Viento.
El viento es el flujo de gases a gran escala. En la Tierra, el viento es el movimiento en masa del
aire en la atmósfera en movimiento horizontal. Se define como la compensación de las diferencias
de presión atmosférica entre dos puntos.
Causas Generales: La gran capa atmosférica es atravesada por las radiaciones solares que
calientan el suelo, el cual, a su vez, calienta el aire que lo rodea. Así resulta que éste no es calentado
directamente por los rayos solares que lo atraviesan sino, en forma indirecta, por el calentamiento
del suelo y de las superficies acuáticas. Cuando el aire se calienta, también se dilata, como
cualquier gas, es decir, aumenta de volumen, por lo cual asciende hasta que su temperatura se
iguala con la del aire circundante. A grandes rasgos, las masas de aire van de los trópicos al ecuador
(vientos alisios, que son constantes, es decir, que soplan durante todo el año), donde logran
ascender tanto por su calentamiento al disminuir la latitud (en la zona intertropical) como por la
fuerza centrífuga del propio movimiento de rotación terrestre, que da origen a su vez a que el
espesor de la atmósfera en la zona ecuatorial sea el mayor en toda la superficie terrestre. Al
ascender, se enfrían, y por las altas capas vuelven hacia los trópicos, donde descienden por su
mayor peso (aire frío y seco) lo cual explica la presencia de los desiertos subtropicales y la
amplitud térmica diaria tan elevada de los desiertos (en el Sáhara es frecuente que temperaturas de
casi 50º durante el día, por la insolación y la falta de nubes, se vea contrastada con temperaturas
muy bajas durante la noche. Así, en estas zonas desérticas, las temperaturas varían muchísimo del
día a la noche por la escasa cantidad de agua y vapor de agua, que contribuirían a una mayor
regularidad térmica).
Material Particulado.
El aire es un recurso natural que, así como sucede con muchos otros, recibe el embate de la
contaminación generada por el hombre y también una aportación de la misma naturaleza. Esto
quiere decir que además del hombre, también la naturaleza contribuye a que tengamos un aire con
cierto nivel de contaminantes. Importante resulta aclarar que la responsabilidad de los problemas
actuales de contaminación atmosférica no está equitativamente distribuida entre los referidos
generadores ya que la concentración poblacional en las ciudades es causa de múltiples problemas
evidentes en este vital elemento.
El aire en la atmósfera está compuesto natural y originalmente por diversos gases entre los cuales
el nitrógeno (78%) es el predominante, siguiéndole el oxígeno (21%) y completándose con
cantidades sumamente reducidas de otros gases tales como argón (0.9%), dióxido de carbono
(0.03%) y otros. Además de estos gases, de manera natural, el aire también contiene diversas
partículas características propias del sitio en que se encuentre un ambiente determinado y de la
época anual. En el entorno de las ciudades y asentamientos humanos el aire atmosférico registra
aportes de sustancias generadas por las actividades predominantes. Así se tendrán atmósferas
cargadas de aromas, de colores, sabores totalmente vinculados con las materias primas, procesos
y productos manejados en un sitio particular. Hay elementos que pueden estar presentes frente a
los cuales los sentidos humanos no pueden ayudar a su identificación. Ciertos elementos en el aire
tienen una influencia nociva, en estos casos su identidad, análisis y medición se vuelve un factor
importante para la salud. Para efectos del análisis y medición de las partículas en el aire
atmosférico se conocen como partículas finas o, más frecuentemente, como material particulado.
Las partículas o material particulado, puede llegar a ser un elemento importante como factor
contaminante en la atmósfera de una ciudad, una zona o sitio, pueden estar depositadas sobre el
suelo aunque generalmente flotan en el aire. El hecho de flotar en el aire se favorece principalmente
debido a su tamaño ya que son muy pequeñas tanto que para hablar de su medida se utiliza el
término micrómetro o micra, unidad de longitud equivalente a la millonésima parte de un metro.
Estas dimensiones las hacen ser sumamente ligeras, aspecto que se combina con su forma y con
diversos factores de tipo climático entre los cuales está la temperatura del ambiente y los vientos.
El material particulado es un problema de contaminación caracterizado por su movilidad. Cuando
no hay viento, las partículas pueden permanecer en el aire durante minutos u horas, en cambio,
mientras haya viento constante podrían mantenerse durante de días o semanas viajando por
diversos territorios dejando rastros de su presencia en diversos sitios distintos a donde fueron
originalmente generadas. Esta cualidad de permanencia en suspensión en el aire ha propiciado que
el material particulado o partículas también sea conocido como partículas suspendidas. Al inhalar
se introduce aire a los pulmones, si en el aire hay partículas éstas entrarán directamente al sistema
respiratorio a pesar de que el cuerpo humano cuenta con diversos mecanismos de protección
natural a largo del sistema respiratorio. Un ambiente contaminado va minando paulatinamente
estas defensas, sobretodo es de considerar que en promedio un adulto inhala entre 10,000 y 12,000
litros de aire.
Ya en el interior del cuerpo, las partículas se adhieren a las paredes de las vías respiratorias y
algunas llegan a alojarse en el interior de las paredes de los pulmones. Mientras mayor sea la
penetración de las partículas en el aparato respiratorio, tanto en el aspecto cuantitativo como
cualitativo, los perjuicios serán mayores debido a que el organismo carece de suficientes
mecanismos de eliminación de estos contaminantes, sobre todo cuando la permanencia en
ambientes contaminados es constante. En base a lo anterior, las enfermedades de tipo respiratorio
se incrementan notablemente en la población expuesta de manera persistente a la presencia de este
factor contaminante. Las PM o material particulado, forma parte de los denominados
contaminantes criterio que son los considerados como de mayor impacto en la salud humana, por
lo cual, se ha generado una normatividad donde se marcan límites permisibles de concentración
en un período de tiempo buscando reducir sus efectos nocivos. Para la prevención de los efectos
nocivos sobre la salud humana se emitieron una serie de normas para cada uno de los
contaminantes.
Fuentes primarias y Secundarias del material particulado: Al contrario que otros
contaminantes, el material particulado atmosférico es emitido por una gran variedad de fuentes, en
función de las cuales varían sus propiedades físicas (tamaño, superficie específica, densidad o
número) y su composición química. Tanto las partículas de origen natural como las antropogénicas
pueden ser clasificadas, en función de su mecanismo de formación, en partículas primarias o
secundarias.
Se denominan primarias a las partículas que son vertidas directamente a la atmósfera desde la
fuente de emisión, mientras que las partículas secundarias son aquellas que se originan a partir de
las emisiones de sus precursores gaseosos.
Las principales fuentes de partículas primarias naturales son las emisiones fugitivas de los suelos,
que dan lugar a partículas minerales; la superficie de mares y océanos, generadora del aerosol
marino; los volcanes y las emisiones biogénicas, constituidas principalmente por restos vegetales
y microorganismos. Pese a que la mayor parte de la materia particulada natural es de origen
primario también contiene un componente secundario, constituido principalmente por sulfatos,
nitratos y aerosoles orgánicos. Las fuentes antropogénicas de materia particulada son muy
diversas, encontrándose mayoritariamente en zonas urbanas e industriales. En zonas urbanas el
tráfico (especialmente los vehículos diésel) es la principal fuente de partículas primarias y procede
tanto de las emisiones de los motores de los vehículos (principalmente materia carbonosa o black-
carbon) como de la erosión del pavimento, frenos y neumáticos. Dentro del ámbito industrial las
fuentes de partículas primarias son múltiples, destacando las emisiones derivadas de la combustión
de productos fósiles, la fundición de metales como cobre o cinc, y la producción de cemento,
cerámica y ladrillos entre otros. A estas emisiones que salen por las chimeneas hay que sumar
aquellas derivadas de la manipulación y transporte de materiales, denominadas emisiones fugitivas
(P. ej. minería, construcción, producción de cemento y cerámica). La agricultura también
representa una fuente considerable de partículas primarias debido al laboreo, el movimiento de
tierras y la quema de biomasa.
Los principales componentes de las partículas secundarias antropogénicas, al igual que ocurría con
las partículas naturales, son también sulfatos, nitratos y aerosoles orgánicos. Los sulfatos se forman
por oxidación del SO2 emitido en procesos de combustión y los nitratos se forman por oxidación
de los óxidos de nitrógeno emitidos por los automóviles y determinados procesos industriales y de
generación eléctrica.
Efectos: La exposición a material particulado en el aire ambiente supone unos de los principales
riesgos para la salud humana en el ámbito de la contaminación atmosférica. Para la determinación
de sus efectos es fundamental la distribución de tamaños, ya que las partículas más pequeñas
penetran con mayor facilidad en los alvéolos pulmonares, y la composición química de las mismas,
que determina diferentes niveles de toxicidad.
Los efectos de este contaminante se observan tanto a largo plazo (contaminación crónica) como
durante situaciones episódicas (contaminación aguda). El material particulado penetra en el
organismo por las vías respiratorias y las partículas profundizan más o menos en función de su
diámetro. Así, las partículas inhalables (diámetro inferior a 100 mm) quedan retenidas en las vías
respiratorias altas (nariz y boca); las partículas torácicas (diámetro inferior a 10 mm, también
denominadas PM10) penetran más allá de la laringe y alcanzan la región traqueo bronquial, y las
partículas respirables, debido a su pequeño tamaño (diámetro inferior a 4 mm), son capaces de
acceder hasta la región de intercambio de gases (alvéolos pulmonares).
Los principales efectos vinculados a la exposición a MPA son aumento en la frecuencia de cáncer
pulmonar, muertes prematuras, síntomas respiratorios severos, irritación de ojos y nariz,
exacerbación del asma y agravamiento en caso de enfermedades cardiovasculares. Así mismo, su
acumulación en los pulmones puede originar enfermedades como la silicosis y la asbestosis.
Además de sus efectos sobre la salud, el material particulado es capaz de ejercer una marcada
influencia en nuestro entorno desde una escala global, por su influencia en el cambio climático,
hasta una más local, asociada a la reducción de la visibilidad. Asimismo, las partículas son también
responsables de la degradación de los edificios y los monumentos históricos y de la alteración de
los ecosistemas.
El material particulado influye en el balance radiactivo absorbiendo o dispersando la radiación
solar, procesos que influyen directamente en el clima global de la Tierra. Pese a que en un principio
no era tenido en cuenta en los modelos de análisis de cambio climático, actualmente se considera
que su influencia es tan importante como la de los gases de efecto invernadero, si bien a una escala
menor debido a su pequeño tiempo de residencia en la atmósfera.
Un efecto claramente perceptible del material particulado es la reducción de la visibilidad, que se
puede ver alterada por la absorción o dispersión de la radiación solar en el espectro de la luz visible.
Un claro ejemplo de descenso de la visibilidad en nuestras latitudes es el provocado por la entrada
de masas de aire cargadas con partículas procedentes del Norte de África.
Respecto a los efectos del material particulado sobre los ecosistemas éstos pueden resultar
positivos o negativos, lo cual será función de la concentración y características físico-químicas de
dicho material. El depósito de partículas ácidas puede inducir efectos negativos en la superficie
terrestre y en la vegetación, tales como acidificación y eutrofización. La deposición de partículas
sobre las plantas puede dañar la superficie de las mismas y reducir su capacidad fotosintética, lo
que deriva en un menor crecimiento.
Finalmente, el depósito de partículas puede afectar llamativamente a la superficie de edificios,
monumentos y obras de arte, provocando daños tanto físicos como químicos que a menudo obligan
a invertir grandes cantidades de dinero en su mantenimiento.
Bibliografía.
Fundación crana Fundazioa: Una nueva cultura hacia la sostenibilidad. Recuperado de
[Link]
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Maestro en D.U.A. Arq. Vicente A. Silva C. Observatorio Urbano de León Coordinador de la
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