PARASITOSIS INTESTINALES - Generalidades
La palabra parásito viene del latín parasitus, de pará, al lado, y sitos, comida. Son aquellos organismos que viven sobre,
dentro o a expensas de otro. Las enfermedades ocasionadas por parásitos tienen una distribución mundial, están
asociadas con las malas condiciones higiénicas y con las deficientes instalaciones de saneamiento ambiental, por lo tanto,
son más frecuentes en los países en vía de desarrollo, son el reflejo exacto del atraso general de las poblaciones afectadas
por ellas; pero la existencia de pacientes inmunocomprometidos por cáncer, desnutrición o la infección por VIH, en
países desarrollados, hace que se presente un riesgo mayor de infecciones oportunistas por parásitos.
La interacción entre hospedero y parásito puede dar como resultado la infección subclínica o estado de portador (hallazgo
microbiológico) o la enfermedad (hallazgo clínico). La aparición de síntomas ocasionados por parásitos es un suceso
excepcional y no la regla, puesto que la relación habitual entre huésped y parásito es una infección subclínica y no de
enfermedad.
Los parásitos intestinales pueden ser microorganismos unicelulares (protozoos) o más complejos (helmintos o
gusanos) y pueden localizarse en varios órganos y tejidos del organismo: intestino, hígado, piel, sistema nervioso central
(SNC), sangre, ojos, etc.
Las infecciones parasitarias intestinales se encuentran distribuidas prácticamente por todo el mundo y entre ellas la
amebiasis, la ascariasis, la uncinariasis y la tricocefalosis están entre las diez infecciones más comunes observadas en el
orbe. La prevalencia de las principales parasitosis en el mundo no ha cambiado en los últimos años, en 1997 se estimó
que existía el mismo porcentaje de personas infectadas en el mundo por Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura, Necator
americanus y Ancylostoma duodenale que hace 50 años, en términos absolutos debido al crecimiento de la población, a
pesar de los avances tecnológicos y médicos.
La OPS/OMS calcula que 20% - 30% de todos los latinoamericanos están infectados por helmintos intestinales, mientras
que las cifras en los barrios pobres alcanzan con frecuencia el 50% y hasta el 95% en algunas tribus indígenas.
En Colombia, el Estudio Nacional de Salud realizado en 1969, 1977 y 1980 encontró que las helmintiasis son la primera
causa de morbilidad por examen médico en niños y niñas en el grupo de 5 a 14 años y la segunda causa en el grupo de
1 a 4 años, igualmente las enfermedades infecciosas intestinales ocuparon el sexto puesto como causa de morbilidad por
examen físico en el grupo de 1 a 4 años. Considerando toda la población, el estudio mostró una tasa cercana a 100 por
mil habitantes, la prevalencia de helmintiasis. Las tres helmintiasis más frecuentes en nuestro medio son la ascariasis,
la tricocefalosis y la uncinariasis; y las protozoosis patógenas predominantes son la amebiasis y la giardiasis.
Existe la posibilidad de que muchos niños estén infectados por más de una especie al mismo tiempo, lo que se conoce
como POLIPARASITISMO, hecho que contribuye a la generación y persistencia de la mala nutrición en los países en
desarrollo.
La mortalidad ocasionada por estas infecciones es relativamente baja, aunque no son raras las complicaciones;
principalmente por las consecuencias que los parásitos producen, como son malabsorción intestinal, diarrea,
desnutrición, anemia, avitaminosis, enflaquecimiento y deficiente desarrollo físico, los cuales constituyen importantes
problemas sociales y de salud. Los síntomas producidos por las infecciones parasitarias intestinales están directamente
relacionados con el grado de infestación del hospedero y el estado general del mismo. Cuando los síntomas existen,
son por lo general vagos e inespecíficos: molestias intestinales, meteorismo, alteraciones en el ritmo de la defecación,
dolor abdominal referido al sitio de localización intestinal del parásito, anemia, malabsorción intestinal, desnutrición,
náuseas, vómito; si la infección es intensa puede existir diarrea, síntomas de migración larvaria -síndrome de Löffler- y
complicaciones propias de cada parásito.
Protozoos intestinales:
Helmintos intestinales
Contrario a lo que se cree, las parasitosis intestinales no son causa frecuente de diarrea.
No atribuir a las parasitosis ciertas manifestaciones como inapetencia, palidez sólo de la piel, bruxismo, prurito nasal,
convulsiones, bajo rendimiento escolar, ingesta de dulces, dormir con los ojos abiertos, enuresis y abdomen
prominente, entre otras. El diagnóstico de las parasitosis intestinales se hace bien sea por la identificación directa
de lombrices, gusanos o proglótides, por la visualización de huevos, larvas, quistes o trofozoítos, mediante el examen
de materia fecal al microscopio o por pruebas inmunológicas (búsqueda de antígenos, anticuerpos y últimamente la
reacción en cadena de la polimerasa).
Para una buena correlación entre la infección y la positividad del coprológico es necesaria una adecuada recolección y
conservación de la materia fecal. La muestra requiere: recolectarse en un recipiente limpio, de boca ancha, de pared dura
impermeable y con tapa rosca, y no contaminarse con agua del sanitario ni orina. En los menores de un año la
muestra se toma del pañal desechable puesto al revés o colocando un plástico o una bolsa en el área para que no se
absorba el líquido de la deposición. La sensibilidad del examen aumenta con tres muestras en días alternos dado que la
expulsión de quistes, huevos o larvas se hace en forma cíclica y no continua; el paciente no debe ingerir laxantes oleosos,
antibióticos ni antiparasitarios. Las muestras se envían al laboratorio inmediatamente después de recolectadas. Si son
heces líquidas o blandas hacer el examen directo antes de media hora para garantizar la observación de formas móviles
(trofozoítos), éstos mueren después de este tiempo; si el examen microscópico no se va a realizar con rapidez (menos
de dos horas de recolectada la muestra) es necesario conservarla refrigerada, máximo por un día y agregar alguna
sustancia química para fijar la muestra y evitar la descomposición como formol o la mezcla de merthiolate, yodo y formol
(MIF) o alcohol polivinílico (PVA) al 10%. Para lograr una mayor positividad se utiliza el método Kato-Katz, una técnica
de concentración en la que se adiciona éter y formol. Un coprológico negativo no es el único indicio de estar libre de
parásitos. Existen algunos protozoos no patógenos pero que indican contaminación fecal y tienen solo significado
epidemiológico entre ellos están Blastocistis hominis, Endolimax nana, Chilomastix mesnili, Entamoeba coli, Entamoeba
hartmanni, Entamoeba dispar, Iodamoeba butschlii, Tricomonas hominis. El tratamiento de estos no patógenos se
reserva para los pacientes inmunocomprometidos que sean sintomáticos y en los cuales no se encuentre otro
patógeno que explique los síntomas gastrointestinales.
La respuesta inmune contra los parásitos depende de los mecanismos que posea el parásito para evadir la acción del
huésped, pero todos los sistemas inmunológicos participan en ella dependiendo de la vía de entrada, el estado de
desarrollo y los daños tisulares e invasión que logre el parásito. La respuesta inmune celular se genera por los linfocitos
CD4 y CD8, las células NK y los macrófagos, mediante la producción de citocinas; la respuesta humoral depende del
grado de invasión a los tejidos pero su papel protector está en entredicho. Los helmintos inducen la producción de IgE
y un aumento de eosinófilos, relacionados con la reacción tipo alérgica desencadenada por los parásitos. El ser
humano no adquiere inmunidad protectora contra nuevas infecciones parasitarias; por lo tanto, la reinfestación puede
ser constante dependiendo de las condiciones higiénicas y la aplicación de las medidas preventivas. Algunos estudios
recientes informan que ciertos parásitos como G. intestinalis y A. lumbricoides pueden desarrollar inmunidad protectora
con el paso de los años.
El tratamiento busca eliminar el parásito del intestino; para tal fin, existen varios medicamentos que son efectivos
bien contra los protozoos o contra los helmintos, pero no hay un medicamento que tenga un espectro amplio contra
ambos.