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Reseña Guadalupe

El documento analiza la concepción del tiempo desde las ciencias sociales, destacando su dualidad como dimensión socio-histórica y su interrelación con el conocimiento social. Guadalupe Valencia García argumenta que el tiempo social no puede ser considerado de manera aislada, sino que debe entenderse en su contexto histórico y en relación con el espacio. Además, se enfatiza la importancia de la historicidad y la subjetividad en la interpretación de la realidad social y sus transformaciones.

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Reseña Guadalupe

El documento analiza la concepción del tiempo desde las ciencias sociales, destacando su dualidad como dimensión socio-histórica y su interrelación con el conocimiento social. Guadalupe Valencia García argumenta que el tiempo social no puede ser considerado de manera aislada, sino que debe entenderse en su contexto histórico y en relación con el espacio. Además, se enfatiza la importancia de la historicidad y la subjetividad en la interpretación de la realidad social y sus transformaciones.

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UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL

DEPARTAMENTO DE PSICOPEDAGOGÍA
FACULTAD DE EDUCACIÓN
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN COMUNITARIA
ANÁLISIS DE COYUNTURA IV

Nombre. Huertas Baquero Jessica Paola


Código. 2015253019
Fecha. 26 de febrero de 2019

PENSAR EL TIEMPO DESDE LAS CIENCIAS SOCIALES

Guadalupe Valencia García. Doctora en Sociología por la UNAM, maestra en Sociología


Política por el Instituto Dr. José Ma. Luis Mora y licenciada en Sociología por la Universidad
Iberoamericana. Es investigadora titular C de tiempo completo, definitiva, en el Programa de
Investigación en Ciencias Sociales y Literatura del CEIICH. Pertenece al Sistema Nacional de
Investigadores en el nivel II.

RESEÑA TEXTUAL

Para comenzar, la autora afirma que el tiempo social tiene una doble condición de ser, de manera
simultánea: por un lado, es una dimensión constitutiva de todo proceso socio-histórico y, por otro
lado, es una exigencia del conocimiento de la realidad social presente. Asimismo, hace una
distinción entre Tiempo como categoría y los conceptos de tiempo propios de los variados
enfoques disciplinarios y discursos humanos, y el tiempo socio-histórico como producto de la
construcción de los sujetos sociales.

Valencia (2002) menciona que la categoría Tiempo remite a la duración, al flujo incesante de
sucesos. Es la característica presente en todos los discursos, es el continuo fusionado a un cambio
perpetuo. En cambio, para hablar del tiempo social histórico es preciso reconocer y comprender
una dimensión común a todas las temporalidades: el Tiempo.

Asimismo, Valencia (2002) refiere que es necesario discutir sobre si el tiempo social existe con
independencia de otros tiempos que pertenecerían a otras disciplinas y campos de conocimiento,
o si la especificidad del tiempo social radica en las formas de conocimiento que podemos
desarrollar para dar cuenta del tiempo histórico. En la sociología, existen dos enfoques sobre el
tiempo social: 1) donde el tiempo social es concebido como sui generis, es decir, que informa
diferencialmente los variados aspectos de la realidad social; 2) se limita a analizar los aspectos
temporales propios de los procesos sociales, sean o no, idénticos o semejantes, a los que exhiben
otros planos de la realidad.
La defensa de un tiempo que le pertenezca en exclusiva a las ciencias sociales es infructuosa.
Primero, porque a las sociedades no les son ajenos los otros tiempos ya que todos son parte de un
universo único enmarcado por la flecha del tiempo. Segundo, porque toda experiencia temporal y
elaboración intelectual sobre el tiempo han sido y seguirán siendo históricos. En otras palabras, el
tiempo es producto de la vida social de las relaciones que las estructuran.

El tiempo social no puede concebirse independiente de los paradigmas que han revolucionado
nuestras formas de conocer. En ese sentido, indagar sobre la naturaleza particular de los procesos
sociales y el carácter de sus componentes, puede resultar más fructífero para pensar al tiempo.
Desde las ciencias sociales, toda forma de apropiación de la realidad supone al tiempo y al
espacio como condiciones de inteligibilidad fundamentales para acceder a lo real. En otras
palabras, el espacio y el tiempo son concebidos como categorías fundantes de todas las formas de
lenguajes y de todo tipo de discursos, pero, también, son los ámbitos en los que se unifican o
bifurcan los conocimientos y los saberes sociales.

Sin embargo, en el ámbito del análisis social, es más conveniente tratar al tiempo y al espacio
como dimensiones inseparables. Por una parte, porque los procesos temporales sólo existen en el
espacio y éste, en tanto humano y humanizado, no puede ser construido sino en el tiempo. Por
otro lado, porque toda formación de apropiación del tiempo y del espacio, y toda clasificación de
éstas, deben ser vistas como construcciones humanas históricas.

El espacio y el tiempo pueden ser analizados de manera separada, siempre y cuando, no


olvidemos su indisoluble unidad. Por ejemplo, en las Ciencias Sociales, estas dimensiones han
sido tratadas de manera diferenciada. Pues, el espacio ha sido abordado a partir de conceptos
como región, lugar, densidad, cercanía o lejanía, macro o micro, centro o periferia; y el tiempo,
con nociones como coyuntura, movimiento, recuerdo, duración, acontecimiento.

Tiempo, realidad social e historicidad

La realidad a la que alude las ciencias sociales, es la realidad social a la que se convocan diversas
perspectivas teóricas y disciplinarias reconociendo que su naturaleza es la de ser histórica el
principal reto para abordarla es dar cuenta de su historicidad.

Como construcción, la realidad socio-histórica es siempre cambiante e inconclusa. Asimismo,


constituye una síntesis que conjuga al pasado y al futuro, la cual está contenida en el presente
como posibilidad de construcción. La realidad, como proceso es abierta, y obliga a repensar la
relación entre los modos del tiempo, donde el presente no debe clausurar la efectividad del
pasado ni determinar al futuro.

La historicidad de lo real puede ser vista como la reconstrucción de una topografía que permita al
tiempo cronológico expresarse tanto en su flujo incesante como en las interrupciones y
desviaciones de ese flujo. La topografía expresa la plasticidad de los complejos tempo-espaciales,
los cuales se construyen constantemente. La historicidad es la conjunción de historias que
intentan ser vistas desde varias dimensiones y con el mayor número de relieves posibles.

La historia vista como construcción nos obliga a introducir a los sujetos sociales como los únicos
protagonistas posibles de ella. La historicidad apunta a la posibilidad de dar cuenta de los sujetos
sociales y de los mundos que han construido en el marco de la tensión permanente entre su
necesaria determinación histórica y las posibilidades de seguir construyendo historias. La
historicidad debe tender a establecer desde el presente un vínculo hacia el pasado y hacia el
futuro, que permita utilizar lo devenido para construir sentidos sociales y los horizontes del
porvenir que los sujetos sociales impulsen.

Las diferencias entre historia e historicidad no sólo son semánticas. Pues, la historia suele ser
vista como resultado del despliegue temporal en el que pueden ubicarse, en diferentes escalas
espaciales, aquellos procesos sociales posibles de ser aprehendidos. Pero, la historicidad atañe al
presente como único tiempo, desde el cual es posible conocer y otorgar sentido el conocimiento
social e interpretar la realidad en toda la complejidad y riqueza de sus dimensiones. La
historicidad obliga insertar la historia misma en una perspectiva histórica, la cual implica el
movimiento que vincula una práctica interpretativa con una praxis social. La historicidad como
exigencia del conocimiento socio-histórico, obliga a considerar de manera conjunta, y sin
privilegio, a lo estructural, a lo determinado, frente a lo posible e indeterminado.

En el marco de la permanente tensión entre el determinismo y la libertad, el análisis de lo real


social exige una visión en la cual el mundo sea a la par lo suficientemente aleatorio, cómo lo
bastante estable. La realidad no se aprehende aislando un fenómeno de otro, sino en su
entrecruzamiento, lo que supone manejar simultáneamente distintas temporalidades y espacios.
Para hacer un análisis del presente, temporalidad y la historicidad pueden priorizarse por sobre
las categorías de historia o de tiempo, lo que significa que historizar a lo real resulta ser un
entrecruzamiento complejo de temporalidades y espacialidades diversas. La idea de pluralidad
temporal es una buena estrategia para el tratamiento de la realidad socio-histórica. Además,
permite la incorporación de la idea de “subjetividad sobre el tiempo”, tanto como la del “tiempo
de la subjetividad” de los actores del mundo real.

Los modos del tiempo social: el pasado, el presente y el futuro

La complejización de la aprehensión del tiempo social debe partir del análisis de las relaciones
entre las tres dimensiones básicas del tiempo histórico: pasado, presente y futuro. Los vínculos
entre las formas del tiempo expresan las relaciones entre las continuidades y las metamorfosis
temporales. Las relaciones entre las formas de tiempo muestran, además, las formas de la
subjetividad de la experiencia temporal en el plano individual y colectivo. Pensar la relación entre
los modos del tiempo, exige pensar el papel asignado al pasado en dicha relación, así como
reivindicar su papel en la transformación social.

La autora refiere que Walter Benjamín distingue tres rasgos característicos de la historia: a) El
pasado es autónomo, tiene vida propia y es capaz de sorprender a la conciencia presente; b) más
que la ciencia, la memoria es la que aprehende dicho pasado; hay un pasado del que no existe
rastro material y que sólo por el recuerdo llega a hacerse presente; c) el pasado, lo histórico, no
interesa como reconstrucción sino como construcción; el pasado tiene una dimensión política
insoslayable por su capacidad de cambiar el presente.

Tiempo y conocimiento: algunos problemas teóricos y epistemológicos

La autora menciona que la historización de lo real plantea una serie de problemas teóricos,
ideológicos, epistemológicos y metodológicos. Cabe entonces revisar si los paradigmas de
conocimiento son los más convenientes para dar cuenta de la historicidad.

Un problema es que el tiempo y el espacio han sido concebidos como factores exógenos
constantes de la realidad social, lo que conduce a ignorar las maneras en que cada fenómeno
estudiado puede expresarse como configuración específica de espacio-tiempo, y a desconocer,
entonces, la historicidad propia del objeto en cuestión. (Valencia, 2002).

Por otra parte, el problema de la historicidad es teórico y epistemológico, y atañe tanto a la


multiplicidad de discursos sobre la realidad social, como al ethos intelectual y científico en el que
se enmarcan, en tanto que, el tratamiento del espacio-tiempo como dimensión de constitución de
lo social, pone en juego todas las formas de conocimiento de la realidad socio-histórica.

Otro problema es que la realidad social siempre desbordará al objeto que pueda ser reflejado en
una relación causal. “Este carácter excedente de la realidad, con respecto de cualquier abstracción
sobre ella, ha sido advertido por muchos autores que aluden al carácter imprevisible, residual,
inacabado, discontinuo, incierto o azaroso que caracteriza a una realidad cuya riqueza radica,
justamente, en la consideración de sus indeterminaciones. Indeterminaciones en donde radican,
finalmente, cualquiera de las posibilidades de emancipación del hombre” (Valencia, 2002, p.25)

BIBLIOGRAFÍA

- Valencia, G. (2002). Pensar el tiempo desde las ciencias sociales. Cuaderno de trabajo n° 12.
Instituto de investigaciones histórico-sociales. Universidad Veracruzana, México.

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