Elburritopardo PDF
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y a mi macho rosado,
cargado de arena,
pregunté a dónde iba.
A ayudar en la faena.
Vieja cantiga, solemne,
de la roza.
ERA UN BURRITOPARDO,menu-
do y resignado, que había ve-
nido de Pasa-Tiempo, Con-
cepción del Cerro, o no sé de
dónde, en el serrón. Se llamaba
Siete de Oros, y había sido tan
bueno como ningún otro lo fuera ni podrá haber igual.
Ahora, sin embargo, estaba viejo, muy viejo. Tanto, que no
sería necesario jalarle la quijada necia para atisbar los filos de
los dientes. Hasta de lejos era decrépito: en el algodón bruto del
pelo - semillitas oscuras en rama rala y mugrosa; en los ojos
legañosos color de bismuto, con párpados rosados, casi siem-
pre plegados, en constante semisueño; y en la línea del lomo,
fatigada y respetable - una horizontal perfecta, del comien-
zo de la testa a la raíz de la cola, en péndulo amplio, para acá,
para allá, tañendo las moscas.
En la mocedad, muchas cosas le habían sucedido. Había
sido comprado, dado, cambiado y revendido, a veces, por bue-
nos y malos precios. Sobre él había muerro un arriero del In-
daiá, baleado por la espalda. Trajo, un día, del pasto -cosa
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28 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 29
muy rara para esa raza de víboras- una yararacusú, colgada perpendicular a la batea, a pesar de estar la batea vacía de todo.
del hocico, como linda rrompa negra con diagonales amari- Apenas, cuando cabeceaba, soplaba en el aire un resto de polvo
llas, de la cual no murió porque la luna era buena y el conju- de salvado. Entonces, dilataba todavía más los cráteres de los
rador acudió pronto. Le venía de padrino jugador de truco, de ollares, y proyectaba el labio de arriba, como trompa de anta,
baraja, de ases, el último apelativo; pero, por azares de la vida, y después el de abajo, muy flácido, con finas mechas, dejadas
por amos y años, orros tuvo, siempre involuntariamente: Ju- en la piel recién rasurada. Y, como dos cabos sobre las órbitas
guetón, primero, por ser juguete de niños; Barrigón, luego, eran bien un par de anteojos jalado hacia la testa, Siete de Oros
pues fue gordo en la adolescencia; más tarde, Chico-Motón, parecía aún más viejo. Viejo y sabio: no mosrraba siquiera
porque el séptimo dueño, que tenía esa alcuña, se olvidó, al señales de mataduras; que él prefería evitar inútiles riesgos y
negociarlo, de decir al nuevo comprador el nombre del ani- el daño de pastar a la orilla de los matorrales, donde vegeta el
mal, y, en la región, en tales casos, así sucedía; y también Ca- cafecito, con otras hierbas venenosas, y donde vuelan, zum-
pricho, en vista de que el nuevo propietario pensaba que Chi- badoras y muy comadres, la mosca gusanera, la lucilia verde,
co-Molán no era apodo decente. la zumbadora rayada, además de aquella que usa barriga azul.
La marca de hierro -un corazón en el cuarto delantero iz- De que fuera bien tratado, desacuerdo no había, pues le fal-
quierdo- estaba medio borrada: recuerdo de los gitanos, taban cascarrias y garrapatas en la crin - recta, corta y le-
que lo habían raptado y disfrazado, ovantes, para el primer vantada, como un cepillo de dientes. Ahora, que para siempre
fraude del camino. Pero el robo sólo les rindió prisión y gol- jubilado, sí que no estaba, no. Tanto, que una cicarriz de rna-
pes a los escandalosos gitanos, mientras que Siete de Oros taduras le adornaba el lomo, y que Juan Manico tuvo orden
volvió a la Hacienda de la Tapa, donde rodo era enorme y expresa de montarlo aquella mañana. Pero, de esto último, el
absurdo: tres mil alquerías de tierra, toda de pastos; y el due- burrito no había recibido, todavía, aviso alguno.
ño, el mayor Saulo, de botas y espuelas, corpulento, casi un Para que fuera un día de lluvia, sólo faltaba que de veras ca-
obeso, de ojos verdes, misterioso, que nada más con la mira- yera agua. Mañana anochecida, sin sol, con una humedad de
da mandaba a un buey bravo castigado, y que reía, siempre melar por dentro nuestras ropas. La sierra neblinaba, azucara-
reía - risa fuerte, cuando iracundo; risa queda, cuando ale- da, y allá por las nacientes el tiempo debía estar todavía peor.
gre; y risa muda, si normal. Siete de Oros, una de las patas medio flexionada, rascaba
Pero nada de eso vale lo dicho, porque el cuento de un el suelo con el borde de la pezuña desherrada, que le remata-
burrito, como la historia de un hombre grande, bien se pue- ba el piecito de Cenicienta. Y abría los ojos, de vez en cuando,
de dar en el resumen de un día de su vida. Y la existencia de hacia los corrales, de todos tamaños, frente al caserón de la
Siete de Oros creció en algunas horas -de las seis de la ma- hacienda. Dos o tres de ellos se movían, de tanto buey.
ñana a la medianoche- a mediados del mes de enero de un Altos, sobre la cordillera de jorobas sinuosas, oscilaban los
año de grandes lluvias, en el valle del Río de las Viejas, en el mástiles de astados. Y se comprimían los flancos de los mesti-
centro de Minas Gerais. zos de todas las medias razas plebeyas de los campos generales,
El burrito permanecía en el pesebre, tieso, somnoliento y del Urucúia, de los escarpados del Río Verde, de las reserva-
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ciones bahianas, de las praderas de Goiás, de las estepas del ca de hierro, no perdió la virilidad y hace menos de seis me-
]equitiñoña, de los pastos sueltos del sertón sin fin. Solos y ses que atisbó gente por primera vez. Por eso, piensa que tie-
suyos de pelaje, con los colores más frecuentes e imposibles: ne derecho a más espacio. Da vueltas y ataca, espetando al to-
negros, oscuros, retintos, gateados, bayos, bermejos, rosillos, ro sertanero, que encurva el arcabuz de bisonte, frunciendo
barrosos, anaranjados; castaños tirando a colorados, rojizos un abanico de pliegues en la cerviz, y resuelve cambiar de ve-
con asomos negros; veteados, rayados, versicolores; requema- cindad. Despacio, terco, fuerza el camino, como saben hacer
dos, marqueteados con diseños bizarros; tortugas variopin- buenamente los bueyes: pone todo el peso del cuerpo en la
tas; atigrados extraños, con estrías con céntricas en la pelambre frente y en las puntas de las astas, y abre bien el compás de las
- curvas y cebruras pardosucias en fondo verdecenizo, como patas delanteras, enterradas hasta las pezuñas en el suelo pan-
cortes de ágata acebollada, grandes nudos de madera labrada, tanoso, sosteniendo la conquista de cada centímetro. El torete
o faces talladas en granito impuro. china se espanta, y trepa en la grupa del cornudo, que huye,
Como corrientes de océano, se mueven cordones constan- procurando sumergirse en el montón. Uno, de lomo joroba-
tes, rodando remolinos: siempre un vaivén, los hocicos babosos do, buey surcoenrojecido, se irrita con los picos que le arpo-
sobresaliendo, y las colas, que no cesan de sacudir. con las bro- nean la barriga, y golpea con el anca, a reculones. La vaca bru-
chitas. Se suman. Se buscan. El criollo pechudo, anguloso, ru- ja contrachoca y pasa avante el porrazo, calcando el hocico
mia, estático, sobre los malos aplomos, le gusta espiar el cielo, en la nuca del mocho. Se empinan los cogotes, se retensan los
más allá, con los ojos de tenor cálido, saltones. El espurio gyr hilos de los lomos ensillados, se exprimen los cuartos rnuscu-
balancea la giba, crece la cabezona, vistiendo los lados de la losos, codillos derrapan en el lodo, danzan en el aire los pelle-
cara con las orejas y brama ronco, llamando a la vaca malabar, jos, el barro estornuda, se encajonan los mogotes, se entretejen,
empujada hacia el otro extremo de la cerca, o el guzarete su dan coces. Acullá, en las cercas -dando encontronazos a las
primo, que acude a la misma nostalgia hereditaria de los bue- vigas de landí, a los morillos de guarantá y a los esteros de aro-
yes sagrados, traídos de los pastizales hindúes del Coromandel eira- carnes cuadradas estallan. Y pululan entrechocados, en-
o del Travancor. Mudo llamado lleva al garrotón mozo a em- marañados, los cuernos -largos, cortos, rombos, achatados,
pujar toda una hilera, hasta lograr aproximarse a otro, que él puntiagudos como estiletes, arqueados, pendientes, pandos, con
nunca antes vio, pero junto al cual, y solamente, podrá sen- una dos tres curvaturas, formando ángulos de todos los gra-
tirse bien. Y cuando el bravo-pelicorto suelta sus mugidos de dos con los ejes de las testas, hasta retorcidos para atrás como
nariz cerrada, comenzando por una eme y prolongándose en cuernos, hasta clavados hacia el frente como presas de elefan-
rechinidos de portón viejo, le responden el lamento desgana- te, pero, la mayoría, erguidos en media luna, en espinas de cac-
do del criollo yel berrido en bocina, bien sostenido y claro del to, en barras de cruz, en brazos de ancla, en crucetas de can-
corralero montés. delabro, en horquillas de rama seca, en tenazas de cangrejo, en
De vez en cuando, irrumpe un tumulto mayor. ornatos de satanás, en liras sin cuerdas - todo estallando como
El pantanero enmascarado, de bozal blanco y cuatrojos, un final de incendio, cuando hay matas de bambú fino forman-
nació hace tres años en la campiña sin cercas. No tiene mar- do islas en el pastizal.
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Ahora se alertan, porque presienten la centella. Esperan que aparejados se mantienen paralelos, dos a dos. Corta a la mi-
la tormenta caiga a cántaros, en la gruta lejana, y entonces se so- tad el grupo de vacas lecheras, ya ordeñadas, tranquilas, con
brellegan y se agitan, recomenzando las dislocaciones en espiral. las crías al pie. Y se desvía sólo de la Azucena. Claro está, cual-
Molesto de presenciar tales violencias, Siete de Oros cierra quier persona haría lo mismo, los vaqueros harían lo mismo,
los ojos. Rebuzna atragantado. Entorna el frontispicio. Y, ca- el mayor Saulo haría lo mismo, pues la Azucena dio a luz,
bizbajo, vuelve a dormitar. Todo calma, renuncia y fuerza no hace dos días, a un becerrito muy galante, y es muy capaz de
usada. El aliento grande. Las orejas peludas, hundidas por de- una brutalidad sin previo aviso y de cabeza chueca, ernpito-
lante, como dos mal enrolladas hojas secas. La modorra, que nando con un cuerno entre las costillas, y con el otro alrede-
lo lleva a reservas profundas, La piel incompleta de las pier- dor del ombligo, con lo que, considerando además el impacto
nas. Las imponentes quijadas. La extrema enajenación de ani- del marrazo, es creíble que el hombre más virtuoso del mundo
mal emancipado, de híbrido infecundo, sin sexo y sin amor. pueda ser lanzado a seis metros de distancia, y a toda veloci-
Sin embargo, para él no había posible sosiego. El-caballo dad, con lazadas de intestino colgadas y mucha sangre de pul-
negto de Benavides -de sí fogoso, de pescuezo recurvo en món a la vista.
cauda de gallo- se desató del horcón y vino a desalojar al bo- Siete de Oros, que conocía el punto donde estarse sin tu-
rrico de su lugar. Está ensillado, la montura urucuiana, bicur- multo, vino a recargar el cuerpo en los pilares del barandal.
va, lo hace parecer una suerte de camello raso; los estribos de Dio una cabezada, para lamer, veloz, el pecho, donde la cola
madera le golpean los flancos. Arrastra entre las patas la punta no alcanzaba. Después estiró el hocico en tocón de trompa y
del cabresto. Aun así, no puede admitir, tan cerca, la existencia lo trajo al ras del polvo, soplando el suelo.
de un mísero mulo. Entonces, sin al menos verificar lo que Sin embargo, había cometido un error. Su primer desacier-
hay, el mostrenco de Chepe Grande golpea la tapia del coberti- to del día. El equívoco que decide el destino y prepara el ca-
zo, el bayo de Silvino zarandea empinado, casi partiendo la cin- mino para la grandeza de los hombres y de los burros. Porque
cha, yel potro pampa, arrodillado, relincha escandalosamente. "quien es visto, es recordado", y el mayor Saulo estaba ahí:
Siete de Oros detesta los conflictos. No espera que el ga- -¡Ora vea, alabado sea!. .. Ja, ja ... Mi compadre Siete de
rañón moro vuelva la grupa para lanzarle una doble coz que Oros está viejo ... Pero todavía puede aguantar un viaje de vez
se entierra con vigorosa simetría. Pues también, del otro la- en cuando ... ¡Arrea este burro también, Francolín!
do, se asoma el potro pampa, esparciendo la crin y enseñando -Sí, señor don mayor. Pero, ¿habla usted en serio o en broma?
los dientes, loco por morder. Siete de Oros se hace pequeño. -Me dijeron que esto es serio. ¡Serio, Francolín!
Se escurre entre las dos fieras. Se desliza. Emprende el paso por Con la risotada del mayor, Siete de Oros veló los ojos, di s-
el patio, a medio trote y en línea recta, posiblemente pensando: gustoso, aún sin saber que eran duras y maduras las circuns-
- "c ' exageracion
¡ uanta ., hay.... 1" tancias. Francolín vino a contar que no había cabalgaduras
Pasa rozando los bueyes de la carreta - pesados eunucos que alcanzaran: se había abierto un hoyo en la cerca del fon-
con argollas en los cuernos, que rumian, subalternos, como si do del pastizal del embalse, por donde casi toda la caballada
cada uno trajera todavía al pescuezo el yugo, y que aun des- había varado durante la noche; a esta hora, ya habrían vadea-
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do el arroyo y bajado la sierra, y andarían lejos, de seguro en el -¡Falta un caballo, señor don mayor!
Brezal lamiendo la tierra siempre húmeda del barrero, junto -Francolín, ajustaste todo demasiado aprisa ...
con los animales del campo y con los animales del monte. y el mayor Saulo fue hasta la puerta, para mirar el reloj de
El mayor apareció de golpe en el quicio, muchas veces pared de la sala. María Camelia llegó con la cafetera y un poci-
destellando rabia por los ojos verdes y llenando la panza de llo. -"¿De veras está caliente? ¿Hirviendo?" "¡Para pelar pollos,
risa. Después, dio la espalda al camarada y, haciendo fiestas señor don mayor!" Siempre con la mano izquierda sobando la
a la perrita Sucara, que saltó sobre el banco, comenzó a hablar barriga, el mayor Saulo sorbía un trago, suspiraba, reía y gor-
despacio y alto, pero sin perder la compostura, medio riendo goreaba otro. La negra y Francolín, seguros, a un tiempo, son-
y medio bravo, que era lo peor:
reían, reían y se ponían serios otra vez. -"¡Dale lo que sobra
-Tengo vaqueros que son buenos guiearreros ... Tengo ca-
a Francolín, pero sin soplar, María!" El mayor, ya con un ciga-
ballos ladinos, para romper cercas. Ja, ja ... Despacio uso, de
rro en la boca, se apoyaba en el parapeto, pensando en voz alta:
prisa pago ... Todo el mundo vale aquí el frijol que come ... Ja,
- ... Son tantos bueyes como para llenar dos trenes, ade-
ja ... Y hoy, con un tiempo de éstos y nosotros atrasados ...
más de las vacas que se van a quedar en el pueblo ... Para salir,
A! final, mandó a Sucara bajar del banco, y se volteó de re-
todavía es temprano Pero, ojalá y lloviera ahora, para que es-
pente encarando a Francolín:
campara con tiempo .
-' ¿Cuántos animales se quedaron, maestro mulato mi se-
Fue a esa hora que Siete de Oros se vino aprompicuando,
cretario?
quedito.
-Primero que todos, el azabache de usted, señor mayor.
-¡Arrea también este burro, Francolín!
Silvino, Benavides y Leofredo, tienen sus caballos ... Chepe
-Sí, señor don mayor. Nada más que el burrito está lasti-
Grande también, yo también ... Está el bayo de don Tonico ...
está el alazán ... yel Río Grande. Y hasta estoy pensando que mado, y casi ya no ve...
son suficientes, señor don mayor. -¡No ve lo que no le conviene, Francolín! -y el mayor
Francolín bajaba los ojos, sesudo, con mucha disciplina de Saulo se detuvo, pensando, con un dedo, enérgico, escarban-
fisonomía. do dentro de la nariz; de repente, sin más, se iluminó-: son
-Francolín, hoy sí que estás bruto. ¡Piensa más, Francolín! apenas cuatro leguas: Juan Manico, que es el más ligero de cas-
-También están ... Sólo que fuera el caballo de silla de la cos, puede ir en él. Ja, ja ... Ahora largo, Francolín, que ya me
señora doña Cota, más el potro pampa ... Sí, pero ése no sirve: tienes harto.
el potro ya está vendado de las muñecas, aunque todavía no La negra María Camelia se fue, rauda, llevando el decreto del
están bien amarradas. mayor Saulo como novedad a la cocina, donde se juntaban o
-El potro va, Francolín. trabajaban tres niñas, cuatro muchachas y dos viejas, además de
-Entonces, alcanzan. Así sí están todos. gatos y perros que salían y entraban; y en seguida se alborotó
-Cuenta con los dedos, Francolín. Tienen que ser diez, ade- el mundo: -"Juan Manico va a guiar la manada en el burri-
más de nosotros dos. to! ¡Imagínense nomás, santo Dios, qué chistoso! ... "
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Mientras, aquí afuera, la vaquerada comenzaba el corre co- sombrerón, que todos tienen. Entonces Sinoca, sentándose
rre, agarra agarra, arrea arrea, a gritos benditos de confusión. nuevamente medio de lado, con sorna de sí mismo, monta-
-"¡Vamos, todos, amigos, que quien va al frente bebe agua do en Nomeolvides, palafrén tordillo de doña Maricota, que
limpia!" Voz pomposa, Raymundón, el blanco de cabello de esquiva el lomo, de tan acostumbrado al sillón: -"Caballo
negro: -"¡Sinoca, deja lo que tiene dueño, esos aparejos son manso de dama sólo se inclina con taburete ..." -"¡Ay, que me
míos!" Con Sinoca, de las Tacuaras, hijo de rico: -"¡No seas caigo!" -"¡No se me caliente!" Toño Guayabera le da una pal-
terco, Leofredo, jala tu macho para allá!" Entonces Leofredo, mada en el anca a Belmonte -caballo desbocado del niño de
flacucho, cacarizo, se prepara cantando: -"Voy a dar la des- la casa, libertino e inventor de modas- y sube, con destreza,
pedida, como la dio el bienteví..." Y Tote, hombre sesudo, her- preguntando:
mano de Silvino por parte de madre, jalando al alazán, que no -Oye, ¿y Badú? ¡¿Dónde está Badú?!
es malo: -"Mira nomás, Bastián, con esos arreos tan fregados -¡Francolín, Francolín! -llama el mayor Saulo, caminan-
no voy a repicar campanas ... " Mientras tanto Silvino, mal en- do de sur a norte y de norte a sur, en la terraza, hablando con
carado, escupe en las manos para hacer un nudo en la cola de la perrita.
su café con leche de crines albas, gr411trotador en el lodo. Tam- -No, aquí no está, señor don mayor ... -grita desde allá
bién Sebastián, el capataz, saltando sobre Río Grande - caba- Benavides, que, con una simple presión de piernas en los es-
llo de casa, con un trote suave de automóvil, tan ligero que re- tribos de la silla cachetona, hace que el corcel negro revire en
basa la picada de los otros animales y llega a ser casi un medio las patas; y luego ayuda a llamar:
galope. El buen Chepe Grande, moviendo la boca sin hablar, -¡Francolín, Francolíííín!
acaba de enrollar la lazada en el horcón de la cerca, y rascando Las vacas huyen hacia el fondo del cercado, con los becerri-
con cariño el pescuezo del compacto Come-Lumbre, caballón tos a saltos. Caracolean los caballos, con los caballerangos, en
heredado, bastardo, pesado de frente como un mulo y de ca- giros de picadero. Sucara corrió ladrando, enojada, en lo alto
beza voluminosa, doctor en reconocer la huida de la res brava de la escalera.
al campo talado, con lazo o con vara. Benavides, ya montado -¡Badú, Badú!
-en el Cabiúna corpulento, animal fino, de frente alzada y -Ya viene, Toño, se fue a despedir de la novia ...
cuello leve, que perdona cola pero reclama pectoral, y es ani- Finalmenre aparece Francolín, viene del corredor de aliado,
mal consentido, nutrido con sobras de cocina y piloncillo, no mascullando algo.
sosiega un instante la cabeza, porque es el más bonito de to- -Fui a ver que todo quedara en orden allá adentro, señor
dos, con derecho a ser gula, y está ansioso por correr- Bena- don mayor.
vides, bahiano importante, que tiene los dientes limados en pun- -Oyeme bien, Francolín: "hechos son amores y no buenas
ra,' y es el único que usa ropa de cuero de tres piezas, además del razones" ... Quédate aquí, a la vista.
El mayor Saulo apunta con un palo, en dirección a los co-
Los vaqueros del serrón acostumbran mandarse limar los dientes en punta,
I
como señal de fiereza o bonanza.
rrales llenos:
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-¡Manada y media! Ni siquiera dos meses en la melaza, era el movimiento anual de la fauna mugidora y cornuda, con
veinte días en el pastizal y ya está lista la primera leva, reven- trenes y más trenes corriendo, vagones repletos, atestados,
tando de gorda. Nunca vi cabezas de ganado tan selectas. destinados para Sitio y Santa Cruz. Después, a mediados de la
-Eso, señor don mayor. Y pura gordura honesta de bue- sequía, los pastos se vaciaban y los vaqueros tenían que espar-
yes. Que nosotros no robamos. cirse en dirección a los lejanos centros de cría para comprar
-¿ y yo en qué caballo colea? y hacer rebaños de ganado magro. Por las rozas ya estarían de
-Sí, señor don mayor. .. Lo que estoy diciendo es que los vuelta. Reposo. Primero sal. Primero pasto. Ración de sal to-
de don Ernesto no llevan ventaja, aunque hayan embarcado el dos los meses, en la luna nueva. Y listo, a recomenzar.
ganado antes que nosotros, la otra semana, porque supe que -Va a caer una lluviecita fina, aunque las crecientes van
son diestros en dar sal con azufre a las reses, para engordarlas a ser violentas. ¡Este año acaba en seis! ... Puedes juntar a la
aprisa, ¡gordura de mentiras, de hinchazón! gente, Sebastián. Llama a Chepe Grande. Mira, ¿qué es eso,
Francolín?
-Cállate, Francolín. Están todos inquietos, no caben en el
corral... Cuando Badú llegó, con retraso, de las cabalgaduras sólo
quedaba el potro pampa. Ya arreado, libre de las vendas de las
Cuatrocientas y muchas reses, cupo de dos trenes de bueyes.
patas, se mantiene quieto, la mirada grave, soltando estreme-
En la víspera, el mayor Saulo recorrió la hacienda, con los cam-
cimientos y sobresaltos, como un enorme cuerpo eléctrico.
peros, él escogiendo, ellos apartando. El peso era calculado a
-A ver, a ver ...
ojo de buen cubero. El precio había sido discutido y convenido
-Silvino está furioso contra Badú ...
en telegramas. Ya había llegado el aviso del agente: los espe-
Badú acaba de saber que tiene que montar al potro. No pro-
ciales estaban esperando en la estación del pueblo.
testa. Resentido, observa.
-Vaya a lavar su cara, Francolín.
- ... porque Silvino también quiere a la muchacha, pero la
-¿Lavar a la perra a esta hora, señor don mayor?
muchacha ya no lo quiso ...
-No. Lavar tu cara, la tuya. Ja, ja ... Empezó el tiempo del -¡Olvida esas historias, Francolín! ... A ver si Badú en-
trabajo, Sebastián ... tiende de doma: ya va a montar ...
Sebastián subió la escalera y se aproximó. Con polainas ama- Badú se acerca al animal. Verifica que la cincha esté bien
rillas y pies descalzos. Estuvo de acuerdo. Iba a decir algo, pe- apretada. Ajusta, por asociación de ideas, su propia correa de la
ro cerró la boca a tiempo, porque el mayor Saulo continuaba cintura. Salta, ensarta en los arreos, y el potro -¡hop'pld!-
mirando hacia la aglomeración de bueyes. esconde la cola y resopla y desanda, en un estruendo de pez
En los pastos de engorda aún había millares de ellos, y has- fiera prendido en el anzuelo. Se empinó, da uno de ancas, se
ta junio duraría el éxodo de los rebaños de corte. Y como empina; salió de lado restregando las muñecas, sopla y bufa,
sucedía lo mismo en todas las haciendas de ahí cerca, con li- se abre y cierra, golpea la crin, parece que lo va a disparar.
geras variantes, en las muchas otras constelaciones de hacien- El mayor Saulo presencia, impasible. Nada más en el verde de
das, demarcadas alrededor de las esracioncitas de aquel trecho, sus ojos salta el niño de la risa. Pero Francolín no se contiene:
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-¡Silvino silbó al oído del animal... yo me di cuenta, se- -y el mayor monta al cenizo, que, a pesar de ser tan grande,
ñor don mayor! Si usted manda, voy allá y hago valer su au- casi se derrumba y apoya la barriga en el piso.
toridad ... Ya encabrestado, Siete de Oros no está dispuesto a entre-
-¡Se cayó, yo lo vi! garse: "[Con trabajos jalal" cuando otros lo pican, es la viva
Era un supersalto magistral, con todas las patas al aire y la imagen de un borrico anciano. Con rapidez, sus orejas se le-
cabeza tozando la cola, por debajo del resto. Pero Badú no se vantan, mientras acompaña al hombre, con un ojo de soslayo,
cayó: perdiendo los estribos, aprieta las rodillas en la cabeza a modo de no errar la coz.
del jamelgo, iza al potro con las riendas y le entierra las espue- Juan Manico le da vueltas, rezongando. Le pone la cincha.
las, gritando: Después, con firmeza, antes de ensillado, le pega en la cabeza,
-¡Sosiégate, desgraciado! como Dios manda. Siete de Oros se esquiva con un giro clá-
-Mira, mira ... ¡Apretó las piernas a la cabeza de la silla, sico: estira la quijada y se agazapa, levantando el trasero y
firme! Aguantó ahí, Francolín, ¿puedes creer lo que ves? haciendo caer los arreos al suelo. Entonces el vaquero se con-
-Sí, señor don mayor ... Estoy viendo. Pero, hay otra cosa vence de que es necesario mostrarle mejores modales:
-Eh, burrito, quédate quieto, mi negro.
de la que le quiero dar parte ... Hazte a un lado, Chepe Grande,
Así, Siete de Oros está de acuerdo. Juan Manico abre la
que debo tratar un particular urgente aquí con el patrón.
mano y se la pasa por el pescuezo, lo que le gusta, y bien reci-
-¿Qué pasa, Francolín Fonseca?
be la manta de pita. Conforme, ya no se resiste. Da apenas el
-Francolín Ferreira, señor don mayor ... Es que, es que yo
jalón habitual de la panza, contrayendo bruscamente la piel,
sé, seguro, pero de veras seguro, que Silvino va a matar a Badú,
del lomo a los ijares y de los ijares al lomo. Encrespa y desen-
hoy.
crespa también el cuero del pescuezo. Acelera los golpes de la
-En mi hacienda nadie mata a nadie. ¡No me hagas reír,
cola, en el vaivén alborotado de un plumero. Al aceptar el
Francolín! freno, harto arruga los belfos en una tremenda sonrisa de
-Sí, señor, pero el caso no es de risa, señor don mayor. .. dientes amarillos. Pero luego regresa al eterno cabeceo, hasta
Silvino quiere beberse la sangre de Badú ... Si usted me pro- que Juan Manico intenta montado.
porciona la orden, doy luego la voz de prisión para Silvino, en -¡Hurra, viva! Ya es hora, Juan Manico mi compadre. Tú
el pueblo, después del embarque ... y el burrito están tal para cual, porque son los más viejos y
-Escucha, Francolín: "¡no es en las manchas de la vaca don- valientes de aquí... Te conviene más ir hasta atrás, con calma.
de se miden la leche y la espuma! ... " Vámonos ya, de una vez. Ya nos ayudarás a la hora del embarque ... El Siete de Oros es
El mayor Saulo baja la escalera de la terraza, con la corte de viejo, aunque es un burro bueno, de carácter ... ¿No sabes que
Francolín y Chepe Grande; vienen despacio, con pasos pesa- un burro vale más que un caballo, Manico? ..
dos, hacia el gancho de las argollas. -Compadre ñor mayor, para viajar el día entero, en mar-
-Jala al cenizo, Francolín. Eh, Juan Manico, Manicote mi cha de camino, estoy de veras con usted. Pero, para manejar
compadre, ¡qué estás esperando para cargar a esa otra acémila! ganado, ¡Dios me libre de tener un burrito así!...
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-Más valor, Manico, sin quejarse ... "[Suspiro de vaca no ra, no. Son ellos que están adivinando que ya estamos a punto
arranca estaca!" ... Bueno, ¿qué tanto estás mirando, Fran- de salir ... "
colín? Apenas Sinoca terminaba, y ya, cerro abajo, suelo adentro,
Es allá, al otro extremo del cercado, Toño Guayabera que retumbaban, encadenados, tres truenos de tempestad. Enton-
se entretiene haciendo trenzas en la crin de Belmonte, y plati- ces, la multitud se agitó, al instante, y una ola de cuerpos cre-
ea con Badú: -"¡Haces mal en andar así, desarmado de arma! ció, pesada, se rompió a un lado del corral y refluyó en el flan-
Silvino es onza tigre. Todo el mundo sabe que está esperando co contrario. En pánico, buscaban la salida.
la hora ... " Entonces Badú, mostrando en los arreos el largo fie- -¡Virgen María! ¡Van a dar quehacer! Cuida ahí que hay
rro de marcar y señalando al potro, ya quiero, exhausto de re- muchos carajos desventurados, cazándonos para ensartamos ...
parar, sólo dice: -"¡Conmigo no puede quien puede! Yo tam- ¿Oíste, Chepe Grande? ..
bién, cada que veo a aquel sujeto, me hago luego amigo de Chepe Grande se pone la correa del cuerno en el pecho y
mi cuchillo. Pero Silvino es cobarde, miedoso, ¡siempre está continúa callado, observando. Para la conocencia del ganado,
en vísperas de algo!" -"¡Terco en la porfía! ¡Quien tiene ene- él es el mejor vaquero de la Tapa, hombre leedor de todas las
migos no duerme! ... " Toño Guayabera acude a la elocuencia, mañas y malicias del animal buey. Nada más así, por el serre-
porque cree tanto en la debilidad de Silvino como la liebre ro bullir o estancar, mide su grado de mala furia, calcula la
cree en la inmovilidad de la cobra, o como la cobra cree en la potencia de la arremetida y adivina por dónde serán dados
lejana altura del águila. Badú jala al potro, viniendo hacia acá, todos los ataques y cuál será la pata de apoyo, el giro de los
cerca del rincón donde Juan Manico sigue hablando con el cuernos y el tiempo de vuelta para la segunda ofensiva.
mayor. -¡Ave María, Ave María! Muchos toros pesados. Son los
Siete de Oros apuntó las orejas hacia el frente. Es calmado de Fortaleza. Puro corralero alevantado, raza de bueyes aris-
y comodino, aunque en cierto modo honesto. Cuando Juan cos ...
Manico lo monta, no repara,.por pereza. Y tiene el primor de -¡Mira aquella vaquilla bragada, a las bravas! Está empu-
sacudir el estribo derecho, primero con la pata delantera, des- jando a los otros, para poder quedarse sola con más campo; no
pués con la de atrás, cruzando fuegos. deja que ningunose le arrime. Es para un encerrón, vaca en-
-¡¿No te lo dij.e, compadre ñor mayor?! ... ¡Canijo animal! trona ...
¡Un burro nunca se amansa, nomás se acostumbra! ... -¿Se parece a la que agarraron tú y Josías, Tote?
Sin embargo, el mayor Saulo se retiraba, sin responder, -Pero ya dije ... ya juré que no fue culpa mía, y no fue de
riendo ya lejos, rumbo a los vaqueros: allá junto a la cerca, verdad. La vaca ahumada estaba con la cría en medio del co-
con los caballos formados en fila, como un escuadrón de lan- rral, mugiendo fuerte y embistiendo al mismo viento ... Jo-
ceros. sías me dijo: "Vamos a darle una topada, para ver si tiene de
-"Mira nomás, viene tormenta ... " Y Leofredo señalaba al veras la tan mentada bravura". Yo le respondí: "Vamos, pero
ganado: todos inquietos, ojos ansiosos, orejas erectas, gol- con calma". Entonces sucedió que nosotros nos olvidamos de
peando los paréntesis de los cuernos altos. -"No es tormen- convenir, en antes, quién era el que esperaba y quién el que
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arrastraba ... Quedamos: yo de este lado, él de allá. Después, mucho trabajo, porque están bien gordos, y con desgano para
antes de que saltáramos la cerca para adentro, la condenada hacer desorden. Toros bravos hay muchos, pero eso usted dé-
vaquilla estaba allá, hereje, ¡dándose cuenta de lo que quería- jelo por nuestra cuenta ... Los criollos son pocos ... Ahora, yo
mos hacer! ... creo que hay algunos que deberíamos apartar. Mire, ñor ma-
-No era el momento de descuidarse ... yor: aquel naranjo agarrotado está nomás buscando la orilla
-Pero fue. Apenas pusimos los pies en el suelo, ella rasgó de la cerca. Y el serrero criollo, ése de ahí, color de canela, de
el aire, directa, como flecha, destruyendo nuestro poder de pelo parado que se asusta hasta con el golpe del rabo de los de-
espiar. .. Los dos nos entiesamos todos de lado para arrastrar, más ... pues esos dos se han de querer escabullir y es un pe-
y nadie la sujetó. Ahí fue dónde. Ella dio el tope, no encontró ligro para los otros que saldrían atrás en estampida. Aquel ga-
oposición, y remó las varas para fuera ... Escogió a quién, y muza, de hocico prieto hasta por dentro de los ollares, está
ensartó a Josías en la barriga ... Luego se volteó hacia mi lado, ciego de un ojo ...
y me vino a visitar, pescándome con los cuernos y echando- -¿Estará de veras?
me baba en la cara. Y corrí. ¡¿A poco no iba a correr?! ... -Se lo aseguro. Mire: a todos les gusta pegarle del lado
-¿Con buena vara, de palo de arco, en la mano de buen va- ciego. Va a llegar al pueblo muy machucado ... Y, si nos des-
quero? cuidamos, él, a tontitas, a tontitas, agarra a querer arrempujar
-Mi vara la había aventado lejos. ¿No ya te dije? .. Josías para fuera del camino, del lado del ojo sano ... Aquella vaca
fue el más desafortunado, porque fue arrastrado por todos mora también ... Es maligna, está fastidiando a los demás, a
lados, con la monstrua zapateando sobre él y embistiendo ... traición. El resto está en orden.
Claro que ella no me agarró a mí también, porque, con el des- -Tienes razón, Chepe Grande. Sinoca y Tote: separen a
gobierno, hasta el becerrito se espantó y se cruzó enfrente, aquellos cuatro y traigan otros del corral pequeño, para repo-
entre nosotros dos, cabriolando, con la colira en la espalda. nerlos en su lugar. ¡Virgen Santa! ¿No vieron aquella prenda?
Cuando yo iba a saltar la cerca, ella todavía me alcanzó, en la ¿No será toro semental? Revisa si es capón o no ...
punta de un pie: se juntó con la fuerza del salto que yo iba Y el mayor Saulo señalaba, bien a la orilla del estacado, un
dando, y caí encima del montón de leñas de aroeira que es- toro alto y delgado, negro azulado, azulengo; no: azul ala de
taba allá ... ¿Tuve la culpa? .. Mala suerte del compañero. ¡Era cuervo, agualejos, laguna honda, cielo destapado -una tinta
su día, el mío no había llegado! ... compacta, vertida de cabo a rabo y escurriendo, de regreso, de
-Bueno, vamos a dejar de contar cosas tristes, que al señor rabo a cabo----, concolorcorvo, azulísimo.
mayor no le gusta ... -Está entero ... No, es chiclán. Pero bonito como un ani-
El mayor Saulo cabalgaba hacia acá, acabando de hacer el mal de Dios ...
recorrido completo por los corrales, con Chepe Grande y Se- -Sí, sólo de lejos, señor mayor. De cerca es de color más
bastián a los lados, y Francolín. trivial ...
-Vamos a ver, ¿qué hay y qué no hay, Chepe Grande? -¿Y qué me importa? No quiero a ese buey como otro
-Creo que el ganado está bien, ñor mayor. No van a dar Francolín, que no se me separa ... A ver, a ver ... Quítate ya tú
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también. Y vamos, vamos con Dios, mi gente. Da la salida, -¡Aja, toro!' .. ¡Aja, toro!' ..
Bastián. ¡Hazte cargo, compadre Manico! -Cuatrocientos cincuenta ... sesenta. Listo, señor mayor.
Pobre borrico Siete de Oros, que no tiene la culpa de ser Corta de lado el mayor Saulo, envuelto en la capa amplia,
duro de boca, ni de tener el centro de gravedad avanzado para comandando:
el tren anterior del cuerpo ... -¡Alántate, Leofredo! ¡Del lado de allá, Badú!
-¡Andando, gente! ¡Ligeros! ¡Hagan pared! Van, al frente, Chepe Grande, tocando el cuerno, y Sebas-
Sebastián entró al corral. Chepe Grande, el guiador, sopla rián, que suelta toda la garganta, al primer arreo, como un re-
el cuerno. Los otros se ponen en dos alas divergentes - ha- frán bárbaro:
cen pared, formando la caravana. Sin oca abre el portón de par -¡Arreee, toooro! ...
en par. y lo sujeta. Leofredo, el contador, protesta: Escalonados, del flanco derecho, Leofredo, Tote, Sinoca y
Benavides. Del lado izquierdo Badú, Toño Guayabera, Silvino
-J úntense más, pa que el ganado salga en hilera, compa-
y Raymundón.
ñeros! Ponte listo, Toño, ¿qué no sabes arrear ganado? ¡Caray! ...
-¡Buen ganado! ... -proclama el mayor, zarpando.
Es el primer chorro de una represa. Saltó una vaca china, im-
-¡Borrico miserable! ... -se desahoga Juan Manico, cla-
prudente, mirando para todos lados todavía indecisa. -¡Dos!-
vando las espuelas en los ijares de Siete de Oros, que abanica
Salta unpata dura endiablado, como venado perseguido. Pasan
la cabeza, agacha las orejas y arranca, nada suave, con su via-
todos. Tres, cuatro, cinco. Diez. Quince. Veinte. Treinta.
jero ensillado, de ángulo escaso, poca bulla y caída pronta.
-¡Aja toro! ¡Aja toro! ¡Aja toroaja toroaja toro! ...
Seco de flaco, con su boina de jockey en el cráneo, allá va Fran-
-¡Cincuenta! ¡Sesenta!
colín, atrás del mayor.
-Aparta ese animal becerro. ¡Pa un lado! No sirve, no pesa
-¡Aja, toro! ... Aja, toro ...
nada.
Y, al trompe{ear intercadente del cuerno, ya reverberan las
-¡Ochenta! ¡Cien! canciones:
-Ataja al mestizo de Uberaba. ¡Topa, Tote! ... ¡Aja toro
El Curvelo vale un real,
bronco ... Cuerno chueco, orejón, desinquieto y jorobado! ... Cordisburgo real y cien.
-exclaman los vaqueros, aplaudiendo a un bisonte de ana- Mas Lajas no tiene precio,
tomía y macicez espléndidas, que avanzó como queriendo porque allá mora mi bien ...
agredir.
-Estampa de toro brioso. ¡Cuando corre, tamborea; cuan- Ningún peligro, por ahora, con los dos lados del camino
do anda, amasa el suelo! tapados por las cercas. El ganado gordo, en la marcha contraí-
Ahora es el estallido, unido, de toros enlodados, con las an- da, se desordena en turbulencias. Todavía no agachan las cabe-
cas emplastadas de suciedad verde, comprimidos, empinados, zas y el trote es duro, a gritos y chicotazos.
golpeándose, arrollándose en manojo, en un atropello estre- -¡Más aprisa, ¿quieren rumiar? -rezonga el mayor-o
mecedor. Los flanqueadores reculan, anchando el callejón. ¡Buen ganado! ...
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Cornudos, curvados, luceros, lunados, tamaños, testudos, Buey bien bravo, bate bajo, bota baba, buey berreando ...
lobunos, lompardos, cobrizos, cambrayos, chamucos, chorrea- Danza loco, da de duro, da de dentro, da derecho Va, vie-
dos, cortados, cornetos, bocalbos, berrendos, plomizos, pin- ne, vuelve, viene en la vara, va no vuelve, va varando .
tados, belfudos, peludos ... Y los tocones de la testa del mocho
manchado y las armas antiguas del buey chocador ... Todo pajarito del monte
-¡Pa trás, buey-vaca! tiene su piar diferente.
-Regresa, Toño ¿Viste la fiereza de sus ojos? Va con la Canto de amor delirante
sangre hasta el cogote . no debe ser arrogante ...
-¡Sólo ruindad y más ruindad, endesde el remolino de la
frente hasta la curva del codillo! A éste no lo. voy a perder de Poco a poco, sin embargo, los rostros se aclaran y los hom-
vista, que es el toro estallador ... bres adquieren gestos de reposo en las sillas, satisfechos. Que
Apuran el paso, por entre campiñas ricas, donde pastan o de treinta, trescientos o tres mil, sólo está casi lista la manada
rumian otros mil y más bueyes. Pero los vaqueros no des- cuando el animalerío se aglurina como uno solo -ciempiés-,
morecen en los ajas y las canciones, porque la manada to- de veras prestos así, para sorpresas malas.
davía tiene pasajes inquietantes. Se amplía y se recomprime, -¡Tchou!. .. ¡Tchou! ... ¡Aja toro! ...
sin motivo, aunque dentro de la multitud movediza hay giros Ahora, encarrilada del todo está la manada, de tal forma
extraños, que no son los dislocamientos normales del ganado que cada vaquero agarra el ritmo, sin querer e imitativo, y los
en marcha - siempre algunos disputan el puesto en la van- caballos se menean bovinamente. Despacio, apenas percibi-
guardia, otros buscan el centro, y muchos se dejan llevar, do, son absorbidos todos por el rebaño retumbante - pata a
empujados, casi sobrenadando, con los más débiles rodando pata, casco a casco, tumbo tumbo, sopla viento, rueda y trota,
hacia los lados y los más pesados tardando hacia atrás, en la cabizbajos, mueve lodo, por la ruta, cuernos al aire ...
coz de la procesión. La manada va, como un barco.
-¡ A·ja, toro, alláa.... ¡A'jaaa, toro 'Ai"
.... ¡ va, al va. V:aaa ... -¡Largo pa llá, marrullero!
Las ancas balancean' y las olas de dorsos, de vacas y toros, -¿ Te embistió?
moviendo las colas, mugiendo en medio, en la masa hecha -Casi ...
bolas, friccionando cueros, estallidos de astas, estruendos y -Lo bueno es que es gachicorno y manso, como cebú ...
golpes, yel grito quejoso del ganado junqueira, de cuernos -Si fuera mío, no iba al matadero. Bonito de veras, garboso.
inmensos, con mucha tristeza, nostalgia de los campos, que- Hasta me acuerdo del Calundú.
rencia de los pastos de allá del sertón ... -¿Cuál es ése, Raymundón?
Un buey negro, un buey pinto, -¿El Calundú? Pues era un cebú de la misma edad. El más
cada uno tiene su color. grande que ya vi.
Cada corazón un trato -¿Guzerá?
al mostrar su amor. -Creo que ...
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-¿Bayo, como el Paulatón? Uno vino de allá, lanzado a empujones, y golpeó medio
-Color de cielo que trae lluvia. Bramaba ronco, de impo- arrodillado, justo justo rozando al caballo de Raymundón.
ner respero ... Trompean, ahora, corneando y venteando, pero los acanti-
-Todo cebú impone. lados en capilla, erizados de puntas, guardan una fidelidad de
-Aquél más. ¡Qué serrero! ritmos, escurriendo camino adelante. El ganado bulle, a la per-
-¿Por qué? cusión desgranada de los mil ochocientos cuarenta cascos de
-Parecía manso y daba trabajo que se encrespara. Pero, un uña doble.
día, peleó con el reproducror de los Oliveiras, cebú también, Sopla siempre el guía su cuerno, mientras los otros insisten
de los manchados. Trabaron lucha sin par, bien por dos horas, en el canto arrastrado, tan lastimero que, por él, los bueyes van
y el Calundú derribó al otro, casi muerto, en el desbarranco. cadenciando el tropel.
-¿ y para lidiarse? -La lluvia ya está ahí, cayendo, Raymundón. Vigila a aquel
-No era cualquier vaquero llegado de fuera, no. Tenía garrotón negro, que está babeando sobre los vecinos. ¿Y el Ca-
manías: no golpeaba en gente a pie, sino que le gustaba correr lundú era tan importante?
atrás del jinete. Desde lejos, él ya sabía que venía alguien, -Te vaya contar. Espera, vamos a hacer un resguardo:
porque ponía una oreja en el suelo, para escuchar. Mira, que vamos a juntar los caballos y atajar el ganado para que sólo
vamos a entrar en el matorral. ¡Cuida ahí, pa que no se rieguen les dé trabajo a los del otro lado y nosotros podamos platicar
por todas partes! con sosiego ... Así. Ah, diablo, eres maestro, y yo queriendo
-¡Abre brecha! ¡Achica el paso! -grita Toña Guayabera, enseñarle el padrenuestro al cura ...
transmitiendo la orden de Sebastián. -¿Qué historia es ésa? ¿El Calundú mató a alguien?
Los arrieros se alejan y avivan prolongando: -Después. Lo que vaya contar pasó en el Retiro ... Yo ha-
- É ,e,' e,, e, , b uey...
, e, bía ido allá a buscar una vaca cariblanca, de la hija del señor
Mientras los punteros incitan la marcha de los cuadrúpe- mayor. La vaquita había parido a la orilla de la laguna, yel co-
dos: codrilo se comió la cría. Por eso estaba arisca, se había con-
-¡Aja, buey-vaca! ¡Arre! ¡Arre! ¡Arre!... ¡Ey! ¡Ey!... vertido en un animal salvaje, corriendo atrás de cualquier
El rebaño se estira y se ancha, reduciendo las filas, como ruidito, arremetiendo contra todo. Me dio tanto trabajo, que
soldados que pasan, en movimiento, de una formación de tuve que dormir en la choza cercana al cocotal ... De noche,
gran fondo a una columna de pelotón. salió una luna farolera, que alumbraba hasta el paso de las
-¡Mundo viejo, vendaval! -ulula Toña Guayabera, suje- pulgas en el suelo. Mi perra cazadora, a quien no le gustaba
tando al caballo para apreciar el desfile de los toros tambo- estarse quieta, se puso a vagabundear y comenzó a acechar.
rileros, corriendo con las astas altas: el escurrir fluido de las Algún armadillo cola floja por ahí..., pensé. Fui a ver. .. ¡Ey
patas, torbellino de ángulos, el balanceo de los perfiles en don, cuidado!
quina, y el juego veloz de los omóplatos oblicuos. Un torazo ahumado bufó en la oreja del potro de Badú,
-¡Largo, bruto, mameluco! que relinchó - respinga para atrás, para la izquierda y para
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abajo, torciendo el pescuezo, rapidísimo. Badú osciló, golpeó Llegaba la lluvia, blanqueando, agitando rumorosa, venida
con la mano la curva de la crin y quedó suspendido medio de atrás y no de arriba, de carrera. Alcanzó al ganado, envol-
segundo, esforzándose para no ir silla a tierra, bajo los cascos viéndolo todo en bruma y siguiendo carrera lejos. Los bultos.
en disparada de los bueyes. Fue al otro lado, en salto seguro, de los toros parecían crecer en la neblina, tornándose sombras
y volvió al asiento, volteando con la ligereza de una liebre de finas, de reptiles desdibujados, informes, con el chorro de las
los Urales. gotas escurriendo por los costados. El pisoteo adquirió un
-No es nada. Sigue con la historia, Raymundón. tono suave, de carrera en el bagazo. Hubo mugidos. Aunque,
-Pues entonces, cuando fui a espiar lo que mi perra Zefe- gangoso, el cuerno tocó de nuevo, más fuerte, al frente.
rina estaba desconociendo ... -¡Canten!
-¡Hereje! ¿Ése es nombre de perra? Entonces, soltaron la lluvia de veras: lluvia pesada, vertida,
-Fue por venganza que se lo puse, cuando mi mujer Zefe- un vasto vapor opaco. Era como si la gente pasara por debajo
rina me dejó ... Pero, ora verás, ¡no te imaginas lo que vi! Me de la cascada. Los toros dejaron de verse del todo. Los vaqueros
encontré con una bajada de pasto, y me hundí casi en medio cantaban juntos:
de las vacas. Ya dije que había una lindura de claridad de no- Llueve, lluvia, lloverá,
che ... De repente vi que el ganado estaba lleno de ideas, co- Santa Clara a clarear,
menzando un movimiento raro. Mandé a la perrita callarse Santa Justa ha de ajustar,
la boca, y entonces pude apreciar bien: las vacas, desinquie- San Antonio manda el sol
tas, se estaban juntando, amontonándose en una masa, em- Pa enjuagar mi pantalón ...
pujando a los becerros hacia el centro, apretando, todas pren-
sando, de modo que todo aquello, exprimido, parecía un rollo -¡Diablos, tardó pero mejoró! No podíamos ni respirar
grande, rodando y haciéndose cada vez más pequeño, sin pa- debajo de ese diluvio ...
rar de rodar ... -¿Y qué pasó con la onza, Raymundón?
-¿ Y entonces? -El pueblo decía que la onza había venido de lejos. Onza
-Espera, mira la lluvia bajando el cerro. ¡Ay, agua del cie- tigre, macha, de las del Mato Grosso ... La onza es un animal
lo para oler sabroso, olor de novedad! ... Es de cernidillo ... desbocado para caminar, y anda sólo de noche, campeando
Entonces, el Calundú, que era el garrote de las vacas, pare- qué sangrar ... Pues en aquella ocasión yo estaba seguro que se
cía ser todavía más influyente de lo que era de veras, rodean- encontraba a muchas leguas de allá donde yo estaba ... Pensé
dolas, medio dando la espalda a la manada, ¡con la cabeza que andaba por el Maquiné ...
erguida! Y que oigo un maullido lejos, y me recordé de aque- -¿Y el cebú?
lla onza negra que estaba causando estragos en el ganado de -Bueno, cuando oí el maullido, me acerqué a un árbol jo-
don Quilitano, en las Lajas y en el Bolsón de la Gruta. On- ven de almendro, porque no tenía arma de fuego, y la onza no
zona de buen tamaño ... trepa en palo fino -se dice- que no tenga el poder de abar-
-¡Ey, amigos, ya viene el agua! car con las muñecas ... Yo le pedía a Dios que le ordenara no ve-
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nir hacia mí... Me puse alegre, cuando escuché mejor el rnau- -Se me hace que estás inventando, Raymundón ...
llido de la animala fiera, allá por detrás del carrizal... Y el Ca- -Bueno, pudo haber sido también un espejismo mío, no
lundú cava cava el suelo y bufaba, con una rabia tan terrible, lo dudo ... ¡Fue entonces cuando supe que hay también ánge-
que me animé más, porque él me estaba protegiendo, ¡y has- les de la guarda de las onzas! ... Ya sabes que cuando la tigra
ta sentí pena de la pobre oncita!. .. prepara el ataque, es porque ya vio todo lo que tenía que ver, y
-¿ y después? ¿La tigra atacó al serrero? ya pensó todo lo que tenía que pensar, por eso es que nunca
-Déjate de manías. Cebú es cebú, y serrero es garrote de deja de dar el salto, ¿no es así? Pues ese día, la onza de seguro
los otros ... Pero, en eso, vi a la onza, vi su bulto, porque era que ideó una perversidad más, porque borró lo de ella, el ras-
luna llena, noche clara, ya dije. trO hacia atrás, un buen pedazo. Después, corrió a lo lejos, sin
-¿Chillando furiosa, Raymundón? Yo ya vi a un puma un maullido, y se fue. ¡Onza astuta! ...
atacando, una vez ... -Oye, ¿qué pasa?
-No puede ser. ¿Dónde se ha visto que la onza aceche a -Estamos llegando al arroyo. Adelante ...
las crías de esa manera? Llega como un gato cuando quiere atra- -Mira nada más cómo está crecido el arroyo. ¡El agua re-
par pajaritos: echada, escurriéndose despacito, con la panza en tumbando a la mitad de la ceiba! ... ¿Dónde quedó el barranco?
el suelo, suavecito, nomás sacudiendo la cola Con los ojos Desapareció, ¿estás viendo?
que iluminan verde, como luciérnaga boluda . -¡Virgen Santa! Apuesto que en la noche todavía sube más ...
-¿Saltó al cogote del cebú? La luna no es favorable ... Año acabando en seis...
-¡Qué cogote ni qué cebú! ... ¿¡Tú crees que ella no tuvo -La corriente viene desde las cabeceras: si no, no bajaba
valor!? En un momento como ése, ni el diablo era quién pa- tanta hoja de palmera ...
ra acercarse al viejo criollo de guerra. Ni torero afamado, ni -Dicen que desde hace cuatro días, allá en las nacientes
buen vaquero, Mulatiño Campista, Viriato o Salathiel, na- no para de llover.
die ... Y, quien se aproximara, era de veras porque tenía ga- Llega Francolín, a galope, con un recado del mayor para
nas de morir suicidado sin querer ... Sebastián: que esperen un poco y no aprieten al ganado en la
-¡Virgen Santa! travesía ...
-Sin embargo, el Calundú se iba poniendo cada vez más -Está feo. Pero esto no se compara con el paso de las ma-
encorajinado, y más malvado, ensayando para volverse loco, nadas en el jequitiñoña ...
llamando a la onza hacia el descampado y maldiciendo con -Lo conozco. Lo atravesé, con seiscientas cabezas de gana-
cuanta palabra hay. Todo eso, lo fui bobeando al espiar tanto do de Bahía ... Lo más peligroso no es lo ancho, sino que es río
sus movimientos, como que nunca había visto al cebú así, ¡tan bravo, de corrientes ... Teníamos que mandar a la punta un
grande! La joroba le corría hasta allá abajo, en el lomo, y de lote de bueyes mansos, más acostumbrados, que no tuvieran
regreso, rebasaba su lugar y volvía a subirse como sombrero en miedo. Había quienes hasta alquilaban unos, enseñados, de
la testa del animalón. ¡Cruz! Y la luna comenzó a alumbrar un lugareño de la orilla del río Y cruzábamos en la batiente,
a Calundú más que a las otras cosas, por respeto ... vigilando el nadar de la torada .
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Llega el mayor, preguntando por Sebastián ... potean con estruendo, los codillos golpean como pujavantes.
-Estoy viendo que el vado está peor ahora que lo demás. Perdieron suelo: los cuerpos desaparecen, quedan de fuera so-
Mejor nos desviamos hacia abajo, donde puede que esté más lamente los belfos, los ollares pulposos, palpando el aire, y los
raso ... pares de cuernos, como tentáculos de caracoles acuáticos. Toda
-Raso lo que se dice raso ya no está en ningún lugar, se- la manada se precipita, con mucha prisa, cruzando la corrien-
ñor mayor, y se está desbordando, allá del otro lado, y no te brava del Arroyo del Hambre.
hay salidero ... Es mejor por aquí, patrón. El mayor Saulo, que fue el último -después de Siete de
-Bueno, ¡pero vamos con calma! Aquí ya ha muerro mu- Oros con Juan Manico, e incluso atrás de Francolín-, lue-
cha gente ... go los alcanza, aunque un poco más allá del paso.
Estacionados en la rampa, esperaban que el ganado agarrara -¡Viva mi gente, no se perdió ninguno! ... Francolín, ve a
valor. La lluviecita ahora era una llovizna escasa; tres desem- decirle a Sebastián que tomen por el camino de abajo, al final
bocaduras rorrenciales bajaban también, a borbotones y ron- del llano ... Y tú, compadre Manico, ¿qué tal te va con mi bu-
cando, con brutalidades fluviales. La corriente crecía. El caudal, rrito siemprejoven? Oye, Manico, a este paso y con esta mar-
barroso, oscilaba a golpes, como una cosa viva, pareciendo a cha, te juro que aguanta viaje de más de un día.
veces que bajaba, para subir más. Un árbol del monte -ra- -Es verdad, señor mayor mi compadre. Listo sí es, pues
mas, tronco y raíces- a la deriva tal como una piragua aban- hace como que aguanta, nada más para contrariamos.
derada en amarillo; resbaló en la copa del bejuco, que se su- Era cierto: Siete de Oros retrocedía, inconmovible, des-
mergía fija y hemisférica; después, viró de bordo, retornó el aceptando argumentos y chicotazos de cuero. Que, también,
rumbo, y se fue aguas abajo. burro que se precie no corre desbocado, como cualquier ca-
¡Este Arroyo del Hambre es terrible! En tiempo de paz, no ballo, a no ser por causa de justa prisa, en servicio del rey o en
pasa de un chorrito - un hilo. Sin embargo, llegado diciem- caso de siete razones. Ya bastante era la firmeza con la que se
bre, con el desgajar de las largas lluvias, se vuelve más peli- apoyaba en las muñecas, sin aflojar ni falsear -ploc-plof,
groso que un río grande, que siempre guarda sus remansos, desherrado--, ganando siempre la mejor vereda.
playas rasas y segmentos de retardada corriente. -Caray, compadre, ustedes van tan bien, tan sin problemas ...
Azolvado el declive del cerro, la manada permanecía para- -Sí, señor mayor. Sé que usted se está riendo por salud
da. Muchos mugían. suya, no por burlarse de mí... Claro está que así, para no ayu-
-¡Vaca!, ¡vaca! ¡Toro!, ¡toro! ... dar en nada en esta vida, qué necesidad de venir. Estoy co-
Los primeros se acercan a la orilla. Chepe Grande entra al mo huevo después de la docena ... Y el burrito también; si hu-
agua en el Come-Lumbre, que comienza a nadar. Ya en medio biera muerto en la antevíspera, ¡no le estaría haciendo falta a
del torrente, el guía aún se voltea, tocando el cuerno. Un toro nadie!
larguicorno estira el pescuezo fino, para el hocico y salta, de Mudo y manso va Siete de Oros, en su paso corto de intro-
cola al aire. Es cuando los encrespados se estremecen, hacia vertido, poniendo, con precisión milimétrica, en el rastro de
adelante y hacia atrás. Se separa más un grupo de reses. Cha- las patas del frente las sensitivas patas de atrás.
58 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 59
-Contesta una pregunta seria, mi compadre Juan Manico: -Aunque no siempre traen sosiego, y muchas veces es peor.
¿crees que el burro es burro? Francolín no le encuentra belleza a los bueyes, pero ya puedo
-Señor mayor mi compadre, eso no lo creo, no. Sé que oír lo que me viene a decir. Que mis hombres están perdiendo
son muy ladinos ... el tiempo plaricando ... Ja, ja, ja ... Ya lo sé, Manico, pero eso
Bien que Siete de Oros se inventa, siempre en lo suyo. No no hace daño, porque si ellos se divierten a la hora del trabajo,
en la plaza de la claridad, ni en el surco del sueño: sólo un re- mejores marineros son ... Claro que el muchacho sólo sirve
manso, reposo de pausa, con las pestañas mediando los ojos, para eso: para vigilar al personal. Es muy su gusto ...
el mundo de fuera hecho un sosiego, colado en la casisombra, -Don Francolín es bueno en la retaguardia, señor mayor.
y, de dentro, profunda certeza viva, subida de raíz; con las ore- Pero hoy, con ese birrete ridículo en la cabeza, como fantasma ...
jas -espejos del alma- tremolando, como punteros de cua- -¡Ja, ja, ja! Mira, viejo Manico: "para becerro mal deste-
drante, a los sucesos del camino, por el puente nebuloso por rado, la cola de la vaca es ubre" ... Esta vida es de risa ... Galli-
donde los burros saben ir, lado a lado, sin conversación, sin nas hay de muchos colores, pero todos los huevos son blancos.
preguntas, cada uno en su lugar, despacio, por todos los siglos ¿Sabes leer y escribir, mi compadre Juan Manico?
de los siglos, mansamente, amén. -Más o menos, con los errores de todos y mucha demora,
-No podemos ir tan ligeros como el valor, Manico; el bu- hasta hace unos dos años todavía me bastaba yo solo para po-
rrito no puede con esto. ner algún recado en el papel...
La torada se esparció, lenta, en el llano sobreaguado, sólo -Pues yo no. Nunca fui a la escuela, sentado no aprendí
una que otra res corriendo por entre los matorrales de beju- nada de esta vida. Tú sabes que yo no sé. Pero cada año que
cos, en el galope bovino desconjuntado y ondulante, arran- pasa, gano más dinero, compro más tierras, pongo más bue-
cando con las patas m uy abiertas, lanzando los cuartos hacia yes en las invernadas. No sé hacer cuentas de memoria, hasta
arriba. me mareo ... Nunca anoté lo que gano o lo que gasto. El di-
-J .. ,
a, p, p ....I·Hermosura d e gana do!
o.... C ast.i.
. nero pasa como agua en el arroyo, pero deja pozas llenas en
-¡Divino, señor mayor! las orillas. ¡Me gusta caminar en lo oscuro, Juan Manico, mi
- ... casi todos con el pelo fino y los meneas - cimeras, as- hermano!
falto cubierto y cordón. Haz a un lado esa tristeza, Juan Ma- -Con la ayuda de Dios, mi compadre señor mayor.
nico mi compadre, porque creo que te guardo para luego una -No me guío por oraciones ni por la fama de los demás ...
buena sorpresa. Pero a ese Francolín le dio por irse y no vol- -¡Ya sé que no, de eso doy fe!... Todos aquí trabajan sin
ver ... Ya sé por qué, que si no, no habría mandado aquel re- que los arreen ... Pero a la hora de obedecer es cuando le tie-
cado. Él se fue por un lado y va a regresar por el otro y viene nen miedo ...
a contarme una sarta de novedades, todo lo que los vaque- -¿Será posible, Manicón? ¿Será?
ros están diciendo y haciendo, o dejando de hacer. -Claro. Porque piensan, señor mayor, que usted enfren-
-Ojo y oído son, andando a distancia, buenos para due- ta al toro bravo a pie, sin vara, chicote en mano y resoplan-
ño y patrón ... dole al hocico al que viene ...
60 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 61
-Si a mí me gustan los bueyes, Manico, les tengo amor ... a galope tendido y desviarse sólo a unos pocos pasos, dejando-
-Pues sí. Por mi parte, será porque nunca se tiene la se- lo con el toro que venía atrás. El potro pampa, aterrado, salió
guridad de lo que mi compadre está pensando o va a decir, sé de la escena. Badú cogió la vara.
que sale siempre lo contrario de lo que esperábamos ... No- El toto se paró. Era cebú y enorme. El vaquero, a pie, no le
más veo que ese montón de vaqueros tienen más miedo de un inspiraba el menor respeto.
grito suyo que de la cornada de un garrotón, valga la com- Creció, sacudiendo la cabeza, el morrillo y la giba, como
paración y con el debido respeto, mi compadre señor mayor. un sistema de torres superpuestas. Se acortó, encogiendo los
-Oye, Manico: es bueno que veamos todo de lejos. Así cuartos delanteros e inclinando el testuz. Y vino.
como nosotros dos aquí vamos yendo ... Por el rastro, en el Ni tiempo de cambiar dos pasos, obligándolo a alterar, en
suelo, sabemos de muchas cosas que con los bueyes van su- pleno avance, el blanco de la arremetida: Badú apenas pudo
cediendo. Tú también eres buen rastreador, lo sé. Mira, lo cuadrarse, en guardia - la vara sostenida como una azada,
que yo entiendo de la gente, fue con el traqueteo de los to- la mano izquierda a dos palmos de la punta, la derecha bien
ros que lo aprendí... atrás.
-Me dejó pensando, señor mayor. -¡Fuera de aquí, vaca vieja!
-Aunque no siempre, Manico, no te hagas ideas, compa- ¡Ahora! El aguijón toca el cuerno y resbala hacia el cachete.
dre ... Jo, jo, jo ... Que aquí, por hablar del asunto, llegó el ¡Por centímetros! Badú niega el cuerpo, escurriéndose de lado.
momento de vigilar la olla del caldo. Estamos pero estamos, Evita el pitón y el choque, pero e! simple rozón ya era un po-
por salir del valle, a la entrada del camino estrecho, que fue rrazo: mal se sostuvo y casi cae, mientras e! toto arremete,
donde la vaquita aplebeyada el año pasado empeoró ... Nos bufante, en un retumbar de tambor.
atrasó todo, por ahí de media hora, no dejando que nadie -¡Ahora es cuando!
avanzara y lanzando tres bueyes al barranco, embestidos a y Badú voltea la cara, que el toro volvía, crudo, en ofensi-
traición ... va sagitaria.
-Mal lugar ése. Momento de no mirar e! inmenso bulto montañoso, máqui-
-Galopa conmigo, Manico, ¡vamos allá, que quiero ver!... na de ferrocarril -tierra temblando y aire estremeciendo-,
¡Más ligero, compadre, más y más! ... ¡Ptométele algo a ese para no ver la cabeza, vertiginosa, que aumentaba de volumen,
. para que corra ....
b urnto, , ¡As"l. ... con un movimiento giratorio y mil maldades en e! mascarón.
-Se cansó. Ver apenas la punta de la vara ...
-¡Mira! ¿Y ora qué, qué es eso? ¡¿Vaquero a caballo y co- -¡Largo, bestia marrullera!
rriendo con miedo del toro?! ... Jo, jo, jo ... Anda, Manico ... Justo. El aguijón hirió e! hocico, la vara lo lanzó como un
Espera. El resto de la manada va a trote abierto ... ¡Ea, Badú va brazo de palanca, y ahí Badú empujó e! perfil de! toro, sacan-
a topar con el toro! do e! cuerpo hacia la izquierda, en un salto de pies juntos.
y -lo que iba siendo y se iba viendo-, era que cuando Ba- -¡Pasa, renegado! ¡Enano!
dú oyó el alboroto y volteó la cara, fue para ver a Silvino venir Pasó, como vendaval y con estruendo.
I '
-¡Golpe certero! ¡Buena vara y buen vaquero mío!. .. -Tú eres mi hombre de confianza, Francolín. Ten más
Ya el roro, habiendo avanzado pocos pasos, mugió corto responsabilidad al ayudar, también ...
y volvía, con su furia en lo más, más. Empuñó el dolor y arre- -Eso sí, ¡doy mi cabeza! A su servicio, cargo piedras, se-
metía contra Badú otra vez. ñor mayor. Sólo le pido que ordene a Juan Manico que me dé
-¡Apártate, buey! -rompiendo el ímpetu de la acometi- de nuevo mi caballito, a la entrada del pueblo, para no verme
da, el fierro se clavó abajo del entreojo, en la rampa de la cara. mal, como ayudante suyo que soy, y que la gente no me vea
Arqueado, el salvaje creció, se contrajo, patas al aire, en el raro montado en este burro desprestigiado ... Sin querer ofender
y horrendo empinado vacuno, resollando y roncando. El palo, a la criatura que usted tanto quiere ...
elástico, se dobló, un segundo; pero Badú se recargó, tieso, y -Prometido, Francolín. Pero qué pasó con la prisa por con-
fue y vino con la vara, en mano de vaquero con diez años de tarme ...
lidia en los corrales del sertón. -En serio, señor mayor ... Lo que pasó, yo lo vi, todo ...
-¡Así, borrego! ¡Para topar al roro, más vale maña que fuerza! -Todo el mundo lo vio, Francolín.
Y el toro-rey, herido el equilibrio, se tambaleó del rodo, co- -Vi desde el principio, señor mayor: Badú tuvo que apre-
mo mancornado, y se desmoronó, con rodas sus cúpulas. tar la cincha del animal... se fue de lado, desmontó, y le daba
-¡Ea, león! ¡Ve a reunirte con los otros! la espalda a la manada ...
Desaparece la manada, a lo lejos. -Mal hecho, Francolín. Un vaquero de verdad no hace eso.
El mayor Saulo y Juan Manico encienden sus cigarros. Sie- -Pero primero él quiso ponerse de frente, sólo que el po-
te de Oros rodavía jadea cansancio, más vivo el golpear ca- tro es inquieto y daba vueltas ...
dencioso de los ijares. -Está bien, Francolín. El potro todavía no se acostumbra
-¡Señor mayor! Con lo que le vaya contar que pasó, us- a ver los toros, quería mirar al campo, le pareció mejor ...
ted va a tener que tomar una autoridad de precaución, ur- -Pues fue así que Badú aprovechó para ajustar la cincha y
gente ... -clama de entrada Francolín, que todavía acompa- nomás estaba atento al modo de evitar alguna patada Y en-
ñó al grupo de vaqueros medio camino y volvió. tonces fue cuando Silvino le atizó la rabia al serrero Esco-
-¡Toma aire, Francolín! gió al más grande de todos ... Le sacudió el pañuelo rojo ...
-Es serio, señor mayor ... justo a tiempo de agitar a la manada. Yo lo vi, ¡si no fuera
-Espérame, Francolín. Primero te necesito a ti y a tu caba- porque Raymundón se hizo cargo! Y galopó pa'lante hacia
llo. Apéate y cambia de animal con Juan Manico. Eso es, así. Badú, trayendo al serrero que bufaba en la cola del caballo,
Tonterías, Manico, ¡mañana me lo vas a agradecer! Vete para por querer a alguien, señor mayor... Fue por maldad, fue un
allá, a la derecha, y manda a Raymundón para acá ... Y tú, Fran- crimen, por lo menos la mitad, señor mayor. A propósito ...
colín, no te quedes agarrando al burrito de la reata, no le ha- Silvino, cuando llegó cerca del compañero, esquinó el galo-
gas el feo. Es para que lo montes y me acompañes. ¡Y no espo- pe para un lado, de repente, y dejó que el serrero embistiera ...
lees a mi Siete de Oros, que es mi consentido! -El resto yo lo vi, Francolín. Pero no pelearon, y todo
-Nomás de veras por respeto a usted, señor mayor. acabó bien, como me gusta que acabe.
64 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 65
-Disculpe, señor mayor, pero todavía no acabó ... Yo creo -Solo, al momento en que el animal avanzó hacia mí, me
que apenas está comenzando. No tome a mal mis palabras, pareció que era demasiado grande y pensé que nunca antes ha-
pero deberíamos determinar alguna energía en esos dos, por- bía visto un toro tan grande así, en medio de los otros ... Cla-
que, si no, ¡Silvino va a matar hoya Badú! ro que eso fue en un abrir y cerrar de ojos, porque después las
-¿y si Badú mata a Silvino, Francolín? manos y el cuerpo se mueven por sí solos, y creo que hasta la
-Vea aquí a Raymundón ... Pregúntele usted. vara se gobierna ... Cuando di fe, la fiesta había acabado, y mi
-Quédate atrás, despacio, que el burrito ya penó mucho y padre me estaba dando un cigarro, que él mismo había enrolla-
necesita ir al paso ... Ven aquí, Raymundón, empareja tu ca- do para mí, el primero que fumé delante de él... Y me fue di-
ballo al mío, para que me hagas compañía un trecho ... ¿Qué ciendo: -"Hijo mío, naciste para vaquero, ahora ya lo sé" ...
te parecieron las embestidas de Badú? -¡Viejo entero! ¿Y después, qué talla tembladera?
-El compañero se mantuvo firme, señor mayor. -No me dio, señor mayor. Nomás hambre, mucha, eso sí,
-El serrero es malo, aquél... Creo que es uno de la última Lo peor fue que se me cerraban los ojos, y hundí la cabeza en
punta de ganado que vino del Pompeo. Buey bruto. ¿Habrá vis- el agua fría, aunque de nada sirvió, porque me quedé todo el
to cuando Silvino se sonó la nariz con el pañuelo rojo? día con aquel buey dentro de mis ojos, como un retrato, que
-No es posible, señor mayor. Nadie de nosotros anda con hasta dolía ... Era un fortachón carancha, espacioso, de siete
un pañuelo de ese color ... años, con cinco anillos en el nacimiento de los cuernos ...
-Buena costumbre, Raymundón ... Rojo es el color del do-
-Buen comienzo, Raymundón. Oye: yo valoro a mis va-
lor de cabeza ... Vamos a andar más rápido, quiero ver a los to-
queros, y lo que ellos cuentan de sí lo aprecio. Mi gente es muy
ros ... Pero Silvino fue haciendo escaramuzas, a caballo. ¿Cómo
escogida ...
fue?
-Favor que usted me hace, señor mayor.
-No vi bien, señor mayor. Sólo pude ver a Badú picando.
-Digo la verdad, Raymundón. Nunca me dan trabajo ... es
A serreros como ése, que vienen rayando el suelo con la cara,
muy de vez en cuando que alguno me intenta saludar con la
me gusta picarlos en el pescuezo ... Cada uno tiene su modo ...
mano zurda ... Ahora bien, está esa historia de Silvino con
-Es cierto. ¿Todavía te acuerdas de tu primera picada, Ray-
Badú ... ¿Tú crees que ese pleito acarree algún peligro?
mundón?
-Yo creo que no, señor mayor. El coraje entre ellos tenía
-Ah, señor mayor, fue un buey recio, que atropellaba por
que ser, pero también tiene que enfriarse ... Badú llegó a la ha-
gusto y embestía con los ojos abiertos y la cabeza alteada, co-
mo vaca ... Usted sabe, ésos son los peores que hay para do- cienda hace sólo dos meses y se quedó con la novia de Sil-
mar. .. Mi padre, que era maestro vaquero, pensó que había vino ... Silvino, en vez de voltear la cara para otro lado, y des-
llegado el día de probar mi fuerza ... Resultó, según la regla, preciarla, empezó a burlarse ... Yo, por mi parte, no quiero dar
gracias a Dios ... sentencia, porque ambos tienen razón y ninguno la tiene.
-¿Qué pensaste en esa hora, Raymundón? ¿Qué fue lo que -¿Y la muchacha, es bonita?
sentiste? -Algo. Nomás que está medio tuerta, señor mayor. Aun-
66 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 67
que ahora, con fecha para la boda, Badú nomás piensa en eso, go: -"¡No voy al colegio! ¡Mejor aquí, Raymundón, aun-
y no quiere saber de pleitos. que me pisoteen las vacas, lo que quiero es quedarme aquí
-¿ y Silvino? con todos ustedes!" Ah, nunca imaginé que iba a verlo morir
-Ya también se sosegó, señor mayor. Vamos a ver, porque de aquel feo modo ...
ya nos contó que piensa volver a Curimataí, su tierra, y casar- -Fue en el campo, ¿verdad?
se también, con otra novia que tiene allá ... Apenas ayer ven- -Pues sí, fue en la Laja de la Mesa, donde están los pese-
dió las cuatro vacas que tenía ... bres ... Estábamos dando sal con quina, porque, cerca, allá,
-¿Las vendió? ¿Ahora que sobró campo del mejor y que brotó la peste. El ganado hembra todo junto: las novillas
una ya estaba por echar cría? solteras, las vacas ubradas, las otras con las crías patonas, o
-Ésa la dio en cuatrocientos ... Las otras, en trescientos cin- la becerrada menuda, de días apenas. Don Neco Borges ha-
cuenta y trescientos ... bía llegado con la familia para apreciar. Don Vadico quería
-¡Las dio baratas! Por ese precio, era su obligación vendér- mucho al Calundú, y el cebú también lo quería, dejaba que el
melas, que le doy el pasto gratis, y sólo cobro a medias cuan- niño le rascara el pelo y le diera palmadas en el hocico ...
do pasan de doce cabezas ... Y si se hubiera llevado el gana- Estupidez, siempre pensé. El cebú es animal malo, nunca se
dito a su tierra, habría hecho mejor negocio ... sabe lo que están ideando ...
-Descuido, señor mayor, no fue por mal. Tenía prisa, se- -Son malos porque son tristes ... Fíjate bien en su bra-
guro, y le dio pena hablar con usted. mido ...
-Debe haber sido eso, Raymundón. Sin embargo, ¡lo mal -Sí, señor, debe ser, señor mayor. El Calundú, no sé si us-
hecho está mal hecho! ... ¿Y qué más dijo? ted sabe, no embestía a la gente de a pie ... Y luego, como esta-
-Fue todo lo que dijo, señor mayor. Hoy estaba muy tran- ba en medio de la vaquería mansa ... Don Vadico fue a hacerle
quilo, disfrutando las cosas que le estuve contando también fiestas, dándole sal para que lamiera en la mano. Nosotros
a Badú ... estábamos allí, con las varas ... El buey lamía al niño con el
-Es bueno ir platicando mientras se guía a la manada. hocico, y hasta parecía gente, cariñoso ... ¿Quién había de pen-
¿Y qué fue lo que estuviste contando, Raymundón? sar? Usted sabe que un toro no arremete así nomás, sin avisar:
-Historias, señor mayor. .. Sobre el Calundú ... incluso cuando ellos ya están haciendo pantomimas, zapa-
-Cebú terrible. Mató al hijo de Borges. teando, abriendo tierra y soplando en zanja, se necesita no
-Así fue, señor mayor. El pobre don Vadico ... ¡buen mu- quitar los ojos de sus ojos ...
chacho aquel! -Siempre. En el momento en que un buey nos ataca, los
-Lo apreciabas, ¿trabajaste allá? ojos cambian de forma y se hacen más grandes, parece que ya
-Mucho, señor mayor. .. Corazón de ángel... Quería a no van a caber en las cuencas ...
todo el mundo ... No dejaba que nadie lastimara al ganado -Pues le juro, señor mayor, que aquello fue de sopetón .
pequeño ... Quería ser vaquero, quería, con todas las de la Yo vi al Calundú bajar la cabeza ... Parecía que quería más sal .
ley. Un día, cuando lo hicieron enojar, me vino a buscar lue- Entonces, de testuz y de quijada, dio con el niño en el suelo,
68 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 69
de la misma manera en que un perro derriba una lata. Don perro, o no sé si eran los perros que también aullaban por él.
Vadico cayó de bruces, con la cabecita hacia adentro de las Leofredo, que estaba allá en aquel tiempo, dijo: -"Está arre-
patas del toro ... Y él ni siquiera le puso la pata encima: dio un pentido de haber matado al niño" ... Pero el viejo Valo Venan-
paso hacia atrás, y fue sólo un cornazo ... Después, el Cal un- cio, vaquero ciego que ya no trabajaba, nos explicó que era
dú levantó la cabeza, y la sangre chorreó para atrás, en un bor- un espíritu malo que se había metido en el cuerpo del toro ...
botón de esta altura ... !... Parecía que de veras quería llamar a alguien. Fuimos todos
-Qué triste, Raymundón. juntos. Cuando nos vio, dejó de bramar y vino, manso, a la
-Nosotros corrimos, todos, pero no fue necesario jalar al orilla de la cerca ... Yo le vi la intención de querer contamos
cebú, porque él dio la espalda, y se fue andando, lejos, despa- algo, y rezaba para que no pudiera hablar ... Temprano de ma-
cio, como si no quisiera ver el crimen que había cometido ... ñana, al otro día, ya estaba marchito, muerto, en medio del
Había sangre por todos lados, y la gente gritando ... Don Ne- corral...
co Borges se convirtió en un demonio, jaló el revólver. .. Pe- -A veces suceden cosas como éstas, que uno no sabe,
ro don Vadico, antes de morir, dijo determinante, como gen- Raymundón.
te grande: -"¡No mates al Calundú, papá, por amor de Dios! -Eso, ahora lo creo, señor mayor. Conozco un caso que
¡No quiero que nadie lastime al Calundú! ... " pasó, hace muchos años, contado por mi padre, que cuando
-¡Qué terrible! mozo fue campero de un tal Leoncio Madurera, en el sertón.
-El señor Borges mandó que lo llevaran con don Lorenzo, Leoncio Madurera era un hombre herodes, que vendía el ga-
en Vista-Alegre, para que fuera vendido o regalado ... En eso nado y después mandaba emboscar a los vaqueros en el ca-
dije que lo llevaba, porque sólo yo sabía el conjuro de la orti- mino, para matarlos y volver a agarrar los toros. Pues mi pa-
ga. ¿Sabe usted? Pues entonces junté al animal con un terno dre contaba que, cuando aquél murió y los parientes estaban
de vacas mansas, monté en mi cuaco castaño y lancé un ra- velando el cuerpo, las vacas de leche comenzaron a bramar
mito de ortiga para atrás: así fue, el cebú me acompañó, co- feo, de repente, en el corral. El caso era que el garrotón negro
mo un becerrito corriendo hacia la ubre de la madre ... Yo de- rebramaba:
cía: -¡Vámonos, asesino! ... Pero hablaba bajito para que él ".L'd
-¡lYla urera....,.A"d '
¡lYla urera....
no me entendiera ... No me dio ningún trabajo. Cuando llega- "Y las vacas respondían, caminando:
mos al Bolsón del Sobre tuve miedo, porque el conjuro de la "-¡Se fue al infierno! ... ¡Sefue al infierno! ...
ortiga sólo sirve cuando vamos por el camino ... Comencé a " ... Tuvieron que soltarlos a todos y arrearlos hacia los pas-
gritar: -¡Abran las puertas de los dos lados, abran rápido! ... tizales, porque no querían dejar la cercanía de la casa. Y mi
Enfilé y atravesé el corral, a galope, saliendo por el otro lado. padre contó que, a lo lejos, la gente todavía oía su maldición,
tI y las vacas entraron atrás, y los vaqueros cerraron todo. De que subían el camino del cerro, sin parar de berrear:
noche ... Pernocté allá y fui testigo, señor mayor. Nadie pudo ".A"d
-¡lV1a urera....,.A"d '
¡lYla urera....
dormir hasta que clareó el día. El Calundú era un berrear, un "-¡Se fue al infierno! ... ¡Sefue al infierno! ...
gemido ronco, de provocar piedad y susto ... Aullaba como " ... Se enchina la piel, nomás de oírlo ... "
70 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 71
-Horrendo, Raymundón. quiera: arzón lleno y medio saco lleno en la grupa, además
-Horrendo, señor mayor. de otros triques, envueltos en el capote ... Si usted quiere sa-
-¡Mira, Raymundón, ya vamos a llegar! ber lo que lleva dentro, nomás voy junto a él, converso, yal
Ya se divisa, allá muy abajo, el pueblo: la iglesita, espigada y rato regreso y le cuento ...
blanca, en la cima del monte; las casas de la Calle de Abajo -No es necesario, Francolín, Mira, Juan Manico ya llegó
y de la Calle de Arriba; y la estación, con los trenes parados, con el caballo. Cambia. Ten paciencia, compadre Manico, es-
en medio del humo de las locomotoras. te burrito es nomás por hoy. ¡Hasta luego, compadre! Corre,
-Así es, Raymundón, yo creo que todo va bien de veras. Francolín, deja de arreglarte ese gorro disparatado, que ya es-
Y con relación a Badú y Silvino, estoy de acuerdo en que ese tás muy guapo. Galopa conmigo, para que la gente del lugar
pleito va a acabar en nada. Después de la batalla de Badú, ¿no vea que tú eres mi secretario ...
quedó todo en carcajadas? Pasan el puente del río. Ahora, un barrio del pueblo, con
-Sí señor, señor mayor. Se lo tomaron a juego. las casuchas más pobres. Lavanderas asustadas, con hatos de
-¿Crees que Silvino respeta mucho al Tore, su hermano? ropa en la cabeza, como comejenes agredidos en su hormi-
-Hasta ayer, yo sabía que sí, señor mayor. Aunque dis- guero, huyendo con las ninfas y los huevos blancos.
cutieron y ya no se hablan. -6yeme, Francolín: tengo un serio encargo para que lo
-¿Y sabes por qué, Raymundón? cumplas con todas las de la ley, porque sé que eres mi hombre
-Con seguridad no sé, señor mayor, porque nadie oyó lo para asuntos como éste. Atención. Boca cerrada y ojo abier-
que dijeron. Pero creo que fue porque Silvino le cobró un to, al regreso, Francolín. Decidí quedarme hoy en el pueblo,
dinero que el Tote le debía ... con la familia, y tú vas a volver con los vaqueros llevando en
-Jo, jo, jo, jo! ... Está bien, Raymundón, todo en orden. las alforjas mi autoridad. Fíjate bien, Francolín, ve cómo arre-
Me diste buena plática y compañía ... Ahora, vete y manda a glas las cosas sin que nadie sospeche de nosotros ...
mi compadre Juan Manico para acá, que cambie de montura -¡Ni aunque muera en nombre de la ley, por su palabra,
con Francolín ... ¡Ve con Dios, Raymundón! señor mayor!
A una seña del mayor, se apresura de allá Francolín, trepa- La manada entra en el callejón. -"¡Arre! ¡Arre! ¡Arre!" ...
do en Siete de Oros, que venía, hasta entonces, descompa- - "¿ya contaron, L eo fre d o.;>" . .. - "N
¡ o raita
Ll' nmguno. 1""- ¡E a,
sado, con el trotecito acostumbrado, sin mostrar cansancio y gente, corta aquel golpe, Badú!"
sin veleidades de frenar. -Hay que vigilar a Silvino todo el tiempo, quiere matar a
-A sus órdenes, señor mayor. Badú y agarrar camino. Ahora lo sé, estoy seguro. ¡No los
-Escucha, Francolín: ¡ahora quiero ver si sabes ponerle pierdas de vista, Francolín Ferreira!
atención a las cosas, para alcanzar la categoría de mi hombre Los jinetes se entremezclan con la manada, planeando cor-
de confianza! ¿Podrías decirme qué es lo que Silvino lleva de tes, fraccionando el ganado, para evitar atolladeros. En un pa-
equipaje y mudanza? taleo endemoniado, haciendo salpicar lodo rojo, entran por
-¡Ah, ya me di cuenta, señor mayor! Lleva más que cual- la calle principal. Cuatro vaqueros se lanzan al frente, danzan-
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do con los caballos, apretándolos con las espuelas para perma- cio. Eran los vaqueros que volvían en busca de sus animales.
necer firmes en los frenos, y alertando a la gente, para im- Llegaron, montaron, salieron. El penúltimo, Silvino, agarran-
pedir que alguna persona o cría sea aplastada. do al amarillo crinudo; el último, Juan Manico, echó mano
Mujeres jalando niños para adentro de las casas. Puertas del potro pampa; riendo y hablando mucho los dos. Con lo
que se cierran. Gente apiñada en las ventanas. Cabalgaduras que, en el lapso de una buena patada, ya no ser por el mulo
amarradas frente a las tiendas, empinando, casi rompiendo los miserable Siete de Oros, quedó vacío el galpón. Había una
cabrestos. Gallinas, puercos y cabritos, afanados, se dispersan vez, había otra vez, en el ombligo del mundo, un burrito al
sin demora. Y los vaqueros, garbosos, altivos, arreando con revés.
gran donaire. Sin embargo, ahora, mayor, más real, seguro -en el lugar
Con el último trompeteo del cuerno, comprimen en el co- amplio y sin otras formas- un hombre solo: borrachísimo,
rral de la estación al rebaño, que rueda hacia adentro y se es- Badú. Presintiendo la dura vida de regreso, Siete de Oros
parce como un cesro de naranjas vaciado en el suelo. Aun abrió bien los ojos y lanzó el hocico a un último manojo de
con la llovizna, venía la gente del lugar, en fe de fiesta, para zacate.
gozar del espectáculo. Comenzó el embarque -rico en suer- -¡¿Qué pasó con mi potro?! ¡¿Que qué?! ¿Ya mí me de-
tes, peripecias y aplausos-, que duró más de hora y media, jaron este burro infeliz? .. Nomás porque fui a comprar una
hasta que la manada entera, lote a lote, desapareció en el inte- prenda para mi morena ...
rior de los carros-jaula de los dos trenes especiales. Después, Siete de Oros masticaba, más aprisa. Y pausa.
luego después, mojados, enlodados, cansadísimos y ham- -Ey, así que los dos somos de veras burros, ¿eh, sonso?
brientos, los vaqueros salieron a comer, ya beber, principal- Badú caminó y jaló al burrito del pesebre. Siete de Oros se
mente, porque hay fuerza en el trago que cuesta dinero. Con alistó. El pasto que todavía le salía de los recantos de la boca
eso, dejaron rodos de caber en el día, que rodó y se fue, re- se fue acortando y desapareció, triturado dulcemente. Enton-
dondo y repleto, con la tarde cayendo rasante, una tarde tris- ces dilató los ollares. Paró la trompa. Y ejecutó brusca elocuen-
te de tiempo frío. cia de orejas.
Mientras tanto, en el cobertizo de Reynero, ahí cerca, flojas -¡Cierra esa quijada, infeliz, que esto no es comida, es el
las cinchas y quitados los frenos, los caballos descansaban. freno! Y no me muerdas. ¡Eso!
Lejos de los otros, dejado en un extremo, en el rincón más Siete de Oros volvió a girar las grandes conchas, en circun-
oscuro e izquierdo del tejado, Siete de Oros estaba. Solo y valación. Golpeó con la mano derecha. Y bufó, sacudiendo la
serio. Sin desperdicio, sin desnorteo, cumplidor de obliga- cabeza.
ciones, aprovechaba para llenar, un poco más, la infinita lon- -¡Si me das una patada, te voy a enseñar! Oye al Río Ne-
ganiza de la vida. gro, burro bobo:
De repente, en el matorral reseco del sueño crepitó y se in- El Río Negro era un negro
cendió el barullo. Aparecieron hombres, indeseables, movién- que no tenía sujeción.
y al hablar de libertad
dose como gusanos de queso en la enorme espesura del silen- resultó un valentón ...
74 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 75
-¡Deja de provocar tempestades, vámonos! ¡Badú! -gri- -¡Cuernos! ¡A otro perro con ese hueso! No quiero sermo-
taron allá afuera. nes ... Me voy en paz, voy ligero, ¡en silencio!
-¿Cómo, hay alguien por ahí? ¿Qué pasó con mi potro? Con eso estuvo de acuerdo Siete de Oros, no por las estre-
Siete de Oros arrugó la piel del lomo. Fue doblando las ore- llas de las espuelas -los malos tratos no le imponían gobier-
jas. Y cerró los ojos. Nada tenía que ver con pleitos, celos y amo- no--- sino por sentir abierto al frente el camino a casa, dando
res, y tampoco quería saber sobre semejantes problemas. Badú vueltas y más vueltas, hasta la puerta del pasto: promesa de
montó. reposo y de soledad. Más y más, dentro de poco, cuando se
-¡Vámonos, muñeco! soltaron las riendas, Badú pendió al frente, manos perdidas,
La desproporción era grande; cuando salieron a la calle, el en el sueño del trago. Sin embargo, aun así, el paso del burro
hombre era un ridículo de piernas, casi arrastrando los pies en rendía poco, en sarcástica progresión.
el suelo. Alguno se burló: -Hombre ignorante ... Mal agradecido ... -rezongó para
-y ora, Badú, ¿vas a vender leche? ¿Dónde están los bo- sí Francolín.
tes? .. ¿Estás cargando al burrito por abajo? .. En lo hondo de los charcos, el roncar de los sapos avanza-
-¡Sorrastras! ba lejos y regresaba -um ... um... um... - como si recorrie-
Danzando están, danzando van todas las casas, en proce- ran escalas de un enorme teclado gangoso. Y brotando aquí y
sión. Pero, aquí, a la orilla del pueblo, ¿quién es este bulto de ahí, como proveniente de un gran esfuerzo, el berrido solitario
del sapo-becerro, espeso.
caballero inmóvil, a la entrada del callejón de Gentil del Puente?
Oscurecía. Sin dejarse ver, cerquita a unos pocos metros, o
Francolín.
por detrás de los matorrales, alguien podía matar fácil, con un
-Lo estaba esperando, señor Balduino, para hacerle com-
tiro o dos. ¿y Silvino? Francolín levantó los hombros y picó
pañía ...
al caballo, lanzando todavía una mirada de desprecio a Badú,
-¡Cómo no! ... Por eso se ocultan por ahí, de esa manera,
cuando pasaba junto a él, a galope.
ya iba a abrir fuego, pensando que era un espanto ...
Apenas un kilómetro adelante, alcanzaba a los otros vaque-
-¿Pero no está usted desarmado? ¿Cómo iba a poder tirar, ros. Venían en fila india, sopesando las varas. Cada uno traía
si no tiene pistola ni revólver? en el morral, bien amarrada, una botella de repuesto. Cabal-
-¡¿Qué me importa?! ¿Es asunto tuyo? gata absurda. Sin la manada, eran como almas sin cuerpo.
-No es por mal, señor Balduino, pero beber así, demasia- Sin la bebida, menos lograrían encaminarse.
do, es facilitar ... -¡Acaba con esa cantaleta, Leofredo!
-¡Inútil! Para hablar conmigo, como amigo, me tienes que -Uy, pero si es el coco del Maestro Loco ...
llamar Badú. Y esa gracia de "señor", "señor", ¡tampoco me Había escampado. Un viento azotó las ramas de la orilla del
sirve! No me gustan las formalidades ... camino, derramando llovizna.
-Es su derecho, hombre. Hoy aquí no soy yo mismo: re- -Aquéllos ya van lejos ...
presento al señor mayor ... -La manada era buena.
76 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 77
Entraban en el paso del desbarrancado. Era la hora gris de -Silvino, te vas a desgraciar ...
la tarde, en el camino; pero, paso o mirada, alrededor, daba -Ya estoy desgraciado, hermano ... Ahora, sólo mordiéndo-
en la negrura, que engrosaba, inmensa. Sinoca les dijo a todos: le el alma ... Deja que pasemos el arroyo y lleguemos a la gruta
-Ojalá que se acabe el tiempo de los embarques. No me del montecito, en el atajo ... Hago mi trabajo, agarro el camino
gusta traer ganado gordo que se va a morir ... Lo que quiero de la Laguna, y pies para qué los quiero ... El tipo viene en el
es ir a buscar toros flacos, al sertón. burrito inservible, y está borracho como negro en Día de Re-
-¿Como Martiño, para robarse en la grupa mujeres ajenas? yes ... Cumplo, y me pierdo en el mundo. No tienes que decir
-Para eso, ¡que es nomás tener ganas! ¡No te cansas de en- que sabías algo ... El crimen es mío ... ¡Tengo mala suerte!' ..
mendarle la vida a los compañeros, Sebastián! -Espera, hermano ... -susurró Tote, de repente-o Mira a
-¡Broncas no, amigos! Yo, por mi parte, prefiero estar con aquel sujetito especulando ...
-¿Nos habrá oído?
personas de opinión, como Juan Manico, que no va a buscar
-No es posible. Espera ... Ey, Francolín, ¿qué vienes a ha-
bueyes bravos, ni siquiera cerca del Pompeo ...
cer aquí, ladino? Si parece que quieres oír la conversación de
-Ah, eso no es ninguna vergüenza, y yo mismo soy así. ¡Si
los demás.
no me gusta, no voy!... Lo que debemos hacer es quedar nos en
-No me ofenda, compañero, que ésas son cosas que no
nuestra tierra, no necesitamos ver tanta cosa fea como hay por
hago. Nomás veo cómo los dos están muy amigos otra vez ...
este mundo ...
-¡¿ Yeso es asunto tuyo, Francolín?!
-Sigues con esa idea nomás por culpa de la estampida de
Los tres detuvieron los caballos.
una boyada, ¿verdad, Manico?
-Todo hoyes asunto mío, porque estoy aquí con la debi-
-¡¿Qué no están cansados de saberlo?! Ya les conté tantas
da autoridad, ¡soy representante del señor mayor!. ..
veces ...
Los otros iban llegando:
-Yo no sé, lo juro. Quien me lo dijo fue Tote, pero no me
-Oye, Tote, atestigua mis palabras, aquí ante Juan Manico.
explicó cómo fue. ¿Dónde está Tote? ¡¿Toteee?!' ..
-Bueno, por amor de Dios, ya paren con eso, ¡que no me
-No, aquí no está.
gusta que mi nombre ande en boca de medio mundo! Yo lo
-Va al frente, con su hermano ... ¡¿Toteee?! cuento. Lo cuento, pero es la última vez. Después, ¡no quiero
-Aquí estoy. ¿Para qué me quieren? ¡Yavoy! que nadie me venga a hablar de eso!...
Sin embargo, en vez de venir para acá, hacia el grupo, Tote El grupo se unió más, todos queriendo emparejarse con Juan
sigue hablando con Silvino, moviendo las garras como un oso Manico. Los caballos se entrepisaban los cascos.
hormiguero, al sabor de los arranques de lobuno trotador: -¿ Y entonces, Manicón?
-Es la última vez que te aconsejo, hermano, ya no pienses -Si lo cuento es porque mi compadre Sebastián es quien
en esa locura que quieres hacer ... me lo pide, no para que ustedes hagan aquí el teatrito, a estas
-De nada sirve, mi hermano; ¡es hoy! Lo sangro. Juro por horas ... ¡Y váyanse retirando para allá, que voy a acabar por
Dios! ... ensuciar a alguno al momento de escupir!
78 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 79
-¿Eso pasó hace mucho tiempo, Manico? cantado y sólo al final era cuando gemía ... El mayor Saulito es-
-Sin duda, hace más de veinte años. No había tren en el taba contento ... y le preguntó al dueño, a gritos, antes de apear-
pueblo ... Todavía no estaba el casco de la hacienda en la Tapa ... se del caballo: -"¿Cuánto quiere por la clarineta?" ... -"¡Cien
-¿ y dónde campeabas en ese entonces? ml·1 re al es.f" . .. - ".p
1 ues d oy dilez mas,
, por e 1b raml id o.f" . ..
-Para mi compadre el señor mayor Saulo ... Nomás que era -¡Así es como me gusta! Impone respeto ...
joven y delgado en ese tiempo, y le decíamos "don Saulito" ... - ... Sí.. . Peto pagó sin más ni más, sin necesidad. En aquel
Él ya estaba casado, recién casado, y sus tierras eran sólo las tiempo era buen dinero ... Aunque, como les iba diciendo, es-
del Retiro, además de unos acres de pasto silvestre en el Puen- tábamos a disgusto con aquel rastrojo de manada mala sin cali-
tecito, que todo el mundo conocía como Jacaranda ... dad ... Sin embargo, lo peor, Dios me libre de él, fue el niño ...
-Pero, ¿qué pasó? el negrito ...
-Sucedió que habíamos ido lejos, muy lejos de veras, al -¿Cuál negrito, Manico?
fondo del sertón, allá por detrás de los Goiás ... Era porque en -Un negrito que también tenía. Asinito, regulando por ahí
todas partes había cundido la peste, y la cría de astados anda- de los siete años, un tronquito de gente negra ... El hacendado
ba escasa, como nunca antes. Agarramos un hato de polvosos: que vendió el ganado le pidió a don Saulito que se lo llevara
puro animal enfermo y feo: casi ninguno bueno, pocos se- para entregarlo a un hermano en el Curvelo, y don Saulito se
rreros grandes, todos con el hocico seco, ulcerados, con garra- comprometió ... El tal negrito era flacucho, con unos ojos sal-
patas de todos tamaños, llenos de gusanos y animales, y con tones, con lo blanco feo de tan blanco. Dios me perdone, pe-
cada hongo entre las uñas, que había que ver: !... ro creo que algunos negros tienen el blanco de los ojos así,
-¡Dios me libre! Como bueyes sin dueño . ¡de modo que espantan a la gente!. .. Aquello lloraba sin parar,
- ... Un rebañito magro, bien tísico, medio enfermo, tan- y con un sentimiento que daba pena ... De nada servía que lo
to, que sólo se lamían y buscaban el modo de rascarse en cada quisiéramos arrullar ni entretener. .. Yo luché, luché, todo el
tronco de árbol que encontraban. Aunque, para ser bravos, sí mundo inventaba cosas para poder agradar al desgraciadito,
que no estaban enfermos, no; se la pasaban molestando yem- pero nada que parara de llorar. ..
bistiendo, ¡queriendo matar gente! ... -¡Qué infierno!
-Buey montaraz, impaciente ... - ... y el ganado también iba ttotando triste, no queriendo
-¡Ir a buscar animales tan asquerosos tan lejos! ir. Nunca vi ganado que tuviera una querencia como aquél...
- ... Así fue ... Yo, por mi parte, no habría desperdiciado mi Cada uno caminaba un tramo, volteaba hacia atrás, y de vez
dinero en aquellas sobras de ganado. Pero don Saulito -el se- en cuando bramaba largo ... ¡Era una lucha! A cada momen-
ñor mayor Saulo, por derecho-- siempre fue raro, pensando todo to veíamos que la boyada iba a dar la despedida y regresar.
a su manera, sólo de él... Mira, una vez que llegamos a la casa y don Saulito recomendando: -"¡Abran los ojos, amigos,
de un hombre sin un brazo, allá cerca del Paracatú: en el corral que tienen ganas de volver!"
tenía una vaca mestiza, medio pintamorada ... Cuando íbamos -¿ y el niño negro?
entrando, bramó, un bramido bonito, de bocina, que era todo - ... El negrito venía conmigo en la grupa, dando grandes
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sollozos y mojando mi espalda con tantas lágrimas ... Enton- " ... En la tardecita, pasamos por un campo hermoso, con
ces le dije: -'Ve que los toros también sienten nostalgia de aguada, lleno de palmeras buritÍ. Pero no había corral, ni som-
los pastos de allá de la hacienda' ... ¡Para qué le fui a decir bra, ni pasto harto, y entonces tuvimos que poner al ganado en
eso! Abrió todavía más el buuu, y comenzó a gemir: -'¡Ay, la hierba ... Arrinconamos a la manada en un recodo y pren-
patroncito bueno! ¡Ay, patroncito bueno! ¡Déjeme regresar! dimos el fuego. -'Hoy pueden dormir. . .', dijo don Saulito.
¡DeJeme
" regresar." ... 'Con Arístides y Binga basta para vigilar hasta la mediano-
" ... Cómo me daba lástima, ¿pero qué podía hacer? Me que- che' .
dé callado, y dejé al pobrecito que fuera gimiendo. Cuando " Me la vivía casi cayendo de tanto sueño, por eso me
vio que de nada servía pedir, le dio por exclamar: -'¡Ay, pa- agradó en demasía la orden de don Saulito. Comí mis frijo-
troncito malo! ¡Ay, patroncito malo! ... Yo nomás quería po- les y me senté en la raíz de un copayero, fumando y ya medio
der sentarme ahora, un ratito, en aquel cajón de cuero que hay adormilado ... Y fue ahí, bien a la hora en que el sol estaba me-
allá en el rancho de mi mamá ... Nomás quería ver de lejos a tiéndose allá por los campos y las matas, que el negrito em-
mi marnita, que debe estar azotando frijol allá en el fondo del pezó a cantar ...
patio!' ... Y él me abrazó como loco, y yo no podía dejar que vie- " ... ¡Ah, si lo hubieran oído! ¡Qué canto más triste y qué voz
ra mi cara, porque tenía los ojos llenos de otras lágrimas tam- más triste de bonita! ... No sé de dónde aquel niño fue a sacar
bién . tanta tristeza para repartida entre nosotros ... Era todavía peor
" Cabalgamos cinco días, sin descanso, porque no había que el llanto de endenantes ...
remedio alguno para que el ganado perdiera aquella tristeza. " ... Y luego que comenzó la tonada, me.fijé que el ganado
Ya los veíamos decidir, de repente, y dar la vuelta, todos jun- iba inquietándose, negándose a pastar, todos moviéndose y
tos ... Por la noche nadie dormía bien: teníamos que encen- haciendo remolino y mugiendo feo, casi del modo en que el
der muchas hogueras alrededor y circular con una antorcha buey brama cuando ve la sangre muerta de otro buey ...
de fuego en la mano, porque sólo así entendían, y ¡aun así " ... Aunque después pararon de bramar, se me hace que
muchas veces no querían obedecer! ... para no interrumpir el canto del negrito. Yel negrito canta-
"... Por fin, cruzamos un río grande y descansamos, porque ba, casi llorando, sollozando ... Era un canto sombrío, desfe-
ahora de seguro ellos iban a tomar consuelo y a reposar ... " liz como nostalgia en corazón de gente mala ... Pero, lindo,
-¿Y el negrito? lindo como alegría llorando, una alegría lastimada, que se
-El negrito .•. perdimos la paciencia con él, y Zacarías, que puso triste de repente:
era nuestro capataz, se la sentenció: -'¡Si sigues llorando, dia- ... Nadie de mí,
blito, te corto el pescuezo y amarro tu difuntito negro encima nadie de mí
de aquel toro berrendo de pinta! .. .' Entonces el desgraciadito tiene compasión ...
abrió mucho los ojos, paró a mitad del llanto, se quedó quie-
to y no gimió más. Tampoco quiso comer, ni nada, aquel día, "Aquello salía gemido y estremecido, y sacudía nuestro co-
y no respondía cuando queríamos haced e plática ... razón, era demasiado fuerte. Octaviano pidió a don Saulito que
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mandara al negrito callarse la boca. Pero don Saulito había sa- Dios!- desperté, de madrugada, con los gritos del patrón.
cado del bolsillo el retrato de la patrona, más las cartas, y se ¡¿Qué pasó con el ganado?! Sólo el rastro del arranque. ¡Se
quedó mirando. Porque aunque don Saulito no sabía leer, le habían ido de noche! ... Más tarde, fue rodavía más triste: en
gustaba recibir cartas de su mujer, y no dejaba que nadie se las el lugar donde debían haberse quedado Arístides y Octavia-
leyera: las abría y se quedaba nomás mirando las letras, callado 1'10, ¡ni los cadáveres!: los toros les habían pasado por encima,
y alegre, un largo tiempo ... Y dijo: -'¡Deja que el niño llore y ellos, más los arreos que les estaban sirviendo de almohadas
sus penas, el pobre tiene su almita atorada en la garganta!' ... para que durmieran, estaban pisoteados, molidos, convertidos
" ... Entonces comencé a acordarme de una porción de co- en bagazo rojo ... "
sas, del lugar donde nací, de todo ... José Gabriel se puso a can- -Ya he visto eso, Manico. Igual que en estampida ... Uno
tar bajito, para sí mismo, y por el movimiento de los dedos de ellos se espanta, con cualquier tontería revienta, y sale a la
parecía que estaba acompañando el canto del negrito con una carrera, y todos los demás atrás de ése, corriendo por informa-
guitarra tal cual. ción, sin siquiera saber qué pasa ... ¿De qué sirve querer cercar-
" ... Arístides se bebió su aguardiente, que no era poco, pero los cuando se enfurecen? ... Derriban paredes de ladrillo, se
nadie le dijo nada, porque Arístides tenía los ojos rasados de van matando unos a otros.
lágrimas ... Yo también. Parecía que toda la vaquerada se volvía -La peor de todas es la estampida del ganado triste, que-
mUJer . riendo la querencia ... El buey enamorado, que se aparta, se
" El negrito seguía cantando, y cuando paraba para aga- vuelve fiera ... La nostalgia en el buey, creo que duele todavía
rrar aliento, siempre alguna res gritaba o gemía, parecía que es- más que en la gente ...
taban indagando, todas de cabeza ep alto ... Entonces, Binga -Pero cuenta lo que falta ...
me dijo: -'Fíjate bien, Juan Manico, cómo buey aquerencia- -¡Lo que falta! Lo que falta fue que nos llevó más de una
do no se cansa de sufrir' ... Empezamos a cabecear, amodo- semana juntar las reses otra vez ... Se habían desperdigado por
rrados. Lo que supe de mí es que todavía vi una estrellita ca- todas partes, y fuimos a encontrar algunas atascadas en el 10-
yendo, y pedí al ángel una gracia, la de regresar con salud a dazal, a otras con el pescuezo roto, caídas en el fondo de las
la casa que ya había sido mía, allá en las bajadas bonitas de Río barrancas, y muchas perdidas en medio del monte, sin siquie-
Verde . ra saber por dónde dar la vuelta para encontrar el camino a
" Luego, creo que me dormí, pero no sé... ¡El canto del ne- casa ... Otras habían rodado río abajo, para que las pirañas se
grito, eso era!... ¡Y soñé una tormenta terrible, y un ganado feo las comieran, y las que pudimos arrebañar de nuevo, mal com-
corriendo, en estampida, loco, y con un niño negro que pasaba pletaron un hatito seco, como de juguete, y con una pinta
cantando, siempre, siempre, sentado encima del morrillo de miserable, que nos daba lástima, ¡teníamos ganas de echarles
un serrero de orejas doradas! ... la bendición y soltarlas todas a la buena de Dios! Sano, lo que
" ... ¿Fue verdad? ¿Fue visión de sueño? Ya estoy viejo para se dice sano, no había casi ninguno ... Eran puros bueyes ren-
saberlo. Mucha gente piensa que sí, ¡pero sólo tienen valor gos, vacas descaderadas, becerros con torcedura de muñeca
para decir que no! No sé ... Aunque -¡Virgen Santa Madre de o cañas partidas, garrotones con fractura de paleta o de anca,
(
¡demonios! Muchos desmochados o de cuerno raspado, pela- -Esperen. Los caballos no le tienen miedo a ningún pájaro.
do hondo, echando sangre de la pulpa, de tanto embestir los ¡Es la punta del río!. ..
árboles ... Por donde quiera que los viéramos, hasta el mejor- -No puede ser. ¡¿Será?!
cito no dejaba de tener muchas heridas y muchas peladuras en -¿ Y cómo está eso de que el río llegue hasta aquí?
el cuerpo ... ¡Una desgracia!. .. -¡Es la punta, te digo! Mira cómo refrescó: es el frío de la
orilla del río. .
-¿ y el negrito, Manico?
-Ah, ¡nadie lo vio, ni se tuvo noticias de él! Cosas. ¡Dios -Es cierto.
salve mi alma! ... Por ese caso que se dio, y por otros que po- -,Juan, cortapalo! Juan, cortapalo!
dría haber, es que no me gusta ser andariego, y me quedo quie- -Pero el Hambre pasa lejos, casi a un cuarto de legua ...
to en mi rincón. ¡Quien viaja por tierras extrañas, ve lo que Sólo si la bajada se hizo laguna ...
quiere y lo que no! -Maña de los animales.
-Así es... -Eso mismo ...
-¡Tonterías! Andando, el perro encuentra su hueso. -Nada de eso, Leofredo ... ¡Escucha!
-¡Perro es quien quiera serlo, además de la familia! Si no -Sí, es maña. El que vaya hasta atrás, que arrastre el agui-
doy consejos ... jón de la vara, ¡y vamos a ver si el caballo anda o dice por qué
-No te enojes a lo tonto, Manico. En gustos se rompen gé- no anda!
neros. -No hagas eso, Toño, espera.
-Ya basta. Ey, Chepe Grande, ¿qué dejaste caer? -Juan, cortapalo! Juan, cortapalo!
-Prende el cerillo ... -¡Vamos a esperar que llegue Badú, con su burrito cadu-
-No pasa nada ... Hay algo raro en la tierra. co, que ahí viene viniendo en la cola, amigos!
-El camino es el bueno. -Eso mero, Silvino. Va a ser divertido ...
-Ya lo sé... ¡Apártate, Toño! -¡¿Divertido?! Sí, pero es muy engañoso. El burrito será
-Son manías. Me voy a beber otro trago para darme valor. quien decida: si entra en el agua, los caballos lo siguen, y nos-
Los animales se atascaban en el terreno empapado, que pa- otros podemos seguir sin miedo. ¡Un burro no se mete en luga-
recía un pantano. res de donde no sepa cómo salir!
-¡Demonios! -¡Eso es! Lo que el burrito haga, nosotros también lo ha-
Fue de repente: el caballo de Benavides, que guiaba la fila, cemos.
pajareó. Los otros se frenaron, torciendo los pescuezos. -Juan, cortapalo! Juan, cortapalo!
-¿Qué fue? ¿Qué pasó? -Lo apruebo. Lo apruebo, y lo que digo es bien pensado,
-Es el desgraciado espíritu de ese animalito. ¡Oye nomás ¡en vista del deber de la encomienda que tengo hoy!
cómo canta! -¡No metas tu cuchara, Francolín! ¡No es hora de payasa- ,
das!
-Juan, cortapalo! ,Juan, cortapalo!
-¡Échatelo, Bastián! -Respeta a nuestro patrón, Sinoca, que el señor mayor me
86 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 87
entregó su responsabilidad para hacerme cargo y determinar, Siete de Oros detuvo el trote; y de inmediato tomó cono-
en los casos ... cimiento del viento, del bueno y del malo: primero, orejas
-Tonterías ... ¡Oye, Badú! ¡Anda, hombre!. .. firmes, para arriba - peligro difuso, incierto; después, las
-Mira, ya viene ... orejas se movían hacia los lados - dificultad ya sabida, bien
-Juan, cortapalo! Juan, cortapalo! puesta en su lugar. Se detuvo. La tiniebla era espesa, y un bu-
-¡Allá voy, parientes! ... ¡Allá voy, sus injurias groseras de rro no es gato ni víbora para ver en la oscuridad. No espiaba,
vaqueros sin buey! no escuchaba. Esperaba cualquier cosa.
Y, hablando, Badú se abrazó al pescuezo del burriro, con Cuando ésta llegó, Siete de Oros avanzó, resuelto. Atisbó,
una ternura súbita. salpicó agua y se fue. Entonces, los caballos también quisie-
-¡Ey, mi viejo, pobreciro, qué lío! Estoy enfermo, me dio ron carrunar,
la debilidad, con estos sesos míos zangoloteando, despegados Pero fue cuando resonó el pío, que venía del matorral a
de la cabeza ... Muy enfermo ... Tengo miedo de morir hoy ... cada minuto, justo:
Sin embargo, ¡si fueras más ligero, compadre, era capaz de car- -Juan, cortapalo! Juan, cortapalo!
garte! ... Juan Manico jaló las riendas y dijo:
-Viene con el embudo lleno ... Está más borracho que una -¡Yo no entro! A mi modo de ver, ese pajarIto vino a
cuba. darme un aviso, que también soy Juan, y su canto es de mal
-Eh, Silvino, ¡¿por qué te estás acercando tanto a Badú, agüero ... A mi entender, de noche, todo cuanto hay, ¡augura!
ahí en lo oscuro, cosa que no debes hacer?! ¡No lo consiento, -¡No tengas miedo, Manico! ¡¿No sabes que juan-corta-
no está bien, porque ustedes están peleados, y más ahora, que palo es el pajarito más buenito y graciosito que hay, y que
el otro está así de borracho! nunca nadie dijo que fuera ave de mal agüero?! No vino a dar
-Cierra el pico, Francolín, hijo de otra ... ¡Cállate, vete pa'- ningún aviso, lo que le gusta es encogerse dentro de las matas,
bajo! ... ¡Yovoy por donde quiero! ... por lo mojado, y es posible que se quede ahí toda la noche,
-Juan, cortapalo! Juan, cortapalo! lanzando sus grititos de gaita ... ¡Vámonos!
-De nada te sirve gruñir como tigre, Silvino, que te lo es- -No ... no voy y no voy, ¡de ninguna manera! ¿Para que
toy diciendo de buena manera, en buena ley, ¡en nombre del este porro me suene dentro del agua a la mitad de la corrien-
señor mayor! te? .. El burrito es un beocio ... ¡Y no voy! No sé nadar ...
-No es asunto de pleito, Silvino, Francolín tiene algo de -Pues entonces, me quedo contigo, Manico, para hacerte
razón. compañía ...
-¡Algo, no! Razón entera, porque estoy representando al -¡Ey, toño! ¿Tú no vienes? ¡¿También tienes miedo?!
señor mayor, por orden de él, y mi revólver puede parir cinco ca- -Miedo no, compañeros, ¡recoge la lengua! Estoy medio
chorros, ¡para que mamen en el cuero de quien apueste en falso! malo, resfriado, ¡y ya no puedo mojarme más el cuerpo! ... Va-
-¡Déjate de valentonadas, Francolín! mos a regresar, Manico, para encontrar un lugar alto, adonde
-¡Orden! Miren al burro ... podamos esperar que la sopa seque y claree el día ...
88 EL BURRITO PARDO EL BURRITO PARDO 89
Manico tosió y dijo que sí. Miró. El último de los hombres a caballo un río profundo, sin contar con apoyo ninguno, pues
cabalgaba al fondo de la oscuridad. el agua, por sí sola, levanta al jinete de la silla, y lo mismo se-
Era el regolfo de la corriente, que inundaba la planicie, has- ría estar sentado en una plasta de atole aguado.
ta donde podía alcanzar. Los caballos pisaban, tacteantes. Pata -¡Ay, Dios mío, que ni beber puedo, que sólo dije vaso y
y pecho, paso y paso, cada vez contra mayor altura de la co- medio antes, botella y media después! ... ¡Vámonos, mi burro!
rriente, donde bogaba un murmullo. La inundación. Mil llaves En contra de lo dicho, sin por qué, bueno y mejor que Ba-
tenía el Hambre, el riachuelo ralo de ayer, que de la mañana dú estuviera como estaba, que para río lleno, más vale hom-
a la noche mucha agua había juntado, subiendo y abriéndose bre muy borracho encima de burro muy lúcido. Avanzaban,
del todo. Había crecido el día entero, mientras los vaqueros deteniendo la corriente -¡ptup! ¡ptup! ... -. Levantó un ani-
pasaban, llevaban los bueyes y regresaban. Ahora los hom- mal, en convulsiones. -"Mira, ¡¿hasta gallinas del monte vie-
bres y los caballos entraban en él otra vez, como cabezas me- nen a morir aquí?! ¡¿Tontas, qué no tienen alas?!... ¿O será al-
tiéndose, una por una, en la lazada de una cuerda. Estaban re- guna zarigüeya, de grito fino como pajarito?" ... El diluvio no
gresando. El río iba. tenía fin. Siete de Oros se lanzaba. Empapado a chorros, el
De repente, Siete de Oros perdió el fondo y rompió nado; caudal rabiaba más, creciendo el sobrerrumor. El burrito se
sin embargo, ya había tenido tiempo de escoger rumbo y ha- encogió, rebuznó. Avanzó más. Pesado, sacudiendo, saltó un
cer parentesco con la corriente. Desde atrás, llegó el ruido de cuerpo, cerca. -"¡San Benito me proteja, que ahí viene un cai-
muchas patas cortando agua y un llamado: mán buscando qué comer!" El mundo trepidaba, pequeñas olas
'
-¡ A garrate biien, Ba dú
u. ¡E'sperame ....
, salían, lamiendo a Badú. Oscuridad. El burro para. El mundo
y la voz de Silvino: boya. Pero si Siete de Oros esperó fue para dejar pasar, de
-¡Apártate, Francolín! ¡Déjame pasar! frente, un tronco largo, que venía con el poder de una testa
Pero un remolino encrespado los separó a todos. La co- de toro. Bajó, desapareció. Arriba, en el cielo, hay una negru-
rriente levantó una sístole violenta. Y ya nadie pudo encon- ra sucia, como tizne de cocina. Noche maldita. Ahora, atrás,
trar camino. pasa una masa de hojas y ramas, grandísima, que Badú logra
Si Badú hubiera estado un poco menos borracho, habría si- agarrar, con muchos brazos, empujando. ¡Fuerza de manos para
do más prudente: de sí a sí, no obstante, sintiendo el frío duro lanzar hacia allá ese montonal! Paz, que ya dio la vuelta, gra-
en las corvas, apenas se agarró, con fuerza, al burrito. cias a Dios. -"Me mojó todo, rasgó mi ropa, ¡demonio!. .. Es
-¡Epa con el agua! guayabo, por el olor ... ¡Si hubiera sido una liana o un tronco
Pendió demasiado, seguras las manos en la crin. Cabeceó y espinoso, me mataba!" ... _. Llo ... 110... 110... -, van, despacio,
se mojó la cara. Escupió. Ve, ve, que el burrito avanza. las brazadas de Siete de Oros.
-¡Ya te vi, mi viejo! ¡El mundo se está acabando en me- Vistiendo agua, sólo sacando la punta del pescuezo, el bu-
lado! ... -y lanzó una maldición inmoral, porque los bor- rrito tenía que levantar la quijada y sacar también el hocico.
botones le repasaban las cosquillas del pescuezo, y tenía ca- Una pechada. Otro estirón de patas. ¡Chu-áa! Chu-áa..., ruge
lambres en las pantorrillas, todo en la incomodidad de cruzar el río, como lluvia lanzada al suelo. ¡Ninguna prisa! Otra rema-
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da, lenta. Después de todo, está el patio, con los pesebres, mu- bres y cabalgaduras debatiéndose. Alguien gritó. Otros gri-
cho maíz, en la Hacienda; y después el pasto: sombra, zacare taron. Allá, acullá, debía haber terribles cabezas humanas sur-
y sosiego ... Ninguna prisa. Aquí, por ahora, este pozo loco, giendo del agua como repollos de una huerta, como moscas
que hace ruido como fuego y da miedo, no es nada nuevo: to- adheridas al papel de cola. A estribor de Siete de Oros, el gri-
do es malo y sólo una cosa, en el camino: como los hom- to convulso, aspirado, de una persona repelida de golpe, por
bres y sus modos, la acostumbrada confusión. Sólo hay que primera vez. Aunque eso fue bien a unos diez metros, y cada
cerrar los ojos. Como siempre. Otra brazada en la masa fría. Ir cual cuidaba de sí.
sin afán, bogando suavemente, amigo del agua, conforme con ¡Noche fea! Hasta hoy todavía se habla de la gran inunda-
lo oscuro, hijo del fondo, guardando fuerzas para el final. Na- ción del Hambre, con ocho vaqueros muertos, arrastrados co-
da más, sin desperdicio; ni un arranque fuera de tiempo. Así. rriente abajo, de espaldas - porque sólo a las mujeres el río
y bajaba más porquería, apenas visible, de chispas y brasas; acostumbra llevarse de bruces ... El caballo negro de Benavi-
bajaban toros fluctuantes, y cuerpos, muertos o medio, de pe- des no bajó, se quedó atorado, con la silla enganchada a una
lo, de escama y de plumas, conviajando con el vómito y con rama de ingá. Sin embargo, el amarillo bragado de Silvino de-
los pedazos vegetales. La crecida todavía aventaba y engrosa- be de haber dado tres rodadas completas, antes de ser sorbido
ba golfando con intermitencias, retorciéndose en cascada, que- con el dueño, como los buenos animales. Leofredo no se en-
riendo alisar la buena cama para poder correr. Cada copa de ár- contró, Raymundón tampoco. Sin oca no pudo zafar el pie del
bol, emergente o hundida, cada gruta sumergida o elevación de estribo, y él Y la bestia aparecieron así, unidos los dos difun-
terreno, todo servía para alterar la tonada de las aguas sueltas. tos, hinchados como globos. Chepe Grande y Tote, abraza-
y en el bramido de aquel mar, los muchos sonidos se disocia- dos, trabados, se quedaron en una poza del derrame, con los
ban - gorgojeos de remolinos, susurros de remansos, estalli- buitres alrededor, aguardando lo que escapara de las bocas de
dos de besos, chasquidos de encuentros de olas, murmurar de los bagres-sapo. Pero el que navegó más lejos fue Sebastián,
aguas mansas, el tremendo silbido de los vórtices de los calde- quien aproó -barca vacía- y ancló de cabeza, estirado y leve,
ros, circulares, y el llanto apresurado de la cola rumorosa del los cabellos ondeando como hilachas acuáticas, en el lodo del
río. Agua que iba y venía, estirando pliegues, palpitando, con vado del Silbo Blanco ...
contracorrientes, balanceo de gotas, estremecimientos y re- Alguien que aún luchaba, ya en la penúltima ansia y harto
tracciones. Mas, de repente, fue sólo una presión tiesa y un de beber agua sin vaso, pudo alcanzar un objeto acordonado
gran tajo. El frío aumentó. Estaban en el lecho primitivo y nor- que se movía. Y aquel uno aconteció ser Francolín Ferreira, y
mal del Arroyo del Hambre. Atravesaban la madre del río. la cosa moviente era el rabo del burrito pardo. Siete de Oros,
Ésa era la barriga hambrienta de la culebra comedora de gen- sin susto que le sobrara, sin cita pendiente, supo que era ése el
te; ahí donde terminaban el aliento y la fuerza de los caba- momento de entregarse, confiado, al querer de la corriente.
llos afligidos. Con un coletazo, la corriente los derramó, los Poco importaba que ésta lo llevara de viaje, muy abajo dellu-
envolvió en sus roscas, los dispersó, los hundió, los ahogó y gar de la travesía. Se dejó, tomando tragos de aire. No resistía.
los llevó. Aunque hubo un tumulto de brazos, reveses, horn- Badú refunfuñaba malas palabras, sin saber que Francolín se ve-
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