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Plazos y Recursos en Derecho Administrativo

Este documento presenta la decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso "Gorordo", en el que modifica su criterio anterior y establece que el juez de primera instancia puede revisar de oficio el cumplimiento de los plazos procesales para declarar la inadmisibilidad de una demanda. En particular, determina que el juez puede declarar extemporánea una demanda contra una resolución administrativa que rechazó una denuncia de ilegitimidad por haber vencido el plazo para recurrir administrativamente.

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Plazos y Recursos en Derecho Administrativo

Este documento presenta la decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso "Gorordo", en el que modifica su criterio anterior y establece que el juez de primera instancia puede revisar de oficio el cumplimiento de los plazos procesales para declarar la inadmisibilidad de una demanda. En particular, determina que el juez puede declarar extemporánea una demanda contra una resolución administrativa que rechazó una denuncia de ilegitimidad por haber vencido el plazo para recurrir administrativamente.

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CSJN, “Gorordo", 0 4 /0 2 /1 9 9 9

Tribunal: Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Fecha: 04/02/1999

Partes: Gorordo Allaria de Kralj, Haydée M. v. Ministerio de Cultura y Educación

Publicado en: ABELEDO PERROT N°: 993444

TEXTO COMPLETO

Con nota de ALEJANDRO M. CANESE y LUIS A. MERLO

Buenos Aires, febrero 4 de 1999.-

Considerando:

1. Que la sala 2a de la C. Nac. Cont. Adm. Fed. confirmó el pronunciamiento del juez de
primera instancia por el cual se declaró, con fundamento en lo dictaminado por el fiscal
federal, no habilitada la instancia por haber vencido el plazo previsto en el art. 25 ley 19549
(1).
2. Que, para así decidir, sostuvo el a quo que "el rechazo en sede administrativa de una
denuncia de ilegitimidad no es, en principio, susceptible de ser impugnado por una acción
contencioso administrativa por configurar el ejercicio de una facultad discrecional (...) y no
puede importar el restablecimiento de plazos perentorios fenecidos (art. 1 inc. e punto 6 ley
19549 )...". Seguidamente expresó que "un recurso extemporáneo no produce el efecto
interruptivo previsto en el art. 1 inc. e punto 7 ley 19549 , ni su tramitación suspende el
término para deducir la acción judicial, que es perentorio...".

Concluyó la Cámara que, al haber vencido los plazos legales para recurrir en sede
administrativa la resolución impugnada, la demanda resulta extemporánea, en tanto se
encuentra excedido el plazo establecido en el citado art. 25 ley 19549 .

3. Que, contra el pronunciamiento de la alzada, la demandante interpuso el recurso


extraordinario de fs. 85/89, cuya denegación dio origen a la presente queja. Entre otras
consideraciones, destaca la recurrente que la sentencia dictada por el a quo lesiona sus
garantías constitucionales de defensa en juicio, igualdad ante la ley y propiedad. Ello toda
vez que, el juez de primera instancia rechazó de oficio la demanda contraviniendo la doctrina
de este tribunal sentada en los precedentes registrados en Fallos 313-228 y 315-2217 y
porque no existe norma legal que determine que los actos administrativos que rechazan una
denuncia de ilegitimidad son irrecurribles judicialmente.

4. Que por razones de orden lógico corresponde examinar en primer término el agravio
consistente en la imposibilidad de que el juez de primera instancia deniegue de oficio la
habilitación de la instancia judicial, pues de arribar a la solución propiciada por la recurrente
devendría inoficioso pronunciarse sobre el restante agravio de naturaleza federal.

5. Que el planteo formulado por la impugnante relativo a la imposibilidad de que el juez de


primera instancia deniegue de oficio la habilitación de la instancia judicial por no ser ello

1
compatible con la garantía del art. 18 CN. suscita cuestión federal suficiente para su examen
en la instancia del art. 14 ley 48 (2) Fallos 313-228 (3).

6. Que si bien este tribunal en los casos "Cohen" (Fallos 313-228) y "Construcciones Taddia
S.A." (Fallos 315-2217) (4) se pronunció contra la posibilidad de revisar de oficio o a
instancia de los fiscales el cumplimiento de los recaudos de admisibilidad de la acción
procesal administrativa con anterioridad a la traba de la litis, un nuevo examen de esta
delicada y trascendente cuestión conduce a esta Corte a modificar dicho criterio y a concluir
en sentido opuesto al antes referido. Tal cambio de parecer se sustenta en las razones que
seguidamente se exponen.

7. Que para que el órgano jurisdiccional pueda examinar en cuanto al fondo la pretensión
que ante él se deduce es preciso que concurran ciertas circunstancias establecidas por el
derecho procesal conocidas como requisitos o presupuestos procesales. El examen de estos
recaudos, que condicionan la admisibilidad de la pretensión, puede ser efectuado no sólo a
requerimiento de la demandada, sino también, dada su naturaleza, en una etapa preliminar en
la cual el juez puede desestimar oficiosamente la demanda (art. 337 CPr. ), sin que por ello
se convierta en el intérprete de la voluntad implícita de una de las partes ni se altere el
equilibrio procesal de los litigantes en desmedro de la parte contraria.

8. Que en lo que respecta al proceso contencioso administrativo el actor, además de las


condiciones de admisibilidad establecidas en el Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, debe cumplir con aquellos requisitos específicos de este tipo de proceso previstos en
el Título IV ley 19549 , cuyo cumplimiento en cada caso concreto el juez está facultado a
verificar.

9. Que, por lo demás, la revisión de oficio in limine litis de los requisitos de admisibilidad
antes de correr traslado de la demanda también está establecida en diversas leyes federales
que regulan procesos contencioso administrativos especiales (art. 3 ley 16986 [5], de
amparo; arts. 84 y 85 ley 11683 [6], de procedimiento para la aplicación, percepción y
fiscalización de impuestos; arts. 1175 y 1176 ley 32415 [7], Código Aduanero y arts. 1 y 2
dec.-ley 14715, régimen de contestación de demandas del Banco Central) y en la mayoría de
los códigos procesales administrativos provinciales (Bs. As., art. 36 ley 2961 [8]; Catamarca,
art. 22 ley 2403 [9]; Córdoba, arts. 11 y 20 ley 7182 [10]; Corrientes, arts. 58 y 50 ley 4106
[11]; Chaco, art. 32 ley 848 [12] modificada por ley 4051 [13]; Entre Ríos, art. 45 ley 7061
[14]; Formosa, art. 45 ley 584 [15]; Jujuy, art. 34 ley 1883 , modificada por ley 4141 [16];
La Pampa, art. 29 ley 952 [17]; La Rioja, art. 43 ley 4243 [18]; Mendoza, art. 38 ley 3918
[19]; modificada por ley 4232 [20]; Neuquén, art. 39 ley 1305 [21]; Salta, art. 34 ley 793 ;
Santiago del Estero, art. 33 ley 2397 ; Tierra del Fuego, art. 30 ley 133 y Tucumán, art. 30
ley 6205 [22]).

10. Que, teniendo presente lo expuesto, corresponde decidir que dada la condición de
presupuesto procesal del plazo de caducidad establecido en el art. 25 ley 19549 el juez de
primera instancia estaba facultado para examinar de oficio su cumplimiento y rechazar en
caso contrario in limine la pretensión (art. 337 CPr. ), pues su falta no requería la expresa
denuncia por parte del demandado.

11. Que, habida cuenta de lo expuesto cabe entrar a examinar el segundo agravio
desarrollado en el remedio extraordinario vinculado a la revisión judicial de la Resolución
del Ministerio de Cultura y Educación 3416/94 por la cual se desestimó la denuncia de
ilegitimidad presentada por la actora. Tal planteo suscita cuestión federal, pues se halla en
tela de juicio la interpretación y aplicación de una norma de naturaleza federal -como es el
art. 1 inc. e ap. 6 ley 19549 - y la decisión de la alzada ha sido resuelta en forma contraria al
derecho que en ella fundó el apelante (art. 14 inc. 3 ley 48 ).

2
12. Que la decisión administrativa que desestima en cuanto al fondo un recurso
extemporáneo, tramitado en el caso como denuncia de ilegitimidad, no es susceptible de ser
impugnada en sede judicial porque, al haber dejado vencer el interesado el término para
deducir los recursos administrativos, ha quedado clausurada la vía recursiva, y, por ende, la
posibilidad de agotar la vía administrativa, requisito insoslayable para la habilitación de la
instancia judicial (art. 23 inc. a ley 19549 ). Esta conclusión encuentra sustento, en primer
lugar, en lo dispuesto en el inc. e ap. 6 del art. 1 ley 19549 , el cual determina: "Una vez
vencidos los plazos establecidos para interponer recursos administrativos se perderá el
derecho para articularlos..."; y, además, en el carácter perentorio (art. 1 inc. e ap. 6) y
obligatorio (art. 1 inc. e ap. 1) que dicho cuerpo legal confiere a los plazos para recurrir.

13. Que, asimismo, la no revisabilidad judicial del acto que rechaza en cuanto al fondo una
denuncia de ilegitimidad se deriva de su condición de remedio extraordinario previsto por el
ordenamiento jurídico con el propósito de asegurar el control de legalidad y eficacia de la
actividad administrativa, y a través del él, el respeto de los derechos e intereses de los
administrados.

14. Que el criterio expresado no causa lesión al derecho de defensa de la actora (art. 18 CN. )
pues ésta, no obstante haber tenido la oportunidad para ejercerlo adecuadamente, no lo hizo,
en tanto omitió articular dentro del término perentorio fijado en el decreto 1759/72 (23) (t.o.
por el decreto 1883/91) (24) el recurso administrativo pertinente. La garantía de la defensa
no ampara la negligencia de las partes. Quien ha tenido amplia oportunidad para ejercer sus
derechos responde por la omisión que le es imputable (Fallos 287-145; 290-99; 306-195
[25]; entre otros).

15. Que, por lo demás, sería claramente irrazonable otorgar el mismo efecto a la denuncia de
ilegitimidad -que no es más que una impugnación tardíamente interpuesta- que a un recurso
deducido en término. Ello implicaría colocar en pie de igualdad al particular que se comporta
en forma negligente respecto de aquel que actúa con diligencia para proteger sus derechos.

Por ello, se hace lugar a la queja, se declara procedente el recurso interpuesto y se confirma
la sentencia apelada. Costas por su orden en atención al cambio de criterio del tribunal.
Notifíquese, agréguese la queja al principal y devuélvase. Julio S. Nazareno.- Antonio
Boggiano.- Gustavo A. Bossert.- Adolfo R. Vázquez. Con su voto: Carlos S. Fayt. En
disidencia: Eduardo Moliné O'Connor.- Augusto C. Belluscio.- Enrique S. Petracchi.-
Guillermo A.F. López.

VOTO DEL DR. FAYT.- Considerando: 1. Que contra la sentencia de la sala 2a de la C.


Nac. Cont. Adm. Fed. que, al confirmar la de primera instancia, declaró no habilitada la
instancia judicial, la actora interpuso el recurso extraordinario federal, cuya denegación dio
lugar a esta queja.

2. Que para así decidir la alzada sostuvo que "el rechazo en sede administrativa de una
denuncia de ilegitimidad no es, en principio, susceptible de ser impugnado por una acción
contencioso administrativa por configurar el ejercicio de una facultad discrecional" que "no
puede importar el restablecimiento de plazos perentorios fenecidos". Añadió que "un recurso
extemporáneo no produce el efecto interruptivo previsto en el art. 1 inc. e punto 7 ley 19549
, ni su tramitación suspende el término para deducir la acción judicial, que es perentorio".
"Siendo ello así -afirmó finalmente- y habiendo vencido los plazos legales para recurrir
administrativamente la Resolución S.F.P. 152/92 , cabe concluir que la demanda de autos
resulta extemporánea, en tanto se encuentra excedido el plazo previsto por el art. 25 ley
19549 ".

3
3. Que por razones de orden lógico corresponde examinar en primer término el agravio
relativo a la facultad judicial para denegar de oficio la habilitación de la instancia, pues de
arribar a la solución propiciada por la recurrente devendría inoficioso pronunciarse sobre el
restante agravio de naturaleza federal.

4. Que esta cuestión encuentra adecuada respuesta en lo resuelto en Fallos 315- 2217,
disidencia del juez Fayt, a cuyos fundamentos corresponde remitirse por razones de
brevedad.

5. Que el planteo relativo a la revisión judicial de la Resolución del Ministerio de Cultura y


Educación 3416/94 suscita cuestión federal bastante, pues se encuentra en tela de juicio la
interpretación y aplicación de una norma de naturaleza federal -art. 1 inc. e ap. 6 ley 19549 -
y la decisión recurrida fue contraria al derecho que en ella fundó la apelante (art. 14 inc. 3
ley 48 ).

6. Que la decisión administrativa que desestima en cuanto al fondo un recurso


extemporáneo, tramitado en el caso como denuncia de ilegitimidad, no es susceptible de ser
impugnada en sede judicial porque, al haber dejado vencer el interesado el término para
deducir los recursos administrativos, ha quedado clausurada la vía recursiva, y, por ende, la
posibilidad de agotar la vía administrativa, requisito insoslayable para la habilitación de la
instancia judicial (art. 23 inc. a ley 19549 ). Esta conclusión encuentra sustento, en primer
lugar, en lo dispuesto en el art. 1 inc. e ap. 6 ley 19549 , el cual determina: "Una vez
vencidos los plazos establecidos para interponer recursos administrativos se perderá el
derecho para articularlos..."; y, además, en el carácter perentorio (art. 1 inc. e ap. 6) y
obligatorio (art. 1 inc. e ap. 1) que dicho cuerpo legal confiere a los plazos para recurrir.

7. Que el criterio expresado no causa lesión al derecho de defensa de la actora (art. 18 CN.
[26]) pues ésta, no obstante haber tenido la oportunidad para ejercerlo adecuadamente, no lo
hizo, en tanto omitió articular dentro del término perentorio fijado en el decreto 1759/72 (t.o.
por el decreto 1883/91) el recurso administrativo pertinente. La garantía de la defensa no
ampara la negligencia de las partes. Quien ha tenido amplia oportunidad para ejercer sus
derechos responde por la omisión que le es imputable (Fallos 287-145; 290-99; 306-195,
entre otros).

Por ello, se hace lugar a la queja, se declara procedente el recurso interpuesto y se confirma
la sentencia apelada. Costas por su orden en atención al cambio de criterio del tribunal.
Notifíquese, agréguese la queja al principal y devuélvase.

DISIDENCIA DE LOS DRES. MOLINÉ O'CONNOR, BELLUSCIO Y LÓPEZ -


Considerando: que la cuestión debatida en el sub examine encuentra adecuada respuesta en
lo resuelto en Fallos 313-228 y 315-2217, a cuyos fundamentos corresponde remitirse por
razones de brevedad.

Por ello, se hace lugar a la queja, se declara procedente el recurso extraordinario y se revoca
la sentencia apelada. Vuelvan los autos al tribunal de origen para que, por quien
corresponda, se dicte un nuevo pronunciamiento con arreglo a lo allí expresado. Notifíquese,
agréguese la queja al principal y remítase.

NOTAS:

(1) ALJA 1972-A-382 - (2) ALJA 1853-1958-1-14 - (3) JA 1993-II, síntesis - (4) JA 1993-
III-397 - (5) ALJA 1967-A-500 - (6) ALJA 1974-B-26 - (7) LA 1991-A-82 (8) ALJA 1853­
1958-2-23 - (9) ALJA 1971-B-1140 - (10) LA 1984-B-1364 - (11) LA 1987-A-1068 - (12)
ALJA 1967-B-1760 - (13) LA 1994-C-3992 - (14) LA 1993-A-881 - (15) LA 1996-A-583 -
(16) LA 1985-A-719 - (17) LA 1979-B-2334 - (18) LA 1983-B- 2724 - (19) ALJA 1973-B-

4
1672 - (20) ALJA 1977-B-1883 - (21) LA 1981-B-2160 - (22) LA 1991-B-2668 - (23) ALJA
1972-A-391 - (24) LA 1991-C-3002 - (25) JA 1985- I-47 - (26) LA 1995-A-26.

EL FIN DEL ENIGMA

(La habilitación de la instancia en el proceso contencioso administrativo)

Por ALEJANDRO M. CANESE y LUIS A. MERLO

SUMARIO: I. Introducción.- II. Un breve "racconto", primera etapa, la génesis.- III. Una
segunda etapa, del permiso al privilegio.- IV. Los primeros antecedentes.- V. Los
precedentes de la Corte Suprema de Justicia y la Cámara Contencioso Administrativa.- VI.
Un primer giro en la cuestión tratada.- VII. La corte cambia expresamente su posición.- VIII.
Conclusiones

I. INTRODUCCIÓN

En la revista "Actualidad en Derecho Público", el Dr. Guillermo Muñóz publicó un trabajo


con el título "El enigma de la habilitación de la instancia" (1). Se refería allí a los problemas
y dificultades que un tema aparentemente simple como sería el de la habilitación de la
instancia judicial en el procedimiento contencioso administrativo ha originado. La
publicación es relativamente reciente y en ella, aparte de las elaboraciones del autor, pueden
encontrarse las opiniones tanto de las Cámaras Federales como de la Corte Suprema de
Justicia a ese respecto, así como la evolución que han ido experimentado con el correr del
tiempo y con las diversas composiciones de los cuerpos colegiados.

A posteriori, y con motivo de los cambios suscitados en el ámbito de nuestra jurisprudencia,


publicamos en esa misma revista un artículo con el título "El enigma continúa" (2), en donde
se trató el tema in extenso a propósito de las consideraciones vertidas por nuestro Supremo
Tribunal en la causa "Unión Obrera Metalúrgica v. Estado Nacional -Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social s/juicio sumarísimo-" (3) y ante la inminencia de que dicho Tribunal se
pronunciara en la causa "A.T.E. v. Poder Ejecutivo Nacional-Jefatura de Gabinete de
Ministros s/amparo".

Recientemente, tanto la Corte Suprema de Justicia de la Nación como la C. Nac. Cont. Adm.
Fed. pusieron un punto final a la cuestión relacionada con la declaración de oficio de la falta
de habilitación de la instancia -el pronunciamiento sobre el incumplimiento de los plazos
establecidos en el art. 25 ley 19549 (ALJA 1972-A-382) y los demás requisitos de
admisibilidad formal- con carácter previo al traslado de la demanda, a partir de la sentencia
dictada en el recurso de hecho deducido por Haydeé M. Gorordo Allaria de Kralj por ante la
Corte Suprema de Justicia en la causa "Gorordo, Allaria de Kralj, Haydeé M. v. Estado
Nacional -Ministerio de Cultura y Educación- (4/2/99 G-1530-XXXII) y la doctrina sentada
por la C. Nac. Cont. Adm. Fed., en pleno en la causa n. 26426/94 "Romero, Gerardo v.
Estado Nacional (E.M.G.E.)" de fecha 15/4/99.

Creemos que por fin se ha aclarado el enigma de la cuestión en estudio y el hecho nos
motivó a escribir el presente artículo.

II. UN BREVE "RACCONTO", PRIMERA ETAPA, LA GÉNESIS

Tal como se lo expusiera en su oportunidad (4), es comprensible y resulta lógico a poco que
se piense, que no es lo mismo demandar al Estado Nacional que demandar a un ciudadano
particular toda vez que no persiguen los mismos intereses ni son los mismos fines los que
procuran uno y otro respectivamente. El particular gestiona su propio y particular beneficio y
el Estado, el bienestar general o el de todos los ciudadanos para lo cual debe contar con los

5
medios y recursos para tal trascendental cometido, lo que justifica algunas prerrogativas de
las que goza la actividad estatal, pero que en nuestro sistema se encuentran compensadas a
efectos de no afectar ciertas libertades y garantías que el sistema otorga a los administrados.

Haciendo un pequeño racconto introductorio de la cuestión que nos ocupa, corresponde


señalar que en los orígenes de nuestra organización el Estado Nacional era considerado
indemandable e irresponsable. Por esa época, se interpretaba que la cláusula constitucional
pertinente -art. 100, actual 116-, sólo autorizaba la intervención de la Nación en juicios
cuando actuaba como parte actora.

Luego se avanzó en la idea de que el Estado Nacional podía ser llevado a juicio, aunque para
ello se necesitaba una autorización expresa del Congreso. Esto significó una ley formal que
se sancionaba caso por caso.

Finalmente, -y entendemos que por razones en parte históricas y en parte prácticas- en el año
1900 la ley 3952 (ALJA 1853-1958-1-175), denominada de "Demandas contra la Nación",
facultó en forma general a accionar contra el Estado Nacional estableciendo una serie de
requisitos procesales y prescribiendo en su art. 1 que los "... tribunales federales y los jueces
letrados de los territorios nacionales conocerán de las acciones civiles que se deduzcan
contra la Nación en su carácter de persona jurídica, sin necesidad de autorización previa
legislativa, pero no podrán darles curso sin que se acredite haber precedido la reclamación de
los derechos controvertidos ante el P.E. y su denegación por parte de éste" -la bastardilla nos
pertenece-.

Más adelante, con el dictado en el año 1932 de la ley 11634 -que terminó con el problema de
la interpretación de la doble personalidad del Estado al menos en relación con su
demandabilidad- el panorama parecía despejado y la vía completamente abierta. Previo
cumplimiento de la normativa legal prevista, el Estado podía ser llevado a juicio y además
debía responder por sus actos y acciones de conformidad con el alcance de su
responsabilidad más allá del carácter declarativo (art. 7) que se otorgara a las sentencias
dictadas en su contra.

En virtud de lo expuesto, la doctrina mayoritariamente afirmó que la jurisdicción para


demandar a la Nación surgió de estas leyes y no de la reformada, en particular del art. 41 ni
de las primeras leyes de jurisdicción y competencia de la Justicia Nacional 27 (ALJA 1853­
1958-1-13) y 48 (ALJA 1853-1958-1-14).

Surgía así la necesidad de habilitar la instancia judicial sobre la base de lo establecido en la


referenciada ley 3952 modificada por su similar 11634 . Los requisitos particulares
señalaban la necesidad del planteo por parte del particular de un reclamo de los derechos
controvertidos ante el Poder Ejecutivo bajo las modalidades allí indicadas y estableciendo
términos distintos de los comunes para la contestación de demanda. Actualmente los plazos
están establecidos en el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación -arts. 338 y 486 -.

Una vez interpuesta la demanda, el juez con la intervención del Ministerio Público se
limitaba a constatar el cumplimiento del citado requisito especial - lo que debía hacer
conforme lo establecía la letra de la ley- y, en su caso, ordenaba correr traslado de la misma
o no sin dar intervención al particular demandante.

III. UNA SEGUNDA ETAPA, DEL PERMISO AL PRIVILEGIO

Ahora bien, el sentido otorgado a la habilitación de la instancia fue mutando a partir de lo


establecido por la citada ley 3952 .

6
El original "permiso", "venia" o "autorización" para demandar al Estado Nacional dado en
cada caso particular por el Congreso, -luego otorgado en forma genérica por ley sobre la
base de la necesaria articulación de un reclamo de los derechos controvertidos por ante el
Poder Ejecutivo como paso ineludible para poder acceder a la vía judicial- fue paulatina y
gradualmente considerado como una suerte de "privilegio de la administración", una
"instancia conciliatoria previa ante la misma" o "un modo de advertencia" hacia el Estado de
que iba a entablarse una demanda en su contra. Este anoticiamiento previo, daba una
oportunidad de preparación para la contestación y a su vez una oportunidad de
recapacitación o revisión del actuar estatal sobre la base de que un particular administrado se
encontraría decidido a iniciar una contienda judicial en un breve lapso futuro.

Este nuevo sentido otorgado a la necesidad de habilitar la instancia, - "privilegio de la


administración", "modo de advertencia" o "etapa conciliadora"- si bien no resultaba
francamente contradictorio con el primero -"permiso", "autorización" o "venia" otorgados
por el Congreso- al menos resultaba claramente distinto.

Sobre estos nuevos conceptos, se fue construyendo la idea de que no correspondía al juez de
la causa verificar previamente si estaban dadas o no las condiciones para que el permiso o
autorización genérico pudiese hacerse efectivo. El razonamiento se articulaba sobre la base
de que si ahora se trataba de un "privilegio de la Administración", éste podía ser
perfectamente renunciado por la misma.

Sobre este nuevo supuesto, el magistrado nada tenía que hacer so pena de interferir en una
órbita que le resultaba del todo ajena, lo que importaba una lisa intromisión en un ámbito
que la propia Carta Fundamental vedaba afectando directamente la división de poderes que
la misma establece.

Claro está que esta nueva interpretación resultaba en todo contradictoria con lo establecido
por la propia letra de la ley de orden público, en tanto la misma vedaba en su artículo
primero la posibilidad de que los Tribunales Federales pudieran dar curso a las acciones
civiles que se dedujeran contra la Nación sin que se les acreditara la mentada reclamación de
los derechos controvertidos por ante el Poder Ejecutivo Nacional, tal como se lo transcribiera
ut-supra.

Y podríamos agregar también, que en los hechos, con el dictado de la ley se facilitó el
camino para demandar al Estado Nacional. En tal sentido, parecería difícil inferir que con la
norma se habría plasmado una suerte de privilegio a su favor. Por el contrario, la sanción
produjo un verdadero debilitamiento de la posición del Estado frente a los particulares
respecto de su demandabilidad.

No escapa al análisis que, tal como lo señala con claridad meridiana el Dr. G. A. Muñóz (5),
en la práctica y con el correr del tiempo la función cumplida por la reclamación previa fue
cambiando paulatinamente, toda vez que no todas las causas en que la Nación actuó como
parte fueron -y son- civiles; también las hubo -y por cierto las hay- contencioso
administrativas y en tal sentido -y a propósito (entre otras causales) de la oportuna creación
de dicho fuero en la Capital Federal- "la reclamación" realizó -como señaló oportunamente
el autor- una: "...singular cabriola -y- empezó a cumplir un cometido distinto (...) -
encontrando- ... su fundamento dogmático en la facultad de autotutela de la administración, o
como dice Grau, en la presunción de legalidad de los actos del poder administrador y en la
esencia y fin de las potestades administrativas..." (6).

Sin perjuicio de ello, entendemos que esta transformación del concepto de la reclamación
previa en modo alguno podía operar como una razón para soslayar la manda otorgada por la

7
ley a los jueces en su obligación de verificar los extremos señalados por la misma antes de
dar traslado a una demanda interpuesta contra el Estado Nacional.

La mutación del concepto de la reclamación entendemos que no debía acarrear un cambio en


el sentido de la necesidad de la habilitación de la instancia judicial.

IV. LOS PRIMEROS ANTECEDENTES

El antecedente más remoto fue un fallo de la Corte Suprema (7) a través del cual el Alto
Tribunal expresó que no todas las normas sobre habilitación de la instancia son de orden
público, y si bien no son modificables por las partes, podrían ser renunciadas.

Corresponde aquí aclarar que la Corte Suprema no declaró lisa y llanamente renunciable el
requisito, sino que, tras puntualizar que no siempre su incumplimiento compromete al orden
público, decidió que si no fue advertido por el juez antes de correr traslado de la demanda ni
planteado como defensa por la Nación, las actuaciones posteriores no resultaban inválidas ni
correspondía que el tribunal vuelva luego oficiosamente sobre una cuestión preclusa.
Entendemos que este impedimento obedece a principios procesales propios que nada tienen
que ver con el instituto de la habilitación. Sin perjuicio de ello, es dable aquí destacar que
esta nueva interpretación fue reiteradamente sostenida en la doctrina del Tribunal (conf.
Fallos 201-17 [JA 1945-II-119]; 205-309; 210-434 [JA 1959-VI-306]; 211-106; 246-132;
295-784; 298-116; 304-567; 308-195 "Caja Nacional de Ahorro" ED 128-565, 14/6/88;
"Brea", ED 131-682 p. 1194 entre otros).

Ello ocurría en el año 1944, en la misma época en que Gondra (8) señalaba doctrinariamente
y en forma conspicua la necesidad de la verificación de los requisitos por parte del juez, que
era por otra parte lo que venían aceptando hasta ese momento -y de hecho siguieron
aplicando- la mayoría de los jueces inferiores. Es decir que, -huelga reiterarlo- previo a que
el juez declarase habilitada la instancia, debía verificar el cumplimiento de los requisitos
legales exigidos -reclamaciones, plazos, etc.- sin los cuales el particular no podía ejercer la
acción judicial contra el Estado Nacional, lo que era verificado y comprobado de oficio, sin
intervención del interesado, por lo que éste debía cuidar especialmente que los mismos
estuviesen cumplidos antes de presentar la demanda pues, de lo contrario, corría el riesgo de
un rechazo in limine de la misma.

Pese a esta nueva tendencia del Alto Tribunal, las Cámaras Federales sostuvieron
firmemente la postura clásica descripta, que también era la que indicaba la mayoría de los
códigos provinciales, así como algunas disposiciones procesales tributarias.

Así las cosas, en 1972 el Congreso dicta la ley 19549 , consagrando la potestad de autotutela
en virtud de la cual la administración se encontró facultada para crear, modificar o extinguir
situaciones jurídicas en forma unilateral y obligatoria, fijando los requisitos que debían
reunir los actos dictados en ejercicio de esa potestad y en su reglamento los recursos
administrativos.

Frente a la ausencia de un Código Contencioso Administrativo que regulara la materia, la ley


trató un tema -en principio- ajeno a su contenido, regulando en su título IV lo atinente a la
impugnación judicial de los actos administrativos. Esta norma estableció la exigencia del
"agotamiento de la vía administrativa" fijando además los plazos dentro de los cuales debía
imponerse la acción o recurso.

También contempló el "reclamo administrativo previo" -art 30-. Al decir del Dr. G.A.
Muñóz, "Enfermo de duración, residuo de una concepción política superada, desplazado del
contencioso administrativo por el sistema de recursos, el reclamo previo perdura -casi

8
inexplicablemente en la letra de la ley- como una forma claudicante, como una
fantasmagórica figura de excepción" (9).

Sin perjuicio de ello, entendemos que este nuevo giro que no hizo más que plasmar en la ley
19549 aquella "singular cabriola" (10) que revitalizó el concepto de reclamación previa,
tampoco debió generar un cambio en el sentido otorgado al concepto de la habilitación de la
instancia toda vez que resultan cuestiones que marchan o evolucionan por distintos carriles.

V. LOS PRECEDENTES DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA Y LA CÁMARA


CONTENCIOSOADMINISTRATIVA

La Corte Suprema de Justicia in re "Caja Nacional de Ahorro y Seguro v. N.C.R. Argentina


S.A.I.C." sentencia del 15/12/87 remitiéndose al dictamen del Sr. Procurador Fiscal sostuvo
que: "...si bien la determinación del alcance de las cuestiones comprendidas en la litis es
materia privativa de los magistrados que en ella entienden (...) tal principio reconoce
excepción cuando lo decidido, con mengua de la defensa en juicio, signifique un
apartamiento de las pretensiones denunciadas al trabarse el diferendo, incorporando temas no
introducidos por las partes en el pleito (...) Ello, porque reconocer derechos no debatidos es,
como principio, incompatible con el art. 18 CN. ".

Dicho funcionario también expresó que: "... el a quo no estaba habilitado para introducir
como lo hizo, de oficio, el tema de la caducidad de la impugnación que efectuó la accionada,
(...) si el derecho de fondo que se esgrime - estrictamente patrimonial- es renunciable, la
Administración pudo, en ejercicio discrecional de sus defensas, aducir temporáneamente -o
no hacerlo en absoluto- la caducidad que consagra el art. 25 ley 19549 , ..." -la bastadilla nos
pertenece-.

Si la Administración no articulaba su defensa, el juez de la causa no podía suplir su voluntad


ni invadir su esfera de actuación dándole a su silencio un alcance determinado -siempre
sobre la base de encontrarse en juego una cuestión estrictamente patrimonial-. Y agregó que
el fallo que resuelve el pleito sobre la base de una caducidad no articulada por la parte (el
Estado) "...lejos de expresar la voluntad de la Administración en punto a un derecho
funcionalmente disponible, invadió su esfera de actuación adjudicando a su silencio un
alcance que no surge de norma alguna, sea de carácter administrativo o de derecho común".

Es decir, al no alegar la falta de los requisitos legalmente previstos para dar curso a las
demandas contencioso administrativas, debe entenderse que se ha renunciado a ellas y no es
dado a los jueces adoptar esa defensa de oficio, al menos en el marco de cuestiones
patrimoniales.

Ello fue posteriormente reafirmado y acentuado en el la causa "Cohen, Rafael v. Instituto


Nacional de Cinematografía s/ nulidad de resolución" (11) del 13/3/90 asentándose aún más
la nueva doctrina establecida por el Alto Tribunal.

En esta controversia, la sala 1 de la C. Nac. Cont. Adm. Fed. había confirmado una
sentencia de un juez de Primera Instancia que había rechazado de oficio una demanda en
virtud de no hallarse habilitada la instancia.

La cuestión no había sido articulada por la entidad estatal demandada. Sin embargo el juez
de grado consideró que el actor había dejado vencer los plazos para impugnar en sede
administrativa una resolución -administrativa- cuya nulidad perseguía, razón por la cual
debía reputársela consentida.

La Corte vuelve a señalar aquí que: "...el pronunciamiento judicial que desconoce o acuerda
derechos no debatidos en la causa es incompatible con las garantías de los arts. 17 y 18 CN.

9
(...) pues el juzgador no puede convertirse en intérprete de la voluntad implícita de una de las
partes sin alterar, de tal modo, el equilibrio procesal de los litigantes en desmedro de la parte
contraria ..." -la bastardilla nos pertenece-.

A su turno, remitió a lo resuelto en "Caja Nacional de Ahorro y Seguro" señalando que esa
doctrina resultaba: "...de plena aplicación en aquellos supuestos en que -como el presente-
los tribunales inferiores deniegan de oficio la habilitación de la instancia judicial".

La Corte, luego de manifestar que la cuestión atinente a la argumentación de que el acto se


encontraba consentido y que en consecuencia la interposición de una denuncia de
ilegitimidad no resultaba apta para reabrir plazos fenecidos y posibilitar así su revisión
judicial era susceptible de ser renunciada por parte de la demandada -conf. consid. 8- señaló
además que "...no compete al Poder Judicial la disposición en forma expresa o tácita, de
bienes cuya gestión voluntaria corresponde a los restantes poderes; la adopción de una
posición contraria puede implicar no sólo un menoscabo de los derecho de propiedad y
defensa en juicio de las partes, sino también del principio de separación de poderes, propio
de nuestro sistema republicano de gobierno. Debe recordarse, al respecto -citando
nuevamente a su antecedente "Caja Nacional de Ahorro y Seguro"- "que no incumbe a los
jueces, en ejercicio regular de su misión substituirse a los poderes del Estado en atribuciones
que le son propias, ya que la función más delicada del Poder Judicial es la de saber
mantenerse dentro de la órbita de su jurisdicción sin menoscabar las facultades que
incumben a otros poderes o jurisdicciones" -conf. consid. 9, la bastardilla nos pertenece-.

Por último concluyó: "...la denegación de la habilitación de la instancia sólo resulta


admisible en aquellos supuestos en que el incumplimiento de los requisitos exigidos para la
admisibilidad de la acción sea planteado por la demanda, dentro de los términos y por la vía
que a tal efecto dispone el ordenamiento formal".

El acento había sido puesto en la renunciabilidad de las defensas por parte de la


administración y en la intervención no provocada de los jueces. El principio de división de
poderes se veía afectado cuando el juez se pronunciara sobre una cuestión que resulta de
exclusivo resorte del poder administrador, y el examen de los requisitos de la admisibilidad
de la demanda contenciosoadministrativa no debía en consecuencia realizarse de oficio, ni
aun respecto del vencimiento del plazo de caducidad del art. 25 ley 19549 , por entrar en la
órbita de los referenciados requisitos renunciables.

Resta agregar que en la causa "Cohen", aún no se había trabado la litis a diferencia de lo que
sucedía en "Caja Nacional" donde ya había sentencia de grado y la cuestión había sido
introducida no por el juez actuante sino por la Cámara pero con la intervención de la
demandada que nada había dicho al respecto.

Pese a esta nueva reafirmación expuesta por el Supremo Tribunal, las salas de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, continuaron aferradas a
su antigua ortodoxia -aceptando la verificación de oficio de las condiciones de admisibilidad
de la acción-. Así lo hizo la sala 1a del citado fuero en la causa "C.A.S. T.V.", sentencia del
29/10/91, y más concretamente aun lo había sustentado la sala 3 a en la causa "Avanzada",
sentencia del 16/8/90, en donde con abundantes argumentos volvió a abrir el debate pues allí
ya no había sido declarada puramente de oficio la caducidad, sino que el tema había sido
introducido oportunamente por el Procurador Fiscal y mantenida la posición por su similar
en la instancia superior (12).

En el caso "Centro Instrumental S.R.L. v. Comisión Nacional de Energía Atómica" (13)


sentencia del 26/9/91, la misma sala 3 a, a instancias del Sr. Fiscal de Cámara, volvió a

10
reiterar sus argumentos, apartándose expresamente del precedente sentado por la Corte en
"Cohen".

En dicha oportunidad esa sala señalaba que "La necesidad de examinar los requisitos de
admisibilidad antes de correr traslado de lademanda contenciosoadministrativa,
reiteradamente declarada por esta sala (12/6/84, "Bautista", ED 120-301 n. 7; 1/3/88
"Álavarez Lancelloti", LL 1988-D-449; 15/11/88, "Lores", 133-434; 9/10/89, "Sire" LL
1990-A-525, entre muchos otros; doctrina compartida por las demás salas del tribunal), ha
sido señalada por la Corte Suprema en casos anteriores a 'Cohen' (...) y además de surgir de
la interpretación judicial de la ley 3952 (Grau, "Habilitación de la instancia contencioso­
administrativa" ps. 121 y ss.), está consagrada en los procedimientos contencioso-
admini strati vos de leyes especiales..." citando expresamente, entre otras, las leyes 16986
(ALJA 1967-A-500), 11683 (ALJA 1974-B-26) y 22415 (LA 1981-A-82).

Además agregó: "La renunciabilidad de los requisitos de admisión de la demanda no está


consagrada en norma alguna. Antes bien, la ley establece que el Estado 'no podrá ser
demandado judicialmente sin previo reclamo administrativo', salvo los casos
normativamente exceptuados (art. 30, ley 19549 , texto según ley 21686 ) entre los que se
encuentra la impugnación de actos administrativos antes de vencer el plazo de caducidad
(arts. 23/25, ley cit.); y que sin dicho requisito los jueces 'no podrán dar curso' a las acciones
(art. 1 ley 3952 , modif. por ley 11634 )" -conf. Suplemento de LL 19/3/92 ps. 6 y 7-.

En la causa "Gentile", sentencia del 19/4/94, la sala 2a, siguiendo sus propios antecedentes -
conf. la causa "Gambelin" del 27/12/85 y la causa "Pontoriero" del 13/10/89, difiere el
tratamiento de la habilitación de instancia al momento siguiente al del traslado de la
demanda, es decir que lo resuelve con intervención de todas las partes, lo que entendemos no
resultó acertado, ya que desnaturaliza el trámite que debe realizarse sin la intervención del
demandado, obligando además al Estado a contestar una demanda sin saber si la instancia
está o no habilitada.

La Dra. Herrera, en una disidencia expuesta en la mencionada causa, discrepando con la


doctrina sentada en "Cohen", señaló que resulta insoslayable que el magistrado interviniente
examine los requisitos que permitan el acceso al procedimiento judicial antes de dar curso a
la acción que se intente.

En el marco de este panorama y con fecha 6/10/92, la Corte vuelve a fallar en la causa
"Construcciones Taddia S.A. v. Ministerio de Educación y Justicia" (14), manifestando:
"Que la cuestión debatida (...) encuentra adecuada respuesta en lo resuelto en la causa C. 761
XXII 'Cohen, Rafael v. Instituto Nacional de Cinematografía s/nulidad de resolución', del
13/3/90, que esta Corte en su actual integración comparte y a cuyos fundamentos
corresponde remitirse por razones de brevedad. Que sin embargo, el largo tiempo
transcurrido desde la interposición de la acción -28/12/87 (fs. 12 vta.)- sin que el actor haya
logrado obtener hasta el momento, que se ordene el traslado de la demanda, torna
imprescindible recordar una vez más, con especial énfasis, la incompatibilidad del
procedimiento utilizado en el sub-examine -al examinarse de oficio o a instancia de los
fiscales el cumplimiento de los requisitos de admisibilidad de la acción procesal
administrativa con anterioridad a la traba de la litis con el carácter renunciable de tales
defensas (...)" -la bastardilla nos pertenece-.

La Corte, en forma categórica, volvía a reafirmar sus concepciones. Subrayó, sobre la base
de la existencia de un problema tanto de práctica procesal como jurídico, que el carácter
renunciable de los derechos en juego impedía el control por los jueces -o fiscales- de los
requisitos de admisibilidad de la demanda de oficio.

11
Con ello, quedaba plenamente ratificada su anterior doctrina, ampliándosela y aventando
toda duda sobre la cuestión atinente a la actividad previa del ministerio público fiscal.
Comentando ese fallo, los Dres. Lima y Sama (15) concluyen que la respuesta de la Corte, -
en aquella composición-, fue terminante y reiterativa de la establecida en "Cohen", la cual
compartían, por lo que ya ninguna duda podría quedar sobre la posición definitivamente
adoptada. Como se verá, ello hoy no es así. Lo único que no parece cierto y permanente, es
el aforismo de que en derecho nada es definitivamente blanco o negro.

Debe señalarse sin embargo, que en aquella oportunidad hubo una importante disidencia del
Dr. Carlos S. Fayt, la que sostuvo hasta nuestros días.

El citado magistrado puntualizó que: "... si bien esta Corte afirmó en la causa 'Cohen' que el
carácter renunciable de los derechos en juego impide el control por los jueces de requisitos
de admisibilidad de la demanda en puntos que no fueron objeto de planteos de la demandada,
una nueva reflexión sobre el tema lleva a advertir que tal supuesto básico faltará en la
medida en que esté en juego el patrimonio estatal, que por su índole, y conforme a los
principios de la forma republicana de gobierno, no es disponible por los representantes
judiciales del Estado, sus dependencias o empresas, sino por los órganos y mediante las
formalidades que expresa la ley".

Con ello, este magistrado cerraba en su disidencia la puerta que había sido abierta en "Caja
Nacional de Ahorro y Seguros S.A.", sobre la base de que ya las cuestiones patrimoniales en
juego que involucraran el patrimonio estatal en modo alguno resultaban renunciables para
los apoderados del Estado Nacional en el trámite de una causa judicial -salvo disposición
expresa y específica al respecto- y en consecuencia, rodaba por tierra la argumentación de la
"renunciabilidad" que había permitido soslayar la letra de la ley en cuanto prescribe a los
jueces no dar curso a las demandas en las cuales no se hubiere agotado la vía.

En la causa "Serra", sentencia del 26/10/93, la Corte vuelve a pronunciarse sobre el tema en
análisis sin variar en lo sustancial la postura que venía sosteniendo.

Señaló dicho Tribunal que, una vez operada la caducidad de la instancia procesal
administrativa, la cuestión quedaba incluida dentro de la zona de reserva de los otros poderes
y sustraída al conocimiento del órgano judicial.

En tal sentido manifestó en el considerando 10 "...no cabe duda de que cuando se trata de la
Administración Pública lato sensu, la habilitación de la instancia judicial aparece como el
atributo que la propia Constitución Nacional, en su art. 100 , confiere al órgano judicial para
juzgar -en su calidad de componente de la trilogía del Poder estatal- a los otros poderes. Pero
al mismo tiempo, el art. 100 señala al Poder Judicial que su intervención queda excluida en
aquellas materias que, por su propio mandato o por una razonable opción legislativa, han
sido reservadas a los otros máximos órganos del Poder estatal -agregó en el considerando
siguiente- "... de esta inteligencia se deduce, entonces, y como consecuencia del vallado
directo que ha impuesto -o que posibilita- la propia reformada, en particular del art. 41, que
cuando se opera la caducidad de la instancia procesal administrativa, la cuestión queda
incluida dentro de la zona de reserva de los otros poderes y sustraída al conocimiento del
órgano jurisdiccional".

En una medulosa crítica a este fallo, el Dr. Alberto Bianchi (16) se pregunta si tiene
fundamentos constitucionales el agotamiento de la vía administrativa. Luego de señalar su
posición sustentada en la idea de que el Congreso habría "delegado" en el Poder Ejecutivo la
potestad de conferir la autorización para que el Estado actúe en juicio como demandado a
través de la ley de Demandas contra la Nación y, posteriormente, haber hecho lo mismo en la
Ley Nacional de Procedimientos Administrativos -en lo que respecta al reclamo

12
administrativo-, concluyó: "... pretender que la exigencia del agotamiento de la instancia
administrativa tiene algún fundamento constitucional en la división de poderes es desconocer
que el mismo fue establecido por vía legal como excepción a dicho principio. Se trata (...) de
un viejo privilegio que ostenta la Administración, resabio de su ya abandonada inmunidad
soberana la cual sobrevive en los Estados Unidos por virtud de una cláusula constitucional
que nunca fue incorporada a nuestro derecho. Es un viejo privilegio -perdón por la
insistencia- al cual hoy en día se le han encontrado algunos beneficios -teóricos- que
permiten su mantenimiento" (conf. p. 435 op. cit.).

VI. UN PRIMER GIRO EN LA CUESTIÓN TRATADA

Así las cosas, la Corte Suprema se volvió a expedir en la causa "Unión Obrera Metalúrgica
de la República Argentina v. Estado Nacional - Ministerio de Trabajo y Seguridad Social
s/juicio sumarísimo", sentencia del 3/4/96 (17). Allí, -en forma un tanto insólita- la Corte
interviene pero ejerciendo sus facultades de superintendencia y en lo que aquí interesa,
manifestó -sin que la cuestión hubiese sido formalmente articulada o por lo menos así
denominada ya que se intentó llegar a ella por un "salto de instancia"- que no era posible
acudir a la jurisdicción para anular o cuestionar actos administrativos sin haber cumplido
previamente los requisitos y recaudos que las normas establecían de acuerdo a las
características de cada caso, careciendo, en consecuencia, el juez interviniente de
atribuciones para entender en la cuestión que le había sido sometida -conf. consids. 6 y 10-.

Se enfatizó también que carece de iuris dictio y por ende de competencia el juez que se
pronuncia sobre casos contencioso administrativos sometidos a su consideración si
previamente no se han cumplido los pasos administrativos que la legislación prevé para
demandar a la Nación destacando que, de lo contrario, resultaría alterado el equilibrio de
funciones inherentes a la forma republicana de gobierno, lo que resultaría una invasión
inadmisible y grave cuestión institucional.

Esto trajo un nuevo enfoque a la cuestión que tratamos. Con ese pronunciamiento cobró
nueva vida en los precedentes de la Corte el Título IV de la Ley Nacional de Procedimientos
Administrativos que viene a actuar en forma autónoma y aplicable a todos los procesos
judiciales en que se intente la impugnación de actos administrativos.

Es decir, a partir de este nuevo -o clásico- punto de vista, los requisitos allí establecidos
resultan claramente de orden público, esto significa que deben cumplirse y que debe
acreditarse su cumplimiento, es decir que son un presupuesto para dar curso a las demandas
contra el Estado y por consiguiente deben ser verificados previamente por el juez de la causa
como condición para habilitar su competencia en el caso. Caso contrario, no podrá
habilitarse la instancia y la demanda debe ser desestimada de oficio.

Las decisiones que el magistrado interviniente -así incompetente- adopte sobre la cuestión
que se le presente resultarían insoslayablemente inválidas como lo terminó resolviendo la
Corte Suprema en este último caso.

Resulta además relevante el considerando 7, en donde el Supremo Tribunal destaca que no


es óbice para soslayar las vías establecidas el tipo de acción que se intente -genéricas de
amparo y sumarísima en ese caso-, ya que el ejercicio de las mismas: "...no implica alterar
las instituciones vigentes ni justifica la extensión legal y constitucional de los jueces de la
Nación ...".

VII. LA CORTE CAMBIA EXPRESAMENTE SU POSICIÓN

Con fecha 4 de febrero del corriente, se vuelve a pronunciar nuestro Máximo Tribunal en la
causa "Gorordo Allaria de Kralj, Haydée M. v. Estado Nacional - Ministerio de Cultura y

13
Educación" (18). Allí cambia expresamente el criterio que venía sustentando desde antaño
manifestando en el considerando 6: "Que si bien este Tribunal en los casos 'Cohen' (Fallos
313-228) y 'Construcciones Taddia S.A.' (Fallos 315-2217) se pronunció contra la
posibilidad de revisar de oficio o a instancia de los fiscales el cumplimiento de los recaudos
de admisibilidad de la acción procesal administrativa con anterioridad a la traba de la litis, un
nuevo examen de esta delicada y trascendente cuestión conduce a esta Corte a modificar
dicho criterio y a concluir en sentido opuesto al antes referido ...".

En los consids. 7 a 10 explicita las razones del cambio en los siguientes términos: "... para
que el órgano jurisdiccional pueda examinar en cuanto al fondo de la pretensión que ante él
se deduce es preciso que concurran ciertas circunstancias establecidas por el derecho
procesal conocidas como requisitos o presupuestos procesales. El examen de estos recaudos,
que condicionan la admisibilidad de la pretensión, puede ser efectuado no sólo a
requerimiento de la demandada, sino también, dada su naturaleza, en una etapa preliminar en
la cual el juez puede desestimar oficiosamente la demanda (art. 337 CPr. ), sin que por ello
se convierta en el intérprete de la voluntad implícita de una de las partes ni se altere el
equilibrio procesal de los litigantes en desmedro de la parte contraria. (...) ... en lo que
respecta al proceso contencioso administrativo el actor, además de las condiciones de
admisibilidad establecidas en el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, debe
cumplir con aquellos requisitos específicos de este tipo de procesos previstos en el título IV
de la ley 19549 , cuyo cumplimiento en cada caso concreto el juez está facultado a verificar"
-la bastardilla nos pertenece-.

Por último, luego de recordar que la revisión de oficio in limine litis de los requisitos de
admisibilidad antes de correr traslado de la demanda también se encuentra establecida en
diversas leyes federales y en la mayoría de los códigos procesales administrativos
provinciales, concluyó que: "... dada la condición de presupuesto procesal del plazo de
caducidad establecido en el art. 25 de la ley 19549 el juez de primera instancia estaba
facultado para examinar de oficio su cumplimiento y rechazar en caso contrario in limine la
pretensión (art. 337 CPr. ), pues su falta no requería la expresa denuncia por parte del
demandado" - la bastardilla nos pertenece-.

Recientemente, con fecha 15 de abril del corriente año, la Cámara Nacional de Apelaciones
en lo Contencioso Administrativo Federal, se pronunció en pleno en la causa "Romero,
Gerardo v. Estado Nacional (E.M.G.E.) s/ personal militar y civil de la [Link]. y Seg."
sentando la siguiente doctrina legal:

"La falta de habilitación de la instancia puede ser declarada previo al traslado de la demanda
en los supuestos de incumplimiento de los requisitos exigidos para la admisibilidad de la
acción", y

"Los plazos establecidos en el art. 25 de la ley 19549 , al igual que los demás requisitos de
admisibilidad formal, deben ser examinados previo a correr traslado de la demanda
contencioso administrativa".

Como vemos, se fue más allá del fallo de la Corte, pues expresamente se consigna que no
sólo es facultad sino deber del juez examinar los requisitos de admisibilidad.

El voto mayoritario señaló: "Que para que el órgano jurisdiccional pueda examinar en cuanto
al fondo la pretensión que ante él se deduce es preciso que concurran ciertas circunstancias
establecidas por el derecho procesal conocidas como requisitos o presupuestos procesales. El
examen de estos recaudos, que condicionan la admisibilidad de la pretensión, puede ser
efectuado no sólo a requerimiento de la demandada, sino también, dada su naturaleza, en una
etapa preliminar en la cual el juez puede desestimar oficiosamente la demanda (art. 337 CPr.

14
), sin que por ello se convierta en el intérprete de la voluntad implícita de una de las partes ni
se altere el equilibrio procesal de los litigantes en desmedro de la parte contraria" -la
bastardilla nos pertenece-.

"La necesidad de que el juez examine los requisitos de la admisibilidad antes de correr
traslado de la demanda contencioso administrativa, surge de la interpretación judicial de la
ley 3952 y está consagrada en los procedimientos de leyes especiales; (...) la renunciabilidad
de los requisitos de admisibilidad no está consagrada en norma alguna, antes bien, la ley
establece que el Estado "no podrá ser demandado judicialmente sin previo reclamo
administrativo" salvo los casos normativamente exceptuados (art. 30 ley 19549 , texto según
ley 21686 ), entre los que se encuentra la impugnación de actos administrativos antes de
vencer el plazo de caducidad (arts. 23/25, ley citada), y que sin dicho requisitos los jueces no
"podrán dar curso a las acciones" -restaría agregar aquí (el citado fallo no lo menciona) que
esto deviene del art. 1 ley 3952 tal como supra lo referenciaramos.

Y continúa: "El mentado examen de los requisitos de admisibilidad suele integrar una
primera etapa del proceso contencioso administrativo, atinente a la admisión del proceso o
habilitación de la instancia judicial, que puede concluir con un pronunciamiento que García
de Enterría y Fernández denominan de inadmisión anticipada. (...) ... en lo que respecta al
proceso contencioso administrativo el actor, además de las condiciones de admisibilidad
establecidas en el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, debe cumplir con
aquellos requisitos específicos de este tipo de procesos previstos en el título IV de la ley
19549 , cuyo cumplimiento en cada caso concreto el juez está facultado a verificar" -la
bastardilla nos pertenece-.

Sobre esta inteligencia, concluyó siguiendo expresamente la doctrina sentada por el caso
"Gorordo", que dadas las condiciones de presupuesto procesal del plazo de caducidad
establecido en el art. 25 ley 19549 el juez de primera instancia estaba facultado para
examinar de oficio su cumplimiento y rechazar en caso contrario in limine la pretensión
conforme la inteligencia de lo establecido por el art. 337 del código de rito pues su falta, no
requeriría la expresa denuncia por parte del demandado.

Sin perjuicio de recibir con beneplácito la reciente doctrina sentada por la Cámara en pleno,
que como ya dijimos acepta nuestra posición al respecto con lo cual la cuestión quedaría
ahora sí definitivamente zanjada, debemos sin embargo señalar que hubo una fuerte
resistencia en varios jueces que votaron en disidencia -la votación resultó 7 a 4-, sin contar al
Dr. Bujan.

En la misma, se continúa con el remanido argumento de la voluntad tácita confundiéndolo


con lo que es una clara negligencia -o algo peor por parte de los representantes estatales-, y
con la renunciabilidad de los derechos, como si la misma pudiera ser tácita o presupuesta, o
como si los simples abogados pudieran por sí solos hacer quitas, renuncias o donaciones del
patrimonio estatal que como tal pertenece al Estado y no a la Administración.

Ello no lo puede hacer ni el Sr. Presidente de la Nación ni el Sr. Jefe de Gabinete de


Ministros. Suponer -como señala la minoría- que razonablemente exista la posibilidad de que
el Estado opte por renunciar a oponer defensas es directamente desconocer la forma en que
se manejan u operan los servicios jurídicos de los organismos estatales, que como cualquier
estudio de abogados serio y responsable, trata de defender a sus clientes con probidad y
lealtad al menor costo, poniendo todos los recursos y defensas que tengan a su alcance para
así cumplir mejor su cometido, que es el de ganar el pleito que se le ha confiado, o salir de él
de la mejor forma jurídica.

15
Por lo demás, cabe señalar que la transgresión al principio de la "separación de los poderes",
otra de las alegaciones repetidas, no existe como tal. La mentada separación es en realidad
una distribución de determinadas funciones estatales entre diferentes órganos del Estado, y
los principios que la nutren son los de especialización, equilibrio, coordinación y
colaboración, que en nada se ven conculcados cuando un juez cumple con su deber de
verificar la existencia de los requisitos que las normas imponen. Se recuerda además que -
como se dice habitualmente- en las controversias hay que llevarle los hechos al juez, que es
quien pone el derecho y más en este caso donde ello le está formulado en términos
imperativos.

Si se incumpliera con ese deber, se estaría desequilibrando la balanza en favor de los


litigantes particulares que han demandado sin cumplir los recaudos y requisitos que la ley les
impone para la procedencia de la acción.

Todos los argumentos de la disidencia han sido ampliamente refutados por lo que
entendemos deberían terminar las mismas y los jueces exigir sin hesitación alguna a los
particulares que cumplan con los requisitos específicos del título IV, ley 19549 (arts. 23 , 24,
25, 30 y concs.) y el art. 1 ley 3952 cuestión que resultaría acorde con lo dispuesto en el art.
337 del código de rito.

VIII. CONCLUSIONES

1. La competencia del juez es para la doctrina clásica un "presupuesto procesal" y un


requisito indispensable para constituir regularmente el contradictorio (19), con esta nueva
interpretación se comenzaría a volver a las primeras ideas relativas a la obligatoriedad -como
señala el plenario- del juez de comprobar dichos presupuestos antes de dar curso a las
demandas contencioso administrativas.

2. Esto no implica poner a la parte actora en un virtual estado de indefensión, ya que si para
iniciar la acción debe reunir o cumplir con ciertos requisitos establecidos por ley, y no lo
hace, no habría revelado más que una conducta negligente -o audaz- y nada podría
reprochársele al juez interviniente al rechazar esa acción, toda vez que solamente habría
cumplido con la manda legal de verificar un requisito particular establecido por la norma.

3. El Fiscal también tendría una misión importante, ya que entender en las cuestiones de
competencia es la específica labor que tiene asignada, -sin perjuicio de que las leyes
procesales son de orden público (20)-.

4. El argumento de la renunciabilidad de las defensas nunca resultó convincente, pues debe


tenerse en cuenta que las "renuncias gratuitas de derechos" no se presumen en derecho y para
efectuarlas se requieren facultades expresas y específicas (21). También se debe tener en
cuenta que los abogados del Estado no sólo no tienen esa facultad sino que la misma les está
expresamente negada y únicamente con autorización expresa de las autoridades máximas de
cada jurisdicción podrían formular allanamientos o desistimientos (22). En ninguna parte se
los autoriza a renunciar. Esa atribución no figura en las resoluciones que los designan o en
los poderes que eventualmente se les acuerden.

5. Debe recordarse por otra parte, que ni el órgano Presidente de la Nación ni, ahora, el
órgano Jefe de Gabinete de Ministros están facultados a declinar derechos o a efectuar
disposiciones de bienes estatales a título gratuito -ni a autorizar que así se haga-, ya que
como la Constitución claramente lo expresa son administradores de los bienes públicos sin
interesar que tengan la titularidad o el ejercicio de esta facultad. Ninguno de ellos tiene la
facultad de disponer, lo que debe hacerse según los procedimientos previstos en las leyes
pertinentes. Las liberalidades del Estado requieren ser autorizadas por ley, pues por principio

16
general de derecho, quien ejerce una representación carece de facultades de disposición
salvo mandato o autorización expresa (23).

6. Tampoco resulta aceptable la argumentación de que la Administración pueda estar


interesada en tramitar un juicio a los fines de obtener un pronunciamiento judicial sobre la
cuestión en debate. Desde el punto de vista eminentemente práctico, a los abogados del
Estado no les interesa ni, creemos, les interesará ingresar a un pleito pudiendo eludir
ventajosamente el mismo sin mayores esfuerzos o preocupaciones.

7. Los abogados del Estado tienen la expresa obligación de oponer todas las defensas
posibles, no pudiendo siquiera renunciar a la prescripción ganada, ya que si bien antes el
Poder Ejecutivo podía hacerlo por resolución fundada según lo autorizaba el art. 142 de la
ley de Contabilidad, esa facultad fue suprimida por la ley 24156 (LA 1992-C-3353) en su
art. 137 inc. a), pudiendo agregarse que su utilización estaba sumamente acotada habiéndose
dispuesto que la prescripción siempre debía oponerse en los casos en que corresponda,
debiendo las áreas gubernamentales abstenerse de proponer al Poder Ejecutivo medidas que
contengan cláusulas de renuncia a la misma (24).

8. Creemos que el instituto de la habilitación de instancia es de origen legal, y más allá de las
motivaciones que llevaron en su momento al Congreso Nacional a efectuar esa suerte de
"delegación" en el Poder Ejecutivo -muy bien explicitada por el Dr. A. Bianchi en su
comentario a la causa "Serra" op. cit.- entendemos que no es una idea reñida con el principio
de división de poderes establecido por nuestra Constitución. Esto no significa afirmar que la
existencia del instituto "se funda" en la división de poderes, más bien entendemos -siguiendo
en esto el criterio sustentado por nuestro Máximo Tribunal- que permitir el enjuiciamiento
del Estado sin observar los requisitos de orden público establecidos al efecto por el
legislador, implica comprometerlo, importando una cuestión de gravedad institucional.

Entendemos que el instituto de la habilitación de la instancia, con el alcance y la


interpretación que clásicamente se le ha otorgado y que ahora la Corte parece retomar,
resulta sencillamente un mecanismo -establecido y fundado en una ley de orden público- a
través del cual se le otorga a un Poder del Estado el deber y no la facultad de constatar el
cumplimiento de los requisitos y exigencias que la misma ley prescribe para que pueda
juzgar a otro Poder del Estado. De no encontrarse cumplidos los requisitos, el juez
sencillamente se encuentra incapacitado para decir el derecho, le falta la iuris dictio para
pronunciarse en esa causa y esta situación en modo alguno puede ser modificada por el
Poder Administrador, sus prerrogativas no le permiten disponer sobre lo dispuesto en una
norma de orden público.

Ese es el equilibrio que, entendemos, hoy los jueces deben buscar y preservar. En tal sentido
creemos que se ha comenzado a transitar nuevamente la buena senda jurisprudencial y
celebramos que el enigma de la habilitación de la instancia se encuentre cada vez más
disipado.

El enigma ha quedado develado, y ya era hora de que así fuera. Todos saben entonces a que
atenerse respecto de este delicado tema. Por todo lo expuesto, y por esto último
especialmente esperemos que no vuelva a oscurecerse o que a alguien se le ocurra
embarrarlo como comúnmente se dice.

NOTAS:

(1) A. e D. P., 2° año, enero-abril 1996, ps. 30 y ss. El tema se trató en las Jornadas sobre
Derecho Administrativo llevadas a cabo en la Universidad Austral los días 29, 30 y 31 de

17
mayo de 1996. Expusieron al respecto los Dres. Trebiño y Jeanneret de Pérez Cortéz y en la
publicación editada sobre esas jornadas la Dra. Pérez Cortés amplió, profundizó y actualizó
el temario ("El Derecho Administrativo Hoy", editada por Ciencias de la Administración,
setiembre de 1996, p. 64).

(2) A. e D. P., 3er. año, enero-abril 1997, ps. 21 y ss.

(3) Sentencia del 3/4/96, ED del 4/6/96.

(4) "El enigma Continúa", op. cit.

(5) Muñóz, Guillermo Andrés, "El reclamo Administrativo Previo", LL 1988-A-1049 y ss.

(6) Grau, Armando Emilio, "Habilitación de la instancia contencioso administrativa", p. 86,


La Plata, 1971.

(7) Fallos 200-196 (JA 1944-IV-638).

(8) Gondra, Jorge, "Jurisdicción Federal" Bs. As., 1944, ps. 134/137. También Grau, op. cit.

(9) Muñóz, Guillermo Andrés, "El reclamo administrativo previo", op. cit.

(10) Ver punto 2 in fine del presente.

(11) ED 138-319, con nota de Bidart Campos. También LL 1990-C-317 y ss.

(12) Corresponde destacar aquí, que las salas de la C. Nac. Cont. Adm. Fed. durante este
período, muchas veces referenciaron pronunciamientos del Supremo Tribunal, algunos
anteriores y otros posteriores a "Cohen", en donde la Corte - habiendo variado su
composición- acentuó matices diferentes a los señalados en dicha causa -conf. así lo
señalado en la causa "Orbe" del 15/9/88 y en la causa "Steeman" del 16/2/92 entre otros
pronunciamientos.

(13) Conf. suplemento de LL del 19/3/92.

(14) C-160-XXIII, JA 1993-III-397.

(15) Conf. ED 150-97.

(16) Conf. LL 1995-A-397 en adelante.

(17) Conf. ED 167-445 y ss.

(18) Publicado en Suplemento ED del 23/3/99 con nota aprobatoria del Dr. Julio R.
Comadira.

(19) Fenochietto-Arazi, "Régimen del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación", ps.
50 y ss.

(20) Belluscio-Zanoni, "Código Civil Comentado", t. 1, p. 27, n. 12 g.

(21) Conf. arts. 1193 , 1184 inc. 7, 1807 inc. 6, 1880 , 1881 inc. 4 y 1888 CC.

(22) Conf. art. 8 in fine decreto 411/80 (LA 1980-A-212), t.o. 1987 reglamentario de la ley
17516 (ALJA 1967-B-1536) de Representación Judicial del Estado.

(23) Pérez Colman, "Ley de Contabilidad", octubre/91, p. 89, 2° párr.

(24) Conf. Circular n. 1/88 del 1/3/88 de la Secretaría General de la Presidencia de la


Nación.

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