Origen y evolución de la abogacía
Origen y evolución de la abogacía
Grecia y Atenas jugaron un papel determinante en el desarrollo e incremento del ejercicio del
derecho; en Atenas se fundó la primera escuela de juristas y Pericles fue su primer abogado.
Los abogados de América Latina, herederos de la tradición del derecho romano, encuentran
sus más importantes antecesores en el período clásico de la antigua Roma. En esa época, había
dos tipos de personas cuyos oficios estaban estrechamente relacionados con el sistema
jurídico y que corresponden a los abogados de hoy: los advocati o causadici y los iurisconsulti o
iurisprudenti. Ninguno de ellos tenía un título especializado ni cursaban estudios de leyes o
derecho, pues no había instituciones encargadas de transmitir el conocimiento jurídico.
Los advocati o causadici, eran aquellos que asistían a otros en juicios públicos aconsejados por
los iurisconsulti o iurisprudenti en materia de derecho y las acciones que debían emprenderse.
Los iurisconsulti o iurisprudenti eran quienes aconsejaban no sólo a los abogados, sino a los
jueces, a los funcionarios y a las partes sobre el contenido del derecho y de las acciones;
también podían redactar documentos especialmente importantes.
La gran diferencia con los abogados consistía en que el jurisconsulto tenía un origen social muy
distinguido, conocía a fondo el derecho y a la vez era un prudente, es decir, manejaba el saber
práctico general, importante en la conducción de los asuntos públicos y privados. Estas
calidades, en especial la de juristas, les permitía ser elegidos para ocupar...
Trabajo Practico
De
Sociología
Introducción
Mi trabajo se trata, más que nada, de alcanzar una visión global de la función del derecho en la
historia desde la perspectiva del papel creciente del abogado como defensor de los valores
sustanciales de la persona y de su orden social. Es aquí donde se puede ver la aventura
espiritual y apasionante de la abogacía, sin cuyos desvelos la humanidad seguramente no
habría superado todavía la fase de la violencia y del sufrimiento social cotidiano.
Tratare de abarcar los aspectos sociales, económicos, culturales y morales que integran e
influyen en el mundo de la Abogacía.
Me centre principalmente en esta carrera porque es lo que yo deseo estudiar.
Este trabajo, me sirve para conocer los aspectos que estarán presenten en el estudio y en el
desarrollo de mi carrera y de mi vida en gral.
La Facultad de Derecho propone formar personas capaces de analizar los problemas jurídicos y
participar en su solución, desde las diversas tareas que más adelante cumplirán sus graduados
como abogados, jueces, funcionarios públicos, asesores de empresas o legisladores.
Los estudiantes reciben una formación abierta y dinámica que los capacita para una rápida
adaptación a los cambios constantes que se presentan en la vida social, cultural, y moral,
considerado un problema como un conjunto de situaciones reales que exigen soluciones de
justicia, y no exclusivamente como un sistema normativo.
Desarrollo
Su rol es múltiple porque cultiva, investiga, difunde y aplica los conocimientos de la ciencia del
derecho para alcanzar la justicia defendiendo los derechos de las personas si estos se ven
afectados por terceros y/o orientándolos en sus derechos; es decir, cumple una verdadera
actividad judicial, teniendo en cuenta que hace estudios de la realidad social, interpreta las
leyes, y las aplica con un solo objetivo de hacer justicia.
La abogacía es una profesión que se basa en la verdad para el logro de la justicia que
constituye un derecho y a la vez una virtud que tiene por objeto restablecer la paz alterada por
un conflicto.
El derecho positivo está en los libros, pero lo que la vida reclama no está escrito en ninguna
parte. Quien tenga previsión, serenidad, amplitud de miras y de sentimientos para advertirlo,
será Abogado; quien no tenga más inspiración ni más guía que las leyes, será un desventurado
mandadero.
La justicia no es fruto del estudio, sino de una sensación. “La sensación de la justicia” es decir,
que procuremos no actuar tan apegados a las leyes, que usemos lo que nosotros tenemos
conceptualizado como bueno, equitativo, prudente, cordial y sobre todo justo.
La abogacía es una profesión difícil de lograrla por las diversas cualidades requeridas. Una
publicación de la UNESCO sintetizando dichas cualidades puntualiza: “La rectitud de conciencia
es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos; primero es ser bueno, luego
ser firme, después ser prudente, la ilustración viene en cuarto lugar, la pericia en el último”.
Ejercicio Profesional
Persona con título de grado habilitado conforme a la legislación de cada país, que ejerce el
Derecho, en representación de terceras personas, siendo un auxiliar activo e indispensable en
la administración de la Justicia de un país.
El abogado es el encargado de defender los intereses de una de las partes en litigio. Al ser el
abogado un profesional específicamente preparado y especializado en cuestiones jurídicas, es
la única persona que puede ofrecer un enfoque adecuado del problema que tiene el ciudadano
o 'justiciable'.
Debe destacarse que además de su intervención en el juicio, una función básica y principal del
abogado es la preventiva. Con su asesoramiento y una correcta redacción de los contratos y
documentos, pueden evitarse conflictos sociales, de forma que el abogado, más que para los
pleitos o juicios, sirve para no llegar a ellos, sirviendo en muchos casos como mediador
extrajudicial. Tanto es así que en la mayoría de los procedimientos judiciales es obligatorio
comparecer ante los tribunales asistido o defendido por un abogado en calidad de director
jurídico, es decir todo escrito y/o presentación judicial debe ir firmada por el cliente (o su
representante legal, el procurador/a) y por su abogado, lo cual le garantiza un debido ejercicio
del derecho a la defensa durante el proceso.
La actuación profesional del abogado se basa en los principios de libertad e independencia. Los
principios de confianza y de buena fe presiden las relaciones entre el cliente y el abogado, que
está sujeto al secreto profesional. El abogado se debe a su cliente, en primer lugar, y debe
litigar de manera consciente respecto a la responsabilidad social en la que se halla, con un
actuar crítico y equilibrado al servicio de la paz social, en la que colabora con los juzgados y
tribunales dentro del sistema judicial de cada país.
A través de los Colegios de Abogados u organismos pertinentes, dependiendo del país, existen
servicios de asistencia jurídica gratuita para los ciudadanos que carecen de medios económicos
para pagar los honorarios de un abogado. Son los llamados defensores "Ad honorem" en el
caso que asesoren desde Colegios de abogados, y abogados oficiales defensores (o
simplemente abogados de oficio) cuando dependen directamente del Estado.
Las especialidades más habituales en el mundo de la abogacía suelen ser: Derecho civil, de
familia, penal, mercantil, laboral, tributario, constitucional, administrativo y ambiental.
7º TEN PACIENCIA.
Hoy, aquí, en este tiempo y en este lugar del mundo, las exigencias de la libertad humana y los
requerimientos de la justicia social constituyen las notas dominantes de la abogacía, sin las
cuales el sentido docente de esta profesión puede considerarse frustrado. Pero a su vez, la
libertad y la justicia pertenecen a un orden general, dentro del cual interfieren, chocan y
luchan otros valores.
La abogacía es la disciplina de la libertad dentro del orden. Los conflictos entre lo real y lo
ideal, la libertad y la autoridad, el individuo y el poder, constituyen el tema de cada día.
En medio de estos conflictos, el Abogado, desde la defensa que pugna por su justa aplicación,
es quien desata muchas veces ráfagas de la tempestad y puede contenerlas.
La Abogacía es un constante ejercicio de la virtud. La tentación pasa siete veces cada día por
delante del Abogado. Este puede hacer de su oficio la más noble de todas las profesiones o el
más vil de todos los oficios.
Arte, política, ética y acción son, a su vez, sólo los contenidos de la Abogacía. Esta se halla,
además. Dotada de una forma. Como todo arte tiene su estilo, y este estilo no es la unidad,
sino la diversidad.
4º. Piensa siempre que tu eres para el cliente y no el cliente para ti.
5º. No procures nunca en los tribunales ser más que los magistrados, pero no consientas ser
menos.
10º. Busca siempre la justicia por el cambio de la sinceridad y sin otras armas que las de tu
saber.
1º. Trata de ser honesto, no engañes al cliente ni le hagas concebir vanas esperanzas.
2º. No transijas ni con las malas causas, ni con los malos jueces.
6º. No juzgues mal de las intenciones o conducta del contrario, ni menoscabes la preparación
de tus colegas, ni de nadie, sin tener motivo fundado para ello.
Historia de la Abogacía
Se pueden dar muchos ejemplos. Así, al remontarnos hasta Egipto, descubrimos que en el
sistema legal de esta antiquísima cultura no existió la defensa con abogado. Durante el
proceso, las partes se dirigían por escrito al tribunal, explicando su caso, el que luego de hacer
el estudio pertinente, emitía la sentencia. El hecho que no existiera un defensor en el sistema
legal se debió a la idea que tenían los egipcios respecto a los juicios orales, en donde un
intermediario podía asumir la defensa; y es que la jurisprudencia de la época, encontrada en
un antiguo papiro, decía que la presencia de un orador hábil podría influir sobre las decisiones
de los jueces y hacerles perder objetividad. La última instancia consistía en apelar al Faraón,
quien no representaba a la justicia, sino que era la “justicia”.
Las partes recurrían a los jueces y luego apelaban al rey o emperador, según las épocas
históricas. El rey, que era el brazo de la justicia, tenía la última palabra. Igualmente, entre los
hebreos, el sistema legal tampoco se distinguió de los anteriores.
Recordemos el juicio ante Salomón, en donde no hay defensor. Cristo tampoco lo tuvo porque
fue juzgado según las leyes judías, pero si hubiese sido juzgado por las leyes romanas, el
Estado le hubiera asignado un abogado para su defensa.
Además, periódicamente las autoridades judiciales chinas publicaban las decisiones de los
tribunales con las leyes que había aplicado para cada caso, lo que permitía una mejor
información. En la India, tanto en el período budista como en el brahmánico, tampoco existió
la figura del defensor.
Al principio, durante los orígenes de la Ciudad-Estado ateniense, los ciudadanos defendían sus
propias causas y el “orador-escritor” era la persona que le preparaba el discurso para su
defensa… Pero en la medida que los litigios aumentaban, esta
profesión de orador-escritor adquirió prestigio y quienes ejercían comenzaron a oficiar como
defensores. Lysias (440-360 a.c.) fue el abogado más notable entre los atenienses.
Fue en Roma donde se desarrolló plenamente y, por primera vez, de manera sistemática y
socialmente organizada, la profesión de abogado, palabra que viene del vocablo latino
advocatus, que significa llamado, porque entre los romanos se llamaba así a quienes conocían
las leyes para socorro y ayuda.
También como en Grecia, se les llamó “oradores” o “voceris”, porque era propio
de su oficio el uso de voces y palabras.
Como en ninguna sociedad del mundo antiguo, los romanos permitieron que ciertas mujeres,
las de la clase alta, pudieran ejercer la abogacía. La historia nos ha conservado el nombre de
tres grandes abogadas romanas: Amasia, Hortensia y Afrania, llamada también Calpurnia,
esposa de Plinio “El Joven”.
Con ella sucedió un caso de antología que fue determinante para el futuro de la mujer en la
abogacía. Mujer con tendencia a la promiscuidad, de espíritu vivo, sin la gravedad de Amasia y
Hortensia, se excedió en su lenguaje, casi grotesco. Su lengua y palabra eran el terror de los
jueces, abogados y litigantes, lo que le valió que se dictara una ley suspendiéndola y
prohibiendo a las mujeres ejercer la abogacía, prohibición que duró por espacio de veinte
siglos, es decir, hasta fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Es en “Las Siete Partidas de Alfonso el Sabio”, donde aparece por primera vez en un texto legal
la definición de abogado, en lengua española. “Bozero es nome que razona por otro en Juycio,
o el suyo mesmo, en demandando o en respondiendo. E así nome, porque con boze e con
palabra usa de su oficio”.
Las Siete Partidas dice que los abogados eran ciudadanos útiles, porque “ellos aperciben a los
juzgadores y les dan luces para el acierto y sostienen a los litigantes, de manera, que por
mengua, o por miedo o por venganza o por no ser usados de los pleitos no pierden su derecho,
y porque la ciencia de las leyes, es la ciencia y la fuente de justicia, y aprovechándose de ella el
mundo más que de otras ciencias”.
Pero a pesar de los elogios de las Siete Partidas, la profesión de abogado en España fue
grisácea y oscura, no gozaban de la necesaria libertad para ejercer su profesión. Asimilados a
burócratas como funcionarios públicos, jamás pudieron cumplir su misión de proteger al
oprimido y al injustamente perseguido.
Muy diferente fue la situación del abogado en Francia. Su papel fue preponderante en la
sociedad, respetando y acatando las leyes.
La “Ciudad de los Reyes”, el 13 de Septiembre de 1538, tres años después de haberse fundado
Lima, el Cabildo, preocupado por los conflictos entre partes decidió que era indispensable la
intervención de abogados y procuradores en los litigios. En conformidad con este criterio se
procedió a nombrar por pregones en la plaza pública dos defensores, don Alonso de Navarrete
y don Pedro de Avendaño, los primeros abogados que registra nuestra historia oficial. Estos
defensores deberían proteger al ciudadano, al poco tiempo se autorizó que se pudiera ejercer
libremente la abogacía previa licencia del juez que era el alcalde. Cabe destacar que el Colegio
de Abogados de Lima se fundó durante el Virreinato en 1808 por el virrey Abascal. El primer
decano fue Antonio de Oquendo.
Fue el 9 de Julio de 1821, cuando San Martín ocupa Lima, que el Colegio de Abogados en pleno
asistió a la proclamación de la independencia.
A partir de esa fecha muchos han sido los abogados ilustres en el Perú desde nuestra
independencia, “un ser independiente que no pretende sino a sí mismo, y que sólo da cuenta a
su conciencia de sus trabajos y de sus actos. Libre de las trabas que oprimen a los demás
hombres, demasiado altivo para tener protectores y demasiado modesto para tener
protegidos; sin esclavos y sin señores”, como diría Luis Arrazola.
A decir de Carnelutti el abogado cumple la función de intermediario entre las partes que
buscan justicia y el juez que la otorga.
La crisis del estado-nación es una crisis que trae nuevas configuraciones, complejas y
paradojales. Y está en crisis, porque no puede contener en esa complejidad, la presencia de
múltiples realidades (individuales o colectivas) culturales, morales, políticas o de otra índole,
como consecuencia de que la nueva estructura mundial.
De aquí es que nacen las clases sociales, las diferencia de oportunidades, los conflictos
sociales, las pocas posibilidades de algunas personas para estudiar y desarrollarse.
Es ahí donde se complica el estudio de esta carrera, donde dependiendo de cuanto dinero
tengas, como vivas o de que familia vengas podrás desarrollarte y superarte o no.
En esta circunstancias, para ingresar a una facultad (y en casi todo ámbito de la vida actual) las
oportunidades no son regidas por la capacidad o las competencias con los que la persona
cuente si no que todo se rige por lo económico.
Así ingresan al sistema laboral, donde perciben un sueldo (por lo general escaso por su nivel de
educación) y para ellos esta bien, viven y mueren viviendo de esa manera.
Esto lleva a un círculo vicioso en donde nadie intenta superarse. Lo más probable es que sus
hijos vivan y piensen de la misma manera, ya que no cuentan con el incentivo de los padres, ni
la motivación y guía se requiere para estudiar una carrera.
El estado, quien intenta “solucionar” los problemas de esta gente, le entrega mensualmente a
esta gente, una insignificante ayuda económica.
Esto si bien soluciona los problemas más urgentes e inmediatos de la gente, por otro lado, les
afecta ya que los acostumbra a vivir de esa ayuda, creyendo innecesario estudiar, esforzarse
por el desarrollo personal y/o trabajar.
Como decíamos antes, el estudiar esta o cualquier carrera tiene como principal requisito
contar con ciertos recursos económicos. Aun si habláramos de la Facultad Nacional que es
gratuita, se debería tener en cuenta esto, ya que desde el asistir a clases hasta la compra del
material significa un gasto de dinero.
Por lo cual considero que hoy y desde siempre, el estudio de una carrera y el desarrollo
intelectual y personal de las personas es excluyente.
Muchas personas quizás tienen las capacidades y competencias necesarias para un estudio
terciario o universitario pero no cuentan con los recursos económicos.
Por eso, si tenemos los recursos económicos, lo único que necesitamos es querer
desarrollarnos intelectual y personalmente, superarnos y esto se da a través del estudio.
Conveniencia o vocación
Por otro lado, como toda profesión u oficio, la remuneración que se recibe va a depender de
cómo nos desarrollemos, de nuestras capacidades y competencias para realizar las tareas
encomendadas.
Para mi forma de ver las cosas, estudiar una carrera, convertirse en un profesional, (sea cual
sea el rubro a seguir), no tiene que ver con la remuneración que pueda recibirse por ello, sino
que es importante que se elija a través de una evaluación del deseo y la convicción de hacerlo,
las competencias y capacidades que tenemos para esto, y por sobre todo la vocación.
Por supuesto, siempre que se habla de trabajar (desarrollando un oficio o una profesión), se
tiene en cuenta que se recibirá una remuneración dependiendo de la actividad que realicemos,
el puesto jerárquico, y las horas trabajadas.
Por supuesto, con dicha remuneración deberemos sustentar los gastos de nuestra vida, por lo
cual, esto siempre influye a la hora de decidir que profesión u oficio se va a seguir, ya que la
elección de este, dictara como viviremos económicamente hablando.
Sin embargo, el plano económico, a pesar de estar estrechamente ligado a la elección de una
profesión, no debe ser el primer aspecto a evaluar y mucho menos el más importante.
Considerando que si elegimos una profesión u oficio solo evaluando las posibles ganancias a
obtener, o la salida laboral que tengan, al cabo de unos años de desarrollarla se tornara difícil y
casi insoportable, ya que no tendrá el encanto de una vocación y quizás tampoco se pueda
triunfar en ese ámbito ya que es muy importante tener en cuanta las competencias y
capacidades para el desarrollo de las tareas concernientes a la profesión.
En fin, esta es solo mi forma de pensar, y es como yo logre la elección de la profesión que
deseo seguir. Conozco mis competencias y mis capacidades, y por sobre todo tengo vocación,
sin importar el hecho de cuan remunerativa sea la profesión que deseo [Link]
Políticos que integran e influyen en el mundo de la Abogacía:
Cuando reflexionamos sobre la administración de la cosa pública, nos damos cuenta que en la
mayoría de instituciones estatales, sean éstas parte del Órgano Ejecutivo, el Legislativo o el
Judicial, una gran parte de los empleados y funcionarios públicos ostentan la profesión de
abogados.
Nada menos los dos nuevos entes reguladores, la Defensoría de Protección al Consumidor y la
Superintendencia de Competencia, tendrán muy probablemente como titulares de las mismas
a juristas, cuya dedicación será a tiempo completo.
Esta combinación del derecho con la función pública y/o política, debería ser considerada
como una ventaja para el Estado y sobre todo para los administrados. El conocimiento del
ordenamiento jurídico debería obligara a los funcionarios u ocupantes de cargos públicos, no
sólo a respetar los derechos de los contribuyentes, sino también a asesorar debidamente a los
titulares de las distintas instituciones para las cuales trabajan.
Para ello la ética es fundamental, pues sólo si se actúa con rectitud se puede aplicar el derecho
como se debe: sin ideologías, pues no estamos al servicio de un partido político cuando se
trabaja en el Estado, sino al servicio de los ciudadanos.
Sin embargo no basta con conocer la ley, se debe ir más allá; cuando se está dentro del
quehacer político y se es abogado, se tienen dos opciones: o sucumbir ante la politiquería, o
asesorar conforme al “deber ser”.
Esto último debería constituir la opción más frecuente y para ello los abogados que
temporalmente sirven al Estado, deben prepararse, combinando su conocimiento del derecho
con otras ramas del saber.
En los albores de este nuevo siglo estamos persuadidos de la necesidad de efectuar una pausa
en el mundo de la abogacía, para replantear la incidencia que esta doctrina tiene el la cultura y
en la sociedad en general.
En suma, una toma de conciencia sobre la evolución histórica del Derecho y sobre las
proyecciones en la sociedad de nuestras actividades profesionales y académicas.-
Esta aparente crisis del Derecho, entendiendo crisis como una ruptura significativa de la
ciencia con sus postulados del pasado, encuentra uno de sus fundamentos más trascendentes
en una suerte de re-descubrimiento de la persona humana como un ser en libertad.- La
libertad ya no es solo visualizada como un atributo de la persona, sino también como un
elemento configurativo de su propia existencia.
Este cambio en los postulados del derecho influye y golpea fuertemente en la cultura y la
sociedad, ya que el común de la gente, no entenderá, ni aceptara estos nuevos conceptos y
concepciones hasta que no sufran una internalizacion de estos, lo cual dentro de una sociedad
como la nuestra, lleva muchos años.
Por otro lado, resulta particularmente relevante analizar el rol que la enseñanza universitaria
del derecho puede asumir dentro de una sociedad que padece altos niveles de
desconstitucionalización.
Sin duda, la ignorancia es el primer cordón que enlaza las siguientes ataduras de la mente
humana.- Confiar en la fuerza liberadora del conocimiento es apostar a un futuro diferente.-
Existe otro dilema para esta profesión. “El abogado es el consejero o asesor jurídico más
cualificado” es una frase que comentan muchos abogados. No obstante, es necesario
preguntarse: ¿La sociedad percibe al abogado como el asesor más cualificado, como su
primera opción? ¿La relación calidad/precio/servicio de los abogados es la más valorada? ¿Se
conoce claramente la utilidad social de la profesión de abogado?
Si los abogados son los profesionales más preparados como consejeros jurídicos, ¿por qué los
clientes potenciales escogen a veces los servicios de otros profesionales?
Porque existe la percepción o valoración social que determinados asuntos los pueden resolver
bien otros colectivos profesionales y a un precio inferior al de los honorarios de los abogados.
Con independencia de que ello sea así, existe esta creencia. Igualmente perdura todavía,
aunque no tanto como en el pasado, la clásica asociación del abogado con las actuaciones
judiciales (pleitos), percepción reforzada en buena parte por la industria de la imagen
(televisión y cine).
El mantenimiento del prestigio, de la consideración social, de una profesión es clave para que
no disminuya su demanda social. Realidad y percepción social a menudo discrepan. Cuando la
identidad (la realidad) y la imagen (la percepción social) de un colectivo profesional no se
corresponden, el colectivo en cuestión tiene un problema de imagen, de posicionamiento en la
sociedad.
Este es el caso donde un medio de comunicación masivo, como lo es la televisión, crea una
propia realidad social, crea cierta imagen de una profesión, basándose en la percepción y
subjetividad de ciertas personas. Además realiza una generalización de esta profesión, sin
analizar cada caso, o los diferentes profesionales.
En la moral del abogado podemos decir que lo más importante es el criterio que debe tener un
abogado. La abogacía no se cimienta en la lucidez del ingenio, sino en la rectitud de la
conciencia. Malo será que erremos y defendamos como moral lo que no es; pero si nos hemos
equivocado de buena fe, podemos estar tranquilos.
Se desprende de ahí que el momento crítico para la ética abogacil es el de aceptar o repeler el
asunto.
“Nuestro oficio ¿es hacer triunfar a la justicia o a nuestro cliente? ¿Iluminamos al Tribunal o
procuramos cegarle?
Cuando un abogado acepta un caso, es porque estima -aunque sea equivocadamente- que la
pretensión de su tutelado es justa, y en tal caso al triunfar el cliente triunfa la justicia, y
nuestra obra no va encaminada a cegar sino a iluminar.
También da unos consejos a los abogados. Hay que ser refractario al alboroto.
Soportar la amargura de una censura caprichosa e injusta, es carga añeja a los honores
profesionales. Debajo de la toga hay que llevar la coraza.
Abogado que sucumba al que dirán debe tener su hoja de servicios manchada con la nota de
cobardía. No digo que el juicio público no sea digno de atención. Lo que quiero decir es que
después de adoptada una resolución, vacilar ni retroceder por miedo a la critica, que es un
monstruo de cien cabezas irresponsables y faltas de sindéresis.
Cuando se ha marcado la línea del deber hay que cumplirla a todo trance. El transeute que se
detenga a escuchar los ladridos de los perros, difícilmente llegará al término de su jornada.
Primero.- Duda sobre la moralidad intrínseca del negocio. El problema es sencillo de resolver.
Como la responsabilidad es nuestra, a nuestro criterio hemos de atenernos y sólo por el nos
hemos de guiar.
Malo será que erremos y defendamos como moral lo que no lo es; pero si nos hemos
equivocado de buena fe, podemos estar tranquilos.
Adviértase que he confiado la solución del conflicto al criterio y no al estudio. Quien busca en
los libros el aquietamiento de la conciencia, suele ir hipócritamente a cohonestar la
indelicadeza para beneficio del interés…
Segundo.- Pugna entre la moral y la ley. Empiezo por creer que no es tan frecuente como suele
suponerse. Cuando en verdad y serenamente descubrimos un claro aspecto moral en un
problema, raro ha de ser que, con mas o menos trabajo, no encontremos para el la fórmula
amparadora en las leyes.
Todos nos hemos hallado en casos semejantes, y es no solo admisible sino loable y a veces
heroico, comprometer la propia reputación usando ardides censurables para servir una
finalidad buena que acaso todos ignoran menos el abogado obligado a sufrir y callar.
Cuarto.- Licitud o ilicitud de los razonamientos. Diré mi apreciación en pocas palabras. Nunca
ni por nada es lícito faltar a la verdad en la narración de los hechos.
Quinto.- Oposición entre el interés del letrado y el de su cliente. No pretendo referirme a la
grosera antitesis del interés pecuniario, por que eso no puede ser cuestión para ningún
hombre de rudimentaria dignidad. Aludo a otras muchas incidencias de la vida profesional en
que el letrado haría o diría, o dejaría de hacer o de decir tales o cuales cosas en servicio de su
comodidad, de su lucimiento o de su amor propio. El conflicto se resuelve por si solo,
considerando que nosotros no existimos para nosotros mismos sino para los demás, que
nuestra personalidad se engarza en la de quienes se fían de nosotros, y que lo que ensalza
nuestras tareas hasta la categoría del sacerdocio es, precisamente, el sacrificio de lo que nos
es grato en holocausto de lo que es justo.
Sexto.- Queda por considerar una sabrosa adivinanza que Colette Iver plantea en su
originalísima novela Les Dames du Palais. “Nuestro oficio ¿es hacer triunfar a la Justicia o a
nuestro cliente? ¿Iluminamos al Tribunal o procuramos cegarle?”.
Art.1: Ámbito de aplicación: Las disposiciones del presente Código de Ética serán de aplicación
a todo matriculado en este Colegio en el ejercicio de la profesión de abogado en la Capital
Federal y/o ante Tribunales Federales, como asimismo en el supuesto contemplado en el
artículo 4 párrafo segundo de la Ley 23.187.
Art.2: Comienzo de vigencia: Las disposiciones del presente Código de Ética comenzarán a
regir desde el día siguiente a su publicación en el Boletín Oficial y sin perjuicio de toda otra
forma de publicidad que dispongan las autoridades del Colegio Público de Abogados de la
Capital Federal, anterior o posterior a la publicación en el Boletín Oficial.
Art.3: Órganos de aplicación: Son órganos de aplicación de las disposiciones de este Código de
Ética, los establecidos por la Ley 23.187, conforme las vías y procedimientos regulados en la
misma y por el Reglamento de Procedimientos del Tribunal de Disciplina (B.O. Nro. 26.100, 6
de Marzo de 1987).
Art.4: Heteronomía: Las disposiciones del presente Código de Ética no podrán ser modificadas
o dejadas sin efecto, ni excusarse deberes u obligaciones profesionales allí contenidos por
acuerdo de partes, por lo que son nulos los convenios o acuerdos respecto de temas
comprendidos en este Código de Ética, o la renuncia a su exigibilidad.
Art.9: Abogacía y Usurpación del Poder Político: Es contrario y violatorio de los deberes
fundamentales del ejercicio de la abogacía, el prestar servicio a la usurpación del poder
político, aceptando ingresar a cargos que impliquen funciones políticas, o a la magistratura
judicial.
Utilizar las reglas de derecho para la solución de todo conflicto, fundamentado en los
principios de lealtad, probidad y buena fe.
Tener un domicilio fijo y conocido para la atención de los asuntos profesionales que se le
encomienden.
Abstenerse de permitir la utilización de su nombre para nominar Estudio Jurídico con el que
no guarde vinculación profesional.
Abstenerse de publicitar sus servicios sin la mesura y el decoro exigidos por la dignidad de la
profesión, en base al los honorarios a percibir, que pueda inducir a engaño.
Evitar cualquier actitud o expresión que pueda interpretarse como tendiente a aprovechar
toda influencia política o cualquier otra situación excepcional.
El abogado debe respetar rigurosamente todo secreto profesional y oponerse ante los
jueces u otra autoridad al relevamiento del secreto profesional, negándose a responder las
preguntas que lo expongan a violarlo.
El abogado debe defender el derecho a la inviolabilidad del estudio y de los documentos que
le hubiesen sido confiados.
Art.11: Deber de Colaboración: Es deber del abogado prestar su concurso personal para el
mejor éxito de los fines del Colegio Público. Debe aceptar los nombramientos de oficio o que
por sorteo efectúen sus autoridades para asesorar, defender o patrocinar jurídicamente en
forma gratuita litigantes carentes de suficientes recursos, salvo excusación fundada concebida
conforme al reglamento respectivo. Asimismo, debe comunicar todo cambio de domicilio que
efectúe, y la cesación o reanudación de sus actividades profesionales. También debe contribuir
a su sostenimiento, satisfaciendo puntualmente la cuota anual y el derecho fijo que
corresponda.
Art.14: Dignidad y Ecuanimidad: Todo abogado debe respetar la dignidad de sus colegas y
hacer que se la respete. No debe compartir la maledicencia del cliente hacia su anterior
abogado ni respecto del que represente o patrocine a la contraparte. Debe abstenerse de
expresiones indebidas o injuriosas respecto de sus colegas, así como aludir a antecedentes
personales, ideológicos, políticos, religiosos o raciales que puedan resultar ofensivos o
discriminatorios. Los sentimientos hostiles que puedan existir entre los clientes no deben
influir en la conducta y disposición de los abogados entre sí.
Art.15: Todo abogado debe dar aviso fehaciente al colega que haya intervenido previamente
en el caso de reemplazarlo o participar en la representación, patrocinio o defensa. Esto no será
necesario cuando el letrado anterior hubiera renunciado expresamente o se le hubiera
notificado la revocación de tal mandato o patrocinio. El abogado no debe tratar, directa o
indirectamente, ni arribar a ningún tipo de convenio o acuerdo con personas patrocinadas y/o
asesoradas por otro colega, sin la intervención o conocimiento de éste.
Art.16: Captación de Clientes: Todo abogado debe abstenerse de realizar acciones o esfuerzos,
directos o indirectos, por sí o por interpósita persona, para atraer asuntos o clientes de otro
abogado.
Art.18: Es deber del abogado cumplir estrictamente los acuerdos o convenios escritos o
verbales que realice con sus colegas.
Art.20: Libertad de actuación: El abogado es libre de aceptar o rechazar asuntos en los que se
solicite su intervención profesional, sin necesidad de expresar los motivos de su
determinación, salvo en los casos de nombramiento de oficio o cuando actúe en relación de
dependencia y sujeto a directivas del principal. En estos casos, el abogado podrá justificar su
declinación fundándose en normas éticas o legales que puedan afectarlo personal o
profesionalmente.
Art.22: Deber en el ejercicio profesional: Serán consideradas faltas de ética las siguientes:
Incurrir en temeridad o malicia, así calificadas judicialmente sin que dicha calificación sea
vinculante para el Tribunal de Disciplina. Ello, sin perjuicio de lo establecido por el artículo 5
incisos b) del Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Disciplina.
A los efectos de este Código de Ética se considera falta leve a aquella conducta que,
infringiendo un deber u obligación emergentes de la Ley 23.187 o de este Código, sea de
limitada trascendencia para el correcto ejercicio de la abogacía.
A los efectos de este Código de Ética se considerará falta grave a aquella conducta que
afecte deberes relativos al orden jurídico institucional o que, infringiendo un deber u
obligación emergentes de la Ley 23.187 o de este Código, sea de trascendental importancia
para el correcto ejercicio de la abogacía.
Art.28: Reglas de aplicación de las restantes sanciones disciplinarias: Para la aplicación de las
sanciones disciplinarias enumeradas en los incisos a), b), c) y d) del artículo 45 de la Ley 23.187,
el Tribunal de Disciplina sujetará su decisión a las siguientes normas:
Corresponderá aplicar las sanciones contenidas en los incisos c) y d) del artículo 45 de la Ley
23.187 en los casos de faltas graves;
La reiteración de las faltas leves no podrá dar lugar a la aplicación de las sanciones
contempladas en el inciso d) del artículo 45 de la Ley 23.187.
Luego de la investigación y la recolección de datos sobre los aspectos que rodean e influyen a
la Abogacía, puedo reafirmar que es lo que realmente quiero estudiar, lo que quiero ser.
Creo que la Abogacía es una profesión realmente interesante, y sobre todo atrapante por todo
lo que ella significa, vista desde los distintos aspectos y puntos de vista, es maravilloso como el
puede conocer las leyes puede ayudarnos a proteger y a protegernos de las injusticias, los
delitos y las distintas violaciones a las leyes que se dan en la actualidad.
Como dije, este trabajo me ayudó a reafirmarme que esto es lo que quiero ser, con lo que
deseo trabajar. Y por sobre todo me ayudó a conocer con que ambiente me veré rodeada toda
mi vida.
En la Antigüedad.
En Egipto, la aparición de la escritura desplazó las alegaciones verbales en los tribunales, ante
el temor de que la mímica de los oradores sedujera a los jueces, debiendo valerse los
inculpados que no sabían escribir ni conocían las leyes de quienes supieran poner por escrito
su defensa.
Entre los Hebreos, los textos sagrados, principalmente los libros de Job e Izáis, nos ilustran
acerca de la existencia de defensores caritativos que tenían la especial misión de apoyar y
hacer triunfar los derechos de aquellos que no podían defenderse por sí mismos.
En Roma y desde los primeros tiempos, la defensa jurídica estuvo confiada al patriciado,
íntimamente relacionado con la organización política romana.
En el Bajo Imperio, el Emperador Justino I organizó un colegio u orden de los abogados, al que
debían pertenecer quienes de algún modo se consagrasen a la defensa de los derechos de los
ciudadanos, exigiéndose para el ejercicio de la profesión: tener al menos 17 años cumplidos -
según recogían las pandectas -, justificar unos estudios de derecho de 5 años, aprobando un
examen de aptitud, y pronunciar un juramento en cada causa que defendieran, tras haber
acreditado ante el gobernador de la provincia su nacimiento y su buena reputación y
costumbres, excluyéndose además del ejercicio de la defensa a infames, sordos y tontos.
La profesión era incompatible con las funciones de Juez, asesor y empleos subalternos. En un
principio parece no haberse exigido a los abogados secreto profesional ni juramento de
ninguna clase pero, mas tarde, especialmente durante el Bajo Imperio, debían jurar ante los
Santos Evangelios, abstenerse de actuaciones maliciosas y no recurrir jamás a ningún género
de argucias. Tal juramento se denominaba "jusjurandum propter calumniae".
Abogado en la edad media.
Tras la caída del Imperio Romano, la actividad de los defensores desapareció producto de la
barbarización del derecho, aparición de las costumbres germánicas producto de las grandes
invasiones, y decadencia del derecho romano.
La sociedad de esta época se feudalismo y el derecho vigente fue mezcla del derecho romano,
canónico, fuerte predominio de las costumbres germanas y no germanas y las leyes locales o
territoriales. El derecho vigente de la época tenía fuerte variedad de fuentes, y gran diversidad
de tribunales de todo tipo, feudales, reales, Iglesia, etc.
En estas universidades salieron primeros juristas de edad media. En estos centros empezaron a
estudiar el derecho los primeros Abogados.
En esta época renace la profesión de Abogados, naciendo los primeros colegios o asociaciones
de Abogado. La profesión de abogado empezó a tener importancia en Europa Occidental cada
vez mayor. Los Abogados empezaron a defender a las personas ante tribunales y asesoran a
naciente burguesía en asuntos legales.
En época moderna.
Se exigió en esta época en muchos países a los Abogados estudios universitarios y formación
forense en las academias jurisprudencia y practica forense.
En época Contemporánea.
Con la revolución liberal y industrial, la profesión de Abogado llego a cima, las nuevas
empresas necesitaron abogados para asesoran jurídicamente en nueva vida económica creada
por la revolución industrial.
También la fuerte intervención del estado en la Economía, significo que Abogados asesoran al
Gobierno y administración.
Época colonial.
Así, antes de la creación de la Universidad de San Felipe, los abogados graduados en las
universidades de España y otras regiones de América, venían a trabajar en Chile, quienes eran
examinados por la Real Audiencia y si aprobaban examen era autorizados para litigar en país.
Sin embargo, la tarea del abogado era muy complicada, pues el caos de la legislación española
con sus fueros, ordenamientos y leyes se agregaba el de la Legislación de Indias, hechas por
Cédulas reales, a menudo contradictorias.
Con la creación de Universidad de San Felipe, nace primera facultad de derecho en muestro
país. Los chilenos pudieron estudiar derecho en país, cumpliendo los requisitos académicos
para poder ejercer la profesión de abogados.
Respecto a los abogados y procuradores los comentarios de la época les eran poco favorables.
Así se decía que la falta de abogados que supieran hizo que en América existiera muchos
prácticos o pisapapeles, como se les llamaba, o procuradores que actuaban en forma
irresponsable y que en muchos ciudades hubo una tenaz oposición a la creación de la Cátedra
de Instituta (Facultades o Escuelas de Derecho.), como ocurrió ciudad de Córdova Argentina,
porque, como decía el vulgo, era llenar «de aves de rapiña» a la ciudad. Así, de un documento
sacado del Archivo de indias se señala a los abogados con el calificativo de «estorbadores y
embargadores de pleito» por las alteraciones que hacían de la ley española al aplicarla.
Referido ya al proceso, la participación de los abogados y procuradores en el mismo, en el
título 5., se establece que es un procurador, quienes pueden nombrar procurador y cual debe
ser la conducta del mismo frente al proceso.
Lo interesante de este título es que en la ley 2., expresamente prohíbe a las mujeres ser
abogadas, ser voceros, por su falta de ecuanimidad y sensatez ante la realidad.
Para ser procurador exige la Partida tener más de veinticinco años, se ordena en la misma que
el «poderoso por algún empleo principal o por grandes riquezas no puede ser procurador en
juicio por el justo recelo de que abusando de su influencia, fatigue y oprima a sus colitigantes
desvalidos». (Partida 3, tít. 5, ley 5.).
Por personeros únicamente se puede actuar en pleitos civiles pero no en criminales donde
tienen que comparecer por sí mismos conforme lo establece la Partida cuando dice: «Porque
la Justicia no se podría facer derechamente en otro, si non en aquel que fase el yerro, cuando le
fuere probado ó en el acusador cuando acusase a tercero».
Los poderes se otorgaban de dos maneras: ante notario público y en su defecto, ante un juez y
testigos; o apud - acta ante el juez de la causa. (Partida 3, tít. 5 ley 14.).
Excepcionalmente dando fianzas o prendas podía gestionar en otros juicios sin ser su
personero. (Partida 3 tít. 5 ley 22.).
Época republicana.
El papel de los abogados en el primer siglo de Chile Republicano, fue muy importante,
dominaron la política, la oratoria, la economía, las letras, la educación, la administración
pública y los tribunales justicia.
Pero todavía es profesión digna y muy honorable, especialmente los abogados litigantes
bibliografias
[Link]
[Link]/2011/10/[Link]