Guía de lectura – Guadalupe Salomón
Jacques Derrida, “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias
humanas”, en La escritura y la diferencia, Barcelona, Anthropos, 1989, traducción de
Patricio Peñalver [París, Seuil, 1967]).
Conferencia pronunciada en el College international de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore)
“Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre”, el 21 de octubre de 1966. Derrida en castellano,
[Link] [5-6-18]).
Bibliografía complementaria
Derrida, Jacques, “Semiología y gramatología”, entrevista de Kristeva. Publicada en
Information sur les sciences sociales, VII, 3, junio de 1968. Edición digital de
Derrida en castellano,
[Link] [5-6-18].
_____________, “Posiciones”, entrevista con Jean-Louis Houdebine y Guy Scarpetta
Traducción de M. Arranz, en Posiciones, Pre-Textos, Valencia, 1977, pp. 51-131.
Edición digital de Derrida en castellano,
[Link] [5-6-18].
Descombes, Vincent, “La semiología”, en Lo mismo y lo otro. Cuarenta y cinco años de
filosofía francesa (1933 - 1978), Madrid, Cátedra, 1988 [Cambridge University
Press, 1979], pp. 105-146.
Goldschmit, Marc, “Logocentrismo y etnología. Lévi-Strauss”, en Jacques Derrida, una
introducción, Buenos Aires, Nueva Visión, 2004, pp. 51-59. [Edición digital de
Derrida en castellano.]
Claves
Contra la “filosofía de la presencia” (p. 398)
Deconstrucción de la etnología estructural, como parte (y en cierto sentido punto
de partida) de la deconstrucción del estructuralismo (que es el estado hegemónico en
Francia).
Uno de los ejes de lectura de este artículo es mostrar hasta qué punto la semiología
(el signo) y el estructuralismo (en este caso, en su formulación etnológica como
momento clave de las ciencias humanas, que sólo ha sido posible en el momento de
descentramiento de la cultura europea) han avanzado o permitido avanzar en la crítica
de la metafísica de la presencia. Pero también y fundamentalmente, mostrar cómo sus
pretensiones científicas –p. 395- (y ya no sólo en el caso de una ciencia social como la
etnología) los ponen en tensión hacia un empirismo que en vez de transgredir, de dar
un paso más allá de esa filosofía, comete una “falta”, cae en “ingenuidades filosóficas”
(p. 395) y retiene, sin considerarlas críticamente, las marcas de la metafísica de la
presencia. Como Descombes señala, el estructuralismo no es una filosofía, es un método:
“Hablando con propiedad no hay filosofía estructuralista que podamos definir y oponer,
por ejemplo, a la escuela fenomenológica. ‘Estructuralismo’, después de todo, sólo es el
nombre de un método científico. Pero indudablemente existe un efecto del estructuralismo
en el discurso filosófico” (p. 108). Precisamente sobre ese “efecto” y sus limitaciones y
reificaciones trabajará la filosofía de Derrida. Podríamos decir que para Derrida sólo una
(no la) lectura filosófica puede ser realmente política (especialmente en el sentido de una
Guía de lectura – Guadalupe Salomón
política contra la metafísica). Los discursos destructores de la metafísica sólo pueden
hacerse operando los conceptos, la lengua de la metafísica (respecto a la cual no hay un
‘afuera’). Por lo tanto, los discursos con pretensiones solamente científicas no están en
condiciones de destruir la metafísica, porque caen en ingenuidades conceptuales y
filosóficas; sería el caso de Lévi-Strauss.
En cuanto a la etnología estructural de Lévi-Strauss, la conservación de una
metafísica de la presencia gira en torno a su fonologismo [ver Marc Goldschmit,
“Logocentrismo y etnología. Lévi-Strauss”]. El fonologismo afirma la separación habla /
escritura de manera específica. Toda la metafísica occidental de la presencia ha hecho
una doble operación: reconocer a la escritura rasgos inestables en cuanto a categorías
como origen, presencia, sujeto, fundamento, pero reducirla a una técnica secundaria e
incidental en el campo del lenguaje (y la experiencia), campo del que, para esa metafísica,
el habla sería manifestación y expresión cabal, auténtica. Así, los rasgos o
funcionamientos (de la escritura, como lo opuesto de la oralidad) que perturban las
concepciones de la presencia y el centro son remitidos a un plano incidental y secundario
del lenguaje. Derrida sostiene que esos “rasgos” de la escritura en sus concepciones
tradicionales deben ser pensados y refuncionalizados para pensar el problema del
lenguaje. La deconstrucción de este funcionamiento tradicional implica que la prioridad
de la escritura sobre el habla no es entonces la inversión simple de la dicotomía
jerarquizante que funda la metafísica occidental, sino su inversión crítica: aquellas
inestabilidades atribuidas a la escritura: su distanciamiento de los “centros” que
garantizaban el sentido (sujeto, origen, centro, finalidad, etc.) pasan a caracterizar el
funcionamiento del discurso y la experiencia.1
En el estructuralismo, también Saussure (según lo toma y usa el estructuralismo
francés con el que Derrida interactúa y discute: Lévi-Strauss, Lacan) opera así, alejándose
y al mismo tiempo quedando capturado por la metafísica de la presencia. Porque por un
lado separa lengua y habla (y da prioridad al sistema de la lengua), afirma el carácter
inseparable de significante y significado y plantea un sistema de diferencias, pero por
otro hace del habla su modelo en desmedro de la escritura.2
Por su parte, el fonologismo de L-S, dice Derrida en De la gramatología, reduce
la escritura a escritura fonética (oralidad) para mostrar la existencia de “pueblos sin
escritura” negando a la lengua las operaciones propias de una escritura en sentido general,
afirmando así una esencia humana ajena a la historia de la escritura, cuya introducción
social funciona como momento de opresión que irrumpe en un habla naturalizada, ajena
a la historia. Si es verdad que la escritura introduce la violencia, los es abarcando también
al habla, y no lo es como sinónimo de opresión o explotación simplemente.3
Algunos ejes abordados en la conferencia
- Historia occidental del concepto de “estructura”: las estructuras tienen un problema con
su “centro”; no pueden deshacerse de una referencia-centro que organice las diferencias
de sus sistemas.
1
Un abordaje más específico sobre esta relación de inversión entre oralidad y escritura puede leerse en
“Firma, acontecimiento, contexto”, de Derrida. Sobre las operaciones y movimientos implicados en la
deconstrucción, ver la entrevista “Posiciones”, pp. 2 y ss.
2
Para esta lectura de Saussure, ver comienzo de la entrevista “Semiología y gramatología”.
3
Ver Goldschmit, “Logocentrismo y etnología. Lévi-Strauss”.
Guía de lectura – Guadalupe Salomón
- El estructuralismo basado en el concepto de “signo”, la semiología, tampoco escapa a
este problema (386-7).
- ¿Qué pasa con ese esquema formal cuando se usa en las “ciencias humanas”? El caso
de la etnología: nace como ciencia con el descentramiento; cuando la cultura europea
“ha sido dislocada [...] teniendo […] que dejar de considerarse como cultura de
referencia” (387-8).
-- Oposición naturaleza / cultura. Frente al “escándalo” de encontrar un elemento que no
se corresponda con esta antítesis, dos vías o “estilos”: la de L-S y la de la deconstrucción
(que parte de la idea de que “el lenguaje lleva en sí mismo la necesidad de su propia
crítica” (390-391).
-- El bricolage etnográfico y el problema del empirismo.
-- El “juego”.
-- Problemas del estructuralismo y las ciencias estructurales con la historia y la
historicidad: dificultades para explicar el cambio [Descombes: el estructuralismo es un
método comparativo que se mueve en la sincronía y tiene problemas con la diacronía.]
- La ‘diferancia’ [differance] y el juego (Nietzsche).