Gabriela Mistral
(1889/04/07 - 1957/01/10)
Diplomática y poetisa chilena
• Premio Nobel de Literatura (1945).
• Obras: Sonetos de la Muerte, Tala, Poema de Chile...
• Premios: Premio Nacional de Literatura de Chile(1951)
• Padres: Juan Jerónimo Godoy y de Petronila Alcayaga
• Pareja: Doris Dana
• Hijos: Juan Miguel Godoy Mendoza
• Nombre: Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga
Gabriela Mistral nació el 7 de abril de 1889, en la ciudad de Vicuña, cuarta región, Chile.
Hija del profesor rural Juan Jerónimo Godoy y de Petronila Alcayaga, quienes la bautizaron con el
nombre de Lucila. A los tres años su progenitor abandona la familia.
Tuvo una hermanastra también maestra que le enseñó las primeras letras. Ingresó en la escuela de La
Unión, finalizando su enseñanza básica en Vicuña, donde la directora creía que padecía "retraso
mental". Casi obligada a ser autodidacta a causa de la difícil situación económica de su familia y al
aislamiento de la región.
En 1904, Gabriela Mistral colaboró en el periódico Coquimbo, de La Serena, utilizando los
seudónimos de Alguien, Soledad y Alma.
A los 15 años empezó a trabajar, en la Escuela de La Compañía, aldea vecina a Vicuña. A los 17 años
conoció a Romelio Ureta, empleado de Ferrocarriles, el amor de su vida. Durante este período, dio
clases en la escuela de La Cantera.
En 1907, Gabriela Mistral escribió para los periódicos La Voz de Elqui y La Reforma. Un año
después, figuró en la antología Literatura Coquimbana de L. Carlos Soto Ayala, en la que publicó
tres prosas poéticas de la autora: Ensoñación, Junto al mar y Carta íntima.
El 25 de noviembre de 1909, a los 26 años de edad, se suicidó en Coquimbo, Romelio Ureta. Se dice
que sustrajo dinero de la caja del ferrocarril para socorrer a un amigo y al no poder restituirlo acabó con
su vida. En sus bolsillos se encontró una tarjeta con el nombre de Lucila Godoy.
Con temprana vocación por el magisterio, llegó a ser directora de varios liceos fiscales.
Poesía
Su fama como poetisa llegó en 1914, cuando recibió un premio en unos Juegos Florales por sus
Sonetos de la muerte, inspirados en el suicidio del joven Romelio Ureta. A este concurso se presentó
con el seudónimo que desde entonces la acompañaría toda su vida y que fue concebido por la escritora
como homenaje a dos poetas a los que admiraba, Gabrielle D'Annunzio y Frédéric Mistral.
A su primer libro de poemas, Desolación (1922), le siguieron Ternura (1924), Tala (1938), Lagar
(1954) y otros.
Inspectora en el Liceo de Señoritas de La Serena y destacada educadora, visitó México, Estados Unidos
y Europa estudiando las escuelas y métodos educativos de estos países. Fue profesora invitada en las
universidades de Barnard, Middlebury y Puerto Rico.
A partir de 1933, y durante un periodo de 20 años, Gabriela Mistral trabajó como cónsul de su país en
ciudades como Madrid, Lisboa y Los Ángeles, entre otras.
Su poesía se tradujo al inglés, francés, italiano, alemán y sueco, siendo muy influyente en la obra
creativa de muchos escritores latinoamericanos posteriores, como Pablo Neruda y Octavio Paz. Sus
diversos poemas escritos para los niños se recitan y cantan en diversos países.
En 1945, fue el primer escritor latinoamericano que consiguió el Premio Nobel de Literatura. En
1951, le otorgaron el Premio Nacional de Literatura de su país.
En 1928, y junto con su íntima amiga Palma Guillén adoptó a Juan Miguel Godoy Mendoza, nacido
en Barcelona en 1925, hijo de su medio hermano Carlos Miguel Godoy y de la catalana Marta
Mendoza.
El niño acompañó a Mistral en sus viajes y cuando residían en Petrópolis (Brasil), se enamoró de una
joven alemana con la que deseó contraer matrimonio. Gabriela se opuso a la boda y el joven se suicidó
ingiriendo arsénico el 14 de agosto de 1943.
Gabriela Mistral se relacionó íntimamente con Doris Dana, a la que conoció en Nueva York en 1946.
Dana era lesbiana y 31 años más joven que ella. Tenía 27 años cuando se conocieron y a Gabriela le
recordaba físicamente a la actriz Katherine Hepburn.
Su amiga trabajó ocasionalmente en el Departamento de Estado y a pesar de no compartir lenguaje su
relación íntima duró hasta la muerte de la poetisa. Doris Dana se convirtió en albacea de su obra y
también su principal heredera.
Tras una larga lucha contra un cáncer de páncreas, Gabriela Mistral fallece a los 67 años el 10 de
enero de 1957, a las 4,10 horas, en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York. No murió sola,
en todo momento fue asistida por Doris Dana.
Sus restos recibieron el homenaje del pueblo chileno, declarándose tres días de duelo oficial. Los restos
de Gabriela Mistral llegaron a Chile el 19 de enero de 1957 y se velaron en la Universidad de Chile,
donde 400 niñas del Liceo Nº 6, del que Gabriela fue su primera directora, hicieron guardia de honor.
Recibió sepultura en Montegrande y se le rindió homenaje en todo el Continente y en la mayoría de los
países del mundo.
Desde julio de 1981, su imagen aparece en el billete de 5000 pesos chilenos. En 2009, se puso en
circulación un nuevo billete de 5000 pesos, con otra imagen de Mistral.
Obras
Sonetos de la Muerte (1914)
Desolación (1922)
Lecturas para mujeres (1923)
Ternura (1924)
Nubes blancas y breve descripción de Chile (1934)
Tala (1938)
Todas íbamos a ser reinas (1938)
Antología (1941)
Lagar (1954)
Recados, contando a Chile (1957)
Poema de Chile (1967)
Almácigo (2008)
Niña errante (2009, epistolario)
Hijita querida (2011)
Epistolario americano (2012, correspondencia)
Desolación, 1922
La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.
El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.
¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella solo fueron los muertos?
¡Tan solo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!
Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que son míos;
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos,
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.
Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.
Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la "noche larga" ahora tan solo empieza.
Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que vine para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales;
¡siempre será su altura bajando de los cielos!
Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.