Sanando las heridas del matrimonio
Por Jesús Rosales
La mayoría de seres humanos que dan inicio a la vida matrimonial lo hacen con la expectativa de que en el
transcurso de los años la relación de pareja sea fortalecida y la comunicación conyugal permita superar
cualquier dificultad que se presente. Sin embargo la afirmación “en las malas y en las buenas”, pareciera
haberse dejado de lado, sobretodo cuando los conflictos, las diferencias y las crisis surgen, dejando a su paso
lesiones con efectos profundos y permanentes.
Cuando se habla de heridas en el matrimonio, se suele evocar aquellas que permanecen después de una
fuerte discusión, al haber recurrido, uno o ambos miembros de la pareja, a gritos, ofensas u otras
expresiones de violencia emocional y aún física. Es frecuente también encontrar heridas, cuando la pareja ha
vivido humillaciones e infidelidad, entre otras cosas.
Sin embargo, muchas veces las lesiones aparecen y se profundizan con el pasar del tiempo casi sin darnos
cuenta. Especialmente esto ocurre cuando la pareja se ha ignorado mutuamente, desatendido, descalificado o
ha recurrido a otras formas de respuesta inadecuada ante los dificultades del matrimonio, que pueden o no
desembocar en conflictos aún mayores.
Otra forma en que pueden surgir las heridas en el matrimonio, tiene que ver con las expectativas que cada
uno tiene antes de constituirse en pareja, y la desilusión que representa confrontarse con una realidad
distinta. De igual forma, cuando las pequeñas diferencias no resueltas, la rutina, el abandono y la falta de
interés van marcando o determinando una actitud que se prolonga en el tiempo, la distancia en la vida
conyugal se empieza a imponer y es frecuente que de por esta situación se produzcan lesiones que pueden
conducir a permanentes heridas que causan mucho dolor y fricción en la relación matrimonial.
Los recuerdos dolorosos hacen que tanto en los aspectos personales, como a nivel de la relación de pareja, el
ser humano tienda a estancarse y no logre desarrollar sus propias habilidades. Las heridas provocan pesar,
porque son resultado de sentimientos de amargura, tristeza, frustración y, en algunos casos, de ira e
impotencia. Estas van afectando los pensamientos y los sentimientos, y pueden acompañar a la persona
durante mucho tiempo, aun cuando la situación del pasado aparentemente pareciera ser superada.
Las heridas no sanadas impiden el establecimiento de nuevas y positivas actitudes y relaciones. Hacen aflorar
la inseguridad, la desconfianza, la duda, el temor y la soledad. Pueden hacer que la pareja sea prisionera de
eventos o situaciones del pasado e impedir que puedan ver el porvenir con esperanza, ánimo y alegría.
Un aspecto importante para iniciar el camino hacia la sanidad en las relaciones matrimoniales, es no negar lo
que se siente. En algunas ocasiones las personas que tratan de ocultar sus lesiones emocionales o recuerdos
que le entristecen, lo único que logran es prolongar y profundizar sus heridas. Al reconocer el evento o
situación que nos ha lastimado, estaremos dando el primer paso para la superación de la situación que nos
lastimó.
Debemos tener en nuestros pensamientos, emociones y sobretodo en nuestra voluntad, el propósito de soltar
los acontecimientos o circunstancias del pasado que nos lastimaron. Esta decisión (dejar atrás el pasado),
conlleva una decisión de perdonar y perdonarnos y aunque el perdón puede parecer en un principio, no ser
algo que se sienta en el corazón, si se mantiene como decisión, paulatinamente se irá incorporando a
nuestras emociones. Una herida emocional o física, no se olvida fácilmente, pero al “cicatrizar” el evento
pasado, se recuerda sin dolor. Es así como el perdón permitirá ir sanando el corazón de las personas
heridas, posibilitando iniciar el camino para la superación de cualquier escenario adverso que haya marcado a
los que conforman una pareja.
Para sanar las heridas del matrimonio se debe asumir la decisión de perdonar, sabiendo que esto se logra
mediante un proceso que toma tiempo, por lo que cada persona debe tener paciencia y perseverancia. No se
debe olvidar que el primer paso, está en identificar lo que nos a causado el dolor y no dejarlo profundizar en el
transcurso del tiempo.
Cada pareja debe resolver oportunamente aquellas cosas que les lastiman, para que no se conviertan en
heridas permanentes, sólo así podrán disfrutar de una vida matrimonial de paz y libertad.
Para recordar
Las heridas no sanadas impiden el establecimiento de nuevas y positivas actitudes y relaciones.
Hacen
aflorar la inseguridad, la desconfianza, la duda, el temor y la soledad.
Al reconocer el evento o situación que nos ha lastimado, estaremos dando el primer paso para la
superación de la situación que nos lastimó.
El perdón permitirá ir sanando el corazón de las personas heridas.