AMERICA LATINA.
LOS NOMBRES DEL NUEVO MUNDO
El 25 de abril de 1507, en Gymnasium Vosagense, (en la abadía de Saint Dié) está
fechado un mapa en el que por primera vez aparece el nombre de "América". El
bautismo de esta parte del mundo y su individuación no fue tarea de marinos,
navegantes o aventureros, sino de unos monjes.
El Gymnasium Vosagense era un
centro erudito donde filósofos, cosmógrafos y cartógrafos, bajo el mecenazgo del
duque de Lorena, se entregaban al estudio y la recuperación de los clásicos.
Américo Vespucio había colocado "Mundus Novus", los monjes, fascinados por el
descubrimiento, pusieron "América", de Amerigie (tierra de Américo), y el femenino era
para hacer corresponder esa "cuarta parte" con un nombre de mujer, como Europa,
Asia y África.
“MUNDUS NOVUS”
América fue incómoda desde el principio: no entraba en el mapa. Esa "cuarta parte"
puso en cuestión toda una cosmovisión, abrió la grieta para repensar el cosmos, el
geocentrismo, las autoridades. La "modernidad" y "occidente" aparecían en el
horizonte.
Del lado "de acá", antes de la llegada de los conquistadores, tampoco había un
nombre, un colectivo. El concepto "indio" (resultado del equívoco inicial) no es una
denominación geográfica, ni étnica, ni clasista. Es la denominación del vencido. Tras
ese "genérico" se borraron las múltiples identidades originarias.
NUESTRA AMÉRICA
DE MIRANDA A BOLÍVAR
Hacia fines del siglo XVIII, Miranda instala la frase "Nuestra América", y comienza a ser
registrada como totalidad. Se marca una precaria pero efectiva frontera respecto de
la "madre patria", primer paso de identidad que es continentalidad, sobre todo por la
filiación de las colonias en relación con la metrópoli. El "nuestra" excluye desde los
orígenes a los Estados Unidos; sin embargo, doctrina Monroe mediante, son ellos
quienes terminaron por apropiarse del gentilicio.
El posesivo "nuestra" recortó una pertenencia étnico-social cruzada por la condición de
"criollo", "blanco", mayoritariamente "propietario" y −sobre todo− "hispanohablante". En
ese sentido, la comunidad lingüística fue una cualidad relevante en el camino hacia la
definición identitaria. El idioma español fue, quizás, uno de los pocos aspectos
apropiados como herencia legítima y valiosa de la colonización ibérica.
No habría que olvidar el carácter de elite de los sectores que se apropian del sintagma
"Nuestra América". Si el cura Hidalgo, en México, habla en la mayoría de los casos de
"americanos", lo que pierde en fuerza enunciativa lo gana en profundidad social. Esta
no es, sin embargo, la orientación dominante del movimiento emancipador.
Para Bolívar, el "nosotros" del "Nuestra América" se define por dos negativas: "no somos
europeos, no somos indios, sino una especie intermedia entre los aborígenes y los
españoles". Por su parte, acentúa la continentalidad de la empresa emancipadora y
es quien propone un programa político que involucra a las ex colonias en una unidad
totalizante aun en los momentos más álgidos y deprimentes de la guerra contra España.
AMÉRICA ¿LATINA?
En el contexto de la política expansionista del Segundo Imperio de Napoleón III, en la
década de 1860, se propaga el nombre "América Latina", aunque la expresión había
sido utilizada con anterioridad.
El panlatinismo supone una comunidad de orígenes anclados en la tradición cultural y
lingüística del Imperio Romano de Occidente y de la religión católica. La oposición
entre la tradición sajona y la latina se orienta a legitimar la ideología de expansión y
dominio del panlatinismo.
El arraigo del latinismo podría guardar relación con el espíritu antiespañol de la época
(revitalizado en ese momento por la invasión española en Perú y la presión sobre el
Caribe). La pertenencia a lo "latino", entonces, esfuma la herencia española y su
tradición al tiempo que ofrece una referencia ideológico-política en correspondencia
con el modelo hegemónico (sobre todo en el ámbito de la cultura, los usos, las modas
y −con atenuantes− la ideología) de las oligarquías forjadoras de los nacientes Estados,
dominantemente "afrancesadas".
El término acabó por perder el significado panlatinista de sus orígenes. La expresión
"América Latina" sobrevivió al fracaso de la expedición francesa y, si originalmente
nació como forma de identidad antisajona, los mismos Estados Unidos terminan
aceptando el vocablo.
"NUESTRA AMÉRICA" DE MARTÍ
Las revoluciones de la independencia comienzan y terminan en el Caribe, y media
entre ellas alrededor de un siglo.
La consigna "libertad, igualdad y fraternidad" no sonó igual a ambos lados del
Atlántico. Si bien la modernidad creó al ciudadano francés, también es cierto que la
mera territorialidad no fue suficiente para alcanzar las igualdades de la Declaración de
los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
"Nuestra América" de José Martí plantea el problema de la independencia ampliando
el posesivo e interpelando a más de una "metrópoli". Negros, mestizos, mulatos −en
síntesis, "los pobres de la Tierra"− son incorporados como actores y protagonistas.
Martí se opuso al proteccionismo estadounidense y a la moneda única prohijada por
los Estados Unidos, y abogó por la libertad de comercio y la multilateralidad para los
países americanos
En 1891 apareció "Nuestra América", escrito programático del latinoamericanismo, en
el que traza un gran arco que es a la vez continuidad y ruptura respecto del
pensamiento de la emancipación. Martí apela a la tradición continentalista
bolivariana. Enhebra la causa de la Independencia en Cuba y Puerto Rico a los destinos
de América Latina frente a esa otra dependencia que él advierte fatal. Para Martí, en
esa ruptura se juega mucho más que la ya anacrónica relación colonial con España;
erige esa causa en una causa latinoamericana y, más aún, en una causa para la
humanidad.
PANAMÉRICA
Hacia fines del siglo XIX, los Estados Unidos de América concluyeron su política
aislacionista y diseñaron una estrategia diplomática para el "resto de América". La
ideología del "destino manifiesto" divulga la convicción de que hay naciones que
poseen una misión histórica para las cuales la expansión no sólo es natural e irresistible,
sino también deseable y "legítima".
Si el "panlatinismo" expresa la oposición sajón-latino, el panamericanismo instala la
oposición "América" ("Pan-América") / Europa, bajo la hegemonía de los Estados
Unidos. Si la primera oposición esgrime la unidad en función de una tradición cultural
común, el panamericanismo se basa en un criterio geográfico, de pertenencia
hemisférica, al que se suman razones de índole estratégica con componentes
"novomundistas" que no dejan de esconder la unilateralidad de la convocatoria y sus
objetivos más precisos.
Esta definición cuantitativa deja ver la estrategia de "solidaridad y cooperación" que
animaba el accionar del Departamento de Estado.
Todas las reuniones evidencian una profunda desconfianza hacia el país del norte. El
mismo Roosevelt denominó como del "gran garrote" la política exterior estadounidense
para la región.
“NUESTRA AMÉRICA”
BAJO EL MICROSCOPIO POSITIVISTA
La ensayística latinoamericana de la primera década del siglo XX se caracterizó por la
interpretación orgánico-biologista y la naturalización de los fenómenos sociales. La
sociedad era conceptualizada como un organismo. El dato fatal para definir ese
organismo era la constelación racial de esa sociedad (complementada con la
influencia del medio físico).
El tejido de la nación bajo el microscopio de estos intelectuales se explica bajo
funcionalistas criterios de corrupción, degeneración y selección. Se trata, entonces, de
detectar la "enfermedad" para obrar en consecuencia.
Los intelectuales positivistas tenían un particular interés en adjudicar a la composición
racial de las sociedades latinoamericanas los frenos al desarrollo. Uno de los motivos
que seduce a los raciólogos es que, en parte, la explicación racial, por biológica y
determinista, exime a los "no aptos" de las responsabilidades de la conducción.
Cuál es, entonces, el "alma nacional" es la primera pregunta metodológica para
plantear un orden político acorde con ella. Así se filia la "genética social" con el tema
de la identidad y éste con el orden político.
Siguiendo estos rumbos, para Bunge, los castellanos son "arrogantes" e "innatamente"
superiores; los indios, "pasivos" y "fatalistas"; los mulatos, "impulsivos" y "falsos";
los mestizos, "rapaces", etc. En el carácter "híbrido" de estos últimos Bunge cree ver la
causa de los retrasos y los males del continente. La "hibridez" de mestizos y mulatos
deviene esterilidad no sólo biológica, sino y sobre todo psíquica y moral, ya que estos
"son como las dos cabezas de una hidra fabulosa que rodea, aprieta y estrangula, entre
su espiral gigantesca, una hermosa y pálida virgen: Hispano-América!".
ubrayar de estos análisis es, por un lado, el éxito de divulgación de estas ideas que se
dirigieron a sustentar la legalidad de las dominaciones oligárquico-tradicionales en
términos "científicos". Por otra parte, es posible filiar estos diagnósticos "clínicos" con su
contracara: las soluciones "quirúrgicas" que suponen, habida cuenta del carácter
irreversible que tiene una "carga genética" inmodificable histórica o socialmente. Así,
estas metáforas biologistas se resolvieron sin poesía desde el poder, mediante el
exterminio, la explotación y la exclusión, en síntesis, por medio de la privación de los
más elementales derechos humanos, civiles y políticos para la gran mayoría de la
población durante gran parte de la historia de América Latina.
NOVOMUNDISMO E INDOAMÉRICA
La Primera Guerra Mundial marcó una gran crisis de los valores rectores del "largo siglo
XIX"
Las ideas de modernidad, civilización, racionalismo, liberalismo y progreso fueron
cuestionadas. Una "nueva generación" de pensadores latinoamericanos planteó una
profunda revisión de los valores precedentes.
Antiimperialismo, indoamericanismo, reformismo, revolución, socialismo y problema
nacional fueron tópicos frecuentados por el criticismo juvenil de los años veinte, como
fórmulas de reemplazo del orden anterior.
para la nueva generación, las naciones provenían del desgarro de cierta unidad
original, a la que era posible retornar. Proponían retomar esos ideales de unidad
regional para salvar ese "desvío" histórico, tanto más cuanto que los peligros que
acechaban a América Latina y la "crisis" de los paradigmas clásicos imponían el
imperativo de la unidad.
Representativa de esta pretensión por analizar y definir este "continente" es,
precisamente, la polémica acerca de las maneras de denominarlo: "Latinoamérica",
"Iberoamérica", "Hispanoamérica", "Indoamérica", "Los Estados Des-Unidos del Sur", o
bien, "Interamericanismo", "Panamericanismo", "Wilsonismo", son expresiones que
denotan y connotan diferentes formas de apropiación conceptual, ideológica, política
que los intelectuales se veían en la obligación de precisar.
Los términos América Latina, Latinoamérica, latinoamericanismo, corresponden a la
república y al siglo XIX, "son más amplios y modernos, ya que abarcan lo español, lo
portugués sin excluir lo africano, por la incorporación de Haití que habla francés, a
nuestra gran familia continental". Sucede a este nombre, cronológicamente, el
panamericanismo, que "es la expresión imperialista yanqui".
Para Haya de la Torre, Indoamérica era el más representativo de la "nueva generación",
ya que "comprende la prehistoria, lo indio, lo ibérico, lo latino y lo negro, lo mestizo y lo
cósmico −digamos, recordando a Vasconcelos− manteniendo su vigencia frente al
porvenir".
DE NOMBRES Y SIGNIFICADOS
Cuarenta y seis países, territorios dependientes y departamentos de ultramar
componen esta parte del mundo que oficialmente se denomina América Latina y el
Caribe. Es la región que más nombre por sumatoria posee. El agregado "y el Caribe"
fue para incorporar aquellas áreas de lenguas y tradiciones no latinas.
El nombre "América Latina y el Caribe" fue −entonces− producto de varios agregados
algo aleatorios: el invento de modernos monjes "francoalemanes" que no conocieron
la empresa de Colón, una latinidad heredera de Napoleón III y de genealogías
románicas, y un nombre geográfico (paradójicamente indígena, "caribe") para
incorporar sociedades sajonas.
Si la yuxtaposición de bautismos es un bricolaje complejo y curioso, más lo son las
ausencias.