Informe de Vida y Fe
Informe de Vida y Fe
Reporte
Introducción
En mi época de periodista, también tenía veleidades de escritor. Era un tiempo en el que la gente
disfrutaba leyendo libros y todos los escribas suponíamos que esa era la mejor forma de llegar al corazón y la
mente de alguien. No estábamos equivocados, pero la realidad solía caminar por sendas mucho más prácticas
y materialistas. Muy pocos escribían por vocación; la mayoría lo hacía por dinero.
Y a mí me seducía enormemente todo ese mundo amplio y abierto a las ideas y los razonamientos que
le pudieran servir a alguien. Pero no acertaba a escribir más de dos letras sin quedarme sin tema y sin ideas.
¿Sería que en verdad no era apto para eso? Un viejo maestro, de esos formados en la universidad de la calle,
dio con una respuesta que para mí fue la plataforma de lanzamiento para esa etapa y, luego de pasarlo por la
cruz de Cristo, para esta también. Él simplemente me dijo: Escribe cuando sientas que explotas, no antes.
Si bien los periodistas gráficos saben muy bien que su tarea diaria consiste en recibir un plano de la
página en la cual van a colocar su material y, a partir de allí, elaborar sus artículos contra un espacio en
centímetros y ampliado por las columnas que le correspondan al tema. Sí o sí, hay que publicar. Los gráficos,
entonces, escriben con ganas y sin ellas, con inspiración y sin ella. El periódico tiene que salir a la calle. Pero
los escritores, no. Estos sí pueden cumplir con el ideario de mi maestro.
Hay algo que quizás tú no sabes. Escribí mi primer libro, pensando que iba a ser el único. Luego, escribí
todos y cada uno los restantes, pensando que iba a ser el último, en cada ocasión. ¿Sabes qué? Ahora escribo
este y no pienso en nada más. Aprendí que tengo un Productor General de mis actividades que es quien
decide todo eso. ¿Y sabes qué? Encontré paz y tranquilidad al aprenderlo.
Siempre el entendimiento primario te lleva a un nivel de entendimiento superior. Lo peor que podría
pasarte es que te quedes estancado, fijo, cristalizado y herrumbrado en ese primario entendimiento. Porque así
no sólo que no accederás a un nuevo nivel, sino que además podrías caerte del que hoy te encuentras. La vida
del cristiano es ascendente y de manera muy empinada, así que si te detienes, te deslizas hacia abajo.
Mis libros han sido, hasta este, mezclas que el Espíritu Santo decidió con la finalidad de informarte,
entretenerte y enseñarte, todo el mismo tiempo. Así que a anécdotas privadas y estrictamente personales,
siempre le sumé resultados de observaciones globales y palabra, mucha palabra divina. ¿Motivos? Un hallazgo:
porque la palabra de Dios es la única que no vuelve vacía. Nada original.
¿Y ahora? Ahora es diferente. Porque este libro es un informe que no sé muy bien a quien va dirigido. Y
no me volví loco, no temas. Sé que va dirigido a ti, que eres quien ya lo está leyendo ahora, de acuerdo, pero
no sé si en el fondo de todo, eres el verdadero destinatario. Si me dejas arriesgar una idea, tengo certeza que
si bien se te permite compartirlo y hasta aprovecharlo, creo que el verdadero destinatario es mi Padre celestial.
Porque los hombres, (Soy genérico, obviamente, esto incluye a las mujeres, porque mi Padre no hace
acepción de personas), hacemos en nuestras vidas decenas, centenares o miles de cosas. Algunas muy
buenas, otras buenas, y las restantes, mejor olvídalas. Pero los hombres y mujeres creyentes, (Atención: no
dije Cristianos, dije Creyentes), tienen una vida definitivamente diferente. O, al menos, deberían tenerla.
En uno de los Evangelios, (No te daré ni capítulos ni versículos, búscalos), se cuenta que un hombre
rico había tenido mucho éxito con la producción de una heredad, y que como consecuencia de ello el hombre
se había dejado llevar por su arrogancia y soberbia y planeaba hacer algunas de esas decenas de cosas que
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te mencionaba arriba. Dios le habló directamente y lo trató de necio. Lo que le dijo se podría sintetizar con algo
así: ¿Qué has hecho con la vida que te regalé?
De acuerdo; tú y yo, cualquiera sea el lugar en donde vives, nacimos de la misma manera. Un hombre
depositó su esperma en una mujer y ese esperma, aparentemente “por pura casualidad”, se unió y fusionó con
un óvulo recién producido por los ovarios de esa mujer. A partir de allí, comenzó a gestarse una vida en su
vientre y, luego de nueve meses de dilemas e incertidumbres varias, en un pequeño, remoto y casi desconocido
lugar de Argentina, vine al mundo yo. Tú, lo mismo, aunque faltaría añadir el destino geográfico que te
correspondió.
¿Entonces eso significa que somos iguales? En la concepción, quizás sí; pero en lo concerniente a
nuestras respectivas historias, es muy probable que no. ¿Por qué venimos de descendencias diferentes? Esa
es una causa, pero no la única. ¿Por qué heredamos historias de vida distintas? Esa es otra causa, pero no la
principal. ¿Y cuál es la causa principal, entonces? Que más allá de los ADN genéticos y biológicos, que los
tenemos, también recibimos un ADN espiritual distinto.
Está más que claro que, si como dice la Biblia, somos imagen y semejanza de Dios, y lo único que la
Biblia dice de Dios es que Dios es Espíritu, entonces nosotros somos: un espíritu, al cual se le ha dado un
alma y que, mientras dure nuestra permanencia en este planeta, utilizaremos una caja de barro húmedo,
descartable, llamada cuerpo. Suena lindo esta definición, y a menos que surja alguien con mayor formación
académica, la podremos usar sin quedar como neófitos en teología o espiritualidad.
El asunto es que yo siempre me pregunté, desde que me enteré de esto, cómo fue que ese espíritu
específico y concreto vino a aterrizar en este cuerpo que hoy gracias a Dios todavía me acompaña. ¿Nunca lo
pensaste? ¿Por qué tienes el espíritu que tienes y cómo fue, que fue destinado a tu cuerpo? No hay demasiada
literatura al respecto ni tampoco la Biblia se preocupa demasiado de aclararlo. Es como si nos dijeran: “Miren,
muchachos; fue así y listo, ocúpense de lo que tienen que ocuparse y olvídense de esto.”
Entonces yo, sin dejar de ocuparme en lo que debo ocuparme, aproveché mis tiempos libres para tratar
de investigar un poco respecto a este punto, todavía oscuro para todos los hombres y mujeres, y especialmente
para los creyentes, obvio. Y no podría decirte que descubrí algo, porque no podría probarlo ni comprobarlo con
nadie ni con nada, pero tengo certeza que fue de este modo. ¿En qué lo fundamento? En nada. Certeza es algo
así como “Yo sé, que sé, pero no me preguntes como lo sé, porque no lo sé; pero sé que lo sé”.
Hemos leído que el hombre fue formado del polvo de la tierra, (De hecho Dios tuvo que hacer barro para
construirlo, de otro modo se hubiera volatilizado en el primer viento, así es que de allí deriva que somos un
setenta por ciento de agua), y que luego le fue soplado en su nariz aliento de vida. Todos sabemos, también,
que este aliento de vida al cual se alude aquí, es lo que hoy llamamos el espíritu humano. Y todos sabemos,
además, que para funcionar correctamente en lo espiritual, es necesario llenar a ese espíritu humano con al
Espíritu Santo de Dios.
Entonces, si somos un muñeco de barro que espera recibir el soplo divino para tener un espíritu, es
porque en cada nacimiento, lo que el hombre engendra con sus espermas y sus óvulos, es el muñequito con
sus correspondientes genes de muñequitos antiguos, lo que pomposamente llamamos ADN, pero este
muñequito cobra vida dinámica cuando recibe el soplo divino y en su ser interior comienza a morar un espíritu
humano. A eso lo podríamos llamar: ADN divino. Y eso, tan sencillo en apariencia, da origen a otra tesis que
tampoco puede ser probada, pero que en modo alguno resultará descabellada. Nacemos en el lugar, en el
tiempo y en la panza que Dios elige. Y ahora no hablo del muñequito, hablo del espíritu.
Por lo tanto, el espíritu que Dios puso en el vientre de mi mamá cuando me estaba gestando, ya tiene
un nombre en el mundo espiritual. Un nombre que yo desconozco hoy, pero que seguramente conoceré el día
que ese espíritu retorne al seno de quien lo envió. Por ahora, mi nombre es Néstor Antonio, que fue lo que mis
padres eligieron cuando debieron inscribirme como ser humano recién llegado al planeta Tierra. Pero mi
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verdadero nombre, reitero, está oculto hasta el día final. Allí me será dado un nombre nuevo, que en realidad
no es nuevo, sino el mismo que tenía cuando llegué al vientre materno.
¿Tú crees que a esta altura de mi vida puede importarme algo quedar en una situación no tan brillante
con todos ustedes? Si hasta hoy no han entendido que sólo soy un simple hombre más, que sólo pudo ser más
o menos obediente a lo que el Señor le ha pedido que sea y haga, aunque diga lo que diga y haga lo que haga
de aquí en más, seguirán sin entenderlo. Pero si lo han entendido, entonces por más que yo me muestre falible,
humano y hasta equivocado en muchísimas cosas de mi vida, seguirán pensando lo mismo: que soy un
pecador arrepentido rescatado para servir al Reino hasta el último de sus días.
Así es que, a partir de este instante, (Como solían decir de manera solemne los antiguos locutores
radiales) ustedes van a tomar contacto con varios “mí”, que de ninguna manera implican egocentrismo, (Al
menos consciente), sino una puesta de rostro frontal hacia lo que puede ser un simple reconocimiento o un
“aplauso facial”. De hecho, aceptaré cualquiera de ambas asimetrías con la mayor honorabilidad de la que sea
capaz. Profesión, País, Iglesia, Hermanos, Mundo, Enemigo, Ministerio, Conducta, Fe y Herencia, serán
algunos de los ítems en los que me atreveré a incursionar. Y mis pedidos ministeriales, con sus argumentos.
¿Valdrá la pena? Como pieza documental, seguro que no. Para tomar modelo, (Y no siempre positivo), seguro
que sí. Te veo en el Epílogo. Y si esto te sirve para no cometer mis mismos errores, habrá sido suficiente. Y si
no te sirve para nada, espero al menos que te haya entretenido un rato.
Las buenas de las maestras ya estaban más que acostumbradas a esas elucubraciones infantiles que
ellas mismas promovían, así que ya ni siquiera se sonreían cuando el gordito Hugo juraba que sería ingeniero,
pese a que casi había repetido tercer grado por causa de no tener en claro la diferencia entre multiplicar y dividir.
¿Ingeniero con calificación de un tres sobre un máximo de diez, en matemáticas? (En esos tiempos, aquí, la
llamaban “aritmética”). A él no le interesaban los rótulos; era reprobado de cualquier manera.
Encajaba un poco más Horacio, que era el último cómodo de las filas en el patio, porque medía como
medio metro más de altura que todos nosotros, y que usaba unos anteojos gruesos que nos producían mucha
curiosidad porque nos hacían pensar que tenía ojos pequeñísimos, como los de una ratita. ¡Y de puros crueles,
lo apodábamos “ratita”! Aunque el diminutivo era apenas una cruel broma del absurdo. De hecho, sus ojos eran
normales, pero sólo se podía saber eso si se sacaba sus pesados anteojos, cosa que sólo solía hacer cuando
se reía demasiado…o cuando lloraba.
Él decía que sería médico. Y bueno; era un común denominador de los médicos de ese tiempo, ser feos,
flacos, altísimos y con anteojos. Así que nadie ponía en duda su futuro clínico o cirujano. Lo que nadie se
detenía a pensar es qué haría él, llegado el caso, con cualquiera de nosotros tendidos en una mesa de cirugía,
cuando durante tantos años se había tenido que tragar todas nuestras “bromitas”… No nos daba el cerebro
todavía para pensar en futuro, si no, creo que le hubiéramos pedido perdón ahí mismo.
Y después estaba “Coca”. Obvio que tenía un nombre y un apellido, pero nadie la conocía ni la llamaba
por ese nombre y ese apellido, sólo la maestra. Para todos nosotros era simplemente “Coca”. La más linda del
curso, la que todos pretendíamos tener de novia, la que aseguraba que sería actriz de cine (No existía aún la
tele, claro), cosa que por supuesto, ninguno de los varones dudábamos, pero que despertaba la ira, la envidia,
los celos y la bronca de todas las mujercitas que tenía como compañeras de aula.
El resto, palabras más, palabras menos, andaba dando vueltas en derredor de lo usual, de lo clásico, de
lo convencional y tradicional. La sociedad argentina de aquellos años, era una sociedad muy liderada por la
iglesia católica romana, así que de progresista no tenía nada. Y la escuela no era una excepción. Te portabas
bien, tenías una recompensa; te portabas mal, tenías un castigo. Punto y aparte. Dos más dos: cuatro. A nadie
se le podía ocurrir que si a ese Dios en el que decíamos creer, se le hubiera antojado que dos más dos daba
como resultado cinco, lo hubiera hecho y punto. ¿O para ese Dios sí había cosas imposibles?
Y después de todo esto, en un banco o pupitre común y sin destacar absolutamente en nada, estaba yo.
Y yo tenía un tremendo dilema a la hora de responder las encuestas vocacionales que se realizaban por lo
menos dos veces al año. Porque yo sabía que quería ser algo más que ese alumno flaco y esmirriado que era
en esa etapa de mi vida; estaba seguro de eso, pero no acertaba de ninguna manera a develar qué cosa quería
ser. Y aunque lo hubiera descubierto, el resultado hubiese sido el mismo, ya que no hubiera sabido como
denominarla.
Entonces solía recibir “la ayuda” de mis maestras. Una de ellas me decía que, si mi padre era un
comerciante, (En ese tiempo él había renunciado a la fábrica textil y andaba en un desvencijado camión pintado
de rojo, vendiendo de todo lo que pudiera servir para ponerle algo a la olla a la hora de comer), yo podría quizás
seguir sus pasos. Y hasta llegaban a fantasear conque tendría una gran tienda o almacén, (No existían aquí,
aún, los súper market actuales).
Si debo ser honesto, esas fantasías a mí me producían una mezcla de estado febril y escozor en todo
el cuerpo. Si hubiese sido un niño transgresor como tantos que hoy pueblan las aulas escolares, hubiera
respondido con sus mismas palabras: ¡Ni loco hago eso! Pero eran tiempos de obediencia irrestricta, tanto a
padres como a maestros. Que por un lado está muy bien, porque eso es precisamente lo que Dios desea de
nosotros, pero que si se realiza con excesos, (Y créeme que los había) se convierte en una especie de esclavitud
que no está para nada bien y está fuera de los planes de Dios.
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En una época mi padre alquiló un pequeño salón y abrió un negocio de venta de comestibles y todas
esas cosas que hoy acostumbramos a adquirir en los grandes emporios comerciales. No le funcionó y tuvo que
cerrar. Recuerdo que él se entristeció mucho, pero yo casi salí saltando y bailando. Las horas que debía estar
allí ayudándole, eran horas de presidio, agobio y rechazo. O sea: todavía no sabía qué era lo mío, pero eso,
seguramente que no era. No tenía ni la menor idea de lo que deseaba ser cuando llegara a adulto, pero tenía
más que claro lo que NO quería hacer.
Y entre esos “no”, estaba el no vender azúcar, harina o “yerba” como los argentinos denominamos a una
hierba que no es droga, sino el elemento que usamos para nuestro venerado mate de bombilla, que en estos
tiempos ya es una muy conocida bebida o infusión tradicional gaucha, o criolla. Y no pensaba así por orgullo ni
vanidad, ya que tenía conciencia de nuestras carencias y las aceptaba como parte de una vida que, si bien no
había elegido, tampoco estaba en condiciones de repudiar. Mis padres eran lo que eran y cómo eran, y yo los
aceptaba y los amaba así. Punto.
Un día, a esta joven maestra se le ocurrió la feliz idea de darnos como tarea una composición cuyo tema
central tenía que ser la plaza. Nos llevó por espacio de una hora al lugar y, al retornar, nos dijo sencillamente:
“escriban lo que vieron”. No había demasiado para escribir, más allá de la lógica descriptiva de árboles, plantas
y flores. Sin embargo, este servidor sacó a relucir un talento que desconocía y que determinó que esa maestra,
por primera vez, pronunciara una frase que luego se convertiría en célebre: periodista, escritor. Porque sólo
a mí se me ocurrió la idea original de escribir sobre esta plaza, haciendo hablar, de manera ficticia, a un banco
de piedra ubicado en el centro de ella, casi junto al mástil donde usualmente colocaban nuestra bandera.
Y ese banco ficticio contó de todo lo que oía sin responder, porque los bancos no hablan; aunque mi
banco tenía oídos y entendimiento. Los problemas de los ancianos, las charlas de los enamorados y un final
casi trágico, cuando lo rompieron para colocar uno más moderno. A mí mismo me emocionó leer lo que había
escrito. Y mucho más cuando aquella maestra tuvo la feliz idea de leerlo para toda la clase como –aseguró-
“modelo respecto a cómo se debía escribir un relato de ficción” (?) Yo llegaría a saber qué cosa significaba
“ficción” algunos años más tarde.
El caso es que, conjuntamente con el “10”, (puntuación máxima, equivalente a un brillante, distinguido o
sobresaliente), que obtuve por la tarea, llegó el consejo casi comprometido de hacerme jurar que iba a
ejercitarme más para ver si cuando fuera mayor podía dedicarme a escribir, ya fuera libros o en alguno de los
dos periódicos de la ciudad grande, vecina a mi pueblo chico. A partir de allí, en cada prueba de lenguas, yo
era un poco el centro general de la atención, cosa que a mí me producía un poco de sana vergüenza, pero que
a mi creciente Ego (Creo que allí apareció claramente en mi vida ese enorme enemigo de los humanos, y en
este caso feroz enemigo personal), le resultaba sumamente dulce, halagador y motivante.
La antigua maestra, ya estaba de retorno y se había incorporado nuevamente al curso, no entendía
demasiado del tema, pero seguramente asesorada por la suplente, eligió inclinarse ante mi supuesta
“capacidad” y avaló su consejo. Así que ya en mi último curso primario, yo solía escribir algunas cosas en
ocasiones especiales, como las celebraciones de fiestas patrias. Se me respetaba mucho y hasta se me
perdonaban gruesos errores gramaticales, que si bien todos cometíamos, a mí se me disimulaban mucho más,
para preocuparse de los contenidos.
Como ese tremendo error cometido en un relato de un día histórico, y del que todavía al recordarlo no
puedo evitar sentir vergüenza, cuando, en lugar de decir que caía una suave llovizna, como ameritaba y
correspondía, escribí que “llovía finito”. A las risas las tomé como un aplauso en otro tono y todos estuvimos
felices. Finalizada esa etapa escolar, no pude continuar con mis estudios regulares porque mi familia era de
condición pobre (Jamás digo “humilde” porque he aprendido que la humildad no tiene absolutamente nada que
ver con la escasez de dinero), así que comencé a trabajar en lo que podía trabajar un niño de poco más de
doce años de edad.
Viajaba solo, en un enorme bus, todas las mañanas a la ciudad grande vecina (Unos diez kilómetros de
mi pueblo), y con una enorme y pesada bicicleta con un gran canasto en su parte delantera, repartía en
diferentes casas la mercadería que las personas encargaban en un comercio de venta de comestibles. MI
salario, como puedes imaginarte, era sumamente escaso, casi al nivel de invisible. Ganaba algunas monedas
a la semana que, como correspondía en esos tiempos, entregaba de manera completa a mi madre, quien luego
iba dándome algo en los fines de semana para hacer lo único que me agradaba hacer, como salida con la mejor
ropa: ir al único cine del pueblo.
Para jugar al fútbol con mis amigos en los terrenos baldíos (Libres, no ocupados) del pueblo, no
necesitaba ni ropa ni dinero. Solamente ganas de darle puntapiés a esa pelota (o Balón) con las que todos
soñábamos deslumbrar algún día. En mi caso no sucedió ni por asomo, (Maradona y Messi son argentinos,
pero no vivieron en mi pueblo, aunque yo hoy vivo en el que nació este último), pero alguien de mi escuela sí lo
consiguió. Y fue un gran jugador y pudo vivir y hacer fortuna con esa profesión, aún sin ser de los llamados
famosos. Así fui creciendo.
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Un año después, y con la intención de reforzar mis ingresos económicos, iba a tomar contacto, (Aunque
no en el nivel adecuado ni recomendable), con la prensa escrita. Me enteré que el repartidor del diario más
pequeño de la ciudad grande, había decidido abandonar su trabajo y fui a las oficinas del diario a ofrecerme.
Jugó a mi favor que en el otro trabajo me permitían utilizar la bicicleta, así que me aceptaron. Repartidor “con
movilidad propia”. ¿Sonaba distinguido, no?
Por la mañana, bien temprano, debía ir al diario a buscar los cien ejemplares que, con sus respectivas
direcciones, debía entregar. Nada que ver con lo que veíamos en las películas americanas, donde el repartidor
de periódicos los doblaba y arrojaba al jardín de las elegantes casas. Yo tenía que tocar timbre a cada puerta
o, en su defecto, tratar como pudiera de pasarlo por debajo sin romperlo. Un día me ofrecieron darme algunos
ejemplares de más, para ver si los podía vender, al margen de los ya encargados. Eso significó mi primer
“ascenso gráfico” y mi primer “emprendimiento” como cuenta-propista (Individuo que trabaja sin relación de
dependencia).. De pasar un periódico por debajo de una puerta, pasé a gritar “¡Diario! ¡Diario!, ofreciéndolo.
No me conformé con eso; algunos meses después, empecé a añadirle a ese grito, la mención de alguna
de las principales noticias que el diario traía en su interior. Me fue bastante bien. A excepción de un golpe
bastante duro que me di un día de lluvia cuando se me deslizó la bicicleta y se me desparramó toda la carga
que, al mojarse, se arruinó casi toda, por lo demás siempre fui a ganancia. Muchos años después, estando
presente en un congreso de la profesión, uno de los disertantes recordó que la palabra “periodista”, en el
diccionario principal del idioma español, se traduce como “Persona que de una u otra manera colabora para
editar un periódico”.
Allí entendí que yo empecé a ser periodista arriba de una pesada bicicleta negra, con un canasto lleno
de diarios, llegando con dificultad a los pedales y gritando “diario-diario”, más las rutinas aburridas y poco
enigmáticas de una pequeña ciudad del interior de la República Argentina. Porque debo aclararte que esa
ciudad era grande comparada con mi pequeño pueblo de residencia, pero lo cierto es que no llegaba a los cien
mil habitantes. ¿Qué noticias impactantes podrían surgir de ese pobrísimo marco social? La gente compraba el
periódico por dos intereses básicos: saber el hijo o hija de quién había nacido y enterarse quién se había muerto.
Y nada más. Sociales o Necrológicas, si quieres los rótulos oficiales.
Un año más tarde, fui un día a las oficinas del diario en horas de la tarde. Jamás lo había hecho antes y
quedé asombrado por el movimiento, el vértigo y la acción que veía. Por la mañana, todo estaba tranquilo,
silencioso y apenas conmovido por el movimiento de las grandes resmas de ejemplares que salían para distintos
puntos de la ciudad, pero por la tarde, existía un movimiento que, años más tarde iba a vivirlo, y que sólo se
detenía cuando el ejemplar entraba en máquinas y comenzaba el trabajo de impresión.
No sé qué fue, pero algo se movió y movilizó en mi interior. No sabía cómo ni por qué, pero yo
íntimamente quería estar en ese lugar durante cada tarde-noche, para colaborar de alguna manera a lo que
luego sería un simple ejemplar de papel leído por alguien. Sin embargo, mi debut gráfico con pretensiones
profesionales, no fue en el diario que yo repartía y vendía, sino en su competidor, uno con más antigüedad y
prestigio en la ciudad grande. Yo ya había dejado la venta callejera porque había conseguido un trabajo más
importante y estable en una empresa importante. De peón raso, nada especial ni intelectual. Pero trabajo-trabajo
por salario-salario. Punto. Comer todos los días no es un asunto vocacional. En la Argentina de esos tiempos,
era toda una utopía.
Y hastiado de pasar horas haciendo cosas que no me disminuían ni frustraban, pero que de ninguna
manera llenaban un vacío extra que tenía dentro de mí, (Del primer vacío intelectual, estoy hablando, el otro se
llenaría muchos años después), una tarde me decidí y acudí a las oficinas del diario más importante. Tenía
temor que si iba al que yo había vendido, me miraran como el antiguo repartidor y no como aprendiz de escritor.
Olvidé decirte antes que en esa ciudad, el círculo social de mayor poder e influencia, era bastante discriminador
y clasista. Y yo seguía siendo un muchacho pobre hijo de una familia pobre. Se entiende bien, ¿Verdad?
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El caso es que el Jefe de Redacción de este diario escuchó mi solicitud con una sonrisa que nunca
acerté a saber si era de comprensión y misericordia, o de burla contenida por mi pretenciosidad. Pero accedió
a que le dejara un par de escritos (Tecleados con una vieja Olivetti prestada a regañadientes por un anciano
vecino, un hombre muy avaro, que se caía a pedazos. (La máquina, no el anciano, obvio.), con la promesa que
los leería.
Yo ya había crecido lo suficiente como para saber que esos “Déjamelo que voy a verlos y después te
llamo”, generalmente eran sinónimo de “No me fastidies con tonterías que estoy muy ocupado; ¿Quién te crees
que eres?” Así que seguí con mi vida habitual sin esperar nada de allí. Supongo que el Señor, aún mucho
tiempo antes de que yo lo encontrara y me arrojara a sus pies, ya había decidido tenderme una mano y
protegerme por si le resultaba útil más adelante, porque esa es la única explicación que encontré años más
tarde, al hecho que, al domingo siguiente, y en un lugar bastante destacado del diario de mayor venta en la
ciudad grande, estaba mi trabajo, con mi firma y todo.
Te gustaría que te cuente puntualmente lo que ese día sentí, ¿No es cierto? Lo lamento. No lo puedo
hacer porque no encontraría, aún hoy y a enorme distancia de aquel día, una palabra, una sensación, un algo
definido que te pudiera entregar como vivencia exacta. Sentí muchas cosas, pero ninguna transferible con
palabras. Ese fue el comienzo de una trayectoria que sólo fue extensa, aunque no brillante desde su repercusión
ni rimbombante desde su efecto. Fui apenas un periodista gráfico que por un golpe circunstancial de la vida,
(No me gusta la palabra “suerte” y mucho menos “azar”) también incursionó en radio y algo muy breve en la
televisión. Pero jamás fui una estrella rutilante del periodismo argentino. ¿Y sabes qué? Hoy debo dar
profundamente gracias a Dios que así haya sido.
Una tarde se acercó a la cabina de transmisión un hombre que pidió hablar conmigo. Me dijo que le
parecía que tenía una buena voz para la radio y me invitó a ir a hablar con él con la finalidad de establecer algún
proyecto. Era el titular de una agencia de publicidad que, finalmente, me depositó en una emisora de AM, donde
luego de pasar por algunos programas de prueba, terminé en un envío que iba al aire una vez por semana. De
allí en más, la historia se ramifica en claros y oscuros. Los claros, algunos trabajos de cierta importancia en lo
periodístico, informativo y de opinión. Los oscuros, algunas participaciones en producciones sin nivel, sin
objetivos concretos y con meras intenciones pasatistas. Y algunos groseros ridículos también.
Y eso sin contar que por esos tiempos vivíamos épocas muy complicadas como país. Estábamos
sacudidos por lo que llamaban “la guerrilla subversiva” y, oponiéndose, las Fuerzas Armadas de la patria. El
resultado, quizás lo hayas leído por allí: muertes, desapariciones, atentados y, en lo concerniente a nuestro
trabajo, una tremenda y enorme censura frontal y una peor auto censura implícita. Pero algo bueno le aportó la
radio a mi vida por entonces de incrédulo: el cuidado por el léxico, lo cual determinó que me apartara y dejara
definitivamente en el olvido las palabras gruesas, o malas palabras, o sencillamente groserías, a las que los
varones de mi tierra éramos (Y son todavía) tan afectos.
Luego, y para no cansarte, llegaron otros diarios, otras emisoras radiales, un medio propio que no se
pudo sostener por razones comerciales y, finalmente, en el ocaso laboral por edad, en departamentos de prensa
de ciertas empresas y organismos estatales. Nada especial, como puedes ver. Nunca renegué de haber sido
periodista, pero mis sensaciones fueron cambiando con los tiempos y con mis convicciones íntimas.
porque la televisión lo atrae y despierta su curiosidad, más una dosis extra de adrenalina que hace mucho
tiempo no experimenta. No le abonan nada por su participación, pero todos los días graba un espacio de cinco
minutos con comentarios sobre esos temas requeridos, que según comentan sus productores, están siendo
muy bien recibidos por la teleaudiencia. Es más; le aseguran que en pocos meses empezarán a pagarle por
esos nuevos servicios.
En esos días, acierta a pasar por el comercio de venta de jeans y se detiene a ver los que están en
exhibición en la vidriera del negocio. De pronto sale el mismo hombre que lo atendiera hace un año, cuando no
pudo comprarse el jean, y le extiende su mano. “¡Qué gusto verlo! ¡Usted es Juan Pérez, yo lo veo todos los
días por la tele! ¡Son muy buenos sus comentarios! Juan Pérez agradece el elogio y se dispone a retirarse,
cuando el hombre le pregunta: ¿Anda necesitando algo, señor Pérez?
Juan Pérez recuerda su necesidad y apenas murmura: “Y, como necesitar, necesito un jean, pero las
condiciones no me son favorables, y…” - ¡Por favor! Lo interrumpe el vendedor. ¡Lleve usted lo que quiera y
páguemelo como le convenga! ¡Yo lo conozco, no hay problemas! Cuando Juan Pérez sale del negocio de ropa,
ya tiene en su cerebro la inequívoca señal de este tiempo: ¿Para qué voy a esforzarme por la gente que lee o
escucha mis opiniones, si con eso yo no me puedo ni siquiera vestir? ¿Qué me da esa gente a mí o a mi familia?
¡Yo ahora voy a trabajar para mí, después vemos! Y ese “después vemos”, se convertirá inevitablemente en
“para siempre”.
Cuando un periodista (O Comunicador Social, como se lo conoce hoy), deja de sentirse un servidor
público y deja de preocuparse por los problemas de la gente, y pasa a sentirse una estrella rutilante de la
expresión y la opinión, y comienza a preocuparse de su status personal, concluyó como periodista de esencia
y pasó a ser una burda y hasta irrespetuosa imitación de muy bajo valor. Ha pasado a ser simplemente un
mercenario más de los tantos que pululan por la vida. Un mercenario que no mata con armas de fuego, pero
que puede defender sectores claros u oscuros con un arma mucho más potente: las operaciones de prensa.
He visto ascender hombres y mujeres “vendidos” por una prensa comprometida y recurrente como
luminarias fueras de serie, poco menos que súper dotados por la naturaleza. He visto a esos mismos hombres
y mujeres comenzar a declinar y derrumbarse oscuramente, el día que no pudieron sostener más con sus
dineros a toda esa maquinaria “informativa” que sostenían. Los mismos que los levantaron, los tumbaron. Una
operación de prensa no es, necesariamente, salir a hablar mal o bien de alguien. Puede construirse no hablando
absolutamente nada de quien se quiere ayudar, y sólo criticando a todos los demás. La gente sacará sus propias
conclusiones, que obviamente, jamás serán propias, sino inducidas.
La información jamás puede ser objetiva, (Como se miente descaradamente en todas las escuelas de
periodismo), porque los que la manejan son personas. Y las personas siempre son subjetivas. Si yo te cuento
que llueve, te estoy informando, pero si yo añado que no es demasiado bueno que llueva en este tiempo, ya te
estoy llevando a lo que quiero o necesito que pienses. Si yo pongo un titular a ocho columnas en un periódico
que diga que tú eres poco menos que un delincuente, porque se ha comentado que tal o cual cosa, para una
enorme cantidad de lectores, tú eres un delincuente aunque jamás te hayan visto y aunque la justicia jamás
llegue a probarlo; ya está.
Y si al día siguiente, esa justicia determina que tú no eres ningún delincuente y obliga judicialmente a
ese periódico a rectificar su noticia, éste lo hará en un pequeño artículo en las páginas internas, que
probablemente nadie alcanzará ni a ver, ni mucho menos a leer. Por lo tanto, aunque todo esté a tu favor, por
haber salido en ese titular, tú eres un delincuente. Y nadie podrá sacarte ese rótulo. Salvo, claro está, que
realices algún “arreglo” con la editorial y el mismo periódico comience una campaña destinada a convertir a ese
antiguo delincuente en un individuo fuera de serie y digno de ser imitado. ¿Cuánto puede llevar esto? El doble
de tiempo que llevó destruirte, pero lo consiguen. Mis recuerdos a los inefables sofistas.
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El caso es que aquella antigua pertenencia a una profesión que amaba, se ha trastocado en una
sensación muy contradictoria. Porque por un lado, sigo amando la hermosa tarea de servir de vocero, de nexo
entre lo que sucede y la gente que necesita saber lo que sucede. Pero por otro lado, sé perfectamente que eso
que yo siento, hoy, no tiene absolutamente nada que ver con lo que se ha convertido este trabajo. Sigo
informándome con la quijotesca idea de poder contárselo a alguien que lo ignora, pero todo termina allí por una
simple razón: hoy, lo que recibo como información, tiene que pasar por el filtro de verdad-mentira. Y a eso, no
lo puedo ni entender ni asumir.
Verdades Inocultables
Yo no sé cómo será en tu país, hermano que no tienes residencia en la República Argentina, pero aquí
puedo asegurarte que los egresados de las universidades que plasman la carrera de Comunicación Social y las
escuelas terciarias que preparan periodistas, hoy no obtienen trabajo como tales. Porque los medios que
conozco, mayoritariamente, ya no contratan periodistas, contratan soldados. Gente a la cual le suministran un
arma (Que puede ser un teclado, un celular, un micrófono o una cámara de video), y disparan con certera
puntería al objetivo que sus jefaturas les indiquen.
Y no interesa casi a nadie si lo que dicen o hacen para efectuar esos disparos simbólicos pero igualmente
mortales es verdad o mentira. Lo que priva y vale es el fin que se persigue. Si estoy en la derecha, mis disparos
serán a la izquierda. Si estoy en la izquierda, lo contrario. Y a eso tómalo como válido si se trata de grupos que
todavía, al menos, tienen el respeto por el rigor histórico de luchar por sus ideologías. Pero déjame decirte que
no constituyen la mayoría. Hoy, las luchas por el poder tienen que ver mucho más con el dinero que eso conlleva,
más el poder en sí mismo, que con las formas ideológicas de la vocación por servir al ciudadano.
Entonces, si estoy con los planes oficiales, dispararé a todo lo que se oponga. Si estoy opuesto a esos
planes, ejecutaré sin miramientos a todo lo que sea o parezca oficial. Yo no sé la sensación que mis colegas
experimentan al vivir eso; por mi parte, yo experimento en mi interior, ese sentimiento que se conoce como
vergüenza ajena. Además de cierta sensación de asco intenso, como el que generalmente produce presenciar
injusticias, abusos u otras “bellezas” mundanas. Recuerdo casi con nostalgia la época en que sentarse a leer
el periódico era de alguna manera, un placer. Hoy es un sacrificio. Al menos para mí, ¿Sabes por qué? No les
creo. Y eso es grave, muy grave.
La imparcialidad (Y la denomino así porque la tan mentada y declamada objetividad es un engaño, no
existe), ha desaparecido de los diarios, emisoras de radio y canales de la televisión de mi patria. Lo que para
algunos es sublimemente blanco y puro, para otros es execrable, negro e impuro. Y no se trata del color del
cristal ideológico con que se mire, sino de las directivas que bajan de los niveles superiores. ¿Y la gente? ¿Los
receptores de todo eso? Si es gente que no conoce a Jesucristo, perdidos en un mar de confusiones y
acelerados tremendamente por las manipulaciones psicológicas con formato de prédica moralista y social,
involucrados en feroces deseos de venganzas, revanchas y diversas sensaciones por el estilo.
La gente se alborota y se pelea en las calles defendiendo asuntos de los cuales sólo conoce un dos por
ciento y de manera confusa. Y luego, cuando se cometen actos violentos o pasibles de condena social y legal,
salen a las calles a marchar con pancartas que dicen “Queremos Justicia”, que dicho y visto así está muy bien,
pero que sería mucho menos hipócrita si se escribiera: “Queremos Venganza”. Porque si bien son dos cosas
muy distintas, en algunos lugares del planeta parecerían haberse acercado tanto que en cualquier momento
pueden mimetizarse y entremezclarse. ¿Le robaron a un pobre hombre y porque resistió al robo, lo asesinaron?
Encuentren al que lo hizo y mátenlo sin piedad, como él mató. ¿Eso es justicia? Claro que no, pero te puedo
asegurar que hay miles y miles que la llamarían así. Ojo por ojo…
En nuestra sociedad, y en todos los órdenes competitivos, ya van quedando muy pocos adversarios o
rivales. Tanto en lo social, como en lo político, incluso en lo deportivo, lo que aumentan y sobreabundan, son
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enemigos. Y mis colegas de la prensa en sus distintas facetas, no son ajenos a ese sentir. Sin querer o
queriendo, (O ambas expresiones al mismo tiempo, en idioma chavo del ocho), ellos lo han promovido,
mecanizado y potenciado. Porque si alguien está ofuscado por algo determinado, y lee, oye o presencia
elementos que están puestos para potenciar su enfado, esa persona sale a la calle presto para cargarse al
primero que se cruce en su camino opinando lo contrario.
Lo que muchos colegas y consiervos por igual han determinado como el espíritu de Grecia, ha sentado
sus reales y se ha engalanado en esta profesión que nació para significar un puente entre lo que producía
novedades y aquellos que necesitaban conocerlas, pero que hoy se ha convertido en una maraña de
operaciones que determinan que, con total honestidad, ni siquiera los que como normalmente se dice: “somos
del palo”, también estemos descreídos absolutamente de todo lo que leemos, oímos o vemos. Y no me engaño,
sé perfectamente que la prensa siempre tuvo intencionalidades políticas, pero al menos se las vestía con un
ropaje de cierta honestidad y, esencialmente, no se mentía.
Yo tengo conocimiento, por lo menos, de la mínima e indispensable técnica sofista de la oratoria y la
dialéctica que me permitirá, llegado el caso, poder lograr que tú, si no te tomas el tiempo para examinar las
cosas con prolijidad, formes un pensamiento exactamente en la dirección que yo deseo, necesito o me conviene,
sin otro artilugio que una suma de discursos floridos, ingeniosos y ocurrentes. Esa es la técnica heredada en
las escuelas de periodismo, de los antiguos sofistas, cultores de la diosa Sofía, estudiosos a fondo de las artes
de la oratoria, y capaces de hablar por espacio de una hora para demostrarte que algo era blanco, y luego
cuando tú ya estabas convencido que lo era, se tomaban otra hora y terminaban convenciéndote que no, que
no era blanco, sino negro.
Obviamente, pasará mucho tiempo antes que tú decidas verlo con tus propios ojos, y descubras con
infinita sorpresa, que el asunto no era ni blanco ni negro, sino verde. Este juego de palabras y colores sirve para
que empieces a entender, si puedes, como se han manejado las cosas, los discursos, las noticias y las opiniones
de “especialistas”, respecto a las ideologías. ¿Nadie va a recordar que la Biblia nos sugiere que no nos
inclinemos ni a derecha ni a izquierda? ¡Cierto! ¿Es el centro, entonces, nuestra senda ideológica obligada?
Quizás, pero no ese centro que ves a tu alrededor, porque ese también es un discurso siniestro que, si te
descuidas, te llevará a extremos que no deseas ni sientes, pero que sí convienen a los altos intereses que
siempre están escondidos detrás de todos los discursos.
Las veces que he dicho esto, inevitablemente, ha aparecido un hermanito a reconvenirme, diciendo: “¡No
diga eso, hermano! Alguno va a pensar que ataca a la iglesia, porque la Teología es, de alguna manera, un
discurso acerca de Dios. ¡Claro que es así! Pero piensa un momento: ¿Cuántos de ustedes creen de verdad
que Dios es sólo la manifestación más o menos elocuente de un discurso? Imposible que un creyente genuino
pueda pensar eso. Y te digo más: ¿Alguien puede creer que es correcto hacer un discurso que cierre y defina
la persona de Dios? ¿De verdad hay alguien en el mundo, con algo en el cerebro, que pueda llegar a creerse
eso?
¿Y eso significará, entonces, que un creyente genuino no estudiaría en absoluto teología? No. Decir eso
sería caer en absolutismos autoritarios. Pero déjame decirte que si tú eres un creyente genuino y no un religioso
ritualista, tú conoces de verdad a Dios. Y lo conoces no porque hayas leído buenos libros o escuchado a
excelentes profesores. Lo conoces porque tienes intimidad y comunión con Él. Entonces la ecuación es muy
simple: si tienes intimidad y conocimiento de Dios, ¿Para qué consumir un discurso que no siempre te lo muestra
cómo es? O la otra más pintoresca, todavía: ¿Por qué darle mayor entidad a ese discurso que a tu propia
evaluación? ¿Tan baja está tu auto estima?
Porque, convengamos, los discursos eclesiásticos, que en muchas ocasiones consumimos como si
fueran predicaciones espirituales sin serlo, también tienen intereses escondidos detrás. ¿O nunca estuviste en
un sitio donde la palabra de Dios ungida, desde la plataforma, duró cuarenta minutos y el discurso previo a
levantar la ofrenda más de una hora y media? ¿No se descubren los intereses detrás de esa simple muestra?
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Lo que ocurre es que si alguien lo llega a decir en voz alta, enseguida vendrá alguien a reprenderle un demonio
de crítica, que si bien son reales y existen, a veces no están donde nos dicen que están.
Seguramente, en este punto, alguien estará pensando que yo también estoy esgrimiendo un discurso
en este trabajo. Y mi respuesta, en este caso, será afirmativa. Sí, esto también es un discurso. Y tiene como
interés no sé si escondido, pero seguramente implícito, que tú no seas engañado por el vano palabrerío,
teniendo en cuenta que el verdadero evangelio siempre es poder de Dios manifestado. Porque si eres, -como
creo- un lector consecuente de la Biblia, a eso lo habrás leído y seguramente eres coincidente con ello,
¿Verdad? Muy bien; y si es así, ¿Entonces por qué crees que en tan pocas, por no decir ninguna, de las iglesias
llamadas cristianas se manifiesta poder de Dios y, por el contrario, abunda la vana palabrería? No mires el texto
con ojos religiosos, ya sabes la respuesta. No la evadas.
La Incomunicación Comunicada
Hoy es bastante normal encontrarse con una persona que no tiene una actividad clara, que no es ni
político, ni artista, ni deportista, ni nada que merezca públicamente ocuparse de él, pero que sin embargo
aparece en casi todas las pantallas de la televisión en sus diferentes canales. Y lo más curioso del asunto es
que, cuando se lo presenta en alguno de esos programas, se dice que es un hombre (O una mujer) “de los
medios”, haciendo alusión a los medios de comunicación. Si quieres dejamos para otro día averiguar qué cosa
vendría a ser, ser una persona “de los medios”. Aunque supongo que no valdría demasiado tomarse ese trabajo.
Y esto, necesariamente, nos tiene que llevar a pensar con seriedad el punto más importante, porque no
puedo omitir ni olvidar que hay muchos, pero muchísimos jóvenes cristianos que desearían ser lo que antes
llamábamos periodistas, y hoy se denominan como comunicadores. La gran pregunta que ellos deberían
formularse antes de encarar la carrera, es la que yo recién a esta altura de mi vida me hago, y a la cual recién
ahora le he hallado respuesta: ¿Qué cosa comunican los medios de comunicación masivos? Puede
parecer un juego de palabras, pero te aseguro que no lo es.
Hay una respuesta clásica y tradicional: las noticias, las cosas que pasan en una ciudad, en un país o
en el mundo. Necesitamos a los medios para poder conocerlas. En parte, esto es cierto, pero nada más que en
parte. Porque, veamos: ¿Qué seguridad tienes tú, vivas en el país que vivas, que esas noticias que estás viendo
por tu canal de televisión favorito, forman parte de lo más importante que pasa en tu ciudad, en tu país o en el
mundo? Y allí retornamos al legendario error de concepto, que incluso se ha trasladado, de manera también
errónea, a las aulas de enseñanza de la profesión de comunicador: se enseña que dar una noticia no es
subjetivo, sino objetivo. Que sí tiene subjetividad, emitir una opinión, pero no dar una información.
¿Ah, sí, eh? Míralo así: en un noticiero, un programa de noticias, de una hora de duración, yo tengo
espacio para emitir, por ejemplo, veinte noticias, cinco por bloque de doce minutos, que sumados a la publicidad,
completan la hora de emisión... Pero resulta ser que tengo treinta y dos noticias cubiertas y filmadas. Entonces
yo, que soy el editor responsable del noticiero, elijo cuáles veinte de esas treinta y dos voy a emitir, y cuáles
nunca van a ver la luz del día y por consecuencia, tú nunca vas a conocer. Pregunto: ¿Se puede catalogar de
objetivo el hecho de decidir una sola persona, de qué te vas a enterar tú y de qué vas a quedar ignorante por
falta de información?
Si a eso, le sumas los intereses políticos, económicos o ideológicos que el medio de comunicación
posee, ¿Tú crees de verdad que la decisión que tomes será honesta, limpia y transparente? Eso es la
comunicación masiva, hoy. En realidad, lo ha sido siempre, sólo que hasta hace algunos años, se guardaban
un poco las formas, por lo menos, y el receptor se beneficiaba con cierta honestidad profesional. Hay algo que
todavía no se ha dicho, lo que no significa que no sea verdad: hace algunos años atrás, la Prensa estaba
considerada como “el cuarto poder”, por detrás de los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial de cualquiera
de los países democráticos en los que existieran.
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Eso era porque se entendía que las pocas personas (En la comparación porcentual), que leían los
diarios, (Que era desde donde se hacía política u operaciones de prensa), iban a verse influenciadas por sus
opiniones. Hoy, los tiempos han cambiado y las repercusiones también. Yo creo con total sinceridad y certeza,
que aquel viejo cuarto poder ha pasado a una línea de avanzada. No sé si ha superado al Poder Judicial, pero
seguramente que lo ha hecho sobradamente con el legislativo y en muchos casos puntuales, también el
Ejecutivo.
¿Por qué sucede esto? Porque la influencia de las operaciones periodísticas intencionales y dirigidas ya
no van apuntadas a un pequeño porcentaje que lee un diario, sino a una inmensa mayoría que consume
televisión a raudales y redes sociales en cantidades monumentales. Porque éste, el de las redes, es otro
fenómeno del modernismo que seguramente alguien habrá de tratar y comentar mucho mejor que yo. Pero
puedo decirte que ya son muchos los líderes políticos que contratan operadores sólo para que incursionen en
las redes con la finalidad de proclamar lo que quiere proclamarse y criticar lo que se necesita criticar.
Ahora bien; si yo publico en decenas de diarios, programas de radio y de televisión, que tú eres ladrón,
y además de eso lo subo a diversas páginas de las redes sociales más importantes, no alcanzará con lo que
diga tu familia, tu entorno y ni siquiera la propia justicia; para una inmensa mayoría de personas, tú eres un
ladrón y no se discute más. Y lo peor del caso, (O lo mejor, según el sector en el cual deposites tus intereses),
es que comenzará a producirse algo que significa una de las mejores pautas publicitarias que se conocen: el
boca a boca. Porque no tiene el mismo valor para ti lo que oyes o ves por la televisión a lo que te dice tu mejor
amigo. Pregúntate: ¿Y si tu mejor amigo ha sido “operado” por una o varias redes sociales?
Esos diferentes pasos constituyen lo que hoy sería una operación de prensa moderna. Algo así como
aquel legendario “miente, miente, miente, que algo queda” de la oficina de la propaganda nazi de los años 40.
Ahora lleva todo eso a lo que se te ocurra y luego dime si no hay nada que se le parezca en tu país, donde
quiera que vivas. ¿Sabes cuál es el arma más poderosa que existe en este planeta? No son ni las bombas
nucleares ni los virus, son las palabras. ¿Qué hacen las palabras? Las palabras crean realidades. Satanás,
lo único que necesitó para hacer caer a la criatura más perfecta de la creación, fue hablarle.
“¿Periodismo Cristiano?”
En principio, quiero pedirles humilde y sinceramente disculpas a mis hermanos más jóvenes que quizás
sueñan con ejercer esta profesión y, como corresponde a su entendimiento y enseñanzas mayoritarias, llevarla
adelante en un marco cristiano. Si no pueden llevarlo a cabo en un medio comunicador de intereses cristianos,
al menos intentarlo desde uno de índole secular, pero que sea lo suficientemente abierto como para ejercer esa
clase de periodismo. Esa es la idea, mitad idea y mitad sueño lírico.
Y les pido perdón a esos jóvenes hermanos, porque, lamentablemente, ese tipo de periodismo
denominado “cristiano”, no existe. Como ya he dicho muchas veces y enseñado otras tantas, que tampoco
existen: la música cristiana, el teatro cristiano y, mucho menos, diferentes ritmos (cumbias, salsa, tango o
folklore regional, etc.) cristianos. Lo que sí existen, y entiéndeme bien, son cristianos genuinos haciendo
música, teatro o periodismo. Y ellos deberían ser los que les proporcionen a esas disciplinas, su impronta
espiritual. ¿Lo están haciendo? Mejoro la pregunta: ¿Lo pueden hacer? Diversas preguntas, con variadas
respuestas.
Pero periodismo cristiano, así como suena y lo conocemos, no. Porque, veamos: ¿Qué deberíamos
entender como periodismo cristiano? ¿A hombres y mujeres de fe difundiendo, desde la prensa, los postulados
básicos, los estilos de vida y la palabra de Dios con transparencia y limpieza? Déjame coincidir contigo que en
ese caso no sería algo que pudiera denominarse periodismo cristiano, sino que sería predicar el evangelio
clásico y tradicional, utilizando los medios de comunicación. Buenísimo como intención y probablemente
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efectivo como método, pero de ninguna manera relacionado con el periodismo. Porque presenta una pequeña
o gran duda:
¿Se puede hacer? ¡Claro que se puede, yo lo he hecho! Pero cuesta fortunas, porque los pocos medios
seculares dispuestos a dar entrada a mensajes claros y contundentes del cristianismo genuino, facturan sus
minutos o segundos a valores altamente superiores que los que perciben por otras –como ellos denominan-
“promociones”. No hay organización cristiana genuina capaz de desembolsar esos costos. Explico. Una emisora
de radio secular, por ejemplo, percibe por espacio vendido a una persona para realizar un programa, digamos,
un dólar por cada minuto comercializado. Una hora, sesenta dólares. Estará luego en la habilidad de los
responsables de ese programa, conseguir pautas publicitarias que, primeramente, cubran esos sesenta dólares
de costo base, y luego sobrepasarlos con el fin de ganar dinero para sí mismos, cosa lógica si es que van a
tomarlo como un trabajo.
Esa sería, a grandes rasgos, la problemática habitual de una hipotética comercialización de espacios
radiales. Que se efectúan con ciertas premisas. La emisora tiene derecho a proponer o imponer posiciones
ideológicas o políticas entre quienes adquieran esos espacios. Y éstos de aceptarlos o no. Lo aceptan, lo hacen;
no lo aceptan, se van a otra emisora. Pero el dólar-hora sigue siendo un dólar-hora. Sin embargo, cuando un
grupo de cristianos se acerca a una emisora de esas, conviene la adquisición de un espacio que jamás será de
horario central, concuerda con los directivos todas las pautas consignadas, pero declara que lo utilizarán para
predicar la palabra de Dios, el costo inmediatamente subirá. Y lo que costaba un dólar la hora, pasará a valer
dos o hasta tres dólares. Así es como funciona el dios de este siglo.
Entonces, teniendo presentes estos obstáculos, nos remitiremos, como periodismo cristiano, a ciertos
medios (escritos, orales o televisivos), que se ocupan de suministrar novedades y noticias generales tomadas
desde la óptica cristiana, (Lo cual es bueno), y mayoritariamente las relacionadas con el andar de las iglesias
evangélicas en general, lo cual ya no es tan bueno. Porque esa tarea “periodística” de esos medios terminan
convirtiéndose en simple propaganda para las estructuras cristianas evangélicas de mayor peso específico y
económico, que son las que los sostienen. ¿Eso es periodismo cristiano?
No, eso es periodismo evangélico, que con el mayor de los respetos por la iglesia y sus miembros, no
puede de ninguna manera arrogarse la propiedad del cristianismo. A eso ya lo quiso hacer la iglesia católica
romana y así le fue. La Iglesia Evangélica internacional creció en base a la pureza de la palabra que proclamaba.
Y declinará en la medida que la abandone para darle prioridad a sus intereses institucionales. Es una película
que, -reitero- ya hemos visto. Y que también conocemos su final. Y hay algo más: si cierta y determinada
organización cristiana posee, entre sus elementos de tareas, uno o más medios de comunicación masiva, los
periodistas que en ellos trabajen, ¿Podrán encarar los distintos temas con imparcialidad y verdad, aunque eso
signifique mostrar algún error por parte de la organización?
Ni lo sueñes. Pero es que sería lo correcto, ¿Verdad? Sí; tratándose de creyentes en Jesucristo, claro
que sería correcto decir siempre la verdad y no apartarse en lo más mínimo de ella. Pero déjame decirte que,
al menos en Argentina, cuando hay alguien que paga un salario y otro que lo percibe, se terminaron las
convicciones. Tremendo y descarnado, pero cierto. Por eso te digo que ni lo sueñes. Sólo se mostrará lo que
funciona bien, lo que resulta brillante y, si se quiere, enfatizado hasta lo sumo. Y eso, mí estimado hermano o
amigo, no es periodismo; eso es operación de prensa ejecutada por gente mercenaria. ¿Santos mercenarios?
Llámalos así si te tranquiliza, pero simples mercenarios al fin.
Y cuando digo “gente mercenaria”, no estoy insultando, sino describiendo a un soldado de cualquier
nacionalidad que se enrola para combatir, por dinero, para cualquier nación. Que escribe, dice o muestra sólo
aquello que beneficia a quien le paga. Si eso es periodismo cristiano, muchas gracias; no cuenten
conmigo. Yo soñaba con ejercer mi profesión de una manera limpia, resaltando lo que funcionaba bien y
haciendo notar lo que funcionaba mal. Un lirismo absoluto y total, impensable en este tiempo y mundo de
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intereses sólidos y encontrados. Pero, ¿Cuántos saben ya que decir lirismo es, de alguna manera, como decir
que implementamos un estilo de vida de cristianos genuinos?
Porque aún dentro de nuestros ambientes cristianos, donde el dominio propio debería prevalecer por la
existencia del Espíritu Santo en cada vida, aceptar un comentario desfavorable para algo que hemos pensado,
molesta y es factor de enfrentamientos y confrontaciones. La pregunta que nos surge, entonces, casi de manera
inmediata, es: ¿Cómo puede ser que si el Espíritu Santo nos guía a toda verdad, en amor y poder manifestado,
después reaccionamos de ese modo? Respuesta simple: no estás permitiendo al Espíritu Santo tomar tu
vida y santificarla.
En los años noventa, con una hermana y colega escribíamos un boletín informativo interno de la
congregación a la cual asistíamos. ¿Editor Responsable? Obviamente, el pastor. ¿Nosotros, entonces,
servidores de la gente de la iglesia con la verdad genuina en la publicación? Ni en sueños. Sólo simples
empleados del pastor dispuestos a escribir lo que a él le pareciera bien. Eso, en el ambiente cristiano tradicional,
se llama sujeción. Si sales a la calle, lo mismo se llama censura y autoritarismo. ¡Pero es que es el jefe, tiene
derecho! Sí; como jefe de una institución, tiene derecho. Como ministro del Señor, ni por asomo.
De hecho, cuando en una ocasión no lo hicimos porque iba en contra de principios básicos de la Biblia,
el boletín no se repartió y nosotros, como corresponde, declinamos continuar haciéndolo. Hasta allí llegó nuestra
sujeción. Exactamente hasta el punto de la censura previa. Que tal vez hubiera sido bienvenida, si hubiese sido
ejercida en bien de la fe, la moral y las buenas costumbres, pero no cuando se hizo a favor de intereses
personales y bien humanos. ¿Causa? La unción. Muy promocionada en los ambientes pentecostales, no era
aceptada en los ambientes conservadores. No le hace; con boletín o sin boletín, la unción hizo su trabajo, y fue
victoria.
La pregunta que se cae de madura, entonces, es: ¿Usted (Por mí), qué aconseja, hermano? ¿Los
jóvenes cristianos deben o no deben estudiar y esperar trabajar de periodistas? Generalmente no suelo dar
consejos porque entiendo que no existe un hombre (Ni siquiera lo hizo Jesús) que sea capaz de determinarle a
otro hombre qué cosa debe hacer o no hacer con su vida. Pero sí me atrevo a dar lo que prefiero llamar
sugerencias para que después, cada uno haga lo que mejor crea o, lo ideal, lo que el Espíritu Santo le muestre.
Porque debo respetar la voluntad de mi prójimo, del mismo modo que la respeta mi Padre celestial, que fue
quien la instaló allí.
Y mi sugerencia concreta, es: si la idea de estudiar periodismo radica en la preparación intelectual que
la carrera proporciona, me parece buena idea. No me gustan los cristianos faltos de formación, sobre todo
cuando tienen las posibilidades de tenerla. Pero si lo que esperan es hacer la carrera y luego convertirse en
estrellas del periodismo nacional de su país, ya sea a través de los medios escritos, orales o televisivos,
entonces déjame decirles que están perdiendo soberanamente su tiempo. Salvo que un milagro del Señor lo
haga posible. Que no sería descabellado esperar, pero que convengamos que, como todo milagro, será
individual, dirigido, puntual y específico, y no de consumo o show masivo. Eso tiene otro nombre.
No conozco si existe algún medio de comunicación dispuesto a contratar a alguien que no va a mentir y
no va a dejar de decir la verdad genuina aunque lo presionen. Es mucho más práctico y accesible contratar a
los que –por necesidades financieras u otras- están dispuestos a decir lo que se les ordena sin pensar si es
verdad o mentira. Aquí seguramente saldrá algún amado hermano con un ataque de romanticismo medieval a
decirme: ¡Pero no, hermano! ¡Usted se equivoca! ¡Eso es dejarle lugar al diablo! ¡Los cristianos tienen que
poblar los medios de comunicación y sanearlos!
¿Ah, sí, eh? A eso mismo, ya lo he oído con relación a la política y a la función pública, y ¿Sabes qué?
Todavía no pude ver a un cristiano genuino dando testimonio contundente en un cargo público. La mayoría de
los que estuvieron, no pudieron cambiar nada o, lo peor, se corrompieron al igual que los incrédulos que los
antecedieron. Entonces, el mismo amado hermano que no está dispuesto a renunciar a su romanticismo lírico,
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aparece con una interesante propuesta: ¿Y si un ministerio adquiere un medio de comunicación y toma todos
periodistas cristianos y se erige como un testimonio viviente de lo que debe ser la profesión y la prensa conforme
a la óptica de Dios?
¡Sería maravilloso! Pero impracticable. Porque a corto o mediano plazo, los que tienen el poder
económico sobre el medio, lo inclinarían hacia la defensa de sus intereses, algo que si lo miramos con ojos
empresarios, casi que suena a lógico, aunque definitivamente esté lejos de ser espiritual. Está bien, hermano;
convengamos en que eso puede ser así como usted lo presenta, pero: ¿Qué me dice si los empresarios que
sustentan ese medio, también fueran cristianos? Te digo que sería un ideal apto para darle gloria a Dios a cada
momento, pero lamentablemente aún no podemos hacerlo. Porque las formas para ganar dinero en el mundo,
forman parte de un sistema que, en su mayor relieve, está totalmente pervertido.
Y que si un cristiano se mete dentro de la rueda de ese sistema, todavía pueden sucederle dos cosas:
o que deba abandonar todo porque no le funciona, o sí le funciona pero ha debido abandonar sus convicciones,
al menos dentro de sus negocios. ¿Resultado final? Me temo que el mismo que con empresarios del mundo
secular. Porque, vamos a ver: ¿Podría yo, afamado columnista de un periódico íntegramente cristiano y genuino
en su fe y en su doctrina, salir a decir que un determinado presidente de una nación equis, procede como
procede y hace las cosas que hace, simplemente porque está endemoniado y se lo debe liberar?
¿Qué creen que sucedería si se dijera o escribiera algo así? Y lo peor del caso, ¿Qué podría suceder
aunque, entre nosotros, lo que se dijo fuera definitivamente cierto? ¿O no existen casos así en el planeta?
¿Puede ser dicho por un periodismo “serio”? No respondas, sólo piénsalo. Porque presidentes o primeros
ministros endemoniados no puedo determinar si los ha habido, pero gente ejerciendo poderes importantes
aleccionados o guiados por brujos o tarotistas durante todos sus días de trabajo, de esos sí tengo noticias
comprobadas, incluso en mi propio país.
Cuestión de Trayectorias
Creo que en el ambiente de la prensa, la palabra trayectoria tiene un caudal de respeto y consideración
muy similar al que tiene la palabra testimonio en el mundillo de la cristiandad. A un profesional que muestre
una trayectoria intachable, siempre se le van a disculpar más errores que a alguien que no la tiene. Lo mismo
ocurre con los cristianos y sus testimonios. En mi trabajo como periodista gráfico, he debido cubrir infinidad de
notas y distintas crónicas de los hechos más variados que se te ocurra pensar. En cada uno de ellos, siempre
les otorgué absoluta prioridad a las personas que esos hechos involucraban. Dejándole los juicios a la justicia
tribunalicia, si se trataba de delincuentes, y omitiendo ópticas personales si se trataba de problemas sociales.
Obviamente que los medios en los cuales me tocó trabajar, tenían sus propios intereses, ideologías y
hasta objetivos de índole política. Jamás me sumé a ellos por decisión propia e indubitable. En algunos me
supieron entender y me trasladaron a áreas deportivas y en otros no me supieron o quisieron entender y me
despidieron. Pero las banderas que enarbolé por una simple cuestión de principios, (Todavía no era creyente),
jamás las arrié. Llegué a ser editorialista (Es el periodista que escribe las notas editoriales de un medio y, por
consecuencia, sus opiniones se interpretan como la opinión del medio), de un periódico cuyo director estaba
ideológica y espiritualmente en las antípodas mías.
Allí sí ya era cristiano, aunque muy nuevo. Inexorablemente, y como si fuera un pacto no escrito ni
firmado, pero absolutamente respetado por las dos partes, de las siete editoriales de la semana, dos hablaban
de los temas que al director le interesaban, tres eran neutras, sin demasiado compromiso, y las dos restantes
trataban temas sociales, políticos, económicos y morales desde la óptica cristiana. Me fui de allí para tener mi
propio medio gráfico acompañado de la simpatía y respeto del director. Pusimos en marcha un semanario que
dirigíamos en sociedad con otro hermano en la fe, pero aquel trabajo de editorialista me proporcionó algunos
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frutos mucho tiempo después. De todos modos, comenzamos con el semanario en una ciudad vecina más
pequeña.
Si bien ambos éramos creyentes, no teníamos para otras cosas una óptica parecida, así que mientras
él estuvo al frente de la dirección ejecutiva, yo me limité a lo perimetral, a lo que rodeaba o vestía al periódico
en otras áreas. Se hablaba de componendas u otros arreglos con ciertos sectores, pero jamás lo pude
comprobar y mucho menos probar, por lo tanto ni juzgo ni opino. Cuando mi socio decidió abandonar el medio
y cederme su parte, como empresa, el medio se estaba desmoronando. De todos modos, igualmente adquirí
su parte. Y recién entonces pude desenvolverme como yo creía que debía hacerlo un periodista serio y sin otro
compromiso que sus lectores y la historia.
Seis años más tarde tuve que cerrarlo por causa de los tremendos vaivenes inflacionarios que sufría mi
país en esos tiempos, (Finales de la década de los ochenta), pero creo que la gratificación mínima estuvo
presente. Aquellos antiguos lectores, hoy, a muchos años de desaparecido el periódico, todavía recuerdan que
en esa etapa éramos los únicos en decir la verdad, tuviera el color y el aroma que tuviera. Y eso, aunque
parezca nimio y sin preponderancias mayores, gratificaba a un hombre que en lo secular había soñado toda su
vida con decir la verdad y poder sobrevivir con ello.
Eso, inclusive, me llevó en una ocasión, a quedar en medio de un duro enfrentamiento entre un
funcionario político de alto nivel, y un cura párroco que hasta allí había tenido también enorme poder en cierta
parte de la población. Como me negué a enrolarme en uno de los dos bandos en pugna, cada uno y por similares
motivos, ordenaron a sus seguidores comerciantes o empresarios, que me retiraran las pautas publicitarias. Te
imaginas que un periódico de una población pequeña sólo tiene dos ingresos económicos: la venta del ejemplar,
que es una minucia comparada con los gastos fijos, y las pautas publicitarias.
Esto significa que un día aparecimos prácticamente sin avisos publicitarios, pero con una nota editorial
firmada por mí, que entre otros conceptos del problema ambiental existente, decía que si la semana próxima
no estábamos en la calle, no iba a ser por malos o no comprometidos con nuestra tarea, sino sencillamente por
no haber aceptado jugar para uno de los bandos en disputa, y que si la ciudad se quedaba sin su periódico, no
iba a ser por responsabilidad nuestra sino de aquellos que por priorizar sus ambiciones de poder, pretendían
meter en sus guerras privadas a todos los que no teníamos interés en ella. Afortunadamente privó la cordura y
no fue allí, todavía, nuestro final.
Ese final llegaría, reitero, por problemas relacionados con los vaivenes económicos incontrolables en un
país que mostraba las uñas de sus propias luchas de poderes. Cuatro aumentos de papel en una semana
resultaban imposibles de solventar con ingresos de mucho menor dinero pautado mucho tiempo antes. Pude
salvarlo, pero para hacerlo tenía que entregar mi trabajo y el medio entero a ciertos sectores políticos o
empresarios con el suficiente dinero como para sostenerlo, pero al costo de escribir y opinar lo que a ellos les
convenía y con la postura que a ellos les convenía. Obviamente, no lo hice. Si tú quieres, llámame cómo te
guste, tienes derecho; pero así fue.
Una vez más, el soldado cayó en batalla, pero la bandera de una profesión límpida quedó en pie.
Aquellos lectores, hoy, todavía recuerdan eso y lo endilgan a una trayectoria intachable, aunque a mí me place
mucho más hablar de buen testimonio, simplemente. De todos modos, mientras duró, fue una buena experiencia
que, estoy seguro, mi Señor utilizó para capacitarme en otros niveles de discernimiento espiritual. Porque hoy,
cuando me toca usar ese don del Espíritu Santo en favor de las cosas del Reino de Dios, su potencia se
incrementa con la experiencia de haber conocido a la gente tanto en sus máximos talentos como en sus
máximas miserias.
Incluso hasta con ribetes de pintoresquismo vernáculo. La jurisdicción del periódico abarcaba un radio
bastante reducido, donde todos se conocían con casi todos, lo que eliminaba esa fría indiferencia con que las
personas se conducen y viven en las grandes ciudades. En ese tenor, una tarde llegaron dos mujeres de edad
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madura y solicitaron colocar un aviso publicitario invitando a quienes quisieran sumarse, -previo pago de pasaje
de bus y gastos-, para asistir a una campaña evangelística, de sanidad y milagros, que un conocido evangelista
internacional daría en una ciudad vecina como a 50 kilómetros.
Íntimamente, no puedo negarlo, experimenté satisfacción. Era todavía bastante nuevo en el Camino,
pero me parecía que publicar ese aviso contribuía al servicio a Dios. Además, ellas ponían sus números
telefónicos y la dirección de sus domicilios para que la gente acudiera a reservar su pasaje para viajar a esa
campaña. Es decir: no era promoción mía, sino de ellas, Pero yo aportaba páginas e impresión. Yo,-repito-, era
creyente bastante nuevo, así que la decisión de esas… “hermanas”, me conmovió. Les acepté el aviso, se los
cobré con un buen descuento y, además, les dije que en las próximas ocasiones que vinieran por esta misma
razón, ya no tendrían necesidad de hablar conmigo. Que directamente se manejaran con mi secretaria, ya que
contaban con mi total confianza.
Yo atendía personalmente todo aviso considerado especial, para evitar meternos en cualquier balurdo
raro. Pero las “hermanas” contratando un bus para ir a ver al evangelista con toda la gente que lograran sumar,
a mí me sonaban casi a un trabajo misionero muy ungido y bendecido. Cristianito nuevo y sin
discernimiento…Porque unos meses después, examinando el ejemplar de la semana ya publicado y en manos
de los lectores, me encontré con un aviso que, primero, desató en mí una ira santa, y luego una reacción muy
de jefe para con su empleada de confianza, que aparentemente había traicionado esa confianza.
Porque en un lugar muy destacado y con regulares dimensiones, estaba leyendo un aviso donde se
invitaba a la gente a sumarse –previo pago del pasaje del bus- a un viaje para visitar a un famoso curandero en
la frontera con Brasil. Veamos: ¿Un periódico de intereses cristianos, publicitando a un brujo brasileño? ¿Qué
había pasado aquí? Esa fue la pregunta con la que, con rostro de muy pocos amigos, interrogué a mi secretaria,
que era la que había autorizado el aviso.
Su respuesta me dejó helado: ¡Pero Néstor! ¡Si son las mismas mujeres a las que usted autorizó a
publicar sus avisos sin su participación, y arreglando todo conmigo! Las “hermanas”…Así, les juro, que hubiera
titulado una buena nota con la foto de esas venerables señoras a las cuales les daba lo mismo ir a sanarse del
dolor de muelas con un brujo que con un evangelista. Discernimiento capítulo 1, primera lección. Aprendida y
con vergüenza grande. Experiencia. El infierno no perdona errores. Y lo cuento, aunque todavía me dura la
vergüenza y la indignación, porque es fácil relatar nuestros aciertos y triunfos, pero es duro aunque aleccionador
recordar también algunas derrotas.
De mi etapa en las emisoras de radio denominadas “cristianas”, creo ya haberte contado lo concreto en
mi primer libro, (“Una Mosca en la Nariz”). La famosa “libertad de expresión” de la que orgullosamente
hablamos todos los periodistas del planeta, también brillaba por su ausencia en esas emisoras, supuestamente,
“libres de contaminación mundana”. ¿Libres? ¡Qué va! ¡Libres, siempre y cuando dijeras lo que los pastores
regentes de esas emisoras necesitaban que dijeras! Y no estoy hablando de nada espiritual, créeme.
En ese terreno, debo ser honesto, jamás me molestaron. Espiritualmente comencé en una de esas
emisoras de radio a enseñar algo de lo que hoy lees u oyes en mi Web y, a pesar de estar en las antípodas de
lo que mayoritariamente se enseñaba en las iglesias evangélicas locales, a sus líderes no parecía interesarles
demasiado que una doctrina diferente entrara e hiciera nido en los oídos y corazones de sus pastoreados. A
ellos les interesaban más otras cosas.
Como por ejemplo, apoyar irrestrictamente a un oscuro candidato presidencial a partir de una promesa
suya de otorgarles a los pastores evangélicos con iglesias de cien o más miembros, un salario similar al que el
estado argentino paga a los párrocos de las iglesias católicas romanas. Eso determinó que en la mayor parte
de las congregaciones, sus púlpitos se convirtieran en tribunas partidarias de apoyo y respaldo a ese candidato.
Profesionalmente me había tocado trabajar en diversas investigaciones y detectar en ese candidato
oscuridades que no presagiaban nada positivo para el país, así que me negué a formar parte de las operaciones
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de prensa cristianas a favor de ese hombre y dije estrictamente lo que a mi juicio era la verdad: si los pastores
se convertían en asalariados del Estado, jamás iban a poder levantar una voz en contra de actos pecaminosos
que éste pudiera cometer.
En honra a la libertad cristiana, la libertad de conciencia, la libertad de expresión y opinión y la libertad
en Cristo que poseíamos, me despidieron. Eso sí; ningún ministro tuvo la valentía de venir y enfrentarme cara
a cara; todo fue por detrás, tan oscuramente como se movía su candidato predilecto, que gracias a Dios no fue
presidente de mi país en esa elección. Al menos de eso, zafamos; aunque nadie podría asegurar que lo que
vino luego fuera mejor, pero esa es otra historia que a lo mejor te cuento en alguna otra ocasión.
Finalmente, mi pulida trayectoria profesional concluyó en la conformación de una secretaría de prensa
de una institución pública, donde mientras se me solicitó pusiera en práctica mi capacidad profesional, creo que
se operó y funcionó de la manera correcta. Claro está que, cuando se me sugirió que virara mi trabajo en
dirección a lo político, apoyando a un determinado hombre por encima de lo institucional, con toda cortesía y
elegancia decliné el pedido. Días después, aparecí como empleado administrativo vulgar fuera del área que era
mi especialidad.
De acuerdo, mi trayectoria no concluyó con honores, pero al menos mi testimonio de cristiano fiel a los
propósitos y la voluntad de Dios, fuera de toda mentira o idolatría humana, quedó intacta. Para mí, eso tiene un
valor que está por encima de todos los valores que los hombres deseen otorgarle a las cosas de este mundo.
Los materialistas de siempre, (Incluidos algunos supuestos “amigos”, más otros supuestos “hermanos”), me
censuraron que durante toda mi trayectoria no hubiera amasado una fortuna, ni hubiera erigido una gran
empresa que los hiciera sentir orgullosos de ser mis amigos o hermanos en Cristo.
Comprendo que mis amigos del mundo secular no pudieran entenderlo, pero todavía hoy no puedo
terminar de creer cómo esos antiguos hermanos en Cristo tampoco pudieran aceptar que era mucho mejor
mostrar un testimonio intachable de honestidad, rectitud y transparencia, en lugar de toda esa oscuridad que
en tantos lugares del planeta exhiben organizaciones supuestamente cristianas. Allá ellos, yo todavía en paz
me acostaré y asimismo dormiré. Y no es poco en estos tiempos, te lo aseguro.
De todos modos, como hombre de carne y hueso que soy, todavía añoro aquellas épocas de frenesí de
un cierre de página o tapa de un diario de alcance nacional, o del vértigo que la noticia suele tener en las
emisoras de radio de alta llegada. De la televisión no voy a hablar una sola palabra. Periodísticamente aportó
muy poco, aunque el común de la gente suponga lo contrario. Mató a los escribas anónimos y abnegados y
gestó a las estrellas que venden a valor dólar sus palabras de halago o sus críticas a quien convenga. Entiendo
que los tiempos pasan y cambian, pero también entiendo que el hombre sin Dios no puede, aunque se lo
proponga seriamente, abandonar el espíritu de corrupción que el enemigo ha sabido enquistar en las
sociedades humanas.
Estoy feliz de haber sido el periodista que fui. No lamento no haber podido ser más famoso y, con ello,
tener más influencia positiva para mí país. Supongo que mi Padre celestial me protegió al no permitírmelo. Sé
que no tengo ningún precio marcado en mi frente, como reza el adagio, pero también sé que no debemos
coquetear con las tentaciones, sino huir de ellas. Eso es lo que mi Biblia dice al respecto. Y yo a mi Biblia le
sigo creyendo, sigo tratando de ponerla por obra en todo lo que puedo y sufro cuando algo de lo que allí se ha
escrito para nuestra guía, todavía no consigue ser rhema en mi vida.
Post-data: Jamás mis hijos, nietos, sobrinos, pequeños hijos de amigos o jovencitos en general, van a
oír de mí la sugerencia, incentivación o sencillamente el deseo personal, respecto a que sean periodistas o
gente relacionada con los medios. Primero, porque cada uno deberá vivir y hacer aquellas cosas para las cuales
ya ha recibido talentos (Luego de una conversión, dones) de Dios para ello. Y en segundo lugar, porque a las
vocaciones no se las transfiere, sino que son de índole individual y tienen que ver, necesariamente, con cada
historia de vida. Cada uno de nosotros tiene un nombre humano distinto, pero también uno de calibre espiritual
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diferente. Por ello, el mayor pecado que podemos cometer con las personas, es masificarlas. Y eso,
lamentablemente, ha sido norma habitual durante mucho tiempo en mi país.
Asuntos de Familia
Tú ya sabes, por mis trabajos anteriores, que no soy nacido en un hogar cristiano; no al menos desde la
óptica que hoy tengo del cristianismo. Soy nacido en un hogar de madre católica romana, aunque con muchos
cuestionamientos eclesiásticos institucionales, y padre auto rotulado como ateo, aunque en realidad hoy puedo
decir que eso era sólo el trabajo de un espíritu de amargura y resentimiento lo que produjo su supuesto ateísmo.
Porque una cosa es no creer en alguien porque no te da la gana o simplemente no te sale, y otra por altísimo
resentimiento y amargura para con ese ser al que no conoces, al que se te dice que debes amar y creer y al
que decides no seguir, casi como una venganza disfrazada de justicia.
No conocí a mi abuela paterna porque se murió cuando mi padre tenía nueve años y estaba
preparándose para tomar su primera comunión católica romana, una ceremonia que se estimaba como muy
importante en esas épocas y en esas zonas rurales de mi país. El golpe fue muy duro para ese niño, y debió
irse a vivir con su propia abuela materna, ya que su padre era un criollo (Hombre de campo) duro, rústico e
incapaz de lidiar con hijos pequeños. Mi abuela murió dejando a tres pequeños hijos sin criarse del todo, y de
los cuales mi padre era el menor.
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Cierto es que los cristianos hemos aprendido a declarar en forma positiva sobre todas las cosas, como
manera de no atar negativismos que nos perjudiquen. Y está muy bien que así sea. Pero si no tenemos especial
precaución, caminamos en el filo de la cornisa respecto al voluntarismo, que es asegurar que todo está
excelente cuando la realidad nos muestra que se está derrumbando. Palabra profética de victoria es una cosa,
pero voluntarismo necio e irresponsable, es otra. De todos modos, ese sentimiento de estar viviendo en el mejor
país de todos, con los consabidos, legendarios y clásicos argumentos de: cuatro estaciones climáticas bien
marcadas, todos los climas ambientes, todos los paisajes, llanos, montañas, mares, ríos, playas, nieve, variadas
riquezas naturales, tierras fértiles, vasta ganadería, etc., podría llegar a ser comprensible, pero de ninguna
manera justificable a la hora de sentar enseñanza seria.
Y claro está que eso no sólo convenció a todas esas mentes infantiles que poblaban las aulas de los
colegios públicos y privados, sino que hizo nido en esas mentes y se quedó a vivir para siempre en muchos que
luego, por simple consecución de familia, fueron traspasando esos mismos valores a sus hijos, y estos a su vez
a los suyos y así sucesivamente. Porque ya lo hemos dicho en otro contexto y bajo otros rótulos, así como la
Palabra tiene como peor enemigo a la Tradición, (Réplica de la Torá con la Mishná), así también las tradiciones
llenas de paradigmas, lo tienen respecto a las realidades prácticas.
Hoy, cuando tú que no eres argentino, te fastidias por esa vanidad incorporada, mezclada con un alto
grado de amor propio, más conocido como orgullo, con pintorescos salpicones de soberbia que ciertos
compatriotas míos dejan en evidencia casi de manera ofensiva, no digo que esto que te he contado sirva para
que tu enojo se atenúe o disipe, pero al menos sí para que entiendas por qué en algunos lugares se dice que
cuando un argentino quiere suicidarse, sólo se sube hasta la cúspide de su Ego, y de allí se arroja al vacío y se
mata. (!).
Mi pueblo no sé si perecerá por falta de conocimiento, pero lo que puedo asegurarte es que vivirá mucho
tiempo más, todavía, en la firme creencia de seguir siendo los mejores del mundo, los más importantes en todo
y los ganadores de todo lo que se dispute. La pregunta que yo y miles más que no nos gusta que alguien piense
por nosotros o en nuestro lugar y nos marque la agenda a seguir nos formulamos, es: ¿Es así? La respuesta
se cae de madura. ¡¡¡Claro que no es así!!! Pero, ¿A quién le importa?
El tema es auto convencerse que eres el mejor y se acabó. Que los demás, si quieren, compitan por el
segundo lugar. Somos el centro del mundo. ¿El centro del mundo? Miro el mapa global del planeta y, ¿La
verdad? No me parece que sea así. Pero no puedo decirlo en voz alta porque muchos compatriotas se enojan
feo y me agreden. Soy enteramente consciente de que esto, en algunos paisanos gauchos, es de tan alto
volumen que pueden resultar sencillamente insoportables. También tengo plena conciencia de que si en muchos
lugares de Sudamérica no nos estiman demasiado, (De Europa ni hablar, porque allá prácticamente no
existimos), no es porque exista una conspiración en contra nuestra o porque nos tengan demasiada envidia.
Simplemente es porque la gente en estos tiempos tiene absolutamente de todo, menos paciencia. Y si
no tienes desarrollado el don de la paciencia, hermano mío, mejor no te relaciones con argentinos. Como pueblo,
somos casi especialistas en deteriorar paciencias propias y ajenas y tal vez también agotar misericordias
divinas. Se lo puede comprobar fácilmente en los ámbitos del deporte. ¿Juega un seleccionado argentino
aunque más no sea en un torneo de balero? Se juegue dónde se juegue, (Salvo que sea aquí, obviamente), es
visitante neto. No interesa quién sea el rival.
El público local, así sea en países con los cuales, -se nos dice-, tenemos mucho en común y una gran
amistad o hermandad histórica, se pondrá del lado del rival y aplaudirá cada una de sus buenas jugadas y
silbará desaprobando cualquier cosa que los nuestros hagan. Para colmo, en algunas disciplinas, los hechos
parecerían ponerse a favor de nuestras soberbias, y entonces aparecen deportistas de la talla de Diego
Armando Maradona o Lionel Messi que elevan aún más, si es que todavía eso fuera posible, nuestros
egocentrismos vernáculos. Y aunque no cabe en este rubro o en nuestro ambiente, si quieres, aquí, puedes
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sumar a un Papa, con todo lo que un Papa significa para un enorme caudal humano, exceptuados algunos de
nosotros.
Y es entonces que, con total soltura, con el mínimo de los respetos por los demás y sin ninguna brizna
de duda y mucho menos de humildad o mesura en nuestra palabra, decimos que somos los mejores del mundo.
¿Perdón? ¿Somos los mejores del mundo? Escucha: puedo aceptar, a favor de ciertos conocimientos técnicos
deportivos y futbolísticos, producto de mis incursiones periodísticas en esa disciplina, que tanto Maradona como
Messi hayan sido y sean, cada uno en su tiempo y de manera circunstancial, los mejores en su clase y en su
tiempo.
Pero que dos argentinos sean o hayan sido los mejores en una disciplina deportiva, no alcanza de
ninguna manera para que yo diga que somos los mejores del mundo. ¡Ellos lo serán, pero no yo, que jamás
pude marcarle goles ni al arco iris del pacto! Claro, es un asunto de pertenencia. ¿Pertenencia? Para mí, sigue
siendo orgullo, vanidad y soberbia, o una mezcla del trío. Porque pertenencia-pertenencia, en todo caso, es
hacer causa común e identificación con cualquier compatriota que ande por esas calles compitiendo en algo en
representación nacional, pero no con los que todos dicen que son los mejores. ¡Eso no es pertenencia! ¡Eso es
oportunismo pleno, y además es trampa! Que un atleta argentino salga en último lugar en alguna disciplina
olímpica, sabe a fracaso y desata críticas. ¿Nadie les informó que el simple hecho de poder formar parte de una
Olimpíada ya es una victoria para cualquier atleta? Quizás sí, pero un atleta argentino no es “cualquier” atleta…
En un país hermano de Latinoamérica, (No cito cual para no fastidiar a ningún hermano), circulaba un
refrán laboral que llegó a mis oídos mediante una visita de ese lugar. Los técnicos, empleados u obreros de ese
país, decían con total soltura lo siguiente: “Nunca contrates a un argentino, porque a los tres meses se va a
ofrecer para hacer tu trabajo para que tú descanses. Te pedirá que hagas lo mismo por él, él estudiará
innovaciones y, antes de los dos años, se convertirá en tu jefe y no te dejará ni respirar.” Mala prensa con los
coterráneos, pero no te creas que muy alejada de la realidad.
Conclusión: el argentino medio es un hombre inteligente, ingenioso y muy capaz para trabajar en lo que
sea lo envíen. Pero es sumamente cómodo, profundamente vago y, cuando se ponga a estudiar alguna
modificación en su trabajo, siempre lo hará con la idea central de trabajar menos, nunca de producir más.
Aunque si en la mayor producción se le ofrece alguna ganancia, entonces sí podemos reconsiderarlo…
Es vanidoso, soberbio y por momentos inaguantable en su afición por ser una especie de supervisor
ad-honorem. Es muy sagaz para escalar posiciones y, llegado el caso, no vacilará en desparramar lo que sea
si con eso salva su responsabilidad. Una pinturita que ha determinado que no seamos amados casi en ningún
lugar del planeta. Gracias a Dios, Él no es humano y puede amar a un argentino de la misma manera que lo
hace con un estadounidense, un chino o un nigeriano. Pero es Dios, claro; y si bien está en todas partes, no
tiene demasiadas copias humanas, lamentablemente.
Culturas Religiosas
Ahora bien; ¿Cómo compatibilizamos todas estas cuestiones negativas con el ser creyente? Porque
habrás percibido que en todas estas conclusiones digo que los argentinos son, nunca digo somos. Es que yo
conocí, acepté y convertí en Señor de mi vida a Jesucristo, y por esa causa nunca volví a ser el mismo que era
antes de tenerlo en mi vida. La única duda que me resta dilucidar, es: ¿Todos los cristianos piensan así o, por
el contrario, hay algunos que si bien son cristianos, concurren a iglesias y hasta ocupan importantes cargos en
ellas, en sus vidas cotidianas se siguen conduciendo como antes de ser todo lo que dicen ser?
A veces, y gracias al Señor, con profundos cambios que determinan que alguien resulte irreconocible
años después de su decisión de fe por Cristo. Pero a veces, y a esto también hay que decirlo, metiéndose todo
el caudal bíblico en la cabeza y hasta erigiéndose en líder espontáneo y luego formalmente ordenado, pero con
un estilo de vida que de ninguna manera tiene que ver con el Dios en el cual dice creer y al cual asegura servir.
Porque dentro de los ambientes eclesiásticos evangélicos, (Y me resisto a decir dentro de “la iglesia”, porque
creo que globalizaría lo que no es globalizable), esta cultura argentina también dice presente, y en algunos
casos, diría que con exceso.
Por ejemplo: mis hermanos argentinos seguramente habrán escuchado de boca de más de un
predicador local, la idea teológica, espiritual, profética o sencillamente voluntarista, de que “Dios ha elegido a
Argentina para algo grande”. ¿Me está queriendo decir que la Argentina de hoy es un calco del Israel de ayer?
¿Qué es algo así como el pueblo elegido al que Dios va a respaldar sí o sí? Me pregunto de qué versión bíblica
habrán sacado tamaña conclusión, porque por más que leo y leo, Daniel, Apocalipsis, Hebreos y todo lo profético
que se te ocurra, no puedo encontrar pista alguna que me lleve a poder afirmar lo mismo.
Y te digo más; hasta estaría dispuesto a coincidir con esa afirmación, si me la vendieran desde la óptica
contundentemente concreta con la que alguna vez se nos ha entregado a Israel: que Dios jamás la eligió por
mejor, sino por peor. Allí sí me inscribiría en este piquete de profetas “che”. Y cuando digo “piquete”, me estoy
refiriendo a lo que es hoy aquí un patrimonio nacional, y se constituye de más de diez personas que, para
reclamar cualquier cosa que les parezca apta para reclamo, se instalan en caminos, rutas o calles céntricas de
una ciudad y cortan el tránsito vehicular produciendo el pandemónium que te puedes imaginar.
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O sea: un método de protesta o reclamo similar al de las antiguas huelgas. Y sí; somos muy creativos
por aquí… Muchos compatriotas lo piensan y hasta lo expresan con mal disimulado orgullo, hasta que un día
se encuentran encerrados por uno de esos piquetes, demorados en su concurrencia al trabajo o algo más
urgente y recién allí cambian de idea. Cierto es que andan algunos profetas no gauchos proclamando en púlpitos
de todo el planeta que el fuego de Dios comenzará en el sur, pero nadie podría aseverar que ese “sur” del cual
están hablando, sea realmente un punto cardinal planetario, corresponda a esta parte de Sudamérica o, como
podría ser mucho más coherente de acuerdo con muchos estudios recientemente esclarecidos, del continente
antártico, debajo de la corteza del cual, no pocos teólogos escatológicos sostienen firmemente que se encuentra
geográficamente instalado el infierno.
Y eso se contrapondría con muchos textos que hablan del mover de Dios viniendo del norte, de la ciudad
del gran Rey. Tenemos una rara habilidad los cristianos, (Y aquí no me refiero solamente a mis hermanos
argentinos), para interpretar ciertos textos bíblicos con una visión cultural, tradicional y hasta idiomática. Voy a
reiterar una vez más algo que he enseñado muchas veces: Dios no es nacional. Es Dios. Y menciono todo
esto porque lo he oído, y no de boca de anónimos o improvisados, sino de gente que, supuestamente, anda en
la primera línea de esta batalla final de los llamados “últimos tiempos” de la iglesia. Pero no tengo en modo
alguno revelación al respecto, como tampoco puedo coincidir.
Aunque, claro, mi Ego argentino clame por hallar aunque más no sea un versículo minúsculo que lo
confirme, y que efectivamente sea factible que esta inestable Argentina esté en la mira de Dios para algo más
grande que ese eterno ir y venir que los que aquí habitamos hemos padecido, disfrutado, observado, ignorado,
aplaudido y censurado por tantos y tantos años. Eso, claro está, independientemente de lo que la mente de
Dios haya podido ver en mi gente que nosotros no hemos podido ver. Porque si yo pudiera ver a la gente de la
misma manera que Dios la está viendo, entonces ya se hubiera solucionado todo, estaría al frente de la
restitución del Reino a su legítimo propietario. Pero, como no es así, entonces aquí estamos, siguiendo paso a
paso los metros o kilómetros que faltan para arribar a la meta.
que no será nada halagüeño para con nosotros, ¿Verdad? Ahora bien; yo escribo esto y, como se trata de un
libro sólo para creyentes que deseen bajarlo de la web, y no está en librerías ni ocupa o preocupa al
establishment eclesiástico tradicional, muy probablemente no pase absolutamente nada más que algunas
adhesiones sin mayores adulaciones y algunas disensiones moderadas y con respeto.
Sin embargo, si esto se hubiera tratado de algo con rebote y repercusión altamente masiva, allí sí que
las cosas no hubieran sido tan tranquilas ni tan respetuosas. Por un lado, los coincidentes se hubieran lanzado
en mi defensa como si se tratara de una colina de la Segunda Guerra Mundial, mientras que los detractores se
hubieran lanzado voraces a destrozarme de cualquier manera. Y esto, en mi país, no le hubiera llamado la
atención a nadie. Desde que la legendaria Masonería inventó las antinomias para beneficiarse con sus
consecuencias, nosotros nos hemos encargado, aplicando ingenio y talento creativo, de armar las más insólitas
y pintorescas. Y créeme que no sé cómo le habrá ido en tu patria, pero lo que es en la mía, lo lograron con
amplitud.
Rivalidades Congénitas
Porque Argentina, deportivamente, y más específicamente en lo futbolístico, tiene un cotejo que se
denomina históricamente “el clásico de los clásicos” y más cerca en el tiempo, “el súper clásico”. Son Boca
Juniors y River Plate (River y Boca en el argot ciudadano) y se reparten, en su adhesión y simpatía, personas
más o personas menos, al país en dos mitades que se tratan con sorna, ironía, encono, agresividad y altísima
rivalidad. A partir de ello, aparentemente, mi país ha pasado a ser una especie de Boca-River en todo lo que se
diga o haga. Y la política no está ausente de eso. Así que aquí no hay una más o menos tranquila contienda
entre Demócratas y Republicanos, o Laboristas y Conservadores, o simplemente la Derecha contra la Izquierda.
Aquí, lo que hay a raudales, tanto a nivel nacional, como provincial e incluso municipal o comunal, es
una envenenada disputa de uñas y dientes entre la que podríamos llamar “la posición A”, a la cual se le opone
ferozmente “la posición B”. ¿Y no existen posiciones “C”, “D” o “E”? No, porque las dos posiciones rivales, no
son determinadas fuerzas políticas o ideológicas, como más o menos sucede en la mayoría de las naciones
democráticas. Aquí la posición “A” está representada por un determinados sector, a veces emergente, mientras
que la otra, se compone de todo el resto, que persigue desesperadamente, más que ganar elecciones o acceder
al gobierno, hacer derrumbar al que está gobernando, sea en el tiempo que sea.
Y si llegara a lograrlo, (De hecho ha sucedido en varias ocasiones, aunque el común denominador de la
gente ni siquiera se haya percatado de ello), no será para aprovechar lo bueno que se haya hecho y mejorarlo,
además de hacer algo bueno nuevo, sino que en primer lugar, puntillosa y matemáticamente, se destruirá
absolutamente todo lo que se haya hecho, como si se quisieran borrar vestigios del gobierno anterior, y luego
se comenzará, (Cuando se comienza), con algo nuevo. Algo nuevo que, dicho sea de paso, si no agrada a los
sectores específicos y muy puntuales de gran concentración de poder, al tiempo correrá la misma suerte que
su antecesor. Y a empezar de nuevo. Todos lo sabemos, pero al mismo tiempo, todos miramos hacia otro lado
en un clásico también muy nacional: “no te metas”.
No hay que ser demasiado estadista ni muy ultra lúcido para darse cuenta que ningún país del mundo,
por rico en naturaleza que sea, puede funcionar adecuadamente bajo esas perspectivas. Pero el Boca-River
continúa y, así en ese tenor bien definido y colorido, se ha ido propagando con imitaciones regionales de altísimo
voltaje. Mi actual ciudad de residencia, Rosario, en la Provincia de Santa Fe, es una, donde los simpatizantes
de Rosario Central y Newell’s Old Boys, los dos clubes de fútbol más importantes del medio ciudadano, más
que rivales o adversarios, casi están al límite de considerarse enemigos.
Y esto es llamativamente curioso, porque no se trata de gente que simpatiza por uno viviendo en un
extremo de la ciudad y gente “hincha” del otro, que vive en la otra punta. Están todos mezclados, comparten
una ciudad entera y, en muchos casos, hasta se entremezclan en familias, noviazgos y matrimonios. Pero a la
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hora del cotejo, todos muestran los dientes, (Y no en sonrisas simpáticas, precisamente) y llegado el caso de
ofensas o bromas de alto peso, llegan asimismo a mostrar las uñas, tal como felinos feroces prestos a
defender…un color de un club. Insólito, pero muy nuestro. Particularmente, creo que más que colores, lo que
se defienden son fracasos personales, pero en fin…esa será otra historia.
El caso es que así también ha ocurrido en la política, donde en cada provincia y hasta en cada región
comunal o municipal de ellas, se producen antinomias similares a las de raigambre nacional, trayendo por
encima de cualquier aspecto positivo, odios, rencores y, últimamente, hasta cierta clase de agresiones que hay
que orar duro para que no asciendan a cosas peores. Esta pintura ciento por ciento periodística, contiene sin
embargo elementos muy probados de índole espiritual. Que tal vez no sean hoy por hoy tan potentes como en
otras latitudes, donde todavía ciertas idolatrías antiguas parecen estar gozando de excelente salud, con cultos
multitudinarios a santos y vírgenes, pero que así y todo perturban un crecimiento y una madurez que casi
siempre se ha visto perturbado y hasta obstaculizado por posturas que se quieren endilgar a un
conservadurismo ideológico, cuando en realidad están mucho más cerca de ciertas ideas arcaicas de contenido
religioso y pseudo moral.
La Biblia es demasiado clara cuando nos demanda no inclinarnos ni a derecha ni a izquierda. De hecho,
no nos está sugiriendo la idea de un centrismo inconsistente desde lo ideológico, ni mucho menos; apenas nos
está diciendo que los cristianos tenemos absoluta libertad para incursionar en todo lo que sin ser pecaminoso,
se nos ocurra; menos caer en extremismos de ninguna naturaleza. ¿Y sabes qué? En Argentina, eso es poco
menos que irrealizable. El permanente Boca-River está vigente y, si no te enrolas para uno, seguramente serás
enrolado por razones implícitas, para el otro. Debes ser muy ducho en “la gambeta”, que es como
futbolísticamente denominamos lo que en otros lares es el dribling o el regate, para evitar que te coloquen la
cucarda, estampilla o etiqueta de “A” o “B”. A nadie se le ocurre que tú no quieras ser ni lo uno ni lo otro.
Crónicas de Actualidad
Cuando estoy escribiendo esto, en Argentina hay un gobierno que ha reemplazado a otro que estuvo,
con distintas personas, ejerciendo el poder por más de doce años. Fuera del enconado enfrentamiento entre
retirados y recién llegados, los que tratamos de ver las cosas sin apasionamientos infantiles o incentivados,
veremos que los que se fueron han hecho unas cuantas cosas dignas de reconocimiento. Claro que todavía
hoy, si a esto lo digo en voz alta, de inmediato seré rotulado como Tal o Cual y, de allí en más, todo el arco que
no es Tal y Cual me considerará deleznable. Sin embargo se equivocarán de medio a medio, sencillamente
porque todavía no conocen a un cristiano procurando vivir conforme al estilo de vida del Reino.
Porque que yo considere acertadas algunas medidas tomadas por ese gobierno saliente, de ninguna
manera me puede considerar uno de sus partidarios, de momento que fueron los que fogonearon las leyes que
concluyeron en los matrimonios de homosexuales, aquí denominados con el eufemismo de “matrimonio
igualitario”, cosa que con el debido respeto por todos aquellos que eligieron vivir sus vidas bajo estas normativas
morales, sociales y sexuales, de ninguna manera puedo compartir si es que quiero seguir siendo un hijo de Dios
por adopción. Y no es precisamente porque alguna jerarquía religiosa me lo prohíba, sino porque todavía leo
mi Biblia a diario y, por sobre todo, no sólo le creo sino que la trato de poner por obra.
Supongo que le sucedería lo mismo a hermanos de otras latitudes que, hasta donde conozco, ya han
aprobado leyes de aborto libre y todo eso que, a mi juicio, independientemente de cómo sea denominado por
los inventores de los eufemismos baratos, sigue siendo lisa y llanamente un homicidio. Curiosamente, (Y hablo
de Argentina), en dos temas como los mencionados, donde todo está tan definitivamente claro para los
creyentes conocedores a fondo de la palabra, y sin contaminaciones raras de doctrinas aún más raras,
oficialmente la iglesia evangélica jamás dictó posición alguna al respecto. ¿Prudencia? ¿Respeto? ¿Cobardía?
¿Oportunismo? Ponle tú el título, yo no lo definí todavía.
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¿O será que alguna hermanita desea abortar y no quiere ser juzgada? ¿O será que algún líder tiene
inclinaciones homosexuales y prefiere sostener teorías de iglesias especiales para los que tienen una “elección
sexual diferente”? (Las comillas son porque así se denomina por aquí al asunto). Disculpen mi ignorancia y
mucho más mi tal vez asumida y manifiesta vejez represora, pero a mí me sigue sonando todo esto como
pecado, qué quieres que te diga. Por favor, si alguno de ustedes encuentra otra palabra que la reemplace, con
gusto yo también lo haré, aunque más no sea, para dejar de sentir culpa.
Porque no quiero caer en el error masivo en el que la mayor parte de los cristianos del planeta,
pertenezcan al credo o denominación cristiana que sea, han caído, que ha sido el de tratar de hallar una palabra
que, a manera de recurso eufemístico, (¿Cuántas veces dije eufemismo en este bloque?) reemplace a la de
pecado, para de esa manera no ofender a quienes los escuchan y rápidamente los rotulan de vetustos, arcaicos,
fundamentalistas o cosas peores. Y cuando digo que no quiero caer en ese error, tengo claro que asumo el
proverbial riesgo de ser mirado y tratado como un discriminador y represor, más cercano a los imanes islámicos
que a un cristiano…digamos…normal.
En mi amado país, (Porque creo que olvidé comentarte que pese a todo lo que te he dicho hasta ahora,
amo profundamente a esta tierra donde mi Señor dispuso que yo naciera, así como también amo a todas esas
especies humanas que te termino de describir, que son mis compatriotas, que en muchos casos se trata de
tremendas personas dignas de respeto y amor, y en otros casos de seres a los cuales cuesta tanto amar que
allí sí, necesitamos del milagro productivo del amor de Dios mismo manifestado, para poder hacer posible el
nuestro), hay una alta calidad y cantidad de pecados cometidos y por cometerse.
De la misma manera que supongo también existe en el tuyo, aunque con otras características, con otras
consecuencias y hasta con otros juicios. Ya sea por razones culturales, ya sea por razones hereditarias, ya sea
por razones de maldiciones generacionales, ya sea por iniquidad, ya sea por el ocultismo, la hechicería, la
idolatría, las ciencias raras o la mismísima masonería, gestora y propulsora de muchos de los males que
América ostenta en todo su espectro continental. Es muy curioso, llamativo pero absolutamente coherente con
su esencia, cómo el enemigo se las ha ingeniado para llevarnos a discutir sobre banalidades, mientras las
cuestiones realmente importantes, graves y de fondo, permanecen en un anonimato lindante con la
permisividad.
Bajo la óptica de ese pecado de corte nacional, seguramente esta tierra deberá afrontar un examen y
un juicio por parte de Dios. Que no sé ni puedo saber si será más o menos leve que el que afrontará tu país,
pero sí te puedo asegurar que será efectivo para con todos aquellos que hayan decidido darle la espalda a
Jesucristo. Porque si bien cuando las plagas arrasaron al Egipto de Faraón, y el pueblo de Dios allí residente
las sufrió en carne propia del mismo modo, así podrá llegar a ser con algunas que los países con pecados
graves deberán afrontar. De hecho, y también del mismo modo que en Egipto, sólo aquellos que hayan pintado
los dinteles de las puertas de sus vidas con la Sangre del Cordero estarán a salvo de la peor de las plagas que
vengan.
Porque, de todos modos, la promesa sigue vigente y en pie: y así como Dios protegió con la sangre del
cordero en el dintel de las puertas a los miembros de su pueblo cuando el ángel de la muerte pasó llevándose
a todos los primogénitos, así también lo hará con todos los que como tú, yo y si Dios quiere todos los que leen
este libro, vivan donde vivan, sea cual fuere el juicio y termine como termine esa historia. Que quede claro,
entonces, que en absoluto estoy desacreditando a mi patria con relación a otras que no conozco. Eso se llamaría
infantilismo social, el suponer que cualquier cosa extranjera siempre tendrá mejor calidad o nivel que cualquier
cosa nuestra. A veces, esencialmente en tecnología, eso puede ser probable, pero créeme que no siempre.
Ese es mi país. Ese es el lugar donde, -reitero-, mi Padre celestial decidió que yo viniera al mundo. El
sentido de todo esto, lo está descorriendo el velo de la historia que hoy mismo se está escribiendo. No me
interesa en lo más mínimo ser conocido hoy o famoso mañana. Porque no es para eso que vine a este planeta.
Vine para, en sana y límpida obediencia a mi Señor, aportar ese minúsculo grano de arena que es este
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ministerio, con la única y exclusiva finalidad de honrar y glorificar el Santo nombre de mi Dios y, en la medida
de mis posibilidades, ayudar a extender su Reino. Hasta dónde lo haré y cuánto lograré aportar a ese avance,
es una incógnita que la propia historia sencilla de gente sencilla develará o no, según interese.
Y para lograr todo eso, hace ya mucho tiempo que sé que no necesito ser argentino. Es más; sé casi
por revelación divina que no necesito ni siquiera tener identidad documentada nacional de ningún lugar
geográfico. Me alcanza con tener un cuerpo, un alma y un espíritu humano que pongo a disposición del Espíritu
Santo de Dios como guía a toda verdad…y victoria, por supuesto. El resto, ya no está ni a mi alcance ni a mi
probabilidad. A mí me enseñaron a poner un molde y dejar que Dios lo llene. Me enseñaron a hacer todo lo que
me sea posible y permitir por fe que todo lo imposible lo haga mi Padre.
Post-data: Por lo demás, cualquier bloque que pretenda ser actual en Argentina, se pasa de moda.
Porque mi amada patria chica (La grande es el Reino), cambia y muta a cada momento, y lo que es impactante
novedad hoy, es aburrida medianía dentro de un rato. Así es que, esta realidad que puedo pintarte en este mes
de setiembre de 2017, quizás tenga que ser modificada a la hora de decidir publicar este trabajo, y muy
probablemente te llegue desactualizada o modificada a la hora que te corresponda leerlo. Pero así como alguien
acuñó el dicho aquel de: no te preocupes, en Australia ya es mañana, así también algún ingenioso debería
hallar uno que nos quepa como país para sintetizar esa inestabilidad casi permanente que no le permite
planificar a nadie.
El Punto de Partida
(2 Crónicas 1: 1) = Salomón, hijo de David, fue afirmado en su reino, y Jehová Dios estaba con él,
y lo engrandeció sobremanera. (Primera enseñanza: cuando estás alineado con los planes y el propósito de
Dios, él te afirmará y estará contigo, respaldándote. Y engrandeciéndote. Si buscas engrandecerte por las tuyas,
serás derrumbado).
(2) Y convocó Salomón a todo Israel, a jefes de millares y de centenas, a jueces, y a todos los
príncipes de todo Israel, jefes de familias.
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(3) Y fue Salomón, y con él toda esta asamblea, (Te recuerdo que la palabra que define a asamblea,
es eklesia, ¿Te suena conocida?) al lugar alto que había en Gabaón; porque allí estaba el tabernáculo de
reunión de Dios, que Moisés siervo de Jehová, había hecho en el desierto. (Los centros de adoración a
Dios, siempre eran construidos o armados en lugares elevados. Por eso los ministros de Satanás procuran
imitarlo, y construyen sus lugares diabólicos también en zonas altas. Pirámides, Babel, Torres, construcciones
mayas y otros centros de idolatría)
(4) Pero David había traído el arca de Dios de Quiriat-jearim al lugar que él le había preparado;
porque él le había levantado una tienda en Jerusalén.
(5) Asimismo el altar de bronce que había hecho Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, estaba allí
delante del tabernáculo de Jehová, al cual fue a consultar Salomón con aquella asamblea.
(6) Subió, pues, Salomón allá delante de Jehová, al altar de bronce que estaba en el tabernáculo
de reunión, y ofreció sobre él mil holocaustos. (Perdón; ¿Hemos leído correctamente? ¿En verdad dice que
realizó este hombre allí, mil holocaustos? Sí; eso dice).
(7) Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: pídeme lo que quieras que yo te dé. (¡Huau!
¡Huau! Así, dos veces dije “huau” al encontrarme con esto)
(8) Y Salomón dijo a Dios: tú has tenido con David mi padre gran misericordia, y a mí me has
puesto por rey en lugar suyo.
(9) Confírmese, pues, ahora, oh Jehová Dios, tu palabra dada a David mi padre; porque tú me has
puesto por rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra.
(10) Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿Quién
podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? (Tú, si quieres, a la distancia en el tiempo y los hechos, puedes
pensar que yo deliré o que se me fue la mano en misticismo, pero puedo asegurarte que mi sentir, en el momento
en que leía esto, fue de absoluta identificación con ese hombre y con sus necesidades).
(11) Y dijo Dios a Salomón: por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o
gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría
y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, (12) sabiduría y ciencia te son
dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido delante
de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.
(13) Y desde el lugar alto que estaba en Gabaón, delante del tabernáculo de reunión, volvió
Salomón a Jerusalén, y reinó sobre Israel.
De hecho, yo tenía más que en claro que no estaba aquí para reinar sobre nadie. Pero también anidaba
en mi corazón la certeza de que sí estaba aquí para enseñar lo que Dios quisiera que su pueblo aprendiera en
cada tiempo, en cada estación de los tiempos. Y que para que esa enseñanza y el trabajo de todos los niveles
que ello me proporcionaría fueran eficiente, yo no sólo necesitaría soluciones para los imponderables sobre los
que el hombre no tiene control alguno, sino también una alta dosis de sabiduría, y no poca cantidad de ciencia.
Así es que, en aquella tarde del amarillento otoño argentino, decidí hacer mi primera oración ministerial, en
concreta petición de las mismas cosas que pidiera aquel rey: sabiduría y ciencia. Sin pensar y mucho menos
esperar que Dios me añadiera lo otro, ya que yo no debía gobernar, sino simplemente enseñar, ministrar.
Te confieso que a la ciencia la dejé casi de inmediato a un costado, porque en supina ignorancia, todavía,
creí sinceramente que tenía que ver con comprobaciones o probanzas técnicas relacionadas con el evangelio.
Así que me dediqué a explorar, a investigar, a escudriñar todo lo relacionado con la sabiduría. Mucho tiempo
después, y esta será otra historia, supe y entendí que para Dios, ciencia es saber algo que nadie te dijo. Palabra
de ciencia es enfrentarme contigo y decirte algo que tal vez tus padres, o algún antiguo profeta te dijo antes y
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habías olvidado. Para que entiendas, la imitación de la ciencia de Dios, es la videncia satánica de tarotistas u
otros especímenes de la fauna demoníaca.
Entonces, y como correspondía a un hombre ordenado y serio en sus investigaciones, me lancé a buscar
el o los significados de la palabra sabiduría. Lo primero que consulté, obviamente, fue un buen diccionario de
español, el cual sin abundar demasiado en conceptos o definiciones, me dejó saber que para la ciencia
semántica, sabiduría es: un conjunto de conocimientos amplios y profundos que se adquieren mediante el
estudio o la experiencia. Una facultad que poseen algunas personas para actuar con sensatez, prudencia o
acierto. ¿Podría yo, pequeño cristianito poco menos que recién convertido, poner en duda estos conceptos;
aunque provinieran del mundo secular? De hecho, no. Sin embargo, a mí, “algo” indescifrable en mi interior me
decía que no, que Sabiduría, para Dios, era otra cosa bien distinta. De todos modos, por un tiempo seguí
investigando en esta misma línea y dirección. Y me encontré con este examen secular más amplio.
Esto que acabas de leer, y como lo dice su subtítulo, es la suma de lo que los hombres probos,
inteligentes, estudiosos y bien intencionados en cuanto a la ayuda y la contención de las personas, ha podido
elaborar respecto a lo que ellos entienden como sabiduría. Son divagaciones, es cierto, porque las bases
sustanciales de esas opiniones son, a mi criterio, por lo menos bastante endebles. Pero tan cierto como esto es
que, a partir de sus propias limitaciones e imperfecciones, sumado a sus naturales incredulidades, el hombre
suele siempre recalar en pensar y luego opinar, de la manera que mejor encaja con sus limitaciones. Y esas
opiniones casi siempre suenan a insuficientes. En lo estrictamente secular, creo que la sabiduría va bastante
más allá de una suma de conocimientos producto de estudios o vivencias. Porque mucha es la gente que
estudia y cumple años, pero muchos menos son los que a partir de ello, evidencian sabiduría. Como dice este
subtítulo: no lo podemos adquirir por decreto.
Entonces, claro; a la hora de pedirle a Dios por Sabiduría y Ciencia, lo que estoy pidiéndole no es algo
que yo mismo podría adquirir simplemente tomándome el trabajo y el tiempo de estudiar determinados temas
puntuales, añadirle a ello una cuota de experiencia práctica y ya está, poseedor de sabiduría infinita. ¿Es así?
No, no es así. Dicen algunos estudiosos de la Palabra que “en las Sagradas Escrituras, la sabiduría —cuando
es usada por Dios y por hombres buenos— siempre lleva una connotación moral fuerte. Se concibe como algo
puro, una posesión llena de amor y buena… La sabiduría, entre otras cosas, es la habilidad de trazar metas
perfectas y lograrlas por los medios más perfectos y efectivos. Es capaz de ver el final desde el principio, por lo
que no hay necesidad de adivinar o conjeturar.
La sabiduría ve todo en su real dimensión, cada cosa en relación adecuada a un todo y así ser capaz
de trabajar hacia las metas prefijadas con una precisión perfecta”. La sabiduría es el poder de ver y la inclinación
de elegir la mejor meta y la más alta, junto con los medios más seguros de lograrla. De hecho, la sabiduría es
el lado práctico de la bondad ética. De esta forma, la sabiduría sólo la encontramos en Dios. Sólo Él es sabio
en forma natural, completa e invariable.” De hecho, esto es lo que dicen hombres que nadie se atrevería a poner
en duda respecto a su conocimiento y representación de Dios. Y está muy bien. Y yo como tantos otros que
han leído estas cosas, lo creo y entiendo que es en muchos puntos como ellos aseguran. Sin embargo, el que
pidió Sabiduría y Ciencia en oración fui yo, un hombre común y corriente, pero que tiene una Biblia, al Espíritu
Santo que nos guía a toda verdad morando en su ser interior, y la mejor predisposición para cumplir con el
propósito y la voluntad de Dios huyéndole a toda posibilidad de engaño. Así es que, voy a permitirme con textos
concretos en mi mano, desplegar lo que el Espíritu me revele a mí que es la Sabiduría, esa que he pedido en
mi primera oración ministerial.
mujer en ese tiempo, todos somos sabihondos y hablamos, disertamos y predicamos. Pero de los engaños
modernos, que también nos hacen ver cosas con los ojos de la carne y no del espíritu, y por consecuencia nos
desmoronan en el error y sus consecuencias, de esos engaños no hablamos, ni disertamos ni predicamos,
porque todavía están vigentes y, lamentablemente para mi gusto, con demasiado éxito. ¿Un ejemplo simple?
Confundir, (por engaño) fe genuina, con actividad religiosa bien intencionada.
También es un espíritu
La Biblia te asegura que la sabiduría también es un espíritu. Tú debes haber estudiado respecto a lo que
teológicamente muchos denominan como “los siete espíritus de Dios”. Allí se enseña, que la sabiduría divina,
es uno de esos siete espíritus. Hay trabajos de hombres de Dios probos, que no acostumbran a mistificarlo
todo, que son eminentemente concretos y precisos, que hablan de esto de un modo que, en algunos casos, al
oyente o lector poco avisado, le puede parecer que están hablando de un espíritu especial, apartado de todo lo
conocido, que proviene de Dios. Sin embargo, no necesitamos ser demasiado fértiles en estudios o
conocimiento, para saber que alrededor de Dios, el único Espíritu que lo acompaña y conforma conjuntamente
con el Padre y el Hijo la Trinidad divina por excelencia, (Aunque en la Biblia jamás se la denomine o enseñe
así), es el Espíritu propio, llamado inicialmente Espíritu de Jehová, luego Espíritu de Dios y, finalmente, ya con
Jesús en escena, Espíritu Santo.
En Éxodo 31 se menciona una de las primeras referencias de la Escritura respecto a ser llenos del
Espíritu de Dios. Aseguran los comentaristas de prestigio que la idea que aquí se expresa es que el Espíritu
de Dios enriqueció las capacidades innatas de estos hombres con sabiduría para cumplir con sus instrucciones,
inteligencia para resolver los complejos problemas del proyecto a construirse y en ciencia y en todo arte,
necesarios para realizar el trabajo adecuadamente. ¡Gloria a Dios! Porque no es frecuente que pueda coincidir
con los comentaristas bíblicos, demasiado tecnócratas y académicos para mi gusto, y muy poco espirituales.
Sin embargo aquí, les doy absolutamente la derecha en lo que dicen. Es más; yo he arriesgado a consignar que
eso que aquí se denomina como capacidades innatas, y que yo llamo talentos, sólo van a transformarse en
auténticos dones divinos, cuando quien los posee decide pasarlos por la cruz de Cristo. Allí es donde dejan de
ser talentos y se convierten en dones. Dejan de ser útiles para el mundo secular, y pasan a formar parte de las
riquezas del Reino.
Aquí también te enteras, (Por si te lo habías olvidado), que cuando Dios va a levantarte, va a llamarte
por tu nombre terrenal. ¡Isaías! Heme aquí… ¡Jeremías! Heme aquí… ¡Néstor! Ehhh… ¿Será de Dios o es mi
imaginación? ¿Verdad que tú también lo pensaste? No me dejes solo como loco malo. Pero luego dice que
cuando llama a alguien de esa manera, y ese alguien da evidencias de responder con obediencia y
afirmativamente a ese llamado, lo primero que hará, (Porque así lo hizo en el principio, aquí en esta historia y
en todo lo que venga), será llenarlo con su Espíritu Santo. No digo “sellarlo”, porque eso ya se produjo en el
instante que aceptaste a Cristo como Salvador de tu vida y lo convertiste en Señor de tu existencia, dio “llenarlo”,
que es como hablar de plenitud, de llenura, y si tú quieres que nos metamos en terrenos de alta confrontación
y debate, de “bautismo en el Espíritu” Y que como consecuencia de ello, tú recibes todo ese arsenal espiritual,
que también pueden definirse como espíritus individuales, donde entre otros, se encuentra la Sabiduría.
personas en sus momentos críticos? Parece que no, parece que el ánimo es, al menos para la Biblia, otra cosa.
Nuestro diccionario secular quizás nos dé una pista al respecto, cuando dice que Ánimo es el Alma o el espíritu,
en cuanto es principio de la actividad humana. Buena definición, ajustada al sumo con lo que Dios nos enseña.
Luego, sí, vendrán otras dos acepciones mucho más humanas, carnales, vulgares: valor, esfuerzo, energía,
voluntad, intención. En suma, todos órganos de ese cuerpo global llamado Alma.
Por lo tanto, esta sabiduría que el Señor dará a esos sabios de corazón, se las dará en su alma, para
poner en ellos ese querer y hacer que los llevará a encontrarse con Él en algún vericueto del camino. Qué harán
esos sabios cuando se encuentren cara a cara con Dios, es otra historia. Seguramente que algunos verán
abrirse sus ojos espirituales y otros no. Los que vean y entiendan, pasarán a formar parte del imbatible ejército
de Jehová. Los que no puedan verlo y se mantengan enceguecidos por el dios de este siglo, se perderán
irremediablemente. Indudablemente, entonces, esto nos permite ver que hay dos clases de sabiduría que Dios
le otorga al hombre. La que es ciento por ciento divina, y anidará en el espíritu de cualquiera de sus hijos
genuinos, cohabitando con Su propio Espíritu Santo, y le permitirá tomar decisiones emanadas de la propia
mente de Dios, y otra un tanto más humana, que hombres con deseos de conocer al Señor utilizarán, en casos
sin saberlo, en beneficio del Reino.
1 Reyes capítulo 3 también habla de esto. Si tú quieres leer tu Biblia de manera interconectada, puedes
examinar este verso comparándolo con otro que ahora compartiré. Porque aquí lo que leemos, no es nada más
que la reacción popular o pública de algo que en el texto que sigue queda establecido. Es el que en el capítulo
4 de 1 Reyes, nos dice que Dios le dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes. En principio, queda bien
en claro y sin lugar a malos entendidos o falsas interpretaciones, que es Dios quien les otorga sabiduría a los
hombres que componen su Reino.
Cuidado con esto: Dios no le da sabiduría a cualquiera que se la pida, porque es Dios y no correrá riesgo
alguno de que esa sabiduría pueda ser utilizada para ir, precisamente, en contra de su propósito y voluntad.
Pero, además, hay algo que en otros textos vamos a ver con mayor claridad, aunque en el primero de estos
dos, se deja vislumbrar. La sabiduría que tú y yo le pidamos a Dios para utilizarla conforme a sus planes, no es
algo que Dios inventa y te envía. Dios se desprende de una milésima porción de su propia sabiduría eterna, y
te la cede por un tiempo acotado, el que tú habitas esta tierra. Cuando tu cuerpo va al polvo y tu espíritu vuelve
a Dios que fue quien lo dio, esa milésima de Su sabiduría vuelve a Él. ¿Incomprensible, verdad? No te
preocupes, es Dios.
Sin embargo, en este segundo texto hay algo más que va a merecer toda nuestra atención si es que
queremos acceder a un conocimiento mayor respecto a las bondades de la sabiduría. Y ese algo es que esa
propiedad que viene directamente de Dios, y que hasta es una pequeñísima parte suya, viene acompañada
aquí por dos amigos fieles que probablemente formen parte de su familia: la prudencia y anchura de corazón.
Hablar de la prudencia es, al menos, un tanto más sencillo, porque todos en mayor o menor medida sabemos
que se trata de una cualidad que consiste en actuar con grado de reflexión y precaución que evite posibles
daños colaterales de nuestras acciones. Se la incluye también en cierta moderación en el hablar o el actuar. A
esa prudencia la tengo y la utilizo desde hace no demasiado tiempo. En otras épocas me llevaban un poco por
delante las cosas y yo a ellas, pero hoy me doy cuenta que me tomo un tiempo prolongado antes de actuar y
eso ha redundado en positivo. La utilizo mucho cuando debo referirme a cosas que pueden ofender, herir o
simplemente fastidiar a otros. Si estás dormido y te doy una bofetada para despertarte, está justificado. Pero si
estás despierto y sólo caminas lento, es innecesario el golpe.
Respecto a la anchura de corazón, la cosa se complica un poco más, porque no hay ni la habrá una
explicación técnica o específica de su significado, sino que a la manera de lo que habitualmente es el idioma
de Dios, tendremos una palabra, una sola, y a partir de ella tendremos que ingeniárnosla para arribar a las
conclusiones que permitan expandir nuestro conocimiento. Tú ya sabes lo que es bíblicamente el corazón, así
que lo que nos resta es encontrar las definiciones o acepciones de la palabra Anchura. Dice el diccionario: 1-
La menor de las dos dimensiones principales de los cuerpos o figuras planas. (Matemático, no nos sirve). 2- Es
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una superficie, dimensión considerada de derecha a izquierda o de izquierda a derecha. 3- En objetos de tres
dimensiones, es la segunda en magnitud. (Atención con esta). 4- Medida del contorno o diámetro de un orificio.
5- Amplitud, extensión o capacidad grandes. Sin menosprecio a la que te dije que le prestaras atención, voy a
quedarme con esta última.
Verás: hablar de dimensiones en el marco del Evangelio, es caminar un poco por la cornisa. Te
encuentras y te ubicas tan cerca de los conceptos alternativos de las ciencias ocultas u orientales, budistas o
hinduistas, que te estremeces sin proponértelo de sólo mencionar u oír hablar en un púlpito de tercera dimensión
o cuarta dimensión. Hay libros llamados cristianos que han producido verdaderas hecatombes con teorías que
se acercan más a las del legendario Von Déniken, (Él sostiene que Dios es, en realidad, un ser extraterrestre y
de esas razas intergalácticas devenimos todos nosotros), así que debemos ser muy cautos y…¡Prudentes! A
la hora de emitir ideas o juicios de valor, que es lo que llamamos opiniones. De todos modos, la Biblia nos
muestra que conjuntamente a este mundo físico y material que nuestros ojos y sentidos físicos pueden percibir,
hay otro mundo paralelo, invisible, impalpable, al que sólo podrá accederse con la guía del Espíritu Santo. Es
lo que denominamos como Mundo Espiritual y es, en cierta medida, lo que algunos han rotulado como
Dimensión Paralela. No es agradable, pero es coherente. Bien; la anchura de corazón, sería la facultad o
capacidad de tener a todo eso como posible, como probable, y no descartarlo sin argumentos sólidos.
cristianos oramos a nuestro favor; todos clamamos en oración ante enfermedades, dolores o diversas crisis.
Pero a Dios lo que más le place, es nuestra confianza. Si Dios es el Señor de tu vida, (Eso declaraste cuando
te convertiste), deberás permitirle que sea Él quien decida cuándo te quedas y cuando te vas de este planeta.
Obviamente, no permitas que el enemigo te saque antes del tiempo; lucha, pelea la buena batalla. Pero cuando
sea Dios el que venga y te diga: “Stop”, no le pidas muchos días: es stop. Terminaste. Consumado es.
Eclesiastés dice que Dios le da sabiduría al hombre que le agrada. Creo que con esto te completo la
idea que dejé en el subtitulado del bloque: La sabiduría de Dios no está disponible para cualquiera que se
le antoje pedírsela. Probablemente haya muchos que lo hagan en malas condiciones espirituales ante Él. Los
desoirá, tenlo por seguro. La gente no termina de entender (Y muchísimos cristianos tampoco), que Dios
siempre responde a la oración de alguno de sus hijos. Lo que sucede es que su respuesta no puede ni debe
ser necesariamente SI, como erróneamente nos han llevado a suponer. A veces podrá ser ESPERA, cuando
se trate de un asunto que se está resolviendo progresivamente, y en otros tantísimos casos su respuesta
directamente será NO. Y cuando sea NO, muy difícilmente el receptor le pregunte a su Señor Por qué no. Si lo
hiciera, es probable que se enfrentaría con respuestas que tendrían mucho que ver con su estado espiritual y
moral delante del Padre. Y tampoco se enterará que a partir de ese momento y en tanto no se arrepienta y
cambie su dirección de vida, será enviado a recoger y amontonar, como ves a tantos impíos haciéndolo, para
que en el final de la historia, todo eso amontonado y recogido vaya a manos de hijos genuinos.
En la Primera carta de Pablo a los Corintios, encontramos un texto que, en once versículos, de alguna
manera nos muestra con claridad lo que son las armas que el Reino pone en nuestras manos (Y en nuestras
mentes), para emprender una batalla con un fiero enemigo, por lo menos en condiciones normales, que para la
gente de Reino, es equivalente a decir: condiciones superiores. Cierto es y escrito está que el enemigo fue
vencido en la Cruz del Calvario, pero no menos cierto es que somos nosotros los que debemos ejecutar y hacer
efectiva esa victoria. Mientras tanto, el dios de este siglo…tú conoces el resto del texto.
(1 Corintios 12: 1) = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. (Pablo
entendía hasta allí que los corintios ignoraban acerca de los dones. Eran ignorantes y no se ofendían. Sólo
desconocían algo que nadie les había enseñado. Hasta ahora, hoy mismo te encuentras con lo mismo).
(2) Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos
mudos. (¿Coincidirás conmigo que todavía quedan muchos "gentiles” en el planeta, verdad?)
(3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús;
y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. (Esto sigue vigente hasta hoy. Algunas
pseudo-religiones pseudo-cristianas, siguen enseñando que Jesús era “uno más” que creía en Dios. Pero,
curiosamente, y en conjunto con muchos supuestos cristianos más que seguramente conoces, no pueden ni
bajo presión llamar Señor a Jesús.)
(4) Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. (Aquí tenemos la respuesta
a lo dicho antes. Cuando decimos “espíritu de sabiduría”, decimos Espíritu Santo; no hay otro.)
(5) Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
(6) Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
(7) Pero a cada uno (Repítete para ti mismo: A Cada uno. No es para ciertos personajes, o para algunos
privilegiados o iluminados, es “para cada uno”. Si luego lo toma o no, eso ya es asunto de, precisamente, cada
uno) le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (Para provecho de la iglesia conjunta, de hecho,
no para provecho propio. Que se entienda.)
(8) Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; (Anótalo: la sabiduría se expresa en
palabra. O palabras, según el Espíritu determine) a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; (9) a
otro, fe por el mismo Espíritu; (Basta de torturarte con la culpa por tu carencia de fe. Pídela, porque la fe no
es patrimonio humano, es don de Dios a través de Su Espíritu. El hombre apenas fabrica creencias, y con ellas
fabrica religiones) y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. (Dice dones de sanidades, no don
de sanidad. ¿Significado? Que puedes enfermarte de más de un área. Los dones cubren la salud física.
Emocional y espiritual. ¿Lo dudas?)
(10) A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos
géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. (¿Te ha quedado claro, verdad? ¿Sí? ¿Y entonces
por qué seguimos en muchos lugares serios, bien intencionados y estudiosos de la palabra, -aseguran-,
entendiendo, enseñando y casi obligando a que TODOS deben tener capacidad para hacer milagros, profetizar,
hablar en lenguas e interpretarlas? ¿Por qué dicen que TODOS si la palabra dice “A UNO y A OTRO”?)
(11) Pero todas estas cosas, (Repítelo para ti mismo: todas estas cosas) las hace uno y el mismo
Espíritu, (Repítelo otra vez: Uno y el mismo Espíritu) repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
(A cada uno en particular, otra vez. No a iluminados elegidos. No a ministros ordenados. No a gente que estudió
Teología súper y master. Simplemente: A cada uno.)
Es decir que, cuando alguien venga a decirte que para acceder a sabiduría tú debes hacer esto, aquello
o lo otro, o que debes acudir al hermano Tal o Cual para que te ore y te imponga las manos, agradécele el
consejo pero quédate con lo que la Biblia dice que dice Dios: la sabiduría es un don que Él le otorga a quienes
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son de su agrado simplemente por humildad y obediencia, lo mismo que todos los demás dones recibidos sin
mérito alguno de los hombres que luego, muchos de ellos, se lanzan casi a explotarlos materialmente en su
beneficio personal. Al igual que la fe, no podemos menospreciar a quien no tiene sabiduría, porque es algo que
se posee si se solicita; Dios no te lo envía en contra de tu voluntad. Lo dice claramente Santiago.
(Santiago 1: 5) = Y si alguno de vosotros tiene falta de SABIDURÍA, pídala a Dios, el cual da a
todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Propiedades Intransferibles
En el segundo libro de Samuel vemos que los ángeles también poseen sabiduría divina. Y si bien no es
dicho, sí es dejado más que en evidencia, en todos los episodios relatados en los que los ángeles tienen
participación. Y en lo que nosotros denominamos Nuevo Testamento, (Que en realidad como Nuevo pacto
estaría comenzando en el Libro de los Hechos, después de la cruz), encontramos muchos de esos relatos. Y
quien aquí habla, dice que esa sabiduría te sirve, entre otras cosas, para conocer lo que hay en la tierra. ¿Lo
quieres en tipología espiritual, más allá de lo estrictamente literal que también es valedero? La sabiduría te sirve
para tener intimidad con lo más puro o impuro de la carnalidad.
Job, En una parte de su libro, habla del hombre. Y se pregunta si ese hombre creerá, verdaderamente,
que puede ser más sabio que Dios. Y añade más: si ese hombre presuntuoso podrá imaginarse ser más limpio
que aquel que lo creó. Luego, en un verdadero canto a los negativismos de la carnalidad, concluye expresando
que a pesar de toda la hermosura que ese hombre creado pueda mostrar, ya sea en lo físico, como en lo
intelectual, de ninguna manera podrá hacerlo en lo espiritual, en lo de fondo. Porque en ese ámbito, asegura
aquí, se llegarán a morir sin haber conocido y, mucho menos adquirido para ellos esa sabiduría que los hubiera
llevado a otro destino. ¿Podremos imaginarnos algo peor?
Fíjate que Job, incluso, define a la sabiduría como un elemento que acompaña la presencia de Dios.
Porque no dice que la sabiduría está EN Dios, lo que sería algo interior, parte misma de su esencia. Tampoco
dice que es la sabiduría DE Dios, tal como si fuera algo que Dios posee. Dice que está CON Dios, lo que implica
permanente compañía. ¿Aceptas a Jesucristo, que es Dios? Aceptas recibir sabiduría. ¿No te es suficiente
porque la necesitas para ministrar más y mejor a favor del Reino? Pues entonces la pides y la recibes, tal como
la recibió Salomón. Pero presta atención que no está sola, sino que está acompañada por tres elementos más:
Poder, (Es la primera vez que se menciona en unidad con ella), Consejo e Inteligencia. El consejo de Dios no
es como el consejo humano, que siempre es brindado con subjetividad y conforme al color que tienen las cosas
para el consejero. El consejo de Dios es perfecto porque emana de una sabiduría perfecta. Ambas provienen
de una inteligencia perfecta que es sustento básico de un Dios perfecto. Absolutamente alejado de cualquier
forma de entendimiento humano. Lo sobrenatural no se entiende, se acepta.
¿Entonces la sabiduría no es una especie de pluma que viene volando, meciéndose en el aire, y cuando
aterriza y se posa sobre tu cabeza, de inmediato tú sabes, que sabes, que sabes? Si a Dios le place que en
algún caso puntual, por alguna necesidad específica, eso sea así, pues entonces así será. De otro modo, la
sabiduría divina es algo progresivo. Algo que un día comienza a penetrar tu vida y se va formando y creciendo
hasta saltar con vida propia cuando llega su tiempo. La sabiduría te embaraza, te preña. Y en tu ser, Hombre o
mujer, no estoy hablando literalmente), se va formando un algo que en su debido momento aflora y explota en
algo que glorifica al Reino y a su Rey de reyes y Señor de señores. Mientras ese momento llega, los maduros
que pueden ya mostrar las bondades de esa sabiduría en sus vidas o ministerios, van enseñándole a los que
vienen atrasados algunas formas de aprovechar ese don de la mejor manera.
Hay dos verdades indiscutibles: Primera: Dios es grande. Te diría que demasiado grande. Tanto que
los que decimos creer en Él, aceptar sus estatutos, cumplir con su propósito y hacer su voluntad, créeme que
no siempre tenemos alguna idea dimensional respecto de esa grandeza. Un ejemplo sencillo y casi infantil: ¿Te
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parece grande tu país? Está dentro de un continente. Que a su vez está dentro de un planeta. Que a su vez
forma parte de un enorme sistema que gira en derredor de su máximo proveedor de energía: el sol. Que a su
vez forma parte de una galaxia de la cual no terminamos de tener conocimiento en cuanto a su dimensión y
volumen. Que a su vez forma parte de algo llamado universo, que por estar conformado por miles, millones o
váyase a saber cuántas galaxias, tampoco nos muestra su tamaño. ¿Se entiende todo esto? ¿Adviertes tu
pequeñez? Ahora añádele algo que te hará tomar medianamente dimensión de lo que es la grandeza de Dios:
Él fue quien creó ese universo, y nadie te podría asegurar porque no lo sabe, que sea el único que creó. ¿Puedes
entender ese grado de grandeza? Mega, decimos. ¿Mega? ¿Y qué cosa es Mega frente a Dios?
La segunda verdad, es que Dios no desestima a nadie. Pero entiéndeme bien lo que te digo:
absolutamente a nadie. Ni siquiera a ese asesino serial, violador, responsable de decenas de familias
destruidas. Si se arrepiente, es perdonado. Y si es perdonado, entra en su casa. Nuestro concepto de justicia
no puede ni podrá entender jamás esto. Porque nuestro sentido de la justicia, a diferencia de lo que Dios
entiende como justicia, tiene mucho más de disimulada venganza que de justicia. Seamos conscientes y
honestos: ¿Ha desplazado la gracia, el perdón y ese poner la otra mejilla de Cristo, al antiguo ojo por ojo y
diente por diente de Moisés? Allí tienes tu respuesta. Cuando nos comprometemos a amar al prójimo con el
amor de Dios, (No el nuestro) créeme que no tenemos conciencia del compromiso que hemos contraído. Porque
a nosotros se nos olvida y todo va a su normalidad, pero resulta ser que a Dios no se le olvidan nuestros pactos
y compromisos, y lo mínimo que aguarda, es que los cumplamos.
Finalmente, que Dios es poderoso, (Que digo poderoso, Todopoderoso), a nadie le resulta una
novedad. Aún los más incrédulos y escépticos no ponen en duda la cualidad y calidad de ese poder. Sin
embargo, lo que leemos en nuestra Biblia sí resulta una pequeña novedad que no siempre hemos registrado.
Porque ella dice que es poderoso en fuerza de sabiduría. ¿Eso significa que la sabiduría, en un cierto sentido,
es una fuerza? Sí, lo es. Y si lo dudas, ponlo a prueba en un intercambio de opiniones respecto a un determinado
asunto del que tú tienes más conocimiento que el resto de los intervinientes. Tener certeza de eso, ¿No te hace
estar tranquilo, con absoluta serenidad, aguardando sin prisa el momento en que te corresponda hablar,
sabiendo que cuando abras tu boca y digas todo lo que sabes, nadie podrá rebatirte? Ahora compáralo;
salvando las distancias divinas con las humanas y a Dios mismo con un hombre pequeño, imperfecto con sus
piececillos pegados al suelo; así debe sentirse Dios cuando uno de nosotros pretende censurarle o cuestionarle
algo.
educacional, familiar, eclesiástico), pero no Dios. Dios va a mirar tu intimidad y va a ver, o no, el grado de verdad
que hay en tu vida allí, en esa intimidad donde no entra ser humano alguno. Y eso es lo que Él amará en ti y lo
llevará, llegado el momento, a elevarte por encima de gente supuestamente muy importante, sorprendiéndote
a ti mismo, antes que a los demás. Porque en esa verdad íntima tuya, hay comunión íntima con Él, Y es en esa
intimidad donde Él te hará comprender sabiduría. Porque una cosa es poseer sabiduría o ejercitarla, y otra muy
distinta es comprenderla.
Pregunto; ¿La sabiduría también puede venir por el oír, de igual modo que la fe? Es indudable que sí;
eso se te está diciendo en la Escritura. Porque además se añade que deberás inclinar tu corazón a la prudencia.
¿Alguna vez reflexionaste lo que significa inclinar algo a algo? Habrás leído que aquí dice inclinar el corazón,
pero en otros textos vas a encontrarte, también, con que es bueno que inclines tu oído. Haz esta reflexión
rápida: si inclinas tu oído para oír o tu corazón para prudencia, ¿Qué es lo que oyes o qué es lo que percibes?
Lo que se encuentra por debajo de tu nivel, por eso inclinas tu oído o tu corazón para encontrarlo. ¿Y qué es lo
que se encuentra por debajo de tu nivel? Puede ser por cultura, intelecto, formación, capacidad, talento, fe, etc.
¿Y qué significaría esto? Que deberás prestar mucha atención a lo que oyes o ves en los niveles, por ejemplo
sociales, que están por debajo del tuyo. O sea: en lugar de discriminar o despreciar, inclinar tu oído para oírlos
y tu corazón para ver su prudencia. Dios te enviará su sabiduría; lo que jamás te advertirá es en qué envase te
la enviará.
Me gusta, cuando leo mi Biblia, tener siempre en cuenta los opuestos a lo que leo. Ejemplo: si un texto
me dice que Dios provee de sana sabiduría a los rectos, indudablemente y por esa antípoda, hay alguien que
está proveyendo de una sabiduría insana a los que no son rectos, esto es: los necios, los corruptos. ¿Entiendes
ahora por qué razón algunas cosas de este sistema mundano funcionan cómo funcionan? ¿Entiendes ahora la
altísima responsabilidad que tiene la iglesia, como centro espiritual gubernamental de una nación, cuando en
lugar de hacer guerra con las armas que les fueron dadas, hacen marchas y manifestaciones contra la
corrupción de sus gobernantes? Y eso no es todo; no tienen en cuenta la segunda parte, que te asegura que,
si tú eres uno de esos rectos que ha recibido sabiduría sana de parte de Dios, esa misma sabiduría te va a
servir de escudo. ¿Y qué cosa es un escudo hoy? Al igual que en la antigüedad cuando eran útiles para detener
las flechas o lanzas que les arrojaban los enemigos, hoy te es útil para detener y apagar los dardos de fuego
que también te lanza tu permanente enemigo.
Es verdaderamente bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y obtiene de ese modo la
inteligencia. No tendría mucho más para añadir, si no fuera que una aparente redundancia me dejó pensando.
¿Podría ser que en algún texto, la maravillosa Biblia cayera en una innecesaria redundancia? ¿O tal vez las
traducciones? Ni una cosa ni la otra. Encontré que Hallar, significa encontrar a una persona o cosa, descubrir
o inventar lo que hasta entonces es desconocido, descubrir la verdad o el resultado de algo, ver, observar,
notar, estar presente y encontrarse. Obtener, por su parte, quiere decir: conseguir lo que se merece, solicita o
pretende o conseguir un producto a partir de otros. Fin de la mini-duda. En esta última acepción está la clave.
Hallar es descubrir algo que nunca jamás antes habías visto, La Sabiduría. Y, a partir de ella, obtenemos la
inteligencia, que vendría a ser, (Como ya lo hemos señalado), una especie de producto de la sabiduría.
¿Entonces, la inteligencia no tiene nada que ver con estudio, carrera, egreso y post-grado? Lo incluye como
anexo valioso, pero de ninguna manera como adjetivo prioritario. No es inteligente el que estudia mucho, es
sabio el que, siendo inteligente, a eso le añade estudio.
Vamos por partes y podrás entender algunas de las cosas que te rodean que, probablemente, hasta
hoy, quizás mantenías en un carnalísimo terreno de la discusión ideológica o política. Dios fundo la tierra en
base a Su Sabiduría, ¿Verdad? Y lo hizo así porque en su plan divino y perfecto, se estipulaba que el hombre,
su mayor creación, tomara como herencia a esa tierra por Él fundada, y la hiciera desarrollar y producir fruto de
todos los tipos y colores. ¿Y cómo haría eso un hombre falible, imperfecto y caído? Pidiendo a Dios, como en
su momento hizo Salomón, sabiduría y ciencia. Dios le daría eso y, a partir de allí, el hombre sería poco menos
que imbatible. En la tierra, contra sus enemigos carnales, políticos, ideológicos, y en el mundo del espíritu,
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contra Satanás y todas sus huestes demoníacas. ¿Hizo el hombre todo esto? No. Eligió conducir lo recibido
con su propia sabiduría, que es lo que él se cree, aunque esa sabiduría humana no es suya, sino enviada desde
el mismo infierno. El resultado de ese error, es el mundo que conoces y en el cual debes habitar todos tus días.
¿Lo entiendes ahora?
Jesucristo, o Jesús el Cristo, es el Hijo de Dios, ¿Verdad? Lo es. Ahora bien; cuando tú aceptas que
Jesús fue a la cruz por tu pecado y te redimió de él, y que con el perdón divino tú puedes ser lavado, limpiado
y redimido totalmente de este pecado, y por ese motivo decides convertir a Cristo en Señor de tu existencia,
¿Qué dice la Palabra de Dios que pasas a ser? Un hijo suyo. Por adopción, es cierto, pero hijo. Y además,
añade que eres co-heredero con Cristo de su herencia divina. ¿Y qué determina que tú seas co-heredero con
Cristo. Hermandad. Cristo es tu hermano mayor. Unigénito divino, devenido a primogénito global sobre todos
nosotros. Él la cabeza, nosotros su cuerpo. Por eso la sabiduría, don divino que viene de Dios mismo, es tu
hermana, ¿entiendes? Y su producto consecuente y casi automático, la inteligencia, una parienta, es decir: un
familiar directo.
todo y haciendo perder lo que supuestamente se debía ganar. Es buena porque salvó a Noé y a toda su casa
en el arca, aunque no parecería serlo tanto porque terminó con toda vida que quedaba fuera de esa arca. El
agua es vida. ¿Y la muerte? No tiene sustancia, sólo es ausencia de vida. O de agua.
¿Es la misma cosa decir edificar que decir afirmar? Veamos: Edificar es construir, o mandar a construir
un edificio. También es dar buen ejemplo, incitar a alguien a obrar con virtud. Constituir o levantar una entidad
u organización. Afirmar, mientras tanto, es poner firme, dar firmeza, asegurar o dar por cierta alguna cosa, decir
que sí mediante gestos o expresiones o asegurarse en algo para estar firme. Ratificarse uno en sus dichos.
Como puedes observar casi a vuelo de pájaro, estas dos palabras no significan la misma cosa. Si yo edifico una
tienda para pasar la noche a la orilla del mar, en una hermosa playa caribeña, puedo llegar a la mañana sin
problemas, siempre y cuando no se haya levantado viento por la noche. Pero si se desata un viento fuerte, yo
necesito afirmar lo edificado. ¿Se entiende?
quedo con algunas que encajan con el modelo de simpleza que se resume en estos textos bíblicos: “Formado
por un solo elemento o por pocos. (¿Tendrá que ver con conocimiento?) Fácil, sencillo, sin complicación. Falto
de malicia y picardía. (¿No es ese el perfil que se sugiere al cristiano promedio de las iglesias?) Sin embargo,
la quinta definición parecería contradecir esto: “Tonto, bobo”. ¿Qué cosa será un simple, entonces, para la
Biblia? Me quedo con la suma de todas estas cosas, a las que me permito añadirle una dosis de mediocridad.
¿Recuerdas la base de la mediocridad humana? Exacto, la comodidad, o pereza. Por causa de una o de ambas,
la gente no profundiza, no estudia, no escudriña y, luego, cuando viene alguien agitando credenciales de
prestigio y dice cualquier barbaridad, es creído por causa de esa mediocridad. Por eso heredan la necedad, no
por ligaduras de familia, aunque las incluya llegado el caso. Los que no son imprudentes y se toman sus
recaudos para examinar las cosas, son los que se coronan de sabiduría. ¡Pero entones no viene toda de Dios,
también impone un esfuerzo nuestro! Obvio, ¿Qué cosa de Dios no necesita de tu aceptación y trabajo? .
El Proverbio dice que el que ahorra palabras tiene sabiduría. Esta siempre fue una discusión que, en
apariencia humana, no tuvo resultados claros ni conclusiones. Comenzaba con el canto. Un autor escribió:
“Cantor que canta a los gritos, no escucha su propio canto”. Pero otro le rebatió: “Cantor que canta bajito, tiene
miedo o poca voz”. Con el hablar se dio el mismo debate. Están los que sostienen que los que hablan mucho
no tardan en decir alguna tontera o, lo peor, meterse en un problema por hablar de más. Los opositores
aseguran que aquellos que no hablan mucho es porque, en realidad, no tienen nada valioso para decir. ¿A
quién darle la razón? La Biblia, aparentemente, lo hace con los más calmos, los que hablan menos. A menos
que ahorrar palabras no sea disminuirlas, sino solamente utilizarlas en caso de expresar algo importante. Si
fuera lo primero, no terminaría de entenderlo, lo confieso. Pero si es lo segundo estoy en un todo de acuerdo.
El caso es que: ¿Hablas mucho? Ten cuidado. No siempre dirás algo importante o algo que los demás disfruten
de oír. Aprende a callar, ya sabes que hay un tiempo para cada cosa. ¿Hablas poco? Será bueno que veas si
eso hasta aquí te ha traído bendiciones o contratiempos. Si fue lo primero, gloria a Dios y adelante. Si fue lo
segundo, modifica y cambia.
Hay algunas cosas que leemos en la Escritura y, en lugar de acercarnos paz, nos producen temor. ¿Es
Dios ese? Ni por asomo, es nuestra carnalidad fogoneada por demonios sutiles e influyentes. Porque en su
ignorancia natural, que no es insulto sino descripción de un estado de desconocimiento de verdades ocultas,
hay un texto que se entiende que, si se llega a salir del camino que Dios dice que es de la sabiduría, (A él no le
consta porque no lo entiende); va a morirse y se reunirá, como dice alli y suponiendo que lo de la otra vida sea
cierto, con los demás muertos que han sido sepultados en todos estos siglos. Y si bien eso mismo también le
produce escozor porque no alcanza a imaginarse cómo podría ser una reunión de tamaña magnitud, (¿Cuántos
muertos hay desde la creación hasta hoy?) termina por creerlo y asustarse. Pérdida de tiempo y error. De los
muertos que aquí se habla, es de los muertos espirituales. Y esos son los que viven sin Dios, aún mencionándolo
a cada momento. Su falta de sabiduría divina los llevó a ese lugar del que ya no pueden retornar.
Pregunto: ¿En qué lugar, crees tú, que se encuentra nuestro Dios en la consideración de la sociedad
que te rodea, vivas dónde vivas? No me respondas nada, seguramente tu respuesta no debe diferir en nada
con la mía. Yo vivo en Argentina, tú no lo sé. En mi país, esa consideración, tomando de uno a diez, es dos, en
algunas zonas, quizás uno o dos puntos más, como mucho. Y no sé si no soy demasiado generoso. Los puntos
restantes, se lo llevan entremezclados la ciencia, el intelecto, las religiones alternativas y el ocultismo. Está muy
bien visto acudir a tarotistas o videntes en las sociedades refinadas, pero muy mal visto y casi degradante asistir
a una iglesia. Y si es evangélica, mucho peor. Está muy bien visto creerle todo lo que dicen y hacen los hombres
llamados sabios del mundo. Está muy mal visto creer en los milagros, prodigios y señales sobrenaturales del
cielo, de mano de hombres anónimos, humildes y de bajo perfil. ¿Nunca te has sentido mal por esto que
menciono? Yo también, pero mejoró mi sentir el día que por primera vez supe, (O mejor dicho recordé, porque
saber obviamente lo sabía), que no existe sabiduría alguna en hombre alguno, ni inteligencia humanoide ni
consejería científica que pueda contra mi Dios. Y eso, a mí me alcanzó, me fue suficiente y sobradamente.
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Hermanos amados que como yo, han recibido una palabra del Señor para enseñar, predicar o discipular,
debo preguntarles: ¿Consideran que lo que han recibido es la verdad? Quiero creer que sí, que eso creen. Yo
lo creí y por eso me lancé en obediencia al mandato. ¿Recursos? Cero, paga el jefe. ¿El jefe? ¿Qué jefe? El
único que todo esto tiene, por supuesto, y no es humano. Es un jefe divino. Al principio no lo entendí, entonces
hacía mi programa de radio, el estudio se grababa, en esos tiempos las grabaciones se pasaban a casetes, los
CD o DVD todavía eran sólo patrimonio de los nuevos discos cristianos de música. Y decidí imitar a otros
ministros con más antigüedad que yo; a quien me encargaba casetes para volver a escuchar el estudio, yo se
los vendía. Era lo que todos hacían para, -aseguraban- sostenerse y sostener el ministerio. ¡Pero el ministerio
era de Dios, no mío! ¿Por qué no iba a sostenerlo Él? Un día leí esto algo mis ojos espirituales abiertos. Decía
que yo le compraba la verdad a Dios, pero que no debía venderla. Debía compartirla a los que quisieran oírla,
darla de gracia. Y allí también fui obediente. ¿Sabes qué? Desde ese día, jamás volví a poner un centavo de
mi salario personal para sostener el ministerio; Dios lo hizo como a Él se le ocurrió, no como a mí me parecía
conveniente. ¡Qué descanso! ¡Qué paz! ¡Cuánto tiempo para escudriñar sin pensar en deudas o compromisos!
A los que todavía insisten con tomar a la Biblia estrictamente desde lo literal y únicamente bajo ese
prisma, y leen que es mejor adquirir sabiduría que frecuentar a rameras, lo que leen les es útil y les sirve para,
en todo caso, una o varias charlas de pares con sus hijos varones adolescentes. Sin embargo, mucho me temo
que la Biblia no fue escrita para que se la utilizara en sesiones de consejería hogareña. Puede ser usada en
eso, reitero, pero no fue ese su motivo de aparición. Entonces, inevitablemente, y a contrapié de lo que la iglesia
racional, moderna e intelectual detesta, deberemos recalar en los simbolismos, en las tipologías y,
esencialmente, en la revelación del Espíritu Santo. Bajo ese techo espiritual, podemos volver a leer ese texto y
ver qué es lo que realmente nos dice. Nos dice que el hombre que ama la sabiduría, alegra a su padre. ¿Quién
es su padre? No hablamos del padre sanguíneo, carnal, hablamos de otra clase de padre, eso es evidente.
Hablamos del Padre, así, con la “P” Mayúscula. ¿Y los que frecuentan rameras, quiénes son? Dedúcelo, tú ya
tienes conocimiento. Para mí, una ramera desde lo espiritual es una mujer (Símbolo bíblico de iglesia) que no
se compromete, que hace lo que hace por dinero, no por amor, que simula todo el tiempo y que puede traicionar
si eso le conviene.
Una escritura toca el tema de la crianza de los hijos. ¡Qué tema este! ¿Verdad? Yo no sé cómo será en
tu hábitat, pero aquí en Argentina, pese a que existen muchas iglesias que lo hacen, yo no me atrevería a dar
clases respecto a cómo educar correctamente a los hijos. Porque si bien como cristianos tenemos pautas muy
claras e inamovibles, (Esa de la vara y la corrección es una de ellas), lo cierto es que cada niño, adolescente,
joven, tiene una historia diferente y una concepción espiritual también individual. Dios jamás nos masificó,
siempre llamó a quien necesitaba por su nombre. Jeremías… ¡Heme aquí! Nosotros como iglesia pretendemos
masificar. Así nos salen las cosas, luego. Sin embargo, de algunas enseñanzas, extraemos ciertos principios
básicos para la formación de hombres sanos: 1.- La vara. ¿Recuerdas lo que dice? Que castiguemos a nuestros
hijos con vara. Dios no se opone a la palmada como correctivo, pero nos demanda que no sea con las mismas
manos que luego acarician, sino con vara. 2.- La corrección. Corregir no es criticar, es acomodar algo que se
torció. 3.- No crear consentidos. Un consentido es alguien que cree que el mundo fue creado para él y que todo
lo que hay le pertenece sin necesidad de pedirle permiso a nadie. Generalmente, esta clase de personas
terminan golpeadas o presas.
Vamos a ver: ¿Qué diferencia crees tú que existe entre la clemencia que vemos en algunos textos, con
la misericordia que hemos leído en muchos otros? Nimia. Clemencia es, técnicamente, una moderación
compasiva en la aplicación de la justicia. Esto es: alguien comete una transgresión y merece, de acuerdo con
las leyes vigentes, digamos, tres meses de cárcel. Clemencia sería convertir esos tres meses en uno, o en una
multa en dinero. En suma: atenuar un castigo merecido pero teniendo en cuenta, por compasión o sentido
común, los atenuantes que ese delito pueda tener. Misericordia, en tanto, es la inclinación a la compasión hacia
los sufrimientos o errores ajenos. No es lo mismo, estoy de acuerdo, lo diré antes que me escriban los juntadores
de perlas y me lo hagan saber, pero convengamos en que se le parece bastante. Veamos: ¿Dios es justo? Sí,
pero es justo conforme a sus propias leyes, no a las de los hombres. Porque una cosa es clamar por justicia
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ante un hecho determinado, y otra muy diferente disfrazar el pedido de justicia con lo que realmente es un
clamor por venganza. Y justicia y venganza sí que no son la misma cosa, aunque a veces se vean parecidas.
seres humanos mortales somos incapaces de entenderlo: Soberanía. Y al ser Soberano, es el propietario único
y exclusivo de todas esas actitudes. De hecho, el mundo secular, (Y también una partecita, quisiera creer que
pequeña, de la iglesia), vive auto-alabándose. La gente es más rápida y certera para comunicar públicamente
el supuesto bien que hace que el hacerlo, concretamente. De allí el mensaje que Él les hace llegar mediante el
profeta Jeremías a los sabios, científicos, filósofos y otras yerbas mortales, a los que suponen o creen ser
valientes, (Que cuando se enfrentan a lo desconocido evidencian no serlo tanto), y a los ricos en dinero. Estos
últimos son los más difíciles de convencer. ¿Será por eso que es tan complicado que entren al Reino de los
Cielos?
avance científico en contraposición con las “supercherías” (sic) de la religión. Obviamente me apuntaron con
una bazooka y se dispusieron a destruirme, no a mí, claro, no tengo entidad para tanto, sino lo que yo podía
representar. Los argumentos, fueron los que seguramente ya conoces. Ellos hablando de la, o las iglesias y sus
engaños, abusos y toda esa yerba que aquí ya tratamos, y yo hablando del Señor, sin pasar por los ritos y
tradiciones inventadas por los hombres sin su aprobación ni permiso. Llegó un momento tan tenso, (Para ellos,
yo te confieso que tenía una tranquilidad que me asombraba a mí mismo), que descargaron la idea atea más
antigua de la historia. Me dijeron con altanería y no disimulada soberbia: “¡Muy bien! ¡Nos demuestras aquí
mismo que Dios existe, y nosotros podemos evaluar si creer en Él o no! Yo repliqué casi en un murmullo: “Estoy
solo contra ustedes que son varios: ¿Puedo pedirles ser primero en pedir algo?” Se miraron entre ellos y
decidieron que sí, que no perdían nada dándome ese derecho y que, de paso, los haría quedar mejor delante
de los “neutrales”. Entonces pedí: “¿Podrán, en quince minutos, (Les doy ese tiempo) demostrarme que Dios
NO existe con pruebas irrefutables, más allá de hipótesis personales?” No pudieron. Con las debidas distancias
del caso, la palabra que Pablo les envía a los Corintios se cumplió ese día y en ese lugar. Dios jamás desampara
a NINGUNO de sus hijos. No necesitas títulos ni credenciales para merecerlo.
1 Corintios 2:6 Sin embargo, hablamos SABIDURÍA entre los que han alcanzado madurez;
y SABIDURÍA, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.
Cuando alguien te pregunte de qué sabiduría estás hablando si no has pasado jamás por ninguna
universidad, este será tu texto base. Porque dice que hablamos una sabiduría que está dirigida a los que han
alcanzado madurez. ¿Tú tienes conocimiento estadístico respecto a cuántos cristianos maduros existen en las
congregaciones, acompañados por otros que todavía no han alcanzado ese nivel? Nadie podría aseverarlo
concretamente porque no hay cifras, pero cualquiera que milite en una congregación cualquiera, de cualquier
denominación, de cualquier punto del planeta, sabrá perfectamente que son muchos más los inmaduros que
los maduros. Y si desean buscar testigos en los distintos ministerios, aquí tienes uno. Recibo a diario una regular
cantidad de correos y, puedo garantizarte que en su gran mayoría, (Digamos…un ochenta por ciento),
pertenecen a cristianos inmaduros a los que todavía les seduce el antiguo orden de: “¡Pastor! ¡Ore por mí!” Eso
concluye en que esa clase de sabiduría no es la más abundante en nuestros ambientes. Y por si quedaran
dudas, añade que esa sabiduría no pertenece a este sistema secular o eclesiástico actual, (Eso es Siglo, aquí),
así como tampoco a los líderes políticos o religiosos que nacen, viven, se reproducen y mueren. Reitero lo que
ya he dicho, pero vale la pena repetir: la sabiduría intelectual no es mala, ni negativa ni contraproducente,
siempre que ocupe el lugar que deben ocupar las cosas de la carne, detrás de lo espiritual. Si se lo antepone,
se convierte en ídolo. Y la idolatría, hasta donde yo sé, sigue siendo un pecado grave.
Después nos encontramos con otra faceta de la sabiduría divina: su misterio, un permanecer oculta a
los ojos del común denominador de las personas. ¿Por qué sucede esto? Porque el que participa activamente
en la provisión de esta clase de sabiduría, es el Espíritu Santo de Dios, y sólo todo aquel que lo tenga en su ser
interior, como producto y resultado de haber entregado su vida a Jesucristo, podrá acceder a sus
comunicaciones, sus directivas, sus revelaciones y, esencialmente, lo que la palabra rescata con mayor nitidez:
su guía a toda verdad. Es imposible pensar que alguien no convertido, incrédulo, impío y con barrera
indestructible ante Dios como es la del pecado activo, podría acceder a la acción del Espíritu Santo, como no
sea la única que les posible, la de darle convicción de pecado. Por eso todo esto, para los que no pueden
aceptar o creer en nuestro Dios, es algo lleno de misterio. Pero, curiosamente, en cada ocasión que la palabra
misterio está inscripta en algún texto bíblico, conjuntamente o muy cerca de ella, se encuentra la otra, la que
permanentemente la acompaña, ya que forma parte de su mismo contexto: la revelación. Un misterio divino no
puede ser descubierto ni develado, sólo se hará visible cuando sea revelado.
¿Alguien buscó en diccionarios del idioma español el significado de la palabra multiforme? Habrán
comprobado que en una gran cantidad de ellos, (Y hablo de los buenos, reconocidos), no figura. En otros, los
menos, dice que Multiforme es un adjetivo que evidencia algo o alguien de muchas y variadas formas. Es
suficiente para nuestro estudio. Estamos hablando de la sabiduría de Dios y, por lógica asociación de ideas,
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cualquier persona medianamente instruida intelectualmente, determinará que la sabiduría de Dios tiene que ver
estrictamente con cosas o asuntos de la religión, y que por consecuencia, si él o ella no son creyentes o
simplemente son ateos, escépticos o agnósticos, esa sabiduría no tiene nada que ver con sus vidas. Lamento
informarles que no, que no es así. Porque cuando dice la Biblia que la sabiduría de Dios es Multiforme, lo que
te está diciendo es que puede manifestarse de muchas y variadas formas. Y eso, créase o no, incluye al mundo
secular y todo su andamiaje irrespetuoso, incrédulo y pagano. ¿O no eres testigo de muchas personas que tú
conoces muy bien, que son bendecidos en casi todo lo que hacen, y que jamás pisaron una iglesia ni creyeron
en Dios alguno, sólo que tienen por norma vivir bajo valores y principios que, en origen, son patrimonio de Dios?
Yo conozco gente así. Y utilizan en algunas decisiones esa sabiduría que, en algunas de sus formas, está allí
a su disposición. Y funciona.
denomina como Amor, que se extrae de la palabra Ágape y que se traduce, realmente, como carácter. Carácter
de ser y sentirse parte del Reino de Dios. Eso es Ágape, eso es Amor. Eso es lo que echa fuera cualquier clase
de miedo.
De lo que yo te estoy hablando aquí, como principio, que no es inicio sino patrón, base, fundamento de
la sabiduría divina, es de reverencia. Hablar de las cosas de Dios, actuar y moverse en las cosas de Dios, con
un sentimiento muy claro de reverencia. Y hasta donde yo conozco, reverencia no es esa inclinación ceremonial
y hasta protocolar que hemos visto realizar a religiosos de todos los colores, pero también a muchos asiáticos
que la tienen incorporada como forma habitual de saludo. Nuestra reverencia es la veneración singular a una
persona o cosa que consideramos y estimamos por encima de todo lo conocido. Ese es nuestro Dios. Y, a partir
de esa reverencia, abrimos un sendero productivo y propiciamos que nuestro Padre celestial pueda utilizarlo
para enviarnos gramos, kilos o toneladas de su sabiduría. Reverencia, en todo caso, sería también declarar con
total sinceridad que ninguno de nosotros está capacitado para saber con exactitud qué hará Dios en cada caso.
De allí pasamos a lo que se puede hacer con esa sabiduría. De hecho, para poder acceder a ese grado
de entendimiento que te permita actuar y bendecir a uno, cien o miles con esa sabiduría, debes guardar en todo
lo que te sea posible sus mandamientos. ¿Los antiguos diez? Sí, y también todos los más actuales que
encuentras en los evangelios. ¡Pero es que hay mandamientos que definitivamente el hombre no puede cumplir!
Claro, pero lo que Dios desea es que lo reconozca y le pida ayuda a Él. ¡Si Él ya sabe que tú solo no puedes!
¡El que no termina de decidirse a reconocerlo, eres tú! Por eso sigue sin poderte usar en todo tu potencial. ¿Eso
no se llama humildad? Se llama humildad, y no es una actitud visible o externa, es un corazón contrito,
quebrantado y dispuesto. En suma: un corazón conforme al corazón de Dios. Como el que tenía David, que no
fue precisamente un hombre que cumpliera con todos esos mandamientos. Con eso en mente, es como tú y yo
podemos caminar por senderos de utilidad divina y manifestaciones poderosas. Porque la Palabra nos dice que
sin poder de Dios manifestado, el evangelio es vana palabrería, así que habrá que tenerlo muy en cuenta a la
hora de proseguir con la próxima oración ministerial.
Post-data: Cuando pedí sabiduría, en algún momento se me cruzó por la mente la idea casi
cinematográfica de un halo visible, luminoso, etéreo pero comprobable saliendo de un enorme trono instalado
en los cielos, viajando a la velocidad de la luz en dirección al planeta, y llegando a mi cabeza como una especie
de imposición divina restauradora y potenciadora. Lo lamento, no funcionó así. En apariencia visible, no sucedió
absolutamente nada. Ni en el momento en que hice esa oración, ni en el minuto siguiente, ni en el día siguiente,
ni en la semana, ni en el mes. Sólo un detalle; al responder un correo con una consulta muy compleja y delicada,
habiendo orado por una respuesta, que es lo que generalmente hago, lo que escribí salió más rápido de mis
dedos en el teclado que en mi mente. Supe casi al instante que esa respuesta iba a desestructurar al receptor,
porque tuve certeza total que era dirección de Dios por mi intermedio y sin ningún mérito personal. Y, oh
sorpresa, con una enorme cuota de sabiduría…
Ahora bien; al ver esta introducción, ¿Tengo que entender que pese a no ir a templos, este buen
hermano Martínez tiene una iglesia? ¡Claro que la tengo! ¡Si no la tuviera, por mejor persona que fuera, no
heredaría el Reino de los Cielos ni podría servir al Señor. Lo que ocurre, es que todavía tenemos una diferencia
entre tú y yo que, en algunas situaciones, no nos permite entendernos bien. Cuando yo digo iglesia, veo
conglomerado humano adorador de Dios en espíritu y verdad diseminado a lo largo y ancho del planeta,
mientras que cuando tú lees iglesia, todavía ves congregación local, pastor, púlpito, banco, coritos y diezmos
mensuales. Y puedo asegurarte que de ninguna manera una cosa y la otra están mancomunadas; a veces, todo
lo contrario.
Déjame decirte una vez más y sin que ni siquiera se me pase por la cabeza molestarte al nivel de
ofenderte, sino recordártelo para que, si vas a militar aquí con deseos de aprender, aprendas y seas bendecido
por lo que aprendas. Definitivamente, de la iglesia que voy a hablar de aquí hasta el final del capítulo, es de la
iglesia del Señor, y no de la del señor Martínez, si es que hubiera por allí un señor de apellido Martínez que
pretenda tener una iglesia propia. Quizás lo haya, pero será simplemente porque tuve la enorme fortuna de
nacer con un apellido un tanto corriente, por no decir vulgar, que suena como ofensivo para la memoria de mis
ancestros.
El caso es que Él lo dejó escrito, lo puso en el libro como para que nosotros, usando la mente, la
sagacidad y el hambre que por su Gracia nos fue dada para el conocimiento de la verdad, no nos equivoquemos
y no construyamos una imitación que se parece a la iglesia, tal vez, pero que no es La Iglesia. Muchas veces
te he dicho que la Biblia es un compendio de relatos literales que guardan principios espirituales que, sólo con
la unción del Espíritu Santo, estás tú y todos los que hayan sido llenados con su presencia, capacitados o
capacitadas para encontrar, leer, conocer, creer y poner por obra. Bien; es momento de ir al encuentro de esos
relatos y de esos principios.
Pero si vemos a la Biblia como lo que es, un verdadero arsenal, depósito de principios espirituales
encerrados, escondidos en relatos históricos y literales, allí vamos a tomar contacto con la tipología de Dios,
con la simbología que parece inundar todo el ámbito de la Escritura, tanto en el Antiguo Testamento como en
el Nuevo, donde la parábola de Jesús forma parte activa de su mensaje. Y en este concepto, es donde nos
vamos a encontrar con algo muy distinto a ese artefacto nacido hace tantos años y que todavía, si visitamos
una sinagoga judía, podemos ver materializado tal cual se le ordenara hacerlo al pueblo de Israel. Y no es mera
interpretación de hombres místicos, es revelación de Dios a través de su propia Palabra.
Apocalipsis 1: 10.- Yo estaba en el espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz
como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo
que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis,
Filadelfia y Laodicea.
(Verso 12) = Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de
oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una ropa que
llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
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Antes de continuar, quiero mostrarte dos cosas para que tengas en cuenta leyendo las cartas a esas
siete iglesias. Es indudable que con alguna de ellas vas a comparar o identificar la tuya, la local, esa a la que
asistes cada fin de semana; con sus cosas favorables y sus contras; con lo que tienen para aplaudir y con lo
que tienen para censurar. Sin embargo, lo que esto nos muestra es que esas siete, (Número perfecto, número
de lo completo) iglesias, son un prototipo, un modelo de la iglesia global, corporal, entera. En suma: la UNICA
iglesia que Dios ve desde su sitial. Y eso es así porque no se trata de algo literal, físico y material. ¿Cómo lo
sé? Porque Juan dice que él, allí, estaba en el espíritu; no en la carne.
Lo segundo es para que también tomes nota, porque después vas a encontrarle significado
transparente y visible. El verso 13 dice que a ese semejante al Hijo del Hombre, (Que es Cristo), Juan lo ve en
medio de esos siete candeleros. Y quiero que aprendas a leer bien la Biblia, porque a los que la leen de manera
deficiente, debemos la conformación de tanta doctrina que ha dividido a tanta denominación y hasta credos.
Dice que estaba en medio de esos siete candeleros, no en el medio, que es como interpretaríamos en el centro,
o en su zona central. En medio. Lo que equivale a decir: formando parte.
(Verso 16) = Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos;
y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.
¿Qué tenemos hasta aquí? Siete candeleros, siete estrellas y una espada aguda saliendo de su boca.
Esta espada, ya lo sabemos, es su Palabra, elemento básico donde se fundamenta la razón de ser del
evangelio. Por encima de todo lo demás; de todo. Ve tomando nota, por favor. Y esto no es ni debería ser para
nadie ninguna novedad, pero lamentablemente hay que repetirlo hasta el hartazgo porque, evidentemente, el
pueblo es altamente desmemoriado. La Biblia lo dice no menos de cien veces. Pero... ¿Y las siete estrellas?
¿Y los siete candeleros? La misma Palabra va a darte la respuesta.
(Verso 20) = El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, (Te recuerdo aquí que
diestra, significa autoridad y poder); y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles
de las siete iglesias. (Esto te está hablando de la cobertura, de la potestad que está sobre la iglesia. Entender
que se refiere al pastor de una congregación local, no sólo es reducir la Majestad de Dios a una congregación
de barrio, sino también proyectar fuera del modelo bíblico de la iglesia primitiva a uno de los cinco ministerios
sobre la cual fue edificada por Gracia de Dios y no por mérito de hombre) y los siete candeleros que has
visto, son las siete iglesias.
Es decir que, si el Candelero, según el Señor, es tipología concreta y visible de la iglesia, lo que
debemos hacer, entonces, es bucear, investigar y escudriñar al Candelero y allí tendremos la visión clara, la
revelación perfecta, de qué es lo que en verdad Dios quiere que su iglesia sea. Porque es demasiado fácil que
yo salga a decir cómo me gustaría a mí que fuera la iglesia, pero resulta ser que la iglesia no es mía sino del
Señor, y tendrá que ser Él quien determine sus rudimentos y yo, como parte integrante, simplemente obedecer.
Para eso, lo primero que vamos a revisar es la construcción del Candelero.
Ahora veamos: conjeturemos un poco sin riesgo de establecer doctrina sobre bases conjeturales.
¿En qué podría la iglesia del Señor tener que resistir a un horno de prueba? Indudablemente, la única respuesta
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posible es la relacionada con las tentaciones provenientes del mundo secular. ¿Y en qué podría ser tentada la
iglesia genuina por un mundo incrédulo, impío y pecador? Prosiguiendo con una simple conjetura sin base real
alguna, creo con lo único que podría tentarse esa iglesia, es con la posibilidad de acceder a un poder humano
muy grande, para en todo caso sumarlo al poder de Dios que supone poseer. ¿Sabrá la iglesia que eso es
equivalente a adulterio? No lo sé, pero lo que sí sé, es que allí es donde va a necesitar Pureza e inalterabilidad
de conducta.)
…labrado a martillo se hará el candelero; (Hacer algo a martillo habla de trabajo personal, creativo
y artesanal. Los golpes son necesarios). Punto segundo: La Iglesia no es producto de moldes ni de
fabricación en serie; es Artesanía de Dios. ¿Alguien puede tener al menos una vaga idea del valor que tiene
una artesanía en comparación con un elemento similar fabricado en serie? Por lo menos, cien veces más. Bien;
eso es para que tú te lo grabes y lo tengas en cuenta; esa es la diferencia entre la iglesia del Señor, la genuina,
y su imitación babilónica más corriente y abundante. Una tiene un valor inestimado, la otra se vende por
monedas.) …su pie, (Es decir, su base, su fundamento), su caña, (La caña es el armazón. Es decir: habla de
la estructura orgánica) sus copas, (Copa es el recipiente para el alimento: vino, (Revelación), agua,
(Vida), sus manzanas, (Esto es, el fruto) y sus flores, (Es la vista externa, el adorno, lo que se muestra, el
testimonio global) serán de lo mismo.
Resumiendo: este último “serán de lo mismo”, implica algo que está construido del mismo material,
con la misma esencia, en unidad aleatoria y funcional. Lo que te dice, entonces, es que la iglesia deberá tener
unidad entre su creación, sus bases, su estructura, su alimento, su fruto y su testimonio. (32) Y saldrán seis
brazos de sus lados; (Seis es el número de hombre y el brazo es el elemento ejecutor) tres brazos del
candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. (Esto habla de reparto equitativo de trabajo que, naturalmente,
deberá ser ejecutado por hombres. Dios es Espíritu y un espíritu, sea bueno o malo, de Dios o del maligno,
siempre necesita un cuerpo para manifestarse.
(33) Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo (El almendro simboliza al espíritu
pionero, ya que era un árbol temprano, que anticipaba a todos los demás), una manzana y una flor; así en los
seis brazos que salen del candelero. Aquí nos encontramos con el tercer punto identificatorio de la iglesia
que Dios quiere hoy: Deberá ejecutar el plan de Dios con un espíritu pionero y con las tareas repartidas
conforme Efesios 4:11. Basta de iglesias estilo “partido de fútbol”, donde veintidós personas transpiran la
camiseta hasta el agotamiento y sesenta mil se sientan cómodamente en las gradas a observar, celebrar de
vez en cuando y criticar la mayoría de las veces. En el fútbol, eso puede ser posible, y hasta atractivo como
pintoresquismo cultural, pero en la iglesia, ni lo sueñes. Eso no es Dios.
El término Reparto, aquí, mientras tanto, equivale a los cinco ministerios, en los cuales se
fundamentó la iglesia primitiva y en los cuales deberá volver a recalar, desestimando el invento humano de un
solo ministerio liderando a los demás. Pero, entonces: ¿Existe o no existe el ministerio del pastor? Existe, pero
no es de ninguna manera el líder de los demás; eso es lo que no está escrito. Dijo Dios que su iglesia
operaría con cinco ministerios; jamás dijo ni enseñó que uno de ellos debería someter a los otros cuatro. Podría
haberse acercado en algo el del apóstol, pero no está claro si era permitido. Eso, entonces, es hombre. Los
frutos, una consecuencia.
(Verso 36)= Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a
martillo. Este es el cuarto factor a tener muy en cuenta en el siglo veintiuno: La Iglesia será compacta, sin
remaches, parches o trozos pegados: de un solo bloque, inalterable. La Iglesia del Señor no puede ni debe,
como cuerpo de Cristo en la tierra o como institución altamente representativa, elaborar sus conceptos en base
a triquiñuelas o chicanas que se usan mucho en la política. Y no deberíamos aspirar a que con sus rutinas le
resulte simpática a la sociedad secular en la que se encuentra. Eso sería como suponer que el ministerio de
Jesús era simpático a los paisanos de su propia tierra. Ni lo sueñes. Ellos fueron los que se decidieron por
salvar a Barrabás y mandar a Jesús a la cruz sin acusación clara alguna.
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Estas estratagemas antipáticas y de bajo relieve podrán ser medianamente soportadas en ámbitos
seculares, pero jamás en la iglesia. Porque a ella le están vedadas simplemente porque la iglesia tiene que ver
con el Dios Todopoderoso que no admite dobles mensajes ni discursos. ¡Eso es verdad, hermano! Pero yo veo
en mi iglesia un alto grado de política para poder acceder a posiciones jerárquicas superiores. ¿Y cómo lo
hacen? ¡Lo hacen eligiendo a sus propios líderes mediante asambleas donde la mayoría decide con su voto!
Ahora entiendo. Eso, tampoco es Dios. Aunque se haga en Su nombre y hasta se llegue a decir que Él pone la
voluntad de votar o no votar. Cuando eligen Papa, los católicos romanos también aseguran que el nombre lo
decide el Espíritu Santo. Cuando los discípulos eligieron a Matías para reemplazar a Judas, arrojaron esos
huesitos llamados “suertes”. Y luego también salieron a decir que era Dios quien lo había decidido. Para nada;
Dios ya estaba levantando a Pablo. De Matías jamás se vuelve a hablar en toda la Biblia, mientras que de
Pablo…
Quinto aspecto: La Iglesia será una lámpara que siempre alumbrará hacia delante. Hay
congregaciones locales o incluso denominaciones, que se han enamorado tanto de su historia interna, de
aquellos románticos misioneros extranjeros, de aquellos primeros hombres y mujeres, que intentan crecer y
prosperar, (Cosa que no han conseguido durante setenta u ochenta años), alumbrando hacia atrás, hacia un
pasado que, según sus expresiones, “sí que era bueno”, aunque no puedan mostrar un solo fruto concreto que
lo confirme. Alguien escribió alguna vez con muy buen tino que: “El pasado es un buen lugar para ir de visita,
pero de ninguna manera para quedarse a vivir allí”.
Eran muy pocos, siempre los mismos y disfrutando de reuniones, almuerzos y fiestas, pero jamás
añadiendo una sola persona al grupo. Bueno como club social y selectivo, pero jamás como iglesia del Señor.
La iglesia fue puesta para ir al mundo a llevar el mensaje, no para regocijarse entre su gente. Además, hasta
los más elementales saben que no se puede vivir en el pasado ni en el futuro. ¿Vives mirando el pasado? Te
deprimes a corto o mediano plazo. ¿Vives pensando en el futuro? Te enfermas de ansiedad en el corto o
mediano plazo. ¿Y entonces? Baste a cada día su propio afán. O sea: vive el hoy.
(Verso 40)= Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte. El Monte,
en la Biblia, siempre es el lugar del encuentro, el lugar en donde se cumplimenta la comunicación fluida entre
el Dios y el hombre. El Monte es, en suma, el lugar de la revelación y la manifestación divina, dos palabras que
en muchas – demasiadas – congregaciones, prácticamente resultan desconocidas. Palabras estas que son
confirmadas por la siguiente escritura.
(Éxodo 31: 8)= La mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todo sus utensilios, el altar del
incienso. El sexto punto parece una verdad de Perogrullo, ya que salta a la vista que jamás podría llegar a ser
de otro modo. Sin embargo habrá que recordarlo una vez más, como para que a nadie le pase
desapercibido: Dios quiere una Iglesia limpia. Claro; yo te digo esto y, de inmediato, va a surgir seguramente
la pregunta que, de alguna manera, está implícita: ¿Esto significa que podría llegar a existir una iglesia que no
esté limpia? Sí; podría llegar a existir. Oremos para que no esté existiendo ya.
(Éxodo 39: 37)= El candelero puro, sus lamparillas que debían mantenerse en orden, y todos
sus utensilios, el aceite para el alumbrado;
Este texto nos lleva inexorablemente al séptimo proceso, a la séptima estación: Una Iglesia pura,
que tenga orden y que opere a través de la unción. La pureza de la Iglesia deberá ser el testimonio vivo y
visible que ella le brindará a un mundo atribulado por los engaños, las falsedades y las hipocresías. El orden
del cual se habla no es de ninguna manera uno de rutinas solemnizadas ni tampoco de acartonamientos
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religiosos; el orden tiene que ver con el respeto y el seguimiento a ultranza de la voluntad de Dios al respecto,
una cuestión que habrá de manifestarse, precisamente, a través de la unción de su Santo Espíritu.
Y al Espíritu Santo jamás se le podrá pedir – y mucho menos exigir – que haga todas las cosas como
les gusta a los hombres de las diferentes posiciones doctrinales denominacionales, sino con la Soberanía propia
del Rey de Reyes y Señor de Señores. Alguien dijo alguna vez, y con mucho tino, que si hay algo que llena de
tristeza profunda al pueblo de Dios, ese algo es comprobar cómo se habla y hasta se predica sobre el Espíritu
Santo, sin contar con la unción del Espíritu Santo. Verdaderamente muy triste. Y no ocurre solamente con las
predicaciones.
(1 Reyes 7: 49)= cinco candeleros de oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la
izquierda, frente al lugar santísimo; con las flores, las lámparas y tenazas de oro.
Dice que tendrá que estar frente al Lugar Santísimo, (Esto es: la Presencia de Dios) y en estricta y
compacta formación, sin que nada ni nadie sobresalga. Este es el octavo punto que es, quizás, el que más se
descompagina con lo que actualmente se ve en casi todas las latitudes. Es casi habitual observar que cada
congregación, cada ministerio, se solventa, se basa y fundamenta en una o más figuras de “prestigio” que
parecerían ser los “iluminados” tras los cuales deberíamos encolumnarnos todos los que vamos simplemente a
sentarnos en un banco autorizados para decir “amén” de vez en cuando. Una Iglesia sin figuras ni fisuras,
operando siempre en la presencia de Dios.
Por eso me resisto con todas mis fuerzas a ser estimado como figura de este ministerio. Yo,
íntimamente, sé muy bien que no soy ninguna figura, y que ni siquiera ha sido mi mérito resultar obediente de
manera mayoritaria a las directivas de Dios. Sólo he sido un hombre más, de tantos que han aceptado a Cristo
y decidido servirle con todo su ser, que pudo hallar la forma, el modo, la rutina y el enfoque para que ese Dios
que sí fue capaz de cambiar mi vida, manifieste su poder y pueda también cambiar la tuya. Eso es todo. No hay
absolutamente nada más. Cualquier otra cosa que alguien desee buscar, no la hallará. Si me excedo de eso,
peco. Y no me da la gana de pecar, ¿Estamos? ¡Pero hermano! ¡Es que yo he visto…! Basta. Yo también lo he
visto. Oremos y olvidemos. Dios sabrá qué hacer con ellos. O no hará nada y los dejará extinguirse…
(1 Crónicas 28: 15)= Oro en peso para los candeleros de oro, y para sus lámparas; en peso el
oro para el candelero y sus lámparas; y para los candeleros de plata, plata en peso para cada candelero
y sus lámparas, conforme al servicio de cada candelero.
Presta debida atención porque aquí aparecen candeleros de plata. Quiero recordarte que la plata se
utilizaba, - entre otros usos menores -, esencialmente como dinero. Y el dinero, era el máximo símbolo de la
prosperidad de un reino, de una familia, de una casa, de un hombre. Pero atención y cuidado: eso estaba
condicionado siempre al servicio que el candelero brindara. Esto nos lleva directamente al punto noveno: Dios
quiere una iglesia próspera, siempre y cuando haga lo que Dios quiere que haga. Aquí, precisamente,
quizás pueda encontrarse la razón por la cual muchas congregaciones locales no logran despegar
económicamente y enfrentan, día tras día, enormes dificultades materiales que parecerían contradecir todas
estas promesas de Dios. Porque la experiencia nos dice a todos los que en algún momento hemos encarado
algo en nombre del Reino que, si lo que haces representa a los intereses de Dios, él corre con los gastos sin
ninguna duda. La pregunta, entonces, es: ¿Estarán estos ministerios cumpliendo con el propósito y la voluntad
de Dios?
(2 Crónicas 13: 11)= Los cuales queman para Jehová los holocaustos cada mañana y cada
tarde, y el incienso aromático; y ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus
lámparas para que ardan cada tarde; porque nosotros guardamos la ordenanza de Jehová nuestro Dios,
más vosotros le habéis dejado.
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Dice que las lámparas del candelero tienen que arder cada tarde. La tarde es el lugar neutro entre el
día y la noche. Es la zona de transición entre la historia y el futuro. Entre Egipto y Canaán; es el Jordán. Toda
la Iglesia hoy está pasando junta, por un sitio espiritual en el que jamás había caminado antes. Nadie podrá
arrogarse experiencia suficiente como para que nadie le retire la conducción, si es que no ha sido levantado
expresamente por el Señor para ello, ya que lo que hoy se vive en el ámbito espiritual, se vive por primera vez
y todos en conjunto. Décimo factor: Una Iglesia capaz de ser luz durante la transición.
Cuestiones de un Remanente
(Jeremías 52: 12)= Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del
reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, que
solía estar delante del rey de Babilonia.
(13) Y quemó la casa de Jehová, (Le recuerdo que “casa”, bíblicamente, siempre es Iglesia), y la
casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande.
Después, desde el verso 14 en adelante, da un detalle de todas las cosas que ese capitán, por orden
de Nabucodonosor, rey de Babilonia, se llevó como botín de guerra y en cautividad a Babilonia, incluyendo, - lo
vemos en el verso 19 -, al candelero. Es el momento donde la Iglesia es cautiva de Babilonia, que representa
la iglesia falsa, la iglesia paralela, la que pareciendo extremadamente ser iglesia, no lo es. Y es lo que nos lleva
al undécimo punto de este examen: Una Iglesia que sobreviva durante la cautividad de la iglesia paralela
sin contaminarse. Un remanente.
(Zacarías 4: 2)= Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: he mirado, y he aquí un candelabro todo de
oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las
lámparas que están encima de él.
Observa un detalle: dice que hay un depósito encima del candelabro. ¿Qué es ese depósito? Es el
lugar en el Espíritu donde Dios guarda toda su revelación para que, progresivamente, la Iglesia, el candelabro,
vaya alimentándose de él. Y aquí voy a decirte algo más contundente, aún. La Biblia misma es un compendio
literario de relatos e historias antiguas que encierran depósitos de principios espirituales escondidos que sólo
podrán ser develados por la guía y la unción del Espíritu Santo. ¿Ya me lo has leído y oído, verdad? Bien; ¿Y
lo has creído? Y una más, todavía: ¿Lo has puesto por obra? Porque lamento decirte que, si no recibes
revelación, tu cristianismo es sólo nominal. Formas parte de algo que no eres ni entiendes.
(Versos 11 y 14)= Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del
candelabro y a su izquierda?
Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.
Los dos ungidos están delante del Señor, no primeros que EL. Delante, no adelante. Son aquellos a
los que Cristo se refiere cuando dice: Donde hay dos o más de dos reunidos en mi nombre, allí estoy
yo. Esta promesa no es, - como muchas veces se nos ha dicho -, para cualquier cosa que decida llamarse
iglesia. Hay autodenominadas iglesias que aseguran públicamente reunirse en el nombre de Jesucristo, pero
que su corazón no se alinea con lo que dicen. Es obvio que Dios no se encuentra allí por más que haya dos,
tres, veinte o diez mil y tengan títulos, honores, doctorados o prestigios variados. Ese es código humano. Los
códigos de Dios caminan por otros andariveles. Esta, precisamente, es la duodécima condición: La Iglesia
tendrá revelación divina a través de ungidos. ¿Y qué significa ungidos? Más adelante, si tienes paciencia,
la misma palabra te lo va a revelar.
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(Daniel 5: 5)= En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que
escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que
escribía.
(Mateo 5: 14)= Vosotros, (Iglesia, hermanos, creyentes) sois la luz (Esto es: la Lámpara) del
mundo; una ciudad (Habla de la Jerusalén celestial) asentada sobre un monte (Sion) no se puede
esconder. (Esto significa que, quien tiene revelación, no la puede guardar para sí mismo. Recuerda a Adán.
¿Cuál fue la actitud que él tuvo ante la desobediencia? Esconderse. Y esconderse, siempre es sinónimo de
desobediencia). (15) Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, (Esto va por tantas
congregaciones que se regocijan con lo que ocurre dentro de sus templos con puertas a la calle herméticamente
cerradas) sino sobre el candelero (La luz es para la Iglesia, no para su fama, para su prestigio personal o para
la honra de su ministerio) y alumbra a todos los que están en casa. (Dice que a todos los que son casa,
Iglesia, candelero.
Esto, como podrás imaginarte sobradamente, de ninguna manera incluye a la cizaña, desde ya.
(Porque de manera inevitable por el momento, ellos siguen a oscuras.) Y esto nos lleva de pleno al decimocuarto
punto: Una Iglesia capaz de darle luz a un mundo en tinieblas. A propósito de esto, Lucas 8:16 agrega que
esa luz, es no sólo para los que viven en la casa, esto es: La Membresía, que es el rótulo que se le da a la gente
que asiste a una determinada congregación en muchos lugares, sino para que pueda ser vista sin dudas por
los que entran a esa casa.
Pregúntate hermano: ¿Qué es lo que ven, hoy, aquellos que venciendo sus prejuicios, sus temores,
sus desconfianzas y sus propios dogmas religiosos oficiales y tradicionales, se atreven a entrar un día en
nuestras casas? Y cuidado, eh? No te estoy hablando de bella música, de algarabía festivalera, de orden
respetuoso ni de mensaje excelente. Te estoy hablando de manifestación espiritual exenta de lo estético o
expresivo, aunque de pronto si es voluntad de Dios, pueda incluirlo. ¿Verán esa luz que andan buscando o
verán más de lo mismo que ya vieron afuera aunque con tinte y barniz religioso? La Iglesia es Cristo, y Cristo
dijo: Yo Soy la Luz. Nos queda simplemente una muy nítida: Reflejar a Cristo.
Ahora, presta mucha atención: Porque hasta aquí, lo que hemos visto, es lo que Dios pretende de su
Iglesia, pero nos está faltando algo que, en estos tiempos, es indispensable: ¿Qué dice Dios que hará si su
Iglesia no obedece? La palabra la encontramos en una de las cartas a las siete iglesias de Asia, la de Éfeso,
pero es válida para la iglesia corporal, única y global.
(Apocalipsis 2: 5)= Recuerda, por tanto, de dónde has caído, (Te está recordando a ti de qué
Gracia te has venido abajo) y arrepiéntete, (Esta es la exhortación universal del evangelio. Para el mundo y
para la Iglesia. Mensaje de Juan el Bautista y del propio Jesús) Y haz las primeras obras, (No obras de caridad
o de beneficencia; obras de justicia y obediencia) pues si no, (Esto es: si no cumples, si no obedeces, si no lo
haces) vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieses arrepentido.
Decimoquinto concepto: Iglesia que no ejecuta el propósito de Dios tal como ÉL lo diseñó, es
quitada. Ahora sí, puedes llevar este concepto a tiempos presentes y lugares puntuales. ¿Cuántas iglesias
conformadas casi de la nada han nacido y desaparecido en cuestión de meses? Quitada. Sin embargo, ahora
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tú estás pensando en algunas locales que, pese a ser más que evidente que no están ejecutando el propósito
de Dios tal como Él lo diseñó, permanecen en pie gozando de buena salud. Ten paciencia, la justicia de Dios
tarda, pero llega. Siempre.
Porque aquí deberás sacar tus ojos de lo natural y paralelo al llano donde habitas, y elevarlos a lo
espiritual y en un concierto más amplio. ¿Es hoy el catolicismo romano la misma fuerza eclesiástica que era
cincuenta años atrás? No sé cómo será en tu país, pero en el mío absolutamente no. Fue quitada. Y ahora lo
más contundente: ¿Qué te hace pensar que la iglesia evangélica no será quitada, como en su momento lo fue
la romana, si se empeña en hacer lo que le conviene a ella como grupo institucional humano, y no lo que Dios
le ha ordenado?
¿O acaso eres de los que sigue pensando tozudamente que Dios a estos hombres va a perdonarle
lo que no les ha perdonado a otros anteriores? La última: ¿Dónde estás parado tú con relación a esa iglesia
que Dios quiere levantar? Tú que eres simple ujier, o tú que eres evangelista, o tú que oficias de intercesor, de
músico, de diácono o de pastor o sencillamente de nada. ¿Dónde estás? ¿Estás orando, luchando en el espíritu
y anhelando manifestar el Reino, o estás oponiéndote porque lo nuevo deja de lado aquellas cosas viejas que
tanto bien le hacían a tu alma cuando tenías quince años?
Credenciales Inalterables
(Apocalipsis 11: 1)= Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me
dijo: levántate y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.
(2) Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido
entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.
(3) Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.
(4) Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios
de la tierra.
(5) Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si
alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.
Primero te dice que la vara de Dios va a medir todo: templo, gente, líderes, etc. Y segundo, acá tienes
los ungidos que no encontrábamos hoy. Son los profetas. Pero no los que pueden aparecer con predicciones
futuras, sino los que traen palabra profética, palabra revelada, visión concreta y apoyada en las escrituras de lo
que Dios le está pidiendo a su iglesia hoy y ahora y que no admite demoras, entretenimientos ni distracciones.
Sin embargo, lo más valioso y claro que se especifica, es que pobres de aquellos que intenten encararse con
estos hombres o mujeres levantados por el Señor. Sencillamente, dice que morirán en el intento. Queda una
sola pregunta que es la que vengo haciéndole desde el principio. ¿Tú qué?
(Romanos 11: 17)= Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olvido
silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia
del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
(19)Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.
(20) Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te
ensoberbezcas, sino teme.
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(22) Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que
cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también
serás cortado.
(23) Y aún ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios
para volverlos a injertar.
(24) Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza
fuiste injertado en el buen olivo. ¿Cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en
su propio olivo?
Aquí llegamos, entonces, al decimosexto y último punto que se nos muestra con relación a la iglesia
que Dios quiere: La Iglesia genuina va a estar integrada solamente por los que creen. ¡Hermano! ¿No le
parece que esto es demasiado fuerte y casi hasta ofensivo para con ciertos hermanos más tranquilos? No, no
me parece eso; y ya mismo te digo por qué. Porque esos hermanos a los que tú estás llamando “tranquilos”, en
realidad son parte de lo que Jesús desde siempre ha llamado tibios. Y creo que ya conoces el versículo que
habla de lo que Él hará con los tibios, ¿No es así?
4)= Será compacta, sin fisuras ni costuras; será uniforme, de un solo bloque.
¿Vislumbras una iglesia así? No mires, por favor, lo que ahora subsiste y se mueve a tu alrededor, tú
ya sabes que eso no es la iglesia. Ya sabes que eso es, apenas, una babilonia que imita y pretende trazar
paralelos entre la verdadera iglesia y una imitación de baja calidad. Lo que sigue, te dará otra óptica.
Uno de esos casos, es el que tiene que ver con el Proverbio 31, a partir del cual, tanto cristianos como
no cristianos que gustan de repasar los textos bíblicos, han tomado por senderos muy espinosos sólo por no
terminar de creer que el Espíritu Santo tiene otros intereses más altos que modificar cuestiones domésticas en
ciertos domicilios.
(Proverbios 31: 10)= Mujer virtuosa; ¿Quién la hallará? Porque su estima sobrepasa
largamente a la de las piedras preciosas.
(13) Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos.
(16) Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos.
(21) No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas
dobles.
(23) Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
(28) Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: muchas
mujeres hicieron el bien; más tú sobrepasas a todas.
(30) Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada.
(31) Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
La lectura literal de esta porción del proverbio 31, que tiene mayoritariamente en todos los ejemplares
de la Biblia el subtítulo de “La Mujer Virtuosa”, deja la sensación (Y en este tenor se comenta en una gran
cantidad de trabajos realizados por reconocidos comentaristas), que sólo se trata de un desglose salomónico
relacionado con el ideal de la mujer en su entorno íntimo, familiar y social. Puede ser, no lo discuto. Nunca
discuto lo que la Biblia trae en sus textos como relatos literales. Principalmente porque a Salomón les podremos
endilgar, censurar y negar muchas cosas, pero en lo que se refiere a su experiencia con la mujer, parecería
poco probable.
Según aseguran los que más saben respecto a lenguas o gramática, es un término que denota un
conjunto de cualidades entre las cuales podemos citar a: Moralidad, bondad, valor, renombre, excelencia y
alabanza entre otras, nada menos. Aquí tú ya puedes ver que, si bien algunas de estas cualidades son factibles
en seres humanos, hay otras que tienen más relación con la Gran Esposa que con la tuya personal, esa con
la que un día de hace muchos años te casaste, profundamente enamorado.
Esa misma con la que hoy a veces discutes porque no alcanzas a ver en ella las condiciones que se
mencionan en este proverbio. Calma; tú no tienes que pensar en una carta de repudio; tú tienes que pedir ayuda
al Espíritu Santo y entender lo que Él quiere revelar en este tiempo. Ahora bien; si la mujer es la iglesia, el
esposo es Cristo. Entonces vemos que una iglesia virtuosa es corona para Cristo, la cabeza; pero si no lo
fuera, es como carcoma a sus huesos. Resulta incomprensible suponer literalmente un marido enfermo de los
huesos o el propio Señor experimentando esta dolencia.
Allí tendremos que indagar qué es la Carcoma. La carcoma es un debilitamiento de los huesos; una
pérdida de consistencia y vigor que puede llevar, incluso, a su fractura. ¿Quieres completar el cuadro? Recuerda
entonces que toda la estructura ósea es la base, el hierro de construcción donde se asienta la potencia o la
impotencia, la fuerza o la debilidad del cuerpo. ¿Vas entendiendo? Según Filipenses 4:8, una iglesia debe
pensar en incursionar en todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, con buen nombre y digno
de alabanza. Según 1 Pedro 2:9: Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por
Dios para anunciar, precisamente, las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable,
y según 2 Pedro 1:5, deberá poner diligencia, fe para añadirla a esa virtud y conocimiento para anexarlo
a esa virtud.
El resto del texto señala que cuando la iglesia es así, está por encima de todas aquellas cosas a las
que los hombres le otorgan valor. Y da como ejemplo muy válido a las piedras preciosas, elementos por los
cuales la raza humana se arremete, se roba, se defrauda, se engaña y hasta se mata. El verso 11 comienza
puntualizando que, en ese caso, el corazón de Cristo está totalmente confiado en ella y que por esto, no le
faltará ganancia. Está bien, pero: ¿Qué es la ganancia? Acción y efecto de ganar. Entre otras acepciones
populares, hay dos que sintetizan la labor de la iglesia, conforme al propósito de Dios.
Nº 1: Conquistar una plaza, una posición, esto dicho en términos bélicos, que no es hacerse
simpática para el medio dentro del cual actúa, negociando por allí valores que no son negociables, sino tomar
terreno que le pertenece al Reino de Dios, desalojando de allí al usurpador que supone tener derechos a
mantenerlos como propios, cuando Jesús desde la cruz, declaró precisamente la anulación de todo decreto que
pudiera otorgarle esos derechos.
(Isaías 1: 18)= Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta; si vuestros pecados fueren como
la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fuesen rojos como el carmesí, vendrán a ser como
blanca lana.
De lo que se desprende, claramente, que la lana simboliza el cambio que Dios opera en los
pecadores. La iglesia del Señor buscará que todos los pecadores tengan su oportunidad y su posibilidad de
experimentar ese cambio. Y mucha atención con esto: Eso será, incluidos aquellos a los que tú no prestas más
atención porque, a tu juicio, “ya no tienen manera de cambiar”. ¿Nunca te pasó por tu cabeza una idea así? A
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mí sí que me pasó. ¿Y sabes qué? Con alguien que luego, -y vaya uno a imaginarse cómo- conoció al Señor,
se entregó por entero a Él y hoy es ministro de alto vuelo y no de babilonias. Se aprende, ¿Verdad? Fastidia
bastante a nuestro Ego, pero se aprende.
El Lino, mientras tanto, era un material textil que se extraía del tallo de la planta del mismo nombre y
que se utilizaba, fundamentalmente, para fabricar el efod, túnica sacerdotal por excelencia. Sin embargo,
hallamos dos escrituras que le otorgan al lino un símbolo tan marcado, tan visible, que se va más allá de la
calidad o el valor de la tela misma.
Esta parábola del rico y el mendigo nos muestra que vestirse de lino fino, es símbolo de riqueza y
esplendor. Ese, y no otro, es el destino de la Iglesia del Señor. La miseria no figura en el plan de Dios para
sus hijos. Esto no implica por contrapartida la opulencia, entiende. Sólo estamos hablando definitivamente de
que tanto humildad de vida y cierta pobreza de dinero, tal vez puede ser posible; no te olvides que el grupo
apostólico era muy heterogéneo en ese sentido, ya que se mezclaban muy pobres y muy ricos. Pero miseria,
no; jamás. Porque la miseria incluye, necesariamente, algunos elementos de neta procedencia satánica. ¿Dos?
Promiscuidad sexual y mugre. Puedes ser pobre, pero no tienes por qué ser promiscuo. Puedes ser pobre, pero
no tienes por qué ser sucio.
La miseria es una patraña del diablo, urdida para ridiculizar – en la persona de sus hijos -, al pueblo
de Dios y para fabricarle, ante el mundo, un aura de grupo de menesterosos clamando por ayuda, subsidios o
complacencias gubernamentales, mientras se dedican a la religión porque en la sociedad no tienen espacio
porque están idos, dementes, alienados, locos. Más o menos así es la lectura. A todo eso le debemos, todavía,
y por influencia cultural muy fuerte, la proliferante teología de la miseria, en la que muchos sobreviven
alegremente, no sólo no batallándola, sino incluso acariciándola, cuidándola, mimándola, porque están fiel y
sinceramente convencidos que, mientras más miserable sea su pobreza, más cerca estarán de Dios. Y más te
vale que me creas, porque no soy uno de esos que, ni bien finalizado de leer esto, te va a pedir que corras
hasta donde estoy a dejar a mis pies un billete de cien dólares. A esto también lo vi.
Es de otra clase de prosperidad y miseria de la que te estoy hablando. De algo que ellos, los
defensores de esa teología de la pobreza, no conocen del todo bien. No saben que en la realidad, es en esa
situación y por una serie de importantes y válidas razones que no hacen a este tema, cuando más lejos se
encuentran. Lo mismo, exactamente lo mismo, va a suceder con la antípoda de esta doctrina, que es la de la
Prosperidad. Porque esa doctrina se está vistiendo elegantemente con un mensaje que te dice que, si no eres
rico, alto, rubio y poderoso, algo anda mal en tu relación con el Señor, porque los cristianos están destinados a
ser todos multimillonarios y de figura impecable. Yo sé que la Biblia no trae ninguna descripción física de Jesús.
Sé también que a Dios jamás le interesó que tú y yo supiéramos eso.
Pero conforme a tus conocimientos geográficos y regionales, te pregunto: ¿Cómo supones que era
Jesús, teniendo en cuenta su nacionalidad terrestre, el lugar geográfico donde había nacido y la genética de su
raza y familia? No me respondas, sólo piensa y luego compara con los modelos. Esa de la prosperidad,
entonces, en formato de doctrina, también es una vil mentira que Pablo mismo, en varias de sus cartas, se
encarga de desactivar. Sólo resta que tú las leas y sepas a qué atenerte, para no seguir creyendo engaños. La
falta de conocimiento del pueblo lo ha llevado a militar en estos terrenos perdiendo tiempo, años y hasta cosas
más esenciales por esa causa. La falta de conocimiento que es intimidad ha determinado, incluso, que se adore
a un Dios distinto en lugares supuestamente similares. ¿Y el Espíritu Santo? Bien, gracias; esperando que
alguien lo convoque e invoque.
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(8) Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino
fino es las acciones justas de los santos.
Supongo que está lo suficientemente claro como para no necesitar explicaciones. El lino es la
vestimenta de la iglesia, los santos, porque simboliza sus acciones justas. Ya no me parece, ahora directamente
estoy cada vez más convencido que esto no tiene absolutamente nada que ver con tu esposa, hermano…
(Verso 13)= Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; (¿Quién estaba vestido así?) y su
nombre es EL VERBO DE DIOS. (Punto aclarado: es Cristo.)
Y los ejércitos celestiales, (Que es la iglesia en gloria) vestidos de lino finísimo, blanco y limpio,
le seguían en caballos blancos.
¿Tú tienes interés en formar parte de esta Iglesia victoriosa y gloriosa? Olvídate de tu esposa,
entonces, de aquí en más y cada vez que leas el Proverbio 31. El lino no es un sueño salomónico, el lino es su
ropa por excelencia de acuerdo con el propósito de Dios. ¿Estás en condiciones de vestirte de esa ropa de
privilegio? Si no lo estás, acomoda todas tus cosas visibles y ocultas ante la presencia de Dios. Hay tiempo;
hay perdón, hay redención, hay restauración. Nunca creas que ya no hay nada que hacer, en Cristo siempre lo
hay. Enséñalo.
El verso 14 habla de que la esposa es como nave de mercader que trae su pan de lejos. ¿Qué es
una nave sino un elemento utilizado para recorrer distancias sobre el agua de la bendición arrastrada por los
vientos del Espíritu Santo y con destino a objetivos precisos? Muy bien, pero si eso es así, la figura de un
mercader, hombre no demasiado simpático en el marco histórico, debe tener un símbolo muy concreto para que
haya sido añadido, ¿Verdad? No me gusta especular en estas cuestiones, prefiero dejar hablar a la Biblia. Pero
hay un motivo, mira:
(Mateo 13: 45)= También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas
perlas.
Listo. Cerrado el círculo. La esposa virtuosa, la Iglesia, navega sobre aguas de bendición en el Reino
de Dios, no arriesgando zozobrar y hundirse ante las antojadas tormentas que fabrican los demonios. Y si
navega, no va a la deriva. Y todo buque que no va a la deriva, es porque tiene fuerza impulsora propia. Y que
trae su pan, (Es decir: su alimento), de lejos. No de la sabiduría humana; no de la cocina centralizada del
intelecto, la fraseología o la terminología teológica y religiosa, sino de lejos, del origen y principio de todos los
principios: Cristo Jesús.
El verso 15 dice que se levanta aún de noche, en la mayor oscuridad, en la máxima crisis, donde
es imposible ver algo, y alimenta igual a su familia y a todo el que se acerca a su casa, donde también están
sus hijos y sus criados, los siervos, los recién llegados. El versículo 16 agrega que considera la heredad, que
es un derecho sólo reservado para los hijos. Porque los siervos son salvos, pero no heredan. Los que heredan
son los hijos, no los siervos. Y que además planta una VIÑA.
¿Qué es una viña? ¿De qué elementos se compone? Veamos: tiene cereal, (Alimento), tiene mosto
(Avivamiento), tiene obviamente vino, (Revelación) y posee también una higuera. ¿Una higuera? Y sí; una
higuera; la Biblia siempre lo menciona. ¿Y qué puede estar haciendo una higuera en una viña? Literalmente,
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esto no tiene ningún sentido. Eso para los que les gusta interpretarlo todo literalmente, intelectualmente. Esto
es espiritual, decididamente. La viña es el pueblo, conjunto, bloque, montón, pero la higuera, según Jeremías
24 entre otros, es el Remanente.
Trabajar en una viña, además, necesita de cierta pericia. No lo va a hacer cualquiera por mejor buena
voluntad que tenga. Necesita poseer las condiciones, el conocimiento y la sabiduría precisa. Además de ello,
hace falta mucha mano de obra, ya que se debe sembrar, cercar, labrar y, finalmente, cosechar. Cristo es la
vid, nosotros los pámpanos. ¿Tú quieres ser un pámpano de esta viña? Trabaja duro, entonces. El verso 17
nos dice que ciñe de fuerza sus lomos. Pregunto: ¿Cuántas veces leíste en la Biblia esta expresión, “los
lomos”? ¿Y cuántas veces trataste de saber qué significaba? Por las dudas, aquí va: Los lomos, en toda la
escritura, son el auténtico símbolo de la capacidad de reproducción.
El verso 18 vuelve a recordar la noche, la oscuridad, la crisis, para acotar que allí tampoco se apaga
su lámpara. ¿Qué es una lámpara? Literalmente, una vasija de barro cocido o metal con una mecha empapada
en aceite. ¿Y qué es lo que la mantiene encendida? El aceite, la unción. Una Iglesia plena y rebosante de la
unción del santo puede alimentar a sus ovejas aún en el medio de la noche más oscura y cargada de feos
presagios y augurios.
El verso 20 dice que alarga su mano al pobre y también al menesteroso. Le está diciendo que
tiene capacidad para sacar de donde está al que espiritualmente está en ruinas y también ayudar al carenciado
que simplemente tiene hambre. Pero cuidado: la acción social de la Iglesia es un efecto, no la gran causa
prioritaria. Es un ingrediente más de la personalidad de Cristo representada allí, no su razón de ser. Hay dos
textos que resumen esto con la clásica sabiduría divina que está en tu Biblia.
A mi juicio, lo cual lo convierte en una expresión más, y nunca en una absoluta o indiscutible, esto
desagravia notablemente el que en muchos casos ha sido despreciado trabajo del artesano. Yo no sé cómo
será en tu patria, pero en la mía, lamentablemente, hay una tendencia muy clasista a emparentar las artesanías
con prácticas nocivas de adicciones diversas. No se ha podido lograr que la sociedad rancia de mi país mire a
los artesanos como lo que son, personas que han hecho de sus manos una forma de expresión y, obviamente,
también de vida, de sustento. Se los mira como drogodependientes o militantes de izquierda ocupados en
fabricar tonterías que nadie compra, cuando la realidad nos muestra que no es así. Y mucho menos los
cristianos, que ven en toda la Biblia un alto respeto por el trabajo realizado con nuestras manos por encima de
todo el avance tecnológico que, pese a ser bienvenido, no goza del mismo prestigio divino.
(Hebreos 13: 16) = Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales
sacrificios se agrada Dios.
¿Esto estaría justificando aquellas iglesias que le otorgan a la obra social una importancia superior a
todo lo demás que se efectúa dentro de ellas? No, porque aquí dice que Dios se agrada de esta clase de
sacrificios. Y un sacrificio se realiza cuando a lo que estamos enviados a realizar, le sumas algo más que te
quita horas de descanso y te produce esfuerzo extra. Y la iglesia ha sido enviada a proclamar el evangelio. Ese
es el destino al cual viaja este simbólico avión. Un avión que, durante el vuelo, tendrá cine, comida, música,
entretenimientos y otras cosas si es un viaje largo, pero eso no es lo prioritario. Nadie va a un avión a ver cine,
ni invita a cenar a su novia a un avión; va a un destino. La iglesia es ese avión. La obra social es uno de sus
accesorios, la acompaña, pero no es el objetivo principal.
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Dice luego, en el verso 21, que no teme a ninguna de las inclemencias naturales porque está vestida
(Recuerda, de lino fino), con ropa doble. ¿Cómo se entiende esto? No le busques demasiadas vueltas ni
traigas nada de los cabellos. Sencillamente, tiene inmunidad espiritual. Si Dios con ella, ¿Quién contra ella?
Porque todo lo puede en Cristo que la fortalece. Esto debería estar inscripto en lugares bien visibles de todas
esas congregaciones que realizan pactos con políticos locales de dudosa catadura moral con la simple finalidad
de poder sobrevivir y auto sustentarse. A la iglesia la sustenta Dios, o no es iglesia; es club religioso.
Vuelve a señalarnos en el verso 22 que se viste de lino fino y también de púrpura. Quiero recordarte
que la púrpura, era la vestimenta que caracterizaba a los reyes, a los magnates y a los ricos. ¡No es símbolo,
es promesa! Somos miembros de un Reino de reyes y sacerdotes. El verso 23 dice que el marido, a causa de
ella, es conocido en las puertas. ¿Sabes qué es una puerta, en definitiva? Es el carácter de una ciudad. ¿Es
Cristo conocido en toda tu ciudad, tu pueblo o tu aldea, por causa de su esposa, es decir, de la Iglesia de ese
lugar? ¿Lo es ya?
Mira lo que añade el verso 25. Su vestidura se caracteriza por fuerza y honor. Fuerza, Fortaleza,
es el símbolo del poder y la protección de Dios y Honor, calidad de honorable, nos enseña que es digna de ser
honrada, no basureada, minimizada, ridiculizada, oprimida, raquítica o dependiente de hombres y nombres
ilustres, tanto sean de adentro como de afuera. El verso 26 nos recuerda que cuando abre su boca, lo hace
con sabiduría, no con críticas al estilo de los noticieros de televisión, ni con concepciones humanísticas,
filosóficas o psicológicas. Porque su comportamiento global, - dice -, se enrola en la ley de la clemencia, es
decir, de la misericordia. Una iglesia legalista, sin compasión, sin misericordia por el pecador, (Aunque de hecho,
deteste el pecado), es tan carente de fertilidad como una iglesia apática, indiferente y encerrada en sus ritos,
organizaciones, celebraciones y disputas internas o reglamentos religiosos sin contenido.
Nos sigue diciendo, el Proverbio 31, en el verso 27, que la mujer virtuosa considera los caminos de
su casa. Y cuando dice Camino, no habla de sendas o senderos construidos o trazados, sino de una idea que
encierra un movimiento progresivo. Dijo un poeta secular que el hombre, hace camino al andar. Muy bien: la
Iglesia hace su camino, andando; pasando todos juntos por el mismo lugar y por primera vez. Al igual que Josué
en su ruta a Canaán, hoy la Iglesia viaja a ese Canaán espiritual como un cuerpo, donde nadie puede arrogarse
experiencia previa, sencillamente porque nadie pasó antes por este lugar donde estamos hoy. Sus hijos, dice
el verso 28, la llaman bienaventurada. Aquí la palabra utilizada, es la palabra ashar, y significa: feliz,
bendecida, próspera, exitosa, derecha y correcta. Ser correcta, ese es el significado preciso de ser
bienaventurada.
(Salmo 72: 17)= Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras dure el sol.
Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.
Si lo llaman bienaventurado a Cristo todas las naciones, eso nos cabe a nosotros como su cuerpo.
Ser correctos. Eso es exactamente lo que significa. Entonces pregunto: ¿Somos correctos? ¿De verdad lo
somos? Entonces somos bienaventurados. El mundo no sólo quiere verlo, necesita verlo.
(Malaquías 3: 10)= Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme
ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre
vosotros bendición hasta que sobreabunde.
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(12) Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable. (Esto es:
Ser Correctos. No en el templo, no en el culto, no en la reunión. No alcanza. En todas partes. Eso es Iglesia
según la óptica y los ojos de Dios) dice Jehová de los ejércitos.
Engañosa es la gracia y vana la hermosura, añade el verso 30. Es muy cierto. Hay cientos de
iglesias que contienen hermosura por donde tú las mires. Tienen gracia, tienen excelencia en la alabanza, en
la adoración, la música, la organización, el mensaje, la sobriedad; ¿Qué más se puede pedir? Simple. Sólo una
cosa más: ¡Que sea de Jesucristo! ¿Es que estoy tratando de decir que hay iglesias que operan fuera de
Jesucristo? No lo estoy tratando de decir; ¡Lo estoy diciendo! Hay iglesias tan bien organizadas que si un día
Dios se va de vacaciones, ni se enteran. Sin embargo, la duda siempre anda por allí.
¡Pero hermano! Si tiene todo eso que usted está diciendo, ¿Cómo vamos a pensar que no es de
Dios? Créeme que a mí no me importa demasiado lo que una congregación muestra, o lo que vemos con
nuestros ojos naturales en ella. La Iglesia de Dios no está puesta para ser observada, analizada, evaluada y
rotulada conforme a nuestros ojos naturales. La Iglesia de Dios se discierne espiritualmente. Tú entras a un
lugar donde la verdadera y genuina presencia de Dios se manifiesta y, créeme, no necesitas ni música ni luces;
tú lo sabes porque el Espíritu Santo que mora en ti, salta de gozo.
Si está entronizado Cristo como cabeza real y se mueve con libertad el poder del Espíritu Santo, es
de Dios. Si algo de eso está disminuido, atenuado, neutralizado, manipulado o directamente inexistente:
Babilonia; paralelo muy parecido a la iglesia, pero que no es la iglesia. La Iglesia que tiene sabiduría y victoria,
es la que teme a Dios. Y finalmente, el verso 31, concluye con esta expresión: Alábenla en las puertas de
sus hechos. Clarísimo es que esto no tiene nada que ver con tu esposa. ¿Acaso piensas seriamente que por
más que ella sea una mujer-diez, y tú estés sumamente contento con sus talentos, tu ciudad, tu pueblo, tu país
le va a fabricar canciones de elogio por eso?
Lo más probable es que alguna de esas señoras gordas (Cuidado: gordas, obesas de adentro, de
alma, de carnalidad, no de afuera; el exagerado amor a la estética, es libreto del espíritu de Grecia), medio
envidiosa, salga a decir que sí, que parece muy buena, pero que puede ser una “mosquita muerta” de esas
que...Sin embargo, y por lo que yo he visto hasta ahora, tanto a mi ciudad como a cualquiera de las que tienen
que ver con quien lea esto, los tiene sin cuidado la Iglesia del Señor. A excepción de la consideración pequeña,
tímida, para con alguna congregación determinada por alguna obra específica: un asilo, un geriátrico, un trabajo
con drogodependientes, un comedor comunitario, un hogar de tránsito, una escuela o una fundación, cosa que
nos llena de alegría y que están muy bien, en el resto nos ignora. Ah, y si puede, nos ridiculiza o nos da con un
palo crítico por la cabeza.
Pero la Palabra dice que será alabada por sus hechos. Ahora, veamos: esos que termino de
describir, ¿Son los hechos? No. Hechos, son sucesos de Dios. Obras, en tanto, son sucesos de hombres. ¡Pero
hermano! ¿Qué diferencia hay? Mucha. Las obras, sucesos de los hombres, son los que te acabo de mencionar.
Los hechos, los sucesos de Dios, son: Conversión, Redención, Perdón de Pecados, Salvación, Vida Eterna,
Sanidad Física, Sanidad del Alma, Liberación.
De eso, al menos que yo sepa, y fuera del que podemos denominar como “ambiente evangélico”,
nuestras ciudades están al margen. ¿Cuánto tiempo hace que no eres testigo de algún tipo de milagro en alguna
de las iglesias cristianas de tu ciudad, que haya sacudido y conmovido a la ciudad entera? En tu respuesta,
tienes tu respuesta. Recuerda esto: el mundo siempre estará dispuesto a aplaudir las buenas obras del
cristianismo; lo que el mundo todavía rechaza por una simple cuestión de guerra espiritual, es a Cristo. Predica
de buenas obras, predica de buena moral, predica de buena política social, y serás escuchado con atención,
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reconocido como buen orador y aplaudido. Predica de Cristo, y Cristo resucitado, y te aseguro que tu discurso
tendrá un debut y una despedida casi inmediata.
Pos-data: Esto es, en grandes rasgos y habiendo dejado en archivo una serie de razones y conceptos
más, lo que yo entiendo como iglesia. Que no es ninguna que haya erigido un templo, salón, garaje o centro de
convenciones de un lujoso hotel. Iglesia es esa asamblea humana que anda por la vida quizás sin reunirse
sistemáticamente en ningún lugar geográfico, pero dando y recibiendo unción de Dios traspasada a muchos
que no le conocen o, lo que es más grave, a muchos que sí dicen conocerlo, pero que todavía no tienen la
menor idea del propósito, la voluntad y el deseo profundo de Aquel quien aseguran conocer. Ese es el
conocimiento que, cuando falta, Oseas define que hace perecer al pueblo. Jamás habló de tu intelecto. De esa
iglesia jamás me retiré, porque es mi lugar en este mundo. De la que sí hui fue de la otra, de la imitación barata
y falsificada que, en definitiva, sólo te lleva a confusión y frustración, que indefectiblemente terminarán en
depresión y pecado.
Por eso, a la hora de referirme a mis hermanos en la fe, no puedo ni globalizar ni discriminar. Debo ser
selectivo incluyéndome yo mismo en esa selección, ya que nadie me puso de entrenador o “DT” del
seleccionado cristiano, y tocar este tema desde un ángulo estrictamente espiritual, esto es: como desea el
Señor que seamos sus hijos, partiendo de lo que en el mundo del espíritu, somos. Con una premisa que no
siempre se respeta o se cumple: es tu hermano aquel que es hijo el mismo Padre que eres tú. Si crees en otra
forma de padre, entonces es una buena persona con la que incluso puedes tener amistad o relaciones cercanas,
pero no es tu hermano.
Hagamos de cuenta que estudiamos un aspecto determinado que, si bien ya lo he enseñado en algunos
de mis trabajos, siempre es importante reiterarlo porque, créeme, se nos va de la óptica con tanta facilidad que
corremos serios riesgos de olvidarlo y perdernos la bendición que eso conlleva. Hay un texto en el evangelio de
Mateo que relata una anécdota en forma de parábola, que seguramente habremos leído y reflexionado en
muchas ocasiones, aunque es muy probable que no siempre hayamos recibido ese toque del Espíritu que nos
ayuda a ver cosas detrás de las cosas.
(Mateo 13: 3) = Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: he aquí, el sembrador salió
a sembrar.
(4) Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la
comieron.
(5) Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía
profundidad de tierra; (6) pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
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(8) Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta
por uno.
(10) Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas?
(11) Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de
los cielos; más a ellos no les es dado.
Se podría decir sin temor a equivocarnos, que esta es una de las parábolas más conocidas que
tenemos en la Biblia. Pero no sólo es la más conocida, sino que es la primera que Jesús utiliza para hablarnos
del Reino de Dios. Y eso no es algo menor. En esta parábola, si bien hay muchos principios muy interesantes,
Dios establece la razón por la cual Él vino. Y ese tampoco es un tema menor. Dice acá, al finalizar, a vosotros
os es dado. ¿A quiénes les estaba hablando Jesús? A sus discípulos. Ahora bien; tengo una pregunta: ¿Tú
crees que eres un discípulo? Pues entonces: a vosotros (Esto es a ti, mi hermano; a ti, mi hermana) se os ha
dado, se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos.
Y luego dice: Pero a ellos, es decir, la gente que estaba fuera del grupo de Jesús, no se les ha
concedido. La primera cosa que nos impresiona de esta parábola, es que marca una clara línea divisoria donde
estamos nosotros, y ellos. Claro, tú me puedes decir ya mismo que Dios no hace acepción de personas, pero
debo responderte que, en determinadas cuestiones y situaciones, podemos ver que sí debe hacerla. ¡Es que
Dios trata a todos por igual! No lo parece. Dios no trató igual a David que a Saúl. Y es apenas un solo ejemplo.
Hay varios más.
¡Hermano! ¿Me está usted diciendo que Dios tiene diferencias en su trato con la gente? Sí, eso es lo
que creo. No hablamos de amar más a unos que a otros, ya que el amor de Dios tiene un nivel y calibre
desconocido por nosotros, sólo hablamos de trato específico para asuntos muy puntuales. ¡Pero la Biblia dice
que no hace acepción de personas! Sí, ya sabemos que la Biblia dice eso, pero podemos ver muy claramente
a Dios haciendo algunas diferencias en el trato con sus hijos. Y este es un claro ejemplo de lo que estamos
hablando. Aquí estamos nosotros, y allá están ellos. De acuerdo, Dios no hace acepción de personas, pero si
esa persona quiere ir para allá, Dios le permite que lo haga, aunque Él luego venga para acá y no se encuentren
nunca más. Cuando dice “ellos”, ¿Se refiere al mundo incrédulo? No, se refiere a la iglesia religiosa. El mundo
ni sabe ni le importa una parábola más o menos.
Y dice que se nos ha concedido un privilegio. Esto significa que no es algo que nosotros hayamos
ganado con nuestro esfuerzo. Si pensamos que nos hemos ganado el derecho de conocer los misterios de Dios,
estamos equivocados. Nosotros no nos hemos ganado eso, es una concesión. En términos empresarios, una
empresa puede acceder a una concesión para explotar algo que no es de su propiedad. Un estado puede
otorgar una concesión para que una empresa privada explote y gane dinero haciéndolo, con algo que es
propiedad de la nación. Claro, para que eso ocurra, esa empresa debe hacer una oferta, debe licitar. ¿Sabes lo
que licitamos tú y yo, que nos hace pasibles a ese privilegio? Obediencia.
Claro está que, cuando ese Estado, ese Gobierno, de acuerdo con las cláusulas que se hayan firmado
en ese convenio de concesión, desee y decida recuperar lo que legítimamente le pertenece, podrá hacerlo.
Bastará que le digan a esa empresa que les devuelva el lugar porque eso era solamente una concesión. O sea
que a ustedes, se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios. Es una concesión. Y eso quiere
decir que es temporal, quiere decir que hay condiciones y significa que no es algo que nos hemos ganado por
nuestro propio esfuerzo. Un día no quieres obedecer, sea por la razón que sea, y ya está; te sales. Y algo que
sale de este pasaje y que es muy interesante, es que Dios no tiene interés de que sus misterios sean conocidos
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por todos, sino sólo por algunos. Génesis capítulo 1 y verso 3. En este histórico pasaje, Dios te explica cuál es
el proceso creativo que Él usa para todo.
El Epicentro de un Proceso
(Génesis 1: 3) = Y dijo Dios. Sea la luz; y fue la luz.
(4) Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
(5) Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
(6) Luego dijo dios: haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.
(7) e hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las
aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
(8) Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
(9) Dijo también dios: júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y
descúbrase lo seco. Y fue así.
(10) Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era
bueno.
(11) Después dijo Dios: produzca la tierra hierba verde, hierba que de semilla; árbol de fruto
que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.
(12) Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol
que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.
Es en el tercer día, (anótalo, por favor, dice: tercer día), en que aparece por primera vez, la vida. La
creación de Dios. En el tercer día aparecen las semillas. ¿Y adónde se encuentran normalmente las semillas,
en un árbol o en una planta? Dentro del fruto. Entonces, la pregunta es: ¿Cómo pudo Dios tener semillas si
todavía no había habido frutos? Porque esto es lógica pura: para que haya semillas, tendría que haber habido
frutos, anteriormente. Porque si yo me como una deliciosa manzana, en medio de ese fruto están las semillas.
O sea que en el fruto, está tanto el producto terminado, que es el fruto, como el inicio del producto,
es decir la semilla. Es interesante que Dios, en el tercer día, utiliza un producto terminado para empezar algo.
Lo que no es tan interesante, en cambio, es dejarse llevar por la lógica. ¿Por qué digo esto? Simple; porque la
lógica proviene de la cultura griega y la cultura griega le añadió un alto grado de intelectualismo al cristianismo
que, llegado el momento preciso, es mucho más un severo obstáculo lindante con el pecado, que un elemento
de ayuda. Porque todo lo que obstaculiza el evangelio, viene del infierno.
¿Sabes qué dice la Biblia, hablando de como Dios piensa? Dice que Él terminó todas sus obras.
Tenemos que entender que Dios piensa todo en proceso terminado, porque Él ya terminó. Aquí en Génesis 1 y
verso 3, Dios empieza un proceso muy interesante. Es sumamente complicado para nosotros, simples seres
humanos mortales, pensar en un sentido de permanente tiempo presente. Estamos preparados mentalmente
para analizar un pasado, examinar un presente y conjeturar un futuro. ¿Nunca pensaste por qué la palabra nos
demanda vivir el hoy y no habla de del ayer ni del mañana? Simple: porque Dios sabe que si vives en el ayer,
te vas a deprimir. Y si vives permanentemente en el mañana, te vas a estresar de ansiedad.
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Sin embargo, y por si todavía no lo habías descubierto, Dios no es eso, Él siempre está viviendo el
presente. Es eterno y, por consecuencia, no tiene ni pasado ni futuro. Dios no fue ni será, Él siempre ES. Por
eso se rotula a sí mismo como el Yo Soy. Para que haya vida, lo primero que tiene que hacer es lanzar la luz.
Y dijo Dios: sea la luz. La luz trae separación entre lo que es luz y lo que no es luz. Entre luz y tinieblas. El
primer paso para que haya vida, es que haya separación. Y presta atención, porque esta primaria luz no fue
creada, simplemente fue en obediencia a su voz. Sea la luz, dijo. Y esa expresión, sea, es parte de un verbo, -
ser- que, en primera persona, se conjuga como Soy. Yo Soy.
La segunda cosa es que se separan las aguas de las aguas. Segundo nivel de separación. Cuando
cada uno de ustedes vino a Cristo, Dios introdujo luz en sus vidas. Entonces comenzaste a ver cosas que
siempre habían estado alrededor tuyo, pero que jamás las habías visto. ¿A ti no te ocurrió que en otras épocas
leíste decenas de veces un versículo y nunca te dijo nada especial, y un día determinado, como si recién
hubieras abiertos tus ojos, ese mismo versículo es como que te salta de tu Biblia y se te revela en algo que
jamás antes habías podido ver? Y cuando eso sucede, tú ya no vuelves a ser el mismo. Y tampoco te satisfaces
con la hojarasca con la que hasta ayer parecías saciado.
Cuando tú vienes a Cristo, te das cuenta que no puedes mantener una buena relación con todas las
personas que quisieras. Hay gente de la que inexorablemente debes separarte. No es que sean malas personas.
Ni siquiera son peores que tú. Tampoco se trata de que seamos discriminadores, ni que no nos agrade el rostro
de cierta gente, o que simpaticemos mejor con rubios que con morenos. Esto último es directamente racial, y
aunque no lo creas, se ve muchísimo dentro de la iglesia que predica que para Dios no hay ni negro ni blanco,
ni judío ni griego. Hipocresía. En el caso que menciono, simplemente ocurre que hay algo que impide que
nosotros funcionemos bien con esas personas; y no es algo visible.
Esto les ha traído grandes dolores de cabeza y mucha sensación de culpa a no pocos hermanos en
Cristo. Se han encontrado reunidos con sus amigos de siempre y de pronto, sin absolutamente nada para
dialogar, como si estuvieran con perfectos extraños. A mí personalmente me ha sucedido; reunirme con un
amigo de toda la vida y, a los quince minutos de estar con él, darme cuenta que no puedo hallar un mísero tema
del cual hablar de manera comunitaria. ¡No se preocupen más! Es normal. Y te digo más: es casi esperable que
te suceda…
Las aguas de arriba con las aguas de abajo, se separan. El segundo nivel de separación, es a nivel
de las aguas. La tercera cosa, y estoy en el versículo 11, donde dice: Y dijo Dios, produzca la tierra
vegetación. No está hablando de vegetación en el mar que en su esencia también la hay; está diciendo
vegetación de tierra. La tercera separación, entonces, es entre lo seco y el agua. Sale a luz la superficie que
puede ser utilizada para sembrar. Tú no puedes agarrar semillas y tirarlas al mar. No va a dar nada, no va a
funcionar. Sale la superficie, sale la tierra seca, y sólo ahí se puede sembrar. En el mar nadie puede sembrar
nada. Lo que ves en las profundidades de los mares, nació allí y se reprodujo allí.
Y presta mucha atención porque no estoy inventando nada que la agricultura no lo haya enseñado
ya desde hace mucho tiempo. Nadie siembra en mares, lagunas, arroyos o ríos. Todos siembran en tierras.
Algunas más fértiles que otras, pero tierra. En el tercer día, y es interesante que Jesús resucitó en el tercer día,
recién Dios puede plantar semillas. Así empezó la vida en esta Creación. Estoy leyéndote Génesis 1, no hay
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nada antes que eso. Cuando Jesús vino, muchísimos años después, su primera parábola respecto al Reino de
Dios, tuvo que ver con semillas.
Y no es casual, porque Él iba a empezar un proceso, Él iba a empezar la tarea a la que vino, que era
traer el Reino de Dios a nosotros, y Él empieza hablando de semillas. La semilla es la expresión del poder
vivificador que tenemos en Dios. Dios no puede hacer nada en ti, si es que en tu vida no sale algo seco. ¿Qué
significa que salga algo seco en tu vida? Hay algo que el hombre tiene, que es vital para que Dios pueda trabajar
en él. Digámoslo así. Dios es un Dios de semillas. Yo no tengo semillas, las que tengo es porque Dios me las
dio. Lo que yo sí tengo, en cambio, es algo que Él no tiene. Yo tengo tierra. De hecho, la tierra está hablando
de la naturaleza de la cual Él me creó. Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Ese Dios de Génesis 1, no
tiene tierra en su naturaleza. Dios es Espíritu. Pero yo, su creación, sí que la tengo.
O sea que mi naturaleza, eso que me hace ser hombre o mujer, es exactamente lo que Dios necesita
para plantar su semilla. Yo estoy diseñado, por genética, para poder recibir semillas. Ahora; yo no produzco
semillas, pero Dios sí. Y Él no tiene tierra, pero yo soy tierra. Es en esa alianza extraordinaria, en que la vida se
manifiesta. Tú pones semilla, yo pongo la tierra. La primera semilla que Él pone, es la fe. Sin fe, tú no puedes
ser salvo. Sin fe, tú no puedes hacer una simple oración. El hombre, por naturaleza, no tiene fe, tiene creencia.
Haz una prueba. Toma a una de esas personas que, conociendo tu militancia evangélica suele buscar
dialogar contigo sin otra finalidad que la de aprender algunas cosas sin comprometerse demasiado. Pregúntale:
¿Tienes fe? Observa su inmediata respuesta: ¡Por supuesto! ¡Yo creo mucho en Dios! Confusión tradicional: fe
por creencia. La creencia, -debo decirte-, es un tipo de fe distorsionada, natural y racional. Pero la fe, en
esencia, es irracional. Cuando tú adoras, u oras, y dices que Dios tiene majestad, y que es hermoso, ¿Cómo
puedes decir eso con tanta certeza si no puedes demostrarlo de ninguna manera? No deberías preocuparte,
porque el ateo que vive en la otra calle, anda diciendo que Dios no existe y tampoco puede probarlo.
La fe es la primera semilla que Él planta. Esa fe posibilita que yo abra mi vida a otras semillas más
preciosas todavía. La semilla de la salvación, para los que llevan poco tiempo en el camino, es una semilla que
va a provocar que sus vidas vayan pareciéndose cada vez más a la de Jesús. Porque tú ya sabes las leyes de
la botánica: jamás una semilla de rosas producirá claveles. Producirá rosas. Cuando tú sales de tu lugar de
reunión, creyendo en lo que Dios te ha hablado, y la gente afuera, que no conoce a Dios ni conoce el evangelio,
nos puede ver cómo mejores personas, nos puede ver cómo personas que viven la verdad, que no somos
mentirosos, que no somos pendencieros, que no somos abusadores, están viendo la tierra, la naturaleza de
una persona, y saben ver rasgos que el común de la gente no tiene.
La naturaleza del hombre es casi salvaje, es aprovechado y abusador. Si tiene ocasión, va a pasar
por sobre ti. Pero cuando tú has conocido al Señor y has comenzado a dar frutos de una vida recta, pudiendo
hacer lo malo ya no lo haces, pudiendo ser murmurador eliges no serlo, la gente que no conoce a Dios piensa:
¡Huau! ¿Qué tiene esta persona? Es que los frutos son visibles, aún para una persona que no conoce de
agricultura. ¿Me explico? Yo no necesito una clase teórica para saber dónde están los frutos en un árbol.
Siempre son coloridos, siempre son visibles. Siempre son atractivos. En cambio, si eres tan gris que nadie
alcanza a verte disimulado entre las nubes, revisa tu fe. Me temo que no hay frutos, sólo hojas secas.
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La gente que no conoce a Dios, puede y debe ver a Dios en nuestras vidas. Eso, cuando caminamos
en lo que se supone que creemos. Por eso nuestra conducta en el marco de la sociedad tiene que ser siempre
transparente, límpida; nos están observando. ¿O no te vigilan bien de cerca a ver si te deslizas y pecas, dices
groserías o hablas palabras lascivas? Las primeras muestras de que una persona ha nacido de Dios, es que
manifiesta obras que equivalen a rectitud, que son verdad. Que la gente que no conoce a Dios, que no puede
ver al Espíritu Santo, que no lee la Biblia, sin embargo pueda decir: “¡Esta persona es distinta!” Claro que no
pueden saber en qué ni por qué les parece distinta, lo bueno es que se lo parece.
En la universidad, por ejemplo, cuando todos están sacando copias de exámenes, tú no lo haces.
¡Pero no seas tonto, todos lo hacen! Sí, pero yo no soy “todos”. Yo soy distinto. No es un tema social, es un
tema de integridad. No es que no me dejen, no puedo ni quiero hacerlo. Esas semillas, que vienen de parte de
Dios, están diseñadas para dar fruto. Si tú agarras, por ejemplo, una semilla de trigo o un grano de maíz, verás
que ahí está contenida la vida necesaria para que pueda haber un fruto excelente. Pero depende de la tierra.
¿Pero sabes qué? Cuando Jesús aparece, (Y aquí vuelvo al primer texto que leímos, en Mateo 13),
Él habló acerca de las semillas que caen junto al camino, habló de pedregales, habló de espinos, y luego habló
acerca de tierra buena. Habló de cuatro clases, de cuatro condiciones de suelo. El cuatro, en la Biblia,
representa al hombre en su naturaleza. En pocas palabras, lo que está diciendo aquí es que hay cuatro tipos
de personas. ¿Qué tipo de persona eres tú? Espero que seas del tercer tipo o del cuarto. Tierra buena.
Porque cuando ahí cae una semilla, esa semilla sí, o sí, o sí, va a dar fruto. Una vez más, Génesis
1:12: Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da
fruto cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.
Aquí te encuentras con un claro e ineludible principio de Reino: toda semilla se reproduce según su
género. Tú no puedes esperar un buen fruto de una mala semilla. Reitero lo dicho algunos renglones arriba: si
tú plantas semillas de rosas, no puedes esperar ver nacer claveles.
(7) Y Er, primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida.
¿Verdad que suena casi cruel esto? Es el idioma del Antiguo Testamento, “Jehová dio, Jehová quitó”.
Algunas consideraciones del Nuevo, iban a dejar en evidencia que aquello no siempre había sido así. El Antiguo
Testamento no habla de Satanás no habla de demonios ni de guerra espiritual, lo que no significa que no
existieran los demonios, que Satanás estuviera de vacaciones o que la guerra espiritual fuera sólo fantasía de
evangélicos pentecostales místicos. Significa que todavía ellos no conocían a su enemigo. ¿Sabes por qué?
Porque Dios les estaba preparando las armas para vencerlo. Si no tenían aún armas eficaces, ¿Para qué
preocuparlos?
(8) Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta
descendencia a tu hermano.
Esto tiene que hacerte pensar en las doctrinas pseudo moralistas que las religiones tradicionales y
hasta oficiales de los países latinoamericanos han producido en la gente. Porque: no me digas que no te produce
un choque moral eso de un Dios enviando a alguien a acostarse con la mujer de su hermano recién fallecido.
¿Será este el Dios de amor que nos han predicado? ¡Claro que lo es! Lo que sucede es que muchos hombres
se pusieron una túnica de santidad de tal calibre que por poco dejan mal parada la moral del mismísimo Dios.
¿No te suena esto mucho más ridículo que lo otro?
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(9) Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba
a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano.
La palabra semilla, en el griego, es esperma. Interesante, ¿Verdad? En este pasaje, Dios está
hablando acerca de una costumbre que había en esa época. Lo que se buscaba era que, de todo hombre,
quede descendencia. De ninguna manera podemos tomar este versículo suelto y de él elaborar una doctrina
contraria al control de la natalidad. Ya lo hicieron ciertos grupos sumamente celosos de la moral y las buenas
costumbres. Por un lado lanzaban extensos escritos condenando toda forma de anti-concepción y, por el otro
lado, regenteaban fábricas de preservativos o píldoras anticonceptivas. Frutos.
En este caso particular, muere un hombre que no había tenido la oportunidad de tener hijos. Entonces,
según la costumbre, se pedía que el familiar más cercano, en este caso el hermano, pudiera acercarse a la
mujer viuda, para darle un hijo que perpetúe la memoria del que murió. ¿Te produce rechazo? Lo siento, es
historia. ¿Por qué? Porque Dios, no es Dios de estériles. Es decir que Dios siempre busca la fertilidad. Siempre
busca la descendencia. Siempre busca vida. Este hombre, que se llamaba Onán, era una persona, según este
texto, mala, porque al momento de acercarse a la esposa de su hermano, dice que él derramaba su semen en
la tierra.
Hay una parábola muy interesante. Dice: un hombre se acerca a sus siervos, y a uno le da un talento,
a otro le da tres y a otro le da cinco, y se va. Después de un tiempo él vuelve, y le dice al que le había dado
cinco, dame lo que te di. Y el otro le dice: “señor, aquí está lo que me diste, y también lo que multipliqué”.
Lo mismo sucede con el que recibió tres talentos. Le devuelve los tres más tres que multiplicó. ¿Cuál fue la
expresión del señor para cada uno? “¡Buen siervo y fiel!
Pero cuando llega al que tenía un solo talento, este hombre le dice: “mira, aquí está el talento que
me diste. No te debo nada. Me diste uno y aquí te devuelvo uno. Tuve miedo de perderlo, así que preferí
guardártelo.” Y la respuesta del señor, aquí, fue “siervo malo”. Entonces, una vez más: ¿Quién es malo a los
ojos de Dios? Alguien que no da fruto. Es alguien que sólo recibe, recibe, recibe y recibe. Está en todos los
eventos, en todos los seminarios, en todas las conferencias, pero jamás logras ver en su vida y sus actos el
fruto de todo eso.
Por las características de este trabajo, no puedo de ninguna manera ser testigo del progreso o no
progreso de los hermanos que comparten estas cosas conmigo. Pero sí he podido ver algunos que habitan en
zonas más cercanas. Los hay que crecieron y dieron fruto al ciento por uno, pero también los que oyeron, oyen
y seguirán oyendo por años y jamás pudieron moverse un milímetro de donde estaban. La Biblia dice que
podemos conocer y hasta juzgar a la gente por sus frutos. Ciertamente yo no puedo saber cómo es el corazón
de una persona, pero sí puedo juzgar los frutos que tiene. Si me paro frente a un árbol de manzanas, no puedo
esperar ver ciruelas colgando de sus ramas. ¡Serán manzanas! Conozco a un manzanero por sus frutos, las
manzanas. Si le saco los frutos, cualquier árbol pasa a ser un árbol más.
Este hombre del relato, Onán, era un hombre que tomaba la semilla que tenía y la tiraba a un lugar
donde esa clase de semilla no podía reproducirse. Y dice que Dios le quitó la vida por causa de eso. ¿Qué es
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lo que Dios espera de mí? ¿Acaso que nunca me equivoque? ¡No! ¡Nos vamos a equivocar muchas veces, es
parte del proceso de crecer! ¿Entonces espera que no tengamos bajones? ¡Si a los bajones los usamos para
tomar impulso! ¿Qué espera Dios de ti? Que des fruto. Tan solo eso, que des fruto.
Hay una enorme cantidad de gente, hoy, en nuestras iglesias, grupos y congregaciones, con el
espíritu de Onán. Que son personas que simplemente tienen la capacidad para reproducir, pero no lo hacen.
Compara eso con esas personas que arriesgan sus vidas para ingresar Biblias de contrabando en países donde
está estrictamente prohibido por sus leyes hacerlo. Dios busca semillas que Él mismo plantó. Dios
permanentemente nos está escaneando, buscando que lo que tú recibiste hace un año, o dos, o seis meses,
esté dando fruto. No se trata de cuanto aprendemos, se trata de cuanto fruto damos. No se trata de cuantos
mensajes escucho este mes, se trata de cuántos llego a poner por obra en mi vida.
Cero intelecto religioso. ¿O debo decir cero espíritu de Grecia? Gente sencilla que piensa y dice: “Si
lo dice la Biblia, yo lo creo sin discutir. Si estoy solo y no llega la mujer o el hombre para mi vida, igual hago lo
que pueda por el Reino. Si no lo entiendo, dentro de un rato lo entenderé. Pero de algo estoy total y
absolutamente convencido y seguro: no voy a pasarme la vida mirándome al espejo para ver si soy o no soy
llamado para hacer eso, lo intento y listo”. Y entonces dice bajito “ayúdame Papá”, sale, lo intenta y lo logra. Así
es como funciona el Reino. Victoria. Ese es tu tiempo.
Yo quiero el fruto. En cada puerta que se abre, en cada circunstancia que tengo a mi alcance, quiero
dar fruto. Es casi terapéutico para nosotros cuando podemos escuchar gente que se mueve y piensa así. Si una
mañana no sientes la necesidad casi imperiosa de dar fruto, mejor quédate y duerme hasta el mediodía. El
pastor de este tiempo es un hombre que, en el mejor de los casos, cuando cumple con su verdadero rol, vive
sacándole pequeñas espinas a su gente. Y podemos agradecer a Dios que haya gente bien intencionada que
lo haga, pero no lo veo a Jesús haciendo eso. Él vino para otra cosa. Y nosotros estamos tras sus pasos, en
procura de lo mismo.
Y si Él dijo que era el Buen Pastor, creo que a nadie le puede pasar por su cerebro hacerlo de manera
diferente. A menos que no lo esté haciendo para aquel a quien dice dedicárselo. Y si así fuera, Dios es amor,
pero también es justicia, relájate. Si un niño pequeño se clava una espina lo único que atinará hacer es llorar.
Llorará de dolor y de angustia sin saber qué hacer. Vendrá donde tú estás y sólo llorará. Cuando tú veas el
problema le sacarás la espina y su llanto acabará y se tornará en una sonrisa.
Pero si en lugar de ser un pequeñín indefenso y esmirriado, viene a ti con veinte años de edad y un
físico modelado en modernos gimnasios, probablemente se consiga una reprimenda, porque pudiendo hacerlo
él mismo, sigue buscando ayuda humana. No se trata de que uno no entienda el dolor de la gente. Se trata de
que ellos no entienden lo que nos toca vivir en cada etapa. Además, déjame decirte que la iglesia no es un lugar
donde tú vas a sentirte bien, todo lo contrario. O, al menos, tiene que ser todo lo contrario.
De otro modo, dudo que sea iglesia conforme al criterio de Jesucristo. ¡Es que la iglesia es un hospital,
hermano! ¡Aquí llegan todos los heridos en combate y es nuestra obligación sanarlos! Ni por asomo me creo
ese invento evangélico. Yo aprendí, (Y no creo que esté mal), que la iglesia es el cuerpo de Dios en la tierra. Y
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Dios, hasta donde yo sé, no anda sanando heridos por el diablo, Lo que Dios anda haciendo de verdad, es
enseñando a vencer al diablo. Entonces: ¡Sólo créele!
Si estás en una reunión, en un culto, o en una junta de oración y te sentiste bien, ese fue un plus y te
llegó de gratis. Pero ese no es el objetivo de la iglesia. Tú estás en la iglesia para recibir una visión, para
entender lo que Dios espera de nosotros. Y luego, con toda esa información, salir y llevarte por delante a una
legión de demonios de todos los colores. Estás ahí para ser gente productiva para Dios, para animarte con otros
a hacer la tarea, porque créeme que es difícil hacer la tarea. Entonces te encuentras con otros para alentarte
en la fe, no para desalentarte en la fe. Una persona que te siembra incredulidad, es una persona que no merece
tu compañía.
Yo soy feliz rodeándome con personas que me dicen: “¡Tú puedes hacerlo! ¡No mires las
circunstancias, dale con todo, el Señor está contigo!” Entonces yo salgo animado de ese encuentro, y digo sí,
es verdad, Dios está conmigo, voy a superar esa etapa. Pero casi de inmediato, cuando aparecen algunos de
los viejos bomberos que siempre están prestos a apagar el fuego sagrado, los eludo y los dejo solos. Porque:
hermanos, son absolutamente todos los que creen en el mismo Dios que yo; pero para hacer alianza, sólo con
los genuinos.
Cada día de nuestras vidas, sin importar que tú tengas cuarenta o cincuenta años en el Señor, tú
necesitas ser alentado en la fe. Porque todos pasamos por batallas, y estamos en medio de luchas, unas más
grandes que otras. Si debo ser honesto y franco contigo, te diré que no me gusta esa gente que dice: “Y…vaya
a saber si Dios quiere que ganemos…” ¡Claro que Dios quiere que ganemos! ¡Sólo sal y consíguelo! No esperes
ángeles; Él sabrá si debe enviarlos.
Cuando estás en medio del fuego cruzado, ¿Qué importa quién tiene la batalla más grande? Tú estás
en tu batalla y necesitas aliento. Tal vez no recibas dirección, tal vez escuches una prédica muy buena, pero tú
sales de ese lugar con las mismas preguntas. Por eso, exactamente en este puntual lugar de este específico
trabajo, tengo una buena noticia para ti: Dios quiere darte las respuestas, y no sólo te las quiere dar a través de
un predicador, sino que preferiría hacerlo por su propia voz. ¿Estarás dispuesto a detenerte un momento para
oírle?
Yo, como ministro, no estoy obligado a ofrecerle todas las respuestas a la gente, Dios sí. Yo soy una
persona limitada, pero Dios no tiene límites. Yo quiero hacer mi mejor esfuerzo, pero no depende de mí que
cada uno de los que toma contacto conmigo se sienta satisfecho. No depende de mí. Quiero que entiendas algo
muy valioso para tu vida, y mucho más si estás en eminencia dentro del pueblo de Dios. Tu responsabilidad
como ministro del Señor, es sembrar la semilla, no que la semilla germine. Esto último es responsabilidad de la
tierra. Si tú te pones a pensar en lo que deja como sedimento la parábola del sembrador, vas a ver que sólo
una cuarta parte de la semilla sembrada da fruto. ¡Es Jesús el sembrador! Y sin embargo, sólo el veinticinco
por ciento de esa semilla va a dar fruto al ciento por uno.
¿Cuándo dice que sucedió esto? Antes que Jeremías naciera. ¿Recuerdas que hace un momento te
dije que Dios es un Dios que tiene una mente de procesos terminados? Esto significa que cuando Jeremías ni
siquiera tenía conciencia de quién era, Dios ya lo estaba viendo como algo terminado. Dios ha preparado obras
de antemano para que caminemos por ellas. El diablo te trata de convencer, en algún momento, de que tú tienes
que pelear para que tu familia se convierta. ¿Sabes qué dice Dios? Que si tú te has convertido, toda tu casa
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es salva. Y esto va mucho más allá de Cornelio, si es que quisieron desestimar esa promesa con eso. Y
recuerda algo muy importante: diablo no es específicamente Satanás, es todo aquel espíritu que lo representa.
Sé que hay muchos maestros de cierto prestigio que enseñan que esto sólo fue en un caso específico
para alguien determinado, que no podemos globalizarlo. Sin embargo, debo remitirme a Noé. Él fue salvo, y
con él toda su casa, la cual no era precisamente un dechado de virtudes espirituales, precisamente, como puede
observarse más adelante. Noé hizo su parte en obediencia, Dios cumplió la suya en misericordia. Claro, tú
siempre tendrás libertad para tener la mente del diablo o para tener la mente de Dios. Y entonces puedes decir:
“Mira, a mí no me interesa lo que tú digas, diablo, yo ya sé que toda mi casa es salva. Y no estoy diciendo que
“será” salva, estoy diciendo que ES salva.
Porque eso es lo que dice la palabra del Señor. Cree en el Señor Jesucristo y tú y tu casa serán
salvos. Producto terminado. ¡Es que mi esposo! ¡Es que mi mujer! ¡Es que mi padre! ¡Es que mi madre! ¡Es
que mis hijos! No me importa lo que me digas, antes que Jeremías naciera, ya él era profeta en Dios. Él ya
había terminado la carrera, ya estaba todo hecho. Escucha: Dios no está tirando los dados. Yo nací para dar
fruto. Tú eres un producto terminado en Dios. El diablo siempre te muestra lo que te falta, pero en Dios tú tienes
nombre. En Dios, tu tarea se terminó.
¡Pero hermano! No sé si usted me entiende, pero yo todavía ni siquiera sé cuál es mi ministerio. ¡Es
que eso es lo que menos importa! Dios ya terminó. ¿Y entonces cómo tengo que vivir, hermano? Caminando
por sobre lo que Él preparó desde antes de la fundación del mundo para ti. Entrar a una mentalidad de eternidad,
significa eso. Significa descubrir que no hay nada que el diablo pueda tomar de mí. ¿Dime cómo gana? Pregunta
número uno: ¿Tú eres salvo? ¿Tú eres salva? Pregunta número dos: ¿Tu familia es salva? Entonces, última
pregunta: ¿Qué puede tomar el diablo de ustedes?
Ahora si tú crees estar en un proceso de salvación, si es que algo así existe, entonces espero
fervientemente que ese proceso termine antes que algo te pase. Jeremías, antes de que tú nacieras, yo te
conocí. Antes de que tus padres ni siquiera tuvieran idea de que tú ibas a estar en el vientre, yo ya te conocía.
Y no sólo eso, ya tenía una tarea para ti. ¿Y sabes qué? La hiciste perfectamente. Esa es la mente de Dios.
Entonces, todo lo que el diablo puede hacer, es exactamente lo que hace el perro cuando persigue a un
neumático: ladrar, hacer mucho ruido, tratar de asustar. Pero nada más. Escucha. No hay escuela de sanidad
interior, no existe profeta, no hay nada que tú necesites si es que llegas a entender que Dios ya terminó contigo.
No importa lo que hagas, diablo; voy a cumplir el propósito por el cual nací. No importa lo que digas,
no importan tus amenazas, no me interesa lo que tú opines. Antes de que nacieras te conocí, y te di por
profeta a las naciones. Dios me está diciendo eso, el enemigo lo opuesto. Tu vida futura depende de a quién
le creas. En ese versículo, donde dice “yo te di por profeta a las naciones”, la palabra en hebreo es natan. ¿Eh?
Suena a nombre de un profeta. Sí, de hecho es Natán. ¿Sabes qué significa Natán? Te programé. Antes de
que nacieras, te programé.
Los programadores de sistemas saben muy bien que un programa está hecho por rutinas. Cada rutina
es una instrucción y la suma de instrucciones forman un programa. Un programa que funciona una vez, va a
funcionar todas las veces. Está hecho para eso. Dios me programó, - ¿Puedo decir eso? – para cumplir mi
propósito. Esa programación, ese software, ese chip ya está en ti. Cuando tú compras un teléfono, sabes que
no necesitas saber cómo funciona. Tú marcas el número, aprietas la tecla que dice: “llamar” y va a llamar. Fin
del asunto.
¡Huau, llamó! Y sí, eso es lo que se supone que haga. Es un teléfono y sirve para llamar a otros
teléfonos. ¿Qué tiene de asombroso que haya llamado? Está programado para eso. Muy bien; tú estás
programado para dar fruto. Pero, -atención con esto-, Dios no puede obligarte a soltar tu semilla. Dios no puede
obligarte a que lo hagas. Estás programado para dar fruto, pero tú tienes la capacidad para decidir soltar o
retener la semilla. Puedes tener el espíritu de Onán y arrojarla en un lugar donde nunca va a dar fruto. Puedes
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ser el siervo que tuvo miedo y guardó la semilla debajo de su colchón para que nadie se la robara, o puedes
sembrar con libertad lo que Dios te ha dado.
¿Te das cuenta ahora lo casi lindando con lo estúpido que es ver a ese ministro alardeando de lo que
su ministerio está realizando? ¿Entiendes ahora la santa indignación de tantos cuando ven a ese hombre o a
esa mujer pavoneándose y hasta firmando Biblias a la salida de los templos? ¡Estaba programado para dar
esos frutos y su único mérito fue obedecer; el resto lo hizo todo Dios! Nobleza obliga y debo decirlo: muchas
personas se van de las iglesias, quiero decir de las congregaciones, porque estiman que en ellas no hay lugar
para desarrollar sus ministerios. No entendieron el fondo esencial del asunto. Tu ministerio, hermano, hermana,
no está dentro de una congregación, está afuera. No importa lo que hayas visto.
Porque nadie te puede prohibir dar fruto donde hay necesidad de fruto. Eso sí; tienes que hacerlo
conforme al estilo del Señor, no de los empresarios devenidos a ministros. Porque Dios será quien respalde o
no tu ministerio, y sólo podrá hacerlo si lo administras con su libreto, no con el tuyo. Tú no necesitas un
nombramiento para hablar del evangelio donde encuentres quien te escuche. Tú no necesitas que un hombre
imponga su mano sobre tu cabeza y declare que a partir de ese momento tú estás autorizado para hablar de
Jesucristo.
Eso es de una ignorancia mezclada con arrogancia de alto voltaje. ¡Eso, sencillamente es algo
estúpido! Ni siquiera se entiende como acto religioso. Es la mejor estrategia satánica usando a Babilonia para
trabar, para impedir, para obstaculizar la extensión del Reino. El que ha conocido de Cristo, comparte de Cristo
a otras personas. Eso es la vida. Cuando tú pones a dos niños que no se conocen entre sí, se toman ocho o
diez minutos para estudiarse un poco, pero pasado ese lapso, ya están jugando juntos. Y a los veinte minutos
son amigos del alma.
(Génesis 3: 15) = Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya;
ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Dios le está hablando a la serpiente y le dice a la serpiente: voy a poner una pelea constante entre tu
descendencia, serpiente, y la descendencia de la mujer. ¿Eso significa que también hay descendencia de la
serpiente? Sí. ¡Claro que la hay! ¡Pero es que a esa no me la predicaron nunca! No le hace; a mí tampoco me
la predicaron jamás ni me la enseñaron, ni nadie me habló de ella, pero te reitero: no le hace: estuvo allí desde
siempre, y no importa si los presuntuosos hombres la vieron o no.
¿Quiere decir que en este mundo hay dos tipos de personas? Sí. Unos descienden de Eva, y otros
de la serpiente. Y esto provoca una guerra de simientes. Hay una batalla de semillas. A los descendientes de
la serpiente, Jesús los llama “hijos de ira”. Sí, Judas Iscariote era un hijo de ira. Nunca fue de los doce. Cuando
Jesús habla de él, en Juan 17, Jesús está orando, y dice: de los que me diste no se perdió ninguno, sólo el
hijo de perdición, para que la escritura se cumpliese. Luego, en otra parte, dice que él fue diablo desde el
principio.
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O sea que, entre los doce, había un hijo de ira. Uno que venía de la descendencia de la serpiente.
Ese era Judas. El diablo aborrece las semillas por una sencilla razón, escucha esto: porque el diablo no puede
producir vida. Imita vida, tergiversa vida, arruina vida, destruye vida, pero no la crea. ¿Entonces, qué hace? La
especialidad del diablo es, al decir de un hermano, los productos transgénicos. Él es un entusiasta estudioso
de la genética. Como él no puede producir semillas por sí mismo, él trabaja en base a las semillas que yo tengo.
Y busca adulterarlas, busca cambiar su diseño.
(Levítico 19: 19) = Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra
especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos.
Esto me lleva a una conclusión: a Dios no le gustan para nada las mezclas. En realidad, yo nunca
supe por qué estaba mal sembrar dos semillas distintas en un mismo campo. Expertos en agronomía
recomiendan no mezclar semillas por una sencilla razón: porque siempre una semilla se come a la otra.
¿Semillas voraces o depredadoras? Sí señor, existen. La gente que conoce botánica lo sabe muy bien. Eso
sucede exactamente de la misma manera en nuestro ambiente cristiano. Yo no puedo mezclar lo que Dios me
ha dado con cosas que puedo sacar del mundo por una simple razón: no voy a poder manejar correctamente
esa mezcla y una cosa terminará devorándose a la otra. Y eso es un riesgo. Tanto que algunos resultados de
esas mezclas podemos verlo en pintorescas doctrinas supuestamente cristianas.
Te doy un ejemplo: Dios me ha llamado a mí, entre otros tantos, como una persona de reforma. Ese
es mi diseño. O sea que yo estoy diseñado por Dios, reitero, junto con muchos otros, para provocar conflictos
en la gente. Dios me equipó para eso, no puedo utilizar diplomacia ni relaciones públicas. Y eso es lo que
provoca que estas enseñanzas signifiquen un dolor de cabeza para varios. Cada persona nace con un propósito
específico. Y si tú tomas semillas que están fuera de ese propósito, indefectiblemente una se va a comer a la
otra. Ahí está la gran diferencia entre una iglesia pastoral, que son la mayoría, a una iglesia profética, que son
contadas con los dedos de una mano. La pastoral se acomoda a la gente, mientras que la profética se acomoda
a Dios.
Alguien dijo en una ocasión que una iglesia pastoral es como uno de esos comedores de tenedor
libre, donde la gente va y por un precio único toma lo que quiere, mientras que una iglesia profética es un lugar
donde el menú es único y obligatorio. O lo comes, o lo dejas. ¿Pero por qué tiene un menú único? Porque es el
que Dios le ha dado para entregar como comida. ¡Pero es que a mí me gusta elegir! Vete a la otra, ahí puedes
elegir. Pero sólo te diré una cosa: si llegas a probar siquiera una sola vez ese menú único, jamás volverás a
comer otra cosa. A mí me pasó.
Pero si tú eres de los que todavía acuden a una iglesia donde los miembros pueden elegir las
canciones que van a cantar y hasta opinar en cuanto a los temas que el pastor deberá desarrollar este mes en
los cultos, allá tú. Pero déjame decirte que eso no es Dios. Jesús jamás hizo lo que sus discípulos creían que
debía hacer. Hizo lo que su Padre celestial le ordenaba. Cristianos. ¿Seguir a Cristo, no es así? Entiende esto.
Revisa tu Biblia para ver si yo estoy mintiendo, tengo algún viejo resentimiento o me brota alguna raíz de
amargura. Nunca fue la intención de Dios que la iglesia fuera gobernada por pastores. La intención de Dios era
que la iglesia fuera gobernada por un presbiterio donde están apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y
maestros.
Entonces, cuarenta años después, cuando Josué manda los espías, cuando ellos vuelven, no les
pide su opinión en lo más mínimo. Él es profético, él sabe. Él dice simplemente: ¿Saben una cosa? Hay que
entrar. Él sabe que hay que entrar. Él conoce a Dios. Él sabe que los enemigos son grandes. Pero si pide la
opinión a la gente, le va a pasar lo que le pasó a Moisés. Yo no puedo poner en deliberación lo que la gente
quiere. No interesa lo que ellos quieren. Lo que sí interesa es lo que Dios ha dicho al respecto. De un lado los
que sin entenderlo del todo, van y obedecen. Del otro, los desobedientes queriendo hacerlo a su modo.
Porque, en todo caso, ninguno de nosotros sabemos muy bien qué es lo que necesitamos. Para eso
es que está el Espíritu Santo. Él sabe lo que yo necesito, y me lo da. Si tú no puedes con eso, tienes un problema
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que no es leve. No puedes atreverte a darle una cátedra de cómo crecer en vida al Espíritu de Vida. No podemos
perder la semilla que Él nos dio. Hay un pasaje que me ha impresionado mucho. Es cuando Jesús está hablando
de su muerte, con sus discípulos, imagínate. Y Él les está diciendo: debo ir, debo dar mi vida, debo morir. Y los
discípulos reaccionan y le dicen: ¡Señor, no! ¿Cómo vas a decir eso? ¡Ten misericordia de ti mismo! Y Jesús
responde algo extraordinario: “Es necesario que esto acontezca”.
O sea que lo que Jesús está diciendo es que es necesario que Él sufra; es necesario. No se trata de
si es justo o no es justo; es necesario. Cuando tú tienes una mente de “es necesario”, has crecido. Hay un nivel
de desarrollo en tu vida. El niño se mueve por esto: me gusta, no me gusta, me cansé, me divertí. Cuando una
persona crece, dice: es necesario que yo haga esto. No quiero hacerlo, pero es necesario que lo haga. Hermano:
es necesario que des semilla, y que esa semilla dé fruto. Es necesario.
(27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
(28) Y los bendijo Dios, y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y
señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la
tierra.
(29) Y dijo Dios: he aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y
todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
Nota que Dios no sólo te da autoridad sobre los peces, las aves o los mamíferos. Te da también
autoridad sobre toda planta que da semilla. Y te dice que todo esto es lo que te servirá para comer. Si tú pudieras
ver en el espíritu, verías que en este momento está cayendo semilla sobre ti. Y tu espíritu está comiendo de
esa semilla. Las semillas se reciben no para ser almacenadas, sino para ser plantadas. Dios te ha dado
autoridad para tener semillas en tu vida. Cuando das una ofrenda, para algunos es una semilla, mientras que
para otros es un rito. ¿Cómo dices? ¿Qué para otros es un negocio? Sí, pero yo hablaba de hijos de Dios. Esto
sin dejar de lado aquellos para los cuales es un sacrificio que luego lloran durante un mes.
Para algunos, la alabanza es una semilla, porque entienden que plantaron algo en el trono de Dios.
Para otros apenas es un lapso tradicional que se implementa hasta que llegue la prédica. Para otros el mundo
de lucirse sobre la plataforma y ser mirados y admirados por hermanitas y hermanitos. O sea que no todos
estamos haciendo necesariamente lo mismo por las mismas razones. Dios tiene una obsesión, y esa obsesión
es la cosecha. Dios es un Dios de cosecha. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Imagina por un
momento que tú tienes un espejo en tu mano. Cuando tomas el espejo y lo pones frente a tu rostro, ¿Qué estás
viendo?
¿Estás mirando al espejo o estás mirando tu propia imagen? El espejo pasa a segundo plano, lo que
tú estás mirando es tu propia imagen. Cuando Dios te ve a ti, él está buscando su imagen. Tú eres el espejo.
Parece exagerado, ¿Verdad? Mientras sigas creyendo al viejo evangelio del pobre diablo, te seguirá pareciendo
exagerado. Pero es lo que dicen tu Biblia y la mía. Piensa en esto un momento. Imagínate en una persona que
tiene ese nivel de revelación ha entendido que yo soy la imagen de Dios. Entonces esa mañana me levanto y
estoy deprimido. ¿Será que Dios se deprime? No. Y si yo soy la imagen de Dios, ¿Puedo estar deprimido? ¡No!
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Entonces, al ser la imagen de Dios, yo me alineo inmediatamente. Digo: no es posible que Dios esté
deprimido, por lo tanto yo no puedo estarlo. Me alineo con la imagen con la cual Dios me creó, y rechazo la
presión. No me aplica, no es parte de mi vida. Soy un espejo donde Dios mira su propia imagen. No estamos
llamados a reflejar cualquier cosa, estamos llamados a reflejarlo a Él. En la carta a los Colosenses, capítulo1 y
verso 15, dice: Él, (Jesús) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. (16) Porque en
él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles o invisibles;
sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para
él.
Jesús decía: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Él era el espejo de Dios. El diablo no puede
hacer nada contra Dios. Entonces busca atacar la imagen, que es lo más cercano a Dios en esta
creación. (Verso 20) Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra
como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Repito: tanto lo que está
en los cielos como lo que está en la tierra. Dios hizo todo a su imagen, en Cristo. Tú eres la imagen de Dios.
Eres el espejo en el cual Él se refleja a sí mismo. ¿Cuán serio es esto para Dios? Voy a darte una perla. Recíbela
en tu espíritu, no en tu cabeza. Quiero que la creas. No sé si vas a entenderla o no. Es una palabra que si tú
tratas de entenderla te revienta la cabeza, pero si tú la crees, tu espíritu es el lugar más seguro para esta
palabra. En medio de las crisis y las importantes decisiones que haya que tomar, pregúntate cómo puedes
aplicar esta palabra.
Escucha esto. Aquí dice vosotros sois mis testigos. La palabra traducida como testigo, aquí, en el
hebreo, es uwd. Es una palabra difícil de pronunciar. Vosotros sois mis uwd, dice el Señor. ¿Y qué significa
uwd? ¿Testigo? No. Significa: duplicado. Vosotros sois mis duplicados. Otra traducción dice “copia”.
Vosotros sois mis copias. Por eso dice: y mi siervo, a quien he escogido para que me conozcáis. Es decir
que la gente va a conocer a Dios, al ver los duplicados, las copias de Dios. Ahora sal a la calle y pregunta a tus
vecinos: ¿Ven ustedes en mí una copia o duplicado de Dios? No esperes respuesta…
¡Pero hermano! ¡Esto es muy distinto a lo que me enseñaron! ¿Por qué no pusieron la palabra
duplicado en la traducción, entonces? Simple, porque para la religión es un problema poner algo así. Ellos se
dijeron: ¿Cómo que Dios tiene duplicados? ¡Ese no es el Dios alto y lejano en el cual nosotros creemos! ¿No lo
dice, acaso, el mismo salmo, cuando expresa: en medio de la congregación de los dioses te alabaré? Lee
de nuevo el verso que te leí. ¿Cómo puede entender eso con su raciocinio humano una persona cualquiera?
No lo entiende, a menos que nos vea a nosotros, sus duplicados.
¡Pero es que yo soy muy frágil, soy muy débil, estoy enfermo! Precisamente, por eso es tan importante
entender qué es lo que Dios espera de mí. Él no se alimenta con cánticos. Tú no estás donde estás sólo para
llenar su trono de alabanza. Tú eres portador de su semilla. Tú puedes decir ahora mismo: ¡Yo soy el plan que
Dios tiene en esta nación! ¡Yo soy el plan que Dios tiene en esta generación! ¡No hay otro plan! No puedo perder
eso. Vosotros sois mis duplicados. ¿Alguna vez te viste como un duplicado de Dios? ¿Pero, no es satánico
decir que somos todos dioses? Es que no dije eso, dije que somos duplicados. Y jamás un duplicado funciona
si el original no lo autoriza. ¿Ahora sí puedes creerlo?
¿Cuántas sesiones de sanidad interior necesitaríamos para creer eso? Dios nos llamó a eso, a
manifestarlo donde estamos. No serán los evangélicos ni los cristianos en sí. Todos aquí estamos para
manifestar al Rey, para que la gente al vernos diga: verdaderamente hay un Dios. No sé de qué grupo es ni sé
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muy bien en lo que creen, pero sí sé que en ellos, definitivamente, está Dios. Vosotros sois mis duplicados.
Por eso dice en Juan 17: vino a buscarse a sí mismo. Hay un texto de Juan, cuando Jesús dice: voy, pues,
a prepararles morada, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
¿Sabes qué pensé cuando leía eso? Siempre se ha interpretado ese pasaje como el momento en
que Él va a venir, un día, a llevarnos a un lugar mejor. ¿Pero qué tal si Él estaba hablando de Hechos 2? De
que cuando decía volveré y los tomaré, para que donde yo estoy ustedes también estén, se cumple en
Hechos 2? ¿Dónde está Él, ahora? Voy pues a preparar morada. ¿Y cuál es la morada que Dios busca?
Pregúntale a Pablo. Vosotros, pues, sois templos vivos. ¿Pero cómo preparó morada? La única manera de
que la morada esté preparada, era que Cristo muera y resucite y recién nos habilita a nosotros para ser las
cápsulas que contienen a Dios.
¿Qué pasaría si yo creo que la morada de la cual Él hablaba es un lugar en el espíritu, hoy? ¿Cómo
cambiaría tu teología si asumieras que Él ya te preparó morada y tú ya estás en ella? Bendito problema, ¿No
es cierto? Crisis para los escatólogos. No estoy diciendo que así sea, pero ¿Qué pasaría si eso fue Hechos 2?
Literalmente, en Hechos 2, la iglesia se posicionó en otro nivel. Literalmente en Hechos 2, algo pasó. Ya no
estaban predicando de acá, estaban predicando en un nivel superior. ¡Arrepentíos! ¡Paf! Cinco mil personas.
Los que estaban ahí empezaron a perseguirlo a Pedro para ver qué cosa había dicho o hecho. ¿Cómo
podía ser que antes hablaba y hablaba y no pasaba nada, y ahora con dos o tres palabras, o quizás una sola
en concreto, la gente caía de rodillas? Otro nivel. Si tan solo pudieras creer, ni bien termine esto que estás
escuchando, que eres un duplicado de Dios. ¿Recuerdas a Jeremías? Porque te he llamado, te he conocido
desde antes que nacieras. Yo conocí tu nombre, y te di por profeta a las naciones. Cuando Jeremías nace,
su vida es toda una ironía. Él es dedicado al templo, para un día llegar a ser sacerdote.
Es uno de los pocos profetas que tenía formación académica. Eso te demuestra que Dios no viene
por los doctores en teología o master en divinidades, muy cierto. Tan cierto como que tampoco viene por
analfabetos. Dios es Dios y su Soberanía no tiene libreto. Después de prepararse largo tiempo, cuando está a
punto de oficiar, en el lapso de esa semana, Nabucodonosor invade la ciudad y destruye el templo. Y ahí está
Jeremías, con su traje nuevo y su corbata pastoral flamante, que nunca usó, mirando cómo arde el templo.
Jeremías pudo haber gritado: ¿Qué es esto? ¡Dios, exijo una explicación! ¡Mira el templo, está
ardiendo! ¿Para qué me preparé todo este tiempo? Entonces Dios, con toda serenidad le pregunta: Jeremías,
¿Qué te dije el día que te llamé? Te dije que te di por profeta a las naciones. ¿Qué parte de a las naciones no
entendiste? ¿Tengo que explicarte que si el templo se queda en pie tú jamás irás a las naciones? ¡Debo destruir
el templo para que cumplas tu ministerio! Te di por profeta a las naciones. Si el templo se queda de pie, tú no
irás a las naciones. Así que prefiero perder el templo a perder tu llamado.
Ahora bien; eso, ¿Qué significa? ¿Tengo yo derecho de elegir? ¡Sí, por supuesto que tienes todo el
derecho de elegir! Pero, cuidado; lo que puedes elegir es si vas a cumplir su mandato en barco, en avión o a
lomo de mula, sólo eso puedes elegir. Pero de ninguna manera puedes elegir si cumplir el mandato o no, eso
ya está elegido, aceptado y decretado. Entonces la pregunta, es: ¿Y qué pasa si no quiero ir? Vas a lomo de
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mula. ¡No, hermano! ¡En serio se lo digo! ¿Qué pasa si no quiero hacer la obra de Dios? Nada te funcionará.
Nada te prosperará. Perderás todo vez tras vez. Empezarás de cero constantemente. ¿O no has visto a gente
viviendo así? Sólo un problema: dicen que es injusto y se quejan contra Dios. ¡No entendieron!
Te lo digo más sencillo y concreto: tu vida será un fracaso. ¿O sea que entonces usted me está
diciendo que cuando yo me convertí, perdí mi capacidad de escoger? ¡No! ¡Si puedes escoger, ya te lo dije!
Esa es la única elección que tienes. ¿No le llamas todos los días Señor a Cristo? ¿Y qué crees que significa
que Él sea Señor de tu vida? Si crees de verdad que puedes elegir si ir o no ir, es porque en el fondo no te has
convertido. Así que te sugiero convertirte o dejar de jugar a la iglesia. Dedícate a otra cosa, no pierdas tiempo
ni le hagas perder el tiempo a las personas. Jesús dijo: he venido a hacer tu voluntad, Dios mío.
Si tú te has convertido, vives para hacer la voluntad de Dios. Y la única decisión que tienes, es esta:
en avión o en lomo de mula. Si tú crees que puedes hacer tu plan de vida solo y al margen de Dios, te deseo
mucha suerte. Y luego, conviértete. Pablo dice: ¡Ay de mí, si no predico! Pregunto: ¿Tenía elección? No. No
tenía elección. Es más: ¿Tú crees que Jesús la tenía? No, tampoco. ¿Tú crees que Pedro la tenía? No, no la
tenía. Ninguna persona que se haya encontrado con Dios en serio, puede elegir.
Me pregunto por qué supones que Dios haría una excepción contigo. ¿Qué evangelio te predicaron?
Esto podrá parecer muy duro, pero déjame decirte que es la auténtica verdad. Cualquier otra cosa en contrario,
puro marketing eclesiástico convencional, pero nada de evangelio de la cruz. ¡No, hermano! ¡Yo no quiero ese
evangelio tan costoso! Muchos han dicho eso. ¿Cómo le van a entregar la vida a alguien a quien no ven y
prepararse para sufrir por él? ¡Eso no es nada inteligente! Correcto, no lo es. ¿Pero quién te dijo que aceptar a
Cristo es un asunto de inteligencia humana?
Es una decisión. Sí, pero la única tuya. ¿O acaso no le dices en esa oración tan escuchada, repetida
y remanida de conversión, que decides entregarle tu vida a Cristo? Y bueno, si le entregas tu vida a alguien, a
partir de allí ese alguien es el dueño de tu vida, ¿Sí o no? ¡Pero hermano! ¡No me diga que eso de que el Señor
es quien decide por mi vida es literal! Sí, claro que lo es. Si alguien supone que luego de su conversión podrá
decidir con su vida lo que mejor le plazca o le convenga, algo no está funcionando bien.
Cuando tú empiezas a entender que todo esto no se trata de si estás congregado o no estás
congregado en un templo, todo toma otro color. Tampoco se trata de si te gusta el mensajito del pastor o como
canta la hermanita esa que no es muy simpática, los domingos. Se trata simplemente de un asunto de fidelidad
con lo que Dios sembró en tu vida durante todos estos años, y que tú pierdes la perspectiva de que tú puedes
hacer lo que te place, y empiezas a tener una mentalidad de Jesucristo. Señor, he venido a hacer tu voluntad.
-¡Pero es que este negocio era lo que siempre me gustó hacer! – El que no entiende eres tú; aquí no
se trata de lo que te gusta o no te gusta. Se trata de para qué naciste, para que Dios te haya creado. Dios no
te ha dado una familia para que tú te pongas viejo y gordo jugando con tus nietos. Te la ha dado para que en
ella entregues un legado con un propósito. ¿Ves? Eso es algo de lo que nunca o casi nunca se habla dentro de
los templos. Allí todo parece estar bien y Dios muy alegre con lo que cada uno de los hermanitos se le antoje
hacer. ¡Es Dios! ¿A nadie va a ocurrírsele que Dios tenga ideas propias y espere concretarlas a través de
aquellos que dicen haberse entregado a su señorío?
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Cuando trabajaba en la emisora de radio, un día al final del programa me llamó por teléfono una
hermana para pedirme oración por lo que, me dijo, era el funcionamiento de un Jardín de Infantes (Para menores
de edad escolar primaria) que poseía. Me dijo que las cosas no le funcionaban financieramente bien y que
seguramente estaba bajo un ataque del diablo, por lo cual yo debía orar en guerra para ayudarla a salir del
problema. Te confieso que no supe qué hacer ni cómo orar. Es más; ni siquiera tenía certeza de que realmente
tuviera que orar por ese tema. Era como si algo interno me estuviera diciendo que fuera prudente y esperara.
Así lo hice.
A los pocos días me enteré casi casualmente que esta buena señora: estaba “colgada” de la energía
eléctrica, (Así se dice aquí cuando alguien hace una conexión ilegal con la finalidad de no pagar por el servicio),
no le pagaba a sus proveedores en tiempo y forma, tenía a las docentes de su jardín en negro y con salarios
por debajo de lo oficial, los elementos que utilizaba en el jardín eran prestados y además cobraba honorarios
por encima de lo debido. Perdón: ¿Y yo tenía que orar por ese negocio? Gracias a Dios el Espíritu Santo me
cubrió y evitó que me hiciera cómplice de una mujer delincuente, que se presentó ante mí como hermana en la
fe. ¿Hermana? ¡Ni conocida de lejos!
Cuando yo hablo de que el Reino es un estilo de vida, no estoy refiriéndome a que seamos buenos
esposos, buenos padres o buenos hijos. ¡Afuera hay un montón de gente que jamás pisó un templo ni leyó una
sola letra de la Biblia que también es buen esposo, buen padre o buen hijo! Se trata de que cumplamos lo que
Dios espera de nuestra vida y que todo lo que toques en tu paso por la tierra dé buen fruto, aquí y ahora. Se
necesita dar fruto aquí. Yo no tengo ninguna duda que este es un tiempo en el que Dios está pesando nuestro
nivel de responsabilidad.
Este es un tiempo de juicio, muy duro. Y no me refiero a desastres o hecatombes cuando digo juicio,
aunque si es necesario se las incluya. Me refiero al real significado que tiene la palabra juicio. Dios está
separando lo verdadero de lo falso. Eso es juicio: selección. Dime: ¿No estás viendo las tremendas y diversas
crisis por las que distintas naciones están pasando? Dios está zarandeando las naciones de la tierra, pero
atención con esto: al igual que sucedió en el Egipto de Moisés y faraón, las distintas plagas también zarandean
al pueblo de Dios. Sólo escapan de las de los primogénitos.
Que Dios te de toda la sabiduría para entender que Él un día te llamó para darte semillas que bendigan
a muchos, que muestren quién es. Que Dios te ayude a entender que la imagen que Él tiene en esta tierra, eres
tú. Tú eres su duplicado. Así como te ves. Que es necesario cambiar tu propia manera de verte. ¿Por qué?
Porque estoy seguro que tú ves a Dios distinto a cómo te ves a ti mismo. Pero en algún momento, la forma en
que te ves a ti tiene que ser la forma en que ves a Dios. ¿Cuánto tiempo te lleva defenderte de alguna acusación
infundada? ¿Cuánto tiempo invierte en defender la palabra de Dios ante los incrédulos?
Post-data: En ese momento de unidad de visión, tú entiendes la obra que Él ha hecho en tu vida.
Que puedas darte cuenta que caminar con Dios es mucho más que congregarnos, cantar, ofrendar y ser familias
que se aman. Que puedas darte cuenta que hay una guerra, en la que el diablo procura conseguir esas semillas
que Dios te ha entregado. Que puedas ser lo suficientemente sabio como para conservarlas. Y que las uses
con sabiduría, sin dejarlas caer a la tierra, sino que las conserves para el surco abierto, para que donde tú
pongas esas semillas, haya fruto abundante. A partir de eso, supongo que se producirán hermanos dignos de
ser considerados como tales. Porque hoy, créeme, estamos llamándole “hermano” a todo lo que se mueve y
respira dentro de un templo. Y eso conlleva un riesgo: estar un día llamándole hermano a un demonio. Y lo peor
es que ese demonio se lo va a tomar en serio y se va a quedar a vivir en ese templo.
No sabría decírtelo con exactitud porque ante el paso del tiempo, tanto en el transcurrido como en el
vivido, se hace más complejo armar escenarios pasados. Pero estimo que no habrá sido más allá de los años
1992 o 1993, que fue que escuché por primera vez la palabra que sería base de mi segunda oración-petición-
pedido ministerial. Esa palabra fue traída como tremenda novedad, aunque era estrictamente bíblica, pero casi
desconocida en la mayoría de las enseñanzas doctrinales eclesiásticas, por un hombre de Dios compatriota,
que la recogió en el exterior. Unción.
De hecho, y tal como lo vamos a ver luego, la Biblia habla y habla mucho de la unción, pero de todos
modos, la iglesia en la cual me formé, (Y de hecho no era la única), parecía haberla dejado a un costado, como
si eso fuera patrimonio sólo de algunas congregaciones rotuladas como “pentecostales”. Como si Dios estuviera
repartido entre conservadores y progresistas. ¿Quién habrá sido el que ideó y creó un Dios politizado, al que
tantos mediocres adhirieron?
Diccionario Secular: Unción: acción y efector de ungir o untar. Devoción, recogimiento y perfección con
que uno se dedica a algo. Ungir: aplicar aceite u otra materia grasa, extendiéndola superficialmente. Signar
con óleo sagrado a una persona, para denotar el carácter de su dignidad. Untar: extender una materia,
generalmente grasa, sobre una superficie. Conclusión: la unción me habla de untar a algo o a alguien con aceite
u otra esencia grasa como símbolo de dignificarlo.
Sin embargo, y a diferencia de otros temas donde los diccionarios, y muy especialmente el bíblico antiguo
que yo poseía y usaba mucho, resultaban de gran ayuda, en este asunto no parecían avanzar demasiado,
porque sólo se referían a actos rudimentarios y antiguos relacionados con el aseo corporal, con la realeza y
hasta con honras funerarias. Nada que ver con esto que Dios estaba enviando a su pueblo para, según se
decía, equiparlo con las armas que necesitaba para ser, de una vez por todas, más que vencedores en Cristo
Jesús. Así que me puse a leer mi Biblia, esperando encontrar el motivo por el cual sentía esa necesidad de
pedir por algo que nadie, (Incluido yo mismo, obviamente), conocía demasiado.
(25) Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador,
será el aceite de la unción santa.
Si te quedaban algunas dudas respecto a la composición química o artesanal del aceite de la unción,
aquí la tienes en detalle. Este aceite era hecho de especies finas: Seis kilogramos de Mirra, Tres Kg. De Canela
Aromática, Tres Kg. De Caña dulce o cálamo aromático, Seis Kg. De Casia y Tres litros y medio de Aceite de
Oliva. El perfume tenía cinco ingredientes, y el número cinco, en la tradición bíblica, representaba la gracia de
Dios. No podemos ganarnos la unción por nuestro propio esfuerzo, pero Dios es grande en misericordia y gracia,
y nos da Su unción según nos entreguemos en sumisión a Él.
Ese era el mensaje de un aceite que era un símbolo de la invocación y participación del Espíritu de Dios,
(Luego llamado Espíritu Santo) cayendo sobre la cabeza y la vida de una persona para convertirla en alguien
separado, consagrado y establecido para el Reino de Dios en la tierra. El error grave y hasta grosero de esos
años noventa, fue el suponer que había hombres poseedores de la unción y, al mismo tiempo, dadores por
imposición de manos o acciones similares.
Una de las manifestaciones que tuve ocasión de presenciar en directo, sin intermediarios que me lo
contaran, fue las que provenían de un ministerio importante en esa etapa, cuyo titular era un hombre
evidentemente ungido, que no más de orar, extender su mano o simplemente soplar por un micrófono,
determinaba que toda su audiencia asistente se fuera al suelo como en un curioso y hasta pintoresco “efecto
dominó”. Yo simplemente me fui al piso, no me preguntes el cómo y el por qué porque no sabría explicártelo.
Y luego, en el suelo, no podía levantarme, era como si mi cuerpo hubiera aumentado su peso al triple.
Mi esposa, en cambio, sintió como si dos manos la empujaran suave pero firmemente de la parte delantera de
sus hombros. De hecho, nadie visible la estaba empujando, y también se fue al piso. Muy pocos, (Menos de un
dos por ciento de diez mil personas), quedaron de pie. Y verlos, resultaba mucho más raro que ver a los demás
caerse.
Ese hombre, un poco supongo que extasiado y hasta eufórico por lo que producía su ministerio, quizás
se fue de largo con sus modismos. Se divertía, porque esa es la expresión que cabe, derrumbando casi con
solo mirarlos a venerables, solemnes y hasta acartonados pastores, especialmente los que venían a tomarle
examen desde las congregaciones pertenecientes a denominaciones conservadoras y tradicionalistas. El
ministro principal se despojaba de su saco, se lo entregaba a un pastor y le pedía que lo arrojara en el lugar
donde se encontraba la gente de su iglesia. Toda la gente de esa iglesia, nada más, se iba al suelo ni bien
volaba el saco, mientras que los que no pertenecían a ella, quedaban en pie.
Fue muy criticado por esto, pero