Régimen Patrimonial del Matrimonio
Régimen Patrimonial del Matrimonio
Comercial
Por Eduardo G. Roveda (*)
I. Introducción
Uno de los aspectos destacados del Código Civil y Comercial de la Nación —C.C.C.N.— es haber
abandonado el régimen imperativo y forzoso y cambiarlo por uno convencional donde los esposos
pueden optar.
Desde hace más de treinta años la mayoría de la doctrina se ha manifestado a favor de esta incor-
poración haciendo hincapié en la necesidad de renovar el régimen económico matrimonial que ha
permanecido casi inalterado desde la redacción del Código (1).
Por otra parte, las sucesivas reformas parciales que el régimen sufrió han determinado una gran
dificultad para su estudio, ello en virtud de que se modificaron aspectos sustanciales relativos el
régimen (capacidad civil de la mujer casada, gestión y pasivo), sin producir una reforma integral del
articulado, lo cual lleva a enormes dificultades para la interpretación del verdadero sentido de las
normas no derogadas.
En el presente trabajo intentaré recorrer el régimen. Para hacerlo analizaré sus características dis-
tintivas, el debate sobre las convenciones matrimoniales, las normas aplicables a los dos regímenes,
las principales reformas en materia de comunidad y el nuevo régimen de separación.
II. Características del régimen
El Código Civil y Comercial abandona el régimen imperativo al permitir que los cónyuges opten por
uno de los dos regímenes regulados. En rigor de verdad, tal como ha sido previsto, la opción se reduce
al régimen de separación de bienes (artículo 446), ya que a falta de ella se aplica supletoriamente el
régimen de comunidad, es de suponer que quienes no elijan la separación de bienes no expresen nada
y como consecuencia se les aplique el supletorio a falta de opción (artículo 463).
Los cónyuges pueden cambiar de régimen cuantas veces quieran, siempre y cuando haya pasado
un año desde la última modificación (artículo 449). Se establece además un conjunto de normas que
resultan aplicables a ambos regímenes. En ellas se regula sobre la protección del hogar conyugal y su
ajuar, el deber de contribución en las cargas del matrimonio y la responsabilidad solidaria frente a los
acreedores de cualquiera de los cónyuges por deudas contraídas para sostener los gastos ordinarios
del hogar, el sostenimiento y educación de los hijos.
(*) Prof. Titular Interino de Derecho Civil V y Prof. Adjunto Ordinario en Derecho Civil V, Facultad de Ciencias Jurídicas
y Sociales, UNLP.
(1) Ver Libro de Ponencias de la Comisión III del X Congreso Internacional de Derecho de Familia celebrado en Men-
doza en 1998.
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confusión jurídica en la relación y responsabilidad de los cónyuges frente a sus acreedores y contratan-
tes, sobre todo si éstos corresponden a diversos períodos de sus cambiantes regímenes patrimoniales.
IV. El debate en la doctrina contemporánea y la tendencia hacia la autonomía
En las últimas dos décadas, el debate sobre las ventajas e inconvenientes de mantener la imperati-
vidad o de admitir las convenciones se convirtió en un clásico en los congresos y jornadas de derecho
civil realizados en nuestro país. En diversos encuentros donde se discutió el tema, como el Congreso
Hispano-Americano de Derecho de Familia, realizado en Salta en 1983; en las XI Jornadas Nacionales
de Derecho Civil (Buenos Aires, 1987); en las II Jornadas Nacionales de Profesores de Derecho (Buenos
Aires, 1992) y el X Congreso Internacional de Derecho de Familia (Mendoza, 1998), ha predominado
el criterio favorable a la admisión de regímenes convencionales.
En particular, en el X Congreso Internacional de Derecho de Familia (Mendoza, 20 al 24 de septiem-
bre de 1998), la Comisión 3 dedicó un espacio importante a la cuestión. Las recomendaciones de la
mayoría fueron las siguientes:
“1. El principio de la autonomía de la voluntad, que se manifiesta en todo el campo del derecho,
debe ser también admitido dentro del régimen patrimonial del matrimonio, y los cónyuges deben
tener cierta libertad para pactar el régimen patrimonial de su matrimonio. 2. El legislador deberá
determinar si esa opción es libre o si sólo se puede optar entre regímenes patrimoniales previamente
establecidos. A falta de opción regirá supletoriamente el régimen de comunidad de bienes, o el que
prevea la ley (...) 7. La opción por el régimen patrimonial convencional debe poder efectuarse en el
acto de la celebración del matrimonio, antes del mismo o durante su vigencia. 8. Las convenciones
sobre el régimen de bienes en el matrimonio deben ser formales y satisfacer las exigencias del régimen
publicitario registral para la protección de terceros”.
En el derecho comparado predomina también la aceptación de las convenciones, con diversas va-
riantes en cuanto al régimen legal básico, a las opciones admitidas, y a su mutabilidad.
La Convención de La Haya de 1978 sobre regímenes matrimoniales, suscripta por algunos países
europeos, sienta igualmente el principio de autonomía de la voluntad de los cónyuges en esta materia.
Se señala que el régimen imperativo de comunidad se relacionaba con una estructura económica
y social de la familia (la mujer reservada a la vida doméstica y a la crianza de los hijos) que ha cam-
biado sustancialmente, pues ahora hombre y mujer comparten el mercado de trabajo y desarrollan
actividades económicas productivas en un pie de igualdad; que el pluralismo social aconseja no im-
poner un modelo único y permitir que los directamente interesados elijan el que más se ajusta a sus
circunstancias; que la igualdad entre los cónyuges implicare conocerles la libertad para acordar sus
propias reglas patrimoniales; que la evolución del derecho de familia le concede un lugar cada vez
más amplio a la autonomía de la voluntad; que la vigencia del divorcio genera segundos matrimonios
donde los contrayentes frecuentemente no quieren verse nuevamente atados por las complicaciones
del régimen patrimonial comunitario; y que la circunstancia de que una eventual mayoría prefiera
para sí el régimen de comunidad no justifica imponer esas reglas a la minoría.
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Se reconoce el peso de todos los argumentos expuestos, la autoridad de quienes los sostienen, y el
claro predominio en el derecho comparado, de los sistemas convencionales.
A pesar de todo ello, entiendo que la reforma propuesta puede ser perjudicial y puede acarrear más
inconvenientes que beneficios.
Una de las razones que, históricamente, sustentaba la justicia del régimen imperativo de comunidad
era proteger los derechos de la mujer-ama de casa, colocada en una situación de inferioridad econó-
mica y jurídica respecto del marido.
Quienes argumentan a favor de la admisión de las convenciones matrimoniales, sostienen que dicha
igualdad también existe en el plano económico y social, y que ya no se justificaría tomar en cuenta
como situación predominante al esquema “marido proveedor-mujer ama de casa”.
Con razón, Borda (1993) observa el carácter ficticio del argumento que vincula la convencionalidad
con la “igualdad jurídica de los cónyuges”, señalando que éste no tiene sustento en nuestra realidad
social.
Conforme datos de la Encuesta de Hogares del INDEC, en el área metropolitana de Buenos Aires,
en 1997, un 47,6% de los hogares se sostenían sobre un único proveedor varón, quedando la mujer en
las tareas del hogar; un 40,2% eran sostenidos por los dos integrantes de la pareja, y un 3,2% exclusiva-
mente por la mujer. Sin embargo, como se verá, aun en aquellos hogares con doble fuente de ingreso,
las posibilidades de las mujeres son marcadamente inferiores.
Según el INDEC, en la misma zona y año, sobre una población ocupada de 4. 510.867 personas, 2.
799.989 eran hombres (62%) y 1.715.878 mujeres (38%). Dentro de los que se hallaban empleados, un
hombre con grado universitario ganaba, en promedio, un 47% más delo que ganaba una mujer de su
mismo nivel profesional. Las diferencias del promedio de ingreso, siempre a favor del hombre, eran
en el sector industria, del 32,5%; en el comercio, del 33,3%, y en las finanzas, del 19,7%. En el interior
del país las brechas resultantes del esquema social tradicional se agrandaban.
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En segundo lugar, aquellas que quieren trabajar tienen más dificultades que los varones a la hora
de encontrar empleo. Por último, cuando las mujeres encuentran trabajo reciben menores salarios y
beneficios que los del sexo opuesto en posiciones similares (3).
Señalan Fleitas Ortiz De Rozas y Roveda (2012) que un estudio de la consultora FIEL del año 2006
indica que sólo el11% de los cargos directivos en empresas de primera línea son ocupados por mujeres.
Frente a la realidad social indicada, el régimen de comunidad de ganancias parece el más adecuado
para asegurar, dentro de la comunidad de vida y de intereses que es el matrimonio, una justa conside-
ración del esfuerzo y de las tareas poco o nada remuneradas de las mujeres. En cambio, la aplicación
de un régimen de separación de bienes a la realidad social indicada podría significar, al momento de
su conclusión por divorcio, separación o muerte, una situación de verdadero despojo y desamparo
para las esposas. Y esto poco tiene que ver con proteger los “derechos de las minorías”, como se ha
argumentado para defender la reforma. Parece, más bien, una regresión a los principios más crudos
del capitalismo individualista del siglo XIX, que siempre legitimó los beneficios de los más poderosos
con el disfraz del “respeto a la libertad”.
V. Convenciones matrimoniales
Como he adelantado, el Proyecto modifica una de las características de nuestro régimen de bienes
al admitir la opción entre dos regímenes.
El artículo 446 del ordenamiento proyectado reproduce en parte el actual artículo 1217 del Código
Civil y agrega dos disposiciones. En primer lugar, admite la denominada convención de inventario y
agrega como inc. b) la posibilidad de inventariar también las deudas que cada uno de los cónyuges
posea antes del inicio de la unión. El inc. c) regula las donaciones propter nuptias.
El último inciso regula la opción. Allí se establece que antes del matrimonio los cónyuges pueden
optar por alguno de los regímenes previstos en el Proyecto. En rigor de verdad, la única opción es el
régimen de separación de bienes, ya que en el artículo 463 el régimen de comunidad es supletorio
cuando no se hace uso de la facultad de optar.
En cuanto a la forma de las convenciones, éstas deben ser realizadas en escritura pública. Lamenta-
blemente no se ha previsto la posibilidad de realizarlas en instrumento privado sujeto a homologación
judicial, que hubiere resultado una opción más económica para los futuros contrayentes (4).
La validez de las convenciones se encuentra condicionada a la celebración del matrimonio. En
cuanto a su oponibilidad a terceros, se establece la obligatoriedad de registrar esa convención como
anotación marginal en el acta matrimonial.
Los menores de edad que contrajeren matrimonio mediante dispensa judicial o autorización de sus
padres (artículo 404) no pueden celebrar convenciones matrimoniales.
Se prevé además la posibilidad de modificar la opción ejercida luego de un año de vigencia, no existe
ningún límite en el número de veces que el régimen puede ser modificado. Entiendo disvaliosa esta
posibilidad de tener al régimen de bienes del matrimonio en constante modificación por encontrar
disfuncional a la vida marital. Para quela modificación tenga efectos frente a terceros también debe
anotarse marginalmente en el acta matrimonial. Los acreedores pueden solicitar que la modificación
del régimen les sea inoponible si ello les acarrea perjuicios. La acción para reclamarla prescribe al año
de haber conocido el cambio de régimen. La norma será aplicable exclusivamente a los acreedores de
los cónyuges bajo el régimen de comunidad que cambian al de separación y exclusivamente para las
deudas reguladas en el artículo 467 (conservación y reparación de los bienes comunes), ya que éste
es el único caso donde el perjuicio puede eventualmente producirse.
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No se entiende, sin embargo, el agregado de deudas contraídas por uno de los cónyuges con el asen-
timiento del otro, ya que el hecho de estar casado no impide obligarse y el acreedor no puede exigir ese
asentimiento. En esos casos los acreedores seguramente preferirán tener dos deudores.
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(5) Guastavino, Elías P., “Los derechos intelectuales y la comunidad de bienes en el matrimonio”, ED 21-430; Medina,
Graciela, “Derecho de autor y régimen patrimonial del matrimonio”, LL 1998-E-1022.
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sin dudase encuentra presente el talento creador del abogado o ingeniero. ¿Porqué en estos casos nadie
duda del carácter ganancial de los honorarios percibidos? Estos autores proponen que, a la liquida-
ción, la obra sea incluida íntegramente en la hijuela de su autor y se compense su valor en la hijuela
del otro cónyuge. Ésta es la solución que adopta el Código Civil y Comercial mediante el instituto de
la atribución preferencial (artículo 499).
Fassi y Bossert (1977) en perspectiva opuesta, han sostenido que el derecho de autor supone un
monopolio de explotación que otorga al titular un poder soberano sobre su obra, lo que no permite
considerarla como ganancial. La obra tiene un contenido extrapatrimonial que pertenece en exclusi-
vidad a su autor. Así, será exclusivamente él quien decida su publicación o no, su forma, título y hasta
retirarla de la circulación. Compartimos esta posición en razón de la naturaleza personalísima del
acto de creación que configura el derecho del autor o inventor, donde el elemento decisivo para su
reconocimiento es la originalidad, lo cual justifica su carácter de bien propio.
El Proyecto establece que el derecho moral del autor (derecho a la integridad de la obra entre otros)
es propio del su autor o inventor.
Siguiendo con cuestiones relativas a la calificación se incorpora expresamente en el articulado la
denominada “teoría de conservación del plantel”, donde las crías que nacen cuando se trate de ganado
propio sólo adquieren carácter ganancial cuando exceden el plantel originario. A idéntica solución se
llegaba aplicando analógicamente el artículo 2902 del Código Civil.
Una novedad en este sentido es la admisión de recompensas cuando el ganado hubiere mejorado
en la calidad de su composición por aplicación de técnicas genéticas. La solución es justa, ya que la
mejora del plantel en su calidad genera un mayor valor que se obtiene con la inversión de fondos de
carácter ganancial.
Otra de las corrientes jurisprudenciales predominantes que se incorporan al articulado es la deno-
minada “calificación única”. Así se establece expresamente la solución del plenario “Sanz”, donde la
adquisición sucesiva con fondos gananciales de un bien cuya primigenia parte indivisa fue adquirida
con fondos propios se considera íntegramente como propio, sin perjuicio de la recompensa a favor de
la comunidad por los valores invertidos (6).
En cuanto a la adquisición de bienes con fondos de distinto origen se establece que si los bienes
se adquieren por permuta de otros de origen propio, el bien adquirido sigue la suerte del primero
(subrogación real). Sin perjuicio de ello se dice que si se aportan fondos gananciales y ellos superan el
valor propio del bien permutado, el bien será calificado íntegramente como ganancial. No se resuelve
el caso de igualdad de valores; entiendo que en ese caso la calificación debe ser como ganancial (7).
VII.3. Gestión de los bienes gananciales
He adelantado que el régimen de gestión tiene normas de protección de la vivienda familiar que
resultan aplicables a ambos regímenes.
Para los bienes no incluidos en la regulación imperativa se prevé mantener el régimen vigente de
separación en cuanto a su gestión.
Así, los artículos 469 y 470 establecen que cada uno de los cónyuges tiene la libre administración y
disposición de sus bienes propios y de los gananciales por el adquirido.
Donde sí se producen modificaciones es en cuanto al régimen de asentimiento. Éste es requerido
cuando se trata de enajenar o gravar bienes gananciales. Debe notarse que la norma ya no utiliza el verbo
“disponer” como usa el 1277, sustituyéndolo por el de enajenar. Esto se debe a que si bien la doctrina
(6) Cámara Nacional Civil, en pleno, 15/7/1992, “Sanz, Gregorio O. ”, LL 1992-D-260 - DJ 1992-2-501 - ED 149-103.
(7) Cámara Nacional Civil, sala I, 23/11/2006, LL 2007-A-477.
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se había inclinado por un concepto “jurídico-económico” para definir a un acto como de disposición,
lo cierto es que nuestros registros se encuentran organizados por categorías “jurídico-formales” donde
era requerido el asentimiento para la enajenación.
a) Acciones nominativas no endosables y las no cartulares, con excepción de las autorizadas para la
oferta pública. Esto concluye con un debate acerca de la necesidad de asentimiento para la enajenación
de estos títulos registrables ante la propia sociedad.
Agrega el artículo que las promesas de venta de los bienes anteriormente enumerados también
requieren asentimiento conyugal.
El cónyuge cuyo asentimiento faltase puede demandar la nulidad del acto dentro de los seis meses
de haberlo conocido y no más allá de los seis meses de la finalización del régimen.
Se mantiene el principio general de separación de responsabilidades donde cada uno de los cónyu-
ges responde frente a sus acreedores con sus bienes propios y con los gananciales por él adquiridos.
VII.5. Extinción
El artículo 475 regula las causales de extinción que son, básicamente, similares a las del Código
vigente. Se agrega la modificación del régimen matrimonial por convención entre los esposos. Esto
resulta lógico y concordante con lo dispuesto en el artículo 449, que autoriza la modificación del ré-
gimen durante la unión matrimonial.
Es curioso que se mantenga dentro de las causales de separación judicial de bienes al concurso
preventivo o la quiebra en virtud de las críticas que el actual artículo 1294 ha sufrido al habérsele
cuestionado su sentido y utilidad en relación con el régimen de separación de responsabilidades.
El artículo 480 regula el momento desde el cual se debe considerar extinta la comunidad. Aquí apa-
rece como novedad que la sentencia de divorcio o anulación del matrimonio en los casos que ha sido
precedida por una separación de hecho, la disolución tiene efectos retroactivos al día de esa separación.
Esto es una novedad que tiene el ordenamiento y reemplaza al artículo 1306, tercer párrafo. Resulta
lógico este reemplazo en razón de haberse eliminado las causales de divorcio.
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Otra novedad en este aspecto es la regulación del uso de los bienes indivisos durante este perío-
do. Aquí, tal como lo ha sostenido la doctrina y jurisprudencia mayoritaria, se concede a ambos
cónyuges el uso y disfrute de los bienes indivisos. Sin embargo, no se establece el pago de un ca-
non locativo por el uso exclusivo que realice alguno de ellos. Del segundo párrafo del artículo 484
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puede inferirse que los excónyuges pueden acordar el pago de ese canon, y a falta de acuerdo lo
determinará el juez.
En el tercer párrafo de la norma que venimos analizando se reafirma el concepto por el cual la
indemnización sólo es debida desde el momento de la oposición que realizare el cónyuge que no
disfruta del bien.
La doctrina ha sostenido que una de las características de los bienes indivisos durante este periodo
es su fungibilidad. Ese concepto se encuentra presente en el artículo 485, donde se establece que sus
frutos y rentas acrecen a la indivisión.
VII.6.3. Pasivo
El tema más conflictivo en materia de indivisión poscomunitaria es el de la responsabilidad frente
a los acreedores. El Código Civil y Comercial se inclina por la tesis que mantiene la aplicación de los
artículos relativos al régimen de deudas durante la comunidad.
Así se establece la continuidad de los artículos 461, 462 y 467 del ordenamiento durante este período.
También se otorga expresamente la posibilidad del acreedor de subrogarse en los derechos de su deu-
dor y solicitar la partición de la masa común (artículo 486). En el artículo siguiente se establece como
principio general que la disolución no puede afectar la integralidad del patrimonio del deudor (8).
VII.7. Recompensas
En la sección séptima, bajo el título “Liquidación de la comunidad”, se regulan, ahora de manera
expresa, las recompensas. Recordemos que en el Código Civil no existe una normativa sistemática para
estos casos. Sin embargo, ellas han sido admitidas por la doctrina y la jurisprudencia predominante. No
me detendré en el análisis de las recompensas reguladas porque ellas son las mismas que la doctrina
y la jurisprudencia ya había admitido.
Señalo que en la sección se regula, por un lado, las cargas de la comunidad (489 y 490) y además se
enumeran casos de recompensas estableciéndose en el primer párrafo del artículo 491 el principio
general por el cual se debe recompensa cuando se ha beneficiado a la comunidad en detrimento del
patrimonio propio o se ha beneficiado al patrimonio propio en detrimento de la comunidad. Se enu-
meran además dos casos; uno de ellos es la venta de bienes propios sin reinversión, donde se establece
con carácter iuris tantum que el precio ha beneficiado a la comunidad.
También se regula otro caso, que es el mayor valor de la participación societaria con carácter propio
de uno de los cónyuges debido a la capitalización de utilidades durante la comunidad. Esta solución
se aplica también a los fondos de comercio. Se inclina entonces el C.C.C.N. por la postura doctrinaria
que admite recompensas en este caso.
No comparto ese criterio. La utilidad es el resultado de ganancias del ejercicio. Para convertirse en
dividendo necesariamente debe existir una asamblea que así lo establezca, sólo allí se puede utilizar
el concepto de fruto.
Por tal criterio, las utilidades de las sociedades sólo son ganancias cuando la misma sociedad así lo
decide, ya que puede suceder que las utilidades deban invertirse a los efectos de conservar o mejorar
su situación en el mercado.
Entiendo entonces que la solución propuesta es errónea y que debería haberse regulado el supuesto
en el cual uno de los cónyuges en uso de sus facultades societarias hubiere detraído indebidamente
dividendos.
(8) Suprema Corte de Justicia de Mendoza, sala I, 17/9/1984, JA 1985-I-496; íd., 10/11/1992, LL 1993-C-244.
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Al igual que en el régimen del Código Civil, la acción para la división de los bienes es imprescriptible.
Se establece como principio general la división por mitades, pero se otorga a los interesados capaces
la posibilidad de convenir una división diferente.
Se entiende por régimen de separación de bienes a aquel donde cada uno de los cónyuges conserva
la propiedad de los bienes adquiridos durante la unión matrimonial sin que exista ninguna expectativa
de compartir dichos bienes.
Se trata, en palabras de Belluscio (1994), de un régimen egoísta que no refleja la comunión de vida
que el matrimonio implica.
El artículo 506 regula la posibilidad de adquisiciones conjuntas de los cónyuges dentro de este ré-
gimen y otorga la posibilidad de probar la compra exclusiva del bien por cualquiera de ellos. A falta
de prueba se presume que el bien pertenece a ambos por mitades. El artículo otorga a los jueces la
facultad de denegar la división del condominio reclamado por alguno de los cónyuges si el interés
familiar resulta comprometido.
Como he adelantado, se puede dejar de lado el régimen de separación para pasar al de comunidad.
No ha recibido el ordenamiento proyectado la norma prevista en el artículo 1438 del Código Civil
español, que otorga una compensación económica al cónyuge que desarrolló durante la convivencia
trabajos para la casa. Entiendo que ella puede encontrarse comprendida en la compensación econó-
mica prevista en el 441.
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