla, la conformidad en los trabajos,
ya faltos de alimentos por el ningún recurso que se encuentra, ya faltos de los auxilios menores de
que carecen enteramente, son unas pruebas muy repetidas de su lealtad, y que piden la mayor
recompensa tanto en el soldado como en el oficial”. Pero estos soldados no sólo eran dignos de
admiración por su constancia y sufrimiento en los trabajos: éranlo también por su valor de que
dieron señaladas pruebas, y guiados por oficiales de honor y bizarría, el concepto que los unos
tenían de los otros les hacía estimarse mutuamente. Muchas veces he oído decir al general Negrete,
que al frente de sus “tolucos”, así llamaba a los soldados de su regimiento de Toluca, no habría
temido atacar a las mejores tropas del mundo. ¡Tristes recuerdos de una época de sangre y de
desolación, es verdad, pero de honor y gloria militar, que hacen más acerba la vergüenza e infamia
de los sucesos recientes!246
García Conde, desistiendo como hemos dicho de perseguir a Albino, salió con el convoy de
Irapuato el 4 de Junio y llegó en el mismo día a Salamanca. 247 Supo allí que Francisco García,
hermano de Albino, estaba con otros capitanes de partidas, reuniendo gente en el Valle de Santiago,
y que Albino temeroso de una sorpresa, no hacía noche en un punto fijo. Ocurriósele entonces, que
era de esperar que suponiéndolo únicamente ocupado en la custodia del convoy, estuviesen aquellos
descuidados sin recelo de que pudiesen ser atacados, con lo que obrando con actividad y cautela,
podría conseguir sorprenderlos hallándolos a todos desprevenidos, y aun acaso coger al mismo
Albino. Para realizar esta idea dispuso, que el capitán D. Agustín de Iturbide, que fue quien la
concibió y el que dirigía cuanto se hacia en la división, a pretexto de una expedición al pueblo
inmediato de los Amoles, saliese después de anochecer con cincuenta dragones de Puebla, setenta y
cuatro de Frontera, diez y siete granaderos de la Corona y veinte soldados del Mixto, todos
montados y con orden de medir el paso para llegar al Valle al salir la luna, y que si encontraba
alguna partida, matase a todos los que la compusiesen, o les diese alcance para evitar que Albino
tuviese aviso anticipado de su aproximación. Todo lo ejecutó Iturbide con la mayor exactitud, y
habiendo llegado al Valle a las dos de la mañana del 5 de Junio, sorprendió la avanzada que estaba a
la entrada del pueblo, fingiendo ser Pedro García, que se venía a unir con Albino que lo había
llamado, y haciéndose por este medio del santo y la seña, ocupó sin ser sentido las calles y las
puertas de las casas en que los insurgentes dormían tranquilamente. Estos despertaron al gran ruido
que por orden de Iturbide hicieron los soldados, llamando por una parte a los granaderos de la
Corona, por otra al batallón Mixto; mandando que aquí se situase un escuadrón de Frontera, allá
otro de Puebla, y que en las calles se colocasen cañones cargados a metralla. Sobrecogidos con estas
voces creyeron que toda la división de García Conde estaba sobre ellos, no obstante lo cual
intentaron defenderse en los cuarteles, que fueron tomados a viva fuerza. Algunos soldados se
hicieron dueños de la azotea de la casa en que estaba Albino, y éste fue preso por el granadero de la
Corona Miguel Sardineta y el dragón de España José Uribe. Fueron también cogidos su hermano
244 Parte de Esquivel a Calleja de 4 de Junio, gaceta de 25 de Julio núm. 264 fol. 773.
245 Parte de 31 de Mayo fecho en Irapuato, gaceta de 18 de Julio núm. 261 fol. 751.
246 Escribía esto cuando se terminó la guerra con los Estados Unidos, Junio 13 de 1848.
247 Véanse sus partes y el de Iturbide insertos en la gaceta extraordinaria de 18 de Junio núm. 247 fol. 640 y
siguientes.
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Francisco a quien llamaban el “brigadier D. Pachito”; Pineda, 248 tambor que había desertado del
regimiento de Puebla, y había ascendido a un alto grado, y el secretario de Albino, ahora coronel D.
José María Rubio, quien al presentarse dijo que lo tenían por fuerza, no habiendo corrido igual
suerte Cleto Camacho, porque a la sazón estaba ausente. Fueron muertos cosa de ciento cincuenta
hombres, entre ellos varios jefes principales y muchos de aquellos valentones del bajío a quienes
Albino llamaba sus compadres, y que formaban una especie de guardia de su persona. Hiciéronse
otros tantos prisioneros, que Iturbide, debiendo volver prontamente con su presa a incorporarse en
Celaya al convoy, pasando por entre cuadrillas de insurgentes, no teniendo tropa con que
custodiarlos, ni eclesiásticos ni tiempo para darles los auxilios cristianos, los hizo fusilar sin ellos.
“El dolor de la muerte del granadero Avilés, dice en su parte a García Conde, a pesar de que fue la
única desgracia (no obstante la poca luz que prestaba la luna, y la atención de tantos puntos) y la
precisión de hacer morir sin auxilios cristianos a tantos miserables, lo que sólo puede mandarse en
casos igualmente estrechos, han contristado terriblemente mi espíritu, sin embargo de la satisfacción
de un golpe tan afortunado por la utilidad pública y particularmente por la del bajío”.249
Al señalar Iturbide los puntos a que debía destinarse cada oficial, estos a porfía pretendían que
se les encargase la aprehensión de Albino como el punto de honor, y los soldados asegura el mismo
que desentendidos de coger el dinero y alhajas que tenían a la vista, sólo se ocupaban en matar o
prender insurgentes. Estos oficiales, estos soldados eran todos mejicanos, con cuyo motivo dice
Iturbide a García Conde. “Para hacer algo por mi parte con objeto de quitar la impresión que en
algunos estúpidos y sin educación existe, de que nuestra guerra es de europeos a americanos y de
estos a los otros, digo: que en esta ocasión ha dado puntualmente la casualidad de que todos cuantos
concurrieron a ella, han sido americanos sin excepción de persona, y tengo en ello cierta
complacencia, porque apreciaría ver lavada por las mismas manos la mancha negra que algunos
echaron a este país español, y convencer de que nuestra guerra es de buenos a malos, de fieles a
insurgentes, y de cristianos a libertinos”.
Iturbide llevó a Albino a Celaya, a donde García Conde había llegado con el convoy,
dispersando fácilmente alguna partida que en el camino se presentó. García Conde se condujo de
una manera muy poco noble con su prisionero: para hacer mofa de él, lo hizo recibir con el aparato
de la entrada de un capitán general, formada la tropa en la carrera, haciéndole los honores
correspondientes a aquel empleo, con repique de campanas y salva de artillería.250 Colocados Albino
y su hermano en la plaza, frente al balcón del mesón en que estaba García Conde, éste lo insultó de
palabra y en seguida dirigió un discurso harto insulso al pueblo, 251 que se agolpaba a ver en el
abatimiento al hombre que un mes antes había puesto en tan gran conflicto a aquella misma ciudad,
y los soldados contemplaban con admiración al activo guerrillero que tantas fatigas les había
costado, y cuya aprehensión era debida a la decisión y bizarría de aquel joven oficial que desde
entonces, a fuerza de hechos señalados, iba ganando la afición y aprecio del ejército. 252 Albino y sus
tres compañeros fueron fusilados tres días después: dispúsose cristianamente para morir y escribió a
sus padres que eran adictos al partido real y habían sido útiles a García Conde en sus expediciones,

248 En la relación que de todos estos sucesos me ha dado el Sr. D. Manuel Gómez Linares, actualmente senador,
gobernador que ha sido del Estado de Guanajuato, se le llama a este tambor Pradela: he puesto sin embargo el
nombre que Iturbide le da en su parte.
249 La muerte sin auxilios religiosos de estos prisioneros, ha sido para los enemigos de Iturbide, aun para aquellos
mismos que no fueron muy piadosos, materia de continua y acre declamación. Sin embargo, atendidas todas las
circunstancias, que eran las que con la sinceridad que profeso, he representado, no es fácil decir qué otro partido le
quedase que tomar. Según el Sr. Rubio me ha dicho, el número de trescientos muertos entre los que lo fueron en la
acción y los prisioneros fusilados es muy exagerado, habiéndolo abultado Iturbide para hacer más importante el
suceso.
250 Así lo refiere el mismo García Conde en su parte, sintiendo no haber podido hacer esta burla con más solemnidad.
251 Noticias que me ha dado el Sr. D. Manuel Gómez Linares, testigo presencial. Este balcón parece que estaba
destinado para tribuna oratoria en esta guerra, pues es el mismo desde el que Hidalgo habló al pueblo, cuando fue
nombrado general en aquella ciudad.
252 Véase en el apéndice n. 4.
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pidiéndoles perdón por no haber querido escuchar sus buenos consejos, y dio orden a los
administradores que tenía en las haciendas que se había tomado, para que restituyesen a sus dueños
todos los efectos que les pertenecían; su cabeza fue puesta en Celaya en la cortadura de la calle de
S. Juan de Dios, por la que más esforzó su último ataque a aquella ciudad; la mano que tenía
estropeada y que le hacía llamar “el manco”, fue llevada a Guanajuato y la otra a Irapuato. Algunos
años después, cuando por la independencia se quitaron todas estas horribles señales de la guerra, el
arquitecto D. Francisco Tresguerras hizo colocar el cráneo ya descarnado, sobre una basa de
columna en un nicho del osario de la parroquia, escribiendo en el pedestal un mal soneto con fríos
lugares comunes de moral: yo lo vi allí muchas veces; después fue sepultado y desapareció también
el soneto, quedando sólo el nicho y el trozo de columna.
Siguió García Conde su marcha a Méjico con el convoy, y en el punto de Capulalpán lo
esperaban los insurgentes de Huichapán con dos cañones, lo que dio nueva ocasión a Iturbide de
señalar su bizarría, atacándolos con una partida de noventa caballos de Puebla y Frontera,
quitándoles los cañones y una bandera, matándoles ochenta hombres y haciendo ocho prisioneros.253
La noticia de la prisión de Albino García se publicó en una gaceta extraordinaria al mismo
tiempo que la de Torres, considerando ambos sucesos como de la mayor importancia para la
pacificación del país. García Conde entró en Méjico con el convoy el 20 de Junio, conduciendo 605
barras de plata del rey y 900 de particulares. Los últimos sucesos dieron a la entrada de esta división
el aire de un triunfo, pero en toda ella los ojos del público buscaban con ansia a Iturbide, al que con
razón se atribuía todo el mérito de la prisión de Albino, y a quien el virrey premió con el grado de
teniente coronel. Volvió a marchar García Conde, reforzado por doscientos caballos a las órdenes de
Monzalve, conduciendo otro convoy que empezó a salir el 21 y concluyó el 28, reuniéndose en
Tanepantla, donde se organizó el orden en que debía caminar, y se componía de 5.430 tercios de
efectos de la real hacienda; 6.276 de particulares; 79 coches con pasajeros, llevando 632 mulas de
remuda y con equipajes; 130 asnos cargados, y 5.920 personas entre tropa, arrieros y pasajeros, lo
que prueba la esperanza que se había concebido, de que por las ventajas obtenidas por las armas
reales en tierra adentro, la paz se restablecería en aquellas provincias, y esto hacía volver a sus casas
tantas familias como llenaban tan gran número de coches.
García Conde se lisonjeó también de que no encontraría obstáculos en el camino: persuadido
por el informe de Iturbide de que todas las principales partidas estaban reunidas en el Valle de
Santiago cuando sorprendió allí a Albino, creía que desbaratadas aquellas, no quedaban otras que
las del Canelero y Secundino, a quienes Albino escribió estando prisionero para que se presentasen
a los comandantes de las demarcaciones respectivas,254 y García Conde aprovechando aquella
ocasión, hizo publicar el indulto general concedido por las cortes de Cádiz en 8 de Noviembre de
1811 que el virrey había mandado circular en 1.° de Abril de aquel año, pero pronto se desengañó
muy a su costa de lo infundado de esta esperanza. A Albino habían sucedido Cleto Camacho,
Salmerón y otros, que aunque sin llegar a tener la fama de aquel caudillo, tenían cortadas todas las
comunicaciones. Había llegado también por aquel tiempo al bajío de Guanajuato Liceaga, individuo
de la junta soberana, encargado por ésta del gobierno de las provincias del Norte, acompañándolo el
Dr. Cos y Yarza, secretario que había sido de la misma junta. García Conde entró en Querétaro con
el convoy, habiendo tenido mucha dificultad en el paso del punto de Capulalpan por la estación de
aguas, lo que le obligó a detenerse en Arroyozarco, y hubiera sufrido mucha pérdida, si los
insurgentes hubieran aprovechado esta ocasión para atacarlo: el convoy se distribuyó en Querétaro,
quedando parte en aquella ciudad y destinándose a Valladolid y S. Luis los cargamentos respectivos.
García Conde, antes de continuar su marcha con el resto, hizo que se adelantase Iturbide con
una fuerte división, a batir a los insurgentes que habían vuelto a reunirse en gran número en Yurira y
en el Valle: desbaratólos aquel jefe y entró en el último de estos lugares el 24 de Julio, habiéndose

253 Parte de García Conde inserto en la gaceta extraordinaria de 18 de Junio núm. 247 fol. 645. García Conde se
admira en este parte, de que los insurgentes heridos rehusasen confesarse con el capellán de su regimiento.
254 Parte de García Conde de Querétaro 10 de Junio, gaceta extraordinaria de 18 de Junio núm 247 fol. 644.
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fugado Liceaga y el Dr. Cos, al último de los cuales Iturbide en su pomposo parte, 255 llama el
Tayllerand del primero. Con esta derrota aseguraba Iturbide que una partida de cien soldados podía
transitar por todo aquel país sin encontrar tropiezo, aunque el restablecimiento completo de la
tranquilidad exigía todavía otras medidas. Por aquellos mismos días un destacamento que
Guizarnótegui, comandante de Celaya destinó a perseguir al Pescador, logró alcanzarlo y darle
muerte.256 Despejado así el camino, siguió García Conde su marcha, pero a la entrada de Salamanca,
en Baltierrilla, fue vivamente atacado257 (7 de Agosto) y ocupando el convoy una extensión de
cuatro leguas, sin la escolta suficiente para cubrir tan largo espacio, fueron cogidas o inutilizadas
unas seiscientas mulas de carga, y aunque muchas fueron recobradas, la pérdida no bajó de
cuatrocientas, siendo también considerable la de muertos y heridos de la tropa. Continuó luego
García Conde hasta Lagos, y habiendo entregado a los comandantes de Zacatecas y Guadalajara la
parte de cargamento correspondiente a aquellas provincias, regresó a Irapuato donde asentó su
cuartel general, y con poco crédito propio, pues no tenía reputación ni de entendido ni de valiente,
siguió sus operaciones de las que era el todo Iturbide. Éste, en el curso del mes de Septiembre, tuvo
varios reencuentros, quedando muertos en el de Cuerámbaro los brigadieres Baltierra y García, el
primero de los cuales dio muerte en el acto de recibirla, al dragón de Frontera José Cornelio
cayendo ambos a un tiempo; fue fusilado el coronel Rafael Ruiz y otros, y perseguidos vivamente
Liceaga y Cos, tuvieron que retirarse hacia Dolores, distinguiéndose en todas estas acciones el
padre sacristán de Silao D. Francisco Barros, a quien Iturbide califica de muy valiente, y D. Gaspar
López, cuyo nombre empezó a ser conocido entonces, siendo ambos capitanes de los realistas de
aquel pueblo.258
En el lado opuesto de la sierra de Guanajuato que separa por la parte del Norte el bajío de las
llanuras de Dolores y provincia de S. Luis, la conducción de convoyes con ganados de este último
punto a Querétaro, y su regreso con efectos de Méjico, daba ocasión a frecuentes combates. En uno
de los más empeñados en el Santuario de Atotonilco, cerca de S. Miguel el Grande, el comandante
de las tropas de Querétaro D. Ildefonso de la Torre, que se adelantó hasta aquel punto a recibir
quinientas barras de plata que venían de Zacatecas, vio en el acto de la acción (4 de Febrero) una
palma refulgente que se presentó en el cielo, fenómeno que se había puesto en moda con la
pretendida aparición de otra igual, que como antes se dijo, había visto Calleja en Zitácuaro. 259 La
conducción de otro de estos convoyes fue auxiliada por el cura D. Diego Bear, con doscientos
cincuenta hombres, quien habiendo encontrado cerca de S. Felipe una avanzada de treinta
insurgentes (Marzo 22), mató catorce y puso en dispersión a los demás.260 Por aquel mismo lado de
la sierra, atacaron los insurgentes la hacienda de Villela (7 de Abril) con tres cañones que se les
cogieron, habiendo sido rechazados; el comandante de S. Luis coronel Tovar, mandó pasar por las
armas al coronel Gutiérrez que cayó prisionero, habiendo sido muertos en la acción el coronel
Núñez y el mayor Molleda.261 Fue también cogido el P. D. Fernando Zimarripa, que antes lo había
sido en Aculeo y había sido indultado, al que mantuvo Tovar con dos pares de grillos, por no tener
órdenes del virrey sobre lo que debía hacer con los eclesiásticos en tales casos. La derrota que por
este tiempo sufrió en la plazuela, a tres leguas de Río verde, el comandante de los realistas de aquel
punto D. Manuel Bengoa (16 de Febrero), quedando herido él mismo, dispersa su tropa, y perdidos
dos cañones que llevaba, dejó a merced de los insurgentes aquella población, en la que entraron
saqueando varias casas, y en el rancho del Jabalí, dejaron casi desnuda a la familia del capitán D.
Miguel Ormaechea, que con su escuadrón de Frontera se hallaba en la división de García Conde, lo

255 Parte de Iturbide de la hacienda de S. Nicolás, Julio 27, gaceta de 26 de Septiembre n. 293 fol. 1.014.
256 Parte de Guizarnótegui. Celaya 29 de Julio en la misma gaceta.
257 Parte de García Conde y los anexos, gaceta de 17 de Octubre número 303 fol. 1.095.
258 Partes de Iturbide, gaceta de 20 de Octubre núm. 304 folios 1.106 a 1.110.
259 Parte de Torre, gaceta de 10 de Marzo núm. 195 fol. 257.
260 Parte de Tobar, gaceta de 16 de Junio, número 245 folio 626.
261 Idem, gaceta de 25 de Junio núm. 281 fol. 669.
80

que obligó a Tovar a mandar con una sección al capitán Sanz, 262 que recobró a Río Verde (23 de
Febrero) y aunque no pudo alcanzar a los insurgentes, estos fueron desbaratados y recobrados los
cañones que habían cogido, por la tropa que mandó Arredondo, 263 avisado por Tovar del suceso, la
que persiguió tan vivamente al coronel Felipe Landaverde, que se titulaba gobernador de la Sierra
Gorda, que para ponerse en salvo tuvo que arrojarse en un precipicio, abandonando sus armas y
caballo.
Rayón, que en la dispersión de la junta determinó fijarse en Tlalpujahua, extendiendo su
mando a los distritos circunvecinos de la provincia de Méjico y a las demás hacia el Oriente,
fortificó el cerro del Gallo a corta distancia de aquel pueblo, estableciendo su hermano D. Ramón
en el mismo cerro una maestranza y una máquina para taladrar fusiles, que no tuvo gran resultado.
Mandó también fortificar el cerro de Nadó en las inmediaciones de Aculeo, punto que se tenía por
inexpugnable, y allí también se formó una fábrica de armas. Desde Tlalpujahua seguía Rayón en
comunicación con los Guadalupes de Méjico, que le mandaban noticias, impresos y otros auxilios:
estaba en correspondencia con Morelos y con otros varios de los jefes de la revolución, y también
con sus compañeros de la junta, y se ocupaba con empeño en organizar y disciplinar nuevas fuerzas,
en lo que le ayudaban su hermano D. Rafael, que fue a tomar el mando de S. Miguel el Grande y
sus cercanías, D. José María, a quien comisionó para la formación de un regimiento de caballería de
“Provinciales de Tlalpujahua”, y D. Francisco. Para inspeccionar los diversos puntos que estaban
bajo su mando, y también para asegurarse de la obediencia muy incierta de los Villagranes, dispuso
Rayón hacer una visita a Huichapán, pasando por las haciendas de Solís y otras que se
administraban bajo sus órdenes, como confiscadas a sus dueños que eran europeos. Salió con este
fin de Tlalpujahua el 26 de Agosto, llevando consigo la imprenta: visitó a su paso la fortaleza del
cerro de Nadó y entró en Huichapán el 13 de Septiembre. En todos estos puntos se le recibió como
soberano: “en Huichapán, dice su secretario en el diario que llevó desde Agosto de este año,
concurrió a su entrada un gentío numeroso y tanto la tropa como el vecindario de aquella población
benemérita, demostraron las virtudes que caracterizan a un pueblo amante hasta el extremo, de sus
legítimas autoridades y altamente poseído del amor más respetuoso hacia la digna persona de S. E.,
quien recibió con sumo interés estas pruebas realzadas de subordinación y fidelidad.”
En Huichapán se celebró el segundo aniversario del 16 de Septiembre. Rayón, con su escolta
y oficialidad asistió a la misa de gracias, en la que predicó el Dr. brigadier D. Francisco Guerrero,
habiendo habido iluminación, serenatas y repiques. Con esta ocasión se publicó más adelante un
manifiesto264 que le fue remitido a Rayón de Méjico, en que se presentan todos los sucesos
ocurridos hasta entonces de una manera tan contraria a la verdad, que parece haber sido el preludio
de lo que se ha escrito después. Lleva la fecha en el Palacio nacional de América, y aunque se le
puso 16 de Septiembre, no se imprimió hasta la vuelta de Rayón a Tlalpujahua. 265 El 29 del mismo
mes se repitió igual solemnidad, por ser el santo del nombre de Hidalgo, y en la misa de gracias
predicó otro doctor brigadier, D. Francisco Lorenzo de Velasco. Rayón visitó las fortificaciones de
aquel lugar y pasó revista a la tropa que lo guarnecía, acompañado por D. José María Villagrán,
llamado Chito, a quien desde Tlalpujahua había expedido el despacho de mariscal de campo, así
como el de teniente general a su padre D. Julián, quien permanecía en Zimapán y sus
inmediaciones.266 Aunque D. Ramón Rayón fuese comandante del cantón de Tlalpujahua y
estuviese ocupado en dirigir las fortificaciones y maestranza del cerro del Gallo, salía a hacer
frecuentes excursiones, ya al camino de Querétaro a Méjico, en el que al paso de los convoyes hacía

262 Parte de Tovar y anexos, gaceta de 13 de Junio n. 244 fol. 1915.


263 Parte de Arredondo, gaceta de 22 de Octubre núm. 305 fol. 1.111.
264 Lo ha insertado Bustamante, Cuadro histórico tom. 2.° fol. 307.
265 El secretario de Rayón no habla de tal manifiesto.
266 Todas estas noticias están tomadas del diario del secretario de Rayón; pródigo en adjetivos, nunca habla de éste
sin llamarle “héroe, libertador, insigne príncipe”, así como a Iturbide infame criollo, monstruo horrible, y lo
mismo al virrey Venegas y a todos los que seguían el partido español, sin perjuicio de aplicar las mismas
calificaciones a los insurgentes que se declaraban contra Rayón, como tendremos mucha ocasión de ver.
81

presas de importancia, especialmente de los numerosos rebaños de carneros que se conducían para
el abasto de la capital, y ya en el camino de Querétaro a Valladolid con resultado igualmente feliz.
En una de estas atacó el pueblo de Jerécuaro e hizo prisionero al comandante D. José Mariano
Ferrer. Era éste hermano del Lic. D. Antonio, que según se ha dicho, murió en un patíbulo en
Méjico por haber tenido parte en una conspiración formada contra el virrey Venegas, pero por una
de aquellas discordancias frecuentes en las guerras civiles, D. Mariano se había declarado acérrimo
defensor de la causa real. Según también hemos visto, cogido en Dolores por los insurgentes que
iban a fusilarlo, debió la vida a la generosidad de la viuda de Abasolo, que dio dos mil pesos para
librarlo. Entre las diversas expediciones que hizo por las cercanías de Jerécuaro, se extendió en una
de ellas a Marabatío (27 de Mayo) en donde sorprendió al amanecer el cuartel en que estaban los
insurgentes, y habiéndolo tomado, batió en seguida a los que se presentaron fuera de la población,
haciendo en uno y otro encuentro varios prisioneros, de los que fusiló a algunos. 267 D. Ramón
Rayón lo derrotó e hizo prisionero herido en el paraje llamado el Salitre, y habiendo marchado en
seguida a Jerécuaro, tomó por asalto el cementerio de la iglesia, tenazmente defendido (2 de
Septiembre) y obligó a capitular a la guarnición que se retiró dentro de la misma iglesia. Ferrer, que
había sido por su severidad y sangrientos castigos el terror de aquella comarca, 268 fue conducido a la
hacienda de Tepustepec, en la que se hallaba Rayón en camino para Huichapán, con los demás
prisioneros que eran noventa, entre ellos dos españoles, los cuales fueron fusilados con el mismo
Ferrer (4 de Septiembre) y cinco soldados; los restantes fueron incorporados en la tropa de Rayón,
pero habiéndose desertado algunos, fueron reaprehendidos y fusilados. Cogió también D. Ramón en
esta acción dos cañones y porción de armas y municiones.
En Michoacán habían continuado los insurgentes hostilizando hasta las puertas mismas de
Valladolid, de donde salían partidas a perseguirlos. Una de éstas, mandada por D. Manuel de la
Concha, capitán entonces de los realistas de Valladolid, entró en Cucupao (27 de Abril), hizo
prisionero al mariscal de campo P. D. Vicente Ochoa, a quien condujo a Valladolid a su regreso;
cogió al coronel Caballero a quien con otros quince fusiló en el mismo día, y de allí pasó a
Zinzunza y Pázcuaro, en donde hizo fusilar al sargento mayor Vicente Sánchez, con dos capitanes y
otros dos mas.269 Otra al mando del capitán D. Juan Pesquera, compuesta de su escuadrón de
lanceros, se acercó a los lindes de la provincia de Guanajuato, para cooperar a la persecución de
Albino García y fue después destinada a buscar y aprehender en el lugar en que se guarecía, al
presbítero D. José Guadalupe Salto (7 de Mayo). Había sido este eclesiástico hombre de ejemplar
virtud antes de la revolución, pero habiendo tomado parte muy activa en ésta, fue procesado y se
hallaba preso en Valladolid en Julio de 1811; puesto en libertad e indultado por Trujillo, en
celebridad de haber sido derrotados maravillosamente los insurgentes que atacaron aquella ciudad el
22 de aquel mes, volvió a mezclarse en la guerra, no sólo excitando a los vecinos del pueblo de
Teremendo, de donde era vicario, sino como coronel, cuyo despacho le expidió Navarrete en 1.º de
Abril de 1812, y habiéndose detenido a hacer noche en la hacienda de Tecacho una partida de tropas
realistas, que conducía a Valladolid cuarenta heridos que tuvo Linares en el reconocimiento que
hizo del fuerte de Taujilla, como en su lugar dijimos, conmovió a los indios de las cercanías y los
hizo asesinar a todos, sin perdonar a los heridos.270 Ocultábase en una cueva, situada en una abra o
voladero de la alberca de Teremendo, cuya entrada estaba formada por dos planchas de vigas.
Guiado Pesquera por un correo que Negrete enviaba a Trujillo desde la Piedad, y que cogido
por la partida que capitaneaba el P. Salto, había logrado escapar de ella, rodeó con su tropa la
alberca o cráter apagado del antiguo volcán, y subiendo por una senda escabrosa, vio tres hombres
inmediatos a una especie de capilla que empezaban a fabricar (8 de Mayo); pusiéronse estos en fuga

267 Gacetas de 25 y 27 de Junio números 251 y 252.


268 Bust. Cuad. hist. tom. 2.º f. 159.
269 Parte de Concha, gaceta de 9 de Junio núm. 242 fol. 604.
270 Areched. apuntes hist. Bustamante Cuadro hist. tom. 2º fol. 152, oculta todos estos hechos y altera de tal manera
la verdad del suceso, que hace aparecer al P. Salto, como un santo mártir, sacrificado inocente por la ferocidad de
los tiranos.
82

al acercarse Pesquera, y el uno de ellos se metió por el abra, hasta la que fue seguido. Al entrar en
ella los soldados, alzó la voz diciendo: “no me maten, que soy ministro de Jesucristo”, y al mismo
tiempo dio una lanzada al soldado Manuel de la Cruz, que estaba más inmediato, con la que le dejó
mal herido. Dio Pesquera orden para que no se le ofendiese, intimándole al mismo tiempo que se
rindiese, a lo que contestó, “que no saldría de aquella cueva, a menos que no fuese su prelado”, y
preguntando quién era quien lo buscaba, y contestádole que las tropas del rey, replicó “que de qué
rey, pues las que allí había eran de Napoleón”. ¡Tan hondas raíces había echado la especie vulgar, de
que los españoles residentes en Méjico intentaban entregar el país a los franceses! Empezó al
mismo tiempo a defenderse, rodando piedras desde la boca de la cueva, lo que decidió a Pesquera a
mandar a sus soldados que hiciesen fuego, lo que apenas podían verificar, teniendo que mantenerse
agarrados a los arbustos suspendidos sobre un voladero de cincuenta varas de profundidad, en el
que se habrían precipitado si se desgajase alguna de las ramas que los sostenían. Dirigieron no
obstante la puntería a un tejadillo que cubría la entrada de la cueva, y a poco vieron caído en esta un
hombre, con lo que suspendiendo el tirar entraron en ella y hallaron al P. Salto atravesado de un
balazo, con dos mujeres que tenía allí presas para mandarlas al P. Navarrete, las que fueron puestas
en libertad. Condujo Pesquera en un tapextle 271 al P. Salto a Valladolid, y llevó también a otros
prisioneros que hizo en la expedición. Trujillo a su llegada dispuso que aquel eclesiástico fuese
fusilado el día siguiente a las diez de la mañana, y avisó al obispo electo Abad y Queipo por si había
algunas formalidades que llenar, pero al mismo tiempo le intimó, que por nada suspendería la
ejecución que debía verificarse a la hora señalada, antes que muriese de su herida el preso, a quien
había hecho alimentar y curar para conservarlo. El obispo declaró que la enormidad de los crímenes
del reo y su obstinación en ellos, no obstante habérsele concedido por segunda vez el indulto por
intervención del mismo prelado, hacían innecesaria la degradación, habiendo perdido el fuero y
privilegio del canon. Fue pues sacado al patíbulo en una camilla, y un eclesiástico español que iba a
su lado, hacía creer al pueblo que daba pruebas de su arrepentimiento, pero para entonces el P. Salto
no existía,272 y se le encontró muerto al llegar al cadalso en el que fue expuesto, publicándose una
proclama que el doctor Zenón compuso con este motivo.
La insurrección comenzada por un eclesiástico, tuvo desde su principio muchos individuos del
clero secular y regular entre sus principales jefes, y en el periodo a que hemos llegado, casi solo se
sostenía por ellos; pues si se hace abstracción de los de esta clase, y de algunos pocos hombres de
su posición que en el Sur se habían alistado bajo sus banderas, no quedarían figurando en ella más
que hombres sacados de las más despreciables clases de la sociedad, y muchos de ellos conocidos
por sus crímenes. Entre los mismos eclesiásticos, los más de los que tomaron partido en aquella
causa, eran hombres corrompidos de costumbres, y entre los regulares los más malos de cada
convento: los nombres mismos con que muchos de ellos eran señalados, tales como el P.
Chinguirito, el P. Caballo flaco, el P. Chocolate, indican el desprecio con que eran vistos, y con
pesar es menester decir, que los hombres más atroces y sanguinarios que se conocieron en la
revolución, eran de aquella profesión; pero la veneración que el pueblo tenía a ella, hacía que no
obstante lo poco respetable de las personas, influyesen mucho en sostener la guerra, y el número de
los que en ella tomaron parte fue tal que casi no hay acción o combate de más o menos importancia,
en que no se vean eclesiásticos haciendo de jefes entre los insurgentes. Sin embargo, el virrey
Venegas se había abstenido de dictar públicamente providencia sobre ellos, aunque había circulado
a los jefes principales órdenes para que fuesen fusilados, no obstante las cuales sólo lo había sido el
cura Hidalgo y los eclesiásticos aprehendidos con él, mas aquel había sido ejecutado por sentencia,
observando todas las ritualidades del fuero eclesiástico. Los comandantes, exasperados con
encontrarse en todas partes con eclesiásticos, no habían sido tan circunspectos, y ya hemos visto
que Calvillo hizo fusilar en Tenango al P. Tirado, y acabamos de ver lo que Trujillo ejecutó mas
271 Tapextle se llama en mejicano una cama portatil. Todos los pormenores que dan cierto aspecto romancesco a este
suceso y los concernientes a la ejecución, constan en la gaceta de 11 de Junio núm. 243 fol. 607.
272 Así consta en los apuntes que sobre los principales sucesos de Michoacán, me ha dado el P. D. Mucio Valdovinos,
sujeto muy instruido y veraz.
83

recientemente en Valladolid con el P. Salto.


Esto, y las consultas de otros jefes como Tovar en S. Luis respecto al P. Zimarripa, pusieron al
virrey en la necesidad de tomar algún partido, y habiendo consultado al real acuerdo, por parecer
unánime de catorce de los quince ministros que a él concurrieron, a pedimento de los fiscales y con
dictamen de los auditores, publicó en 25 de Junio un bando, declarando reos de la jurisdicción
militar a todos los que hubiesen hecho o hiciesen resistencia a las tropas del rey, de cualquier clase,
estado o condición que fuesen.273 En consecuencia, mandó que se les juzgase por los consejos de
guerra ordinarios de oficiales de la división o destacamento que los aprehendiese, dando cuenta al
virrey con la causa para su resolución; y aunque esto habría evitado muchas de las arbitrariedades
que se cometían, esta restricción se hizo ilusoria por la libertad que se dejó a los comandantes para
hacer ejecutar las sentencias sin dar cuenta al virrey, cuando no lo permitiese la interceptación de
los caminos, o que las circunstancias exigiesen un pronto escarmiento. Se impuso la pena de ser
pasados por las armas, sin darles más tiempo que el preciso para disponerse cristianamente, a todos
los jefes o cabecillas, en cualquier número que fuesen, calificando de tales a los que notoriamente lo
fuesen; a todos los oficiales de subteniente arriba; a todos los que reuniesen gente para servir en la
revolución; a todos los eclesiásticos del estado secular o regular que hubiesen tomado parte en la
revolución o servido en ella con cualquiera título o destino, aunque fuese sólo con el de capellanes,
y a los autores de gacetas u otros impresos incendiarios. Los que sin ser cabecillas hubiesen hecho
armas contra las tropas reales, sin tener excusa que alegar suficiente a eximirlos de la pena capital,
debían ser diezmados, y los que por la suerte quedasen libres de la muerte y todos los que no
debiesen sufrirla según las disposiciones del bando, debían ser remitidos al virrey, si las
circunstancias lo permitían; pero si había para ello algún embarazo, quedaba a discreción del
comandante tomar con ellos el partido que le pareciese, sin sujeción a reglas que no se podían
prescribir para todos los casos. Los eclesiásticos que fuesen aprehendidos haciendo armas contra las
tropas reales, debían ser juzgados y ejecutados lo mismo que los legos, sin previa degradación.
Fundábanse estas disposiciones en el principio asentado en el mismo bando, de que con respecto a
los cabecillas, “no se corría riesgo alguno de castigar a inocentes, ni de excederse en el castigo, por
ser todos verdaderos bandidos, anatematizados por la iglesia y proscritos por el gobierno, a quienes
por lo mismo podía quitar la vida cualquiera impunemente”, 274 y en cuanto a los que debían
diezmarse, se dijo que esto era lo prevenido en la ordenanza militar y lo que aconsejaba la sana
razón cuando era grande el número de los delincuentes, por lo que se mandaba observar
inviolablemente todo lo prevenido.
Como esto era lo que generalmente se practicaba con el común de los insurgentes que se
aprehendían, no llamó por esta parte la atención este bando de sangre, sino sólo por la extensión que
a estas disposiciones se daba respecto a los eclesiásticos, en los cuales hizo grande impresión y fue
un nuevo motivo de declamación contra el gobierno en los periódicos y otros impresos de los
insurgentes.275 Estos sin embargo no habían considerado mucho a aquella clase: el día mismo que la
revolución comenzó en Dolores, el P. sacristán Bustamante fue maltratado y conducido por ellos a
la cárcel: otros muchos fueron muertos, heridos o maltratados en diversos puntos, 276 y más
especialmente en Santa Ana Chautempan, cerca de Tlaxcala, el cura de aquel pueblo, Estavillo,
anciano octogenario que se había refugiado a la torre de su parroquia, lo hicieron bajar de ella y lo
mataron a puñaladas, y en S. Juan de los Lagos, sacaron de la cama en la que estaba enfermo al P.
Flores, dueño de la célebre mina de Catorce, que lleva su nombre, y después de obligarlo a exhibir
el dinero que le pidieron, lo ahorcaron y dejaron suspendido de un árbol, del que algún tiempo
después fueron colgados los que le dieron muerte. Pero aunque estos casos habían sido repetidos, se
les consideraba como efectos del desorden y no como una violación sistemática del fuero
273 Gaceta de 30 de Junio núm. 253 fol. 685.
274 Estas son las palabras del bando.
275 D. Carlos Bustamante en su Cuadro hist. intitula “Persecución al clero mejicano”, el art en que habla de este
bando.
276 Pueden verse los nombres de todos en la impugnación del P. Bringas al manifiesto del Dr. Cos, folio 47.
84

eclesiástico, como se pretendía serlo la providencia del virrey contenida en el bando referido. Los
que hacían comparación de las cosas presentes con las pasadas, recordaban que con la misma fecha,
en el mismo día jueves y a la misma hora, se había publicado en Méjico el año de 1767 el bando de
la expulsión de los jesuitas.
El cabildo eclesiástico que gobernaba la mitra en sede vacante, tuvo un cabildo pleno (Junio
30) en que se discutió si debería darse algún paso en defensa de las inmunidades eclesiásticas; pero
prevaleciendo en aquella corporación el número de españoles europeos o siendo preponderante su
influjo, se decidió que en las circunstancias no convenía hacer cosa alguna. Sabida esta resolución,
muchos individuos del clero secular en número de ciento y diez, 277 presentaron al mismo cabildo
una representación reclamando su protección en favor de la inmunidad (7 de Julio) y entre los que
la subscribieron se contaban casi todos los curas de la capital, muchos de fuera, varios doctores y
otros eclesiásticos de consideración: la redactó el Lic. D. Bernardo González Angulo, asesor que era
de la artillería, y que por este papel y por la persecución que él le atrajo, ganó la reputación que le
ha hecho llegar después de la independencia a los primeros empleos de la república. El cabildo
mandó pasar esta representación al promotor fiscal Dr. Sánchez, que la calificó de asonada, aunque
él mismo había sostenido con calor la inmunidad, en la causa formada en Septiembre del año
anterior a los tres agustinos complicados en la conspiración contra el virrey. Éste, habiendo tenido
conocimiento de la representación, con consulta del acuerdo que la pidió al cabildo, se la remitió
con el parecer del promotor, con lo que intimidados varios de los firmantes, retractaron su firma
quince de ellos. Pasada al acuerdo, y por él a los fiscales, pidieron estos la prisión del autor de la
representación y que se llamase a ratificar sus firmas a los que la habían suscrito, con cuyo objeto se
mandó el expediente a la junta de seguridad. Daba motivo a estos procedimientos la circunstancia
de haberse publicado en los periódicos de los insurgentes en Tlalpujahua la representación, lo que
daba a esta el aspecto de un acto de sedición en connivencia con aquellos. En consecuencia fue
puesto en prisión el Lic. Villalpando, que había tenido parte en todo este asunto, y se ocultó el Lic.
González Angulo. Los firmantes, aunque sostuvieron la justicia de su reclamación en la junta de
seguridad a la que fueron citados, protestaron la sana intención con que lo habían hecho, con lo que
se le encargó por la junta al Dr. Medrano, cura de S. Miguel, que hiciese una nueva representación,
explicando en ese sentido la primera, que firmarían todos los que habían suscrito aquella; pero
habiendo agregado el oidor Bataller presidente de la junta, la cláusula de juramento de odio a
Morelos y a los principios de la revolución, rehusaron firmarla como cosa inconexa con el objeto de
la representación. En tal estado quedaron las cosas acerca de un negocio que comenzó con tanto
ardor, en que tanto se escribió por una y otra parte, 278 y que acabó, como sucede casi siempre en
casos semejantes, con caer en el olvido. Sin embargo, el virrey no hizo ejecutar en la capital el
bando, motivo de tantos altercados, quizá por no irritar mas los ánimos, y Méjico no vio subir al
cadalso dentro de su recinto a ningún eclesiástico, hasta después de hecha la independencia siendo
ministro de justicia un canónigo, que tomó gran empeño en que esta ciudad presenciase este
espectáculo sangriento.
Todo esto contribuía a agitar más y más el espíritu público en la capital, en la que la
revolución tenía numerosos partidarios, que se manifestaban por hechos muy decisivos. Un hombre
resuelto se arrojó a la casa del oidor Bataller, presidente de la junta de seguridad (30 de Marzo) a las
once de la mañana, con el objeto de asesinarlo, 279 lo que por casualidad no tuvo efecto; el agresor

277 Todas las noticias concernientes a este asunto del clero, están sacadas de los apuntes del Dr. Arechederreta, quien
tomó este asunto con el mayor ardor y se manifiesta decidido en favor del cuerpo a que él mismo pertenecía,
aunque no firmó la representación.
278 Entre los muchos impresos sobre este asunto se distinguen las “Notas sobre la representación del clero”, por el P.
franciscano español Fr. José Joaquín de Oyarzábal, en que pone en ridículo dicha representación. El clero se
ofendió mucho de esto y contestó en su nombre el Dr. D. José Julio García Torres, en un cuaderno titulado
“Vindicación del clero mejicano vulnerado”. Escribió también el oidor Puente un tomo en cuarto titulado
“Observaciones sobre el bando de 25 de Junio”.
279 Arechederreta, apuntes históricos manuscritos.
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fue preso pero no se sabe qué resultado tuviese. Otro suceso popular hizo ver cuán odiada estaba la
junta de seguridad, que era considerada como ilegal en su origen: al anunciarse en el teatro la
comedia que se había de representar el 5 de Julio, 280 se avisó al público que volvían a su ejercicio
dos actores, que habían estado por algún tiempo presos y procesados por aquel tribunal, por
palabras sediciosas dichas en un café, de cuyo delito fueron absueltos, por la excepción de estar
ebrios cuando las produjeron. El aplauso general repetido hasta por seis veces, puso de manifiesto la
exaltación de los espíritus, pues no se podía atribuir a otra causa, siendo muy mediocre el mérito de
aquellos actores.
El día 1.º de Agosto se publicaron en un grueso cuaderno las contestaciones habidas entre el
obispo de Puebla Campillo, y los jefes de los independientes Morelos y Rayón, 281 tratando aquel por
medio de los curas Palafox y Llave, de hacerlos desistir de su intento con los argumentos que
expuso y sosteniendo estos su partido; acompañábalas un “Manifiesto del obispo para desengaño de
incautos”, que era el título de la obra; pero los ánimos estaban demasiado irritados para que el
raciocinio pudiese tener lugar: cada uno encontraba fundadas las razones del que sostenía el partido
a que él mismo pertenecía, y débiles las del contrario, y así fue que el objeto de la publicación
quedó enteramente frustrado, y el manifiesto a nadie desengañó.
Hemos recorrido en este capítulo, los sucesos principales de las provincias del interior:
haremos lo mismo en el siguiente con respecto a las del Oriente de la capital, hasta el fin del
periodo que este libro comprende. La importancia de los acontecimientos ha obligado a tratarlos
con alguna extensión, para dar a conocer el estado en que el país se hallaba, y el aspecto que la
revolución iba tomando en las diversas provincias.

280 Arech. Apunt. hist. man. muy interesantes y verídicos en todo lo concerniente a sucesos de la capital.
281 Se imprimió en Méjico en casa de Arizpe, dedicado al virrey Venegas. Tiene 166 páginas.
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CAPÍTULO VI.
Sucesos de las provincias de Puebla y Veracruz.—Invaden los insurgentes a Tehuacán; capitula la ciudad, y son
degollados los españoles que allí se rindieron.—Toma de Orizava por los curas Silarcon y Moctezuma.—Marcha Llano
a Orizava, ocupa la villa, recobra el tabaco que había en ella, y hace levantar el sitio de Córdoba.—Vuelve a Puebla
con un convoy de tabaco.—Marcha a Jalapa y Veracruz.—Estado de esta provincia.—Llegada de tropas de España y
de Yucatán.—Vuelve Llano a Puebla con el convoy de papel y efectos de particulares.—Sucesos de Oajaca.—
Revolución de la Mirteca.—Sitios de Yanhuitlan por los insurgentes, y de Huajuapanpor los realistas.

Constantemente en el curso de esta guerra, la suerte de las armas fue más favorable al partido
realista en las provincias del interior, que en las del Oriente y Sur de la capital. En aquellas, por
resultado de las diversas operaciones que han sido materia del capítulo anterior, la revolución estaba
reducida a muchedumbre de partidas que con sus continuas depredaciones, destruían a la verdad el
país y tenían obstruidos todos los caminos estorbando los giros, pero que no daban cuidado serio, ni
ponían en riesgo a ninguna población importante regularmente defendida; mas en estas, la
insurrección había hecho rápidos progresos y al fin del periodo que este libro abraza, se presentaba
bajo un aspecto amenazador y temible.
Hemos visto que durante el sitio de Cuautla, toda la provincia de Puebla fue invadida por los
insurgentes, y que a excepción de la capital, todas sus poblaciones fueron atacadas u ocupadas por
ellos. Una de las más importantes en aquel tiempo era la ciudad de Tehuacán: situada entre las
provincias de Puebla, Veracruz y Oajaca, y en el camino que de la segunda conduce a la última, era
el centro del comercio de todas tres y el lugar de depósito del giro de la Mixteca, entonces rico y
próspero distrito. Sus aguas eran afamadas como específico para el mal de piedra en la orina, y
acudían a beberlas y bañarse en ellas muchos enfermos de todo el reino. Había en ella muchas
familias acomodadas y varios españoles enlazados con ellas, que con sus capitales y actividad,
daban impulso y vida al comercio y a la labranza. Desde que Morelos, saliendo de Chilapa a fines
del año anterior, había avanzado sobre Cuautla e Izúcar, comisionó a Trujano para que sublevase
todos los pueblos de la Mixteca, y éste destacó partidas en diversas direcciones, para que recogiesen
ganados y otros auxilios, en las haciendas de los europeos.
Una de ellas, mandada por un tal Figueroa, se adelantó hasta las inmediaciones de Tehuacán,
que estando indefensa, la abandonaron el subdelegado y demás españoles amedrentados con la
aproximación de los insurgentes y se retiraron a Onzava, que dista de allí pocas leguas. Figueroa
entró en Tehuacán, pero no teniendo fuerzas suficientes para sostenerse en aquella población, se
retiró de ella, con cuyo aviso regresaron los españoles,282 con un destacamento de setenta y cinco
hombres de los regimientos fijo de Veracruz y Tlaxcala, se levantaron algunos voluntarios y se
fortificó la ciudad, defendida con dos cañones que trajeron también de Orizava. Desde Febrero los
insurgentes volvieron a presentarse en mayor número, rodeando la población por todos rumbos y
cortando sus comunicaciones con las inmediatas: en vano el subdelegado solicitó auxilios de estas;
ninguna estaba en disposición de dárselos, pues aunque en Orizava se hallase el sargento mayor de
Tlaxcala con parte de su cuerpo, la gran deserción que en este había habido, no le permitía
desprenderse de tropa alguna. A fines de Abril el asedio vino a ser más estrecho, y en los primeros
días de Mayo se presentaron con seis a ocho mil hombres el P. D. José María Sánchez de la Vega,
vicario de Tlacotepec, que fue quien dio el primer impulso a la revolución en aquel rumbo, y que
llamado por Morelos a Izucar él mismo defendió aquel pueblo contra Llano, como en su lugar
vimos; el cura Tapia, el franciscano Ibargoyen, D. Ramón Sesma, Machorro, Arroyo y otros. La
guarnición de solos sesenta soldados y los pocos realistas que se habían organizado, se redujo a las
trincheras abiertas en las calles; pero no pudiendo sostenerse ni aun en estas, después de dos días de
continuo fuego, se retiró al recinto de la plaza y en fin al convento del Carmen, mas ocupadas por

282 Bustamante, Cuadro histórico tom. 2.° fol. 129: lo demás está tomado de la relación hecha al virrey por el
administrador de correos D. Jacobo Alejandro de Lema, desde Puebla inserta en la gaceta de 25 de Julio núm. 264
fol. 774, conforme en lo esencial con Bustamante.
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los asaltantes todas las piezas bajas de éste, en las que aquella tenía sus provisiones de boca;
careciendo de éstas y de agua, que había sido cortada desde el 2 de Mayo y disminuido su número
con veinticinco o treinta heridos y muertos que había tenido, capituló el 6 con Sánchez por
intervención del cura y otros eclesiásticos, siendo la condición principal que se conservaría la vida a
los españoles. Desarmados estos, fueron llevados a la cárcel y sus casas y tiendas fueron entregadas
al saqueo, desapareciendo en corto rato la opulencia de aquella ciudad, y quedando reducidas a la
miseria multitud de familias mejicanas que hasta aquel día habían gozado de comodidades y
bienestar.
El siguiente día (7 de Mayo) fueron sacados de la cárcel los españoles presos y conducidos
por Arroyo a Tecamachalco, despojados de sus ropas, a pie y atados de tres en tres. Allí fueron
fusilados el subdelegado D. Manuel Victoriano Sánchez, el alférez Arriaga y Cristóbal Méndez,
natural de Tehuacán, que era alguacil de vara en aquella ciudad, presentando al hijo de Sánchez a
que viese la ejecución de su padre283 a todos los demás hasta el número de cuarenta y tres, 284 los
sacaron de Tecamachalco, porque este pueblo trató de levantarse para impedir tales atrocidades, y
en una barranca les quitaron la vida a machetazos, sin darles los auxilios espirituales que con ansia
pedían. Uno de los muertos fue D. Basilio Mazas, francés, administrador jubilado de rentas, en cuyo
cadáver se encontraron las señales de la vida penitente que hacía, por lo que fue tratado con
veneración por sus mismos asesinos.285 El P. Sánchez había hecho fusilar algunos días antes en
Izucar a los españoles que por capitulación se entregaron en S. Andrés Chalchicomula. Al leer en la
gaceta de Méjico de 25 de Julio, la lista de los desgraciados que fueron así atrozmente asesinados en
las barrancas de Tecamachalco, no sólo se percibe un sentimiento íntimo de horror, sino que salta a
la vista la triste reflexión, de que siendo casi todos hombres casados, con familia, los principales de
todos los pueblos inmediatos a Tehuacán, con su muerte se cortaban de un golpe las esperanzas de
la generación futura, y se destruían los elementos de la riqueza y prosperidad del país.
Por el mismo tiempo que las partidas de insurgentes se iban reuniendo y engrosando al
rededor de Tehuacán (Marzo de 1812), el cura del pueblo de Maltrata, D. Mariano de las Fuentes
Alarcón, levantaba otra en su curato y hacía bajar la campana mayor de su parroquia para fundir un
cañón de enorme magnitud, como si se propusiese batir alguna plaza.286 Está Maltrata situado entre
Tehuacán y Orizava, en la terminación de la cuesta que lleva su nombre, la cual antes que se hiciese
el camino nuevo de las cumbres de Aculcingo por el consulado de Méjico, era la garganta casi única
de la comunicación principal entre Puebla y las Villas, y es todavía camino frecuentado por la
arriería y mucho más por los contrabandistas de tabaco. Esta posición daba al cura Alarcón la
ventaja de poder hostilizar desde allí a Orizava y hacer presa de todo lo que transitaba por los
caminos que a aquella villa conducen, apoyándose en las partidas que con diversos caudillos
estaban sobre Tehuacán. La que él había levantado estaba bajo las órdenes de Miguel Moreno,
dependiente de la hacienda de S. Antonio, y sus progresos fueron tales, que ocupado en pocos días
Aculcingo, con la ayuda de los indios de este pueblo, asolaba las haciendas inmediatas, lo que
obligó al comandante de Orizava D. Miguel Paz, mayor del regimiento de Tlaxcala, a mandar a
aquel lugar alguna tropa que recogió los paramentos sagrados de la parroquia y se llevó consigo al
cura que estaba sobrecogido de terror; pero puesta en fuga la caballería de patriotas que
acompañaba a la infantería de Tlaxcala, mandada por el subteniente Zorrilla, tuvo éste que
replegarse a Orizava, no sin dificultad en su retirada (24 de Marzo). 287 En las mismas inmediaciones
de Orizava, el cura de Zongolica D. Juan Moctezuma Cortés, descendiente del emperador mejicano
de aquel nombre, por lo que tenía un cacicazgo en Tepejí de las Sedas, 288 sublevó la gente de su

283 Declaración de D. Pedro de S. Miguel, gaceta de 9 de Julio núm. 257 fol. 718.
284 Véase la lista en la gac. citada.
285 Bustamante refiere este hecho en el lugar citado del Cuadro hist.
286 Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 134.
287 Véase el parte de Paz al comandante de Veracruz Urrutia, en la gaceta de 23 de Abril núm. 215 fol. 417.
288 Bustamante que lo conoció dice que era “imagen viva del emperador de su nombre, pero que no nació para
general, sino para recitar un buen sermón: tenía bello decir, y sabía entusiasmar al soldado con el doble prestigio
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curato y con él fueron a reunirse varios vecinos de Orizava, poniéndose en comunicación con
Rosains, como en otro lugar vimos. Unidos ambos curas resolvieron marchar sobre Orizava.
Había tomado el mando de esta villa el teniente coronel D. José Manuel Panes, y su defensa
consistía en un foso parapetado, abierto en el puente de Santa Catarina a media legua de Orizava,
defendido con cien infantes, treinta caballos y un cañón. 289 Tomado este punto (28 de Mayo) por no
haber llegado a tiempo la tropa que Panes enviaba en su auxilio y abandonada la garita de la
Angostura290 por el destacamento que la defendía, el que se retiró dejando clavado el cañón que allí
había, los insurgentes fueron ocupando toda la población, y Panes tuvo que reducirse con
trescientos cincuenta hombres que le quedaban, al convento del Carmen. Los religiosos de esta
orden siendo casi todos europeos, sus conventos eran en todos los lugares en que los había, puntos
seguros de defensa contra los insurgentes. Panes no pudiendo sostenerse allí porque no había acopio
de víveres, resolvió en una junta de guerra retirarse a Córdoba, abriéndose paso por entre los
insurgentes que por todos lados lo rodeaban. Para hacerlo así, arrojó en un estanque de la huerta del
convento las municiones que no podía llevar, y emprendió su marcha siguiéndolo todos los
carmelitas, y los más de los europeos del lugar. Intentó impedirle el paso en el puente de Escamela
el cura Moctezuma, pero atacado por Paz, abandonó el punto con tanta precipitación, que dejó en la
habitación de los guardas de la garita su equipaje y levita con divisas de coronel. Vencido este
obstáculo, continuó Panes su retirada en la noche, y aunque molestado por el fuego de los
insurgentes en las cuestas del Cacalote y Villegas, llegó a Córdoba al amanecer el día siguiente, se
reunió con dos compañías de Tlaxcala que estaban en aquella villa con la fuerza de doscientos
veinte hombres y encontró la población en estado de defensa, con fosos y parapetos en las calles
que conducían a la plaza, en la que colocó su división en los portales que cubrían tres de sus frentes,
cuidando de proveerse dentro del recinto fortificado, de víveres que escaseaban.
Entre tanto se aposesionaron de Orizava los curas Alarcón y Moctezuma con multitud de
gente mal armada de sus pueblos, y dos días después se les unieron el P. Sánchez y Arroyo, que
llegaron el primero de Tehuacau y el segundo de Tepeaca, de donde había huido cuando tomó
aquella villa Llano, con lo que dispusieron ir a atacar a Córdoba. Verificáronlo el 3 de Junio y
continuaron con tesón por varios días, intentando pegar fuego a varias casas y saquear otras, pero
fueron siempre rechazados habiéndoseles tomado por los realistas un cañón, en una de las salidas
que contra ellos hicieron.
Era Orizava punto de grande importancia para el gobierno de Méjico, por estar allí los
almacenes del estanco del tabaco, en los que había cincuenta y dos mil tercios que constituían por
entonces uno de sus principales recursos. Por esto, el objeto principal de la salida de Llano de
Puebla era, conducir a Méjico un convoy considerable de aquel efecto, para surtimiento de la
fábrica de cigarros. Dejámoslo en Tecamachalco,291 en donde no se detuvo más que lo preciso para
destruir las obras de fortificación levantadas por los insurgentes, habiendo hecho marchar desde
Tepeaca (4 de Junio) por el camino de Amozoque, al coronel Andrade con las mulas que debían
conducir el tabaco. Llano, informado del movimiento del cura Alarcón sobre Orizava, dispuso
marchar a aquella villa con toda su división, fuerte de 2300 hombres, 292 para impedir que fuese
ocupada, aun a riesgo de dejar descubierta a Puebla, y sabiendo en S. Agustín del Palmar que había
sido tomada, apresuró cuanto pudo su marcha para evitar si era posible, que los insurgentes
entregasen al fuego la inmensa cantidad de tabaco que allí había, dejando atrás a Andrade con el
de sacerdote y de descendiente del emperador de los aztecas”. Cuadro hist. tom. 2.º fol. 135. Ignorode donde venía
esta descendencia y el motivo por que tenía unido al de Moctezuma el nombre de Cortés. En Zacatecas hubo,
pocos años después de la conquista, un D. Juan Cortés Moctezuma, hijo natural de Cortés, pero era familia
diversa, y que se extinguió allá.
289 Véanse los partes de Panes que comienzan en la gaceta de 28 de Julio, núm. 265 fol. 781 y siguientes.
290 Llámase así por la angostura que forman los cerros aproximándose al río Blanco, que no dejan más espacio que el
que ocupan éste y el camino.
291 Véase cap. 4.° de este libro.
292 Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º f. 136 dice que por los estados de fuerza que había visto entre los papeles de la
antigua secretaría del virreinato, la división se componía de 2265hombres de todas armas.
89

convoy de víveres y mulas que conducía. Éste fue atacado al paso de las cumbres, pero el oportuno
socorro que Llano le mandó desde Aculcingo, le facilitó pasar aquel difícil punto sin obstáculo. 293 El
cura Alarcón había colocado tres baterías en los cerros de Huiloapa, cerca del pueblo del Ingenio,
que enfilaban el camino: Llano las hizo atacar por los granaderos de la Columna y los de Asturias, y
aunque los primeros encontraron cortado el puente del río Blanco, se arrojaron al agua, pasaron el
río casi a nado, y poniéndose bajo el fuego de las baterías, se hicieron dueños de ellas en momentos
(10 de Junio). Con la misma intrepidez se apoderaron el día siguiente de la batería que defendía el
punto de la Angostura, y habiendo llegado Llano hasta la garita, irritado por el intento de quemar el
tabaco del rey, y porque ninguno de los habitantes le había dado aviso alguno sobre el estado de la
población, dio orden a su caballería para que entrase a degüello por cuatro puntos. Presentáronsele
entonces felizmente el cura y la comunidad de misioneros apostólicos de S. José de Gracia,
exponiendo que los insurgentes estaban en fuga, y que iban a ser sacrificados por aquella cruel
orden solo los habitantes pacíficos, con lo que la revocó, y sabiendo que Córdoba era vivamente
atacada, mandó sin detenerse al sargento mayor de la Columna D. José Ignacio García Illueca con
doscientos granaderos y cincuenta dragones, conduciendo quinientas cargas de harina, con cuya
llegada, los sitiadores se retiraron en diversas direcciones y quedó socorrida la necesidad de víveres
que los sitiados sufrían.
En estos días ocurrió un suceso harto desgraciado en aquella villa: el Lic. D. Francisco
Antonio de la Llave, individuo de una familia respetable y hermano del Dr. D. Pablo de la Llave,
que después de la independencia ha sido ministro de justicia, fue muerto en la puerta de su casa, por
un balazo que sin provocación alguna, le tiró el europeo D. Francisco Rioseco: éste fue condenado a
la pena capital, por el alcalde D. Diego Lemayo, europeo también, y García Illueca hizo ejecutar la
sentencia. Por ser éste mejicano, fue acusado de parcialidad y algunos europeos de Méjico excitaron
a la sala del crimen para que pidiera el proceso, de cuyo examen no hubo de resultar nada, pues no
se volvió a hablar del negocio.294
Llano hizo volver a Orizava a Panes con la tropa que se había retirado con él a Córdoba: dejó
de comandante en la primera de estas villas, al coronel Andrade, cuya suerte en el curso de esta
guerra había sido pasar de uno a otro de los extremos más opuestos del reino, y emprendió su
marcha de regreso conduciendo un convoy con 4098 tercios de tabaco. Esperábanle en las cumbres
de Aculcingo para impedirle el paso, el P. Sánchez, Machorro, Osorio, el Bendito y otros jefes de
cuadrillas, pero desalojados de todos los puntos que ocupaban, llegó a Puebla sin pérdida alguna en
el cargamento que escoltaba, el que entró en Méjico el 5 de Julio.
Tres meses hacía295 que se carecía en la capital absolutamente de noticias de Veracruz, y la
interceptación era tan completa, que ni aun los comerciantes, ingeniosos por su interés para salvar
todos los obstáculos, habían logrado hacer pasar carta alguna. Atribuíase este silencio a las grandes
novedades que se pretendía haber ocurrido en aquella plaza. Decíase, que dando crédito a una
gaceta de los insurgentes, en que estos habían publicado que Méjico y Puebla se habían rendido por
capitulación, los europeos de aquella plaza habían establecido una junta, y habiendo obligado a ir a
servir el empleo de gobernador de la isla de Santo Domingo para que estaba nombrado, al
gobernador de la plaza, mariscal de campo D. Carlos Urrutia, de quien estaban descontentos y acaso
desconfiaban por ser americano, habían puesto en su lugar al anciano coronel Soto, mandando
cuatro comisionados a Cádiz en el navío Miño, con dos millones y medio de pesos para pedir tropas
y auxilios, y que para proporcionarse víveres de que estaban muy escasos, habían abierto
comunicación directa con Jamaica y con los puertos de Tampico y Soto de la Marina en Nuevo
Santander. En este estado de incertidumbre, escaseando además en Méjico el papel necesario para la
fábrica de cigarros, dispuso el virrey que Llano con su división marchase a Jalapa, escoltando las
harinas que mandaba a Veracruz el comerciante de aquella plaza D. Juan Bautista Lobo, con quien
293 Parte de Llano, gaceta de 11 de Agosto núm. 271 fol. 834.
294 Bustamante. Cuadro hist. tom. 2.º fol. 138. También me contó este hecho D. Pablo de la Llave, mi amigo y
compañero en las cortes de España, y en el ministerio en 1823 y 24.
295 Las últimas noticias eran de 10 de Abril y se estaba a principios de Julio. Areched. apuntes hist.
90

estaba también contratado el papel que Llano había de conducir a su regreso, creyendo que para la
seguridad de éste bastaría mandar desde Jalapa una pequeña escolta, ocupándose Llano, entretanto
esta volvía, en recorrer y sujetar los pueblos de las inmediaciones de Jalapa.296
Con tales intentos salió Llano de Puebla el 3 de Julio, y a su tránsito a Perote lo atacó en
Tepeyahualco un gran número de insurgentes, que fueron batidos y puestos en fuga, con pérdida de
cinco cañones, por el teniente coronel D. José Morán, nombrado por Llano mayor general de su
caballería, y a cuyas órdenes puso en esta ocasión un escuadrón de dragones de Méjico, otro de
Puebla, el primer batallón de granaderos, y las compañías de granaderos y cazadores de Asturias.
En Perote había permanecido el brigadier Olazábal, habiéndose retirado allí con la tropa que
custodiaba el convoy perdido en Nopalucan, y en aquella fortaleza se había descubierto una
conspiración (8 de Junio) tramada por un sargento del fijo de Veracruz, con el objeto de entregarla a
los insurgentes, quitando antes la vida a todos los jefes: formóse con este motivo un consejo de
guerra que presidió Olazábal, el cual condenó a la pena capital a todos los conspiradores, que en
número de trece fueron pasados por las armas en los fosos del castillo, 297 y entre ellos pereció D.
Vicente Acuña, que como en otro lugar se dijo, fue mandado a España por la junta de seguridad, y
habiendo vuelto por efecto de la amnistía de las cortes, se detuvo en Perote por falta de ocasión
segura para pasar a Méjico, tomando parte en aquella conjuración, lo que le costó la vida. Se había
formado también en la misma fortaleza una junta de guerra, para dirigir las operaciones de ésta y
proporcionar fondos y medios de subsistencia, pues de todo se carecía. Llegado Llano a Jalapa
encontró que aquella villa estaba cercada por considerables partidas de insurgentes que se retiraron
a su aproximación; que la guarnición, compuesta de varios piquetes de tropas de Veracruz y de
marinería, había hecho algunas salidas para hacerlos retirar, y que la escasez de víveres
especialmente de harina era tal, que hacia algunos días que no se comía pan. En las inmediaciones
de la villa habían establecido una junta de gobierno en Naulingo, pueblo distante cinco leguas,
varios jóvenes de aquella, que habiendo tenido algunas reuniones revolucionarias, habían sido
descubiertos y habían tenido que escapar. El principal era D. Mariano Rincón y lo acompañaban
Tamariz, el P. Ortiz, y Fiayo, oficial del regimiento de América, venido de España, del que había
desertado en Perote. Toda la provincia estaba en completa insurrección y de tal manera
interceptadas las comunicaciones, que en Jalapa se ignoraba el estado de la plaza de Veracruz tanto
como en Méjico y en Puebla, haciendo tres meses que no se recibía noticia alguna de ella. Llano,
por algunos insurgentes que aprehendió, pudo informarse que aquella ciudad estaba cercada de
enemigos hasta sus goteras; que habiendo llegado de España el regimiento de infantería de Castilla
y de Campeche otro del mismo nombre, no habían logrado abrirse camino para pasar al interior,
aunque lo habían intentado haciendo diferentes salidas, y que se había establecido un consejo de
guerra permanente que presidía el coronel Moreno Daoíz, venido recientemente de España.
No podía Llano, en tal estado de cosas, llevar adelante el plan que tenía formado, y aunque la
estación fuese la más mortífera para las tropas del interior bajando a la costa, resolvió marchar hasta
Veracruz con toda su división, llevando consigo la tropa de aquella plaza que encontró en Jalapa,
para llegar con esta a la ciudad a cuyo clima estaba acostumbrada, dejando fuera de ella su división
en algún punto en que corriese menos riesgo, y para dejar segura a Jalapa, dispuso marchar antes
contra la junta formada en Naulingo. Los individuos de ésta no lo esperaron, y abandonando cinco
cañones y algunas otras armas (18 de Julio) se dispersaron. Llano salió de Jalapa con el convoy (24
de Julio) y en el tránsito a Veracruz se le presentaron los insurgentes en varios puntos: en Plan del
río tenían minado el puente con once barrenos que no llegaron a disparar, y en el del Rey habían
formado un parapeto con un cañón de que Llano se apoderó haciendo algunos prisioneros, de los

296 Véanse sobre toda esta expedición de Llano a Veracruz, los partes del mismo, insertos en las gacetas núm. 270 de
8 de Agosto fol. 831 y 832, extraordinaria de 31 de Agosto núm. 281 fol 921 y núm. 282 de 1.º de Septiembre fol.
925 y siguientes, así como lo que dice Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 142. También he aprovechado lo que
dicen los apuntes hist. manuscritos del Dr. Archederreta.
297 Consta todo esto en la carta del conde de Castro Terreno al virrey Venegas, inserta íntegra por Bustamante en el
lugar citado del Cuadro hist.
91

cuales fusiló cuatro para dejar colgados los cadáveres en los cuatro extremos del puente. En los
callejones fue bastante molestado por el tiroteo que salía de la maleza que cubre los dos lados del
camino, impidiendo la fragosidad del monte ver de donde salían los tiros, pero habiendo tomado un
cañón de a diez y ocho colocado a una legua de distancia de Santa Fe, llegó a asentar su campo en
aquella hacienda el 29 de Julio y el convoy entró en Veracruz el día siguiente.
Llano encontró en Veracruz los restos moribundos del regimiento de Castilla, que habiendo
llegado de España con mil trescientas plazas intentó salir a Jalapa, pero rechazado con pérdida en
los formidables callejones y fatigado por el calor, la lluvia y los insectos, volvió a la plaza donde
murieron de la enfermedad regional del vómito la mitad de los soldados, y para que no pereciesen
todos, tuvo que hacer salir a los que estaban en estado de caminar, no obstante la falta de bagajes de
que le proveyó Lobo y logró que llegasen a Jalapa unos ochocientos hombres, los que quedaron
para restablecerse en aquel benigno clima. De Campeche habían venido también mil trescientos
hombres, de los cuales marcharon algún tiempo después quinientos a reforzar la guarnición de
Orizava y los demás permanecieron en Veracruz.
Para tomar con más actividad todas las disposiciones relativas a la salida del convoy y
combinar algún plan para abrir la comunicación con Jalapa, Llano, invitado por el gobernador por
medio de una comisión compuesta de D. José Mariano de Almansa, nombrado ya a la sazón
consejero de Estado en España y D. Juan Felipe de Laurnaga, uno de los principales comerciantes
de aquella plaza, fue a ella con una escolta poco numerosa, dejando su división en Santa Fe.
Recogido el papel para la fábrica de cigarros y los efectos de particulares que pudieron cargar las
mulas que había, que eran mas de dos mil, regresó a Jalapa, acompañándolo multitud de pasajeros
en coches y literas y llevando consigo cuarenta cajones de correspondencia de España, que se había
ido rezagando en Veracruz. En Perote se le unió Olazábal con los piquetes que habían quedado allí
de los primeros regimientos llegados de España, y a su paso por el pueblo del Carmen, sabiendo que
en él habían sido interceptadas sus anteriores comunicaciones al virrey, lo hizo quemar, 298 y
duplicándolas dio parte desde Ojo de Agua, en las inmediaciones de Puebla, de su llegada allí con el
convoy que custodiaba.
Desde la salida de Llano de Jalapa para Veracruz, no se volvió a saber de él en Méjico hasta
su vuelta a Ojo de Agua, que mereció anunciarse en gaceta extraordinaria, y como si hubiese
desaparecido con toda su gente, se ignoraba del todo qué suerte había corrido, esparciéndose a
veces especies funestas y sólo por un mozo que pudo llegar a D. Tomás Murphy, comerciante
entonces de grandes relaciones que residía en Méjico y tenía casa en Veracruz, se supo
confusamente su llegada a aquella plaza. Su tránsito no dejó más señal tras de sí, que la de un barco
que surca las olas, volviéndose a cerrar tras de él las partidas de insurgentes que obstruían del todo
la comunicación de un punto a otro, aun los más inmediatos. El convoy entró en Méjico el 5 de
Septiembre y no habiendo llegado todo el número de cargas de particulares que se anunciaba, 299 los
comerciantes españoles fustrados en sus esperanzas, quedaron mal satisfechos.
Algún tiempo después de la salida de Llano de Veracruz, llegó a aquel puerto (25 de Agosto)
la cuarta expedición de tropas de España compuesta del regimiento de infantería de Zamora, una
compañía de artillería volante y los piquetes que faltaban para el completo de los regimientos de
Castilla y Lobera anteriormente llegados.300 El coronel de Zamora D. Rafael Bracho que mandaba la
expedición, para evitar el estrago que el vómito había hecho en el regimiento de Castilla, dispuso
hacer salir el suyo el día inmediato a su desembarque y aunque careciendo de carros y bagajes, se
puso en marcha con víveres para cuatro días, dejando la artillería y equipajes de los oficiales,
guiado por D. José Rincón, que ha muerto siendo general de la república, y que era entonces
director del camino. En el primer día de marcha, el calor reverberado por los médanos de arena, la
298 Gaceta extraordinaria de 31 de Agosto núm. 287 fol. 921.
299 Areched. apuntes hist. manuscritos dice que sólo llegaron 200 en vez de las 2000 que anunciaba Llano en su parte
de Ojo de Agua.
300 La primera expedición se compuso de los batallones de Lobera y Asturias salidos de Galicia: la segunda del de
América embarcado en Cádiz: la tercera del regimiento de Castilla.
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falta de agua y la fatiga hicieron perecer quince soldados, y a otros fue menester llevarlos en
hombros de sus compañeros, teniendo los que los cargaban que abandonar sus mochilas. A estas
penalidades se añadió en los dos días siguientes en el paso de los callejones, el fuego continuado de
los insurgentes, que haciéndose fuertes en el Puente del rey, cuyo paso intentaron impedir, fueron
desalojados de las trincheras que habían construido y alturas que dominan el puente, quedando
muerto su jefe Rivera, cuyo cadáver hizo colgar Bracho en un ángulo del mismo puente. En el Plan
del Río, la división fue atacada con mayor vigor y sufrió alguna pérdida, pero sin ser ya molestada
en lo sucesivo, llegó a Jalapa donde se detuvo algún tiempo para reponerse de tan fatigosa
marcha.301 Estas remesas de tropas de España en un orden tan lento, no produjeron el efecto que
hubiera podido esperarse si hubiera venido toda la fuerza junta, escogiendo para desembarcar la
estación mas oportuna, para no sufrir pérdida por el mortífero clima de las costas.
De las secciones en que hemos visto que se dividió el ejército del centro después del sitio de
Cuautla, la una a las órdenes de Castillo Bustamante había recobrado el valle de Toluca y puesto en
dispersión la junta de Sultepec; otros destacamentos mandados por Armijo habían recorrido los
valles de Cuernavaca y Cuautla, y la de Llano había reconquistado a Tepeaca y Orizava, hecho
levantar el sitio de Córdoba, puesto en salvo cincuenta y dos mil tercios de tabaco, conducido parte
de él a Méjico y llevado a aquella capital un convoy de Veracruz con el papel necesario para la
fábrica de cigarros; mientras que la división del mando de García Conde que había hecho parte del
mismo ejército, había cogido en el bajío de Guanajuato a uno de los jefes de mas nombradía de la
revolución y conservado las provincias del interior; pero el tener que atender a estos importantes
objetos, había hecho al virrey descuidar el Sur y la provincia de Oajaca, en donde habían ocurrido
los graves sucesos de que vamos a ocuparnos, que prepararon la tercera y memorable campaña de
Morelos, cuyas primeras operaciones serán la materia del capítulo siguiente.
Según en el lugar respectivo vimos, desde Noviembre del año anterior había habido un
movimiento en favor de la insurrección en los pueblos de la Costa Chica, que fue prontamente
sofocado por las acertadas medidas de los comandantes Ortiz de Zárate y Caldelas y por el celo de
aquellos curas, y también vimos que desde Tlapa había mandado Morelos a Trujano para que se
apoderase de Silacayoapan, lo que hizo sin resistencia, propagándose desde allí la revolución en
toda la Mixteca, que es la parte de la provincia de Oajaca, confinante con la de Puebla. El
comandante de la brigada de Oajaca D. Bernardino Bonavia, dio el mando de las fuerzas que
levantó para hacer frente a la revolución por aquel rumbo, a D. José María de Régules Villasante,
español, natural de las montañas de Santander y vecino de Nochistlan, quien aunque nuevo en la
carrera militar, tenía mucha actividad y decisión, calidades que en este género de guerras civiles,
suplen con ventaja por los conocimientos científicos del arte de la guerra. Uniósele D. Gabriel de
Esperón, quien como D. Juan de la Vega y otros hacendados ricos, levantaron tropas en sus
haciendas,302 y se formó también una compañía de artesanos. El obispo de aquella diócesis D.
Antonio Bergosa y Jordán, aunque promovido al arzobispado de Méjico y preparando su viaje para
trasladarse a la capital, suspendió el ejecutarlo por instancias del ayuntamiento de Oajaca, 303 que
consideraba su presencia e influjo necesarios en las circunstancias críticas en que aquella provincia
se iba poniendo, y contribuyó a la defensa no solo excitando el espíritu público con sus pastorales y
sermones, sino también haciendo que se formase un cuerpo de eclesiásticos.304
Al principio de Enero de 1812, los insurgentes de la Mixteca se encontraron con bastantes
fuerzas para ir a atacar a Régules en Yanhuitlan, pueblo considerable y rico de aquella provincia,
cuya parroquia, convento antes de dominicos, tiene todo el aspecto de un castillo, como todos los
conventos e iglesias de la época de la conquista, destinados, como el de Tepeaca, a servir de defensa
contra las irrupciones de los indios. En ella se había fortificado Régules, y no tardaron en
presentarse los insurgentes en número de tres mil hombres, con tres cañones, tomándole una
301 Parte de Bracho, fecho en Jalapa en 6 de Septiembre gaceta, de 22 de Septiembre núm. 291 fol. 999.
302 Bustamante, Cuadro hist. Tom 1.º fol. 380.
303 Gaceta de 3 Diciembre de 1811 núm. 147 fol. 1129.
304 Bustamante, Cuadro hist. tom. 1.º fol. 380.
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avanzada de un oficial y veinticinco soldados que no pudo salvar, lo que le obligó a retirar todas sus
tropas, que consistían en cuatrocientos infantes y cien caballos, al recinto atrincherado del
cementerio; pero haciendo después una salida vigorosa, puso en fuga a los sitiadores, les tomó los
tres cañones que llevaban y les hizo cuarenta prisioneros que fusiló, como lo había hecho el día
antes con el gobernador y alcalde de los indios del pueblo, que intentaron salir a unirse a los
insurgentes durante la acción, lo que impidió con su caballería. 305 Salió después Régules a buscar al
enemigo, y el 26 de Febrero en el pueblo de S. Juan Teposcolula, se encontró con las fuerzas que
mandaba el comandante D. Nicolás Bobadilla a quien derrotó, quitándole una culebrina y un cañón
que tenía colocados sobre una altura; los prisioneros fueron fusilados y quemados los acopios que
había de semillas y las casas que los contenían.306
Habíanse reunido entre tanto en Tamasulapan el P. Mendoza, D. Miguel y D. Nicolás Bravo, y
Trujano, con muchos negros de la costa y gente de toda la Mixteca, y desde allí marcharon con una
fuerza de cuatro mil hombres y nueve cañones a intentar nuevo ataque sobre Yanhuitlan, haciendo
que toda su gente se juramentase en el pueblo inmediato de S. Bartolo, a vencer o morir. 307 Con este
compromiso entraron con tal denuedo que ocuparon casi todo el pueblo, situando sus cañones en las
bocas de las calles que salen a la plaza, y para abrir troneras en los edificios y comunicar estos unos
con otros, emplearon una compañía de zapadores, a la que dieron el nombre de “tuzeros”, tomado
del animal llamado tuza, que socaba y taladra la tierra en los campos. Continuados fueron los
ataques en los días 11 a 15 de Marzo, y aunque Régules en una salida tomó un cañón y desde cinco
casas fortificadas impedía que se aproximasen a atacar el recinto atrincherado del cementerio de la
parroquia, al que estaba reducido con su tropa y todos los vecinos del lugar, los insurgentes
ocupando las alturas circunvecinas, en las que tenían situada parte de su artillería y habiendo
cortado toda comunicación a los sitiados, tenían en su favor todas las probabilidades del triunfo:
mas repentinamente el 15 en la madrugada, suspendieron sus fuegos y a las cinco de la mañana
emprendieron su retirada en buen orden, llevándose consigo su artillería y pertrechos, sin que
Régules se atreviese a seguir el alcance. Este movimiento fue causado por la orden que los Bravos
recibieron de Morelos para marchar a su auxilio, hallándose cuando la dio atacado en Cuantla, en
cuyo memorable sitio hizo D. Miguel Bravo todos los esfuerzos posibles para introducir víveres en
la plaza e impedir que Calleja los recibiese.
Continuó Trujano sus excursiones en la Mixteca, situándose en el camino de Yanhuitlan a
Cuicatlan, en el que interceptó un envío de cien fusiles que D. José Mariano de Almansa hacía de
Veracruz a Oajaca, y sabiendo que iba a ser atacado en Huajuapán, de cuyo importante punto se
había apoderado, por D. Manuel Guendulain, rico mayorazgo de Oajaca, que con los negros de su
trapiche había formado una división que él mismo mandaba, le salió al encuentro en un desfiladero,
quedando muerto en la acción el mismo Guendulain y muchos de sus negros, de cuyas armas se
hizo dueño Trujano.308 Obtenida esta ventaja, se estableció en Huajuapán. villa muy considerable,
que era la capital de la Mixteca y centro de un comercio muy activo, fomentado por las grandes
matanzas de chivos que en sus inmediaciones se hacían y cuyas carnes y sebos se llevaban a Puebla.
El comandante de brigada de Oajaca Bonavia, trató de reunir la mayor fuerza de que podía
disponer, para desalojar a Trujano de tan importante posición. Hizo marchar a Caldelas a Yanhuitlan
con los negros de la costa; hallábanse en este lugar, señalado para la reunión de todas las tropas, la
legión eclesiástica, compuesta de clérigos y frailes levantados por el obispo Bergosa; los artesanos
de Oajaca, y la gente armada por Esperón y Vega en sus ingenios de azúcar, con la cual y la división
que mandaba Régules, en que se comprendía parte del batallón de infantería de Oajaca y del de
Campeche, tenía este, nombrado jefe de la expedición, una fuerza respetable de mil y más hombres,
con catorce cañones y cantidad de municiones y pertrechos. Antes de salir de Yanhuitlan, mandó
305 Véanse los dos partes de Régules, gaceta de 16 de Enero de 1812, núm. 169 fol. 54 y de 4 de Febrero núm. 178
fol. 121.
306 Bustamante, Cuadro hist. Tom. 1.º fol. 381.
307 Parte de Régules, gaceta de 16 de Abril núm. 212 fol. 390.
308 Bustamante, Cuadro hist. Tom. 1.º fol. 382.
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Régules cortar las orejas a veintitantos indios que hizo poner debajo de la horca, a quienes dejó
expuestos al público durante todo el día, y antes había hecho ahorcar porción de ellos, recogidos en
las inmediaciones, pues su carácter era feroz y puede decirse que era el Arroyo del partido realista.
Con todas las fuerzas reunidas se presentó Régules delante de Huajuapán el 5 de Abril, y
Trujano, aprovechando el ser este día domingo y haber concurrido al mercado muchos indios, no
dejó salir a ninguno, aumentando con ellos el número de sus soldados. Los sitiadores se colocaron
alrededor de la población, situándose Caldelas al Norte de ella en el Calvario, punto que la
dominaba, y las demás fuerzas se distribuyeron en todas direcciones, abriendo zanjas protegidas por
la artillería plantada en los lugares oportunos, para formar la circunvalación y cortar toda
comunicación a los sitiados. El quinto día se rompió el fuego y Trujano que no tenía artillería,
fundió con las campanas del pueblo tres cañones, sirviéndose de las piedras que recogía en el arroyo
inmediato, redondeadas por el golpeo de las aguas, para balas y metralla. Los ataques fueron
frecuentes y en todos fue rechazado Régules, aunque en uno de ellos logró penetrar en el pueblo por
la colecturía de diezmos, horadando las paredes de varias casas. En uno de estos reencuentros fue
muerto el P. agustino Fr. Manuel Ocaranza, que seguía el partido independiente, y en otro el
dominico Soto, que dirigía un cañón en el campo realista, a quien acertó a dar un balazo un indio de
Noyó, conocido por diestro cazador.
Régules había recibido nuevos refuerzos y dos cañones de Oajaca; Trujano estaba escaso de
municiones, aunque no le faltaban los víveres, habiendo encontrado en la colecturía cantidad
considerable de carne de chito,309 panocha y semillas pertenecientes al diezmo, que hacía durar,
cuidando él mismo de la distribución a su gente. En el estrecho en que se hallaba, logró hacer llegar
un correo al P. Sánchez que estaba en Tehuacán, y éste dispuso auxiliarlo uniéndose al efecto con el
cura Tapia; ambos se pusieron en marcha con gran número de gente, nueve cañones y cantidad de
víveres,310 pero al acercarse a la plaza el 17 de Mayo, Caldelas, que había hecho que sus negros
costeños se ocultasen en un palmar echándose en tierra, los atacó de sorpresa y los desbarató tan
completamente, que Sánchez y Tapia escaparon con pocos a uña de caballo, dejando en poder de
Caldelas su artillería y los víveres que conducían. Destituido Trujano de esta esperanza, no le
quedaba otra que Morelos, a quien despachó al indio de Noyó, de quien hemos hablado como
certero tirador, el cual logró salir con mil riesgos por entre las líneas de los sitiadores, y dio aviso de
hallarse en salvo, quemando desde una altura dos cohetes que al efecto llevaba, que era la señal
convenida con Trujano. Dejando ahora a este defendiéndose en Huajuapán, es ya tiempo de que
volvamos a Morelos y sigamos sus operaciones desde su salida de Cuautla, hasta que vino al
socorro de Trujano e hizo levantar el sitio de Huajuapán.

309 Llámase carne de chito, la de los chivos, frita en el sebo para secar esta.
310 De todo lo concerniente al sitio de Huajuapán, este suceso es el único de que se hace mención en las gacetas del
gobierno de Méjico, en la de 4 de Junio núm. 239 fol. 587, con referencia a noticias recibidas en Puebla por
particulares; todo lo demás lo he tomado de Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 100.
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CAPÍTULO VII.
Tercera campaña de MoreIos.—Derrota a Cerro en Citlala y hace retirar a Añone y a Paris.—Obliga a Ievantar
a Régules el sitio de Huajuapán, derrotándolo y quedando muerto Caldelas.— Sitúase en Tehuacán.—Ventajas de esta
posición.—Fuerzas que organizan él mismo y Matamoros.—Derrota D. Nicolás Bravo a Labaqui en S. Agustín del
Palmar.—Muerte de D. Leonardo Bravo.—Acción heroica de su hijo D. Nicolás.—Noble carácter de éste.—Situación
difícil del gobierno y recursos de que hace uso.—Varias disposiciones de las cortes.—Estado general de España y
América en el periodo en que concluye este libro.

Hemos dejado a Morelos en Chautla con Galiana y D. Miguel Bravo, reuniendo los dispersos
de Cuautla mientras que el comandante Paris, habiendo excitado una reacción en favor de la causa
real en Chilapa y Tixtla, lo esperaba en Ayutla con los capitanes Cerro y Añorve, persuadido de que
completamente desbaratado en Cuautla, no le quedaba más recurso que tomar aquel camino para
refugiarse en la costa, habiéndolo pintado el virrey en la proclama que hemos citado en su lugar,
buscando una cueva en que ocultarse después de la derrota que había sufrido. Desde aquí tiene
principio la tercera y más feliz de sus campañas, contando por la primera su expedición por los
pueblos de la costa del Sur, desde la salida de su curato en Octubre de 1810, hasta la toma de
Chilapa en Agosto de 1811; y por la segunda desde su marcha de Chilapa en fin de aquel año a batir
a Musitu hasta la salida de Cuautla. 311 Vamos a verlo ahora en operaciones de mayor importancia y
coronadas por más brillantes resultados.
Aprovechó el mes que permaneció en Chautla en reunir más de ochocientos hombres de las
partidas de Galiana y de D. Miguel Bravo, y tomadas todas las disposiciones convenientes, se puso
en marcha contra Añorve y Cerro que se hallaban el primero en Chilapa y el segundo en Tixtla,
quedando Paris siempre estacionado en su posición de Ayutla. Entre tanto, informado Cerro de que
D. Máximo Bravo con gente de Chilpancingo se disponía a atacarlo en Tixtla, dio aviso a Añorve y
ambos estaban a punto de moverse con dirección a Chilpancingo, cuando este último recibió noticia
de que Morelos con gran número de hombres estaba pasando en balsas el río en Tlacosoutitlan a
diez y seis leguas de Chilapa, al mismo tiempo que en combinación con él, marchaban a atacarlo D.
Julián Avala por el camino de Petaquillas con gente del Veladero y de la costa, Bravo con la de
Chichihualco y el cura Tapia con la de Tlapa. Añorve, que no podía contar con más tropa que las
dos compañías de la división de milicias de la costa, pues todo lo demás eran los patriotas o
realistas de Tixtla y Chilapa, gente allegadiza, mal armada y llena de temor, dio orden a Cerro para
que fuese a unírsele, y ambos dispusieron retirarse a Ayutla con los vecinos de Tixtla y Chilapa que
quisiesen seguirlos, pero antes de verificarlo, una avanzada de cincuenta hombres se encontró en las
inmediaciones del pueblo de Citlala con Galiana, que marchaba con su gente dividida en dos
secciones; Añorve mandó a Cerro con los realistas de Tixtla, algunos soldados de la cuarta
compañía de milicias de la costa y los realistas de caballería de Chilapa a sostener la avanzada; los
insurgentes fueron engrosando en número, y habiendo cargado Galiana con su caballería que de
improviso salió de una barranca, se puso en fuga la de Chilapa, con lo que quedando descubierta la
infantería y a riesgo de ser envuelta por su espalda, huyó también dejando en poder de Galiana
muchas de sus armas y algunos prisioneros, los cuales Morelos, que durante la acción estaba en el
pueblo de Mitepec, hizo conducir a Zacatula. Esta acción fue el 4 de Junio y en la noche, temiendo
Añorve verse rodeado el día siguiente, se puso precipitadamente en marcha y pudo llegar a Ayutla
con las familias que lo siguieron, habiéndole mandado Paris al teniente Reguera con ciento
cincuenta hombres, para que protegiese su retirada.312
Morelos entró en Chilapa sin resistencia: el cura Rodríguez Bello, cuya cabeza había sido
puesta a precio,313 huyó con anticipación, y su vicario salió a interceder en favor de la población con

311 Vuelvo a tomar por guía en esta tercera campaña al mismo Morelos en sus declaraciones.
312 Todo este pormenor está toma do del parte de Paris, fecho en Ometepec el 11 de Julio, y publicado en la gac. de
25 de Agosto n. 278 f. 898.
313 Así lo dice con aseveración el obispo de Puebla Campillo en su manifiesto, contestando a Morelos que había
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el vencedor. Poco dispuesto estaba éste a la clemencia, por lo que castigó con severidad a algunos
de los vecinos, dejando que sus soldados saqueasen las casas de aquella rica villa, cuya ruina se ha
consumado con otro suceso semejante después de hecha la independencia. Publicó después un
bando de indulto, y mandó algunos individuos al presidio de Zacatula, entre ellos al gigante Martín
Salmerón, a quien hizo volver al cabo de algún tiempo y lo incorporó en su escolta, de la que se
retiró y murió en su casa.314
El empeño que el virrey había tenido en representar a Morelos como enteramente destruido,
hizo que fuese grande la sensación que causó en Méjico verlo aparecer ahora de una manera
triunfante: las esperanzas de los adictos a la revolución, abatidas con tantos golpes, se reanimaron, y
la crítica severa de Calleja y sus tertulianos tuvo un ancho campo en que ejercerse, censurando en
esta vez no sin razón, al virrey Venegas, por no haber tomado las disposiciones oportunas para
aprovechar la dispersión que Morelos había sufrido en la salida de Cuautla, e impedir que de nuevo
engrosase, dando así lugar a que la guerra se volviese a encender con mayor fuerza, lo que podía
haberse evitado fácilmente situando en Tixtla o Chilapa, poblaciones de buen clima y adictas a la
causa real, una fuerte división. Paris, no creyéndose seguro en Ayutla, o por las noticias que tuvo de
que Victoriano Maldonado con la gente que tenía en el cerro del Metlastono, se dirigía a Ometepec
para apoderarse de aquel punto aprovechando su ausencia y la de Caldelas, que como hemos visto,
se hallaba con los negros de la costa en el sitio de Huajuapán, se volvió allá con su tropa y Morelos
recobró todo el país hasta las puertas de Acapulco, cuyo bloqueo había continuado Ayala desde el
cerro del Veladero: sin embargo Iguala, Tasco y todo el terreno situado a la derecha del Mescala,
con el valle de Cuernavaca y el de Cuautla, permanecieron en poder de los realistas, aunque
teniendo estos que defender estos puntos en repetidos ataques, en los que generalmente el triunfo
quedaba por su parte, como sucedió también en el que Maldonado dio algún tiempo después (en
Octubre) al comandante Rionda en la cuesta de Santa Rosa, cerca de Jamiltepec, en la Costa Chica
en que fue aquel derrotado y perdió su artillería. 315 Recibió Morelos en Chilapa el aviso que Trujano
pudo hacerle pasar, del apuro en que se hallaba en Huajuapán y resolvió marchar en su socorro. A
los ochocientos hombres con que había entrado en aquella villa hizo se reuniesen las demás fuerzas
de que podía disponer, y a su paso por Tlapa y Chautla, lo siguieron mil indios armados solo con
hondas y flechas.316 Al acercarse a Huajuapán dio aviso de su llegada, por medio del mismo indio
que había salido a pedir socorro.
Venérase en la parroquia de aquel lugar la imagen del “Señor de los corazones”, a la que
Trujano hacia una novena, con asistencia de toda la guarnición. Túvose por milagroso el haber
recibido el aviso de la llegada del socorro el día mismo en que se acababa la novena, con lo que se
celebró éste con salva, repiques e iluminación, para la que dio abundante materia la gran cantidad
de sebo de las matanzas que existía almacenado. Régules viendo desde su campo todas estas señales
de alegría, no sabía a qué atribuirlas, pero hubo por fin de presumir la causa, y en una junta de
guerra que celebró, propuso se levantase el sitio, a lo que Caldelas, mal avenido con él hacía algún
tiempo, se opuso y aun se dice que lo trató de cobarde, lo que lo comprometió a permanecer.
Morelos destacó a D. Miguel Bravo para que con la gente que habían vuelto a reunir los curas
Sánchez y Tapia, tomase uno de los costados de la población; lo cual pudo poner en riesgo su
movimiento, porque habiendo cargado Caldelas sobre Bravo, lo desbarató, le quitó dos cañones que
llevaba, y lo obligó a retirarse. Morelos se presentó delante de Huajuapán el 13 de Julio, y habiendo
hecho una salida vigorosa Trujano, al mismo tiempo que aquel cargaba por el frente, los realistas

desmentido la especie.
314 Carta de D. Nicolás Bravo, Apéndice documento núm. 5. El retrato de Salmerón está en la Universidad de Méjico
en el museo. Habla de este hombre extraordinario el barón de Humboldt. Es. pol. Tom. 1.º lib. 2.º cap. 6.º fol. 395.
Véase el apéndice núm. 5.
315 Gaceta de 21 de Noviembre núm. 320. fol. 1233, por declaraciones de pasajeros.
316 No hablan de este desastre las gacetas y papeles del gobierno, y Morelos en sus declaraciones no refiere más que
el resultado, por lo que todos los pormenores los he tomado del Cuadro histórico de Bustamante, quien dice los
tuvo de buenos informes en el mismo Huajuapán. Véase tom. 2.º fol. 105.
97

cogidos entre dos fuegos, fueron completamente destrozados. Caldelas murió a lanzadas, gritando
hasta sus últimos alientos, “Viva España”: dícese que lleno de ira, viendo el desorden de los
sitiadores, se dirigía con una pistola en la mano a matar a Régules, diciendo que lo había
comprometido y abandonado; era europeo, vecino de la costa del Sur, y uno de los oficiales más
bizarros que hubo en esta guerra. Régules y Esperón huyeron a uña de caballo y el primero,
habiendo dado con la cabeza contra la rama de un árbol, cayó en tierra arrojando sangre por la boca,
y fue conducido a Yanhuitlan por un soldado que lo llevó en ancas de su caballo. Habiéndose
reunido allí los dispersos, tomó el mando el canónigo San Martín, comandante del cuerpo de
eclesiásticos; pero la tropa que allí había, sobrecogida de terror con las noticias de la derrota, huía
en pelotones, siendo necesario que los oficiales hiciesen guardia para impedirle la salida. Por esto, y
por temerse que Morelos marchase en seguida sobre aquel pueblo, en junta de guerra se acordó
retirarse prontamente a Oajaca, y para poder conducir sesenta heridos que había, se dio libertad a
cien presos que estaban en la cárcel, a los que a la llegada a Oajaca no se cumplió esta promesa,
haciéndolos volver a la prisión el asesor D. Antonio Izquierdo.
Morelos quedó dueño de la artillería y de casi todo el armamento de los realistas: estos
tuvieron mucha pérdida de muertos 317 y cosa de ciento setenta prisioneros, de los cuales Morelos
hizo que se uniesen algunos a su ejército, y a los demás los mandó al presidio de Zacatula. Trujano
siguió el alcance de los realistas hasta Yanhuitlan y no dio cuartel a ninguno. Morelos aumentó sus
tropas con las que había en Huajuapán, y con ellas formó un regimiento, al que dio el nombre de “S.
Lorenzo”, porque habían estado expuestas al fuego por todos lados, e hizo coronel de él a Trujano.
Duró el sitio de Huajuapán ciento once días: el botín que hizo allí Morelos fue muy
considerable; catorce cañones, más de mil fusiles, mucho parque y cantidad de víveres con algún
dinero. Esta victoria abría a Morelos las puertas de Oajaca, en cuya capital hubiera podido entrar sin
resistencia, y lo hacía dueño de las Mixtecas alta y baja, no quedando más fuerzas enemigas en ellas
que las divisiones de Paris y Rionda en la costa chica. No obstante y a pesar de las instancias de
Trujano, no trató por entonces de ocupar a Oajaca y se dirigió con todas sus fuerzas a Tehuacán,
donde entró el 10 de Agosto.318 Hásele acusado de esta resolución como de un grave error, pues la
ocupación de Oajaca, al mismo tiempo que le hubiera proporcionado muchos recursos, lo habría
puesto a cubierto enteramente por aquel lado, e impedido que los realistas se rehiciesen en aquella
ciudad reuniendo nuevas fuerzas, las cuales dirigidas por mano mas hábil que la de Régules,
hubieran podido causarle grandes dificultades. Es de creer sin embargo, que no pudiendo
ocultársele estas tan evidentes ventajas, temió encontrar en una ciudad rica y populosa como era
entonces Oajaca, una resistencia que lo hubiera detenido mucho tiempo, y que le habría impedido
ocupar el importante punto de Tehuacán, dando lugar a que se adelantase a hacerse dueño de él
Llano, con las tropas de Puebla. Bustamante atribuye la resolución de Morelos, al objeto que se
había propuesto de arreglar las diversas partidas de insurgentes que estaban en la demarcación que
la junta de Zitácuaro había puesto bajo su mando: “esta empresa, añade, era muy difícil, pues para
acabarla cumplidamente, hubiera sido preciso comenzar ahorcando a los primeros jefes, hombres
escandalosos, inmorales, ladrones y enemigos de todo orden y buena disciplina”. 319 Tal confesión
que la fuerza de la verdad arranca a aquel escritor, demuestra lo que eran casi todos los hombres que
por desgracia andaban en la revolución con muy pocas excepciones, y ya veremos confirmadas
estas calificaciones por el mismo Morelos y por Rayón, aun con respecto a sus propios compañeros
de la junta soberana, y a algunos de los principales jefes de otras provincias.
La posición de Tehuacán daba a Morelos grandes ventajas, y nada manifiesta tanto su instinto
militar, como el haber escogido esta ciudad para situar en ella su cuartel general. Colocado entre
Oajaca, Orizava y el camino de Veracruz, Morelos amenazaba desde allí a estos tres puntos. En el
primero ejercía por este tiempo la autoridad superior el teniente general D. Antonio González

317 Bustamante dice 400: Morelos en sus declaraciones dice que hube “algunos muertos por ambas partes”.
318 Morelos dice que tenía entonces 3600 hombres, inclusa la guarnición de Huajuapán.
319 Bustamante, Cuadro histórico, tom. 2.º fol. 108.
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Saravia, que acabando de desempeñar el empleo de presidente de Guatemala, se dirigía a Méjico


para recibir el mando de las armas en calidad de comandante general, por deberse separar según la
constitución de Cádiz del político que se dejaba a Venegas: 320 o conforme otros dicen, como
segundo de éste, y no pudiendo pasar por la interceptación de los caminos, se había encargado de
aquella provincia. Persuadido del peligro en que se encontraba, pedía sin cesar auxilios al virrey que
no se los podía dar, y tenía que reducirse a solo los que le proporcionaba la provincia, careciendo de
armamento y no contando con otras tropas que las que estaban ya acobardadas con los anteriores
descalabros. Al Oriente tenía Morelos a muy corta distancia la villa de Orizava, con corta
guarnición, en la que, como hemos dicho, había un grande depósito de tabacos, que por entonces
constituían el principal recurso pecuniario del virrey; mientras al Norte y Poniente se le presentaban
la provincia de Puebla y el camino de Veracruz, que le ofrecían la oportunidad de atacar los
convoyes, único medio de comunicación que entonces había, y para cuya custodia era menester
destinar grandes fuerzas, distrayéndose así en diversos objetos las que el virrey podía emplear, sin
cubrir completamente ninguno.
Morelos en tan importante posición, esperaba que por una u otra parte la ocasión le presentase
la presa sobre que debía caer, y entre tanto, persuadido de la inutilidad de las grandes masas de
gente indisciplinada e inerme que formaban las partidas de los insurgentes, se aplicó a regularizar y
disciplinar sus tropas. Otro tanto hacia el cura Matamoros en la hacienda de Santa Clara y después
en Izúcar, en donde habiendo sabido el bando del virrey de 25 de Junio que desaforaba a los
eclesiásticos que tomasen parte en la revolución, para vengar este agravio hecho a la clase a que él
mismo pertenecía, levantó un regimiento a que dio el nombre de “San Pedro”, con una bandera
negra y una gran cruz encarnada en ella, a la manera de la que usan los canónigos en la ceremonia
de la seña en la semana santa, en la que estaban escritas con letras rojas estas palabras: “Inmunidad
eclesiástica.”321 Tuvo Matamoros a su lado a D. Manuel Terán, lo que le proporcionó hacerse de
buena y bien montada artillería, y comisionó a Rosains para que persiguiese a los ladrones, y esto le
dio ocasión de vengarse del P. Tarelo, en cuyo poder encontró el ganado robado en la hacienda de
Alzayanga. En seguida Rosains se presentó en Tehuacán a Morelos que lo nombró auditor de guerra
y lo hizo después su secretario: también se le presentó en aquella ciudad D. Antonio Sesma, que
como Rosains, había podido salir de la prisión en que a ambos tenía Arroyo. Tanto Morelos como
Matamoros organizaron varios cuerpos, hasta llegar a tener un número considerable de tropas
regularmente disciplinadas, dando a todos los regimientos nombres de santos, como el de Santiago
de Galicia, de que era coronel el cura Sánchez.
No tardó Morelos en comenzará sacar las ventajas que la excelente posición de Tehuacán le
proporcionaba. Desde que Llano salió de Veracruz con el convoy en principios de Agosto, 322 no se
volvieron a recibir en aquella ciudad noticias de la capital, continuando la absoluta interceptación
de las comunicaciones, con lo que escaseaban las harinas y otros artículos que se llevan a aquel
puerto de Puebla y de otras provincias del interior. Con el objeto de procurárselos y de hacer llegar
a Méjico porción grande de correspondencia de España, se dispuso por el gobernador Dávila y por
el comercio de la plaza, que subiese a Puebla D. Juan Labaqui, con 300 infantes del batallón de
Campeche, 60 caballos y tres cañones ligeros: mas como se tenía por imposible que esta corta
fuerza pudiese abrirse paso por el camino de Jalapa, ocupado por muchas y fuertes partidas de
insurgentes, se prefirió que marchase por el de las villas, que se creía mucho mas expedito,
ignorándose entonces en Veracruz que Morelos se hubiese situado en Tehuacán. Labaqui, aunque no
era militar de profesión, tenía fama de poseer muchos conocimientos en el arte de la guerra, por
haberse hallado en España en las tropas que la hicieron contra la Francia en 1793: por cuya razón,
cuando en Veracruz se levantó el batallón de patriotas voluntarios que tomaron después el nombre
de realistas, se le nombró capitán de una compañía de tiradores, y en esta vez se le eligió para tomar

320 Bustamante, Cuadro histórico, tom. 2.º fol. 109.


321 Bustamante, Cuadro hist. tom. 2. °fol. 149.
322 Véase el capítulo anterior.
99

el mando de esta expedición. En su marcha hasta Orizava tuvo diversos encuentros en que salió
vencedor, y pasando sin estorbo las cumbres de Aculcingo, llegó a la llanura que se extiende hasta
Puebla y se alojó en el pueblo de San Agustín del Palmar.
Informado Morelos de la marcha de Labaqui323 y excitado por D. Antonio Sesma, que le
persuadió que sería ignominioso para sus armas, el que aquella corta fuerza pasase sin ser atacada a
tan pequeña distancia de su cuartel general, dispuso que saliese a batirla D. Nicolás Bravo con 200
negros de la costa, que eran en todas las ocasiones de empeño la gente en que tenía más confianza,
acompañándolo D. Pablo Galiana y D. Ramón Sesma, hijo de D. Antonio, a quienes se agregaron
Arroyo con su guerrilla de caballería y el Bendito con su partida, haciendo la fuerza total de 600
hombres.324 Bravo salió de Tehuacán el 18 de Agosto a las nueve de la noche, y habiendo caminado
toda ella, llegó al Palmar el día siguiente a las once, dejando a Arroyo en la Cañada de Iztapa, para
impedir que viniese a Labaqui socorro de Onzava. Al acercarse Bravo a la población, Labaqui se
fortificó en tres casas de la calle principal, no habiendo tenido tiempo para situarse en el cerrito del
Calvario, por haberlo tomado con anticipación los independientes. Estos, parapetados en las casas
fronterizas a las que Labaqui ocupaba, rompieron el fuego, y habiendo desalojado a los realistas de
dos de ellas, reconcentraron estos su fuerza en una sola. Defendiéronse en ella con valor hasta el día
siguiente, en que los insurgentes los atacaron a la arma blanca entrando por el zaguán, 325 no obstante
el vivo fuego de un cañón situado en él. El capitán Palma que los guiaba, negro de la costa, dividió
en dos partes de un machetazo la cabeza a Labaqui que había salido al encuentro, y habiendo hecho
lo mismo con otro oficial, cesó el fuego poniendo en la bayoneta de un fusil un pañuelo blanco con
lo que todos se rindieron a discreción. Los realistas tuvieron cuarenta y tantos muertos y algunos
heridos: la pérdida de los independientes fue menor. Bravo tomó tres cañones, trescientos fusiles,
poco parque, porque en el acto de rendirse los realistas echaron en un pozo dos cajones que les
quedaban, toda la correspondencia de España y doscientos prisioneros que envió a la provincia de
Veracruz, cuyo mando le había conferido Morelos. Volvió luego a Tehuacán a conducir los heridos,
y en el camino encontró el refuerzo que le mandaba Morelos a quien presentó la espada de Labaqui;
en seguida pasó a la provincia de Veracruz y en el puente del Rey atacó un convoy que se dirigía a
Jalapa, haciéndole muchos prisioneros.326
La derrota fue tan completa, que no escapó ninguno de la división de Labaqui que llevase la
noticia del suceso; la primera que tuvo Castro Terreño en Puebla, fue por el comandante de
Acatzingo D. Manuel García, quien mandó al Palmar un espía de confianza que le instruyó de lo
ocurrido, y al comunicar el aviso a Castro Terreño, le manifestó gran temor de ser atacado el mismo
en aquel pueblo.327 Esta derrota, la de Cerro en Citlala, y el haber hecho Morelos levantar el sitio de
Huajuapán, restablecieron entérameute las esperanzas de los adictos a la insurrección abatidas por
tantos reveses, e hicieron subir la reputación de Morelos al mayor punto a que había llegado hasta
entonces. El virrey veía que el enemigo más temible que había tenido el gobierno español en
Méjico, se presentaba en campaña con nuevas y mayores fuerzas, y que era menester empezar otra
vez la guerra contra aquel caudillo que había dado por destruido, y los insurgentes aprendiendo a

323 Todo lo relativo a la derrota de Labaqui lo he tomado de noticias verbales del mismo D. Nicolás Bravo, de la carta
de este general publicada en el Apéndice documento n. 5 y del Cuadro histórico de Bustamante, tomo 2.º fol. 176;
en los papeles del gobierno no se habla nada de esto, y el mismo Bustamante da una idea enteramente errónea del
motivo de la expedición de Labaqui.
324 Así lo dice Morelos en sus declaraciones.
325 He estado en la casa en que fue muerto Labaqui, y examinado por mí mismo todo el lugar de la escena.
326 Bustamante en el Cuadro histórico en el lugar citado, refiere que Morelos hizo fusilar en Tehuacán a 19 de los
prisioneros, no obstante las instancias de Bravo para salvarlos de tan desgraciada suerte; que agregó algunos a su
ejército, y a los demás los mandó a Zacatula. Morelos no dice en sus declaraciones que hiciese fusilar a ninguno, y
yo he debido seguir de preferencia lo que dice el mismo general Bravo en la carta inserta en el Apéndice,
documento número 5.
327 Bustamante, Cuadro histórico, tom. 2.º fol. 180. copia el parte de García, trasmitido por Castro Terreño al virrey
que se halla en la secretaría del virreinato. No lo he visto, no habiéndose podido encontrar el legajo en que debe
estar.
100

conocer mejor las ventajas de su posición, no se acobardaban por las derrotas que sufrían.
Pocos días después de haber obtenido D. Nicolás Bravo un triunfo tan completo, su padre D.
Leonardo expiró en Méjico en el cadalso. Conducido a aquella ciudad por Calleja a su regreso de
Cuautla, se le juzgó al mismo tiempo que a D. José María Piedras y a D. Luciano Pérez
aprehendidos con él,328 y aunque condenados a la pena capital, se suspendió la ejecución por
habérsele ofrecido a D. Leonardo la vida, si hacía que se presentasen al indulto su hijo y hermanos.
D. Nicolás, bien que autorizado por Morelos para salvar a su padre admitiendo el indulto que se le
ofreció por el virrey Venegas, no creyó deber confiar en las seguridades que se le daban, por lo que
había acontecido en Tepecuacuilco en un caso semejante con los hermanos Orduñas, y en
consecuencia, no habiendo admitido tampoco el virrey el cambio que se le propuso por Morelos, de
un cierto número de prisioneros por la vida de D. Leonardo, éste, con sus dos compañeros Piedras y
Pérez, sufrió la pena de garrote el día 15 de Septiembre en el ejido, en cuyo sitio se mandó después
de la independencia erigir un monumento a su memoria, lo que no ha tenido efecto. D. Leonardo
dio pruebas de gran firmeza en sus últimos momentos, como las había dado también de valor en la
campaña, especialmente en el sitio de Cuautla; mas por desgracia no estaba exento de aquella fría
crueldad, que era como el carácter de la revolución en que había tomado parte.329
Morelos comunicó a D. Nicolás Bravo, que se hallaba en Medellín a corta distancia de
Veracruz, la noticia de la muerte de su padre, dándole al mismo tiempo orden de fusilar a los
prisioneros que tuviese, que eran unos trescientos. Bravo la mandó cumplir, previniendo al capellán
los dispusiese cristianamente para el día siguiente: pero en el silencio de la noche, la reflexión de
que iba a manchar su propia reputación y la causa que sostenía con una acción atroz, debiéndose
esperar mejores resultados en favor de aquella misma causa de una conducta más política y humana
que la que se había seguido, no le dejó un momento de descanso y lo decidió a tomar una resolución
contraria a la orden que había recibido, corriendo el riesgo de desagradar a Morelos, cuyo carácter
le era bien conocido. Reservando sin embargo su determinación, mandó formar la tropa a las ocho
de la mañana y sacar a los prisioneros como si la ejecución fuese a verificarse, y colocados estos en
el centro del cuadro, les manifestó que su padre había perdido la vida en Méjico en el cadalso,
poniendo con tal hecho el virrey en riesgo la de todos ellos, pues había recibido orden de Morelos
para quitársela; pero que muy lejos de ejecutarla, no sólo no se llevaba a efecto la sentencia que se
les había hecho saber, sino que a todos los dejaba en libertad para que se fueran a donde les
conviniese, lo que ellos, en el trasporte del más vivo reconocimiento por tan generosa conducta,
rehusaron quedándose a su servicio, excepto los pocos a quienes sus negocios obligaron a volver a
Veracruz, entre los que se contaba un individuo de aquel comercio del nombre de Madariaga, los
cuales manifestaron su gratitud, haciendo a Bravo repetidos y considerables regalos para sus
tropas.330 Pocos ejemplos presenta la historia antigua y moderna de un acto tan noble de
generosidad, en un momento en que la venganza habría parecido autorizar aquellas crueles
represalias, habiendo sido repetidos los rasgos de humanidad que en el curso de la revolución se
vieron en este digno jefe; siempre valiente en el campo de batalla, nunca fuera de él manchó sus
manos con la sangre del rendido, y conservando pura su reputación a través de las vicisitudes de la
guerra, constantemente sostuvo la nobleza de su carácter, mereciendo a justo título que se le aplique
el timbre del caballero francés, que pudo llamarse con verdad “sin miedo y sin tacha”. ¡Qué pocos
fueron los que en esta desgraciada contienda pudieron pretender un elogio semejante!
La larga continuación de la guerra, la destrucción que siembre ésta había causado en todos los
ramos productivos, y los cuantiosos e incesantes gastos que había tenido que hacer el gobierno,

328 Publicóse el extracto de las causas en el diario de Méjico del mismo día en que se hizo la ejecución.
329 Entre las personas a quienes mandó quitar la vida y saquear su casa dejando arruinada a su familia, no obstante ser
su compadre y tener relaciones de amistad con él, fue D. Joaquín Sánchez Munive, europeo respetable, vecino de
Chilpancingo y padre del estimable sujeto del mismo nombre, que es actualmente uno de los principales vecinos
de Yautepec.
330 Para todo lo relativo a este suceso, he hecho uso de las noticias que contiene la carta con que me ha favorecido el
mismo general Bravo, y que se ha puesto en el núm. 9 del Apéndice.
101

habían agotado sus recursos y obligádolo a imponer nuevas contribuciones. En todos los pueblos se
cobraban las que se habían establecido para la manutención de los patriotas, y para el pago de la
tropa se echaba mano de todos los fondos que existían y de que disponían los comandantes: las
rentas eclesiásticas habían sufrido más que ningunas otras, pues ocupadas por los insurgentes o
destruidas las fincas rústicas, los propietarios no pagaban réditos de los capitales que sobre ellas
reconocían, y los diezmatorios estaban los más en poder de los insurgentes, y de los que estaban
libres, los comandantes de las tropas reales tomaban casi todo lo que rendían, en términos que en
sólo el obispado de Michoacán, habían percibido estos en los primeros treinta meses de guerra más
de 90.000 ps., y habiendo aquel cabildo acudido al virrey, pidiéndole permiso para fundir y acuñar
la parte de la plata labrada de la iglesia que fuese menos necesaria para subsistir por ese medio, tuvo
que dar de ella 7.250 marcos para auxilio de la guarnición de Valladolid. 331 En Méjico siendo
mayores los gastos, lo eran también las dificultades para cubrirlos. Habíase ya echado mano de la
plata labrada de los particulares; se había establecido una contribución sobre rentas de casas, pero
nada de esto bastaba para las exigencias que iban siempre en aumento. Con el fin de buscar medios
para atender a ellas, convocó el virrey una junta extraordinaria de hacienda que se celebró en su
presencia el día 19 de Agosto, a que asistieron el regente de la audiencia y fiscal de real hacienda, el
superintendente de casa de moneda, los ministros del tribunal de cuentas, los de la tesorería y
empleados superiores de hacienda, el consulado y el tribunal de minería. La discusión fue empeñada
entre los comerciantes y los empleados, habiendo propuesto los primeros que se tratase de reducir
los gastos, rebajando la tercera parte de todos los sueldos, lo que resistieron los segundos en cuyo
apoyo se declaró el virrey, y en aquella sesión no se hizo otra cosa que nombrar una comisión que
en la siguiente, que se señaló para el día 21, propusiese algún plan. 332 En ella se resolvió adoptar el
que de antemano tenía presentado el teniente coronel D. Francisco Crespo Gil, reducido a gravar
todos los efectos de primera necesidad, sin eximir de esta contribución, calificada de temporal y
extraordinaria de guerra, a ninguno de los cuerpos que gozaban excepciones, como las catedrales
por sus diezmos y la minería por los artículos de su consumo, extendiéndose el pago del nuevo
impuesto a los efectos ya introducidos y que existían en los almacenes y tiendas, de que se
exigieron declaraciones juradas. Se mandó además, a petición del consulado, que se extendiesen
escrituras renovando los préstamos hechos anteriormente que ascendían a 1.523.063 ps.,
haciéndoles gozar el interés de 5 por 100 desde 1.° de Marzo de aquel año, como a los fondos
tomados con hipoteca de la plata labrada y contribución de casas, todo lo cual se publicó por bando
el 26 de Agosto;333 mas como este arbitrio no podía cubrir inmediatamente las urgencias del
momento, necesitándose en la tesorería 700.000 ps. para el 1.° de Septiembre, para los pagos del
mes, el virrey exigió un préstamo forzoso de esta suma, repartida arbitrariamente entre los sujetos
pudientes del vecindario, a quienes se pasaron oficios previniéndoles la inmediata exhibición de las
respectivas cuotas.334
Es notable este año por no haberse hecho en él por la primera vez después de tres siglos, la
ceremonia del pendón335 con que se solemnizaba el día 13 de Agosto, dedicado a S. Hipólito,
patrono de la ciudad de Méjico, en recuerdo de haberse apoderado de ella D. Fernando Cortés, en
tal día el año de 1521. Las leyes habían querido que esta solemnidad se hiciese con la mayor pompa
y hasta sus menores ápices estaban prevenidos por ellas o reglamentados por autos acordados de la
audiencia. En la víspera de aquel día, por convite previo del ayuntamiento, estaban reunidos en la
diputación o casas municipales los caballeros y personas nobles de la ciudad, con todas las
autoridades civiles y militares, y todos los individuos que ejercían cargos públicos, haciendo todos
en esta ocasión muestra de su bizarría en soberbios caballos y ricos jaeces y libreas: los dos oidores

331 Véase el “Manifiesto de la lealtad y patriotismo del M. I. V. cabildo de Valladolid de Michoacán, en la presente
insurrección”. Impreso en Méjico en 1813 en la oficina de Doña María Fernández de Jáuregui, folios 13 y 14.
332 Arechederreta. Apuntes históricos manuscritos.
333 Está inserto este bando y la tarifa de contribuciones en los diarios de Méjico de 28 y 29 de Agosto.
334 Arechederreta. Apuntes históricos manuscritos.
335 Ibidem.
102

menos antiguos iban a buscar a su casa al regidor alférez real, o si no lo había, al que por turno le
tocaba ejercer este cargo, y lo acompañaban hasta la casa del ayuntamiento, en donde tomando el
pendón real, que era una bandera grande de seda en que estaban bordadas las armas reales y se
usaba en la proclamación de los reyes, se dirigía toda la comitiva al palacio en busca del virrey y
audiencia, y desde allí se ordenaba el paseo que presidía el virrey, llevando a su izquierda al regidor
con el pendón, y a su derecha al regente u oidor decano. En este orden, con salvas y repiques, se
encaminaba a la iglesia de S. Hipólito, donde se cantaban las vísperas, y quedando allí el pendón
colocado en el presbiterio, la misma comitiva volvía el día siguiente a sacarlo después de la misa,
para conducirlo a las casas municipales, desde las cuales los dos oidores que habían acompañado
para salir de la suya al regidor alférez real en turno, volvían a dejarlo en la puerta, en la que también
lo habían recibido, sin desmontar de las mulas ni entrar en el patio. 336 El ayuntamiento regalaba en
esta ocasión un sombrero y unos guantes al virrey y a los oidores, y todo terminaba con un refresco
que el regidor alférez real daba en su casa al acompañamiento, excepto a los oidores que no asistían
a él.
Esta ceremonia, que fue muy ostentosa mientras se hizo en el orden referido y que vino a ser
ridícula cuando, disminuido o acabado el espíritu de caballería, la comitiva iba en coches,
asomando el pendón por la portañuela del del virrey, podía ser ofensiva para los indios cuya
conquista recordaba; pero de ninguna manera para la raza española, cuyo establecimiento en el país
había sido efecto de aquella conquista. Sin embargo, los individuos de ésta, desconociendo su
posición en el país y olvidando su origen, comenzaron a tenerla por degradante, y las cortes por
decreto de 7 de Enero de este año, aunque calificándola de “testimonio de lealtad”, mandaron se
aboliese, conservando únicamente la fiesta religiosa y reservando el sacar el estandarte real sólo en
la proclamación de un nuevo monarca: todo con el fin, según expresa el preámbulo del decreto, “de
hacer desaparecer todo acto de inferioridad en las provincias de ultramar, que pudiera considerarse
como monumento del antiguo sistema de conquista y de colonias”. 337 A esta disposición legislativa
agregó el virrey la orden para que no se representase una ridícula comedia, que en tal día se daba en
el teatro, titulada “La Conquista de Méjico”. 338 En consecuencia, el virrey asistió con la audiencia y
autoridades que acostumbraban acompañarlo a la función de iglesia, como a una función
ordinaria.339 Después de la independencia, viéndose cada vez con más desdén la conquista, S.
Hipólito ha participado de él y Méjico apenas se acuerda que lo tiene por patrono, celebrando su
fiesta con suma pobreza y frialdad.
Publicáronse también otras providencias de las cortes, que tenían por objeto ganar los ánimos
de los americanos, pero que eran insuficientes para lograrlo, pues como otra vez he tenido ocasión
de hacerlo observar, en todo movimiento popular en que se versan grandes intereses, no hay medio
entre vencer o ceder del todo: las concesiones parciales son recibidas con desprecio, o no sirven
más que de paliativo para cobrar a su sombra nuevo aliento el partido a quien se hacen, y en el caso
presente, en una revolución tan desastrosa, en que no había ni jefe que la dirigiese ni plan a que se
sujetase, es muy verosímil que la misma independencia que tanto se deseaba, no hubiese bastado a
sosegarla. Entre estas providencias, algunas había que ya por la inoportunidad con que se dictaban,
o ya por las circunstancias en que se publicaban, eran materia de mofa o se consideraban como
insulto. El día en que fueron ejecutados Bravo y sus dos compañeros, en el mismo diario en que se
publicó el extracto de sus causas, se insertó el decreto de las cortes de 24 de Enero, aboliendo la

336 Ley 56 libro 3.º tít. 15 de la Recopilación de Indias, tom. 2.º fol. 69, y Montemayor, autos acordados de la
audiencia de Méjico, auto 142 del primer foliaje y 60 del tercero.
337 Publicóse por bando el 25 de Septiembre y se insertó en el Diario de Méjico del 27.
338 En esta comedia bajaba del centro del cielo en el patio, un muchacho montado en un caballo de palo,
representando a Santiago y gritando a los españoles en un combate que se figuraba “a ellos Cortés valeroso”,
expresión que había venido a ser proverbial. En el año en que este tomo se imprime, se ha representado en Méjico
una comedia que recuerda el 16 de Septiembre, que ha venido a ocupar el lugar de la que con justa razón se
mandó que no se representase en aquel tiempo, la que es tan extravagante y ridícula como aquella.
339 Areched. apunt. hist.
103

pena de horca y substituyendo en su lugar la de garrote, por ser aquella “un espectáculo demasiado
repugnante a la humanidad y al carácter generoso de la nación española”. ¿Qué efecto debían
producir estas palabras en los ánimos de los insurgentes ocultos de la capital, ulcerados con la
muerte de uno de los mas distinguidos jefes de la revolución, y cuando se fusilaban centenares de
personas por los comandantes militares, sin siquiera la forma de proceso? Por decreto de 31 de
Enero, las cortes habilitaron a los súbditos españoles que por cualquiera línea trajesen su origen de
África, para que fuesen admitidos a las matrículas y grados de las universidades y que pudiesen ser
alumnos de los seminarios, tomar el hábito en las comunidades religiosas y recibir los órdenes
sagrados,340 lo que no era sin duda una compensación por la privación de los derechos de
ciudadanía, y antes bien, con la ilustración que se les proporcionaba adquirir, se les debía hacer más
sensible aquella. Por otros decretos, queriendo las cortes premiar los servicios señalados prestados a
la causa de España en varias provincias de América, declararon ciudad al pueblo de Tepic, con el
título de “noble y leal”,341 y concedieron otras distinciones a la de Guayana en costa firme.342
El estado político de las cosas en el periodo que abraza este libro, había cambiado
notablemente en España: los franceses obligados a retirarse de Portugal, no habían podido
sostenerse en las márgenes del Tajo, y Lord Wellington con el ejército aliado, había ganado el 21 de
Julio la importante batalla de Salamanca o de los Arapiles, en la que perdió un brazo el mariscal
Marmont que mandaba el ejército francés; en consecuencia los franceses abandonaron a Madrid, en
donde entraron triunfantes los aliados el 11 de Agosto y el 13 se proclamó y juró la constitución;
levantóse también el sitio de Cádiz, y las tropas españolas ocuparon sucesivamente a Sevilla,
Córdoba y Granada, retirándose el rey José del lado de Valencia, que había sido tomada poco
tiempo antes por el mariscal Suchet, y aunque reunidas allí nuevas fuerzas, y operando en
combinación con las que había en Castilla la Vieja, volvieron los franceses a Madrid, replegándose
el ejército aliado hasta Portugal con no poco desorden e indisciplina en la retirada; la suerte final de
la guerra estaba decidida, tanto más que ya se veía inevitable el movimiento de la Rusia, que
seguido por las demás potencias del Norte, acabó por echar por tierra el imperio de Napoleón. Para
que las operaciones de las tropas aliadas en España fuesen más uniformes, las cortes nombraron a
Lord Wellington general en jefe de los ejércitos españoles, con cuyo motivo pasó a Cádiz para
combinar los planes de campaña y fue recibido con singulares muestras de consideración,
concediéndosele entre otros honores asiento en las cortes entre los diputados. Antes había sido
nombrado duque de Ciudad Rodrigo, por la toma de aquella ciudad, se le había dado la grandeza de
España y las grandes cruces de las órdenes españolas, y después se le concedió la propiedad del
Soto de Roma, hermosa posesión cerca de Granada, que había vuelto a la corona por haber sido
despojado de ella Godoy, a quien Carlos IV la había dado.
La suerte de las armas había sido también favorable en lo general para la causa de España, en
todas las provincias insurreccionadas de América. Las victorias de Goyeneche, quien por una de
ellas obtuvo el título de conde de Guaqui, en el alto Perú y provincias del Río de la Plata
confinantes con aquel reino, habían asegurado su posesión para España por algún tiempo. En la
capitanía general de Venezuela, un temblor de tierra de extraordinaria violencia, acaecido el Jueves
Santo 26 de Marzo de este año, había causado los mayores estragos en la ciudad de Caracas y en
otras muchas poblaciones de la costa. El terror que siempre inspira tan tremendo fenómeno, se
aumentó considerablemente por muchos incidentes, que hicieron se le viese como un castigo
manifiesto del cielo por haber abandonado a España en las circunstancias de su mayor angustia. El
temblor acaeció el mismo día en que se cumplían dos años que se había proclamado la
independencia, y a la misma hora en que se había hecho la proclamación en Caracas; en esta ciudad
se arruinaron la catedral y casi todos los templos, con muerte de muchos individuos que estaban
reunidos en ellos para la celebración de los divinos oficios, y los cuarteles, que era un edificio

340 Diario de Méjico de 26 de Sept.


341 Idem de 27. Decreto de 24 de Julio de 1811.
342 Decreto de 6 de Febrero, Diario de Méjico de 19 de Septiembre.
104

cuadrado de piedra, muy sólido, se desplomó sepultando bajo sus ruinas a los soldados que allí
estaban alojados; el puerto de la Guaira padeció mucho, y la elevada montaña, situada sobre la
cordillera que separa la Guaira de Caracas, que se llama “la Silla”, a la que se había dado el nombre
de “la Independencia”, comenzó a arrojar humo, amenazando hacer una erupción; pero lo que entre
tantos sucesos espantosos llamaba más la atención del pueblo y que los predicadores adictos a la
causa real hacían valer desde los púlpitos con mayor empeño era, que estos estragos habían recaído
principalmente sobre las poblaciones que habían proclamado la independencia, mientras que Coro y
otras que habían permanecido fieles a la España, habían sido casi del todo exentas de ellos. 343 En el
mismo día de Jueves Santo, la expedición venezolana que salió de Cumaná para atacar por mar y
tierra a la Guayana española, fue completamente batida y tomados todos los buques que la
componían. El comandante de las tropas reales de Coro D. Domingo Monteverde, aprovechándose
de tantas ventajas, marchó sobre Caracas, recibiendo a su tránsito los testimonios de adhesión de los
pueblos aterrorizados, con lo que pudo decirse del todo sometida la provincia, habiendo sido
remitidos presos a Puerto Rico el marqués de Toro y los principales miembros del congreso, y
conducidos a Cádiz el general Miranda y varios individuos, que dieron motivo a las empeñadas
contestaciones en las cortes, de que hemos dado razón. Miranda permaneció preso mucho tiempo en
el castillo de Santa Catalina, hasta que la Inglaterra obtuvo su libertad, retirándose a aquella isla en
la que murió. En Santa Fe y en Quito, habían obtenido también ventajas las armas reales y en todo
el continente de América, donde no triunfaban, defendían el terreno con honor.
Las islas pertenecientes a España en el archipiélago de las Antillas habían permanecido
tranquilas, no obstante las violentas convulsiones que agitaban al continente vecino, y de ellas se
habían sacado grandes auxilios para sostener la causa real en la costa firme; pero en Marzo de este
año, la de Cuba, la principal de ellas, se vio amenazada de una revolución, que a no haberse cortado
en tiempo, hubiera podido ser de la mayor trascendencia. 344 Un hombre libre, de color, llamado José
Antonio Aponte, comenzó a inquietar los ánimos de los esclavos en los distritos de Puerto Príncipe,
Bayamó, Holguin, y especialmente en las inmediaciones de la Habana, cooperando a sus miras
otros individuos de la misma clase que lograron seducir algunos esclavos, persuadiéndoles que las
cortes habían decretado su libertad, y que el gobierno de la isla impedía y ocultaba esta gracia, a
favor de cuya especie Aponte aspiraba a hacerse rey de la isla, como Cristóbal lo era de Haití o
Santo Domingo, y sus adherentes a apoderarse de las fortunas de los particulares y de los
principales empleos y honores. Tanto habían adelantado en sus intentos, que la revolución llegó a
estallar, habiendo incendiado el ingenio de Peñas Altas los mismos esclavos que en él servían y
dado muerte a algunos individuos los de Trinidad, estando señalado el movimiento en la Habana,
para el mismo día Jueves Santo de este año, tan fecundo en grandes sucesos. Las providencias
activas del gobernador marqués de Someruelos y demás autoridades, pudieron cortar la revolución
antes que tomase mas cuerpo, y habiendo sido aprehendidos los principales motores, fueron
condenados a la pena de horca Aponte y otros cinco individuos libres y tres esclavos del ingenio de
Trinidad. Pocos días después tomó posesión del gobierno de aquella isla D. Juan Ruiz de Apodaca,
y la tranquilidad se conservó, no obstante los nuevos embates a que la veremos expuesta.
Hemos recorrido hasta aquí todos los principales sucesos de la revolución de Nueva España,
desde su principio en Dolores hasta la conclusión de su primer periodo con la prisión y muerte de
Hidalgo, Allende y sus compañeros; hemos visto la insurrección que se creía extinguida con aquel
suceso, sostenerse en las provincias del centro del reino, y tomar cierta organización regular con el
establecimiento de la junta de gobierno en Zitácuaro; crecer y propagarse rápidamente por las
victorias de Morelos en las del Sur y acercarse aquel jefe a la capital poniendo en riesgo la silla
misma del gobierno: marchar contra él el ejército del centro después de poner en fuga a la junta de
gobierno, con la toma de Zitácuaro; empeñarse la lucha entre este ejército hasta entonces vencedor
343 Véase la relación de los sucesos de Venezuela y provincias limítrofes, en la gaceta de 25 de Agosto de 1812, núm.
278 fol. 894, y en el Diario extraordinario de Méjico de 11 de Septiembre del mismo año.
344 La relación de los sucesos de la isla de Cuba, está tomada de la proclama que con este motivo publicó el
gobernador marqués de Someruelos en 7 de Abril, inserta en los diarios de Méjico de 23 y 25 de Septiembre.
105

en las provincias del Norte, y las tropas de Morelos, que también lo habían sido en las del Sur, y el
pueblo abierto y sin defensa de Cuautla detener por largo tiempo todas las fuerzas de que el virrey
podía disponer; apoderarse éstas por fin de Cuautla, y salir Morelos con reputación rehaciéndose
pronto de gente y armas, y el ejército del centro dividido en diversos cuerpos, recobrar en poco
tiempo lo perdido durante el sitio de aquel pueblo morir en el cadalso a Torres y Albino García, los
más temibles jefes de la revolución en las provincias centrales, entre tanto extendiéndose esta por
las que forman el litoral del Seno mejicano; y por último hemos visto a Morelos presentarse otra
vez en campaña y restablecer su crédito con nuevos triunfos, ocupando por fin una posición desde
la cual amenazaba igualmente los puntos que el gobierno tenía mas interés en conservar.
La insurrección pues, en el periodo de ella a que hemos llegado, sin tener otro jefe temible
que Morelos, ni otras fuerzas importantes que las que este reunía bajo su mando, se hallaba
diseminada en casi toda la extensión del reino: no había camino en que no hubiese una cuadrilla que
lo interceptase, ni distrito en que no se conociese algún capataz que no hubiese adquirido funesta
nombradía a fuerza de robos y desastres: todos inconexos entre sí, sin reconocer autoridad alguna
superior, burlándose de la de la junta que había querido ejercerla, pero todos siguiendo el mismo
impulso y ejecutando el mismo plan que había tenido su principio en Dolores. El clero y el desorden
eran precisamente lo que sostenía la revolución: sin el primero, hubiera carecido de jefes; sin el
segundo, no habría tenido secuaces.
Esto mismo era lo que constituía la gran dificultad de reprimirla. Si se hubiese tratado de una
guerra regularizada, hecha entre dos potencias civilizadas, las grandes victorias conseguidas por los
realistas habrían puesto en breve fin a ella. Pero en este caso, las victorias no hacían más que
multiplicar y esparcir en una superficie mayor los elementos de la guerra, y sacando ésta, como
acabamos de decir sus recursos del desorden, cuanto mayor era éste, tanto más aquella se encendía
y propagaba. El país entre tanto se consumía y arruinaba, y el gobierno, obligado a hacer gastos
excesivos para cubrir tan multiplicadas atenciones, se iba encontrando cada vez más exhausto de
recursos y tenía que hacer uso de medios violentos para proporcionárselos. El envío de tropas de
España, tan repetidamente pedidas por los españoles residentes en Méjico, se iba haciendo de una
manera que no podía producir un efecto decisivo y momentáneo, siendo sin embargo de grande
utilidad al gobierno, pues fueron las únicas que defendieron la provincia de Puebla durante el sitio
de Cuautla, y contribuyeron también a formar este.
El virrey, en medio de tantas dificultades, hacía frente a la revolución por todas partes; sus
tropas algunas veces derrotadas, pero casi siempre victoriosas, suplían con su valor y con la
actividad de sus movimientos, al número que era escaso para atender a tan vasta extensión de
terreno. El uso de la guerra había ido formando y dando a conocer jefes capaces de mandar con
acierto. El mismo virrey desde la capital atendía a todo reprimiendo al propio tiempo por su
vigilancia, los movimientos que pudieran haberse excitado en ella; pues aunque fuese el foco
principal de la revolución, los que desde ella la fomentaban, tenían que reducirse a medios muy
indirectos, ya mandando algunos artículos a los periódicos de Tlalpujahua, ya sorprendiendo alguna
vez a los censores de imprenta para insertar en el Diario la constitución de los Estados Unidos, con
una excitación a los mejicanos para imitarla, y ya esparciendo noticias falsas o alarmantes; pero
todo estaba contenido con la mano fuerte de la autoridad, y más con el temor que con el
escarmiento, porque es justo decir que no había habido excesiva severidad, ni había sido Méjico
ensangrentado con frecuentes ejecuciones. El gobierno pues luchaba en todas partes, y luchaba con
ventaja, aunque el desacierto de no perseguir con empeño a Morelos, había dejado en pie a su
principal enemigo e iba a obligarlo a abrir nueva campaña, aventurando el éxito de la guerra, que en
gran parte dependía de su pronta terminación.
Toda la inmensa superficie de la América española se hallaba pues ardiendo en revolución: los
triunfos de las tropas reales habían podido reprimirla y contenerla, mas el germen existía siempre y
era muy probable que volviese a desarrollarse presentándose la ocasión. Acababa de pasarse y aun
se estaba pasando por una terrible prueba, pero habían resistido a ella las instituciones creadas en la
106

conquista, conservadas y mejoradas por tres siglos de experiencia; a ellas debía el gobierno el
respeto que gozaba, la obediencia que había encontrado en las tropas, los recursos que sacaba de la
riqueza y prosperidad a que el país había llegado. Sin embargo, este momento de crisis fue el que
las cortes reunidas en Cádiz escogieron, para echar por tierra esas mismas instituciones cuya solidez
acababa de probarse, cuya estabilidad había podido resistir a tan recios vaivenes, y para socavar esa
autoridad cuyo respeto había podido conservarse en tan deshecha tormenta y defenderse a sí misma
y a la corona, sin mas tropas ni recursos que los que ministraba el país. Estos fueron los resultados
de la publicación de la constitución política de la monarquía española proclamada en Cádiz el día
19 de Marzo de 1812, de cuyo establecimiento en Nueva España vamos a ocuparnos en el libro
siguiente.
107

LIBRO QUINTO.
Proclamación de la Constitución en Méjico y sus consecuencias. Operaciones de los individuos
de la Junta Suprema y rompimiento entre ellos. Es Calleja nombrado Virrey
y plan de operaciones que adopta. Continuación de la tercera campaña de Morelos
hasta la instalación del Congreso de Chilpancingo.

CAPÍTULO I.
Publicación de la Constitución en Méjico.—Juramento que prestaron de observarla todas las autoridades y
corporaciones.—Libertad de imprenta.—Demora en su establecimiento.—Escritos que salieron a luz.—Elecciones
populares para el ayuntamiento.—Alboroto del pueblo.—Suspende el virrey con acuerdo de la audiencia, la libertad de
imprenta y las elecciones.—Resultado de esta suspensión.—Recíbese la noticia de la victoria ganada por los aliados en
Salamanca y entusiasmo que excita en los europeos.—Efectos funestos y permanentes que produjo en Méjico el
establecimiento de la Constitución española.

Con la correspondencia detenida en Veracruz, de que trajo Llano 42 cajones cuando regresó
con el convoy que condujo a aquella plaza, recibió el virrey Venegas en 6 de Septiembre de 1812 la
nueva constitución y la orden para publicarla y cumplirla. El 28 se anunció por bando real, con las
prevenciones conducentes a la solemnidad del acto, y el 30, 345 reunidos en el salón principal del
palacio el virrey, audiencia, ayuntamiento y todas las demás autoridades y corporaciones que suelen
asistir a tales ceremonias, se leyó la constitución por un secretario del rey, e inmediatamente el
virrey, audiencia y demás concurrentes, hicieron juramento de cumplirla ante una imagen de
Jesucristo crucificado, colocada en una mesa delante del retrato del rey, que bajo dosel estaba en la
cabecera del salón. Al acabar de prestarlo, una salva de artillería y repique general de campanas lo
anunció al público, que en gran número se hallaba reunido en la plaza y calles vecinas. En seguida,
el virrey con toda la comitiva pasó a la Catedral, donde se celebró la misa por el arcediano
Beristain, quien después del Evangelio hizo un discurso exhortando al fiel cumplimiento de lo que
se acababa de jurar; cantóse con la mayor solemnidad el “Te Deum”, y vuelto el virrey al palacio,
fue cumplimentado por todas las autoridades. En la tarde del mismo día, el ayuntamiento se dirigió
al palacio, de donde salió acompañando al virrey con toda la comitiva que en él estaba esperando, y
todos se colocaron en un magnífico tablado, prevenido junto a la estatua ecuestre que adornaba el
centro de la hermosa plaza circular que entonces existía, frente a la puerta principal del mismo
palacio: allí se leyó en voz alta la constitución ante el inmenso concurso que se había reunido, el
que manifestó su gozo por repetidos aplausos; el virrey y la audiencia echaron dinero al pueblo, y el
repique general, la salva de artillería y el fuego graneado de todas las tropas de la guarnición
formadas al rededor de la plaza, aumentaron el regocijo público. El virrey se volvió al palacio, pero
el ayuntamiento con numeroso acompañamiento y lucida escolta, siguió al palacio arzobispal en
donde estaba dispuesto otro tablado, en el que se repitió la lectura del nuevo código, y el cabildo
eclesiástico que ocupaba los balcones, en los que estaba colocada la orquesta de la Catedral, arrojó
igualmente monedas al público, lo que se repitió también después de la tercera lectura hecha en el
palco o tablado formado en las casas del ayuntamiento. El paseo, el teatro, la iluminación de las
calles, en las que estaban repartidas las músicas militares, completaron este alegre día, que vino a
hacer distracción e inspirar esperanzas, en medio del triste estado en que el país se hallaba.
Se publicaron luego los indultos concedidos por las cortes, el uno general y el otro a los
militares desertores, y el virrey con la audiencia hizo la visita de las cárceles de corte y de la
diputación con mucha prolijidad, dejando libres a todos los reos de diversos delitos a quienes
aquella gracia comprendía, pero a ninguno de los que lo estaban por crimen de insurrección. La
visita quedó abierta para seguirla en las demás prisiones en los días siguientes.

345 Diario manuscrito de Arechederreta y gaceta de 3 de Octubre, núm. 296 tom. 3.º fol. 1038.
108

El 4 de Octubre prestó juramento el pueblo en todas las parroquias, asistiendo un regidor a


cada una de ellas y celebrándose una lucida función, y el 5 lo hizo el ayuntamiento, solemnizándolo
con iluminación en la noche en las casas consistoriales, y una función de teatro gratuita al pueblo.
Todos los tribunales, oficinas, comunidades religiosas de ambos sexos y cuerpos de tropa, siguieron
haciéndolo en los días inmediatos, compitiendo a porfía en la pompa y festejos con que lo
acompañaban. Nunca los reyes habían sido jurados con tanta solemnidad, ni tan especialmente por
todas las corporaciones. Veíanse aquellos batallones compuestos casi todos de mulatos, prestar con
aplauso juramento a una constitución que los privaba del derecho de ciudadanía; señal cierta de que
ignoraban lo que juraban, o de que estimaban en muy poco los derechos que se les negaban y que
no sabían conocer. La mas célebre de estas funciones militares fue la que hizo el batallón 1.º
Americano: celebróse en el ejido junto al paseo nuevo, donde se había dispuesto un salón de mucha
amplitud para recibir a los convidados; aunque se había publicado ya el bando, quitando la pena de
horca, el patíbulo para ejecutarla estaba todavía levantado en la vecindad del salón, y juzgando su
vista poco en consonancia con el objeto de la función, los soldados lo echaron abajo con gritos de
alegría. Diose una espléndida comida a toda la oficialidad de la guarnición y personas distinguidas
de la ciudad, y entre los repetidos brindis análogos a la circunstancia, el arcediano Beristain hizo
que se abrazasen un mejicano de los dragones de España y un andaluz del batallón americano,
teniendo en la mano el uno una copa de vino blanco y el otro otra de vino tinto, y que bebiendo
estos licores mezclados, gritasen: “Viva la unión de ambas Españas”.346
Publicábanse con frecuencia bandos con las prevenciones necesarias para ir adaptando todo a
las formas y lenguaje del nuevo sistema. La plaza llamada hasta entonces Mayor, debía tomar el
nombre de “Plaza de la Constitución”, fijándose en ella una lápida con una inscripción que así lo
expresase; lápida que en España vino a ser la señal de guerra entre ambos partidos servil y liberal.
La aduana, la casa de moneda, las rentas, todo había de tomar el adjetivo de nacionales y no reales
como antes se denominaban. La audiencia, reducida sólo a las funciones de administrar justicia,
dejaba de ser el consejo del virrey: todos los juzgados privilegiados iban a cesar; las
administraciones particulares de ciertos ramos de obras públicas, como el desagüe y otros, debían
pasar a la diputación provincial, y lo que en las circunstancias era más importante, reducida la
administración de justicia a los tribunales ordinarios, debía cesar en su ejercicio la junta de
seguridad, encargada especialmente de los procesos de los reos de infidencia. Cada una de estas
novedades era de las más trascendentales consecuencias, aun en tiempos tranquilos: ¿qué no debían
producir todas juntas, en el momento de una revolución como la que actualmente desolaba el país?
Faltaban todavía las más importantes, que eran el establecimiento de la libertad de imprenta y
las elecciones populares para nombrar el ayuntamiento que había de entrar en lugar del perpetuo,
cuyas funciones cesaban. Aunque se había declarado la libertad de la prensa desde los primeros días
de la reunión de las cortes que la reglamentaron por su decreto de 10 de Noviembre de 1810, no
había llegado todavía a tener efecto en Méjico. Establecíase por el reglamento una junta de censura
en cada provincia, compuesta de cinco individuos, dos de los cuales debían ser eclesiásticos, para
examinar las obras que se hubiesen denunciado al poder ejecutivo o a las justicias respectivas, las
cuales debían detener los impresos y recoger los ejemplares vendidos, si la junta, fundando su
dictamen, juzgase que así debía hacerse, pero quedando al autor o impresor la facultad de pedir
copia de la censura y contestar a ella, y si la junta insistía, podía aquel ocurrir a la suprema que
debía residir cerca del gobierno, compuesta de nueve individuos, que era la que proponía a las
cortes los sujetos para las juntas de provincia, y cuyo fallo era decisivo. Habían sido nombrados
para la de Méjico el arcediano Beristain, D. José María Fagoaga, que aunque nacido en España era
tenido por inclinado a la independencia, D. Pedro Fonte (e), entonces canónigo y juez de
testamentos y capellanías que después fue arzobispo, el regente de la audiencia D. Guillermo
Aguirre (e) y el Dr. D. Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, que se había hecho notable

346 Véanse las gacetas de Octubre y Noviembre de aquel año, que no están llenas de otra cosa que de descripciones de
estas fiestas.
109

por sus escritos contra la revolución, algunos vehementes y otros bajos y chocarreros. Échase luego
de ver que este orden de juntas venía a ser insuficiente para el objeto, pues una junta en Méjico no
podía bastar para cuanto se imprimiese en Nueva España, y era un recurso muy tardío el de la junta
suprema, residente en la península.
El virrey, previendo que con la libertad de imprenta en las circunstancias en que el país se
hallaba, iba a darse grande impulso a la revolución, se aprovechó para no establecerla, de un
incidente de muy poca importancia: Aguirre había muerto cuando llegó el nombramiento de la junta
censora, y el virrey, dando cuenta a la regencia, esperó a que se nombrase el individuo que había de
reemplazarlo, lo que la regencia no se apresuró a promover. Los diputados mejicanos en las cortes,
vieron que los impresos que recibían de su país llevaban la nota de haberse publicado “con las
licencias necesarias”, y con esto y con lo que sobre ello les escribían, pidió Ramos Arizpe en la
sesión de 16 de Enero de 1812, que se diese orden al virrey de Méjico, para que procediese sin
demora a publicar el decreto que estableció la libertad de imprenta si aun no lo hubiese hecho, y no
habiéndose aprobado, hizo proposición López de la Plata, diputado por Nicaragua, para que se
preguntase a la regencia, si como informaban los diputados de Nueva España, no se había dado
cumplimiento en aquel reino al decreto referido. 347 Del informe de la regencia resultó, que aunque el
virrey había avisado la muerte de Aguirre desde Marzo de 1811, en siete u ocho meses no se había
dado paso a reemplazarlo, con lo que Arizpe promovió se dijese al virrey, que si no había puesto en
ejecución el citado decreto, lo hiciese aunque no hubiese más de cuatro vocales en la junta, pues
con ellos y aun con menos bastaba, y que la junta suprema de censura propusiese el que debía
reemplazar a Aguirre.348 Aprobóse esta proposición, aunque no sin empeñada discusión, en la que
Arizpe dejó caer algunas expresiones de vivo sarcasmo contra el virrey, y habiendo propuesto la
junta al oidor D. Pedro de la Puente, las cortes lo nombraron, con lo que quedó removido todo
obstáculo para el cumplimiento de aquella disposición.
El virrey entretanto había hecho instruir expediente, consultando a los fiscales sobre la
publicación,349 y los tres, en consideración a que las cortes al dictar aquella providencia en 10 de
Noviembre de 1810, lo habían hecho sin tener conocimiento de la revolución que había estallado en
Nueva España en 16 de Septiembre del mismo año, opinando que la libertad de imprenta podría ser
muy dañosa en las circunstancias en que el país se hallaba, propusieron se pidiese informes a los
prelados eclesiásticos y jefes seculares de las provincias, y así se mandó. Los obispos de Puebla,
Valladolid, Guadalajara, Yucatán y Monterrey, con el cabildo metropolitano de Méjico, y los
intendentes de Oajaca, S. Luis Potosí, Guanajuato, Yucatán y Zacatecas, anunciaron claramente las
funestas consecuencias que preveían, había de traer esta libertad en las circunstancias desgraciadas
en que el reino se encontraba, persuadidos que la imprenta seria un vehículo fácil y seguro para que
la revolución se propagase, ganando muchos prosélitos. El comandante general de Nueva Galicia,
Cruz, fue del mismo sentir, y sólo difirieron el obispo de Oajaca, arzobispo electo de Méjico, quien
dijo que habría opinado contra la libertad de imprenta antes de que se decretase, pero no después,
por las quejas a que su suspensión daría motivo, y en el mismo sentido se explicó el intendente de
Guadalajara; los de Veracruz y Valladolid estuvieron por la libertad, el primero cuando aun
permanecía tranquila la provincia de su mando, y el segundo en el supuesto de que la junta de
censura tenía facultad para castigar severamente a los que escribiesen papeles sediciosos,
prometiéndose que la ilustración que por la imprenta se esparciese, podría contribuir a contener la
revolución, que se había propagado por las especies falsas y absurdas con que se había logrado
pervertir la opinión del pueblo.
En este estado, habiendo llegado la constitución y la orden de la regencia de 6 de Febrero, a
consecuencia de la proposición de Ramos Arizpe aprobada en la sesión de 1.° del mismo, opinaron
347 Diario de cort., tomo 11 folio 282 y 283.
348 Idem de ídem, tomo 11 folio 429 y siguientes, sesión del 1.º de Febrero de 1812.
349 Véase la extensa representación de la audiencia de Méjico, de 18 de Noviembre de 1813, publicada por D. Carlos
Bustamante en el tom. 4 ° del Cuadro histórico fols. 27 a 136, especialmente desde el párrafo 63 fol. 53 que habla
de esta materia.
110

los fiscales, que a pesar de los inconvenientes que se habían pulsado, había cesado el motivo
principal que había habido para pedir los informes, que era que las cortes no podían tener noticia de
la insurrección a la fecha de su primer decreto, y que así por esto como porque la constitución que
se acababa de publicar establecía la libertad de la prensa, no pudiendo los tribunales suspender la
ejecución de las leyes, debía publicarse también esta. Hízose así, y el 5 de Octubre prestaron
juramento en manos del virrey los individuos de la junta de censura y entraron en sus funciones,
nombrando por su presidente al arcediano Beristain, y por vicepresidente a Fagoaga.
Jamas en materias políticas se había salvado un espacio tan inmenso en un solo salto. En
América la imprenta estaba sujeta, no sólo como en España a la inspección de la autoridad civil y
eclesiástica, no imprimiéndose nada sin la licencia de ambas, después de un examen por personas
comisionadas al efecto, y por cuyo informe constaba que lo escrito no contenía nada contrario a los
dogmas de la santa iglesia romana, regalías de S. M. y buenas costumbres, sino que además no
podía imprimirse libro alguno en que se tratase de cosas de Indias, sin previa aprobación del
consejo de estas, habiéndose mandado recoger todos aquellos que circulasen sin este requisito, en lo
que había habido tanto rigor que Clavigero, no pudo obtener permiso para imprimir en España en
castellano su historia de Méjico, y tuvo que publicarla en Italia en italiano; tampoco podían
remitirse a Indias libros impresos en España o en países extranjeros en que se tratase de ellas sin
igual licencia, y para vigilar sobre el cumplimiento de estas disposiciones y de las que prevenían
que no se llevasen libros “en que se tratasen materias profanas y fabulosas e historias fingidas”, se
mandó especificar el contenido de cada libro en los registros para embarcarlos en España, y los
provisores eclesiásticos y los oficiales reales debían asistir a la visita de los buques para
reconocerlos,350 a todo lo cual se seguía la visita de la Inquisición, y aunque en estas disposiciones
hubiese alguna relajación, no la había habido en la última. Concedida ahora por el decreto de las
cortes una libertad en que de hecho no había casi limitación, se habían tocado en un instante de
tiempo los extremos más distantes.
Así es que los mismos escritores que dieron el primer paso para hacer uso de la libertad, no se
atrevían a creerla. El Lic. D. Carlos Bustamante, uno de los primeros que se presentó en la palestra,
comienza el primer número del periódico que empezó a publicar con el título del “Juguetillo”,
preguntando “¿Conque podemos hablar?” Siguióle el “Pensador mejicano”, escrito por D. Joaquín
Fernández Lizardi, hombre obscuro y hasta entonces desconocido, al que se le quedó en adelante
por sobrenombre el título de aquel papel. El editor del Diario que hasta aquellos días no había
podido manifestar abiertamente su opinión, la que sólo insinuaba por alguna inserción en doble
sentido o por anécdotas de no difícil interpretación, se resolvió a escribir sin embozo, publicándose
además algunos otros papeles sueltos, principalmente sobre la cuestión entonces tan debatida del
bando del virrey de 25 de Junio de aquel año, sobre el fuero eclesiástico. Sin embargo, en estos
primeros ensayos, fuese todavía temor o principios de decoro que estaban aun bastante arraigados,
lo que pareció más excesivo y desacatado, estuvo muy lejos de todo lo que hemos visto después,
obrando en aquella primera época los escritores movidos sólo por lo que creían justo según su
opinión. Algún tiempo después, hecha ya la independencia, los partidos se apoderaron de la prensa
para sostener sus intereses, pero eran todavía “intereses de partido”. En estos últimos días la prensa
ha venido a ser un mero tráfico comercial: el impresor por sacar utilidad de su imprenta, establece
un periódico y para redactarlo, ocupa a salario algunos jóvenes que han mal acabado sus estudios de
jurisprudencia o medicina, y los que todavía podrían apenas defender un pleito o curar una
enfermedad grave, se constituyen en directores pagados de la opinión pública que extravían a
competencia, para hacer que tenga mas suscriptores el periódico que redactan. Todas las naciones
están siendo víctimas de esta plaga asoladora, y cuando la actual sociedad política haya sido del
todo destruida, extinguiéndose entre las convulsiones horribles de la anarquía, arrebatada al
exterminio por el desborde de la prensa periódica asalariada, las nuevas sociedades que se formen
de las ruinas de las presentes y con los elementos de reacción que la misma anarquía ha de producir

350 Véanse en el lib. 1.º, tít. 24 de la recopilación de Indias las leyes 1.ª, 2.ª, 4.ª, 5.ª, 6.ª y 7.ª
111

necesariamente, preguntarán con asombro: ¿cómo ha podido ser destruida una sociedad que había
llegado a tan alto grado de civilización? ¿cómo han perecido naciones tan poderosas y florecientes?
A lo que no habrá más contestación que la que Cicerón dio dos mil años hace a semejante pregunta,
tomándola de los versos de Nevio: “Influyeron en sus destinos en la tribuna y por la prensa
jovencitos presuntuosos, ignorantes y novicios en el arte de gobernar las naciones”.351
Por bando publicado el 27 de Noviembre se asignó el domingo 29 del mismo para la elección
popular de los electores que habían de nombrar los individuos del nuevo ayuntamiento. El contraste
no era menos notable que el que hemos observado entre la libertad de imprenta y las estrechas
restricciones que habían precedido en el uso de ella. Tan cuidadosa había andado la antigua
legislación de Indias para evitar toda junta o reunión popular, que por una de sus leyes estaba
prohibido fundar cofradías, juntas, colegios o cabildos de españoles, indios, negros, mulatos, u otras
personas de cualquier estado o calidad, aunque fuese para fines píos y espirituales, sin que
precediese licencia del rey y del prelado, presentando sus ordenanzas o estatutos al consejo para su
aprobación, y aun obtenida ésta, no se podían juntar, ni hacer cabildo o ayuntamiento, sino estando
presente algún ministro real, nombrado por el virrey, presidente o gobernador, y el prelado de la
casa en que se juntasen.352 Estas juntas así autorizadas y las de los gremios, para nombrar sus
empleados, eran las únicas que se conocían, y la que ahora iba a celebrarse era una cosa
enteramente nueva y desconocida. Según el cómputo de la población de la capital, debían
nombrarse en ella 25 electores, asignando dos a las parroquias de mayor número de vecinos y
cuatro a la del Sagrario, para lo cual se dividió esta en cuatro secciones, con mesa electoral en cada
una de ellas, aunque sin fijar la parte de vecindario que a cada una le correspondía. Días antes de la
elección, cada partido repartió sus listas de los que quería sacar por electores, siendo en la del uno
todos americanos y muchos de ellos conocidos por su adhesión a la revolución, y en la del contrario
europeos de los más distinguidos de su bando, con algunos mejicanos de los que les eran adictos. La
votación se hizo con el mayor desorden: no sólo no se calificó si los que se presentaban a votar eran
o no ciudadanos, y si estaban en el ejercicio de los derechos de tales, según las distinciones odiosas
que en la constitución se habían establecido y de que no se hizo caso ninguno, sino que los mismos
individuos votaron en diversas parroquias y secciones: diose dinero a los cargadores de las esquinas
para que repartiesen las papeletas con los nombres de los electores, y por ellas votaban los
aguadores y muchachos, sin saber siquiera los nombres que contenían, y otros refiriéndose al voto
de los mismos que andaban en estos manejos, y que estaban presentes en las mesas electorales. Por
resultado de todo esto, el triunfo de los americanos fue completo, no habiendo salido un solo elector
europeo,353 y con tal uniformidad en la votación, como que era el resultado de las papeletas
repartidas, que ninguno de los cuatro electores del Sagrario, salió con menos de cinco mil votos:
parroquia hubo en que el número de votos excedió al de los vecinos.
Concluida a las ocho y media de la noche la computación de los votos y declarado el triunfo
del partido criollo, la alegría de los vencedores fue extremada: corrieron a las torres de la catedral y
de las demás iglesias y soltaron un repique general, que vuelto a comenzar diversas veces, según
llegaban los grupos de gente que en desorden recorrían las calles, duró gran parte de la noche; los
pelotones que vagaban por todas partes, se presentaron delante del palacio y pedían se sacase la
artillería para hacer salva, lo que el virrey no permitió; a la cabeza de estas reuniones había gente
más decente y algunos eclesiásticos, pues que según hemos dicho la revolución se sostenía por su
influjo, y uno de ellos estaba en las torres de la catedral haciendo se diesen los últimos repiques,
cuando se presentó en ellas el secretario del virrey para hacerlos cesar. 354 El día siguiente se

351 “Cedo qui vestram rempublicam tantam amisistis tan cito?”


Sic enim percunctanti ut est in Naevii poetae Ludo, respondentur et alia et haec in primia.
“Proveniebant oratores novi, Stulti adolescentuli.”
Temeritas est videlicet florentis aetatis; prudentia senescentis.—Cic. de Senect. cap. VI.
352 Ley 25, tit. 4.º, lib. 1.º de la Recopilación de Indias.
353 Véase la lista de los electores en el apéndice doc. núm. 6.
354 Véanse mas extensos pormenores sobre esto en la representación de la audiencia, arriba citada. Yo fui testigo
112

celebraron en las parroquias misas de gracias con “Te Deum”, a que asistieron los electores
nombrados en cada una de ellas, colocándose en el presbiterio: al salir de la del Sagrario D. Jacobo
de Villaurrutia, que era uno de los nombrados en ella, el pueblo le quitó las mulas del coche y lo
llevó estirando a su casa, en medio de los mayores aplausos; lo mismo hizo con el canónigo Alcalá,
aunque lo resistía, y dos eclesiásticos con un hombre de la plebe que hacía de cabeza, se apoderaron
de un coche para llevar en él a la iglesia de S. Miguel a D. Carlos Bustamante y al Dr. Sartorio, que
fueron los electores nombrados en aquella parroquia. El virrey, temiendo que el alboroto produjese
más serias consecuencias, mantuvo las tropas acuarteladas, y a las cuatro de la tarde se fijaron por el
corregidor rotulones, mandando que todos se retirasen a sus casas, amenazando con que las
patrullas que salieron de todos los cuarteles usarían de las armas, mas el pueblo obedeció y a la
noche todo estaba sosegado. El resultado de las elecciones fue el mismo en Puebla, Toluca y otros
puntos en que llegaron a celebrarse, manifestándose en todos la odiosidad a los europeos, en
consonancia con los principios proclamados en la insurrección.
Aunque en este movimiento popular no parece que hubiese un plan concertado de revolución,
y que sólo fue un alboroto pasajero por un transporte de gozo excitado por el triunfo obtenido en las
elecciones, los que lo promovieron intentaron sin duda aprovecharlo para miras más avanzadas.
Uno de los electores, que había sido gobernador de la parcialidad de indios de S. Juan, D. Francisco
Galicia, escribiendo a Rayón sobre lo ocurrido, le refería que el pueblo había dado las pruebas más
decisivas de su entusiasmo proclamando a la América, a la junta, a cada uno de sus vocales, y
pidiendo la muerte de los gachupines y que por falta de armas no pudieron acabar la obra; con cuya
ocasión le pedía se acercase a Méjico con sus fuerzas, proponiéndole que en ese caso, se presentaría
al virrey el mismo Galicia con su gente, pidiéndole armas para defender la ciudad; que si se las
franquease, auxiliaría con ellas a Rayón, y si se las negase, se esforzaría a tomarlas por fuerza, y
que si no lo conseguía, saldría a unirse con las tropas de Rayón, contando con catorce mil indios
dentro de la capital y los más que juntaría y prevendría para cuando el caso llegase. Rayón muy
satisfecho con tales disposiciones, las comunicó a su compañero Verdusco, manifestándole cuánto
convendría estar prevenidos, para reunir una fuerza competente y aprovechar una coyuntura
semejante.355
El virrey veía bien que las armas que la constitución ponía en manos de sus contrarios eran
tales, que era imposible sostener la guerra por más tiempo, mientras se les dejase el libre uso de
ellas. Los insurgentes hasta entonces apenas habían podido servirse de la imprenta para propagar y
sostener sus doctrinas; la constitución les franqueaba todas las imprentas que había, pues aunque los
escritos subversivos y sediciosos estuviesen sujetos a la calificación de la junta de censura, antes
que ésta recayese sobre ellos, ya habían circulado y producido todo su efecto. Habíase conservado
la tranquilidad en la capital y en otras ciudades a fuerza de vigilancia y precauciones, pero las juntas
populares para las elecciones la ponían en un riesgo inminente, y si había podido calmarse el pueblo
en la última conmoción suscitada por las elecciones de ayuntamiento, iban en breve a hacerse las de
diputados, pues que concluida la constitución habían sido convocadas las cortes ordinarias que
debían reunirse conforme a lo prevenido en aquella, y el peligro podía ser mayor por la experiencia
que los revolucionarios habían adquirido en el primer movimiento, siendo tal el temor que se tenía
de la repetición de estos, que habiéndose comenzado a instruir expedientes en la audiencia, sobre la
nulidad de las elecciones y sobre el alboroto originado por ellas, los fiscales opinaron que se debía
sobreseer en ellos, no obstante las razones evidentes de nulidad que aparecían, para evitar toda
ocasión de nuevas reuniones y no poner al pueblo a esta otra prueba. Ni consistía el riesgo solo en el
acto de las elecciones, sino que eran muy de temerlos efectos de éstas, en cuanto a los individuos
que fuesen nombrados para componer el ayuntamiento. Hasta entonces la ciudad de Méjico,
dividida en ocho cuarteles mayores y varios menores, estaba bajo la inspección de los alcaldes de

ocular de todo lo aquí referido.


355 Carta de Rayón a Verdusco fecha en Tlalpujahua Diciembre 9 de 1812, cogida con el equipaje de Verdusco en el
ataque de Puruándiro de que se hablará en su lugar, e inserta en el informe de la audiencia.
113

corte, del corregidor y de los alcaldes ordinarios, que eran los encargados de los cuarteles mayores,
de quienes dependían los de los cuarteles menores, sujetos siempre de confianza para el gobierno:
pero según la constitución, tocaba al ayuntamiento auxiliar al alcalde en todo lo perteneciente a la
seguridad de las personas y bienes de los vecinos, y a la conservación del orden público, y ¿cómo
confiar la conservación de éste, en circunstancias tan delicadas, a los que podían estar más
interesados en alterarlo?
Llegó entre tanto el 3 de Diciembre, día de San Francisco Javier, que era el nombre del virrey.
Los electores nombrados, que se habían dado extraña importancia, fueron a cumplimentarlo con
este motivo y los recibió con desabrimiento: el “Pensador”, que en sus números anteriores había
declamado contra el gobierno, y extendídose sobre todos los puntos de queja de los americanos,
sosteniendo la necesidad de hacer un armisticio para oír lo que pedían los que estaban con las armas
en la mano, y esperar sobre ello la resolución de las cortes; en el de aquel día en son de felicitar el
suyo al virrey, le dirigió la palabra, diciéndole “que era un miserable mortal, un hombre como
todos, y un átomo despreciable a la faz del Todopoderoso; que había errado por la necesidad de oír
el ajeno dictamen, pues las más sanas intenciones las suele torcer la malicia, la ignorancia o la
lisonja”, y hablando después sobre el bando de 25 de Junio, concluyó suplicándole a nombre del
venerable clero y del pueblo cristiano, que se revocase, por haber sido la piedra de escándalo y la
manzana de la discordia de aquellos días.
No esperó mas el virrey, y habiendo consultado al acuerdo con asistencia de los alcaldes del
crimen,356 aunque después de jurada la constitución no debía ya reunirse tal cuerpo, no teniendo la
audiencia otras funciones que las judiciales; después de una deliberación de cinco horas, se decidió
por los diez y seis individuos que concurrieron, que el virrey debía suspender la libertad de
imprenta, habiendo sido divergente el voto del fiscal Osés, que opinaba por el establecimiento en
Méjico de una junta suprema de censura, para no retardar el fallo definitivo sobre impresos. En el
bando que se publicó el día 5, se fundó la suspensión en los abusos que se habían cometido, y se
mandaron restablecer las antiguas leyes y reglamentos, encargando a la junta de censura el examen
previo de los escritos que se tratase de imprimir, y reservándose el virrey restablecer la libertad de
la prensa, cuando hubiesen cesado las extraordinarias circunstancias que le habían obligado a
suspenderla. En el mismo día se publicó otro bando, prohibiendo bajo la pena de diez años de
presidio, repicar las campanas a vuelta de esquilas sin orden del gobierno y formar grupos de gente,
quedando la fuerza armada encargada de disolverlos. 357 Este bando se publicó al anochecer, lo que
llamó mucho la atención, creyendo que se temía en aquella noche algún movimiento.
Las elecciones y el uso de la libertad de la imprenta en el poco tiempo que duró, señalaron al
virrey las personas que debía tener por peligrosas, y ser por lo mismo objeto de su persecución. Sin
detenerse en las formalidades prevenidas para la calificación de los impresos por la junta de
censura, la de seguridad, que había permanecido en ejercicio, a pesar de los reclamos de los
escritores, hizo poner en prisión al “Pensador mejicano”, que pocos días después quedó libre y
continuó su periódico, hasta completar los números que había ofrecido, aunque los siguientes
fueron escritos ya en otro tono. El alcalde de corte Villa Urrutia, que a consecuencia de la opinión
que manifestó en las juntas convocadas por Iturrigaray, había sido promovido a oidor de Sevilla,
pero que había ido quedándose en Méjico, recibió orden de marchar inmediatamente a servir su
empleo con un convoy que salió el 13 para Puebla, conduciendo tres millones de pesos, destinados a
Veracruz. D. Carlos Bustamante, a quien por el título de su papel, llamaban “el Juguetillo”, para no
correr la suerte del Pensador, se ocultó evitando así el ser conducido a la prisión, para lo que se
había dado mandamiento, y en seguida salió de la ciudad y fue a unirse con Osorno en Zacatlán. 358
Otro de los electores llamado Martínez, fue preso por acusársele o sospechársele de seguir
356 Villaurrutia no asistía ya, estando nombrado oidor de Sevilla, y así no fue citado a este acuerdo.
357 Gaceta de 8 de Diciembre, número 328, folio 1292 y 93. Diario manuscrito de Arechederreta y de Riofrío.
358 Véanse sobre todo lo relativo a D. Carlos Bustamante, sus noticias biográficas publicadas en Méjico en el
periódico titulado: El Universal, en 1849, y reimpresas en un folleto de cincuenta páginas, en la imprenta de
Rafael.
114

correspondencia con los insurgentes, y otros varios fueron también perseguidos en adelante.
Aunque por entonces el virrey nada manifestó acerca de las elecciones, al acercarse el fin de
Diciembre, interpelado por el ayuntamiento que debía cesar para que aquellas se hiciesen, e
igualmente por algunos de los electores, dispuso que quedasen suspensas, continuando hasta nueva
orden el antiguo ayuntamiento, y también quedó sin efecto todo lo demás de la constitución. Así fue
que esta, jurada con tanta solemnidad y que lo fue hasta por las monjas y los cómicos, apenas
permaneció dos meses en vigor, siendo lo mas extraño que, no obstante haberse suspendido su
cumplimiento, todavía siguieron prestando juramento de observarla, con la misma solemnidad, las
autoridades y cuerpos que no lo habían hecho.
La insurrección recibió grande y poderoso impulso, tanto con la publicación, como con la
suspensión de la constitución. Una y otra cosa dieron pretextos legales en que apoyar el
movimiento: con lo primero, los insurgentes en sus periódicos dijeron, que “el pueblo americano no
tenía más lazos con el pueblo español, que la soberanía que había reconocido en los reyes
conquistadores de estos países. Mudadas por las cortes las bases de la sociedad española, y
despojados los reyes de la soberanía que ejercían cuando conquistaron estos reinos, la asociación de
estos pueblos con los de España para formar un pueblo soberano, era absolutamente voluntaria y no
había título ninguno para forzarlos a ella”. 359 Suspensa después la constitución pretendieron, “que
debían armarse, por haberse violado las leyes que se acababan de jurar, y unas leyes de las cuales
precisamente pendía la pacificación de la América, pues con haber hecho observar la constitución
jurada, si no se extinguía, a lo menos se calmaba en la mayor parte la revolución”, 360 y Morelos
escribiendo a Rayón, hablando de los españoles, decía: “estamos acabando de ver la legalidad de su
conducta; convocaron a elecciones para echarse sobre los electores en Méjico; concedieron licencia
de imprenta para aprehensar a los escritores”, terminando conforme a su afición de copiar textos
latinos, con el siguiente: ¿Quid adhuc desiderare possumus? 361 Las cortes pues habían puesto con la
constitución en manos de los insurgentes, una espada de dos filos que por cualquiera extremo que se
tomase, conducía directamente a sus fines: si la constitución se observaba, esta observancia era muy
favorable a la revolución, y si se infringía, servía de pretexto para ella.
El virrey informó a la regencia de la suspensión de la libertad de imprenta, dando razón en
general de los motivos que había tenido, pero sin remitir el expediente que se había instruido. La
regencia le extrañó este procedimiento y mandó al consejo de Estado le consultase sobre la
conducta del virrey y audiencia, y sobre las causas que alegaban para haber suspendido la
constitución.362 Los diputados americanos, alarmados por estas ocurrencias, presentaron el 11 de
Julio de 1813 una exposición firmada por treinta y uno de ellos, que leyó Ramos Arizpe, pidiendo a
las cortes que la regencia diese cuenta de todo lo acaecido. 363 Hízolo así el 23 del mismo mes,
informando que el consejo de Estado consultaba, que era conveniente diferir el tomar resolución,
hasta tanto se recibiesen nuevos datos, y aunque confesaba no resultar probado abuso grave de
libertad de imprenta, era sin embargo de opinión, que seria peligrosísimo revocar la providencia de
la suspensión, la que debía subsistir hasta que las circunstancias variasen, 364 habiendo sido en
concepto del consejo, acertada y prudente. El único americano que a la sazón había en el consejo de
Estado, el conde de Piedra Blanca, fue de parecer, que tanto el virrey como la audiencia habían
incurrido en responsabilidad, la que debía exigírseles en la forma prescrita por las leyes; pues si se
comenzaba por autorizar las infracciones de constitución en América, seguirían luego en España y

359 Correo del Sur n. 31, citado por la audiencia en su representación.


360 Idem núm. 20 idem.
361 Oficio de Morelos a Rayón, de 15 de Enero de 1813. El escribiente de que se servía Morelos no sabía escribir
latín, y todos los textos en esta lengua que copia, son de letra del mismo Morelos.
362 P. Mier, tom. 2.º fol. 692 y siguientes.
363 Diario de cortes tom. 21 fol. 19. No firmó la exposición Pérez de Puebla, aunque la suscribieron Ostolaza y otros
de los mas conocidos por serviles.
364 Diario de cortes del 24 de Julio tom. 21 fol. 195. Es de notar que el P. Mier en la citación que hace de este informe
del consejo, altera su letra y sentido notablemente, añadiendo especies que no se hallan en dicho informe.
115

en pos de ellas vendría la anarquía y la pérdida de la libertad. D. Antonio Ranz Romanillos,


entonces consejero de Estado, y que cuando lo era de hacienda estuvo encargado en Sevilla por la
junta central de presentar un proyecto de constitución sobre el cual se formó el de las cortes, hizo
voto particular opinando “que debía suspenderse la libertad de imprenta en Nueva España, hasta
que los disidentes hubiesen depuesto enteramente las armas, y fuese respetado y obedecido el
gobierno establecido por la nación toda”.365
La junta de censura de Méjico dio también aviso a la suprema de Cádiz, de que el virrey no la
había consultado para la suspensión de la libertad de imprenta, ni se habían pasado a su calificación
mas que dos impresos, de los cuales uno era un Diario de Méjico con un epigrama en que se decía,
que muchos militares salían pobres a campaña y volvían ricos y sin heridas, sobre lo que hizo se
diese una satisfacción por esta injuria, y un número del Pensador, que devolvió por no habérsele
pasado por el conducto debido. La junta suprema, en que había dos o tres americanos, representó a
las cortes en 24 de Julio, manifestando la escandalosa suspensión de la ley de imprenta hecha por el
virrey y audiencia de Méjico, a pretexto de abusos que a la junta parecieron muy pocos y bastante
frívolos, sin duda porque como la audiencia decía en su representación a las cortes, la distancia y el
no tener presentes las circunstancias del momento, hacen ver y apreciar diversamente las cosas, y
extendiéndose sobre lo peligroso que es que las autoridades subalternas se abroguen una facultad
tan propia de la soberanía, como es suspender las leyes, concluía pidiendo se pusiese el remedio
necesario, para que no se repitiesen tales atentados. Todo pasó a una comisión cuya mayoría opinó
como el consejo, que en Méjico no debía haber, mientras durase la revolución, más que un régimen
militar y fue autorizarlo el no impedirlo. Las cortes y la regencia habían acabado por convencerse
de que nada se adelantaba en las provincias sublevadas de América a fuerza de concesiones, y que si
podía evitarse de alguna manera su pérdida, sólo había de ser obrando con energía y mandando el
mayor número de tropas que posible fuese, dándoles para ello nuevo aliento el aspecto de los
negocios en Europa.
Cuando más agraviados y exasperados se hallaban los españoles de Méjico, con los impresos
que iban saliendo durante la libertad de la imprenta, tanto mayor fue el aplauso y entusiasmo con
que recibieron las noticias de la batalla de Salamanca y sus consecuencias, que llegaron en aquellos
días. Por la completa interceptación del camino de Veracruz, las comunicó el comandante de
Tampico D. Antonio de Piedrola, conduciéndolas el P. agustino Fr. Manuel Ugalde, que pudo
atravesar con mucho riesgo por caminos extraviados por la sierra, entre las muchas partidas de
insurgentes que en todas partes había. Recibiéronse en Méjico el 21 de Noviembre, 366 y el 23 se
celebraron con solemne misa de gracias, con asistencia de todas las autoridades, estando formadas
en la plaza todas las tropas de la guarnición.367 Al religioso que las condujo lo nombró su provincia
predicador jubilado, proponiéndolo para maestro supernumerario y para el primer curato que
vacase.368
Por efímera que fuese la duración del régimen constitucional, que se fue conservando, aunque
con muy incompleta observancia hasta que en España cesó, las impresiones que dejó en los espíritus
fueron profundas y duraderas, porque fueron las primeras de esta naturaleza que recibieron, y
funestos sus efectos que todavía se perciben. Aquel desorden extremo de las elecciones populares,
fue la norma de todas las que durante algunos años se hicieron después de la independencia, y
cuando al cabo de mucho tiempo se logró darles alguna regularidad, ésta se tuvo por restricción de
la libertad del ciudadano, y todavía en tiempos posteriores se ha vuelto al mismo desorden, como si
se hubiese conseguido un triunfo en favor de los principios liberales. Los diversos grados de

365 Romanillos fue hombre de letras muy distinguido: tradujo del griego las vidas paralelas de Plutarco, no traducidas
antes en casteltano, y este gusto de la lengua y literatura griega parece haber sido hereditario en su familia, pues su
hijo político D. José del Castillo y Ayenta, ha traducido en verso castellano a Anacreón, Safo y Tirteo, dedicando
su traducción a la reina de España Doña Cristina, cuarta mujer de Fernando VII.
366 Gaceta extraordinaria de aquel día, núm. 321 tom. 2.º fol. 1235.
367 Id. de 24 de Nov. n.322 f. 1245.
368 Id. de 1.º de Diciembre, núm. 325 fol. 1267.
116

sufragio que la constitución española establecía, han sido conservados en todas las constituciones
sucesivas, y las elecciones pasando por todos ellos, vienen a ser el resultado de las multiplicadas
confabulaciones entre los intrigantes de los diversos partidos, sin que el pueblo, cuyo nombre
siempre se toma, tenga en ellas ni aun siquiera la parte de conocer a aquellos que se dicen sus
representantes, viniendo a ser por esto del todo imaginario un sistema, para el cual no hay
elementos ningunos en el país en que se ha querido establecer. Las teorías lisonjeras que suponen
que los cuerpos representativos se forman de los hombres más distinguidos de la nación por su
probidad y por sus luces, los cuales animados de los más puros deseos, discuten con libertad las
materias que se someten a su examen, para votar con acierto lo que es más ventajoso para el país,
según las luces que la deliberación ha hecho nacer, todas se han desvanecido, cuando la experiencia
ha manifestado que no requiriéndose para ser diputado o senador, las calidades que la misma
constitución española exigía aunque para un tiempo futuro, se consideran frecuentemente estos
puestos como medios de vivir y hacer fortuna, recayendo a veces las elecciones en sujetos tales, que
un hombre de buen sentido no les confiaría, no ya la delicada facultad de intervenir en las materias
más difíciles e importantes de la república, pero ni aun la administración del más trivial de sus
intereses. Las deliberaciones con tales elementos vienen a ser un campo de personalidades, o sin
deliberación alguna se vota como por papeleta, según la orden que sus adictos reciben del que los
hizo nombrar, o de algún oráculo oculto que dirige los hilos de la trama, y como también se ha
conservado aquella inmensa extensión de facultades que los constituyentes de Cádiz dieron a su
congreso, resultando de aquí la imposibilidad de desempeñar tantas atribuciones, el tiempo de las
sesiones se pierde en asuntos insignificantes, prefiriendo los personales o recomendados, en
perjuicio de los intereses generales que son siempre desatendidos, y no pudiendo el gobierno dar
paso sin la intervención del congreso aun en los casos más ordinarios, según estrecha la dificultad,
se conceden al ejecutivo facultades de tal manera extensas e ilimitadas, que le hacen pasar de un
golpe de la más completa nulidad al último grado de despotismo, el cual se ejerce entonces de la
manera más extravagante. En España estos defectos de la constitución de 1812 han sido conocidos y
en gran parte remediados: en Méjico se conservan en toda su extensión, sin que los legisladores
hayan atinado todavía con algún medio de corregirlos, y de aquí procede el descrédito completo en
que han caído unas instituciones, que no se consideran bajo otro aspecto que como la fuente y
origen de todos los males que el país padece, cuando reducidas a los términos que la razón y las
circunstancias exigen, hubieran debido ser el medio de hacer provechosa y benéfica la
independencia.
117

CAPÍTULO II.
Continuación de la tercer campaña de Morelos.—Ataque del rancho de la Virgen y muerte de Trujano.—
Expedición de Morelos a la hacienda de Ozumba.—Acción del Ojo de agua y muerte del cura Tapia.—Ataque y toma
de Orizava.—Acción de las cumbres de Aculcingo.—Marcha Morelos a Oajaca y entretanto ocupan los realistas a
Izúcar y Tehuacán.—Ataque y toma de Oajaca.—Son fusilados el teniente general Saravia, Régules, Ronavia, Aristi y
un muchacho guatemalteco.—Disposiciones de Morelos.—Reflexiones sobre esta campaña.

El establecimiento de la constitución española en Méjico, su publicación e inmediata


suspensión de las más importantes de sus disposiciones, han entretenido por largo tiempo nuestra
atención, apartándola de las operaciones militares, habiendo dejado al acabar el libro cuarto a
Morelos ocupando el punto ventajoso de Tehuacán de las Granadas, desde el cual podía hostilizar
en todas direcciones a las tropas del gobierno, escogiendo a su placer el rumbo que más conviniese
a sus miras: vamos a seguirlo ahora en las diversas operaciones que forman su tercera y más
memorable campaña.
Para proveerse de víveres tomándolos en las haciendas inmediatas a Tehuacán, destacó a
Trujano con una fuerza de trescientos a cuatrocientos hombres, el que llegó con ella el 4 de Octubre
al rancho de la Virgen, entre Tlacotepec y Tepeaca, camino de Tehuacán a Puebla. Hallábase
ocupando a Tepeaca la división de vanguardia del ejército a que se había dado el nombre del Sur,
compuesta de algunos soldados de marina, batallón de Guanajuato y lanceros de S. Luis, todo a las
órdenes del teniente coronel D. Saturnino Samaniego, comandante del mismo batallón de
Guanajuato.369 Informado este jefe por sus espías de la llegada de Trujano, dispuso salir con cautela
a las dos de la mañana del día o con trescientos hombres y un cañón ligero, con el fin de
sorprenderlo en su misma posición. Consiguiólo y Trujano trató de defenderse en la casa del rancho
que era espaciosa y fuerte, coronando la azotea con su gente; pero Samaniego, habiendo logrado
colocar la suya' debajo de los fuegos de la azotea, arrimando sus soldados a la pared, situó el canon
frente a la puerta e hizo pegar fuego a esta y a la tienda; el humo sofocante que exhalaban las
materias grasosas que la tienda contenía, puso a Trujano en la necesidad de salir, e intentando
romper a viva fuerza por entre la tropa que defendía la puerta, cayó muerto de dos balazos y
también murieron los mas que lo seguían. Samaniego, herido en una pierna de que quedó cojo,
habiendo tenido alguna pérdida de los suyos y viendo acercarse por las alturas inmediatas un
número considerable de gente que venía en socorro de los sitiados, dejó el edificio en llamas y se
volvió a Tepeaca, sin que hubiesen llegado con oportunidad los auxilios que le mandó Llano, luego
que supo el empeño en que se hallaba.
Para Morelos fue de mucha importancia la pérdida de Trujano, pues era hombre de valor y
resolución, de que había dado señaladas pruebas en el sitio que sostuvo en Huajuapán. Era mulato
de nacimiento y de ejercicio arriero; la revolución sacándolo de esta humilde profesión, lo dio a
conocer como hombre que tenía todas las calidades que se necesitan para la guerra. Morelos lo hizo
enterrar en Tehuacán con los honores militares, así como también al capitán Gil que murió con él.
En el cadáver de Trujano se encontró una carta de Morelos que recogió Samaniego y mandó Llano
al virrey, en la que le prevenía, que para poner remedio con severos ejemplares en los robos que
cometían los que seguían el partido de la insurrección, publicase por bando, que sería castigado con
la pena capital todo el que robase el valor de un peso; que siendo muchos los que hubiesen
cometido el robo, serían diezmados, fusilando a los que les cayese la suerte, condenando a presidio
a los que quedasen exentos de ella y a los que hubiesen cometido robos de menor cuantía. 370 La
insurrección se habría quedado sin la mayor parte de sus secuaces si esta orden hubiera tenido su

369 Véase el parte de Llano en la gaceta de 13 de Octubre, tom. 3.º núm. 301 fol. 1079, y Bustamante Cuadro
histórico tom. 2.° fol. 180. Debo advertir que aunque Bustamante pretende ser falso cuanto se dice en el parte de
Llano, me ha sido confirmado por D. Benigno Bustamante,sujeto juicioso y veraz que estuvo en la acción.
370 Bustamante copia la carta que dice existe en el archivo general entre los papeles de la antigua secretaríadel
vireinato; no la he visto.
118

cumplimiento, pero hubiera ganado mucho en crédito y los que le hubiesen quedado, habrían sido
más útiles que las turbas desordenadas que devastaban el país, sin provecho como sin objeto,
De las barras de plata cogidas por Osorno en Pachuca, hemos visto en su lugar que fueron
destinadas ciento a Morelos, las que habían quedado en poder de Osorno, y aunque se le había
ofrecido diversas veces situárselas donde quisiese, el envío nunca llegaba a verificarse. 371 Tomó por
esto la resolución de ir a recibirlas él mismo, con cuyo objeto salió de Tehuacán (13 de Octubre) y
pasando por San Andrés Chalchicomula, se dirigió a la hacienda de Ozumba, distante legua y media
de Nopalucan, donde se le entregaron las barras que fueron ciento y diez. La marcha la dispuso con
tal reserva, según lo hacía en todas sus operaciones, que escribiendo al presidente de la junta Rayón,
la víspera de su salida, no le manifiesta el objeto de ella, diciéndole solamente que no podía
extenderse como a lo ordinario, por tener que hacer el día siguiente una marcha importante. Por los
mismos días se había reunido en Amozoque, a la salida de Puebla, un convoy a las órdenes del
teniente coronel D. Mariano Rivas, el cual debía pasar a Perote escoltando las mulas de carga y tiro,
para conducir la artillería gruesa y sus pertrechos detenidos en aquella fortaleza, y llevar dinero y
otros efectos para poner en movimiento los regimientos de Zamora y Castilla venidos de España,
que no habían salido de Jalapa por su falta, habiéndose agregado además gran número de pasajeros
y cargas de particulares. El brigadier Porlier, que con los restos del batallón de marina, reducido a
menos de la mitad de su fuerza, había ido a Puebla con el fin de seguir a Veracruzpara embarcarse y
llevar correspondencia para España, se unió al convoy que con toda la fuerza y carga junta salió de
Amozoque el 15. Llano, sabiendo el movimiento de Morelos sobre S. Andrés, dio orden para que
regresase a Amozoque, y reforzó su escolta con el batallón de Asturias, previniendo al mismo
tiempo que el teniente coronel D. Luis del Águila, actualmente marqués de Espeja, oficial del
Estado mayor acreditado por su instrucción y conocimientos, que había llegado poco tiempo hacía
de España, fuese a tomar el mando de las tropas de la vanguardia que estaban situadas en Tepeaca, y
llamase con ellas la atención de Morelos por S. Andrés, obrando en combinación con el comandante
del convoy, para asegurarla marcha de este. Águila, habiendo conferenciado con Porlier, y creyendo
impracticable obrar en combinación cuando las comunicaciones eran tan difíciles por la
interceptación de los caminos, dispuso unir sus tropas a las del convoy, tomando Porlier el mando
de todas, como jefe de mayor graduación.372 La marcha hasta Nopalucan fue sin tropiezo, pero en
aquel pueblo se tuvo aviso de que Morelos se hallaba en Ozumba, resuelto a atacar al convoy. Poco
después de haber este pasado el santuario de S. José Chiapa, en la mañana del 18 de Octubre, se
presentaron por su retaguardia las fuerzas de Morelos en tres columnas: el convoy, compuesto de
mil quinientas mulas cargadas, nueve coches y cinco literas, se colocó en una loma de suave
declive, contigua al camino, cuya frente estaba cubierta por milpas y la mulada defendida de la
caballería por un tunal, protegido todo por el batallón de la Unión: las demás tropas cubrieron las
avenidas por donde se dirigían las columnas de ataque de Morelos. Una de éstas, al mando de D.
Hermenegildo Galiana, dando un largo rodeo intentó un ataque falso por la retaguardia, pero fue
fácilmente rechazada.
Entre tanto la acción se empeñó por el frente, y habiendo cargado con vigor una de las
columnas de Morelos, fue recibida con serenidad por el teniente coronel D. Pedro Otero, que
mandaba una parte del batallón de Guanajuato, en cuyo auxilio cargaron doscientos caballos, que a
las órdenes de D. José Morán quedaron en la llanura para atender a donde conviniese: los
insurgentes desconcertados se pusieron en fuga abandonando tres cañones, uno de los cuales quedó
cargado, y los soldados de Guanajuato lo volvieron y dispararon contra el enemigo, cayendo muerto
con el tiro el coronel cura Tapia. El convoy siguió su marcha a Ojo de agua, maniobrando Águila

371 Sobre este y otros puntos concernientes a Morelos, véase en el apéndice núm. 7 el extracto de su correspondencia
con Rayón, que dará al mismo tiempo más clara idea de su carácter y opiniones.
372 Gaceta de 29 de Octubre núm. 308 fol. 1135, y Bustamante Cuadro hist . tom. 2.º fol. 184. En todo lo relativo a las
campañas de Morelos, mi principal autoridad es el mismo Morelos en las declaraciones de su causa, pero no son
tan extensas como sería de desear, y siempre es menester ocurrir a otras fuentes, para dar una idea completa de los
sucesos de que habla. Véase también sobre esto su correspondencia con Rayón en el apéndice núm. 7.
119

para protegerlo con los batallones de la Unión, Asturias y Guanajuato por escalones, mas por
acostumbrar a las tropas a este género de operaciones, como en un ejercicio doctrinal, que porque
hubiese necesidad de ello. Morelos logró reunir y rehacer su gente al abrigo de una altura y se retiró
a Tehuacán, habiendo conseguido el intento principal de su movimiento, que era recoger las barras
de plata, pues el ataque del convoy fue cosa accidental y que no entraba en su plan, aunque los
realistas, que ignoraban el verdadero motivo de su marcha la atribuían a avisos que había recibido
de sus confidentes en Méjico y Puebla de la salida de aquel: su pérdida de gente fue de poca
importancia, aunque Águila en sus partes con la exageración acostumbrada, la hace subir a
seiscientos hombres. La de los realistas fue todavía menor.
Llegado el convoy a Perote, Porlier siguió a Jalapa con los marinos para proporcionar su paso
a Veracruz, habiendo tenido que demorarse mucho tiempo en aquella villa, por lo cerrado y difícil
del tránsito. El convoy volvió a Puebla con los efectos que había ido a tomar a Perote, custodiado
por el regimiento de infantería de Zamora, al mando del coronel D. Rafael Bracho; Águila con toda
la división de su mando se aproximó a S. Andrés, para observar a Morelos, cubriendo la marcha del
convoy por la izquierda, y con el falso aviso de que aquel había huido, volvió a incorporarse al
convoy en Ozumba. Entre tanto, Tepeaca que había quedado con una corta guarnición a las órdenes
del capitán Yurami. fue atacada, y aunque los realistas no pudieron sostenerse en las calles y plaza,
se retiraron al convento de S. Francisco, donde rechazaron a los insurgentes que les habían intimado
la rendición, y fueron oportunamente socorridos por ochenta granaderos de la Columna y otros
tantos jinetes que mandó Llano en su auxilio, a las órdenes del teniente coronel Echagaray.373
Morelos entonces, libre de todo riesgo de ser atacado por el lado de Oajaca, en donde solo se
tomaban disposiciones de defensa,374 y alejado Águila con el convoy, calculó con acierto que tenía
tiempo para echarse sobre Orizava, defendida por una corta guarnición, y cuyos habitantes tenía
motivo para creer que estaban bien prevenidos en su favor y que lo recibirían con benevolencia. 375
Marchó pues allá sin detenerse, y el 29 de Octubre a las ocho de la mañana se presentó con mil
doscientos hombres por la garita del Molino, ocupando el punto dominante del cerro del Carnero.
La guarnición se defendió con resolución durante dos horas, pero muerta mucha parte de ella, el
coronel D. José Antonio Andrade que la mandaba, tuvo que retirarse a Córdoba, abandonando seis
cañones y porción de armas, y en su retirada fue vivamente perseguido hasta medio día: la tropa que
no pudo seguir a Andrade quedó prisionera, y como frecuentemente sucedía en tales casos, se alistó
voluntariamente en las banderas del vencedor. Los oficiales prisioneros fueron pasados por las
armas, entre ellos el capitán Melgar y un joven Santa María, veracruzano, hermano de D. Miguel,
que hecha la independencia fue plenipotenciario de Méjico en España y firmó con el ministro
Calatrava el tratado del reconocimiento de aquella: este desgraciado joven había sido cogido en la
acción de S. Agustín del Palmar y por no ser fusilado fingió tomar partido con Morelos, quien se
propuso sacar la ventaja de que diese instrucción a su gente, pero en la primera oportunidad que se
le presentó, huyó y volvió a las banderas del rey: cogido ahora nuevamente y condenado a perder la
vida, una señorita principal de la villa con quien estaba tratado de casar, presentó para librársela un
memorial a Morelos, quien puso fríamente al margen el decreto: “escoja otro novio más decente”.
El clero y varios vecinos principales se interesaron para salvar a los prisioneros; Morelos dio una
contestación evasiva, y mientras se celebraba en la parroquia la misa de gracias y Te Deum, con
asistencia del mismo Morelos, fueron aquellos fusilados en la plaza contigua.376
No era el objeto de Morelos permanecer en Orizava, sino sólo privar al gobierno del recurso
que le proporcionaba el tabaco que allí tenía, que era casi la única renta con que entonces contaba.377

373 Gaceta de 29 de Octubre núm. 308 fol. 1141.


374 Idem de 7 de Noviembre número 314 fol. 1184; id. de 17 de Noviembre núm. 318 fol. 1211 con el parte
circunstanciado de Águila. Bustamante tom. 2.º fol. 190.
375 Así lo dice él mismo en su causa.
376 Me ha dado todos estos pormenores el Lic. D. Rafael Argüelles, vecino distinguido de Orizava que acompañaba a
Morelos, de quien fue secretario.
377 Todo lo que está señalado entre comillas, es tomado a la letra de la declaración de Morelos en su causa.
120

“Había en los almacenes porción muy considerable de él en rama y cuatrocientos cajones labrados:
de estos mandó cargar por sí mismo o por su gente doscientos cajones, y el resto, con el total en
rama, después de devuelto a los dueños o cosecheros el que reclamaban, mandó quemarlo y sin
esperar a cerciorarse de que su orden tuviese cabal cumplimiento, pues solo permaneció cuarenta
horas en Orizava, vio al retirarse el humo que se levantaba de las hogueras”. La pérdida que el
gobierno sufrió fue muy considerable, aunque Morelos la exageraba demasiado, cuando escribiendo
a Rayón (carta de 2 de Noviembre en Tehuacán) le dice: “En la quema de tabacos de Orizava, que
se componía de catorce millones almacenados, hemos quitado siete años de guerra, que sin duda
nos mantendría el enemigo con estos fondos.”
Por grande que fuese la diligencia de Morelos, no pudo evitar a su regreso el encuentro con
las tropas realistas. Águila al primer aviso del movimiento de aquel sobre Orizava, se puso en
marcha con una fuerza de 1250 hombres de Marina, Granaderos, Asturias y Guanajuato de
infantería, y dragones de Méjico, Puebla y San Luis de caballería con tres piezas de artillería, 378 y el
comandante general de Puebla Llano, dispuso siguiesen a reforzarlo el batallón de Zamora mandado
por Bracho, ciento cincuenta dragones de España y otras tres piezas, quedando en Tepeaca Rivas
con 300 hombres para conservar abiertas las comunicaciones; 379 todo lo cual prueba cuan respetable
se había hecho Morelos, pues para ir en su busca se creían necesarias tantas fuerzas y obrar con
tantas precauciones.
Águila forzando las marchas llegó a la cañada de Iztapa el 31 de Octubre, en cuyo día salió
Morelos de Orizava, dejando en la villa una pequeña guarnición a las órdenes de Rocha. El 1.° de
Noviembre día de Todos Santos, salió Águila de Iztapa, creyendo encontrarse con Morelos a cada
paso, aunque sin noticia cierta de él; tampoco la tenía éste de aquel y al amanecer del mismo día
emprendió también su movimiento. El terreno va subiendo gradualmente de Iztapa hasta las
primeras cumbres, desde las cuales una bajada practicada con maestría y mucho costo, a expensas
del consulado de Méjico, conduce por un suave descenso dando siete vueltas en el declive de la
áspera montaña, al puente Colorado en que se separa el camino de Orizava del que sigue a
Tehuacán, que era el que Morelos iba a tomar. Águila llegó hasta el puente sin encontrar al enemigo
que buscaba, pero avisado que se descubría en lo alto de las segundas cumbres, a las que se sube
por una cómoda cuesta, precipitándose luego la bajada hasta el pueblecito de Aculcingo que les da
su nombre,380 hizo avanzar sus fuerzas en dos columnas, la una compuesta de los batallones de
Asturias y Guanajuato, por una garganta que corre a la izquierda, paralela al camino real, para caer
sobre el costado derecho del enemigo, y la otra por la calzada del camino, haciendo que la tropa de
marina se hiciese dueña de una loma que quedaba a la derecha. Morelos ocupaba en lo alto de las
cumbres una ventajosa posición, con su gente formada en batalla en dos líneas y la artillería
enfilando el camino real, con la que rompió el fuego luego que Águila con su columna se puso a su
alcance. Este sin esperar a la columna de la izquierda, hizo que su caballería, sostenida por los
granaderos cargase al enemigo; llegó entre tanto aquella, y los insurgentes abandonando su primera
línea y la artillería que en ella tenían, se replegaron sobre la segunda. En esta la acción fue mas
reñida: los dragones de Méjico tuvieron que cejar, y al teniente coronel Morán que los mandaba le
mataron el caballo y lo mismo aconteció a D. Manuel Flon, hijo del conde de la Cadena, que iba al
frente de un escuadrón de Puebla. Mientras esto pasaba en las Cumbres, las mulas cargadas con
tabaco, los soldados dispersos que habían tomado cantidad de este en el saqueo de los almacenes, y
la multitud de mujeres y allegadizos que acompañaban a la tropa, que también iban cargados de él,
escapaban a la deshilada hacia Tehuacau por caminos de travesía. Hizo lo mismo Morelos y su
tropa, cuando forzados en la segunda línea tuvieron que huir, habiendo señalado por punto de
reunión el pueblo de Chapulco, camino de Tehuacán. Galiana, cuyo caballo había muerto, se vio en
gran riesgo de ser cogido por los realistas, y salvó la vida ocultándose en el hueco de un tronco de
378 Parte de Águila, gaceta de 17 de Noviembre núm. 318 fol. 1211.
379 Parte de Llano, gaceta de 7 de Noviembre núm. 314 fol. 1185.
380 He tomado este detalle del parte de Águila, gaceta de 17 de Noviembre ya citada,habiéndome cerciorado de su
exactitud por D. Benigno Bustamante, que acompañó a Águila en esta acción en calidad de ayudante.
121

alcornoque. Túvosele por muerto y por tal lo dio Águila en su parte, y Morelos lo creyó también,
hasta que lo vio volver el día siguiente.
Morelos, según la relación que de esta acción hizo en las declaraciones de su causa, no tenía
en ella más que ochocientos hombres, de los cuales perdió unos cuarenta, su artillería, que consistía
en siete piezas de fábrica del rey y cuatro de las de los insurgentes, algunas municiones y útiles de
zapa y pocos fusiles. Los realistas eran en mayor número; su pérdida se redujo a siete muertos y
veinticinco heridos, contándose entre estos de gravedad, el capitán de granaderos de Asturias D.
Miguel Menéndez, que mandaba el cuerpo. Águila en su parte a Llano, presenta la acción como una
derrota completa de Morelos; aun corrió la voz de que este había sido herido y Arroyo muerto, pero
en realidad el suceso no fue de grande importancia, habiendo recogido el día siguiente Morelos
quinientos de los dispersos, con los que entró en buen orden en Tehuacán, salvando casi todos los
fusiles, que era lo que mas le interesaba. Con dos o tres horas más de retardo en la llegada de
Águila, Morelos habría logrado todo el fruto que de su expedición a Orizava se había propuesto,
pues habría ocupado el puente Colorado y tomado el camino real de Tehuacán, antes que aquel
hubiese traspuesto las primeras cumbres. También hubiera podido evitar el encuentro con Águila,
tomando desde Onzava el camino de Zongolica, pero quizá no lo hizo por la dificultad de conducir
por él artillería, que habría sido menester arrastrar a brazo, lo que para él no era gran obstáculo,
contando en todas partes con los indios; mas acaso no creyó probable que Águila llegase tan presto.
Éste, sin empeñarse en seguir a Morelos, se dio prisa en llegar a Onzava, en donde entró sin
dificultad, habiendo abandonado la villa a su aproximación la corta guarnición que allí había
quedado. Inmediatamente destacó doscientos infantes y cincuenta caballos que fuesen a Córdoba en
auxilio de Andrade, hallándose este empeñado entre varias partidas que habían atacado aquella
población, de donde regresó a Orizava el día 4.
Sólo una semana permaneció Morelos en Tehuacán, entretanto se le reunían las fuerzas de
Matamoros y de D. Miguel Bravo que había dado orden marchasen a aquel punto, para dirigirse con
todas sobre Oajaca. Matamoros, abandonando a Izucar, que por entonces no tenía interés alguno en
conservar, condujo dos mil quinientos hombres de todas armas que había organizado en aquel
punto: D. Miguel Bravo llevó dos mil de la Mixteca, que con los quinientos recogidos de la
dispersión de las cumbres de Aculcingo, formaban un total de cinco mil hombres, con los cuales y
cuarenta cañones de todos calibres se puso en marcha, 381 haciendo dudar con astucia la dirección
que tomaba, pues los unos creían que iba a Oajaca, otros que a la costa del Sur, y en una carta que el
mismo Morelos escribió desde Cuicatlan al cura Sánchez, que había quedado con poca fuerza en
Tehuacán, con fecha 17 de Noviembre, le dice que por el mucho calor y falta de víveres, presto
volvería a Tehuacán para dirigirse a Puebla.382 A Matamoros lo nombró su segundo, prefiriéndolo a
Galiana por no saber éste escribir, y a ambos dio el empleo de mariscales de campo. En su
permanencia en Tehuacán tuvo no pequeñas dificultades con el visitador Martínez que Rayón envió,
no siendo menores las que le causaron otros jefes de los insurgentes por su insubordinación y
excesivas pretensiones, de todo lo cual habla extensamente en su correspondencia con Rayón.383
Entretanto Llano, hizo marchar sobre Izucar a Bracho, que con el batallón de Zamora había
llegado a Puebla, llevando consigo las compañías de granaderos y cazadores de su cuerpo y algunas
otras fuerzas, con las que salió de Atlixco el 14 de Noviembre, y en el mismo día ocupó aquel
pueblo sin resistencia, como que había sido abandonado por Matamoros que había hecho destruir
las obras de fortificación y estaba además casi desierto, por haber salido los habitantes, temerosos
de los rigores que los realistas pudiesen ejercer sobre ellos. 384 El día 21 del mismo mes entró Águila
en Tehuacán sin oposición, habiéndose retirado Sánchez, abandonando algunos cañones y artículos
de maestranza,385 con lo que quedaron bajo la autoridad del gobierno estas importantes poblaciones
381 Está sacado de las declaraciones de Morelos.
382 Se publicó esta carta que halló Águila en Tehuacán, en la gaceta de 28 de Octubre núm. 324 fol. 1260.
383 Véase en el núm. 7 del apéndice lo relativo a estos incidentes.
384 Gaceta de 21 de Noviembre número 320 fol. 1231.
385 Idem de 28 de Noviembre número 324 fol. 1260.
122

de la provincia de Puebla, concediéndose el indulto a los habitantes que lo pidieron; Llano atribuyó
a la victoria ganada sobre Morelos en las cumbres de Aculcingo, la ocupación de estos dos puntos, y
aunque es dudoso que Morelos hubiese podido sostenerse en ellos, el abandonarlos fue más bien el
resultado de sus nuevas combinaciones.
Siguió Morelos su marcha a Oajaca con mucha lentitud, pues tardó catorce días en llegar
desde Tehuacán a una hacienda distante tres leguas de la ciudad, en la que acampó el 24 de
Noviembre.386 La causa de tanta demora fueron las dificultades del camino, en el que era menester
conducir la artillería a brazo, habiendo que pasar ríos, uno de ellos muchas veces, llamado por esto
de las vueltas, que en aquella estación estaban todavía crecidos, pues no tuvo el menor encuentro
con los realistas, que no intentaron defender ninguno de los muchos puntos que presentaban para
ello grandes comodidades, y solo hubo ligeras escaramuzas al acercarse a la ciudad, con guerrillas
que de ella salieron y que fueron pronto batidas y obligadas a volver a encerrarse dentro de las
fortificaciones. En la construcción de estas se había procedido bajo un plan bien dispuesto y
aprobado por el gobierno: un catalán inteligente en fundiciones había hecho treinta y seis cañones
de diversos calibres, granadas y otros proyectiles; había abundancia de municiones, muchas de las
cuales se habían traído de Guatemala, y la gente armada no bajaba de dos mil hombres, entre los
españoles del lugar y contornos, los eclesiásticos que el obispo había levantado, formada la tropa en
la ciudad, y la que había vuelto con Régules de Huajuapán y la Mixteca. No faltaba, pues, nada de
lo que podía ser necesario para una bien sostenida defensa, aunque Saravia, desconfiando de los
elementos de resistencia con que contaba, no había cesado de pedir auxilios al virrey, haciéndole
llegar avisos del apuro en que se hallaba, para lo que se valió de mil arbitrios para hacerlos pasar
entre los insurgentes, expresándose de una manera que no pudiesen comprenderlos si caían en sus
manos.387
Luego que se entendió en Oajaca que Morelos se dirigía allá, el obispo Bergosa, arzobispo
electo de Méjico, que había permanecido allí como hemos visto, no obstante su nombramiento para
la metropolitana, resolvió ponerse en salvo pasándose al convento de Santo Domingo, del que salió
ocultamente de noche, tomando con su familia y caudales el camino de Tehuantepec, para
trasladarse de allí a Tabasco y por Veracruz pasar a Méjico como lo verificó. Esta fuga del obispo,
que había hecho tantos esfuerzos para animar al pueblo contra los insurgentes por medio de sus
pastorales, y levantando tropas de eclesiásticos y artesanos, debió causar tanto desaliento para la
defensa, como lo causó en S. Blas el precipitado embarque del obispo Cabañas, cuando se acercó a
aquel punto el cura Mercado al comenzar la revolución en la Nueva Galicia. Todos los habitantes
manifestaron igual temor: los conventos de religiosas se abrieron para recibir en ellos a las señoras
que buscaban aquellos asilos, tan respetados entonces, para precaverse de un insulto de los
invasores, y los españoles no menos desconfiados del éxito de la defensa, ocultaban también en
ellos su dinero y cosas de valor.
El 25 de Noviembre por la mañana Morelos intimó la rendición con término de tres horas, y
no recibiendo contestación se acercó a la ciudad y tomó sus disposiciones para el ataque. Dividió
sus fuerzas en seis trozos: dos de estos fueron destinados a cortar la retirada por el camino de
Guatemala; otro a custodiar los bagajes y cubrir la retaguardia; de los tres restantes que habían de
ser empleados mas activamente, el primero mandado por D. Ramón Sesma, tuvo orden de atacar el
fortín formado en la iglesia y convento de la Soledad que domina la población; el segundo a las

386 Todos los hechos principales del ataque y toma de Oajaca, los he tomado de las declaraciones de Morelos; las
gacetas del gobierno no hablan nada de estos sucesos. D. Carlos Bustamante Cuadro hist. tom. 2.º fol 206 y
siguientes, hace una relación muy menuda que podrá consultar quien quiera más pormenores, que me ha parecido
omitir por menos importantes.
387 En un papelito que Saravia dirigió a Llano todo de su letra le decía: “El dador de esta va a saber de la salud del
hermano Frasquito: [sin duda por el virrey que se llamaba Francisco] pues Micaela se halla apurada y necesita sus
auxilios.—González”. El comandante de Tepeaca Rivas le contestó: “Frasquito está bueno, y Micaela será bien
auxiliada, pues va un buen facultativo.—Rivas.” Esto último aludía sin duda a la marcha de Águila a Tehuacán.
Bustamante, Cuadro hist. tom. 2º fol. 225. Copiado de los papeles de la secretaría del virreinato.
123

órdenes de Matamoros y de Galiana debía entrar en la ciudad por la calle del Marquesado, 388 y
Morelos se quedó con el último a sus órdenes inmediatas, formando una reserva para acudir a donde
conviniese. Pasadas, sin recibir respuesta, dos horas mas del término señalado en la intimación
hecha a la ciudad, dio Morelos la orden de ataque, el que comenzó a las once de la mañana. Sesma
con su columna, compuesta del regimiento de S. Lorenzo, marchó contra el fortín de la Soledad:
mandaba su artillería D. Manuel Terán, que había acompañado a Matamoros desde Izucar, y
asestando con mucho acierto los tiros del cañón de a ocho que abandonó Llano en su marcha de
Izucar al sitio de Cuautla y recogió y puso en estado de servicio Matamoros, contra el tinglado del
fortín, al segundo lo hizo caer a tierra, y Sesma cubriendo a sus soldados con la zanja que había sido
abierta alrededor, y que por su mala disposición fue más útil a los asaltantes que a los defensores del
punto, con un fuego vivo desalojó a estos de su posición que abandonaron en desorden, huyendo
Régules que era el comandante, a esconderse en el convento del Carmen. Comunicaba el fortín de la
Soledad con la ciudad por medio de una puerta con puente levadizo, cuya defensa estaba encargada
al coronel Bonavia; éste huyó cobardemente, quedando en el punto un sargento que no alzó el
puente por no dejar en manos de los insurgentes a los soldados que huían de la Soledad. Terán
aprovechando este momento, se apoderó del puente llegando a él mezclado con los fugitivos, y
situando un cañón, barrió con él la calle fronteriza. Al mismo tiempo la ciudad era entrada por
Matamoros y Galiana, avanzando por otros puntos las demás columnas, que en todas partes
hallaban débil oposición; Terán penetró hasta la plaza, dispersando los grupos de fugitivos que
todavía hacían fuego, guarecidos de los pilares de los portales de aquella: Galiana se dirigió a Santo
Domingo, convento muy fuerte y capaz de una larga defensa, en el que se rindieron más de
trescientos hombres, con tres cañones que allí había con corta resistencia, y Matamoros atacó el del
Carmen, desde cuyas bóvedas hacían fuego los religiosos españoles de aquella orden, especialmente
un Fr. Félix, que era capitán de la milicia eclesiástica levantada por el obispo, y también se hizo
dueño de él. González Saravia salió con la caballería de europeos a hacer frente a los insurgentes
que entraban por todas partes, pero los que la componían fueron huyendo sucesivamente, y
encontrándose solo, tuvo que ocultarse en una casa.389 En sólo dos horas de fuego, todo quedó
acabado, “en términos, dice Morelos en sus declaraciones, que a las dos de la tarde ya él estaba en
la plaza mayor, y a las tres, comiendo en la casa de un europeo apellidado Gutiérrez”.
La tropa de Morelos desbandada forzó las puertas de las casas y tiendas de los españoles y
comenzó el saqueo, con los mismos excesos y desorden que por desgracia se repetía en todos los
lugares en que entraban los insurgentes: los conventos y las riquezas depositadas en ellos fueron
respetados, pero después hizo sacar Morelos todo lo que en ellos había perteneciente a los españoles
y lo destinó para los gastos de su ejército, habiendo publicado bando para que todo se presentase,
con lo que recogió grandes sumas de dinero y sobre todo de grana, rico renglón que constituía el
principal comercio de aquella provincia. En el ataque ocurrieron algunos incidentes dignos de que
se conserve su memoria: en él se ve figurar por la primera vez entre los independientes a D. Félix
Fernández, conocido después con el nombre de Guadalupe Victoria, con el que trocó el suyo.
Nacido en Durango, comenzó a seguir la carrera de la abogacía en el colegio de S. Ildefonso de
Méjico, la que dejó por tomar parte en la revolución; lleno en aquel tiempo de resolución y
entusiasmo, se echó a un foso para pasarlo a nado, y Terán que lo vio luchando para salir del fango,
lo dejó malignamente en él390 comenzando desde entonces la rivalidad que entre ellos hubo durante
toda su vida; Fernández, fantástico y extravagante, creyó tiempo después, que conduciría mucho a
inspirar prestigio y confianza a la gente que lo seguía, el adoptar un nombre alusivo a la revolución
y al resultado que en ella esperaba, y tomó el que hemos dicho, lo que comunicó a Terán como un

388 La calle del Marquesado se llama así por el marquesado del valle de Oajaca de la casa de D. Fernando Cortés, que
fue el primero agraciado con este título. Conduce a las villas pertenecientes a éste.
389 Todos estos pormenores los he tomado de Bustamante Cuadro hist., y como que era poco aficionado a Terán, no
parecerá parcial la relación de sus hechos, como hubiera podido creerse en mi pluma. Bustamante pudo
informarse originalmente en Oajaca, a donde llegó poco después de los sucesos.
390 Me lo refirió el mismo Terán, así como lo relativo al cambio de nombre.
124

gran golpe de política, y Terán, hombre dotado de talento muy sólido y que se burlaba de bagatelas,
le contestó fingiendo aprobar la idea y que la admitía para sí mismo, proponiéndose llamarse en
adelante “Américo Triunfo”. Así desde estos principios iban formándose las rivalidades que habían
de ser un día tan perniciosas a la república. Morelos en esta ocasión manifestó como en todas, aquel
valor calmoso, sin entusiasmo, sin ardimiento que era su carácter: colocado cerca de la batería
desde la que Terán estaba batiendo el fortín de la Soledad, las balas con que el fortín respondía
pasaban cerca de él mientras almorzaba, pues siempre en las grandes ocasiones y en los mayores
peligros su apetito se despertaba, y no hizo más que apartarse un poco, sin dar muestra alguna de
alteración.391 Morelos estaba siempre dispuesto a volver a sus enemigos mal por mal y sangre por
sangre, y no quiso dejar de hacerlo en esta ocasión en que las represalias recaían en los jefes
españoles de más graduación que habían caído hasta entonces en su poder. Véamos como él mismo
refiere en las declaraciones de su causa, lo que dispuso respecto a los prisioneros que hizo en
Oajaca. “A corto rato, dice, (de estar comiendo en casa de Gutiérrez) le presentaron al comandante
Régules, y a los dos o tres días hicieron lo mismo con el teniente general Saravia, Bonavía y Aristi,
con la circunstancia de que el Sr. Saravia estuvo oculto estos días en la ciudad, y en el que lo
cogieron fue par haber salido a las doce, disfrazado con una sábana. También les sucedió lo mismo
en estos propios días, a doscientos y pico de europeos, unos buenos y otros heridos; a estos los
mandó al hospital, y a los otros, con los cuatro primeros referidos, los puso en la cárcel, con sus
guardias necesarias. Se interesaron por la vida de todos los europeos el canónigo Moreno su
maestro, (lo había sido de gramática latina en Valladolid) algunos otros individuos de aquel clero, y
las familias de aquellos que las tenían; por estos respetos les concedió aquella gracia a los
doscientos y pico que ha dicho, confinando a Zacatula a unos treinta que le pareció que le podían
dañar en lo sucesivo, y a los demás los dejó en la propia ciudad bajo las respectivas fianzas, porque
unos eran viejos, otros creyó que no le harían perjuicio sin mando, y porque con la muerte de todos
no iba a conseguir ninguna ventaja; mas no sucedió así con el Sr. Saravia, Régules, Bonavía y Aristi
y con un muchacho guatemalteco criado del Sr. Saravia, porque a pesar de los empeños de su
maestro, de los de algunos del clero, y de los ruegos y súplicas de las familias, principalmente de la
del Sr. Bonavia, los mandó fusilar en dos parajes de la propia Oajaca, previo el tiempo necesario de
disponerse en la capilla, que les concedió. También hizo como trescientos prisioneros americanos,
de los cuales agregó a sus armas los que consideró útiles. Quedó en su poder toda la artillería que
había en la ciudad que fueron como sesenta cañones, mil fusiles, sin contar otra igual cantidad que
se recogieron en todas aquellas inmediaciones hasta Tehuantepec, por las partidas que destacó para
atacar los puntos fortificados por las tropas del rey.”
Régules fue encontrado en el convento del Carmen, oculto en una caja de muerto, habiéndolo
aprehendido Matamoros, ya porque lo descubrió otro español a quien se prometió la vida con
aquella condición, o porque dio aviso el sacristán; Saravia fue cogido intentando tomar el camino de
Guatemala. Solicitó de Morelos ser tratado con la consideración debida a su grado, y ofreció una
suma considerable porque se le permitiese embarcarse para España, todo lo que se le rehusó:
indignóse por el interrogatorio que le hizo el auditor nombrado por Morelos para formarle causa;
llamó a aquel y a los suyos bandidos y les ofreció el indulto, todo lo que aceleró su ruina.
Condenado a muerte, fue ejecutado con Régules el 2 de Diciembre a las cinco de la tarde en el llano
de las Canteras, donde habían sido ajusticiados al principio de la revolución los insurgentes López y
Armenta: púsose al efecto un tablado tendido de luto en el que fue fusilado Saravia, y al pie del
mismo Régules. Pocos días después sufrió igual pena el comandante de brigada coronel Bonavía en
la plaza de S. Juan de Dios, en la que habían sido ejecutados Palacios y Tinoco, y también fue
condenado a perder la vida un joven guatemalteco, criado o huérfano de Saravia, porque con el
despecho que le causó la muerte de su amo, arrancó de una esquina un bando o proclama de
Morelos. El capitán D. Nicolás Aristi (e), había sido subdelegado de Villalta, a donde había ido a
contener un tumulto; prendiéronlo los indios por antiguos resentimientos, que Morelos creyó deber

391 Lo refiere Bustamante y lo oí al mismo Terán.


125

satisfacer con su suplicio. Fue generalmente sentida la muerte de Saravia, quien se había conducido
en el mando con moderación, y no teniendo otro crimen que el de haber cumplido con su deber,
murió con calma y resolución. No excitaron igual compasión Régules y Bonavía: sufrieron en el
cadalso con ignominia la muerte que hubieran podido evitar defendiendo con valor la ciudad, o que
en un caso desgraciado, hubieran debido recibir con gloria en el campo de batalla. Aristi fue
considerado como víctima sacrificada al resentimiento de los indios, y la ejecución del desgraciado
muchacho guatemalteco no puede mirarse más que como un hecho atroz, con el que Morelos,
entonces coronado con la gloria del triunfo, castigó en el débil y desvalido el amor filial y la
gratitud, virtudes que hubiera debido apreciar y remunerar.
Hizo Morelos quitar de los lugares en que estaban expuestas las cabezas de López y Armenta,
y exhumados sus huesos y los de Palacios y Tinoco, les mandó hacer por el cabildo eclesiástico un
magnífico entierro en la catedral, a que él mismo asistió como primer doliente, haciendo pasear los
cadáveres en una rica caja alrededor de la plaza. También dio en espectáculo a la ciudad al P.
Talavera, que fue hecho prisionero por Paris a las orillas del Quetzala, y a los demás presos que
estaban en el convento de Santo Domingo, haciéndolos pasear a caballo por las calles, con la barba
crecida y en el miserable traje en que estaban en la prisión. Mandó celebrar dos solemnes funciones
de iglesia, a que asistió con la oficialidad de su ejército; la una en la iglesia de Belemitas a la Virgen
de Guadalupe, en que predicó el canónigo lectoral D. José de S. Martín, que había sido comandante
del batallón de eclesiásticos levantado por el obispo, y otra de acción de gracias en la catedral, en la
que fue el orador el Dr. D. José Manuel de Herrera, el mismo cura de Chautla que acompañaba
como capellán a Musitu, y que cuando este fue cogido y fusilado en aquel lugar, se ocultó tras del
colateral del altar mayor. Celebróse también con mucha pompa el juramento de obediencia a la
junta instalada en Zitácuaro, como representante del rey Fernando VII, la que a la sazón andaba
dispersa y fugitiva, y para remedar en todo las juras de los reyes, se levantaron dos arcos de triunfo
de lienzo, con emblemas y poesías que los explicaban. 392 Morelos, que había sido ascendido por la
junta o por Rayón en su nombre a capitán general, asistió a la solemnidad de la jura con el
magnífico uniforme bordado de aquel grado que le regaló Matamoros, que ahora se conserva en el
museo de artillería de Madrid.393
Morelos destacó al P. García Cano para que fuese en seguimiento del obispo Bergosa, quien
se creía que por enfermo se hubiese quedado en Tehuantepec, para hacerlo volver con orden de
proporcionarle todas las comodidades posibles, y estuvo muy cerca de alcanzarlo en aquella villa,
pero no logró el intento, habiendo podido el obispo ponerse en salvo y llegar con seguridad a
Veracruz. Sin embargo, la expedición de García Cano no fue infructuosa, pues recogió en el camino
porción de sobornales de grana que los españoles sus dueños habían podido sacar con otros efectos
y todo lo hizo volver a Oajaca. D. Vicente Guerrero, entonces teniente coronel, tuvo el encargo de
tomar en las ensenadas inmediatas a Tehuantepec, el cacao y tabaco que había desembarcado de
Acapulco, el que también condujo a aquella capital. 394 Con estos efectos y los tomados en la ciudad,
ascendió a ochocientos el número de zurrones de aquel valioso fruto que cayeron en poder de
Morelos, además de gran cantidad de dinero, plata labrada y alhajas sacado de los conventos donde
se hallaba oculto, que todo se hace subir hasta tres millones de pesos, lo que creo sin embargo
exagerado. Con tantos recursos a su disposición, trató Morelos de proveerse de cuanto era necesario
para proseguir con vigor la guerra: D. Manuel Terán estableció en el palacio del obispo una
maestranza, en que se compuso todo el armamento y se arregló la artillería, fundiendo de nuevo

392 Bustamante copia estas poesías, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 222. Además de este autor, hay muchas noticias relativas
a la ocupación de Oajaca por Morelos, en una carta de una Sra. emigrada de aquella ciudad, publicada por Blanco
en el Español, tom. 7.º fol. 33.
393 Es el mismo uniforme que tiene en el retrato que se acompaña. El P. Valdovinos lo ha visto en Madrid en el museo
citado. El empleo de capitán general lo tenía ya en Agosto de este año, según el diario del secretario de Rayón.
394 Carta de Morelos a Rayón de 15 de Enero de 1813, en que le dice: “arribó ayer tarde a esta capital el teniente
coronel D. Vicente Guerrero; limpió los bajos de Tehuantepec, Puerto Escondido y el de Santa Cruz, trayéndose el
cacao y tabaco que desembarcó de Acapulco”.
126

toda la que pareció defectuosa; asimismo hizo Morelos levantar de nuevo el batallón de infantería
de Oajaca y el regimiento de caballería llamado de los Valles, y para que hubiese el orden necesario
en el pago de sueldos, nombró desde Tehuacán intendente de ejército a D. Antonio Sesma. El hijo
de éste, D. Ramón, fue destinado a ocupar el partido importante de Villalta, en donde también había
cantidad de efectos que recoger. El mando militar de la plaza se le dio a D. Benito Rocha: hacía de
asesor de Morelos el Lic. D. José Sotero de Castañeda, 395 y Matamoros ocupando con su división
las antiguas casas reales, trabajó con empeño en vestirla, uniformarla y completar su armamento.
Para el arreglo del gobierno civil, nombró Morelos nuevo ayuntamiento compuesto de
regidores criollos y los obligó a servir, no admitiendo excusa ninguna para dejar de hacerlo; nombró
también una comisión de policía con el nombre de junta de protección, y estableció una caja
nacional para custodiar los caudales públicos, nombrando individuos para su manejo. 396 Dio el
empleo de intendente a D. José María Murguía,397 hombre de probidad y capacidad, y todos estos
nombramientos recayeron en sujetos de mérito. Entre otras disposiciones declaró la grana sujeta al
diezmo, considerándola como fruto de la agricultura y no de la industria a que más bien pertenece,
por la mucha diligencia y esmero que requiere su crianza. Bajo la dirección del Dr. Herrera,
estableció un periódico que se tituló el “Correo americano del Sur”, cuya redacción estuvo después
a cargo de D. Carlos Bustamante, cuando como a su tiempo veremos, fue a dar a Oajaca habiéndose
separado de Osorno, y para la comunicación regular con Rayón, estableció un correo que salía cada
quince días de Oajaca para Tlalpujahua, pasando por Chilpancingo.
No faltaba a Morelos para ser enteramente dueño de toda la provincia de Oajaca y de la parte
de la de Puebla, que con ella continúa y se extiende hasta el mar del Sur, más que desbaratar las
tropas que mandaban Rionda, Paris, Añorve y Cerro por aquel rumbo, y cuyo punto principal de
apoyo era Jamiltepec. A fines de Diciembre hizo marchar hacia allá a D. Miguel y D. Víctor Bravo,
que se habían distinguido en la toma de Oajaca, aunque Morelos no hace mención de ellos en su
relación de aquel suceso; los Bravos en diversos reencuentros y con una serie de operaciones
acertadas, se hicieron dueños de todo aquel país, y obligaron a los realistas a encerrarse en
Acapulco, habiendo Paris caminado a Méjico, conservándose sin embargo la adhesión de aquellos
habitantes a la causa real, que fomentaba Reguera desde la Palizada.
Había conferido el virrey el mando del ejército del Sur al brigadier Olazábal, que se hallaba
en Méjico mal visto de los comerciantes españoles, quienes no podían perdonarle la pérdida del
convoy en Nopalucan, y aunque este antecedente fuese de mal agüero para sus operaciones
sucesivas, salió de la capital para Puebla a mediados de Noviembre al desempeño de su nueva
comisión. Águila sin esperarlo, habiendo entrado en Tehuacán como hemos dicho, y sabiendo que
Morelos marchaba sobre Oajaca, salió en su seguimiento, dando aviso a Régules que iba en su
auxilio, y si la guarnición de Oajaca se hubiese sostenido por algún tiempo, es muy probable que
Morelos hubiera sido destruido atacándolo Águila por la retaguardia, y cooperando aquella con una
salida oportuna; pero sabiendo Águila que aquella ciudad había sido ocupada por Morelos, y que los
pasos difíciles del camino estaban en estado de defensa, no teniendo suficientes fuerzas para
intentar recobrar aquel punto, retrocedió a Tehuacán. Olazábal llegó a S. Andrés Chalchicomula y
de allí pasó a Perote, sin haber hecho nada de importancia.
Las noticias publicadas en las gacetas del gobierno sobre las derrotas sufridas por Morelos,
habían hecho concebir al virrey y a los españoles de Méjico una idea muy falsa sobre el estado de
395 Es el mismo que ha muerto siendo individuo de la corte suprema de justicia en Méjico, y que hizo imprimir la
“Instrucción del conde de Revilla Gigedo a su sucesor.”
396 Tengo u la vista el decreto de Morelos que es de 5 de Diciembre y las actas de las primeras sesiones del nuevo
ayuntamiento, en las que consta el juramento que prestaron sus individuos de “defender el misterio de la Purísima
Concepción de nuestra Señora; la religión católica, y reconocer, respetar y obedecer a S. M. la suprema junta
gubernativa de América, en representación de nuestro augusto soberano el Sr. D. Femando VII (Q. D. G.)” De
todo he recibirlo copias de Oajaca, sacadas del libro original de actas.
397 Después de recobrada Oajaca por los realistas e indultado, fue a España de diputado a las cortes de 1820 y 21.
Trabajó una excelente Estadística de Oajaca en varios tomos en folio, de que debe haber copia y conservarse el
original en Oajaca, en alguna de las oficinas del gobierno.
127

aquel jefe, mas no así a los americanos que no prestaban fe a los partes insertos en aquellas. Creíase
por el gobierno y por sus adictos, que Morelos derrotado en Ojo de agua, había sido enteramente
desbaratado en las cumbres de Aculcingo y se lo figuraban fugitivo, con pocos de los suyos,
dirigiéndose a la costa del Sur a buscar un asilo en ella, confirmando este concepto la ocupación
sucesiva por las tropas reales de Izúcar y Tehuacán, mientras que Morelos, indicando a Rayón,
aunque sin decírselo expresamente, su marcha a Oajaca, se lisonjeaba de que “no atinando el
enemigo con sus planes, no sabía lo que le había de suceder”, y se burlaba de las ventajas decisivas
que Llano y Águila pretendían en sus partes haber obtenido sobre él, aunque no negaba las pérdidas
que había experimentado;398 grande fue pues la sorpresa que causó la noticia de su entrada en
Oajaca, que vino a aumentar los disgustos que les hablan dado las elecciones populares y la libertad
de la prensa, y a poner al virrey en mayor conflicto. Por el contrario, en los americanos el
entusiasmo fue grande y se creían sobradamente vengados con los triunfos de Morelos, de la
suspensión de la constitución y de la persecución de los electores y de los escritores que habían
hecho uso de la libertad de imprenta.
La ocupación de Oajaca y de su rica provincia por Morelos, cambiaba enteramente el aspecto
de la revolución. “Tenemos en Oajaca, decía Morelos a Rayón, una provincia que vale por un reino,
custodiada de mares por Oriente y Poniente, y por montañas por el Sur en la raya de Guatemala, y
por el Norte en las Mixtecas”.399 Toda la grande extensión de costa del Sur desde Tehuantepec a las
inmediaciones de Colima estaba en poder de los insurgentes, sin mas excepción que Acapulco,
plaza insignificante, que no podía perjudicarles, a cuya guarnición había obligado Morelos a estar
meramente a la defensiva, bloqueándola con el cuerpo de tropas que a las órdenes de Ávila tenía
situado en el Veladero, y además aseguró la obediencia y tranquilidad del territorio, especialmente
de las poblaciones que no le eran adictas, acantonando en Chilapa las fuerzas que mandaban D.
Miguel y D. Víctor Bravo, después de la expedición a Jamiltepec, sirviendo éstas también para
observar los movimientos de Armijo y de las tropas realistas que éste mandaba en Cuernavaca y
Cuautla. Lo estaba también en la costa del Norte toda la provincia de Veracruz excepto los puertos
en que había guarnición y aquella plaza, tan estrechamente bloqueada que como el mismo Morelos
decía400 “no comía más que del agua”, pues cortadas todas las entradas de tierra, no recibía más
víveres que los que podían llegar por mar, mientras que en las contiguas de Puebla y Méjico, los
insurgentes eran dueños de todo el país, menos de las capitales y de las poblaciones grandes que se
habían puesto en estado de defensa.
Estas ventajas fueron el fruto de la ventajosa posición que Morelos tomó en Tehuacán, y de la
serie de bien entendidas operaciones que forman su tercera campaña. Aprovechóse de aquella con el
mayor acierto, ya recogiendo las barras de plata que le fueron destinadas del botín de Pachuca, ya
destruyendo en Orizava el tabaco que constituía uno de los principales recursos del gobierno, y ya
por fin cayendo sobre Oajaca y haciéndose dueño de una de las más ricas provincias del reino,
cuando sus enemigos lo creían fugitivo, a consecuencia de la acción de las cumbres de Aculcingo.
Cierto es que ni ésta ni la de Ojo de agua fueron tales que pudiesen dar lustre a sus armas, pero ellas
no estorbaron el objeto que se había propuesto en las operaciones de que fueron una consecuencia,
no habiendo sido la segunda mas que un reencuentro en que tuvo corta pérdida, y la primera,
aunque de mayor importancia, hemos visto que no entraba en su plan comprometerla, y que con dos
o tres horas mas que hubiera tenido, habría conseguido evitarla.
A medida que se echa de ver mucho acierto en todos estos movimientos, se hace notable la
continuación de errores que el virrey cometió, y no menos los jefes que mandaban las tropas del

398 Carta de 31 de Enero de 1813 en Oajaca.


399 Morelos, escribiendo a Rayón desde Tehuacán, con fecha 2 de Noviembre que fue el día siguiente a la acción de
las cumbres, le dice: “como no atinan mis planes, no saben lo que les ha de suceder conmigo, y sólo podrán
calcular los males, respecto de la falta de los fondos de tabacos”; y con fecha 10 de Diciembre desde Oajaca: “el
ejército enemigo de Puebla está bobeando en Tehuacán e lzúcar, caraqueando avances de a medio real por
millones que ha perdido.”
400 Carta de 31 de Enero de 1813.
128

gobierno en las provincias de Puebla y Oajaca. Cuando el sitio de Cuautla y todos los sucesos
anteriores, habían dado sobradamente a conocer que el único enemigo temible que el gobierno tenía
era Morelos, se le dejó tiempo y descanso para rehacerse de sus pérdidas, debiendo ser objeto
preferente a todos los demás, perseguirlo con tenacidad hasta exterminarlo: los sitiadores de
Huajuapán no recibieron auxilio alguno de Puebla, de donde podía habérseles dado, y ocupándose
las tropas de aquella provincia en conducir convoyes de que no había urgente necesidad, quedó
abandonada con corta defensa la rica presa de Orizava, y cuando Águila obtuvo la victoria en
Aculcingo, volvió a dejar a Morelos rehacerse en Tehuacán y marchar sobre Oajaca, mientras que
los jefes de las tropas de esta última ciudad, dejaron libre el paso de todos los puntos de fácil
defensa que hay entre Tehuacán y aquella capital, para concentrar en ella todas sus fuerzas y dejarse
vencer cobardemente, cuando abundaban en medios de resistencia.
D. Carlos Bustamante, para dar una prueba de imparcialidad, censura en su Cuadro histórico
las operaciones de Morelos en esta campaña, imputando a error no haber ocupado a Oajaca
inmediatamente después de alzado el sitio de Huajuapán y no haberse hecho fuerte en Orizava
cuando tomó aquella villa, desde la cual piensa aquel escritor que Morelos debía haber seguido a
Córdoba y aun a la ciudad de Veracruz, que cree que podía haber caído entonces en sus manos.
Fácil es contestar que las fuerzas que Morelos tenía cuando auxilió a Trujano en Huajuapán, acaso
no hubieran sido bastantes para emprender el ataque de Oajaca, pues no tenía consigo las que
después le llevó Matamoros, y la ocupación de aquella ciudad por entonces, le habría hecho perder
todo el fruto que sacó de la posición que tomó en Tehuacán. Tampoco hubiera sido oportuno
alejarse de esta para avanzar en la provincia de Veracruz, en la que no podía prometerse un
resultado equivalente a la toma de Oajaca que ya tenía premeditada, bastando para el objeto de dar
impulso a la revolución en aquel rumbo, destinar a él, como lo había hecho a D. Nicolás Bravo, de
cuya aptitud y valor acababa de tener una prueba en el Palmar.
Otros por el contrario, no queriendo reconocer talentos algunos militares en Morelos,
atribuyen las grandes ventajas que obtuvo en esta campaña, a mero efecto de casualidad y a los
errores del virrey, que fueron como conduciéndolo por la mano en todos los pasos que aquellos le
iban señalando; pero además de que no hay verosimilitud alguna en atribuir a mera casualidad una
serie de operaciones encadenadas y conexas entre si de tal manera, que las unas parecen ser la
consecuencia de las otras, todavía es menester convenir en que para aprovecharse de las
casualidades o de los errores ajenos, es preciso un tino y un acierto que no pueden proceder mas que
del juicio y de la reflexión. Lo único que pudiera dar valor a aquella suposición es, la serie de
errores y desaciertos que según veremos, forman de aquí en adelante la historia de Morelos. La basa
de sus operaciones había sido hasta entonces el país inaccesible del Sur, en donde atrincherado tras
de la triplicada defensa de las cordilleras de montañas, ríos caudalosos y enfermedades, nada tenía
que temer durante la mayor parte del año, de las tropas que el virrey podía oponerle, que no estando
acostumbradas al clima y dificultades del terreno, eran vencidas por estos obstáculos de la
naturaleza, sin necesidad de grandes esfuerzos por parte de los hombres. La conquista de Oajaca
hacía variar, con infinitas mejoras, esta basa y todo el orden de sus operaciones; sin recelo por su
retaguardia pues poco podía temer del lado de Guatemala, en donde esperaba poder excitar algún
movimiento en su favor,401 su posición en Oajaca podía compararse a la de un inmenso campo
atrincherado por la naturaleza, cuyos dos extremos se apoyaban en los países impenetrables por la
aspereza del terreno y naturaleza del clima, que forman el declive de la cordillera central hacia
ambas costas, presentando un frente con pocas y difíciles entradas, por las cuales a su elección
podía desembocar con todas sus fuerzas sobre el punto que le conviniese, amenazando a un tiempo
a las villas de Onzava y Córdoba, y al camino de Veracruz por su extrema derecha; a la provincia de
Puebla por su frente; y a los valles de Cuautla y Cuernavaca, y por estos a los de Méjico y Toluca
por las Mixtecas a su izquierda. Sus tropas no estaban a la verdad todavía en estado de batirse en

401 “De Guatemala, le dice a Rayón en 31 de Enero de 1813, hay buenas noticias: han pedido el plan de gobierno y
les voy a remitir la instrucción conveniente.”
129

campo abierto con las del gobierno, como lo había experimentado en los recientes encuentros de
Ojo de Agua y de las Cumbres; pero esta misma posición le proporcionaba tiempo y oportunidad
para perfeccionar su disciplina, y para formar una línea de fortificaciones capaces de detener por
mucho tiempo a los realistas, como había sucedido en Cuautla y Huajuapán que pudiesen servir de
puntos de retirada en un revés, poseyendo una provincia rica y abundante en mantenimientos y de la
que podía sacar recursos de toda especie, y mucho más con los fondos muy considerables de que se
había hecho dueño con la toma de aquella ciudad.
El virrey entre tanto, obligado a resguardar una larga línea sin poder cubrir todos los puntos
amenazados, hubiera tenido que perder sucesivamente los unos tras de los otros, y una vez ocupadas
las villas, Tehuacán, Tepeaca, Cuautla y Cuernavaca, se habrían encontrado en muy difícil posición
Puebla y Méjico y si para su defensa hubiera tenido el gobierno que llamar las tropas que tenía
empleadas en otros lugares, como lo hizo cuando Hidalgo se aproximaba a Méjico y cuando tuvo
que reunir todas sus fuerzas para el sitio de Cuautla, la revolución hubiera hecho rápidos progresos
en los puntos que hubieran quedado desguarnecidos, y el triunfo de ésta podía tenerse por seguro.
Morelos conocía la importancia de su posición, y en su correspondencia con Rayón, se le ve
indeciso sobre el plan que debía seguir para sacar de ella la mayor ventaja. Presentáronsele por
aquellos días (Enero de 1813)402 dos individuos del cabildo de Tlaxcala, con una exposición que lo
decidió a mandar a Montaño a ocupar aquella ciudad, mientras podía marchar a ella él mismo, lo
que por entonces le impedía el acabar de hacerse dueño de la costa del Sur, vencido el obstáculo de
Jamiltepec. Ocupada Tlaxcala, creía seguro aposesionarse de Puebla y aun de Méjico, para cuyo fin
invitaba a Rayón para que unido con sus compañeros de la junta, llamase la atención por el lado de
Toluca, para que no cayesen sobre él todas las fuerzas del gobierno como había sucedido en el sitio
de Cuautla, o si esto no podía verificarse, se inclinaba a dirigirse a las villas de Orizava y Córdoba.
Todos estos planes eran sin duda por entonces temerarios, pues ni la clase de tropas que tenía era
para emprender este género de operaciones, en lo que acaso se hacia ilusión, esperando en otros
puntos el mismo resultado que había tenido en Oajaca, ni podía prometerse mucho de la
cooperación de Rayón y de los otros miembros de la junta; él mismo parece que veía con
desconfianza las victorias que estos le contaban que obtenían, 403 y que podía comparar, como decía
hablando de las de uno de los jefes de los insurgentes en el Sur, a las de D. Quijote.404
Indeciso entre estos diversos planes, acabó por adoptar otro enteramente diverso y que no
podía producirle ventaja alguna, abandonando el teatro de sus recientes triunfos para trasladarse al
punto más remoto y por entonces menos importante del vasto territorio que dominaba, con el fin de
proseguir por sí mismo el sitio de Acapulco: empresa lenta, de dudoso éxito y que aun obtenido el
resultado que se proponía, en nada o en muy poco contribuía al objeto importante de sus miras, no
pudiendo de ningún modo compensar la adquisición de aquel puerto, el tiempo que era menester
perder para lograrla, dando a su enemigo el que necesitaba para reunir fuerzas y combinar mejor sus
planes para la siguiente campaña. Había hecho volver a la provincia de Puebla a Arroyo y a
Montaño que lo acompañaron a Oajaca; destinó una división a Tabasco, tanto para abrir la
comunicación con aquella costa, como para proporcionarse puertos por donde pudiese recibir
auxilios de los Estados Unidos;405 dejó el mando de Oajaca a D. Benito Rocha con mil hombres:
apostó en Yanhuitlan a Matamoros con mil y quinientos, para atender a la seguridad de las
Mixtecas, y tomadas todas las medidas convenientes salió de aquella capital el 9 de Enero de 1813,
llevando consigo las tropas nuevamente levantadas en ella, la mayor parte de las cuales se
desertaron en breve, y siguiendo el camino de la Mixteca, destacó por la cuesta de Santa Rosa a D.
Hermenegildo Galiana, por si los Bravos, que a la sazón se hallaban empeñados con Paris

402 Carta a Rayón de 21 de Enero de 1813.


403 “Estoy instruido”, le decía a Rayón en 15 de Enero de 1813, “de los progresos de los Sres. Verdusco y Liceaga,
como también en los adelantos de V. E.: yo por acá voy poco a poco, porque así larga la gallina el moco.”
404 “Dicho padre”, dice al mismo Rayón en 12 de Septiembre de Tehuacán, hablando del P. Ramos, “no me contesta a
los oficios, pero sí me cuenta sus aventuras o hazañas de D. Quijote.”
405 Carta citada a Rayón de 31 de Enero.
130

necesitaban auxilio, dándole orden de reunírsele en Ometepec, y continuó su larga y penosa marcha
con muchas dificultades y privaciones hasta llegar a las inmediaciones de Acapulco en principios de
Abril, sin que intentase embarazarle el paso el comandante Reguera que con las tropas realistas
estaba en la Palizada, y el 6 de aquel mes rompió el fuego sobre la plaza; 406 pero no siendo de este
lugar las operaciones de este sitio, dejaremos el hablar de él para su tiempo oportuno, echando
ahora la vista sobre las ideas que Morelos tenía entonces del estado general de las cosas y sobre sus
planes para en adelante.
Una y otra cosa manifiesta en una carta oficial que tengo original en mi poder, que escribió
desde Yanhuitlan, estando en marcha sobre Acapulco, al intendente D. Ignacio Ayala, acerca de las
naos venidas de Filipinas, y como todo su contenido es también interesante por otros motivos, me
ha parecido conveniente insertarla aquí. Dice así: “No me pesa cosa mayor que el comandante de la
nao Fidelidad, D. Manuel Solís, no haya tenido mayor instrucción del estado del reino, porque es
bastante sospechosa, y es necesario mucho cuidado para que no nos hagan una diablura. Yo la juzgo
por barco enemigo.—En dos años y cinco meses sabe ya todo el mundo nuestro justo
levantamiento; ¿cómo hemos de creer que la Fidelidad, viniendo por S. Blas, no haya encontrado a
la nao Rey Fernando, que está fondeada en aquel puerto, y está descargando los efectos que trajo de
Manila, cuyo transporte querían los comerciantes de Méjico les facilitara yo a partido, y no convine
a la consulta que me hizo el Sr. presidente? 407 Estas son tramas del enemigo.—Por acá se abordó
otro barco a puerto Ángel, y es vista su apuración: a mí no me la han de pegar.—Es preciso que para
resolverle al comandante de la Fidelidad se me dé a mí cuenta, y de ningún modo se le resuelva,
aunque sea lisonjera o vista la ventaja que proponga, y lo mismo se debe entender con cualquiera
otro barco y nación: yo sé bien como anda el mundo.—El francés ya está en Cádiz, pero tan gastado
que no se repone en dos años que nos faltan, y entonces ya lo esperaremos en Veracruz. El inglés
europeo me escribe como proponiéndome que ayudará, si nos obligamos a pagarle los millones que
le deben los gachupines comerciantes de Méjico, Veracruz y Cádiz.—El anglo-americano me ha
escrito a favor, pero me han interceptado los pliegos, y estoy al abrir comunicación con él y será
puramente de comercio, a feria de grana y otros efectos por fusiles, pues no tenemos necesidad de
obligar a la nación a pagar dependencias viejas, ilegítimamente contraídas y a favor de nuestros
enemigos.—Ya no estamos en aquel estado de aflicción, como cuando comisioné para los Estados
Unidos al inglés David con Tavares, en cuyo apuro les cedía la provincia de Tejas. Ya estamos en
predicamento firme: Oajaca es el pie de la conquista del reino; Acapulco es una de las puertas que
debemos adquirir y cuidar como segunda después de Veracruz, pues aunque la tercera es S. Blas,
pero adquiridas las dos primeras, ríase V. S. de la tercera.—Hasta ahora voy consecuente con lo que
prometí y expliqué a esos pueblos: he obrado con conocimiento; ellos han depositado su suerte en
mi conducta, no puedo engañarlos, porque mil infiernos no serían capaces de castigar mi maldad.
No quiero dejarlos empeñados, ni menos sacrificarlos: soy cristiano, tengo alma que salvar y he
jurado sacrificarme antes por mi patria y mi religión, que desmentir un punto mi juramento. Baste,
para que V. S. me entienda.—Dios guarde a V. S. muchos años. Cuartel general en Yanhuitlan,
Febrero 17 de 1813.—José María Morelos.—Sr. mariscal intendente D. Ignacio Ayala”.
Se ve desde luego por este interesante documento, la completa ignorancia de Morelos en
materias políticas y aun sobre el estado actual de las cosas en Europa, pues da por seguro que estaba
tomado Cádiz por los franceses, cuando la suerte de la guerra estaba decidida contra estos. Lo
mismo se nota en Rayón por la correspondencia que con Morelos siguió, con motivo de la llegada a
Anton Lizardo de la fragata de guerra inglesa Aretusa y comunicación en que se puso con D.
Nicolás Bravo,408 no siendo extraño que sobre tan equivocados principios formase tan absurdo plan

406 Rorains, secretario de Morelos, llevó un diario muy puntual de esta expedición, escrito en un estilo sumamente
exagerado y pedantesco, el que he visto original y lo ha publicado íntegro D. Carlos Bustamante en la obra
titulada: “Suplemento a los Tres siglos &c.” tomo 3.º fol. 57 a 73. Es digno de leerse y también debe verse lo que
sobre esta marcha dice el mismo Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 261 y siguientes.
407 Este presidente de que habla Morelos es Rayón, que lo era de la junta de Zitácuaro.
408 Véase esta correspondencia en el apéndice núm 8.
131

de campaña, proponiéndose tomar a Acapulco, a cuyo puerto da tanta importancia, para volver a
impedir el desembarque de los franceses en Veracruz: en todo lo cual se pone de manifiesto cuán
persuadido estaba de las especies que se habían esparcido para dar impulso a la revolución, acerca
del riesgo que el reino corría de ser invadido por los franceses, a que sería consiguiente la pérdida
de la religión, en todo lo que Morelos tenía una completa convicción, que le hacía proceder con la
buena fe que se descubre en esta carta. En cuanto a las relaciones diplomáticas que seguía, lo que
dice relativamente a Inglaterra carece de fundamento, aunque la especie coincide, a lo menos en
cuanto al tiempo, con la negociación entablada por la Inglaterra con la regencia de Cádiz para la
mediación en las cosas de América, y el ofrecer la provincia de Tejas a los Estados Unidos, aunque
no llegó a tener efecto por no haberse verificado la comisión dada a David y a Tavares, se fundaba
en la codicia que ya aquella república había dejado ver de adquirir aquel importante territorio. La
nao de China de que habla, después de permanecer mucho tiempo en Acapulco, sin poder verificar
su descarga por lo inseguro de aquel puerto e interceptación del camino a la capital, fue a descargar
a S. Blas, y en cuanto a las relaciones que supone con el comercio de Méjico, serían en particular
con algunos individuos de él, como las tuvo más adelante D. Nicolás Bravo con los de Veracruz.
Aunque la invasión de las tropas de Guatemala no se verificó hasta Abril de este año, siendo
un suceso enteramente aislado y sin conexión con las demás operaciones de la guerra, me ha
parecido más conveniente referirla aquí, para dejar expedito el curso de los sucesos posteriores. El
capitán general de aquel reino D. José de Bustamante y Guerra, hizo reunir unos setecientos
hombres que puso a las órdenes del teniente coronel D. Manuel Dambrini, jefe inexperto así como
las tropas eran bisoñas: pero los españoles de Oajaca que habían logrado pasar a Guatemala y el
arzobispo D. Fr. Ramón Casaus, auxiliar que había sido de aquel obispado y antes religioso
dominico en Méjico en donde había publicado un periódico titulado el Anti-Hidalgo, le hacían
esperar que penetraría hasta Oajaca sin dificultad, contribuyendo también mucho a esta ilusión el
deseo de vengar la muerte del teniente general Saravia, jefe estimado en Guatemala. 409 Dambrini,
con la pequeña división de su mando pasó la raya divisoria entre ambos reinos, y en 23 de Febrero
de 1813 atacó en Niltepec a una corta reunión de insurgentes mandados por D. Julián Suárez a
quien hizo prisionero, así como al. P. dominico Carranza y alguna gente, de la que hizo fusilar a
unos veinticinco con Suárez. Con la noticia de este suceso, marchó Matamoros al encuentro de
Dambrini, a quien desbarató y puso en fuga en Tonalá (19 de Abril) quitándole las armas,
municiones y todos los efectos mercantiles que conducía a Oajaca, habiendo perseguido a los
dispersos hasta mas allá de la frontera. De vuelta a Oajaca, hizo Matamoros una entrada triunfal
pomposa (28 de Mayo) vestido con el uniforme de mariscal de campo, al frente de sus tropas
vencedoras, y fue recibido con aplauso; Morelos le dio en premio el empleo de teniente general, lo
que fue materia de grandes celos y rivalidades entre sus compañeros.

409 Toda esta relación está tomada de Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 209, pues en los sucesos de Oajaca
merece más confianza que en otros, por haber sido testigo presencial de ellos. En las gacetas no se habla más que
del suceso de Niltepec, en la de 1.º de Junio de 1813 núm. 408.
132

CAPÍTULO III.
Operaciones de los individuos de la junta.—Expedición de Rayón a Ixmiquilpán donde es rechazado.—Corre
riesgo de ser aprehendido por Villagrán en Huichapán.—Opinión de Morelos sobre los Villagranes y Osorno.—Tratos
de Rayón con el virrey.—Liceaga hace fortificar una isla en la laguna de Yurirarí la que da su nombre.—Toma de esta
isla por Iturbide.—Operaciones de Verdusco.—Ataca a Valladolid y es derrotado.—Completo rompimiento de los
individuos de la junta entre sí.—Operaciones de D. Nicolás Bravo en la provincia de Veracruz.—Ataca a Jalapa e
impide el paso del puente del Rey a Olazábal.—Pasa este por el vado de Apasapa, y a su vuelta de Veracruz trae los
despachos de virrey a CaIleja.—Toma este posesión del virreinato.—Salida de Benegas para Veracruz.—Llega a
Méjico el arzobispo Bergosa, y muere el obispo de Puebla Campillo.

La historia de la revolución de Nueva España en la época de que nos vamos ocupando, viene
a ser la historia personal de Morelos, porque sólo en las operaciones de este caudillo se descubre un
intento, un plan concertado, un designio bien o mal formado, y todo lo que es apartarse de él para
examinar lo que se pasaba en las demás provincias del reino entre los diversos jefes que sostenían
en ellas la insurrección, no es mas que presenciar la constante y penosa escena de la incapacidad,
las divisiones y rivalidades interiores, nacidas de los intereses y rencillas personales de los que
pretendían la superioridad en el mando, sin hacer caso del daño que a sí mismos se hacían con tan
inoportunas cuestiones, desacreditando mas y mas la causa que defendían y facilitando el triunfo de
sus contrarios. Esto es lo que vamos a ver especialmente entre los individuos de la junta, que como
hemos dicho en su lugar, se separaron en varias direcciones para tomar el mando de distintas
provincias.
Dejamos al presidente de aquella Rayón en su visita de los distritos de su mando, ocupado en
Huichapán en asegurar la obediencia de Villagrán (Chito) y creyendo que podía contar con ella,
resolvió atacar a Ixmiquilpán, pueblo rico, muy adicto a la causa real y defendido por D. Rafael
Casasola, con una pequeña guarnición de tropa de línea y los patriotas levantados en el mismo
lugar.410 Con este intento salió de Huichapán el 15 de Octubre, con un cuerpo de infantería
uniformado y bien armado que mandaba el coronel Lobato, quien como en su lugar vimos, fue cabo
del regimiento de Tres Villas y cayó prisionero en Zitácuaro en la derrota de Torre, y la caballería
estaba a las órdenes de Epitacio Sánchez, hombre de valor, llevando además cuatro cañones y su
escolta formada de gente escogida. Con estas fuerzas, las de Villagrán que le acompañaba, y las del
cura Correa y de Polo que se le unieron en la hacienda del Astillero, se presentó Rayón delante de
Ixmiquilpán el 18 de Octubre, ocupando con alguna tropa el cerro de la Media luna que domina la
población, habiendo dado orden a Casimiro Gómez, indio del Cardonal, a quien había confirmado
en el empleo de coronel que él mismo se había tomado, para que con su cuadrilla se acercase por el
lado opuesto: Casasola intentó desalojarlo de aquella posición en la tarde del mismo día, pero
Rayón, descubriendo dos cañones que tenía ocultos, hizo con ellos un fuego tan vivo que lo obligó a
replegarse con pérdida, habiendo muerto el capitán de realistas D. Mariano Negrete y el alférez de
fragata D. Federico Álava, hijo del teniente general de la real armada D. Ignacio María de Álava,
que en el combate de Trafalgar mandaba la vanguardia de la escuadra española, a bordo del navío
Santísima Trinidad. Ensoberbecido con esta pequeña ventaja, intimó la rendición dentro de dos
horas, amenazando pasar a cuchillo sin distinción de edad ni calidad a todos los habitantes, si
intentaban hacer resistencia o si manifestaban intenciones hostiles disparando un solo tiro,
ofreciéndoles en caso de rendir las armas y jurar obediencia a la junta, seguridad y protección,
incluyendo a los europeos, “que deben”, decía, “estar impuestos de la equidad y beneficencia con
que siempre han sido tratados, cuya notoriedad y buena fe que nos caracteriza, los asegura de todo
recelo”. Esto decía pocos meses después de haber sido degollados los que se rindieron en Pachuca,
bajo la fe de una solemne capitulación. Casasola contestó en pocas palabras que tenía armas y

410 Todo lo relativo a la expedición de Ixmiquilpán y sus incidentes, lo he tomado del diario del secretario de Rayón y
de Bustamante, Cuadro hist. Tom. 2.º fol. 235 y siguientes.
133

municiones con que defenderse, y que jamás se entregaría a unos bandidos, 411 con lo que no quedó
más que prevenirse para la defensa, a cuyo efecto dio orden al teniente D. José Félix Merino, que se
hallaba destacado con treinta hombres del fijo de Méjico en Chilcuautla, para que a toda costa
marchara a reunírsele, contando con que le auxiliaría a su entrada, y circuló aviso a los comandantes
de Actopan, Tlahuelilpán y otros puntos inmediatos, para que fuesen a su auxilio.
El 19 amanecieron coronadas de gente y cañones las alturas que dominan el pueblo, habiendo
concurrido con el atractivo del saqueo los indios de Zimapán y del Cardonal convocados por
Villagrán, aunque éste no contribuía de buena fe a la empresa. El ataque se generalizó y fue más
vivo por el puente, por donde cargó el cura Correa y la gente disciplinada de Rayón; mas aunque
Correa logró superar dos parapetos, se detuvo en el tercero, esperando ser reforzado por Villagrán,
lo que no tuvo efecto, y habiendo sostenido la acción hasta muy entrada la tarde, se retiró con
Lobato en buen orden, desbarrancando en el río un cañón que se les reventó, y encontrando
abandonados otros por los que se habían apresurado a retirarse antes de tiempo. Casasola no podía
persuadirse que los insurgentes se hubiesen retirado y se mantuvo con vigilancia toda la noche,
hasta que al amanecer el día 20, vio abandonados todos los puntos y fue informado con certeza de
que Rayón iba en marcha para Huichapán.412 Comenzaron entonces a llegar los auxilios que había
pedido Casasola a los pueblos inmediatos, especialmente la gente de Tlahuelilpán, habiéndose
presentado también el eclesiástico D. Antonio Moreno con trescientos indios de Yolo, Lagunillas y
otros lugares.
Rayón se aventuró a entrar en Huichapán con sólo su escolta, y habiendo reconvenido a
Villagrán por su mal proceder en el ataque, quiso éste aprovechar la ocasión de hallarse Rayón con
poca fuerza para apoderarse de él, creyendo que aun estaba distante el resto de su tropa, y con tal
intento hizo alzar los puentes de las cortaduras de las calles y mandó tocar generala. Rayón acudió
al ruido con su escolta y pudo detener en los cuarteles el movimiento de la tropa, el que frustrado,
Villagrán se puso en salvo y esto dio lugar a que llegase el resto de la gente de Rayón. Volvióse éste
a Tlalpujahua, sin haber logrado ni someter a los Villagranes ni tomar a Ixmiquilpán, y se llevó
consigo como preso o detenido al cura de Alfajayucan. Correa fue vivamente perseguido por los
Villagranes, como adicto a Rayón, que lo hizo mariscal de campo en premio de su buen
comportamiento en Ixmiquilpán, y obligado a huir de Nopala, se retiró hacia Chapa de Mota, en
donde a su tiempo veremos las nuevas vicisitudes que se le preparaban. Los Villagranes quedaron
dueños, como antes lo eran, de todo el país que se extiende desde S. Juan del Río y cuestas de Tula,
hasta la sierra de Zimapán, confinando con la de Sichú y Río Verde.
A consecuencia de este rompimiento con Villagrán, el secretario de Rayón que en el diario
que llevaba de todos los sucesos contemporáneos, había dicho de los Villagranes (7 de Agosto) “que
habían sostenido con honor en el Norte las armas nacionales”, y que por sus servicios, antigüedad y
mérito habían obtenido los grados que Rayón les confirió; los califica ahora (22 de Octubre) de
“almas negras, que con su libertinaje, arbitrariedad y excesos habían asolado aquellos contornos”, y
estima el rompimiento a descubierto, “por un favor especial del cielo, atendido el actual estado de
cosas, las vejaciones que sufría la jurisdicción, y las ningunas ventajas en la causa común, para que
estos malhechores expiasen por fin sus delitos, que habían sido el escándalo de la época presente”.
El enojo de Rayón subió de punto cuando vio llegar (21 de Diciembre) a su visitador D. Ignacio
411 Véase la intimación y su contestación en la gaceta de 27 de Octubre de 1812, tom. 3.º núm. 307 fol. 1127, en que
está el parte de Casasola. Dicha intimación ha sido publicada también por Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol.
236.
412 Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 237, atribuye la retirada de Rayón, a haber recibido un correo llamándolo
para una conferencia que debía tener en Tultenango con los enviados del virrey, de que después se hablará. Mucho
error hubiera sido abandonar un triunfo seguro por este motivo, además de que Correa,en su informe publicado
por el mismo Bustamante, atribuye el mal éxito de la empresa a la falta de cooperación de Villagrán y retirada
precipitada de su tropa, lo que también dice el secretario de Rayón. Éste no tomó el camino de Tultenango, como
lo habría hecho si aquel hubiese sido el motivo de la retirada, sino que se dirigió a Huichapán, lo que lo alejaba de
Tultenango. Lo cierto es, que habiendo encontrado mas resistencia que la que creía, y viendo la mala fe de
Villagrán, temió ser envuelto y derrotado, cuando llegasen los auxilios de otros pueblos y por esto se retiró.
134

Martínez,413 quien mal recibido por Morelos, peor tratado por Osorno, había sido puesto en prisión
por Villagrán y aun había corrido riesgo su vida, que pudo salvar fugándose de Huichapán,
“valiéndose”, dice el secretario, (21 de Diciembre) “de la embriaguez y excesos en que aquellos
hombres perversos estaban sepultados”. Martínez volvió a salir al desempeño de su comisión y en
esta vez fue más afortunado, pues volvió a Tlalpujahua (9 de Enero) conduciendo diez y seis barras
de plata que Osorno le entregó de las tomadas en Pachuca y algunos efectos que interceptó en el
camino. Villagrán quiso disculpar su proceder y al efecto mandó al cura de Zimapán con otro
eclesiástico que se presentaron a Rayón, quien contestó que la conducta sucesiva de aquel, sería lo
que lo decidiría a concederle un perdón absoluto, o a imponerle un severo castigo. A esto último era
a lo que Rayón se inclinaba y sobre lo que escribió a Morelos, quejándose tanto de los Villagranes
como de Osorno. Morelos creyó que por entonces no se podía tratar de sujetarlos, aprovechándose
de ellos para que distrajesen la atención del gobierno, y reservando para más adelante su castigo,
aunque pocos días después opinó que era menester deshacerse de los Villagranes por cualquiera
medio.414
Por el mismo tiempo Rayón hizo marchar a su hermano D. Ramón, para atacar un convoy que
conducía de Querétaro a Valladolid el comandante Quevedo (e), con dinero y efectos, y aunque no
logró encontrarlo hasta su regreso, lo atacó en el punto llamado el Zapote y le quitó algún
armamento. El mismo D. Ramón consiguió cortar de un convoy que pasaba a Méjico, a la salida de
S. Juan del Río, una partida de once mil carneros que por Aculeo condujo a Tlalpujahua. Estas
excursiones no había por entonces fuerzas de los realistas que pudiesen impedirlas, pues las más
inmediatas, que eran las que mandaba Castillo Bustamante en el valle de Toluca, se hallaban
distribuidas en pequeñas partidas, persiguiendo a las que quedaban de insurgentes en los valles de
Sultepec y Temascaltepec, y la guarnición de Valladolid era demasiado reducida para que pudiese
alejarse de aquella ciudad, en la que como luego veremos, se hallaba amenazada.
Aunque los individuos de la junta anduviesen separados a largas distancias, Rayón los
consultaba en algunos negocios, como medio de conservar la armonía con ellos. Hemos visto en el
capítulo anterior por la carta de Morelos a Ayala inserta en él, que por efecto de las relaciones que
entablaron algunos individuos del comercio de Méjico con Rayón, quiso que Morelos dejase pasar
el cargamento de la nao de China surta en Acapulco, en lo que Morelos no convino. También trató
con Rayón el marqués de S. Miguel de Aguayo, no obstante ser comandante de uno de los
batallones de realistas de Méjico y estar su hijo, el conde de S. Pedro del Alamo, sirviendo a las
órdenes de Trujillo en Valladolid, para el paso de unas pastorías de ganado de sus haciendas en la
provincia de Coahuila, cuando los carneros escaseaban y se vendían a alto precio en Méjico,
mediante el pago de 20.000 pesos, una parte de los cuales se exhibió en efectos para vestuario y
armamento de tropa. El virrey, fuese para entretener a Rayón, o para sembrar la división y
desconfianza entre este y sus compañeros, o por algún otro motivo oculto, se manifestó dispuesto a
entrar en comunicación con él, y sabiendo que el Lic. D. Juan Raz y Guzmán seria el conducto más
seguro, se valió de él dándole todas las seguridades necesarias que se le cumplieron fielmente, y aun
se acordó tener una conferencia en la hacienda de Tultenango, a la que se le dijo a Rayón que
concurriria por encargo del virrey D. Juan Bautista Lobo, comerciante de Veracruz. Sobre este
punto quiso saber Rayón la opinión de sus compañeros, y sobre el plan que debía seguir, según la
413 Era Martínez cuñado de Rayón y tenía el grado de mariscal de campo.
414 Morelos en carta a Rayón, fecha en Oajaca en 31 de Diciembre de 1812, después de manifestarle los pasos que
desde el sitio de Cumula había dado para reducirá ios Villagranes que sólo había contestado “con pretextos, como
los demás del Norte”, agrega: “Parece que están de acuerdo en todo el recinto desde Villagrán hasta Osorno, y
aunque este último se inclina a obedecer, pero sus satélites lo trastornan, y es necesario irlos poniendo con la
mano, como el arquitecto las piedras de un cerramiento. Así se los tengo prometido, y entiendo que han de orejear
si ponemos en planta las disposiciones que V. E. me apunta, y será menos malo dejarlos que hagan boruca por su
rumbo, instándoles siempre a que llamen la atención a Méjico, mientras hacemos negocio”. En carta de 15 de
Enero de 1813, le dice: ''Ya dije a V.E. en mi anterior mi parecer acerca de los Villagranes, y quedo impuesto en la
última doctrina de estos. No hay más que desparecer a los infames por los más mejores trámites, pero Osorno no
ha de hacer cosa, y es necesario aguardar mejor lance”.
135

oportunidad se presentase. Tenemos la contestación de Liceaga escrita por el Dr. Cos, 415 en la que
éste proponía que sólo se tratase de aprovechar la ocasión para obtener una suspensión de armas,
que era necesaria a los insurgentes para organizarse, continuando la guerra para privar de recursos a
España, y contribuir así a hacerla sucumbir al dominio francés y asegurar de este modo la
independencia: mas nada tuvo efecto no habiéndolo tenido la conferencia.416
El Dr. Cos, nombrado por Liceaga su segundo en el mando de la provincia de Guanajuato,
aunque ejercía las funciones de vicario castrense, se trasladó a Dolores que vino a ser el centro de
sus operaciones; Liceaga permaneció en las inmediaciones de Yurira, y hemos visto que Iturbide lo
derrotó en el valle de Santiago, habiendo sido encargado de perseguirlo por el brigadier García
Conde. En seguida se retiró a la laguna de Yurira en cuyo centro hay dos islotes, el mayor de los
cuales que queda más al Este, tiene algo más de mil varas de circunferencia y poco menos el otro:
distan entre sí ciento ochenta varas. Liceaga los reunió por una calzada de tres varas de ancho, y
tanto los islotes como la calzada estaban defendidos con una cerca de piedra de dos varas de alto,
foso y estacada entretejida con espinos. En el islote mayor había 71 merlones y 64 en el menor. 417 A
esta fortificación, considerada como inexpugnable, le dio Liceaga su nombre, y dentro de ella
construyó varias galeras para fundición de cañones, fábrica de pólvora y acuñación de moneda.
Aunque García Conde juzgaba arriesgado e innecesario intentar tomar esta isla a viva fuerza,
creyendo que dominadas las márgenes de la laguna habría de tener que rendirse por necesidad, 418
Iturbide emprendió atacarla, comenzando por despejar de insurgentes la circunferencia de la laguna
con una serie de acciones o escaramuzas continuas, con las que con su actividad genial, destruyó o
dispersó las partidas que en aquellas inmediaciones había mandadas por varios jefes, no dejándoles
momento de descanso desde el 9 de Septiembre en que dio principio a estas operaciones, hasta
asentar su campo en Sautiaguillo frente a la isla. En estas diversas escaramuzas o acciones de
guerra, que fueron diez y nueve en cuarenta días, además de haber sido muertos en ellas varios jefes
insurgentes de nombradía, fueron hechos prisioneros el coronel Francisco Ruiz, y el teniente
coronel de artillería Francisco Valle, conocido por el “negro habanero”, a quienes Iturbide hizo
pasar por las armas.
El campamento de Iturbide estaba a tiro corto de cañón de la isla, protegido de los fuegos de
ésta por una loma pequeña. Liceaga al aproximarse el peligro se alejó de él retirándose de la isla,
pues nunca obtuvo fama de valiente, y quedó mandando en ella el P. D. José Mariano Ramírez con
doscientos hombres.419 Iturbide hizo construir ocho balsas y traer de lejos dos canoas, y cuando
todas sus disposiciones estuvieron tomadas, resolvió el ataque para la noche del 31 de Octubre al 1.º
de Noviembre. Distribuyó su caballería, sostenida por alguna infantería, en diversos lugares, para
que cubriese la parte exterior de la laguna: una batería con tres cañones y un obús construida en la
parte mas inmediata a la isla distante de ella mil doscientas varas, una canoa con un cañón de a
cuatro y una balsa con otro de montaña debían proteger el desembarco, verificándose el ataque por
cuatro puntos a un tiempo, a las órdenes del capitán D. Vicente Endérica. Un repuesto de pólvora
que se incendió en la isla, desalentó a los defensores, por lo que presumiéndolo así, no creyó
Iturbide necesaria su presencia. El sargento de la Corona Juan Espinosa con diez granaderos de su
cuerpo, fue el primero que puso el pie en la isla; siguiéronle D. Gaspar López que mandaba a los

415 La ha publicado Bustamante Cuadro histórico tom. 2.0 fol. 315, y está tan falta de sentido común como las
comunicaciones de Rayón a Morelos sobre la fragata Aretusa.
416 Sólo Bustamante habla de estas negociaciones y de él copio todo lo relativo a ellas, pues el secretario de Rayón
nada dice de esto en su diario.
417 Véase el parte muy pormenor de Iturbide en la gaceta de 7 de Enero de 1813 tom. 4. ° núm. 342 fol. 25 y en la
siguiente, de la que se ha tomado esta descripción. Tengo también a la vista la instrucción dada por Iturbide a los
comandantes de los destacamentos que debían verificar el ataque, y el plano de la isla formado por el teniente de
Toluca D. Francisco González de Terán, dedicado al padre de Iturbide.
418 Parte de García Conde, en las gacetas citadas.
419 D. Carlos Bustamante dice de este eclesiástico, que era subdiácono y que siempre admiró en él buenas
disposiciones para puntear una guitarra y divertir un estrado de damas, pero que no tenía otras. Cuadro histórico
tom. 2. ° fol. 246.
136

realistas de Silao, y los que iban en las otras balsas, y la isla fue tomada con muy corta resistencia.
Fueron cogidos el P. Ramírez, coronel y comandante de la isla; José María Santa Cruz, mayor de
plaza; Tomás Moreno, comandante de artillería; el ingles Nelson, que hacia de ingeniero y dirigió la
construcción de las fortificaciones; y Felipe Amador, ordenado de menores, que conducidos a
Irapuato fueron pasados por las armas: la misma suerte corrieron los demás de menos nota que
fueron cogidos, habiendo quedado encargado de su ejecución y de la destrucción de las
fortificaciones, el teniente coronel graduado de la Corona D. José María Monter, el mismo a cuyo
cargo estuvo fusilar en Granaditas, en Guanajuato, a todos los que fueron condenados a esa pena
por Flon. La pérdida de los realistas fue corta, no pudiendo ser grande según el número de armas
que en la isla se tomaron, pues aunque había ocho cañones de varios calibres, no se encontraron
más que unos treinta fusiles o escopetas servibles. De los defensores no se escapó uno solo, pues los
que no cayeron en manos de Iturbide en el fuerte o de la caballería destacada en las riberas de la
laguna, perecieron en el agua a la que se arrojaron, con cuyo motivo, Iturbide que era muy pedante
en sus partes, exclama: “¡Miserables, ellos habrán conocido su error en aquel lugar terrible en que
no podrán remediarlo! (suponiendo condenados a todos a las penas del infierno como
excomulgados) ¡Quizá su catástrofe triste servirá de escarmiento a los que están aun en disposición
de salvarse!”
El Dr. Cos en Dolores se ocupó de levantar y organizar gente, reuniendo las partidas que
había por aquellas inmediaciones: lo acompañaba D. Rafael Rayón, hermano de los generales de
aquel apellido, y entonces comenzó a adquirir nombradía por aquel rumbo Matías Ortiz, conocido él
y sus hermanos con el nombre de los “Pachones”. Con las partidas que se le habían unido y gente
que había disciplinado, marchó Cos sobre Guanajuato el 27 de Noviembre; García Conde,
prevenido de este movimiento por el intendente Marañón, se trasladó a aquella capital, disponiendo
que Iturbide con la sección que mandaba se dirigiese hacia Dolores por S. Miguel, y que el coronel
Castro con doscientos veinte hombres y dos cañones, cubriese las avenidas de la sierra por el
camino de Santa Rosa. Empeñado este con todas las fuerzas de Cos y a riesgo de ser rodeado por
estas en una cañada estrecha, logró salir a las alturas de la mina de Mellado, a media legua de
Guanajuato, y se hizo fuerte en ellas auxiliado por los refuerzos que García Conde le mandó, y Cos
tuvo que retirarse y volver a Dolores, cuyo punto no conservó constantemente, pues siendo aquel el
tránsito de los convoyes que conducían carneros, sebos, y otros efectos de tierra adentro, y que
volvían con tabacos y otros artículos de comercio, al acercarse los convoyes abandonaba al pueblo y
hostilizaba a estos, que a veces para poder pasar necesitaban nuevos refuerzos de tropas de
Querétaro.420 En la distribución de provincias que los individuos de la junta hicieron entre sí al
separarse en Sultepec, se designó la de Michoacán a Verdusco, porque cada uno se retiró a donde
podía esperar dar mas impulso a la revolución por las relaciones que tenía: siguiólo después en
calidad de secretario el canónigo Dr. Velasco y se situaron ambos en Uruapam, donde organizaron
alguna gente, para cuya instrucción les eran muy útiles algunos sargentos y oficiales desertores de
las tropas realistas, supliendo con esto la completa ignorancia que en cosas de milicia tenían los dos
doctores. Velasco, en un reencuentro que tuvo con la sección que mandaba el teniente coronel D.
Antonio Linares, en las lomas del Calvario cerca de Pázcuaro, fue batido y regresó a Uruapam;
Verdusco, creyendo que no podría sostenerse en aquel punto, lo abandonó el día siguiente a la
llegada de Velasco, para trasladarse a Apatzingán, dejando enterrados los cañones que había fundido
y el repuesto de cobre que tenía, que todo cayó en poder de Linares. 421 De allí pasó a Tancítaro, a
donde fue a buscarlo la primera división de tropas de Nueva Galicia mandada por Negrete, la que
superando las dificultades de la estación de aguas y caminos hechos por ellas impracticables, llegó a

420 Bustamante, Cuadro histórico tom- 2. ° f. 295 no halla como combinar la relación que el Dr. Cos hizo de su ataque
a Guanajuato, con el parte del intendente Marañón, inserto en la gaceta de 22 de Febrero de 1813 núm. 364. Esta
misma dificultad ocurre siempre que se quieren combinar las relaciones de los jefes insurgentes, casi siempre
falsas, con las de los realistas en que hay exageraciones grandes, pero los hechos son ciertos.
421 Véase para la campaña de Verdusco a Bustamante, Cuadro histórico tom. 2. ° fol. 239 y siguientes y las gacetas
que se citarán.
137

aquel pueblo el 19 de Septiembre; en todos los del tránsito los habitantes habían huido al
aproximarse los realistas, que no encontraban en ellos más que a los curas y algunas mujeres:
Tancítaro, aunque regularmente fortificado, había sido también abandonado, y Negrete, haciendo
destruir las fortificaciones y los edificios construidos para fundición de cañones, fábrica de pólvora
y municiones, dejó allí su artillería y bagajes a cargo del teniente coronel Mangino, para poder
seguir mas expeditamente a Verdusco, que se había situado con todas sus fuerzas y cinco cañones en
una posición ventajosa en las barrancas de Araparícuaro. Negrete lo atacó allí y dispersó
completamente su gente, haciéndose dueño con poca resistencia de su artillería y campamento, y
aunque hizo seguir el alcance con empeño por la caballería mandada por Quintanar, la dispersión
fue tan completa que no logró más que hacer algunos prisioneros.422
Vuelto Negrete a Zamora, porque no se le presentaba enemigo a quien combatir, tuvo
Verdusco tiempo de rehacerse en Uruapam. Negrete, “con el deseo de atrapar al cabecilla doctor”,
como dice en sus partes, hizo una marcha rápida del 24 al 26 de Octubre, andando en tres días la
distancia de nueve jornadas ordinarias, sin dar a su tropa tiempo para comer ni dormir, y logró
sorprender a Verdusco, que con el P. franciscano Delgado, Víctor Rosales y otros jefes reunía unos
mil hombres, bastantes armas, siete cañones y porción de municiones. En pocos minutos todos
huyeron, quedando en poder de Negrete los cañones y todas las municiones; en el alcance por el
camino de Taretán, fueron muertos por la caballería de Negrete porción de fugitivos. 423 Verdusco se
retiró a Taretán, rica hacienda de azúcar de los agustinos,424 y de allí volvió a Ario donde se
reunieron casi todas las partidas de insurgentes de Michoacán, mandadas por Montaño, Vedoya,
Víctor Rosales, Rodríguez, P. Carbajal, Múñiz, Suárez, Arias, Sánchez, y otros, componiendo un
número que Bustamante hace subir a veinticinco mil hombres bien armados, en lo que como
veremos, parece hay mucha exageración. Múñiz había fundido muchos cañones, y se contaba con la
cooperación del P. Navarrete. La reunión se completó y organizó en Pázcuaro a fines de Enero de
1813, y Verdusco resolvió ir a atacar a Valladolid. Entendido este plan por Rayón que conocía el
poco acierto de Verdusco, le dio orden para que lo esperase, sin intentar entre tanto movimiento
alguno; Verdusco, que al frente de tan numerosa reunión, tenía por seguro el triunfo, no quiso partir
con Rayón la gloria de él, y en vez de obedecer sus órdenes, ellas mismas fueron motivo para
acelerar el ataque.
No estaba ya en Valladolid el coronel Trujillo, quien desde fines de Diciembre del año
anterior había salido para Méjico, dejando el mando al teniente coronel D. Antonio Linares. Este,
viendo que Verdusco se acercaba con tan numerosa reunión, hallándose disminuida la guarnición de
Valladolid que siempre era escasa, por la escolta bastante fuerte que Trujillo llevaba, circunstancia
que había contribuido no poco a estimular a Verdusco para intentar el ataque; reunió los
destacamentos que tenía fuera de la ciudad, el mas considerable de los cuales era el que mandaba
Orrantia, y se preparó para la defensa haciendo que se armasen los vecinos. 425 Todos estos ataques
de Valladolid son idénticos, variando solo en algunos incidentes. Los insurgentes se presentaban en
las lomas de Santa María; bajaban de allí a atacar las garitas y cortaduras de las calles de la ciudad y
con más o menos resistencia se retiraban; la guarnición hacía entonces una salida y ellos
abandonando su artillería y campamento, echaban a huir hacia los parajes del Sur de donde habían
venido, en donde protegidos por el mal clima y aspereza del terreno, volvían a reunir gente y a
fundir cañones para volver a repetir al cabo de algún tiempo igual escena. Esto es puntualmente lo
que sucedió en el ataque que Verdusco dio a aquella ciudad el 31 de Enero de 1813. Presentóse ante

422 Partes de Negrete, gaceta de 2 de Enero de 1813 núm. 340 fol. 11.
423 [Link] 5 de Enero n. 341 f. 20.
424 Refiere Bustamante Cuadro histórico t. 2. ° fol. 241, que Verdusco aquella noche hizo le tocasen una vihuela y
cantasen boleras, y en la mañana siguiente se entretuvo en torear un carnero mocho en el patio de la hacienda.
Esto prueba bastante el carácter insubstancial, frío y apático del hombre.
425 Véanse los partes de Linares, 2.º gaceta de 20 de Febrero y 6 de Marzo, números 363 y 369 fol. 203 y 248.
Bustamante, Cuadro hist. Tom. 2.º fol. 242. Todo lo confirma Linares en la exposición de sus servicios hecha al
virrey, que tengo manuscrita.
138

la plaza con seis mil hombres, veintiún cañones del calibre de 3 a 18, puentes levadizos, escalas,
carros de lana para parapetos, y otras invenciones, que prueban el empeño con que los insurgentes
estudiaban los medios de ataque y defensa. El ataque fue más empeñado por la confianza que los
asaltantes tenían de tomar la ciudad y la poca resistencia que creían encontrar por lo escaso de la
guarnición. Ésta, en la salida que hizo, los arrolló completamente, les mató mil doscientos hombres
en el alcance hasta Oporo, les quito toda la artillería, doscientos fusiles, todos sus trenes de sitio, les
tomó ciento treinta y ocho prisioneros, y lo que es raro en aquel tiempo, ninguno de estos fue
fusilado, porque Linares, hombre generoso y humano, no gustaba de derramar sangre fuera del
campo de batalla.
Verdusco, después de esta derrota, se retiró a Puruándiro y se fortificó en la hacienda de S.
Antonio. Linares mandó a perseguirlo a D. Pedro Antonelli con una división de tropas de
Valladolid, y lo halló tan descuidado, que a la una de la tarde fue tan completamente sorprendido
que escapó sin poder tomar más que un caballo en pelo, perdiendo su equipaje y todo cuanto había
recogido para vestir a su gente. En esta se hizo gran matanza en la fuga, y habiendo cogido noventa
y ocho prisioneros, Antonelli quiso exceder a su jefe en generosidad, pues no sólo los dejó libres,
sino que dio a cada uno un peso para que tuviesen con que volver a sus casas; pero ellos
correspondiendo indignamente a este acto de humanidad tan desusado en aquella época, luego que
subieron a lo alto de un cerro, comenzaron a insultarlo, gritándole: “Antoñuelo, toma tu peso”, 426
con lo que ciertamente no quedaría inclinado a ser tan benigno otra vez, sino más bien a cumplir lo
que previno Cruz en Guadalajara en 1.° de Diciembre de 1812, quien con ocasión de la noticia
recibida por S. Blas de haber sido presos por el pueblo de la Guaira Miranda y otros jefes de la
revolución de Venezuela, dijo en una proclama: “Lo que aviso al público para su noticia y
satisfacción, y como estoy firmemente persuadido de que la mayor parte de los habitantes de este
reino, seguirán en todas ocasiones el noble ejemplo de la Guaira, entregando a cualquiera de los
cabecillas de la rebelión que tuviese la desgracia de refugiarse a sus pueblos, no tengo necesidad de
hacer advertencias y encargos en un punto que todos desean desempeñar, por estar ya desengañados
de que así los cabecillas como la demás canalla rebelde, son unos monstruos producidos por el
infierno, enemigos del orden y del bien público, y a quienes es preciso bien aprisionar, matar, o
perseguir como bestias feroces”. Esta orden era la pauta por donde procedían todas las divisiones de
tropas de la Nueva Galicia.427
En el mismo mes de Enero en que se verificó el ataque de Valladolid y algunos días antes de
éste, (el 12) Liceaga con Rubí y otros jefes de partidas atacaron a Celaya (10 de Enero),
aprovechando la circunstancia de haber salido la caballería de aquella guarnición, compuesta de
vecinos armados, a hacer una correría por el lado de Dolores, de donde había regresado el 9 por la
noche, fatigada por una larga jornada. Esto contribuyó a que al principio del ataque, habiéndose
adelantado al barrio de S. Miguel cincuenta caballos con otros tantos infantes y un cañón pequeño,
fuesen arrollados los primeros y cayendo en desorden sobre la infantería, se dispersase ésta
abandonando el cañón y sufriendo la pérdida de cuarenta muertos, contándose entre ellos el capitán
Villanueva que mandaba la partida y el P. carmelita Fr. Manuel de Santa Bárbara, español, que hacía
la guerra a los insurgentes no menos con exhortaciones que con las armas. Reducida entonces la
defensa de la ciudad a la de las cortaduras practicadas en las calles, los insurgentes fueron
rechazados, pero permanecieron en las inmediaciones amenazando nuevo ataque, que hubieran sin
duda emprendido a no haber sido porque el comandante de brigada de Querétaro, avisado por el de
las armas de Apaseo, pueblo situado entre Querétaro y Celaya, del riesgo en que esta ciudad se
hallaba, mandó prontamente un refuerzo de cien caballos de la escolta de Trujillo, que se hallaba
detenido allí esperando mayores fuerzas para pasar a Méjico, los que reunidos a los realistas de
algunas haciendas, hacían una fuerza de más de doscientos cincuenta hombres, que batieron y
dispersaron a los insurgentes en un sitio llamado la Peña Colorada. Mandaba estas fuerzas el

426 Bustamante, Cuad. Hist. tom. 2.º fol. 243.


427 Gac. de 18 de Febrero de 1813, núm. 362 fol. 189 tom. 4.º
139

comandante de la escolta de Trujillo, teniente D. Manuel Gómez, quien habiendo añadido después a
su primer apellido el de Pedraza, es más conocido por éste. En su parte dice, que “dejó muertos
noventa ladrones, y que entre ellos tenía la satisfacción de que se contasen algunos capitanes,
coroneles, y tal vez algún brigadier”, lo que se refiere al brigadier Borrajo, que murió en esta
acción, y recomendando a varios oficiales que en ella se distinguieron, añade, “que es inútil hacer
su elogio, cuando su mayor honor consiste en ser los defensores de Michoacán, instruidos en el arte
de la guerra por su ilustre jefe (Trujillo)”. 428 Los insurgentes ejercieron su venganza sobre las
haciendas de las inmediaciones, cuyas trojes llenas de trigo y maíz incendiaron, y este atroz sistema
de destrucción decretado por la junta y puesto entonces en práctica por Liceaga, tuvo después
tremenda extensión, cuyos efectos, aun después de tantos años, se echan de ver todavía en las
haciendas arruinadas del bajío de Guanajuato.
La derrota sufrida por Verdusco en Valladolid aumentó la enemistad que había entre él y
Rayón. Salió este de Tlalpujahua el 28 de Enero, recibiendo en los lugares de su tránsito todos los
homenajes de un soberano, y en las inmediaciones de Tajimaroa supo que el ataque se había
emprendido y aun percibió confusamente el ruido del cañón. Instruido en la hacienda de Santa Clara
de la derrota que Verdusco había sufrido, se dirigió a Pázcuaro a donde llegó el 9 de Febrero, y allí
lo recibió Verdusco que se había retirado a aquel punto. 429 Rayón le hizo cargo de haber atacado a
Valladolid sin su permiso, y sin acordar el plan de ataque en una junta de guerra, exponiendo inútil
y temerariamente a su tropa y exigiendo grandes sacrificios a los pueblos, sin consultar para nada a
la junta. Mientras estos cargos se examinaban, se verificó literalmente la fábula de Iriarte tan
conocida de los dos conejos: el coronel Montaño dio aviso de que se acercaba una división de las
tropas de Valladolid, que se dirigía a Zacapo a atacar al P. Navarrete, quien después de la derrota de
Valladolid, en la que su partida sufrió poco por haber huido antes que las otras, había vuelto a aquel
punto, considerado como inexpugnable; con tal noticia, Rayón y Verdusco salieron
precipitadamente de Pázcuaro a las once de la noche del mismo día (12 de Febrero) llevándose
cuatro cañones y la gente que allí tenían y se retiraron a Ario, donde se quedó Verdusco, pasando
Rayón a la hacienda de Puruarán.
En su tránsito por varios lugares de la provincia de Michoacán, recibió Rayón continuas
quejas del desorden y arbitrariedad con que se conducían los jefes de las diversas partidas de
insurgentes que estaban esparcidas en ella, los cuales, según las expresiones de su mismo secretario,
“no eran en realidad jefes, sino ladrones y forajidos”. Estas quejas recaían especialmente sobre el
manejo del intendente de la misma provincia D. Pablo Delgado, cura de Urecho, que había
acompañado a Rayón a Puruarán, y habiendo interceptado éste una carta de Delgado a un
comandante de las tropas reales pidiendo el indulto para sí y para su sobrino Suárez, 430 hubo de
proceder contra el cura mandando se le formase causa. Las acusaciones resultaron comprobadas,
pero en consideración a su carácter sacerdotal, no se le impuso otra pena que mandarlo desterrado a
428 Véase la gaceta de 18 de Ferero, núm. 362 fol. 101. Siendo este parte la primera producción impresa del Sr.
Gómez Pedraza, me ha parecido que los lectores lo verían con interés, por lo que lo he puesto en el apéndice núm.
9 En el diario del secretario de Rayón, con fecha del 16, se da razón de este ataque, de una manera muy conforme
a lo que aquí se dice.
429 El secretarlo de Rayón, de cuyo diario están tomadas todas estas noticias, describe menudamente el ceremonial
del recibimiento. Acompañaban a Rayón el procurador de la junta, auditor de guerra, contador y otros empleados,
con una escolta de 50 dragones provinciales de Tlalpujahun. A su llegada a Pázcuaro, salió a recibirlo hasta la
capilla del Cristo, Verdusco; fueron ambos a la parroquia, en la que se cantó el “Te Deum”, habiéndose reunido en
las calles un numeroso concurso hasta la entrada da al palacio, en donde recibió Rayón el besamanos del clero,
oficialidad y vecindario, sirviéndose un decente refresco. En uno de los días siguientes, visitó a las monjas, las
cuales le manifestaron particular reconocimiento. El secretario no habla de la acusación intentada contra Verdusco,
que he tomado de Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º folio 244, y acerca de estas cuestiones de los insurgentes
entre sí, no hay otro a quien consultar. Él era parcial de Rayón, por lo que sus noticias pueden adolecer de esta
inclinación.
430 El secretario de Rayón califica a éste de “hombre inmoral, cobarde, ladrón insaciable y delincuente por muchos
capítulos”. Por ambigüedad en la puntuación no se puede conocer si esta calificacion es aplicable al tío o al
sobrino.
140

las Balsas, debiendo acompañarlo basta dejarlo en aquel punto, el P. Fr. José Luna, pero en vez de
cumplir Delgado esta orden, fue a unirse con Verdusco, que temeroso de ser sorprendido por los
realistas en Ario, se había retirado a Urecho, y no a Puruarán como le había mandado Rayón.
Liceaga se dirigió también a Urecho, donde unido con Verdusco y estimulados ambos por el
resentimiento de Delgado, publicaron como vocales de la junta un bando, en el que declaraban que
en ellos residía la soberanía, y citaban a Rayón para que dentro de tercero día, se presentase en la
hacienda de la Parota, a contestar a los cargos que se le hacían por haber usurpado la presidencia de
la junta, invadido la provincia de Michoacán asignada a Verdusco, separado del empleo al
intendente de ella y dictado otras providencias ajenas de su autoridad, intimándole que sería
declarado traidor con toda su familia y los que le siguiesen, si no daba pronta obediencia a aquella
orden, y no habiéndose presentado, se hizo esta declaración por otro bando de 7 de Marzo.
Había dispuesto Rayón que fuese a unirse con él el Lic. D. Francisco Solórzano, con la tropa
que había reunido en las Balsas y se hallaba en la hacienda de Santa Efigenia. Verdusco y Liceaga,
recelando que Solórzano marchaba contra ellos, se adelantaron a atacarlo en aquel punto y
sorprendiéndolo el 4 de Marzo, le mataron siete hombres y le quitaron las armas y municiones.
Rayón entonces, habiendo nombrado comandante general de la provincia a Múñiz e intendente a
Solórzano, se volvió a Tlalpujahua en donde entró el 19, y el 3 de Abril publicó una proclama
vindicando su conducta y declarando suspensos de empleo a los vocales revolucionarios. Hizo partir
a su secretario para instruirá Morelos de todo lo ocurrido, y circuló a todos los jefes órdenes para
que aquellos no fuesen obedecidos; algunos, como los Villagranes, siguieron el partido de los
vocales; los más manifestaron su adhesión a Rayón a quien continuaron obedeciendo, y Morelos se
mantuvo indeciso, obrando con independencia de unos y otros. Cos dirigió una representación a
Rayón y a los vocales disidentes, con el objeto de operar una reconciliación, haciéndoles patentes
los males que de su desunión resultaban, pero sus buenas intenciones no tuvieron el resultado que
deseaba, y las cosas siguieron el 1812 curso que habremos de ver a su tiempo, siendo este
rompimiento entre los individuos de la junta, lo que dio el último golpe al crédito de ésta y que
consumó la anarquía que aun sin esto prevalecía entre los insurgentes.
Mientras los individuos de la junta daban en las provincias centrales el escándalo de sus
disensiones, haciéndose la guerra entre sí, veamos lo que pasaba en la de Veracruz, cuyo mando
había conferido Morelos a D. Nicolás Bravo. Los insurgentes, dirigidos por Rincón, Ochoa y otros
habían asediado, como en su lugar vimos, la villa de Jalapa en el mes de Mayo y la habían puesto en
gran estrecho, cortándole los víveres y atacándola por diversos puntos; batidos en Coatepec por
Fajardo, mayor del fijo de Veracruz, se retiraron abandonando su artillería, y habiendo llegado
Llano con el convoy que conducía para Veracruz en 10 de Junio, quedó aquella población
aprovisionada de víveres y asegurada por entonces de todo riesgo.431 A su regreso de Veracruz llevó
consigo Llano lo que quedaba del regimiento de Castilla, que con su coronel D. Francisco Hevia
quedó allí para restablecerse. En Octubre de aquel año se aumentó la guarnición con los restos del
batallón de marina que bajaban para embarcarse, el que como hemos dicho, hubo de quedarse en
aquella villa en espera de mayores fuerzas para pasar a Veracruz. A la fama de su nombre, pues le
había dado mucha la victoria del Palmar, se reunieron a Bravo las diversas partidas que se hallaban
repartidas en diversos puntos. Uniósele también Rincón (D. Mariano) 432 con su gente, habiendo
reparado en Misantla con nuevas reclutas, la pérdida que sufrió en Coatepec y se situó en este
mismo punto en el que fue atacado sin fruto por Hevia, en cuya acción fue herido D. Pedro
Landero, joven oficial del fijo de Veracruz, a quien mas adelante veremos figurar en sucesos de
mayor importancia.
El 11 de Noviembre se presentó Bravo a la vista de Jalapa con todas las fuerzas que había
431 Véase el pormenor de todos los sucesos de Jalapa, desde Octubre de 1811, a Junio de 1812, en la gac. de 3 de
Diciembre de 1812, tom. 3.º núm. 326 fol. 1271.
432 Debe distinguirse como ya se dijo, este Rincón de los generales D. Manuel y D. José, que siempre fueron realistas
y que entonces no eran todavía conocidos más que como arquitectos, habiendo construido D. José el muelle de
Veracruz y el puente del Rey.
141

reunido; al aproximarse el enemigo, D. Antonio Fajardo que tenía el mando de la plaza, lo cedió al
brigadier Porlier y al coronel Hevia, como jefes de mayor graduación, pero ambos rehusaron
admitirlo, ofreciendo auxiliar sus operaciones con los cuerpos que mandaban. Los insurgentes
ocuparon las entradas y las alturas que dominan la población: mandábanlos Bravo, Rincón,
Martínez, Utrera y Francisco Zuzúnaga, mulato veracruzano de gran valor. El ataque comenzado a
las dos de la mañana, se prolongó hasta las diez. Cuéntase que Hevia se vio en gran peligro, atacado
cuerpo a cuerpo por un mulato, a quien detuvo metiéndole por la boca el bastón que llevaba en la
mano, lo que dio lugar a que fuese muerto por uno de los soldados de Castilla; siendo causa de este
incidente el que Hevia, hombre de mucho valor pero fácil de montar en cólera, no llevaba nunca
espada en acción de guerra, desde que en un arrebato, dio muerte con ella a un soldado que huía.
Los insurgentes, habiendo sido desmontado un cañón que tenían de grueso calibre, se retiraron y
Bravo fue a ocupar el puente del Rey, ahora puente Nacional. 433 No por esto quedaron libres las
inmediaciones de Jalapa, pues según el parte reservado que dio al virrey el comandante del castillo
de Perote D. Juan Valdés en 21 de Diciembre pidiendo auxilios, 434 aquella villa estaba cercada por
todas partes de reuniones numerosas, que se extendían por Coatepec, Naulingo, las Ánimas y la
cuesta del Soldado, siendo preciso para batirlas una fuerte división, pues había tenido que retirarse
con pérdida la que el mismo Valdés había enviado a Ixbuacan de los Reyes, y había sido rechazada
la que salió de Jalapa a atacar a los insurgentes que ocupaban a Coatepec. Situado Bravo en el
puente del Rey, tenía enteramente interceptado el camino que conduce de Veracruz a la capital por
Jalapa, siendo este el paso preciso de todos los efectos y pasajeros que suben de la costa al interior
del reino, o que de este se dirigen a la costa. El puente mismo, construido sobre el río que
desemboca en la Antigua, es una obra magnífica ejecutada a expensas del consulado de Veracruz,
bajo la dirección de D. José Rincón: dos alturas lo dominan en una y otra ribera, y siendo
escarpadas las riberas del río, sin vado practicable en éste sino a mucha distancia y por caminos
ásperos y extraviados, la posición es verdaderamente inexpugnable. Dueño de ella D. Nicolás
Bravo, lo era del camino a la capital, y dejando libre el tránsito para los efectos comerciales
mediante una contribución que impuso sobre cada fardo, sacaba de ella sumas considerables, pues
aunque este comercio por medio de los insurgentes estuviese severamente prohibido por el
gobierno, el interés privado se sobreponía a todo y encontraba medios para eludir las medidas
dictadas por las autoridades. El carácter personal de Bravo facilitaba este género de relaciones, y
aun daba lugar a otras de otra diversa naturaleza: generoso y magnánimo en su conducta con los
españoles, nunca derramó su sangre sino en el campo de batalla, y muy lejos de perseguirlos, fue el
protector de cuantos pudo salvar de la muerte; con lo que aquellos se acostumbraron a considerarlo
como un enemigo político, pero como un amigo personal; y de aquí precedió que los desertores de
las tropas que de España venían, los soldados que quedaban enfermos y rezagados en los ardientes
climas de la provincia de Veracruz, y los prisioneros cogidos en los diversos reencuentros, se
alistaban con gusto bajo sus banderas. Los comerciantes de Veracruz, aunque decididos defensores
de la causa española, seguían comunicaciones con Bravo para proporcionar el tránsito de sus
mercancías, franqueándole ropa para su gente y haciéndole frecuentes obsequios de comestibles, de
modo que Bravo en su campamento no sólo tenía cuanto era menester para su tropa, sino todas las
delicadezas y regalos para su persona. Aun el historiador Torrente, nada parcial de los insurgentes y
cuya obra, a lo menos en cuanto a Méjico, no es más que un mal formado extracto por orden de
años de las gacetas del gobierno, hablando de él dice: 435 “El citado Bravo, que con tanto tesón y
constancia había permanecido en las filas de los insurgentes, era uno de aquellos hombres que
merecían ser respetados, aunque del gremio de los amantes de la independencia. Su carácter fue una
serie no interrumpida de acciones generosas; jamás participó del espíritu de sangre y exterminio que
433 Los pormenores relativos a este ataque de Jalapa, están tomados de Bustamante, Cuadro histórico tom. 2. ° fol.
147, y en mucha parte los he oído también referir al general Bravo. Las gacetas del gobierno no hablan de este
suceso.
434 Lo copia Bustamante, Cuadro histórico tom. 2. ° fol. 228.
435 Tor. [Link] la revolución hisp.-amer. Madrid 1830, tom. 2.°f. 402.
142

animaba a sus compañeros, y se han notado por el contrario en su conducta rasgos de nobleza poco
comunes”; y sigue refiriendo los varios sucesos que, en todas las épocas de la revolución, han
distinguido la conducta de este ilustre jefe.
El virrey había hecho salir de Méjico a principios de Diciembre, los caudales que estaban
depositados en las casas de los conductores436 de platas destinados a Veracruz, que ascendían a tres
millones de pesos; como la escolta que conducía esta gruesa suma era tan corta que apenas era
suficiente para custodiarla hasta Puebla, se temió mucho que el objeto era situarla en aquella ciudad
y servirse de ella para los gastos que requería la expedición que se intentaba contra Oajaca, pues ya
antes, en la junta de arbitrios convocada en Méjico, se había propuesto se echase mano de este
dinero, salvo a devolverlo cuando hubiese ocasión de hacerlo caminar a Veracruz. Desde Puebla se
encargó la conducción del convoy al brigadier Olazábal, aunque por el mal éxito del que traía de
Veracruz y perdió en Nopalucán, no era sin duda el jefe que mayor confianza podía inspirar para
este género de operaciones.437
Los caudales que se conducían se aumentaron en Puebla hasta cuatro millones, y la salida de
aquella ciudad se verificó el 2 de Enero de 1813. Hasta Perote no hubo tropiezo alguno en la
marcha, pero instruido Olazábal de la posición que ocupaba Bravo en el puente del Rey, dispuso
dejar el dinero encerrado en aquella fortaleza y adelantarse para hacer un reconocimiento, llevando
solo la tropa y víveres destinados a Veracruz. A la vista del puente dispuso Olazábal (el 14 de
Enero) que una sección mandada por el mayor del regimiento de Zamora D. Manuel Menica, dando
un largo rodeo, atacase por el camino de la Antigua la altura que domina el puente en la ribera
izquierda del río, mientras que los batallones de marina y Guanajuato, bajando por el camino real,
auxiliaban la operación. Herido Menica al principio del ataque, tomó el mando de la sección el
teniente coronel D. Pedro Otero, capitán de Guanajuato, y aunque condujo a sus soldados con gran
bizarría hasta cerca de los parapetos del enemigo, tuvo que retirarse con pérdida. Los insurgentes
entre tanto atacaron con su caballería por la espalda e izquierda el convoy que se extendía una
legua, pero tuvieron que desistir habiendo sufrido alguna pérdida, y entre los muertos se contó el
mulato Zuzúnaga, de acreditada valentía. Viendo Olazábal que le era imposible tomar el puente
defendido con dos reductos en la ribera izquierda, otro en la derecha, y otro más en el segundo
puente que está después del grande, habiendo perdido en el ataque al capitán de Guanajuato D.
Tomás Haro con otros oficiales muertos y heridos y no poca tropa, regresó a Jalapa quedando Bravo
dueño de la posición. Estas noticias causaron en el comercio de Méjico grande inquietud, por la
gran suma de dinero que estaba en riesgo.438
Volvió a salir Olazábal de Jalapa con la división de su mando y tres piezas, dejando en aquella
villa todas las cargas, fingiendo seguir el camino real para repetir el ataque del puente; pero a la
segunda jornada tomó sobre su derecha, en busca del vado de Apasapa a donde llegó el 26, y
encontrándolo practicable, emprendió el paso del río y logró situar sus tres piezas en la ribera
opuesta y ocupar con la tropa de marina las alturas de Jacomulco. Dudosos los insurgentes del
punto a donde se dirigía, y sospechando que su objeto era atacar a Huatusco y tomar el camino de
Córdoba, abandonaron sus posiciones y Olazábal en once días de penosa marcha por caminos
fragosos, en los que muchas veces era necesario que los soldados llevasen a mano la artillería, llegó
por fin a Veracruz el 5 de Febrero.
El 11 emprendió la marcha de regreso, dejando en aquella plaza ciento ochenta hombres del
fijo y de tropa de la costa, y para reemplazarlos, sacó los piquetes que allí habían quedado de los
regimientos españoles de Zamora, Castilla y Lobera, el batallón de Fernando VII y una compañía de
dragones, que así como el referido batallón habían llegado recientemente de España. Bravo creyó

436 Eran a la sazón conductores de platas D. Diego Peredo y D. Martín Ángel de Michaus, quienes en la competencia
establecida entre ellos, dieron a porfía por seguridad de las grandes sumas que entraban en su poder a las
principales casas del país. Véanse las gacetas de 804 y 805.
437 Véase la gaceta de 4 de Marzo de 1813 núm. 368 fol. 243, y Bustamante, Cuadro histórico tomo 2.º fol. 249.
438 Es curioso ver en el diario del Dr. Arechederreta, la inquietud de ánimo que había entre los comerciantes, según
las noticias que se recibían del convoy.
143

que Olazábal se dirigía al vado del Pinillo y trasladó allá sus fuerzas para impedir el paso, con lo
que siguiendo Olazábal el camino real, encontró desguarnecido el puente del Rey, y volvió por él a
Jalapa. Como desde el mes de Agosto anterior no había pasado correspondencia alguna de Veracruz
a Méjico, encontró Olazábal detenida en aquel puerto toda la que había venido de España en este
largo intervalo de tiempo, la que mandó a Méjico desde Jalapa, escoltada por doscientos dragones y
se recibió en aquella capital el 28 de Febrero. Con ella llegó la orden de la regencia de 16 de
Septiembre, relevando del virreinato a Venegas a pretexto de necesitarse en España sus
conocimientos militares, y nombrando para sucederle al mariscal de campo D. Félix Calleja.439
Había este permanecido retirado desde que dejó el mando del ejército del centro, pues aunque
fue nombrado comandante general de las provincias internas de Oriente, cuando éstas se separaron
de las de Occidente,440 no admitió este empleo. Su rivalidad con el virrey era cada día más conocida,
y cuando esta parecía estar en el más alto punto, repentinamente y sin otro antecedente, el virrey lo
nombró gobernador militar de Méjico (29 de Diciembre), dándolo a reconocer a la guarnición por
una orden del día muy honorífica, y al mismo tiempo lo hizo teniente coronel de los cuerpos de
realistas o patriotas de Fernando VII de la capital, que constaban de tres batallones de infantería,
dos escuadrones de caballería, y una brigada de artillería. Posteriormente en 7 de Enero, habiendo
tenido Venegas por conveniente suprimir la junta de seguridad que entendía en las causas de
infidencia, sea porque había venido a ser odiosa, o por ser opuesta a la constitución, substituyó a
aquella una junta militar de siete individuos, oficiales de la mayor graduación, cuya presidencia
confirió al mismo Calleja, debiendo asociarse a la junta el juez eclesiástico que el obispo nombrase
en las causas de aquel fuero, con lo que quedó modificado en esta parte el célebre bando de 25 de
Junio. En cada capital de provincia debía establecerse una junta semejante, sujetándose en sus
procedimientos al reglamento que se les dio. Calleja, afecto a la exactitud de la disciplina y no
menos a la pompa militar, introdujo la mayor puntualidad en el servicio de la plaza, y en el día de
Reyes de 1813, en que se celebraba la pascua de los militares, fue desde la casa en que habitaba en
la calle de S. Francisco, perteneciente al conde del Jaral, conocida con el nombre “de Moncada”, 441
a felicitar el nuevo año al virrey, acompañándole toda la oficialidad de la guarnición, compuesta de
mas de cuatrocientos individuos con brillantes uniformes, dando mayor ostentación a esta
ceremonia, la concurrencia de las músicas de todos los cuerpos.
Calleja se presentaba todos los días a recibir del virrey el santo y la orden del día. Al hacerlo
el 28 de Febrero, cuando ya había recibido los despachos de virrey, Venegas salió a recibirlo hasta el
primer salón, lo felicitó por su nuevo empleo, y estuvo en seguida a visitarlo en su casa. Convenido
el orden del ceremonial de la entrega del mando, y presentados los despachos al real acuerdo que
dispuso se obedeciesen, mandando una comisión de dos oidores a cumplimentar a Calleja a su casa,
el 4 de Marzo a las nueve y media de la mañana, el ayuntamiento en coches, precedido de los
maceros a caballo, fue a tomarlo en su alojamiento y lo acompañó hasta el palacio, siguiendo la
comitiva las calles de Vergara, Tacuba, Empedradillo y plaza mayor, en las que estaba tendida la
tropa de la guarnición; Venegas lo esperaba con todas las
autoridades, en el salón principal, en el que le hizo solemnemente la entrega del bastón, y en
seguida pasó el nuevo virrey a la sala del real acuerdo, ante el cual prestó el juramento
acostumbrado. Venegas dejó inmediatamente el palacio y se trasladó con su familia a la casa del
conde de Pérez Gálvez, en la plazuela de Buenavista, en donde permaneció hasta su salida para
Veracruz, que se verificó con una escolta el 13 del mismo mes. 442 Calleja regresó a la casa de su
habitación, acompañándolo el ayuntamiento por las mismas calles que había ido. Las autoridades
felicitaron en el mismo día privadamente a la virreina, y en el siguiente las recibió el virrey en

439 Gaceta de 4 de Marzo de 1813, tom. 4.° núm. 368 fol. 242.
440 Todo está explicado muy por menor en el diario manuscrito del Dr. Arechederreta.
441 Después se ha conocido con el del Emperador, por haber vivido en ella Uurbide cuando lo fue. Ha sido vendida
recientemente para establecer en ella una posada.
442 Todo lo relativo a la toma de posesión de Calleja, está tomado del diario manuscrito del Dr. Arechederreta, y de
Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.° fol. 251.
144

forma al besamanos en el palacio, al que se había pasado en la noche.


Todos estos actos se verificaron fríamente y sin aplauso alguno. El nombramiento de Calleja
era mal recibido por los mejicanos que temían su severidad, y no menos recelaban que
acostumbrado a gastar con prodigalidad en sus expediciones militares, oprimiría con grandes
contribuciones para sacar recursos en las circunstancias apuradas en que el país se hallaba. Por el
contrario, los ricos comerciantes españoles se prometían ver acabar pronto la revolución, pasando el
gobierno a mano mas vigorosa e inteligente: lo hacia esperar así el mismo Calleja, quien en sus
conversaciones, atribuía la prolongación de la insurrección al desacierto de las providencias del
virrey, y estas especies comunicadas al comercio de Cádiz, que tanta influencia tenía entonces en el
gobierno, fueron las que decidieron el relevo de Venegas, el cual experimentó la suerte que es
común en los que mandan durante las grandes crisis. Aplaudido y admirado a su llegada;
considerado por los españoles como su libertador, fue después censurado según los diversos
humores de los partidos: aborrecíanlo los insurgentes, porque había impedido que se consumase la
revolución; llamábanlo cruel y sanguinario, porque había tenido que hacer uso de los medios de
rigor que las circunstancias habían hecho indispensables; el clero sobre todo, lo detestaba, por haber
atacado sus privilegios; los realistas por el contrario, le reprendían su demasiada benignidad; a ella
y a la falta de plan en sus operaciones atribuían los progresos que la insurrección había tenido
recientemente, y de aquí resultó que no estando bien con ningún partido, todos, si no aplaudieron,
vieron por lo menos con indiferencia su separación del mando.
Juzgándolo ahora con la imparcialidad que el transcurso del tiempo y la variación de
circunstancias permiten, la justicia exige que se diga, que fue hombre de grande integridad, mérito
que le reconocen aun sus más acérrimos enemigos; 443 no sólo no empleó ninguno de los medios
abusivos de enriquecer introducidos por Iturrigaray, sino que ni aun recibió aquellos regalos
autorizados por la costumbre,444 y así es que volvió pobre a España, necesitando que sus amigos le
facilitasen auxilios para hacer el viaje. Asiduo en el trabajo, no descansaba en el despacho de los
negocios ni en las horas mas incómodas de la noche, sin tener nunca mas distracción que algún rato
de paseo por la tarde; fecundo en recursos, los encontró para sostener los gastos de la guerra,
pareciendo poseer el secreto de hacer salir soldados del polvo de la tierra, pues cuando nada había,
logró formar un ejército numeroso, y supo oponer divisiones de tropa a las cuadrillas de insurgentes
que por todas partes se levantaban. Su resolución para lanzarse en la lucha desigual que se le
presentaba, fue verdaderamente heroica, y cuando Hidalgo marchaba con ochenta mil hombres
sobre Méjico y que la población en masa se levantaba en donde quiera que aquel se acercaba, es
menester creer que no aspiraba mas que a una honrosa muerte, decidiéndose a oponerse a este
torrente que todo lo arrebataba, con un puñado de hombres de cuya fidelidad podía tener tan poca
confianza. Aun las debilidades que como hombre se le inculpan, las aprovechó en beneficio de la
causa que defendía, y los insurgentes de Méjico estuvieron siempre persuadidos que a esto debió el
descubrimiento de la conspiración de Ferrer. No hay duda en que sin su oportuna llegada, España
hubiera perdido estos dominios desde el año de 1808, apoderándose Hidalgo y sus compañeros sin
dificultad de Méjico y de todo el reino. La guerra le dio poco lugar de consagrarse al desempeño de
las atenciones ordinarias de su empleo, pero en cuanto pudo no las descuidó, tomando empeño en la
conservación y propagación de la vacuna y en algunos ramos de policía, siendo indubitable que en
circunstancias menos funestas, habría sido uno de los mejores virreyes que hubiera tenido la Nueva
España.445 Vuelto a la antigua, se le dio el título de “marqués de la Concordia de Nueva España”,
harto mal acomodado sin duda al estado en que encontró y dejó el país y al género de ocupaciones

443 Esta justicia le hace Bustamante, Cuadro hist. tom. 2.º fol. 831.
444 En una de las funciones en que era costumbre regalar al virrey un plato de dulces en una fuente de plata, hizo
devolver ésta y sólo admitió los dulces.
445 En el palacio de Méjico ha quedado un recuerdo del gobierno de Venegas, que es la escalera de la habitación de
los virreyes, y ahora de los presidentes de la república, que hizo construir en lugar de la antigua que era muy
pendiente, con motivo de haberse resbalado y caído en ella, al bajar para ir al paseo. Bustamante atribuye
falsamente esta caída a intemperancia en la bebida, siendo Venegas un hombre muy sobrio en ella.
145

que en él tuvo, y los diversos gobiernos que se sucedieron en aquel reino lo trataron siempre con la
consideración debida a sus servicios.
Poco tiempo antes de la salida deVenegas del virreinato, llegó a Méjico el coronel D. Torcuato
Trujillo, a quien aquel favorecía con particular predilección y quiso que lo acompañase a su regreso
a España, lo que no pudo ser por haberlo detenido Calleja para contestar a los graves cargos que se
le hacían, en las representaciones que contra él dirigieron el obispo electo Abad y Queipo y los
cabildos eclesiástico y secular de Valladolid, a que había dado lugar por su manejo no sólo
sanguinario y tiránico, sino también poco puro en cuanto a intereses, por lo que dejó malos
recuerdos de sí en aquella ciudad. Estos cargos no fueron debidamente examinados y Trujillo algún
tiempo después marchó a España, dejando apoderado para contestar a ellos. En tiempo de guerra se
suele atender más a las acciones bizarras que a la moralidad del individuo, y sin duda la memoria de
la batalla del monte de las Cruces y de las defensas de Valladolid, hizo poner en olvido la conducta
posterior de un hombre que había salvado a Méjico en el primero de estos sucesos.446
Acompañó a Olazábal en su regreso de Veracruz el obispo de Oajaca Bergosa, electo
arzobispo de Méjico, que había llegado a aquel puerto en su larga peregrinación por Tehuantepec y
Tabasco, huyendo de Morelos. Detúvose a su tránsito en Puebla, para prestar los últimos auxilios al
obispo de aquella diócesis D. Manuel Ignacio González del Campillo, que falleció el 26 de Febrero.
Este prelado, natural de la misma Puebla, único obispo americano de nacimiento que había entonces
en Nueva España, se manifestó siempre cordialmente adicto a la causa de la metrópoli, en cuya
defensa publicó diversas pastorales, así como también la correspondencia que siguió con Rayón y
con Morelos tratando infructuosamente de convencerlos, y gastó grandes sumas tanto de su renta
episcopal como de su iglesia. Su celo fue premiado con la gran cruz de Carlos III y obtuvo la
amistad y confianza de Venegas. Su consagración se hizo antes de la guerra, en Tehuacán, en 2 de
Septiembre de 1804, con toda la magnificencia propia de la prosperidad que entonces había;
consagróle el mismo obispo Bergosa, en cuyas manos murió. Fue su secretario el Dr. D. Francisco
Pablo Vázquez, que estaba destinado a ocupar su lugar andando el tiempo y a hacer un papel tan
principal en la iglesia mejicana. Terminado lo que debía a la amistad y al puesto que el difunto
ocupaba, siguió el arzobispo electo a Méjico, en donde hizo su entrada el 13 de Marzo, el mismo
día en que Venegas salió para Veracruz. Los cabildos eclesiástico y secular lo recibieron en la
parroquia de Soledad de Santa Cruz, desde donde lo acompañaron al palacio real a hacer la visita de
costumbre al virrey, y de allí pasó al suyo, en el que lo esperaban para felicitarle por su llegada las
autoridades y personas de distinción, y en seguida, según el ceremonial establecido, fue a visitarlo
el virrey, quedando con esto variadas en los mismos días, las autoridades principales política y
eclesiástica.

446 Trujillo ha muerto hace dos años; habiéndosele dado el grado de brigadier, pasó el resto de su vida retirado en
Granada.
146

CAPÍTULO IV.
Estado del reino cuando tomó posesión del virreinato Calleja.—Extensión del país dominado por Morelos.—
Provincias que permanecían en revolución.—Distribución en ellas de las fuerzas del gobierno.—Estado de la hacienda.
—Trastornos en el orden político.—Divisiones político-morales en Méjico y Querétaro.—Administración de justicia en
lo criminal.—Primeras disposiciones de Calleja.—Su proclama.—Recursos que pide.—Préstamo voluntario.—
Establecimiento de la junta de arbitrios.—Plan de operaciones militares.—Diversas providencias en varios ramos.

Antes de ocuparnos de las providencias del nuevo virrey Calleja, conviene que nos
detengamos a examinar el estado en que el reino se hallaba cuando se hizo cargo de su gobierno, y
que demos razón de algunas de las últimas disposiciones de su antecesor: este examen hará más
fácil la inteligencia del plan de operaciones que el primero se propuso, y más expedita la relación de
los grandes acontecimientos que se efectuaron en el tiempo que estuvo en sus manos el mando
supremo de la Nueva España.
Por lo que hemos dicho en los dos capítulos anteriores, refiriendo la tercera campaña de
Morelos que terminó con la ocupación de Oajaca, y las operaciones de los individuos de la junta
que tomó el título de soberana, se ve que Morelos ocupaba todo el país que se extiende desde
Tehuantepec a Zacatula, a lo largo de la costa del Pacífico; toda la provincia de Oajaca desde la
frontera de Guatemala; la parte del Sur de la de Puebla y en la de Méjico, todo lo que se halla
situado entre la costa y el Mescala, sin más excepción que la plaza de Acapulco, que a la sazón
sitiaba D. Nicolás Bravo, en la de Veracruz, dominaba toda la parte meridional de ella, desde las
pendientes que forman el declive oriental de la cordillera hasta la costa y hasta los confines de
Oajaca y Tabasco, permaneciendo solo en poder de los realistas la ciudad misma de Veracruz con
algunos puntos de la costa, tales como Alvarado y Tlacotalpam, y las villas de Jalapa, Orizava y
Córdoba: pero la comunicación entre estas y Veracruz estaba de tal manera cortada, que sólo se
podía pasar con fuertes divisiones de tropa, transcurriendo muchos meses sin tener noticia alguna de
uno a otro punto.
Conservaba el gobierno en la intendencia de Puebla además de la capital, todas las
poblaciones principales, y se sostenían por sus propios esfuerzos Zacapuaxtla y otros pueblos
inmediatos a la sierra de Perote, habiendo sido fidelísimos aquellos indios a la causa de España;
pero en Zacarlair se hallaba Osorno que había fortificado aquel punto, en el cual tenía fábrica de
artillería, armas y pertrechos de guerra, siendo por la seguridad que ofrecía y proximidad a Méjico,
el asilo a donde emigraban los que eran perseguidos en aquella capital, y desde el que él mismo
extendía su autoridad hasta la costa, en toda la parte septentrional de la provincia de Veracruz y
amenazaba a Tulancingo, Zacapuaxtla, los llanos de Apam y camino de Veracruz. Osorno obraba
independientemente de la junta y aun de Morelos, mas no dejaba de reconocer a aquella, y las
fuerzas que le obedecían auxiliaban a éste, como lo hicieron Arroyo y Montaño para la expedición
de Oajaca. Al Norte de la provincia de Méjico, los Villagraues, padre e hijo, ocupaban a Huichapán
y Zimapán; desde la primera de estas poblaciones, residencia ordinaria de Villagrán el hijo,
conocido con el nombre de Chito, se extendían sus partidas al camino de tierra adentro desde San
Juan del Río a las cuestas de Capulalpán, e impidiendo el paso de los comestibles, ponían a
contribución a la capital; Villagrán el padre, que se hacía llamar “Julián I, emperador de la
Huasteca”,447 extendía por ésta sus correrías desde la serranía de Zimapán, aunque se hallaba
contenido en ella por la guarnición de Ixmiquilpán y por las tropas levantadas en Tlahuelilpán y
otras haciendas. En la misma Huasteca había otros muchos jefes de partidas, con las que estaban en
continua acción los comandantes de las tropas del gobierno Güitián y Llorente.
Los individuos de la junta desavenidos y discordes entre sí, tenían repartidas entre ellos las
provincias de Michoacán y Guanajuato: Rayón desde Tlalpujahua mandaba en la sierra inmediata
de Zitácuaro, valles de Temascaltepec y Sultepec, el de Toluca y hasta el camino de Querétaro, en el
447 Así lo dice Calleja en su manifiesto de 22 de Junio de 1814, y se me ha asegurado que Villagrán hizo acuñar
moneda con ese título, que no he logrado ver.
147

que frecuentemente atacaba los convoyes su hermano D. Ramón; mientras que otras partidas que de
él dependían y que estaban a las órdenes de Cañas, Epitacio Sánchez y otros muchos en las
montañas de Chapa de Mota y villa del Carbón, tenían en alarma todo aquel territorio hasta las
mismas puertas de Méjico. Verdusco, enteramente desacreditado después de la derrota que sufrió en
Valladolid, vagaba al Sur de Michoacán en los pueblos de la tierra caliente, de los cuales los más y
toda la costa hasta las cercanías de Colima, reconocían a Rayón como presidente de la junta.
Liceaga permanecía en la provincia de Guanajuato en las inmediaciones de Salvatierra y del Valle, y
su teniente Cos mandaba en el lado opuesto de la sierra de Guanajuato, en Dolores y pueblos
circunvecinos. En Michoacán el gobierno no poseía más que la capital y Zamora, pero en la
provincia de Guanajuato, casi todas las poblaciones grandes se habían puesto en estado de defensa,
y no siendo las fuerzas que los insurgentes tenían suficientes para tomarlas, se limitaban a hostilizar
las haciendas y pueblos indefensos. De aquí vino el atroz sistema adoptado por la junta y seguido
por sus individuos, de destruir las haciendas y las semillas acopiadas en ellas, para reducir a los
pueblos fortificados por falta de subsistencias, ya que no lo podían esperar a viva fuerza: sistema
que se llevó al cabo desde entonces en las inmediaciones de Valladolid, bajío de Guanajuato y valle
de Toluca, y que después tuvo tan funesta extensión.
La revolución había pues cambiado enteramente de teatro, y en vez de sostenerse en las
provincias que en el primer movimiento fueron ocupadas por Hidalgo, se había trasladado a las del
Sur y Oriente, pudiendo considerarse reducida por este tiempo a la extensión de territorio que acaba
de decirse, esto es: al que se comprende desde los lindes de la Nueva Galicia, Zacatecas y S. Luis
Potosí, hasta la costa del golfo de Méjico hacia el Oriente; y desde el río de Tampico al Norte hasta
las costas del Pacífico al Mediodía, pues aunque quedasen algunas partidas en las referidas
provincias, no pasaban de sus orillas, y en la de S. Luis de las riberas del citado río, en
comunicación con las de la Huasteca, debiendo entenderse solo de este espacio de terreno lo que
Calleja dice en su manifiesto de 22 de Junio de 1814, que a su ingreso al mando, “apenas se podía
contar con otra cosa que con las capitales de las provincias, y aun una de ellas, acaso la más pingüe,
era ya presa de los bandidos.448
La distribución de las fuerzas del gobierno había sido más bien obra de las exigencias del
momento, que de un plan combinado de operaciones. El cuerpo más numeroso que a la sazón
existía reunido, era el que mandaba el brigadier Olazábal, destinado a conducir el convoy de dinero
y víveres a Veracruz; desde su regreso de aquella plaza, se componía de los regimientos
expedicionarios de Fernando VII y Zamora, los de marina y Guanajuato, alguna caballería
expedicionaria también y de dragones de España y S. Luis. Con parte de estos cuerpos y trescientos
hombres del de Castilla, volvió a salir de Jalapa el 1.º de Marzo, habiendo recogido los caudales que
habían quedado depositados en Perote, para cuya conducción y la de las pasturas necesarias para el
viaje, que era menester llevar porque en el tránsito todo había sido talado y consumido, se habían
reunido cerca de cuatro mil mulas; el 5 del mismo mes llegó a Veracruz y el 9 salió de aquella plaza
conduciendo un rico cargamento de efectos del comercio. A su tránsito por el puente del Rey,
destacó al mayor de Castilla Santa Marina, para que fuese a destruir las fortificaciones formadas en
la Antigua, cuyo pueblo quemó, y habiendo allanado también otros puntos fortificados, volvió a
Jalapa el 14 sin ser molestado por Bravo en su marcha. 449 A estas fuerzas, y a las guarniciones
considerables de la misma plaza de Veracruz y de las villas de Jalapa, Orizava y Córdoba, debe
agregarse la división que escoltaba al virrey Venegas, compuesta del batallón 1.° Americano y cien
dragones, la que salió de Puebla el 20 del mismo Marzo a las órdenes del coronel Monduy, con el
triple objeto de llevar a Orizava dinero para habilitación de los cosecheros del tabaco y mulas en
que conducirlo; surtir de víveres a Veracruz, expeditando aquel camino, y conducir al puerto a
Venegas.450
448 Este manifiesto es una pieza muy importante, y que va a ser el texto que tomaré para dar razón del sistema
adoptado por Calleja para la guerra, explicado con mucha precisión y claridad en aquel documento.
449 Gaceta de 23 de Marzo, tomo 1.º núm. 376 fol. 306.
450 La misma gaceta, fol. 303.
148

En la provincia de Puebla, el teniente coronel Águila, sabiendo la toma de Oajaca por


Morelos, había vuelto a Tehuacán y permaneció en observación por algún tiempo en aquel punto,
con su división compuesta de los granaderos, el batallón de Asturias y la correspondiente caballería
y artillería; mas no habiendo nada que temer por aquel rumbo, con motivo de la marcha de Morelos
a Acapulco, regresó a Puebla para ser empleado en otros destinos. Teníanse guarniciones en Perote,
Tlaxcala y S. Martín, además de la que había en la capital, y todo esto con la línea de puntos
fortificados que corría desde Tepeaca, por Atlixco e Izúcar, resguardando la frontera de la Mixteca
ocupada por Morelos, formaba lo que se denominaba “ejército del Sur”; desde Perote salían
expediciones a hacer correrías por los pueblos de la sierra, que como veremos, vinieron a ser de
mayor importancia, empleándose en ellas los indios de Zacapuaxtla. Todas las tropas venidas de
España, que consistían hasta este tiempo en los batallones de Lobera, Asturias, 1.° Americano,
Zamora, Castilla, y Fernando VII, cien dragones y una compañía de artillería ligera, estaban
entonces, con excepción del primero de estos cuerpos, empleadas en las provincias de Veracruz y
Puebla. Algún tiempo después llegaron otros dos batallones, los de Saboya y Extremadura.
La división de Castillo Bustamante distribuida en muchas secciones, se hallaba en la
provincia de Méjico en el valle de Toluca e inmediatos, en donde eran frecuentes las acciones con
las partidas que capitaneaban varios jefes que reconocían a Rayón: entre los realistas se distinguían
Díaz Calvillo, Enríquez, y los subalternos Barachina, Filisola y D. Juan José Codallos. El batallón
de Lobera, con parte de los regimientos de línea de Méjico y Nueva España, componían lo principal
de esta división. Por el Sur de la misma provincia se hallaba Armijo, quien con la caballería de su
mando, las guarniciones de Tasco e Iguala, y las fuerzas levantadas en las haciendas de azúcar,
cubría el país hasta la ribera derecha del Mescala, siendo la izquierda el límite del territorio ocupado
por Morelos, sin que por esto dejase de haber partidas de insurgentes al otro lado del río, con las
que había frecuentes reencuentros. Las avenidas de la Huasteca estaban defendidas por la
guarnición de Tulancingo, que expedicionaba por los llanos de Apán, así como las de Pachuca y de
Ixmiquilpán cubrían aquella parte de la sierra contra los avances de Villagrán. Para asegurar el
camino de tierra adentro y facilitar la entrada de víveres en la capital, se hallaba situado en
Tanepantla D. Anastasio Bustamante, entonces capitán del regimiento de dragones de S. Luis, y
otras secciones que operaban por Tula y S. Juan del Río, se ponían en contacto con las tropas de
Castillo Bustamante en el valle de Toluca y con las de la guarnición de Querétaro. Esta, además de
la defensa de aquella ciudad, se empleaba en escoltar convoyes en todas direcciones, y en perseguir
a los insurgentes del lado de la Sierra Gorda.
La imposibilidad de atender desde Méjico a las provincias de Guanajuato y de Michoacán,
con las que casi no había comunicación por la interceptación de los caminos, hizo que el virrey
Venegas pusiese una y otra bajo el mando del general Cruz, presidente de Nueva Galicia. 451 Tenía
este mucha amistad con Venegas y seguían correspondencia amistosa de grande intimidad, y por el
contrario uno y otro estaban mal dispuestos con Calleja, habiéndose acumulado varios motivos de
disgusto entre ellos. Cual fuese el estado de estas provincias y la distribución de fuerzas en ellas en
Abril de 1813, lo manifestó el mismo Cruz en informe que dirigió con aquella fecha al virrey.
Según este documento, por el Oeste, por donde confina la Nueva Galicia con Sinaloa por el rumbo
de Acaponeta y el Rosario, quedaban todavía algunas partidas aunque de poca importancia: por el
Nayarit andaba otra que alguna vez hacia sus incursiones hasta las orillas del río Grande,
cometiendo robos y asesinatos, y para contenerla estaba destinado un pequeño cuerpo de tropas. Las
más numerosas de aquellas estaban por los confines de Guanajuato y Michoacán, en comunicación
con las de estas provincias, en la primera de las cuales se hallaba García Conde con su segundo
Iturbide, y estaba organizada la defensa de varias de las principales poblaciones, y en la segunda
tenía provisionalmente el mando Linares, sin ocupar mas que la capital y Zamora, no habiendo
podido sostenerse otros pueblos como Jiquilpán, Cotija y los Reyes, en que se trató de organizar

451 Por esta razón los partes de la toma de la isla Liceaga por Iturbide, están dirigidos por García Conde a Cruz.
149

cuerpos de realistas para su defensa.452


En S. Luis Potosí no había otra atención que resguardar la parte confinante con Guanajuato,
pues aunque la revolución se sostenía en las riberas del Pánuco, confinantes con la Huasteca, se
ocupaban de perseguir a los insurgentes en este rumbo las tropas de las provincias internas de
Oriente del mando de Arredondo, a las cuales se preparaban mayores y más importantes atenciones.
En materia de hacienda las dificultades habían crecido con la prolongación de la guerra, y el
estado del erario, al encargarse Calleja del mando era el que él mismo puso de manifiesto en su
decreto de 17 de Abril de 1813:453 “el erario público, dice, se halla en agonía, y muy próximo a
disminuir o acaso a no pagar los sueldos de empleados, con una deuda de más de treinta millones de
pesos,454 y con un deficiente mensual de más de doscientos sesenta mil, consumidos todos los
fondos públicos, agotados los arbitrios comunes y algunos de los extraordinarios, recargado de
deudas las mas privilegiadas, como alcances de las tropas que nos defienden, pago de libranzas
foráneas de cantidades prestadas para el socorro de las mismas, sueldos de inválidos, dispersos y
viudas que cada día se aumentan, el de tropas que cada día llegan de Europa con crecidos alcances,
construcción de armas, artillería, municiones, vestuarios, monturas etc., de cuyo repuesto se carece
y cada vez se hace mas preciso, y el gasto enorme de lista civil, aumentado por los muchos
empleados sin destino”. Túvose por imprudente esta publicación, considerando peligroso dar a
conocer a los insurgentes la debilidad del gobierno, pero éste no era un secreto que no estuviese al
alcance de todos, cuando para hacerse de recursos había sido ya necesario ocurrir a medios tan
violentos como los préstamos forzosos. En cuanto a las economías que el estado apurado de las
rentas exigía que se introdujesen en los gastos, se había encontrado muy poca disposición para ello
por parte de los empleados. Las cortes decretaron que se hiciese una rebaja en todos los sueldos,
proporcionada a la cuantía de estos: no se ejecutó esta orden y la audiencia representó contra su
cumplimiento, no obstante lo cual se insistió por el gobierno de España en que se llevase a efecto, y
aun se publicó en Méjico por bando en los últimos días de Noviembre del año anterior; pero
habiéndose formado expediente, al que se unieron las representaciones que hicieron todos los jefes
de oficinas, se trató el negocio en acuerdo pleno, y en el de 18 de Enero se resolvió suspender el
cumplimiento, revocando el bando ya publicado, y representar nuevamente a las cortes, pagándose
íntegramente los sueldos mientras se recibía la contestación.
La necesidad de proveer a Méjico de comestibles que escaseaban por la interceptación de los
caminos y que se vendían a altos precios, hizo que Venegas relajase todas las restricciones
establecidas en diversos giros, ya por privilegios concedidos a los abastecedores contratados, ya por
regulaciones gremiales. Habíanse publicado las franquicias concedidas por las cortes suprimiendo el
estanco de los cordobanes, plomo, estaño y colores; 455 estaba concedida la libertad del comercio y
abasto de carnes, y por nuevos bandos se concedió la libre fabricación y venta del pan, 456 la del
ramo de tocinería,457 y finalmente del de velería.458 Las ventajas de estas disposiciones se hicieron
luego palpables con la abundancia y baratura de los efectos de consumo más necesarios.459
En el orden político el trastorno en que las cosas se hallaban era prodigioso: destruido el
antiguo sistema de administración por la constitución y suspendido el cumplimiento de esta, apenas
acababa de publicarse, ni ella se observaba ni tampoco las leyes que antes regían. El ayuntamiento
de Méjico no se había renovado, ni suprimiendo en su totalidad el antiguo y eligiendo popularmente
el nuevo, como establecía la constitución; ni tampoco con la elección anual de los dos alcaldes,

452 Véase este informe extractado por Bustamante. Cuadro histórico, tom. 2.º fol. 402.
453 Gaceta de 24 de Abril de 1813, núm. 392 tom. 4. ° fol. 421.
454 Arechederreta, Diario o apuntes históricos manuscritos.
455 Publicóse por bando en 27 de Octubre de 1812.
456 Idem en 8 de Enero de 1813.
457 Idem de 6 de Febrero ídem.
458 Bando publicado en 9 de Febero de 1813.
459 Véase el orden que bajó el precio del carnero. En 8 de Enero se comenzó a vender a un real la libra. En 13 del
mismo 18 onzas. Diario de Riofrío manuscrito.
150

regidores honorarios y síndicos como antes se hacía, y continuaba provisionalmente el existente;


habíanse nombrado los electores para diputados a cortes en muchos partidos, pero no en la capital;
la audiencia seguía funcionando como cuerpo consultivo del virrey, y nada se había establecido del
nuevo arreglo de tribunales y juzgados mandado plantear por las cortes, continuando el virrey con
poder absoluto, estableciendo impuestos, levantando tropas y creando tribunales especiales, como
los consejos de guerra permanentes formados para reemplazará la junta de seguridad. Venegas había
tomado sobre sí toda esta inmensa responsabilidad, y en verdad que su resolución en esta parte fue
la más arriesgada, cuando estaba mirando el empeño con que en las cortes se perseguía a los
infractores de la nueva constitución, aun en sus menores ápices.
Para influir en la opinión, que había sido tan fuertemente prevenida contra el gobierno por la
libertad de imprenta en los pocos días que duró, protegió Venegas las misiones que se hicieron y
tuvieron principio con el sermón que predicó en la plazuela de Santo Domingo de Méjico el 17 de
Enero de 1813 el P. Fr. Diego Bringas, capellán que había sido del ejército del centro y guardián del
colegio de la Santa Cruz de Querétaro. Este sermón, que duró tres horas y se tituló “político moral”
tuvo tanta celebridad, que Venegas quiso que se repitiese asistiendo a oírlo él mismo con la
audiencia y demás autoridades, en una función solemne que se celebró el 24 del mismo mes a la
Virgen de Guadalupe en la iglesia de la Merced, 460 escogida al efecto, quizá por la opinión que se
tenía de ser los religiosos de aquella orden inclinados a la revolución. Sin embargo, varios de ellos
unidos al P. Bringas y al Dr. Mendizábal, cura de la parroquia de la Palma, siguieron las misiones en
la iglesia del Oratorio de S. Felipe Neri, llamada la Profesa y en otras de la capital, siendo mayor la
maledicencia a que con ellas se dio lugar, que el fruto que se recogió.461
No fue sólo en Méjico donde se hizo uso de este medio: en Querétaro se empleó también y
con mucha mayor extensión.462 Hallábase en aquella ciudad el P. D. Manuel Toral, por no poder
residir en su curato de Aculeo, en donde no había seguridad alguna a causa de la revolución, y
viendo el fermento que en aquella ciudad había a favor de la insurrección, propuso hacer contra ésta
unas misiones al comandante García Revollo, quien no sólo aprobó el intento, sino que lo
recomendó a los curas, los cuales se opusieron a su ejecución. Llegó a la sazón de Méjico uno de
los misioneros de aquella capital, el P. mercedario Fr. Manuel Estrada, 463 tan ardiente realista como
otros religiosos eran adictos a la insurrección, y puesto de acuerdo con el P. Toral, dieron ambos
principio a la predicación; pero habiendo seguido su viaje hacia tierra adentro el P. Estrada con dos
compañeros a continuar las misiones, quedó solo el P. Toral con pocos colaboradores, pues los
prelados de todos los conventos a quienes invitó, se rehusaron a auxiliarle. Continuó sin embargo en
su empresa, llevándola tan adelante que intentó formar una especie de inquisición: él mismo y sus
compañeros, así como los religiosos de la Cruz que todos eran europeos, negaban la absolución a
los penitentes, si no iban a delatar a los que sabían o suponían que eran afectos a la revolución. El P.
Toral como presidente de la misión, recibía las denuncias y aun quiso proceder a careos y otras
formalidades judiciales, a que se resistieron los denunciantes por no comprometer el secreto, y de
todo dio cuenta al virrey, remitiendo copia delas declaraciones. 464 Todo esto no produjo más que
burla y rechifla, habiéndose fijado contra los predicadores los más injuriosos pasquines; pero las
denuncias secretas del P. Toral al gobierno, tuvieron las consecuencias que en su lugar veremos.
Será interesante ver cual era el estado de la administración de justicia criminal al concluir el
antiguo orden de este ramo, para establecer el prevenido por la constitución. De los estados del
trienio precedente, formados por la sala del crimen para dar cuenta al rey según lo prevenido por el

460 Este sermón se imprimió y circuló por todas partes con gran número de ejemplares.
461 Arechederreta, apuntes históricos, y Diario de Riofrío ambos manuscritos.
462 Todas las noticias relativas a las misiones de Querétaro, están tomadas de los informes originales del P. Toral, que
se hallan en uno de los cuadernos de la causa de la señora Domínguez.
463 Llamábanle el P. Beveleche.
464 Todo lo he visto en los informes originales del P. Toral, que no me han entretenido poco, conociendo a algunas de
las denunciantas, pues casi todas eran mujeres, y de los denunciados, entre los cuales se cuenta al Dr. Osores,
actual deán de Méjico.
151

consejo de Indias en 5 de Mayo de 1812, cuyo resumen se comunicó al virrey por la misma sala 465
en 8 de Febrero de este año, resulta que en este periodo se despacharon por aquel tribunal 9.080
causas con 14.835 reos, de los cuales fueron condenados a la pena capital 12; a presidio 530; a
obras públicas 1.592; a cárcel 349; a casa de recogidas 1.116; a destierros 30; a hospicios 14; al
servicio de las armas 2.786; al de la marina 600; puestos en libertad 6.743; indultados 1.063, y sólo
quedaron pendientes a fin de Diciembre de 1812, 18 causas, de las cuales eran 10 de corte, esto es,
de la ciudad de Méjico, y 8 de fuera. En este número no están comprendidas las causas de
infidencia, despachadas en los dos últimos años por la junta de seguridad, compuesta de individuos
de la misma sala del crimen, cuyo número se dice en nota al citado resumen, haber sido por lo
menos quintuplicado.
Este número de causas y de reos parecerá enorme, pero si se hace abstracción de las causas de
infidencia que eran efecto de una circunstancia temporal y particular, y se atiende a que el resorte de
la sala del crimen se extendía a la mayor parte del reino, sin más excepción que la de las provincias
que dependían de la audiencia de Guadalajara, no parecerá tan exorbitante, y muy probablemente si
se sumase ahora el número de causas y reos despachados en igual periodo por todos los tribunales
de los estados, comprendidos en el territorio que entonces dependía de la audiencia de Méjico,
resultaría mucho mayor.466 Según la reseña que acabamos de hacer, Calleja al entrar a gobernar la
Nueva España, tenía que luchar con la revolución en toda su fuerza, pues aunque esta había sido
quebrantada con tantas derrotas sufridas por los insurgentes, había tomado nuevo aliento con las
ventajas obtenidas por Morelos al fin del año anterior, encontrándose además con un erario
exhausto, la mas completa anarquía en la administración y una opinión generalmente hostil al
gobierno. Tenía en su favor el gran conocimiento que poseía del país y de todos los jefes que tenía
que emplear, y contaba con un ejército numeroso y aguerrido y de cuya fidelidad no podía dudar;
ventajas todas de que careció su antecesor, quien a su ingreso en el mando se halló en un país
nuevo, enteramente desconocido para él, con una revolución que acababa de estallar y por lo mismo
con toda la fuerza de la novedad, cuya importancia no podía calcular, con pocas tropas para hacerle
frente, y cuya fidelidad era muy dudosa hasta ponerlas a la prueba.
Tenía Calleja que sostener, en el alto puesto a que acababa de subir, la reputación que había
ganado mandando el ejército del centro, aunque algo menoscabada en el sitio de Cuantía, y le era
necesario corresponder a las esperanzas que de su gobierno había hecho concebir, cuando censuraba
tan acerbamente el de su predecesor. Con el fin de llenar todos estos objetos, publicó una proclama,
como anuncio de lo que se proponía hacer en su administración: 467 en ella deploraba los males que
la guerra había causado, pintando el grado de ruina y desolación a que el reino había llegado, que
contrapuso a la paz y prosperidad de que antes disfrutaba; manifestaba que todo motivo de queja
había cesado con la constitución que acababa de darse, la que calificó de “fruto precioso de los
afanes y de la sabiduría del congreso”; “yo voy”, decía, “a poneros en entera posesión de los bienes
que en sí encierra, y seré el primero en observar celosamente sus preceptos. Sí, ciudadanos, la
aurora de la libertad ha brillado por último, y vuestros representantes, echando un velo sobre el
desconcierto y fatuidad de los tiempos pasados, cimentaron ya la felicidad de ambas Españas, y
estas provincias son un miembro igual a cualquiera otro de la monarquía. Cuanto pudierais apetecer
y discurrir, y aun aquello que no podríais nunca alcanzar por medio del desorden y la sangre, lo
465 Gaceta de 11 de Marzo de 1813, tom. 4. ° núm. 371 fol. 207.
466 D. Carlos Bustamante, siempre exagerado e inexacto en todo cuanto escribe, acusa a Calleja de impudencia, por
haber manifestado la tiranía opresora de su gobierno con la publicación de estos estudios o su resumen formados
por la sala del crimen. “Nuestras ciudades y poblados, dice, eran en aquellos días tristes, otras tantas cárceles, y
puede decirse de ellas lo que otro dijo del mundo, que es una gran jaula de locos, y aquí de cautivos.”
En cuanto al número de presos, siempre por desgracia es grande en las cárceles de este país, y hoy que la
administración de justicia es menos expedita, lo es mayor, siendo excesivo el que hay siempre solo en las
prisiones de Méjico, sin contar los de las demás poblaciones, y es de notar también que siendo estas causas por
delitos comunes, que todo gobierno castiga, no hay que atribuir el gran número de reos a la opresión del gobierno,
sino a otras causas que por, desgracia en vez de corregirse han tenido mayor aumento.
467 Se insertó en la gaceta de 6 de Abril, tom. 4.º núm. 382 fol. 355 y en la siguiente. La fecha es de26 de Marzo.
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tenéis concedido. Establecido un justo medio entre la confusión de la democracia y la arbitrariedad


del despotismo, sois ya ciudadanos dependientes de un poder moderado y justo, que subdividido en
sus tres calidades esenciales, imposibilita a los que las poseen como en depósito, de abusar de su
facultad, y reunir un excesivo mando, en perjuicio de vuestros derechos y de vuestra libertad.
Vuestras manos industriosas, no están ya ligadas ni sujetas a restricciones absurdas: podéis cultivar
en vuestros campos cuanto ellos sean capaces de producir; nombraréis de entre vosotros mismos los
que hayan de dirigir y cuidar de vuestra economía civil y los que hubiesen de representar la parte de
vuestra soberanía en el congreso nacional; publicaréis libremente vuestras ideas y pensamientos
políticos, en cuanto no propendan a originar la división o trastorno del estado, y seréis a la vez
súbditos y gobernantes, pues que los empleos y destinos públicos son del español sabio y
benemérito, ora haya nacido en la península, ora en América”.
Mas para llegar a este colmo de felicidad, que entonces anunciaba como el fruto de la
constitución, era menester comenzar por destruir aquellos que Calleja conocía que no habían de
prestar atención a sus raciocinios, y que “abanderizando gentes ilusas, amenazaban con el fuego y el
hierro la seguridad del estado”, y para esto se necesitaba dinero y soldados. En cuanto a estos,
Calleja decía a los mejicanos: “Experiencia tenéis de que sé formar ejércitos y conducirlos a la
victoria; ellos han triunfado siempre a mi voz, y triunfarán en adelante, sostenidos por el Dios de las
batallas”, y en cuanto a dinero, exhortaba a los particulares a franquearlo, persuadiéndoles que su
suerte dependía de la del gobierno, y que sosteniendo a éste, trabajaban en beneficio de sí mismos,
pues a costa de algún sacrificio, por costoso que les pareciese, aseguraban para siempre su fortuna,
y por el contrario rehusándolo, perecerían y todo lo perderían. Excitaba en seguida a todas las clases
del estado, para que cada una por su parte contribuyese al intento de restablecer la tranquilidad y el
orden, y especialmente al clero, cuya influencia era entonces tan grande. “Yo sé, decía a los
eclesiásticos, que si vosotros correspondiendo a la santidad de vuestro destino, empleáis vuestra
doctrina y ejemplo en procurar extinguir el fuego de la discordia, ella desaparecerá como el humo
delante del viento”; esto era cierto, pero en vez de hacerlo así, el clero era el que sostenía la
revolución, no sólo por su influjo, sino por los muchos de sus individuos que estaban al frente de
ella. Terminaba esta proclama, comenzada con la protesta de que se hallaba inesperadamente
revestido de una autoridad que ni había pretendido ni deseaba, asegurando que “así como había
dado bastantes pruebas de su anhelo por la cordialidad y unión, las daría también de tener la firmeza
necesaria para castigar irremisiblemente a los obstinados y malévolos”.
Para realizar el intento de reanimar el comercio y la minería con frecuentes convoyes,
mientras se podía proporcionar el libre tránsito de los caminos, eran necesarios prontos y suficientes
recursos, y para proporcionárselos Calleja, el día mismo en que tomó posesión del virreinato, citó al
prior y cónsules del tribunal del consulado y les pidió un préstamo de millón y medio de pesos.
Aunque el curso de la revolución había menoscabado mucho las fortunas de los particulares y
destruídolas del todo en muchas de las provincias invadidas, de manera que no se ven ya en las
gacetas, en la época de que vamos ocupándonos, las largas listas de donativos que las llenaban en
los años anteriores, se reunió prontamente una cantidad de un millón y setenta y ocho mil
novecientos pesos en calidad de préstamo con el interés de cinco por ciento, y en la lista que se
publicó, aparecen todavía los nombres de aquellos grandes capitalistas españoles que hemos visto,
franqueaban en ocasiones semejantes gruesas sumas. En ésta se ve al conde de Basoco subscribir
por cincuenta mil pesos; a los condes de la Cortina y Heras, a Acha, Eguía, conde de Ágreda, Yermo
y otros, por veinticinco, veinte, o quince mil pesos; a otros muchos por sumas gradualmente
menores, y el cabildo eclesiástico franqueó sin interés sesenta mil pesos, 468 habiendo ofrecido
también la junta administrativa del colegio de S. Gregorio, veinte mil, 469 y algunos días antes el
canónigo Alfaro había cedido su casa de campo en el camino a Chapultepec, que se apreció en

468 Gaceta de 15 de Junio, tom. 4.º núm. 414 fol. 603 en la cual y en la siguiente de 17 de Junio, están las fiestas de
los prestamistas.
469 Gacetas de aquellos días.
153

veinticinco mil pesos.470 Hipotecóse por seguro de capital y réditos, la mitad de los productos de la
aduana de Méjico, desde 1.° de Enero de 1814,471 que nunca llegaron a tener esta aplicación.
Como éste no era más que un recurso pasajero, para llenar el objeto importante de igualar, o
por lo menos aproximar el ingreso de las rentas a los gastos que cada día iban en aumento,
estableció el virrey una junta permanente de arbitrios, presidida por el intendente D. Ramón a Junio
Gutiérrez del Mazo y compuesta de individuos de todos los estados; en representación del
eclesiástico fue nombrado el canónigo D. Andrés Fernández Madrid; por los hacendados D. José
María Fagoaga; por la minería, el director del ramo D. Fausto de Elhuyar; por el comercio, el conde
de Basoco y D. Tomás Murphy; y tres oficinistas, que fueron D. Antonio Medina, contador de las
cajas de Guadalajara, D. José María Martínez del Campo, y D. Francisco Javier de Arambarri,
contador del departamento provisional del ejército del centro y el mismo que redactó la célebre
representación del consulado, de que hemos tenido tanta ocasión de hablar en su lugar. Esta junta
tenía también el encargo de clasificar las deudas contraídas por el gobierno designando el orden de
su pago, y el de examinar los proyectos de arbitrios que se le pasasen por el mismo gobierno, el cual
presentó desde luego a su deliberación los de una lotería, creación de moneda de cobre y otro sobre
venta o hipoteca de las fincas nacionales.472
Para disminuir los pagos que la tesorería de Méjico tenía que hacer, dispuso Calleja que
ningún militar ni empleado en cualquiera ramo que percibiese sueldo de la hacienda nacional,
cobrase, desde el 16 de Abril en adelante, más cantidad que la respectiva al empleo efectivo que
sirviese, suspendiéndose todos los sobresueldos, ayudas de costa, gratificaciones, abonos que bajo
cualquier título se hiciesen, exceptuando sólo las gratificaciones de campaña a los militares que
estuviesen en ella; mas como esta medida había de causar necesariamente mucho disgusto entre los
individuos a quienes alcanzaba, declaró que la providencia sería sólamente por el tiempo que
durasen las circunstancias, estrechando a tomarla las escaseces del erario, que no permitían atender
aun a sus más precisas cargas. Dispuso también, que con el convoy que debía salir para el interior el
30 de Abril, marchasen a sus destinos todos los oficiales e individuos de tropa que perteneciesen a
divisiones o guarniciones de aquel rumbo, así como también todos los empleados de aquellas
provincias que se hallasen en la capital, imponiendo la pena de suspensión de empleo y
consiguientemente de sueldo, a todo el que después de aquella fecha, permaneciese en la capital sin
licencia expresa del mismo virrey, quien no la daría sino por muy justificado motivo.473
Los extensos conocimientos que Calleja tenía del país y del estado de la guerra, y los errores
mismos de su antecesor, le hicieron concebir un plan de operaciones militares, que formado con
acierto y ejecutado con constancia y energía, le dio definitivamente el triunfo. El mismo Calleja lo
ha dado a conocer en su manifiesto de 22 de Junio de 1814, de donde voy a tomarlo, copiando en
mucha parte sus mismas expresiones. Según hemos visto examinando el estado de la revolución al
tomar el mando Calleja, los puntos de apoyo principales de los insurgentes en el interior eran
Zacatlán, cuartel general de Osorno en la provincia de Puebla; Huichapán y Zimapán en la de
Méjico, en cuyos lugares dominaban los Villagranes; y Tlalpujahua asiento de Rayón, en la de
Michoacán. Era menester apoderarse de estos puntos, para destruir el influjo que desde ellos
ejercían aquellos jefes y expeditar el tránsito de los convoyes, por lo que este fue el primer objeto
que el virrey se propuso. Logrado este intento, nada quedaba que llamase preferentemente la
atención, sino Morelos. Ocupado éste a la sazón en el sitio de Acapulco, cuando hubiese logrado la
ocupación de aquella plaza como era muy probable, podía emprender desembocar por la Mixteca o
por Tehuacán sobre Puebla; o avanzar sobre Méjico o el valle de Toluca pasando el Mescala, para
dirigirse sobre Cuernavaca y Tasco; o por último, invadir a Valladolid y por la provincia de
Michoacán otras del interior. Las tropas del gobierno nada podían intentar por entonces contra
Morelos, pues era la estación del calor y se aproximaba la de las lluvias, durante la cual y
470 Llámase la casa colorada, id.
471 Gaceta de 17 de Junio de 1813, núm. 415 fol. 612.
472 Gaceta de 24 de Abril tom. 4.º núm. 392 fol. 421.
473 Gaceta de 20 de Abril, tom.4.º núm 389 fol. 404.
154

aprovechando la inacción de Morelos, Calleja creyó que debía conservar las tropas a la defensiva,
para que disciplinadas y en orden, pudiesen operar con buen éxito en la estación oportuna, según el
plan de operaciones premeditado.
Para cubrir a Puebla y las avenidas de las villas, dispuso el virrey formar un cuerpo respetable
al Sur de la capital, y bien pronto su fuerza subió a cinco o seis mil hombres. “Mis órdenes, dice
Calleja, fueron expedidas al ejército del Sur y a las divisiones de Toluca, Tula y Guanajuato, con
instrucciones exactas para sus movimientos en cualquier sentido que los hiciese Morelos, sin
perjuicio de las ligeras expediciones, convoyes y otros servicios prontos y necesarios que
conviniese ejecutara cada comandante: y a efecto de cerrar una línea de observación sobre el mismo
rebelde, que le quitase toda esperanza de flanquear algún cuerpo, o aprovecharse de un momento
imprevisto para hacer una marcha rápida sin ser sentido, hice organizar la sección de Tasco y
reforzar las de las villas, quedando así exactamente cubiertos los países de Puebla y Méjico por los
rumbos del Sur, Oeste y Noroeste, con la sucesión de divisiones de Jalapa, Orizava, Perote, Izúcar,
Tasco, Toluca y el bajío, apoyadas en el grueso del ejército del Sur situado en Puebla, y con las
tropas de la capital y la división de Tula”. Las tropas destinadas a formar la extremidad de esta línea
hacia el Norte, en el bajío de Guanajuato, no sólo tenían el objeto de defender el país que fuese
invadido por Morelos, sino también el de formar un cuerpo respetable, que así como el ejército del
Sur por el extremo opuesto, cubriese la capital por aquel rumbo, protegiese las tropas del bajío,
estuviese en contacto con las de la Nueva Galicia y flanquease la tierra caliente. Tomadas estas
medidas, Calleja esperó tranquilo el resultado del movimiento que Morelos hiciese, y confiado en el
triunfo de las armas del gobierno, todo lo tenía dispuesto para que llegado aquel momento, su línea
de observación dividida en diversos cuerpos de ataque, invadiese el país que Morelos poseía y
fuesen recobrados Oajaca, Acapulco y las costas laterales de este puerto. Todo lo que va a
ocuparnos en la serie de los sucesos de este año, no es más que el desarrollo de este vasto plan y de
los varios incidentes que con él se mezclaron.
A fin de que las providencias del gobierno pudiesen abrazar todos los ramos de la
administración, mandó Calleja por una circular474 a todos los jefes, que remitiesen una noticia
exacta del estado del territorio de su mando, la cual abrazase todos los puntos que tuviesen relación
con la felicidad pública, de tal manera que por ella se viese la decadencia o fomento de la
agricultura, el atraso o adelanto de la industria, y la prosperidad o ruina del comercio. Con esta
noticia debían acompañarla del estado de los productos actuales de las rentas públicas del territorio
respectivo, arbitrios extraordinarios que se hubiesen adoptado y gastos que se erogasen, tanto en la
manutención de la fuerza militar como de los empleados, especificando el número de tropas
existente, con distinción de cada arma y el estado de su armamento.
Para que las tropas del ejército quedasen expeditas para el servicio activo de campaña y no se
inutilizase un gran número de ellas en las guarniciones, llevó adelante con el mayor tesón la
ejecución del plan que desde Aguascalientes había propuesto a Venegas, de hacer que los vecinos se
armasen para la defensa de las poblaciones,475 y que se levantasen compañías en todas las haciendas,
que auxiliasen también las operaciones de las tropas. Aunque en Méjico había tres batallones y dos
escuadrones de realistas o patriotas de Fernando VII, el número de soldados estaba muy disminuido
y el servicio generalmente se hacia no por los individuos acomodados a quienes tocaba, sino por
otros pobres de los mismos cuerpos a quienes aquellos pagaban las guardias, o a quienes habían
puesto en su lugar. Calleja mandó que se alistasen todos los vecinos, bajo la pena de ser aplicados al
servicio de las armas en un cuerpo de línea, los que no lo hiciesen dentro de cierto número de días,
y para hacer ver que ésta no era una mera amenaza, hizo que se efectuase con dos jóvenes de una de
las familias más opulentas y consideradas de Méjico, los hijos del conde de Pérez Gálvez, a quienes
mandó alistar en uno de los cuerpos expedicionarios que se hallaban en aquella capital. No se llevó
sin embargo adelante la providencia, y siempre fue grande el número de los que con uno u otro

474 Está inserta en la gaceta de 20 de Abril, tom. 4.º núm. 389 fol. 401.
475 Gaceta de 4 de Mayo de 1813, tom. 4.º núm. 396 fol. 458.
155

pretexto se excusaron de servir. Para remplazar las bajas del ejército, se hicieron levas en las
poblaciones grandes, y en Méjico especialmente se ejecutaron con mucho rigor.
Desconfiando Calleja de la fidelidad de los empleados mejicanos de la secretaría del
virreinato, no sólo hizo en ella muchas variaciones, y entre ellas admitió la renuncia a pretexto de
falta de salud, del secretario D. Manuel Velázquez de León, que era sospechoso a los españoles
desde las juntas de Iturrigaray, en cuyo lugar fue nombrado D. Patricio Humana, oficial mayor de la
misma oficina; sino que también estableció una secretaría particular para el despacho de los asuntos
de la guerra, cuya dirección encargó al teniente coronel D. Joaquín Peláez, el mismo que vimos
salvar la vida en Guanajuato, cuando fue cogido en la alhóndiga de Granaditas, persuadiendo a los
indios que lo conducían preso, que el cura Hidalgo había ofrecido una gratificación considerable al
que se lo presentase vivo, y seguir obteniendo después al ejército del centro desde entonces la
confianza de Calleja; todos los empleados en esta nueva oficina eran europeos, oficiales del ejército,
de cuya fidelidad y secreto se tenía plena seguridad.
Como sucede en toda variación del jefe superior, caen del favor los que lo obtenían del
antecesor y lo obtienen los que antes eran vistos con desprecio o indiferencia. El conde de Castro
Terreno había sido removido del mando de Puebla, con motivo de la mala inteligencia que había
entre él y el obispo Campillo, pero en realidad por lo poco satisfecho que Venegas había quedado de
sus servicios. Apenas Calleja entró a mandar, lo restableció en la comandancia de aquella provincia,
y además se le nombró general del ejército del Sur, siendo éste y la retención de Trujillo, de los
desagrados que tuvo que experimentar Venegas en los días que permaneció en Méjico, después de
su separación del virreinato. Más tarde conoció Calleja que Venegas había juzgado con acierto de lo
poco de que era capaz Castro Terreno, y tuvo que quitarle el mando.
Gustaba Calleja de la pompa militar, y desde que mandaba el ejército del centro, había
formado una compañía de caballería para su escolta. Elevado al virreinato, creó un escuadrón con el
título de “Dragones del virrey”, que fue vestido lujosamente. El gobierno de España desaprobó esta
denominación, y se llamaron “Dragones del rey”.
Tales fueron las primeras disposiciones tomadas por el virrey Calleja para dar principio a su
gobierno, de cuyos pormenores vamos a ocuparnos.
156

CAPÍTULO V.
Establecimiento del sistema constitucional.—Pasos que lo precedieron.—Elección del ayuntamiento de Méjico.
—Choques de éste con el gobierno.—Peste en la capital.—Fuga de Doña Leona Vicario.—Arreglo de tribunales.—
Extinción de la Inquisición.—Varias providencias de las cortes en favor de los indios.—Elección de los diputados a
cortes y de la junta provincial.—Sucesos de D. Carlos Bustamante desde su fuga de Méjico hasta su llegada a Oajaca.
—Elecciones en las otras provincias, especialmente en Querétaro.—Visita del arcediano Beristain a aquella ciudad.—
Denuncia y prisión de la mujer del corregidor Domínguez.—Incompleto establecimiento del sistema e informe de la
audiencia sobre la imposibilidad de su observancia.—Representación en sentido contrario del ayuntamiento de
Veracruz.—Sucesos notables.

Había contraído Calleja por su proclama, el solemne compromiso de “poner a los mejicanos
en entera posesión de los bienes que encerraba la constitución, y de ser el primero en observar
celosamente sus preceptos”. Antes de dar a luz aquella, había hecho publicar por bando (8 de
Marzo) el decreto de las cortes desterrando al obispo de Orense, por haber puesto algunas
restricciones al jurar la constitución y declarando extensiva la misma pena a todos los que no la
jurasen llanamente,476 y aunque esta publicación hubiera debido bastar para persuadir que iba a
darse puntual cumplimiento a aquel código, pues debía mirarse como mayor crimen no cumplir lo
jurado que rehusar jurarlo, no se habría tenido por extraña esta contradicción, viendo que después
de suspensas la libertad de la imprenta y las elecciones, habían seguido prestando el juramento las
corporaciones que no lo habían hecho. Consideróse, sin embargo, como un indicio más positivo del
cambio de sistema y como un paso preparatorio que a él conducía, el haber admitido Calleja que se
le dedicase por la academia teórico-práctica de jurisprudencia, el ejercicio trimestre que establecen
sus estatutos,477 en el que en una oración castellana se dieron gracias a las cortes, llamándolas
congreso soberano, por el establecimiento de la constitución política de la monarquía, y
defendiendo por conclusión “que la felicidad y el bien nacional, dependían del exacto cumplimiento
de la misma constitución”. El virrey asistió con gran pompa a esta función literaria, celebrada para
cumplimentarlo por su elevación al mando supremo: presidióla el oidor Bodega, y el concurso fue
numeroso y lucido. Sustentó el acto el Lic. D. Benito Guerra y arguyeron el fiscal del crimen Osés,
y los licenciados Azcárate y D. Juan Gómez Navarrete. En el mismo día, (15 de Marzo) se publicó
por bando el decreto de las cortes, para que ni en los instrumentos de oficio ni en los papeles
públicos, se usase del título “real”, substituyendo la palabra “nacional”.478
Para arreglar el modo de proceder en la organización de los tribunales y juzgados en la forma
prevenida por la constitución y ley relativa, se tuvo un acuerdo pleno el 17 del mismo Marzo, y
aunque varios oidores sostuvieron que debían dejarse las cosas como estaban, sin hacer en ellas
variación alguna, la mayoría decidió que se procediese a dar cumplimiento a todo lo mandado. El
virrey estableció con este fin una junta consultiva extraordinaria, compuesta del oidor Bodega,
Alcocer que había regresado de las cortes y había sido nombrado provisor del arzobispado, el fiscal
Osés y el asesor del virreinato. El arzobispo Bergosa, que por su larga peregrinación no había
prestado todavía juramento a la constitución, lo hizo en manos del virrey el 27 de Marzo.
Uno de los primeros pasos para el establecimiento del orden constitucional debía ser la
elección del ayuntamiento suspendida por Venegas, quien además había hecho salir para España al
alcalde de corte Villaurrutia, y perseguido a algunos otros electores como en su lugar se dijo,
habiéndose instruido expediente en la audiencia sobre declarar la nulidad de las elecciones
primarias, presentándose como parte a promover el punto el abogado español D. Juan Martín de
Juan Martiñena, y aunque los motivos de nulidad eran muchos y notorios, los fiscales por huir el
inconveniente de repetirlas, pidieron que se sobreseyese dando por bueno todo lo hecho. Calleja,

476 Arechederreta, apuntes históricos diarios manuscritos.


477 Arechederreta, apuntes históricos diarios manuscritos.
478 El Dr. Arechederreta, haciendo mención de este bando en su diario manuscrito, dice: “se acabó ya el rey y todo lo
realista; siguese la anarquía y nuestra ruina: ¡ojalá y yo me equivoque, pero los síntomas son malísimos!”
157

empeñado en que se verificase la renovación del ayuntamiento, dio permiso para que regresase a la
capital Villa Urrutia, que a pretexto de enfermedad se había detenido en Puebla, e hizo poner en
libertad a otro de los electores, preso por graves indicios de estar en correspondencia con Villagrán.
Para salvar el punto de mayor escándalo y dificultad, que era la exclusión de los españoles, según
había acontecido en las elecciones primarias, el virrey no sólo interpuso su mediación con los
electores, sino que siendo muchos de estos eclesiásticos, hizo que el arzobispo emplease su influjo
para hacerlos ceder;479 pero todo fue en vano, y en la elección que se efectuó el 4 de Abril, fueron
enteramente excluidos los europeos, recayendo aquella por la mayor parte en individuos, que
aunque pertenecían a la clase mas distinguida de la sociedad, eran tenidos por adictos a la
independencia, conforme a la lista que se había circulado cuatro meses antes cuando se hicieron las
elecciones primarias.480
Como era fácil de preveer, presto comenzaron los choques entre un ayuntamiento compuesto
de tales elementos y el gobierno. Húbolos sobre la autoridad de los alcaldes, pretendiendo el
ayuntamiento que suprimidos los antiguos juzgados y aun los alcaldes de barrio, solo aquellos se
encargasen de la administración de la justicia y de la conservación del orden público, en una ciudad
tan populosa y entonces expuesta a frecuentes conmociones; 481 húbolos también sobre la
administración del colegio de S. Gregorio 482 y sobre la junta de policía, sobre todo lo cual se
empeñaron fuertes contestaciones y se pasaron por una y otra parte muy agrias comunicaciones.
Sobrevino luego una materia de grave ocupación para el ayuntamiento y muy propia de su
instituto: tal fue el tomar medidas para el auxilio de los enfermos atacados de la epidemia que
comenzó a manifestarse desde fines de Abril, y tomó mayor incremento en el curso del mes de
Mayo. El ayuntamiento distribuyó los cuarteles o barrios en que la ciudad está dividida, entre los
regidores que debían cuidar de que se suministrasen los medicamentos y demás socorros necesarios
a los pobres que carecían de ellos, nombrando en el mismo orden médicos encargados de su
asistencia y comisionados para cada cuartel, en los que se formaron lazaretos para procurar mayor
economía en la distribución de los auxilios. Hiciéronse públicas rogaciones y procesiones, y se
abrió una suscripción para recoger fondos con que proveer a los gastos que exigía el cuidado de los
enfermos. Viose entonces cuanto influyen las guerras intestinas aun sobre la caridad cristiana:
cuando en otras epidemias anteriores las limosnas habían sido copiosísimas, en esta vez sólo se
colectaron trece mil pesos, incluyendo en esta suma cuatro mil que dio el cabildo eclesiástico, otra
igual cantidad el consulado y algunas menores los conventos y cofradías; de suerte que fueron muy
pocos los particulares que subscribieron, casi todos españoles y por cortas cantidades, en términos
que el ayuntamiento manifestó al virrey que temía verse en la necesidad de suspender por falta de
fondos, los socorros que estaba ministrando. Atribuyóse esta poca disposición a concurrir al alivio
de los desgraciados enfermos, a que siendo en lo general los europeos los que en todos estos casos
se distinguían por su liberalidad; ofendidos ahora por el resultado de las elecciones, vieron con
indiferencia si no con gusto, la destrucción de un pueblo que tan hostil se había manifestado hacia
ellos.483 La enfermedad, que consistía en fiebres malignas, atacó principalmente casi sólo a la gente
pobre; fue en aumento en la estación de aguas, y aunque comenzó a declinar al principio del
invierno, había arrebatado ya más de catorce mil individuos, quedando desde entonces desierto el
barrio de Santiago. Túvose por seguro que esta epidemia se originó en el sitio de Cuautla; que de
allí se comunicó a Puebla, en donde hizo grande estrago y siguió a Méjico, cundiendo luego en toda
la tierra adentro.
En medio de estos graves acontecimientos, uno de poca importancia en sí mismo, llamó
mucho la atención de la capital y dio pábulo a la curiosidad, por las circunstancias de la persona en
quien recayó. La señorita Doña Leona Vicario, de una de las más distinguidas familias de la capital,
479 Representación de la audiencia párrafo 171 y siguiente. Cuadro histórico tom. 3. ° fol. 95.
480 Véase la lista de los nombrados en el apéndice núm. 10.
481 Representación de la audiencia párrafo 173.
482 Arechederreta, apuntes manuscritos.
483 Véase la lista de estas mezquinas suscripciones en la gaceta de 12 de Junio de 1813, núm. 413, fol. 598, tomo 4.°
158

pues su hermana mayor había estado casada en primeras nupcias con el marqués de Vivanco, y en
segundas con el coronel D. Juan Noriega, mayor de la plaza, estaba al lado de su tutor el Lic. S.
Salvador, acérrimo partidario del gobierno. La joven pupila se había manifestado inclinada a la
revolución y esta inclinación se había aumentado con la que tenía a D. Andrés Quintana Roo, nativo
de Yucatán, joven que practicaba leyes con su tutor y que había ganado su corazón. Quintana salió
de la capital y se fue a Tlalpujahua, con lo que era frecuente la correspondencia de Doña Leona con
aquel punto no sólo con su amante, sino con Rayón a quien mandó algunos oficiales de armería para
hacer fusiles y encontró modo de proporcionar otros recursos, siendo señora de caudal aunque por
no tener edad no lo manejaba ella misma. El gobierno, que sospechaba estas comunicaciones, pudo
sorprender a un indio que conducía las cartas, con cuya ocurrencia Doña Leona, viéndose
descubierta, logró salir de la ciudad con unas criadas y ocultarse en un pueblo inmediato, entre tanto
se le mandaban los medios de continuar su viaje que había pedido a Tlalpujahua; mas sus parientes
tomaron el mayor empeño en solicitarla y persuadirle que se volviese a su casa, ofreciéndole
componerlo todo, de manera que no le resultase perjuicio. Hízolo así, pero el día siguiente de su
vuelta, el virrey la hizo llevar en calidad de depósito al colegio de Belén, llamado comúnmente de
“las Mochas”, donde se la puso al cuidado de la rectora, con encargo de que no se le permitiese
hablar ni aun con las colegialas.
Empezóse a instruir proceso contra ella, y en las declaraciones que se le tomaron no sólo no
confesó nada, sino que se explicó a las claras en favor de la revolución, con lo que ya se trataba de
ponerla en una prisión, no obstante los respetos de su familia. En tal estado de cosas, el 23 de Mayo
al anochecer se arrojaron tres hombres armados a la portería del colegio, el principal de los cuales
según después se supo fue el teniente coronel Arroyave, uno de los electores del ayuntamiento:
quedaron dos en guarda de la puerta, y Arroyave entró al patio primero donde estaba la habitación
de Doña Leona; la sacó de ella, y saliendo a la calle con los otros dos hombres que habían quedado
en la portería, la hizo poner en un caballo que llevaban a prevención, y montando ellos en los suyos,
la escoltaron sacándola de la ciudad, o la llevaron a una casa en la que permaneció oculta, hasta que
pudo salir de aquella. Doña Leona pasó a Tlalpujahua donde casó con su amante, y el gobierno hizo
confiscar sus bienes, declarándola traidora.484
Cumplida la constitución en cuanto a la elección del ayuntamiento, era menester cumplirla
igualmente en cuanto al arreglo de los tribunales, según lo prevenido en el decreto de las cortes de 9
de Octubre del año anterior. En la visita de cárceles que se hizo el 10 de Abril con motivo de la
Semana Santa, algunos presos reclamaron la observancia de lo prevenido por la misma constitución
y por aquel decreto, relativamente a trámites y formalidades judiciales, pero no se hizo variación
respecto a haber acordado la audiencia con el virrey, que se continuase procediendo conforme al
orden antiguo, por no haberse publicado todavía las disposiciones que lo variaban. El
establecimiento del nuevo se anunció solemnemente por bando publicado el 4 de Mayo, después de
las honras que en aquel día se celebraban por los que fueron muertos en Madrid por los franceses el
2 del mismo mes el año de 1808: en tal virtud la audiencia quedó reducida a sólo las funciones
judiciales, suprimiéndose o trasladándose a otras corporaciones o personas aquellas comisiones
lucrativas, que antes desempeñaban los oidores y que no se consideraron compatibles con aquel
carácter; suprimiéronse todos los juzgados especiales, excepto los de hacienda pública, minería y
consulado, quedando extinguido el de la Acordada, tan útil para la persecución y pronto castigo de
los ladrones; los de varios establecimientos y obras públicas; los de algunos mayorazgos; y por
último las repúblicas de indios, o administración particular de justicia en los pueblos de estos, por
medio de sus gobernadores y fiscales. Suprimióse también el de policía establecido por el virrey

484 He tomado del diario manuscrito del Dr. Arechederreta todo lo relativo a la evasión de Doña Leona, porque por
sus relaciones en la sociedad, debía estar bien impuesto de ello, no habiendo podido examinar la voluminosa causa
que se formo. El Dr. Velasco en su manifiesto impreso en Oajaca en Abril de 1814, hablando de la triste suerte que
corrían los que salían a unirse con los insurgentes dice con relación a este suceso: “La desgraciada joven Doña
Leona Vicario, después de sus riesgos y sacrificios, fue hospedada en una casa que había servido de caballeriza, y
su miseria habría continuado, si su antiguo amante Quintana, no le hubiera proporcionado subsistir”.
159

Venegas, del que tanto bien se había esperado y en el que se invirtieron considerables sumas
reunidas por suscripción, sin que hubiese resultado otra cosa de él, que la molestia de tener que
caminar con pasaportes, para cuya expedición se dejaron subsistentes los diez y seis tenientes, entre
los cuales estaba distribuida la ciudad. 485 Para la administración de justicia en primera instancia, se
nombraron en la capital seis jueces de letras, pues aunque en la constitución no se hablase más que
de uno, pareció imposible que este solo, con los dos alcaldes, pudiese bastar para una ciudad de
ciento y setenta mil habitantes, por lo que con consulta de la audiencia y con presencia de lo que se
había hecho en Madrid, se estableció aquel número. Las elecciones que a propuesta de la audiencia
se hicieron, recayeron en letrados de buena reputación, 486 y más adelante se nombraron también
jueces para algunas otras poblaciones, habiendo quedado suprimidas las subdelegaciones y
corregimientos.
Otra novedad de grande importancia ocurrió por este mismo tiempo. El 8 de Junio, tercer día
de pascua de Pentecostés,487 se publicaron tres bandos: el primero contenía el decreto de las cortes
de 22 de Febrero de aquel año, extinguiendo el tribunal de la inquisición: por el segundo se prevenía
la incorporación de los bienes y rentas del mismo tribunal a la hacienda pública; y por el tercero se
mandaban quitar las tablillas que estaban colgadas en los cruceros de la catedral, con los retratos y
nombres de los que habían sido penitenciados. Aunque estas disposiciones causaron bastante
impresión, no fue sin embargo la que algunos años antes habrían producido, pues los ánimos
estaban ya preparados para recibirlas, con la lectura de lo que en Cádiz se había escrito y sobre
todo, por la larga discusión que sobre este punto había habido en las cortes, que se dispuso por estas
se imprimiese en un tomo separado de la colección de su Diario, para que más fácilmente circulase.
Las cortes mandaron que el primero de estos decretos se leyese por tres domingos consecutivos en
la misa mayor en las catedrales y parroquias, lo que fue motivo de grandes cuestiones en Cádiz con
el nuncio del papa y con el cabildo de aquella catedral; en Méjico, el arzobispo Bergosa, con el fin
de evitar el escándalo que esta lectura pudiera causar, la hizo preceder por la de un edicto suyo que
preparase a ella.
En consecuencia de estos decretos, el intendente de Méjico D. Ramón Gutiérrez del Mazo, fue
comisionado para recibir los caudales y bienes del extinguido tribunal, en cuyas arcas había
existentes y se trasladaron a la casa de moneda, sesenta y cuatro mil y pico de pesos en plata y ocho
mil en oro. Los bienes consistían en fincas y escrituras de capitales impuestos ascendiendo todo a
un millón y doscientos mil ps., sin comprender las rentas que disfrutaba de la canonjía suprimida en
cada catedral y aplicada a su dotación. Desde entonces estos bienes se fueron hipotecando en todos
los préstamos forzosos y voluntarios que se hicieron antes y después de la independencia, y al fin se
enajenaron sin haber pagado ningún crédito de los que con esta seguridad se contrajeron. 488 Hízose
notable la buena fe e integridad con que los inquisidores que a la sazón eran, entregaron todos estos
bienes, sin haberse aprovechado ni aun de algunos a que hubieran podido alegar derecho. La
administración de la obra pía de Vergara, destinada a alimentar los presos de la cárcel de corte, cuyo
patronato tenía aquel tribunal,489 quedó a cargo del intendente y después la reclamó el ayuntamiento,

485 Véase en la gaceta de 3 de Junio núm. 409 Col. 505 y siguiente la lista de comisiones extinguidas o trasladadas y
de juzgados suprimidos, y en la de 6 de Mayo núm. 397 fol. 461 todo lo relativo al arreglo de los tribunales y
juzgados de letras.
486 El sueldo que se asignó a los jueces de letras de Méjico, fue 1.500 ps. y los derechos que cobrasen. Uno de los
nombrados para este empleo, fue el Dr. D. Agustín Fernández de S. Salvador, tutor de Dª Leona Vicario, y el
mismo que al principio de la revolución escribió para combatirla en el pueblo bajo, unos diálogos llenos de
inepcias. Otro fue D. Juan José Flores Alatorre, que después de la independencia ha sido ministro de la corte
suprema de justicia, distinguiéndose en todos los puestos que ha ocupado por su integridad e instrucción.
487 Era entonces día de fiesta.
488 El edificio mismo de la inquisición, después de haber sido destinado a muchos y diversos usos, se vendió al
arzobispo Posadas para establecer en él el seminario tridentino.
489 El fundador de esta obra pía fue un Lic. Vergara, natural de Santa Fe de Bogotá, defensor de pobres en la
audiencia de Méjico, quien viendo la miseria que sufrían en las cárceles los presos, que carecían hasta de los
precisos alimentos, y creyéndose especialmente inspirado por un texto que leyó en la Biblia, que al efecto se
160

habiendo sido motivo de fuertes disputas entre éste y el gobierno. El archivo y causas pendientes
pasaron al arzobispado, y en cuanto a reos, no había ningunos, pues los pocos que estaban en las
cárceles secretas, más bien por asuntos políticos que por delitos de fe, habían sido puestos en
conventos pocos días antes, penitenciados con reclusiones de poca duración.
Publicáronse también varios decretos de las cortes en favor de los indios, mandando se les
diesen tierras baldías y se les repartiesen las de sus pueblos, habilitándolos para su cultivo con
fondos de las cajas de comunidad, y si en ellas no los hubiese, tomándolos de las de las
jurisdicciones inmediatas, a las que serían reintegrados a los dos años, 490 todo lo cual no tuvo efecto
por el estado de inquietud y desorden en que todo estaba. Mandóse también 491 que en los pueblos,
no se les exigiese servicio alguno personal por los justicias ni los curas, habiendo sido hasta
entonces ellos los que hacían todo el de las iglesias, mudándose por turnos.
Aunque Calleja manifestaba tanto empeño por poner en ejecución todos los decretos de las
cortes, no juzgó prudente aventurarse a restablecer la libertad de imprenta. “Éste fue el único
artículo de la constitución”, dice en su manifiesto, “que la salud de la patria le obligó a mantener
suspenso”, lo que atribuye “a los malos que supieron poner el estado en combustión por medio de la
imprenta libre, en vez de hacerla servir a la concordia y fraternidad, exigiendo el bien público el
sacrificio por parte de los buenos, de carecer de aquella libertad, para no sacrificarlo todo a las
maquinaciones de los malos”.
El éxito que tuvieron las elecciones populares para electores de ayuntamiento en la capital,
retrajo al virrey Venegas de exponerse a un nuevo peligro en las que debían haberse hecho de
compromisarios, para seguir luego el orden complicado de elecciones sucesivas, que debían
terminar en la de diputados, según la constitución. Calleja se decidió a hacer que se verificasen,
para plantear también en esta parte el régimen constitucional. Señalóse el 4 de Julio para que se
comenzasen, debiendo hacerse en tres días consecutivos las de todas las parroquias de la capital.
Los europeos, previendo el resultado que habían de tener y no queriendo exponerse a un nuevo
desaire, se abstuvieron de votar. Aunque sin el tumulto que en las del ayuntamiento, se procedió con
el mismo desorden, sin calificación alguna de los votos y recibiendo en cada uno de los diversos
puntos señalados para el acto, cuantas papeletas se presentaron con los nombres de los
compromisarios. Tanto estos, como los ciento cincuenta y ocho electores de parroquia nombrados
por ellos, fueron todos americanos, y en la elección que se celebró el día 11, previa la misa del
Espíritu Santo en la catedral, y la exhortación que después de ella hizo el arcediano Beristain,
fueron nombrados electores de partido el canónigo Alcalá con 150 votos y el regidor D. Francisco
Manuel Sánchez de Tagle con 154.
De los cuarenta y un partidos en que estaba dividida la provincia de Méjico, habían procedido
a nombrar electores veintidós, y en los otros diez y nueve no se había podido hacer elección,
estando muchos de ellos ocupados por los insurgentes; mas no obstante la falta de representación de
casi la mitad de los partidos, se declaró instalada la junta electoral el 16 de Julio la cual aprobó

propuso abrir casualmente, se consagró a vivir con la mayor economía para reunir un capital bastante para esta
fundación. Habiendo vacilado sobre a quien dejaría el patronato de ella para asegurar su perpetuidad, tuvo por
incierta la subsistencia de los jesuitas, de cuya extinción se comenzaba a hablar, y con más motivo la de otras
ordenes religiosas, y se decidió por la inquisición, que creyó sería lo que no se acabase nunca, según lo dice en su
testamento, que he visto. En remuneración de este trabajo que imponía a los inquisidores, les rogó que aceptasen
cada año, el día de S. Pedro mártir, un tintero de plata cada uno, tomado de los fondos de la obra pía, y para
eximirlos del conocimiento de cualquiera otra autoridad declaró que siempre que alguna intentase intervenir en la
obra pía, nombraba por sus herederos a los inquisidores que a la sazón fuesen, los que deberían repartirse entre sí
los bienes de la fundación, y esto daba cierto derecho de hacerlo así con la extinción del tribunal a los inquisidores
de aquel tiempo, que lo eran D. Bernardo de Prado y Ovejero, D. Isidoro Sainz de Alfaro, y D. Manuel Antonio
Flores. Con los productos de esta obra pía construyeron los inquisidores mientras la administraron, la cárcel o
recogidas de mujeres, en la Escobillería, cerca de la plazuela de S. Lucas. Casi nada queda de los bienes de esta
fundación.
490 Bando publicado en 30 de Abril.
491 Idem en 2 de Junio.
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todas las actas de elección, a pesar de las irregularidades que en algunas había, por no disminuir el
número de concurrentes e imposibilitar la celebración de la junta, práctica viciosa que después de la
independencia se ha seguido en los congresos. Los electores que se reunieron, fueron en número de
29, de los cuales 18 eran eclesiásticos, pues en muchos pueblos la elección recayó en los curas;
había también cinco europeos, que fueron la mofa de sus compañeros en la junta. Hízose la elección
de diputados el 18, y de los 14 que se nombraron, fueron 9 abogados y 5 eclesiásticos; de los 4
suplentes, hubo uno solo de la clase propietaria, dos abogados y uno eclesiástico. 492 No hubo entre
los nombrados no sólo ningún europeo, mas ni tampoco indio, quedando así excluidas de la
representación nacional la clase más laboriosa y productiva en los primeros, y en los segundos
aquella por la cual tanto se había declamado en las cortes, y que se había asegurado por los
diputados americanos que podía representarse a sí misma. Desde esta elección, el clero y los
abogados quedaron en posesión de ocupar casi exclusivamente los congresos, en los que siempre
han tenido demasiada poca parte las clases productivas. En las posteriores se cuidó de nombrar
algún cura indio, pero siempre se verificó lo que había anunciado el diputado Quintana y que
confirmó en su exposición el consulado, que la mayoría de los electores sería de los curas de los
pueblos los cuales nombrarían diputados a los españoles americanos, con exclusión de los europeos
y de los indios, cuyos intereses tanto se afectaba patrocinar, pero que no estaban en estado de tener
parte en la representación nacional.
En las circunstancias apuradas de la hacienda pública, era imposible aprontar la suma
considerable que se necesitaba para habilitar de viáticos y dietas a tantos diputados, y habiéndoselos
comunicado así el intendente de orden del virrey, para que emprendiesen el viaje a sus propias
expensas, todos contestaron que marcharían, si se les daba la habilitación prevenida, con lo que la
elección quedó enteramente frustrada, pues sólo se trasladaron a España el canónigo Alcalá y el Lic.
Cortázar, a quienes al fin del año hizo ir por fuerza el virrey, considerando perjudicial su
permanencia en Méjico, y así fueron más bien en calidad de expulsos que de diputados. También
fue voluntariamente493 alguno de los nombrados en otras provincias, y se echó de ver desde la
primera elección cuán impracticable era esta parte de la constitución.
Para completar todos los actos electorales, faltaba sólo el nombramiento de los individuos que
habían de componer la junta provincial. En la gran confusión que se había introducido acerca de lo
que debía entenderse por provincia, cada intendencia se había considerado tal para la elección de
diputados a cortes, mas aunque conforme a la constitución era claro que lo mismo debía entenderse
para la formación de las juntas provinciales, no se hizo así, sino que varias intendencias debían
concurrir nombrando cada una un solo diputado a la formación de la junta provincial, que había de
residir en Méjico y ser presidida por el virrey, como jefe político superior. Una de estas intendencias
era la de Oajaca, que estando entonces ocupada por Morelos, no podía hacer elección; por lo que se
dispuso que la junta electoral de Méjico nombrase dos individuos en vez de uno, para representar a
la una y la otra provincia. Los nombrados fueron el provisor Alcocer y D. José María Fagoaga, que
aunque nacido en España y de ilustre familia, era tenido por afecto a la independencia, 494 y se le
tachaba de muy poca liberalidad en cuanto a los auxilios que todas las clases del estado habían
franqueado tan generosamente para la guerra de España, pues invitado a hacerlo por el virrey, no
había ni aun contestado los oficios que con este fin se le pasaron.
El único de los electores nombrados por las parroquias de Méjico para la elección del
ayuntamiento que no asistió a ella, fue el Lic. D. Carlos María Bustamante, que lo había sido por la

492 Apuntes históricos manuscritos del Dr. Archederreta, y diarios de Méjico de aquel tiempo.
493 Creo que el único que así lo hizo fue el Dr. D. Victorino de las Fuentes, cura de Irapuato en la provincia de
Guanajuato, por la que fue nombrado y acérrimo enemigo de los insurgentes. En su compañía pasé yo a España en
enero de 1814, y fue el principio de mis viajes en Europa.
494 En el informe de la audiencia se dice maliciosamente hablando de Fagoaga, “que estaba manchado en el concepto
público” etc. Con est