LA PREDICACIÓN DE JESÚS
§ 1. LA PREDICACIÓN ESCATOLÓGICA
1. El concepto dominante de la predicación de Jesús es la idea de la realeza divina del «reino de Dios»
2. Podemos decir ciertamente que Jesús toma la imagen apocalíptica del futuro, pero reduciéndola fuertemente. Lo nuevo y
propio es, sin embargo, la seguridad con la que él dice: «¡Ahora ha llegado e! tiempo! El reino de Dios irrumpe. ¡Ha llegado el
final!».
3. Todo lo que el hombre puede hacer en relación con la irrupción del reino de Dios es mantenerse preparado o prepararse. Ahora
es el tiempo de la decisión y la llamada de Jesús es la llamada decisión.
§ 2. LA EXPLICACIÓN DE LA EXIGENCIA DE DIOS
1. La predicación de Jesús como interpretación de la voluntad, de la exigencia de Dios, es una gran protesta contra el legalismo
judío.
2. Sobre este trasfondo, la predicación que Jesús hace de la voluntad del Padre aparece como una gran protesta.
3. Partiendo de todo esto, ¿cómo hay que juzgar la postura de Jesús frente al AT? Sin que él discuta su autoridad, distingue
críticamente entre las exigencias del AT.
4. ¿Qué es lo positivo de la voluntad de Dios? La exigencia del amor.
5. Partiendo de aquí se hace inteligible la unidad de la predicación escatológica y moral de Jesús; o, como puede decirse: entre Jesús
como profeta que anuncia la irrupción del reino de Dios y como rabí que interpreta la ley de Dios.
6. Así la predicación de Jesús, a la vista de la constitución fáctica de los líderes del pueblo y de gran multitud del pueblo mismo, a la
vista de la paralización de la piedad en el ritualismo, a la vista de la insensatez y del amor al mundo y a sí mismo, se convierte en
una llamada de condena y de invitación a la penitencia.
§ 3. LA IDEA QUE JESÚS TIENE DE DIOS
1. Si entendemos la unidad de la predicación escatológica y moral de Jesús, hemos encontrado la respuesta a la pregunta acerca
del sentido auténtico del mensaje escatológico, es decir, a la pregunta respecto de la idea de Dios involucrada en dicha
predicación.
2. Dios es para Jesús el creador, en el sentido de la tradición veterotestamentaria, el que gobierna el mundo con su cuidado, el que
alimenta a los animales y ornamenta las flores, aquél sin cuya voluntad ningún retoño cae al suelo muerto, el que ha contado
todos los cabellos de nuestra cabeza (Mt 6, 25-34 par; 10, 29s par).
3. Jesús no habla, a diferencia de los antiguos profetas, de la revelación ?e Dios en la historia del pueblo y de los pueblos, y si alude
a Dios el juicio venidero, no piensa, como aquéllos, en las catástrofes de la historia del mundo como tampoco se realiza para él El
reino de Dios en la instauración de un poderoso y esplendente reino de Israel.
§ 4. LA CUESTIÓN DE LA AUTOCONCIENCIA MESIÁNICA DE JESÚS
1. La comunidad de los discípulos de Jesús ha compendiado sus pretensiones en el sentido de que por la postura ante él se decide
el destino, diciendo que ella ve en él al mesías esperado, o, lo que es igual, que lo esperaba como el venidero «hijo del hombre».
2. ¿Ha remodelado Jesús el concepto de mesías tradicional, como suele decirse a menudo? ¿Lo ha espiritualizado en el sentido de
que él ejerció su oficio soberano mediante su palabra? Esto podría enseñarlo únicamente la tradición. Pero ¿dónde lo dice?
¿Dónde se encuentran palabras polémicas de Jesús contra el concepto corriente de mesías? Se encuentra tan poco como la escasa
o nula crítica a la concepción judía del reino de Dios.
3. Si no podemos hablar de una reinterpretación y «espiritualización » del concepto «mesías» como equivalente a rey del tiempo
de la salvación, nos queda únicamente la información con frecuencia mencionada de que Jesús era consciente de que estaba
destinado a ser el futuro mesías; su idea mesiánica habría sido «futurista».
1
4 Pronto no pudo concebirse, al menos en los círculos del cristianismo helenístico en los que los sinópticos se configuraron que la
vida de Jesús no fuera mesiánica.
EL KERIGMA DE LA COMUNIDAD PRIMITIVA
Prenotando
Teniendo en cuenta que Hechos ofrece un cuadro incompleto, y coloreado por la leyenda de la comunidad primitiva, podemos
trazar un cuadro histórico, en la medida de lo posible, únicamente por el camino de la reconstrucción. Como fuentes Sirven:
1. La tradición empleada por el autor de Hechos en la medida en que podemos fijarla por medio de un análisis de los Hechos.
2. Indicaciones que encontramos en las cartas paulinas.
3. La tradición sinóptica; ésta fue en primer lugar recogida en la primitiva comunidad y naturalmente también seleccionada, y en
parte configurada, de manera que deberán hacerse patentes en ella los motivos que tuvieron actualidad dentro de la primitiva
comunidad.
§ 5. EL PROBLEMA DE LAS RELACIONES ENTRE LA PREDICACIÓN DE LA COMUNIDAD PRIMITIVA Y LA DE JESÚS
1. La comunidad primitiva, como la tradición sinóptica lo demuestra, recibió primero la predicación de Jesús y luego llevó ella
adelante esa predicación. Y en la medida en que ella ha hecho esto, Jesús es para ella el maestro y el profeta. Pero él es para ella
más: él es, al mismo tiempo, el Mesías; y de esta manera ella le anuncia y esto es lo decisivo al mismo tiempo. El portador antes del
mensaje, entra ahora a formar parte del mismo mensaje, es su contenido esencial; de anunciador se ha convertido en anunciado.
Pero, ¿en qué sentido? ¡Esta es la pregunta decisiva!
Es claro en primer lugar que cuando se anuncia a Jesús como mesías, se le anuncia como el mesías que ha de venir; es decir, como
el hijo del hombre. No se espera su retorno como mesías, sino su venida como mesías. Ello quiere decir que para la comunidad
primitiva la actividad que él ha desarrollado sobre la tierra no es considerada como actuación mesiánica (cf. § 4, 3 y 4).
Pero esto significa que el anuncio que se hace de Jesús como mesías (o hijo del hombre) se mantiene absolutamente dentro de los
límites de la esperanza judía escatológica. Cuando Dios resucita a Jesús de Nazaret, al maestro y profeta a quien los romanos han
crucificado, y lo hace mesías, cuando lo exalta a hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo para celebrar juicio y traer la
salvación del reino de Dios, se delinea con precisión el mito indeterminado de la figura del mesías y se convierte en algo concreto;
el mito ha sido transportado a un hombre históricamente concreto. La consecuencia será que la fuerza de la seguridad ha crecido
inconmensurablemente. Pero con ello, ni se ha configurado de nuevo desde sus cimientos el cuadro del futuro, ni ha sido
entendida de forma nueva la relación con Dios; porque ésta no está fundada todavía por la relación a la persona de Jesús, sino que
media en un sentido externo si Jesús no es nada más que el juez y portador de salvación esperado por el judaísmo. Sería
únicamente, por decirlo de alguna manera, el garante de que en un futuro se cumplirán todos los deseos soñados.
2. A los sueños de deseos se les puso una barrera en cuanto que Jesús había sido el anunciador de la radical exigencia de Dios y
permaneció como tal en la predicación de la comunidad. Para el cómo de su mesianidad no podía ser indiferente que quien es el
mesías interprete al mismo tiempo, como profeta y maestro, la voluntad de Dios con provocante claridad. Y en la medida en que el
anuncio de la salvación puede llamarse evangelio sucede de hecho que el profeta y maestro es al mismo tiempo, mesías-
fundamenta la supremacía del evangelio sobre la ley; esto se reconocerá poco a poco cada vez con mayor claridad. Pero la
mesianidad de Jesús no queda fundamentada por el hecho de que él sea profeta y maestro. Porque aunque su predicación, con
todo su radicalismo, apunte tantísimo contra el legalismo judío, su contenido no es otra cosa sino auténtica fe en el Dios del
judaísmo veterotestarnentario, radicalizada en el sentido de la predicación de los grandes profetas. Y aunque llegue a la
individualización de la relación con Dios colocando inmediatamente ante Dios no al pueblo, sino al individuo y viendo la salvación
escatológica no en el futuro del pueblo, sino en el reino de Dios, todavía no encontramos en ella otra cosa sino la realización de las
tendencias que comporta la predicación de los grandes profetas. Por más radicalmente que hayan sido concebidos los conceptos
«Dios», «mundo», «ley», «gracia», «penitencia» y «perdón» no representan nada nuevo en la predicación de Jesús frente al AT y al
judaísmo. Y su interpretación crítica de la ley se encuentra Igualmente, a pesar de todo su radicalismo, dentro de la discusión de
los escribas, así como su predicación escatológica dentro de la apocalíptica judía. Únicamente así hay que entender el que en Pablo
y Juan la enseñanza del Jesús histórico no juegue ningún papel, o casi ninguno, mientras, por otra parte, el judaísmo moderno
puede honrar sin reparos a Jesús como maestro 1.
2
3. La significación mesiánica que Jesús tiene para la comunidad primitiva no se basa tampoco en que él sea entendido como
personalidad que aparece detrás de su doctrina con una fuerza impresionante, ni en el hecho de que la piedad, la obediencia que
él exige, estén vivientes en él de tal manera que Induzca fascinando a su «seguimiento» a aquellos que están abiertos a su acción.
En este sentido, la comunidad primitiva se encuentra lejos de concebir su ir a la cruz como la acción de aquel que se entrega
heroicamente a causa de ella. La comunidad no mira el poder de su personalidad, por fantástico y grande que haya sido, tampoco
el secreto de su ser, en el que habría vivido la figura «numinosa». Aunque él haya actuado como obrador de milagros, como
exorcista, impresionando, como «numinoso», las frases que dicen o aluden a tales aspectos pertenecen a la redacción de los
evangelistas y no son tradición antigua:
En el kerigma de la comunidad no juega todo esto papel alguno. Ella anunció a Jesús como al profeta y maestro y, además, como al
hijo del hombre que vendría; pero no como al «hombre divino» (θεῖος ἀνήρ) del mundo helenístico, el cual era, ciertamente, una
figura numinosa. Tan sólo cuando creció la leyenda sobre el suelo helenístico fue equiparado Jesús con el «hombre divino».
El mundo judío veterotestamentario ni conoce héroes en el sentido del mundo griego, ni homines religiosi en el sentido del
helenismo. Así, lo mismo para el kerigma de Pablo como para el de Juan, como en general para el NT, la personalidad de Jesús no
tiene significación alguna. Es cierto que la tradición de la comunidad primitiva no ha conservado ni siquiera de manera
inconsciente una imagen de su personalidad; cada intento de reconstruirla queda en un juego de fantasía subjetiva.
1
. Cf. G. Lindeskog, Die jesusfrage im neuzeitlichen judentum, 1938; M. Buber, Zwei Glaubensweisen, 1950.
4. Se sobreentiende de por sí que la comunidad primitiva no ha reflexionado sobre la individualidad de la posición histórica y
actuación de aquél cuya venida como «hijo del hombre» pondrá fin a toda la historia del mundo. Tampoco se fundamenta la fe de
la comunidad en él como mesías en que ella entienda su aparición histórica en el sentido en que el AT y el judaísmo hablan de las
personas y de los acontecimientos históricos como de acciones graciosas de Dios. Se entiende su aparición y actuación no como un
acontecimiento decisivo para la historia de Israel, a diferencia de lo que sucedió con la llamada a Moisés, la salida de Egipto y la
entrega de la ley en el Sinaí o como la aparición de reyes y profetas. .
Podría parecer que hay puntos de contacto cuando, en el sentido de la dogmática judía acerca del mesías, se pone en paralelo al
mesías Jesús y al «primer salvador» Moisés (Jn 6:31 s .49 s; Hch 3:22) o cuando se compara la situación de la comunidad cristiana
con la de Israel cuando se encontraba en el desierto (1 Co 10, 1-11; He 3, 7-11) o cuando el mesías hijo del hombre es considerado
como davídico. Pero si dejamos aparte las últimas ideas, se trata de reflexiones teológicas que difícilmente pueden ser atribuidas a
la comunidad primitiva y en cualquier caso han sido testimoniadas posteriormente.
Pero, sobre todo, no se trata de poner en paralelo personas y acontecimientos históricos; se trata, más bien, de interpretar la
historia veterotestamentaria como un esbozo del acontecimiento del tiempo escatológico.
Aquellas personas y acontecimientos reciben su significación de su actuación sobre la historia popular, y tienen sentido como
actos de revelación o de gracia para el individuo gracias a su pertenencia histórica al pueblo. Dios ha hecho con cada uno lo que
hizo con los padres, lo que realizó con el pueblo como un todo, tal como se dice expresamente, por ejemplo, en la liturgia de la
pascua.
Respecto de Jesús nunca se habla ni en la comunidad primitiva ni en el NT como de una acción de Dios por medio de la cual, como
por medio de Abrahán, Moisés o David, ha agraciado al pueblo. ¡Naturalmente! Porque la significación de Jesús como mesías hijo
del hombre descansa no en lo que él ha hecho en el pasado, sino en lo que se espera de él para el futuro. Como esta esperanza se
realizará por medio del drama final escatológico, este acontecimiento no será nunca un pasado al que se mirará en retrospectiva
agradecida y con confianza creadora, como sucede con el paso del mar Rojo, sino que será la última acción de Dios por medio de la
cual pone él fin a la historia.
5. Es claro que para Pablo, y de manera más radical aún para Juan, Jesús, y en concreto su venida, su cruz y su resurrección o
exaltación, tienen el sentido de acontecimiento escatológico. ¿Cómo están las cosas respecto de la comunidad primitiva, para la
que en el sentido de la mesianidad es ciertamente escatológico, pero la mesianidad es algo que comienza a existir en el futuro? Si
la significación que Jesús tiene para la comunidad primitiva se agotase en que ella lo espera como al hijo del hombre que ha de
venir, entonces sería él una secta judía y no podríamos designarla como comunidad cristiana. Ni siquiera aun teniendo en
consideración que ella anuncia al crucificado como resucitado. Porque, al menos en la medida en que la resurrección no tiene otro
sentido que el ser la prueba para la exaltación del crucificado a «hijo del hombre», no ha sido entendida aún como un
acontecimiento que hace saltar en pedazos la escatología judía. Y que la comunidad primitiva estuvo en peligro de permanecer
secta judía lo demuestra la lucha de Pablo contra la manera de entender que ella tenía de la situación creada por la venida, muerte
y resurrección de Jesús. Sin embargo, si es verdad que la comunidad primitiva ha desarrollado explícitamente poco una inteligencia
de la persona e historia de Jesús como el acontecimiento escatológico en el sentido de Pablo, por contrapartida lo ha entendido
implícitamente y en gran medida en ese sentido cuando se ha entendido ella a si misma como la comunidad escatológica.
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