Judaism o
Judaism o
El judaísmo es la religión monoteísta más antigua, y va de la mano con la historia del pueblo
judío. Su fundamento yace en el pacto original entre Abrahamy Dios, alrededor del año 1900
a. C, cuando Abraham fue llamado a abandonar su hogar en Ur y viajar a Canaán (más tarde
conocido como Palestina e Israel), una tierra que Dios prometió dar a sus descendientes. El
segundo y principal pacto se hizo 450 años más tarde cuando Moisés sacó a los judíos de
la esclavitud en Egipto (el éxodo) de regreso a las tierras de Canaán. En el monte de
Horeb (Sinaí), Dios le dio al pueblo judío los 10 mandamientos y otras reglas para vivir
(contenidas en la Torá, los primeros cinco libros de la Biblia), marcando el comienzo del
judaísmo como una religión estructurada. La civilización judía después del éxodo prosperó en
los reinos de Israel y Judá, originalmente encabezada por poderosos reyes como Saúl, David y
Salomón. En 586 a.C., los babilonios invadieron Jerusalén, llevando a muchos cautivos al exilio
y destruyendo el templo. Un segundo templo fue construido cuando los judíos regresaron
alrededor de 538 a. C., el cual fue destruido por los romanos en el 70 a.C.
Los tres principales patriarcas son: Abraham que fue a quien Dios escogió
primero, Isaac y Jacob, quienes son considerados como los padres del pueblo de Israel. Trece
siglos antes de la era cristiana, Moisés había recibido la Torá que son los cinco primeros libros
de la Biblia, en el monte Sinaí, después de la Revelación de los Diez Mandamientos a todo el
pueblo de Israel. El judaísmo fue fundado por Moisés, aunque los judíos remontan su historia a
Abraham.
Los judíos creen que solo hay un Dios con quien tienen un pacto.
Por todo el bien que Dios ha hecho por el pueblo judío, ellos guardan las leyes de
Dios y tratan de traer santidad a cada aspecto de sus vidas.
La ley judía tradicional u oral, la interpretación de las leyes de la Torá, se llama halajá.
Los líderes espirituales se conocidos con el nombre de rabinos.
Los judíos adoran a Dios en las sinagogas.
El libro más importante para el judaísmo es la Biblia judaica también llamada Tanakh.
Los primeros 5 libros de la biblia forman la Torá o ley dentro que sigue la religión judía.
Es un sistema monoteísta.
Con el pasar de los años, el judaísmo se ha dividido en ramas. Las tres ramas principales son las
siguientes:
Judaísmo Reformista: Su fundador fue Avraham Geiger, como una necesidad ante la
iluminación de la nueva era de tecnología. Se basa en el judaísmo monoteísta, pero
con responsabilidad individual en lugar de ir siempre a los rabinos.
Judaísmo Ortodoxo: Surgió como una reacción ante el judaísmo reformista, plantea los
siguientes postulados: Los 13 principios de fe del Rambam, la Torá y el halajá son
obligatorios.
Judaísmo Conservador: Fue creado por Zejaria Frankel, surge como respuesta a los
excesos reformistas. Plantea que para que el judío debe mantenerse judío, pero
interactuar con el mundo, la educación secular y el método científico.
Judaísmo Jasídico: Fundado por Israel Ben Eliezer, quiso hacer el judaísmo algo más
espiritual, algo más allá de la fría ortodoxia.
Judaísmo Caraita: Opuestos a la idea de una torá oral y la autoridad rabínica.
Los judíos creen que Dios es el único creador de todo lo que nos rodea. Que Él es uno, que no
tiene cuerpo y que únicamente se debe rendir adoración a Él. Creen en los primeros cinco
libros de la Biblia hebrea, pues fueron revelados por Dios a Moisés. Creen que Dios premia a
las personas que hacen buenas obras y que castiga el mal, para ellos las acciones y el
comportamiento son importantes. No aceptan la creencia original del pecado de Adán y Eva.
Creen también que no se necesita un salvador extra ni que son necesarios los intercesores.
EL CRISTIANISMO
El cristianismo es la religión más popular que podemos encontrar alrededor del mundo con
más de 2 mil millones de fieles. Es una de las tres religiones más grandes del mundo la cual es
considerada como una religión monoteísta. Su base y su único fundamento son
las enseñanzas que dejó el Señor Jesucristo. La religión se deriva de la vida, las enseñanzas y
la muerte de Jesús de Nazaret en el siglo I a.C. Geográficamente es la más difundida de todas
las religiones y tiene una gran cantidad de fieles y seguidores, aproximadamente más de 2 mil
millones de creyentes. Sus grupos más grandes son la Iglesia Católica Romana, las
iglesias Ortodoxas Orientales y las iglesias protestantes. Además de estas iglesias, hay varias
iglesias independientes de la cristiandad oriental, así como numerosas sectas en todo el
mundo.
El cristianismo consiste en seguir los pasos y las enseñanzas de Jesucristo cuando estuvo en la
tierra. Se rigen bajo el libro sagrado, la Biblia, la cual está compuesta por un Antiguo
Testamento y por el Nuevo Testamento. Las enseñanzas que se encuentran en el nuevo libro
son las que se utilizan para dar las pautas de vida a seguir en la vida de los cristianos.
Las principales características del cristianismo son:
El cristianismo tiene su origen en las raíces del judaísmo. En medio de la confusión que existía
en Judea, Jesús de Nazareth empezó a predicar. Para las autoridades romanas el nazareno era
simplemente un revolucionario que quería transformar las esperanzas judías revolucionando al
pueblo en su contra. Por esta razón Jesús fue crucificado. Al imperio romano llegó en el año
300 d.C. por medio de Pablo de Tarso, uno de los apóstoles de Jesús. El cristianismo inició
como una especie de movimiento dentro del judaísmo.
Al inicio se propagó con lentitud, aunque las enseñanzas de Jesús se difundían entre los
pobladores. La historia de la iglesia cristiana inició luego de la resurrección de Jesucristo, los
primeros convertidos fueron judíos y la iglesia se ubicaba en Jerusalén. Al inicio fue visto como
una secta judía, sin embargo, sus predicas eran totalmente opuestas a ellas. Jesús era
el mesías judío que había venido a la tierra a cumplir con la ley. Estas ideas provocaron la ira
de los romanos, por lo que decidieron quitarlo del camino. La historia también se basa en
el Antiguo Testamento pues éste es el que explicaba la necesidad de un Mesías. En el año 312
d.C., Constantino quien era el emperador de Roma, se convirtió al cristianismo y años después
la religión pasó a ser la oficial del Imperio Romano. Luego de esto, los cristianos ya no fueron
perseguidos.
Los primeros que expandieron el cristianismo fueron los apóstoles que seguían fielmente los
mandatos de Cristo, de ir y anunciar el evangelio. Se considera que fueron los hombres más
humildes de la época los encargados de diseminar el evangelio. En el siglo IV, ya la religión
había llegado al Oriente, Siria, Asia Menor, Armenia, Roma y África.
LOS APOLOGISTAS
EN EL siglo II de nuestra era se desató una gran ola de persecución contra los cristianos. Ante
las falsas acusaciones de incesto, asesinato de niños y canibalismo, algunos de ellos se
sintieron impulsados a defender sus creencias por escrito. Estos hombres —conocidos
posteriormente como “apologistas” porque afirmaban ser defensores de la fe cristiana— se
propusieron demostrar a las autoridades romanas y a la opinión pública que su religión no era
como la pintaban. Pero esta empresa tenía sus riesgos. Para empezar, ni la sociedad en general
ni el Estado solían permitir que se los contradijera, de modo que cabía la posibilidad de que sus
escritos avivaran el odio contra los cristianos. También podía suceder que, en su afán de
aplacar a sus perseguidores, hicieran algunas concesiones y acabaran tergiversando la doctrina
cristiana. Así pues, ¿cómo les fue? ¿Qué argumentos utilizaron para defender el cristianismo?
Y lo más importante, ¿lo consiguieron?
Entre los opositores había algunos, como el filósofo Celso, que acusaban a los cristianos de
no ser más que simples “cardadores de lana, zapateros, [...] personas de la mayor ignorancia y
desprovistas de toda educación”. Cansados de tanta burla, los apologistas adoptaron una
nueva estrategia para reivindicar su buen nombre: pusieron al servicio de la causa “cristiana”
la sabiduría humana que antes habían condenado. Clemente de Alejandría, por ejemplo,
afirmó que cierta filosofía era “verdadera teología”. Algo parecido ocurrió con Justino. Aunque
afirmaba rechazar el pensamiento pagano, fue el primero en emplear términos y conceptos
filosóficos para expresar ideas supuestamente cristianas. Según él, ese tipo de cristianismo era
“la filosofía segura y provechosa”.
Como parte de su nueva estrategia, los apologistas dejaron de atacar la filosofía pagana y
trataron de demostrar que su filosofía cristiana era superior. Justino lo explicó así: “Hay cosas
que decimos de modo semejante a los poetas y filósofos que vosotros estimáis, y otras de
modo superior y divinamente”. Además, empezaron a reclamar el respeto que el pensamiento
cristiano —ahora engalanado con palabrería filosófica— merecía por su antigüedad. Los
apologistas sostenían que los profetas de la Biblia eran anteriores a los filósofos griegos y que
sus escritos sagrados eran mucho más antiguos que las obras griegas. Algunos incluso
concluyeron que los pensadores griegos habían copiado a los profetas. Prácticamente
convirtieron a Platón en discípulo de Moisés.
UNIDAD VII
El Imperio Romano había adquirido una extensión de tal magnitud, que la defensa territorial y
su administración se tornaba sumamente dificultosa. En el año 285, Diocleciano procedió a
dividirlo en Imperio de Oriente, cuyo mando se reservó, y de Occidente, que encomendó a
Maximiano, su camarada de armas, con capital en Milán, estableciendo una Diarquía.
En el año 293 se originó un sistema político llamado tetrarquía, nombrándose para su gobierno
dos augustos, cargos que ocuparon Diocleciano y Maximiano y dos césares, de menor jerarquía
que los augustos: En la parte occidental, fue nombrado césar, Constancio Cloro, a quien le
correspondió dirigir Hispania, Britania y la Galia. El otro César fue Galerio, a quien le fue
adjudicado Iliria y Grecia. Cada zona tenía sus propias finanzas, su ejército, su organización
judicial y su Consejo del Príncipe. El Senado fue perdiendo paulatinamente el poder.
La sede del gobierno oriental fue establecida por Diocleciano, en Nicomedia (Asia Menor) y
Maximiano, el de la parte occidental en Milán. Roma dejó de ser así la capital del Imperio, que
había sido siempre.
La monarquía vitalicia y hereditaria de épocas anteriores, dejó de existir. Los augustos durarían
en sus funciones 20 años, al cabo de los cuales ese cargo sería ocupado por los césares,
quienes nombrarían dos nuevos césares atendiendo a la aptitud, y no al parentesco.
Reformas administrativas
Las prefecturas fueron divididas en 12 diócesis, a cargo de los vicarii, y a su vez, las diócesis, se
subdividieron en provincias, que siendo en el principio de su reinado, 87, llegaron a 122,
cuando abdicó. Las provincias quedaban subordinadas jerárquicamente al gobierno central.
Reformas militares
Aumentó el número de miembros del ejército que llegaron a reunir medio millón de hombres,
profesión que jerarquizó, profesionalizándola.
Hasta entonces quien ejercía la autoridad civil y administrativa en una provincia adquiría el
mando militar. A partir de Diocleciano, los “duces” o conductores, serían los jefes militares
independientes de la autoridad civil, bajo la directa dependencia de los prefectos del pretorio y
de los augustos o césares que correspondieran. Las legiones aumentaron a 60, de 39
originarias.
Reformas sociales
Se profundizó la división en clase alta (honestiores) que a su vez se subdividieron en subclases
hereditarias y jerarquizadas, y los de clase baja (humiliores), con capitales menores a 400.000
sextercios, que comenzaron a agruparse por oficios.
Reformas religiosas
Fue un gran perseguidor de cristianos, sobre todo, luego de un incendio en su palacio, del que
acusó a los que profesaban esa religión. El motivo principal era que ese nuevo culto, de Dios
único, representaba un peligro a la adoración de su persona, que ya no podría justificarse.
Reformas judiciales
En el año 294, Diocleciano dictó una Constitución que reemplazó el procedimiento formulario,
por el extraordinario. Las causas pasaron a ser resueltas por los presidentes de provincias,
anulando las clásicas dos instancias: la etapa in iure que se realizaba ante el magistrado y la
apud iudicem que se hacía ante el juez, aceptándose la apelación. De la sentencia del juez,
ahora funcionario público, podía apelarse ate el prefecto, y esta decisión, ante el emperador.
Reformas económicas
Estableció precios máximos a los bienes y servicios por “el edicto del máximo” del año 301
para evitar la gran inflación, que no pudo frenarse con la acuñación de monedas.
Reformas financieras
Creó un sistema complejo de impuestos directos, que no podían trasladarse, e indirectos.
Entre los primeros, figuraban el impuesto a la tierra o a las propiedades. Entre los indirectos
que podían trasladarse al precio de los productos, estaban los impuestos aduaneros. Las
aduanas interiores del imperio (circulaciones interprovinciales) grababan los productos
encareciendo el precio final.
Además según la clase social, había impuestos que debían ser soportados por los senadores,
comerciantes y artesanos.
El 1 de mayo del 305, cumplidos sus 20 años de mandato, los augustos Diocleciano y
Maximiano se retiraron de la escena política. Diocleciano falleció en el año 313 en Spalatum
(Dalmacia) donde había construido su residencia palaciega.
CONSTANTINO Y TEODOSIO
Esta ley se extendió a Italia en el año 319 En la práctica significaba que el Estado romano
reconocía al clérigo cristiano idéntica situación que al pagano. Estas dos leyes, conservadas en
el Código de Teodosio datan de octubre del 313.
Dichos pueblos pasaban a trabajar tierras como jornaleros y muchos de ellos acabaron como
tropas auxiliares en los ejércitos del Imperio, en muchas ocasiones la mayoría de estos iban
subiendo en popularidad ocupando cargos cada vez más altos dentro de este. El gran
problema llega a partir del siglo IIIcuando comienzan a entrar de forma masiva muchos
pueblos por todo el limex, haciendo imposible por parte del ejercito su contención.
Un elemento que debemos tener en cuenta es que el Imperio para dicha época se encontraba
inmerso en un sinfín de guerras civiles por las cuales los emperadores apenas duraban en su
cargo, pues estos solían ser jefes militares que llegaban al poder tras un golpe de Estado y que
una vez asentados perdían la confianza de la población, de esa manera llegaba otro con un
ejército más numeroso y lo deponía.
En esta otra lección te descubrimos las diferencias entre el Imperio Romano de Oriente y de
Occidente.
Germanos
Fue una raza blanca, que se estableció desde el río Rin hasta el Oder, y dentro de estos
podemos encontrar a los anglos, alamanes, trancos, suevos, borgoñones, daneses, sajones,
lombardos, hérulos, visigodos/ostrogodos, francos, … Este grupo será el más importante, pues
fueron estos los que acabarían desmoronando al Imperio romano de occidente.
Eslavos
Pertenecientes también a la raza blanca procedían del valle del Danubio, además de habitar
Bohemia y el río Vístula. Dentro de estos encontraremos a los polacos, eslavones, serbios,
bosníacos, croatas, moravos o vénetos.
Mongoles y tártaros
Dentro de ellos el pueblo más importante para nuestro resumen breve sobre las invasiones
bárbaras, serán los hunos, los cuales protagonizarían unas de las escaramuzas más
importantes dentro del Imperio. también dentro de este encontraremos a los avaros, búlgaros
o húngaros.
A partir del siglo I es cuando comienzan a entrar en la frontera del Imperio,en busca de nuevas
tierras para asentarse además de botines más importantes. En ningún momento buscaron
aniquilar al Imperio, debido a que sus líderes anhelaban tener los mismos títulos que los
romanos, como cónsul, pretor…
De hecho encontraremos un gran número de pueblos situados dentro de las fronteras del
Imperio que actuaban como aliados del imperio, ayudando a mantener a raya a las diferentes
tribus que entraban en la frontera y que intentaban desestabilizar la vida dentro de esta.
Pero en el siglo V encontraremos un avance incontrolable de estos que acabó por destruir la
red administrativa, y fueron muchos los pueblos que arrasaron todo el territorio saqueándolo
todo, e incluso llegarían a deponer en el año 473 al último emperador, Rómulo Augusto.
Ostrogodos
En el año 493 tras una serie de escaramuzas, Teodorico eliminaba a Odoacro, el jefe militar
que había acabado con el último emperador de Roma, a partir de ese momento se instaló en
Italia un reino independiente cuya capital fue Rávena. Desde ese momento mantendría buenas
relaciones con Constantinopla, sede el Imperio romano de Oriente.
Para mantener el reino, Teodorico, quiso mantener la administración imperial junto con el
sistema burocrático romano. Por ello instó a su pueblo a tener buenas relaciones con los
romanos, respetando por tanto su cultura y sus tradiciones, las cuales fueron tomando fuerza,
llegando a ser tomadas como propias por el nuevo pueblo.
Visigodos
Dicho pueblo llegó desde la cuenca de Panonia hasta el interior de Italiabuscando las riquezas
del Imperio de occidente. De esa manera en el año 410 llegaban por primera vez a las puertas
de Roma, de ahí sacaron un gran botín procedente de los templos, además de obtener un gran
número de nuevos hombres para sus ejércitos, provenientes de la liberación de todos los
esclavos de la ciudad.
En el año 411 volverían a presentarse ante las puertas de Roma y al no tener estos formas con
las que pagar el fin del asedio, incendiaron la ciudad y la saquearon. Posteriormente su rey,
Alarico, quiso marchar hacia África para acabar con la resistencia romana que allí había, pero
su muerte le sorprendió antes de embarcar. De esta manera sobre el 412 y tras una serie de
racias por Italia, se conformaba dentro del Imperio romano de occidente el primer reino
independiente de origen bárbaro.
Estos llegaron a un pacto con el emperador Honorio, por el cual a cambio de respetar al nuevo
reino se ofrecían a pacificar la Galia e Hispania de las diversas poblaciones bárbaras que habían
accedido con anterioridad y que estaban causando estragos por dicha parte del Imperio, de
esa manera pasaron a ser confederados del Imperio.
Francos
Procedían de las orillas del Rin y desde el 258 se tenía constancia de ellos, pues las tropas
imperiales habían tenido varios encontronazos mientras intentaban pacificar la zona.
En el año 507 expulsaron a los visigodos del reino de Tolosa, conformando así su reino, el cual
poco a poco fue creciendo por lo que hoy es Francia y parte de Alemania, de dicho pueblo
sería la figura más sobresaliente fue la de Carlomagno.
Se dice que este pueblo fue invitado a entrar por los mismos romanos de las Galias, debido a
que era el único pueblo de origen bárbaro que profesaba la religión católica, es decir, que no
procedían de la herejía del arrianismo. Además, parece ser que dentro de los pueblos que
entraron en contacto con el Imperio, era el más culto y civilizado junto con los visigodos.
Tenían una gran artesanía y además eran buenos agricultores.
La expresión «Padres» se aplica, pues, a los grandes escritores cristianos anteriores al año 750,
que reúnen los tres rasgos característicos de ortodoxia de doctrina, santidad de vida y la
aprobación al menos tácita de la Iglesia.
Los Padres aparecen como los testigos de la Tradición en la Iglesia, en aquellas doctrinas en las
que sus afirmaciones son coincidentes. Es el criterio de la unanimidad moral, ya formulada
por San Vicente de Lérins en su célebre Commonitorium (434): «Hay que recibir —decía— las
sentencias de aquellos Padres que, viviendo santa, sabia y constantemente en la fe y
comunión católica, merecieron ya sea morir fielmente en Cristo, ya sea ser felizmente muertos
por Cristo. Pero hay que creerlas de acuerdo con esta norma: Todo lo que todos o muchos
afirmaron manifiesta, frecuente o perseverantemente en uno y el mismo sentido, téngase
por indudable, cierto y confirmado». Esta doctrina, en el campo concreto de la interpretación
de la Sagrada Escritura fue sancionada por el Concilio de Trento: «a nadie le es lícito
interpretar la Escritura contra el consenso unánime de los Padres» (Dz 786).
PADRES ORIENTALES
San Atanasio
Breve biografía
El más antiguode los Padres orientales fue San Atanasio, obispo de Alejandría y principal
defensor de la ortodoxia católica frente a la herejía arriana. Atanasio, siendo aún diácono,
participó en el Concilio de Nicea del año 325, donde desempeñó un papel relevante. Tres años
más tarde fue elegido obispo de Alejandría y consagró más tarde su vida a la defensa de la fe
ortodoxa definida en Nicea. Su pontificado se prolongó durante 45 años, 17 de los cuales los
pasó desterrado —en Tréveris, en Roma, entre los monjes del desierto egipcio— como
consecuencia del extraño signo que tuvo la época del postconcilio niceno, cuando
el Arrianismo condenado en Nicea pareció prevalecer merced al influjo conseguido por el
obispo filoarriano Eusebio de Nicomedia sobre los emperadores de la dinastía constantiniana.
Sus escritos
En el plano teológico, la victoria final sobre el Arrianismo fue conseguida merced a la obra de
tres Padres pertenecientes, como Atanasio, a la escuela alejandrina y que son conocidos con el
título común de los grandes capadocios: los hermanos Basilio de Cesárea (+379 aprox) y
Gregorio de Nisa (335-394?) y su amigo Gregorio de Nacianzo (+389-390).
Basilio, llamado el Grande, fue arzobispo de Cesárea y destacó, no sólo por sus escritos
teológicos antiarrianos, sino también como hombre de gobierno y organizador del
monacato oriental. Fue autor de dos reglas monásticas y de una liturgia que lleva su
nombre. Su tratado «A los jóvenes» encierra todo un programa de humanismo
cristiano.
Su amigo Gregorio Nacianceno compuso la «Filocalia», una antología de las obras
de Orígenes, y fue llamado por su elocuencia el «Demóstenes cristiano». Sus discursos,
dirigidos a defender la dignidad del Hijo y del Espíritu Santo le valieron el apelativo de
«el Teólogo».
El tercero de los Padres capadocios fue el hermano menor de Basilio, Gregorio de Nisa.
Dotado de un excepcional talento especulativo, y seguramente el más profundo de los
tres, compuso la «Gran Catequesis», una excelente exposición y defensa de los
principales dogmas del Cristianismo, y escribió un sugestivo «Diálogo», mantenido con
su hermana Macrina, acerca del alma y la resurrección. Fue uno de los Padres de la
mística cristiana y descubrió, sobre la base de su experiencia personal, la acción del
Logos en el alma, que completa la obra de salvación incoada en el bautismo.
El doctor egipcio más ilustre del siglo V fue sin duda San Cirilo, obispo de Alejandría (412-
444); Cirilo mantuvo la doctrina ortodoxa frente a Nestorio y, por su defensa del título
de Madre de Dios para la Virgen, ha de considerarse como el principal mariólogo entre todos
los Padres de la Iglesia. Su influencia fue decisiva en el concilio de Efeso, donde se definió —
como ya se ha dicho— la Maternidad divina de María.
Padres Occidentales
El primero de los grandes Padres occidentales fue, por encima de cualquier otra consideración,
un personaje histórico de gran relieve: San Ambrosio(333-397), que desarrolló una notable
actividad literaria de exégesis bíblica y predicación, pero estuvo, además, en el centro de la
actualidad, en una apoca singularmente conflictiva y difícil. Ambrosio fue un genuino romano,
y esa cualidad se deja sentir tanto en su brillante carrera civil como en su gobierno pastoral de
obispo de Milán, a cuya sede fue elevado por aclamación popular, siendo todavía simple
catecúmeno.
Correspondió a San Ambrosio el honor de administrar el bautismo a quien habría de ser el
mayor de los Padres occidentales, San Agustín. Le tocó en suerte también ser amigo y
consejero de tres emperadores y excomulgar a uno de ellos —Teodosio el Grande— por
la matanza de Tesalónica; pero a su muerte hizo de él un impresionante elogio fúnebre, tan
sentido como la oración que pronunciara años antes en memoria de su antecesor Valentiniano
II. La fama de Ambrosio trascendió a su sede episcopal —Milán—, cuyo prestigio se acrecentó
considerablemente, no sólo en Italia del Norte, sino también en otras regiones del Occidente
latino.
El Occidente romano dio también a la historia cristiana su más insigne cultivador de la Sagrada
Escritura: el dálmata Eusebio Jerónimo (342-420). Merece la pena destacar que Jerónimo,
como la mayoría de los Padres de la Iglesia, no vivió una existencia recoleta, consagrada a los
estudios y de espaldas a las realidades de su tiempo. Antioquía y Constantinopla, Tréveris y
Roma fueron sucesivas residencias de San Jerónimo, que terminó por establecerse en Belén, la
ciudad natal de Jesús.
Jerónimo fue también algo muy distinto a un erudito intelectual o un puro hombre de
estudio. Polemista apasionado, promovió con entusiasmo el ascetismo en su labor de dirección
espiritual de nobles damas de la aristocracia romana. Su obra como historiador y exegeta es
muy notable; mas su gran legado ha sido la traducción de numerosos libros de la Biblia,
directamente del hebreo o arameo al latín. Esta versión es la célebre Vulgata, cuya
«autenticidad», declarada por el Concilio de Trento, significa que en materia de fe y
costumbres está exenta de error. A Jerónimo se debe también la primera historia de la
literatura cristiana: los «Varones ilustres», que fue continuada por Genadio de Marsella.
El principal Padre de la Iglesia y una de las figuras cumbres de la historia cristiana, y aun de
toda la humanidad, fue el africano Aurelio Agustín (354-430). Sus «Confesiones» —
autobiografía espiritual desde la infancia hasta su conversión— es una obra maestra de la
literatura universal, que conserva intacta su modernidad a través de los siglos e interesa al
lector de todos los tiempos.
San Agustín comentó el Antiguo y el Nuevo Testamento y trató los grandes temas de la
Teología, que gracias a su aportación experimentó decisivos avances. Hombre de su
época, Agustín se interroga acerca de los acontecimientos históricos que se sucedían ante sus
ojos, y en especial la ruina del Imperio romano de Occidente, abatido por las invasiones
bárbaras, justamente cuando había llegado a ser un Imperio cristiano. Los paganos
interpretaban estas desgracias de Roma como un castigo de los dioses, por haber abandonado
la vieja religión. Agustín escribió en respuesta «La Ciudad de Dios», ensayo de Teología de la
Historia y tratado de Apologética, en el cual se pregunta por el sentido de los tiempos y el plan
de la Providencia divina.
En su ancianidad, experimentó de cerca la inclemencia del tiempo que le tocó conocer y murió
en su ciudad episcopalde Hipona, cercada por los vándalos. El título de Doctor gratiae con el
que es conocido en la historia de la Teología recuerda especialmente el largo esfuerzo
desplegado por él para combatir la doctrina racionalista de Pelagio sobre la gracia. La Iglesia de
Occidente cuenta también entre sus Padres a dos papas a los cuales la historia les atribuye el
apelativo de «Magno»: León y Gregorio.
San León Magno y San Gregorio Magno
León I —tal como se ha visto— contribuyó de modo sustancial a la formulación del dogma
cristológico. La teología del Primado romano y su fundamentación escriturística en el Primado
conferido por Cristo a Pedro se debe igualmente en buena parte a San León.
Un español —San Isidoro de Sevilla (636)— puede considerarse en rigor como el último Padre
occidental. Sus «Etimologías» fueron la primera enciclopedia cristiana, y su misión, la de ser el
maestro del Occidente medieval, al que hizo llegar las riquezas de la sabiduría de la
Antigüedad.
. Introducción
Agustín de Hipona, San (354-430), el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más
eminentes doctores de la Iglesia occidental. Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en
Tagaste, Numidia (hoy Souk-Ahras, Argelia). Su padre, Patricio (fallecido hacia el año 371), era
un pagano (más tarde convertido al cristianismo), pero su madre, Mónica, era una devota
cristiana que dedicó toda su vida a la conversión de su hijo, siendo canonizada por la Iglesia
católica romana. Agustín se educó como retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste,
Madaura y Cartago. Entre los 15 y los 30 años vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se
desconoce, con la que tuvo un hijo en el año 372 al que llamaron Adeodatus, que en latín
significa regalo de Dios.
Doctores de la Iglesia, eminentes maestros cristianos proclamados por la Iglesia como
merecedores de ese título, que viene del latín Doctor Ecclesiae. De acuerdo con este rango, la
Iglesia reconoce la contribución de los citados teólogos a la doctrina y a la comprensión de la
fe. La persona así llamada tiene que haber sido canonizada previamente y haberse distinguido
por su erudición. La proclamación tiene que ser realizada por el Papa o por un concilio
ecuménico. Los primeros Doctores de la Iglesia fueron los teólogos occidentales san Ambrosio,
san Agustín de Hipona, san Jerónimo y el Papa san Gregorio I, que fueron nombrados en 1298.
Los correspondientes Doctores de la Iglesia de Oriente son san Atanasio, san Basilio, san Juan
Crisóstomo y san Gregorio Nacianceno. Fueron nombrados en 1568, un año después de que se
designara con la misma condición a santo Tomás de Aquino. Mujeres que han alcanzado esta
distinción fueron santa Catalina de Siena y santa Teresa de Jesús (en 1970) y santa Teresa del
Niño Jesús (en 1997).
2. Contienda Intelectual
Inspirado por el tratado filosófico Hortensius, del orador y estadista romano Cicerón, Agustín
se convirtió en un ardiente buscador de la verdad, estudiando varias corrientes filosóficas
antes de ingresar en el seno de la Iglesia. Durante nueve años, del año 373 al 382, se adhirió al
maniqueísmo, filosofía dualista de Persia muy extendida en aquella época por el Imperio
Romano de Occidente. Con su principio fundamental de conflicto entre el bien y el mal, el
maniqueísmo le pareció a Agustín una doctrina que podía corresponder a la experiencia y
proporcionar las hipótesis más adecuadas sobre las que construir un sistema filosófico y ético.
Además, su código moral no era muy estricto; Agustín recordaría posteriormente en sus
Confesiones: "Concédeme castidad y continencia, pero no ahora mismo". Desilusionado por la
imposibilidad de reconciliar ciertos principiosmaniqueístas contradictorios, Agustín abandonó
esta doctrina y dirigió su atención hacia el escepticismo.
Hacia el año 383 se trasladó de Cartago a Roma, pero un año más tarde fue enviado a Milán
como catedrático de retórica. Aquí se movió bajo la órbita del neoplatonismo y conoció
también al obispo de la ciudad, san Ambrosio, el eclesiástico más distinguido de Italia en aquel
momento. Es entonces cuando Agustín se sintió atraído de nuevo por el cristianismo. Un día
por fin, según su propio relato, creyó escuchar una voz, como la de un niño, que repetía:
"Toma y lee". Interpretó esto como una exhortación divina a leer las Escrituras y leyó el primer
pasaje que apareció al azar: "... nada de comilonas y borracheras, nada de lujurias y
desenfrenos, nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no os
preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias" (Rom. 13, 13-14). En ese momento
decidió abrazar el cristianismo. Fue bautizado con su hijo natural por Ambrosio la víspera de
Pascua del año 387. Su madre, que se había reunido con él en Italia, se alegró de esta
respuesta a sus oraciones y esperanzas. Moriría poco después en Ostia.
Maniqueísmo, antigua religión que tomó el nombre de su fundador, el sabio persa Mani (c.
216-c. 276). Durante varios siglos representó un gran desafío para el cristianismo.
Mani nació en el seno de una aristocrática familia persa del sur de Babilonia (actual Irak). Su
padre, un hombre muy piadoso, lo educó en una austera secta bautista, posiblemente la de los
mandeos. A la edad de 12 y luego a los 24 años, Mani creyó haber tenido apariciones, en las
que un ángel lo nombraba el profeta de una nueva y última revelación. En su primer viaje
misionero, Mani llegó a la India, donde recibió la influencia del budismo. Bajo la protección del
nuevo emperador persa Shapur I (quien reinó entre 241 y 272), Mani predicó en todo el
Imperio, e incluso envió misioneros al Imperio romano. La rápida propagación del
maniqueísmo provocó una actitud hostil por parte de los líderes del zoroastrismo ortodoxo.
Cuando Bahram I sucedió en el trono al emperador anterior (entre 274 y 277), lo convencieron
de que arrestara a Mani, culpándolo de herejía. Al poco tiempo Mani murió, no se sabe si en
prisión o ejecutado.
Mani se autoproclamaba el último de los profetas, dentro de los que se consideraba a
Zoroastro, Buda y Jesús, y cuyas revelaciones parciales, según él, estaban contenidas y se
consumaban en su propia doctrina. Aparte del zoroastrismo y del cristianismo, el maniqueísmo
es otro de los movimientos religiosos que reflejan una fuerte influencia del gnosticismo.
La doctrina fundamental del maniqueísmo se basa en una división dualista del universo, en la
lucha entre el bien y el mal: el ámbito de la luz (espíritu) está gobernado por Dios y el de la
oscuridad (problemas) por Satán. En un principio, estos dos ámbitos estaban totalmente
separados, pero en una catástrofe original, el campo de la oscuridad invadió el de la luz y los
dos se mezclaron y se vieron involucrados en una lucha perpetua. La especie humana
es producto, y al tiempo un microcosmos, de esta lucha. El cuerpo humano es material, y por
lo tanto, perverso; el alma es espiritual, un fragmento de la luz divina, y debe ser redimida del
cautiverio que sufre en el mundo dentro del cuerpo. Se logra encontrar el camino de la
redención a través del conocimiento del ámbito de la luz, sabiduría que es impartida por
sucesivos mensajeros divinos, como Buda y Jesús, y que termina con Mani. Una vez adquirido
este conocimiento, el alma humana puede lograr dominar los deseos carnales, que sólo sirven
para perpetuar ese encarcelamiento, y poder así ascender al campo de lo divino.
Los maniqueos estaban divididos en dos clases, de acuerdo a su grado de perfección espiritual.
Los llamados elegidos practicaban un celibato estricto y eran vegetarianos, no bebían vino y no
trabajaban, dedicándose sólo a la oración. Con esa postura, estaban asegurando su ascensión
al campo de la luz después de su muerte. Los oyentes, un grupo mucho más numeroso, lo
formaban aquellos que habían logrado un nivel espiritual más bajo. Les estaba permitido
contraer matrimonio (aunque se les prohibía tener hijos), practicaban ayunos semanales y
servían a los elegidos. Su esperanza era volver a nacer convertidos en elegidos. Con el tiempo,
se conseguirían rescatar todos los fragmentos de la luz divina y el mundo se destruiría;
después de eso, la luz y la oscuridad volverían a estar separadas para siempre.
Durante el siglo que siguió a la muerte de Mani, sus doctrinas se extendieron por el este
hasta China, y fue ganando adeptos en todo el Imperio romano, en especial en el norte
de África. San Agustín, el gran teólogo del siglo IV, fue maniqueo durante nueve años antes de
su conversión al cristianismo. Más tarde escribiría documentos importantes contra
el movimiento, que además había sido condenado por varios papas y emperadores romanos. A
pesar de que el maniqueísmo, como religión, desapareció del mundo occidental a principios de
la edad media, se puede seguir su influencia en la existencia de grupos heréticos medievales
con las mismas ideas sobre el bien y el mal como los albigenses, bogomilos y los paulicianos.
Aún sobreviven muchas de las concepciones gnósticas-maniqueas del mundo, desarrolladas
por movimientos y sectas religiosas modernas, como la teosofía y la antroposofía del filósofo
austriaco Rudolf Steiner.
Mani consideraba que la pérdida o mala interpretación de las enseñanzas de otros profetas
radicaba en el hecho de que no habían dejado constancia escrita de sus enseñanzas. Por eso,
Mani escribió muchos libros para que sirvieran como recordatorio de su pensamiento. A
comienzos del siglo XX fueron encontrados fragmentos de estas escrituras. Estaban escritas en
chino, turco y egipcio. También se encontraron, al mismo tiempo, himnos, catecismos y otros
textos maniqueos. Otras fuentes de las doctrinas maniqueas provienen de los escritos de san
Agustín y de otros escritores que se opusieron al movimiento.
3. Obispo Y Teólogo
Agustín regresó al norte de África y fue ordenado sacerdote el año 391, y consagrado obispo
de Hipona (ahora Annaba, Argelia) en el 395, cargo que ocuparía hasta su muerte. Fue un
periodo de gran agitación política y teológica, ya que mientras los bárbaros amenazaban el
Imperio llegando a saquear Roma en el 410, el cisma y la herejía amenazaban también la
unidad de la Iglesia. Agustín emprendió con entusiasmo la batalla teológica. Además de
combatir la herejía maniqueísta, participó en dos grandes conflictos religiosos: uno de ellos fue
con los donatistas, secta que mantenía la invalidez de los sacramentos si no eran
administrados por eclesiásticos sin pecado. El otro lo mantuvo con los pelagianos, seguidores
de un monje contemporáneo británico que negaba la doctrina del pecado original. Durante
este conflicto, que fue largo y enconado, Agustín desarrolló sus doctrinas de pecado original y
gracia divina, soberanía divina y predestinación. La Iglesia católica apostólica romana ha
encontrado especial satisfacción en los aspectos institucionales o eclesiásticos de las doctrinas
de san Agustín; la teología católica, lo mismo que la protestante, están basadas en su mayor
parte, en las teorías agustinianas. Juan Calvino y Martín Lutero, líderes de la Reforma, fueron
estudiosos del pensamiento de san Agustín.
La doctrina agustiniana se situaba entre los extremos del pelagianismo y el maniqueísmo.
Contra la doctrina de Pelagio mantenía que la desobediencia espiritual del hombre se había
producido en un estado de pecado que la naturaleza humana era incapaz de cambiar. En su
teología, los hombres y las mujeres son salvados por el don de la gracia divina; contra el
maniqueísmo defendió con energía el papel del libre albedrío en unión con la gracia. Agustín
murió en Hipona el 28 de agosto del año 430. El día de su fiesta se celebra el 28 de agostO.
4. Obras
La portancia de san Agustín entre los padres y doctores de la Iglesia es comparable a la de san
Pablo entre los apóstoles. Como escritor, fue prolífico, convincente y un brillante estilista. Su
obra más conocida es su autobiografía Confesiones (400?), donde narra sus primeros años y su
conversión. En su gran apología cristiana La ciudad de Dios (413-426), Agustín formuló una
filosofía teológica de la historia. De los veintidós libros de esta obra diez están dedicados a
polemizar sobre el panteísmo. Los doce libros restantes se ocupan del origen, destino y
progreso de la Iglesia, a la que considera como oportuna sucesora del paganismo. En el año
428, escribió las Retractiones, donde expuso su veredicto final sobre sus primeros libros,
corrigiendo todo lo que su juicio más maduro consideró engañoso o equivocado. Sus otros
escritos incluyen las Epístolas, de las que 270 se encuentran en la ediciónbenedictina, fechadas
entre el año 386 y el 429; sus tratados De libero arbitrio (389-395), De doctrina Christiana
(397-428), De Baptismo, Contra Donatistas (400-401), De Trinitate (400-416), De natura et
gratia (415) y homilías sobre diversos libros de la Biblia.
En Confesiones, uno de los principales escritos del más insigne Padre y Doctor de la Iglesia, san
Agustín de Hipona, éste refirió de forma autobiográfica y con un brillante estilo literario
algunos de los episodios más importantes de su vida. Además, en sus páginas expuso gran
parte de su pensamiento teológico y filosófico.
LA CIUDAD DE DIOS
Esta obra esta dividid en 22 libros que describen hasta cierto punto la utopía de una
sociedad celestial que se debe empezar a vivir ya en la tierra y cuyos principios están en contra
de la sociedad pagana.
San Agustín motivado por enseñar las verdades de fe que han sido olvidadas, no
enseñadas u opacadas por otras corrientes politeístas que habían dentro de la sociedad civil
romana, redacta una apología contra los incrédulos, en la cual se empieza afirmando que el
amor de Dios a su creación le llevó a tomar la decisión de prometer una ciudad muy especial,
que trasciende los límites de lo terreno para aquellos que emprendan el camino de obrar
según sus mandatos, “la ciudad de Dios o ciudad celeste”, ya que Dios que es justo, da a cada
quien lo que se merece, según sus acciones. Esta ciudad se encuentra en lo eterno, en lo
inmutable, en aquello donde nada perece; esta ciudad ya había sido prometida dentro de las
escrituras, más para alcanzarla dice San Agustín que solamente el hombre bueno podrá llegar
a ella, pero, ¿qué se necesita para ser un hombre que obra según los mandatos de Dios? Ante
todo se hace referencia a que la persona es dotada de la capacidad de libertad, de decidir
cómo obrar en su realidad, porque el mismo Dios ha donado a los hombres este libre albedrio
que le da a cada uno la capacidad de actuar según su propia voluntad en “la ciudad terrena”,
del mismo modo, se hace la distinción de que Dios “hizo al hombre animal racional de alma y
cuerpo”, e incluso esta racionalidad nos permite conocer y distinguir lo mutable de lo
inmutable. Por este motivo, éste debe ser consciente de todas sus acciones, orientándolas a la
búsqueda de la verdadera felicidad que es Dios mismo, quien es el autor por excelencia de
toda la creación, afirma San Agustín. Sin embargo, algunos hombres habiéndose dejado llevar
por la perversión de su voluntad, gozan para sí mismos de los bienes terrenos que la divinidad
les ha otorgado libremente, convirtiéndose en egoístas y en viciosos del placer mundano. En
cambio, lo ideal que plantea San Agustín seria que “de las cosas temporales debemos usar, no
gozar, para merecer gozar las eternas”.
Debido a que la moral del hombre debe encaminarse al bien del yo, y al del otro,
cristianamente conocido como el amor al prójimo. Para esto mismo, San Agustín, afirma que
Dios aparte de los sentidos externos que le ha concedido al hombre, le ha dado un sentido
interno que proviene de lo divino, el cual lo ilumina y le hace darse cuenta de que ama aquello
que lo ha creado, en consecuencia esto lo lleva a saciar este vacío, esto lo logra en la adhesión
plena a la voluntad de Dios, en cambio, aquel que no se adhiere a Él no alcanza la felicidad
eterna, sino una perecedera.
“Los ciudadanos de la ciudad terrena dieron la primacía a sus dioses sobre el Fundador
de la Ciudad de santa, sin advertir que El es el Dios de los dioses, y no de los dioses falsos, o
sea, de los impíos y soberbios”. Este es un claro ejemplo que sale a relucir por lo que
anteriormente afirmaba San Agustín, el error ha sido que los paganos al adoptaron otras
deidades, que fueron creadas por ellos mismos, los cuales los llevan a amar
desordenadamente las cosas de la tierra, inclinándose así hacia el mal, y a caer en el vicio de
complacerse a sí mismos, porque lo que es obra del hombre puede segar el espíritu
impidiendo que la luz de la divinidad ilumine el corazón de la persona.
Por otro lado San Agustín hace consciente al hombre de que “esta vida no es más que
una carrera hacia la muerte. No permite a nadie detenerse o caminar más despacio, sino que
todos siguen el mismo compás y se mueven con la misma presteza”. De esta manera si el
hombre quiere ser partícipe de “la ciudad de Dios” cuando la vida abandone su cuerpo, tiene
que aprender a manejar su voluntad, aunque también para gozar de lo eterno aquí en la tierra,
no debe corromper su corazón, poniendo su felicidad en las cosas efímeras y pasajeras, como
en el dinero, el poder, el exceso en el comer y en el beber, la concupiscencia, la avaricia, o
simplemente en las cosas materiales de este mundo que no están ordenadas hacia Dios, sino
que más bien, tiene que fijar su mirada en los bienes celestiales, para así poder ir también
gozando en la tierra de la paz en el alma y en el cuerpo, porque “la paz del cuerpo es la
ordenada complexión de sus partes; y la del alma irracional, la ordenada calma de sus
apetencias”. En este sentido, San Agustín pretende aclarar que el alma, la cual es una cualidad
del cuerpo, es trascendente, y por tanto puede ser partícipe de lo celestial porque es
incorruptible, sólo cuando ésta domina su voluntad y controla sus deseos desordenados.
Por último, parece muy evidente que San Agustín recomienda que si el hombre
pretende alcanzar la paz y la felicidad celestial, es tarea que desde ahora vaya perfilando su
alma a la entrega desinteresada por el prójimo y al amor del único Dios que lo ha creado,
porque la ciudad de Dios se empieza a vivir ya aquí en la tierra, sin embargo se encuentra en
una continua lucha con la ciudad terrena, ya que en ésta habitan seres que no reconocen a su
creador, poniendo sus felicidad en las cosas temporales, que ciegan su amor hacia sí mismos,
debido a que han desviado su voluntad por caminos desordenados. En conclusión es tarea del
ser humano vivir “la doble ciudadanía por la cual el hombre puede ser miembro de la ciudad
de Dios, sin dejar de ordenar su vida temporal, dentro del marco de la sociedad civil y de
acuerdo con sus normas”.