Mayo Frances PDF
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MAYO FRANCÉS
1968-2018
1
UNIVERSIDAD NACIONAL DE MORENO
Rector
Hugo O. ANDRADE
Vicerrector
Manuel L. GÓMEZ
Secretaria Académica
Roxana S. CARELLI
Secretaria de Administración
Graciela C. HAGE
Secretario General
V. Silvio SANTANTONIO
Consejo Superior
Autoridades
Hugo O. ANDRADE
Manuel L. GÓMEZ
Jorge L. ETCHARRÁN
Pablo A. TAVILLA
Roberto C. MARAFIOTI
Consejeros
Claustro docente:
M. Beatriz ARIAS
Adriana A. M. SPERANZA
Cristina V. LIVITSANOS (s)
Adriana M. del H. SANCHEZ (s)
Claustro estudiantil:
Lucia E. FERNANDEZ
Cecilia B. QUIROGA
Claustro no docente:
Carlos F. D’ADDARIO
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A 50AÑOS DEL
MAYO FRANCÉS
1968-2018
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Índice
Presentación.............................................................................................................................. 5
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Presentación
Moreno, 10 de mayo de 2018
Volver al Mayo Francés, a 50 años del estallido fundacional de este momento de insurrección estudiantil
universitaria que, si bien podría afirmarse concluyó en un fracaso político, también fue el puntapié inicial de
una revolución cultural que tiene significatividad universal y aún perdura, es por ello que consideramos este
aniversario como una oportunidad para reflexionar sobre el lugar de la universidad pública en el siglo XXI y de
las condiciones necesarias para su desenvolvimiento, particularmente en un país periférico como el nuestro y
en un territorio nuevo, tal como acontece con nuestra Universidad Nacional de Moreno, que transita su octavo
año de funcionamiento.
La ocasión también es coincidente con los 100 de la Reforma Universitaria en Córdoba, hecho que tiene varios
puntos de coincidencia con el Mayo Francés, como lo es la discusión acerca del rol de la universidad en la
sociedad, el derecho de las clases de menores recursos para acceder a ella, y particularmente, la participación
efectiva de los estudiantes en las decisiones institucionales, elementos que, en la tradición universitaria
argentina, tienen origen indiscutible en la Reforma Universitaria.
Es nuestro deseo que este rescate y análisis sobre el Mayo Francés, que comenzó en una universidad de
reciente creación en el oeste de los suburbios del Paris, como la chispa de una joven comunidad universitaria,
que con menos ataduras a las tradiciones para enfrentar el debate sobre las estructuras en crisis sobre las
que se edificaba la universidad, y que dio lugar al cuestionamiento de la sociedad en su conjunto sobre su
realidad económica, cultural y política, en un contexto de crisis política y económica, cuya visibilidad y entidad
precisamente es revelada a partir de las protestas estudiantiles, sea un disparador de la reflexión que cabe a esta
comunidad universitaria, en el actual contexto de creciente desigualdad sistémica del capitalismo global, con el
ánimo de contribuir a la comprensión de los nuevos desafíos que debe enfrentar el modelo universitario que
el país ha venido construyendo a lo largo de este siglo y, en particular, las universidades de reciente creación.
De hecho, la historia de la universidad está atravesada, en todo el mundo y en todos los tiempos, por el debate
acerca de las formas de vinculación con la sociedad que la sustenta y sus distintos ámbitos: el poder estatal, el
aparato productivo, las corporaciones profesionales y las distintas clases sociales que componen su matrícula
o aspiran a ello. Sin duda, nuestra Reforma Universitaria del 18 fue la primera expresión de la ruptura con
el aislamiento y escolasticismo característico del origen mismo de la institución universitaria, como lugar de
reproducción de las clases dominantes. Es por ello que, desde entonces, repensar la apertura e integración
trascendente de la educación superior con los intereses y la sociedad misma, es un desafío permanente de la
institución universitaria moderna, ya no se tratará solamente de dar cabida a las aspiraciones de acceso a ella,
sino del involucramiento y la función social de la institución universitaria como tal.
En este sentido, creemos que nuestro presente, constituye un momento en el que podemos reconocer muchas
conquistas y varias deudas pendientes, principalmente, en lo que hace al rol de la institución universitaria
en la realización colectiva de los pueblos. Aspiramos a que la revisión compartida de estos sucesos sea
una oportunidad para canalizar la rebeldía estudiantil hacia el reto de sostener y continuar ampliando los
derechos por los que ha luchado nuestro pueblo, entre los que ha encontrado una inmejorable expresión el
de la educación superior definida como un derecho humano, tal como pregona la última declaración de la
Conferencia Regional América Latina de 2008, y que aspiramos vuelva a reiterarse en la del presente año, a
realizarse precisamente en la ciudad Córdoba, en conmemoración del centenario de nuestra Reforma.
Esa declaración, de enorme trascendencia, está presente en nuestro ADN como institución universitaria
argentina y enmarca los objetivos estatutarios de la UNM; institución universitaria pensada como un actor
capaz de contribuir a la superación de los desafíos que enfrenta el partido de Moreno, la región a la que
pertenece y el país mismo.
5
“Somos todos indeseables” (Imagen de Daniel Cohn- “Atención: la radio miente”
Bendit, uno de los líderes estudiantiles del Mayo Francés).
El Mayo francés o Mayo del 68 identifica un proceso político-social de protesta generalizada, ocurrido
entre mayo y junio de 1968 e iniciado por los estudiantes universitarios parisinos, al que posteriormente
se unieron obreros y sindicatos. La magnitud de las protestas y la extensión del conflicto derivó en la
realización de una huelga general y, luego, en una toma de fábricas generalizada que concluyó, después del
anuncio de llamado a elecciones anticipadas que favorecieron cierto aquietamiento de los ánimos, y de una
serie de medidas represivas a los líderes y movimientos y destinadas al levantamiento de las tomas1.
Por entonces la sociedad francesa atravesaba un momento de estancamiento económico, luego de años
de crecimiento continuo y prosperidad, en el que se verificaba un leve incremento de la desocupación
y caída de los salarios reales, que ponía fin al creciente bienestar e inclusión social evidenciada. No
obstante, en la periferia de París habitaba la población de menores recursos y, por tanto, en peores
condiciones de vida, donde se concentraban las mayores demandas económicas y sociales por la falta
de un efectivo acceso a un mejor bienestar, de manera que los efectos del estancamiento económico se
hacía sentir allí con mayor intensidad.
El contexto político del momento estaba dominado por los procesos globales de descolonización
del Tercer Mundo, junto al triunfo de la revolución cubana, la crisis de la guerra de Vietnam y los
levantamientos de los países de Europa del este, todo en el marco de la guerra fría. En Francia, este
clima tenía ingredientes propios, resultado de un Estado excesivamente autoritario y presidencialista
construido durante la V República Francesa, y alimentado por los fracasos propios en las guerras de
Indochina primero y de Argelia después (que terminara por conquistar su independencia), lo que se
conjugaba con un sentimiento antinorteamericano generalizado y de fuerte oposición al imperialismo,
que contribuía a la afirmación de los partidos revolucionarios y los movimientos por la paz o de
solidaridad por diferentes demandas sociales, políticas o contra la opresión, todo lo cual, constituía la
base de crecientes y generalizadas expresiones de ruptura ideológica, cultural y política.
Por otra parte, el país estaba gobernado por el general De Gaulle, líder de la resistencia y recuperación
de Francia de los alemanes y en el poder desde 1958, cuyo gobierno enfrentaba un intenso desgaste
producto de su larga permanencia y por los elementos antes destacados. Por su parte, el movimiento
obrero francés experimentaba una fuerte radicalización que se expresaba en la crisis de representación
y alejamiento de las cúpulas sindicales, causador por la falta de soluciones a sus demandas y la creciente
desigualdad en el acceso a los frutos del progreso económico, agravado por las consecuencias propias
del estancamiento de la economía que se vislumbraba. El país atravesaba el comienzo del agotamiento
del modelo fordista y se hacían visibles los límites de las clases populares al acceso a un mayor bienestar y
derechos político-sociales y, con ello, el descontento social. En este marco, las huelgas de los trabajadores
peores pagos y de los jóvenes que no accedían al trabajo, eran cada vez más importantes y radicalizadas.
1
Aunque las elecciones legislativas significaron el triunfo al presidente De Gaulle, el proceso desencadenado dio lugar a su posterior
renuncia y abandono la política en 1969, falleciendo al año siguiente.
7
Estos hechos y condiciones también incidían sobre la vida de los estudiantes e intelectuales y eran
objeto de tratamiento y cuestionamiento en las aulas universitarias, particularmente la falta de acceso
a la educación superior de los jóvenes de las clases bajas, que deba lugar al progresivo acercamiento
entre estos grupos y organizaciones estudiantiles con las de los trabajadores y otros colectivos sociales,
contribuyendo al mutuo involucramiento en los conflictos que se iban desatando.
En particular, desde 1967, los estudiantes universitarios se encontraban envueltos en una gran polémica
contra el llamado “plan Fouchet” (por el autor del plan y Ministro de Educación) que planteaba la
reforma de la enseñanza superior orientada al acercamiento de la universidad al mundo de la empresa
y el establecimiento de un sistema de selección para acceder a determinadas carreras, en función de
su prioridad social, entre otras medidas de cambio de la educación en general. Desde entonces, en las
asambleas y debates estudiantiles se discutían los valores transmitidos de la enseñanza universitaria al
servicio de la economía (o el capital) y, con ello, el replanteo del sistema universitario en su conjunto
y el sentido de la formación universitaria en la sociedad, es decir, cuál debía ser la función social de la
universidad, cuestionamientos que emparentan la situación con las preocupaciones de los reformistas
de Córdoba 50 años antes.
En este marco, y dada la resistencia de las autoridades universitarias a permitir el libre debate, se da lugar
al surgimiento de protestas y de grupos estudiantiles que reclamarán la libertad de expresión política
en los campus y otras demandas, como la participación de los estudiantes en las decisiones, así como
de los nuevos docentes de menor jerarquía y antigüedad, las que tendrán un singular protagonismo en
Nanterre, tratándose de una joven comunidad universitaria, con menos ataduras a las tradiciones2.
El debate de la cuestión universitaria apuntaba a expresar el rechazo de la universidad clasista (como privilegio de las
clases pudientes), la denuncia de la pretensión de producir un saber neutro y objetivo, cuyo objetivo es la reproducción social de las
condiciones de existencia y funcionamiento de la economía capitalista.
Por entonces, el 8 de enero de 1968, el Ministro de Juventud y Deporte, inaugura una piscina en la
Universidad de París X Nanterre y es abucheado por los estudiantes, a causa de su Libro Blanco acerca
del estado de la juventud estudiantil. Es allí, donde el joven estudiante de sociología, Daniel Cohn-
Bendit, uno de los líderes de los grupos estudiantiles que protestaban, le reprocha al Ministro que el
libro no tratara otras demandas y cuestiones más importantes, en particular, los problemas sexuales de la
juventud (refiriéndose a la prohibición de los varones de entrar en la residencia femenina)3. El incidente
es recogido por las crónicas, ya que el escándalo marca la aparición pública de Cohn Bendit, quien luego
será una de las figuras líderes del movimiento estudiantil que llevará adelante el proceso de mayo del 68.
2
Los estudiantes franceses venían expresándose contra las condiciones en que se desenvolvía la vida universitaria, como expresión de
la sociedad capitalista, lo que también abarcaba la organización y modelo universitario con que se edificaba la universidad francesa de
entonces.
3
Cuando el Ministro responde que si tenía alguna clase de problema sexual, lo mejor que podía hacer era tirarse a la piscina, Cohn-Bendit
le responde: “es lo que solían decir las juventudes hitlerianas”, y el escándalo político queda visibilizado.
8
Más tarde, el 22 de marzo de 1968, nacía en Nanterre, el “Movimiento 22 de marzo”, desde donde el
líder estudiantil protagonizaría su accionar en el Mayo Francés. La fecha conmemora el primer año de
una protesta por la libertad de circulación (en virtud de la prohibición de entrar en la residencia femenina
) de la que participaran 21 estudiantes, la que a su vez, había sido objeto de represión y desalojo brutal
por parte de la policía, a pesar de la prohibición de las fuerzas del orden de entrar en la universidad
y que llevaba siglos (el verdadero detonante del clima de protesta)4. Por este hecho, las autoridades
universitarias habían establecido una “lista negra” con los protestantes con el fin de negarles el acceso
a las clases, entre los que se hallaba Cohn Bendit, quien por ser de nacionalidad alemana, además fue
objeto de una orden policial que le exigía abandonar el país.
Luego, el 22 de abril, se produce una manifestación organizada por el Comité Vietnam contra el
imperialismo americano y la sede de American Express es apedreada por los manifestantes, participan
cientos de estudiantes, varios de los cuales son arrestados por la policía5. En protesta por la detención de
sus compañeros, y contra la violencia de la represión policial, otros, incluido Cohn Bendit, ocupan toda
la noche un edificio de la sede Nanterre de la Universidad de Paris. Desde ese momento, día a día, se van
intensificando las protestas, las reuniones de debate y llamamientos públicos, a la vez que el desarrollo de
las clases se ve cada vez más perturbado. Por entonces se habían impuesto los mítines improvisados, las
ocupaciones de las aulas para sostener debates, las intervenciones en las clases o conferencias, llegando
a los boicots de exámenes, a la vez que la producción de murales y carteles políticos en los pasillos y
aulas, profundizando el alcance de los mensajes6.
El contexto era de gran agitación y polarización, ya que las agrupaciones estudiantiles que controlaban la
Federación Nacional de Estudiantes de Francia (FNEF) eran contrarias a estos grupos, y contaban con
conexiones y apoyos de movimientos ultraderechistas, como la OAS7, Ordre Nouveau o Jeune Nation8.
El epicentro de las protestas será el distrito VI de París (que comprende parte del Barrio Latino, centro neurálgico
de la ciudad), bastión de la Universidad de París (La Sorbonne), donde se concentraban las facultades de derecho,
economía, ciencias sociales, humanidades, etc. En este marco, los estudiantes de la Federación deciden tomar la
facultad de derecho y atrincherarse dentro de ella. Ante la imposibilidad de controlar la situación, el mismo día 2
de mayo 1968, el decano decide cerrar la facultad hasta los exámenes de junio.
Por otra parte, al día siguiente, el 3 de mayo, los estudiantes de Nanterre se dirigen a La Sorbonne para
dar mayor visibilidad a su protesta y apoyo a Daniel Cohn-Bendit y a los otros 7 compañeros de la
misma universidad amenazados de expulsión por los acontecimientos del 22 de abril, quienes ya habían
sido convocados a declarar y hacer su descargo ante las autoridades universitarias.
4
El reglamento de residencias había sido impuesto desde 1965 y constituía una muestra más del avance del estado en la vida cotidiana.
5
Se trata de una manifestación más entre muchas otras contra cuestiones de interés público y expresiones de autoritarismo.
6
Precisamente, el 29 de abril, los estudiantes de Nanterre proclaman la Universidad Crítica, siguiendo el modelo berlinés de impulsar la
“comuna estudiantil”, en el entendimiento de que para introducir cambios radicales en la sociedad, y que debe llevar adelante la clase obrera,
es necesario dar el ejemplo, constituyéndose los grupos en una nueva organización sobre bases antiautoritarias, igualitarias y comunitarias.
7
La Organización del Ejército Secreto (OAS) (Organisation de l’Armée Secrète en francés) fue una organización de extrema derecha
integrada por militares franceses y argelinos que no compartían el cambio de política del gobierno a favor de la autodeterminación de
Argelia y que concluiría con su independencia en 1962, tras años de ocupación militar y sangrientos enfrentamientos y luego de un fallido
intento de golpe militar en Argel, por parte de este grupo, con el objeto de impedirlo. Durante ese tiempo sus miembros desarrollaron
manuales y tácticas para la represión y tortura de la contrainsurgencia argelina, que luego sirvieron de base para la formulación de la
“doctrina de la seguridad nacional” y la formación de las fuerzas represivas de las dictaduras militares en América Latina, que data desde
mediados de los años ‘50. A la independencia de Argelia, muchos de sus miembros se instalaron en Francia y continuaron actuando en
pequeños grupos en la clandestinidad con la intención de derrocar al Gral. De Gaulle (sin éxito) y enfrentar al comunismo. Al respecto,
es de destacar que existen testimonios y documentos de su colaboración con la última dictadura militar argentina para la organización de
la represión y el terrorismo de Estado.
8
En oposición a la Unión Nacional de Estudiantes de Francia -UNEF- que daba apoyo a estas nuevas agrupaciones, en el marco de su
adhesión desde 1966 a la “Internacional Situacionista“ nacida en 1957 con el fin de producir una superación de la “sociedad espectacular-
mercantil” de los países occidentales y del “capitalismo de Estado” de los países del este por medio de la autogestión colectiva y contra
toda forma de radicalización política.
9
Ese día, en la plaza de La Sorbonne abierta al boulevard Saint-Michel y dominada por la estatua de
Auguste Comte, se irán congregando cientos de estudiantes vigilados por la policía. Por su parte, la
Unión Nacional de Estudiantes de Francia y el Sindicato Nacional de la Enseñanza Superior -SNESUP-,
expresan por primera vez su apoyo, llamando a la huelga y exigiendo la liberación de los estudiantes
detenidos (por la manifestación del Comité Vietnam), a la vez que reclamaban la retirada de la policía
y la reapertura de la universidad. Es necesario destacar que, en ese momento, los dirigentes del Partido
Comunista condenaban al Movimiento 22 de marzo y a Cohn Bendit a quien acusaban de “anarquista
alemán”. Desde entonces, la cuestión excede las demandas de los estudiantes y surgen otros actores,
inclusive intelectuales, que comienzan a dar testimonio de apoyo y a manifestar sus cuestionamientos
específicos sobre la universidad, arrastrando también a diferentes grupos y personas desorganizadas o
fuera de cualquier orden político que, de manera desorganizada y espontánea, encuentran un ámbito de
expresión pública de sus temores, rechazos o sueños.
A su vez, otros estudiantes enrolados en la FNEF, se disponen a marchar sobre La Sorbona para
atrincherarse en ella, como ya había ocurrido en la facultad de derecho, para lo cual se enfrentan a
los estudiantes movilizados en protesta que ocupaban la plaza, a quienes acusaban de terroristas. Las
autoridades universitarias solicitan la intervención de la fuerza pública para disolver la manifestación y
evitar la ocupación. La policía impide los enfrentamientos entre los estudiantes, y realiza varios arrestos,
pero en pocas horas se multiplican los manifestantes y aparecen por primera vez, barricadas espontáneas
en varios puntos del Barrio Latino. El Mayo Francés acaba de comenzar. La brutalidad de la represión
da lugar a expresiones de solidaridad de los vecinos y de fuerte rechazo a la policía, lo que da gran
trascendencia al movimiento y sus demandas.
El punto de inflexión será la noche del 10 al 11 de mayo, conocida como “la noche de las barricadas”,
en la que se convocarán miles de estudiantes y otra vez se organizarán barricadas más contundentes,
al tiempo que se abren negociones en el rectorado por la situación de los estudiantes detenidos que
habían sido condenados. Las autoridades se niegan a impulsar la liberación de los mismos y la policía
intenta nuevamente disolver por la fuerza las barricadas, produciéndose duros enfrentamientos en los
que resultaran cientos de estudiantes heridos y muchos encarcelados. Al día siguiente, el Barrio Latino
amanece sitiado por las fuerzas de seguridad y carros blindados se despliegan por toda la capital. Para
entonces, gran parte del estamento docente y sus principales figuras expresan su apoyo a la demanda de
los estudiantes.
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política que hasta ese momento se habían mantenido al margen9. Tras la misma, los grupos estudiantiles
marchan a La Sorbona y toman la universidad, la que será conducida por un Comité de Ocupación.
Al día siguiente, y en paralelo, los trabajadores de Sud Aviation en Nantes y los de Renault en Cleon,
Flins, Le Mans y Boulogne Billancourt ocupan sus fábricas y poco a poco las ocupaciones de fábricas
se extienden por toda Francia, conducidas por sus respectivos Comités de Huelga. Desde ese momento
la crisis social y política pasa a primer plano, comienza la paralización de la economía y las cúpulas
sindicales desbordadas se ven obligadas a dar apoyo a la huelga10.
La situación da lugar a la organización de la unión entre estudiantes y trabajadores que llevan adelante
las medidas, mientras se suceden encuentros públicos de apoyo y marchas por toda la ciudad. Así, el 17
de mayo es creado el Consejo por el Mantenimiento de las Ocupaciones para apoyar las tomas y huelgas
y, necesariamente, enfrentar a los opositores que comenzaban a organizarse.
El proceso continúa avanzando en otras acciones, como por ejemplo los cortes en los accesos a algunas
ciudades. Es así, que los grupos huelguistas comienzan a plantearse la toma del poder en las empresas
para reorganizar el trabajo y la producción, poniendo en cuestión la organización de la economía y la
autoridad del Estado. En la universidad, se debate sobre el proceso revolucionario y se plantea el fin de
la sociedad capitalista. El día 20 de mayo, Jean-Paul Sartre ingresa a La Sorbonne y declara “No estoy
aquí en tanto que político sino en tanto que intelectual... Es preciso que los jóvenes obreros y aprendices
puedan venir a las facultades, que las ciudades universitarias se conviertan en ciudades de la juventud...
Es evidente que el movimiento actual de huelga ha tenido su origen en la insurrección de los estudiantes.
La CGT se ha visto forzada a acompañarlo para peinarlo. Ha querido evitar sobre todo esta democracia
salvaje que vosotros habéis creado y que molesta siempre a las instituciones”.
El diálogo entre Sartre y Cohn Bendit es reproducido por los diarios y la repercusión pública favorece
el estado general asambleario y de huelga, a la vez que este último, en Alemania en busca del apoyo de
los estudiantes, expresa: “todos somos judíos alemanes”, concitando una gran repercusión pública en
ambos países.
Ante este estado, el 25 de mayo, el primer ministro Pompidou acepta abrir negociaciones con los
sindicatos (pero que ya no conducían la situación). Las negociaciones concluyen el 27 de mayo con los
“Acuerdos de Grenelle”, en los que se resuelve un incremento del 35% en el salario mínimo industrial
y del 12% para todos los trabajadores. La mayoría de los Comités de Huelga lo rechazan y el socialismo
(conducido por François Mitterrand) reclama la dimisión del presidente. En este marco, el Partido
Comunista Francés (que continuaba acusando a los estudiantes de pequeñoburgueses y provocadores),
queda desbordado y pierde apoyo, ya que las organizaciones y activistas se alinean a los dirigentes que
promueven la dimisión del presidente y acompañan la búsqueda de una alternativa política común frente
al gaullismo, la que no prosperará por las desconfianzas mutuas.
9
Se calcula que 200.000 personas se manifestaron y que 9.000.000 adhirieron al paro general.
10
Los trabajadores de los medios públicos denuncian la manipulación de los mismos y declaran su autonomía del poder. Paran los servicios
de transporte público y los artistas ocupan el teatro Odeón y proclaman “la imaginación al poder”.
11
Dentro de un clima de conmoción general y verdadera paralización del poder, el 29 de mayo el presidente
De Gaulle no asiste al Consejo de Ministros convocado para esa mañana, y el hecho es tomado como
una situación de desgobierno y en la calle comienzan a producirse nuevas y grandes manifestaciones
espontáneas pidiendo su renuncia11.
El 30 de mayo, al día siguiente, De Gaulle de vuelta en París, se dirige al país por la radio anunciando que
no dimitirá, al tiempo que disuelve la Asamblea Nacional y convoca elecciones en un plazo de 40 días.
Se trata de un último gesto de autoridad y llamamiento a la mayoría silenciosa para que salga a la calle
para enfrentar la amenaza comunista. Es por ello que se convoca a una manifestación “En defensa de la
República” en los Campos Elíseos, a la que los adeptos acudirán (más de 300.000 personas) en apoyo al
presidente, lo que le da nuevamente oxígeno para emprender acciones contraofensivas que le permitirán
poner fin al Mayo Francés días más tarde.
La situación planteada había abierto la discusión entre los obreros y estudiantes sobre cómo avanzar en
la lucha para el derrocamiento del gobierno, a la vez que se producían sucesivas manifestaciones de uno y
otro bando12. Mientras tanto, en algunas fábricas se retorna al trabajo tras negociaciones particulares sobre
la base de los Acuerdos de Grenelle y la aceptación de reconocer el pago de los días de huelga, lo que opera
como una vuelta a la normalidad y retroceso en el avance del proceso revolucionario. En otros, donde
se mantienen las huelgas y tomas, se suceden diferentes conflictos e incidentes violentos con los grupos
afines al gobierno y derechistas que intentan recuperar las fábricas y reimponer el orden establecido.
Finalmente, en un clima de desmoralización y miedo, durante los días 23 y 30 de junio se celebrarán las
elecciones legislativas anticipadas, de las que la fracción gaullista saldrá fortalecida, por lo que el Partido
Comunista y el frente socialista (con menor intensidad), pierden bancas legislativas, producto del temor
y el hecho de que los líderes del Mayo Francés expresaban un rechazo por todas las estructuras políticas
vigentes, incluidos los sindicatos y partidos ya existentes, por lo que las fuerzas opositoras, aunque
unidas en el rechazo al autoritarismo degaullista u otras reivindicaciones comunes, no pudieron canalizar
esa representación y lograr los cambios deseados por la vía institucional.
11
El hecho de decidir entrevistarse con el comandante en jefe de las fuerzas francesas estacionadas en Alemania, quien le confirma
su lealtad, provoca un gran malestar e inquietud ante la posibilidad de que resolviera recurrir al ejército para reprimir las tomas y a los
manifestantes. La consigna de las manifestaciones serán “Fuera De Gaulle y Gobierno popular”.
12
Los estudiantes y huelguistas lanzan las consignas “Es sólo el comienzo, la lucha continúa” y “Elecciones-traición”.
12
No obstante, tras las elecciones, el gobierno francés reconoció nuevamente la necesidad de emprender
una política de reformas profundas para hacer frente al malestar social colectivo existente en el país13.
Es por ello que, el 27 de abril 1969 se celebra un referéndum que De Gaulle planteó como un plebiscito
sobre su gestión al anunciar que abandonaría la presidencia si no triunfaba. El plebiscito tenía por objeto
aprobar un proyecto de regionalización del país, como forma de avanzar a una mayor descentralización
del Estado y del Senado (con el fin de ampliar su base de representación). Los franceses votaron
mayoritariamente por el no (53%), por lo que, cumpliendo su promesa, De Gaulle renuncia al día
siguiente, abandonando definitivamente la política14.
13
Durante las huelgas y tomas, De Gaulle ya había anunciado su voluntad de convocar a un referéndum para la reorganización regional y
la reforma del Senado, pero no obtiene apoyo, sino más bien el rechazo generalizado.
14
Tras la renuncia del general de Gaulle, Georges Pompidou es elegido presidente de la República francesa, con un 58% de los votos,
reafirmando el poder del sector político gobernante por un nuevo periodo.
13
El Mayo Francés hoy: Nanterre en Moreno 1
“We want the world and we want it now” (“Queremos el mundo y lo queremos ahora”), cantaba Jim Morrison
(The Door’s) en “When the Music’s Over” (1967)
¿El Mayo Francés significó un verdadero punto de inflexión en la historia contemporánea? La historia
más bien lo reduce a un momento de convulsión política, que se desarrolló y sostuvo en una práctica
fuertemente democrática para la decisión de la acción colectiva, pero que se agotó rápidamente. Es decir,
suele interpretarse como un estallido juvenil relativamente espontáneo que de la misma manera se disolvió.
Quizás, el epígrafe con las palabras de Jim Morrison dé cuenta de la urgencia de este fenómeno y de
lo efímero que pudo haber sido, tal como sugieren muchos autores. No obstante, la lectura que aquí
queremos ofrecer intenta reconstruir este proceso como parte de los grandes cambios que se irán
gestando en el mundo a partir de procesos revolucionarios o de estallidos sociales, algunos exitosos y otros
fracasados, como el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, la revolución cubana
o la primavera de Praga, por citar algunos de ellos. El momento en que este fenómeno transcurría era
caracterizable como de inicio de la declinación económica o el fin de la onda expansiva de la posguerra
que había dado lugar a una ampliación del bienestar y el acceso a la educación superior de las clases
medias, bajo lo que se ha llamado el consenso keynesiano. Además, estos procesos eran consistentes con
la emergencia de la contracultura dentro de las sociedades de consumo occidentales, las que expresaban
una crítica al modelo de desarrollo y de consumo imperantes.
En este marco, los partidos comunistas europeos o socialdemócratas iban perdiendo atracción en todos
los países, así como las dirigencias sindicales, capacidad para enfrentar conflictos latentes anidados
durante los procesos de expansión capitalista y del Estado de bienestar sostenidos, por lo que estas
expresiones de convulsión político-social no eran fácilmente canalizables por los canales institucionales.
Esta explosión en Francia del 68 será contemporánea a otras de diferentes países, pero con características
específicas, tal el caso de los sucesos de Tlatelolco en México del mismo año, la nueva irrupción violenta
de la Zengakuren en 1967 en Japón, el Free Speech Movement de Berkeley de 1964, la Passeata dos
100.000 de Rio de Janeiro de 1964 o el Cordobazo argentino en 19692, por mencionar algunos. La
resonancia mundial y especificidad del Mayo Francés está dada por el grado de radicalización generalizada
y la fuerte confluencia con las clases trabajadoras. En este sentido, las experiencias de cada país no
pueden ser consideradas reflejos de esta experiencia, ya que cada uno de ellos puede ser explicado por
una serie de acontecimientos precedentes específicos, aunque podamos detectar muchas regularidades
y semejanzas entre todos ellos.
1
La rebeldía de las juventudes del mayo francés llegaron a mi conocimiento por primera vez, a partir de la publicación en español del
trabajo de Julien Besancon: “Los muros tienen la palabra - Mayo 68”. Era durante mis días de estudiante universitario, mientras transcurría
la última dictadura militar. La fuerza de las imágenes reproducidas y el ingenio en las palabras de lucha contra la represión policial y el
autoritarismo de la universidad, eran sorprendentes para mi e inmediatamente comprendí que su vigencia seguía intacta. A partir de allí,
profundice en el tema y pude comprender la significatividad del debate en torno al lugar de la universidad y de los universitarios en la
sociedad. Es por ello que compartir estas reflexiones y así contribuir a su difusión entre nuestra comunidad universitaria, es una tarea muy
grata para mí, especialmente en este tiempo que transitamos de asechanzas al modelo universitario argentino que supimos construir a lo
largo del tiempo; y en el que, las universidades de reciente creación, como la Universidad Nacional de Moreno, están llamadas a enfrentar
con los mismos bríos que en aquellos tiempos, para poder así seguir defendiendo la educación como un derecho humano y contribuyendo
a la construcción de una institución universitaria al servicio de la realización colectiva del pueblo.
2
Resulta oportuno destacar que varios autores han querido encontrar elementos de conexión entre el Mayo Francés y la experiencia de los
estudiantes y obreros argentinos en el Cordobazo del ’69. Las conclusiones mayormente compartidas es que no existieron. No emulaban
los sucesos parisinos, no solo porque no tenían origen en conflictos universitarios, sino porque se apoyaban en una situación político-
económica muy diferente, y más allá de la efectiva participación estudiantil que se manifestó dentro del mismo y su espontaneismo.
Además por las formas que asumió su difusión en el país que tenían más que ver con su dimensión artístico-contracultural que con su
significado político-social.
14
En otras palabras, no se trata de un acontecimiento único, que se expandió por el mundo a otras
situaciones parecidas, sino más bien, un conjunto de hechos, sucesos y expresiones relativamente
caóticas que fueron reconstruyéndose históricamente, resignificados e idealizados a lo largo de 50 años,
transformándose así en el mayor emblema de las revueltas juveniles contra el orden social y político
dominantes. Es en este sentido que se plantea una enorme diferencia con los sucesos de Córdoba
de 1918, los que también fueron resignificados por la historiografía (particularmente de sus propios
protagonistas como Deodoro Roca) en una revolución cultural. Lo dicho no desmerece ninguno de
estos acontecimientos, simplemente responden a una caracterización diferente que merece destacarse.
Volviendo a estos emblemáticos acontecimientos de Mayo del 68, también son rescatables los grafitis,
slogans y panfletos estudiantiles que aún se difunden, inclusive en esta pequeña reproducción que
la UNM ofrece, ya que son una muestra de la potencia e imaginación del movimiento y del fuerte
cuestionamiento social al discurso dominante que expresaban. Se trata de una riqueza que Sartre
definió como “la expansión de lo posible”, por lo que resultan siempre vigentes, ya que las demandas y
circunstancias empobrecedoras del real acceso de las mayorías al bienestar y a los derechos humanos y
sociales consagrados por la ley no han cambiado demasiado en Francia, ni en el resto del mundo.
El común denominador de este proceso y que lo hace singular y atractivo, es la convergencia temporal y
explosiva del movimiento estudiantil y la ciudadanía a favor del antiautoritarismo y la autogestión (es decir
contra el orden social establecido), y como forma conducente al derecho al acceso al bienestar general
(entendido como mayor justicia social). Por otra parte, el conflicto también puso en la mira la legitimidad
de la violencia defensiva y su diferenciación con la violencia revolucionaria, que antes y más adelante se
manifestará en diferentes lugares, producto de las condiciones autoritarias dominantes y los límites al
bienestar económico de la mayorías, no solo en las sociedades occidentales, sean desarrolladas o no.
Pero, y por encima de todo esto, entendemos que la reivindicación de la libertad de disenso, de la
desobediencia civil y de la resistencia en general, es un legado innegable del Mayo Francés que aún
pervive y, además, al decir de muchos estudiosos, porque abrió la crítica a la modernidad, a la racionalidad
instrumental del capitalismo moderno, y del socialismo como alternativa3.
En este sentido, el Mayo Francés contiene muchas contradicciones, por ejemplo el encuentro entre estudiantes
y obreros envueltos en una única huelga general, mientras los primeros luchaban por abolir el capitalismo y
la sociedad de consumo, los últimos, demandaban un acceso pleno a esa sociedad excluyente. En cualquier
caso, se trata de una expresión critica radical a la sociedad y a sus estructuras de representación, es por
ello que, desde sus comienzos, despertó intensos debates intelectuales, incluidos muchos consagrados de la
“academia” que no le dieron su acompañamiento en su momento, a excepción de Sartre.
Las agrupaciones políticas de izquierda tradicionales nunca habían logrado de manera tan cabal como
durante el Mayo Francés producir una fermentación generalizada del orden establecido, el que, como se
dijo, se materializó casi de manera invisible al converger las demandas estudiantiles con las del colectivo
social. Diferentes autores recogen la expresión de Malraux, al remarcar que el Mayo del 68 representa una
crisis civilizatoria pero impregnada de un utopismo irracional que finalmente será la principal razón para
que no germinen cambios reales a partir de este proceso. Esta afirmación es discutible como tantas otras,
ya que por ejemplo el gobierno y la generación gobernante de ese tiempo, finalmente debió dar un paso al
costado. En este marco, es que algunos autores inclusive interpretan este proceso como el prolegómeno de
un revisionismo que sustentará el auge neoliberal de la década siguiente y que aún perdura.
3
Hay quienes encuentran en este proceso el inicio del feminismo y el ecologismo modernos e inclusive, de lo que se engloba en el
neologismo posverdad, como voluntad de poner en cuestión el paradigma productivista hegemónico.
15
En otro orden, y es lo que nos interesa remarcar con este conversatorio y publicación reflexiva, es cómo
se generó la discusión sobre la institución universitaria francesa construida a lo largo de los siglos y hasta
dónde pudieron establecerse cambios mejoradores.
En primer lugar es importante resaltar que será en la “plebeya” sede Nanterre de la Universidad de París,
que nació apenas con el objetivo de descomprimir a la matrícula de La Sorbonne, donde comienza a ponerse
en crisis el “mundo universitario histórico”. Una nueva matrícula universitaria rápidamente aglomerada,
dentro de un territorio de borde y con fuertes carencias, despojada del marco trascendental que imponen
los edificios históricos y monumentales de La Sorbonne, donde los estudiantes espontáneamente logran
hacer visibles sus demandas. Por las mismas razones, los docentes de menor rango que se desempeñaban
allí, en condiciones similares de puja por el reconocimiento de derechos que solo era patrimonio de los
docentes de mayor jerarquía, se unen a la expresión pública de sus respectivas reivindicaciones, logrando
que se problematicen sus demandas y, a partir de allí, la visibilización del rechazo generalizado al modelo de
universidad, a los modos de disciplinamiento y particularmente la falsa identidad entre saber y autoridad,
que luego inspirará una crítica integral a la sociedad en su conjunto4.
Las críticas de los estudiantes al modelo universitario de entonces se centraban en su escasa participación
en la política universitaria y el espíritu elitista y burgués de la universidad, particularmente expresado en
una enseñanza basada en una relación jerárquica entre docentes y alumnos que no permitía el debate
crítico de las ideas y reafirmaba la cultura dominante. Estas rigideces, además, se apoyaban en una
administración y organización altamente centralizada de la universidad. Por otra parte, subyacía en
esta concepción, un modelo jerárquico de transmisión del conocimiento, en el que el conocimiento
práctico y experimental de la investigación estaba completamente separado y era reservado a unos
pocos privilegiados5, quedando para la mayoría de los estudiantes y futuros profesionales el lugar de
la reproducción de saberes (y por tanto del orden social). En otras palabras, la universidad se parecía
demasiado a una fábrica, con una clara división entre los que mandan y obedecen en un esquema que
tendía a uniformizar no solo la enseñanza, sino también los conocimientos.
Sin duda, se trata de un modelo altamente funcional al de una universidad al servicio del mercado6, tal
como aspiraba a consolidar el último plan trienal de reforma de la educación (“Plan Fouchet”).
Un corolario de lo anterior era la evidente exclusión de los estudiantes de bajos recursos, ya que el acceso a la
educación superior se subordinaba al acople de “la producción de graduados” con las demandas del mercado7.
Entre los docentes también había un gran consenso en torno al rechazo a la reforma universitaria,
el que también se expresaba por medio de las agrupaciones políticas existentes, pero dentro de un
marco de debate “académico” más o menos reservado. En simultáneo, la situación imperante entre los
estudiantes era de desencanto por un futuro incierto que ponía en crisis la parábola del ascenso social
de los universitarios, lo cual también constituía un ingrediente más del malestar en la universidad, y
que no podría ser canalizado en ningún ámbito de expresión. Será entonces que, el in crescendo de
las formas que adquirieran las manifestaciones de rechazo por parte de los estudiantes de Nanterre,
4
En la época, la sacralización del saber y la ciencia como vías al progreso colectivo ya se encontraba en crisis, principalmente ante la
amenaza de la destrucción nuclear que significaba la guerra fría, y por las consecuencias evidentes del progreso técnico en la explotación
de los recursos naturales y por sus efectos medioambientales.
5
El que también estaba igualmente subordinado a los intereses del mercado.
6
Ya en 1964 Bourdieu y Passeron habían demostrado que el sistema educativo francés no se fundaba en la igualdad de oportunidades para
superar las asimetrías sociales, sino más bien todo lo contrario.
7
Por entonces, ya se estaba configurando una sociedad posindustrial dominada por grandes aglomerados económicos, donde los graduados
universitarios encontraban su medio de realización profesional dentro de la división del trabajo como asalariados jerarquizados, ocupando
el lugar antes reservado al proletariado en la sociedad industrial (y por tanto, experimentaban una proletarización activa por medio del
desempleo, los bajos salarios y la precarización del trabajo).
16
junto a sus demandas específicas de participación, las que, a partir del error político de sus autoridades
universitarias al intentar clausurar los debates, al cerrar las puerta de las salas, y al suspender clases
hasta llegar el desalojo y, finalmente, a la represión policial dentro de la misma universidad, detonaría
este proceso. A partir de allí, hacia dentro y hacia afuera de la universidad, las demandas enunciadas
adquirirían legitimidad y darían lugar a expresiones de solidaridad de todo tipo, las que se amplificarían
aún más cuando las revueltas y la represión se extendieron a las calles de París. El Mayo Francés ya
estaba en marcha y, dentro del mismo, la comunidad universitaria debatía amplia y públicamente su lugar
y responsabilidad en la sociedad8.
Las crónicas y la historia tienden a centrar la cuestión en la inorganicidad del fenómeno, la falta de una
conducción unificada, o sus contradicciones y escisión total de las organizaciones políticas existentes,
como los factores explicativos de sus límites y posterior fracaso. No obstante, es innegable que la
visibilización de la crisis universitaria canalizó la visibilización de una crisis social latente. Una vez
más, decimos que no es nuestra intención debatir en estas pocas palabras las consecuencias a nivel
nacional de estos sucesos o la naturaleza del sujeto revolucionario, sino el de poner en evidencia el rol
fundamental de la comunidad universitaria misma en su conjunto, para enfrentar y entender en el atraso
o las falencias de la formación y el problema pedagógico de los exámenes en la universidad, la gestión
compartida de la institución e, inclusive, la cuestión del control del conocimiento y sus calificaciones, de
cara al lugar de los profesionales universitarios en la sociedad y, lo que creemos es el rol fundamental de
la universidad, su compromiso para contribuir a la realización colectiva de la misma.
Por cierto los debates sobre la universidad en el Mayo Francés también enfrentaron a estudiantes y
docentes, entre los que bogaban por la utopía de un saber puro y verdadero y los que entendían que la
reforma universitaria debía aspirar a la producción y transmisión de un saber útil, entre una universidad
al servicio de la emancipación social o una más funcional a la búsqueda individual del ascenso social9.
Si bien, luego de los sucesos de mayo del 68, en julio de ese mismo año, la Asamblea Nacional debatió
reformas del sistema universitario (y de la educación secundaria) con el fin de dar respuesta a los reclamos
de la comunidad universitaria y relajar los aspectos más controversiales del Plan Fouchet, los cambios
fueron más bien escasos. En efecto, en noviembre de 1968 se cancelaron las restricciones de matrícula
(cupos) y en 1970 se descentralizó la Universidad de París en varias sedes dando un paso más firme
hacia la democratización del sistema. No obstante, a 50 años de aquellos días, podemos afirmar que
de manera más o menos lenta y planificada, las premisas del Plan Fouchet, en orden a una formación
profesionalista y de corta duración al servicio de la economía, siguen ocupando un lugar privilegiado.
Es en el marco de este debate siempre vigente y que trasciende las fronteras nacionales, es que aspiramos
a que la Universidad Nacional de Moreno, como universidad nacida con el bicentenario argentino, pueda
reflexionar e impulsar estrategias concordantes que hagan posible su misión institucional en cuanto a
garantizar una propuesta educativa que contribuya al desarrollo de la comunidad de pertenencia y la
región, por medio de la enseñanza, la generación de conocimiento y la innovación científico-tecnológica;
en tanto, actor estratégico para el desarrollo intelectual y productivo colectivo, y de la conciencia crítica
y reflexiva de la sociedad, todo lo cual solo puede llevarse adelante en condiciones de transparencia,
equidad y autonomía responsable, y por medio de un debate plural y abierto a todos los miembros de
la comunidad para que prosperen las ideas y los consensos necesarios para logro de estos cometidos.
8
En este sentido, podemos afirmar que los estudiantes de Nanterre lograron, a partir de la represión sufrida, converger con la ciudadanía
en el rechazo colectivo a las formas represivas del Estado y con ello, con la clase trabajadora igualmente afectada por el enemigo común,
los aparatos estatales de represión.
9
Es necesario remarcar que la universidad ya ocupaba un rol central en la producción científica y tecnológica al servicio de la economía, lo
que ocupaba gran parte de sus recursos, cada vez más escasos, lo que era entendido como un factor central para la reproducción de poder
político y económico. Esto era objeto de importantes debates dentro del ámbito universitario, teniendo en cuenta que prefiguraba el rol de
la universidad en la sociedad, el cual precisamente se reafirmaba, a partir del llamado Plan Fouchet.
17
Moreno es Nanterre no es simplemente una identificación de coordenadas sociogeográficas, sino el
convencimiento de que, como aquella y de aquellos tiempos, somos una comunidad universitaria sin
ataduras a las tradiciones aristocráticas universitarias, que se construye a sí misma y define su identidad
mientras estas contradicciones y debates permanecen abiertos.
Es por ello que, para pensar nuestro rol como universidad del siglo XXI, para enfrentar los desafíos
que se plantean al modelo universitario que el país ha venido construyendo a lo largo de este siglo
y, en particular, para velar por el sostenimiento de la gratuidad del sistema universitario argentino,
consagrado a partir del primer gobierno peronista, cabal expresión del derecho social y humano a la
educación superior, y posición sostenida por la última Conferencia Regional de Educación Superior
de 2008, debemos asumir un rol protagónico como una comunidad universitaria comprometida con
estos principios, particularmente en esta nueva Conferencia a realizarse en la ciudad de Córdoba en los
próximos días, cuando se celebre el centenario de nuestra Reforma Universitaria.
Esperamos que esta conmemoración y reflexiones provisorias compartidas sirvan, no solo para reflejar
los debates abiertos y aún inconclusos que creemos importantes, sino para orientar la construcción de
esta universidad pública y su dirección estratégica, que entendemos es heredera de aquellos sueños de
movilidad social y justicia de aquellos estudiantes reformistas del 18 y, seguramente, de los protagonistas
del Mayo Francés.
Hugo O. ANDRADE
Rector
Universidad Nacional de Moreno
Bibliografía consultada:
Bensancon, Julien (1972): “Los muros tienen la palabra - Mayo 1968”, Ex temporáneos, México.
Bourdieu, Pierre y Passeron, Jean C. (2006): “Los herederos. Los estudiantes y la cultura”, Siglo XXI,
Buenos Aires.
Cohn Bendit, Daniel (1976): “El gran bazar...”, Dopesa, Barcelona.
Cohn Bendit, Daniel, Sartre, Jean P. y Marcuse, Herbert (1978): “La imaginación al poder. Paris Mayo
1968”, Argonauta, Barcelona.
Sanchez Prieto, Juan M. (2001): “La historia imposible del Mayo Francés”, Revista de Estudios
Políticos N° 112, Madrid.
Touraine, Alain (1979): “El movimiento de mayo o el comunismo utópico”, Signos, Buenos Aires.
18
“Abolición de la sociedad de clases” “Yo participo, vos participás, él participa, nosotros
participamos, ustedes participan, ellos lucran”
19
“Prensa. No consumir” “Rompamos los viejos engranajes”
Un legado valioso para la reflexión sobre las universidades
y su tiempo
Desde nuestro presente universitario, los acontecimientos de mayo de 1968, con París como ojo
de la tormenta, no pueden sernos indiferentes. Sabemos que la memoria y las versiones del pasado
las inventamos en el presente en función de nuestros intereses y desafíos actuales. En sus múltiples
dimensiones y lecturas posibles, que incluyen aquellas que ponen foco en las posteriores trayectorias
personales conservadoras de algunos partícipes, recordamos y valorizamos ese momento del que se
cumplen 50 años, como legado y símbolo de gran vitalidad en el movimiento universitario.
Estamos hablando de las grandes movilizaciones que se apoderaron de París y luego de varias zonas de
Francia, incluyendo una huelga de trabajadores que trascendió largamente el colectivo universitario y un
movimiento solidario ampliamente extendido (artistas, periodistas, profesores). Es decir, coincidiendo
con la que muchos consideran la huelga obrera más importante en la historia francesa y de la Europa
Continental: la que se desató en solidaridad, y por sus propias demandas salariales, y que se estima que
involucró a unas 9 o 10 millones de personas. Ardió París con epicentro en su Barrio Latino.
Por cierto, se puede hablar de la irrupción e iniciativa del actor estudiantil en episodios que, como regueros
de pólvora, se encendieron también incluyendo a otros países: los estudiantes y obreros italianos del
“autunno caldo”, los españoles, los estadounidenses y los mexicanos, con los trágicos episodios represivos
de la matanza en la plaza Tlatelolco, así como en la entonces Checoslovaquia y Polonia que estaban detrás
de la “Cortina”. El mismo año del sofocamiento de la “primavera de Praga”, del movimiento pacifista
contra la invasión imperialista de Vietnam y de la muerte de Martin Luther King. Y desde ya, en Argentina,
los estudiantes cordobeses que un año después salían a las calles a decir lo suyo y a tratar también de
construir vínculos con las clases trabajadoras para agendas comunes contra las injusticias.
Conmemoramos el “espíritu sesentayochesco” por los ricos planteos y las animaciones de cuestiones
claves como: la valorización de la interdisciplinariedad, la crítica a la filosofía tradicional, las pretensiones
de renovación pedagógica (antiautoritaria), la asunción de compromisos con la realidad social e histórica,
20
la vitalización de nuevas disciplinas (lingüísticas, antropología, psicoanálisis), la impugnación a las
versiones del estructuralismo más jugadas en destacar los aspectos invariantes de las estructuras que
llevaban a conservadurismo e inmovilidad, la importancia del mundo de los símbolos y su relación con
los poderes y los mecanismos de control social, las modificaciones en el modo de abordar la relación
entre conocimiento y creatividad, ciencia y literatura, saber e imaginación, poder y saber. El impulso a
una filosofía que se acercaba a las manifestaciones artísticas, culturales, sociales y a la transformación
de las costumbres.
Nos reconocemos en estos episodios en tanto parte de una tradición de luchas universitarias por
encontrar cauces a los anhelos de libertad, igualdad y justicia y en los planteos acerca de la necesidad de
encarnar los saberes, de apropiarlos y redefinirlos en la interacción con la realidad social, los que tienen
un origen común en la Reforma Universitaria de Córdoba del 18. Esa misión universitaria tan propia de
elaborar conceptos, una tarea cuyo sentido es el de remitir a la necesaria elección, a la decisión vital, al
intento de pelearle a la adversidad y, en definitiva, a definir proyectos transformadores para mejorar las
vidas de las mayorías.
Se trató de una comunidad universitaria que decide preguntarse por las características de la sociedad que
la había engendrado, actuando en nombre de un imaginario antiestatal y autogestionario muy entendibles
en el contexto de una sociedad más desarrollada y con presencia estatal fuerte como la francesa, a más
de una rica y célebre tradición “comunera”, y bajo la influencia de lo que se enunciaba como revolución
cultural china, proceso que entonces convocaba optimismo como alternativa a las dudas crecientes
sobre las experiencias del Este europeo.
Una salto en la tradición autogestionaria por parte de una minoría ilustrada que hacía de las
comunicaciones horizontales una práctica organizativa exploradora y rica (asambleas, comités de base,
consejos de fábricas). Se interpelaba críticamente al poder del Estado capitalista y a sus mecanismos y
aparatos ideológicos y de control social. Una Francia en una situación diferente a la de países como el
nuestro, con su Estado fuerte, centralizado y omnipresente.
Cómo no reconocernos en ese intento de tender puentes con la realidad de los sectores populares,
de revisar todo lo que olía a tradición y formol en la academia, en cuestionar el aislamiento y los
sesgos al autocentramiento de las comunidades universitarias; en la necesidad de cambios en la práctica
docente para hacerla más efectivas en el proceso de aprendizaje y en la profundización democrática
de la sociedad; en la denuncia de las jerarquías que incluía a las camarillas y a los poderes que estaban
detrás de los discursos supuestamente científicos; en la siempre vigente consigna de develar y criticar el
discurso del amo; en la imposibilidad de neutralidad en el conocimiento; en la búsqueda de alternativas
frente a la manipulación y a las fuerzas de integración conformista al mundo diseñado por tecnócratas.
Cómo no reconocernos, en estos tiempos tan difíciles, en esas ganas de entusiasmarnos por el saber y
por su relación con el poder hacer. Cómo no recordar y valorar el indisociable impulso que tuvieron
las reflexiones sobre la violencia cotidiana y las formas de represión del deseo en la modernidad; la
deconstrucción de discursos jurídicos, médicos, punitivos, psiquiátricos; los avances en la conciencia
femenina igualitaria y la crítica a las distintas formas de opresión que hoy llamamos de género (de paso:
las mujeres fueron protagonistas del movimiento en un plano de igualdad, y lo eran en un mundo más
21
pacato y moralista contra el que, precisamente, se rebelaban); el intento de repensar el sujeto social y
político en el marco de una “unidad en la diversidad” a partir de una mayor pluralidad de intereses,
experiencias e identidades; la crítica a la cosificación humana y la reivindicación de relaciones sexuales
libres; la preocupación por el futuro profesional. La demanda de participación para transformar un
sistema universitario que se lo entendía desactualizado y caduco.
Los textos de los grafitis como símbolo, nuevas palabras cargadas de sátira, crítica y sugerentes sentidos
convocantes. Herederos de toda la tradición crítica y político-revolucionaria, así como de los poetas
malditos, incluyendo surrealistas. Un torbellino desatado que coincidía con una profunda renovación en
el conocimiento, en especial, en ciencias sociales y humanidades, constituyendo como acontecimiento
un indudable punto de inflexión al respecto.
Un estado de crisis que, para defraudar a aquellos que suelen horrorizarse frente a lo que solo ven
caos y desorden, también fue una atmósfera de gran vitalidad creativa, de fuerza crítica del orden
existente, de demanda de libertad para hacer avanzar el conocimiento e intentar encarnarlo en una
praxis transformadora del mundo. Un tiempo en que los discípulos asumen el imperativo de tomar la
posta e intentar superar críticamente a los maestros, como debe ser.
Para desconcierto de los enfoques más “teoricistas”, irrumpía otra vez el sujeto colectivo para hacer
recordar que existían también las voluntades y los acontecimientos disruptivos tan propios de la
vida misma. Es decir, más allá de las “estructuras” y sus determinaciones, tal como entonces venía
sosteniendo el prestigioso enfoque estructuralista, asociado a célebres nombres como son los de Claude
Lévi-Strauss, Louis Althusser, Michel Foucault y Jaques Lacan.
La renovada vitalidad y fecundidad en torno a “la cuestión del sujeto”, con la discusión secular sobre
vida y sujeto, existencia y concepto, reflexión y acción, razón y sentimientos. Una recuperación de la
idea acerca de que lo propio humano tiene mucho que ver con su poder y su intrínseca capacidad para
trascender las estructuras condicionantes, para modificar “los datos” de la realidad que lo rodea, para
desnaturalizar el estado de cosas vigente.
Como ejemplo de sus repercusiones hasta lo inimaginable, está la posterior renuncia de un presidente
francés, nada menos que Charles De Gaulle, quien condujera la resistencia y la liberación de Francia de
los alemanes, como resultado de un plebiscito adverso al poco tiempo de estos hechos, en sintonía con
el sentir de mayorías sociales que ya no eran las mismas después de mayo, y que demandaban cambios
a sus gobernantes desde hacía ya demasiado tiempo.
22
Tiempos de contestación y crítica antisistema en la que, sin embargo, era una sociedad opulenta que venía
de crecimiento sostenido y expansión del consumo de masas, si bien en una coyuntura de desaceleración
y enfriamiento económico.
Un mundo que venía de años de expansión económica y que había requerido incrementar las tareas
de formación profesional de científicos, técnicos, ingenieros y administradores y, en consecuencia, que
tuvo su correlato en el crecimiento exponencial de la población universitaria, lo cual constituyó un
nuevo ámbito de incidencia tanto en la política como en la cultura, un colectivo ciudadano que iba a
expresar en muchas ocasiones el descontento social.
Coincidencia con los años dorados del capitalismo de posguerra que Eric Hobsbawm llamó período de
“revolución social y cultural”: decadencia y extinción del campesinado y su modo de vida, crítica a los
valores burgueses, cambios en las costumbres, expansión de la matrícula educativa en todos los niveles,
emergencia del movimiento feminista y avances en la conciencia contra las desigualdades de lo que hoy
llamamos género, humor y mayor liberalidad en relación con los deseos. Un movimiento que se inscribía
en el marco del auge de la cultura juvenil (hipismo, guerrilla, beatniks) a la que también supo dar buena
parte de su contenido.
Una Francia efervescente que, a decir de Alain Badiou, vivía su gran “momento filosófico francés”
durante la segunda mitad del siglo XX, tal como también lo habían sido los “momentos filosóficos”
alemán (fines siglo XVIII y principios del XIX) y griego (siglos V a III AC). Es decir, efervescencia en el
plano de las ideas y su conjugación con un movimiento estudiantil que decidió salir de las aulas y actuar
escribiendo sus páginas en ese debate y tensión filosófica: pensamiento y acción, existencia y concepto,
vitalidad y teoría, todo en torno a la idea o concepto de sujeto.
Los vínculos argentinos con la producción teórica francesa son de larga data y muy intensos, tal como
lo muestran los ecos y el desarrollo que aquí tuvieron el lacanismo en psicoanálisis, la deconstrucción
derridiana, el existencialismo sartreano, los trabajos sobre el disciplinamiento y el poder de Foucault, la
difusión de las ideas sobre la posmodernidad y sobre el estructuralismo de Levi-Strauss y Althusser, por
solo citar enfoques que no pudieron ser indiferentes a la influencia del movimiento de Mayo Francés.
Así fue y es, aunque muchas veces se trató apenas de apropiaciones acríticas y hasta snobs de ideas con
innegables contenidos eurocéntricos cuando no, con vocación imperialista, en vez de asumirlas como
fuentes inspiradoras para crear pensamiento propio y más adecuado a nuestros problemas y necesidades.
Al respecto, nos reconocemos en eso que sugería el “manifiesto antropofágico” del brasileño Oswald de
Andrade ya en 1928, que llamaba a devorar, recrear, resignificar y emancipar el pensamiento nuestro del
legado occidental, tomando lo mejor de este.
Como se expresaba en la conocida como Carta de la Sorbona, elaborada por la dirigencia estudiantil:
“La revolución burguesa fue jurídica, la revolución proletaria fue económica. La nuestra será social y
cultural, para que el hombre pueda devenir él mismo, y no se contente mas con la ideología humanizante
y paternalista”.
23
Podría decirse que esa primavera parisina fue un ensayo general que no logró que la imaginación tomara
finalmente el poder. Pero constituye igualmente un capítulo muy relevante de la historia de los avances
civilizatorios y de la problematización de la relación del mundo universitario y el movimiento estudiantil
con sus propósitos esenciales de reflexión, producción teórica, contribución y militancia para las
transformaciones que lleven a un mundo mejor.
Más allá de los posibles errores propios del movimiento, lo cierto es que fueron años agitados en
los que se había avanzado mucho en planteos cuestionadores al status quo y eso ponía en guardia y
atemorizaba a los poderes y poderosos que prepararían la ofensiva contra-revolucionaria y neoliberal
que se desplegaría desde fines de los años 70.
Pablo A. TAVILLA
Director-Decano Departamento Economía y Administración
Universidad Nacional de Moreno
24
“La lucha continúa” “Usted está intoxicado”
25
“Trabajadores franceses, inmigrantes, únanse” “Volver a la normalidad”
El arte ha muerto: la poesía está en la calle
Una mirada minuciosa sobre los acontecimientos del Mayo Francés no puede soslayar su profunda relación
con los debates intelectuales de la época. Analizar el movimiento requiere considerar la vinculación que
existía en la década del 60 entre el trabajo de los intelectuales y la crítica del orden social. Se trata de un
tiempo en que las nuevas disciplinas sociales exploran el análisis de nuevas áreas de la cultura y, en esta
misma línea, los mensajes que circulan, los códigos y canales a través de los cuales se transmiten, los sujetos
que los producen y que constituirán parte del caldo de cultivo de los sucesos de Mayo.
Mayo del 68 supuso, en Francia y en el mundo, una serie de transformaciones que tuvieron lugar tanto
en el ámbito de la vida cotidiana como en el medio artístico. En este contexto, coincide con los primeros
cambios en la producción y recepción del arte. El rescate de la imaginación y la creatividad, el auge de la
contracultura y las nuevas formas de expresión que encontró el movimiento de Mayo abrevó en las ideas
de la Internacional Situacionista, una organización de artistas e intelectuales revolucionarios creada en
Italia en 1957 y entre cuyos postulados centrales se encontraba terminar con la sociedad de clases y el
capitalismo, y cuyo representante en Francia fue Guy Desbord.
Estos artistas entendían que el arte no era una actividad separada de la vida, sino que era la vida la que
debía convertirse en arte. En efecto, el movimiento realizaba un llamado a un arte anónimo y colectivo,
en tanto consideran al existente fagocitado por el sistema. Reaccionaban a su vez a la posición del crítico
norteamericano Clement Greenberg, vinculado directamente al movimiento abstracto y cuya mirada
renegaba de cualquier tipo de compromiso social asociado al arte.
“La imaginación al poder”, una de las frases que aparece en los graffitis de Mayo y en muchos de sus
afiches, no es otra cosa que una reivindicación del ideal surrealista planteado en 1924 por André Breton,
que señalaba que la imaginación era lo único que permitía conocer aquello que se podía llegar a ser. Así,
además de apelar a la visibilización de ideas políticas de Marx, Proudhon, Bakunin, Lenin, Trotski, Rosa
Luxemburgo, los afiches pusieron de relieve a poetas malditos franceses como Rimbaud y Verlaine junto
con las concepciones surrealistas de Breton, Antonin Artaud y Tristan Tzara.
Es en esta línea que muchas de las propuestas que aparecen en los grafitis apuntan a la muerte del arte:
“El arte ha muerto, liberemos la vida”; “El arte es mierda”; “La poesía está en la calle”; “El arte ha
muerto, Godard no puede evitarlo”.
La referencia al cineasta Jean Luc Godard tiene relación directa con su película La Chinoise (1967), en la
que se relata la historia de un grupo de estudiantes maoístas que se refugiaban en un departamento de
las afueras de París. Los protagonistas adornan las paredes de su casa con fotos de Jean Paul Sartre y con
afiches de la revolución cultural china. Reciben clases de un estudiante argelino que les lee fragmentos de
un libro de Althusser, organizan un rompecabezas del pensamiento moderno escribiendo en distintos
órdenes nombres de pensadores críticos sobre una pizarra, acusan al estructuralismo de ser una ideología
reaccionaria y representan satíricamente la guerra de Vietnam.
Será justamente Godard, junto a los directores de cine Román Polanski, Claude Lelouch y François
Truffaut quienes firmarán el cese de actividades del festival de Cannes durante el agitado 1968 y quienes
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acompañarán la huelga de obreros del cine: “Estoy hablándole de la solidaridad con los estudiantes y los
trabajadores y usted me habla de travellings y primeros planos (...) “No es decir: ‘Yo cineasta voy a hacer
películas políticas’, sino, por el contrario, voy a realizar políticamente películas políticas” le contestará
Godard a un periodista.
Mayo del 68 debe pensarse también en relación directa a las ideas de la generación de pensadores
marxistas-leninistas encabezados por Louis Althusser en la École Normale Supérieure.
Las ideas de Jean-Paul Sartre, por su parte, resultaron centrales en la lucha de los estudiantes que habían
leído sus escritos y a quienes el filósofo y escritor agitaba, megáfono en mano, en las calles de París. Su
entrevista a Daniel Cohn-Bendit (Dani “El Rojo”), cabecilla de la movilización y que fue publicada en
un número especial del semanario Le Nouvel Observateur es igualmente significativa para dar cuenta
socialmente de las reivindicaciones de los obreros y estudiantes.
El escritor argentino Julio Cortázar, residente en París desde 1951, se identificó con los objetivos
planteados por los estudiantes en distintas carta y escritos, entre los que se destaca el poema collage
“Noticias del mes de mayo”, publicado en Último round:
(...)
Es el tiempo de arrase, la batida
contra el falso Museo de la Especie
aquí están las noticias
Mayo del 68 Mayo 68
el poema del día la efímera bengala recurrente
ardiendo en Francia y Alemania
en Río en Buenos Aires en Lima y en Santiago
los estudiantes al asalto
en Praga y en Milán y en Zurcí y en Marsella
los estudiantes llenos de pólvora
los estudiantes que alzan con sus manos desnudas
los pavimentos de cemento y estadística
para apedrear la Gran Costumbre
y en la ordenada cibernética
abrir de par en par ventanas como senos.
Ana C. LÓPEZ
Docente
Universidad Nacional de Moreno
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“La imaginación al poder” “La imaginación al poder”
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“Debajo de los adoquines, la playa”
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