0% encontró este documento útil (0 votos)
299 vistas9 páginas

Filosofía del Utilitarismo y Pragmatismo

El documento explica brevemente el concepto de utilitarismo. 1) El utilitarismo es una teoría ética que sostiene que las acciones morales son aquellas que maximizan la felicidad general. 2) Jeremy Bentham propuso medir cuantitativamente la felicidad producida por los actos. 3) John Stuart Mill distinguió entre placeres intelectuales y placeres sensoriales, y propuso maximizar la felicidad del mayor número de personas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • teoría del conocimiento,
  • método estructuralista,
  • estudios culturales,
  • literatura,
  • existencialismo,
  • sistemas de significación,
  • método científico,
  • Jeremy Bentham,
  • ciencia rigurosa,
  • teoría ética
0% encontró este documento útil (0 votos)
299 vistas9 páginas

Filosofía del Utilitarismo y Pragmatismo

El documento explica brevemente el concepto de utilitarismo. 1) El utilitarismo es una teoría ética que sostiene que las acciones morales son aquellas que maximizan la felicidad general. 2) Jeremy Bentham propuso medir cuantitativamente la felicidad producida por los actos. 3) John Stuart Mill distinguió entre placeres intelectuales y placeres sensoriales, y propuso maximizar la felicidad del mayor número de personas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • teoría del conocimiento,
  • método estructuralista,
  • estudios culturales,
  • literatura,
  • existencialismo,
  • sistemas de significación,
  • método científico,
  • Jeremy Bentham,
  • ciencia rigurosa,
  • teoría ética

¿Qué es el utilitarismo?

Muy relacionado con el hedonismo, el utilitarismo es una teoría de la rama ética de la


filosofía según la cual las conductas moralmente buenas son aquellas cuyas consecuencias
producen felicidad. De este modo, hay dos elementos básicos que definen el utilitarismo: su
modo de relacionar el bien con la felicidad de los individuos y su consecuencialismo.

Esta última propiedad significa que, al contrario de lo que ocurre con algunas doctrinas
filosóficas que identifican el bien con las intenciones buenas que tiene alguien a la hora de
actuar, el utilitarismo identifica las consecuencias de las acciones como el aspecto que
debe ser examinado a la hora de juzgar si una acción es buena o mala.

El cálculo de la felicidad de Bentham

Examinar la bondad o maldad de los actos centrándose en las intenciones que tenemos
puede parecer fácil a la hora de evaluar el grado en el que somos moralmente buenos o
no. A fin de cuentas, solo tenemos que preguntarnos si con nuestras acciones buscábamos
perjudicar a alguien o más bien beneficiar a alguien.

Desde la perspectiva del utilitarismo, sin embargo, ver si nos ceñimos al bien o al mal no es
tan fácil, porque se pierde la referencia clara que son nuestras intenciones, un ámbito en el
que cada uno de nosotros somos nuestros únicos jueces. Pasamos a tener la necesidad de
desarrollar un modo de "medir" la felicidad que generan nuestras acciones. Esta empresa fue
emprendida en su forma más literal uno de los padres del utilitarismo, el filósofo inglés Jeremy
Bentham, que creía que la utilidad puede ser evaluada cuantitativamente tal y como se
hace con cualquier elemento que puede ser identificado en el tiempo y el espacio.

John Stuart Mill y el utilitarismo

John Stuart Mill es considerado uno de los pensadores más influyentes en el desarrollo teórico
del liberalismo, y fue también un entusiasta defensor del utilitarismo. Stuart Mill se preocupó
por resolver una problemática concreta: el modo en el que los intereses del individuo
pueden chocar con los de otras personas en la búsqueda de la felicidad. Este tipo de
conflictos pueden aparecer muy fácilmente por el hecho de que la felicidad y el placer
asociado a esta solo pueden ser experimentados individualmente, y no socialmente, pero a
la vez los seres humanos necesitan vivir en sociedad para tener ciertas garantías de
supervivencia.

Los tipos de felicidad

Si para Bentham la felicidad era básicamente una cuestión de cantidad, John Stuart Mill
estableció una diferencia cualitativa entre diferentes tipos de felicidad.

Así, según él, la felicidad de naturaleza intelectual es mejor que la que se basa en la
satisfacción producida por la estimulación de los sentidos. Sin embargo, tal y como
comprobarían años después los psicólogos y los neurocientíficos, no es fácil delimitar estas
dos clases de placer.
El principio de la mayor felicidad

John Stuart Mill hizo algo más por el utilitarismo con el que había entrado en contacto a
través de Bentham: le añadió definición al tipo de felicidad que debe ser perseguido desde
este planteamiento ético. De este modo, si hasta entonces se entendía que el utilitarismo era
la persecución de la felicidad que es fruto de las consecuencias de las acciones, Stuart Mill
concretó el tema de quién de experimentar esa felicidad: la mayor cantidad posible de
personas.

El utilitarismo como filosofía de vida

¿Resulta de utilidad el utilitarismo como referente filosófico a través del cual estructurar
nuestra manera de vivir? La respuesta fácil a esta cuestión es que descubrir esto depende
de uno mismo y del grado de felicidad que genere en nosotros la implementación de esta
forma de ética.

Sin embargo, hay algo que sí se le puede conceder al utilitarismo como filosofía
generalizable; hoy en día hay una mayor cantidad de investigadores dispuestos a realizar
estudios acerca de los hábitos de vida que están asociados a la felicidad, lo cual significa
que esta teoría filosófica puede ofrecer unas pautas de comportamiento algo más claras
que hace 100 años.

Pragmatismo

El pragmatismo es una tendencia idealista, reaccionaria, en la filosofía burguesa moderna


que niega el carácter objetivo de la verdad y afirma que el valor de una teoría científica se
determina no por el grado en que ella refleja correctamente la realidad, sino sólo por la
utilidad o ventaja que dicha teoría comporta en tal o cual caso concreto. Partiendo de esta
premisa, el pragmatismo considera las “verdades” de la religión (por ejemplo, los mitos de la
inmaculada concepción de Jesús, de la existencia de dios, del infierno y del paraíso, &c.)
como no menos verdaderos que las verdades de la ciencia. Al mismo tiempo, el
pragmatismo renuncia a considerar las teorías matemáticas y científico-naturales como un
fiel reflejo de las leyes objetivas de la Naturaleza: sólo ve en ellas hipótesis subjetivas,
arbitrariamente construida por los sabios, que han de permitirles con mayor o menor
comodidad resolver determinados problemas prácticos.
El contenido reaccionario del pragmatismo es de absoluta evidencia. Como doctrina
filosófica, el pragmatismo se formó a fines del siglo XIX, logrando su mayor difusión en
América y en Inglaterra, donde fueron sus representantes James, Dewey y otros.

Corriente filosófica reaccionaria, variedad del idealismo subjetivo, difundida sobre todo en
los Estados Unidos. El pragmatismo constituye una forma norteamericana del idealismo en la
época actual del imperialismo, análoga al intuicionismo (ver) en Francia, y a lo que se llama
la “filosofía de la vida” en Alemania. Lo que caracteriza a todas estas escuelas
reaccionarias, es la negación de las leyes objetivas del mundo a las que substituyen por las
sensaciones, por las “afecciones” humanas, consideradas como la única realidad. Los
principios fundamentales del pragmatismo fueron formulados por Peirce (1839-1914). El
representante más influyente de esta filosofía, William James (ver) la difundió ampliamente
entre los ideólogos reaccionarios. Posteriormente, John Dewey (ver) se convierte en el jefe
de esta escuela. En Gran Bretaña, el pragmatismo fue propagado por Schiller, y en Italia, por
Papini.

El pragmatismo no se distingue del voluntarismo (ver) y del “machismo”. (Ver


Empiriocriticismo; Mach). “Considerar la verdad como un instrumento del conocimiento”,
escribía Lenin, “significa, en una palabra, pasar al agnosticismo, es decir, abandonar el
materialismo. A este respecto y para todos los problemas esenciales, pragmatistas,
‘machistas’, empiriomonistas, son astillas del mismo palo” (Obras. Ed. rusa). La diferencia
entre el pragmatismo y el “machismo” es insignificante, mínima, como lo dijo Lenin. El
pragmatismo identifica la realidad con el conjunto de la experiencia subjetiva, de las
sensaciones. Lo que distingue esa variedad del idealismo subjetivo, es que reduce la verdad
a lo que es prácticamente útil, ventajoso.

Lo verdadero es lo útil, dicen los pragmatistas. Y la “utilidad” es considerada desde el ángulo


de los intereses de la burguesía. Rehusando admitir que la verdad es el reflejo de la realidad
objetiva en la conciencia, el pragmatismo declara verdaderas las ideas religiosas y todos los
propósitos reaccionarios de las clases explotadoras en la medida en que sirvan sus intereses,
o, como dicen los pragmatistas, en la medida en que “trabajen” para ellos. La concepción
pragmática de las relaciones entre la teoría y la práctica se halla en oposición directa con
el materialismo dialéctico, según el cual, la práctica social es el criterio de la verdad
objetiva. Tal identificación de la verdad y de la utilidad hace de la teoría pragmática un
instrumento al servicio de lo absolutamente arbitrario y de todas las falsificaciones posibles
en beneficio de la ideología y de la política reaccionarias, y abre ampliamente las puertas
al obscurantismo. La “verdad” se convierte así en el medio de justificar todas las aventuras
imperialistas, un instrumento de lucha contra las ideas científicas y sociales de vanguardia,
un medio de embrutecer a las masas. (Ver igualmente Instrumentalismo).

Parte del denominado “principio del pragmatismo”, que determina el significado de la


verdad por su utilidad práctica (Peirce). En los trabajos de James, el pragmatismo se
presenta como método para resolver las discusiones filosóficas mediante la comparación de
las “consecuencias prácticas” desprendidas de tal o cual teoría, y como teoría de la
verdad: la verdad es “lo que ‘funciona’ mejor para nosotros, lo que mejor conviene a cada
parte de la vida y puede unirse a todo el conjunto de nuestra experiencia”. La concepción
subjetivista de la “práctica” y de la verdad conduce al pragmatismo a definir el concepto
(la idea) como “instrumento” de la acción (Dewey), y el conocimiento, como conjunto de
“verdades” subjetivas (“humanismo” de Ferdinand Canning Scott Schiller).

Estructuralismo

El estructuralismo es un enfoque de investigación de las ciencias sociales que creció hasta


convertirse en uno de los métodos más utilizados para analizar el lenguaje, la cultura y la
sociedad en la segunda mitad del siglo XX.

El término no hace referencia clara a una escuela definida de pensamiento filosófico como
la antropología cultural, la lingüística, el marxismo, etc., aunque tiene derivaciones filosóficas
de consideración. La obra de Ferdinand de Saussure Curso de lingüística general (1916) es
considerada habitualmente el punto de origen de las ideas subyacentes a dicho
planteamiento.

En general, es un enfoque filosófico que trata de analizar un campo específico como un


sistema complejo de partes relacionadas entre sí, al decir de Roman Jakobson. Por tanto, en
términos amplios y básicos el estructuralismo busca las estructuras a través de las cuales se
produce el significado dentro de una cultura. De acuerdo con esta teoría, el significado es
producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven
como sistemas de significación (estudiando cosas tan diversas como la preparación de la
comida y rituales para servirla, ritos religiosos, juegos, textos literarios y no literarios, formas de
entretenimiento, etc.).

La novedad que introduce este enfoque no es la idea misma de estructura, ya presente de


forma continua a lo largo del pensamiento occidental, sino la eliminación en ella de un
concepto central que ordene toda la realidad, como sucedía con las ideas platónicas. Para
F. Wahl, la cesura estructuralista pasa por el concepto de signo.

El iniciador y más prominente representante de la corriente fue el antropólogo y etnógrafo


Claude Lévi-Strauss (década de 1940), quien analiza fenómenos culturales como la
mitología y los sistemas de parentesco. Durante los años 1940 y 50, la escena filosófica
francesa se caracterizó por el existencialismo, fundamentalmente a través de Jean-Paul
Sartre, apareciendo también la fenomenología, el retorno a Hegel y la filosofía de la ciencia,
con Gastón Bachelard.

Características
Jean Piaget ha definido las estructuras a través de tres características:
1. Transformaciones, ya que poseen un equilibrio dinámico.
2. Autorregulación, pues suponen un sistema de transformaciones autormoduladas por un
sistema cerrado.

Método estructuralista
El método estructuralista estaba presente en matemáticas, lógica, física y biología. En
psicología se asocia con la «forma» para superar los planteamientos de la teoría
asociacionista. Se inspira en la lingüística, en la que se distinguen «lengua» y «habla». La
lengua es el sistema de signos de la sociedad ya estipulado, y el habla, el modo de referirse
de cada individuo en particular. La sociedad se estudia como un conjunto de signos
destinados a asegurar entre los individuos cierto tipo de comunicación.

Fenomenología

Fenomenología, ciñéndonos a la etimología de la palabra, es el estudio de los fenómenos.


La palabra se compone de las voces griegas φαινόμενoν (fainómenon), que significa
‘fenómeno, lo que se manifiesta, lo que se muestra’, y λóγος (lógos), ‘estudio, tratado’.

Como tal, la fenomenología es una corriente idealista subjetiva dentro de la filosofía que se
propone el estudio y la descripción de los fenómenos de la conciencia o, dicho de otro
modo, de las cosas tal y como se manifiestan y se muestran en esta. Asienta que el mundo
es aquello que se percibe a través de la conciencia del individuo, y se propone interpretarlo
según sus experiencias. En este sentido, valora el empirismo y la intuición como instrumentos
del conocimiento fenomenológico.

La fenomenología es amplia y ha desarrollado distintas vertientes a lo largo de la historia,


siendo algunos de sus mayores representantes Edmund Husserl, Max Scheler, Martin
Heidegger, Maurice Merleau-Ponty o Jean Paul Sartre.
Fenomenología trascendental

La fenomenología trascendental es un movimiento filosófico, opuesto al positivismo,


desarrollado por Edmund Husserl, quien se propuso que la filosofía tuviese las bases y las
condiciones de una ciencia rigurosa (como las ciencias naturales), y que además sirviese
como fundamento en las ciencias humanas. Su punto de partida es la vivencia del sujeto y
la intencionalidad que rige las relaciones de este con su realidad externa, pues estas
experiencias configuran las ideas que definen el mundo que lo rodea. En este sentido, la
fenomenología trascendental se constituye como un método que funciona para
desentrañar el sentido y características de la intencionalidad humana, y así finalmente
arribar a la conciencia pura o trascendental.

Fenomenología del espíritu

Como Fenomenología del espíritu se titula una de las obras capitales del filósofo alemán
Georg Wilhelm Friedrich Hegel. En ella son abordados temas tan complejos como la teoría
del conocimiento, la historia, la ciencia, la religión y la ontología, con el objetivo de dilucidar
el concepto de ciencia. De esta manera, Hegel avanza en una dialéctica de las formas o
fenómenos de la conciencia, desde la sensación individual hasta llegar a la razón universal,
es decir, el saber absoluto.

Fenomenología en Psicología

En Psicología, la fenomenología, inspirada en el pensamiento de Edmund Husserl, designa el


estudio de los fenómenos de la conciencia en cuanto experiencia subjetiva, y se ha
constituido como un campo de saber científico denominado psicología fenomenológica. En
este sentido, como psicología fenomenológica se considera la explicación de las vivencias
de un individuo basada en la consideración de sus experiencias concretas con el mundo.
Este método de estudio ha sido aplicado para el análisis de diferentes patologías y su
finalidad, como tal, es obtener una comprensión teórica que posibilite lidiar con el
fenómeno.
Existencialismo

El existencialismo es una corriente filosófica que tuvo su origen en el siglo XIX y se prolongó
aproximadamente hasta la segunda mitad del siglo XX. Los filósofos existencialistas se
centraron en el análisis de la condición humana, la libertad y la responsabilidad individual,
las emociones, así como el significado de la vida. No se trata de una escuela filosófica
homogénea ni sistematizada, y sus seguidores se caracterizan principalmente por sus
reacciones contra la filosofía tradicional. Actualmente se consideran tres tipos de "escuelas"
existencialistas: el existencialismo cristiano, el existencialismo agnóstico y el existencialismo
ateo.

Nunca existió un acuerdo general sobre la definición de existencialismo. El término a


menudo es visto como una conveniencia histórica que fue inventada para describir a
muchos filósofos, en retrospectiva, mucho después de haber muerto. De hecho, aunque
generalmente se considera que el existencialismo se originó con la obra de Kierkegaard, fue
Jean-Paul Sartre el primer filósofo prominente en adoptar el término para describir su propia
filosofía. Sartre propone la idea de que «Todos los existencialistas tienen en común la
doctrina fundamental de que la existencia precede a la esencia» lo que significa que la
consideración más importante para la persona es el hecho de ser un ser consciente que
actúa de forma independiente y responsable: «la existencia», en lugar de ser etiquetado
con roles, estereotipos, definiciones u otras categorías preconcebidas que se ajustan al
individuo: «la esencia». La vida real de la persona es (lo que constituye) lo que podría
llamarse su «verdadera esencia» en lugar de estar allí atribuido a una esencia arbitraria que
otros utilicen para definirla.

Según el filósofo Steven Crowell, definir el existencialismo ha sido relativamente difícil, y


argumenta que se comprende mejor como un enfoque general que se utiliza para rechazar
ciertas filosofías sistemáticas, y no como una filosofía sistemática en sí.

Historia

Algunos consideran que el existencialismo en sí atraviesa a toda la historia de la humanidad


(por ejemplo en la sumeria Epopeya de Gilgamesh se encuentran planteamientos llenos de
angustia, esperanza, duelo, melancolía, anhelos de eternidad, que luego reiterará siempre
el existencialismo) ya que sus temas son los capitales de cada ser humano y de todo el
conjunto de la humanidad.

El existencialismo tiene sus antecedentes en el siglo XIX en el pensamiento de Søren


Kierkegaard y Friedrich Nietzsche. También, aunque menos directamente, en el pesimismo
de Arthur Schopenhauer, así como en las novelas de Fiódor Dostoyevski. En el siglo XX, entre
los filósofos más representativos del existencialismo se encuentran Lev Shestov, Martin
Heidegger, Karl Jaspers, Jean-Paul Sartre, Miguel de Unamuno, Simone de Beauvoir, Gabriel
Marcel y Albert Camus.
Desarrollo en el siglo XX

El existencialismo nace como una reacción frente a las tradiciones filosóficas imperantes,
tales como el racionalismo o el empirismo, que buscan descubrir un orden legítimo dentro
de la estructura del mundo observable, en donde se pueda obtener el significado universal
de las cosas. Entre los años 1940 y 1950, existencialistas franceses como Jean-Paul Sartre,
Albert Camus y Simone de Beauvoir dieron a conocer escritos académicos o de ficción que
popularizaron temas existenciales del tipo de la libertad, la nada, el absurdo, entre otros.
Walter Kaufmann describió el existencialismo como "el rechazo a pertenecer a cualquier
escuela de pensamiento, el repudiar la adecuación a cualquier cuerpo de creencias, y
especialmente las sistemáticas, y una marcada insatisfacción hacia la filosofía tradicional, la
cual tacha de superficial, académica y alejada de la vida".

Tres escuelas de existencialismo

En términos de la existencia e importancia de Dios, hay tres escuelas de pensamiento


existencialista: el existencialismo ateo (representado por Sartre), el existencialismo cristiano
(Kierkegaard, Dostoievski, Unamuno o Gabriel Marcel) y el agnóstico (Camus, Heidegger).
Esta última propone que la existencia o la inexistencia de Dios es una cuestión irrelevante
para la existencia humana: Dios puede o no existir. El problema, tan sólo por tener una idea
firme, no soluciona los problemas metafísicos del hombre.

Heidegger se distancia expresamente de Sartre en su Carta sobre el humanismo. Buytendijk,


psicólogo cercano a Heidegger, admite ser existencialista. Merleau-Ponty es un gran
representante de la corriente, aunque manteniendo más nexos con la fenomenología de
Husserl. Martin Buber, por su parte, representa a una corriente de existencialismo judío muy
influida por el hasidismo. Mientras que Gabriel Marcel y Jacques Maritain son encuadrables
en un "existencialismo cristiano" no tanto de línea kierkegaardiana sino más bien
jasperiana/mounierista (filosofía de la existencia y personalismo).
Filosofía Hispánica

La filología hispánica es la rama de la filología que se ocupa del estudio de la lengua


española y su literatura, y en ocasiones de las demás lenguas y literaturas de España, en
particular en las universidades donde no existe una carrera de filología específica para estas
lenguas. Actualmente esta carrera se imparte en todos los países de habla hispana, en
todos aquellos en los que hay una academia de la lengua y en muchos otros que la
imparten en sus universidades atendiendo a la importancia de la lengua y a su demanda
por parte del alumnado: la mayoría de países de la UE, Estados Unidos, Rusia, Filipinas, Corea
del Sur, Japón, etc. De la difusión y enseñanza internacional de la lengua española se
encarga el Instituto Cervantes mientras que la finalidad de la Filología hispánica es la de
estudiar la estructura e historia de la lengua, así como las obras literarias producidas en
español.

En España, es una titulación de primer y segundo ciclo, perteneciente al área de


humanidades. Las enseñanzas conducentes a la obtención del título oficial de Licenciado
en Filología hispánica enseñan una formación en filología general y un especial énfasis en
todo lo que tenga que ver con la lengua española en todos los ámbitos: lingüístico, literario y
cultural propios de la lengua española.

También podría gustarte