ASHÁNINCA
El etnónimo asháninka significa "gente como nosotros, paisanos".
Llamados en épocas anteriores como antis, chunchos, chascosos, campas,
thampas, komparias, kuruparias y campitis, los asháninkas han sido
tradicionalmente más conocidos como campas.
COSTUMBRES
Nosotros los Asháninkas creemos que el dios Sol vivo estaba siempre arriba
antes que fuera este mundo. Como tiene poder, desprendió una partícula de su
corona que se asentó en las densas tinieblas y poco a poco formó este mundo.
De ahí crecieron las plantas y todas las cosas que hemos visto. De ahí
crecieron las plantas y todas las cosas que hemos visto. De ahí salimos
nosotros, los asháninka.
El mundo está sostenido por dos ejes. Uno de ellos fue puesto por el dios Sol
vivo, para que no se vuele la tierra, para que toda la gente esté bien tranquila.
Por eso él puso los cerros Intatoni y Antamaraka, rocas sólidas por donde sale
al agua para regar toda la faz de la tierra. En el otro eje, por donde se hunde el
sol, están los cerros Omoro y Otsiriko. Los que sostienen estos ejes por debajo,
para que la tierra no se vuele, son seres invisibles que se llaman Nabireri
(debajo del cerro Omoro) y Pachakama (debajo del cerro Otsiriko). Sosteniendo
el otro eje están otros dos seres poderosos que se llaman Inkari (debajo del
cerro Intatoni) e Inkami (debajo del cerro Antamaraka).
En las puntas altas del cerro Antamaraka está el cóndor real, mirando hacia
abajo. ¿Por qué mira? Porque también hay un gallinazo negro, que mira al
cóndor para saber si hay un muerto abajo. Se comunican para comer el muerto
juntos y compartir. Por eso el ashaninka viéndoles los imita. Cuando ve a
cualquier paisano, aunque sea de otro pueblo indígena, lo invita, lo hacer
dormir en su tarima y calienta fuego.
AMUESHAS
Los amueshas o yaneshas, son una etnia de la selva
amazónica peruana. En la actualidad su población
censada asciende a 7.000 personas repartidas en 48
comunidades que se ubican en las provincias de
Puerto Inca (Huánuco), Chanchamayo (Junín) y
Oxapampa (Pasco).
HISTORIA Y COSTUMBRES
Los amuesha, que se denominan a sí mismos
yanesha, pertenecen al grupo lingüístico arahuaco,
que también integran los asháninkas, los piros, etc. Su
primer contacto con el mundo occidental lo tuvieron a
través de los frailes mercedarios que en la segunda
mitad del siglo XVI incursionaron en la región, pero no
fue sino hasta principios del siglo XVIII que los
misioneros, esta vez franciscanos, lograron establecer
relaciones estables con esta etnia y otras que
habitaban la zona. El padre Francisco de San José
llegó a fundar reducciones indígenas en el Cerro de la
Sal, en Quimiri y otros lugares cercanos, pero la gran
rebelión indígena acaudillada por Juan Santos
Atahualpa en 1742, acaba con ellos y mantiene la región cerrada por varias
décadas.
No se conoce a ciencia cierta el número de amueshas que existían entonces,
pero seguramente ya habían empezado a ser víctimas de las enfermedades
introducidas por el hombre blanco. Durante el siglo XIX, la zona es nuevamente
abierta por expediciones que buscan establecer rutas hacia la selva baja y por
intentos de colonización como el que promueve el gobierno con la llegada de
inmigrantes alemanes a Pozuzo.
La llegada del hombre occidental representó para los amuesha la pérdida de
territorios y el cambio de hábitos de vida, pues fueron agrupados en pueblos y
extensos territorios suyos pasaron a propiedad de los colonos. Esta situación
los llevó a agruparse en un Congreso Amuesha y luego en la Federación
Yanesha, siendo esta etnia de las primeras que tuvo una organización gremial.
La Ley de Comunidades Indígenas, promulgada en 1974, durante el gobierno
militar, reparó en parte la situación de desposesión al conceder en propiedad a
los grupos amuesha algunos territorios.
Los amuesha vivían de la caza, la pesca y la agricultura. Hoy la caza es cada
vez más rara y la agricultura se ha diversificado, pues los amuesha han
empezado a cultivar café y achiote, así como a desarrollar actividades
forestales, explotar la uña de gato y criar animales para su consumo. También
es una fuente de ingresos la artesanía, especialmente su cerámica.
En 1988, sobre un territorio de 34.774 hectáreas se estableció, en el distrito de
Palcazu, la Reserva Comunal Yanesha con la finalidad de proteger la fauna
que sirve de sustento a las comunidades amuesha de la zona.