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Amor y competencia tras un accidente

Este documento presenta el inicio de una historia de amor entre dos personas que han tenido disputas familiares en el pasado. La protagonista femenina sufre un accidente automovilístico y es rescatada por el protagonista masculino, aunque no lo reconoce. Ella es llevada a una ambulancia mientras lucha con las secuelas físicas y la pérdida de memoria sobre cómo ocurrió el accidente.

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Dick Mani
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Amor y competencia tras un accidente

Este documento presenta el inicio de una historia de amor entre dos personas que han tenido disputas familiares en el pasado. La protagonista femenina sufre un accidente automovilístico y es rescatada por el protagonista masculino, aunque no lo reconoce. Ella es llevada a una ambulancia mientras lucha con las secuelas físicas y la pérdida de memoria sobre cómo ocurrió el accidente.

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Sinopsis

Dos mundos conectados por viejas disputas familiares.

Dos personalidades diferentes.

Dos géneros contrarios.

Hielo y fuego, en constante competencia.

Katherine Briden es una mujer difícil, inteligente y controladora que está

acostumbrada a ganar. Todos se han acostumbrado a dejarle el camino libre

cuando quiere algo…O bueno, casi todos.

Andrew Simurs es el único con el valor de enfrentarla y aún así tiene que

enfrentarse con verse derrotado por ella una y otra vez.

Pero, ¿qué ocurrirá cuando ella nunca llega a su última confrontación?

¿Qué pasa si un accidente lo cambia todo, y les permite intentar conocerse

mejor?

¿Les dará el destino una segunda oportunidad de encontrar el verdadero amor?

Sumérgete en esta maravillosa y competitiva historia de amor, quizás algún día

encuentres a tu idiota competidor.


1
Abro los ojos, ¿dónde estoy? Puedo sentir el olor a humo en el ambiente, como
si lo tuviera entrando directo a mi nariz. ¿Qué ha ocurrido? Tengo un fuerte

dolor de cabeza y no puedo sentir mis piernas, así que no sé qué pensar de la

situación. Toco mi cabeza y al bajar mi mano noto que está manchada de sangre
al igual que algunas partes de mi ropa, donde podría jurar que tengo algunos

moretones. Trato de levantarme para averiguar qué ocurre pero mis piernas se

niegan a responder, atrapadas bajo una puerta…. ¿una puerta de un automóvil?

Necesito salir de acá.

— ¡Auxilio! ¡Auxilio! —pido ayuda entre gritos, que hacen más en dañar mi

garganta que traer ayuda. Los alrededores no parecen prometedores sin ningún

flujo de autos aunque me he dado cuenta hace un rato que estoy en medio de una

calle. Estoy tan desesperada que igual sigo intentándolo. Con suerte, alguien que

no veo entre toda la destrucción se dará cuenta de que sigo ahí. —Ayuda, no
puedo levantarme — sigo repitiendo entre sollozos mirando en todas las

direcciones que me es posible.

Nadie responde.

Vuelvo a gritar varias veces más sin obtener respuesta. Mis ojos han comenzado
a cristalizarse por las lágrimas y mis pulmones se niegan a retener aire. El
tiempo pasa y mi desesperación crece llevándome al borde de un ataque de

pánico. Sé que no he tenido muchos otros para comparar, pero sé que poco a
poco la sensación va haciendo su camino a través de mí. El sol no deja de

quemarme la piel expuesta del cuello y hombros, que podría jurar que ya debe

haber adquirido la molesta coloración que toma cuando me doy algo de sol.

— Por favor, ayuda— sollozo a punto darme por vencida y abandonarlo todo,

cuando sé que mis suplicas no tienen respuesta. No puedo más que solo pensar
que esa desolada estructura de cemento se convertiría en mi última visión

mientras dentro de mí, sigo esperando ayuda. Con suerte, alguien encontraría mi
cadáver en unas horas, si era el caso.

El tiempo continúa pasando y la ayuda no llega. Creo que todo está perdido,

sobre todo al tener dos cadáveres cerca de mí, ambos masculinos e idénticos.

Mis fuerzas se han agotado y siento que estoy a punto de desmayarme. Cierro

los ojos rindiéndome al fin, pero lo único que eso trae es una desagradable
sensación de nauseas mientras que a cada latido puedo escuchar pasos y voces

que se acercan rápidamente; y estoy segura que han estado desde hace poco

porque de ser de otra manera los habría escuchado hace rato. Abro los ojos

esperando que todo se haya acabado y que no sea mi imaginación jugándome


una broma.

— ¿Está muerta? — pregunta un hombre joven mirándome con clara


preocupación en sus ojos. Algo en la manera en la que se niega a estar muy cerca

de mi posición, me da una idea de lo mal que debo lucir realmente—. ¿Y esos


dos? No se mueven.
— No lo está— una voz más profunda y tosca aclara mientras alguien toma el
pulso en mi cuello. La temperatura de sus dedos, quema contra mi piel que

supongo ha de ser la caliente, debido al rato que llevo bajo el sol—. Bienvenida,

preciosa señorita—menciona aliviado el hombre de unos 60 años quitando su


mano de mi cuello con una sonrisa amable.

Lleva un uniforme al igual que un tercer hombre que permanece en silencio

mirando hacia mí con cierto desagrado.

— ¿Esta bien? — pregunta el más joven de ellos, con la vista fija en mis

piernas. Es el único de los tres vistiendo un traje mientras que los otros usan una

especie de uniforme con algunas insignias que no logro reconocer—. ¿Por qué

no se levanta?— detecto cierta preocupación en su voz y un rastro de

culpabilidad. Como si me conociera de algún ligar, y aunque algo de él me


resulta levemente familiar, no hay nada que me diga de dónde.

— Parece que está atrapada con esa puerta, es demasiado pesada para que

pudiera quitarla por sí sola— el más viejo examina mis piernas con seriedad y
luego se dirige a su compañero con la misma expresión critica, hablando en voz

baja por un rato e intercambiando algunas señas, hasta que al final, le palmea el
hombro volviendo su mirada a mí—. Debemos quitarla, si esperamos más ayuda
podría ser peor para ella. Y créeme, no queremos que sea peor.

— ¿Qué ocurrió? — mi voz sale pastosa e inaudible mientras un dolor


aprehendiente pasa por mi garganta acompañado de un sabor amargo a sangre.
Supongo que debí contar con eso en el momento en que decidí gritar.

— Ha tenido un accidente automovilístico— explica el mayor de todos mientras


su compañero quita la puerta de sobre mis piernas. Pruebo mi suerte intentando

mover los dedos de los pies, pero luego de varios intentos, no parece que es

mucho lo que pueda hacer—. Estarás bien, no te preocupes— desvía la mirada


mientras parece que reza en voz baja.

Los hombres con uniforme quitan la puerta de mis piernas y me preguntan cómo

me siento mientras limpian la herida en mi cabeza. Reprimo mis ganas de

decirles lo obvio porque me siento demasiado débil para siquiera hablar, así que

me resigno a hacerles el trabajo más fácil y no ser una herida quejona.

— La ambulancia no puede llegar hasta acá, el fuego y los fragmentos de ambos

vehículos dificultan el paso y hemos venido sin apoyo. Además no sabemos que

tanto se mantenga esto hasta que haya peligro de explosión, porque es una
cantidad peligrosa de gasolina la que está saliendo del camión— explica con voz

alerta el de cabello grisáceo, señalándole a los otros dos la realidad con la que
lidian en el momento—. Debemos llevarla hacia la ambulancia, no hay tiempo

que perder.

— Yo lo haré— lo detiene el castaño arremangándose la camisa y luego


levantándome en brazos con completa comodidad, como si fuera algo que

hiciera todos los días. ¿Quién era? ¿Lo conocía? .—No pesas tanto como creí—
expresa con una sonrisa tímida que no llega a sus ojos y por alguna razón, algo
en mi interior se queja como si necesitara decirle algo de vuelta. Es una

sensación tan agria que solo podría igualar con el enojo.

— Manchó su traje—el que parece el aprendiz del más adulto, deja salir un

quejido casi imperceptible, demostrando que está muy en desacuerdo con el civil

participando en eso. —Debe ser muy costoso.

Frunzo el ceño y desvío la mirada.

El hombre joven me lleva en brazos durante unos minutos entre los restos del

accidente y escondo el rostro contra su pecho desesperada por alejar el olor a

humo que parece no dejarme. A pesar de que el olor de su loción es agradable,

no puede ni de cerca desaparecer el asfixiante olor del grisáceo gas. Me deja en

la camilla más rápido de lo que pensé y a pesar de que agradezco haberme

deshecho del daño del sol y toda la escena fuera de la cabina del vehículo

clínico, aun no estoy del todo a gusto con mí alrededor; menos con el olor a
alcohol uniéndose al de la humareda. Los técnicos en emergencias se dirigen

directamente a la parte delantera después de dar un breve vistazo al interior de la


cabina y de cerrar las puertas dobles. El vehículo no demora en ponerse en

marcha con el sonido de sirenas de policía compitiendo con el de la ambulancia.


Ambos sonidos no hacen más que ponerme los nervios de punta preguntándome
que rayos está pasando. Ni siquiera puedo pensar en lo que ocurrió antes de

despertarme en medio de los restos de la coalición de los vehículos; aunque


tampoco recuerdo mucho de cuales eran. Estoy tan poco segura de lo que ocurre
que toma todas mis fuerzas mantenerme tranquila en la camilla.

Siento que mis ojos comienzan a cerrarse lentamente sin poder controlarlo pero
una voz me detiene. Miro a mi alrededor en busca de la procedencia de esta y

noto que el hombre sujeta un teléfono y lo mantiene en altavoz.

— ¿Cómo está? —la voz en el teléfono es masculina y profunda, y suena

molesta. Debe ser de alguien a quien él respete mucho por la tensión que tiene su
cuerpo al hablarle, como si no pudiera con la certeza de hacer al dueño de esta,

enojado—. ¿Ha sufrido alguna herida grave?

— No, padre. Tiene una contusión en la cabeza y lo más probable es que estará

en silla de ruedas por un tiempo. Solo eso.

— ¿Solo eso?— a pesar de que no está gritando, el tono de voz del padre del
hombre, sube unos cuantos decibeles—. Pudo haber muerto.

— Pero está viva— me mira como si pudiera transmitir la imagen en la camilla y

enviársela en un mensaje como si nada—. Pudo ser peor y lo sabes. Lo más

importante es que aún está viva. Y no me preocuparía tanto por eso, sino porque
no ha dicho mucho— toma mi mano, con uno de los lados de su boca alzándose
con lo que parece una sonrisa, de la que al final se retracta; y aunque es un toque

inofensivo y suave, un sentimiento de desagrado llena mi cuerpo, obligándome a


retirarla de inmediato.

—No la dejes sola—la persona del otro lado de la línea parece hablar entre
dientes y con algo de agitación cuando menciona la orden, luego hace una pausa
por lo que parece siempre hasta el punto de hacerme pensar que ha colgado pero

el sonido de una garganta aclarándose, me demuestra que no.— Llegaré mañana.

Hijo, hablo en serio, no te atrevas a dejarla sola.

— Si, padre, lo sé—vuelve a recuperar mi mano en la suya sin haber siquiera

hecho una mala cara la primera vez que la solté, y mantiene su atención en la
línea sin dirigir ni una sola mirada en mi dirección. —Esperare hasta que se

recupere, eso sí David no me saca a patadas primero— con esa última frase
cuelga la llamada y mete el teléfono en uno de los bolsillos internos de su saco.

— ¿A dónde vamos?

— A Filadelfia. Por ahora, descansa. Responderé todas tus preguntas cuando lo

hayas hecho.

Hago caso a sus palabras y cierro los ojos dejándome caer en un sueño profundo.

Siento el momento en el que me bajan de la ambulancia pero estoy tan cansada

que me dejo llevar a donde sea que quieran llevarme. Igual nada puede ser peor
que encontrarme con la escena de ese mismo día.

2
Bip…Bip…Bip, son los primeros sonidos que escucho cuando despierto.

Lentamente abro los ojos encontrándome con unos cansados irises azules

observándome preocupados, y son la razón por la que en segundos todo me

viene de golpe y a la vez, no veo nada más allá de las horas anteriores.

Por muy evidente que sea, me permito estudiar su apariencia y dar con lo que me
resulta tan conocido de él. Tiene un perfil serio pero sincero acompañado por los

ojos más azules que alguna vez he visto, una nariz recta y fina; su ceño fruncido

hace que sus gruesas cejas destaquen, al igual que le dan más firmeza a la línea

que forman sus labios en esos momentos. Sin embargo, sé que cuando no están
así, las puntas tienen una coqueta elevación. Su cabello cae desordenado sobre

su frente y por la manera en que lo tiene, es evidente que tiene la manía de


pasarse las manos regularmente por él. Lo observo fijamente hasta que noto que

un peculiar brillo se enciende en sus ojos convirtiendo mi examen en algo más


que embarazoso, pero en vez de reaccionar contra eso con molestia, son sus

mejillas quienes hacen sus pensamientos evidentes al adquirir un leve sonrojo.


— ¿Dónde estoy?— libero su rostro de mi escrutinio y paso a examinar el lugar
donde estamos. Es una elegante habitación con cortinas oscuras y un moderno

sofá en la pared contraria a la cama, estoy rodeada de diferentes máquinas de

aspecto clínico que no dejan de mostrar diferentes señales que deben recibir
desde el par de cables que desaparecen bajo la sabana que me arropa, y de ahí

deben estar conectados a alguna parte de mi cuerpo. El aire tiene un picante olor
a alcohol que no deja de molestarme—. ¿Quién eres?

— Katherine, estamos en el hospital Pensilvania en Filadelfia. Y en cuanto a

quien soy, no puedo creer que me hayas olvidado— se permite decirlo con burla

aunque la situación no parece la indicada para utilizar el humor.

Katherine. ¿Quién era Katherine? Me había llamado Katherine con tanta

seguridad como si me conociera.

— ¿Quién es Katherine?—alzo una ceja mientras me incorporo en la mullida


camilla recibiendo algunos dolores en la parte baja de la espalda—. Y no, no sé

quién eres.

— Tu eres Katherine— frunce el ceño como si algo no le concordara, y para


hacer su afirmación aún más creíble, me señala con un dedo a pesar de que se ve

grosero.— Deja de jugar conmigo. Soy Andrew, Andrew Simurs.

— No me llamo Katherine— aseguro echándome el cabello detrás de los

hombros.

— ¿Entonces, cuál es tu nombre?


— Yo…no lo sé— por más que trato de recordar para darle una respuesta que
quite ese enfado conmigo, mientras busco en mi cabeza lo único con lo que doy

es que no estoy segura de nada.

— Katherine, no bromees— susurra nervioso cerrando los ojos y frunciendo los

labios en una mueca. Puedo ver como la vena de su cuello palpita sin control con
él luciendo cada vez más concentrado en lo que sea que está trabajando su mente

—. ¿En serio, no recuerdas mi nombre?

Niego.

— Katherine…

— Deja de llamarme así, ese no es mi nombre.

Se levanta del borde de la cama y comienza a caminar nervioso por toda la

habitación con la vista baja y pensativa, lo hace por varios minutos como si
hacerlo le diera una idea de cómo debería proceder. Cuando estoy a punto de

decirle que se detenga porque no hace más que inquietarme, levanta la mirada y

sale de la habitación sin decir nada.

Miro a través de la espaciosa habitación sin nada en mente y luego echo un

vistazo a mis piernas que no son más que un bulto debajo de la gruesa sabana y
antes de poder estirarme a ver, siento una punzada en la cabeza, recordándome la
sangre que había estado saliendo de una herida en ella, la última vez que revisé.

Toco mi frente y me encuentro con una venda que recubre la mayor parte de
esta, dejándome con la duda de que tan grave es la herida.
Me siento impotente, necesito salir de aquí; algo me dice que tengo que hacerlo.
Vuelvo a mirar por toda la habitación buscando por una forma de salir pero la

única posible es la puerta por donde Andrew ha salido hace un rato. Igualmente,

no creo que fuera posible salir caminando con el estado que muestran mis
piernas, además del hecho de que aún no puedo sentirlas.

Suspiro.

Un bolso en la mesa a mi lado llama mi atención, es un bolso de mujer de cuero

negro y aunque tiene un aspecto desastroso, sé que puede ser de ayuda. Lo tomo

y vacío el contenido sobre mi regazo. Dentro hay un teléfono, una cartera, llaves,

lo que parece un estuche de maquillaje, una agenda y eso es todo. Nada fuera de

lo normal, más que las típicas cosas que una mujer llevaría en su bolso.

El teléfono se encuentra con la pantalla destrozada por lo que es poco visible lo

que hay en ella. Es caro, se nota. Y a pesar de que parece imposible, aún
permanece encendido, mostrando diferentes notificaciones luminosas en la

pantalla. Me las arreglo para descifrar de qué se tratan y me encuentro con que
la mayoría son avisos de mensajes pendientes y llamadas perdidas. Lo

desbloqueo sin saber cómo y abro uno a uno los mensajes.

Xavier Higgons: ¿Has llegado?

Papá: ¿Por qué no contestas mis llamadas? Llámame, estoy preocupado.

Xavier Higgons: Trevor y Steve no contestan sus teléfonos. ¿Qué ocurre?

Xavier Higgons: Kathe, tu padre está muy preocupado. Por favor, contesta.
Papá: Hija, por favor, responde. Te lo suplico. Posdata: ¿Cómo te fue con
Simurs?

Así que si me llamaba Katherine. ¿Y qué ocurría con el misterioso Andrew

Simurs? Sigo revisando el teléfono pero no encuentro nada que me dé una pista

de lo que realmente está sucediendo.

Paso de uno a uno los objetos y abro la cartera hallando diferentes tarjetas de
crédito, identificaciones, algo de dinero y varias fotos de gente que no recuerdo

conocer.

Tomo una de las identificaciones y la examino.

Katherine Sophia Briden Prine.

Fecha de nacimiento: 14 de Septiembre, 1988.

Lugar de nacimiento: Nueva York, EUA.

Y en ella hay una foto de una mujer. Y esa mujer soy yo. Así que si es cierto, mi

nombre es Katherine Briden. Y con eso confirmado había dos opciones de

porque no estaba del todo segura de es; o me estaba volviendo loca o todo era
una broma de alguien.

Es imposible ver una vida frente a mis ojos que no es mía, no podía ser mía. No

recuerdo nada.

El castaño vuelve a entrar a la habitación seguido de un doctor que camina a la

camilla, ambos parecen saber algo que yo no, e intercambian miradas que
guardan un significado secreto que me hela la sangre.

— ¿Así que no recuerdas tu nombre?—dice el doctor examinando el


electrocardiógrafo.

— Creo que es Katherine Briden—con voz temblorosa señalo la identificación

en mis manos—. No estoy segura, la verdad.

—Está bien, comencemos con algo aún más fácil. ¿Qué recuerdas exactamente?

— Yo…no recuerdo nada— otra punzada llega a mi cabeza pero esta vez el

dolor trae algo de lagrimeo a mis ojos—. Solo sé que esta mañana tuve un

accidente y que dos personas murieron en él.

— ¿Los reconociste?

Niego.

— ¿Sabes tu edad?

Niego.

— ¿El nombre de tu padre?

Niego.

— ¿Día de nacimiento?

— ¿17 de Septiembre?

Asintió.

— Lo dice acá, así que en realidad no lo recuerdo.


— Parece que te diste un golpe muy fuerte en la cabeza— el tacto de sus dedos
es helado cuando los pone sobre el vendaje dando una mirada detenida a la

herida debajo del material.— Eso pudo crear una pérdida de memoria…O

quizás fue el trauma por el accidente.

— He perdido la memoria— no intento decirlo como una pregunta pero


igualmente asiente—. ¿Entonces, si soy Katherine Briden?

Asiente.

— Lo mejor para esto es que vuelvas a tu rutina, será difícil al principio pero es

la mejor terapia. Enviaré la información a tu doctor de cabecera en Nueva York,

y él te dirá más sobre los chequeos y demás cosas.

— ¿Hay posibilidades de que pueda quedar así?

— Son muy mínimas, nada de qué preocuparse. Solo tienes que cuidar mucho
esta cabeza y no alterarte.

— Entonces, nos encargaremos de eso— Andrew es quien habla esta vez, y lo

hace con determinación aunque sin mirarme. Ha prometido explicarme todo,


pero parece que la magnitud de todo lo que tiene que explicar es demasiado para

él—. Ya notifiqué a su padre.

— Ok, informaré eso— el doctor asiente un par de veces y se dedica los minutos
antes de volver a irse, en una revisión de la información que le dan las máquinas.

— ¿Así que no sabes quién soy?— el ojiazul se sienta en el sillón juntando las
yemas de los dedos.

Niego.

— Si me recordaras estaríamos peleando— su media sonrisa vuelve a aparecer y


me hace preguntarme como lucirá su verdadera sonrisa.

— ¿Te odio?

— Digamos que algo parecido.

— ¿Entiendo?... La verdad es que no.

— No tienes que hacerlo, pronto lo harás.

— ¿Pronto?

— Tu padre te lo dirá, estoy seguro— me mira fijamente como si esperara que

en cualquier momento fuera a atacarlo y esto no fuera más que una mentira. Sin

embargo, hay una parte de él que ha comenzado a convencerse de que lo mejor


es aceptarlo de una vez por todas—. Y me tengo que ir. No le gustará verme

aquí.

Con paso suave emprende su marcha en el corto recorrido del sofá hasta la
puerta por la que salió el profesional de la salud hace poco.

— No te vayas— por muy patético que pueda sonar, es lo que necesito. En el

momento en que él salga por esa puerta me habré quedado completamente sola,
sin nadie más que conozca y me guie sobre quien soy.

— ¿Qué dijiste?— se voltea sorprendido.


— No te vayas, eres lo único que tiene sentido.

— ¿Te estas declarando?— otra media sonrisa y esta vez comienzo a


comprender mi aversión hacia él. El hombre es algo loco; puede pasar de verse

como la persona más afectada a estar engrandeciendo su ego en segundos.

— Ya veo porque no me agradas. Pero no, solo quiero que me cuentes como era.

— Tu padre te lo dirá mejor que yo.

— No sé quién soy y no confío en nadie.

— No has cambiado, siempre tan desconfiada— se acerca a la camilla y se deja

caer en el borde mirando el cuadro que cuelga de la pared. No es más que alguna

pintura abstracta que debieron comprar en alguna venta de garaje pero parece

haber capturado la mirada de él.

— Olvídalo, no te obligaré a quedarte.

— Mi número está en tu celular, si me necesitas llámame— hace un teléfono con

las manos.

—No tengo a ningún Andrew Simurs agendado— declaro cuando no doy con su
nombre entre la lista de contactos en el teléfono roto. Quizás se deba a que he
presionado mal, pero lo he intentado tantas veces que comienzo a creer que es

solo que él está mintiendo sobre yo teniendo su número.

— Solo escribe mi número y veremos mi nombre— toma el dispositivo móvil de

mis manos y después de un par de intentos, ha logrado escribirlo acertadamente


—. ¿El Idiota?— alza una ceja cuando por fin da con su búsqueda—. Lindo

apodo.

— No recuerdo eso. Pero me agrada.

Esta es mi vez para sonreír y él no demora en responderme con una de sus

medias sonrisas de vuelta.

— La misma tú, pronto estarás discutiendo conmigo.

Alguien llama a la puerta y corta lo que fuera que estaba por decir luego de eso.

— Hija, soy yo— anuncia una agotada voz masculina desde el otro lado de la

puerta—. ¿Puedo pasar?

— Pase, Sr. Briden— responde Andrew volviendo a su expresión seria y

caminando a la puerta. La abre dejando ver a un señor de mediana edad con un

semblante preocupado que no deja de mirar sobre el hombro del joven en busca

de algo o alguien.

— Que gusto verlo.

— Andrew Simurs— el señor da un asentimiento seco y lo pasa entrando a la


habitación y dejando que su mirada aterrice en mí en la camilla. Algo en sus ojos
me da la señal que necesito para saber que está aliviado de verme, al igual que

algo dentro de mí me hace estarlo también.— Oh, mi Kathe, ¿estás bien?— se


acerca y termina a un lado de la camilla tomando una de mis mejillas para verme

mejor.
Aun no entiendo porque siguen haciendo ese tipo de preguntas, cuando la verdad
está en la manera en la cual me veo. No creo que la definición de estar bien

conecte con estar en una camilla, con la frente vendada, las piernas enyesadas y

conectada a un par de equipos.

— Sí, estoy bien—me apresuro a mentir. Algo en él me parece familiar, quizás


su sonrisa pero no puedo decirlo—. ¿Papá?— finjo una sonrisa para seguir con

la farsa, porque no estoy muy segura de que más hacer sin volver evidente el
verdadero problema en esos momentos.

— Oh, bebé— me abraza teniendo sumo cuidado. No sé porque me siento tan

protegida con su abrazo, como si algo de mí volviera—. Cuando supe de tu

accidente, estuve a punto de morir de la preocupación. Por cierto, ¿qué hace

Simurs acá?— esto último lo susurra en mi oído.

Me encojo de hombros aunque me doy cuenta que lo que estoy a punto de decir
no es la respuesta que él esperaba. —El sr. Simurs me salvó. En realidad no sé

quién es. No recuerdo nada.

— ¿Cómo que no recuerdas nada?— su voz sube un poco y abre los ojos como
platos mirando de Andrew a mí, y viceversa.

— Sr. Briden, yo le explicaré. Parece que el golpe que Katherine recibió en la


cabeza fue demasiado fuerte y provocó una pérdida de memoria absoluta, pero

no definitiva. No recuerda quien es y mucho menos quienes somos nosotros.

— ¿No recuerda nada? ¿No sabes quién soy, Kathe?


Niego.

— Soy tu padre, David Briden… papá. En serio, ¿no me recuerdas?— junta las
manos angustiado y no puedo más que hacer que mirarlo nerviosa esperando

porque no haga esto más difícil. Sin embargo, su piel ha tomado una tonalidad

rosácea y sé que se encuentra enojado—. Todo es tu culpa— señala al otro


hombre—. Si solo no la hubieras retado. Sabes que nunca te hubiera dejado

ganar ese trato, es demasiado competitiva. Tú fuiste quien la hizo salir corriendo
de la ciudad por eso.

— ¿A qué se refiere?— contemplo a ambos hombres mantener una pelea de

miradas durante un rato, sin entender una sola palabra de lo que el mayor ha

mencionado—. Andrew… ¿de qué habla?

— Tu padre y tú solo saben herir a las personas, después de que obtengan lo que

quieren hacen todo lo posible porque sea solo suyo—mi padre evade mi
pregunta y sigue hablándole al contrario—. Pero no pueden soportar que mi

familia siempre les lleve la delantera.

De pronto siento que el aire me falta, no puedo respirar, me siento atrapada,


como si me ahogara y por más que intento detener a ambos hombres y hacerles

saber que algo no va bien conmigo, los dos no dejan de estar concentrados en su
discusión donde un solo lado está hablando mientras que el otro solo espera.

En unos segundos pierdo el conocimiento.

3
— Hija, despierta—entre suplicas llamándome, me voy deshaciendo de la
nebulosidad de la inconciencia, con las brillantes luces sobre mi camilla

haciendo el proceso de abrir mis ojos aún más difícil. Intento taparlos con el

brazo pero todo mi cuerpo se encuentra tan pesado que la sola idea de intentarlo

parece un suplicio—. Vamos, Kathe, arriba.

— ¿Qué ha ocurrido?— después de toser varias veces para aclarar mi garganta,

soy capaz de hablar con voz temblorosa.

— Tuviste una crisis de ansiedad y te desmayaste.

— ¿Me desmayé?

Asiente con ojos cansados.

— Sí, el doctor dijo que se debe a que hace poco has estado en una situación
traumática con lo del accidente, y eso añadido a que no recuerdas nada, ha
acumulado demasiado estrés. Andrew y yo no debimos ponernos a discutir acá.

— ¿Qué hora es?— la culpabilidad en su voz es casi agobiante, y decido


cambiar el tema lo más rápido posible. Aunque no lo recuerde y saber que es mi

padre aún resulta extraño, hay algo dentro de mí que se niega a tratarlo con

indiferencia. Sé que me importa.

— Son las 11:27 de la noche, has estado inconsciente unas 5 horas— mira su
reloj de mano por lo que parecen un par de minutos y sé que quiere decir algo

más pero se mantiene callado, como si pensara que no puedo soportar. Como si

estar en una camilla de hospital sin saber quién soy, no fuera lo suficientemente

malo.

— ¿Dónde está Andrew?

— ¿Por qué quieres saberlo?

A pesar de que sé que no quiere sonar enojado frente a mí, su respuesta sale llena

de irritación. Me conformo con dejarlo darse cuenta que no diré nada más, así

que si no quiere responder no tiene que hacerlo.

— Está afuera, fue a comer algo a la cafetería—termina por rendirse ante mi

silencio y me pregunto si es algo normal en la relación padre e hija que


mantenemos. Sé que es un completo extraño pero ni de cerca me siento
incomoda siendo yo misma frente a él, haciéndolo casi parecer normal.

— ¿De quiénes son esas flores y regalos?— por primera vez desde que desperté
de vuelta, me permito mirar alrededor de la habitación y me encuentro con que
hay varias partes de esta llenas de ramos de flores, globos con frases y cajas de
regalo.

— Son de miembros de la compañía, los D’Moon, Xavier y algunos son míos.

Ladeo la cabeza confusa, hasta que entiendo que no tiene que tener sentido lo

que diga porque es parte de la vida que no recuerdo tener. Que de seguro debe

estar llena de gente que siente cariño por Katherine Briden. Me entristece la idea
de no recordar a nadie, porque justo ahora, solo una cara conocida podría hacer

la diferencia entre el caos que es mi cabeza.

— Eres vicepresidenta de Briden Enterprise, los D’Moon son tus tíos y Xavier es

tu mejor amigo.

— ¿Soy vicepresidenta de una compañía? ¿Hablas en serio?

— Si, la compañía familiar. La cual heredarás pronto. Es la N° 1 en el país.

— Tengo una pregunta— lo detengo en el discurso que se veía iba a dar con
orgullo sobre la empresa, esperando que mi cuestionamiento no sea demasiado

atrevido. —Has mencionado a varias personas pero nunca has mencionado una
madre, ¿qué hay de ella?

Me mira y por un momento me arrepiento de haber dicho aquello. Algo en sus

ojos me demuestra que no es un tema que se sienta bien tocando, así que cuando
sé que va a cambiar de tema, lo dejo hacerlo.

— Debes tener hambre— acaricia mi mano y luego besa el dorso—. ¿Qué


quieres comer?

— No sé. En realidad no tengo hambre.

— ¿Segura?

Asiento.

— Yo tengo un poco de hambre—rasca su barba y mira entre el sofá y la puerta


intentando tomar una decisión. Al final, la puerta gana—. Iré por algo de comer.

¿Te puedes quedar a solas unos minutos?

— Estaré bien. Ve a comer— me encojo de hombros y le dedico mi mejor

sonrisa de aceptación para que pueda irse pronto. El hombre es encantador y sé

que debería ser de ayuda para recordar pero aun así necesito un tiempo a solas

para dejar de pensar en el hecho de que no sé qué pasará desde entonces.

En cuanto la puerta se cierra detrás de él, tomo el mando a distancia y enciendo

la televisión. El sonido de las maquinas es inquietante así que necesito


concentrarme en alguna otra cosa antes de tener otro ataque de pánico. Están

pasando un especial de noticias de medianoche en el que hablan sobre el fraude


de una compañía de cosméticos que utilizaba animales en las pruebas de sus

productos y como PETA ha participado en que sea descubierta. Arrugo la nariz


asqueada porque no ahorran material audiovisual para mostrar que tan grande es
el daño. Luego, cambian a una noticia sobre un accidente y aparece una foto

mía. Subo el volumen y escucho atenta porque quizás saber que ocurrió me
ayude a recordar:
“Esta tarde fue encontrada la señorita Katherine Briden, heredera de Briden
Enterprise en la carretera, en medio de restos de un camión y el auto en el que

se dirigía a Washington junto a sus guardaespaldas. La señorita Briden se

dirigía a la capital con motivos de una reunión cuando un conductor ebrio


chocó el auto donde se encontraba. Ambos hombres que se transportaban con

ella murieron en este trágico accidente. Por suerte, Katherine sobrevivió y solo
recibió un par de heridas. En este momento se encuentra en el hospital

Pensilvania en la ciudad de Filadelfia, recibiendo atención médica. Aún no han

sido hechas declaraciones de ningún otro miembro de la familia o la empresa.

Nos encontramos atentos a conocer demás detalles sobre la situación, así que

manténgase conectados para más información. Solo esperamos que pronto

vuelva a dirigir la compañía al lado de su padre.

También recordemos que su madre murió hace 19 años en un accidente como

este. Le damos todo nuestro apoyo a la familia Briden para la pronta


recuperación de Katherine.”

Así que eso había ocurrido, mi madre había muerto y por algo no puedo evitar
que las lágrimas llenen mis ojos y pronto un sollozo sale de mi boca porque

dentro de mí, lo sabía. Mi memoria puede no estar pero mi corazón si recuerda el


dolor de la perdida. Siento una presión en el pecho que amenaza con convertirse

en un dolor insoportable, que incluso cuando la puerta se abre no soy capaz de


mirar por quien ha entrado.
— ¿Qué ocurre?— unos cálidos brazos me rodean en un abrazo y me dejo
consolar. Sé que está buscando por una respuesta pero sin importar cuanto lo

intente, los sollozos no se van por un rato—. Kathe, ¿qué ocurre?

— Mi madre…Está muerta, ¿no?

— Oh, ¿lo recordaste?

— Acaban de decirlo en las noticias— le aviso que me puede dejar ir y paso las
manos por mis mejillas mojadas, devolviéndome al dolor que siente mi cuerpo.

Odio llorar, de eso estoy segura—. ¿Es cierto?

Asiente triste.

— ¿Por eso no me dijiste hace un rato?

Asiente.

— Igual todo está bien, es algo que debería saber… ¿Comiste?

— Si y te traje algo— extiende un recipiente transparente con lo que parece un

sándwich de pavo para mí. Mi estómago gruñe con la vista de la comida a pesar

de que hace un rato estaba segura de no tener hambre—. Debes comer algo.

—Gracias— asiento una sola vez dejando el recipiente en mi regazo para abrirlo.

El sabor no es tan malo pero mi estómago parece querer rechazar todo lo que

entre en él. Aun así me obligo a comerlo completo y esperar que se mantengo
dentro.

— Deberíamos cambiar eso— toma el mando a distancia y pasa el canal de


noticias a uno de películas, a pesar de que no reconozco la que trasmiten y estoy

segura que él tampoco porque la mira con desinterés—. Esta se ve buena— se

sienta en el borde de la cama cuando le hago un espacio.

Miro la pantalla y me obligo a prestar atención a la película completa antes de

dejarme llevar otra vez por el cansancio.

4
Un innumerable número de reporteros y camarógrafos esperan a las puertas del

hospital para el momento en que días después, soy dada de alta. Por lo que he

podido aprender en estos días, somos algo grande y mi accidente solo volvió más

de la atención requerida en nuestra dirección. Así que ahora me las arreglo para
mantener los ojos fijos en mis manos mientras me preparo para enfrentar el caos

que hay detrás de las puertas. Se suponía que al tratarse de un lugar bastante
privado, no habría mucha gente a los alrededores pero por lo que puedo notar el

jardín del lugar está lleno de furgonetas con diferentes logos de noticias. La
verdad, tendremos suerte si logramos salir de acá.

En cuanto mi padre se queda detrás de mí y aprieta mi hombro, sus voces


parecen multiplicarse y estoy a punto de decir que no estoy lista para salir. Es
demasiado lo que hay afuera—. ¿Cómo está la señorita Briden? ¿Por qué está en

silla de ruedas? ¿Volverá a caminar? ¿Ya se encargaron del responsable? ¿Es

cierto que la familia Simurs tuvo que ver algo con el accidente?

El estar en la silla de ruedas empeora la sensación de nauseas en mi estómago


mientras me pregunto cómo podré hacer un camino entre ellos, porque incluso

con la seguridad del lugar y dos guardaespaldas de mi padre, se ve aterrador.

La única parte de eso que me mantiene cuerda es saber que por fin seré libre; y

aun dependiendo de la silla por un tiempo, después de las terapias que me habían

programado podría volver a estar en pie. Necesitaba estarlo.

Al momento de cruzar las puertas de salida nos vemos rodeados de reporteros

quienes quieren saber todo acerca del accidente. Mi padre ni siquiera mira en

otra dirección que no sea la del auto que nos espera enfrente del edificio. Los
guardaespaldas se encargan de abrir un camino entre los periodistas y mantienen

sus micrófonos y cámaras lo más lejos posible de nosotros mientras con ayuda
de uno de los trabajadores del centro médico puedo hacer mi camino hacia la

rampa y llegar a un lado de la camioneta.

Uno de los ellos abre la puerta mientras que el otro se encarga de levantarme en
brazos y dejarme con suavidad en el asiento trasero. Mi padre sube unos

segundos después a mi lado y con una mirada me pregunta si estoy bien.

Asiento y mantengo una expresión serena mientras los dos hombres suben en los
asientos de enfrente y en minutos el auto está en marcha por el camino de salida
del lugar. Sé que fuera de esas puertas aún hay gritos, y también sé que hay

quienes observan esperando por una reacción. Pero sobre todo, sé que debo

mantenerme tranquila, o ellos se aprovecharan de la situación para llenar todo de


chismes maliciosos.

Después de casi 3 horas de viaje en las que no hago más que mirar por la

ventana, llegamos a una gran entrada de estilo moderno. El que ocupa el asiento
del copiloto saca un pequeño teléfono en el que habla por algunos minutos hasta

que las puertas se abren dejándonos pasar. Continuamos por un corto camino

entre lo que parece un jardín hasta que frente a nosotros se alza una enorme casa

de un pulcro blanco.

— ¿Dónde estamos?—digo en medio de un susurro como si cualquier


comentario pudiera ser demasiado en esos momentos. Aun en el ambiente está la

tensión… o quizás sea solo mi desacople a los alrededores.

— En casa. Tu hogar.

— ¿Yo vivo aquí?—aunque no quiero sonar demasiado afectada recordando que


esta es mi vida, no puedo evitar hablar sofocada por el asombro de su

afirmación.

Asiente.

Volvemos a repetir lo ocurrido en el hospital pero esta vez para bajarme del auto
y ponerme de vuelta en la silla. Aunque uno de los hombres se ofrece para
empujar la silla, mi padre niega y toma su lugar para conducirme a la entrada.

Toca unos cuantos botones en el pequeño tablerillo a un lado y la puerta de

entrada se abre.

Me dirige dentro de la casa, primero deteniéndose en el recibidor para que pueda

echar un vistazo y cuando he terminado, me lleva a lo que parece una especie de


salón, donde unas cuantas personas me esperan para gritar “Bienvenida”, tan

solo entrar.

Me sorprendo con la calidez del saludo y les doy una sonrisa sincera, a pesar de

lo incomodo de la situación. Las personas comienzan a acercarse y a saludarme

deseándome una pronta recuperación; puedo notar que la mayoría se demora

más de lo normal mirando mi temporal medio de transporte, como si fuera un

nuevo descubrimiento en sus vidas.

— Katherine Briden, eres una egoísta— me abraza una joven de cabello rojizo
ondulado y enormes ojos negros. Puedo notar por su manera de hablar y por

cómo me siento aliviada de verla, que somos cercanas—. No te atrevas a alejarte


de mí, ¿lo entiendes?

— Estoy bien, no te preocupes— la calmo dando un par de palmadas en su

espalda, separándome lentamente. No estoy segura de que sepa el diagnóstico


completo así que no quiero ponernos en una posición incómoda si lo descube—.

¿Cuál es tu nombre?

— ¿Acaso no lo recuerdas? Soy tu mejor amiga, Claire D’Moon.


— Oh, Claire, es un gusto verte— mi padre había mencionado que los D’Moon
eran muy amigos de la familia y que su hija, Claire; era lo más cercano a una

mejor amiga que tenía. Me contó que éramos como familia por la amistad de

años que tenía con ellos; y recuerdo que también mencionó sus nombres pero no
me acordaba muy bien de ellos—. Hola.

— Estás muy rara.

Se cruza los brazos alejándose para dejar pasar a la siguiente persona. Un

hombre muy guapo y alto, de alborotado cabello castaño y enigmáticos ojos

grises.

— Kathe, no sabes lo preocupado que he estado— me da un abrazo más

cuidadoso que el de la mujer, aunque se demora más que ella.— Soy Xavier

Higgons, un amigo— guiña el ojo sonriendo, como si tuviera algún chiste

privado que debería conocer.

Estoy a punto de fruncirle el ceño y preguntarle cuál es su problema cuando la


voz de mi padre se alza sobre las demás pidiendo su atención.

“Familia, amigos y colegas, nuestra Kathe está por fin en casa, a salvo. De
seguro muchos de ustedes han dejado importantes obligaciones para venir a dar

su apoyo a nuestra familia. Les quiero agradecer de antemano por sus buenos
deseos. Kathe volverá a ser la misma en un mes y esperamos que nos apoyen.

Ante todo, sean comprensivos y verán que antes de darnos cuenta la tendremos
de vuelta entre nosotros.”
Toda la sala me mira fijamente y aunque sé que lo hacen porque esperan que
añada algo, me conformo con desviar la mirada hasta que se cansan de esperar.

Pronto la mayoría de ellos se dispersan y vuelven a sus conversaciones

anteriores como si fuera solo un brunch. Claire camina a mi padre y comienzan a


hablar en voz tan baja que no puedo escuchar de qué va su conversación. Miro a

través de los grupos de personas por la única otra persona además de mi padre
que considero conocido, a pesar de que sé muy bien que hay nulas

probabilidades de que esté ahí. Esa misma mañana había estado en la clínica

pero no gastó más del tiempo que le tomó al doctor dar un diagnostico final. Ni

siquiera se molestó en entablar una conversación conmigo más allá de un saludo.

— Así que no recuerdas nada—me sobresalto cuando la masculina voz llega por

detrás y me rodea para ponerse a un lado obligándome a estirar el cuello para

poder mirarlo. Mete las manos despreocupadamente en los bolsillos de su

pantalón mientras mira los alrededores después de asegurarse de no haber


hablado muy alto.

— Pero tú lo sabías—afirmo comprendiendo a que se había debido su reacción


de hace un rato. Si él tenía conocimiento de eso, debía ser alguien de confianza

para mi padre, porque ni siquiera Claire, que era mi mejor amiga, tenía idea de lo
que estaba pasando.

Asiente.

—Así que, con eso quitado del medio necesito que me respondas una simple
pregunta. ¿Quién eras tú en mi vida?

—En el trabajo, soy tu mano derecha— asegura manteniendo las manos detrás
de la espalda con total profesionalismo y estoy por creérmela cuando alza la ceja

y una pícara sonrisa, le da un nuevo significado a su expresión.— Fuera del él…

solo amigos.

— ¿Hace cuánto?

— Desde la universidad, 6 años, más o menos. ¿Por qué?

— Por nada. ¿Qué estudiaste?

— Siempre tan formal— rueda los ojos con una sonrisa—. No me sorprende que

no recuerdes nada y lo que preguntes sea eso.

Espero.

— Negocios internacionales.

— ¿Qué edad tienes?

— 27 años.

— ¿Y cómo es nuestra amistad?

— ¿Sinceramente? Bueno…Eres mi jefa, después de todo. Estoy a tu servicio.

—Te pregunté sobre nuestra amistad, no el trabajo.

—Es buena, supongo. Esa debería ser una pregunta para solo mujeres. Sería
extraño que me pusiera todo sentimental.
—Está bien, por ahora eres libre— le doy un asentimiento porque sé que ni de
lejos estoy en la parte importante de las preguntas. El doctor habló de que con el

tiempo la memoria iría volviendo sola y que en vez de preocuparme por eso,

concentrara todos mis esfuerzos en volver a caminar.

Cuando hicieron los rayos X para revisar la severidad del daño, se encontraron
con que unos centímetros más de error en la caída y hubiera sido permanente. La

espalda aún me dolía si intentaba hacer ciertos movimientos y la postura tan


recta es incómoda.

— Xavier, deberías llevarla— interrumpe el mayor señalando al contrario.

— ¿Llevarme a dónde?— los miro a ambos confusa porque no creía que podría

irme hasta que la breve reunión acabara. Y esperaba tener algo de tiempo antes

de ponerme en el trabajo de ir a todos los lugares que pudieran traerme así fuera

un pequeño recuerdo.

— Ya verás— el de ojos grises sonríe empujando la silla de ruedas fuera de la


sala y a través de un largo pasillo que lleva al otro lado de la casa. Por lo que he

podido apreciar la edificación está prácticamente vacía a excepción de algo de


personal que se escucha en la cocina. Es una casa enorme para que solo vivan

dos personas, por lo que me da curiosidad saber por qué mi padre habrá hecho
tal inversión cuando podríamos estar en un lugar más acorde a nuestra

capacidad.

Permanezco en silencio hasta que nos detenemos frente a dos grandes puertas de
madera. El las abre por completo mostrando el interior ocupado por una enorme
biblioteca, no me molesto en esperar por su ayuda demasiado emocionada por

ver el interior y solo me detengo cuando encuentro el lugar perfecto para

admirarlo todo; un escritorio que descansa en la mitad con diferentes libros


regados sobre él.

— ¿De quiénes son todos estos libros?

— Tuyos, es tu biblioteca personal. Es casi tu refugio. Pasas la mayoría del

tiempo metida acá.

— ¿En serio?— me hago con el libro más cercando a mi mano y lo hojeo antes

de ver la portada porque incluso el recordar alguna frase podría ser prueba de

que está funcionando lo de “volver a la rutina”—. Así hablo Zaratrusta— leo el

nombre del libro en voz alta y lo devuelvo a la pila.

— ¿Cómo te sientes?— me observa detenidamente y me cuestiono que tanto

pudo haberle dicho mi padre sobre lo que ocurre. Los dos problemas grandes son
bastante notorios una vez que ha hablado conmigo, pero entre los medicamentos

que enviaron hay un par que son para disminuir el estrés y controlar los ataques
de pánico. No sé si antes solía tenerlos pero parece que desde que salí de ese

accidente, no dejo de pensar en la cantidad de dinero que se puede gastar en


químicos que al final no solucionan nada permanente.

— Bien, solo que todo es extraño— doy un vistazo a mi alrededor, soportando el


impulso de pellizcarme para saber si esto no es más que una completa locura.
Sin embargo, eso representaría que sabría quién soy al despertar pero ni siquiera
estoy segura de que no hacerlo, no sea considerado locura—. Siento que estoy en

el lugar correcto pero es como si solo fuera una espectadora de mi vida. Como si

estuviera leyendo un libro que sé que habla de mí pero que es otra versión de mi
vida.

— Esta es tu vida— se agacha frente a mí y toma mis manos entre las suyas—.

Solo que ahora no lo recuerdas.

Miro el plateado de sus ojos esperando llegar a creerle. Ambas soluciones a mi

problema de memoria son aterradoras. Recuperarla supondría que dejaría de

sorprenderme por cosas, como esta casa. Y no recuperarla, supondría vivir

siempre con la duda de quien realmente soy.

— Todos estábamos muy preocupados por ti— besa los nudillos y devuelve las

manos a mi regazo, donde me gusta tenerlas desde que le di la bienvenida a mi


singular medio de transporte—. Pensé que nunca te volvería a ver.

— Xavier… ¿qué tan cercano somos? Y esta vez quiero la verdad.

— Eres mi mejor amiga.

— ¿Quién era Katherine Briden?

— Es— me corrige—. Cuando te conocí eras de las chicas más difíciles de la


universidad, muy pocos podrían decir que te hablaron. Todos querían una cita

contigo pero tú nunca aceptaste. Cuando te lo pedí, simplemente me miraste y


negaste. Pero no me rendí y un día aceptaste, pero no funcionó por lo que
decidimos ser amigos.

— ¿Cómo acepté?

— Tendrás que recordarlo—dice con una media sonrisa, y sé que una parte de él
desearía que pudiera recordarlo porque debe ser un buen recuerdo.

— No es justo, termina la historia. Puede ser que nunca recuerde.

— Bueno, veamos, si eso pasa, tendré que hacerlo. Pero como aún hay

posibilidades de que lo hagas, dejaré que lo averigües— besa mi frente.

— Lamento interrumpir— alguien carraspea desde la entrada al recinto y cuando

veo de quien se trata, lo primero que salta a la vista son los rojizos rizos

característicos de la hija única de los D’Moon—. Necesito hablar con Kathe, a

solas.

— Seguro—el contrario se separa a regañadientes y se pone en pie, dándome un

guiño de despedida y luego dirigiéndose a la salida del lugar.— Toda tuya—


añade cuando pasa al lado de la menor y puedo ver un poco de la tensión que

hay entre ambos; y no es del tipo buena.

Ella frunce el ceño en respuesta pero no se atreve a decir nada hasta que él no
está a varios metros lejos de ahí—. Sigue sin agradarme.

— No es tan malo— me encojo de hombros y eso solo hace que ella ponga los
ojos en blanco con fastidio. Sea lo que sea que pase entre esos dos es historia de

bastante tiempo y no parece del tipo donde hubo fuego. Solo se ve como si
alguno cometió un error que afectó al otro—. ¿Así que no recuerdas nada?—
cruza los brazos apoyándose contra el escritorio y mirándome con escrutinio.

— Nada. Entonces, Claire, ¿tú eres?

— Tú mejor amiga, prima, compañera de compras, tu otra mitad.

— ¿Hace cuánto nos conocemos?

— Desde siempre, la verdad. Y no bromeo, nuestros padres son amigos desde la

secundaria.

— Si, eso he escuchado. ¿A qué te dedicas?

— Soy violinista contemporánea.

— Tengo una pregunta y sonará estúpida, así que lo siento; tu nombre viene de

una melodía, ¿cierto?

Asiente—: Claro de luna de Claude Debussy.

— ¿Edad?

— 23 años.

— Lo lamento, mis preguntas deben ser tediosas.

— Un poco.

— Tendrás que tenerme paciencia.

— Lo sé. Yo…Lo siento, es solo que es extraño que me interroguen, y sobre


todo tú, que conoces más de mi vida que yo misma.
— Pude ver que no te agrada Xavier. ¿Por qué?

— Es un poco hipócrita. Nunca entendí porque te agrada. Entiendo, el hombre es


atractivo pero lejos de eso, no le veo el encanto.

— No me lo digas a mí, no lo sé— bromeo y ambas comenzamos a reírnos a

pesar de que hubiera sido algo cruel burlarme de mi estado. Pero un par de

sonrisas son justo lo que necesito antes de explotar.

— Por lo menos aun te comportas como tú.

— ¿Con buen sentido del humor?

— No, como una perra burlona.

— Hey— respondo con una queja que no tarda en convertirse en una sonrisa—.

Igual te agrado.

— Bastante, Kathe.

Después de eso me cuenta un poco sobre nuestra infancia y sobre su carrera

hasta que mi padre entra para recordarnos que se está haciendo tarde.

A pesar de que soy una mujer adulta, acordó con el doctor casi convertirme en
una niña pequeña haciendo toda una agenda sobre cuando debería tomarme las

pastillas para cada cosa. Podía recordar exactamente cual tomar, pero él se niega
a renunciar a esa responsabilidad.

— ¿Papá?

— ¿Si?
— ¿Crees que recupere la memoria?

— Estoy seguro de eso— me acompaña hasta la habitación que preparó en el


piso de abajo para mí y me ayuda a pasarme a la cama. No es necesario hacer

algún cambio de ropa porque con la que dejé el hospital es casi una pijama, por

lo que lo siguiente que hago es acomodarme mejor.

Mi nuevo celular vibra con la llegada de un mensaje.

Andrew Simurs: Dile a tu padre que autorice mi entrada. Voy a visitarte.

¿Andrew viene a visitarme? Después de cómo habían sido las cosas esa mañana,

esperaba que fuera la señal de que sin importar el estado de mi cabeza, todo

volvería a ser como antes. Miro nuevamente el mensaje para comprobar que no

lo he imaginado y después a mi padre.

Estaba segura que no iba a estar muy contento con la idea de ver al hombre
joven de nuevo.

— ¿Ocurre algo?— mi expresión no debe pasar desapercibida porque es lo

primero que pregunta cuando vuelvo mi atención a él—. ¿Quién es?

— Andrew vendrá pronto— es lo único que puedo mencionar antes de que su


rostro tome una tonalidad rojiza por el enojo. No he tenido la oportunidad de

preguntarle sobre lo que realmente ocurre con eso pero espero poder hacerlo
pronto—. Pidió que autorizaras su entrada.

— ¿Cómo se atreve a presentarse a nuestra casa? Él es el culpable de todo esto.


De seguro cree que por estar un tiempo mientras estabas en el hospital, todo
estará bien.

— ¿Qué quieres decir con eso? Él fue quien me encontró también. ¿Qué es lo

que pasa entre ustedes?

— Dejaré que él mismo te lo diga— habla entre dientes antes de sacar su

teléfono y hacer una breve llamada para pedir que abran las puertas. —Verás
porque no es mi persona favorita. Y tampoco es la tuya.

— ¿Dejaras que entre?

— Si, estará acá en un momento. Al igual que Peter.

— ¿Quién es Peter?

— El padre de Andrew, Peter Simurs.

Así que por fin conocería al dueño de la voz en el teléfono de Andrew el día del

accidente. Por la forma en que mi padre se expresaba de ellos se pensaría que

eran personas detestables aunque lo único que habían hecho en estos días había

sido preocuparse por mí.

—Iré a recibirlos. Vendré en un rato—deja un beso en mi frente y sale de la


habitación con paso firme.

Espero durante unos minutos hasta que se escuchan pasos y voces en el pasillo.
La de mi padre destaca sobre las otras dos mostrando cierto desprecio hacia las

personas a las que pertenecen. Y por muy raro que parezca, no me siento extraña
con que lo haga.

La puerta se abre mostrando a mi padre, Andrew y un hombre de mediana edad


que sonríe al verme. No el tipo de sonrisa divertida sino una forzada.

— Buenas noches, Katherine— dice el tercero y enseguida reconozco la voz de

hace unos días. Levanto la mirada y lo miro en busca de algún recuerdo, pero no

hace más que darme un leve malestar en la cabeza—. Mi hijo y yo hemos venido
a ofrecerte nuestro apoyo en lo que necesites. Estuve muy preocupado cuando

escuché de tu accidente y estuve al pendiente de todo.

— Buenas noches, señor Simurs— aclaro mi garganta con un carraspeo—. Le

agradezco la visita y su apoyo.

— Andrew me contó lo de la pérdida de memoria. No te preocupes por actuar


frente a mí.

— Peter, por lo menos ten el valor de ser sincero. Dile la verdad.

— David, vine a darle mi apoyo a tu hija. No es mi culpa que esto le haya

ocurrido. Estoy intentando colaborar aquí.

— ¿De qué hablan?— miro de uno a otro con frustración. En ese momento
desearía saber qué es lo que ocurre—. ¿Podrían decirme que es lo que pasa?

Merezco por lo menos saber eso.

— Padre, yo le explicaré. Después de todo, merece saberlo—interviene el más

joven de los tres, demostrando que no soy la única que necesita que detengan su
discusión. Intercambia una mirada con ambos y luego vuelve a hablar. Mi padre
se demora casi un minuto antes de salir a regañadientes.

Cuando no somos más que él y yo en la habitación, suelta un suspiro y cierra la

puerta.

— Comienza.

— ¿Puedo sentarme?— señala el borde de la cama pidiendo por mi permiso.

Asiento haciéndole lugar.

— Comencemos…Nuestros abuelos eran socios cuando las compañías solo

tenían una década de historia. Al nacer nuestros padres, todo parecía ser

perfecto, pero no lo fue. Desde pequeños nuestros padres fueron competitivos

entre sí, no había nada que no fuera una competencia con la cual dejar al otro en

ridículo. Al cumplir los 18, comenzaron a dedicarle tiempo a las compañías


mientras que estudiaban. Esa fue la única época neutra, porque estaban

demasiado presionados como para prestar atención a lo que haría el otro. Pero

pronto llegó el momento de que demostraran a todos quienes eran, y se presentó


un trato muy importante, pero sería solo de uno de ellos.

— ¿Y qué ocurrió?

— Tu padre ganó el trato, accedió a ayudar a mi padre con un nuevo trato pero el
orgullo Simurs es el peor y lo rechazó.

— ¿Solo ocurrió eso?


— Espera, aún no termino— las comisuras de su boca se tuercen en una mueca
como si ni siquiera hubiera mencionado aun la peor parte—. Mi padre necesitaba

vengarse, así que le quitó lo más preciado que tenía en ese momento. Su novia.

— Espera, ¿se vengó quitándole a la chica?

— Si.

— Eso es estúpido.

— Lo sé. Pero se enamoraron y se casaron.

— ¿Esa mujer es tu madre?

No tiene que asentir porque la mirada en su cara es suficiente.

— Desde entonces ha existido una rivalidad entre ellos y bueno, pasó a nosotros.

— Ojo por ojo, diente por diente— musito mirando mis manos y luego a él—.

¿Y qué ocurre con nosotros? ¿No se supone que deberíamos ser más listos y
dejar esa disputa que poco tiene que ver con nosotros? Solo piénsalo, cada

familia sigue su negocio y todos felices. Hay suficientes clientes en el mercado

para ambos.

— Bueno, no es tan fácil, como te dije “El orgullo Simurs es el peor”. Además,

no puedo dejar que una mujer me gane.

— Eso es machista.

—No, no lo digo por eso. Y me sorprende que hables de eso de cada uno por su

lado, cuando eres tú quien se niega a compartir.


En el momento en que termina de hablar, no puedo evitar que se me escape una
sonrisa—. Y dime, ¿quién va ganando?

— Has ganado el 90% de nuestras batallas.

— ¿Y el 10%?

— Fue el día de tu accidente, yo lo gané debido a que nunca llegaste. Como

nunca llegaste, te busqué y ahí fue que te encontré.

— Supongo que felicitaciones por ganar.

— No estuviste, así que no le doy importancia.

— Así que toda esta enemistad entre nosotros es producto de algo que ni siquiera

tiene que ver con nosotros, ¿o me equivoco?

— Esa es una parte, pero supongo que no estás feliz con la idea de tener un rival.

— Pero nunca había perdido.

— Eres buena contrincante.

— ¿Para eso viniste tan tarde? ¿Para decirme que suelo patear tu trasero en los

negocios?

Asiente avergonzado.

— Ya veo porque siempre gané.

— Ah, no, también vine por esto—alza un dedo y luego mete la mano en el
bolsillo de su abrigo; del que saca lo que parecen dos boletos—. Mi amigo me
dio entradas. Lleva a alguien. Son para ti.

— Gracias— mordisqueo mi labio inferior y los tomo de sus manos para ver de
qué se trata. El brillante color nácar del fondo, se ve acompañado de una imagen

de un hombre haciendo una voltereta con una motocicleta. — Luca Sandino,

deportes extremos— leo la inscripción más grande.

— Son exclusivos, habrá pocas personas.

Sonrío agradecida.

— Tenía mucho sin ver esa sonrisa.

— Andrew— suenan dos golpes en la puerta que nos obligan a quitar la

concentración de nuestra conversación—. Hijo, es hora de irnos. Se está

haciendo tarde.

— Supongo que nos veremos luego—se levanta de la cama retorciéndose las

manos y mirando la puerta—. Que duermas bien.

— Buenas noches,…Idiota.

Puede escuchar su risa de camino a la puerta y me doy cuenta de que voltea un


poco el rostro para mirarme antes de salir.

Mi padre entra minutos después para desearme buenas noches y sale hablando
por su teléfono. Deben ser ya casi las 11 pero parece algo normal contestar
llamadas a esa hora.

Me quedo sentada a oscuras, esperando el momento que llegue el sueño. Pero


por más que lo intento, no logro dormir. Es imposible conciliar el sueño sin saber
qué es lo que me esperará al abrirlos. Los días en el hospital por lo menos tenía

la certeza de que hiciera lo que hiciera seguiría en la camilla al día siguiente.

Me recuesto y agarro el teléfono de la mesita de noche, conecto los auriculares y

pongo algo de música. Sorprendentemente me sé la mayoría de las canciones en


el reproductor, así que con algunas incluso canto en voz baja. Después entro a la

galería de imágenes, quizás las fotos me harían acordarme de algo. Paso foto tras
foto encontrándome con muchas en donde sonrío al lado de Claire, unas cuantas

de mi padre y unos pocas de mi niñez. Solo una foto llama mi atención, la de una

mujer de unos 30 años, sonríe a la cámara mientras sostiene un enorme libro en

sus manos; tiene un hermoso cabello castaño y unos gigantes ojos dorados. En

cuanto comprendo quien es, las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos.

— Mami, ¿qué lees?— dice la pequeña de 5 años.

— Oh, gatita— sonríe la mujer apartando la mirada del pesado libro en sus

manos—. Hamlet.

— ¿Ham…Haml…Hamlet?— pregunta la pequeña confusa.

— Si, gatita— ríe la mujer divertida con los intentos de la pequeña por

pronunciar el libro. Aparta unos cuantos mechones del rostro infantil y le da a la


pequeña una mirada maternal—. ¿Quieres leer conmigo?— extiende los brazos

después de acomodar el libro sobre su regazo.

La pequeña asiente y se deja levantar por la mujer.


— ¿Estas cómoda?— sienta a la niña con la espalda contra su pecho y retoma
la lectura levantando el libro—. Leamos.

—Aún no se leer— la pequeña pone las manitos sobre su boca con su ceño

pronunciándose—. No entiendo que dice.

— Esta bien, gatita…. Veamos, “Tú, mi amada Gertrudis, deberás también

retirarte, porque hemos dispuesto que Hamlet al venir aquí, como si fuera
casualidad…”

— Perfecto— sonríe el hombre de ojos grises con la cámara en sus manos

mirando a su amada—. Saliste hermosa, amor.

— Ahora toma una donde salga Kathe— ríe mientras quita el libro frente a ella

revelando a la pequeña de enormes ojos, sentada en su regazo.

¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mami!

— ¡Kathe! ¡Katherine! ¡Despierta!

— ¿Qué ocurre?— abro los ojos de golpe y me encuentro con un par de ojos

cafés mirándome con preocupación. Miro alrededor hasta que encuentro el reloj
y compruebo la hora. Las 2:46 de la mañana.

— Estabas gritando y llorabas— por primera vez presto atención a las ojeras

debajo de sus ojos—. ¿Has tenido una pesadilla?— se sienta a mi lado


acunándome como si fuera una niña pequeña.

Había estado teniendo ese sueño la mayoría de las veces de esa semana, pero
esta era la primera que me levantaba gritando.

— No, fue un sueño— susurro tan bajo que por un momento creo que no ha
escuchado mi respuesta—. Soñé con mi madre.

— ¿Con tu madre? ¿Has recordado algo?

— Solo pequeñas cosas, nada importante. Además de ti, no tengo muchos

recuerdos de otras personas.

Esa era una mentira a medias. Había tenido otros recuerdos pero ninguno parecía

de importancia para contar. Incluso había uno sobre los Simurs pero no quería

poner más presión sobre él. Creía que no sabía pero había trasladado el trabajo a

la casa para mantener un ojo sobre mí, incluso cuando la enfermera que me

estaba cuidando no dejaba mi lado en todo el día.

Recuerdo la primera memoria que tuve sobre esa familia. Estaba en mi


biblioteca y un regusto amargo subió por mi garganta, pensé que vomitará pero

en vez de eso recordé quizás el día más vergonzoso de mi vida.

“Tenía unos 11 años, estaba en el pasillo de un hotel esperando que mi padre


saliera de una reunión. El pasillo estaba solo a excepción del gerente que

hablaba con un cliente; y Andrew Simurs. Recordaba mi molestia hacia él, había
decidido sentarme lo más lejos posible porque su presencia me causaba
repulsión. Me miraba fijamente con sus enormes azules ojos. Me ponía los pelos

de punta que su mirada fuera tan profunda y constantemente me volviera loca


queriendo saber que pensaba. Me miró y volvió la vista a un lado sonriendo
pícaro.

Ignoré su gesto y desvié la mirada. Minutos después sentí como se acercaba a


mí.

— ¿Tienes sed?— preguntó inocente haciéndome dudar de las razones de que

estuviera ahí.

— ¿Por qué?— levanté la vista.

— Te traje un vaso de agua— sonrió extendiendo un vaso hacia mí.

— Gracias— se lo arrebaté de las manos.

Sonrió a la expectativa mirándome con demasiada concentración, pero decidí

ignorar el gesto porque él siempre había sido raro.

Lo miré confusa y tomé un trago del líquido. Sabía raro y agrio.

Escupí asqueada.

— ¿Que rayos es esto?

— Agua de la pecera— río bromista.

— ¡Simurs! Me las pagarás— grité asqueada y le lancé el resto del líquido en el


rostro y corrí tras él. “

— Has progresado— el hombre me da una venia.

— ¿Como la conociste?

— ¿A tu madre?
Asiento.

— Cuando tenía 18 años, salía con una chica llamada Carol, era hermosa, de
buena familia, lo que todo joven de mi edad y estilo de vida merecía tener pero

era muy caprichosa. En esos momentos me dejaba gobernar por mi libido más

que por mi corazón así que me parecía la mujer perfecta. El haberme separado
de ella es una de las cosas que le agradezco a Peter Simurs y a la vida.

— ¿Y qué pasó?

— Peter la conquistó con joyas y poder, la alejó de mí y ella terminó conmigo.

La verdad es que hacen la pareja perfecta. Ambos están llenos de soberbia.

Espero a que continúe.

— A tu madre… A Annabel la conocí un año después de mi ruptura con Carol.

Esa mañana caminaba por Central Park cuando vi a la mujer más hermosa que
jamás había visto. Ella estaba sentada leyendo un libro cerca del lago. La admiré

por un largo tiempo, y notó que lo hacía así que levantó la vista y me miró con

esos enormes ojos iguales a los tuyos.

— ¿Y cómo la conquistaste?

— Le compré un libro para poder estar a su lado. Poco a poco, le regalé más

libros y un día aceptó tener una cita. La cita fue horrible, planeé llevarla a una
cena romántica pero cometí muchos errores, derramé el vino en su vestido,

rasgué mi chaqueta. Fue un desastre. Estaba tan nervioso que lo arruiné.


Rio al notar el leve rubor en sus mejillas.

— Al final caminamos de vuelta a su casa y hablamos. La vi reír tanto y me


enamoré de cada una de sus respiraciones. Me contó sobre su vida y nos hicimos

mejores amigos esa noche. Ella era como esa parte de mí que me faltaba para ser

completamente feliz.

— Y…

— Bueno, después de eso salimos un par de veces y nos hicimos pareja, luego

estuvimos juntos por 3 años y le propuse matrimonio en el lugar donde nos

conocimos. Desde ese día me convertí en el hombre más feliz sobre la tierra, y

nuestra felicidad aumentó con tu llegada.

— Debió ser duro perderla. Lo siento.

El me mira y comienza a reírse sin ninguna razón.

— ¿De qué te ríes?

— En nuestro quinto aniversario, ¿sabes que me dijo? Confesó que los libros

solo fueron una excusa— sonríe y una solitaria lagrima se desliza por su mejilla
cuando el dolor del recuerdo lo embarga—. Que el día que me vio por primera
vez en el parque, supo que yo era por quien tanto había esperado— su voz se

quiebra y comienza a llorar silenciosamente.

— No llores— lo abrazo arrepentida de haber tocado el tema. Debí alejarme de

él en cuanto supe lo doloroso que era tratarlo—. Ella no querría verte así.
— La amé y aun la sigo amando. Lo haré hasta el final de mis días.

— El verdadero amor es la fuerza que no se mueve. Aun si no nos queda nada, él


sigue ahí.

— Katherine, estoy llorando, hija— su risa sale apagada y levanta la mirada

limpiándose las mejillas con una mano—. Se supone que tienes que hacerme

sentir mejor.

— Lo lamento pero solo quería ayudar.

— No importa. Ahora vuelve a dormir— me da un beso en la frente y hace su

camino fuera de la habitación.

Por suerte esta vez no sueño con nada y puedo dormir tranquilamente.

5
Un sonido me hace abrir los ojos de golpe con un pequeño salto en la cama.
Busco el origen y noto que es mi teléfono, en la mesa de noche. Miro la pantalla

y leo el mensaje entrante varias veces mientras mi cabeza lo asimila a esa hora

de la mañana. Según varias opiniones, Katherine era una persona madrugadora


pero desde que llegué creo que podía estar en desacuerdo con eso por todo el

tiempo que me siento cansada en el día, aunque no haga más que rodar por el
primer piso de la casa con la silla de ruedas. Reviso la hora y maldigo para mis

adentros cuando mi cabeza comienza a funcionar y las palabras que ven mis

ojos, toman sentido.

Papá: Lamento no estar en casa esta mañana, se presentó una reunión de último

minuto y era demasiado importante como para faltar. Xavier se encargará de

cuidarte hoy y llevarte a la terapia. Katherine, él se volverá tu sombra así que

no te quejes. No te dejaré sola para que algo malo suceda; te acompañará a

todas partes. Y estoy seguro que sería bueno que pases más tiempo con él, como
una ayuda para recordarlo.

P.D: Te quiero, bebé.

Genial. ¿Xavier me iba a seguir a todas partes? No era una niña para que me
cuidaran y no me agradaba la idea de ser vigilada. Además no me creía lista para
pasar todo un día con alguien que esperaba que lo recordara en instantes. A pesar

de todo el tiempo que había pasado, no podía obtener nada de él en mi mente.


Estaba cansada de todos mirándome como si esperaran que su Katherine saliera
de la nada diciendo que todo era una broma. Por desgracia, eso no iba a pasar.

— ¿Cómo está tu desayuno?—levanta la vista del periódico que sostiene en sus


manos cuando al fin dejo de mover el cereal en el plato sin mucha hambre. Solo

me ha tomado salir de la cama, ducharme y vestirme para saber que no es un día

de buen humor. Hasta la enfermera ha decidido permanecer en la cocina después


de que no quise hablar esta mañana.

No es nada contra ella, porque la verdad es que es una mujer bastante agradable

pero estar en medio del limbo sin saber exactamente qué ocurre en mi vida, no es

cuerdo después de tantos días.

— Bien—chasqueo los labios y me rindo en intentar comer más. La sola idea de

meter un bocado, me revuelve el estómago. Sé que todo se debe a los

antibióticos que tomo, y eso solo me hace fruncir más el ceño. No puedo creer

que mi orgullo me haya llevado a estar en esa situación. Puedo no estar segura
de muchas cosas sobre mí, pero sé que me molesta ser la víctima en todo esto—.

Es solo comida.

No había llegado ni hace un par de horas y le había dejado más que claro que no
iba a ser un día divertido. Sabía que estaba siendo toda una inmadura con eso,

pero la sonrisa en su rostro al saber que pasaríamos el día juntos, lo empeoró. De


seguro solo estaba intentando ser un buen amigo, pero no estaba abierta a nadie,

buen amigo o no.

—Vale, entiendo que el cereal no sea el alimento más emocionante por discutir
—mordisquea su labio divertido y deja el boletín de noticias a un lado,
mirándome con un atisbo de recelo—. No estás muy feliz con que esté aquí, ¿o

sí?

— ¿Soy muy obvia?

—Sí, bastante. Pero te tengo una mala noticia. Vas a tener que soportarme todo

el día porque no pienso dejar que nada malo te pase. Si te enoja saber que me
preocupo por ti y estoy dispuesto incluso a soportarme esas malas miradas por

protegerte, tendrás que lidiar con ello.

Mi celular suena por lo que no puedo contestar a su declaración. Tengo como

tres respuestas diferentes a lo que acaba de decir pero no estoy segura que

ninguna de ellas nos lleve a un buen lugar, así que lo dejo pasar y me hago con

mi teléfono.

Es un mensaje.

Claire D’Moon: Chica Ruedas, ¿qué te parece salir?

Katherine Briden: No sabes cuánto me encantaría salir de este lugar para algo
que no esté relacionado con el accidente. ¿Qué es eso de Chica Ruedas?

Claire D’Moon: Lo decía por la silla de ruedas, ¿no es obvio? ¿Aún no has

progresado mucho? ¿Siquiera me recuerdas?

Katherine Briden: Sí y no. Tengo la sensación de conocerte y de confiar en ti,

pero aún no tengo recuerdos o ideas específicas. Y si, lo de la chica ruedas fue
obvio, solo raro.

Claire D’Moon: Eso es un progreso. Entonces, ¿podemos salir? No me importa


tener que empujar tu silla todo el camino.

Katherine Briden: Por desgracia, hoy comienzan mis terapias y mi padre

encargó a Xavier cuidarme y seguirme a todas partes. Si, lo dije, soy una mujer

adulta y mi padre aún se cree con el poder de decir que puedo y que no puedo
hacer.

Claire D’Moon: Partiendo del hecho de que vives bajo su techo, trabajas en su

empresa y por lo tanto, existes por él, creo que en esta situación debes dejar que

se preocupe. Y no es solo él. Todos estamos preocupados por ti y queremos que

te mejores lo más rápido posible. Sobre Xavier… ¿Es que ese hombre no tiene

más nada que hacer que estar detrás de ti?

Katherine Briden: Creo que ese es su trabajo, ¿no? Trabaja para mí. Acerca de

lo de salir, me apunto.

Claire D’Moon: ¿Y el sr. Sombra?

Katherine Briden: Bueno, no queda otro remedio que dejarlo ir con nosotros.

No es tan malo.

Claire D’Moon: Está bien, Sr. Sombra vendrá. ¿Y dónde te gustaría ir?

Katherine Briden: Tengo boletos para ver a un deportista extremo.

Claire D’Moon: ¿Quién?


Katherine Briden: Luca Sandino.

Claire D’Moon: Ese idiota. ¿Quién te los dio?

Katherine Briden: ¿Idiota? ¿Lo conoces?

Claire D’Moon: No, pero tiene una reputación de imbécil. ¿Quién te los dio?

Katherine Briden: Andrew Simurs. ¿Eso importa?

Claire D’Moon: ¿Simurs? ¿Tu rival? Claro que importa. No me digas, ¿acaso

hay algo entre ustedes de lo cual no me has contado?

Katherine Briden: Sí, fue él. Y no pasa nada. ¿Por qué crees eso?

Claire D’Moon: No me sorprendería. Es tan guapo pero nos saldría con él, no

es mi tipo. Y a eso añádele el hecho de que siempre han tenido esta tensión rara

entre ustedes.

Katherine Briden: Primero, tampoco es mi tipo, así que deja de crearte


historias en tu cabeza. Y segundo, por lo que he escuchado y recuerdo, no somos

exactamente agradables entre nosotros.

Claire D’Moon: Está bien. ¿A qué hora es lo de Sandino?

Katherine Briden: A las 6:00 pm.

Claire D’Moon: Nos vemos entonces. Me tengo que ir. Tengo una presentación

en 5 minutos. Te quiero.

Katherine Briden: Suerte. Nos vemos.


— ¿Quién era?— había estado tan concentrada hablando con Claire que olvidé
por completo donde y con quien me encontraba—. ¿Tu padre?

Niego —: Era Claire.

— Oh, ya veo. ¿Qué quería?

— Salir. Y llega en un momento justo, porque creo que necesito algo de aire

fuera de esta propiedad. Ah, sí. Saldré con ella a ver a un deportista extremo
pero solo tengo dos entradas.

— Compraremos otra, no puedes dejarla sin entrar.

— ¿Y qué te hace pensar que alguna de esas entradas no es para ella?

— ¿Estas queriendo decir que no iré?

— Claire puede cuidarme. No es como si por salir me pusiera en extremo


peligro. Solo necesito un poco de aire fresco.

— Habla con tu padre— advierte encajando la mandíbula y tomando un trago de

su taza de café—. Te estoy haciendo un favor porque eres mi amiga y no quiero

verte mal.

— Le hablaré—alego haciendo una mueca molesta. Si no quería estar ahí podía

irse, nadie lo estaba obligando. Y a pesar de no recordar cómo se manejaba


nuestra relación, conocía lo suficiente de su labor como para saber que no incluía
cuestiones personales; así que podría irse por la puerta en cuanto pudiera—. Se

está haciendo tarde para mi terapia.


— Tienes razón—comprueba la hora en su reloj de muñeca y termina lo último
de su bebida descafeinada, para luego darle la vuelta a la mesa y detenerse detrás

de mí silla. Alzo una ceja esperando que entienda que soy completamente capaz

de mover la silla por mi cuenta, y tiene que dejar de tratarme como alguien débil
—. ¿Sabes? No tienes que ser tan cruel. Solo quiero ayudar.

— Eso lo sé. Pero tampoco haces fácil para mí pasar por el día de hoy. Es mi

primera vez por fuera del terreno de la casa, y tanto tiempo encerrada me volverá
loca. Así que déjame asimilar las cosas a mi manera.

Espero porque dé alguna de sus respuestas inteligentes pero emprende la marcha

a la puerta antes de que me dé cuenta. Por lo menos entendió el mensaje y está

dejándome ir a mi ritmo.

Cuando llegamos fuera, se detiene abruptamente y mira alrededor como si algo

faltara—. Deberían estar acá—se queja y luego dice algo inentendible entre
dientes, golpeando su pie impaciente contra el piso—. Eso me gano por contratar

novatos.

— ¿Qué ocurre?

— Tu padre me pidió que contratara nuevos guardaespaldas para cuidarte

después de que los que tenías… Así que llamé a la agencia y los únicos que
cumplían con la mayoría de las exigencias en el contrato, tienen poca

experiencia. Dos clientes a lo sumo es lo único que figura en sus currículos.

— ¿Y por qué los contrataste?


— Tienen buenas recomendaciones.

— Lo que no entiendo es porque se preocupan tanto por mi seguridad. No


necesito guardaespaldas, solo fue un accidente.

— No es solo por el accidente. Al ser la heredera de la compañía de retail N° 1

del país, estás en constante peligro. Muchos trataran de hacerte daño. Y también

están los periodistas, que se alimentan de cualquier desliz que puedan notar. Y
creo que sabes lo suficiente para comprender lo que significaría que tu estado de

salud sea público. Si, saben sobre lo de la silla pero no sobre…— toca su cabeza

y puedo notarlo intentar encontrar una manera de no mencionar lo que ocurre

con mi cabeza a pesar de que es algo que me he repetido a diarios, millones de

veces.

Perdí la memoria. Es todo. No hay sangre ni gritos ni nada que relacione un daño

visible en mí, así que solo tengo que esperar que todo vuelva por sí solo.

— Por cierto, ¿qué ocurrió con el conductor del camión? ¿Está vivo?

— Si, solo sufrió un par de heridas. Tiene el brazo enyesado y tendrá que estar
en reposo algún tiempo.

— Que bueno escucharlo— expreso aliviada.

— ¿Bueno? Casi te mata y por culpa de él y su irresponsabilidad murieron dos


hombres—una vena en su cuello palpita mientras que la punta de su nariz toma

una tonalidad rosácea. Puedo entender que esté enojado, porque yo podría
estarlo; pero estoy agradecida de seguir viva—. Todo por conducir ebrio.
— Cálmate, Xavier. Cometió un error pero el juzgarlo no sirve de nada, ya tiene
suficiente con tener que cargar en la conciencia dos muertes.

— Habrá una audiencia para discutir su condena en 2 días. Deberías ir para que

lo encierren y se pudra en la cárcel— la última parte la dice en medio de un

gruñido.

— No deberías decir ese tipo de cosas— pongo las manos sobre mi regazo,
como lo he estado haciendo por días porque es la única postura cómoda que

puedo encontrar para ellas—. Pagará por lo que hizo, mi presencia en esa

audiencia es trivial.

— Eres la víctima. Pudiste morir por él, tu palabra podría ganarle unos años más

en la cárcel.

— Estoy viva. Y no apoyaré que a un ser humano se le quite tiempo de su

libertad por mi culpa.

— Eres imposible— refunfuña.

— ¿Por qué te importo tanto?

— Eres mi mejor amiga.

— Eres demasiado nervioso, deberías relajarte. Estoy bien, nada malo me

pasará.

— Allá vienen— ignora lo que digo llevando su mirada a una camioneta que se

aproxima a nosotros. Un escalofrío pasa por mi espalda cuando noto lo similar


que luce al auto del accidente. Lo primero que salta a mi vista es la puerta, ya

que es el primer recuerdo que tengo desde entonces—. Llegan diez minutos

tarde. Es inaceptable.

Del automóvil bajan dos hombres jóvenes con traje. Ambos son muy parecidos,

al punto que bien podrían ser hermanos o primos. Uno de ellos es más alto que el
otro, sin embargo se ve más joven—. Sr. Higgons, Srta. Briden— habló el más

alto asintiendo a ambos, y luego cruza los brazos detrás de él para verme mejor
—. Somos Trein y Tod Sfar.

— Llegan tarde— en vez de responder el saludo, como cualquier persona lo

haría, Xavier los estudia por un momento y cuando ve que estoy alzando una

ceja, vuelve a hablar—. Espero que no se vuelva a repetir.

— Lo sentimos, señor— esta vez es el otro quien habla, mostrando una sonrisa

apenada hacia mí. Por lo menos, recuerda quien es la jefa a diferencia de su


compañero. —Y señorita Briden, no se preocupe. Llegará sana y salva justo a

tiempo para su terapia.

— La señorita Briden necesita su tiempo— mi amigo bufa quitándole toda la


importancia a las palabras mencionadas por el contrario y señala el auto con

autoridad. En esos momentos desearía poder ponerme de pie para enfrentarlo y


decirle que deje la inmadurez, pero sé que en el estado en que estoy podría lucir

patética intentándolo.

Tod se apresura a abrir la puerta y Xavier se encarga de cargarme dejándome


sobre el asiento trasero mientras que Trein guarda la silla en la parte trasera del
vehículo.

— ¿Puedes quitar esa cara?—es lo único que dice al sentarse a mi lado, antes de

que el motor se ponga en marcha.

— ¿Disculpa? No sé de qué hablas.

—Sabes exactamente de que hablo, Katherine. Podrás no recordarlo ahora pero


te conozco, y sé que cara pones cuando estás enojada…especialmente la que

usas conmigo.

Alzo ambas cejas hasta que están a punto de tocar el nacimiento de mi cabello.

Si él cree que esa manipulación va a servir, está muy equivocado. Podré no

recordar la mayoría de las cosas pero en esta semana que llevo tratando con
adecuarme, me he dado cuenta de muchas cosas de la personalidad de Katherine.

Y ella detesta ser provocada.

Miro distraídamente por la ventana mientras el de ojos plateados habla por el

teléfono sobre negocios en lugares que se me antojaban familiares, durante todo


el recorrido. Cada vez que menciona uno nuevo, una imagen aparece en mi
mente relacionándolos con diferentes emociones. Muchas veces siento la

necesidad de tomar el teléfono y hablar con la persona al otro lado de la línea.


Escuchar sobre negocios, dinero, tratos y todos esos temas despierta en mí un

apetito insaciable de ideas y control.

Casi al punto que parezco una persona completamente diferente.


— Llegamos, Srta. —el hombre más bajo me saca de mis pensamientos en el
momento en que nos detenemos frente a un edificio de más de 5 pisos. Por

alguna razón me agradaba, se nota que es bastante comprometido con su trabajo

y de él se desprenden buenas emociones—. Me encargaré de la silla de ruedas—


golpea con el dorso de la mano el hombro del ocupante del asiento a su lado y se

ponen en marcha.

El alto no le responde, pero sé que tienen su propio idioma de miradas por la


rapidez con la que trabajan juntos esta vez.

— Señorita., debe apresurarse a su cita— informa Tod mirando su reloj de

muñeca y luego a la edificación—. El sr. Higgons es el encargado de ayudarla a

bajar.

— Lo sé…Pero como ves, parece que está ocupado.

Tod asiente.

— Xavier, llegamos. Es tarde y necesito estar pronto en la cita.

— Estoy hablando por teléfono, terminaré en un momento— señala el artefacto


en su oreja y vuelve su concentración a la conversación al otro lado de la línea.

— Dame eso— extiendo mi palma abierta.

— ¿Para qué?

— Solo dámelo— se lo arrebato de las manos y lo acomodo en mi oreja—. Hola,

habla Katherine Briden, vicepresidenta de Briden Enterprise. ¿Ocurre algo?


— Señorita Briden— una musical voz femenina suelta un jadeo de sorpresa al
reconocerme—. Es un placer escucharla.

— ¿Existe algún inconveniente?

— Ninguno, señorita. Soy parte de su equipo y le comentaba al sr. Higgons

sobre los últimos movimientos de la empresa. Es para llevar un informe… para

cuando usted vuelva.

— ¿Cuál es tu nombre?

— Samantha Roter.

— Samantha, el sr. Higgons está un poco ocupado. ¿Puede llamarte luego?

— Claro, señorita. Disculpe; si hubiera sabido que lo necesitaba, no habría

molestado. Que tenga buen día— cuelga la llamada antes de que tenga la

oportunidad de decir una cosa más.

— Acabas de ser tú misma—el contrario me mira con orgullo en su rostro

mientras guarda el teléfono en el bolsillo de su saco.

— Solo hablé con alguien por teléfono— me encojo de hombros sin entender lo
maravilloso en eso. No es como si hubiera perdido el habla o me hubiera cortado
la lengua. Y en definitiva, se sintió bien hablar con alguien más que quienes

están en casa siempre—. Además “La vida es un negocio”.

— Es el lema de tu familia, lo recordaste.

— Me acuerdo de algunas cosas.


— Tu cita—el recuerdo llena su rostro de repente—. Hay que apresurarnos.

— Claro, eras tú quien esperaba a que yo terminara de hablar por teléfono—


ironizo soltando un suspiro.

Frunce el ceño molesto por mi comentario, pero me ayuda a bajar con rapidez.

Después de dejarme en la silla de ruedas, la empuja dentro del edificio y sin

detenerse a preguntar, va directamente hacia los ascensores. Presiona el botón de


llamada y mientras esperamos por la cabina metálica, se entretiene nuevamente

en su teléfono. El viaje del primer piso al tercero, pasa en un silencio incomodo

después de que le digo por quinta vez que puede irse si tiene cosas más

importantes que hacer. Cuando las puertas se abren en el tercer piso, nos

dirigimos a una recepcionista que nos espera con una sonrisa ensayada. Xavier

pregunta por mi cita y en unos minutos estamos de nuevo ascendiendo en la


espaciosa cabina del ascensor hacia el quinto piso.

Las puertas se abren revelando un largo y silencioso pasillo con puertas a ambos

lados. Xavier empuja mi silla hasta la última puerta a la derecha y toca.

Un hombre con algunas canas que viste una bata del mismo color que estas, abre
la puerta solo asomando la cabeza.

— Katherine Briden— me ofrece su mano al comprobar quien se encuentras


frente a su puerta y me da una sonrisa de un blanco increíble—. Soy el doctor

Stone, un gusto conocerte.

— Gusto en conocerlo, también— tomo la mano que me extiende y le doy un


leve apretón antes de soltarla de vuelta. Hace lo mismo con Xavier que ya parece

haber olvidado nuestra conversación en el auto—. ¿Comenzamos?

— Claro, pasen— nos deja entrar al consultorio después de abrir la puerta por

completo para permitir el ingreso de mi silla. El lugar con el que nos

encontramos es espacioso y luminoso, en una de las paredes se encuentra una


camilla que parece cómoda incluso a la distancia a la que me encuentro—.

Primero, veremos qué tan grande es el daño, plantearemos las terapias y te


enviaré una serie de ejercicios para realizar en casa además de los que

realizaremos acá. Recibí detalles de tu fractura pero me gustaría ver cómo está

todo ahí dentro por mí mismo.

Asiento.

— Por favor, ¿podrías ayudarla a subir a la camilla?— señala al hombre joven y

este le responde con un “Si”, antes de recogerme de la silla y dejarme en el lugar


de destino—. Vamos a revisar.

El doctor examina mis piernas a la vez que observa algunos negativos de la

zona, que debieron enviarle desde el hospital Pensilvania, y anota en una agenda
algunas cosas mientras me explica lo que ocurre.

— Por suerte, el daño no es tan profundo—describe señalando algunos puntos en


las radiografías que sostiene aunque no entienda muchas de las cosas que

menciona—. Si sigues mis indicaciones podrás estar caminando en un mes.

— ¿En serio? ¿En tan poco tiempo?


Confirma con un asentimiento.

— Ahora… este es el horario de terapias y los ejercicios— me entrega una hoja


con todas las indicaciones necesarias señalando exactamente el desarrollo de

cada uno de nuestros encuentros.— No me gusta enviar medicamentos porque a

veces pueden no ser la mejor opción, y no quiero añadir más a la larga lista de
antibióticos que debes de tener.

Xavier se encarga de devolverme a mi transporte de cuatro ruedas mientras el

doctor continuo explicando cada mínimo detalle—. Entonces, te espero la

próxima— sonríe cuando se ha quedado sin más que decir y camina a la puerta

para abrirla.

— Lo veré en unos días, doctor Stone.

— Hasta pronto. Katherine.

Salimos del consultorio después de volvernos a dar la mano como despedida y

deshacemos el camino que habíamos hecho para llegar allá desde la calle.

—Estoy tan feliz…Pronto todo volverá a ser igual.

—Lamento dañar tu felicidad pero aun tienes que recuperar la memoria


completamente.

— Lo sé, pero me estoy esforzando.

— Y te ha ido bien.

— Llamaré a mi padre— saco mi teléfono un momento antes que crucemos las


puertas hacia el exterior y lo acomodo en mi oreja.

— Sería mejor que le enviaras un mensaje. Está en una reunión.

— Oh, de acuerdo. Por cierto, ¿no tendrías que estar trabajando?

— Soy tu asistente así que me encargo de ti.

— ¿No tienes un hogar donde ir? ¿Esposa? ¿Hijos? ¿Una mascota?

— Sí, tengo mi apartamento. No soy casado, no tengo hijos y las mascotas no

son lo mío por mi ocupación. Y si, toda esa información tiene que estar en

alguna parte de esa cabecita tuya.

— Oh, ya veo— envío el mensaje cuando estoy cómoda en el interior del auto.

Katherine Briden: Padre, acabo de salir de terapia y el doctor dijo que puedo

estar caminando en un mes. ¿Puedes creerlo?

Papá: Que alegría, Kathe. ¿Xavier está contigo?

Katherine Briden: Sí, está a mi lado, no te preocupes. Por cierto, Claire me dijo
para salir esta tarde.

Papá: ¿A dónde?

Katherine Briden: Tengo dos boletos para ver a un deportista extremo llamado
Luca Sandino. Son para esta tarde y sería una pena no utilizarlos.

Papá: ¿No crees que es un poco peligroso?

Katherine Briden: No, no es como si yo fuera a hacer las acrobacias. Solo


estaré sentada en el público.

Papá: ¿Es demasiada gente?

Katherine Briden: No, serán pocas personas. Es un espectáculo exclusivo.


Intentaré pasar desapercibida.

Papá: Está bien, después que Xavier esté a tu lado. Y no olviden a los

guardaespaldas.

Katherine Briden: Acerca de eso…Solo tengo dos boletos. Claire me cuidará.

Papá: Katherine Sophia Briden Prine, no me hagas enojar.

Katherine Briden: Por favor, papá. Eso dejo de ser gracioso hace años. Y

acerca de esta tarde no tienes de qué preocuparte, serán solo un par de horas.

Soy una mujer adulta, sé que hacer.

Papá: Lo pensaré.

Katherine Briden: Gracias.

La respuesta nunca llega mientras volvemos a la casa a pesar de que no cierro la

conversación. Sé que para él debe parecer una completa locura que quiera ir a
esa clase de eventos, pero justamente por esa razón es que quiero ir; porque un

minuto más dentro del lugar que conozco como casa y estaré realmente loca.

Después de ser puesta en la silla de ruedas, cruzo la entrada rodando directo a la


sala y me encuentro con una mujer sentada en el sofá—: Hola, Kathe— dice con

una perfecta y estilizada sonrisa de blancos dientes—. ¿Acaso no vas a saludar a


tu tía?

La observo sorprendida al notar que sus rasgos son parecidos a los míos. Su
oscuro cabello está cortado por sobre sus hombros y acaba con algunas ondas;

sus gélidos ojos, azules como las aguas del Ártico, miran fijamente al lugar

donde me encuentro tratando de descubrir algo de lo que no estoy segura; su


postura es de superioridad y su ropa solo demuestra lo anterior. Es toda una

mujer de poder y si puedo adivinar, está totalmente consciente de eso.

— Tía—la sonrisa fingida se ha convertido en mi mayor accesorio en estos días,

junto con los monosílabos y asentimientos. Son lo único que puedo hacer que no

resulte lo suficiente sospechoso al dirigirme a alguien que se supone debería

conocer—. Hola.

— Oh, niña— se acerca a mí y me abraza incómodamente. Puedo notar que al

igual que yo no es una mujer de abrazos, y esto solo es una especie de obligación
para ambas—. Estuve muy preocupada.

— No tuviste que, estoy bien.

— Te ves terrible— me regaña con sus fríos ojos cobalto, cuando me suelta y da
un par de pasos hacia atrás para poder mirarme cómodamente—. Eso ocurre

cuando vives con tu padre. Juro que ese hombre no sabe nada sobre mujeres.

— No sé si lo habrás notado pero estoy en silla de ruedas…No es exactamente

una situación en donde me vaya a ver como una reina de belleza.

— Oh, cálmate— peina su cabello con una mano a pesar de que no tiene ni uno
solo pelo fuera de lugar.— Estoy acá para convertirte en una verdadera Prine.

— ¿A qué se debe tu visita?

— Me encontraba en Zúrich cuando escuché de tu accidente y corrí acá lo más


rápido que pude para poder cuidarte.

— Te agradezco pero ya tengo demasiado cuidado, no debiste molestarte.

— Kathe, ¿dónde estás?— la profunda voz de Xavier llega a mis espaldas y una

parte de mí se siente aliviada con su presencia. A pesar de que mis recuerdos

sobre él son muy vagos, por lo menos sé qué papel juega en mi vida. Con la

mujer de pie frente a mí, no sé qué esperar—. Sra. Prine, ¿qué hace acá?— su

mano aterriza en mi hombro y da un leve apretón para hacerme saber que está

justo ahí.

— Señorita— aclara fastidiada—. Vine a ver a mi sobrina, ¿hay algún problema


con eso?

— No, ninguno. ¿El Sr. Briden está enterado de su visita?

Niega con una ceja entornada.

— Tendré que informarle. Estoy seguro que se alegrará de verla— saca el


teléfono de su bolsillo y lo pone rápidamente en su oreja—. Samantha, ¿el sr.

Briden aún está ocupado?

— Ese hombre no deja de seguirte— susurra la mujer ignorando la presencia del

castaño. Parece que todos a mi alrededor creen que él pasa demasiado tiempo al
pendiente de mí, y aunque sé que mencionó que hubo un momento en que gustó

de mí, puedo reconocer que lo que existe entre nosotros no es más que una

simple amistad.— Debe ser molesto.

— Xavier trabaja para la compañía, y es mi amigo así que no, no es molesto. No

tienes ningún derecho a juzgarlo a él o a mi padre.

— ¡Igual a tu madre!— exclama furiosa con las manos como puños en los
costados de su cuerpo. —Tan protectora al punto de morir.

— El sr. Briden tuvo que salir en un viaje de negocios de último momento—

informa el hombre deteniendo mi respuesta y por la mirada que me da, sé que

fue adrede—. Vendrá mañana.

— Entonces supongo que podremos pasar todo el día de compras—pasa de estar


enojada a sonreír como si hace poco no me hubiera gritado—. Antes de que tu

padre nos arruine el día.

— Srta. Prine, ella no puede salir. Son órdenes estrictas del doctor.

— Soy su tía— alza una ceja como si el argumento del joven no fuera más que
un mal chiste—. Vamos, Kathe.

—Lo siento, pero Xavier tiene razón y me siento cansada.

— Katherine…

— Señorita Prine, otro día será— interviene el castaño, ahorrándome tener que

decir algo más. La verdad es que si estoy cansada, los ejercicios donde el
quiropráctico tiene a mis extremidades quejándose y a mi cabeza sintiendo un

leve dolor de cabeza—. Katherine no puede en estos momentos.

— Deja de meterte en asuntos familiares— asevera con una mirada que podría

hacer sentir pequeño a cualquiera, pero que a mi amigo no parece hacerle ningún

efecto—. No eres nadie para prohibirme salir con mi sobrina.

— Tod— manifiesto en voz alta, esperando no estar equivocada en que el par


está cerca—. Trein.

— ¿Si, señorita?— contestan ambos entrando a la sala más rápido de lo que

espero y miran entre los tres esperando sus órdenes—. ¿Qué necesita?

— ¿Podrían acompañar a la señorita Prine a la salida de la propiedad?— les

ordeno con mirada severa—. Creo que es momento de que su visita se dé por
terminada.

Katherine era control y le encantaba serlo.

— ¿Algo más?

— Si, por favor, ¿podrían decirle a seguridad que o trabajan o los despido?—
junto las manos en mi regazo—. Deben informar de cada persona que ingrese.

— Srta. Prine— pide Trein amablemente señalando el camino hacia la puerta de

salida—. Acompáñenos.

— ¿Cómo puedes hacerme pasar por esta vergüenza?— gruñe. La miro sin un

poco de paciencia y espero a que termine de hablar—. Me iré pero esto no se


quedará así, Katherine— advierte resonando los tacones de sus zapatos en el

piso de mármol, en medio de una rabieta.

— Trein, Tod— insisto.

—Señorita, por favor, acompáñenos—Tod le indica con poco humor y sé que sus

palabras no son vacías. No tiene vergüenza de su corpulencia cuando de un

trabajo se trata—. O tendremos que sacarla por la fuerza.

— No te atrevas a ponerme un dedo encima— lo señala con una arreglada uña y

busca una última vez por mi mirada, cuando no obtiene nada, casi escupe sus

últimas palabras—. Adiós, Katherine Briden.

— Prine— agrego entretenida con su expresión.

Bufa saliendo de la sala seguida de mis guardaespaldas.

— ¿Que fue eso?— mi amigo espera a que estamos solos para dejar salir una

risotada—. Tú…

— ¿Te sorprendió? Quizás no recuerde mucho pero no voy a permitir que

insulten a mi padre en su casa y en mi presencia.

— Nunca nadie le había hablado así a tu ti, excepto tu padre.

— Eso es decepcionante porque es una maldita perra ricachona.

Abre más los ojos por la sorpresa.

— ¿Que me puede hacer? Después de todo parece que me adora. Y si tiene algo

más que opinar, creo que estoy lista para responderle de vuelta.
— No lo sé. La mujer es escalofriante en cierto punto.

— No me digas—sonrío mordisqueando mi labio inferior para luego soltarlo—.


Así que el único y gran Xavier Higgons le teme a una mujer.

— En realidad, dos.

— ¿Dos? ¿Quién es la otra?

— Tú.

— No creo poder ser más detestable que ella, ¿o sí?

— En realidad… creo que no es miedo lo que siento hacia ti. Es respeto. Y a la

vez, he de aceptar que tengo miedo al daño que tú misma te haces.

Lo miro confusa.

— No dejas que los demás conozcan quien eres en realidad y apartas todo

sentimiento. A veces parece que nadie fuera suficiente para ti.

Bajo la mirada avergonzada.

— Aunque si me preguntas, eres temperamental.

— ¿Ah, sí?

— Despediste a tu última asistente por llegar 10 minutos tarde.

— ¿En serio?

Asiente bastante serio.

— Entonces, debes ser muy bueno para que no te haya despedido.


— En realidad, me adecue a tu ritmo de trabajo— toma asiento en el sofá donde
minutos antes había estado mi tía y me pide que me acerque—. Eres perfecta,

siempre lo has sido—cuando ve que no hago ningún esfuerzo por moverme, el

mismo acerca la silla de ruedas hasta que nuestras rodillas casi se tocan—. Odias
la irresponsabilidad, el irrespeto y sobre todo la arrogancia.

— ¿Sabes? Nunca me contaste cómo fue que acepté ir a una cita contigo.

— ¿En serio quieres saber?

Asiento.

— Sería más divertido si lo recordaras.

— Vamos, por la manera en la que te refieres a mí, debe ser una grandiosa

historia que escuchar desde tu punto de vista.

— Está bien— suspira fingiendo haber luchado mucho contra las ganas de

contarla, pero la gran sonrisa en su rostro me dice que es de sus cosas favoritas
para contar—. No puedo con esos ojos.

Ruedo los ojos para ocultar un sonrojo.

— Tú estabas en segundo año y yo estaba en último año. Cualquier chica de


segundo aceptaría salir con uno de último pero tú no eras cualquier chica. Te

pasabas horas y horas en la biblioteca, ocupabas siempre el primer lugar en tu


clase y tenías una vida social perfecta.

— Era una cerebrito.


— No exactamente…tú eras “la” chica. El día que reuní valor para invitarte
nuevamente te encontrabas en la biblioteca leyendo, nunca entendí porque te

gustaba tanto leer.

— Los libros son mi escape de la realidad, o simplemente se terminan

convirtiendo en mi realidad y mi realidad en un libro.

— Eso fue lo que respondiste cuando te lo pregunté. Me pareció extraño. ¿Por


qué Katherine Briden querría huir de su realidad?— pone los dedos en el puente

de su nariz para dar una pausa dramática—. Me senté a tu lado e hice algo que

ningún hombre había hecho antes, te pregunté el porqué de tu desaprobación y

comenzamos a hablar de nuestras vidas y supongo que te parecí sexy— bromea

con una risa corta.

— Tan arrogante. ¿Qué más pasó?

— Está bien, no te parecí sexy. Te agradé y demostré que solo quería una

oportunidad. Te llevé al parque de diversiones, resististe más que yo— pareció


recordar algo por la manera en que sus ojos tenían ese brillo lleno de recuerdos

—. Luego caminamos por un parque. Hablamos y sabía que esto no seguiría.


Estuvimos de acuerdo que lo mejor era seguir de amigos.

— ¿Por qué no funcionaría?

— Tu argumento era que somos perfectos el uno para el otro, que éramos muy

parecidos.

— ¿Y eso no es bueno?
— No para ti, dijiste que querías una pareja, no un clon.

— Siento si fui cruel— me disculpo suspirando. Si suena como algo que yo diría
pero aun así suena a algo demasiado cruel.

— No, no lo fuiste. En realidad fue de gran ayuda.

— ¿Y desde entonces somos amigos?

— Si, y no cambiaría ese día por nada. Llevamos años de amistad que valen más

que unos meses de pareja.

— Es una interesante historia.

— Lo sé.

— Tengo una pregunta, ¿no tengo pareja ahora?

— No, no hay nadie. Has salido con un par de hombres desde que te conozco

pero nada serio. Solo llegaban a las terceras citas por lo general. Siempre has
puesto los negocios antes que lo demás. Dices no tener tiempo para esas

tonterías.

— Soy una amargada— hago una mueca terminando en una media sonrisa. La
verdad es que lo soy, ni una sola vez he escuchado algo sobre mi vida que no

esté relacionado con la empresa familiar—. De seguro me saldrán arrugas más


rápido.

— Igual te verías hermosa.

—Eso lo veremos.
— ¿Qué quieres hacer?

— No lo sé. ¿Tienes prisa? Si tienes algo importante, ve.

— En realidad mi agenda en estos días es básicamente cuidarte. ¿Quieres ver


una película?

— No, de seguro me quedaría dormida.

— Entonces, juguemos algo.

— ¿Que?

— Nuestro juego favorito…Monopolio.

Lo miro sin poder creerlo y cuando noto que no bromea, me rio hasta que salen

lágrimas de mis ojos. Era tan de esperar que mi juego favorito fuera algo como

eso, con todas las estrategias empresariales escondidas en el juego.

— Vuelvo enseguida— se levanta del sillón y desaparece a mis espaldas


caminando hacia uno de los pasillos.

Mi celular vibra con un nuevo mensaje.

Claire D’Moon: Kathe, ¿vendrás por mí?

Katherine Briden: Seguro, ¿dónde vives?

Claire D’Moon: Está en tu teléfono. Mi dirección.

Katherine Briden: Está bien, ¿nos vemos?

Claire D’Moon: Espera, ¿tu padre que dijo?


Katherine Briden: Que lo iba a pensar. ¿Cómo te fue en la presentación?

Claire D’Moon: Bien. ¿Cómo te fue con el doctor?

Katherine Briden: Podré patear traseros en un mes.

Claire D’Moon: Que bien. ¿Y el sr. Sombra?

Katherine Briden: A punto de ser destruido por mí en Monopolio.

Claire D’Moon: Que bien. Entonces te dejo, no quiero estar involucrada en eso.

Katherine Briden: Adiós, Chica Violín.

— ¿Que dijo Claire?— pregunta Xavier sorprendiéndome, cuando habla en mi

oído. ¿Hace cuánto estaba en la sala?

— Solo hablábamos de esta tarde.

— ¿Preparada para ser destruida?— se sienta y el siguiente par de minutos se

dedica a ordenar el juego en la mesa de centro y repartir el dinero falso.

— No, estoy preparada para destruirte— lo reto entornando los ojos—. Después

no llores porque una mujer te ganó.

— Tú no lo hagas cuando yo gane. Odio hacer llorar a una mujer.

Jugamos por horas ya que ninguno de los dos queda en bancarrota. El dinero
falso se acaba y nos vemos obligados a aceptar que el juego ha terminado para

bien sin ningún ganador. Xavier prepara unos sándwiches y me habla sobre su
familia, por lo que resta de la tarde.
Era hijo único, sus padres se habían mudado muy jóvenes desde Nebraska por
razones de una mejor vida. Cuando tenía 5 años, su padre lo ayudó a entrar en un

equipo de baseball pero desafortunadamente una lesión hizo que a los 8 años lo

abandonara. Pensó que su vida ya no tenía sentido así que decidió destacarse en
sus estudios para sentir que era bueno en algo. Fue el mejor de su clase cuando

se graduó y recibió una beca para Princeton. Decidió estudiar negocios porque le
gustaba tener el control de todo a su alrededor y le parecía la mejor manera de

hacerlo.

Fue el segundo mejor de su clase con una diferencia mínima con la primera que

había sido su novia por unos meses en segundo año. Luego de graduarse y haber

encontrado una gran amiga decidió buscar trabajo. Y parece que mi padre y él se

llevaban de maravilla y le ofreció trabajo. ¿Y qué mejor trabajo que estar al lado

de la vicepresidenta de la compañía y su mejor amiga? Y lo demás es historia.

6
El peligro se puede oler en el aire a medida que tomamos nuestros lugares. Al

llegar pensé que sería todo un problema por lo de mi silla de ruedas, pero cuando

llegué nos llevaron a una zona que estaba adecuada para eso. Supuse que era

solo suerte del lugar mientras intento mantenerle el ritmo a Claire y el encargado

de llevarnos a nuestros asientos. El público vitorea a pesar de que no ha


comenzado el espectáculo y la música está lo suficientemente alta para que no se

esfuercen en hacerlo, pero entre más fuerte suena, más alto gritan. El público no

consta de más 50 personas reunidas en las graderías de la arena, y por su forma


de vestir ninguno parece un simple aficionado. Si pudiera apostar diría que casi

todos tienen puestos de oficinas en donde deben usar incomodos trajes; que
siguen utilizando entonces.

El espectáculo comienza con una explosión de pintura de la que sale un hombre


joven. Luca Sandino, de seguro. A pesar de que su complexión es justo lo que

espero; sus rasgos no lo son. Tiene una inocencia inexplicable en su rostro


apoyada por el pequeño hoyuelo que le sale en la mejilla cuando sonríe. Llega

conduciendo una motocicleta y dirigiéndose a una pista que da giros y saltos que

parecen peligrosos. Los pasa con una facilidad fantástica y salta de la moto

cayendo perfectamente en sus dos pies. Realiza todo tipo de retos saliendo sin un
solo rasguño. Por alguna razón mientras veo el espectáculo aun no sé qué hago

aquí y porque Andrew me ha dado sus boletos; me conoce lo suficiente para


saber que no soy fanática de los deportes extremos, o de ningún deporte en

general, y tampoco sería algo para fastidiarme porque desde el accidente estamos

en una especie de tregua. Miro a mi lado donde Claire no despega la mirada de

las acrobacias prestando suficiente atención por las dos.

— Creo que acabo de desperdiciar 45 minutos de mi vida viendo a ese idiota—

resopla en cuanto salimos de la arena, buscando el auto entre la multitud de

personas. Estoy a punto de decirle que deje de mentir porque sé que adoro la

experiencia, pero me guardo mis opiniones porque aún no estoy lista para
terminar el día y menos con una Claire enojada.

— Concuerdo contigo— afirmo mientras trato de no ser aplastada por los fans
del hombre, que se arremolinan en una parte de la arena intentando verlo salir—.

¿Vamos a tomar algo?

— No podría estar más de acuerdo. Allá están Tipo 1 y Tipo 2— aunque le pedí

que no se refiriera así a ellos, porque tenían nombres reales, ella insistió en que
así por lo menos no olvidaría como llamarlos. Ellos parecieron indiferentes al
apodo cuando ella lo mencionó por primera vez más temprano.

— Apresúrate. Creo que si nos quedamos más tiempo terminaré aplastada.

Pasamos rápidamente a través de la multitud y justo cuando estamos por llegar,


choco con alguien.

— ¿Qué crees que haces?— se voltea el hombre y abro los ojos como platos al

notar quien se esconde debajo de la gorra—. Mira por dónde vas.

Es alto, de castaño cabello despeinado y musculoso. Sus ojos tienen un color

verdoso y su boca es delgada y estilizada. Su nariz parece haber sufrido un par

de rupturas por el extraño ángulo en que está el tabique; pero para él parece

funcionar tal imperfección. Viste un pantalón militar, una camisa blanca y un par

de tenis. Demasiado informal para ser solo uno más de los que veían el evento,
así que si ese es su intento de pasar desapercibido, va mal.

— Lo lamento.

— Oh, tu eres Katherine Briden— el reconocimiento llena su rostro mientras

extiende su mano con total camaradería—. Soy Luca Sandino.

— Si, lo sé. Eso de allá fue un gran espectáculo— tomo la mano masculina y le
doy un leve apretón amable antes de soltarla.

— Kathe— escucho la voz de la pelirroja llamándome alarmada hasta que da


con mi ubicación mirándome aliviada—. Oh, qué bien. Aquí estas.

— Claire, te presento a Luca Sandino—muevo mi mano de uno a otro—. Luca,


esta es Claire D’Moon.

— Lo sé—asiente con una sonrisa bastante sincera mientras mira a mi amiga—.


Adoro tu música.

— Yo no podría decir lo mismo de tus acrobacias— se acomoda detrás de mi

silla mirándolo con apatía hasta que ve que la sonrisa ha desaparecido de su

rostro—. Ahora, si nos disculpas, nos tenemos que ir.

Niego desaprobatoriamente mientras ella se encarga de empujar mi silla hasta un

lado de la camioneta —: Claire, eso no fue nada amable.

— ¿Que hacías hablando con ese tipo?

— Choqué accidentalmente con él. No es como si hubiera decidido solo

encontrarme con él porque sí.

— Eso me pasa por perderte de vista—niega mientras mira de vuelta a la

multitud con tensión en su cuerpo—. Trein, Tod, nos vamos.

— Si, Srta. D’Moon— ambos asienten al unísono.

Después de subirme al auto, nos dirigimos a un lugar que Claire conoce. Y me


dedico en todo el camino a encontrar maneras de evitar ser cargada. Un mes
parece un tiempo demasiado largo para depender de alguien para hacer casi todo.

Me iba a terminar volviendo loca antes de poder siquiera recordar quien era.

La carretera está repleta, como a cualquier hora en la ciudad. Ver la ciudad por la

ventana es como mirar un lindo cuadro y desear hacer parte de él. Mi ciudad, la
que nunca dormía te absorbía con solo un par de luces. Te hacía sentirte en casa.

El lugar al que llegamos está en el centro de esta y a pesar de todo, tiene un


entorno silencioso. En lo alto brilla un letrero de neón anunciando la llegada a

“Velle”. Entramos, bueno, Claire entra caminando y yo rodando mientras la

música suena suavemente dando una ambientación relajada. Nos dirigimos a una
de las mesas del fondo; perfecto ya que era la parte más solitaria y callada del

sitio. Es un momento sin molestia asegurado. Una mujer con un vestido un poco
corto llega y toma nuestra orden. Dos mojitos.

7
Ha pasado ya un mes, el mes más largo de mi vida, sin duda. Tengo mi memoria

de vuelta a excepción de lo que pasó el día del accidente, por más que intente

darle un sentido al momento en que ocurrió el choque, no puedo. El doctor dice

que es un mecanismo de defensa de mi cabeza, hacia los malos recuerdos; que


no es más que un trauma. Por suerte ya he recuperado mis piernas, adiós silla de

ruedas, hasta nunca.

Era yo de nuevo, la de siempre, la que no dependía de nadie. La mujer fuerte.

— Aun no puedo creer que hayas vuelto a ser la misma— exclama Caire

mientras cruzamos la ciudad en su auto. Un Mini Cooper rojo, último modelo.

Podría decir que me sorprende su elección de modelo, pero la verdad es que es


muy esperado de ella.

— Si, lo sé— afirmo mientras pasamos rápidamente Times Square e intento


mantener mi cabello en su lugar—. Estoy feliz de volver a ser yo. Estaba

cansada de la confusión que trajo el accidente.

— Que se preparen en Briden Enterprise— ríe sonoramente cambiando la

estación de radio a una donde estén pasando las noticias—. Llegarán a patear sus
traseros y a ordenarlos.

— ¿Podríamos pasar por un café antes?— compruebo el reloj del salpicadero


para saber cuánto tiempo me queda antes de tener que llegar al edificio—. No

sabes cuánto extraño un buen café neoyorquino.

— Claro— asiente acelerando y tomando un atajo para que podamos llegar a

nuestra cafetería favorita en la ciudad. Me habían recomendado esperar por lo


menos unos días más pero estaba lista para volver en cuanto me dieron luz

verde. No quería otro día más en la casa sin hacer nada productivo. Iba a volver

a la empresa, y esta vez iba mejor que nunca.

— Y ahí está—aviso en cuanto la diviso a un lado de la calle—. Booka.

Ella aparca el auto en uno de los puestos de parqueo y abre su cartera para poner
dinero de acuerdo al tiempo que pasaremos ahí. Bajo peinando mi cabello y

tomando mi chaqueta. Cuando ha terminado con el parquímetro, caminamos

juntas al local. Es un lugar tradicional que pertenece a unos portugueses desde


hace un par de décadas. Lo maneja el hijo del fundador que además es un cliente

constante de la compañía.

— Bienvenidas— un tímido adolescente con un largo cabello rubio, nos recibe

en la entrada y se ofrece a tomar nuestros abrigos, a lo que ambas negamos


porque no pensamos demorarnos mucho tiempo en el local—. ¿Tomarán su café

aquí o lo llevarán?

— Lo tomaremos acá, gracias—le responde la pelirroja tomando la delantera.


— Síganme— nos conduce a una de las tantas mesas vacías, por la poca
concurrencia de personas por la zona a esa hora.

— Gracias. ¿Podrías traernos dos capuchinos, por favor? Uno de ellos que sea

doble— saco mi teléfono en el momento en que nos sentamos y noto que tengo

un nuevo mensaje.

— En un momento— el joven se retira con un leve asentimiento.

Xavier Higgons: La espero con ansias, jefa.

Katherine Briden: Llegaré pronto. Estoy en una cafetería con Claire.

Guardo el celular sin esperar su respuesta y le pregunto a mi amiga sobre sus

últimos proyectos.

Nuestros cafés llegan pocos minutos después mientras el mismo chico los deja

en la mesa frente a cada una.

— ¿Así que las cosas están raras con Xavier?— mi amiga alza una ceja tomando

un sorbo de su café—. Como que no me sorprende.

Con mi progreso en la recuperación también vinieron muchos momentos con


Xavier, quien parecía cada vez más extraño. No quería creer esa teoría sobre él
gustando de mí. Esas cosas habían quedado por completo en el pasado, y ambos

sabíamos que no iban a volver a pasar.

— ¿Ese hombre cuando entenderá que no te gusta?

— Es mi amigo, Claire. Ni siquiera creo que sea más que el comportándose bien
conmigo por lo que tuve que pasar en el último mes.

— Solo porque tu padre se lo ordenó.

— En realidad, él tiene una vida y podía hacerla pero prefirió cuidarme. Valoro
eso.

— Valoras su apariencia.

— Bueno, sí, es lindo pero no por eso me agrada. Es mi amigo hace años.

— Parece que él no entiende el concepto de amigos.

— En serio, no entiendo tu odio irracional hacia él— tomo un sorbo de mi

bebida caliente a la espera de su respuesta. Aun a pesar de haber recuperado mis

recuerdos, hay cosas que aún no soy capaz de comprender como la relación de

ellos dos. Son mis mejores amigos y aun así no logran estar juntos en un mismo

lugar sin que exista una mala sensación en el aire.

— Ya te dije, es demasiado perfecto. Desconfió de alguien que tenga una

respuesta y una solución para todo.

— Desconfías de mí, entonces.

— No, solo que él siempre está tan preparado y listo.

— Igual que yo.

— No me agrada— se encoge de hombros.

Niego divertida porque eso ni siquiera es una respuesta.


— Mi mejor amiga y mi mejor amigo no se llevan bien, que mala suerte.

— Cambiemos de tema— pasa el dedo por el borde de su taza sin mirarme a la


cara, luciendo bastante incomoda—. ¿Qué hay de Andrew?

— ¿Que ocurre con ese idiota?

— Entonces, ¿te envió una flor cada día de este mes?— apoya los codos en la

mesa interesada con el chisme.

— No, me envió un ramo hace unos días—aclaro mientras ruedo los ojos. No le

agrada Xavier, pero cuando es sobre Andrew, está lista para escuchar.

— Oh, ya veo.

— No sé qué le ven de especial a eso. Ni siquiera lo hizo bien. Eran peonias

rojas, Claire. Y sabes lo que pienso de ellas.

Abre la boca para responder pero cuando mira más allá de mi hombro, ningún

sonido sale de su boca por alguna sorpresa. —No vayas a voltear.

Como todo ser humano respetable no le hago caso y volteo encontrándome con

Andrew sentado con Luca, y una mujer de largo cabello rojo. Luca es el primero
en notar mi mirada, por lo que al verme esboza una gran sonrisa. Luego se
levanta de la mesa donde está con los otros dos y se dirige a nuestra mesa.

— Pero si son mis neoyorquinas favoritas. Katherine Briden y Claire D’Moon.


Creo que mi mañana solo acaba de mejorar.

A pesar de su tono alegre, sé que es algo normal en él halagar a todas las mujeres
que cree conocer. Ese hoyuelo esconde un montón de secretos—: Luca Sandino.

— ¿Cómo has estado, chica?— a pesar de que sé que me habla a mí, su mirada
está fija en mi amiga y ni siquiera disimula sin apartarla ni un solo segundo.—

No te he visto mucho en estos tiempos.

— Bueno, ya no estoy en silla de ruedas. Creo que eso amerita un tiempo de

recuperación, así que por eso no estuve “en estos tiempos”.

— Si, lo noté— se apoya en una de las sillas vacías considerando si sentarse o

no—. ¿Qué hacen dos mujeres tan hermosas en este lugar?

— Querer hablar contigo, no— la pelirroja contesta con un fruncimiento—.

Tomamos café, ¿no es obvio?

— Tú siempre tan encantadora— Luca alza ambas cejas a la mujer sorprendido

aun por su actitud cada vez que lo ve—. ¿Tienes algún problema conmigo?

— Si, no soporto a los idiotas como tú. Deberías concentrarte más en los
deportes que en tener una mujer en tu cama todos los días.

— Claire…— intervengo mirándola con severidad. Algo que nos identificaba y


era clave en quienes éramos, era no participar en ningún tipo de dramas o
escenas que pudieran afectar nuestra imagen. Y ella estaba por comenzar una.

Me mira furiosa.

— Es la verdad— continua sin prestar atención a mi pedido de que se calmara

—. En serio, no sé cómo puedes soportar siquiera hablar con él.


— Claire…— insisto de nuevo y esta vez mi mirada tiene una pizca de ruego.
Lo último que quiero y necesito ahora son problemas.

— Ya, no diré nada. Siempre tienes amigos que no me agradan.

Suspiro frustrada ante la estúpida situación.

— Luca, creo que lo mejor…

— No te preocupes— rasca la parte trasera de su nuca indiferentemente y asiente

para volver su atención a mí—. ¿Así que ya puedes caminar? Que se preparen, la

princesa ha vuelto.

— A patear traseros.

— Tendré cuidado, entonces.

— ¿Tu? ¿Tener cuidado? Como si eso aplicara a tu vida.

— Luca…— la misteriosa mujer de cabello rojo se acerca a nuestra mesa


ignorándonos por completo a mi amiga y a mí—. Andrew quiere irse.

— Claire, Katherine— mira a cada una y le señala a la mujer con la mirada en

nuestra dirección—. Les presento a Trinity Sanders.

La mujer nos mira con sus oscuros ojos verdes que solo muestran desprecio a
quienes están a su alrededor. Lleva puesto un vestido por la rodilla de color

borgoña y tacones de aguja negros. Su cabello cae en cuidados rizos sobre sus
hombros y sus rojos labios destacaban sobre toda su cara.

— Mucho gusto— extiendo mi mano sin importarme la mala cara que pone. No
la conozco y no quiero una enemiga más, así que prefiero ser amable—. Yo

soy…

— Katherine Briden, lo sé. Eres la vicepresidenta de Briden Enterprise e hija de

David Briden.

— Creo que escuchar mi apellido tantas veces en una sola frase, fue un poco

extraño.

— Yo soy Trinity Sanders—aclara su garganta sin siquiera molestarse en tomar

mi mano, así que la bajo—. Deberías recordarlo.

— En serio, ¿por qué?

— Soy la nueva socia de Simurs Co.

— Siempre es un gusto conocer a la competencia, no te preocupes. Al fin habrá

gente capaz en esa compañía.

— Luca, Andrew en serio necesita irse— me ignora y vuelve a insistir con el

hombre—. Debe estar en la compañía pronto.

El contrario pone los ojos en blanco mirando a la fémina y ni siquiera lo


disimula para ella.

— Supongo que nos veremos después con más calma…y sin interrupciones
molestas. Hasta la vista, baby— guiña un ojo juguetón en nuestra dirección y
sigue a la mujer hacia la salida.

Después se aleja con Trinity a la salida donde Andrew los esperaba. Parecía que
el lugar donde estábamos nunca existió para él porque nunca volteó a mirar en
mi dirección. Lo que me molesta de toda la situación es que muy dentro de mí

quería que lo hubiera hecho.

Y que ni crean que no lo noté. Lo que acaba de pasar fue una clara declaración

de guerra. Escogí este lugar hace años porque estaba lo suficiente alejado de la
empresa para que nadie conocido lo frecuentara, menos un Simurs; y Andrew

sabía eso. Si creía que venir a mi cafetería favorita y no aclararme porque me


había enviado ese día al espectáculo de Luca, además de añadir la presencia de

Trinity, era la manera de llegar a mí; estaba muy equivocado. Si, había una parte

de mí que deseaba poder hablarle porque era el único que podía decirme algo del

accidente fuera de lo que decían los diarios y noticieros, pero con mi memoria de

vuelta había quedado bastante claro en qué punto nos encontrábamos, y no era

uno amigable.

— ¿Que hacían acá? Saben muy bien que es el lugar donde vengo normalmente

a tomar café.

— No lo sé. En serio no entiendo como aceptan idiotas como ellos acá.

— Tú solo odias a Luca.


— Y tú a Andrew.

— Pobre chica, se pierde de nuestro odio— bromeo aunque sé que mi amiga


tampoco ha quedado muy encantada con la mujer—. Bueno, en realidad, no me

agrado.

— ¿Hablas de la imitación barata de dama que vino?

Rio a carcajadas. Solo Claire podía entender mi sarcasmo e igualarlo.

— ¿Viste sus labios?— me mira sorprendida y tapa su boca para no reír tan alto

—. No sé si eran ideas mías o se acabó la barra de labial.

— Mi turno. Su busto estaba tan tieso que de seguro es operado.

— No tienes ni idea de eso, te superaré. Su voz era tan molesta que el restaurante

quedó vacío.

— Oh, estuvo muy bueno. Creo que me rindo. No estoy exactamente en mi

mejor momento.

— Ya sabes qué quiere decir eso, ¿no?

— Que te debo una salida de compras.

— Exacto— afirma con una sonrisa y mira la hora en su teléfono para tomar su
teléfono y ponerse en pie—. Y ya creo que es tiempo de apresurarnos. Tengo

ensayo y tú tienes que trabajar.

— Cierto.
— Vamos.

— Espera, tenemos que pagar— me pego suave en la frente caminando a la


barra y preguntándole al joven por nuestra cuenta. Cuando menciona el valor,

saco el dinero de mi cartera mientras el elabora una factura— Quédate con el

resto como propina.

— ¿Lista?—mi mejor amiga pregunta cuando llego a la puerta junto a ella.

Asiento y salimos del local. Fuera ha comenzado a hacer un poco de brisa, ya

estamos en otoño por lo que el clima tiende a volverse más problemático de lo

normal. Por suerte llevo mi chaqueta por si el clima comienza a estar demasiado

frio.

Caminamos al auto lo más deprisa que podemos huyendo de los fríos vientos y
subimos. Dentro es bastante cálido por lo que tomo un respiro, aliviada cuando

la dueña del auto enciende la calefacción.

— El clima está un poco loco, ¿no crees?

— Bastante. Entonces, ¿a la compañía?

Muevo la cabeza en un asentimiento mientras ella enciende el motor del auto


llevándonos en dirección a la edificación que está a unas buenas calles del lugar.

8
— Bienvenida, señorita— en cuanto las puertas del ascensor se abren, Samantha

me recibe con una sonrisa demasiado grande para esa hora de la mañana.

Aunque viniendo de ella es bastante normal. Si pudiera escoger a alguien en toda


la compañía que amara su trabajo más que yo, esa era ella.

Es una mujer simpática. A pesar de su baja estatura y juventud, se las arregla


para hacer sentir a todos que está en la habitación. Tiene un ondulado cabello

castaño y unos risueños ojos azules. Su entrevista había sido hace más de unos 4
meses para el puesto de asistente de vicepresidencia y al principio su falta de

experiencia en empresas como la nuestra, nos había tenido dudando sobre eso.
Llegó tan solo después de recibir el diploma universitario y se negó a recibir una

negativa por respuesta, dando una entrevista inspiradora. Al principio la dejé


entrar con la sola condición de que sería un periodo de prueba, y lo pasó con tan
poco esfuerzo que no me arrepentí de darle el empleo. Tenía a Xavier para hacer

esa tarea pero Samantha demostró ser tan buena para el empleo que la

aceptamos. Un salario más no afectaría a la empresa, sobre todo si era para


alguien como ella. Además el castaño era más funcional desempeñando una

labor más importante y de acuerdo a sus habilidades.

— Buenos días, señorita Roter— una parte de mi quería correr a abrazarla y


decirle cuanto había extrañado sus alegres saludos de todas las mañanas pero

también debía mantener la compostura, así que me conformé con dedicarle un

asentimiento antes de salir del compartimento metálico.

— Su padre la espera en su oficina— no espera a que diga algo más,

acostumbrada a la rutina de todos los días. Incluso cuando estuve un mes fuera,
se acuerda de tener todo lo importante organizado. Una carpeta con mi horario

del día y notas sobre que debo tener en cuenta.

— Gracias— después de darle una rápida revisión a mi día, cambio el rumbo de

mi oficina a la de mi padre. Esa mañana no se presentó a desayunar porque había


salido más temprano para un encuentro con un viejo amigo; lo que me dio la

excusa perfecta para también salir temprano con Claire.

Todos los ojos se posan en mí mientras paso a sus lados con la vista fija en la

gruesa puerta del final del pasillo. Algunos me miran con alegría, otros con
miedo e incluso hay algunos que tienen que mirar dos veces para verificar que
indudablemente se trata de mí. A mi paso por el corredor, me encuentro con
varias puertas abiertas y algunas personas asomándose a comprobar mi regreso.

Llego a mi destino y entro sin tocar, sabiendo lo que me espera. Cuando estoy

dentro, vuelvo a cerrar.

La oficina es grande y muy detallada; toda la pared trasera es de vidrio dando

una asombrosa vista de la ciudad. Lo que predomina en la habitación es el


escritorio de roble, traído desde algún país de Europa que jamás he visitado.

Tiene innumerables obras de arte de artistas que muy pocas personas conocen,

que guardan un significado especial para él; y un sofá en el que se sentarían

perfectamente 15 personas. No tiene biblioteca ya que los libros le recuerdan a

mi madre. Todas las paredes son de un color blanco impecable, dándole la

responsabilidad al mobiliario de darle vida al lugar.

— Te he estado esperando— levanta la vista del New York Times que sostiene

en sus manos y después de unos segundos lo deja sobre la mesa.

— Llegué hace poco. ¿Para qué me necesitas?

— Solo quería ver si estabas bien—algunas arrugas salen en los lados de sus
ojos cuando me da una mirada paternal. Me retengo de rodar los ojos divertida
porque puedo entenderlo, a pesar de que los médicos y todos los partícipes en mi

recuperación le han dicho que ya no hay de qué preocuparse, él no puede evitar


hacerlo. Siempre hemos sido los dos contra el mundo desde que mamá se fue, y

pude notar lo duro que fue para él al principio, el creer que nunca sería la misma
y de alguna manera me perdería. —Aún sigo preocupado por mi bebé.

— Papá, no me digas así en el trabajo. Estoy perfecta.

— Está bien, pero si te sientes mal o te duele algo, no dudes en decírmelo.

— Estoy bien, ¿sí? Si eso es todo, me voy a trabajar. Estoy segura que hay toda

una pila de trabajo esperando por mí.

— Si, eso es todo— vuelve la vista a su ordenador con el sonido de un nuevo

mensaje en su correo. Esa es mi señal para irme; pero antes de que me voltee a

hacerlo, aclara su garganta para llamar mi atención—. Bienvenida,

vicepresidenta— sonríe y le respondo de la misma manera, agradecida por el

hombre que me crió, a medida que giro el pomo para salir.

— En serio no te preocupes— suspiro sosteniendo la puerta abierta. En esa

posición, de espaldas a él, no puede notar la expresión en mi rostro y espero que

mi voz no me delate—. Estaré bien.

— Lo sé. Solo déjame ser como soy— ríe y con ese sonido me despido de su

oficina para soltar una bocanada de aire.

Ya fuera, nadie me mira. Así que aprovecho que todos estén concentrados en sus
trabajos y ni siquiera me notan para hacer una caminata rápida a mi oficina, a la
vez que tengo cuidado con mis pasos por el miedo de que mis piernas fallen en

cualquier momento.

Entro en el despacho y tomo un respiro cerrando la puerta con rapidez.


Es tan agradable volver a este lugar. Con su energía y poder me hacen sentir que
estoy en el lugar correcto. Es una estancia espaciosa pero menos que la de mi

padre, aunque alguna vez cuando él era joven y el abuelo manejaba la compañía,

fue de él. Igual no tengo de que quejarme; un lugar grande me haría sentirme
más vacía. Tenía un balcón con una gran vista de Nueva York. En verano me

gustaba salir y tomar un poco de aire cuando no podía más con el estrés del
trabajo. Estaba ocupada principalmente por mi biblioteca en toda la pared

frontal, y mi escritorio. La decoración es neutra, solo un par de sofás y un estante

donde están guardados lienzos y lápices. Lo que más me gustaba del lugar era

que las paredes tenían frases de grandes filósofos y emprendedores alrededor del

mundo. Fue una idea de la abuela para inspirar a papá.

Me siento en la silla detrás mi escritorio y enciendo el ordenador. Mientras

espero que todo cargue, tomo mi bolso y saco el teléfono para revisar qué hay de

nuevo.

En la pantalla se muestra un nuevo mensaje de Xavier.

Xavier Higgons: ¿Que te parecería almorzar con tu mejor amigo?

Katherine Briden: No.

Xavier Higgons: ¿Por qué?

Katherine Briden: Estoy muy ocupada.

Xavier Higgons: ¿Cómo lo sabes si no tienes tu agenda electrónica?


Katherine Briden: ¿Quien dijo que no la tengo?

Reviso mi bolso para comprobar que no he dicho una mentira. Y supongo que
tiene suerte, porque no hay rastros de ella por ninguna parte.

Katherine Briden: ¿Dónde estás?

Xavier Higgons: No la encontraste, ¿o sí? ¿Dónde estará?

Katherine Briden: Dámela.

Xavier Higgons: Acepta mi invitación.

Katherine Briden: El chantaje no es algo que me guste mucho.

Xavier Higgons: Lamentablemente, lo sé.

Katherine Briden: Tráemelo, ahora.

Su respuesta nunca llega hasta que cinco minutos más tarde, atraviesa la puerta

luciendo triunfante.

— Dámela. Ahora mismo.

—Eres una aguafiestas— la saca del bolsillo de su traje y la deja sobre el


escritorio, bufando—. Estas libre a las dos, así que tienes tiempo para ir a

almorzar conmigo.

Alzo una ceja.

—Por cierto, hoy luces hermosa.


— Estamos en el trabajo, Xavier. Concéntrate.

—Estoy concentrado, jefa— se burla cruzándose de brazos—. ¿Hay algo en que


pueda ayudarla?

— Tengo una reunión en 5 minutos. Vendrás conmigo— sé que ni siquiera tengo


que explicar de qué se trata porque él está al tanto de mi agenda del día.

— En ese caso, deberíamos ponernos en marcha.

Me pongo en pie y tomo el teléfono y la carpeta. No necesitaré la agenda en

medio de la reunión, así que solo me preocupo por terminar lo más pronto

posible y cumplir con el horario.

Nunca había disfrutado tanto el no estar en el trabajo como en esta reunión. Los

empleados del departamento de publicidad solo se han dedicado a hablar sobre el

nuevo producto que sacará la compañía, una fragancia hecha para toda clase de

cliente.

Su sistema consiste en dividirse en grupos y darme ideas hasta que escoja la que

crea más indicada. Estudio los pro y contra de cada uno, y termino llegando a la
conclusión de que ninguna llega a ser la ideal. Les pido que presenten el
proyecto de nuevo en unos días.

— Ahora tenemos una reunión con los socios que perdimos el día del accidente

— miro lo siguiente en la hoja dándole una mirada aburrida al hombre. Podía


jurar que había escuchado algunos ronquidos de su parte en la sala oscura—. Oí
que quieren hablar de una asociación.

La sala de reuniones se encuentra al final del pasillo por lo que no tenemos que
caminar mucho para llegar.

Xavier mira al frente absorto en sus pensamientos y yo me limito en


concentrarme en la puerta al final del pasillo intentando recordar todo lo

importante sobre las personas al otro lado sin dejar que el tema del accidente
nuble mi cabeza. Las personas que nos esperan han venido a buscar un trato con

nosotros, así que no todo acabó ese día. Debo asegurarme de que quieran seguir

con nuestra compañía.

Entramos mirando alrededor y lo primero que noto son unos brillantes ojos

azules que me estudian sin una pizca de sorpresa; claro que no la tendría cuando

está en mi edificio. A su lado, unos fríos ojos verdes me miran retadores.

Otras dos sillas son ocupadas por hombres mayores.

— Buenos días, señorita Briden— el que está sentado a la derecha se levanta y


me extiende su mano como saludo—. Es un placer poder conocerla al fin.

— El gusto es mío—aprieto la mano masculina y tomo asiento frente a ellos,


señalándole a mi compañero que también lo haga—. Lamento no haber estado

disponible en el último mes, tuve algunos inconvenientes de salud.

— Lamentamos lo de su accidente— esta vez es el otro quien habla, ordenando


unos papeles en la mesa frente a él—. Vinimos porque nos gustaría conocer la
propuesta que iba a presentar ese día.

— Eso no haría ninguna diferencia— miro a ambos y por fin comprendo el


verdadero fin de su presencia acá. No están seguros de hacer el trato aun y

esperan que me enfrente con Andrew por obtenerlo. Por desgracia, soy

demasiado orgullosa y me niego a aceptar las sobras—. Ya cerraron el trato con


Simurs Co.

— Pero estamos interesados en asociarnos con Briden Enterprise.

— Sé que les parecerá una locura. Pero no estoy interesada. Hace un par de

minutos lo estaba, ahora no tanto.

— Lo que pasó ese día va en contra de usted. El señor Simurs no aceptará si

usted no la presenta.

— Eso no tiene porqué interesarme. No somos una obra de caridad. Tratamos

con lo mejor y no intentamos algo que no nos beneficie. El trato es de Simurs

Co., limpiamente. Lamento si les hice perder su tiempo en esta mañana,


caballeros. Pero incluso una Briden sabe cuándo ha sido vencida— añado la

última frase con algo de broma en mi voz, intentando disminuir la tensión


existente en la sala y no hacer mi rechazo tan evidente.

Si hubieran estado solo ellos dos, habría accedido a una charla; pero el hecho de
que Andrew estuviera ahí solo demuestra que esperan hacer tratos con ambas

compañías sin importar los puntos. Quizás solo esperan que nos enfrentemos
para divertirse un rato.

— Vemos que no aceptará— el más bajo de ambos es el más rápido en rendirse,


y se pone en pie señalándole al otro que lo siga—. Esperamos saber de usted

pronto. De cualquier manera, ha sido un placer.

—Gracias por venir, caballeros.

— Los acompaño—Xavier se levanta a mi lado y sigue a los dos hombres afuera

entendiendo que necesito un tiempo para poder dirigirme al otro hombre en la


habitación.

Los tres salen y el chasquido de la puerta detrás de mí me dice que ya puedo

hablar, pero él se me adelanta—: ¿Por qué no aceptaste? Pudiste obtener el trato.

— Andrew, ya dije que felicitaciones. Ese trato es tuyo.

— Pudiste tenerlo.

— No habrá perdidas— me encojo de hombros restándole importancia, después

de revisar lo que eso contribuiría a la compañía, me di cuenta que no valía la


pena. Eran solo unos cuantos puntos de ganancia que no nos hacían ni cosquillas

en los números que realmente importaban—. En realidad queríamos ayudarlos.

— Katherine, tuviste un accidente— lo menciona como muchos otros han estado

diciéndolo en el mes anterior; como si esa fuera excusa para cubrir el hecho de
que no lograba algo.

— Lo sé y pasó por algo. ¿Por qué no simplemente te alegras y te largas de mi


empresa?

— Andy, ganaste el trato— la pelirroja se entromete en nuestra conversación


dedicando toda su atención al castaño—. Ella no hubiera podido contigo.

— Trinity, por favor, no te entrometas— frunce el ceño a la mujer pidiéndole


con una seña que por favor lo deje encargarse de eso—. No necesito de ti ahora.

— No deberías tratar así a tu novia.

— No es mi novia. Trinity, lo siento, ¿sí? ¿Podrías dejarnos a solas?

— Esta bien— se levanta furiosa sonando sus zapatos en el piso hasta el

momento en que el chasquido en la puerta confirma que estamos solos.

— Que profesional— bufo por lo bajo rodando los ojos.

— Escuche que volviste a ser tu misma.

Asiento desviando la mirada.

— Lamento no haberte contactado en este último mes— se disculpa y

mordisquea su labio inferior pensativo antes de volver a hablar—. Es solo que


tenía miedo.

— ¿Miedo? ¿De qué?

— De que volvieras a odiarme como antes. Odio discutir contigo.

— Tenías razón de tener miedo— rio burlona dándole toda la razón.— Te odio
con todo mi corazón— rechino los dientes.— Te destruiré, Andrew Simurs, a ti y
todo tu grupo de idiotas.

— ¿Por qué me odias tanto?

— Que debería sentir por un Simurs. Odio, eso debo sentir por ustedes. Son

todos unos malditos bastardos sin corazón.

— Pensé que…

— ¿Que? ¿Qué porque no recordaba nada y me salvaste, iba a dejar de hacerlo?

— Si, eso pensé.

— Pues pensaste mal, Simurs. Solo te advierto, estoy de vuelta y vengo a dejarte

como la mierda que eres.

— Katherine. ¿Podemos hablar de manera civilizada?

Niego.

— Te quiero fuera ahora mismo— señalo la puerta—. La próxima vez que

quieras hacer una intervención en mi compañía podrías avisar para que

seguridad no te deje pasar.

Me levanto de la silla dándole la espalda para salir enojada camino a los


ascensores.

— ¿Estás bien?— mi amigo me detiene en cuanto las puertas de metal se abren.

— Todo bien— afirmo y entro, llamando a la seguridad desde mi teléfono—. La


próxima vez que dejen entrar a un Simurs sin autorización los despido— le
gruño al teléfono de manera autoritaria.

Cuelgo en cuanto termino la oración.

— Lleva los nuevos proyectos a mi oficina— piso15, piso 16— Te veré en cinco

minutos— piso 17, piso 18, piso 19.

— De seguro— asiente cuando las puertas del ascensor se abren en el piso 20 y

sale en dirección a su oficina.

Camino por el pasillo con la vista al frente. Puedo sentir como la vena de mi

cuello palpita frenéticamente. Era estúpida la manera en la que una persona

podía hacerme enojar tan fácil. Lo odiaba, a él y a todo su ser.

Abro la puerta demasiado enojada y entro dejándome caer en uno de los sofás,

tomándome un tiempo para calmarme antes de que el de ojos grises vuelva.

— ¿Qué ocurre?— le toma casi cinco minutos hacer su aparición, pero cuando
levanto la vista no es él quien entró a la oficina. Es mi padre, quien me da una

mirada perspicaz—. ¿Por qué no aceptaste el trato?

— ¿Cómo lo sabes?

— Los rumores vuelan rápidamente. Katherine. Sobre todo si eres el presidente


de la compañía. Todo llega a mí, que no lo diga es otra cosa.

— Rechacé el trato del día del accidente— tomo asiento y me aseguro de que mi

cabello no esté desordenado. Tomo un almohadón y lo aprieto con fuerza


concentrándome en mis piernas, incapaz de mirar a mi padre por lo que debe
mostrar mi rostro—. Querían darnos el trato que ya era de Simurs Co.

— ¿Y qué problema hay con eso?— se apoya en el escritorio confundido—. ¿No


es eso lo que querías?

— ¡No somos un lugar de caridad!— exclamo con respiración pausada mientras


poco a poco voy dejando el enojo detrás—. Si el trato es de Simurs Co, es de

ellos. No aceptaré segundas oportunidades.

— Eres bastante extraña, hija mía— hace lo que menos espero que haga
entonces, se ríe alto.

— ¿Te ríes? ¿No deberías estar preocupad? Es un trato.

— Katherine, ¿en qué momento he dudado de tus decisiones?

— Jamás.

— El trato que rechazaste no era importante. Sobre todo si por él tu vida estuvo

en peligro.

— Un trato es un trato… Pero eso no es lo que me enoja. Lo que me molesta es

que Andrew haya venido personalmente a ponerlo en nuestra disposición. Como


si me interesara algo que el ya obtuvo.

— ¿Andrew Simurs vino?— abre los ojos desconcertado—. ¿Quién lo dejó


entrar?

— La seguridad está fallando últimamente. Y si, vino con Trinity Sanders.


— ¿Trinity Sanders?

— Es la nueva socia y futura primera dama de Simurs Co.

— ¿Es la prometida de Andrew?

— No lo sé y no me importa— muevo la mano con indiferencia mientras que la

puerta se vuelve a abrir, y esta vez sí es Xavier quien llega—. Lo que me

sorprende es que haya venido para restregarme de nuevo en la cara que no tengo

el trato.

— ¿Que más te dijo?

— Pidió que no lo odiara. Es tan patético.

— Ese hombre definitivamente es extraño— mi amigo alza una de las comisuras

de su boca en una mofa.

— Creo que me tiene miedo— alzo una ceja pensativa y dejo el almohadón de

vuelta en su lugar intentando poner mi cabeza de vuelta en el trabajo. No puedo

dejar que ese simple encuentro nuble mi desempeño en el día de hoy—. Es tan
estúpido. Solo teme que lo deje en ridículo de nuevo.

— Deberías calmarte— mi padre se sienta a mi lado y toma mi mano dándole un


leve apretón—. Recuerda que el doctor recomendó que no te estresaras mucho.

Suspiro y asiento. Seguir hablando sobre mi enojo hacia el heredero de los

Simurs solo sirve para que lo preocupe más, así que me detengo—: Estoy bien.
Volveré a trabajar ahora mismo. No tienes de qué preocuparte.
—Yo mantendré un ojo en ella, señor.

El mayor mira de uno a otro asegurándose de que no estamos jugando con él y


asiente convencido. Luego, hace su camino fuera de la habitación entrecerrando

los ojos como su último gesto antes de que la puerta se cierre.

— Lo haré trizas.

— ¿Qué piensas hacer?—Xavier ordena los informes en el escritorio esperando

por mi respuesta.

— Solo espera y mira— respondo divertida y me levanto para ir por mi teléfono

—. Nadie enoja a una Briden.

El pasillo está en plena actividad, así que estoy segura que nadie escuchó la

escena que hubo dentro hace poco. Las conversaciones desarrollándose fuera

tienen a todos lo suficientemente ocupados para que no me preocupe por alguien

escuchándome volviéndome loca por mi enojo.

Así que me siento cómodamente en mi silla y abro un nuevo mensaje.

Katherine Briden: ¿Quieres almorzar?

Andrew Simurs: Pensé que no querías volver a verme.

Katherine Briden: ¿Quieres almorzar o no?

Andrew Simurs: ¿Donde?

Katherine Briden: En Ocean, a las 2 de la tarde. No llegues tarde.


La fase 1 de mi plan estaba por comenzar e iba a ser divertidísimo ver como
Andrew no volvería a retarme. Si quería jugar con mi cabeza, yo jugaría con la

suya y quien ganaría esto sería yo, como siempre sería.

Xavier me mira confuso y a la espera de que le diga algo más pero no pienso

contarle de que va mi plan porque creerá que soy inmadura y es un total


desperdicio de tiempo.

— ¿Recuerdas este?— se rinde en la espera al notar que me pongo a trabajar en

la revisión de las carpetas y se pasea por la biblioteca tomando un libro—.

Romeo y Julieta.

— Lo estaba leyendo el día que me invitaste a salir. Era como la séptima vez que

lo leía.

— Si— sonríe como si compartiera un chiste personal y vuelve a dejarlo en su


lugar —. Lo mencionaste ese día.

— ¿Estos son los proyectos que tengo que revisar para ver si puedo aprobar?—
señalo la pila de carpetas esperando que no toda la cantidad que las compone

tengan que pasar por mi revisión.

— Eh, si— toma la siguiente y le da un vistazo rápido—. Son demasiados, no

creo que alcances a revisarlos todos hoy mismo. Y ya que te niegas a confiar en
mí en esto, tendré que irme a encargar de otras cosas.

— ¿Estás dudando de mí? Eso no es muy amable, asistente.


— Jefa… No estaba intentando ser amable.

— Lo sé.

— ¿Necesitas algo más?

— Si, ¿podrías traerme un café?—me detengo en la carpeta que reviso para

mirarlo—. Y trata de solucionar lo de seguridad.

— Seguro— asiente saliendo de la oficina.

Tomo mi agenda y anoto el almuerzo con Andrew antes de volver a revisar las
carpetas. Justo a las dos de la tarde.

9
El ambiente en Ocean es tranquilo para cuando llego. Es extraño que a esa hora
esté todo tan callado, teniendo en cuenta que es un restaurante muy popular en la

ciudad y la mayoría de las veces todas las mesas están ocupadas, pero hoy hay

poca gente. Andrew se encuentra sentado en una de las mesas ubicadas en el

centro del lugar y mira distraídamente su reloj. Sé que llego con 10 minutos de

retraso pero todo es parte del plan. Y él me acaba de confirmar que no hay

manera de que fracase.

Abro la puerta respirando profundo y entro mirando a todos lados como si no


supiera donde está, capto su mirada en la mesa y camino sin apartar la vista de

sus ojos. Me siento en la silla frente a él, quitándome mis gafas de sol y dejo mi
bolso en la silla a mi lado izquierdo.

— Lamento llegar tarde— me disculpo levantando el menú que descansa frente

a mí en la mesa.

— No te preocupes, lo entiendo— una media sonrisa ilumina su rostro y me


aplaudo internamente por lo convincente que soné—. Debes estar muy ocupada.

— Si, el trabajo me está volviendo loca— esa es una completa mentira. Adoraba
mi trabajo y él debería saber eso—. ¿Cómo has estado?

— ¿Desde qué nos vimos hace unas horas?... Supongo que bien, no hay nada
nuevo. ¿Por qué llamaste?

— Quería disculparme por lo de esta mañana. Verás, he estado lidiando con

muchas cosas en una sola mañana desde mi regreso y reaccioné mal. No


planeaba gritar ni amenazarte con cosas tan desastrosas.

— No era mi intención discutir contigo. Hice mal en ir sin avisarte.

— No te preocupes, la seguridad ya está avisada. No queremos que dejen entrar

a cualquiera a la compañía.

— Entiendo.

— Y por favor, pídele perdón a Trinity. En serio no debió presenciar tal escena—

bajo la mirada observando el menú. No me molesta en lo absoluto lo que piense


ella, solo quiero añadir todo el arrepentimiento que pueda en mi actuación para

hacerlo bajar sus defensas y que esté vulnerable… más de lo que ya está.

— Oh, no. No tendría porque. Ella solo estaba trabajando y también estuvo fuera

de lugar su interrupción.

— Si la ves, por favor hazlo. Sería bueno ser amigas. Ya sabes, todo eso de
poder femenino debería funcionar para algo.
— Tienes razón. Ustedes dos se llevarían muy bien.

— ¿Y cómo está tu padre?

— Bien, envía saludos, por cierto.

— ¿Y tu madre?

— Ella…Sigue siendo ella. ¿Podemos cambiar de tema?

— Tienes razón— le doy otra mirada al menú y esta vez sí me dedico a ver que

ordenar. Aunque de tantas veces que he estado acá ya puedo memorizar todas las
opciones de comida, leerlo me da el tiempo para saber que más decir—. ¿Y qué

estuviste haciendo en este último mes?

— Estuve…

— Espero que no los moleste que los acompañe— amortiguo la sorpresa de

escuchar esa voz, tosiendo disimuladamente. Y luego me vuelvo para mirarlo a

un lado de la mesa mirándonos con inocencia. Cosa que no combina con el

hecho de que se sienta antes de que incluso digamos algo—. No tenía con quien
almorzar.

— No, para nada—le doy mi mejor sonrisa fingida mientras espero que me dé
una explicación de su presencia ahí. Su sola intromisión puede traer todo el plan

abajo, así que debo estar muy al pendiente de todos sus comentarios—.
Acompáñanos.

— Xavier Higgons, ¿cómo has estado?— el otro hombre pregunta algo


incómodo.

— No tan bien como tú… Te felicito por tu nueva dama.

— ¿Mi nueva dama? ¿Trinity? ¿Por qué todos piensan que estamos juntos?

— ¿No lo están? Se ven tan bien juntos— habla distraído estudiando el menú,

aunque sé que se lo sabe tan bien como yo.

— Somos amigos y socios, eso es todo.

— ¿Y qué me dices de Londres hace 2 semanas?

— Cerrábamos un trato con una empresa inglesa, Phanepall Productions.

— Por las fotos parece otra cosa— se encoje de hombros sin levantar la vista,

como si él fuera otro simple curioso.

— ¿Fotos?

— Si, en los diarios. Sitios de internet. Otros lugares.

— Debo verlas pero te aseguro que Trinity es solo una amiga. Y aun sino lo
fuera no te interesa.

— ¿Por qué te molesta que los relacionen?— intervengo.

— No me molesta en lo absoluto, solo que no quiero que se creen rumores

falsos. Además son mis asuntos.

— Entiendo—el de ojos grises cierra el menú de golpe sobre la mesa y frunce el

ceño—. Entonces dejaré algo en claro, Katherine es el mío— ni siquiera le da un


momento, antes de lanzar un golpe contra su nariz levantándose de la mesa.

— Idiota— se queja tapándose la sangrante nariz con una mueca—. ¿De qué
rayos hablas?

— Te quiero muy lejos de ella— lo señala con un dedo y por un momento creo
que podría volver a atacarlo—. Lejos de ella y de todo lo que tenga que ver con

ella.

— Controla a esta bestia. En serio, ¿esta es la clase de personas con las que
socializas?— se levanta de la silla tomando una servilleta y poniéndosela en la

nariz intentando detener el flujo de sangre.

— Largo— Xavier gruñe entre dientes.

Andrew lo fulmina con la mirada y lo veo irse sin entender una sola cosa de lo

que acaba de ocurrir.

A mí alrededor todos han volteado a ver la escena y el gerente del lugar se acerca

molesto. Camina hacia nosotros y se detiene frente a mí cuando el

reconocimiento llega a su rostro.

— Srta. Briden, ¿qué ha sido eso?

—Solo fue una discusión, ya nos íbamos. Créame que estoy igual de confundida

que usted.

—Sabe que ocurre en estos casos.


Suspiro y saco dos billetes de 50 dólares dejándolos sobre su palma—: ¿Algo
más?

— No, así está bien. Vuelva pronto…y no traiga a sus amigos.

Le doy lo más cercano a un asentimiento que puedo y me dirijo a la puerta sin


esperar al hombre. No estoy exactamente feliz con él porque esa sola escena

puede haber dejado mi plan sin un inicio fuerte. Andrew no querrá ni acercarse a
mí, así que no habrá manera de que pueda llegar a él y vengarme.

— ¿Que hacías con ese sujeto?—me sigue fuera y camina a mi lado mientras

hace círculos con su muñeca luciendo adolorido. Bien, se lo merece.

— Xavier, basta.

— Responde… Solo necesito una respuesta.

— No tienes ningún derecho a hacer lo que hiciste. No tienes derecho a decidir


quién habla conmigo y quién no. No son tus asuntos.

— Te estaba defendiendo de ese tipo. ¿Qué quería?

— Son mis asuntos, no te entrometas, ¿sí?

— ¿Él te gusta?

— Claro que no. Sabes más que nadie que lo repudio.

¿Qué se creía haciendo lo que hizo? Sabía que se preocupaba por mí y que a

veces se pasaba hasta ser demasiado entrometido pero esto ya era el colmo. No
podía decidir con quien hablaba.

Lo ignoro y continúo caminando rápidamente hacia la empresa. Por suerte no me


sigue cuando me alejo de él esta vez y para el momento en que soy lo

suficientemente consiente de la mala idea que es regresar al edificio caminando

en tacones, ya me duelen las piernas y me faltan solo un par de calles para


lograrlo. Han sido casi 20 calles y percibo que mis piernas están a punto de

desfallecer. Hubiera preferido incluso tomar el subterráneo antes que caminar


tanto, poco tiempo después de la recuperación.

— Señorita, ¿está bien?— la expresión de mi asistente cambia a una de completa

preocupación al notar que mis piernas tiemblan. Espero no tener tan mal aspecto

como me siento.

— Claro, estoy magnifica. ¿Podrías llamar a Tod y Trein para que vengan?—

estoy casi jadeando ante el dolor pero no quiero que nadie más se entere. Menos

mi padre. Y ya que ambos hombres son fieles a mí, les pediré que mantengan la
situación alejada de sus oídos. Samantha hará lo mismo—. Me iré a casa.

— ¿Segura que está bien?

— Si, todo bien. Solo llámalos rápido.

— Enseguida—levanta su teléfono y busca por un número para luego llevar el


dispositivo móvil a su oreja.

La llamada no dura más de un par de minutos con ella diciéndoles que necesito
que me recojan. Ni siquiera le piden explicaciones por lo que escuché, así que

hasta ahora estoy a salvo.

— Vienen en camino— informa mirándome cuando vuelve a meter su teléfono

en su bolsillo.

— Gracias. Necesito otro favor; si el sr. Higgons pregunta por mí, dile que estoy

atendiendo asuntos importantes, que no me moleste.

Asiente y a pesar de que esa debería ser su señal para volver a su escritorio
permanece conmigo.

Katherine Briden: Voy a casa. Me llevaré los proyectos para revisarlos en casa.

No te preocupes, estoy bien. No le digas a nadie donde estoy, sobre todo a

Xavier.

Pd. Te quiero, padre.

David Briden: ¿Algo ocurre con Xavier?

Katherine Briden: No quieres saber. Nos vemos.

David Briden: Te quiero, bebé.

Katherine Briden: ¿Que te dije…?

David Briden: Te quiero, Katherine Sophia Briden Prine. Aun sigues siendo mi

bebé. Siempre lo serás.

— Señorita…La esperan en la puerta.


— Gracias, Samantha— le agradezco poniendo mi mano en su hombro y
dedicándole la sonrisa más sincera que tengo—. Nos vemos mañana.

— De nada. Que le vaya bien, y que se mejore.

Asiento caminando a mi oficina para tomar las carpetas con los proyectos y mi
chaqueta ya que fuera parece que va a llover. Bajo los 20 pisos del edificio en el

ascensor tratando de no tener un ataque de claustrofobia o de caerme ya que mis


piernas aun tiemblan y los calambres no dejan de llegar uno tras otro.

Tod y Trein esperan fuera de la camioneta con paraguas en las manos, para

cuando salgo de la edificación. Así que no estoy equivocada; pienso; podía

llover en cualquier momento. Asiento profesionalmente hacia ellos antes de

subir a la parte trasera del auto. Ambos hombres suben al vehículo y en unos

minutos estanos en la carretera hacia mi casa.

Nos toma alrededor de 20 minutos hacer el trayecto y aprovecho para relajar los

músculos. En cuanto llego, me he planteado tomar un baño para relajarme. Que

tampoco sea tan largo porque cada vez que veo hacia mi lado, la pila de
documentos por revisar parece aumentar.

Al llegar a mi habitación, voy directo al cuarto de baño a preparar la tina.


Mientras espero, pongo algo de música clásica y ordeno los portafolios de tal

manera que no se caigan. Tendré que llevarlos más tarde hacia la biblioteca pero
eso será después de que lidie con mis piernas.
Compruebo el agua hasta que está justo como quiero, quito la incómoda ropa y
dejo que la música se reproduzca aleatoriamente entrando al agua. Es relajante

olvidarse de todo por un momento pensando sobre la vida de quienes inspiraron

tantos tonos. Beethoven, Bach, Mozart, Debussy; todos ellos habían dejado una
marca imborrable en el mundo. Espero algún día dejar la mía.

Salgo envuelta en una bata de seda negra y abro mi armario buscando algo

cómodo que ponerme. Al final me decido por un buzo antiguo de la universidad


y un jean desgastado. Tomo las carpetas con los proyectos y camino descalza a la

biblioteca. Los dejo sobre la mesa en el medio de la estancia y tomando asiento

en una de las sillas frente a ella, me pongo manos a la obra a revisarlos

detalladamente uno por uno.

Son las 10 de la noche cuando escucho las puertas abrirse. Levanto la vista con
rapidez y me encuentro con mi padre en pijama.

— ¿Cómo vas? ¿No crees que ya es un poco tarde?

—Estoy por terminar, no te preocupes.

— ¿Ya cenaste?

Niego.

— Y tampoco almorzaste por lo que sé.

— No tenía hambre— miento sin quitar la mirada ni la concentración del

documento que reviso—. Comeré algo cuando termine.


— Me preocupas, hija— pone una mano sobre la mía—. Sé qué quieres
demostrar que eres fuerte pero no pongas en riesgo tu salud. No quiero que nada

malo te ocurra.

— Papá, estaré bien. Debes dejar de preocuparte o serás quien pone su salud en

riesgo.

— Te creeré— me da un beso en la frente—. Solo duerme un poco y por favor,


come algo.

— Lo haré. Sí que eres un viejito preocupado— sonrío dedicándole una mirada

—. Ahora, ve a dormir que necesito trabajar.

— Buenas noches, bebé— sale de la biblioteca cerrando las puertas.

Niego sonriendo.

Mi padre es de las personas que han nacido bendecidas con el don de ser amados
por todos. Quizás en su anterior vida, salvó una vida o hizo un cambio para el

bien del mundo. Lo único que sé es que tiene ese espíritu de protección y ayuda

a los demás.

Vuelvo la vista y mi completa atención a los proyectos, y los reviso


cuidadosamente otra vez. Cuando termino camino medio dormida a la habitación
y me dejo caer a la cama. Son las 3 de la madrugada, así que solo tengo dos

horas para dormir antes de tener que levantarme de nuevo.

10
— Buenos días, señorita— la familiar voz de Samantha es lo primero que

escucho cuando las puertas del ascensor se abren y me pregunto cuanto tiempo
permanece cerca de los ascensores esperándome. No está obligada a esperarme

porque bien podría saludarme en mi paso por su escritorio antes de llegar a su

oficina, pero antes de que pudiera protestar lo volvió una rutina. En parte es

halagador tener a alguien así de pendiente de mí—. ¿Le puedo ayudar en algo?

— Buenos días, Samantha. Y no… Aunque serías un encanto si te encargaras de


dejarles esto en el departamento de Proyectos— tomo la carpeta que contiene mi

agenda para el día y ella se hace con la pila que sostengo sobre mis brazos.—
¿Podrías avisarles que ya los he revisado y utilicen solo los que fueron

aprobados?

— Seguro, señorita. Hmm…El sr. Higgons está en su oficina esperándola—


informa bajando la mirada y puedo notar que de alguna manera se ha enterado de
que algo no va bien entre nosotros. Ayer cuando le pedí que no le avisara a mi
amigo de mi ubicación no parecía sospechar de nada, pero estoy casi segura de

que él le ha terminado contando sobre su escena del día anterior para que lo deje

entrar a mi oficina. Sabe que sin importar de quien se trate, no puede dejar que
nadie entre sin mi consentimiento.

— Gracias, Samantha— fuerzo una sonrisa sabiendo que no ha sido su culpa y le

señalo que puede retirarse por el momento. Ambas vamos en la misma dirección
pero necesito un momento para prepararme para enfrentarlo. Su escena en el

restaurante fue vergonzosa y no sé si esté lista para escuchar porque lo hizo.

Hago el camino hacia mi espacio de trabajo con paso decidido y antes de tomar

el pomo, me aseguro que no es nada de lo que preocuparse. No sería un día

normal sin un poco de drama. Empujo la puerta sin mucha prisa y entro
encontrándome con Xavier apoyado en la parte delantera de mi escritorio. Está

vestido con un traje gris que resalta el color de sus ojos, haciendo que se vean

más claros, al igual que lo tenso que está. Su apariencia es seria y calculadora a

pesar de todo.

Cierro la puerta detrás de mí y espero.

— ¿Que necesitas?— pregunto con frialdad cuando noto que no está dispuesto a
decir una sola palabra. Normalmente él siempre es quien está dispuesto a hablar

cuando estamos enojados pero esta vez, no me da ni una sola señal de estar
dispuesto a hacerlo—. Veras, estoy un poco ocupada y no puedo perder el
tiempo.

— Necesito que me perdones. Ayer… No estuvo bien lo que hice. Lo lamento.

— Sr. Higgons, estamos en el trabajo. No mezcle los negocios con lo personal.

— Está bien, Katherine, entiendo. No estás feliz conmigo— asiente—. ¿Que

necesitas?

— Quiero el total de ingresos de la empresa en el último mes con la lista de

material vendido—me recuerdo que este es mi espacio, y tengo todo el control;

así que voy a mi escritorio y tomo asiento, encendiendo el ordenador para luego

esperar dándole una rápida revisión a la organización de mi día. Mis parpados se

sienten pesados por la falta de sueño y estoy agradecida de darme cuenta que no

tengo muchos compromisos en el día; lo que quiere decir que encontraron una

forma de sostenerse sin mí por todo el tiempo que no estuve, lo que me deja con
poco trabajo para ponerme al día—. Estuve revisando algunas cosas antes de

regresar y creo que cometieron errores. Me gustaría darles un vistazo más.

— Se lo traeré en un momento— para responder, ni siquiera se molesta en

mirarme. En vez de eso mira a la pared detrás de mí, y da un asentimiento para


hacerme saber que me ha escuchado.

Le toma menos tiempo del que creo estar fuera de la oficina, dejándome
completamente a solas.

Entro al internet y el correo empresarial se abre recordándome que no todo es


color de rosa en el día, por la cantidad de asuntos que tengo que atender por ese

medio. Sin embargo, paso de ellos y abro otra ventana para revisar mi Facebook.

No es algo de lo que esté del todo orgullosa de hacer en el trabajo, pero con solo

ver eso, sé que no estoy lista para enfrentarlo aún. Mi página de inicio se llena
con fotos de mis excompañeros de colegio y universidad disfrutando de sus

vidas de recién casados o la experiencia de ser padres por primera y hasta


segunda vez. A veces vuelvo la vista atrás y lo único que puedo recordar de esos

años, es mi cabeza metida en un libro o recibiendo premios por ser la primera de

la clase. Tenía amigos y salía, iba a fiestas pero nunca fui de disfrutar mucho la

vida universitaria. Incluso en ese entonces, prefería dedicarme a trabajar para no

tener que enfrentarme a un entorno que no entendía del todo. Le huía a los

paradigmas de que las mujeres debían casarse y tener hijos, y hasta ahí llegaban

sus papeles en el mundo. Era una feminista en potencia.

Claro, algún día querría formar una familia pero no estaba en los años próximos.
Primero necesitaba estar satisfecha con mi labor en la empresa.

Xavier entra unos minutos después cuando ya he cerrado la sesión y estoy en


medio de una conversación telefónica con uno de los supervisores de la empresa

en la sede de Tokio. Agradecía saber hablar varios idiomas a la perfección para


no tener que cerrar tratos con terceros en el medio.

Él ni siquiera se molesta en quedarse, dejando los informes en el escritorio y

saliendo tan rápido como entró. Reviso la información casi 3 veces para estar
segura de que no se me ha salido nada de las manos, anotando mentalmente los

lugares donde no he encontrado concordancias. Lo que me lleva a descargar mi

enojo en la sección financiera de la empresa. Discuto por unos diez minutos y

luego les ordeno no muy alegre que solucionen el error de inmediato, y que para
futuras ocasiones, quiero revisar la información antes de que pase al escritorio de

mi padre a final de mes. Para mí podían cometer errores en todo menos en lo que
tenía que ver con la empresa. Sé que parecía demasiado, pero ninguno de ellos

tenían idea de lo mucho que le había tomado a mi abuelo y mi padre posicionarla

en donde estaba. Era el trabajo de dos generaciones de una familia, y no iba a

dejar que se deteriorara por cosas pequeñas. Toda la vida de mi familia estaba

dedicada en ella, así que no dejaría que alguien lo arruinara.

— Está bien, ya terminamos— le digo a Xavier cuando ya he terminado con lo

importante del día. Para ese momento ya me he calmado lo suficiente para hablar

sin gritar—. Me voy a casa, no me estoy sintiendo bien.

— ¿Cómo crees que te vas a sentir bien cuando te enojas de esa manera?

Río a pesar de que una parte de mi aún sigue enojada con él.

— Por lo menos te ríes de ti misma, eso es bueno.

— Gracias. ¿Podrías traerme los contratos con Fyers?

Fyers es uno de los mayores socios y amigos de toda la vida de mi padre.

— Solo dame un momento— rebusca en mi escritorio mientras yo me encargo


de apagar el ordenador y recoger mis cosas.

— Aquí tienes— me los entrega cuando finalmente da con ellos.

— Gracias, Xavier.

Esa era una de las cosas que sabía que pasarían. No podía enojarme por mucho

tiempo con él. Claro, aún estaba molesta y no le dejaría llegar tan fácil a mí, pero

no podía evadirlo por mucho. Era de las pocas personas que me mantenían

cuerda.

Me levanto de la silla donde estoy sentada tambaleándome un poco al recordar

lo cansada que estoy. Tomo mi bolso junto con los contratos y hago mi camino

fuera de la oficina. En el ascensor, dejo de lado mi orgullo y me apoyo en una de

las paredes hasta que las puertas se abren en el estacionamiento subterráneo del

edificio. Busco por mi auto a través de las largas filas de autos y en cuanto doy
con él, subo al asiento del conductor y enciendo el motor, acelerando y saliendo

del lugar hasta que soy bloqueada por una camioneta negra estacionada en la

entrada del edificio.

Katherine Briden: Trein, Tod; ¿qué hacen aquí?

Tod: ¿Ya salió? ¿Dónde está?

Katherine Briden: En mi auto.

Tod: ¿Va a casa?

Katherine Briden: No, voy a visitar a mi amiga Claire. Pueden volver a casa.
No necesito sus servicios esta tarde.

Tod: Está bien, señorita. Tenga una buena tarde.

Katherine Briden: Igualmente.

Conduzco a la casa de Claire mientras escucho algo de música desde alguna

emisora local. No reconozco ninguna de las canciones en lo que me demoro en

llegar al sector residencial donde viven los D’Moon. Las calles son calladas y las

casas relucen de lo limpio, con sus jardines demasiado verdes para incluso creer
que es un lugar totalmente alejado de la metrópoli.

Aparco en la acera frente a la casa que recordaba desde siempre. Mi padre solía

traerme a jugar acá los fines de semana o cuando se iba de viaje. Desde

entonces, la casa había sido pintada de blanco, las ventanas eran azules y la

habitación principal daba la vista a la calle. Era el único detalle que el sr.
D’Moon no le había podido cumplir a mi tía acerca de su casa de ensueño, igual

a la de The Notebook. Antes recuerdo que tenía un color acaramelado que me

recordaba la crema sobre los pasteles que la madre de Claire nos preparaba
constantemente.

Bajo del auto y doy los pasos necesarios hasta estar frente a la entrada y toco el
pequeño timbre que suena con un sonoro sonido de violín. Supongo que fue idea

de Claire hacerlo. Desde que volvió a casa después de vivir por poco menos de
un año en Dinamarca, no ha dado señales de querer irse de nuevo de casa.

Aunque la entiendo en eso; yo misma vivo con mi padre aun pero no es porque
me vea en la incapacidad de vivir sola, sino porque es más cómodo quedarse en

un lugar que he conocido toda mi vida.

— Hola, Kathe— la señora D’Moon abre la puerta de entrada recibiéndome con

un cálido abrazo. Es lo más cercano que tengo a una madre y supongo que una

parte de mí no puede evitar sentir que fue una en la mayor parte de mi vida. Fue
la presencia femenina cuando la única persona con la que contaba para mi

crianza era mi padre—. ¿Cómo has estado?

— Bien, tía—la abrazo de vuelta dejando que la calidez de su abrazo me relaje.

La pareja de los D’Moon son como unos tíos para mí, ya que fueron los mejores

amigos de mi madre desde que estaban en secundaria—. ¿Dónde están Claire y

mi tío?

— Harry está en Abu Dabi revisando los yacimientos en esas tierras— Mi tío es

dueño de una empresa petrolera con sedes en todo el mundo, así que viaja

mucho, para molestia de él. Se suponía que hace media década trabajaría menos
y dejaría todo en manos de aprendices pero sin embargo, le dedica bastante

tiempo a la empresa—. Y tu amiga está comiendo helado en el sillón de la sala


de cine. Deberías intentar sacarla de ahí porque lo está usando como excusa para

no ayudarme a cocinar.

— ¿Puedo pasar?

— Sí, claro, esta es tu casa. ¿Quieres algo de tomar o comer?— se hace a un

lado para permitirme el ingreso a la vivienda.


— Un vaso de jugo estaría bien— respondo cuando el familiar olor a azucenas
impregna mi nariz. La contraria siempre tiene un ramo de flores fresca en la

mesa del recibidor; y cuando era más pequeña, convertí en un juego adivinar de

que flores se trataría cada vez que pasara la puerta—. Voy a buscar a Claire.

—Se me olvidaba, ¿quieres torta de chocolate?

— ¿Cuando no?— una risa sale de mis labios cuando me dirijo hacia el pasillo
que lleva al sótano de la casa, que no dudaron en convertir en una sala de cine.

Esta casa es gigante en comparación a las que la rodean. Incluso cuando era

pequeña, pensaba eso. Está compuesta por 3 pisos; uno subterráneo que contiene

la sala de cine y otros dos que consisten en el resto de la casa. Tiene 5

habitaciones con baño privado cada una; a pesar de que son una familia de tres

personas. Una cocina enorme que está conectada al comedor, una sala de visitas

y un estacionamiento para 3 autos.

— Toc, Toc—doy un par de golpecitos en el marco de la puerta antes de ingresar

a la habitación—. ¿Qué haces, Chica Violín?

— Hola, Chica Ruedas— salta del sofá y me abraza con fuerza. Lo ha estado
haciendo muy a menudo desde que tuve el accidente. Antes lo hacía pero no con
tanta emoción o frecuencia. Una parte de mí se siente mal por la preocupación

por la que la hice pasar—. ¿Qué haces aquí?

— Visitándote. Ah, y huyendo de la policía, ¿crees poder darme refugio por un


tiempo?—bromeo.

— Yo diría que te persiguen por usar esos pantalones— arruga la nariz haciendo
una inspección completa de mi ropa—. Son demasiado raros.

— ¿De qué hablas? Son lindos.

—Katherine, las rayas pasaron hace mucho de moda— rueda los ojos ante mi

afirmación, como si ni siquiera se va a tomar la molestia de decirme todo lo que

está mal sobre eso—. ¿Cómo fue el trabajo? ¿Todo bien?

— El trabajo está perfecto.

—No luces feliz con eso— aclara y me señala el sofá para que me siente a su

lado.

—Son solo tonterías. Xavier hizo una escena ayer y he tenido poco sueño.

— ¿Por qué?

— ¿Por qué cometió una escena o por qué he tenido poco sueño?

—Ambas.

— Bueno… Ayer golpeó a Andrew en la nariz cuando almorzábamos en Ocean.


Así que me fui de ahí directo a la oficina para llevarme el trabajo en casa. Y
sabes como soy, detesto dejar trabajo para el próximo día así que me dormí

bastante tarde revisando algunos informes de nuevos productos que podría lanzar
la compañía.
— ¿Por qué golpeó a Andrew?

—No lo sé. Solo dijo que yo era su asunto o algo así. Hizo una escena de celos
sin razón.

— ¿Dónde estaba Andrew?

— Le dije que fuéramos a almorzar.

— ¿Fue una cita?— sus ojos se iluminan con la esperanza de tener un chisme

jugoso pero arruino sus ilusiones con una negación de cabeza.

— No, claro que no. La verdad es que todo es parte de un plan contra él pero

después de lo que mi gran amigo hizo, no creo que el plan pueda siquiera

empezar.

— ¿Un plan para qué?

— Vengarme de él.

— ¿Y cómo piensas vengarte invitándolo a comer?

— Bueno, verás. ¿Recuerdas el trato que perdí por el accidente? Él lo ganó, y me


prometí que jamás dejaría que él ganara ante mí.

— ¿Otra pelea?— bufa negando y dándome una mirada de cansancio—. ¿Hasta


cuándo seguirán con esas discusiones tontas? ¿No les cansa pasarse todo el

tiempo mirando sobre sus hombros para no dejar que el otro avance? Estabas en
desventaja en ese momento por lo que ocurrió, Katherine. Así que él no tiene la
culpa ni tú debes vengarte porque él obtuvo ese trato. No puedes llevártelos
todos.

Suspiro.

— Hablemos de otra cosa, ¿cómo está tu padre?

— Trabajando.

— Lo normal.

— Si, lo de siempre.

— ¿Quieres jugar?— señala el juego que descansa en la mesa.

Sinfonic Hero. Una versión clásica de Guitar Hero, pero en vez de manejarse con

guitarras esta lo hace con violines. Fue una edición especial que Claire luchó por

tener en cuanto salió.

— Te haré trizas.

— Juguemos y verás que estas equivocada.

Jugamos durante horas hasta que la Sra. D’Moon nos llama para cenar. Por un

momento todo parece volver a los años en que no sentía odio hacia nadie. Solo
me divertía con Claire y no sentía la necesidad de superar las expectativas de los
demás.

11
— ¿Y cómo está tu padre?— la musical voz de mi tía llama mi atención mientras
me sirvo más lasaña en mi plato.

— Bien— le doy una probada al vino—. Está trabajando.

— Es bueno escuchar eso. Es bueno verlo siendo él de nuevo. Aunque a la vez


no tanto. Juro que ese hombre trabaja más que mi Harry. Esos dos son casos

perdidos en eso de tomarse descansos.

—Ni que lo mencione. Aunque tampoco puedo quejarme tanto porque voy en
ese mismo camino.

—Es el espíritu Briden.

— ¿Y qué piensas hacer para tu cumpleaños?— Claire interrumpe la

conversación notando que va en picada si seguimos hablando de trabajo—. Falta

una semana.

Oh, sí, mi cumpleaños. Lo había olvidado por completo. En una semana

cumpliría 25 años.

— No lo sé, realmente— doy una probada a la preparación de pastas y pollo,

pensativa—. Lo había olvidado.

— Veamos… ¿Que puedes hacer?

— No lo sé. Lo pensaré y si no te haré saber si necesito algo de ayuda.

— Me parece un buen plan.


— Tía, esta lasaña está deliciosa— tomo otro bocado deleitándome con el sabor
—. ¿Quedó un poco para llevarle a mi padre?

— Si, querida. Lo empacaré cuando terminemos de cenar.

Mientras termino mi plato, divago en mis pensamientos buscando que hacer para
mi cumpleaños número 25. Me parecía tonto preocuparme por eso pero en

realidad prefería pensar en eso que pensar en que a esa edad mi madre me había
traído al mundo.

A los 5 años cuando mi madre aún seguía viva, hice una fiesta de patines.

A los 10, era una fiesta de piratas. Mi padre alquiló un barco para eso.

A los 18, celebrando que ya era “libre”, hice una fiesta con un caso de Clue.

A los 22, fui a una discoteca en Tokio con algunos amigos.

Y los 25 tenían que ser mejores.

— Aquí está— me entrega el recipiente hermético cuando estoy saliendo por la

puerta para despedirme e ir a casa. Vuelve a darme un abrazo y un beso en la

frente—. Buenas noches, querida.

— Buenas noches y gracias por la cena. Que duermas bien y saludos al tío Harry.
Dile que se dé una pasada por la oficina cuando regrese, aun me debe un juego
de ajedrez.

Asiente.
— Y tú, Chica Violín— cambio mi atención a Claire y revuelvo su cabello con
una mano—. Descansa y ponte a ejercitar, el helado no desaparecerá por si solo

de tu cuerpo— exploto en carcajadas cuando frunce el ceño fastidiada.

— ¿Me has dicho gorda?— sin embargo, entiende mi broma y sonríe divertida.

—Deja la tontería. Te quiero.

—También te quiero. Pasen una buena noche— agito mi mano mientras me alejo
por el camino hacia la acera, para llegar a mi auto. Dejo el recipiente junto con

mi bolso, en el asiento del acompañante y enciendo el motor del auto poniéndolo

en marcha. Me acomodo el manos libres y miro la hora en el reloj del

salpicadero. Son las 10:50 de la noche; mi padre ya debe estar en casa en esos

momentos.

El teléfono suena cuando solo he recorrido un par de calles y me pregunto si se

me habrá olvidado algo pero si fuera el caso, no llamarían sino que me lo darían

al volverme a ver sabiendo que estoy conduciendo.

De igual manera presiono el botón para contestar y espero por la voz al otro lado
de la línea.

— Hola, ¿quién habla?— pregunto sin apartar la mirada de la carretera frente a


mí.

—Hola. Soy Andrew… Lamento llamar tan tarde.

— No importa— le resto importancia escondiendo la sorpresa en mi voz. Si él


está llamando, no todo se ha perdido con respecto a mi plan de venganza—.

¿Qué ocurre?

— No lo sé, solo llamaba para saber si estabas bien. Después de lo que pasó ayer

no tuve una verdadera oportunidad para hablarte. Pensé que necesitarías un

tiempo para olvidar que fue el peor no almuerzo de la historia.

Parecía que mi plan comenzaba a tener efecto.

—No fue tan malo, la verdad— le añado un poco de picardía a mi tono. —Yo
estoy bien, conducía a casa. ¿Estás tú bien?

— Si, completamente bien.

— ¿Que tienes entonces?

— Mira, yo…Lo siento, no debí llamar.

— Lamento lo de ese día— esta vez estoy siendo completamente sincera. Por

más que eso hubiera supuesto el final de mi plan, no deja de hacerme sentir

culpable por no haber hecho nada cuando ocurrió. Ni siquiera Andrew merecía
lo que el de ojos grisáceos le hizo—. Xavier se comportó como un patán.

— No te preocupes, igual no golpea tan fuerte— ríe por lo bajo.

— Igual lo lamento.

— Debiste decirme que ustedes…

— El y yo no somos nada. Y aunque lo fuéramos no debería importarte.


— Ese día dijo que eras su asunto. Solo lo digo porque montó una escena de
celos y eso le da una mala imagen. Y no me importa, es tu vida.

Suspiro y junto las cejas concentrada al recordar el atajo a casa—: Es tarde,

Andrew. Me parece que deberíamos seguir hablando luego.

—Sí, noté que arruiné todo. Te hablo luego. Ten buena noche.

No me despido para colgar la llamada y quito los auriculares de mis oídos para

dedicarme por completo a volver a casa a salvo. A pesar de que ha pasado un


tiempo desde el accidente, aún hay ratos en que recuerdo lo que ocurrió e intento

tener máxima atención sobre el camino. Incluso en aquellas donde no soy yo

quien conduce; nunca se sabe qué tipo de conductores halla en el mismo camino

que voy.

Bajo del auto después de guardarlo en el garaje y hago el resto del camino dentro
de la casa. Todo se encuentra a oscuras y silencioso, por lo que sé que el

personal se ha ido a descansar hace horas. Camino a la cocina con ganas de

tomar agua y abro el refrigerador haciéndome con una botella de agua. Al cerrar
noto que hay una nota pegada a la superficie del equipo refrigerante.

Hay comida para calentar en el horno. Dulces sueños.

— Papá.

Tomo la nota y la hago una bolita antes de tirarla a la basura y recuerdo meter la
lasaña en el refrigerador para que mi padre pueda comer mañana. En cuanto
cierro la puerta detrás de mí en mi habitación en el segundo piso, me deshago de

la ropa que llevo reemplazándola por una camisola larga. Apago mi teléfono con

la idea de poder tener unas buenas horas de sueño y antes de comenzar a trazar

historias con mi cabeza, caigo dormida en minutos.

12
— Xavier, ¿podrías por favor, traerme los números de las agencias de viaje

vinculadas a la empresa?
— ¿Se puede saber hacia dónde vas a viajar?

— Bahamas, bueno, la isla privada de mi familia… Quiero hacer un viaje de


cumpleaños.

— ¿Vas a ir a la isla Briden?

— Aclaración, vamos. Claire, Luca, tú y yo.

— ¿Luca?

— Es un amigo.

—Que no me has presentado— me mira confuso mientras sale de la oficina.

Después de pensar y pensar durante horas, decidí que lo mejor era hacer un viaje

a la isla Briden, la isla privada de mi familia, con unos amigos. No es el mega

evento, pero por lo menos no tendré la presión de organizar nada grande.

Katherine Briden: Ya sé que haré para mi cumpleaños.

Claire D’Moon: ¿Que decidiste? P.D. Acabo de ejercitar.

Katherine Briden: Me agrada eso. ¿Qué te parecería viajar a darte un pequeño

bronceado natural?

Claire D’Moon: Espera, ¿iremos a la isla de tu familia?

Katherine Briden: Si, con unos pocos amigos.

Claire D’Moon: ¿Quiénes?

Katherine Briden: Obvio, tú. Xavier, Luca, aunque no te agrade escuché que es
un experto buceando y hemos hablado un poco en mensajes.

Claire D’Moon: ¿Y nadie más?

Katherine Briden: Llámame loca, pero estaba pensando en invitar a Andrew. Si


quiero que mi plan de venganza funcione tengo que hacerlo ver real.

Claire D’Moon: Katherine, es tu cumpleaños. Deberías pensar en celebrarlo,

no en vengarte de él. Aunque después de décadas de amistad, estoy segura que


terminaras haciendo lo que quieras, nunca me prestas atención.

Y ahí estaba mi mejor amiga enojada.

Katherine Briden: Lamento lo de Luca, ¿sí? Sabía que te molestarías pero él no

es una mala persona.

Claire D’Moon: No me importa en lo absoluto. Y no tenías que devolverte al

tema para evadir lo que dije. ¿Por cuánto tiempo es el viaje?

Katherine Briden: 4 días.

Claire D’Moon: Si, tendré que revisar mi agenda pero creo que es casi seguro

que podré asistir.

Katherine Briden: Te mandaré los datos del viaje más tarde. Lo siento, Claire.

Me tengo que ir.

Claire D’Moon: No importa.

Dejo el teléfono en el escritorio a mi lado cuando escucho los pasos de Xavier

acercándose a la puerta.
— Acá están los números de las agencias con los currículos de todos los pilotos.
Pensé que la mejor opción sería usar un jet privado.

— Sí, claro. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Lo necesito para la próxima

semana, el jueves. ¿Puedes arreglarlo?

Asiente.

— Ah, y no te olvides de alistar tu maleta—junto las manos sobre el escritorio y


le sonrío—. Celebrarás mi vigesimoquinto cumpleaños en las Bahamas.

— ¿Ya me perdonaste?

Asiento a regañadientes—: No lo vuelvas a hacer o te juro que no te volveré a

dirigir la palabra. Pero si, no puedo seguir más tiempo enojada contigo.

— ¿Cúantos pasajeros?

— 8 pasajeros— enumero las personas y añado una más al notar que lo más

probable es que Trinity se nos quiera unir, por su “relación” con Andrew—. Mi

padre no me dejará ir sin Trein y Tod.

—Entonces me encargaré de planificar todo.

— ¿Puedes dejar con Samantha los perfiles de los trabajadores del vuelo en que

iremos?

— Si, lo haré. ¿Algo más?

— No, nada más.


— Entonces, iré a encargarme de eso.

Katherine Briden: Andrew, ¿qué planes tienes para la próxima semana?

Andrew Simurs: ¿Por qué lo preguntas?

Katherine Briden: Solo responde.

Andrew Simurs: Tengo reuniones.

Katherine Briden: ¿Puedes cancelarlas?

Andrew Simurs: ¿Por qué lo haría?

Katherine Briden: Cumplo 25 años en una semana y pensé en viajar con

algunas personas a la isla Briden.

Andrew Simurs: ¿Eso es una invitación?

Katherine Briden: Si.

Andrew Simurs: Si no estuviera seguro de que lo de tu cumpleaños es cierto,

diría que me estás jugando una broma.

Katherine Briden: Si quisiera jugarte una broma, no te diría nada. Invita a

Trinity. Y antes de que lo preguntes, Luca también irá.

Andrew Simurs: Está bien, le diré a Trinity. También a Luca, si quieres.

Katherine Briden: Eso sería encantador.

Andrew Simurs: Tengo una duda; ¿Luca y tú tienen algo?

Katherine Briden: Solo somos amigos y como dije no tiene que importarte mi
vida. Si, acepto que me agrada más que tú pero es solo un amigo.

Noto que ha leído mi mensaje pero que simplemente no quiere responder, así que
lo dejo estar. De alguna manera me llena de satisfacción su aprobación del viaje.

Sería divertido jugar con él.

El perfecto regalo de cumpleaños.

13
Acabamos de aterrizar en Bahamas y ya puedo sentir mi cuerpo relajarse ante la
perspectiva de estar lejos del ruido de la ciudad. De alguna manera sé que

alejarme un poco de Nueva York ayudará a que mi nivel de estrés disminuya. El


dejar de pensar en que soy Katherine Briden, la heredera de Briden Enterprise; el

dejar de sentir que tengo que estar pendiente de todos mis pasos; solo es
maravilloso poder respirar sin que nadie esté para juzgarme si lo hago mal.
— Señorita— el más alto de mis guardaespaldas me ofrece su mano para
ayudarme a bajar los últimos escalones de la escalerilla del avión. El gesto solo

puede provenir de la charla que mi padre les habrá dado antes de que viajáramos.

Por alguna extraña razón, tiene la idea de que estando lejos de casa estoy en
mayor peligro; se ha vuelto un hombre nervioso desde lo del accidente.—

Síganos, por acá está el auto— cuando comprueba que estoy sana y salva lejos
de la escalera, nos señala a todos una minivan esperándonos a unos metros.

Los dos escoltas suben en la parte delantera después de encargarse de guardar

nuestro equipaje en el maletero. Por suerte, el auto tiene suficiente espacio para

todos con tres hileras de asientos en la parte trasera. Claire se acomoda a mi

lado, dejando a Luca teniendo que compartir asiento con Xavier, luego de que la

pelirroja se haya llevado al ojiazul a las últimas sillas.

La organización en el vuelo fue casi la misma, solo que en el estábamos aún más

distanciados y mi mejor amigo estuvo todo el rato en su laptop. No hablamos

mucho entre nosotros en el vuelo.

El auto avanza hasta la salida del aeropuerto y de ahí por el resto de la isla hasta

llegar al puerto. Dejamos las ventanas abiertas durante todo el recorrido y


reímos cuando Luca no hace más que saludar a todo el que ve, dejando a la
mayoría confusos.

En cuanto llegamos al muelle, los dos hombres aparcan el auto dándonos la señal
de que podemos bajar, mientras se encargan de bajar el equipaje y entregárselo a
cada quien. El yate que nos espera está varios metros después y subimos con

cuidado a él.

Hoy todos lucen ropa que cualquier turista llevaría; incluso Tod y Trein que han

dejado los trajes atrás para reemplazarlos con pantalonetas y camiseta, aunque

estoy segura que debajo de eso están sus armas. El resto de los hombres viste
igual solo que con diferentes estilos y colores. Trinity viste un top que hace

resaltar su busto, y unos shorts de cintura alta que hacen que su cintura luzca
más pequeña. Claire lleva un vestido playero verde lima con unas sandalias a

juego. Yo escogí lo primero que encontré entre mi ropa de verano, un vestido

con mangas azul aguamarina con lentes de sol oscuros. Apenas llegamos al

barco. me quito las sandalias para tocar la arena en cuanto baje de él.

— Un brindis por Kathe—Luca no espera ni unos minutos para alzar la botella


de champaña que hay dentro de una hielera en una de las mesas—. Porque

disfrute la vida y no deje de hacer viajes como este donde me invite. Viajar gratis

y con lujos son las cosas por las que uno hace amigos.

—Que enternecedor—bufo dándole un codazo y acomodándome en uno de los

sofás para poder mirar a todos mejor.— Quiero agradecerles a todos por venir; sé
que tuvieron que posponer algunos compromisos por estar aquí estos días.

— No es nada, Kathe— mi mejor amiga da un leve apretón a mi hombro

ladeando la cabeza.

— Señorita, llegaremos en 30 minutos a la isla— el capitán se presenta con


todos nosotros antes de ponernos en marcha. Se asegura de que estemos todos a
bordo, y vuelve a su cabina—. Espero sea un recorrido placentero para todos. Y

si alguno quiere vomitar, los peces aún no han comido— bromea a lo que arrugo

la nariz asqueada.

Cuando el hombre vuelve a su trabajo, todos toman asiento en los sofás para
conversar. Luca lo ve como una ocasión para intercambiar algunas palabras con

Claire, pero ella lo ignora luciendo bastante interesada en escuchar sobre lo que
haremos en esos días. El de ojos grises, vuelve a evadir al resto del mundo

poniéndose al teléfono y Andrew se sienta en silencio mientras que la pelirroja le

habla de algo que parece emocionante.

Aprovecho cuando Claire se aleja para buscar algo en sus cosas y hago mi

camino al segundo piso del yate, que noté antes de subir. De seguro tiene una
vista preciosa del océano.

Me sostengo del barandal de la escalerilla para subir y camino hasta estar

apoyada en el pasamano. El sol está lo suficientemente bajo para que el metal


tenga una temperatura cómoda, por lo que es cómodo apoyarse en él.

— ¿No crees que es una hermosa vista?— alguien descansa sobre la superficie a

mi lado y suspira.

— Si, es hermosa— ni siquiera vuelvo la mirada porque no quiero dar la

impresión de que quiero hablar. En esos momentos, ni siquiera me importa todo


lo del plan de venganza. Pero puedo notar que él no está acá solo por la vista;
tiene algo que decir y parece estarse conteniendo antes de soltarlo de golpe—.
Dilo.

— Aun no entiendo que hago acá. Dime, ¿por qué me invitaste? Entiendo que

hayas invitado a Luca, porque ustedes se han llevado bien desde hace un rato,

pero yo… No somos amigos, Katherine. Por más que en algún momento lo haya
deseado, no somos de llevarnos bien.

— “A los amigos hay que tenerlos cerca, y a los enemigos más aun”— río

encogiéndome de hombros aunque sé que él no le hace ninguna gracia—. No,

pero hablando en serio; las cosas no tienen que ser de una u otra manera. Estoy

intentando ser agradecida por lo que hiciste por mí el día del accidente. ¿Y quién

sabe? Quizás pueda ser de esos momentos que me hayan mostrado que algunas

cosas necesitan cambiar. ¿Dudas?

— Aunque no tiene ningún sentido el que me hayas invitado, diré que no tengo
ninguna.

Permanecemos en silencio mirando el azul del agua sin voltear la mirada al otro.

Puedo sentir el calor que irradia su cuerpo y algunas veces veo por el rabillo del
ojo, que levanta la mano para luego dejarla caer. Es extraño como la sangre te

hace odiar a alguien. Estaba segura que de haberlo conocido en otras


condiciones, incluso podría agradarme.

Después de casi un cuarto de hora en ese silencio cauteloso, al fin voltea a


mirarme abriendo la boca para hablar, hasta que ambos notamos a Claire
acercándose—: Al fin te encuentro— me mira aliviada a pesar de que no hay
muchos lugares donde pueda ir en medio del océano—. Tenemos que hablar— le

da una mirada que no entiendo al hombre, antes de volver la vista a mí.

—Esa es mi señal para irme— el castaño rasca su nuca en un intento de hacer su

despedida menos incomoda pero su rostro lo delata. Está deseando que ella
hubiera llegado unos minutos después porque sea lo que tenga por decir aún, lo

está carcomiendo por dentro.

— Luca me está volviendo loca— ni siquiera le da un segundo de espera a

cuando los pasos del castaño llegan al primer piso, para afirmar—. No deja de

buscarme conversación.

— Tú le gustas, ¿no es obvio? Está completamente loco por ti desde que te

conoció. No es su culpa que seas tan difícil de llegar; en serio, él no es tan malo.

— Él es un conquistador y jamás dejará de serlo. Y perdóname sino quiero

perder mi tiempo en personas como él. Solo me quiere para ser una más de sus
conquistas— rueda los ojos fastidiada—. Quiere una noche y solo eso. De

seguro hasta tendrá una lista con los nombres de todas por las que ha pasado.

Río porque ya ha comenzado a sobreactuar.

— ¿Por qué crees que estaría aquí si no significaras algo importante para él? Por
muy raro que suene que yo diga esto, él no está aquí para celebrar mi

cumpleaños. No estaba del todo seguro de venir hasta que mencioné que tú
también vendrías. Claire, ningún hombre se esmeraría tanto por una noche de
placer, créeme. Además pregunta por ti cada vez que puede.

— ¿Pregunta por mí?

— Si, la última semana preguntó sobre tus flores favoritas. En serio, jamás pensé
que alguien como él se comportara de esa manera. Tenía el prototipo de que los

deportistas extremos eran rudos y no tenían sentimientos. En cambio, él hace

todo lo posible para que sonrías. Sería preocupante de no ser porque en realidad
es tierno.

— ¿Le dijiste cuáles eran?

— Claro; girasoles.

— Eres una mala amiga— me saca la lengua sin verse ni un poco molesta por

eso. Supongo que es normal que siga en la etapa de negación; la conozco lo

suficiente para saber que ella también se siente atraída por él y para probarlo he
captado varias veces cuando le da miradas furtivas creyendo que nadie más lo

nota—. Y cuéntame, ¿qué pasa en tierra Andrew?

— Nada.

— Vamos, los vi hablando y tú reías. Cuéntame.

— Nada, solo hablamos de la vista y yo me reía de algo de lo que me acordé.

— Te hubieras muerto de la risa con la cara de la pelirroja cuando él te siguió


aquí arriba.

— ¿El me siguió?
Asiente.

Mordisqueo mi labio inferior pensativa. Una parte de mí se alegra porque mi


plan va cada vez mejor pero a la vez, me siento culpable por eso. Si no tengo

cuidado podría meterme en terreno peligroso y aunque normalmente me

alegraría el hecho de saber que le he jugado una broma pesada, esta vez podría
ser algo más que eso—. Creo que volveré abajo.

— Te acompaño.

En el primer piso, las cosas siguen casi igual que como las dejé al irme arriba.

Trinity se las ha arreglado para volver a hablar con Andrew. Xavier sigue en el

teléfono y Luca está acostado en el sofá con sus audífonos.

Camino a la cocina seguida por mi amiga mientras el barco se mueve


suavemente por las olas obligándonos a apoyarnos en las paredes. Busco algunas

copas en uno de los armarios para poder servir la bebida para el brindis.

La contraria me ayuda a llevar la mitad de las copas y hacemos nuestro camino

de vuelta a donde todos están para acomodarlas en la mesa. Destapo la botella y


vierto un poco en cada una de las copas.

El sonido de corcho saliendo llama la atención de Luca, que se levanta para


ayudarnos a darle a cada quien su vaso—. Bien, ya tenemos alcohol. Ahora falta
hacer algo para pasar el tiempo que falta— opina intentando llamar la atención

de todos.— Podríamos lanzar a alguien al agua pero eso me tendría riéndome


por mucho tiempo, y tiene que ser divertido para todos, no solo para mí.
Entonces, deberíamos jugar Verdad o Reto.

— Luca, te reto a que dejes esa idea— el ojiazul golpea juguetonamente el


hombro de su amigo y niega. —Somos adultos acá, Sandino. Esos son juegos de

preparatoria.

— Deja de ser tan cobarde, Simurs— toma su cuello haciéndole una llave y

despeina su cabello con la mano—. Te diré que confieses tu amor por mí, no te
preocupes— le guiña el ojo en broma.

— Vamos. Si quieren tener tiempo a solas, hay una habitación para que lo hagan

— sonrío y me siento en uno de los sofás esperando a que dejen de jugar entre

ellos.

Xavier cuelga el teléfono y se sienta a mi lado pasando el brazo sobre mis


hombros. Es algo que suele hacer desde que somos amigos, con total comodidad,

así que me acomodo contra su costado familiarizada con él.

— Luca, ¿verdad o reto?— señala al deportista con una media sonrisa mientras

el ojiazul se tensa al lado de su amigo.

— Creo que debería ser solo verdad, para hacerlo más interesante— propone

tomando asiento y observando su copa de líquido ámbar.

— Ok, entonces… ¿Con quién de este bote te casarías?— sé que lo hace para
molestar a Claire.

Este juego se iba a volver una manera de enviar indirectas.


— Bueno, debo confesar algo—confiesa en tono dramático poniendo una mano
en su pecho—. Andrew, mi amigo, mi compadre; te amo— le lanza una beso

antes de explotar en altas carcajadas.

No puedo evitar reírme de la situación.

— Bueno, ahora es mi turno de preguntar— se rasca la barbilla pensativo para

terminar con su mirada en la mujer en la cual está interesado, entrecerrando los


ojos para darle mayor misterio—. Señorita D’Moon, definitivamente es un ángel

en potencia, toda una dama. Pero las grandes damas de la historia nos han

enseñado que siempre tienen su lado peligroso. Así que dígame, ¿tiene algún

némesis?

— ¿Acaso no es obvio?— frunce el ceño rodando los ojos. Y aunque sé que esa

pregunta tiene una respuesta diferente a la que ella quiere expresarle,

permanezco en silencio. He decidido que si ella no da signos de querer ser


amable con él, yo no intervendré.

— Ya dejen eso— los señalo a ambos para evitar que se forme una discusión ahí

mismo.

— Está bien, es mi turno— la pelirroja suelta un suspiro y sé justo en que está

pensando cuando sus ojos pasan de mí a Andrew—. Andrew Simurs…


Menciona a la persona a la que le pedirías perdón. Puede ser fuera de este bote,

si así lo deseas.

Le dedico una mirada asesina porque está jugando con algo que no debería.
— Mi madre; aunque a veces no la soporte porque tiende a ser irritante, me
gustaría pedirle perdón por no ser quien ella esperaba— para mi tranquilidad, él

se va con una respuesta fácil dejándola sin su drama.

— Supongo que es mi turno— junta sus manos mirando entre los que faltamos

como si estuviera decidiendo que pregunta escoger y cuál es el más indicado


para responderla—. Xavier Higgons, dinos qué piensas de cada uno de nosotros.

Sin palabras lindas, solo sé sincero.

—Eso no es una pregunta.

—No tiene que serlo. Solo tiene que suponer que respondas a algo con la verdad.

— Bueno, comenzaré contigo. Andrew, no me agradas, así de sencillo. Luca, me

caes bien, si tuvieras mejores amistades, quizás podríamos ser amigos. Trinity,
no te conozco bien, pero he notado que eres una mujer independiente y eso me

agrada. Claire, no nos llevamos bien y ya me cansé de intentar agradarte;

realmente, me da igual. Y Katherine, eres mi mejor amiga y no existe mejor


persona que tú.

Responde en el menor tiempo posible con expresión serena, como si no acabara


de decir verdades que casi nadie se atreve a decir.

—Supongo que es mi turno, y eso nos deja con…Trinity, dime. ¿Con que cosa
consideras que no podrías vivir?- le da un trago a la champaña.

— El dinero— juega con un mechón de cabello entre sus dedos mientras


responde—. No te traiciona, concede tus deseos y es fácil de obtener por alguien
como yo.

— Interesante. ¿Qué deseas saber de mí?- espero paciente su respuesta.

— ¿Cuál es tu mayor miedo?

— ¿Mi mayor miedo? Creo que temo al hecho de estar asustada. Creo que a lo
que más se le debe temer es al hecho de sentir eso. El miedo no te deja avanzar

ni pensar bien.

— Chócala, chica—Luca me ofrece su puño para que lo choque y puedo

entender porque considera que puede identificarse con mi declaración.

Lo choco sonriendo.

— Pasajeros— informa el capitán en voz alta sobre el sonido de las olas—.

Llegaremos en unos minutos a la isla.

Termino el resto de mi copa en varios tragos largos y permanezco los próximos

minutos observando hacia el frente del bote, esperando ver la isla.

— Kathe, es hora de bajar— enuncia mi amiga aunque soy consciente de eso

cuando nos detenemos y tengo un sentimiento de nostalgia después de haber


visto la isla de nuevo después de tantos años.

— Ya voy— camino hacia el lugar de desembarque siguiendo a los demás. Trein


y Tod ayudan a bajar el equipaje con el fin de que no se moje y me pregunto
dónde han estado todo ese tiempo. No los había visto mientras estábamos en el

bote. Luego de encargarse del equipaje se ofrecen para llevar a Claire y Trinity
hasta donde no vayan a mojarse, y aprovecho que ambos están ocupados con

ellas, para bajar directo al agua, que a pesar de que no me llega más allá de

debajo de las rodillas, es un primer contacto grandioso. La arena en esta zona del

agua está cálida y va adquiriendo más calor a medida que dejo el agua atrás para
encontrarme con solo arena.

Tod me dedica una ceja alzada al notar que ya he bajado del bote sin importarme

que mojé una parte de mi vestido.

Mientras que todos entran a la casa demasiado rápido, por el picor del sol, yo me

tomo mi tiempo recordando los veranos que había pasado aquí hace décadas. El

lugar ha cambiado desde entonces pero sin embargo, sigue manteniendo esa

sensación de familiaridad que se siente demasiado fuerte.

Para cuando llego, todos esperan en la sala por información. La casa de la isla

cuenta con 8 habitaciones, cada una con baño privado y una buena vista al
océano o a la región silvestre que comienza unos metros detrás de la casa y que

ocupa la mayor parte de la isla. Tiene una piscina olímpica y jacuzzi. Y todas las
demás dependencias de una casa normal, solo que con espacios más abiertos.

— Hace demasiado calor— se queja Trinity abanicándose con la mano—. Creo

que iré a refrescarme, ¿dónde está mi habitación?

— Sigue el pasillo y escoge— me encojo de hombros porque realmente no

importa cuál sea su elección. Todas son aptas para recibir a cualquiera de
nosotros.
— Tenía mucho tiempo sin venir. ¿Cuánto ha sido desde que lo hicimos?—
Claire va a la cocina con total naturalidad, como si conociera el lugar como la

palma de su mano a pesar de que han pasado casi 12 años desde la última vez

que puso un pie acá.

— Sí, ha pasado un tiempo. Hablando de eso, se supone que los cuidadores


estarían acá para recibirnos.

—Sí, ha sido nuestro error— informa Trein aclarando su garganta—. Los

Canima están en Bahamas. Vendrán en unas horas.

— Está bien. Y no se preocupen, pueden ir a descansar. No necesito ser cuidada

ahora mismo.

Ambos asienten en completa sincronía y permanecen un momento más para


recordarme que aún cuento con sus servicios, antes de caminar de vuelta a la

playa—: Nos retiramos. Si nos necesita, no dude en llamarnos.

Me pregunto quiénes son fuera de su trabajo. ¿Tienen familia? ¿Qué edades

tienen? ¿Cuáles son sus verdaderos nombres? ¿Tienen alguien que se preocupara
por ellos en casa? Por lo que puedo recordar de sus archivos, ambos rondan los
treinta y tantos pero eso es lo único que me había podido responder sobre sus

vidas personales. La compañía que los localizaba, se negaba a dar detalles que
no aportaran al trabajo, así que no había mucho que pudiera saber sobre ellos.

Además de que preguntarles, se vería demasiado entrometido.

— Bueno, esta casa tiene 8 habitaciones, así que cada uno tiene su propia
habitación. Si quieren pueden ir a refrescarse, la piscina está después de esas

puertas y… creo que eso es todo.

— ¿Tienes equipo de buceo?— Luca ni siquiera ha pasado por el día de hoy

cuando ya está planeando el de mañana. Extiende la manija de su maleta y carga

su maletín sobre su hombro mientras espera por mi respuesta...

Asiento.

— ¿Sabes bucear?

— Sí, soy buena. Podemos bucear mañana, te encantarán las aguas alrededor de

la isla.

— Si, suena como una buena idea. Nos vemos en un rato— se despide

desapareciendo por el pasillo al igual que la pelirroja lo hizo minutos antes.

— Creo que haré lo mismo de ir a dejar mi equipaje—Xavier deposita un beso

corto en mi mejilla cuando pasa a mi lado en dirección a tomar sus maletas—. Te


ves preciosa.

Niego riendo y espero por el resto del grupo para que se organice.

— Supongo que nos vemos luego— Andrew alza una ceja pasando frente a mí y
sigue el mismo camino que los demás.

— ¿De qué te ríes tanto?— me mira Claire sacando una soda del refrigerador.

— Solo me parece gracioso todo.

— Pensé que te reías de la cara de Andrew.


— ¿Eh?

— ¿No viste su expresión hace poco?

Niego.

— Su cara se puso roja y tenía la mandíbula tensa. Todo por celos.

— Deja de hablar incoherencias. Y vamos a llevar nuestros equipajes a las


habitaciones— tomo la soda para darle un trago.

Llevo las maletas a mi habitación y las dejo sobre el sofá para dejarme caer

sobre la mullida cama. Debo tomar una ducha en cuanto tenga las fuerzas para

levantarme e ir a reunirme con los demás.

El baño no dura más de una media hora aun cuando lo alargo todo lo que puedo.

Me pongo uno de los trajes de baño y unos shorts con un buzo de color azul

pálido; camino a la piscina guiada por los gritos y las risas, esperando no ser la

última en llegar. Me pregunto qué hago; de las personas que están afuera solo
soy verdadera amiga de un par. El resto son solo piezas en todo mi plan de

venganza contra Andrew. La venganza, en eso se basa mi vigésimo quinto


cumpleaños, que patético es pensar en eso.

Salgo a la parte trasera de la casa donde se encuentra la piscina. Antes solía ser

bastante pequeña pero cuando mi padre decidió hacer un par de remodelaciones


a pesar de no haber estado ahí en años, la arregló para que fuera un lugar más

apto para vacacionar, pensando que podría alquilarlo. Nunca fue capaz de
hacerlo porque ni siquiera se esforzó en encontrar interesados.
Lo primero que noto al salir es el incandescente sol, que me obliga a cerrar los
ojos mientras pongo una mano cerca para protegerlos de la excesiva luz.

Trinity viste un pequeño bikini rojo y se sumerge con elegancia en el agua

cuando miro alrededor decidiendo donde acomodarme; Xavier permanece de

espaldas a mí, con los pies metidos en el agua y mira el océano, o eso parece por
la dirección que tiene su cabeza. Andrew y Luca hacen una competencia de

clavados generando el ruido entre ellos dos y con disimulo disfruto de la vista de
sus abdómenes bien formados. Los de Luca más que todo; su actividad como

deportista es evidente en cada centímetro de él. Y a pesar de que no tengo ningún

tipo de ideas con él, me es imposible no contemplar tan buen cuerpo.

Mi mejor amiga chasquea sus dedos frente a mí riendo al darse cuenta de a

dónde iba mi mirada. Y a pesar de que primero pienso que podría enojarse
conmigo, su cara solo muestra diversión.

— ¿Disfrutando de la vista?— alza una ceja y niego ante la parte de mí que

quiere reaccionar apenada, porque eso querría decir que me sonrojaré.

— ¿Y tú no vas a nadar?— desvío el tema esperando no ser tan obvia, pero a la


vez sabiendo que no será tan fácil sacar las ideas que debe tener justo en esos

momentos.

— Buen movimiento, pero no deja de ser gracioso. ¿Y tú por qué no lo haces?

— Además del hecho de que acabo de llegar, no lo haré a menos que tú lo hagas.

— Lo haré entonces.
— Hazlo.

— Lo voy a hacer— es su segunda afirmación y ya puedo ver hacía donde va


esto. Toda una vida de conocernos ha creado tantas cosas repetitivas en nuestra

amistad que conozco exactamente que ambas nos negamos a hacerlo, a pesar de

que queremos demostrarle a la otra que no es así. Lo mismo ocurrió cuando


íbamos a abrir nuestras cartas de aceptación para la universidad; para terminar

abriendo la de la otra.

— ¿Estamos posponiéndolo?— afirmo con una media sonrisa.

Eso nos hace reír a la par—: Si, así es.

— Vamos, por lo menos no nos quedemos de pie acá.

— Podemos sentarnos allá, parece un buen lugar— señala el extremo contrario

de la piscina y ambas caminamos hacia allá.

— Higgons—la malicia en la voz de Andrew no me sorprende cuando lo veo


nadar cerca de donde está mi mejor amigo. No han tenido muchos encuentros

antes pero es más que notable que no se agradan. Xavier siente una lealtad
demasiado grande a mi familia, que defiende el apellido como si fuera suyo; y

no es extraño que el Simurs quiera hacer lo mismo—. ¿Por qué no entras?

— Tengo mejores cosas que hacer.

— ¿Acaso tienes miedo que noten tu “magnifico” cuerpo?

— No, ahora que lo mencionas evito dejarte en ridículo.


Río al descubrir a Luca riendo por lo bajo mientras los otros dos hombres hablan
—: Suenas demasiado confiado. O solo eres demasiado cobarde para hacerlo.

—Que conste que tú lo pediste—el de ojos plomizos se pone de pie y se quita la

camisa, tirándola a un lado obligándome a detenerme de golpe. Ahora que lo

recuerdo a pesar de los años de amistad, no había visto a Xavier sin camisa ni
una sola vez, y sí que había dejado a Andrew en ridículo en ese tema. No tiene

un cuerpo de mole como el de Luca pero podía competir perfectamente contra el


del otro y hasta vencerlo sin mucho esfuerzo. A diferencia de Andrew, él tenía

cierta aura de clase incluso con el pecho descubierto.

— Lo tenía muy bien escondido, ¿eh?— la pelirroja a mi lado me codea al ver

que no camino con ella—. ¿Quién diría que todo este tiempo teníamos eso en

frente?

— Espera, pensé que él no te agradaba…

— Que no me agrade no me hace ciega.

— Hey, D’Moon— esta vez es el turno de Luca en llamar la atención de mi


amiga desde la piscina—. ¿Por qué no disfrutas un rato de la piscina? Estoy
seguro que te refrescaría en este clima.

— No me apetece. Gracias.

— Vamos, el agua está deliciosa. Deja de ser tan amargada.

— No soy amargada. Mejor sigue nadando y déjame en paz.


— Oh, vamos. No nos burlaremos de tu vestido de baño de abuelita.

— Luca…— suspiro negando. Si algo no necesita ella en estos momentos es a él


recordándole continuamente sobre lo que piensa de su estilo clásico—. Ella no

quiere….

— Lo haré— me detiene antes de que continúe y se quita las sandalias en el

borde del agua—. Si tú lo haces.

Giro a mirar a Luca y ya estoy lista para ser manipulada por su mirada de

súplica. Después de unos segundos de verlo, me rindo con un suspiro.

Que todo sea por el amor.

— Está bien, pero tú primero— la señalo de arriba abajo.

Asiente y se quita su vestido revelando un traje de baño entero que parece

separarse donde está su ombligo. Sí que había estado ejercitando porque los

kilos de más que había tenido hace poco habían desaparecido. Miro la cara del
varón conteniéndome de reírme ahí mismo. Su boca literalmente forma una “O”

y sus ojos están mirándola como si no hubiera estado lo suficientemente listo


para ese momento; sus ojos están llenos de brillo, no con perversión sino como

si estuviera presenciado lo más hermoso. Y sé que él piensa así de ella.

— Permiso— le pide con un movimiento de manos para pedirle que le haga


espacio antes de lanzarse en un magnifico clavado saliendo del otro lado de la

piscina—. Tu turno, Briden.


— ¿Qué tal si lo dejamos para mañana?— jalo las mangas de mi buzo no tan
segura de hacerlo ya. Aunque la temperatura haga ver el agua totalmente

placentera, no me siento segura de entrar con tanta gente—. Creo que no tengo

ganas de entrar.

— Oh, vamos…Lo prometiste.

—Lo sé, pero puedo hacerlo luego ya que no mencioné cuando lo haría.

—Sí, lo dijiste. Y tú nunca rompes una promesa.

Con un suspiro de rendición alzo las manos y sé que cuando sonríe lo hace

porque sabe que ha ganado—. Está bien.

Con rapidez me deshago de la ropa sobre mi traje de baño y antes de que alguien

vea mucho, me lanzo al agua.

— Bien hecho. Acabas de provocar por lo menos un infarto a cada uno de los

hombres acá. En serio, debiste ver la cara de todos antes de que te lanzaras—
mira a Andrew y este aparta su mirada con rapidez de donde estamos—. El casi

te devora con la mirada— luego pasa su mirada a mi mejor amigo—. Y él,


bueno, el de seguro, hasta te imagino sin nada.

— Deja de hablar así de sucio—frunzo el sueño molesta.

— Es que sabía que tenías buen cuerpo pero no tan buen cuerpo, ¿me entiendes?
Pensé que como te la pasas ocupada no ejercitabas.

— Ejercito a veces y como bien. Solo un poco de trote algunos días y montar
bicicleta los fines de semana hacen la diferencia.

— Comenzaré a hacer eso.

— Deja de hablar tonterías— le dedico una sonrisa mirando el otro extremo de


la piscina—. ¿Quieres una carrera?

Asiente y ambas salimos disparadas nadando al otro lado de la piscina. Me gana

por unos segundos.

—Señoritas— Luca se sienta en el borde de la piscina más cercano a nosotras, y

a mi amiga no le toma ni dos segundos balbucear una excusa de tener que ir a

buscar algo, solo para alejarse de ahí. –Supongo que es una sola señorita,

entonces.

—Dale un tiempo, ella… Si, dale un tiempo.

— No te preocupes. No tienes que hacer excusas por ella, está bastante claro

cómo se siente hacia mí y no hay nada que pueda hacer contra eso, al parecer—
baja la mirada por un segundo y la escena podría ser graciosa de no ser porque sé

cuan mal lo está pasando.— Sé lo terca que puede ser. Sobre todo cuando me
odia.

—No te odia. Si te odiara, el arco de su violín estaría en tu garganta. Creo que

solo no se ha acostumbrado a ti. Creo que de no ser porque nos conocemos desde
el vientre, ella tampoco le gustaría estar a mi alrededor.

— ¿De qué hablas?


— Bueno, digamos que Claire no confía muy fácil en las personas. Ella puede
ser un amor de persona o puede ser muy vengativa. Recuerdo que cuando tenía

7, un niño que tocaba piano le ganó en un concurso en su escuela. Cuando todos

se habían ido le echó barniz de uñas rosa a las teclas. Solo por eso se perdió la
oportunidad de ser su amiga, cuando él había pasado semanas intentando

hablarle sobre como ella era asombrosa. Dos años después fue que al fin le pudo
hablar sin que ella lo ignorara.

— Que interesante— aunque la mayoría de su respuesta suena a que le ha

parecido gracioso, hay otra parte que suena a que no puede creer lo que sus oídos

escuchan—. No me la imagino siendo tan mala.

—Así que no te preocupes. Al final, siempre entiende.

—En serio me gusta, solo que ella no lo ve así. No soy como ella cree.

—Lo sé, Luca. Solo dale tiempo y verás cómo todo cae en su lugar— le

aconsejo mientras me alejo nadando hacia detrás lentamente.

Xavier se encuentra nadando cerca, así que aprovecho y me sumerjo para tomar
sus piernas mientras está distraído y de espaldas a mí. Las mueve sorprendido y
se aleja mientras que salgo tosiendo al haber comenzado a reírme desde debajo

del agua.

Niega riendo cuando nota de quien se trata—: Ah, eres tú. Mi hermosa jefa.

A pesar de que es un comentario que sonrojaría a cualquiera, estoy acostumbrada


a él bromeando sobre mi aspecto porque así es él, coquetea con cualquier cosa
que se mueve.

— Xavier, no molestes.

— ¿Sabías que uno de mis colores favoritos es el negro?

— Xavier Higgons, basta—reprocho mientras le doy mi mirada más seria. Las


cosas entre nosotros quedaron bastante claras hace años, y no quiero que se cree

un malentendido de todo esto.

Observo los alrededores de la piscina para dar con los demás y mi inspección se

detiene cuando veo a Trinity coqueteando con Andrew. En esos momentos,

comienzo a creer que ella puede convertirse en un problema en mi plan. El de

ojos grisáceos sigue mi mirada y su mandíbula se tensa cuando ve la misma

escena que yo, y solo por eso, sé que quizás no fue la mejor opción juntarlos a
todos acá.

Sacudo mi cabeza apartando mi atención de la pareja y espero que nada en mi

rostro revele mis pensamientos—. ¿Quieres ir por algo de beber?

Asiente acompañándome a las escaleras para salir de la piscina y caminamos


hacia la cocina después de tomar toallas para secarnos.

Abro el refrigerador y tomo una botella de vino, totalmente lista para su reacción

—. ¿No crees que es temprano para eso?— se sienta en la barra de la cocina


mirando la botella en mi mano.

— Jamás es muy temprano— dejo la botella en la barra frente a él y luego saco


una taza de fresas que encuentro—. Además, no eres mi padre… Y creo que ni él
me daría esa mirada juzgadora.

— ¿Para qué son las fresas?

— ¿Jamás has probado las fresas con vino?— busco dos copas en los armarios

extendiendo las manos para alcanzarlas ya que estaban bastante alto.

— ¿Te ayudo ahí?— dice detrás de mí y escucho el sonido de su silla rodándose.

No necesitaba ni saber mi respuesta.

— No había notado que eras tan baja— sonríe alcanzándolas y dejándolas en

mis manos.

— No soy baja, tú eres muy alto— alzo un dedo como puedo y él se acerca un

poco más, dejándome entre la mesa de la cocina y su cuerpo.

Me mira a los ojos sin apartarse y pasa la palma de su mano por mi mejilla.

Trago saliva algo incomoda tratando de apartar la vista de él porque no sé cómo

llegamos a esta situación. Dejo mis manos a los lados de mi cuerpo, aun

sosteniendo los dos recipientes de vidrio, en vez de utilizarlas para apartarlo.


Escuchamos a alguien aproximarse a la cocina y nos separamos.

El camina hacia su antiguo puesto luciendo tranquilo, como si hace unos


segundos no hubiera vuelto todo más incómodo para ambos; mientras Luca entra
riéndose de algo que Claire le discutía.

— ¿Se van a embriagar tan temprano?— el deportista mira de uno a otro y luego
a la bebida alcohólica—. Si van a hacerlo, me uno a ustedes— se sienta en la
butaca al lado de mi amigo, y apoya los brazos en la barra esperando.

Acomodo las copas frente a ellos y abro la tapa de la bebida vertiéndola en

ambos vasos—. Ahora, tomen una fresa y cómanla pero no la traguen.

Ambos me miran con sospecha pero hacen lo que les digo sin protestar.

— Ahora, tomen— les señalo la bebida entusiasmada.

— Eso sabe delicioso— Luca es el primero en hablar comiendo más de la fresa y

volviendo a tomar del vino—. ¿Cómo?

— Fue una especie de experimento que hice en la universidad. Estaba aburrida y

era un viernes en la noche. Solo tenía vino y fresas, creo que fue un San

Valentín. Así que me pregunté cómo sabría y… ¡tada!

—No pensé que fueras una universitaria alcohólica.

—Y yo no pensé que eso importara— ruedo los ojos suspirando en su dirección

—. En realidad, no soy muy amante del alcohol. Pero una vez al año no hace

daño y no se trata de llegar al punto de la ebriedad extrema.

— Yo me voy a cambiar— informa la pelirroja alejándose de la cocina, aunque


no hubiera participado del experimento culinario.

— ¿Y entonces? ¿Les gustó?— apoyo los codos en la mesa a la expectativa de


opiniones aunque ya uno de ellos me ha dicho lo que piensa.

— Es inexplicable, pero creo que sí, es bueno.


— Bueno, creo que yo iré a tomar una ducha y a dormir un poco. Estoy algo
cansado de todo el viaje— informa el deportista, levantándose de su butaca y

sonriéndome—. Los veo en unas horas.

Asiento en su dirección mientras se aleja dejándonos de nuevo a los dos solos;

pero por suerte, el teléfono del hombre suena antes de que pueda hablar.

— Tengo que contestar— suspira mirando la pantalla viéndose serio de nuevo. A


pesar de que habíamos hablado de dejar el trabajo en la ciudad, él se negó a mi

petición y decidió que podría manejar ambas cosas.

Asiento tomando otra fresa viéndolo dirigirse afuera.

Parece que será una llamada larga así que aprovecho para ir a mi habitación y

ponerme algo de ropa seca. Tengo ganas de salir a caminar por la isla, y con
todos en su mundo, será más tranquila mi salida. Ya la casa comienza a

parecerme aburrida. Tomo lo primero que veo que tenga algún sentido y me lo

pongo saliendo de nuevo a la cocina y dejando todo en su lugar. Cuando el


refrigerador está abierto aprovecho y tomo una botella de jugo.

— ¿Me pasas una?— Trinity pide entrando a la cocina.

— Claro.

— Gracias— responde cuando le paso una y ocupa el taburete que el castaño


había ocupado un rato antes—. ¿Por qué me invitaste?

No sé porque no me sorprende su pregunta.


— Eres la novia de Andrew y no sé, me pareció que lo adecuado sería hacerlo—
abro el botellín y le doy un trago jugando con la tapa en mi mano libre—. Fue un

acto de cortesía.

— Sé lo que tratas de hacer— ríe secamente sorprendiéndome—. Tratas de

conquistar a Andrew. Todo esto es solo tu manera para quedarte con él.

— ¿Yo?— digo entre carcajadas porque es algo patético que en serio piense que
tengo ese tipo de intenciones con el aludido—. Él no me gusta en lo absoluto. Si

estuvieras bien informada sabrías la clase de relación que hay entre él y yo.

Comenzaré por el hecho de que somos contrincantes. No nos agradamos, ¿lo

entiendes?

— He visto cómo se miran. Sé que pasa algo entre ustedes. Aléjate de él.

— Déjame aclarar algo con la idea de que será la única vez que lo diré. Si le

hablo a Andrew Simurs es porque me veo obligada a hacerlo en algunas

situaciones. ¿Crees en serio que él es tan especial para merecerse mi atención?

— Eres una zorra, sé que pasa algo entre Xavier y tú siempre le sonríes a Luca y
ahora vas por mi Andrew.

— Primero, Xavier es mi mejor amigo, no ocurre nada más que eso. Segundo,
Luca es solo un amigo y la única razón por la que me llevo tan bien con él es
porque es agradable; además, a él le gusta Claire. Y tú deberías saber que es fácil

ser amiga con él, después de todo, pasas más tiempo con él. Tercero, te acabo de
decir que no hay nada de especial con tu novio.
— Entonces, ¿quieres hacerle daño?

— Mira, Trinity. No lo voy a repetir de nuevo y espero que entiendas— cruzo


los brazos sobre mi pecho—. Yo no siento nada por Andrew.

— Eso espero— menea su cabello mientras se da la vuelta para dirigirse al

pasillo que lleva a las habitaciones.

Por poco me rio en su cara del gesto. No era muy discreta cuando de gente
estúpida se trataba. Claire entra en la cocina cuando ella se va alejando y choca

su hombro con odio, dejando más en claro lo patética que es.

— ¿Que le dio ahora a esta?

— No lo sé.

— ¿Ahora qué harás?

— Planeaba salir a caminar por la isla.

— Te acompaño— abre el refrigerador y se hace con una soda—. Necesito aire

fresco urgente.

Ambas terminamos nuestra bebidas de pie en medio de la cocina, y cuando


hemos desechado los envases, señalo la puerta—: Adelante.

Claire entra primero en la selva que yo, por lo que tiene que detenerse por un

momento a esperarme—: ¿Te puedo pedir algo?

— Solo si no vuelves a dudar de que haría todo por ti. Y si no terminaré en la

policía por ayudarte— bromeo a pesar de que estoy bastante segura de que ella
nunca me pediría algo ilegal.

— No te preocupes, es legal— sonríe pero su sonrisa solo dura unos minutos


mientras piensa en lo que tiene por decir—. Lo que te pido es que por favor me

dejes encargarme sola del tema de Luca— mira al frente recogiéndose el cabello.

— Yo no hago nada… Bueno, quizás a veces le doy una mano pero es que no

puedo verlos separados. Sé que apenas lo conozco bien pero cuando los veo es
como que necesito que estén juntos. No puedes culparme porque pienso que te

haría realmente feliz.

— Solo júrame que ya no lo ayudarás, es todo lo que te pido.

Suspiro alzando la mano en modo de juramento—: Está bien. Yo, Katherine

Briden, juro que no ayudaré más a Luca aunque crea que es el hombre más
maravilloso en el mundo y que debería estar con Claire.

Suelta una carcajada que resuena a nuestro alrededor.

— Siento ser dura— se disculpa dándole un leve apretón a mi hombro—. Pero

en serio, puedo tomar mis propias decisiones.

—Lo sé y lo lamento. No pensé que te molestara tanto que velara por tu


felicidad.

— Exactamente es porque no me molesta— baja la mirada y un leve sonrojo le


da color a sus mejillas—. Verás, Luca es súper guapo y divertido. Tiene esa

sonrisa que me deja sin aliento y sonríe muy seguido, lo que me dice que tiene
un pensamiento optimista de la vida. Creo que me gusta. Y no es mala persona,
sin duda ya veo porque te agrada. Es amigable y siempre trata de subirles el

ánimo a todos.

— ¿Cuando? ¿Donde? ¿Qué?— grito emocionada cuando la escucho decirme

que todo este tiempo ha sentido algo por él.

— Espera…— ríe poniendo las manos en mis hombros para que me calme—.
Respira.

Tomo un respiro profundo y la miro.

Quiero gritar porque aún no me puedo creer que Claire estuviera pensando todas

esas cosas de Luca. Sin duda, es una muy buena actriz porque frente a él actúa

como si fuera la última persona en el mundo que quisiera ver.

— Lo que intento decir es que aunque sea un completo idiota y me saque de


quicio a veces, pienso en lo genial que sería que fuera mi idiota— su sonrojo

aumenta, haciendo difícil que pueda dejar de sonreír.

— Pensé que lo odiabas.

— Del odio al amor hay un solo paso.

— ¿Lo amas?

— No, aún no lo conozco lo suficiente para eso. Solo me gusta.

— Entonces si quieres intentarlo, ¿por qué te haces la difícil?

— Quiero ver su determinación. Si tanto me quiere, se esforzará.


— ¿Y dices que yo soy cruel? El pobre hombre está que se vuelve loco por tener
una charla normal contigo.

— Mira quien habla. Como si toda esta supuesta venganza contra Andrew no

tuviera otras intenciones.

— No me gusta— aseguro poniendo los ojos en blanco. Claire es una de las

personas a las cuales no les podría mentir si las veía a los ojos y temía que la
manera en la que me tensé al escuchar el nombre de Andrew diera indicios de

que iba a mentir. Aunque no era como si fuera a hacerlo, solo que era un tema

que no estaba cómoda de tocar en esos momentos. Él seguía sin agradarme—.

La única razón por la que siquiera lo soporto es que es un ser humano y además,

necesito ser “amigable” con él para llevar a cabo mi plan.

— Si, si, cierto— asiente haciendo notar que no me cree ni una sola palabra—.

¿Y qué me dices de Xavier, eh? ¿A él también lo tratas como a cualquier ser


humano?

— Xavier es diferente. Él es mi mejor amigo y además trabaja en la empresa

como mi asistente. Son dos cosas totalmente diferentes.

— Ustedes tuvieron una cita en la universidad. No hubieras accedido a menos

que te gustara por lo menos un poco.

— Fue solo una cita y no funcionó. Y si, en ese entonces me gustó porque no

puedo negar que es atractivo, pero el físico no hace relaciones reales.

— Katherine Briden, ¿cuándo serás sincera contigo misma?— suspira frustrada


alzando los brazos al cielo—. Te la pasas con la cabeza metida en el trabajo para
no tener que enfrentar lo personal. No recuerdo la última vez que te vi arreglarte

para salir con alguien.

— Claire D’Moon y Luca Sandino— finjo una sonrisa para ignorar su anterior

comentario ya que tenía algo de razón. Ni yo misma recordaba la última vez que
había ido en una cita real—. Suenan tan bien como para ponerlos en una tarjeta.

— Ja, ja. En serio, no sirve de nada que solo me ignores. Sé que escuchaste

perfectamente.

De repente se detiene frente a mí y casi hace que choquemos—: Claire, ¿qué

pasó?— la miro preocupada porque de repente se ha puesto pálida.

— Eso es…— señala un lugar a unos tres metros de nosotras donde se encuentra
una serpiente cascabel señalando con su lengua hacia nosotras.

— Necesito que te alejes caminando lentamente hacia atrás. Sin hacer ruido y

trata de pisar en lugares sin hojas o ramas secas— fijo la mirada en el reptil

decidida a no perder ni uno de sus movimientos de vista—. No muestres miedo


— susurro notando que está temblando—. Si haces lo que te digo, podremos
irnos.

— ¿Cómo sabes tanto de esto?— gira la cabeza solo un poco, y su voz aunque es
baja suena jadeante.

— En la secundaria enseñan sobre reptiles— me encojo de hombros esperando


que lo poco que recuerdo de eso y algunos programas que suelo ver de Animal
Planet, nos saquen de ese lio—. Pero deja de hablar y haz lo que te digo.

— Ok— toma un respiro profundo y da un paso hacia atrás.

— Claire, sé más silenciosa— no quito la mirada de la serpiente ni en uno solo


de sus movimientos y los nuestros—. Un paso en falso y terminarás con su

veneno en ti.

— No me mandes— gruñe por lo bajo mientras continuamos nuestra caminata


hacia detrás.

Tengo los músculos tensos porque hay momentos en el que el reptil da señales

de moverse pero jamás un poco más de unos milímetros. A veces la contraria

respira demasiado agitado y pienso que está a punto de desmayarse; lo que haría

mucho más difícil el alejarse del animal.

Cuando la distancia es más que segura, ya estamos cerca de la salida de los


árboles y algunos rayos del atardecer se filtran dándonos mayor visibilidad sobre

nuestro entorno. Miro a mi lado pero el color de Claire es más que obvio para

saber que aún sigue en shock. Mediante nos acercamos, las voces en la cabaña se
escuchan con mayor claridad.

— ¿Qué ocurrió?— mi mejor amigo levanta la vista del libro que lee en uno de
los sillones con severa concentración, mientras pasamos la puerta principal—.
Lucen pálidas.

— Había una cascabel— hago todo lo posible para que mi voz suene bien pero
hay un tono de nervios al fondo de toda mi seguridad.
Los ojos de Xavier vuelan inmediatamente por todo mi cuerpo en busca de una
herida. Al notar que todo ha sido solo un susto, me mira a los ojos—: ¿Que rayos

hacía una cascabel en el bosque?

— ¿Cascabel?— la profunda voz del sr. Canima retumba por el pasillo mientras

se acerca a la sala—. ¿En la isla? ¿Estás segura?

Asiento cerrando mi boca antes de que salga una respuesta cortante. Suelo
responder de mala gana cuando las personas hacen preguntas de las que estoy

totalmente segura.

— Que extraño— su esposa llama mi atención desde el sofá donde ve a la

pantalla de televisión—. Aquí no hay serpientes.

Había estado tan ocupada pensando en lo que había pasado que no noto que los
otros hombres están en el sofá concentrados en alguna clase de juego de

combate. Luca usa auriculares y mira la pantalla absorto mientras presiona

botones en su control. Andrew quizás solo evita la conversación a su alrededor.

— No están heridas, ¿cierto?— la señora mayor nos dedica una minuciosa


mirada maternal a pesar de que sabe que si algo pasara, alguna estaría viéndose
mal.

Niego.

— Mi Claire—el deportista se quita los auriculares mirando a mi amiga con

preocupación cuando por fin conecta la mirada con nosotras. Se levanta del sofá
dejando el juego a un lado y se acerca tomando la mano de la chica en la suya—.
¿Qué tienes?

Ella no reacciona y ni siquiera lo mira.

— Realmente es tiempo de superarlo— paso la mano por mi cabello frustrada.


Odio sentirme débil ante cualquier situación. Y aún más, no ser capaz de ayudar

a mi amiga a estar mejor—. Fue solo un susto, no nos pasó nada.

— Tienes razón, querida— el señor esboza una sonrisa tímida—. Sería bueno
que coman algo y vayan a descansar. Mañana me encargaré yo mismo de revisar

la isla con otros hombres.

Asiento sin siquiera mirarlo, solo sigo mirando a Claire, a la espera de cualquier

palabra.

— Le prepararé algo— su esposa se levanta del sofá y se dirige a la cocina con

total comodidad, y ahí es cuando recuerdo que a veces suelen pasar momentos
del año en este lugar—. Un té la relajara.

— Katherine, ¿me puedes explicar porque ella sigue así?— el tono de Luca es

recriminatorio como si de alguna manera yo tuviera la culpa.

— Es una larga historia; para resumir, le teme a los reptiles. Era un mal día
cuando comenzó a odiarlos y ella era pequeña.

Me da una mirada sin comprender mucho.

— Espero que hayan estado lo suficientemente lejos de ella— el que ha

permanecido callado se impulsa en el sofá para ponerse de pie frente a todos—.


Pobre serpiente al tener que lidiar con el veneno de Katherine— susurra para que

solo yo lo escuche. Y aunque sé que su comentario busca ser gracioso y subirme

el ánimo, no puedo más que fruncir el ceño molesta porque esté bromeando con

el mal rato que está teniendo la violinista.

— Oh, ahí estás— su mirada se dirige detrás de mí donde Trinity entra a la


cabaña.

Ambos se sonríen.

— ¿Qué ocurre?— su mirada viaja por toda la sala esperando que alguien le

explique lo que pasa.

— Una cascabel casi las ataca— Luca explica señalándonos.

— ¿Las cascabeles no viven en los desiertos?— teclea algunas cosas en su

teléfono distraída—. ¿Qué hacía una en la isla?

— Aun no lo sabemos— el sr. Canima responde notando que nadie más lo iba a
hacer ya que nadie más conoce el lugar como él; además de mi padre.— Esta

noche cierren todas las puertas y ventanas; solo por precaución.

— Mira, linda. Tomate esto— la esposa del hombre le entrega una taza de té a
Claire, quien la toma entre sus manos en completo silencio dándole sorbos

cortos—. Ahora iré a prepararles la cena— asiente volviendo a la cocina y


aunque quiero decirle que no se preocupe por nosotros, comprendo que lo hace

como una manera de alivianar el ambiente.


Luego de que la comida esté lista, nos sentamos a cenar en silencio. Luca no
despega su mirada de Claire y está casi no toca su comida. Trinity está absorta en

su teléfono y Andrew solo come mirando a algún lugar de la estancia. Xavier

trata de distraerme hablando de un mensaje que ha recibido de sus padres,


aunque no entiendo nada de lo que dice. La cena va en calma teniendo en cuenta

que los nervios están de punta. A la hora de ir a dormir, se cierran todas las
puertas y ventanas siguiendo los consejos del mayor.

Duro casi toda la noche mirando a un punto fijo del techo de la habitación sin

saber exactamente porque. Mi mente está en blanco, lo cual es perfecto para

conciliar el sueño pero cada vez que cierro los ojos me frustro dando vueltas en

la cama. No tengo ni un poco de sueño.

Alguien abre la puerta de mi habitación a eso de las tres de la madrugada


dejando que un hilillo de la luz del pasillo se filtre en ella. Contengo el aliento

asustada antes de notar mechones de cabello rojizo por la abertura.

— ¿Claire?— me siento en la cama tapando mis ojos de la luz—. ¿Qué haces


despierta a esta hora de la madrugada?

— ¿Puedo dormir contigo?—abre la puerta un poco más hasta que puede pasar

por ella sin ningún problema—. Realmente no he podido dormir nada— se


disculpa cerrándola.

— Claro que puedes dormir acá. Igualmente no he dormido nada.

— ¿Asustada?— se mete en la cama cuando le hago un espacio como cuando


éramos niñas.

— La verdad, no. Solo creo que no tengo sueño. Sabes que sufro de insomnio.

— Lo sé— suspira y se acuesta boca arriba—. Gracias por ayudar esta tarde.

— Claire, tenías que calmarte.

— Lo sé, solo recordé aquella vez en el zoológico y…

Tengo ganas de reír al recordar ese día, pero luego me acuerdo de porque para

ella no lo es.

— Duerme, ¿sí?

Asiente cerrando los ojos y en unos minutos su respiración se vuelve más

pausada.

Con Claire dormida y el resto de la casa en silencio, me quedo sentada mirando a

la ventana cerrada en la oscuridad hasta que se hace lo suficientemente tarde


para levantarme.


14
— Bueno, se está haciendo tarde para ir; ¿así que quienes vienen a bucear?—
Luca balbucea mientras se las arregla para devorar su desayuno lo más rápido

que puede. Esta mañana se ha levantado con la energía por los cielos y luciendo

más feliz de lo que alguna vez lo he visto.

Le doy un mordisco a la barra de cereal entre mis manos y asiento para darle a

entender que no me perderé de eso. Después de todo, yo también estoy

emocionada por sumergirme y explorar un poco.

—Nadie dijo que si o no, así que lo tomaré como que todos irán. No pueden

retractarse— señala con su cubierto a todos en la mesa.

— ¿Y qué encontraron sobre la serpiente?—el de ojos grisáceos interviene,

cambiando el tema a lo que todos queremos saber, mientras mira alrededor de la

mesa tomando de una enorme taza de café.

—El señor Canima aseguró que revisaron toda la isla y no encontraron más
serpientes además de la de ayer. La capturaron y la llevaron de vuelta a

Bahamas; lo más extraño de todo es que cuando la llevaron al refugio de


animales salvajes el dueño los acusó de haberla robado— junto mis cejas en un

leve fruncimiento porque eso tiene aún menos sentido. Aún si el reptil hubiera
logrado escapar, no habría podido recorrer la distancia hasta la isla nadando—.

Pero luego de una charla con él, le explicaron que el reptil solo había aparecido
acá. No le quedó más que creerle porque lo conoce y sabe que nunca haría algo
así.

Todos fijan su mirada en mí con la misma expresión confusa que debí haber

tenido cuando me lo explicó hace un par de horas.

— Lo que nos deja todo esto es que alguien trajo la serpiente acá; y si ese

alguien sabía que estábamos acá solo la dejó para hacernos daño. Es la única
hipótesis que hay. La policía parece estar investigando.

— Pero… ¿Quién querría hacernos daño?— Luca deja su plato a un lado sin una

sola sobra.

— Disculpen si soy así de sincera— interviene Trinity llamando la atención

sobre ella con un leve carraspeo—. Pero no buscan hacernos daño a todos; quien
sea la persona, no quiere atacarnos a nosotros sino a la única persona que es

seguro que esté en la isla.

— Gracias por tu inteligente intervención— aunque hago todo para sonar

convincente, sé que haberlo dicho entre dientes no lo es—. Casi suena como si
estuvieras segura de eso.

— Solo dije lo obvio. Y tampoco puedes hacerte la inocente, es claro que no eres
la persona favorita de algunos.

—Oh, pero mira quien ha decidido decir algo que claramente no me interesa.

—Solo intento ayudar. Es lo que pienso; tú deberías hacerlo más seguido.


— La verdad es que pienso bastante. No tengo un tinte barato que me afecte el
cerebro.

— Retráctate de eso— se levanta rodando la silla con fuerza y apoyando las

manos en la mesa.

— Jamás, antes muerta que retractarme ante ti.

— Chicas, basta— grita Andrew golpeando la mesa antes de que podamos decir
algo más. Por lo menos cuando lo hacen ambas lo fulminamos con la mirada, lo

que demuestra que eso es entre las dos—. Dejen las discusiones para otro día; lo

importante ahora no es eso….

— Si, él tiene razón, lo importante es enterarse de quien es el culpable de lo de

la serpiente— su mejor amigo concuerda con tono conciliador—. Así que


bájenle a las hormonas y dejen los gritos.

— Agh— bufo frustrada saliendo de la casa hacia la terraza trasera antes de

enojarme con alguien más.

Siento fiebre, náuseas y mareo; todo al mismo tiempo. No sé si se debe a lo


perturbada que estoy por la discusión o que quizás podría estarme enfermando.

Necesito tomar aire y hablar con alguien que no esté dentro de esa casa. Saco mi

teléfono y tecleo un mensaje a mi padre. Por muy tonto que parezca, él es el


único que me queda en estas situaciones.

Katherine Briden: Buenos días, papá. Estoy segura de que ya te habrán contado
del accidente con la cascabel; y me parece extraño que aún no hayas llamado
con ganas de acabar el mundo. De seguro estás muy ocupado. En fin, solo

quería saber cómo estabas. Yo estoy bien, pasaré esta mañana buceando en los

alrededores de la isla y llenándome los pulmones con aire limpio.

Guardo el teléfono esperando que mi mensaje no lo alerte demasiado. Sé cuántas


veces ha tenido que lidiar con mi mierda en estos años, pero aun así parece que

no puedo tomar decisiones cuerdas cuando me siento atacada de esta manera.

En los días en que aún me recuperaba del accidente solía repetirme una y otra

vez; “El día de hoy va a ser el mejor, igual que el de mañana”, solo para

mantenerme con fuerzas. Esos días fueron crudos porque sentía que no podía

confiar ni en mi misma porque no recordaba nada. Cuando la memoria volvió,

perdió su efecto.

Me acomodo en una de las tumbonas cerca a la piscina a esperar que mi mal


genio se disipe un poco para poder ir a cambiarme e ir a bucear. Estoy unos 20

minutos apreciando la vista y comprendo porque mi madre se enamoró de este


lugar. Claro que desde que ella había estado acá, muchas cosas habían cambiado.

Antes lucía más como una isla familiar y ahora tenía un aspecto muy homogéneo
ya que las fotografías familiares y los colores en las paredes habían sido
reemplazados con paredes blancas y decoraciones monocromáticas. Mi padre

había renunciado a venir hace mucho tiempo, así que no era necesario hacerlo
sentir como un hogar. Porque no lo era.
Luego de estirarme vuelvo dentro de la casa y camino a mi habitación sin
encontrarme con nadie hasta que entro a ella, donde Claire me espera sentada

con varios bañadores sobre la cama.

— ¿Crisis de ropa?— me apoyo en el marco de la puerta riendo.

— Si, esa es una parte. En realidad vine a ver como estabas, hace un rato saliste

muy alterada. Me preocupé un poco.

— Estoy bien, Claire. Ninguna persona, menos una pelirroja tinturada podrá

arruinarme el día.

— ¿Segura?

— Segura. Lo único que necesito ahora es disfrutar de mi viaje de cumpleaños

así que veamos cual te pondrás y luego a bucear.

Sé que entre todas las personas en el mundo, ella es una de las pocas que puede

saber cuándo mi sonrisa no es real; y justo ahora no lo es. Pero al igual sé que
me seguiría hasta ver que era una real. La verdad las cosas van bien, pero no

dejo de pensar en el hecho de que quizás alguien trata de lastimarme. Por lo que
sé no me he ganado el odio de nadie tanto como para que quiera atentar contra

mi vida.

— Iré a cambiarme— informa dirigiéndose al baño y cerrando la puerta con


seguro.
Salgo de la habitación después de encontrarme con nada que hacer y vuelvo a la
sala donde no me sorprendo al hallar a un muy emocionado Luca sentado en el

sofá y golpeando la mesa con el ritmo de la canción que debe estar escuchando

por sus auriculares.

Chasqueo los dedos frente a él para llamar su atención.

— “… She had the face of an angel smiling with sin. The body of Venus with
arms. Dealing with danger stroking my skin. Like a thunder and lightning storm.

It wasn’t the first, it wasn’t the last” — se levanta del sofá cantando a todo

pulmón y bailando a mi alrededor—. “…It wasn’t that she didn’t care…”—

mueve las caderas sonriendo por el ataque de risa que me ha dado solo con verlo.

— “…She wanted it hard, wanted it fast. She liked it done medium rare…”— me

le uno cantando y bailando por toda la sala—. “…Seems like a touch, a touch too

much…”.

Él se quita los auriculares dejando de cantar.

— Creo que me enamoré— bromea pellizcando mi mejilla—. Eres la primera


mujer que canta esa canción sin sentirse incomoda.

— Es AC/DC, ¿bromeas? La persona que no sepa quiénes son está viviendo en


el mundo equivocado.

— ¿Puedo abrazarte?— pone su mejor cara teatral.

— ¿Eh?— me encojo de hombros burlándome de lo gracioso de la situación.


— Igual lo haré— abre sus brazos tan grande como puede—. Ven, que el primo
Luca te quiere dar de su amor.

— ¿Primo?

— Está bien, ¿amigo?— alza una ceja estudiando mi expresión—. Solo ven a

abrazarme, es un momento sentimental entre fans.

— Bueno.

— Alto ahí— Andrew se posiciona en el medio deteniéndonos—. Si quieren

demostrarse esas cosas, háganlo en otro momento. Ahora vamos a la estúpida

excursión de buceo.

Ambos lo miramos en silencio.

— Fue su idea, ¿no? Si solo me invitaron para hacerme perder el tiempo,

hubieran ido solo los dos.

Estoy por soltarle una buena lista de insultos, pero Luca niega con la cabeza

pidiéndome que no empeore las cosas.

— Deberíamos ir, Luca— camino a su lado y lo tomo del brazo jalándolo a la


puerta, con la única intención de por lo menos frustrarlo en venganza.— No
quiero gruñones dañándome el ánimo— ruedo los ojos soltando un gran suspiro.

Asintiendo en mi dirección, el deportista decide seguirme fuera sin ningún


comentario, y de ahí caminamos al bote donde Trent y Tod terminan de arreglar

los últimos equipos de buceo. Luca permanece platicando con ellos acerca del
clima y la precipitación. Por mi lado subo al bote y me siento en una de las

esquinas esperando a que el resto lleguen, y disfrutando del olor salino del agua.

Los faltantes se presentan unos minutos después y para mi suerte y la de mi piel,

no dan vueltas antes de subir al bote. Cuando todos se han instalado, navegamos

por un cuarto de hora y nos detenemos en un lugar que luce perfecto para lo que
vamos a hacer. Cada quien toma su equipo de buceo y se lo acomoda.

— Antes de hacer esto…—el más alto junta sus manos, cambiando su tono a

uno de completa seriedad—. Por seguridad, ¿quiénes jamás en su vida han

buceado?

Como lo preví mi amiga levanta la mano tímida, lo cual es como la lotería para

Luca, por la manera en que una sonrisa juguetona se instala en su rostro.

—Seré tu maestro. No te preocupes, iremos a tu ritmo.

Ella rueda los ojos comprendiendo el doble sentido detrás de sus palabras.

— Bien, hora de irnos— digo para detener la posible lucha que parece comenzar

entre ellos—. No tenemos todo el día y es mejor apresurarnos— me acomodo las


gafas en su lugar, al igual que el snorkel y salto dentro del agua.

Salgo a la superficie para asegurarme de quien viene ahora, para no quedarme

sola ahí debajo. Luca tiene las manos entrelazadas con Claire mientras ella mira
al agua nerviosa. Se nota que piensa aprovechar todo contacto que ella le permita

mientras buceemos.
Me gusta Luca, no en una manera romántica; me gusta para Claire. Sus
anteriores parejas ni siquiera se hubieran molestado en pasar por un proceso de

conquista como el de él, esforzándose porque sabían lo mucho que ella lo valía.

Luca estaba dispuesto a todo por ella, lo podía ver en el brillo que adquirían sus
ojos cuando la veía. La miraba diferente a todas las mujeres, casi podía creer que

la veía como una deidad.

Le sonrío a Xavier que me guiña un ojo antes de lanzarse y me sumerjo para


comenzar a descender. Al principio el agua es clara por los rayos del sol y a

medida que desciendo se vuelve más oscuro y helado, el ambiente. Doy un

vistazo hacia abajo y se me revuelve el estómago. Me toma un momento

recomponerme y seguir descendiendo para disfrutar más de cerca de los peces

que nadan a unos metros. A mí alrededor todo es color y escamas. Xavier me

busca con la mirada y al verme se acerca al igual que Andrew que esta unos

metros más cerca. Trinity toma el cable de retorno con fuerza descendiendo; si
no hubiéramos estado bajo el agua probablemente me estaría riendo de ella.

Luca lleva a Claire con cuidado a unos 5 metros encima de nosotros.

Cansada de tenerlos tan cerca me alejo un poco del grupo en busca de algo de

soledad para disfrutar bien de todo. Me detengo cuando llevo alrededor de 15


metros de descenso desde la superficie ya que me siento mareada, busco algo de

ayuda del resto pero están demasiado lejos como para poder llegar a ellos y aún
más salir a tomar aire. La presión creciente en mi pecho solo señala que me

estoy quedando sin aire así que luchar contra ello no tiene sentido mientras en
vez de ascender, mi cuerpo parece ser jalado hacia abajo. Trato de luchar contra
la sujeción pero mi falta de fuerzas por el poco aire en mis pulmones hace todo

más difícil y me es imposible siquiera mantener los ojos abiertos.

● ● ●

Lo primero que noto al despertar es el movimiento de mi cuerpo hacia un lado

en un ritmo constante por lo que supongo que he de estar sobre tierra. Abro los
ojos lentamente y en cuanto la luz choca con ellos, los tapo con una mano

dándole un poco de sentido al porqué de mi movimiento. Puedo sentir el

contacto de piel contra mi espalda y algo rozando contra la arena, aunque estoy

segura que estoy a por lo menos un metro sobre ella. Aparto un poco la mano y

los plomizos ojos de Xavier me devuelven la mirada mientras me carga

llevándome a algún lugar.

— ¿Qué fue lo que pasó?—cuestiono con poco aliento en un susurro. Hasta


hablar en el tono más bajo es como si frotaran sal en mi garganta.

— ¿No lo recuerdas?— me mira serio y un musculo en su mandíbula salta

cuando parece encajarla aún más—. Por poco mueres ahogada. Debes tener muy
mala suerte en estos días porque has estado en peligro de muerte en las últimas

24 horas— sube las escaleras que dan al porche de la cabaña hablando en tono
preocupado—. No sé qué está pasando pero hasta entonces, creo que tendrás que

encerrarte en tu habitación.

— ¿Dónde están todos?— trato de mirar alrededor pero hasta moverme un poco,
es doloroso.

— Vienen detrás de nosotros, tranquila— entra en la cabaña girándose a ver por


dónde van los demás, para acto seguido, dejarme sobre el sofá de la sala—. Son

demasiado lentos.

Le agradezco con una media sonrisa y lo dejo ayudarme a acomodar un cojín en

mi cabeza.

— ¿Cómo te sientes?— toma mi mano sentado en el borde del mueble

apartando mi cabello mojado de mi rostro. Aun lleva el traje de buceo puesto y

gotas de agua bajan por su rostro y gotean de su cabello.

— Solo un poco débil y confundida— miro mi propio cuerpo percatándome de

que solo llevo el traje de buceo hasta las caderas. La parte de arriba de mi
bañador está a la vista así que me apresuro a tomar una almohada para taparme,

lo que lo hace reír levemente—. Pero estaré bien.

— Estaba demasiado preocupado— se tapa el rostro con ambas manos

agachando la cabeza.— Cuando no despertabas hace un rato… me asusté, pensé


que… no— angustiado sigue susurrando un parloteo inentendible.

— No te preocupes, estaré bien— a pesar de que él espera que me recueste a


descansar, me acomodo en el sofá hasta quedar sentada. Por muy mal que esté
sintiéndome, no puedo dejar que él se sienta así. Por lo que con esfuerzo me

siento a su lado y pongo una mano en su hombro para reconfortarlo—. ¿En serio
crees que sería tan fácil zafarse de mí?— bromeo tratando de subirle el ánimo
aunque por dentro me preocupo al pensar que por segunda vez en dos días he

estado en peligro.

— No, basta de bromear— rodea mi muñeca con su mano y levanta la vista a

mis ojos—. Volveremos a Nueva York hoy mismo, no dejaré que nada más te

ocurra; aún si te tengo que encerrar con llave en tu habitación— ordena firme
—. Y no me importa que tenga que llevarte a la fuerza y amarrarte al asiento del

avión, hoy mismo nos vamos.

Ruedo los ojos enojada porque en serio piense que soy así de débil. No lo

necesito preocupándose por mí, cuando yo sola soy suficiente para darle vueltas

a eso. Ya ni siquiera está en duda de que tengo la peor de las suertes en estos

días.

— Katherine Sophia Briden Prine—Claire entra hecha una furia diciendo mi

nombre entre gritos mientas pelea contra las lágrimas saliendo de sus ojos—. Te
odio, te odio, te odio— me señala con enojo—. ¿No te dije que no te atrevieras a

alejarte de mí?

— Calma, Claire— la detengo alzando ambas manos con una mueca—. Ven acá
— extiendo mis brazos y ella se sienta a mi otro lado dándome un fuerte abrazo,

del cual me quejaría de no ser porque el gesto parece calmarla mientras saca
todas las lágrimas que puede en mi hombro—. Estoy bien, Claire. Solo fue una

tontería.

Miro la entrada esperando que ella se calme y usándolo como una excusa para
no quejarme por la fuerza que está poniendo en ese abrazo.

— Ey, Briden— Luca alza la barbilla en saludo—. Nos diste un susto de muerte,
chica. Por poco tuve que buscarme otra amiga millonaria que me llevara de viaje

en su cumpleaños— a pesar de que el comentario busca ser una broma para

hacerme reír, puedo notar que lo que ha pasado lo ha puesto incómodo.

— Lo siento— me disculpo. Siento que debo decirlo hasta cansarme porque les
he arruinado todo lo de bucear cuando lo estaban pasando tan bien—. Aun no sé

cómo ocurrió.

— Siempre hay una primera vez para todo— se contonea la pelirroja entrando y

caminando directo al pasillo que da a las habitaciones—. Al final de la historia,

las brujas mueren.

— Tod y Trein están revisando el equipo para ver si hay alguna falla— Luca

frunce el ceño dejando pasar el comentario y volviendo su atención a mí—.

Igual creo que lo mejor sería que permanezcamos acá por ahora.

Asiento.

— Katherine— al fin mi amiga deja de llorar y habla entre hipidos—. No lo

vuelvas a hacer, como me entere de que vuelve a pasar algo así te amarro a mí
para que nada malo te pase, ¿entendido?— se seca las lágrimas.

— Claire… Estoy bien. En serio, no tienes por qué ponerte así. ¿Por qué no

mejor me ayudas a llegar a mi habitación para tomar un baño? Siento todo la sal
del océano en mi piel y pica.
Ella se apresura a servirme de apoyo en el camino hasta mi habitación y me deja
para que pueda ducharme en paz y cambiarme a ropa cómoda. Me ruega que

tome una siesta pero la detengo antes de que comience a hacer pucheros y pueda

convencerme. No iba a tomar una siesta con todo lo que estaba pasando.
Necesitaba averiguar qué era lo que ocurría lo más pronto posible.

Al estar en la ducha me deshago del traje de buceo y mi bañador mientras trato

de recordar cómo me había quedado sin aire; el tanque tenía casi el doble de lo
que necesitaba así que no era por falta de oxígeno. Me meto bajo la caída de

agua frotándome el rostro y haciendo gárgaras con el agua detestando el sabor a

sal en mi garganta y boca. Cuando el agua caliente se acaba decido salir y

encontrar algo en lo que mantener mi cabeza ocupada. Lo más lógico sería

intentar contactar a mis guardaespaldas para saber si tienen alguna noticia, pero

estoy segura que solo les estorbaría. Me envuelvo en una toalla y me pongo algo

de ropa cómoda y me miro al espejo, intentando asimilar el desastre que es mi


cabello después de un rato bajo el agua salada. La única solución a eso, me toma

por lo menos 20 minutos, que es desenredarlo y dejarlo secar suelto.

Salgo a la sala que raramente se encuentra a solas ya que de seguro todos han

decidido ir a descansar un rato. Tod deambula por el patio trasero sosteniendo


una conversación telefónica con alguien y al verme me señala que necesita

hablar conmigo. Espero hasta que cuelga la llamada para ir en su encuentro.

— Señorita, acabo de colgar con su padre— informa tratando de parecer serio


pero su tensión puede decirme que está preocupado por algo—. Nos pidió que le

informáramos que mañana la espera de vuelta.

— Entiendo. ¿Algo más?

— El equipo de buceo fue enviado a revisión y hace poco me informaron que

podría tratarse de un defecto en su tanque. Existía un orificio casi imperceptible

en la parte baja del contenedor, por eso perdió el oxígeno con tanta rapidez.

— Pensé que era de un contacto seguro. Jamás se había presentado ese

inconveniente.

— El equipo fue enviado directamente acá por el proveedor por lo que tuvo que

ser un error de ellos. Aunque aún están revisándolo.

— Cuando tengan nuevas noticias, infórmenme inmediatamente. ¿Y podrían por

favor arreglar el vuelo para mañana temprano?

— No hay problema. Ahora, si me disculpa— pone las manos en su espalda y


con una sonrisa se dirige al interior de la edificación.

Mi teléfono suena con una llamada entrante y espero un momento hasta que no
escucho más los pasos del hombre con él que acabo de sostener una
conversación, antes de descolgar la llamada y preparándome para la

conversación que tendría con mi padre.

— ¿Papá?

— Katherine, que bueno es escucharte— responde más que aliviado soltando


una respiración contenida—. Me contaron hace poco lo que pasó. ¿Estás bien?

— Sí, estoy bien, solo fue un susto— le quito importancia porque un solo indicio
de encontrarme mal para él significaría algo enorme—. ¿Tú cómo has estado?

— Estoy por entrar a la oficina, hubo una emergencia.

— ¿Que? ¿Es algo malo?

— No, es controlable. Solo me encargaré de arreglar algunas cosas y todo estará

mejor. Fue un problema pequeño con un envío a Alemania.

— Entonces, esta llamada no hace más que retrasarte. ¿Hablamos mañana

cuando llegue? Deberías entrar y ver qué fue lo que pasó.

— Nada es más importante que mi hija, pero como te conozco y sé que colgarás,

me despido.

— Adiós, papá.

— Te quiero, bebé. Adiós.

Cuelgo la llamada y pongo las manos sobre mi vientre intentando mantener mis

emociones juntas. No necesito ponerme llorona en estos momentos, necesito ser


fuerte. Sin importar nada, tengo que mantenerme firme.

A lo lejos diviso el pequeño muelle donde solían atracarse los botes, pero que

dejó de funcionar hace muchos años por la poca concurrencia de la isla, y


recorro la distancia hasta él intentando no ser muy ruidosa en mi llegada, para no

asustar a quien se sienta en él—. ¿Así que aquí estabas?— me siento a su lado,
dejando a mis pies en el aire sin mirarlo y en vez de eso dedico mi mirada sobre
la inmensidad del agua frente a nosotros.

— ¿Todo mejor?— gira a verme como si mi llegada no le importara—. Estás

respirando— vuelve la vista al océano hablando con la misma monotonía que la

de la frase anterior.

— Gracias por salvarme— me arriesgo a decir.

Su expresión pasa de la plenitud a la sorpresa.

— ¿Cómo lo sabes?

— Que haya estado desmayada por un tiempo no quiere decir que lo estuve

siempre.

— Pensé que lo estabas.

— Bueno, no lo estaba. Quería darte las gracias por eso, ya sabes, que me

prestaras de tu oxígeno y expulsaras el agua de mis pulmones. No puedo creer

que agradezca porque me diste respiración de boca a boca— niego riendo bajo

por lo loco que suena eso.

— No fue nada.

— Por cierto, no te atrevas a poner tu sucia boca sobre la mía de nuevo— alzo
una de las comisuras de mi boca en una sonrisa, a pesar de que estoy hablando
muy en serio—. No me interesa si solo quieres realizar una buena acción.

— Sí que eres un caso— ríe secamente.


— ¿Acaso te estás riendo de mí?

— Olvídalo— mueve la mano en el aire queriendo terminar el tema.

— Dime.

— Solo pensaba en que es irónico que es la única manera de verte indefensa. Fue
lo mismo que con el accidente, estás siendo amable conmigo; y jamás en tu sano

juicio dejarías que te besara.

— Posiblemente te hubiera insultado e incluso terminarías con un par de

rasguños— eso trae unas risas a mí, de solo imaginarme de lo divertido que

habría sido eso—. Fuera como fuera, no hubieras tenido un buen final.

— Pensé que eras experta buceando— mira el cielo—. Deberías avergonzarte de

que yo haya sido tu príncipe azul y te haya rescatado.

Lo golpeo en el hombro.

— Aun hay algo que no entiendo. Si tú me sacaste del agua, ¿por qué estaba en

los brazos de Xavier cuando recuperé el conocimiento por completo?

— Digamos que él te tomó en sus brazos cuando llegamos. Tenía una mirada de
loco mientras te cargaba. Me alejé en cuanto lo vi tan alterado.

— ¿Qué has hecho todo este tiempo? No has ido a la casa desde que llegamos—
ni siquiera puede negarlo porque aún tiene el traje de buceo puesto—. ¿Pasa algo
malo?

— La verdad no podía ir por ti. No podía verte.


— ¿Por qué?— pregunto enojada sacando miles de conclusiones mientras me
levanto para alejarme de ahí antes de terminar lanzándolo al agua—. Entiendo

que no soy exactamente con quien quieras hablar pero, ¿acaso soy tan irritante?

— No, espera— toma mi mano deteniéndome de caminar lejos—. Estaba

demasiado preocupado por ti y yo solo…

— ¿Qué? ¿Tú solo que…?

Resopla levantándose y poniéndose frente a mí para tomar mi otra mano.

— Pensé que no volvería a ver el brillo de tus ojos al retarme, o escuchar tu risa

cuando algo bueno ocurría, o verte gritarme e insultarme sin razón; cada vez que

te enfadas frunces la nariz de una manera muy graciosa— me mira fijamente

como estudiando mi reacción para poder seguir.— Aunque me odies, si, tú eres
quien me odia; y siempre estemos discutiendo no soportaría no volver a verte

porque ya haces parte de mi vida, Katherine— me acerca a él para darme un

abrazo—. De una extraña manera eres una parte importante de mi vida, jamás
me serías irritante.

— ¿Qué haces?— dejo los brazos a cada lado de mi cuerpo, incomoda con el
gesto que nunca creí recibir de él.

— No dañes el momento, tonta. A esto se le llama abrazo, pones tus brazos


alrededor de la persona y luego te separas de ella.

— Sé que es un abrazo, solo que…— busco por una excusa convincente pero al
ver que no piensa rendirse, le devuelvo el gesto.
— Por cierto, no sabía que tenías tan buen trasero— susurra en el hueco de mi
cuello dejándome ir.

Lo siguiente es que lo estoy persiguiendo por toda la playa quejándome por el

contacto de mis pies descalzos con la arena caliente. El huye con facilidad

riéndose por toda la lista de insultos que le estoy lanzando. Su risa me enoja aún
más. ¿Cómo podía esto parecerle gracioso? Y pensar que por poco comenzaba a

agradarme.

— Detente, Simurs. Deja de ser tan cobarde— grito sin dejar de seguirlo—. Sé

un hombre.

— Sino lo fuera no me moriría por tocar ese lindo trasero tuyo— se gira

corriendo hacia atrás para burlarse en mi cara y cae a la arena perdiendo el

equilibrio.

Enojada me dispongo a golpearlo mientras se ríe por lo absurdo de su caída.

— Me rindo, me rindo— alcanza a decir entre risas protegiéndose con las manos

antes de que pueda hacer algo en su contra—. Tú ganas.

— No te atrevas a mencionar una palabra con respecto a mi cuerpo. Es que

debería golpearte aquí mismo.

— Solo relájate— se burla más alto con la sola intención de provocarme—.


Respira primero, tienes la cara roja de tanto retener el aire. Y lo prometo, no

volveré a hablar de tu perfecto trasero. A menos que tú quieras…


— Agh, deja eso ya—furiosa comienzo a golpearlo con los puños sin mucha
fuerza, ya que él siempre está ahí para detener mis ataques—. Vas a morir, idiota.

Mientras trata de protegerse de mis golpes tirado en la arena, toma mis muñecas

con fuerza deteniéndome y jalándome a ella con él. Se pone sobre mí

manteniendo mis muñecas sobre mi cabeza y mirándome a los ojos sin dejarme
ir.

Trato de zafarme de su agarre pero entre más fuerza hago en su contra para

soltarme, más presión aplica en mis muñecas.

Se acerca a mi rostro observándolo detalladamente.

— Me encantan tus ojos— susurra concentrado en ellos y luciendo como si esa

cercanía es normal entre nosotros—. Tienen un lindo brillo.

— Si, son hermosos— suspiro rindiéndome mientras le devuelvo la mirada


negándome a rendirme ante él. Sus ojos son lindos, no lo había notado antes.

Tienen un tono azul apagado que aun con su tono oscuro brillan con naturalidad

—. Andrew, por favor, suéltame. Tu juego no está teniendo efecto.

Una sonrisa de victoria comienza a cruzar su rostro pero en cuanto mira hacia la

cabaña, su cara cambia por completo. Encaja su mandíbula diciendo algo entre
dientes y se levanta ofreciéndome la mano—: Creo que deberíamos ir dentro,
hace demasiado sol.

Me siento en la arena y sigo su mirada encontrándome con una muy furiosa


Trinity que nos observa a la distancia. Vuelvo a observarlo y tomo su mano
levantándome y soltándola en el momento en que estoy de pie. Me dispongo a
caminar más rápido que él porque de alguna manera no quiero estar cerca en

esos momentos. Algo me molesta y no sé qué es.

Por un momento, había olvidado lo caliente que estaba la arena y marcho hacia

la cabaña deteniéndome solo para subir las escaleras del porche limpiando mi
espalda y cabello hasta donde alcanzo.

— Lo disfrutaste, ¿no?— dice la pelirroja en cuanto paso por su lado—. Parece

que después de todo, yo tenía razón. Si sientes cosas por él.

La ignoro continuando con mi camino dentro de la cabaña aliviada de hallarme

con que Claire está en la sala.

— ¿Dónde has estado? Por poco salgo a buscarte.

— Salimos—Luca se asoma desde la cocina alzando una mano para dejar en


claro su participación.

— Estaba en la playa. ¿Y ustedes que hacen?— alzo una ceja al notar lo

amigables que están entre ellos. Por lo que sabía, la mujer no había dado su
brazo a torcer aún. A pesar de que me había confirmado que sentía cosas por él.

— Discutimos acerca de música. Luca dice que prefiere la música actual ya que

tiene mayor aceptación entre las personas de nuestra edad. Y yo estoy diciéndole
que esos son solo datos poblacionales y que la música clásica es más limpia.

— Apoyo a Claire, sin duda, prefiero la clásica; y si lo piensas que sería de la


música actual sin la clásica.

— No me refiero a que la actual sea mejor o que la clásica sea mejor. Me gusta
escuchar ambas. Lo que defiendo es que si le preguntas a la población tomarán

la música actual ya que hay más gente que la escucha. Además, ¿qué fin habría

en poner a Chopin para mis actuaciones?

— Buen punto— pongo un dedo en mi barbilla pensativa—. Pero creo que sigo
con Claire. Lo siento, Luca; pero amistad es amistad.

— Debí invitar a Andrew— bufa ofendido—. La próxima vez que desee retarlas

necesitaré apoyo.

— Por cierto, mañana nos devolvemos a Nueva York.

— ¿Por qué? Es tu cumpleaños— protesta Claire en desacuerdo. Sé que desea

quedarse un poco más de tiempo antes de volver, pero si nos quedamos otro
tiempo más, no sé qué podría pasar—. Prometiste no estar trabajando ese día, y

como te conozco sé que solo irías a la ciudad de repente por trabajo.

— Claire, por favor. Solo empaca tus cosas. Si te quieres quedar lo entenderé,
pero mañana mismo me devuelvo allá. Y no, no es por trabajo.

— Está bien, iré contigo. Pero solo porque necesito mantenerte fuera de un

escritorio por lo menos el día de tu cumpleaños. Volvemos pero no quiero ni


siquiera que pienses en trabajar.

No tengo que esperar una respuesta de Luca porque sé que fuera donde fuera, él
la seguiría.

— ¿Y cómo te sientes?— la expresión de Claire se suaviza en segundos—. ¿Te


duele algo?

— Estoy perfecta— aseguro sincera.

— ¿No te han informado nada de lo que pudo haber pasado?— Luca junta sus

manos y se acerca a la sala para dejarse caer en uno de los sillones.

— Parece ser solo un error del proveedor— aunque esa respuesta no me parece

para nada convincente, es la única que podía calmarlos ahora, así que decido

hacerla mi verdad por el momento—. Supongo que a cualquiera le puede pasar.

— Lo bueno es que ya todo pasó y estás bien— Luca luce pensativo; como si no

se creyera ni una palabra—. ¿Segura de que no necesitas un doctor?

Asiento mirando la pantalla de mi teléfono para evadir tener que hablar. Mi voz

no debe ser la más convincente.

— ¿Y qué tal fue tu primera vez buceando?— cambio la atención a Claire

porque sé que por suerte ella si me ha creído—. ¿Luca fue buen maestro?

— Tengo que admitirlo, es bueno enseñando. Descendí solo 10 metros, la


próxima vez quiero descender un poco más.

— La isla está a tu disposición cuando quieras— la miro feliz al ver que no fue
del todo un mal día y señalo a Luca—. Me refiero, cuando ambos quieran. Solo

avísenme y la tendrán el tiempo que necesiten.


— ¿Saben que deberíamos hacer? Llevamos tiempo en una isla y aún no hemos
jugado voleibol playa.

— Tienes razón— le doy un punto. Era totalmente cierto, no sabía ni cómo era

posible que no se me hubiera pasado por la cabeza—. Suena interesante, pero

necesitamos más personas.

— ¿No me ves capaz de derrotarlas a ambas?

— En realidad porque sé que nos derrotarías, lo estoy diciendo.

— Entonces invitemos a los demás.

— Por cierto, ¿dónde están?— mi amiga mira alrededor buscándolos, y ya que

llevamos unos minutos ahí, no sabemos dónde están los tres faltantes.

— Andrew estaba en la playa la última vez que lo vi— Trinity entra por la puerta

fulminándome con la mirada—. ¿No es cierto, Katherine?

La ignoré sin devolverle ninguna mirada.

— Creo que Xavier está afuera hablando por teléfono— me levanto del sofá

cuando noto la mata de cabello castaño en el lado más alejado de la piscina—.


Iré a buscarlo. Nos vemos en la playa, ¿de acuerdo?

— Hay algo que no entiendo y es porque siempre se la pasa ocupado; me refiero,


eres la vicepresidenta y aun así no te veo tan ocupada.

— Quizás no esté ocupado con trabajo— me encojo de hombros porque es una

pregunta que me hago todos los días—. Algo me dice que quizás se trata de un
romance con alguien de la empresa. Es su vida, sus asuntos. Lo mejor será que
vaya a buscarlo— señalo las puertas que dan a la piscina disculpándome por

tener que irme tan rápido—. Los veo en unos minutos.

Salgo al patio trasero donde está la piscina y con la intensidad del sol a esta hora

es inútil no cegarse con la luz, así que en cuanto salgo pongo una mano sobre
mis ojos intentando no perder de vista el camino frente a mí.

El hombre reposa en una de las sillas de sol del otro lado de la piscina vestido

con unos jeans, una camisa desabotonada y sus lentes de sol. Sus pies se

encuentran descalzos y sostiene el teléfono en su oreja ajeno a mi presencia.

— Hey, Higgons— la mención de su apellido hace que por fin me mire sin

abandonar la conversación telefónica y se ponga de pie—. Cuelga o lanzaré tu

teléfono por un risco.

En cuanto estoy cerca de él trato de quitarle el teléfono cuando está

desprevenido pero su estatura hace que sea un fracaso, teniéndome detrás de él


por un buen rato mientras intento tomar el dispositivo móvil. No es hasta que se

detiene cometiendo el error de creer que he desistido, que me puedo hacer con el
aparato y comienzo a correr segura de que él no se va a dejar de perseguirme

hasta que se lo devuelva.

— Katherine, es un socio importante de la empresa— dice mientras rodeamos el

borde de la piscina corriendo.

— Ah, sí, hola— contesto casi sin aliento de tanto correr pero sin dejar de
hacerlo escuchando los pasos detrás de mí—. El señor Higgons se encuentra

demasiado ocupado en estos momentos y le devolverá la llamada luego— cuelgo

sonriendo victoriosa sin esperar una respuesta en el otro lado de la línea.

— Devuélvemelo— protesta alargando su mano con el ceño fruncido cuando no

tiene más razón seguir corriendo—. Puedo considerar eso como robo de
propiedad privada.

—Mira como tiemblo por tus amenazas— le saco la lengua burlona—. La última

vez te divertías, no eras este viejo quejumbroso.

—Katherine Sophia Briden Prine, devuélveme el maldito aparato. Prometo no

hacer llamadas — me alcanza agarrando mi codo y girándome. Lo cual no

termina siendo una buena idea después de todo. Su rápido agarre provoca que

me tambalee en el borde y esté a punto de caer en el agua, al estar sujetándome

con solo la mitad de la superficie de mis pies. Por otro lado, si no hubiera
decidido sujetarme otra sería la historia de su teléfono y de mí. Pensándolo bien,

estuve a punto de abrir la boca para hacer una broma sobre lo torpe que era
cuando presiona sus labios contra los míos, tomándome por sorpresa. Después se

aleja y me jala hacia piso firme a salvo del borde de la piscina. Lo miro y la
única respuesta que le puedo dar en esos momentos es una bofetada y alejarme
avergonzada.

Xavier es mi mejor amigo, los mejores amigos no besan a sus mejores amigas. Y
a pesar de que sabía la clase de sentimientos que tenía por mí, hace mucho
tiempo que le había comentado la poca posibilidad de algo entre nosotros.

Incluso en el pasado, había sido un acuerdo de no traer esas cosas a nuestra

amistad. No podía verlo de esa manera, aunque fuera totalmente apuesto, no era

más que mi amigo. Nada más. Así me gustaban las cosas.

Camino de vuelta dentro de la vivienda y la cruzo hasta el otro extremo de ese


lado, que es la playa frente a la puerta principal donde el resto del grupo habla en

voz alta.

—Oh, ahí estás— mi mejor amiga juega con el balón, dándole leves golpes con

las muñecas para mantenerlo en el aire—. ¿Dónde está Xavier? Pensé que dijiste

que lo invitarías a jugar.

—Quizás no está acá porque no quiso— me encojo de hombros acercándome a

la cancha improvisada—. Creo que es la explicación obvia.

—No lo creo. Él jamás dice no a algo que tú le pidas, pero te creeré esta vez.

—Está hablando por teléfono— alzo las manos a la defensiva—. Deberíamos

empezar a jugar ya mismo.

—Aún falta Trinity—Luca toma el balón produciendo un grito exasperado de mi

mejor amiga que se había estado entreteniendo con él—. Pero supongo vendrá
en un momento, fue a buscarlos porque se demoraban demasiado. Le insistí que
no era necesario porque quizás querían estar solos— le da un par de codazos a la

pequeña pelirroja para que apoye su idea pero esta lo mira confusa—. Pero ya
sabes cómo es de terca.
No, no lo sabía.

—¿Pensaban comenzar sin nosotros?— la voz de la aludida no demora en llegar


segundos después mientras baja las escaleras a la playa acompañada de mi

amigo y claro, una sonrisa de oreja a oreja que no me da buena espina—. Ahora

si estamos todos.

—No sé si no te enseñaron a contar pero somos 5— ruedo los ojos hacia ella
cruzando mis brazos preparada para cualquier cosa que tenga por decir—. No

puede haber equipos desiguales.

—Sabía que dirías eso— su sonrisa se ensancha más mientras llama a su novio a

gritos alegres. El hombre se levanta de su lugar en la playa sin mucho ánimo y

camina hacia nuestro grupo evitando mi mirada—. Ahora que le he demostrado

a Katherine que mis títulos los obtuve limpiamente, propongo que los equipos

sean: Xavier, Claire y Katherine; y Luca, Andrew y yo. Es una idea, si alguien
no está de acuerdo, soy toda oídos.

—Solo juguemos— tomo el balón de las manos de Luca y camino a un lado de

la cancha para tomar una posición estratégica. Alzo ambas cejas esperando que
hagan lo mismo y comienzo el juego lanzando la pelota al aire con un saque

limpio.

Tengo que admitir que Claire y Xavier juegan bien, al igual que los demás.

Claire lanza un golpe imposible de atajar pero Trinity se lanza en la arena y lo


detiene de dar contra el piso lanzándolo en otra dirección. Todos la miramos
asombrados, sobre todo por la manera en la que su ropa queda sucia de arena y
parece tener un par de raspaduras en los codos. Después Andrew dirige su tiro al

rostro de Xavier pero sospechando sus intenciones, el otro lo detiene a tiempo.

Andrew le dedica una mirada de enojo. Es mi turno y sé que debo darlo todo,
lanzo un tiro alto pero Trinity lo detiene, Claire responde, Luca la devuelve a

nuestro lado con un pase a Andrew, este la lanza y respondo por poco enviándola
hacia ellos. Tanto la pelirroja del otro equipo como su novio van a por ella,

chocando y provocando que la pelota caiga unos centímetros frente a ellos,

dándole un punto a mi equipo.

La mujer dirige un puchero enojado en dirección al castaño mientras ambos se

levantan de la arena. Cuando él no parece reaccionar a su gesto, camina a la

línea que separa ambos lados de la cancha improvisada y me acerco también al

lugar al notar que es conmigo con quien quiere hablar.

—Hagamos esto más interesante. Uno a uno. Quien anote primero gana el

partido.

—Propones que nos enfrentemos tú y yo, ¿o me equivoco?

—Claro. Y eso dejaría a tu amiga con Luca, y Xavier y Andrew. Estoy segura

que ese último partido será todo un espectáculo.

—Es injusto, Claire es mujer y Luca hombre. Además de que él cuenta con

mayores aptitudes deportivas. Tienes problemas con temas de equidad, con razón
no le aportas mucho conocimiento a tu trabajo.
Andrew parece notar la tensión entre ambas porque se acerca y dice—: No se
enreden, yo me enfrentaré a Katherine. Es lo que solemos hacer en nuestro día a

día, una vez más no es nada.

La fémina lo mira herida.

—Vamos, Try, sabes que no la dejaré ganar.

—Está bien— acepta ella mirándolo ceñuda—. Xavier contra mí.

—Bueno, eso quiere decir que vamos primero Claire y yo— no me doy cuenta el

momento en que Luca se nos une, al igual que los otros dos—. Siento decirlo así

de franco, pero jamás pierdo en los deportes— su sonrisa burlona dirigida hacia

su oponente sirve para disipar un poco los malos ánimos en el ambiente—.

Mueve ese hermoso cuerpo a la cancha y déjame ganarte.

—Viéndote tan confiado no me sorprendería que termines llorando cuando te


gane una chica.

—Eso me sonó a reto. ¿Quieres una sustanciosa apuesta? Y por sustanciosa, no

hablo de dinero.

Ella acepta muy poco convencida guiándose por su orgullo—: Si yo gano, me


dejas en paz.

—Y si yo gano, irás a cenar conmigo y me besarás. Sugiero que prepares un


lindo vestido de noche y un brillo labial llamativo.

Ella bufa y espera a que le pase la pelota mientras el resto nos retiramos a los
lados esperando el final de la contienda. No falta decir que Luca gana a unos

cuantos minutos de juego, no solo recibiendo una victoria de juego, sino una de

apuesta.

Después es turno de Trinity y Xavier, que con un poco más de tiempo es feroz y

entretenido de ver. No despegamos la mirada del balón ni un solo momento


esperando el momento en que alguno de los dos ceda a la presión. A los 18

minutos de estarse pasando la pelota entre remate y remate, Trinity tropieza y le


da la victoria a mi amigo.

Y ahora era mi turno.

—Briden, parece que siempre volvemos a la misma situación— mi oponente

camina a su lugar con arrogancia. Es parte de todo el show al que nos habíamos

acostumbrado desde hace años—. ¿Algo que decir antes de que gane?

—Puedes retirarte antes de que te deje en ridículo por…— comencé a enumerar

con mis dedos las diferentes victorias que había tenido frente a él—. ¿Sabes qué?
De tantas he perdido la cuenta.

—Esta situación está a mi favor. Hasta ahora solo han ganado los hombres.

—Diferentes equipos, querido. Si te retiras ahora, te daré el segundo lugar con


dignidad.

— ¿Me estás retando?

—No, no malinterpretes. Te retaría si pensara que tienes probabilidades de ganar.


Como no las tienes, solo te doy hechos concretos.

—Oh, vamos, te encantan las apuestas. Hagamos una esta vez. Si tan confiada te
encuentras, esto solo será una rabieta.

—Si yo gano; que lo haré; no volverás a retarme. Ni siquiera pensarás en la

posibilidad de querer vencerme.

—Si yo gano, aceptarás lo que hablamos. Sin excepciones.

Jugamos por un cuarto de hora sin puntos por ninguno, llevando el juego a un

ritmo calmado ya que el sol comienza a calentar un poco. El punto proviene de

mi parte en un momento en que aprovecho que se mueve para quitar el sol de sus

ojos.

—Espero que pagues tu apuesta— lo señalo seria y luego todos nos vamos a la

cabaña para resguardarnos del sol.

—Sabes que lo haré— responde en voz alta para que escuche.

Cuando llegamos a la cabaña, nos detiene el hecho de que las ventanas están

cerradas, dejando como único paso de luz, a la puerta principal; dándole al


interior una oscuridad teatral. Luego una luz se enciende en la mesa del comedor
y guiándome por ella, escucho a los señores Canima cantar la canción de

cumpleaños.

— ¿Que hacen?— río alegre por su sorpresa—. Mi cumpleaños es mañana.

—Pero mañana no te veremos porque nos iremos temprano a la isla y partes a


Nueva York— explica el hombre, extendiendo una pequeña caja de regalo con

un lazo impecable—. Así que feliz cumpleaños, espero que te guste nuestro

regalo.

La abro emocionada mientras encienden la luz de la habitación y me encuentro

con dos aretes de perla.

—Son preciosos— mis ojos se aguan y me acerco a abrazarlos fuerte y darles un


beso en la mejilla a cada uno. Esta pareja es casi parte de mi familia, no tenía

como agradecerles todo lo que significan para los Briden—. Muchísimas gracias.

—Señorita— nos vemos interrumpidos por Tod que aparece en la habitación

requiriendo hablar conmigo en privado. Lo sigo pidiéndole excusas a los

residentes de la cabaña y sigo al hombre hasta que nos detenemos en un lugar

cerca las escaleras que dan a la playa.

—Puedes decir lo que sea, estoy lista— confirmo lista para lo que tenga por

decir. Sé que lo que tiene que decir no es nada que vaya a alegrarme la tarde,
pero es necesario.

—Descubrimos que efectivamente el orificio en el tanque fue hecho con una


herramienta; lo más posible, un taladro. Estamos investigando la procedencia del

equipo para saber quién pudo tener acceso a ellos. Y espero no molestarla con la
última noticia, pero su seguridad se verá aumentada por dichos factores

presentados en los últimos días.

— ¿Sospechan que alguien podría querer deshacerse de mí? ¿Tienen


sospechosos?

—No, aun no tenemos ninguna idea de quien podría ser. Pero si el fin de la
persona es generarle un daño permanente, ha cuidado muy bien sus

movimientos.

—Está bien. Si saben algo más, no duden en hacérmelo saber. Si mi vida está en

peligro por culpa de alguien, quiero saber quién es y qué motivos tiene.

Se despide con un movimiento leve de cabeza y entro de nuevo en la cabaña. Me

tomo unos minutos para respirar profundo y dejar de sentir el temblor en mis

dedos ante el temor que se ha instalado en mi interior.

Cuando el atardecer cae, seguimos en la pequeña celebración de cumpleaños,

esperando que sea la hora del pastel que los anfitriones me han comprado.

— ¿Todo bien?— Claire es la primera en levantarse para ir a la cocina cuando la


pieza de repostería está sobre el mesón, y enreda nuestros brazos.

Le doy mi mejor sonrisa como respuesta.

Si alguien ahí afuera estaba esperando a atacar de nuevo y deshacerse de mí, lo


haría otro día. Por ahora tenía un buen rato y una buena vida por vivir.

—Hora de pedir un deseo— la señora Canima me invita con tono maternal

encendiendo la vela en la mitad del pastel—. Haz que sea uno bueno.

Cierro los ojos y soplo pidiendo por lo único que me falta.

Perdón.

15
Nueva York, otra vez. Hogar, dulce hogar.

—Kathe, Kathe— mi padre agita su mano desde el auto mientras bajo las
escaleras del jet privado hablando con Claire de cómo unos días bajo el sol nos

habían dejado la piel con un lindo bronceado.


—Hola, papá—me emociono al notarlo y bajo las escaleras lo más rápido que
puedo para abrazarlo fuerte. Hay dos cosas que no puedo negar; una, correr con

tacones no es la cosa más cómoda de hacer; y dos, amo a mi padre. Ha sido

padre y madre desde hace años y es mi modelo a seguir en todo. Con su


determinación, amabilidad y sabios consejos me ha criado, y a pesar de que a

veces, había preferido tener a mamá en ciertos momentos, él hizo un grandioso


trabajo—. Te extrañé mucho, viejito— me burlo besando su mejilla porque sé

cuánto odia que le recuerde que ya no es el mismo hombre de hace unos años

atrás.

—Y yo a ti, bebé— se mofa besando mi frente aprovechando que es más alto

que yo—. ¿Cómo ha ido todo? ¿Disfrutaste el viaje?— puedo notar los nervios

en su tono aun cuando hice todo por sonar tranquila en nuestra llamada de más

temprano. Sé que no se atreve a mencionar el tema aun pero en cuanto tuviera

oportunidad, estaría sobre mis guardaespaldas en busca de más detalles sobre los
“accidentes” en la isla.

—Todo fue bien. La isla está tal como la recuerdo y los señores Canima te
envían saludos— me aparto para dejar que el resto del grupo lo salude con

respecto al grado de confianza que tienen.

—Tío Briden—la pelirroja más pequeña le da un gran abrazo y él deposita un

beso en su frente—. Que bien te ha sentado tomarte un descanso de Katherine. Si


necesitas otro, la llevaré más lejos y más tiempo— se mofa moviendo las cejas
en mi dirección, para darle el turno a Xavier.

—Señor Briden, un gusto verlo de nuevo— se quita los lentes de sol que lleva y
le extiende la mano a mi padre con aquella cordialidad típica de él.

Mi padre le devuelve el gesto con un apretón y sonríe acercándolo en un abrazo.

Casi podía jurar que eran el mejor amigo del otro. Xavier idolatra a mi padre a

un nivel que ni yo misma hago. Sigue todos sus pasos y conoce el trabajo que mi
padre ha desempeñado de principio a fin; como si algún día quisiera ocupar su

lugar.

—Es un gusto verte también, Xavier. Espero hayas cuidado de que mi hija no se

metiera en problemas.

—No en tantos como esperaba—añade divertido separándose del mayor.

— ¿Es usted el padre de Katherine?— el deportista se acerca con una mirada de


respeto en los ojos y extiende una mano al contrario—. Soy Luca Sandino, señor.

— ¿Sandino? — una expresión de reconocimiento llena el rostro de mi padre—.

Es un gusto conocerlo, joven. He escuchado muchas cosas de usted.

—Créame, señor, el gusto es mío. Sabía que debía ser usted un gran hombre, si
educó a una mujer como Katherine.

Claire rueda los ojos por el comentario y es apartada por Andrew que repite el
gesto de su mejor amigo, luciendo algo nervioso, lo que es raro ya que él no

suele ser un hombre asustadizo.


—Señor Briden, es un gusto verlo de nuevo.

—Andrew…— puedo notar el asombro de mi padre ante el gesto pero igual


mantiene una expresión seria. Por lo menos, era el Simurs que menos le

desagradaba—. ¿Y esta señorita de acá es?— dedica una mirada confusa a

Trinity, intentando recordar si la ha visto en alguna parte.

—Trinity Sanders—responde ella con monotonía ladeando la cabeza—. Socia de


Simurs Co.

—Que bien conocerla al fin, señorita Sanders. Había escuchado varios rumores

de usted.

—Espero sean buenos— ella alza una ceja sin mostrar un poco de amabilidad.

Notando que el ambiente no ha dejado de ponerse tenso desde hace varios

minutos, decido intervenir con algo alegre—. Padre, deberías venir la próxima
vez a la isla. El clima está perfecto.

—Espero poder hacerlo algún día. Me siento algo mal por no visitarla desde…

bueno, tú sabes. Pero basta de plática, es hora de ir a casa. Estoy seguro que
estás ansiosa por tomar un descanso.

—Ni te imaginas— aseguro con una risa y juntos caminamos a la puerta de una

de las camionetas que normalmente usamos para transportarnos a la empresa.


Nos permite entrar primero a Claire y a mí, y luego se desliza en el asiento.

Habíamos acordado dejarla en su casa camino a la nuestra. Los demás toman el


camino hacia otro auto que supongo mi padre ha tenido la amabilidad de dejarles
para que los transporte a sus destinos.

En cuanto el auto se pone en marcha, mi padre deja caer un sobre en mi regazo y


me invita a abrirlo.

Estás cordialmente invitado a la celebración del cumpleaños número 25 de

Katherine Sophia Briden Prine.

Esperamos verte para celebrar una vida como la de esta mujer.

Y no olvides tu antifaz.

(Detalles en el reverso de la tarjeta)

— ¿Antifaz?— la confusión llena mi rostro antes de que un leve sonrojo se

instale en mis mejillas al comprender de lo que se trata.

—Es una fiesta de antifaces. Tu obra de teatro favorita es el Fantasma de la

Opera, ¿no?

—Es grandioso. Gracias.

—Espero tus amigos no estén muy ocupados para venir. Muchas personas ya han

confirmado su asistencia.

—Espera, ¿así que tú planeaste y organizaste todo esto?

—Tuve algo de ayuda— se encoje de hombros dedicándome una sonrisa

paternal—. Espero no te hayas molestado si Xavier estuvo mucho tiempo con su


teléfono, fue parte crucial en esto.
— ¿Por eso siempre estaba hablando?

—Sí, eso fue mi culpa. Lo hice ayudarme a escoger algunas cosas.

Giro a ver a la otra ocupante del asiento trasero y me encuentro con que está
profundamente dormida. Unos minutos después entramos en su calle y en cuanto

llegamos, uno de los guardaespaldas ayuda a llevarla dentro de su casa. Estamos

unos minutos hablando con su madre, quien se excusa al no poder asistir a la


fiesta por encontrarse algo indispuesta.

De vuelta en casa, cruzo el camino a las escaleras silbando en apreciación. Sí

que habían hecho un buen trabajo planeando todo. Incluso lo habían hecho mejor

de lo que yo podría, pero no lo admitiría en voz alta.

— ¿No es demasiado?— mi padre espera por mi respuesta mientras me detengo


a observar cada detalle de la decoración—. Xavier dijo que las máscaras

colgando del techo le darían un toque interesante.

—Me encanta, en serio que lo hicieron bien— me duelen las mejillas de tanto

sonreír. Siento tanta alegría dentro, pero esta no llega a estar del todo completa al
recordar que el cumplir 25 quiere decir que ya casi son 20 años sin mi madre—.
Aplausos para ustedes. Recuérdame agradecerle a Xavier por esto.

—Ahora ve arriba y arréglate. Los invitados estarán acá en algunas horas. Todos
para ver a mi hermosa niña— noto como sus ojos se humedecen.

—Oh, vamos, papá. Ya pasamos por esto en muchos de mis cumpleaños. Todos,
sino estoy mal— me acerco y beso su mejilla—. Así que basta de
sentimentalismo.

—Lo siento, es que has crecido tan rápido ante mis ojos y parece que jamás
podré aceptarlo— acaricia mi mejilla con ternura—. Eres hermosa, justo como

tu madre. Cual sea el lugar en el cielo donde esté, ella está muy orgullosa de ti.

Al igual que yo, no lo olvides.

—Te amo, viejito— lo abrazo pestañeando varias veces para evitar las lágrimas
que se comienzan a formar en mis ojos—. Tú también deberías ir a arreglarte.

—Lo haré en un rato. No tengo que hacer demasiado para verme guapo.

Niego divertida y subo las escaleras de dos en dar hasta llegar al recinto que da a

las habitaciones y entro a la mía, me aseguro de que mi maleta esté dentro, y

cansada me dejo caer en la cama.

Saco mi teléfono del bolsillo de mis pantalones y le doy un vistazo a la hora.


Eran las 5: 45 y la fiesta empezaría a las 8. Dándome poco tiempo para

alistarme, y por lo tanto, nada de siestas para mí por hoy. Me levanto a

regañadientes dejando el móvil en la cama, arrastrando los pies hasta el baño


donde tomo una larga ducha helada quitando los restos del viaje y el sueño.
Salgo envuelta en mi bata y me encamino al armario. Al entrar noto que no

tengo nada especial que ponerme, hasta que una nota en uno de los vestidos que
no recordaba tener, llama mi atención.

“Lo mejor de lo mejor para la mejor hija del mejor mundo.

Sí, fueron muchos mejores.


Feliz cumpleaños, bebé.

Te adora,

Papá.”

Saco el vestido negro de fiesta; cuanto adoraba a mi padre por este tipo de cosas.
Sobre todo por hacer cosas de padre y madre, conociendo exactamente mis

gustos desde pequeña. El vestido tiene un escote en V en la espalda y está


mayormente compuesto por encaje. Lo más impresionante es la falda que tiene

algo de transparencia sin verse demasiado barato.

Busco en mis zapatos algunos que combinen y los elegidos son unos negros no

muy altos que había comprado en un viaje a Suiza. Ahora solo queda

encargarme del maquillaje y del peinado. Me aplico un poco de polvo, delineo


mis ojos, pellizco mis mejillas para un rubor natural y me pongo algo de brillo

labial suave, nada de excederme. En cuanto al peinado seco mi cabello, dejando

que algunos rizos rebeldes destaquen.

Me pongo el vestido, los zapatos y mirando mi reflejo en el espejo de cuerpo


completo, siento que estoy olvidando algo importante.

Me hago con mi teléfono y tecleo un mensaje a mi padre.

Katherine Briden: ¡Problemas de antifaces! No tengo uno.

Papá: Papá al rescate en algunos minutos.

No puedo evitar reír por su respuesta y espero sentada en la cama unos minutos
hasta que se escuchan unos golpes leves en la puerta antes de que entre,

sosteniendo una bolsa de alguna tienda de accesorios que no recuerdo haber

visto alguna vez. Saca un antifaz que parece hacer juego con el vestido. La mitad

de este es blanco y la otra negra, como si representara el tema de la fiesta sin


dejar atrás mi ropa. Después de pasármelo y ayudarme a acomodarlo, saca otro y

se lo pone.

Esta noche, luce un traje gris y un antifaz del mismo color.

Después de levantar el pulgar cuando le pregunto cómo luzco, me ayuda a

ponerme en pie y me ofrece su brazo.

—Vamos— abre la puerta llevándome con él y riendo ante un bostezo que doy

en cuanto llegamos al principio de las escaleras.

Bajamos con lentitud al llevar yo tacones y estar somnolienta. Muchas veces me

dice que puede cancelarla para que vaya a descansar pero me niego. No iba a

dejar que su esfuerzo se perdiera de tal manera. En cuanto ponemos un pie en el


primer piso noto la cantidad de personas que han asistido. Ni siquiera recuerdo

ser amiga de la mayoría ahí. Quizás en un pasado había hecho algún trato con
ellos o los había visto en almuerzos laborales pero apostaba que ni uno de ellos

sabía mi segundo nombre. Algunos cercanos a nosotros se voltean y sonríen,


pero la mayoría sigue en sus cosas.

—Entonces, ¿por qué área comenzamos a saludar a los invitados? — estudiando


la habitación en donde están la mayoría de los invitados, intentando encontrar a
alguien que realmente desee saludar—. Dejaré que usted, mi guapo padre decida.

—Es un honor, mi hermosa hija— sonríe de vuelta y señala un grupo cercano


con disimulo.

—Por cierto, gracias. En serio que todo ha sido perfecto; la fiesta, el vestido,

incluso la mayor parte del viaje lo fue.

—No hablemos de eso ahora, ¿bien?— palmea con suavidad mi mano en su


brazo dándome una mirada preocupada y enfocándose en guiarme entre la

multitud hasta que llegamos al grupo donde empezamos a saludar.

Dejo que guie la gran parte de las conversaciones, ya que se le da mejor. Mi

padre es un ser humano especial. Lo respeto ya que había dedicado toda su vida,

no solo a la empresa familiar sino a criar a una niña por sí solo, después de haber
perdido al amor de su vida, y ni una sola vez se había quejado de haber tenido

que enfrentar tal carga. Conocía lo mucho que había amado a mi madre, pero

aun así se mantuvo fiel a no dejar que ambos cayéramos por su perdida. A veces
me era inevitable no entristecerme al verlo solo y preguntarme si nunca pensó en

intentarlo de nuevo; todo el tema de enamorarse y darse una nueva oportunidad


en cuanto al amor. Una vez se lo mencioné, pero lo único que obtuve como

respuesta fue que cuando el amor es real, no hay nada que pueda reemplazarlo ni
mínimamente. Que no valía intentar reemplazar a alguien como mi madre. Esas

fueron sus palabras exactas.

—Feliz cumpleaños, señorita— un hombre susurra en mi oído devolviéndome a


la fiesta—. Luce exquisita esta noche.

Me giro para enfrentar al que hizo tal comentario y lo primero que noto son los
ojos grises tras el antifaz que junto a la sonrisa ostentada por su dueño

demuestran lo coqueto de su cumplido.

—Tú también estás muy guapo,… Xavier.

—Pensé que no me reconocerías— se lamenta con una carcajada—. Debí usar


un antifaz más convincente. ¿Qué me delató?

—Xavier, soy tu mejor amiga y te veo casi todo el tiempo. Sé cómo luces con un

traje mejor que nadie. Un simple antifaz no puede hacer la diferencia. Y lo que te

delató, fue en definitiva el hecho de que eres el único con agallas para hacerme

un cumplido de ese tipo.

—Interesantes argumentos. Supongo que fui víctima de mi propia mala broma.

—No te sientas tan mal, por lo menos me sacaste algunas risas— deposito un
beso en su mejilla y le doy mi mejor sonrisa. —Además tengo que agradecerte

por todo esto. Mi padre y tú hicieron un excelente trabajo. Lamento haberte


molestado tanto con tu uso del móvil en la isla.

—Fuimos convincentes, ¿no crees? En ningún momento sospechaste de nada.

—Lo fueron, sin duda.

—Lindo antifaz.

—Gracias. El tuyo está… encantador.


—Sí, lo sé. No es muy imaginativo que digamos, pero fue lo único que pude
encontrar camino a casa—una media sonrisa se dibuja en su boca, mientras toca

el accesorio. Tiene un diseño parecido a una red con pequeños agujeros. Parece

ser de un material suave pero no puedo identificar cual; lo que le da un aspecto


elegante—. Y no queda tan mal con el traje— tiene razón; el accesorio no deja

de ser el perfecto para el traje negro que lleva.

—No está tan mal.

—Olvidemos la moda. Soy hombre, no es mi tema favorito— alza una ceja

ofreciéndome la mano con una sonrisa mientras los acordes de una canción

comenzaban—. ¿Me permites este baile?

—Puedes aceptarlo— la intervención de mi padre en la conversación me hace

dar un pequeño salto de sorpresa—. Devuélvela antes de media noche— bromea

hacia el otro hombre y vuelve a la conversación con el grupo de personas que


desde mi silencio habían aprovechado para hablar de una inversión en el

mercado sueco.

Tomo la mano de mi amigo que me guía hacia el centro de la pista de baile que
habían organizado en uno de los salones de la casa. Me da una vuelta antes de

acercarme a él y tomarme de la cintura. Acomodo mis manos en sus hombros y


nos movemos en nuestro lugar en un silencio que comienza a tornarse incómodo.

— ¿Podemos hablar?—susurra en mi oído antes de que la canción termine y


aplaudimos a la orquesta que provee la música esa noche—. Es algo que
tendremos que hacer tarde o temprano.

—Acerca de lo que pasó en la isla…

—Déjame comenzar a mí, después de todo soy quien debe disculparse— al


decirlo suena algo contrariado y lo siguiente que hace es detener el baile—. Creo

que deberíamos ir a un lugar más privado. Hay demasiada gente acá que no creo

deba escuchar sobre esto.

—Tienes razón— afirmo señalándole que me siga por el pasillo hacia la

biblioteca que está lo suficiente apartada del ruido de la fiesta y de cualquier

chismoso. En cuanto estamos frente a las puertas dobles, las empujo indicándole

que entre primero.

Cuando ambos estamos dentro, las cierro detrás de mí.

— Creo que lo mejor es que ambos olvidemos lo que pasó allá— lo enfrento
cruzándome de brazos intentando no lucir muy severa ni hacer notar lo nerviosa

que me tiene tener que tocar ese tema. Pensé que había quedado hace muchos

años atrás y no tendríamos que volver a tocarlo—. Solo, ninguno menciona nada
de lo que ocurre y podremos continuar con nuestras vidas como antes. Sé que me
pasé un poco con lo de la bofetada pero fue un acto reflejo.

— ¿Olvidar lo que paso? Katherine, yo quería disculparme por haberte besado—


su mirada baja evadiendo la mía mientras puedo notar la manera como su

mandíbula se contrae—. No quería que pasar de esa manera. Pero eso no quiere
decir que me arrepienta de haberlo hecho. No sabes hace cuánto tiempo quise
hacer eso.

— ¿De qué hablas?— me muestro confusa y paso una mano nerviosa por mi
cabello teniendo que sentarme en uno de los sillones para enfrentar lo que ambos

sabemos que vendría después.

—Sé qué hace unos años cuando lo intentamos, dijiste que no funcionaría un

nosotros— levanta la cabeza y me mira fijamente sin duda en su mirada—. Dios


mío, eres mi mundo. Siempre te he visto en mi futuro. Un futuro juntos. Y sé que

no es el mejor momento para mencionarlo, pero no puedo seguir ocultando mis

sentimientos.

—Déjame entender. ¿Así que tú me amas?

—Eres el amor de mi vida, siempre lo serás. No hay otra mujer para mí. Y antes
de que preguntes, sí, he intentado cambiar eso porque sé que lo más probable es

que dirás que no. Pero no me interesa si me vuelves a rechazar, algún día te darás

cuenta que fui hecho para ti. Piénsalo, ninguna de nuestras relaciones han
funcionado porque estamos demasiado ocupados en nuestros trabajos.

—Xavier, yo…

—Solo tienes que permitirme que te enseñe a sentir lo mismo. No te voy a exigir
que seas alguien que no quieres ser, porque sé cómo eres realmente.

—No puedo— junto las manos en mi regazo buscando las palabras exactas para

no herirlo mientras normalizo mi respiración ante la sorpresa que me ha


provocado todo su discurso—. Créeme, lo que sientes no es sano. Terminaras
herido porque simplemente no soy como crees que soy. No te amo, de esa
manera. Eres demasiado bueno para mí y mereces una persona que sepa valorar

todo eso. No soy la indicada.

—Sé que lo eres, me arriesgaré a demostrártelo. Si me lo permitieras, notarías

todo lo que tenemos en común.

—Ese es el problema, no entiendes— me levanto del sillón que he usado como


soporte y hago mi camino directo a la puerta, abriendo solo una para salir—.

Disfruta de la velada, Xavier. Y te veré el lunes en el trabajo. Esta conversación

nunca existió.

Al llegar de vuelta al salón donde había dejado a mi padre, Claire corre hacia mí

tomándome en un abrazo fuerte. Esta noche luce un vestido violeta que hace un

contraste espectacular con el tono de su piel junto a un antifaz parecido al

“Fantasma de la Opera”. Justo su estilo teatral.

—Luces bellísima—me da una vuelta contemplando mi vestido. Cuando al fin se


detiene con su examinación, dice: — ¿Todo esto lo eligió tu padre?

— ¿Tu sabías?

—Solo un poco, no quisieron compartir los detalles conmigo porque según ellos
soy de poco fiar— habla con rapidez y conteniendo el aliento.

—Así que dime, ¿exactamente cuántas tazas de café tomaste antes de venir acá?

—No fue café. Fueron suplementos que toma mi madre para ejercitar. Digamos
que ella dijo uno y tome tres— un leve sonrojo culpable aparece en sus mejillas
—. Pero no me culpes, tenía que venir a tu fiesta y antes me estaba cayendo del

sueño.

—Al fin encontré a las damas más hermosas de la noche—nuestro amigo

deportista llega y abraza a Claire por la cintura de lo que ella se zafa,


aumentando el sonrojo de sus mejillas—. También me alegro de verte, D’Moon.

— ¿Quién dijo que me alegraba?— rueda los ojos y se acerca más a mí dándole

una mirada de arriba a abajo al hombre.

—No pensé que los deportistas tuvieran trajes—puse las manos en mi cintura

llamando la atención de Luca dándole un poco de espacio a mi amiga—. Sí que

luces guapo, Sandino.

—Y tú, Briden— silba en apreciación al verme—. Ya veo porque Andrew se

molesta tanto al verte. Imagina tener que verte y no poder tener una probada de

tal postre— bromea buscando hacerme sonrojar pero soy más fuerte que eso.

—No imagino que debe sentir con eso— alzo una ceja mirando a la otra mujer
para indicarle que él estaba en peores situaciones.

—Cierto. Esa es otra de mis razones para venir, tengo que cobrar una apuesta
que gane.

— ¿Todavía con eso?— la pelirroja a mi lado bufa por lo bajo pero puedo notar

el leve temblor en sus labios al hablar—. ¿No te aburres de ser una molestia para
todos?
—Cuando tú me notas, para nada— le asegura guiñándole el ojo y luego
mirando el reloj que lleva en la muñeca—. Andrew se está demorando mucho,

pensé que llegaría primero que yo.

5 minutos después mientras nos contaba sobre su participación en los próximos

“Juegos Extremos” dio un vistazo a la entrada esbozando una gran sonrisa.


Claire y yo seguimos el trayecto que lleva a lo que mira; Andrew y Trinity

caminan tomados por el brazo hacia nosotros.

—Amigo— choca el puño con el ojiazul quien se suelta del agarre de la pelirroja

para hacerlo—. ¿Dónde rayos estabas?

—Tuvimos un inconveniente con el auto a mitad de camino—explica el castaño

mirando a la mujer a su lado con una sonrisa que no significa buenas cosas—.

Pero aquí estamos, que es lo importante.

Viste como la mayoría de los hombres de la fiesta, un esmoquin acompañado de

un antifaz. El de él es de un color azul grisáceo acentuando el color de sus ojos.


Trinity por su parte, se había arriesgado con un vestido rojo que contorneaba su

figura terminando en una cola corta. Y completaba su traje, un antifaz del mismo
color con un contorno de pequeños diamantes.

—Buenas noches a ustedes dos— dedica una mirada corta a mi amiga y a mí,
acompañada de su habitual sonrisa que vuelve locas a la mayoría—. Esta noche

lucen grandiosas.

—Gracias— la mujer a mi lado inclina un poco la cabeza en agradecimiento


antes de que algo llame su atención y la sorpresa se dibuje en su rostro—. ¿A

que no adivinas quien está acá?— me da un codazo en la costilla señalándome

un par de personas cerca del lugar donde está la banda.

Una de ellas es una mujer de aspecto maduro con una inconfundible cabellera

acaramelada. Aun de espaldas no se puede negar que se trata de ella. A su lado,


un hombre de tez más bronceada tiene una pequeña disputa con el moño de su

corbata. El aludido parece notar las miradas sobre ellos y dirige su atención a
nuestro grupo con el reconocimiento dibujándose en su rostro. A esa distancia

podemos ver como llama la atención de su hermana, quien se une segundos

después a él en una caminata entre las parejas en la pista hasta nosotros.

— ¿Estás bien?— pregunto en cuanto la mano de mi amiga se cierra en mi

muñeca con nerviosismo. Entendía su reacción, después de todo, el par que se


acercaba guardaba una larga historia con ella.

—Buenas noches a todos— Valerie Crown junta sus manos mientras recorre el

grupo con la mirada, que le respondemos al saludo con amabilidad. La aludida


solía ser la maestra de violín de Claire y una amiga muy cercana de ambas hasta

que se había mudado hace algunos años a Los Ángeles—. Oh, Katherine. Feliz
cumpleaños— se acerca a mí para tomarme en un abrazo fuerte sin importar que
eso arrugue la tela de su hermoso vestido azul—. No puedo creer que ya estés

cumpliendo 25. Hace poco ibas a mi casa a pedirme consejo sobre maquillaje.

—Val, ¿cómo estás?— intento no reír ante su ultimo comentario recordando los
tiempos cuando esas eran mis mayores preocupaciones y me separo de ella

cuando es el momento—. Tenía tanto tiempo sin verte— desvío la mirada a su

hermano que hasta ahora ha intentado pasar desapercibido—. ¿Y tú?

—Bien, The Venecian abrirá para Linkin Park la próxima semana— responde

metiendo las manos en los bolsillos del pantalón con algo de timidez dando
pequeñas miradas a Claire.

Tomás había estado enamorado de Claire desde la primera clase de violín de esta

cuando él tenía 15 y ella era solo una joven de 13. Se había negado a confesarle

sus sentimientos hasta el momento antes de irse al otro lado del país. Y cuando

finalmente lo hizo, ella le confesó que se había cansado de esperarlo. Después de

10 años era obvio que él seguía arrepintiéndose de no haberlo dicho antes y ella

de hacerse la orgullosa.

—Que bien— doy un par de palmadas apreciativas esperando que no poner todo
muy personal, aliviane el ambiente entre ambos—. No puedo creer lo mucho que

han progresado. Y tú que pensabas que seguirían practicando en el garaje por


siempre.

The Venecian es la banda de Tomás. Desde que recordaba, los había ido a ver

muchas tardes a tocar en el garaje de su casa, muchas de las cuales fueron


incentivadas por el hecho de que al final de cada ensayo tocaban algunos

clásicos que me encantaban.

—Claire, ¿acaso te has olvidado de tu maestra de música?— la castaña hace un


puchero no muy maduro para su edad—. Llevas 5 meses sin hacerme una sola
llamada.

—Lo...lamento— se disculpa la aludida pasando la mirada a la mayor de los

Crown—. He estado algo ocupada con ensayos y presentaciones.

Lo graciosos era que en el momento en que Claire había comenzado a asistir a

clases, la otra tuviera solo 22 años. Así que el tiempo con ella no se sentía tan
aburrido. Por lo que sabía, ahora es dueña de su propia academia a las afueras

de Los Ángeles con un buen porcentaje de alumnos y profesores.

—Casi lo olvido— el hermano de la maestra rebusca en sus bolsillos por una

pequeña caja de joyería sin ninguna marca fuera—. Te hemos traído un pequeño

obsequio. No es nada grandioso, pero espero que te guste— me pasa la cajita

esbozando una media sonrisa a la expectativa de lo que diría.

Estudio el paquete antes de abrirlo y encontrarme con una delicada cadena con

un dije de piano.

—Es hermoso— le agradezco lanzándoles un beso a cada uno mientras vuelvo a


cerrar la cajita—. En serio, no tenían que molestarse. Muchas gracias.

— Ha sido un placer hacerlo. Sabíamos que te gustaría— el hombre parece


comenzar a entrar en confianza y relajarse—. Claire, ¿te gustaría ir a bailar
conmigo?— le extiende una mano consciente de que ella no lo rechazará en

público de esa manera. El resto han permanecido en silencio desde que los
hermanos hicieron su aparición, lo que me hace preguntar qué piensan.
Mi amiga contempla a Tom y acepta su invitación dejando que la guie hacia el
lugar de baile. Un musculo en la mandíbula de Luca se mueve bruscamente

mientras los sigue con la mirada todo el camino hasta el centro de la pista. Y

tenía razón para sentirse retado, Tom podía ser un poco desaliñado pero la
historia que tenía con Claire, le daba mayor conocimiento sobre ella. Por otro

lado, el deportista había hecho esfuerzos grandes sin saber muy bien cómo
ganársela.

—Kathe, vamos a bailar— toma mi mano y me jala a la pista sin importarle que

aprieta algo fuerte mi muñeca en el proceso. Al llegar se adecua al ritmo de la

música y nos movemos lentamente.

— ¿Quién es el?—tiene el valor de preguntar un par de minutos después, cuando

hubo cambio de canción.

—Su nombre es Tomás Crown, es el hermano de la antigua profesora de violín


de Claire— explico cuando se me ha pasado un poco el enojo por su brusquedad

innecesaria.— Y la próxima vez si quieres esa información intenta ser más


amable— me masajeo la muñeca deteniendo el baile un momento.

—Lo lamento por eso— luce arrepentido al notar las marcas alrededor del lugar

donde había apretado y jalado—. No era mi intención.

—Pudo no serlo, pero eso no resta el hecho de que lo hiciste— bufo rodando los

ojos y volvemos a bailar al ritmo de la melodía—. ¿Alguna otra cosa que quieras
saber?
— ¿Hace cuánto se conocen?

—Alrededor de unos 10 años.

— ¿Qué edad tiene?

—Si mal no recuerdo, tiene 25.

— ¿En que se desempaña?

—Tom es líder y guitarrista de una banda de rock llamada The Venecian.

— ¿Rock? Pensé que a Claire no le gustaba esa clase de música.

—No le desagrada— me encojo de hombros algo molesta por lo entrometido que

se ha puesto. Entiendo que los sentimientos de él hacía mi mejor amiga sin duda,

son únicos. Pero tampoco podía esperar tener control sobre sus decisiones o su

pasado—. Luca, no tienes de que preocuparte. Él no es peligroso, solo quiere ver


a una vieja amiga.

— ¿Segura?

Asiento sin dudar ni un solo momento.

Una hora entre charlas, champaña, baile, dramas: ya no puedo más, necesito
tomar aire fresco. Camino hacia el jardín trasero esperando que nadie note mi
ausencia en la fiesta y en cuanto llego, me apoyo en el barandal del pequeño

balcón retirándome el antifaz y tomando varias bocanadas de aire profundas. Mi


estómago está a punto de devolver su contenido que no es mucho, mi cabeza

palpita y siento que estoy por caerme de lo mareada que me encuentro. Tomo
varias respiraciones profundas y me siento en la silla columpio a descansar un
poco. Mi cabeza tiene tantas cosas rondando que hacer el intento de tener un

pensamiento medianamente lógico, hace que las palpitaciones amenacen con

hacerme desmayar. Entierro el rostro entre mis manos y maldigo el dolor de


cabeza que no deja de crecer.

— ¿Agua?— es innegable quien ha ocupado la otra mitad de la silla. Retiro mis

manos dándole paso a mi visión y me encuentro con una botella de agua cerca de
mi rostro—. Parece que la necesitas, estás algo pálida.

La tomo de sus manos con asentimiento y quito la tapa con algo de dificultad. En

cuanto está abierta, no me importa que él esté viendo y le doy varios tragos

largos acabándola en poco. Hasta ahora no había notado lo sedienta que estoy.

—Gracias por el agua— alzo el envase vacío y le pongo la tapa mirándolo

fijamente con la duda de como sabía que estaba acá. Desde que nos separamos
todos mucho después de que Claire volviera de bailar con Tom, no lo había

vuelto a ver. Tampoco me había preocupado mucho por dañarme la noche


sabiendo que donde él estuviera, Trinity lo seguiría.

—Pené que era una fiesta de antifaces— toma el accesorio de mi regazo donde

lo he dejado al sentarme—. ¿O estoy equivocado?— sabía que su comentario


buscaba fastidiarme.

Y justo ahora no estaba en el humor de ser molestada. El dolor de cabeza, unido


a las náuseas y la molestia general que me trae su presencia; son demasiado para
mí en este momento.

— ¿Acaso no puedes dejarme en paz así sea solo en mi cumpleaños?— frunzo el


ceño lo que me provoca una fuerte punzada en la cabeza por lo que hago una

mueca—. ¿Qué haces aquí? Sé que recibiste invitación, como a todos mis

cumpleaños pero ni siquiera nos agradamos.

—Estoy haciendo lo mismo que tú, tomando algo de aire. La cantidad de


personas adentro es sofocante. Necesito por lo menos un respiro, ¿no crees? Y

solo intentaba ser amable dándote algo de agua.

— ¿Por qué venir? No nos agradamos.

— ¿En serio crees que las cosas son así? No me desagradas, Kathe. Estamos

discutiendo la mayoría del tiempo porque tenemos rivalidades familiares que ni


siquiera nosotros creamos. Fuera de los negocios, no tengo nada contra ti.

—Creo que lo mejor será que vuelva dentro— le arrebato el antifaz y me apoyo

en mis manos impulsándome hacia arriba para ponerme en pie, pero antes de

poder estar equilibrada en mis tacones, él me jala de vuelta al asiento—. ¡¿Qué


quieres?! ¿Tienes otro sentimental discurso sobre que podemos ser amigos y
tomar limonada como si nos agradáramos?— me burlo furiosa intentando

soltarme de su agarre sobre mi muñeca.

—Oh, vamos, no he tenido tiempo de hablar contigo. Ni siquiera un feliz

cumpleaños te he podido desear— sonríe cuando nota que he dejado de pelear


contra su agarre y se retira el antifaz—. Dame 5 minutos de tu preciado tiempo y
luego podrás irte. Solo te pido unos minutos sin discutir, ¿es posible?

—En ningún momento estaba discutiendo, solo me iba para evitar hacerlo.

—No te enfades— aunque intenta hacerlo bajo, puedo escuchar una pequeña risa
saliendo de sus labios.— No niego que cuando te enfadas, luces extremadamente

sexy; pero en estos momentos me sentiría mejor si sonrieras. Tu sonrisa tiene un

mejor efecto.

— ¿Por qué lo haces?— lo acuso cruzándome de brazos enojada por el efecto

que podían tener sus halagos en mí.— De repente, sales con esas cosas y esperas

que eso me haga estar menos enojada.

—Esto sí que es inaudito, hasta por un cumplido te enojas. Hoy de entre todos

los días, sería para mí un honor hacerte sonreír. Te ves más hermosa cuando lo
haces.

—Me rindo, no hay caso contigo— alzo las manos al aire rindiéndome con él. Si

cree que esos trucos que usa con todas harán que baje la guardia con él, está muy

equivocado—. Si no tienes nada importante o inteligente que decir, me voy.

Dicho eso me levanto de vuelta y esta vez no me detiene. Ni siquiera me mira al

hacerlo. Recorro la distancia corta a las puertas que dan entrada a la casa desde
el jardín y antes de poner un pie dentro, se levanta y me mira.

—Espera— me detiene con un tono de voz serio sin dar ni un solo paso—. Si

tengo algo importante que decirte. Y si no lo digo ahora, no seré capaz de


hacerlo luego.
Me giro y cierro las puertas encarándolo. Una distancia superior a un par de
metros nos separaba pero es suficiente para notar lo frenético del movimiento de

su pecho.

—En la isla…— comienza; no entendía que tenía todo el mundo con volver a los

eventos ocurridos allá. Deberían crear un dicho como “Lo que pasa en la isla, se
queda en la isla”. De seguro me ahorraría muchas conversaciones—. Confirmé

lo que voy a decirte.

—No quiero hablar de eso y menos de lo amable que pude parecer. Estamos de

vuelta a la ciudad y eso quiere decir que volvemos a tener la misma relación de

contrariedad.

—Lamento escuchar que pienses así. Mira, el día de tu accidente, supe que algo

pasaba hace mucho tiempo. Nos hemos negado a hablarnos por tantos años y nos

hemos dejado consumir por esa disputa familiar, que cada oportunidad que eso
no pasó, ambos huíamos a los minutos de ahí. Estoy cansado de huir de eso—

suspira pasando la mano por su cabello con nervios en su voz. Da un par de


pasos más cerca de mí—. Cuando te vi tirada en esa carretera entre tantos restos

de auto, indefensa y al borde de la muerte; supe que me importabas más de lo


que estaba dispuesto a aceptar.

Abro la boca para argumentarle que algo así había dicho en la isla después de mi

accidente de buceo, pero alza dos dedos para detenerme.

—No has entendido lo que quiero decir, ¿cierto? No hablo de que me importes
como cualquier conocida. No solo me importas, eres parte de mí día a día de una
buena manera. Hay sentimientos que han estado creciendo dentro de mí, que me

veía firme a aceptar pero no puedo más… Creo que te amo.

Antes de que pueda dar mi opinión al respecto, soy jalada hacia delante casi

apoyándome de él y aprovecha la oportunidad para besarme con cierto empeño


que demuestra mucho de lo que ha expresado en palabras.

— ¿Qué crees que haces?—cuando puedo sostenerme derecha, me aparto de él

sorprendida por el gesto esperando una explicación coherente a su reciente

locura.

—Te besé— se encoge de hombros como si fuera algo normal y poco a poco la

sorpresa también se dibuja en su rostro—. Creo que eso hice.

Antes de escuchar el resto de su explicación, camino con rapidez dentro de la

fiesta y me pongo el antifaz esperando que pueda esconder el sonrojo de mi

rosto. La primera conocida en mi campo de visión es una muy aliviada Claire.

— ¿Dónde has estado? Llevamos un rato buscándote para el pastel— pone sus
manos en la cintura con seriedad—. Nos diste un susto, señorita. Y créeme que
ya han sido suficientes por una semana.

—Solo tomaba aire en el balcón del jardín trasero. Estoy completa— doy una
vuelta para apoyar mi respuesta—. ¿Por qué tanto escándalo? Es solo un pastel.

—Nada de eso— mete su brazo en el mío y me jala al salón principal donde


todos hacen una ronda alrededor de mi padre.
—Creo que no me he manifestado en toda la noche frente a todos. Por eso, lo
haré ahora. Esta noche celebramos el cumpleaños de lo más importante en mi

vida— alza su copa al verme y da un trago corto sonriendo—. Hace 25 años

nació el ser que le daría alegría a mi vida y la de mi difunta esposa, que en paz
descanse. Katherine, mi niña, feliz cumpleaños. Estoy orgulloso de ti.

La sala se llena de aplausos mientras el pastel hace su entrada en una mesa de

rodachina empujada por un equipo de catering.

Tiene un par de capas y es de completo chocolate y las 25 velas están prendidas

sobre él. Me acerco al ver a mi padre llamarme.

—Hora de que la cumpleañera pida un deseo— rodea mis hombros y besa el

costado de mi cabeza mientras intento apagarlas todas con un gran soplido

cerrando los ojos. Toma otro par de intento más apagarlas todas, lo cual todos

reciben con gracia.

16
Al decir adiós al último invitado, la casa es un completo desastre y tendríamos
que esperar hasta el día siguiente a que el equipo de limpieza se encargara de

eso. Por suerte, una pastilla que me he tomado después de cortar el pastel, ha

disminuido el dolor de cabeza hasta hacerlo una simple molestia a ratos.

Claire ha decidido quedarse a pasar la noche ya que el día siguiente es domingo

y hemos planeado pasar el día juntas desde que no lo hacemos hace mucho, por

estar demasiado ocupadas con nuestras debidas labores. Mi padre se despide

deseándonos buenas noches a ambas y desaparece por las escaleras hacia su

habitación.

— ¿Ahora si me vas a contar que es lo que ocurre?— se gira a interrogarme en


cuanto escuchamos la puerta de arriba cerrarse—. Y no tienes permitido decir

que nada, porque te conozco.

—Ya te lo dije, no es nada— camino hacia las escaleras retirándome los zapatos,
haciéndole entender que estoy demasiado cansada para siquiera querer hablar—.

¿Podemos solo ir a dormir? Mañana puedes estar paranoica y decir que algo me
pasa pero hoy la verdad, no estoy de humor.

Me sigue escaleras arriba sin decir nada pero puedo notar que eso no significaba
que su cabeza ha dejado de darle vueltas a la razón por la que puedo estar

actuando diferente. Y la verdad es que no entiendo de dónde saca esas ideas,

desde que no he hecho nada raro en todo el transcurso de la fiesta. En ningún


momento he dejado de actuar como yo misma. Ni siquiera cuando el dolor de

cabeza amenazaba con volverme loca.

Empujo la puerta de mi habitación y camino derecho al armario a reemplazar el

vestido por un pijama. Acomodo los zapatos en su lugar para luego encargarme

de retirar la elegante pieza de ropa de mi cuerpo y ponerme en cambio una larga

camisola para dormir. Cuando salgo del armario, Claire revisa su teléfono

distraída en la cama. Ya se ha quitado los zapatos y cerrado la puerta.

— ¿Fue algo con Xavier?— insiste con el mismo tema sin mirarme y continua
con la vista enfocada en su teléfono.

Niego para sentarme en el tocador y limpiar el poco maquillaje de mi rostro.

— ¿Andrew? ¿Trinity?— sigo negando a la vez que menciona nombres de


diferentes personas que habían intercambiado palabras conmigo a través de la

noche—. Ya sé, fue Luca. Sé cómo él puede arruinar el día con su sola presencia.

— ¿En serio?— ironizo levantando una ceja girándome a verla. Ni ella misma

puede creerse lo que ha dicho. Por más que intente ocultar sus sentimientos hacia
el hombre, le es imposible disimularlo. Lo sabía incluso antes de que me lo
confirmara en la isla—. Claire, no me ocurre nada. Estoy totalmente normal.

—Tarde o temprano tendrás que decirme— se levanta de la cama y entra al


armario sin soltar su teléfono. Minutos después sale con una de mis pijamas

puestas—. Sabes lo insistente que puedo ser, Katherine Briden. Puedo ser toda

una pesadilla cuando quiero saber algo.

—Si te lo digo, ¿no haces preguntas y me dejas dormir?

Asiente casi saltando de la felicidad y volviendo a la cama mientras me levanto

del tocador y me siento a su lado en la cama.

—Cumplí 25 años y noté lo vieja que me estoy haciendo— me mofo al darle esa

respuesta y son un par de segundos hasta que una almohada golpea mi rostro—.

¿Qué? Preguntaste que me pasaba y eso es todo.

—Por favor, dime— se arrodilla en la cama haciendo pucheros y poniendo


expresión angelical. Eso era trampa, sabía que ese truco le funcionaba con todo

el mundo desde siempre.

—Está bien— me rindo rodando los ojos. Tiene razón, ella es mi mejor amiga y
si necesito algo de raciocinio, ella es la indicada—. Pero no quiero que hagas

una gran cosa de esto.

— Lo juro por mi violín.

—Xavier se me declaró.

— ¿En serio?— no parece nada sorprendida con la noticia, más bien, parece algo
molesta. Conocía que la relación entre ambos no era la mejor, pero nunca llegué

a comprender las razones de tal cosa—. Se había demorado algo. Pensé que lo

hacía a diario.

—Hay más— muerdo mi labio inferior, poco segura de cómo decirle el otro gran

evento de la noche. El cual sé que si la sorprenderá. Incluso para mí no termina


de parecer real—. Andrew también lo hizo.

El grito de sorpresa no demora en llegar. Tapando su boca con ambas manos, al

recordar que mi padre está a un par de habitaciones, abre los ojos sin decir más

nada.

—Y eso es todo— alzo los hombros restándole importancia. No quería que

pareciera que había sido algo significativo.

— ¿Te parece poco?— pregunta más alto de lo normal y toma mis hombros

mirándome fijamente—. Xavier, era de esperarse. Pero Andrew… Andrew,

¿cómo?

—No lo sé, él solo me lo dijo—esperaba que tanto escándalo de su parte no


despertara a mi padre y lo asustara.

— ¿Qué pasó exactamente?— baja la voz notando mi mirada preocupada y


entrecerrando los ojos—. Si la confesión de Xavier fue mejor que la de Andrew,
he de hablar con él. Aunque igual tendré que hacerlo con ambos, ¿cómo se les

ocurre hacerlo en tu cumpleaños?

— ¿Qué pasó con quién?


—Con Andrew, obviamente.

—Yo solo estaba en el jardín tomando algo de aire, ya sabes que tenía algo de
dolor de cabeza— describo juntando las manos en mi regazo y contándolo sin

ninguna prisa—. Me sentía muy mal y me senté un momento a esperar que se

pasara el mareo, luego él llegó y me dio algo de agua. Lo cual fue un gesto
bastante amable y dijo que la razón para hacerlo fue que lucía demasiado pálida.

» Luego, como suele intentar, hizo todo lo posible para hacerme enojar. Decidí

irme y me retuvo. Eso me enojó mucho más y le pregunté que, ¿Qué esperaba de

mí? Me pidió que no me enojara y comenzó a halagar mi sonrisa. Me harté y

volví a intentar irme, esta vez no me detuvo y cuando estaba a punto de volver a

la fiesta me pidió que esperara, que tenía algo importante que decirme.

A medida que hablo sus ojos muestran una curiosidad cada vez mayor. Tenía que

aceptar que Claire puede ser toda una romántica. Espero que su amor al romance
no la lleve a hablar de esto con nadie.

—Me dijo que me amaba, que le importaba más de lo que estaba dispuesto a
aceptar— prosigo siendo consciente que después de todo, si había sido bastante

real. Por mucho que me rehúse a admitirlo, el momento había sido bastante
lindo. Ahora recordándolo no dejaba de sentirme algo torpe—. Y me beso, ni él

mismo podía creer que lo hubiera hecho.

— ¿Qué? ¿Te besó?— aplaude feliz sin poder contener su emoción—. ¿Y hasta

ahora me lo dices?
Asiento leve.

—Pero no es para tanto— bajo la mirada con duda. Ni aunque me hubiera dado
el beso más apasionado cambiaría el hecho de que no está bien en ningún

sentido. Él tiene a Trinity y hay disputas familiares que nos alejan lo suficiente

—. Y no entiendo que hay con las confesiones y los besos. ¿Acaso todos tienen
que hacer eso?

— ¿Todos?— pregunta confusa deteniendo su alegría para mirarme con sorpresa

al comprender lo que he dicho—. ¿Xavier?

La miro en silencio.

—Por Dios, no puedo perderte un minuto de vista porque andas enamorándolos

a todos—peina su cabello divertida y dándome codazos—. Katherine Briden,


sabía que le gustabas a Xavier, ¿pero Andrew? Es raro. Ni siquiera recuerdo una

vez que ustedes hayan hablado más de cinco minutos sin discutir.

—Esa era la razón por la que no quería contarte. Estás haciendo de esto algo

mucho más grande de lo que es. Yo haré como que nada ocurrió y espero que
ellos también. No voy a tener una relación ahora.

—No puedes simplemente hacer como que nada ocurrió. Ambos esperaran que
les digas que piensas de eso. Y aunque me cueste aceptarlo, deberías hacerlo
antes de que alguno salga lastimado.

—No, creo que mejor haré como que nada pasó— me encojo de hombros
tomando el mando a distancia y encendiendo la televisión para darle fin a la
conversación—. ¿Quieres ver una película o me dejarás dormir?

Me da una mirada desaprobatoria mientras niega con la cabeza y camina al baño


sin decirme ni una sola palabra.

Hago zapping entre los canales sin encontrar nada interesante y la apago

esperando que vuelva. Cuando lo hace minutos después, mira la pantalla de su

teléfono pensativa y antes de que pueda preguntarle al respecto pone el aparto


frente a mis ojos.

Luca Sandino: ¿Conoces alguna mujer que toque el violín? Justo en estos días

he estado buscando una que tiene una deuda conmigo. Si la ves, hazle saber que

es de muy mala educación no cumplir con lo pactado y que si acepta pagar su

deuda, le regalaré una cena gratis.

—Cada vez estoy más confundida sobre ustedes— sonrío entretenida ante el

fuerte sonrojo que ha aparecido en sus mejillas y como no deja de mirar la

pantalla del teléfono—. Algunas veces hablan como los mejores amigos y otras
les falta poco para matarse… No, aclaro, para que tú lo mates.

—Es que tantas bromas cansan, ¿no crees? No toda la vida se puede pasar
pensando que todo es un chiste.

—No lo hace siempre. Hoy en la fiesta tuvo un pequeño episodio de celos


cuando aceptaste ir a bailar con Tom— toco la piel alrededor de mi muñeca

donde por suerte no ha quedado ninguna marca permanente—. Quería saber todo
sobre él y cuál era su relación exacta.
— ¿En serio?— una luz de alegría se muestra en sus ojos y juguetea con los
dedos de sus manos—. Esta noche fue algo raro con Tom, ¿sabes? Esperaba que

cuando tuviéramos un momento a solas, me moriría de nervios. Pero la verdad,

todo fue bien; estamos bien con lo que pasó en el pasado.

—Tienes razón, las cosas pasan por algo. Míralo desde este punto, ambos han
estado dedicándose a su música y les ha ido de maravilla. Una relación en el

tiempo en que ascendían no habría sido la mejor opción, menos una a larga
distancia.

—Luca, celoso de Tom— susurra pensativa creyendo que quizás no la he

escuchado y vuelve la mirada a mí—. No pensé que fuera de ese tipo de

hombres. Se ve tan seguro.

—Bueno, Tom no está tan mal— confieso encogiéndome de hombros.

A pesar de ser un rockero, al lado de Luca, Tom parece la clase de hombre que

les presentarías a tus padres. Luca, con su tamaño y tatuajes, es todo lo que se
podía esperar del chico malo; aunque por dentro era una persona dulce y amable.

—Cada vez parece más un acosador. Comienza a asustarme de verdad.

— ¿Por qué está completamente loco por ti? Que intente conquistarte en cada
momento no lo hace un acosador. Lo hace terco, de una manera linda.

—Lo sé— tapa su rostro con ambas manos riendo por un rato—. Es totalmente

tierno lo mucho que se esmera.


—Entonces, ¿por qué no le das una oportunidad?— alzo una ceja seria. Ya
comenzaba a parecer una jugadora, que mantiene a sus admiradores cerca pero

no se decide por algo serio—. Estás comenzando a convertirte en la clase de

mujeres que más odiamos. Si sientes algo por él, no se nieguen la oportunidad.

—Es más difícil de lo que crees. Estás viendo las cosas desde su punto de vista,
no el mío. Y soy tu mejor amiga, no él. Si acepto, ¿qué pasa? ¿Me aguanto las

multitudes de mujeres que le gritan?— junta las cejas y sus ojos se humedecen
un poco, por lo que los limpia rápido con la manga del pijama—. ¿Sufro

pensando que en cualquier momento puede lastimarse haciendo lo que hace? Si

no lo notas, aún estoy sin aceptarlo y ya estoy sufriendo. No quiero convertirme

en una viuda.

—No lo harás— la jalo en un abrazo y beso su cabeza—. No te conviertas en la


niña asustadiza y preocupada de hace años. Tomó tiempo que salieras de ahí así

que no te atrevas a volver. Luca es demasiado suertudo para lastimarse, no le

pasará nada. Y sobre las admiradoras, él solo tiene ojos para ti aun cuando no

tienen nada. Teniendo algo así, créeme que no cambiará.

— ¿Debería aceptar su invitación?

—Es tu decisión que hacer. No pienso decirte que decisión tomar. Es tu vida y tú
la llevas.

—Lo llamaré—afirma separándose y agradeciéndome con una mirada antes de


tomar su teléfono, levantándose de la cama—. Me demoraré un rato y son las
dos de la mañana. Deberías dormir.

—Tienes razón— miro el reloj al lado de la cama y bostezo mientras me


recuesto acomodando mi cabeza en la almohada—. Buenas noches, Claire. Te

quiero y suerte.

—Buenas noches, Kathe— responde y un momento después, la puerta se cierra

en cuanto sale.

La lluvia cae de manera torrencial y los rayos iluminan el camino por el que me

apresuro a huir de alguien que se mueve detrás de mí. No sé de quién se trata

pero sus pasos son más rápidos que los míos y las piedras del camino no dejan

de hacer mi paso, más resbaloso y que requiera de más esfuerzo continuar.

Un trueno rompe el silencio, ¿o fue el ruido? Y lo próximo que sé es que caigo


en un abismo oscuro que ha aparecido de la nada. Segundo a segundo, intento

agarrarme de algo para evitar la caída, pero lo único que agarran mis manos

son el aire vacío. Al llegar al final, no choco contra el piso sino que caigo en
pie e instintivamente miro hacia arriba donde quien me persigue revela su

rostro.

Los dorados ojos que veo cada vez en el espejo, me devuelven una mirada llena

de decepción. De repente, mi otro yo se devuelve por donde ha estado


siguiéndome y…

Despierto con los rayos del sol sobre mi rostro dándome la bienvenida a un
nuevo día. Escaneo la habitación en busca de cabello rojizo pero no encuentro a
su dueña por ningún lado. El lado de la cama donde se supone que ha dormido

está intacto.

Aun recuperando el aliento de la persecución de mi sueño, tomo el teléfono de la

mesa de noche y compruebo la hora. 8:53 de la mañana.

Tengo un mensaje.

El idiota: Buenos días.

Katherine Briden: Te agradecería eternamente que no vuelvas a contactarme.

Estoy a punto de enviarlo pero termino borrándolo porque no vale la pena. La

pesadilla no solo me ha dejado sin aliento sino que me ha provocado un mal

humor que solo señala que mi día no pinta con ser muy bueno. ¿Qué rayos había

sido eso de ser perseguida por mí misma? ¿Y la parte de la mirada

decepcionada? No me siento decepcionada de mi misma, si eso intenta decirme


mi cerebro.

Decido olvidarme del tema, convenciéndome de que no merece tanta atención.

Deshaciéndome de las sabanas, me levanto y camino directo al baño a tomar una


ducha. 45 minutos después estoy bañada, vestida y lista para desayunar.

—Hola, Kathe— una alegre Claire me saluda desde detrás de un periódico sin

moverlo un poco para verme. Un plato con algunas migajas de pan tostado está
frente a ella, al igual que una taza de leche a medio tocar, con una marca del

color de su labial—. ¿Dormiste bien?


—Bastante bien— miento leyendo la primera página por encima, que habla de
una reforma a una ley en el comercio internacional—. ¿Qué hay de ti? ¿Todo

bien con Luca?

—Yo dormí perfectamente— deja el periódico a un lado revelando que usa ropa

para salir. —Deberías apresurarte y desayunar.

— ¿Vas a ir?— me siento en la silla a su lado y lleno mi plato con algunas


tostadas del cesto que hay en la mesa y les unto algo de jalea de mora. Luego me

sirvo un vaso de jugo, el café ahora le caería algo pesado a mi estómago—.

Espero que sí porque no pienso darte otro discurso sobre seguir lo que quieres.

—Andrew me preguntó si estaba interesada en ir al campo de tiro antes de la

cena. Parece que él también estará hoy.

— ¿Y Luca lo sabe? Pensé que hoy tendrían un día juntos y harían un montón de

cursilerías.

—Al parecer, Luca fue quien le pidió que me preguntara— explica sonriendo y

tomando el teléfono para teclear algo por lo que permanecemos en silencio


mientras lo hace, y aprovecho para comer algo—. Suena divertido así que les
dije que sí.

—Enhorabuena, parece que todo va a las mil maravillas— celebro antes de darle
una mordida a mi segunda tostada y en cuanto la mastico y trago, vuelvo a

hablar—. Espero que te diviertas hoy con ellos dos. Parecen llevarse a las
maravillas.
—No, señorita. Usted también irá, no la dejaré quedarse sola hoy.

—No haría nada más que dañar el ambiente romántico. Está bien que Andrew
quiera ser tercera rueda pero no es lo mío— me niego tosiendo un poco al casi

atragantarme con un bocado—. No haría ninguna especie de contribución.

—Irías para apoyarme— antes de que pueda negarme me señala abriendo los

ojos—. Y no puedes decir que no después de decirme lo de ayer. Tu deber como


mejor amiga es apoyarme. No me obligues a rogarte.

—Sabes muy bien que no quiero ir. Primero, es una cita entre Luca y tú;

segundo, tengo mis razones para no querer asistir; y tercero, me espera un día

bastante ocupado.

—Vamos— junta las manos haciendo pucheros en una especie de ruego—.


Podrías divertirte incluso.

—Preferiría no ir, gracias.

—Andrew quiere verte.

—Pues que vea una foto mía, en Internet hay muchas. Además su invitación fue
a ti, no a mí.

—Katherine…

—Claire D’Moon, por una vez en tu vida deberías no intentar discutir conmigo.
Días como hoy no tengo humor para salir de casa— ruedo los ojos. No podía

obligarme a ir a un lugar donde mi presencia no crearía un buen ambiente—.


Además, no quiero ver a la intensa de su novia.

—Trinity esta en Miami visitando a una amiga. Esa es la razón por la que
aprovecharan el día sin ella haciendo lo que solían hacer cuando no estaba. Te

sorprendería saber que a Luca no le agrada mucho ella. Y Andrew se mostró

bastante alegre ante la idea de ser libre.

—No iré, es mi decisión final. No puedes obligarme, soy mayor que tú y hace
mucho que no me dejo mandar por nadie.

—No permitiré que te quedes un lindo domingo como hoy sola. Me preocupas,

la verdad— se levanta de la silla sin una pizca de diversión en su voz—. Estás

todo el tiempo trabajando o con la nariz metida en un libro. No te dedicas tiempo

a ti misma y no recuerdo la última vez que saliste a divertirte o coqueteaste con

alguien. ¡Tienes 25, por Dios! Actúas como una mujer de 50 años. Y me asusta

que cuando llegues a esa edad, te arrepientas de no haber vivido tu vida como
era. Por esa razón insisto tanto.

—No tienes que hacerlo— me levanto también rodando la silla con algo de

fuerza—. Estoy feliz con mi vida, y la manera en la que la vivo no hará que me
arrepienta en unos años. Esta es la vida que escogí para mí, así que si no te

molesta, apóyame en ella. No hagas parte del numeroso grupo que piensa que
soy una máquina de negocios solamente. Que no me guste malgastar mi tiempo

en una relación que al terminar no me dejará más que un corazón roto y pérdida
de tiempo, no quiere decir que no sea feliz.
— ¿Ahora podemos irnos?— se cruza de brazos a la espera—. Puedes odiarme
el resto de la vida, pero hoy no te voy a dejar.

—Eres de lo peor— suspiro pesadamente y camino a la cocina con pasos fuertes

por todo el enojo. Entre todas las personas, ella es de la última que me esperaba

todo eso.

Abro el refrigerador sin buscar nada en específico mientras ella se queda en la


entrada de la cocina mirándome sin duda en sus ojos.

—Eres toda una estirada— dice respondiendo a otro mensaje en su teléfono sin

molestarse en lo herida que ya estoy por sus anteriores comentarios—. Te espero

afuera en el auto y no me iré hasta que salgas.

— ¿Dónde está mi padre?— evado el tema apoyándome en la mesa de la cocina


luciendo relajada, esperando que entienda mi indirecta de que es demasiado para

una mañana.

—Fue a cabalgar con unos amigos desde muy temprano— explica sin despegar

la mirada del dispositivo móvil—. Dijo que volvería tarde en la noche porque
quizás irían de pesca, o algo así dijo.

—Iré contigo— afirmo seria demostrándole que no es voluntario—. Pero solo


porque no me gusta discutir contigo, se siente pésimo.

—Lo sé, ¿verdad?— esboza una media sonrisa asintiendo levemente con su

cabeza—. Tenemos que irnos ya, se está haciendo tarde y ellos nos están
esperando.
Una hora después de estar conduciendo por la carretera, el GPS nos guía a un
camino sin pavimentar y a medida que disminuye la velocidad pasamos

diferentes portones. Miro a Claire sin reconocer el lugar donde estamos.

—Tienes que estar bromeando— abro la boca sorprendida, cuando el GPS

señala que hemos llegado a nuestro destino.

Claire baja del auto cuando lo aparco al lado del que reconozco como el auto de
Andrew. Apago el motor y la sigo guardando las llaves en el bolsillo de mis

jeans y llevando el teléfono en mi mano.

—Andrew dice que viene en camino a buscarnos— informa mirando el lugar

con una pequeña sonrisa en sus labios mientras esperamos. No me separo mucho

del auto—. Esto es increíble, ¿no crees?

—Sí que lo es— concuerdo con ella. El ambiente en el lugar es tan calmado y

relajado que casi deseaba poder quedarme ahí varias horas sin moverme y

escuchando las hojas de los arboles al removerse por la brisa—. ¿Desde cuando
eres tan cercana a Andrew?

—Siempre me ha agradado, no es mala persona. A veces nos escribimos y


vamos a comer; por si no sabías, tengo más amigos con los que ir a comer

cuando tú me rechazas. Además, digamos que últimamente me agrada más por


ciertas razones. Cualquiera que ponga así sea un poco nerviosa a Katherine

Briden, tiene mi voto a favor.

Ruedo los ojos mientras mi teléfono vibra con la llegada de un nuevo mensaje.
Desbloqueo la pantalla y lo abro.

Xavier Higgons: Hola, ¿cómo amaneciste?

Katherine Briden: Hola, amanecí bien. ¿Qué hay de ti?

Xavier Higgons: Bien. ¿Quieres hacer algo hoy?

Katherine Briden: La verdad ya tengo planes con Claire. ¿Qué tenías en mente?

Xavier Higgons: Mis padres iban a hacer una parrillada y quería ver si te

gustaría venir. Pero como ya veo que tienes planes con Claire, entenderé que no

puedes abandonarlos.

Katherine Briden: Si, lo siento. Sabes que no podría negármele a las

hamburguesas de tu padre si tuviera tiempo de ir.

Xavier Higgons: No hay problema. Espero que la pasen bien.

Katherine Briden: Igual tú. Saludos a tus padres. La próxima vez te agradecería
me avisaras con tiempo. Aún me debes la famosa salsa de tu abuela.

Xavier Higgons: Prometido. Nos vemos luego.

Levanto la mirada al recibir el último mensaje y me encuentro con una brillante


mirada azul sobre mí. Me sobresalto un poco por la cercanía, lo que produce que
sonría divertido por haberme tomado por sorpresa.

— ¿Hace cuánto llegaste?— le doy un leve empujón para recuperar mi espacio


personal.
—Hace poco, en realidad— intercambia una mirada cómplice con la pelirroja—.
¿Listas para irnos?

Ambas asentimos y mientras que él toma la delantera con la otra mujer, me

mantengo varios pasos detrás mirando distraída a los alrededores. El lugar es

más hermoso entre más lo recorres.

— ¿De quién es este lugar?— la contraria sostiene el brazo del hombre con total
naturalidad mientras caminamos. Fuera lo que fuera lo que habían hablado

anoche, Luca y ella, se había convertido en una gran amiga de ambos. Si es que

no lo era desde hace mucho tiempo, por lo que me había contado.

—Es de los padres de Luca— Andrew responde con tranquilidad sin lucir nada

incomodo por su cercanía. Aunque después de todo, esta no es para nada

coqueta, más bien parecían familia—. Viven hace unos 20 años acá, desde que se

mudaron de España.

—Andrew, no bromees— Claire niega sin creerse una sola palabra—. ¿En serio
viven acá?

—Sus padres, sí. Luca no tiene mucho tiempo para estar en casa, así que solo se
queda mientras se encuentra en la ciudad. La verdad es que hace como dos años

no pasa mucho tiempo en los alrededores. Lleva años de un lado para otro con
una maleta donde lleva solo lo necesario—comenta a medida que recorremos el

terreno por un camino más estrecho, con algo de nostalgia en su voz—. Pero ya
está acá, y he podido recuperar a mi mejor amigo.
Eso explica el hecho de que no hubiera escuchado antes de él.

— Es sorprendente—la otra mujer admira el paisaje, antes de notar que sus


palabras pueden tomarse desde otro sentido—. Me refiero a la casa y el paisaje.

Andrew le responde con una sonrisa graciosa; y tampoco puedo evitar reírme un

poco de su aclaración.

—Los señores Sandino, ¿ellos saben que vinimos?— le hago el favor de desviar
la atención, para que tenga un momento para recuperarse—. No quiero ser

imprudente.

—Aunque lo estuvieran, no lo ser