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Análisis de Butler: Duelo y Violencia Política

Este documento resume dos capítulos del libro "Vida precaria. El poder del duelo y la violencia" de Judith Butler. En el primer capítulo, Butler critica la falta de análisis intelectual de los ataques del 11 de septiembre y propone descentrar la narrativa estadounidense para considerar el contexto global e imperialista. En el segundo capítulo, argumenta que el duelo tiene una dimensión política al revelar los lazos comunitarios, y que la vulnerabilidad compartida puede servir de base para la protección mutua frente a la violencia

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Análisis de Butler: Duelo y Violencia Política

Este documento resume dos capítulos del libro "Vida precaria. El poder del duelo y la violencia" de Judith Butler. En el primer capítulo, Butler critica la falta de análisis intelectual de los ataques del 11 de septiembre y propone descentrar la narrativa estadounidense para considerar el contexto global e imperialista. En el segundo capítulo, argumenta que el duelo tiene una dimensión política al revelar los lazos comunitarios, y que la vulnerabilidad compartida puede servir de base para la protección mutua frente a la violencia

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Presentación texto Antropología del Género.

Vicente Galaz
Judith Butler. Vida precaria. El poder del duelo y la violencia. Cap. I: Explicación o
absolución de lo que podemos escuchar y Cap. II: Violencia, Duelo y política.

El texto leído contiene dos capítulos; en el primero, de nombre “Explicación y absolución, o lo


que podemos escuchar”, la autora inicia afirmando como luego del atentado del 11 de septiembre
del 2001, el día del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York se adopta en Estados Unidos una
posición generalizada de antiintelectualismo, donde frente a lo ocurrido no se busca reflexionar y
comprender el por qué, sino que se busca generar una respuesta rápida y fuerte ante lxs “culpables”
de los hechos. Así toda posición intelectual un tanto relativista es considerada “o bien cómplices
o bien como un eslabón débil en la lucha contra el terrorismo” (Butler, 2006: 26), todo mediante
la argumentación de que no existe excusa alguna para la magnitud de la tragedia ocurrida.

Así es como la historia del 11 de septiembre comienza una narración desde ese mismo día y lugar.
En este sentido se ve a las personas que lanzaron a los aviones contra los edificios como portadores
de una patología personal, sin embargo no existe un cuestionamiento hacia ellos como un
fenómeno social más amplio, donde la pregunta del dónde, cómo y por qué surge Al-Qaeda no
existe.

Judith Butler se pregunta si existe la posibilidad de descentrar la narración de estos sucesos en


primera persona dentro de un marco global; esto es importante porque nos encontramos en un
campo históricamente establecido, donde hay que salir de la unilateralidad norteamericana para
considerar cómo su vida está relacionada con la vida de otrxs. Generalmente existe una oposición
a descentrar aquel primermundismo, se tiende a “rechazar cualquier esfuerzo de explicación de los
hechos, como si explicarlos les concediera racionalidad, como si explicarlos nos llevara a
identificarnos con el opresor, como si entenderlos implicara construir un marco que los justifique”
(Butler, 2006: 32). Así es importante considerar al imperialismo norteamericano como condición
necesaria de los ataques que el país ha sufrido; es importante comprender cómo este imperialismo
tiene un lugar en la constitución de sujetos de acción y reflexión en los países oprimidos. Este
análisis permite justamente descentra la narración en primera persona plateado por la autora, donde
la narración comienza en otro lado. Como señala Mary Kaldor en The nation “en muchas áreas
donde hay guerra y donde redes extremistas reclutan nuevos simpatizantes, volverse un criminal
o unirse a un grupo paramilitar es literalmente la única opción para jóvenes desempleados que
carecen de educación formal” (Butler, 2006: 36).

La hegemonía de la posición anti intelectual, como argumenta la autora, se da en parte por un


consenso entorno al significado que poseen ciertos términos. Plantea como ejemplo el término
terrorista, es utilizado por Israel para describir a los actos de resistencia de Palestina, pero el
término no se aplica a sus propias prácticas de violencia estatal. Asimismo, la palabra “masacre”
está reservada para la violencia en contra de países del Primer mundo; cuando el príncipe de Arabia
Saudita ofrece sus condolencias a las víctimas del 09/11, pero al mismo tiempo solicitando “una
postura más equilibrada hacia la causa palestina” por la masacre hacia aquel pueblo, el ex alcalde
de Nueva York, Rudolph Giuliani afirma que no existe comparación entre ambos acontecimientos,
evidenciando aquella incapacidad de reflexionar entorno al lamentable evento de forma más
amplia. Afirmar que Estados Unidos debe pensar el modo en como su política nacional e
internacional colaboran en la creación de un mundo con odio y violencia no significa afirmar que
lo ocurrido el 09/11 sea culpa del país ni que absuelva a los culpables, sino que es un inicio para
crear una política donde aquellos sucesos no ocurran.

El segundo capítulo, de nombre “violencia, duelo, política” tiene por objetivo analizar cómo la
vida política se relaciona con nuestra exposición a la violencia y a la vulnerabilidad de la pérdida
y como en el trabajo del duelo se pueden encontrar bases para una construcción comunitaria. El
apelar a un “nosotrxs” se puede dar así desde una noción de pérdida ya que todos compartimos la
noción de lo que significa haber perdido a alguien. El sentido común nos dice que el duelo es algo
privado y que en ese sentido despolitiza, pero la autora plantea que este permite elaborar el sentido
de una comunidad política ya que releva los lazos entre personas.

Butler plantea que unx no siempre permanece intacto ya que el contacto con otrx nos desintegra.
En términos relacionales, dice que “ni el género ni la sexualidad son precisamente algo que
poseemos, sino más bien un modo de desposesión, un modo de ser para otro o a causa del otro
(...) necesitamos un modo de pensar no sólo como nuestras relaciones nos constituyen sino también
como somos desposeídos por ellas” (Butler, 2006: 59)

La definición legal de quienes somos no son descripciones adecuadas para lo que somos ya que no
cubre la pasión, la pena, la ira, “lo que nos arranca de nosotros mismos, nos liga a otros, nos
transporta, nos desintegra, nos involucra en vidas que no son las nuestras, irreversiblemente, si es
que no fatalmente” (Butler, 2006: 51), una dimensión irracional que la racionalidad occidental
generalmente obvia. En este misma línea, se puede plantear que la lucha por el cuerpo implica
buscar otra aspiración normativa dentro del campo político; este tiene una dimensión pública ya
que no se lucha solamente por los derechos sobre el propio cuerpo ya que este cuerpo nunca es lo
suficientemente nuestro, lo suficientemente privado. La lucha por la autonomía es más que la
concepción de mi mismo ya que se está en una comunidad, afectado por otros.

Existe una vulnerabilidad, sobre todo en Estados Unidos donde la violencia rodea a sus habitantes,
planificando más violencia en nombre de la guerra contra el terrorismo. Después del ataque a las
Torres Gemelas del 11 de septiembre, el 21 de septiembre el Presidente Bush anuncia que el duelo
terminó y que era el momento de la acción. Esta resolución rápida del duelo evidencia un miedo
al mismo, donde desterrar la melancolía solamente fortifica su estructura afectiva bajo otro
nombre.

Políticamente, elaborar un duelo es planteado por Butler como un proceso de identificación con el
sufrimiento donde un principio de proteger a otrxs de la violencia debe nacer de una vulnerabilidad
humana en común, la cual precede a la formación del yo. Vemos que en nuestra realidad existe
una escala de duelos, son distintos los palestinos muertos por el ejército israelí con apoyo de
Estados Unidos a los duelos de familias heterosexuales monógamas norteamericanas. El problema,
plantea Judith Butler, es que ciertas vidas no son consideradas como vida, hay muertes que no
dejan ninguna huella. El subvertir estas diferencias implica un intento de incluir distintas luchas
por reconocimiento, minorías sexuales que viven una violencia cotidiana porque sus cuerpos no
entran en la noción normativa de lo que debe ser un cuerpo humano y luchas antirracistas por el
carácter racial de la noción de lo culturalmente viable de lo humano. Es necesario así que el
feminismo se deshaga de sus supuestos de Primer Mundo y use los recursos de la teoría y el
activismo feminista para volver a repensar el significado de los lazos, los vínculos, las alianzas,
las relaciones, tal como son imaginados y vividos en el horizonte de un contra imperialismo
igualitario” (Butler, 2006: 69)

La violencia a la que el poder colonial ha sometido a las mujeres les da toda la posibilidad de
volverse violentas, pero existe otra forma de salir completamente del círculo de la violencia, “un
mundo donde la vulnerabilidad corporal está protegida sin ser erradicada, subrayando la línea que
separa a la una de la otra” (Butler, 2006: 70). La vulnerabilidad sería así, como plantea la autora,
una condición para la humanización, la cual varía a través de distintas formas de reconocimiento.
Este reconocimiento es importante para poder reconstituir la vulnerabilidad ya que no somos entes
aislados en la lucha por el reconocimiento, sino que somos parte de un intercambio recíproco que
nos destituye de nuestro lugar y de nuestras posiciones. No implica por lo tanto un reconocimiento
a lo que ya se es sino que exige un devenir, un futuro en relación a otro.

Comentario

Si bien a veces me costó comprender la propuesta política de Judith Butler en este texto, puedo
decir que estoy de acuerdo con esta. Creo que en general los proyectos políticos de izquierda, que
si bien buscan una transformación del mundo en busca de reconocimiento, justicia e igualdad,
muchas veces la dimensión afectiva es dejada en un segundo plano, lo cual genera que la
articulación interna entre los individuos de estos proyectos se debilitada. Esto es más patente hoy
en día donde creo que la frase de “lo personal es político” sintetiza muy bien esto, es imposible
crear un proyecto político transformador si no ponemos en común nuestra emocionalidad, el
sentirse parte de algo que te hace sentido y en el cual puedes encontrar en espacio cómodo y de
confianza es fundamental para crear ese “nosotrxs” que colectivamente busca transformar la
sociedad hacia afuera y al grupo hacia adentro, subvirtiendo valores y prácticas violentas e
individualistas que el mismo modelo capitalista y patriarcal nos ha impuesto.

El concepto de duelo lo cambiaría por algo más relacionado a la empatía, creo que la vulnerabilidad
que produce este puede tenerse sin haber experimentado necesariamente la muerte de alguien
cercano, con conocer experiencias aunque sean lejanas, de sufrimiento, frustración, opresión unx
puede empatizar, ponerse en el lugar de otrx y encontrarse en esa vulnerabilidad común a partir
también de las propias experiencias. Distintos sujetos tendrán distintas experiencias y por lo tanto
las vulnerabilidades también se agrupan en espacios con una identidad más propia, sin embargo
creo que también es importante el avanzar en la construcción de espacios amplios, diversos y
mixtos donde se construya ese devenir colectivo del que habla Judith Butler en base a la “pasión,
la pena, la ira, lo que nos arranca de nosotros mismos, nos liga a otros, nos transporta, nos
desintegra, nos involucra en vidas que no son las nuestras, irreversiblemente, si es que no
fatalmente” (Butler, 2006: 51). Luchar desde nuestras emociones, sentimientos y cuerpos para
reconocernos, juntarnos, mirarnos y organizarnos para construir nuevas relaciones que salgan del
círculo de la violencia enunciado por la autora.

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