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Función y relevancia de los lisosomas

Las células eucariotas son más complejas que las procariotas debido a la presencia de diversos organelos como los lisosomas. Los lisosomas contienen enzimas ácidas que degradan moléculas innecesarias o dañadas para su reciclaje, aunque a menudo son llamados erróneamente el "basurero" de la célula. Las enfermedades lisosomales surgen cuando hay defectos en las enzimas lisosomales, lo que causa la acumulación de sustancias no degradadas y daña a la

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Función y relevancia de los lisosomas

Las células eucariotas son más complejas que las procariotas debido a la presencia de diversos organelos como los lisosomas. Los lisosomas contienen enzimas ácidas que degradan moléculas innecesarias o dañadas para su reciclaje, aunque a menudo son llamados erróneamente el "basurero" de la célula. Las enfermedades lisosomales surgen cuando hay defectos en las enzimas lisosomales, lo que causa la acumulación de sustancias no degradadas y daña a la

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Lisosomas trabajando: células funcionando

Edgar Reyna Rosas

Las complicaciones de evolucionar

Cuando la célula eucariota evolucionó --en contraste con las células

procariotas que, como las bacterias, son menos complejas en cuanto a

componentes celulares--, adquirió diversos organelos que no sólo le

traerían beneficios sino también muchas complicaciones. Les pasa algo

análogo a lo que sucedió con esta historia de una persona y sus

automóviles; a Juan sus padres le regalaron un coche cuando era

adolescente, era sencillo; para hacerlo funcionar sólo le ponía gasolina y

lo limpiaba. Más adelante se compró uno más lujoso y con más

aditamentos: calefacción, motor más grande y rápido, estéreo, luces en el

interior y un sinfín de comodidades. Lo que él no sabía es que para que

su nuevo auto funcionara tenía que proporcionarle múltiples cuidados. Pero

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Juan no le prestó la atención necesaria y al cabo de algunos años el

auto no arrancaba, ni las múltiples comodidades funcionaban. Él no sabía

por qué había sucedido esto, pues suponía que era un coche mejor al que

tenía anteriormente, así que decidió venderlo y quedarse con el que sabía

utilizar.

Veamos este ejemplo como un sistema de regulación, donde Juan es

el responsable de regular el buen funcionamiento de sus autos para que

no se descompongan. Y justo como en este ejemplo, muchas partes de las

células y organismos se basan en sistemas de regulación, algunos de ellos

son autorregulables, pues no dependen de ningún componente externo

para ser regulados. Los mecanismos principales de estos sistemas sólo

funcionan óptimamente si su mecanismo de regulación propio o ajeno

funciona bien. Además de que se debe considerar la complejidad del

sistema, ya que mientras más complejo es un sistema, la regulación lo es

también, como en el caso de los dos carros de Juan. La célula eucariota

es un sistema muy complejo que si no se autorregula apropiadamente

puede sufrir alteraciones mortales.

¿Qué tanto conoces a la célula eucariota?

A diferencia de las procariotas, las células eucariotas tienen muchos más

componentes u organelos que le sirven para regular mejor sus funciones y

que éstas se realicen con mayor eficiencia. Algunos de estos componentes

no suelen ser mencionados debido a que su función no se considera tan

importante. Por ejemplo, siempre nos mencionan el núcleo y el

indispensable ADN, la membrana, las mitocondrias y en algunos casos los

ribosomas, pero pocas veces se mencionan organelos como el aparato de

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Golgi, el retículo endoplásmico y rara vez se mencionan a los lisosomas

(fig 1). Este organelo está presente en todas las células; y aunque no

siempre tiene la misma forma en todas, sí posee las mismas funciones.

Los lisosomas se describen principalmente en el caso de las células

animales, y su proporción varía dependiendo del órgano del animal, y

dependiendo de qué tanto se requiere su función en ese órgano.

De manera desatinada, a los lisosomas se les llama el basurero de

la célula, debido a que su función más conocida es la de eliminar todos

los residuos que ya no sirven o que se necesita degradar para

reutilizarlos. Sin embargo, su función es más importante y compleja y tiene

una gran relevancia.

Fig.1. Esquema representativo de una célula eucariota donde se señala a los lisosomas.

Lisosomas trabajando: células funcionando / CIENCIORAMA 3


Los lisosomas y sus funciones

Los lisosomas son vesículas intracelulares (semejantes a pequeñas

burbujas) que se caracterizan porque tienen un pH de cinco (lo que quiere

decir que en su interior el ambiente es muy ácido) y contienen una

variedad de proteínas específicas llamadas hidrolasas ácidas (HA). Estas

proteínas se encargan de degradar a otras o a componentes celulares

como lípidos o ácidos grasos (como el colesterol), ya sea porque ya no

funcionan o porque en su descomposición pueden adquirir nuevas formas

reutilizables por la célula. Las HA se clasifican dependiendo del tipo de

componente que degradan: las glicosidasas descomponen azúcares, las

proteasas proteínas, las lipasas lípidos y las nucleasas ácidos nucléicos,

por dar sólo algunos ejemplos. Por esta función de degradación los

lisosomas son considerados el basurero de la célula; sin embargo están

involucrados en diversos mecanismos celulares que forman nuevos

componentes a partir de reciclar los degradados para regresarlos a los

compartimentos donde se forman las proteínas (fig 2).

Fig.2. Esquema representativo de la función de degradación de los lisosomas. A)

Lisosomas con diversos componentes celulares y no celulares que van a ser degradados

por las HA representadas como puntitos negros. B) Los componentes ya degradados. C)

Excreción de los componentes celulares a través de pequeñas vesículas.

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La teoría de la formación de los lisosomas menciona que se originan a

partir de un proceso de intercambios vesiculares entre algunos

compartimentos de la célula: el aparato de Golgi, el retículo endoplásmico,

los endosomas, y los intermediarios entre estos compartimentos y la

membrana celular que finalmente dan origen a los lisosomas (fig 3).

Fig.3. Esquema representativo donde se muestran los distintos organelos que procesan a

las HA, además de su transporte a los lisosomas.

La relación entre estos compartimentos radica principalmente en el hecho

de que cada uno de ellos puede crear vesículas y están implicados en la

modificación o procesamiento de proteínas. En cada uno de estos

compartimentos se van procesando las proteínas para que lleguen a su

forma final; esta forma se va creando una vez que ya se tiene a la

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proteína pero falta agregarle cadenas de carbohidratos (fig.4). Estos

carbohidratos son aditamentos que indican a qué sitio en la célula va a ir

la proteína a realizar su función, ya que muchas de ellas no la realizan en

el lugar donde se crean. Por lo tanto, las proteínas llevan los

carbohidratos como si éstos fueran el mapa de su destino.

Fig.4. Esquema en donde se ejemplifica, cómo en cada compartimento se les añaden

distintos carbohidratos a las proteínas. Éstas pueden seguir siendo modificados a su paso

hasta llegar a su destino, el cual puede ser un organelo como los lisosomas.

De esta misma manera se procesan las HA pertenecientes a los lisosomas.

A éstas las transportan los endosomas que “reconocen” sus carbohidratos

y les señalan la ruta a los lisosomas. Una vez que los lisosomas están

formados y tienen sus variedades de HA, se encargan de recibir otras

proteínas de la célula o también de fuera de la célula para degradarlas

(romperlas o disgregarlas). Este proceso es fundamental, pues se ha

observado que en células donde los lisosomas no funcionan

correctamente, no se degradan todas las proteínas y se acumulan dentro

de las vesículas siendo perjudiciales para la célula (fig 5). Estos efectos

negativos son de tal magnitud que se reflejan en forma de enfermedades

en la mayoría de los casos mortales.

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Fig.5. Esquema comparativo entre la función correcta de los lisosomas (explicado en la

fig.2) con los casos donde hay una ausencia de una HA que provoca la acumulación de

cierto componente celular que conduce a un agrandamiento de los lisosomas.

¿Cómo se descubrieron las enfermedades lisosomales?

Como suele suceder en muchos de los episodios de la historia de la

ciencia, el efecto ocasionado por cierta entidad o mecanismo es el

detonante para descubrir su causa. En el caso de los lisosomas, primero

se describieron ciertas enfermedades mortales asociadas a ellos, se

analizaron y se dieron cuenta de que la principal característica de estas

enfermedades era la presencia de vesículas muy grandes en distintos

tejidos de los pacientes. Estas enfermedades se llamaron desórdenes de

almacenaje lisosomal (Lysosomal Storage Disorders), un término acuñado

en 1965 por Henri G. Hers. Este científico belga se dedicó a investigar la

acumulación celular de glucógeno conocida como enfermedad de Pompe,

la cual atribuyó a la ausencia de la proteína α- glucosidasa ácida, una de

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las tantas HA de los lisosomas. Al igual que para el caso de la

enfermedad de Pompe, posteriormente se describieron nuevos desórdenes

de almacenaje correspondientes a la ausencia de diferentes proteínas, los

cuales en muchos de los casos implicaban la acumulación de distintos

tipos de ácidos grasos en la célula (fig 6). Todos estos desórdenes

lisosomales son consecuencia de defectos congénitos, lo que significa que

todas las células de la persona que padece alguna de estas

enfermedades, carecen de un tipo de HA debido a que son incapaces de

producirla. En determinados órganos del cuerpo la carencia es más grave

porque existe una mayor demanda de la función de la proteína faltante.

Esta carencia de HA en los lisosomas se debe a que durante los procesos

de adición de sacáridos, las personas con estas enfermedades no son

capaces de añadirlas, por lo que nunca llegan a su destino final que son

los lisosomas. Este defecto ha sido observado en 60 diferentes tipos de

desórdenes, entre los que podemos mencionar la enfermedad de Niemann-

Pick tipo C, la Mucolipidosis IV, la enfermedad de Danon, la Lipofuscinosis

neuronal que repercuten principalmente en el cerebro, además de afectar

el hígado, el bazo, los huesos y el cartílago. Estas repercusiones dan lugar

a serias deficiencias en el aprendizaje, a retraso mental, a deformidades, a

retraso en el desarrollo, y en muchos de los casos a la muerte a los

pocos años de vida. Afortunadamente, en los últimos veinte años se han

podido desarrollar terapias de reemplazo de enzimas para algunas de

estas enfermedades, en donde se ha podido combatir muchos de los

daños a partir de dotar a los pacientes de medicamentos que permitan

sintetizar las proteínas ausentes.

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Fig. 6. Fotografías de células con un aumento en la cantidad de lisosomas además de su

agrandamiento a causa de la acumulación de componentes celulares sin degradarse.

La importancia de los sistemas autorregulables

Retomando la idea de los sistemas de autorregulación y las funciones que

ejecutan los lisosomas en la célula, podemos concluir lo siguiente. Los

diversos organelos no tienen en la célula un orden jerárquico de

funcionamiento donde los lisosomas estén al final en orden de

importancia. Más bien, en el funcionamiento de la célula los organelos y

sus funciones son todos igual de importantes y el mal funcionamiento de

uno de ellos repercute en todo el sistema. Los lisosomas no sólo ayudan

a que la célula no se vuelva un caos por la acumulación de componentes

inservibles, sino que también ayudan a recuperar componentes, a procesar

otros y están involucrados en muchos otros procesos de igual importancia.

Tal vez sea imposible prevenir queeste tipo de desórdenes celulares sean

heredados, sin embargo el estudio y el realce de las funciones e

importancia de los lisosomas han permitido que se puedan combatir estas

enfermedades que pueden llegar a ser mortales.

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Para saber más
1. [Link]

Bibliografía
1. Braulke T. y Bonifacio JS. [Link] of lysosomal proteins. Biochim. Biophys,

Acta.

2. Mullins C. y Bonifacino JS. 2001. The molecular machinery for lysosome biogenesis.

BioEssays 23: 333-343.

3. Andrew P. Lieberman et. al. 2012. Autophagy in lysosomal storage disorders.

Landes Bioscience, Autophagy 8:5, 719–730.

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