Fe y Experiencia Mistica
Fe y Experiencia Mistica
Fe y experiencia mística
Adolfo Chércoles Medina sj
Introducción
Cuando empecé teología, hubo una pregunta -ya no recuerdo si la planteó alguno de mis profesores,
o la leí-, que se me quedó clavada: la separación que muy pronto surgió entre experiencia mística y
teología. Quizá estemos en su momento álgido: algunos escritos, pretendidamente teológicos, lo
único que buscan es cómo hacer 'inteligible' la fe cristiana. Para ello hay que 'adaptarla',
'modernizarla', 'que dé respuesta a las inquietudes del hombre de hoy' -un hombre que no necesita
respuestas sino luz y fuerza que lo transformen-. Efectivamente, no podemos salirnos de la realidad
que nos ha tocado vivir, pero no para 'justificarla' sino para 'salvarla'. No podemos convertir esas
pretendidas respuestas, como decíamos en el Tema II, en una especie de 'bricolage' que no va más
allá de la elaboración ingeniosa -cuanto más original mejor- para dejarnos 'tranquilos' que puede
exhibirse en las 'estanterías' de este gran Supermercado en el que todo está al alcance de la mano,
pero que no mueve ni interpela -¡Eso sería contraproducente, nos 'quitaría la paz'!-...
Si algo ha quedado claro en el Tema III es que la fe tiene un componente que el ser humano ha de
aportar; pero, lo más decisivo, lo que da vigor y firmeza a esa apuesta confiada que totaliza, no
procede de nosotros. Si esta dimensión decisiva, la única que puede convertir nuestra fe en firme, la
descartamos en nuestra búsqueda, no salimos de nuestra impotencia, limitándonos a teorías
discutibles, pero sin espíritu. La 'vida de fe' no pasa entonces de la mera coherencia -tan hipotética
siempre, porque se mueve en el campo del voluntarismo-, o de la difusa 'confianza' en un Dios tan
'misericordioso', que 'no pide cuentas', que 'no responsabiliza'. ¡Esto sí que es opio para todos!
Pues bien, lo que necesitamos es una fe postpascual, y ésta tiene que ver con lo que siempre se ha
entendido por mística.
La segunda acepción que el Diccionario de la Lengua Española da de la palabra mística, dice así:
2. Experiencia de lo divino. Es decir, la mística, o es experiencia, o no es mística.
En efecto, en este cuarto Tema nos preguntamos: ¿qué lugar ocupa la mística en la fe? ¿Hasta qué
punto, dicha experiencia, es culminación de una fe firme? ¿Puede haber fe firme sin experiencia
mística? Son preguntas que nos haremos, teniendo delante el diagnóstico de K. Rahner: “...para
aclarar el sentido de lo que se va diciendo, y aun a conciencia del descrédito de la palabra 'mística'
-que bien entendida no implica contraposición alguna con la fe en el Espíritu Santo, sino que se
identifica con ella-, cabría decir que el cristiano del futuro o será 'místico', es decir, una persona
que ha experimentado algo o no será cristiano. Porque la espiritualidad del futuro no se apoyará
ya en una convicción unánime, evidente y pública, ni en un ambiente religioso generalizado,
previos a la experiencia y a la decisión personales.”1
1
Karl Rahner, Escritos de Teología VII (Escritos Pastorales) Taurus Ediciones, Madrid 1967, p 25 (Espiritualidad
antigua y actual)
Este hombre honesto, 'instalado en una actitud científica' opina, a propósito de un texto de Santa
Teresa en el que ésta intenta describir su vivencia, lo siguiente: “Las palabras de Teresa pueden ser
las de una alucinada. Pero ¿pueden no serlo? Si me instalo en una actitud científica, he de explicar
esa experiencia como fruto de un estado alterado de conciencia, como un producto cerebral. Y si no
me instalo en una actitud científica, ¿dónde me instalo? ¿En un mundo de fantasmas, espíritus,
auras y parapsicologías variadas?... (40-1)
Ante esta perplejidad, opta por preguntarse qué entendemos por experiencia: “Pero lo que
caracteriza una experiencia, su núcleo duro, es que algo aparece en nuestra conciencia dotado de
una plenitud y cercanía irrebatibles. Mi maestro Edmund Husserl decía que lo captamos “en
persona”. Lo oponía a aquellas cosas que sólo sabemos de oídas o mediante alguna imagen o
representación... (44) La aportación es de agradecer, pues lo único que exige es que esté dotada “de
una plenitud y cercanía irrebatibles” y que lo captemos 'en persona'. Dos datos importantes para
cuando pasemos a las aportaciones de experiencias místicas.
Pasemos, pues, a este hombre cuya vida fue expresión de su vivencia religiosa. En efecto, él estaba
convencido de que: Todas las actividades de la persona religiosa tienen que derivarse de su
religión, porque religión significa estar unido a Dios, es decir, que Dios gobierne todas y cada una
de nuestras respiraciones.2 (21) En el Tema II describimos su vivencia de fe, dichas vivencias
¿tenían que ver con la realidad o eran “fantasmas, espíritus, auras y parapsicologías variadas”?
En efecto, difícilmente encontraremos una vivencia religiosa más encarnada y que podríamos
sintetizar así: toda actividad humana es religiosa (mística), y en la medida en que lo es está llamada
a ser universal, proceda de la religión que proceda. Esta universalidad se concreta en el Amor y la
Verdad, que escuchamos desde la Voz interior -la voz de la conciencia-. Esta escucha no es
posible desde la prepotencia, sino desde la humildad y, por tanto, desde los últimos, teniendo el
valor de enfrentarnos con la obviedad que nos interpela, sin refugiarnos en elaboraciones
'teológicas' que justifican nuestro individualismo. Es una actitud que abre al compromiso político.
K. Berger, exegeta del NT, al comienzo de su libro Jesús confiesa que “por 'hechos místicos'
entiendo toda una serie de sucesos como los enumerados (ángeles, milagros “imponentes”, la
resurrección...). Son místicos porque tanto su causa como su acontecer permanecieron ocultos
también para los primitivos cristianos y, en este sentido, pertenecen al ámbito de la invisible
2
Todas las citas de este autor están sacadas del libro: Gandhi, Mi religión, Sal Térrea, 2007. Entre paréntesis
aparecerá la página.
En efecto, el final trágico presentido de estos monjes nos conecta con una realidad imposible de
encuadrar en ningún marco 'lógico'. La fe no se fundamenta en lo manipulable, lo ‘lógico’, lo
'opinable', la 'hipótesis', sino en lo místico. Pero lo místico es más real que lo controlable, entre
otras cosas porque es experiencia y, por tanto, pone en juego a toda la persona sin sacarla de su
realidad. La ‘radicalidad neotestamentaria’ no es el acto heroico en sí (que puede darse o no) sino la
totalidad de la apuesta con la propia vida que provoca.
Ahora bien, según Marina, la experiencia, para que sea tal, ha de ser 'en persona' -lo personal es
inmanipulable e intrasferible- y además ha de venir acompañada de una plenitud y cercanía
irrebatibles. La experiencia mística, también deberá gozar de las mismas características. Pues
bien, Berger está convencido que “la fe no es ética ni doctrina, sino mística. Orar es aceptar y
entrar en contacto con la presencia divina... Jesús reza en solitario en el desierto o en un monte. El
desierto tiene algo que ver con Dios porque en él no existe otra cosa que la inmensidad y nosotros
mismos. En él se impone la pregunta primera de la filosofía: cómo es posible que exista algo y no
la nada. Por Jesús sabemos que, allí donde comienza la quietud, no sólo está Dios sino también el
diablo, que simboliza la pura desesperación y el mísero sinsentido... El sentido es indispensable
para no confundir la palabra de Dios con la propia. Jesús, cuando reza en la soledad, calla hasta
que oye hablar a Dios... La vida es pura gracia, no don factible por nosotros... Quien ora en la
soledad se confronta con la muerte. La meditación de la muerte confiere sosiego, porque conduce
hacia la inmensidad. Permite reconocer que Dios es una vida de índole totalmente distinta... Los
monjes aprendían que la muerte consiste en que ya nada nos separa de Dios. Martín Heidegger
viajaba a la abadía de María Laach, porque sabía que, en ella, la noche y la muerte no eran
reprimidas... Cada cual se encuentra con Dios en solitario, muere en solitario, pero Dios ama y
está más cerca de cada individuo que éste de sí mismo... (pp. 137-149)
Pero no sólo la soledad, la inmensidad (desierto), la muerte, nos abren a la mística, sino también, y
especialmente, el sufrimiento: “disposición al sufrimiento y capacidad de auto-donación están en el
mismo plano... Con Jesús hace carrera quien sirve a los demás, quien carga con la cruz... La
humillación, el sufrimiento y el servicio abnegado se encuentran bajo la luz de la promesa. Dios
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.” (309-313)
Resumiendo, según Berger, lo místico nos abre a lo misterioso, lo inmanipulable, lo que nos
desborda. Pero es tal la experiencia, que nos lleva a la radicalidad cristiana capaz de poner en
juego nuestra totalidad (cistercienses de Tibhirine). Sólo esta apertura al Incondicional hace posible
la donación total, incompatible con la prepotencia, y que se traduce en servicio.
3
Sorprende, a veces, la facilidad con que exegetas admiten las 'sanaciones' de Jesús, porque en textos no cristianos
aparecen 'curanderos', diríamos hoy, y tienen que hacer equilibrios para 'explicar' algún milagro -que si se puede
explicar ya no lo sería-.
Pues bien, toda su mística va a girar en torno a cómo llegar al centro del alma (la séptima morada).
Según nuestro autor, hay una analogía entre dicho centro y el 'sí mismo' de la psicología moderna:
el pensamiento de Teresa “está dominado por un antropocentrismo y un empirismo poco habitual
para su época... su conocimiento del hombre se inspira en la experiencia de la totalidad. Para
Teresa, el centro del alma en cuanto totalidad es una evidencia, siendo el yo pensante tan sólo uno
de los componentes de esta totalidad...”, (20) en contraposición al racionalismo de Descartes.5
“El método psicológico es esencialmente descriptivo; observa y describe los fenómenos existentes
sin pronunciarse sobre la esencia última de las cosas. Pretende analizar lo que se desarrolla en la
psique...'” (26) No tiene, pues, por qué chocar con 'dogmas': para Teresa, “Dios... es un contenido
del alma y consecuentemente es por lo menos una realidad psicológica...” lo cual nos “autoriza
llevar a cabo un análisis psicológico del símbolo de Dios y del alma en la obra de Teresa...” (28)
Y es que el símbolo es la mejor manera “...de describir una realidad inexpresable y misteriosa”,(42)
ya que “…es al mismo tiempo imagen y vida...” (51) Teresa, “...a través de su experiencia
individual se unió a la universalidad de la condición humana” (52), porque el símbolo “es un
lenguaje universal que trasciende las culturas y la historia” (53), tiene “un valor superior al del
lenguaje racional... es capaz de expresar las antinomias de lo real mucho más que en el concepto,
porque es más apto para desvelar los misterios del alma”. (80) El símbolo, pues, es más apto para
expresar tanto lo psíquico como lo místico: ambos son pura experiencia.
Desde esta concepción, '...la cualidad moral de la acción humana debe ser comprendida en
relación con el centro. La moral no es, en efecto, una función del yo (como hace suponer el
“superego” freudiano), sino una propiedad intrínseca al dinamismo del propio centro del alma...
que nosotros llamamos la conciencia moral o función ética... Es la expresión del espíritu del centro
4
León Bonaventure, Psicologia e vida mística, Vozes, 2ª ed. Petrópolis, 1996. Pondremos entre paréntesis la página.
5
Es la alternativa que plantea otro místico, Kierkegaard: frente al cogito ergo sum, identificando pensar y ser,
propone el ‘Hágase en ti conforme a tu fe’ (Mt 9,29), relacionando el ser con la fe, no con el pensar, de tal modo que
podamos decir: creer es ser. S. Kierkegaard, La enfermedad mortal, de SARPE, S.A., 1984, pp. 139-141
6
Vida, XXVI, 9
7
Camino, 28, 10
Por otro lado, está lo 'sobrenatural': “La primera oración que sentí -a mi parecer- sobrenatural (que
llamo yo lo que con mi industria ni diligencia no se puede adquerir, aunque mucho se procure,
aunque disponerse para ello sí, y debe de hacer mucho al caso).”9 (180) “...lo sobrenatural se
impone al yo y éste nada puede frente a aquel... Es una realidad mayor al yo con la cual debe
aprender a vivir, porque no puede reprimirla. Es una fuerza que lo sobrepasa totalmente. En su
experiencia con lo sobrenatural, el yo descubre que ya no es el único señor de la casa... Tanto el
místico como el psicólogo admiten que existe una región del alma que trasciende lo consciente. El
problema de la terminología es, por tanto, relativo...”10 (181-182)
El punto de contacto, pues, entre psicología y mística es que ambas no pueden ir más más allá de la
observación y la descripción: son pura experiencia. Si nos movemos en ese terreno empírico, no
parece un disparate la pretensión de “contribuir modestamente a una psicología cristiana empírica,
capaz de responder a las exigencias espirituales y cristianas del hombre moderno.” (234) Por eso
comenta León: “Creo que los conocimientos y las experiencias de la psicología analítica podrían
proporcionarnos por lo menos las bases de dicho proyecto”.11
Al final de su tesis se pregunta, y nosotros con él: “Desde el punto de vista de la psicología del
inconsciente del hombre moderno, creo que podríamos decir que el mito y los símbolos cristianos,
en los que el mensaje cristiano se plasmó, corresponden a la vida del alma... hay cierta adecuación
entre la fe cristiana y la vida del alma...” (235)
2. La experiencia mística en el NT
Hablar de experiencia mística en el NT parece que estaría de más. Sin embargo, después del tema
anterior no parece tan extraño. Allí distinguíamos entre fe prepascual y fe postpascual, lo cual no
quiere decir que la experiencia mística la identifiquemos sin más con esta última. Hemos visto que
mística por lo pronto estaba relacionado con el misterio, lo oculto, pero sobre todo, con “lo divino”.
K. Berger se hace la siguiente reflexión para admitir la experiencia mística en el Evangelio: “O bien
se acepta la normatividad de la experiencia diaria moderna, nada mística; o bien se toma en
consideración el contexto místico de Jesús: que su cuerpo, antes de la Pascua, pueda expresarse
como el del Resucitado. Pero si es Dios verdadero, la revelación de Jesús a través de su cuerpo
tiene una importancia especial. Y Pedro puede participar de la singular corporalidad de Jesús...”
No está mal oír que nuestra 'experiencia' puede estar condicionada por una 'normativa' en la que se
excluya toda 'mística'. El rechazo previo siempre incapacita. El hombre moderno no puede percibir
8
Esto sería el equivalente al 'sindérese' de la razón' de San Ignacio en EE 314.
9
Cuentas de conciencia, LXVIII, 3
10
Desde comienzos del siglo XX, C.G. Jung, en su obra sobre fenómenos ocultos, postula una “actividad intelectual
altamente desarrollada del inconsciente”... De cualquier forma, el inconsciente transcendental se parece en cierto
modo a la realidad del centro.
11
Jung, C.G. Guérison psychologique. El pastor Pfister, Oscar, en su libro Au vieil Évangile par un chemin
nouveau. Berna, París, 1920
Para Berger, “en los evangelios, la fe es participar del poder creador de Dios (puede mover
montañas...). “Fe” significa ser uno con Dios y esta unidad obra milagros... Por tanto, “tanto la
transfiguración como el que Jesús camine sobre el agua, podríamos calificarlo de experiencia
mística: algo que se ve a simple vista, pero no es explicable por la biología y la física… [¡Si nos
cerramos a lo que nos desborda, no dejamos espacio a la fe!] Jesús es hombre verdadero (...), pero
se manifiesta la fuerza creadora de Dios en su cuerpo... [si no, no se entiende la escena de la
hemorroísa. Y termina su reflexión] “Hay que recuperar la presencia de Dios como epifanía: algo
que nos envuelve de forma provechosa no es lejano, sino del todo cercano; desbordante de gracia y
en modo alguno un seguro de vida. Más bien, libre, momentánea y beneficiosa solicitud de Dios. La
epifanía es algo que deberíamos redescubrir: la presencia corporal de Dios en la eucaristía y
dondequiera que haya personas creyentes. (81-4)12
En realidad, el planteamiento de Berger no es otra cosa que tomar en serio la Encarnación. Pero la
Encarnación no es tal si nos quedamos con un Jesús, todo lo humano que queramos -el 'gran
personaje' del que nos hablaba Lewis- al que Dios mismo acoge... La sorpresa es que, siendo de
condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, se despojó de sí mismo (Fil 2, 6). Aquí
está el escándalo de la Encarnación: la implicación de la Divinidad en la 'carne' con toda su
debilidad, que lleva a San Ignacio de Loyola a decir: “...después que Christo espiró en la cruz, y el
cuerpo quedó separado del ánima y con él siempre unida la Divinidad...” (EE 219). Si en el
'cuerpo muerto' está unidad la Divinidad, ¿no lo va a estar en el 'vivo'? Pero oculto en la carne (en
su debilidad y opacidad). Pues bien, cuando este ocultamiento se manifiesta y nos desborda es una
experiencia 'mística'.
Benedicto XVI en Jesús de Nazaret (I), resalta cómo la confesión de Pedro en Cesárea -“Tú eres el
Mesías, el Hijo del Dios vivo”-, le instala en una seguridad lógica ante la confirmación de Jesús.
Pero a renglón seguido -“desde entonces”- el mismo Jesús empieza a hablarles de su pasión-muerte-
resurrección. La reacción de Pedro no puede ser más rápida -“¡Lejos de ti, Señor! Eso no puede
pasarte” [¡La divinidad es incompatible con la cruz!]-, ni la de Jesús más enérgica: “Apártate de mí
vista, Satanás,”, como si quisiese ligar toda confesión de su Divinidad con la Encarnación en su
concreción más escandalosa. Y a continuación Jesús declara: “El que quiera venir en pos de mí que
se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz (Lucas añade “cada día”) y me siga...” (Mt 16, 13-25)
Como comenta Berger: “En la iglesia antigua se decía: es bueno que el Señor haya llamado como
pastor a alguien que sabe lo que es el fracaso y no a un fanático santo y puro como el profeta
Elías.” (687-691), y en otro momento, a propósito de que a la confesión de Pedro va unida al
seguimiento con su cruz, comenta: “La profesión de fe “en sí y por sí” no tiene valor alguno, por
muy verdadera que sea... para la Iglesia cristiana...: sólo el cristiano confesante presto a sufrir y
que ha sufrido a causa de la profesión de fe tiene derecho a abrir la boca. Los charlatanes se
quedan fuera... (pp. 316-319) Dato a tener en cuenta a la hora de hablar de mística en la fe
cristiana.
“No diré cosa que en mí u en otras no tenga por experiencia u dada en oración a entender por el
Señor”,13 confiesa Teresa en el Prólogo de Camino de perfección. En efecto, sus vivencias de
carácter subjetivo, las sometió a criterios objetivos: el efecto que 'producían en su comportamiento,'
(p 22) comenta León, pero “yo sé que quien esto no creyere no lo verá por experiencia.”14 Ella
insiste en el realismo de sus visiones: una “imagen tan clara, que parece verdaderamente está
allí.”15 Y ante la duda: “bien me parecía en algunas cosas que era imagen lo que vía, mas por
otras muchas no, sino que era el mesmo Cristo,” concluye: “Porque si es imagen es imagen viva;
no hombre muerto, sino Cristo vivo; y da a entender que es hombre y Dios, no como estaba en el
sepulcro, sino como salió de él, después de resucitado.”16 Más no se puede concretar.
Ante la prohibición de la Inquisición de leer libros, “Me dijo el Señor: 'No tengas pena, que yo te
daré libro vivo'... porque...ha tenido tanto amor el Señor conmigo para enseñarme de muchas
maneras, que muy poca o casi ninguna necesidad he tenido de libros.”17 Y su criterio es claro: “...Y
13
Camino, Prólogo, 3
14
1 Moradas, I, 4
15
Vida, XXVIII, 6
16
Vida, XXVIII, 7-8
17
Vida, XXVI, 6. Y aquí es oportuno aludir a la problemática inversa: que lo experimentado 'místicamente',
encuentre la formulación adecuada. Nadal, en una de sus pláticas de Alcalá, plantea este problema en la vida de
Ignacio: Pero leamos la importante cita de Nadal en una de sus p1áticas de Alcalá: (Fontes Narrativi II, p 200.
Documento 8, 2ª plática, 17): “Y ved aquí la neçessidad de los estudios de la Compañía para predicar y entender en
los ministerios que la Iglesia tiene ordenados para ayuda del próximo. No basta que uno entienda bien las cosas y
que tenga dones infusos de Dios; es menester que sea predicador in façie Ecclesíae y que con aprovaçión ligítima
della predique. Quando S. Juan Baptista començó a predicar, luego truxo testimonio de la Scriptura: «ego vox
clamantis in deserto, sicut dicit Isaias propheta»; y assi a quien Dios no embiare inmediatamente. como embió a los
Apóstoles, es menester que la Iglesia lo apruebe; y quando esta approvaçión ordinaria de la Iglesia no ay, síguese
que lo que Dios le a dado a alguno, no se lo a dado para que lo comunique a otros, sino para sí a solas; y no basta
que uno lo entienda bien, que a menester palabras. y éssas las que la Iglesia usa en declaraçión de aquello que él
trata: porque de otra manera aconteçerá que uno entienda bien una cosa de la qual ha sido enseñado de Dios
nuestro Señor para si a solas, y por no saber theología y los términos della, en la declaración diga algunos herrores
y los enseñe a otros.” No puede formularse mejor la mediación eclesial. Ésta no se interpone entre el sujeto y Dios,
sino entre el ‘miembro’ y el ‘cuerpo’, afecta a la in-corporación. Y Ésta era la experiencia de Ignacio. Su
indiscutible dimensión eclesial no mediatizó su original experiencia de Dios, y no descansó hasta verla incorporada
en “nuestra sancta madre la Iglesia hierárchica”.
Sometida a prueba
“Estando una vez muy inquieta y alborotada, sin poder recogerme... tenía miedo si las mercedes
que el Señor me había hecho eran ilusiones. Estaba, en fin, con una escuridad grande de alma.
Estando con esta pena, comenzóme a hablar el Señor, y díjome que no me fatigase, que en verme
ansí entendería la miseria que era si Él se apartaba de mí... Dióseme a entender cuán bien
empleada es esta guerra... mas que no pensase yo me tenía olvidada, que jamás me dejaría, mas
que era menester hiciese yo lo que es en mí...”19 Idéntico planteamiento encontramos en Ignacio:
“en tiempo de desolación, nunca hacer mudanza...” (EE 318), “...pues puede con el auxilio divino...
aunque claramente no lo sienta...” (EE 320); sólo pasando por estas experiencias negativas,
sabremos “...que no es de nosotros traer o tener devoción...” (EE 322)
Una cosa es experimentar y otra muy distinta poder comunicar dicha experiencia. “Por eso no son
estas cosas para escribir ni decir, porque es imposible entenderlo sino quien lo ha
experimentado...”20, confiesa Teresa. “Y esto, a quien nuestro Señor le hubiere dado [este
recogimiento interior], será fácil de entender, y a quien no, a lo menos será menester muchas
palabras y comparaciones”21 y aun cuando encuentre dichas palabras “mirad que no es cifra lo que
digo de lo que se puede decir...”22 ya que “...verdaderamente apenas deben llegar nuestros
entendimientos -por agudos que fuesen- a comprenderla [el alma como castillo], ansí como no
pueden llegar a considerar a Dios...”23 Más aún, las comparaciones que encuentra -la luz, el sol...-
advierte que “es una luz tan diferente de la de acá, que parece una cosa tan dislustrada la claridad
del sol que vemos, en comparación de aquella claridad y luz que se representa a la vista, que no se
querrían abrir los ojos después”.24 Por eso matiza los términos que usa con 'como', 'semejante a',
consciente de que no se puede confundir el símbolo con la realidad significada.
Pero frente a esta incapacidad de expresar lo vivido, “Aclaró Dios mi entendimiento, unas veces con
palabras y otras poniéndome delante cómo lo había de decir... lo que yo no puedo ni sé”.25 “porque
cuando el Señor da espíritu, pónese con facilidad y mejor...”26, “porque en las cosas que yo
señaladamente digo: 'esto entendí' o 'me dijo el Señor', se me hace escrúpulo grande poner o quitar
una sola sílaba que sea.”27
Es un saber distinto
Esta incapacidad de expresar lo vivido es sencillamente por ser un saber que nos sobrepasa: es “otra
18
Cuentas de conciencia, LXVI, 3
19
Vida, XXXIX, 20
20
Ibidem
21
Cuentas de conciencia, LVIII, 3
22
Vida, XXVII, 12
23
1 Moradas, I, 1
24
Vida, XXVIII, 5
25
Vida, XVIII, 8
26
Vida, XIV, 8
27
Vida XXXIX, 8
La formulación de este epígrafe es de San Ignacio, pero que coincide con Santa Teresa: “...mas no
puedo decir lo que se siente cuando el Señor la da a entender secretos y grandezas suyas...”32,
porque es “lenguaje de espíritu”33... “y es el engaño, que nos parece por los años hemos de
entender lo que en ninguna manera se puede alcanzar sin experiencia; y ansí yerrran muchos -
como he dicho- en querer conocer espíritus sin tenerle”.34 Es decir, se nos tiene que dar.
Ya nos han dicho, tanto ella como Ignacio, que lo único que podemos es 'disponernos', pero nunca
lograr. He aquí cómo lo formula ella: “(y después entendí que, si el Señor no me mostrara, yo
pudiera poco con los libros deprender, porque no era nada lo que entendía hasta que Su Majestad
por experiencia me lo daba a entender, no sabía lo que hacía)...”35, un 'estado' como que prefigura
lo que se nos dará: “Que me parece es que quiere el Señor de todas maneras tenga esta alma
alguna noticia de lo que pasa en el cielo, y paréceme a mí que ansí como allá sin hablar se
entiende (lo que yo nunca supe cierto es ansí, hasta que el Señor por su bondad quiso que lo viese y
me lo mostró en su arrobamiento), ansí es acá, que se entiende Dios y el alma con sólo querer Su
Majestad que lo entienda, sin otro artificio, para darse a entender el amor que se tienen estos dos
amigos.”36 Es curioso que frente a nuestro 'entender', usa el verbo 'ver'; lo mismo Ignacio que
confiesa en su Autobiografía: “...que muchas veces ha pensado consigo: si no hubiese Escriptura
que nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que
ha visto.” (Autob. 29)
León expresa a la perfección lo que queremos decir: 'No es sólo superior al conocimiento
intelectual y libresco, mas incluso trasciende el don de discernimiento de espíritus y la fe. Una cosa
es conocer por la fe, otra conocerlo por la experiencia personal.' (pp. 56-7) En efecto, Santa
Teresa llega a decir: “(y mirad que oso decir que no creáis a quien os dijere otra cosa)”37, y aun
siendo consciente de la posibilidad de autoengañarse, se atreve a decir: “Ya puede ser que yo me
engañe, mas hasta oír otras razones a quien lo entienda, siempre estaré en esta opinión, y ansí sé
de una persona harto llena de temor de estos engaños, que de esta oración jamás le pudo tener”38.
Y esta firmeza la explica así: porque “hecha una cosa con el fuerte, por la unión tan soberana de
espíritu con espíritu, se le ha de pegar fortaleza, y ansí veremos la que han tenido los santos para
28
Vida XXV, 9. He aquí el texto completo: “y es ansí cierto con verdad, que jamás pensé había otra manera de oír ni
entender hasta que lo ve por mí. Y ansí, como he dicho, me cuesta harto trabajo”.
29
Vida, XXVII, 8
30
Vida XXVII, 8
31
Vida XXVI, 6
32
Vida XXVII, 12
33
Vida XII, 5
34
Vida XXXIV, 11
35
Vida, XXII, 3
36
Vida, XXVII, 10
37
6 Moradas, VII, 5
38
6 Moradas, II, 7
He aquí otra forma de expresar lo mismo: “No digo que lo vio entonces, sino que lo ve después
claro, y no porque es visión, sino una certidumbre que queda en el alma, que sólo Dios la puede
poner.”40 En San Ignacio '...si no hubiese Escriptura... se determinaría a morir... por lo que ha
visto' (Autob. 29)
Es clave para la experiencia mística el acceso al 'sí mismo' diría la psicología actual, al 'alma',
decían los contemporáneos de Santa Teresa: “porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe,
sabemos que tenemos almas; mas qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta
alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos”.41 Sólo tomando conciencia
(experiencia) de esta realidad interior podemos 'explorar' su complejidad.
Por lo pronto ella distingue el centro del alma del entendimiento y la voluntad: “querría dar a
entender que el alma no es el pensamiento ni la voluntad es mandada por él, que ternía harta mala
ventura, por donde el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho.”42
No está mal oír estas afirmaciones ante nuestros racionalismos o voluntarismos.
En efecto, cuando se tiene la experiencia del centro, siente que “no tienen que ver aquí los sentidos
ni potencias”43, “...no se entienda que las potencias y sentidos y pasiones están siempre en esta
paz; el alma, sí; mas en estotras moradas no deja de haber tiempos de guerra y de trabajos y
fatigas; mas son de manera que no se quita de su paz y puesto.” Sugiere una vivencia de dominio,
no de enajenación. Desde este centro, la existencia se ve bajo una nueva luz “donde se le descubre
cómo en Dios se ven todas las cosas y las tiene todas en sí mismo.”44 En cierto sentido el espacio y
el tiempo pierden su función.
Esto le lleva a decir: “...a mi parecer jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a
Dios”45. “Porque nuestro entendimiento y voluntad se hace más noble y más aparejado para todo
bien, tratando a vueltas de sí con Dios, y si nunca salimos de nuestro cieno de miserias es mucho
inconveniente”.46 Aquello con lo que nos relacionamos, nos configura.
He aquí cómo Teresa describe la 7ª Morada, de la que siempre habla en singular: “Es de considerar
aquí que la fuente y aquel sol resplandeciente que está en el centro del alma, no pierde su
resplandor y hermosura, que siempre está dentro de ella y cosa no puede quitar su hermosura,”47
como comenta León, 'una fuerza operante en todas las situaciones de la vida, es una propiedad
intrínseca al alma, permanente, inalterable, indestructible. (p 187)
39
7 Moradas, IV, 11
40
5 Moradas, I, 10
41
1 Moradas, I, 2
42
Fundaciones, V, 2
43
7 Moradas; III, 10
44
6 Moradas, XX, 2
45
1 Moradas, II, 9
46
1 Moradas, II, 10
47
1 Morada, II, 3
Esta culminación tampoco es ensimismamiento ni una búsqueda egoísta de sí mismo, sino 'ver que
los otros no pueden gozar “de estas dulzuras”, “sus gozos se tiemplan en ver que no gozan todos
de aquel bien”.50 En tal estado, podríamos decir que hay un equilibrio entre los opuestos, una
armonía que ella define así: ”el alma encontró finalmente su dominio”. Esto coincide con la idea
en Ignacio de 'ordenarse' o 'que sea señor de sí', (EE 216) lo mismo que su aviso al que da EE, que
“deje inmediate obrar al Criador con la criatura y a la criatura con su Criador y Señor” (EE 15),
pues sólo así “...queda el alma con tan grandes ganancias, por obrar Dios en ella.”51
León llega a comentar que 'en la antropología teresiana, se puede, pues, decir que la gracia fue
ontologizada,' en el sentido de que 'el hombre en su fondo es, por esencia, divino, juntamente hijo
de los hombres e hijo de Dios.' (p 177) Y quizás también se podría decir lo mismo de Ignacio si nos
remitimos a la Contemplación para alcanzar amor. La propia Teresa confiesa: “Acaeciome a mí
una ignorancia a el principio, que no sabía que estaba Dios en todas las cosas, y como me parecía
estar tan presente, parecíame imposible.”52
Pero el yo nunca se confunde con este centro del alma. Ella describe esta realidad del centro del
alma desde la perspectiva de 'criatura': “pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su
imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima.”53 Ahora
bien, para ella, la presencia divina en el alma es “Cristo nuestro Señor”, aunque “no es fácil
comprender, en efecto, cómo el alma, encontrándose totalmente en medio de la crucifixión y de la
angustia, pueda conservar la paz...”54 Esta paz es “ponerla el Señor con su presencia.”55 Su
cristocentrismo le lleva referirse a San Pablo, “aunque no con esa perfección, que no vivo yo ya,
sino que Vos, Criador mío, vivís en mí...”56 En efecto, quienes viven en este estado “no se acuerdan
más de su provecho que si no fuesen; sólo miran el contentar y servir al Señor,”57 y “este gozo la
tiene tan olvidada de sí y de todas las cosas.”58 Es la experiencia de ese 'salir de su propio amor
querer e interés' de San Ignacio (EE 189): “Que ni me parece vivo yo, ni hablo, ni tengo querer,
sino que está en mí quien me gobierna y da fuerza, y ando casi fuera de mí, y ansí me es
grandísima pena la vida.”59
“En lo que está la suma perfección claro está que no es en regalos interiores ni en grandes
48
Cuentas de conciencia, LXVI, 7
49
6 Moradas, VIII, 4
50
Exclamaciones, II, 2
51
5 Moradas, I, 5
52
Vida, XVIII, 15
53
1 Moradas, I, 1
54
7 Moradas, II, 10
55
Camino, XXXI, 2
56
Vida, VI, 9
57
Cantares, VII, 4
58
6 Moradas, VI, 12
59
Cuentas de conciencia, III, 10
Por eso, “en los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración, que no hay mejor
crisol para probarse,”63 porque “nuestro natural es tan amigo de deleite, empléase tanto en aquel
gusto, que no se querría menear ni por ninguna cosa perderle... que si tienen melancolía, harálas
entender mil embustes gustosos.”64 Por eso, al final de todo el proceso, no hay más arrobamientos:
“...en llegando aquí el alma, todos los arrobamientos se le quitan, si no es alguna vez, y ésta no con
aquellos arrebatamientos y vuelo del espíritu...”65 “Lo de las visiones imaginativas ha cesado.”66
Sin embargo, puede darse una experiencia indiscutible: “...mas es tan cierto y con tanta
certidumbre, y aun mucho más; porque acá ya se podría antojar, mas en esto no, que viene con
grandes ganancias y efectos interiores, que ni los podría haber, si fuese melancolía, ni tampoco el
demonio haría tanto bien, ni andaría el alma con tanta paz y con continuos deseos de contentar a
Dios y con tanto desprecio de todo lo que no la llega a él.”67 ¿No tendría esto que ver con el 'sin
dubitar ni poder dubitar' y el 'sin causa precedente' de Ignacio?
Criterios de discernimiento:
* Espontaneidad
San Ignacio lo formulará 'sin causa precedente', cosa que aclara a continuación: 'sin ningún previo
sentimiento o conoscimiento por el cual...' (EE 330), y Teresa: “...porque en ninguna manera ella
[el alma] puede ganar aquello por diligencia que haga.”68
* Imprevisibilidad
60
Fundaciones, V, 10
61
Fundaciones, IV, 8
62
Carta al P. Jerónimo Gracián, escrita el 23 de octubre de 1576, 7-9
63
4 Moradas, II, 8
64
Fundaciones, VI, 2
65
7 Moradas, III, 12
66
Cuentas de conciencia, LXVI, 3
67
6 Moradas, VIII, 3
68
Vida, XIV, 2
Teresa se pregunta por qué era ella la escogida para tantas gracias y no sus hermanas, que son más
santas y virtuosas, y recibe esta respuesta: “Sírveme tú a mí, y no te metas en eso,”69 y la única
razón que encuentra es esta: “Y ansí acaece no las hacer por ser más santos a quien las hace que a
los que no, sino porque se conozca su grandeza...”70
* Fugacidad
Esta característica es muy llamativa. Pero unida a dicha 'fugacidad', la experiencia deja una huella
que no dejan otras experiencias más prolongadas. Pero veamos cómo ella misma lo expresa: “...y
aunque es con tanta presteza, que lo podríamos comparar a la de un relámpago, queda tan
esculpido en la imaginación esta imagen gloriosísima, que tengo por imposible quitarse de ella
hasta que adonde para sin fin la pueda gozar...”71 Pero “tan imprimida queda en el alma aquella
majestad y hermosura, que no hay poderlo olvidar...”72
* Imposibilidad de reprimirlos
Este dato es más llamativo. No sólo no está en nuestra mano, sino que no podemos rechazarlo:
“porque bien entendía ya era cosa sobrenatural lo que tenía, porque algunas veces no lo podía
resistir; tenerlo cuando yo quería, era escusado.”73 Es lo que Ignacio constata en EE 175: 'cuando
Dios... así mueve y atrae... que sin dubitar... la ánima... sigue a lo que es mostrado'.
Esta preocupación es constante en ella: “Querría mucho el Señor me favoreciese para poner los
efectos que obran en el alma estas cosas, que ya comienzan a ser sobrenaturales, para que se
entienda por los efectos cuándo es espíritu de Dios; digo se entienda conforme a lo que acá se
puede entender, aunque siempre es bien andemos con temor y recato,”74 pues está convencida de
que el enemigo se aprovecha de las posible perturbaciones psicológicas de la persona. En una carta
a María Bautista, escribe Teresa: “De eso que dice interior, mientras más tuviere ha de hacer menos
caso de ello, que se ve claro que es flaqueza de la imaginación y mal humor, y como esto ve el
demonio debe de ayudar su pedazo,”75 porque “el caso es que en estas cosas interiores de espíritu
la que más acepta y acertada es, es la que deja mejores dejos; no digo luego al presente muchos
deseos (que esto, aunque es bueno, a las veces no son como los pinta nuestro amor propio); llamo
dejos confirmados por obras...”76
Estos efectos, que son liberadores, el entorno cultural los percibe como amenazas: “Un no se nos
dar nada que digan mal de nosotros, antes tener mayor contento que cuando dicen bien; una poca
estima de honra; un desasimiento de sus deudos... porque me parece son ya bienes sobrenaturales u
contra nuestra natural inclinación,”77 ¡y siguen siéndolo!
69
Vida, XIX, 9
70
1 Moradas, I, 3
71
6 Moradas, IX, 3-4
72
Vida, XXVIII, 9
73
Vida, XXIII 5
74
Vida, XIV, 8
75
Epistolario, carta 140, 14. En 6 Moradas, IX, 8 dice: “Cuando pudiere el alma estar mucho espacio mirando este
Señor, yo no creo que será visión, sino alguna vehemente consideración, fabricada en la imaginación alguna figura;
será como cosa muerta en estotra comparación.”
76
Epistolario, carta 134, 7
77
Vida, XXXI, 18
Encontramos en Teresa una distinción incomprensible para el hombre de hoy: la libertad que ella
experimenta en la 7ª Morada no es equiparable al 'libre albedrío' que se concreta en la capacidad
que tenemos de autodeterminación. En efecto, la libertad que goza en dicha morada está por encima
de todo deseo: una libertad espiritual, “completa”, “con muy mayor desasimiento en las cosas de
esta vida, y con más ánimo y libertad”.78 La misma Teresa, se pregunta: “¿Cómo será libre el que
del Sumo estuviere ajeno? ¿Qué mayor ni más miserable cautiverio que estar el alma toda suelta de
la mano de su Criador?” León comenta: 'la libertad espiritual significa que el alma está
determinada de forma absoluta por el amor de Dios.' (p 224) Es decir, está “dormida para
arrostrar y asirse a ninguna criatura”79 y “harto despierta para esto ['voluntad a amar'].”80
Desde el centro del alma no experimentarás “ya no más mudanza” ni “vieres perdida tu mudable
voluntad”;81 “donde ya no serás libre para pecar, ni lo querrás ser, porque estarás seguro de toda
miseria, naturalizado con la vida de tu Dios”,82 o participando de la naturaleza divina. Como ya
dijimos, el alma “no se mueve ya en absoluto de este centro donde está; nunca pierde la paz”.83
“...mas con esto me espanta una cosa, escribe ella, que aquellos sentimientos tan excesivos e
interiores que me solían atormentar de ver perder las almas y de pensar si hacía alguna ofensa a
Dios, tampoco lo puedo sentir ahora ansí, aunque -a mi parecer- no es menor el deseo de que no
sea ofendido”.84 Y comenta León: 'Ella es, por tanto, incapaz de hacer un juicio moral...' Y en su
Relación [Cuentas de conciencia] a Don Alfonso Velázquez, escribe: “...no podría ni hacer los
actos como solía ni tener las penas por las ofensas de Dios”.85 No experimenta “ninguna enemistad
con las que las hacen mal o desean hacer; antes les cobran amor particular”.86 Es decir, 'trasciende
cualquier juicio moral respecto del otro, de Dios, y de sí misma... (pp. 224-5)
La cita no deja de ser sugerente; pero lo sorprendente es que en Ignacio encontramos algo parecido.
En Algunos dichos de nuestro bienaventurado Padre, que aparece en Thesaurus spiritualis
Societatis Iesu, el número 11 dice así: “Los de la Compañía deben ser con los prójimos que tratan,
como los Ángeles de guarda, con los que les han sido encomendados, en dos cosas: la una, en
ayudarlos cuanto puedan para su salvación; la otra, en no turbarse ni perder su paz, cuando,
habiendo hecho lo que es en sí, los otros no se aprovechan” (p. 326), entre otras cosas, porque con
'turbarnos', conseguiríamos menos...
Autonomía, no autosuficiencia
“Y ansí ya no he menester andar con letrados, ni decir a nadie nada; sólo satisfacerme si voy bien
78
Cuentas de conciencia, II, 2
79
6 Moradas, IV, 14
80
Ibidem
81
Exclamaciones, XVII, 7
82
Exclamaciones, XVII, 6
83
7 Moradas, II, 5-7
84
Cuentas de conciencia, LXVI, 6
85
Cuentas de conciencia, LXVI, 7
86
7 Moradas, III, 3
Es decir, es el nuevo conocimiento que no tiene nada que ver con el adquirido con nuestro esfuerzo.
León lo formula: 'Teresa conoce por presencia y por experiencia vivida': “Paréceme ahora a mí que
cuando una persona ha llegádola Dios a claro conocimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es
mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y
lo otro soñado, u qué cosa es amar al Criador u a la criatura (esto visto por experiencia, que es
otro negocio que sólo pensarlo y creerlo), u ver y probar qué se gana con lo uno y se pierde con lo
otro, y qué cosa es Criador y qué cosa es criatura, y otras muchas cosas que el Señor enseña a
quien se quiere dar a ser enseñado de él en la oración u a quien Su Majestad quiere, que aman muy
diferentemente de los que no hemos llegado aquí”.90 “De manera que lo que tenemos por fe, allí lo
entiende el alma -podemos decir- por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo ni del alma,
porque no es visión imaginaria”.91 Por tanto, este conocimiento produce “un efecto completamente
diferente de la fe”,92 y comenta León: 'Es a través de la experiencia como el alma adquiere un
conocimiento de las cosas divinas y este conocimiento no suscita ninguna duda. Por el contrario,
ella le confiere la certeza absoluta de que lo que ella conoce del objeto es verdadero' (pp. 225-6),
pues “ni hay saber ni manera de regalo que yo estime en nada en comparación del que es oír sola
una palabra dicha de aquella divina boca, cuantimás tantas”.93 Y en otro momento, a propósito de
la presencia de las tres personas divinas, comenta: “Que parece claro se experimenta, dice ella, lo
que dice San Juan, 'que haría morada con el alma'; esto no sólo por gracia, sino porque quiere dar
a sentir esta presencia...”94
Ella está “toda empapada en aquella inmensa grandeza de Dios en que se ve quedar tan
sustentada”95 y “descubre cómo en Dios se ven todas las cosas y las tiene todas en sí mesmo”.96 Es
la tarea que Ignacio sugiere al que queda en 'probación': “y sean exhortados a menudo a buscar en
todas cosas a Dios nuestro Señor, apartando, quanto es posible, de sí el amor de todas las
criaturas, por ponerle en el Criador dellas, a Él en todas amando y a todas en Él, conforme a su
santísima y divina voluntad” (Const. 288)
Hay un dato curioso: Ignacio no habla de la 'vía unitiva', mientras Teresa sí y, lo que es más
importante, dicho estado -sexta y séptima moradas que están unidas entre sí-, domina sólo lo
87
Cuentas de conciencia, LXVI, 7
88
6 Moradas, IX, 10
89
Vida, XXVII, 5
90
Camino, VI, 3
91
7 Moradas, I, 6
92
Relaciones, XII
93
Vida, XXXVII, 4
94
Ibidem
95
Cantares, IV, 4
96
6 Moradas, X, 2; Vida, XL,9: ”Estando una vez en oración, se me presentó muy en breve (…) cómo se ven en
Dios todas las cosas y cómo las tiene todas en sí”. [EE 336: el propio tiempo de la tal actual consolación...]
Después de las aportaciones de San Ignacio y Santa Teresa sobre la experiencia mística -sus
características y riesgos-, podemos recoger sus intentos de describir sus 'vivencias místicas', algo
que ya se nos dijo ser inefable. Creo que estamos un poco más capacitados para leer entre líneas,
sabiendo siempre que no es una teoría la que se nos ofrece, sino experiencias que ellos mismos
advirtieron ser imposible su comprensión a no ser por propia experiencia. Pero hay un dato que no
conviene olvidar: las dos personas a las que acudimos dieron una talla humana que no casa con un
supuesto desequilibrio que convertiría sus manifestaciones en puras fantasías patológicas.
IGNACIO DE LOYOLA
La experiencia estrella en Ignacio, sin decir que es la única, es la que denominamos 'la visión del
Cardoner' (Autob. 30). Evidentemente es un referente que él mismo subraya. Sin embargo, antes de
hablarnos de dicha experiencia tenemos algunos datos que van a delimitar en su verdadero alcance
lo que hemos denominado 'experiencia mística'.
Por lo pronto, todos los 'fervores' del comienzo como sus posturas extremas las descalifica. Camino
de Monserrat comenta:
1Y en este camino le acaeció una cosa, que será bueno escribirse, para que se entienda cómo
nuestro Señor se había con esta ánima, que aún estaba ciega, aunque con grandes deseos de
servirle en todo lo que conociese, 2y así determinaba de hacer grandes penitencias, no teniendo ya
tanto ojo a satisfacer por sus pecados, sino agradar y placer a Dios. 3Y así, cuando se acordaba de
hacer alguna penitencia que hicieron los santos, proponía de hacer la misma y aún más. 4Y en estos
pensamientos tenía to da su consolación, no mirando a cosa alguna interior, ni sabiendo qué cosa
era humildad, ni caridad, ni paciencia, ni discreción para reglar ni medir estas virtudes, 5sino toda
su intención era hacer destas obras grandes exteriores, porque así las habían hecho los Santos
para gloria de Dios, sin mirar otra ninguna más particular circunstancia. (Autob. 14)
Es decir, una cosa era el proceso que vivía: estaba en manos de Dios - cómo nuestro Señor se había
con esta ánima- y otra su madurez espiritual: “aún estaba ciega”. Y lo explica a continuación: sus
'grandes deseos de servirle en todo' que se concretaban en una confrontación competitiva con lo
que habían hecho los santos 'y aún más', se contraponen a “no mirando a cosa alguna interior”. Por
lo visto los pensamientos en los que 'tenía toda su consolación' no tenían nada que ver con lo que él
denomina 'cosa interior' que, según dice a continuación, ha de estar autentificada con datos
constatables que coinciden con los que hemos recogido en el apartado anterior: “ni sabiendo qué
cosa era humildad, ni caridad, ni paciencia, ni discreción para reglar ni medir estas virtudes”,
cosas que por lo visto hay que constatar en la realidad: “sin mirar otra ninguna más particular
Todos aquellos 'grandes deseos' voluntaristas y heroicos eran algo que consideraba 'ceguera' (no
sabía 'de qué iba', no había sido aún 'iluminado') como contrapuesto a lo interior que ha de ser el
verdadero referente, pero que, paradójicamente, hay que contextualizar: no es válido desde la
prepotencia autosuficiente (>< humildad), ni el egoísmo (>< caridad), ni la inconstancia (><
paciencia), ni el subjetivismo (>< discreción, que ha de llevarse a cabo en la realidad =
circunstancias). Lo verdaderamente 'interior' ha de constatarse en sus frutos.
Por otro lado hay que caer en la cuenta del verbo que usa: “no mirando a cosa alguna interior”.
Luego usará el verbo ver. Se trata, pues, de una realidad que 'se presencia', 'se contempla', no se
razona o elucubra. Esto no conviene olvidarlo al leer las citas siguientes.
A continuación refiere la conversación con la anciana 'sierva de Dios' que le desea se le aparezca
Jesucristo, cosa que le espanta. Pues bien en el número 37 vuelve a hacer mención de esta mujer en
los siguientes términos:
1Y se embarcó, habiendo estado en Barcelona poco más de veinte días. 2Estando todavía aún en
Barcelona antes que se embarcase, según su costumbre, buscaba todas las personas espirituales,
aunque estuviesen en ermitas lejos de la ciudad, para tratar con ellas. 3Mas ni en Barcelona ni en
Manresa, por todo el tiempo que allí estuvo, pudo hallar personas, que tanto le ayudasen como él
deseaba; 4solamente en Manresa aquella mujer, de que arriba está dicho, que le dijera que rogaba
a Dios le aparesciese Jesucristo: esta sola le parescía que entraba más en las cosas espirituales. 5Y
así, después de partido de Barcelona, perdió totalmente esta ansia de buscar personas espirituales.
Resulta que aquella mujer sin ninguna formación que deseaba para él “le aparesciese Jesucristo”,
era la única que “le parescía que entraba más en las cosas espirituales”. Da claramente a entender
que se está refiriendo más a experiencias místicas que conocimientos teológicos. Hay que añadir
que esto lo comenta Ignacio al final de su vida (aproximadamente cuando tenía unos 62 años), lo
cual tiene mucho más alcance. Las 'cosas espirituales' se experimentan, hay que 'entrar en ellas' -lo
cual supone que estamos 'fuera'-.
La experiencia mística.
Los números en los que relata su 'experiencia mística' van del 27 al 30 de la Autobiografía. En el
27 empieza por describir cómo 'le trataba Dios'. La experiencia mística es algo personal, pero lo
curioso es que no habla de 'su' trato con Dios, sino del de Dios con él. Importante detalle: el
protagonista en la experiencia mística es siempre Dios. Pero leamos el texto:
... 4En este tiempo le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño,
enseñándole... 5y siempre ha juzgado que Dios le trataba desta manera; antes si dudase en esto,
pensaría ofender a su divina majestad...”
En este tiempo: Ignacio todo lo enmarca en el tiempo, nunca generaliza. Para él el ser humano no
puede salirse del tiempo, es decir, no podemos 'eternizar' nada. Esto será importantísimo para él,
como veremos en el Tema siguiente: siempre estamos en un presente, que nunca podemos paralizar.
Por tanto, lo que a continuación va a contar hay que limitarlo a aquel 'tiempo'. Pero, de una manera
especial, el dato temporal se destacará en toda experiencia mística.
Le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño: como vemos no
razona, remite a una realidad viviente. La mística no puede expresarse con razonamientos ni teorías,
sino a lo más con símbolos. En nuestro caso, la imagen no puede ser más expresiva: el 'maestro de
escuela' enseña; el 'niño' aprende, y no puede ser al contrario. La relación entre ellos es de total
desigualdad. Una imagen que expresa la total pasividad de la experiencia mística; es lo que él dirá
en los EE: 'sin causa precedente'. Sólo entonces es de Dios. Y 'siempre ha juzgado que Dios le
trataba desta manera', que
si dudase en esto, pensaría ofender a su divina majestad: otro dato que sabíamos del apartado
anterior, la imposibilidad de dudar, cuando la experiencia es de Dios.
Los números siguientes describen los cinco puntos en los que alude a dicha enseñanza. Los temas
van a ser Trinidad (28), Creación, Eucaristía, Humanidad de Cristo (29) y en el 30 la 'visión del
Cardoner'.
Y empecemos por la Trinidad: fuera de su sorpresa al ver que hacía cuatro oraciones, una a cada
Persona y la cuarta 'a la Santísima Trinidad', es interesante recoger lo siguiente:
3Y estando un día rezando en las gradas del mesmo monasterio las Horas de nuestra Señora, se le
empezó a elevar el entendimiento, como que veía la Santísima Trinidad en figura de tres teclas, y
esto con tantas lágrimas y tantos sollozos, que no se podía valer... [Estos sollozos le duran hasta la
comida] ni después de comer podía dejar de hablar sino de la Santísima Trinidad; 5y esto con
muchas comparaciones y muy diversas, y con mucho gozo y consolación; de modo que toda su
vida le ha quedado esta impresión de sentir grande devoción haciendo oración a la Santísima
Trinidad. (Autob. 28)
Y estando un día...: primer dato a tener en cuenta. Estas experiencias siempre están localizadas
espacio-temporalmente: fue un día concreto y 'en las gradas del monasterio'. El razonamiento no
tiene localización, la experiencia sí: es algo que ocurrió en un lugar y a una hora. Esto se va a
repetir en todas las experiencias de este tipo a las que aludamos. Esto no tiene nada que ver con las
ideas o teorías que vamos elaborando cuya entidad son ellas mismas. Aquí lo importante es el
Se le empezó a elevar el entendimiento: es algo que le ocurre, que experimenta pasivamente. Por
otro lado la palabra 'elevar' no sabemos cuál es su contenido: lo que sí sugiere es que lo que se eleva
mucho 'deja de estar a nuestro alcance', nos 'sobrepasa'. Pero explicita en qué puede consistir dicha
'elevación':
Como que veía la Santísima Trinidad: la precisión del lenguaje de los místicos es sorprendente. No
dice que 'veía', sino 'como que veía': es algo que tiene que ver con nuestra experiencia de la visión,
pero no puede equipararse. Lo que sí parece hay que retener es que es algo que tengo delante y, si
no cierro los ojos, no puedo negarla. El problema es que en este caso, la descripción de lo que veo
parece no ser tan fácil:
En figura de tres teclas: aquí habría que recordar todo lo que nos ha dicho León Bonaventure sobre
el símbolo 'como único medio de expresar lo espiritual'. En efecto en la escueta imagen de Ignacio
sugiere que 'tres teclas' pueden suscitar un único acorde. Pero a más no llegamos. Es pues visión -
algo que se nos pone delante, que se impone- pero que sólo podemos sugerir por 'figuras' -símbolos-
.
Y esto con tantas lágrimas y tantos sollozos: es decir, esta experiencia no es algo meramente
'intelectual', sino algo que conmociona a todo mi ser, hasta el cuerpo. Es algo totalizante
Que no se podía valer: esta experiencia que conmociona 'no podemos reprimirla', nos decía León.
Pero hay otro dato importante para Ignacio:
Ni después de comer podía dejar de hablar sino de la Santísima Trinidad: no es algo que aísla o
ensimisma, sino todo lo contrario, algo que nos abre 'compulsivamente' a comunicarlo. Pero ¿qué?
Con muchas comparaciones y muy diversas: sólo con 'comparaciones'; la cosa en sí es 'inefable';
pero ninguna comparación agota lo que queremos comunicar: 'muy diversas'. Y no es este el único
efecto que produce esta experiencia:
Y con mucho gozo y consolación: para Ignacio este es un dato imprescindible, pues, como él dirá
en los EE: “propio es de Dios... dar verdadera alegría y gozo espiritual” (EE 328). Por otro lado,
no es cualquier alegría o gozo, sino que ha de ser 'verdadera' ella, y 'espiritual' él, y ya hemos visto
que no tenía nada que ver ni con los 'grandes deseos' ni el mucho 'hervor'. Ahora bien, esta
experiencia no es una más que va ocurriendo en la vida, cayendo la mayoría en el olvido, sino que
Toda su vida le ha quedado esta impresión: es algo que no puede olvidarse: ha puesto en juego la
totalidad de la persona, quedando impreso en ella (¿el 'conocimiento interno'?). Lo mismo
compartirá Santa Teresa.
Pero pasemos a las vivencias que recoge Autobiografía 29: su experiencia acerca de la Creación:
1Segundo. Una vez se le representó en el entendimiento con grande alegría espiritual el modo
con que Dios había criado el mundo, que le parecía ver una cosa blanca, de la cual salían algunos
rayos, y que della hacía Dios lumbre. 2Mas estas cosas ni las sabía explicar, ni se acordaba del
todo bien de aquellas noticias espirituales, que en aquellos tiempos le imprimía Dios en el alma.
Con grande alegría espiritual: aquí recoge el dato concomitante que avala que la experiencia es de
Dios: ha de ser una alegría 'verdadera', y un gozo 'espiritual' (EE 328). A la hora de formular el
hecho de la creación, no es una teoría o razonamiento, sino
Le parecía ver una cosa blanca...: de hecho, lo que va a comunicar es algo 'inefable', por eso a lo
más que llega es 'le parecía', pero la imprecisión es inevitable: 'cosa blanca', 'rayos', 'hacía Dios
lumbre’. Lo que sí es claro es que Dios le imprimió algo que allí acontecía, que no sólo no era fácil
'explicarlas', sino que
Ni se acordaba del todo bien de aquellas noticias espirituales: el caso es que no pone en duda el
hecho de las 'noticias', que por otro lado eran 'espirituales'.
Una vez más, esta experiencia está localizada espacio-temporalmente; por otro lado también es algo
que hay que relacionar con la visión ('vio'), aunque 'con los ojos interiores'
Unos como rayos blancos que venían de arriba: de nuevo aparecen términos ya conocidos -'rayos',
'blancos'- pero 'vienen de arriba'. Estas 'noticias' nunca pueden venir de nosotros. De nuevo
reconoce que 'después de tanto tiempo', 'no lo puede bien explicar', lo cual no quiere decir que no
lo viera 'con el entendimiento claramente...'
fue ver cómo estaba en aquel Santísimo Sacramento Jesucristo nuestro Señor: el contenido de la
experiencia si está bien definido. De nuevo, el verbo que usa es 'ver'.
Aquí no se reduce a una experiencia aislada, sino que son 'muchas veces y por mucho tiempo', pero
no es un 'estado' permanente.
Veía con los ojos interiores la humanidad de Cristo: de nuevo es algo que 've', aunque con los ojos
'interiores', y está bien definido el 'objeto': 'la humanidad de Cristo'. Pero lo que ve es
La figura: estas experiencias son a través de 'figuras' (¿símbolos?). Y una vez más aparecen
términos ya conocidos:
Le parecía era como: no es sin más equiparable a ninguna descripción nuestra, pero es
Por otro lado, cada experiencia tiene su entidad, y se siente obligado a situarlas: en Manresa cree
asegurar fueron veinte o cuarenta, mientras que después alude a una en Jerusalén y otra 'junto a
Padua'. Es su preocupación por datar algo bien definido, como podemos hacerlo con los
acontecimientos que vamos viviendo. Es decir, lo que no pone en duda es su realidad aunque sea
imposible de explicar. Pero este número termina con algo sumamente importante para nuestro
cometido:
Consecuencias en su fe:
9Estas cosas que ha visto le confirmaron entonces, y le dieron tanta confirmación siempre de la
fe, que muchas veces ha pensado consigo: si no hubiese Escriptura que nos enseñase estas cosas
de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto.
Estas cosas que ha visto: de nuevo el verbo 'ver' y el término 'cosas' (realidades, diríamos
nosotros), es decir, son experiencias, algo que se nos impone y nos marca hasta tal punto que
Le confirmaron entonces, y le dieron tanta confirmación siempre de la fe: ¿no tendría esto que ver
con lo que hemos denominado 'fe postpascual' en el Tema tercero? Lo interesante, como veremos
en el Tema siguiente, es que Ignacio pretende que el ejercitante se abra (se 'disponga') a esta
experiencia. ¿Qué sentido podría tener, si no, el concepto de 'conocimiento interno', que en
diversos momentos le dice que pida? Porque si este conocimiento se nos da:
Si no hubiese Escriptura que nos enseñase estas cosas de la fe: es la formulación más inequívoca
de una fe firme que es lo que nos ha ocupado en estos Temas. Mientras nuestra fe hemos intentado
apoyarla en el testimonio de la Escritura (recordar lo que José A. Marina encontraba en la
'teología'), aquí San Ignacio alude a algo que la suple: su propia experiencia 'inefable', inexplicable,
pero también indudable. Y la prueba de que se ha dado dicha experiencia es que
Él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto: esta 'visión' tiene mucha más
fuerza (y por tanto más realismo) que el 'mucho saber' al que alude en EE 2. La fe ha de ser algo
que nos ponga en juego como totalidad y que sea inamovible: firme; pues bien, esta experiencia nos
'prepara y dispone' hasta a 'morir por ellas', exigencia a la que alude en la 1ª y 2a maneras de
humildad (EE 165-166) para poder plantearse la 3ª.
Se le empezaron abrir los ojos del entendimiento: la experiencia no es instantánea, sino progresiva.
Los ojos que se le empiezan a abrir son los del 'entendimiento'. Pero, una vez más, tiene que recurrir
al verbo 'ver' (no es un razonamiento, sino algo relacionado con la presencia, ¿con la intuición?).
Por eso se siente obligado a puntualizar de qué 'visión' se trata:
Y no que viese alguna visión: pero no retira el verbo. Es algo que se le pone delante y percibe, pero
no del tipo de 'visión', aunque al parecer sí con la contundencia de lo que tenemos delante y vemos,
Sino entendiendo y conociendo muchas cosas: ya nos dijo que eran 'los ojos del entendimiento', y
al parecer estos 'ojos' pueden producir lo que él da tanta importancia: conocimiento interno, algo
que se nos incorpora y graba, como no puede hacerlo ningún razonamiento ni elucubración. Ahora
bien, este nivel de conocimiento, en este caso, abarcó un abanico tan amplio que él dice 'muchas
cosas'. En efecto, a continuación alude a esta amplitud:
Tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras: alude a tres campos: las 'cosas
espirituales' -que no son los 'fervores' o 'grandes deseos'- 'fe' y 'letras'. Abarca todos los campos
posibles. Ya vimos que la fe cristiana ha de estar encarnada: es su característica específica. No es
fácil, por tanto, hacer compartimentos, tan socorridos a la hora de la evasión, sino que nos implica y
complica.
Y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas: y aquí utiliza un
término nuevo: 'ilustración': es un conocimiento a otro nivel, desde otra perspectiva, diríamos
nosotros, hasta tal punto que las cosas se vuelven nuevas. Y no es que lo sean, sino que él las
percibe así (le parecían).
Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos: de nuevo
nos encontramos con la dimensión de la inefabilidad -no se puede declarar-, cosa que para él no
quiere decir que sea menos 'real', antes bien es un conocimiento más penetrante y profundo.
Sino que recibió una grande claridad en el entendimiento: la 'ilustración' de la que antes hablaba
la describe como 'grande caridad en el entendimiento'. Todo lo refiere al entendimiento, pero nunca
lo relaciona con el 'razonamiento', sino con el verbo 'ver', incluso 'mirar'. Es algo que se hace
presente y no puedo negar. Ya veremos, en el siguiente Tema cómo intenta describir esta
experiencia en los EE.
De manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados los sesenta y dos años, coligiendo
todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte
todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto como aquella vez sola: para expresar la plenitud
que está intentando describir no se le ocurre otra cosa que sintetizar toda su vida en un punto -
'aunque las ayunte todas [las ayudas de Dios] en uno'-, no puede compararse con lo que en aquella
experiencia recibió. Parece una experiencia extratemporal. ¿Tendrá esto que ver con el 'tiempo' de
Dios, lo que en nuestra manera de expresarnos hemos denominado 'eternidad'?
La experiencia, aunque parece sacarlo del tiempo, es consciente que fue temporal, y el número
siguiente (31) empieza así:
1Y después que esto duró un buen rato, se fue a hincar de rodillas a una cruz que estaba allí
cerca, a dar gracias a Dios; 2y allí le apareció aquella visión que muchas veces le aparecía y
nunca la había conocido, es a saber, aquella cosa que arriba se dijo, que le parecía muy hermosa,
con muchos ojos. 3Mas bien vio, estando delante de la cruz, que no tenía aquella cosa tan hermosa
color como solía; y tuvo un muy claro conoscimiento, con grande asenso de la voluntad, que
aquel era el demonio; 4y así después muchas veces por mucho tiempo le solía aparecer, y él a modo
de menosprecio lo desechaba con el bordón que solía traer en la mano.
Esto duró un buen rato: no se atreve a decir cuánto. Algo parecido decía Teresa. Pero lo interesante
es que no podemos nosotros controlar su duración. Por eso él, en los EE advertirá que hay que
distinguir 'el propio tiempo de la tal actual consolación del siguiente' en el que los favores que se
experimenten 'no son dados inmediatamente de Dios nuestro Señor' (EE 336). En efecto, la
'inmediatez' de Dios -“sin causa precedente”- es la única garantía, pero no podemos secuestrarla.
Ante una experiencia de este alcance, sólo cabe una reacción
Dar gracias a Dios: si hay un dato claro en este 'desbordamiento' es que es puro don. Pero, justo en
este momento en que la persona parece estar transformada tiene otra 'visión':
Y allí le apareció aquella visión que muchas veces le aparecía y nunca la había conocido: la
visión era atrayente y 'positiva', diríamos hoy. Sin embargo confiesa que 'nunca la había conocido'.
Es decir, el hecho de tener una experiencia no quiere decir que se 'ha conocido'. Una vez más, para
él, el verdadero conocimiento es el interno, y éste se nos tiene que dar. De nuestra parte lo único
que queda es la sospecha. Antes distinguíamos entre 'autonomía' y 'autosuficiencia'. La autonomía
verdadera surge de un 'conocimiento interno'; la autosuficiencia es prepotencia. Pero ¿cómo alcanza
en este caso dicho 'conocimiento'?
Vio... que no tenía aquella cosa tan hermosa color como solía: la 'hermosura' permanecía; tan sólo
el 'color' no era el que solía... Esto por sí solo no proporciona ningún 'conocimiento'... En efecto:
Y tuvo un muy claro conoscimiento, con grande asenso de la voluntad, que aquel era el demonio:
ahora nos da un dato importante: este 'muy claro conocimiento' debe experimentarse 'con un grande
asenso de la voluntad'. En Ignacio, ¡nunca desaparece la persona ante Dios, sino se
responsabiliza!97 Por otro lado, nunca esta relación Dios-criatura anula la distancia: nunca el ser
humano puede convertirse en Dios. Por eso la seguridad total -una vida unitiva como logro
asegurado- no es posible para Ignacio. Otra cosa es que 'en el propio tiempo de la tal consolación'
[sin causa precedente] no hay posibilidad de engaño, pero... ¡sospecha permanente!
97
Esto nos lo encontramos más de una vez en el proceso de EE: el Preámbulo para considerar estados (EE 135)
termina: ...para venir en perfección en cualquier estado o vida que Dios nuestro Señor nos diere para elegir; y en el
tercer binario (EE 155): según que Dios nuestro Señor le pondrá en voluntad, y a la tal persona le parescerá mejor
para servicio y alabanza de su divina majestad. Por eso en el primer tiempo de hacer elección lo formula así:
cuanto Dios nuestro Señor así mueve y atrae la voluntad que, sin dubitar ni poder dubitar, la tal ánima devota sigue
a lo que es mostrado. (EE 175)
De nuevo nos encontramos con los mismos datos: la concreción espacio-temporal de la visión. Sin
embargo, la formulación que usa es nueva:
Y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo: una vez más el verbo 'ver' y 'tan
claramente'. Es algo que se impone por su presencia.
Que no se atrevería a dudar de esto: el dato de la imposibilidad de dudar, aunque sea 'inefable'.
Se van, pues repitiendo los contextos y vivencias que garantizan una experiencia de este tipo. Pero
recojamos, al final de la Autobiografía (99), la confesión que hace a Cámara espontáneamente:
...y que había hecho muchas ofensas a nuestro Señor después que había empezado a servirle, pero
que nunca había consentido en pecado mortal; es más, siempre creciendo en devoción, es decir, en
facilidad de hallar a Dios, y ahora más que nunca en toda su vida, y siempre a cualquier hora que
quería hallar a Dios, lo hallaba. Me dijo también que aún ahora tenía muchas visiones, sobre todo
aquellas de ver a Cristo como sol, 7de las cuales se ha hablado más arriba. Y esto le sucedía con
frecuencia al tratar de cosas importantes lo cual le ayudaba a alcanzar confirmación.
La fragilidad -había hecho muchas ofensas a nuestro Señor- junto a la fidelidad -pero que nunca
había consentido en pecado mortal-, desembocan en algo importante para él, la devoción: “siempre
creciendo en devoción, es decir, en facilidad de hallar a Dios”. Más aún, las 'visiones' seguían, y
curiosamente alude a “aquellas de ver a Cristo como sol”, coincidiendo en este símbolo con Teresa
de Jesús. Estas experiencias le servían de confirmación a la hora de 'tratar cosas importantes', como
aludirá en el número siguiente, cuando le confiesa cómo redactaba las Constituciones. El creyente
está llamado a esta síntesis: ¿No sería esto la frase de Nadal: “ser contemplativos en la acción”?
Me he remitido a la Autobiografía, por ser un documento que contiene lo que él decidió compartir
de su vida porque veía podía ayudar a los demás. Esta motivación da un alcance al texto que no
pueden tenerlo otros. Más aún, el mismo Cámara le pidió 'le dejara un poco' 'el fajo de papeles' que
le había enseñado, pero 'él no quiso'. Después este 'fajo' cayó en nuestras manos. En este sentido, lo
que llámanos 'Diario espiritual' debíamos tratarlo con más pudor, pues nuestras interpretaciones no
son suyas... No obstante, encontramos en él expresiones que sólo aparecen en este documento,
como son 'devoción calorosa', 'gracia mucha asistente calorosa, lúcida y amorosa', 'mucha
claridad lúcida, calorosa y muy suave', 'hilaridad de mente', 'acatamiento, reverencia y humildad',
'humildad amorosa', 'loqüela interna y externa', 'loqüela o música celeste', 'aprendía divinitus'.
[12-V]
No quiero terminar sin recoger los signos que para él garantizan que una experiencia es de Dios. En
la carta que escribe a Borja con ocasión de la noticia de que tanto el emperador Carlos V como el
papa están de acuerdo para nombrarlo cardenal, Ignacio le confiesa su duda de si debe hacer lo
posible por impedirlo. He aquí la carta:
(Carta a Francisco de Borja, escrita el 5-VI-1552, BAC, 2ª ed. Madrid 1963, carta 75)
Cerca el capelo me paresció daros alguna razón de lo que por mí ha pasado, como a mi ánima
TERESA DE JESÚS
Después de todo lo visto en Ignacio, lo mejor es leer la descripción que hace santa Teresa en el
Libro de su Vida, de la conversación con su confesor acerca de que “Parecíame andar siempre a
mi lado Jesucristo...” No haré ningún comentario, pero sí resalto con negrita lo que me ha parecido
más interesante para confrontarlo con todo lo que San Ignacio nos ha dicho:
“Luego fui a mi confesor harto fatigada a decírselo. Preguntóme que en qué forma le vía. Yo le dije
que no le vía. Díjome que cómo sabía yo que era Cristo. Yo le dije que no sabía cómo, mas que no
podía dejar de entender estaba cabe mí y lo vía claro y sentía, y que el recogimiento del alma era
muy mayor en oración de quietud y muy continua, y los efectos que eran muy otros que solía tener,
y que era cosa muy clara. No hacía sino poner comparaciones para darme a entender; y... no la
hay que mucho cuadre... Porque si digo que con los ojos del cuerpo ni del alma no lo veo, porque
no es imaginaria visión,.. ni se ve escuridad, sino que se representa por una noticia a el alma más
clara que el sol. No digo que se ve sol, ni claridad, sino una luz que, sin ver luz, alumbra el
entendimiento para que goce el alma de tan gran bien. Trai consigo grandes bienes.
4. No es como una presencia de Dios que se siente muchas veces...; acá vese claro que está aquí
Jesucristo, hijo de la Virgen. En estotra oración represéntanse unas influencias de la Divinidad;
aquí, junto con éstas, se ve nos acompaña y quiere hacer mercedes también la Humanidad
Sacratísima.
5. Pues preguntome el confesor: ¿quién dijo que era Jesucristo? Él me lo dice muchas veces,
respondí yo; mas antes que me lo dijese se imprimió en mi entendimiento que era Él... Acá sí, que
sin verse, se imprime con una noticia tan clara que no parece se puede dudar;... porque en esto
algunas veces nos queda sospecha si se nos antojó; acá, aunque de presto dé esta sospecha, queda
por una parte grande certidumbre que no tiene fuerza la duda.
6. ...Dios enseña el alma y la habla sin hablar, de la manera que queda dicha. Es un lenguaje tan
del cielo, que acá se puede mal dar a entender aunque más queramos decir, si el Señor por
experiencia no lo enseña... Y nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el alma lo que
Él quiere, y grandes verdades y misterios... y paréceme que es adonde el demonio se puede
entremeter menos...
7. ...mas estas que son, digo que no obramos nosotros nada ni hacemos nada: todo parece obra
del Señor. Es como cuando ya está puesto el manjar en el estómago sin comerle, ni saber nosotros
cómo se puso allí... mas cómo se puso no lo sé, que ni se vio, ni le entiende, ni jamás se había
movido a desearlo, ni había venido a mí noticia a que esto podía ser.
8. En la habla que hemos dicho antes, hace Dios a el entendimiento que advierta... que allá parece
tiene el alma otros oídos con que oye, y que la hace escuchar, y que no se divierta... Todo lo halla
guisado y comido; no hay más que hacer de gozar; como uno que sin deprender ni haber
trabajado nada para saber leer ni tampoco hubiese estudiado nada, hallase toda la ciencia sabida
ya en sí, sin saber cómo ni dónde, pues aún nunca había trabajado, aun para deprender el abc.
9. Esta comparación postrera me parece declara algo de este don celestial, porque se ve el alma en
un punto sabia, y tan declarado el misterio de la Trinidad y de otras cosas muy subidas, que no hay
teólogo con quien no se atreviese a disputar la verdad de estas grandezas. Quédase tan espantada,
que basta una merced de éstas para trocar toda un alma y... la hace capaz de grandes bienes y le
comunica secretos y trata con ella con tanta amistad y amor que no se sufre escribir... Y ansí yo
pienso decir... algunas visiones que pueden para alguna cosa aprovechar...u para declararle el
modo y camino por donde el Señor me ha llevado, que es lo que mandan escribir.98
Recojamos otras expresiones de la santa que expresen esa manera de conocer desde la 'visión',
desde la experiencia, no el razonamiento, que paradójicamente es más plena que cualquier otra.
“…y por una noticia admirable que se da a el alma, entiende con grandísima verdad ser todas tres
Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por
fe, allí lo entiende el alma -podemos decir- por vista, aunque no es vista con los ojos de cuerpo ni
del alma, porque no es visión imaginaria”99.
“...que quedan unas verdades en esta alma tan fijas de la grandeza de Dios, que cuando no tuviera
fe que le dice quién es y que está obligada a creerle por Dios, le adorara desde aquel punto por
tal...”100, “...tanto gozo interior de lo muy íntimo del alma y con tanta paz, y que todo su contento
provoca a alabanza de Dios, no es posible darla el demonio”101,
“...porque es por otra vía más delicada, que no se debe de saber decir, mas es tan cierto y con
98
Santa Teresa de Jesús, Vida, XXVII, 3-9 passim
99
7 Moradas, I, 7
100
6 Moradas, IV, 6
101
6 Moradas, VI, 10
“Quedome una verdad de esta divina Verdad que se me representaba, sin saber cómo ni qué,
esculpida, que me hace tener un nuevo acatamiento.”104
“...que se ve clarísimamente que procede aquel impulso -u no sé cómo le llame- de lo interior del
alma, como se dijo de los ímpetus. Acá es con gran suavidad, mas ni procede del pensamiento ni
de la memoria, ni cosa que se pueda entender que el alma hizo nada de su parte...”105
“...con poner los ojos de la consideración en la imagen que tengo en mi alma, he quedado con
tanta libertad...”106
“...muchas (palabras) es en cosa que jamás tuvo acuerdo de que habían de ser ni serían; y ansí no
las podía haber fabricado la imaginación para que el alma se engañase en antojársele lo que no
había deseado, ni querido ni venido a su noticia.”107 Son “cosas que no habían venido a la
memoria aún antes.”108
Si nos damos cuenta, detrás de todas estas expresiones encontramos el eco del “sin dubitar ni poder
dubitar” de EE 175, o el “sin causa precedente” de EE 330.
Y en este recorrido, aludiré a un pagano convertido (San Agustín), un hombre de fe (Gandhi), una
religiosa (Madre Teresa), una escritora (Carmen Laforet), un intelectual (profesor García Morente),
un político (André Frossard). Todos ellos van a ser protagonistas de algo sorprendente en sus vidas,
que les llevó a una forma distinta de ver y estar en la realidad sin salirse de ella.
Para él, el encuentro con Dios supuso una culminación, no una renuncia. Después de hacer un breve
recorrido por todo aquello que se ofrece al hombre como atrayente, riqueza, placer, poder...
102
6 Moradas, VIII, 3
103
6 Moradas, V, 8
104
Vida, XL, 3
105
7 Moradas, III, 6-7
106
Vida, XXXVII, 4
107
6 Moradas, III, 13
108
Vida, XXV, 4
Su manera de situarse en la vida la describe con la fuerza que le caracteriza en el Libro 3: “Llegué a
Cartago. Por doquier, alrededor de mí, hervía con gran ruido la caldera de los amores
vergonzosos. Todavía no amaba, pero me deleitaba con la idea de amar. Sediento de amor hasta lo
más íntimo de mí mismo, me lamentaba por no estarlo demasiado todavía. Buscaba el objeto de mi
amor y amaba amar; y odiaba la idea de una vida apacible, de un camino exento de peligros. Mi
corazón desfallecía, vacío del alimento interior, de Ti mismo, Dios mío... mi alma se sentía mal, y...
ávida de frotarse con las realidades sensibles. Pero si estas realidades no poseyesen un alma,
seguramente no serían amadas.” Importante afirmación de este hombre vital que se dejó llevar de
su insaciable vitalidad: todo está llamado a llevarnos a la plenitud que anuncia, pero que no agota.
Pero sigamos con su relato: “Amar, ser amado, no era mucho más suave, cuando yo disfrutaba con
el cuerpo del ser amado. Manchaba, pues, la fuente de la amistad con las basuras de la
concupiscencia... me precipité en el amor, en el que deseaba ser precipitado. Oh mi Dios, mi
misericordia: ¡con cuánta hiel tu bondad sazonó su dulzura para mí! ¡Fui amado!... para ser
entregado muy pronto a los azotes... de los celos, de las sospechas, de los temores, de las cóleras y
de las querellas.” [L 3,c1] La plenitud que intuía no llegaba, sino todo lo contrario.
Más aún la lectura de Hortensius de Cicerón, le abre un nuevo horizonte: la filosofía. Sin embargo
confiesa: “...lo que me gustaba en aquella exhortación era que me excitaba, me impulsaba a amar,
a buscar, a conquistar, a poseer y a estrechar vigorosamente no tal o cual sistema, sino la sabiduría
por sí misma, fuese cual fuese.
Una sola cosa refrenaba un poco esta gran llama: el nombre de Cristo no estaba allí. Este
nombre... de mi Salvador, de vuestro Hijo, había sido bebido tiernamente por mi corazón infantil
mezclado con la leche de mi madre; había permanecido en el fondo; y sin este nombre ningún libro,
por literario, por elegante, por verídico que fuese, no podía fascinarme de un modo completo.” [L3,
c 4] Es el fondo religioso que había depositado su madre. En realidad algún poso tenemos. Lo que
está claro es que necesita un Tú.
109
Y aquí puede ayudarnos EE 32: lo propio mío es mi mera libertad y querer. Pero si no descubrimos esto -que
tenemos que ponernos en juego-, nos quedaremos en lo 'estimúlico' que sólo consume y 'harta', sin descubrir que es
la respuesta en gratuidad y reciprocidad la que 'llena'. Y esto sólo es posible en la relación personal. Es el gran
mensaje de las Confesiones: un diálogo ininterrumpido con un Dios personal.
Este planteamiento personal posibilita su apertura a la realidad vitalmente, nunca desde las ideas.
Será su insaciable ansia de felicidad -¿sólo suya?- la que dinamice su búsqueda: “...La Divinidad no
habría realizado para nosotros cosas tan grandes y bellas, si con la muerte física se extinguiese
también la vida del alma...110 Amante de la vida feliz, la temía allí donde reside verdaderamente; la
buscaba volviéndole la espalda. Me parecía demasiado desgraciado si me privase de los abrazos
de una mujer. En cuanto al remedio que nos ofrece tu misericordia para curar esta clase de
debilidades, no pensaba en él, puesto que nunca había hecho la prueba. Creía que la continencia
depende de nuestra propia fuerza, y esta fuerza no la sentía en mí. Hasta tal punto era insensato,
que ignoraba que “nadie, como dice la Escritura, puede ser continente, si Tú no le permites que lo
sea”. [Es la disyuntiva entre consumo -el 'disfrute'- o relación interpersonal -la 'continencia'-.]
Seguramente me lo habrías concedido si, con gemidos de mi corazón, yo hubiese llamado a
vuestros oídos, y si, con fe vigorosa, hubiese depositado en Ti todas las penas. [L 6, c.11]
Aquí liga la 'fe vigorosa' [fide solida] con la gracia [in te iactarem curam meam]: lo más opuesto al
voluntarismo. La fe está llamada a dar respuestas a una vida real cargada de incapacidades, no a
imponer exigencias; a ofrecer una plenitud, no a asfixiar una dinámica. Pues bien, nos va a
compartir su 'vivencia mística', en términos, que a estas alturas no pueden resultarnos nuevos:
“...entré en la intimidad de mi corazón, y Tú eras mi guía; pude hacerlo porque 'Tú me prestaste tu
ayuda'. Entré y vi, con los ojos del alma, por encima de mi inteligencia, la luz inmutable. No era
aquella luz ordinaria, visible para toda la carne; tampoco era una luz de la misma naturaleza, pero
que hubiese parecido más poderosa, con un brillo mucho más vivo, que proyectase sobre todas las
cosas la fuerza de sus rayos. No; aquella luz no era eso, era otra cosa muy diferente. No estaba por
encima mi espíritu, como el aceite flota por encima del agua, como el cielo se extiende sobre la
tierra. Estaba por encima de mí, porque me ha creado; yo estaba por debajo de ella, porque he sido
creado por ella. Aquel que conoce la verdad, la conoce, y quien la conoce, conoce la eternidad. La
conoce la caridad.”
Si nos fijamos usa la misma terminología que usarán Ignacio y Teresa: 'ver', 'luz... muy diferente': es
estar ante una realidad que nos desborda, pero que no podemos negar. Es la totalidad , todo está
implicado: la verdad, la caridad y la eternidad, pero es la caridad la que conoce la eternidad.
Describe, no razona. Y termina:
“¡Oh eterna verdad, oh verdadera caridad, oh querida eternidad! Tú eres mi Dios; por Ti suspiro
noche y día. Cuando te conocí por primera vez, me elevaste hasta Ti para hacerme ver que había
algo digno de ser visto, pero que yo no era todavía capaz de ver. Y por la fuerza de tu irradiación,
Tú deslumbrabas mis débiles miradas, y yo temblaba de amor y de un espanto sagrado. Y me
encontré lejos de Ti, en una región que te es extraña, donde me parecía oír tu voz desde las alturas:
'Soy –decías- el alimento de los fuertes; cree, y me comerás. No me asimilarás como el alimento de
tu carne; eres Tú quien te asimilarás a mí'.
... Y Tú me gritaste desde lejos: '¡Soy quien soy!' Yo oí esto como se oye con el corazón, y ya no
tenía motivo alguno de duda, y antes hubiese dudado de mi vida que de la existencia de la verdad
'vuelta visible a la inteligencia a través de la creación' (Rom 1,20)” [L 7, c 10] Audivi sicut auditur
in corde. Más sugerente e integradora no puede ser la frase: el corazón como centro que totaliza
nuestra persona es el que escucha...
110
Curiosamente la misma vivencia puede ser interpretada como engaño, trampa, o como signo; pero en ambos casos lo
que no podemos negar es la vivencia. En efecto, este anhelo lo interpretarán Feuerbach y Freud como 'iluso',
mientras él lo vive como señal. Sin embargo, conviene no olvidar que sus Confesiones no son una obra filosófica o
un ensayo, sino la narración de una vida: sus vivencias son datos que no puede negar.
GANDHI: la Verdad es Dios, pero “a Dios sólo podemos encontrarlo por medio
del amor”.
Aunque ya aludimos a Gandhi, pero en esta sección, en la que intentamos recoger experiencias
místicas, es obligado remitir a vivencias de este gran creyente. En efecto, ante todo fue un hombre
de fe en un Dios que no depende de nuestros posicionamientos. Veamos cómo lo formula:
- “...quienes quieran negar Su existencia pueden hacerlo libremente. Dios es misericordioso y
compasivo. Dios no es un rey terreno que necesite un ejército para obligarnos a aceptar Su
dominio. Dios nos permite ser libres, y Su compasión, sin embargo, nos exige obediencia a Su
voluntad. Pero si alguno de nosotros se niega a inclinarse ante Su voluntad, Él dice: ‘De acuerdo.
Mi sol no brillará menos para ti, mis nubes no lloverán menos para ti. No necesito obligarte a
aceptar mi señorío’. Que el ignorante discuta sobre la existencia de Dios. Como millones de
personas sabias, yo creo en Dios y nunca me he cansado de inclinarme ante Él y de cantar Su
Es decir, la experiencia mística es tal si se vive como verdad y certeza. Pero no queda desconectada
del amor:
“...Por estas y otras razones que puedo dar, he llegado a la conclusión de que la definición “la
Verdad es Dios” es la que más satisface. Y si queremos encontrar la Verdad como Dios, el único
medio inevitable es el Amor, es decir, la no violencia...” (83)
En su intento de describir la experiencia, usa expresiones que coinciden con otras experiencias
111
Remitimos a la obra: Gandhi, Mi religión, Sal Térrea, 2007. En las siguientes citas, como en esta, ponemos entre
paréntesis las páginas.
La grandeza en la experiencia mística nunca está en uno mismo. Por tanto, el orgullo es
incompatible con la comunicación de Dios. Por otro lado, como la culminación del cambio de
conducta en su vivencia es la 'no violencia', he aquí cómo la define:
“La no violencia es una fuerza activa de un orden elevadísimo. Es la fuerza del alma o el poder de
la Divinidad dentro de nosotros. Nos hacemos semejantes a Dios en la medida en que vivimos la no
violencia.” (p 97) Se trata de encontrarse con Dios: “...A Dios sólo podemos encontrarlo por medio
del amor, pero no el de este mundo, sino el divino.” (p 98)
Es decir, este amor 'divino' lo concreta en la 'no violencia', lo cual quiere decir que: “El castigo,
incluso a un asesino, un ladrón o un defraudador, es contrario a mi religión.” (p 113) Y confiesa
que: “...Amar a quien nos odia es lo más difícil de todo. Pero por la gracia de Dios incluso esto,
que es lo más difícil, se torna fácil si deseamos hacerlo.” (p 116)
Nunca la persona es protagonista, sino la gracia de Dios; y con esa siempre debemos contar. Pero
esta 'no violencia' no supone pasividad, sino todo lo contrario: “Mi objetivo es la amistad con el
mundo entero, y al más grande amor puedo unir la resistencia más tenaz contra la injusticia.” (p
117)
Y terminamos las aportaciones de este hombre con la afirmación menos 'quietista' que hayamos
podido escuchar: “...No conozco más religión que la actividad humana. Ésta proporciona una base
moral para todas las demás actividades, que, de otra manera, carecerían de ella...” (p 201)
Es decir, que si el ser humano no es religioso se queda sin fundamento de cara a un comportamiento
correcto y respetuoso que posibilite la convivencia. Pero dando la vuelta a la frase de Rahner habría
que decir, que no basta la 'religión' en cuanto adhesión, sino que sólo la experiencia mística
transforma nuestra vida. Sin experiencia mística el ser humano no sabe lo que es la fe -porque no lo
cambia-, y más bien manipulará dicha fe a su favor y como instrumento de confrontación.
Esta ha sido mi sorpresa con la experiencia de la Madre Teresa. Su figura, filtrada por los medios de
comunicación que sin pretenderlo siempre 'encasillan' según tendencias, se enmarcaba en una
entrega admirable, pero carente de visión 'transformadora', prestándose de este modo a
manipulaciones mediáticas, siendo el referente tópico su relación con la princesa de Gales...112
La realidad, sin embargo, nunca es 'clara y distinta', sino compleja y ambigua, pero está ahí, no se
puede discutir, y quien se implica en ella será víctima de las variopintas interpretaciones que de ella
se hagan. En efecto, si hay algo 'variopinto' es la realidad al estar siempre circunstanciada y, por
tanto, no se puede reducir a una idea. La realidad que ella percibe en el colegio de St. Mary, con 300
internas que sacar adelante, la lanza a la calle donde presencia otra realidad más cruda y extrema,
una realidad-deshecho, sin horizonte alguno y, por tanto, incapaz ya de ser 'transformadora': ni los
moribundos, ni los mendigos, ni los niños abandonados va a transformar nada... ¡La realidad digna
de tenerse en cuenta es la que puede ser factor transformador...! Pues bien, a esta realidad 'terminal'
es a la que va a ser enviada, y AHÍ se encontrará con ese Dios que desconcertantemente la envía:
“Ven, ven, llévame a los agujeros de los pobres. Ven, sé mi luz”. (p 66)
En efecto, la lectura de la vida de Santa María Cabrini la interpela: 'las órdenes europeas son
demasiado ricas para ellas. –Toman más que dan.-' Y en ese contexto surge la llamada: “¿No me
ayudarás?” La reacción es inmediata y 'lógica': “¿Cómo puedo? He sido y soy muy feliz como
religiosa de Loreto. –Dejar lo que amo y exponerme a nuevos trabajos duros y a sufrimientos que
serán grandes, ser el hazmerreír de tantos –especialmente religiosos- aferrarme a y optar
deliberadamente por la dureza de una vida india – [aferrarme a y optar por] la soledad y la
ignominia –incertidumbre- y todo porque Jesús lo quiere –porque algo me está llamando a dejarlo
todo y reunir a unas pocas –para vivir su vida- para hacer su obra en la India”. (p 70)
Ya hemos insistido en que la experiencia mística es todo menos abstracta: tiene que incidir en la
realidad, no sacar de ella -en el cristianismo, decimos: ha de estar encarnada-.
Veamos pues cómo nos cuenta la llamada: “...Quiero religiosas libres revestidas con mi pobreza en
la Cruz. –Quiero religiosas obedientes revestidas con mi obediencia de la Cruz. Quiero religiosas
llenas de amor revestidas con la caridad de la Cruz. ¿Te negarás a hacer esto por Mí? [...] ¿Y tú?
Tienes miedo de perder tu vocación –de convertirte en seglar – de faltar a la perseverancia – No –
tu vocación es amar y sufrir y salvar almas y dando este paso cumplirás el deseo de mi corazón
para ti. –Ésa es tu vocación. – Vestirás con sencillas ropas indias o más bien como vistió mi madre
– sencilla y pobre. [...] Quiero hermanas indias Misioneras de la Caridad –que serían mi fuego de
amor entre los más pobres –los enfermos – los moribundos – los niños pequeños de la calle. –
Quiero que me traigas a los pobres […]
Su resistencia es inmediata: “Estas palabras, o más bien esta voz, me atemorizaron. El pensamiento
de comer, dormir – vivir como los indios me llenaba de miedo. Recé largo rato – recé mucho – Le
rogué a nuestra Madre María que le pidiese a Jesús que apartara de mí todo esto. Cuanto más
rezaba –más claramente crecía la voz en mi corazón y así recé para que Él hiciera conmigo todo lo
que quisiera. [...] Sé que eres la persona más incapaz, débil y pecadora, pero precisamente porque
lo eres, te quiero usar para mi gloria!” La misión es clara: “Hay conventos con numerosas
religiosas cuidando a los ricos y los que pueden valerse por sí mismos, pero para mis muy pobres
112
Me impresionó el siguiente paréntesis de Aloisius Pieris, hablando de ¿Qué busca el nuevo evangelismo?: “(Véase
cómo es utilizada la Madre Teresa por los medios de comunicación para publicitar la caridad cristiana a expensas
de los pobres.)” A. Pieris, Liberación, inculturación, diálogo religioso. Un nuevo paradigma para Asia. Verbo
Divino, Pamplona 2001, p 254
Sin embargo, la llamada se impone: “Pequeña mía – ven – ven – llévame a los agujeros de los
pobres. – Ven, sé mi luz. – No puedo ir solo – no me conocen – por eso no me quieren. Tú ven – ve
hacia ellos, llévame hasta ellos. – Cuánto anhelo entrar en sus agujeros – en sus oscuros e infelices
hogares. Ven, sé su víctima. – En tu inmolación - en tu amor por mí – ellos me verán, me
conocerán, me querrán. Ofrece más sacrificios – sonríe más tiernamente, reza más fervientemente y
desaparecerán todas las dificultades.
Tienes miedo. Cómo me duele tu temor. – No temas. Soy Yo quien te está pidiendo que hagas esto
por mí. No temas. – Aunque el mundo entero esté en contra de ti, se ría de ti, aunque tus
compañeras y superioras te desprecien, no temas – Yo estoy en ti, contigo, por ti.
Sufrirás - sufrirás muchísimo – pero recuerda que Yo estoy contigo. – Incluso si el mundo entero te
rechaza – recuerda que tú eres mía – y Yo soy sólo tuyo. No temas. Soy Yo. – Sólo obedece –
obedece muy alegre y prontamente y sin ninguna pregunta – tan sólo obedece. Nunca te dejaré – si
obedeces.[...]” Y comenta a continuación: “Desde entonces – no he oído nada ni he visto nada, pero
sé que todo lo que he escrito –es verdad. – Como le dije, no me apoyo en esto –pero sé que es
verdad. Si no hablara de esto – si intentara eliminar estos deseos en mi corazón – sería culpable
ante nuestro Señor...” (pp. 128-130)
Las expresiones son idénticas a algunas que ya hemos recogido tanto en Ignacio como en Teresa.
Por un lado está la experiencia 'contundente', que no puede evitar. Había confesado: “He intentado
detener estos pensamientos – pero sin ningún fruto.” Ahora reconoce: “desde entonces, no he oído
nada ni visto nada – pero sé que todo... - es verdad ”. Es la experiencia de lo que se nos impone, lo
que se nos pone delante, y en lo que no intervenimos en absoluto. Sería lo equivalente a lo 'obvio'.
A partir de esta experiencia contundente ('sin dubitar ni poder dubitar sigue a lo que es mostrado'
de EE 175), superados todos los miedos y hechas todas las consultas, el 15 de agosto de 1948
escribe al arzobispo Périer: “... El martes por la tarde partiré en el “Punjab mail” – Todo está muy
oscuro – muchas lágrimas – pero voy por mi libre elección porque quiero, con la bendición de la
obediencia. – Por favor rece por mí para que tenga la valentía de completar mi sacrificio como Él
me ha dado la inspiración y la gracia para comenzar […] Por favor rece. – Tengo muy poco valor
– pero confío ciegamente en Él, a pesar de todos los sentimientos.” (p 155)
A partir de este momento, cuando ya ha dado el paso, empiezan las oscuridades. La luz, la fuerza
que encontraba en sus ratos de oración, desaparecen. Los textos son numerosos, pues la sequedad se
prolonga a lo largo de los años. Sus desahogos a los que la han acompañado en su proceso se
suceden. El arzobispo Périer le contesta el 20 marzo de 1953: “Dios la guía, querida Madre; no
está usted en la oscuridad tanto como piensa. El camino a seguir no siempre se hace claro de forma
inmediata... Usted tiene suficientes hechos exteriores para ver que Dios bendice su obra. Por lo
tanto, Él está satisfecho. Guiada por la fe, la oración y la razón, con la rectitud de intención, usted
tiene bastante. Los sentimientos no son necesarios y a menudo pueden ser engañosos.” (p 188)
El segundo es una 'carta a Jesús' sacada de una carta al P. Picachy el 3 de septiembre 1959: “Desde
mi infancia Tú me has llamado y me has guardado para Ti – y ahora cuando ambos hemos tomado
el mismo camino – ahora Jesús – yo voy por el camino equivocado.
Dicen que la gente en el infierno sufre un dolor eterno por la pérdida de Dios... – En mi alma siento
precisamente ese dolor terrible de pérdida – de que Dios no me quiere – de que Dios no es Dios –
de que Dios realmente no existe (Jesús, por favor, perdona mis blasfemias)... – Hablo del amor a
las almas – del amor tierno a Dios – las palabras pasan a través de mis palabras [sic labios] – y
anhelo con profundo deseo creer en ellas. - ¿Para qué trabajar tanto? Si no hay Dios – no puede
haber alma. – si no hay alma entonces Jesús – Tú tampoco eres verdadero.... no hay esperanza. –
Tengo miedo de escribir todas las cosas terribles que pasan en mi alma. – Te deben herir.
En mi corazón no hay fe – ni amor – ni confianza – hay tantísimo dolor – el dolor del anhelo, el
dolor de no ser querida. – Quiero a Dios con todas las fuerzas de mi alma – y sin embargo allí
entre nosotros – hay una terrible separación... – Ya no rezo. – Mi alma no es una contigo – y sin
embargo cuando estoy sola en las calles – te hablo durante horas – de mi anhelo a Ti. –
La obra no contiene alegría, ni atracción, ni celo. Recuerdo que le dije a la Madre Provincial, que
dejaba Loreto – por las almas – por una sola alma – y ella no podía entender mis palabras. – Hago
todo lo que puedo. – Me desvivo – pero estoy más que convencida de que la obra no es mía. No
dudo que fuiste Tú quien me llamó, con muchísimo amor y fuerza. – Fuiste Tú – lo sé. – Es por esto
que la obra es tuya y eres Tú incluso ahora – pero no tengo fe – no creo. – Jesús, no permitas que
mi alma sea engañada – ni me dejes engañar a nadie.
En la llamada Tú dijiste que tendría que sufrir mucho. – Diez años – Jesús mío... – No me permitas
que te haga daño de ninguna manera – quítame el poder de herirte. – De corazón y con toda el
alma, trabajaré para las hermanas – porque son tuyas. Todas y cada una – son tuyas.
Te suplico sólo una cosa – por favor no te preocupes por volver pronto. – Estoy dispuesta a
esperarte toda la eternidad. Tu pequeña.” (pp. 238-240)
Con estos dos textos podemos hacernos una idea de lo que está viviendo: no es sólo ausencia de
sentimiento, sino sentimientos 'agresivos', podríamos decir, que le llevan a temer la blasfemia. Sin
embargo, en esta tiniebla, su actuar no vacila lo más mínimo y, algo muy importante de cara al tema
que nos ocupa: no puede dudar que fue Jesús el que la impulsó a tomar la decisión. Hasta aquí el
panorama 'interior' -que era en el que se había fraguado todo el proceso-.
De repente surge una luz. En una carta al arzobispo Périer, el 7 de noviembre 1958, le escribe: “Le
alegrará saber que el día que usted ofreció su Santa Misa en la Catedral por el alma de nuestro
Santo Padre – le pedí a él una prueba de que Dios está contento con la Congregación. Allí en ese
momento desaparecieron las largas tinieblas, ese dolor de pérdida – de soledad – ese extraño
sufrimiento de diez años. Hoy mi alma está llena de amor, con una alegría indecible – con una
unión de amor inquebrantable o intacto. Por favor dé las gracias a Dios conmigo y por mí.” […]
Sin embargo, su 'vida espiritual' no se agota en lo interior. En una carta al arzobispo Périer (21 junio
1950) le comenta: “Cuando camino por los barrios más miserables o entro en los agujeros oscuros
– allí nuestro Señor está siempre realmente presente”. (p 209) De nuevo, la experiencia de Dios se
encarna. Y en una carta al P. Neuner, sin fecha, le comenta entre otras cosas: “...– Sin embargo en
algún lugar en lo profundo de mi corazón, ese anhelo de Dios sigue abriéndose paso en la
oscuridad. Cuando estoy fuera – en el trabajo – o estoy ocupada en encontrar a la gente – hay una
presencia – de alguien viviendo muy cerca – en mí. – No sé lo que es – pero muy a menudo, incluso
a diario – ese amor en mí hacia Dios se hace más real. – Me encuentro a mí misma haciéndole
inconscientemente a Jesús las más extrañas declaraciones de amor...” (p 259-261)
En efecto, el encuentro con Dios se produce entre aquellos a los que había sido enviada: en los
últimos. ¡Dios nunca es evasión! Nos encantaría. Pero lo encontramos siempre encarnado. Poco a
poco va descubriendo que “La situación física de mis pobres dejados en la calle despreciados, no
amados, desamparados – es la verdadera imagen de mi vida espiritual, de mi amor a Jesús, y sin
embargo, nunca he deseado que este terrible dolor fuese diverso. – Al contrario, quiero que esto
sea así tanto tiempo como Él lo quiera.” (Carta al P. Neurer, 12 mayo 1962) (p 285)
En una Instrucción a sus hermanas (1 abril 1981), dice: “En la Encarnación, Jesús se hizo igual a
nosotros en todo menos en el pecado; pero, en el momento de la Pasión, se hizo pecado. – Él hizo
suyos nuestros pecados y, por eso fue rechazado por el Padre. Creo que éste fue el mayor de todos
los sufrimientos que tuvo que soportar y lo que más temía durante su agonía en el huerto. Sus
palabras en la Cruz expresaron la profundidad de su soledad y de su Pasión – el que, incluso su
propio Padre no lo reconociera como Hijo. Que, a pesar de todos sus sufrimientos y su angustia,
su Padre no le reconociera como su amado Hijo tal como había hecho en su bautismo por san Juan
Bautista y también en la Transfiguración. Se preguntarán ¿por qué? Porque Dios no puede aceptar
el pecado y Jesús había hecho suyo el pecado – se había convertido en pecado. ¿Relacionan sus
votos con la Pasión de Jesús? ¿Se dan cuenta de que cuando hacen los votos aceptan el mismo
destino que Jesús?” (p 306)
Quizás, nuestros discursos teológicos chirríen con estas afirmaciones. Sin embargo, la soledad y la
ausencia del Padre, tanto en la oración en el Huerto como en la Cruz, expresan mejor que nada la
incompatibilidad entre Dios y pecado. Si la encarnación suponía un asumir nuestra situación, se
tenía que traducir en vivir esa 'ausencia' de Dios que el hombre -sobre todo el de hoy- padece.
Y la concreción de lo que estamos queriendo decir aparece mejor en una carta a Mons Knox (13
octubre 1965) en la que le comparte: “Hace tres días recogimos a dos personas que los gusanos se
Quizás ahora podamos captar el alcance de la frase que encontramos en una Instrucción a sus
hermanas el 20 de diciembre 1979: “No somos trabajadores sociales. Somos contemplativas en el
corazón del mundo. Estamos 24 horas al día con Jesús” (p 347), ¡no se puede 'ser contemplativo'
sin estar presente! Y es que la misión del cristiano parece consistir en ser la presencia de Jesús en la
realidad que nos toque vivir. He aquí lo que escribe al P. Van der Peet (junio 1977): “... Debe
permitir que Jesús le haga pan para que coman los que entrarán en contacto con usted. Deje que la
gente le coma. – Por la Palabra y la presencia, usted proclama a Jesús. [...] Y aún así Él no parecía
satisfecho porque Él también estuvo hambriento de amor. – Así que Él se hizo a sí mismo el
hambriento, el sediento, el desnudo, el sin hogar y no cesó de decir – tuve hambre, estaba desnudo,
sin hogar. A mí me lo hicisteis... (p 343)
Y la misma idea aparece en una Instrucción a sus hermanas (5 octubre 1984): “Dejen que la gente
y los pobres se las coman [...] Que la gente “muerda” su sonrisa, su tiempo. A veces preferirían no
mirar a alguien siquiera, si han tenido algún malentendido. Entonces, no sólo miren, sonrían
también [...] Aprendan que deben dejar que la gente se las coma.” (p 346) Si hay algo que subraye
la dimensión personal es la sonrisa.
En efecto, en una carta al P. Neuner (8 enero 1965), describe así su 'soledad': “...Él no sólo me ha
quitado la ayuda espiritual – sino también la humana. No puedo hablar con nadie e incluso, si lo
hago – nada entra en mi alma. – Estaba deseando hablar con usted en Bombay – pero ni siquiera
lo intenté. – Si existe el infierno – éste debe ser uno. Qué terrible es estar sin Dios – ni oración – ni
fe – ni amor. – La única cosa que queda – es la convicción de que la obra es suya – de que las
hermanas y los hermanos son suyos. – Y yo me aferro a esto como el que no teniendo nada, se
aferra a una paja – antes de ahogarse...” (pp. 304-305) Una vez más el único referente es 'la obra'.
Por eso en una carta a Mons. Picachy (16 mayo 1966), le comenta sin más: “Gracias a Dios, no
servimos a Dios con nuestros sentimientos, porque si no, no sé dónde estaría. – Rece por mí.” (p
311)
Pero esta ausencia de sentimientos es paradójica: “Padre, quería decirle – cuánto anhela mi alma a
Dios – sólo a Él, qué doloroso es estar sin Él – hasta qué punto mis pensamientos son sólo para
las hermanas y los pobres. - ¿Es esto distracción [o] son estos pensamientos la causa de mi
oración? – Son mi oración, son mi misma vida. – Los amo como amo a Jesús – y ahora como no
amo a Jesús – tampoco los amo. Sé que esto son sólo sentimientos – ya que mi voluntad está ligada
Pero la razón profunda para no enredarse en el laberinto de los sentimientos lo formula mejor en los
consejos que da al P. Don Kribs (7 febrero 1975): “...Lo importante no es cuánto “tenemos”
realmente para dar – sino lo vacíos que estamos – para recibirle plenamente en nuestra vida y
dejar que Él viva su vida en nosotros.
En usted hoy – Él quiere revivir su completa sumisión a su Padre – permítale que lo haga. No
importa lo que usted sienta – si Él se siente bien en usted. Aparte sus ojos de usted mismo y
alégrese de no tener nada – de no ser nada – de no poder hacer nada. Dele a Jesús una gran
sonrisa – cada vez que su nada le asuste.” (p 334-335) Los sentimientos nos dominan cuando
nosotros somos el centro. Es al pie de la letra lo que San Ignacio sintetiza en EE 189: el provecho
espiritual está en proporción a cuanto cada cual “saliere de su propio amor, querer e interés”.
113
Puede ser oportunos lo que escribe San Juan de la Cruz a un religioso: “Y así muy insipiente sería el que faltándole
la suavidad y deleite espiritual, pensase que por eso le falta Dios, y cuando le tuviese, se gozase y deleitase
pensando que por eso tenía a Dios. Y más insipiente sería si anduviese a buscar esta suavidad en Dios y se gozase y
detuviese en ella; porque de esa manera no andaría a buscar a Dios con la voluntad fundada en vacío de fe y
caridad, sino el gusto y suavidad espiritual, que es criatura, siguiendo su gusto y apetito; y así, ya no amaría a Dios
puramente sobre todas las cosas –lo cual es poner toda la fuerza de la voluntad en Él-, porque asiéndose y
arrimándose en aquella criatura con el apetito, no sube la voluntad sobre ella a Dios, que es inaccesible. Porque es
cosa imposible que la voluntad pueda llegar a la suavidad y deleite de la divina unión, ni abrazar ni sentir los
dulces y amorosos abrazos de Dios, si no es que sea en desnudez y vacío de apetito en todo gusto particular, así de
arriba como de abaja: porque esto quiso decir David (Sal 80, 11) cuando dijo: Dilata os tuum, et implebo
illud.”Obras de San Juan de la Cruz, editorial Apostolado de la Prensa S.A. 6ª ed. Madrid 1954, pp. 854-5
114
Esta advertencia, recuerda la acusación de Horkheimer “tanto la tradición católica como la protestante...
legitiman la sociedad tecnocrática y se adaptan a ella cosificándose, convirtiéndose en un bien cultural más, carente de
significación hermenéutica real...” (pp. 140-141) Más aún, a su crítica a las tendencias de 'secularización' que ve en la
religión, que la reduciría a un humanismo de valor moral pero carente de trascendencia. (pp. 210-211) Sin
trascendencia, la religión sobra. Es la misma acusación de Lipovetsky a una 'religión' que ha sucumbido a una sociedad
del 'consumo-mundo' y “de ser una religión centrada en la salvación de ultratumba [¡sin Resurrección, vana es nuestra
fe!], el cristianismo ha pasado a ser una religión al servicio de la felicidad mundana que pone el acento en los valores
de la solidaridad y el amor, en la armonía, la paz interior, la realización total de la persona... somos... testigos... de una
reinterpretación global el cristianismo, que se ha adaptado a los ideales de felicidad, hedonismo, plenitud de los
individuos, difundidos por el capitalismo de consumo: el universo hiperbólico del consumo no ha sido la tumba de la
religión, sino el instrumento de su adaptación a la civilización moderna de la felicidad en la tierra. Citas sacadas de
Juan A. Estrada, La teoría crítica de Max Horkheimer. Universidad de Granada, 1990 y de G. Lipovetsky, La
felicidad paradójica. Ed Anagrama, Barcelona, 2007, p 123
Y para terminar nuestra aproximación a esta gran mujer, quiero traer unas palabras del discurso que
dirigió al Sínodo de los obispos en octubre de 1980: “...Nuestros pobres son gente maravillosa, muy
simpática. No necesitan nuestra lástima ni nuestra compasión. Sólo necesitan nuestro amor
comprensivo y nuestro respeto. Tenemos que decir al pobre que él es alguien para nosotros, que él
también ha sido creado por la misma mano amorosa de Dios, para amar y ser amado.” (pp. 358-
360) Menos manipuladora y aprovechada no parece ser la postura, en contra de lo que Pieris
denunciaba de lo que muchos intentaban hacer con la Madre Teresa. Pero todo esto es válido y nos
interpela porque es 'mística': experiencia de Dios encarnada.
Te debo esta carta que te escribo hoy. Me ha sucedido algo milagroso inexpresable, imposible de
comprender para quien no lo haya sentido y que sin embargo tengo absolutamente la obligación
de contar a los que quiero... Y a todos, a todo el que quiera oírlo.
Sé que no se puede comprender porque yo no lo comprendía. Y no sé por qué a mí, a mí me ha
sucedido. ¡A mí...! Ha sido debido a lo que habéis rezado por mí los que me queréis y al
sufrimiento de alguien... Pero ha sido tan extraordinario, tan maravilloso, que nunca sabré
encontrar palabras para expresarlo.
Tú sabes, Elena mía, que hace tiempo, hace meses me interesaba por cosas de religión. El
Evangelio entraba en mí con su encanto imposible de no ser entendido.., pero nada más. En
cuanto quería abordar un misterio con la inteligencia, el misterio se volvía insoluble. Prefería no
entrar demasiado en ello.
El domingo 16 te escribí una carta. Fui a echarla a Correos y luego tenía que hablar de un asunto
con una amiga. Fui a buscarla a la iglesia donde ella estaba en aquel momento rezando por mí. No
lográbamos entendernos en algunas cosas; pero aquella tarde comprendí sus puntos de vista con
gran facilidad. Me despedí y al volver hacia mi casa, andando, sin saber cómo, Elena, sin que
pueda explicártelo nunca, me di cuenta de que mi visión del mundo estaba cambiada totalmente.
Elena... cuando no se tiene esto puede uno ver un milagro con los ojos del cuerpo y no creer en él,
pero cuando uno siente dentro, dentro de uno el milagro más maravilloso, la transformación
radical del ser, el mundo del misterio es sólo lo verdadero. Dios me ha cogido por los cabellos y
me ha sumergido en su misma Esencia. Ya no es que no haya dificultad para creer, para entender
lo inexpresable... es que no se puede no creer en ello.
Rezo el Credo por la calle sin darme cuenta. Cada una de sus palabras son luz. Elena, la gracia
Tu Carmen
P.S.
Esta carta ha rodado muchos días por mi escritorio… San Nicolás llegó... Y creo que por sugestión
tuya; y causó una alegría enorme. Mi vida ha cambiado mucho. Ha tomado un sentido magnífico.
Ahora sé lo que tengo que hacer. Sé también que muchas veces me parecerá duro, pero que en el
fondo, esa alegría de haber sentido esta llamada de Dios me sostiene...115
He destacado en negrita las frases que describen su experiencia mística. Ahora los enmarcaré en
epígrafes, y los enriqueceré con párrafos de su novela que agradeceremos por su calidad literaria.
115
Cristina Cerezales Laforet, Música blanca, Ediciones Destino, pp. 105-108
Experiencia inefable
- 'algo inexpresable' // 'nunca sabré encontrar palabras para expresarlo' // 'sin saber cómo' //
'sin que pueda explicártelo nunca' // 'no se puede escribir ni explicar ni mucho menos
entender si Dios no quiere que se entienda':
Esta idea extraña le venía como con un deseo hondísimo de paz... No. Más que eso... Era un deseo
de poder saborear, quietamente y sin interrupciones, esta paz que la estaba llenando por
momentos. Porque, como una marea, en pequeñas y lentas oleadas, la paz invadía su espíritu. Era
una sensación divina. La tuvo como transportada esa sensación, medio inclinada en su cama, sin
vestirse, absorta en el espectáculo de la llanura. (136)
El amor –notaba el alma de Paulina-, el amor es algo más allá de una pequeña pasión o de una
grande, es más... Es lo que traspasa esta pasión, lo que queda en el alma de bueno, si algo queda,
cuando el deseo, el dolor, el ansia han pasado. El amor se parece a la armonía del mundo, tan
serena. A su inmensa belleza, que se nutre incluso con las muertes y las separaciones y la
enfermedad y la pena... El amor es más que esta armonía; es lo que la sostiene... El amor recoge en
sí todas las armonías, todas las bellezas, todas las aspiraciones, los sollozos, los gritos de júbilo...
El amor dispone la inmensidad del Universo, la ordenación de leyes que son matemáticamente las
mismas para las estrellas que para los átomos, esas leyes que, en penosos balbuceos, a veces,
descubre el hombre. (138-9)
Unos minutos después de cerrar su maleta la miró como aturdida. Después, lentamente,
comprendió sus gestos y se puso de rodillas, sobre el traqueteo del tren, y dio gracias a Dios por la
Vida que notaba en oleadas... Gracias por todo lo que hubiera podido preparar aquel nacimiento
de luz, por aquella larga y dolorosa gestación de su alma, en la que ella no había hecho esfuerzo...
Gracias por esta vida nueva que, sin mérito alguno de su parte, esta mañana de Dios, precisamente
esta mañana, le estaba siendo dada. (141)
...le vino el recuerdo de Antonio. Sin embargo, como no dependía de su voluntad, sino que le era
dado aquel sentimiento de gozo y paz perfecta, Antonio quedó de nuevo por debajo de su intensa y
gozosa dicha de Dios, que seguía respirando. (149)
Jamás nada le pareció tan luminoso, jamás unas preguntas y contestaciones escuetas se envolvieron
para nadie en tan jugosa fragancia y emoción como para Paulina cada frase, cada contestación de
aquel catecismo Ripalda para niños... Le parecía que, muchos años antes, cuando se preparó para
116
Carmen Laforet, La mujer nueva, Ed Destino libro, Barcelona, 2004
La experiencia en sí
- 'Dios... me ha sumergido en su misma Esencia' // 'hoguera... deslumbramiento... claridad...
como si abrieran dentro de nosotros las puertas de la Eternidad' // 'Estoy en las manos de Dios...
que no me abandone' // 'Rezaré mucho por ti ahora que puedo hacerlo'
Ahora, la sensación de la plena belleza del mundo se le hizo más completa y más pura... Veía ella
las ciudades donde los seres humanos sufren, hacinados, y se desean o se odian sin querer mirar
aquello que en verdad anhelan, aquel colmo de su vacío que buscan, aun cuando se matan, y que
sólo puede llenar el amor. Veía el dolor de muchos, aquel dolor tan puro, tan alegremente ofrecido,
de sus amigas carmelitas... Un dolor que alcanza su objeto de amor... Y sentía que otros muchos
hombres son obstáculos conscientes para que sus hermanos no sientan y no contemplen el amor
necesario, y sintió cómo a éstos les ayudaba un espíritu de cobardía y de mal. Tuvo la intuición de
seres humanos que son como vivos canales por donde el amor corre y fructifica, y estos hombres y
estas mujeres son aquellos cuya vida se cumple enteramente, aunque en apariencia puedan ser feos
y pobres o enfermos; su vida humana se cumple como se cumple la de las flores al dar color,
aroma, y convertirse luego en fruto; y como se cumple la de las humildes hierbas del campo de
Castilla, en su olor tónico y puro.
De pronto, se dio cuenta de que todo esto se le derramaba en el espíritu en vivos ríos de
comprensión, que nada tenían de sentimentales, porque la hubieran ahogado. (137-8)
El Amor es Dios –supo Paulina-; Dios, esa inmensa hoguera de felicidad y bien, en la que nos
encontramos, nos colmamos, a la que tendemos, a la que tenemos libertad para ir y vamos, si no
nos atamos nosotros mismos piedras al cuello... De repente, sintió como una llamarada de
felicidad... Mucho más que eso. Lo que sentía no cabe en la estrecha palabra felicidad: Gozo. (139)
Por primera vez en la vida, Paulina supo lo que es el gozo. Algo sin nombre le había ocurrido, le
estaba ocurriendo fuera de toda experiencia de cosas humanas que le hubiesen sucedido en su
vida... Como si un ángel la hubiese agarrado por los cabellos y la hubiese arrebatado hasta el
límite de sus horizontes pequeños de siempre, y hubiese abierto aquellos horizontes,
desgarrándolos y enseñándole un abismo, una dimensión de luz que jamás hubiese sospechado...
La dimensión de la vida que no se encierra en el tiempo ni en el espacio y que es la dorada, la
arrebatada, la asombrosa, inmensa dimensión del Gozo. El porqué del Universo, la Gloria de
Dios. El Gozo. (139)
Nada le sucedía. Sus nervios estaban tranquilos, su carne en paz, mientras aquella profunda
sabiduría se le metía en el espíritu... Y era al mismo tiempo la comprensión de Dios, Felicidad
Infinita, Amor Eterno, al que toda nuestra vida tiende, para El que existimos, para El que
crecemos, amamos, sufrimos, anhelamos y nos moldeamos... Y era también el sentimiento de este
mismo Dios infinito metiéndose en el alma para prender en ella esta sabiduría... Y, además, aún,
la seguridad de que Dios mismo, El que espera y llama, El que entra en el alma y la arrebata, Dios,
enseña el camino de este deseo... Dios se nos ha dado como palabra humana. Con cuerpo de
hombre. Dios vivo y Hombre vivo, para deletrear en el lenguaje de los hombres el secreto del
Sentía a Dios único como llamarada que llama y crea. Sentía a Dios, que se mete en el alma,
Espíritu Santo. Sentía a Dios, Camino de Dios mismo, conductor de la vida desde el anhelo que
pone en ella el Espíritu Santo hasta la Hoguera del Gozo, a Dios Hijo, a Cristo. (140)
[Experiencia trinitaria]
Sentir es una palabra inadecuada; pero no encuentro otra en mi idioma, hoy, para describir aquel
estado beato y suave en que Paulina iba sabiendo estas cosas. No estaba quieta ni arrobada... Ni
era todo esto algo pasajero, sino como una comprensión, pura y simple, que permanecía en ella...
Ella que hacía, mientras tanto, cosas tan prosaicas como arreglar su maleta y cerrarla sin que le
temblasen las manos... No le costaba el menor esfuerzo sentirse inundada de esta Fe, consolada
por esta sabiduría absoluta. Era como si solamente en esta aura de amor, de comprensión, de fe,
pudiese vivir... Algo natural, como el aire que respiraba. Como el respirar y el gemir le es natural
al recién nacido, aunque el tránsito desde la placenta maternal al mundo no deje de ser
extraordinario. (140-1)
Quería estar en su departamento, volver a su bendita soledad. Comprendió qué inmensa suerte
tenía en el lujo de ir sola. Sabía que lo mismo le hubiese ocurrido, entre multitud, aquel
advenimiento de Amor. ni por un momento se apagaba dentro de ella el Gozo... Comprendía que
aquello que empujaba su vida y que se le abría dentro era algo que podría entrar cuando quisiese
en cualquier vida humana... Comprendía que era una fuerza más viva que el recogimiento, más
poderosa que la atracción entre los seres de sexo distinto, más cálida que un incendio... Sabía todo
esto, pero estaba contenta de tener, precisamente en aquellos momentos, un departamento
individual, un sitio donde poder cerrar su puerta, fumar plácidamente en soledad... (142)
Cuando recordó la historia, que tantas veces su abuela Bel le había contado, de San Pablo cayendo
de su caballo, fulminado por el amor de Cristo cuando iba persiguiéndolo lleno de odio. Paulina
empezó a llorar...
Era tan inocente, tenía tan absoluto desconocimiento de lo que es la misteriosa, personal y
extraordinaria aventura de la vida humana en gracia, que se creyó, como otro San Pablo,
invulnerable ya para siempre en este inmenso descubrimiento que acababa de hacer. (142)
Paulina entró en un estanco, compró papel y sobre y allí mismo escribió dos líneas a Blanca,
contándole que, súbitamente, había creído en Dios, que entendía la felicidad y el heroísmo de los
santos, y que le mandaba un gran abrazo. Pegó cuidadosamente la carta con su sello y la echó en
el buzón de la calle del Carmen. (144)
A veces se paraba en medio de cualquier faena casera, para pensar, deslumbrada, en que creía. Se
volvía hacia Dios, levantaba a Él el corazón, le preguntaba qué deseaba de ella, de la pobre mujer
que era ella, ya que así la llamaba. Se olvidó de comer y a la tarde bajó a la calle a comprar unas
frutas... y un catecismo de doctrina cristiana. Sentada en el suelo de su pasillo, en el rincón más
fresco, leyó con toda el alma aquella tarde.(149)
[Ante el joven sacerdote] Paulina pensó en lo que podía ser la vida de un muchacho, consagrado a
Dios casi desde la infancia. Pocos días antes hubiera pensado en ella como un absurdo
inimaginable. Ahora sabía que si Dios quiere, un niño puede sentir dentro de él el secreto del
universo. (155)
Seguridad, luz
[Carta a Antonio, escrita después los primeros momentos de la experiencia del tren] “Creí de
repente. Sin lugar a duda alguna. En todo. En Dios. En la Iglesia. en la Virgen María. En la
Comunión de los Santos. En todo...
“Dicen que esto es una gracia especialísima. Pensé, incluso, que era una contestación de Dios a
todas mis desesperadas preguntas del año pasado, cuando sufría yo tan absurdamente, tan
mezquinamente, y como sin motivo... Pensé que para siempre jamás Dios quería darme la alegría
de los Santos. Y si ellos tienen siempre esta alegría, te aseguro que no hay mérito alguno en dejarse
hacer tiras por ella... Pero ya no la siento, y vuelvo a sufrir por ti.
“Ahora que...Te aseguro que no es un espejismo, ni una ilusión, ni nada de eso. Lo que yo tuve
fue un saber la verdad, que ahora ya se ha ido, aunque me ha dejado la certeza... Lo que no
puedo comprender es por qué yo y no otra persona, yo, he sido la que he sabido... Pero dicen que
no hay que decir por qué a Dios. Que nosotros somos como niños chicos ante sus designios, no
sabemos... No podemos entender.”. (207-8)
[Ante la sequedad, la ausencia de sentimiento] ...No se sentía con fuerzas de volver a contar en
estos momentos lo que había sentido... Si casi le parecía que ni lo había sentido... Pero, no. No.
¡Con qué fuerza, con qué claridad sobrenatural había visto las cosas aquellos días! Aquello no
eran ilusiones. Había sabido cosas, luego se le habían borrado. Pero había sido un sabor distinto
de la vida. Sí, una sabiduría. (249)
Algo inmerecido
- 'no sé por qué a mí' // 'se te ha dado... por una elección... a la que tu mérito es ajeno' // 'por
qué precisamente algunos son elegidos' // '¡esa verdad ha venido a mí!' // '¿Por qué Él me ha
cogido?'
Iban al lado uno de otro. Paulina no parecía huir ya. Antonio empezó a hablarle de Roma, con
cierto entusiasmo...
- Si todo el mundo entendiese la religión como tú, te aseguro que sería cosa de muy pocos.
- Por el contrario, si cada uno tuviese la voluntad decidida de ser fiel a sus creencias, el
mundo presentaría otro aspecto... Y a mí, precisamente, me ha sido dada una claridad tan grande...
Cuando pienso en que hay tantos hombres, tantas mujeres que dan vueltas alrededor de la
verdad, llenos de dudas, y a lo mejor son personas magníficas, y yo, que estaba en un momento
de embrutecimiento, de materialismo absoluto, yo... (280)
A veces el amor les suena hermosamente, parece que va a ser como un mar rompiente e infinito...
Luego se quedan los hombres sin llegar a él, en un pequeño charco cualquiera, que espejea... Los
seres humanos aman estos charcos, se ahogan en ellos, se pierden en ellos, se mueren en ellos, a
dos pasos de ese rumor más lejano, más difícil, de ese mar de amor, inmenso, que existe, que
espera... (137)
'Quiero a mi marido, a mis hijas, con un amor nuevo y maravilloso, y a todos los hombres' //
'No estoy trastornada en absoluto, ni nerviosa, ni desquiciada, sólo maravillada, arrodillada
delante de Dios' // 'Ahora sé que en Sus Manos soy algo' // 'Mi vida ha cambiado mucho. Ha
tomado un sentido magnífico. Ahora sé lo que tengo que hacer. Sé también que muchas veces
me parecerá duro, pero que en el fondo, esa alegría de haber sentido esta llamada de Dios me
sostiene...'
[De este tema no aparece nada en la carta, escrita justo después de la experiencia, pero en la novela
sí alude.]
[Palabras del P. González] Bueno... Ahora en serio: no se fíe usted de su optimismo. No crea usted
que siempre va a tener esa sensación de fe absoluta, de alegría y de gracia... Llegará un momento
(160) en que dudará de todo y se desesperará. Siga usted entonces a los pies de Cristo; entonces
será el momento en que Dios la pruebe. Fortalézcase ahora.
Aunque parezca extraño, esta jerga le parecía a Paulina muy complicada.
- Pero, padre, ¿cómo voy a dudar de lo que positivamente sé que es cierto?... Una vez sabido,
ya...
Salió a la calle con aquella confiada sonrisa... Aunque, desde luego, suavemente, Aquel soplo de
luz sentido varios días, aún más suavemente que a su llegada, se había ido desvaneciendo. La
había dejado distinta a como era antes. Eso sí, infinitamente enriquecida. Como un río que
después de volver a su cauce deja la tierra de las orillas cargado de semillas, de vitalizante barro y
humedad.
Paulina respiró el aire ardiente de la acera y de los árboles torturados de la ciudad... Notó que era
una pobre mujer sola, y no la mártir, la santa que estaba dispuesta a ser, que creía ser unos días
antes.
“Me ha sugestionado el padre González”...
Sin embargo, creía. Tenía una fe inmensa. Por primera vez, tenía fe, ahora que aquella misteriosa
luz de su cerebro se había ido. Fe es estar a oscuras, creer en lo que no se siente ni se ve. (159-
160)
- Hija mía –dijo Blanca, mirándola con sus hondos y limpios ojos-, no pareces muy feliz...
¿Cómo es eso? ¿Te acuerdas de la carta que me escribiste? Siempre la llevo conmigo...
[Ante la posible muerte de la mujer de Antonio] “Si yo no puedo dejar de pensar en la muerte de la
mujer de Antonio para tenerlo, tengo que dejar a Antonio”...
Ésta era una idea clara, clarísima. Algo sin vuelta de hoja. O dejar de pensar en Antonio o dejar de
pensar, de una vez para siempre, que ella creía en Dios y que, además, creía que la Iglesia católica,
apostólica y romana era la depositaria de los Mandamientos y los Poderes de Cristo.
A momentos se desesperaba. Era como si un demonio le hablase dentro de ella: “Dios ha venido a
ti, se ha mostrado a ti para que te condenes. Mientras hacías las cosas en la inocencia, con la
tranquilidad de tu visión material de la vida, pocas veces eras culpable. Pero ahora, ahora
rechazas la luz, dices: quiero el infierno. Lo escoges... Tú escoges como Lucifer. Dios te ha dado
tanta libertad...”
...Era una mujer con los ojos como asustados, inquietos. Miraba a la gente como quien ha perdido
algo. Recordaba que había encontrado una cosa más importante que la vida, aquel verano, y que la
había perdido... Había tenido la sensación de Dios y la había perdido. (261-2)
[La fe tiene consecuencias, supone un compromiso: ante el conflicto entre su amor a Antonio y el
seguimiento de Jesús] “¡Dios mío –rezó-, Cristo mío, Jesús! Yo sé que existes, que me has llamado,
que quieres que siga tu camino de renunciamiento propio, tu camino hacia la felicidad que me has
enseñado, tu camino que, además, yo lo sé, da la única felicidad verdadera y duradera que hay en
la tierra... Yo sé que es cierto, aunque ahora esté tan lejos de aquella alegría. Y es natural que esté
lejos. ¿Qué hice jamás para alcanzarla, aun sabiéndola verdadera?... Aunque quizá nunca vuelva a
sentir aquella alegría, pero... Ya sé que no basta ver la felicidad de Tu luz, que no basta eso. Hay
que seguirte, pero... Tú lo tienes que hacer todo. Yo te lo pido con humildad, Dios mío. No es
mucho. Sólo que me permitas empezar apenas, a desear de corazón, sin reserva alguna, seguirte...”
“Que me permitas desear..., que me permitas desear...”, repitió sin darse cuenta, mientras
sentía que sus manos se iban mojando de lágrimas gruesas, limpias, buenas.
Era difícil desear ser de Cristo cuando sabía que ser de Cristo hacía despojar el corazón de una
inicua atadura humana, tan dolorosa, tan querida, la atadura de un amor con un hombre casado.
“Permíteme desear...”
Inmediatamente sintió paz. Una débil, una suave paz. (263)
[Más adelante nos encontramos con el siguiente diálogo entre Antonio y Paulina]
[Pero este compromiso de la persona no es fácil, aunque da 'serenidad y firmeza'] Cuando el coche
en que Antonio se iba, decepcionado, había desaparecido, aún estaba Paulina quieta y temblorosa,
empezándose a dar cuenta del frío y la humedad de la noche y de la profunda pena que, a pesar de
la nueva serenidad y firmeza adquiridas, podía acuchillarla tan ferozmente. (281)
Esta carta de Eulogio había llegado después de aquellos meses solitarios, tan tremendos en los que
después de renunciar a Antonio ya para siempre, Paulina entró en lo que le parecía una época
verdaderamente penitencial y purificadora... No sólo por el calor, la soledad y el aire seco de que
la estuvo rodeando aquellos meses, sino porque una vez pasada la época de las primeras luchas,
Al volver con Eulogio padecería un poco, pero la gracia sacramental la ayudaría siempre, y a cada
vacío, a cada abnegación, Dios la iría llenando. La vida de Eulogio y la suya, al fin, estarían
colmadas por algo más que por el propio egoísmo. (333)
Paulina empezó a notar en ella una gran confianza. Y una gran paz. La paz de haber empezado, al
fin, su camino y de andar “en espíritu y en verdad”. Esa paz de Cristo “que supera todo sentido”, y
que la envolvía enteramente, cuando regresaron hacia la casa. (335)
Vivencia eclesial
- 'los dogmas todos de la Iglesia... están dentro de uno' // 'he confesado y comulgado'
Comprendió que aquel hombre vestido de negro, de mirada –ahora sabía, esa mirada era como una
contraseña de la pureza de espíritu- tan clara, y ella, Paulina, que aún no tenía sus ojos limpios,
pero sí brillantes, iluminados de alegría... Que aquel hombre, que había estudiado la ciencia de
Dios, se había apartado de todo cuanto pudiera ofrecerle el mundo, por Dios; y era sacerdote de
Dios...Y ella, que era una mujer que acababa de mirar por primera vez el mundo de lo
sobrenatural... que ellos dos, que jamás se habían visto hasta el momento, se querían
profundamente en el amor de Aquel que a los dos les había llamado.
El padre González estaba sonriendo, miraba a Paulina como encantado.
Ella le explicó que si en aquel momento fuese necesario proclamar la existencia de Dios y
la verdad de la Iglesia, desde una plaza pública, ella lo haría. Y si fuese necesario dejarse quemar
viva, ella se dejaría quemar. (155)
Comprendía, sobre todo, a la Iglesia, y la gran labor de la Iglesia, que va integrando, a través de
los siglos, a todos los hombres que componen el Cristo místico y total. Comprendía cómo la Iglesia
recoge la palabra de Dios, la guarda, la interpreta asistida por el Espíritu Santo, y cómo la vida
humana con sus vicisitudes a través de los años, sólo tiene grandeza en lo que lucha y avanza
consiguiendo, poco a poco, la Vida de Dios. Entendía cómo a veces nos afanamos en tonterías que
nada importan al fin del hombre o lo obstaculizan. Cómo a veces el colmo de la congoja y la
miseria son el camino para que, abatido el orgullo, desconfiemos de nuestras fuerzas, y nos
volvamos a Dios. (158)
[Sólo desde la vivencia de fe puede uno descubrir el alcance de pertenecer a la Iglesia. Tras su
vuelta con Eulogio] Le pareció comprender, como nunca, la grandeza del matrimonio católico, que
no es sólo un contrato, sino un sacramento. Una unión indisoluble de dos seres que quieren juntar
sus vidas hasta la muerte, ayudándose uno a otro, espiritual, material, carnalmente. Una unión
para Dios. Una unión cuya indisolubilidad sólo tiene sentido en orden a Dios, pues no es sólo un
egoísmo de amor, o de conveniencia. Traspasa el amor, traspasa la conveniencia y la atracción.
Cuando esto cesa, el sacramento no se rompe y quien lo recibe, recibe también gracia suficiente
para llevarlo hasta el final. Y tiene la bendición de Dios, porque es un camino donde toda
abnegación y todo perfeccionamiento y toda hondura de los hombres puede manifestarse.
Precisamente porque es una gran entrega que excluye el egoísmo. (327)
Para mí la cosa de Dios ha sido tremenda. Primero como algo que vino desde fuera. Luego una
búsqueda de siete años en que hice las mayores idioteces y la dejé y me metí por todos los
vericuetos de nuestro catolicismo español en lo que tiene de venero religioso y en lo que tiene de
absurdo y enmohecido y todo. Luego una enfermedad física de todas estas contradicciones entre lo
que hacía y mi manera de ser. Y luego otros siete años en los que estoy de casi huida, de volver a
mi ser, de encauzar todo a mi razón. Pero siempre encuentro a Dios en todas partes. A veces es
como una locura tranquila. Si me voy a París, Dios está en París, si voy a USA, Dios está en USA.
Si creo que lo he olvidado, me voy de narices contra Él.117 (pp. 110-1)
La hija liga su experiencia de Dios en sus últimos años a espiritualidades orientales más bien. Sin
embargo, reconoce que al final de su vida, ya enferma terminal, sólo recobra su serenidad cuando
viene el sacerdote y recibe los sacramentos. Pero lo que fue su encuentro con Dios, descrito en la
carta, permanece hasta el final y la acompaña por donde va.
Esta experiencia, nos confirma la intuición de Ignacio de Loyola: que “sólo es de Dios nuestro
Señor dar consolación sin causa precedente” (EE 330), pero que hay que distinguir “el propio
tiempo de la tal actual consolación, del siguiente en que la ánima queda caliente...” (EE 336). Ahí
podemos nosotros ya actuar y, por tanto son necesarios tanto el discernimiento como la
deliberación. Ignacio por propia experiencia sabía que siendo el espíritu de Dios, la persona podía
actuar por su cuenta (extravagancias y extremos que hizo en Manresa). Más aún, en la Anotación 14
advierte al que da los EE que cuando ve al que los hace “consolado y con mucho hervor, debe
prevenir que no haga promesa...”
117
Cristina Cerezales Laforet, Música blanca, Ediciones Destino, pp. 110-1
118
Cita sacada de Juan Martín Velasco, La experiencia cristiana de Dios, Ed. Trotta, Madrid 1997, pp. 218-
223, que a su vez está sacada de El profesor García Morente, sacerdote, Mauricio de Iriarte, Espasa-Calpe, Madrid
1956. Entre paréntesis () las páginas del libro de Martín Velasco, entre corchetes [] las de Mauricio Iriarte.
En este caso se trata de un intelectual, y la experiencia viene precedida por una situación que él no
duda en denominar 'modorrosa' junto a una 'inquietud e inestabilidad espiritual'. Pero leamos lo que
encontramos en el libro de Martín Velasco:
También a veces repasaba en la memoria todo el curso de mi vida: veía lo infundada que era la
especie de satisfacción modorrosa en que sobre mí mismo había estado viviendo; percibía
dolorosamente la incurable inquietud e inestabilidad espiritual en que de día en día había ido
creciendo mi desasosiego. (p 219) [p 62]
¿Quién, pues, o qué o cuál era la causa de esa vida que, siendo la mía, no era mía?... Por un lado,
mi vida me pertenece, puesto que constituye el contenido real, histórico de mi ser en el tiempo.
Pero, por otro lado, esa vida no me pertenece, ... puesto que su contenido viene en cada caso
producido y causado por algo ajeno a mi voluntad.
No encontraba yo en esa antinomia más que una solución: algo o alguien distinto de mí hace mi
vida y me la entrega, me la atribuye, la adscribe a mi ser individual. El que algo o alguien distinto
de mi haga mi vida explica suficientemente el por qué mi vida en cierto sentido no es mía. Pero el
que esa vida hecha por otro me sea como regalada o atribuida a mí, explica en cierto sentido el que
yo la considere como mía... ¿Quién es ese algo distinto de mí que hace mi vida en mí y me la
regala? ¿Y si yo no aceptara este regalo? (pp. 219-220) [pp. 70-71]
Estaban radiando música francesa: final de una sinfonía, de César Frank; luego, al piano, la
Pavana de una infanta difunta, de Ravel; luego, en orquesta, un trozo de Berlioz intitulado
L’enfance de Jesús... Cuando terminó, cerré la radio para no perturbar el estado de deliciosa paz
en que esa música me había sumergido y por mi mente comenzaron a desfilar, sin que yo pudiera
oponerles resistencia, imágenes de la niñez de Nuestro Señor Jesucristo. Vile en la imaginación
caminando de la mano de la Santísima Virgen, o sentado en un banquillo y mirando con grandes
ojos atónitos a San José y a María. Seguí representándome otros períodos de la vida del Señor: el
perdón que concede a la mujer adúltera, la Magdalena lavando y secando con sus cabellos los pies
del Salvador, Jesús atado a la columna, el Cirineo ayudando al Señor a llevar la cruz, las santas
mujeres al pie de la cruz.
Y así, poco a poco, fuese agrandando en mi alma la visión de Cristo hombre clavado en la Cruz en
una eminencia dominando un paisaje de inmensidad, una infinita llanura pululante de hombres,
mujeres y niños sobre los cuales se extendían los brazos de Nuestro Señor crucificado. Y los brazos
de Cristo crecían, crecían y parecían abrazar a toda aquella humanidad doliente y cubrirla con la
inmensidad de su amor. Y la cruz subía, subía hasta el cielo y llenaba el ámbito de todo y tras ella
también subían muchos, muchos hombres y mujeres y niños. Subían todos, ninguno se quedaba
atrás, sólo yo clavado en el suelo veían desaparecer en lo alto a Cristo rodeado por el enjambre
inacabable de los que subían con él. Sólo me veía a mí mismo en aquel paisaje ya desierto
arrodillado y con los ojos puestos en lo alto y viendo desvanecerse los últimos resplandores de
aquella gloria infinita que se alejaba de mí...
No me cabe la menor duda que esta especie de visión no fue sino producto de la fantasía excitada
por la dulce y penetrante música de Berlioz, pero tuvo un efecto fulminante en mi alma: Ése es
Dios, ése es el verdadero Dios, Dios vivo, ésa es la Providencia viva, me dije a mí mismo. Ése es
Dios que entiende a los hombres, que vive con los hombres, que sufre con ellos, que los consuela,
que les da aliento y les trae la salvación. Si Dios no hubiera venido al mundo, si Dios no se hubiera
hecho carne en el mundo, el hombre no tendría salvación, porque entre Dios y el hombre habría
siempre una distancia infinita que jamás podría el hombre franquear.
Yo lo había experimentado por mí mismo hacía pocas horas. Yo había querido con toda sinceridad
Pues bien, cuando llega a describir su vivencia, lo primero que hace es situarla espacio-
temporalmente: “Son las cinco y diez. Dentro de dos minutos seré cristiano.” (151)... Al entrar en la
capilla y observar lo que encuentra, “se fija en el segundo cirio que arde a la izquierda de la cruz.
No el primero ni el tercero, el segundo. Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de
prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy y va a
traer al mundo, deslumbrado, el niño que jamás he sido. (156)
…Él es la realidad, él es la verdad, la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un
orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia
de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona en Aquel mismo a quien y
habría negado un momento antes, a quien los cristianos llaman Padre nuestro, y del que doy
cuenta que es dulce; con una dulzura semejante a ninguna otra, que no es la cualidad pasiva que se
designa a veces con ese nombre, sino una dulzura activa que quiebra, que excede a toda violencia,
capaz de hacer que estalle la piedra más dura y, más duro que la piedra, el corazón humano.
Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del
salvado, la alegría del náufrago recogido a tiempo; con la diferencia, sin embargo, de que es en el
momento en que soy izado hacia la salvación, cuando tomo conciencia del lodo en que, sin
saberlo, estaba hundido, y que pregunto, al verme aún con medio cuerpo atrapado por él, cómo he
podido vivir allí, respirar allí.
Al mismo tiempo me ha sido dada una nueva familia, que en la Iglesia, que tiene a su cargo
conducirme a donde haga falta que vaya; bien entendido que, a pesar de las apariencias, me queda
alguna distancia que franquear y que no podría ser abolida más que por la inversión de la
gravedad.
Todas estas sensaciones que me esfuerzo por traducir al lenguaje adecuado de las ideas y de las
imágenes son simultáneas, comprendidas unas en otras, y pasados los años no habré agotado el
contenido. Todo está dominado por la presencia, más allá y a través de una inmensa asamblea, de
Aquel cuyo nombre jamás podría escribir sin que me viniese el temor de herir su ternura, ante
119
André Frossard, Dios existe, yo me lo encontré, Rialp, 23ª edición, Madrid, 2009. las páginas de cada cita van entre
paréntesis ().
Pero en el epígrafe he aludido a que este personaje es un político. En el relato que he transcrito sólo
ha aparecido la autodenominación de “ateo de extrema izquierda”. Pero creo que es mucho más
interesante recoger dos observaciones: una anterior al relato de su conversión, en la que alude a la
visión que desde su posición política se tenía del Evangelio; y la segunda después de su conversión,
cuando se ve aislado en su familia, esperando pase la “crisis de misticismo” según el diagnóstico del
psiquiatra consultado.
Pues bien, la primera cita dice así: “Según la opinión general [en ese ateísmo de extrema izquierda],
el Evangelio, desembarazado de sus superestructuras místicas, podía pasar por una introducción
bastante buena al socialismo; se lo concedíamos de buen grado a los cristianos que lo pedían.
Hecha esta concesión, nos asombrábamos de que no se hiciesen socialistas en seguida. En cuanto
a hacernos cristianos, la idea ni nos rozaba. Todo lo que había precedido al socialismo no había
hecho sino anunciarlo. Nuestra fe nos bastaba. Ligada al movimiento mismo de la historia, tenía
ante nuestros ojos la ventaja de ser irrefutable. Y bien podría ser, efectivamente, que la única
manera de refutar el socialismo fuese aplicarlo.” (98-9)
La segunda cita hay que situarla en ese pacto familiar al que llegan, con la prohibición de
'proselitismo' hacia su hermana pequeña, pero que él vive así: “Respetuosos con nuestras
convenciones, me instalé en una especie de catacumba interior, con mis certezas y esa felicidad que
tanto me hubiese gustado distribuir, extender, entregar al saqueo.” Era la dimensión expansiva -¡no
intimista!- que descubríamos en la experiencia mística. Pero al final de este apartado hace el
siguiente comentario: “...Por mi parte, pronto me di cuenta de que ni siquiera se me creería, de que
ni se me escucharía, mientras no hubiese aportado la prueba de mi buen sentido, de mi aptitud
para vivir como los demás, superando exámenes, ganando mi vida de otra forma que por medio de
relaciones, en pocas palabras, actuando de manera que un día se aceptase, si no seguirme, por lo
menos entenderme. Vi que antes de demostrar a Dios, demostrarme a mí mismo...” (140-1)
CONCLUSIÓN
Volviendo a la cita de Rahner, después del recorrido de nuestro tema, lo primero que tenemos que
FE FIRME IV
Fe y experiencia mística.
ESQUEMA
Introducción
1. Qué se entiende por mística.
José Antonio Marina: una aproximación que no pasa de la perplejidad
M. Gandhi: una experiencia de Dios comprometida y desde abajo.
Klaus Berger: el creyente ante el misterio.
Teresa de Jesús: mística y psicología analítica como experiencias.
2. La experiencia mística en el NT
MADRE TERESA: Experiencia mística encarnada “en los agujeros de los pobres”
CONCLUSIÓN