0% encontró este documento útil (0 votos)
137 vistas21 páginas

Tornay Suarez

Este documento analiza las formas de poder y explotación de mano de obra indígena en Santa Fe durante las décadas de 1870 y 1880, específicamente en el contexto de la conquista del Chaco austral. Se examinan las fuentes para interpretar las nuevas formas de empleo coercitivo de originarios en áreas de frontera, así como su grado de aceptación o resistencia a estas formas de trabajo forzado.

Cargado por

Ariel Viola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
137 vistas21 páginas

Tornay Suarez

Este documento analiza las formas de poder y explotación de mano de obra indígena en Santa Fe durante las décadas de 1870 y 1880, específicamente en el contexto de la conquista del Chaco austral. Se examinan las fuentes para interpretar las nuevas formas de empleo coercitivo de originarios en áreas de frontera, así como su grado de aceptación o resistencia a estas formas de trabajo forzado.

Cargado por

Ariel Viola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

IV CONGRESO REGIONAL DE HISTORIA E HISTORIOGRAFÍA


SANTA FE, 12 Y 13 DE MAYO DE 2011

Mesa 9: Estructuras y formas del poder del Antiguo Régimen a la modernización

“Cautividad y servidumbre en tiempos de modernización. La conquista del Chaco


austral y la mano de obra indígena en Santa Fe, décadas de 1870 y 80” 1

Teresa Suárez y María Laura Tornay (FHUC/UNL)

0. Presentación

El paradigma de la “Argentina Moderna” se consagró como el proceso de


instauración de un modelo de estado nacional liberal con control de poblaciones y
territorios, amparado en una normativa constitucional, y con defensa del poder
económico de los propietarios. En dicho modelo, se supone el triunfo final de un régimen
laboral asalariado libre que depende de empleadores capitalistas o de la propia
administración estatal, y que admite formas “transicionales” de explotación de mano de
obra. Asimismo, se establece su punto fundante en las llamadas campañas del desierto,
que entre 1878-84 “recuperaron” territorios para la producción agraria destinada al
mercado externo, estructurándose las acciones por parte del gobierno nacional con sede
en Buenos Aires.

Este trabajo pretende redireccionar el análisis desde un punto de vista regional y en


un contexto capitalista, observando los roles que los estados provinciales –en especial
Santa Fe- tuvieron en el avance armado a las tierras habitadas por pueblos indios
durante la década de 1870, cuando las entradas al Chaco austral fueron protagonizadas
por militares, sacerdotes y funcionarios del Estado argentino.

En el enfoque que proponemos, el destino de los originarios atrapados y puestos en


cautiverio es observado en forma prioritaria: su grado de aceptación o resistencia a
formas de trabajo extrañas y propias de la servidumbre, la elaboración de alternativas en
su adaptación, y las consecuencias de los traslados en calidad de sometidos de sujetos
adaptados a la vida en los montes, llevados a unidades productivas como aserraderos,
ingenios, reducciones, casas de familias urbanas o al reclutamiento militar.

1
Agradecemos a las instituciones que nos facilitaron la documentación: Archivo General de la Provincia de
Santa Fe, Junta Provincial de Estudios Históricos, colegas y amigos. Hacemos especial mención al
material facilitado por un pionero estudioso de las colonias del Pájaro Blanco, Guido Tourn.
2
Se indagarán las fuentes para reinterpretar las “nuevas” formas de empleo que
supuso la expansión capitalista –teniendo en cuenta que la esclavitud había sido abolida-
en una coyuntura de reforzamiento de las formas compulsivas captación de mano de
obra en áreas de frontera que transformó el espacio geográfico y humano a partir de la
sustitución de un modo de trabajo precapitalista, colectivo y libre, por otro coercitivo,
disciplinado y expropiador de medios de subsistencia autónoma, con empleo de varones,
mujeres y niños desarraigados de su núcleo social y afectivo. Con ello se pretende
completar las interpretaciones sobre la formación del mercado de trabajo capitalista, que
frecuentemente han privilegiado su identificación con las formas laborales asalariadas
para la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX, ya sea desconociendo –al menos en
profundidad- la política de reimposición de la servidumbre indígena en espacios que
luego serían centrales en la producción primaria exportable, o explicándola como un
elemento marginal o residual y en proceso de agotamiento o transición hacia la
“verdadera” forma del trabajo capitalista difundida con la inmigración europea.

1. Paisaje chaqueño, natural y humanizado

Las sociedades indígenas que son nuestro objeto de estudio habitaban el


denominado Chaco austral –localizado al sur del Río Bermejo- y pertenecían al grupo
lingüístico Guaycurú, integrado principalmente por Mocovíes, Abipones, Tobas, Pilagás y
Guaycurú-Mbayas. Se diferenciaban de otros chaqueños como Matacos, Vilelas,
Chanáes y Chumupíes, entre otros, que habitaban principalmente los bordes fluviales.
Mocovíes, Abipones y Tobas habitaban las llanuras subtropicales en la transición de las
formaciones estepa y selva. Se trataba de un conjunto de tribus pedestres, no agrícolas,
que hablaban una misma lengua con formas dialectales diferentes. 2 Los testimonios de
jesuitas del siglo XVIII reconocen tres grupos diferenciados por ambientes ecológicos:
los Riikaes, que vivían en campo abierto, los Nakaigetergehe, que lo hacían en las
selvas, y los Yaaukanigas, en la región del agua, aunque genéricamente fueran
conocidos como abipones. La denominación que desde época colonial se les dio de
“montaraces” se debe al hecho de vivir en los montes y a su destreza para el
desplazamiento en el bosque intrincado. A lo largo del período colonial y hasta que
pudieron en el siglo XIX, complementaron su economía doméstica de caza y recolección
2
Serrano, Antonio. Los aborígenes argentinos. Síntesis etnográfica, Buenos Aires, Editorial Nova, 1947.
3
(que incluía en algunas zonas una limitada agricultura estacional) con el pillaje y robo de
ganado a pequeña y gran escala para su posterior comercialización en un amplio
circuito, tarea que prosperó con la incorporación del caballo como medio de movilidad. 3

Para la segunda mitad del siglo XIX los Abipones prácticamente estaban
desintegrados y disminuidos en número; la documentación oficial y privada ya no los
menciona a excepción de los que persistían en la reducción de San Jerónimo del Sauce,
originaria del Rey a 70 leguas al Norte de Santa Fe y relocalizada por Estanislao López
en las cercanías de la ciudad, en el pago del Sauce. “Sacarlos de su natural”, fue la
premisa que orientó las acciones de particulares y autoridades varias, y que constituyó
un atentado a la pervivencia de su sociedad: sus capacidades y posibilidades se
disminuían conforme se los alejaba de los montes.

El Chaco Austral constituía un ecosistema. Era un espacio compartido por el Norte


de Santa Fe y Córdoba, Santiago del Estero, y el Este de Salta y Jujuy, que ocupaba
unas 10.000 leguas cuadradas y estaba limitado por ríos de importancia: el Paraná de
Norte a Sur, el Salado al Sur limitando con las llanuras pampeanas, y el Bermejo,
limitando este último con el Chaco Boreal. Otros cursos de agua –arroyos del Rey,
Capivara, Malabrigo, entre otros, y lagunas de agua dulce y salada lo surcaban y
ocupaban una extensa superficie. Una vegetación densa, de árboles de ricas maderas
unos, arbustos espinosos otros, y formaciones de palmeras enanas y negras, alternaban
con pastizales secos en tierra arcillosa pero también con pastos de muy buena calidad
que constituían las “abras” o claros de la llanura. 4 Todo ello estaba salpicado de isletas y
pantanos. La tierra plana era y es inundable con la creciente de los ríos, lo que explica el
frecuente desplazamiento que hacían las poblaciones. Una fauna muy rica suministraba
los recursos para la sustentabilidad, alimento, vestido y vivienda: aves, venados, tapires,
osos hormigueros, mulitas, ciervos, tigres, leones, jabalíes, garzas, ratones, boas, peces.
También la flora ofrecía alimentos: médulas de palmeras, tubérculos, semillas. En la

3
Informes de entradas al Chaco justificadas a partir del robo ocasionado por malones indígenas presentan
cifras crecidas de cabezas de ganado tomadas: Guillermo Moore menciona 4000 animales vacunos
extraídos de la Colonia Malabrigo, que en su paso a la frontera habían dejado “rastros de cien varas de
anchura”. AGPSF, Min. Gob., T. 42, 1875, Exp. 25, Extr. 77, fs. 1338-1340.
4
Información suministrada por Gabriel Carrasco en el Primer Censo General de la Provincia de Santa Fe,
República Argentina, verificado bajo la administración del Dr. D. José Gálvez, del que Carrasco fue
Director y Comisario General, 1887, pp. 599-625.
4
década de 1870 y 80 los expedicionarios privados y castrenses daban cuenta de las
posibilidades de alimentación asegurada dentro del monte. 5

Los mapas de la época representan al área chaqueña con un blanco absoluto, como
un enorme espacio carente de asentamiento humano, limitado por ríos y líneas de
fuertes y ciudades; propiamente un desierto desde el punto de vista de la sociedad
blanca. Se estima que la población nómade sumaba 10.000 almas hacia la época del
primer censo provincial.6 Pese a que la estimación de una cifra certera de habitantes del
Chaco es dificultosa, la referencia de Carrasco puede complementarse con la imagen
cualitativa que dejaron los expedicionarios de las décadas de 1870 y 80. Sin pretender
hacer una etnografía indígena ni mucho menos, el norteamericano Guillermo Moore –
asentado junto a otros de su patria en las primeras colonias del Norte provincial- esbozó
una semblanza de algunos de sus rasgos sociales y vida en los montes durante las dos
expediciones al Chaco que realizó con un contingente de voluntarios de las Colonias
California, Eloisa, Alejandra y Romang a mediados de 1875. 7 Detrás del lenguaje hostil
hacia la población nómada chaqueña, que busca establecer su inferioridad y justificar su
persecución y matanza, aparece una sociedad indígena que hasta entonces había
logrado preservarse al margen de la dominación blanca, que habitaba densamente los
montes en aldeas cercanas unas de otras e integradas por una red de caminos

5
Archivo General de la Provincia de Santa Fe (en adelante AGPSF), Ministerio de Gobierno (en adelante
Min. Gob.), T. 42, 1875, Exp. 25, Extr. 77, fs. 1341-1366 sobre la relación escrita por Juan Grobet acerca
de la expedición al Chaco mandada por Guillermo Moore. El informe deja constancia de la riqueza de los
montes, contraponiendo a ellos la escasez de recursos alimenticios en el campo abierto: “En toda la parte
de llanura que recorrimos hoy no hemos encontrado qué cazar; solo hallamos una gran víbora que no
matamos por temor de hacer ruido. Esto nos hace suponer que no hay agua en estos parajes”. El discurso
sobre los indígenas basado en la descalificación no impedía copiar de ellos sus estrategias de
supervivencia: “Establecemos nuestro campo bajo palmeras negras que se hallan en la orilla del monte.
Gran cantidad de estos árboles han sido cortados por los indios, probablemente con el objeto de comer la
médula que se encuentra en el nacimiento de las hojas. Imitamos a los indios y encontramos esta
legumbre excelente sobre todo cuando está cocida.” Luego de poner en cautiverio a mujeres y niños, los
observaron alimentarse: “En la cena vemos a los indios comer raíces que se asemejan algo a la mandioca;
nos dicen que provienen de una especie de cactus enredadera del cual hemos visto cantidades en esos
montes; es el alimento favorito de los jabalíes. Cuando cogimos estos indios tenían una buena provista de
ratones sin cola y parece que este manjar ha seducido a nuestro comandante porque se ha comido uno”.
6
Carrasco, Gabriel. Primer Censo General… [Link].
7
AGPSF, Min. Gob., T. 42, 1875, Exp. 25, Extr. 77, fs. 1336-1366. El expediente consta de tres
documentos: una carta del 31/7/1875 al gobernador de Santa Fe Servando Bayo escrita posiblemente por
encargo de Guillermo Moore, un informe sintético de esa expedición de julio firmada por Marcos Grobet a
ruego de Moore, y una relación diaria de la expedición al Gran Chaco comandada por Moore en el mes de
septiembre y escrita por Juan Grobet, de 50 páginas de extensión. Con estos informes se pretende
legitimar ante el Estado provincial la acción de los particulares, que por otro lado no ha sido bien vista por
las autoridades militares nacionales de la frontera, a juzgar por lo que el propio escribiente de Moore relata
sobre el final del informe.
5
conocidos como la palma de la mano por sus habitantes. El testimonio de Moore luego
de los avances, matanzas y aprisionamiento de cautivos, es elocuente:

“Por algunas chinas a quienes interrogamos supe que a poca distancia de donde nos
encontrábamos hay otra toldería muy rica en haciendas vacuna y lanar y caballar”;

“Tres buenos caminos salen de esta aldea y se dirigen hacia el Norte y el Oeste”;

“se encuentran frecuentemente senderos de indios; han debido habitar estos parajes y debe ser
actualmente uno de sus pasos a juzgar por las osamentas de animales que se encuentran y por las
palmeras tronchadas”;

“Esta región está cruzada en todas direcciones por sendas de los indios; no hemos contado en el
día menos de doce tolderías abandonadas no hace mucho tiempo; creemos que los indios se han
mudado a causa de la gran seca.”;

“Tomando la dirección N.O. seguimos las sendas de los indios y es el mejor medio de llegar hasta
ellos. Hacia las ocho y media hallamos una toldería abandonada, en la cual la leña está aún
preparada para hacer fuego. Un poco más lejos encontramos otra compuesta de seis grandes
chozas abandonadas; a 500 metros de esta última hallamos aún otra compuesta de cuatro chozas
también abandonadas”;

“En la mañana encontramos veintiuna chozas abandonadas desde más o menos tiempo”.8

Las tolderías tenían un número reducido de chozas, que eran alrededor de cinco en
cada caso. Cuando Moore estimó los habitantes de las tolderías, el número que dio no
superaba los 30, con lo que los agrupamientos tribales eran de una población reducida.
Ello hace presuponer que los ataques de malones de 150 indios, como los denunciados
por Moore en la Colonia Malabrigo en junio de 1875, requirieron de la alianza inter-tribal,
es decir, de la activación o mantenimiento de unos lazos étnicos integradores, sostenidos
en la identidad lingüística –y por lo tanto simbólica- y de vida material.

Desde el punto de vista de los nuevos conquistadores de las “fronteras interiores”, lo


temible no era tanto el número sino, por un lado, la destreza y el vigor de los indios 9 y,
8
AGPSF, Min. Gob., T. 42, 1875, Exp. 25, Extr. 77, fs. 1336-1366.
9
Escribía Moore: “La tenacidad de la vida de ellos es una cosa extraña; uno de ellos que habíamos herido
a la ida había recorrido cinco leguas; lo encontramos a cerca de 10 leguas de la toldería volviendo”. Otro
“recibió tres balas antes de caerse de caballo y todavía alcanzó a uno de nosotros con su boleador; no se
murió hasta el cuarto tiro”. AGPSF, Min. Gob., T. 42, 1875, Exp. 25, Extr. 77, fs. 1338-1340. También da
cuenta de ello el General del Ejército que actuó en la campaña militar del Chaco, Ignacio H. Fotheringham,
en sus memorias La vida de un soldado. O reminiscencias de las fronteras, Buenos Aires, Editorial Ktaft,
1909. Fotheringham expresaba sobre los indios que eran gente “muy llena de todo ese admirable instinto
del salvaje: vista de águila, oído de tero, del sexto sentido del rumbo de las abejas, inmunes al calor, a los
mosquitos, al cansancio”. Decía que “aunque fueron perseguidos, se escaparon en el monte y fue
imposible darles caza. (…) Hijos del monte y de los caraguatas espinosos, por ellos se deslizaban … Con
dos soldados más lo trajeron preso y maniatado. Duro el indio.”
6
por otro, la dificultad de perseguirlos dado su dominio del terreno y la frecuente falta de
agua dulce y pastos buenos en las expediciones. El desconocimiento que los blancos
tenían del territorio los hacía dependientes del hallazgo de los caminos y pozos de agua
de los propios indígenas.10

Sucesivos funcionarios provinciales y nacionales advirtieron que la principal


preocupación de las poblaciones originarias fue la defensa de su territorio: no permitían
que los hombres blancos atravesaran el mismo trazando caminos y organizando
estancias, y reivindicaron sus derechos sobre territorios ocupados por blancos durante
las guerras de la independencia, recuperando tierras. La guerra defensiva llevada a cabo
por el grupo étnico chaqueño a lo largo del siglo XIX lleva a poner en discusión la
supuesta relación entre nomadismo y desinterés por el territorio. El modo nómada de
vida, lejos de implicar ausencia de valoración del mismo, se estructuraba en el dominio
móvil de un territorio extenso completamente dotado de significación e importancia para
la supervivencia. El aprovechamiento de recursos se hacía en función de los ciclos
estacionales y las necesidades colectivas, y no bajo el criterio de la propiedad individual
excluyente. Los pueblos nómadas tenían sentido de territorialidad, como toda sociedad,
y éste integraba la base de su cosmovisión, cultura y subsistencia.

2. El contexto extrarregional

Si bien el avance europeo-criollo sobre la sociedad originaria chaqueña llevaba tres


siglos al constituirse en 1852 la Confederación Argentina y no era novedad el ejercicio de
agresión contra aquélla, la presión sobre los indígenas en la zona chaqueña no había
tenido las dimensiones que adquirió en la segunda mitad del XIX.

En el período colonial y primeras décadas del siglo XIX, los poblamientos


hispanocriollos en la región tucumano-rioplatense –villas, fuertes, reducciones, aldeas-
eran pequeños. Gran parte de los productos demandados cotidianamente se satisfacían

10
En las reiteradas búsquedas de agua dulce, los expedicionarios que iban con Moore hicieron entrar a
sus caballos a pantanos “en el cual nuestros caballos se hunden hasta la rodilla para ir a buscar un poco
de agua en el centro”, alargaron recorridos, volvieron sobre sus pasos, y pasaron agua por “la pierna de un
pantalón para clarificarla un poco”. Sabiendo de algunos recursos naturales, recurrieron al agua de “una
especie de cardos llamados caraguatás por los indígenas; algunas de estas plantas nos proporcionan
hasta medio litro cada una” pero tienen el inconveniente de que “están provistos de fuertes espinas y es
muy difícil cortarlas sin lastimarse las manos”, asunto en el que no son diestros. AGPSF, Min. Gob., T. 42,
1875, Exp. 25, Extr. 77, fs. 1341-1366.
7
con la producción local, excepto los comercializables que lo eran de factura
extrarregional –yerba, tabaco, algodón-, o externa –tejidos, muebles finos, papel-. La
mercancía consumida constituía un repertorio de objetos bastante elemental, a juzgar
por lo manifestado en testamentos e inventarios.11

La expansión con carácter imperialista del capitalismo europeo en las últimas


décadas del XIX y la crisis poblacional de Europa impactaron en las políticas estatales
criollas, los textos legales y las ideas de las elites gobernantes sobre la función
económica de la tierra. En el orden jurídico, la constitución nacional de 1853 se inclinaba
favorablemente hacia la recepción de inmigración europea destinada con preferencia al
ámbito rural frente al urbano. En el accionar militar, tras la participación argentina en la
guerra del Paraguay (1865-1870), los gobiernos redireccionaron la intervención de los
ejércitos hacia las tierras chaqueñas con tropas que tenían entonces disponibilidad para
nuevas tareas militares. El discurso liberal-ilustrado de las elites gobernantes era proclive
al empleo de trabajadores libres y asalariados en lugar de esclavos, a quienes desde
1853 la constitución nacional dejaba “liberados los pocos que aún quedan”, y
simultáneamente se explicitaba el derecho a consolidar mediante títulos la propiedad
individual y privada, de la que se afirmaba el principio de inviolabilidad. En las prácticas,
las autoridades del Estado republicano se mostraban simpatéticas con los
requerimientos económicos de las nuevas empresas agroganaderas capitalistas, más
aún cuando varios funcionarios tenían intereses directos en la actividad comercial y
terrateniente12.

La coyuntura favorable de la demanda europea de productos agropecuarios se


combinó con estas decisiones gubernamentales y empresariales bajo el argumento de
las condiciones óptimas de la región pampeana: abundancia de tierras, clima templado,
relativa escasez de fuerza de trabajo, etc. Se construía así la pampa húmeda, inventada
como proyección utópica13 y contrapuesta a su anterior carácter de desierto indígena, a

11
Suárez, Teresa. “El discurso del morir. Testamentos de primera mitad del Siglo XVIII en Santa Fe
colonial”, en Revista Estudios Sociales, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Año 4, Nº 7, segundo
semestre, 1994.
12
Por ejemplo, el gobernador de Santa Fe Mariano Cabal (1868-1871), quien fue comerciante desde muy
joven, propietario de buques mercantes a vapor que navegaban el río Paraná, y además banquero.
13
Silvestri, Graciela. “El imaginario paisajístico en el Litoral y el Sur argentinos”, en Bonaudo, M. (dir.
tomo), Liberalismo, estado y orden burgués (1852-1880), Nueva Historia Argentina, Tomo IV, Buenos Aires,
Sudamericana, 1999, cap. IV.
8
la espera de su puesta en producción por primera vez en su historia a través de la tarea
que emprenderían la inmigración y los capitales europeos.

Las discusiones que tuvieron autoridades coloniales y republicanas sobre la


estrategia a seguir contra las naciones indígenas no implicaban solo cuestiones de
ciencia militar sino complejas visiones de la sociedad presente y futura. 14 Quienes
abogaban por el avance gradual de las fronteras –tanto en la experiencia reformista
borbónica impulsada por virreyes como Vértiz y Zeballos, e implementada en la Tenencia
de Gobernación de Santa Fe por Prudencio María Gastañaduy, como en la encarada por
el gobierno de Urquiza- complementaban esta perspectiva con la formación de colonias
agrícolas y la introducción de inmigrantes europeos que “renovaran la raza”, entendiendo
que esta transformación vencería por sí misma la barbarie. La alternativa era la guerra
de exterminio, también compartida en momentos por las autoridades coloniales y por
gobernadores de la etapa republicana como Nicasio Oroño (1865-1868) y Servando
Bayo (1874-1878), con la cual se ganarían rápidamente espacios poco conocidos pero
de enorme riqueza potencial. Ambas posturas abrevaban del pensamiento ilustrado y
liberal, que así como sirvió al planteo de los derechos políticos ciudadanos, en el terreno
militar planteó la destrucción de un enemigo al que no se le atribuía ningún rasgo
humano. La que luego sería la región pampeana fue modificando sus dimensiones
territoriales a través de distintas políticas de mayor o menor agresión hacia la población
indígena, que no se mostró muy dispuesta a la proletarización. 15

La legislación sobre tierras de estas décadas transformó la concepción tradicional


del derecho consuetudinario sobre este recurso. La paradigmática ley de colonización de
Avellaneda de 1876 unificó para el país las legislaciones existentes, creando un sistema
mixto de colonización con diversas modalidades –estatal provincial y nacional, y privada-
que priorizaba la colonización agrícola en pequeñas parcelas, pero en la práctica se
transformó en un instrumento legal de gran utilidad para las grandes empresas
colonizadoras que devinieron en intermediarias en la venta a pequeños productores.
Junto a estos sectores menos privilegiados del mundo rural, esta política contempló al
mismo tiempo los intereses de las viejas y nuevas elites del siglo XIX para quienes la
tierra fue una inversión esencial en su consolidación como clase dominante. El Estado

14
Silvestri, Graciela. “El imaginario paisajístico en el Litoral…”, [Link].
15
Zeberio, Blanca. “Un mundo rural en cambio”, en Bonaudo, M. (dir. tomo), Liberalismo, estado y orden
burgués (1852-1880), Nueva Historia Argentina, Tomo IV, Buenos Aires, Sudamericana, 1999, cap. V.
9
provincial y luego el nacional reclamaron su derecho al control sobre las tierras “libres”
para su inmediata ocupación y privatización en función de sus prioridades fiscales,
siendo que la tierra pública brindaba liquidez y respaldo financiero a Estados con
finanzas desequilibradas. Coincidieron, entonces, los intereses del Estado con los de
empresarios colonizadores, propietarios latifundistas y comerciantes pecuarios. 16

Los productores del proyecto de explotación capitalista para los mercados interno e
internacional serían las unidades económicas inmigrantes, que desde mediados de 1850
producían con mano de obra familiar y eventualmente con algunos peones temporarios,
y los empresarios terratenientes que constituirían su modelo en el latifundio bonaerense,
quienes en cambio dependían de un número importante de trabajadores. Sobre aquéllas
la historiografía –vieja y nueva- construyó el modelo emblemático de ocupación de la
campaña santafesina articulado sobre los pilares de familia, propiedad y agricultura.
Entre 1850 y 1895 Santa Fe parecía ser la tierra de las colonias agrícolas, ya oficiales o
privadas, de ocupantes propietarios o arrendatarios, con las que se transformó en el
principal centro exportador de cereales de Argentina. 17 Pero en tierras del Norte
provincial hubo otros emprendimientos destinados a la exportación: los obrajes
madereros o aserraderos de colonos con extensas propiedades.

Si bien ciertamente la presencia de las colonias agrícolas fue cada vez más
importante en la diversificación de la distribución de la tierra haciendo disminuir hacia el
final del siglo la proporción de tierras en manos de grandes propietarios 18, la imagen de
una provincia definida a partir de la figura del colono y el trabajador rural asalariado
simplificó el modelo del desarrollo capitalista provincial. Pese a la reconocida producción
de estudios que ha tenido el tema del desarrollo del capitalismo agrario santafesino con
investigadores como Ezequiel Gallo, Marta Bonaudo y Elida Sonzogni, entre otros, y la
importante revisión historiográfica que suscita el tema de la conformación de un mercado
de trabajo, el abordaje ha pasado mucho más por la apreciación de la inmigración

16
Zeberio, Blanca. “Un mundo rural en cambio”, [Link]. Los mensajes anuales de gobernadores a la
Legislatura de Santa Fe destaca la importancia fiscal de la venta de tierras a particulares; en Comisión
Redactora de la Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe. Historia de las Instituciones de la
Provincia de Santa Fe, Tomo IV, “Documentos correspondientes al Tomo I: Mensajes del Poder Ejecutivo”,
Imprenta Oficial de la Provincia, 1970.
17
Según Zeberio, hacia 1890 las colonias participaban con el 97% del trigo, el 93% del lino y el 64% del
maíz que producía la provincia en su conjunto. En Zeberio, Blanca. “Un mundo rural en cambio”, [Link].
18
La situación unas décadas antes era distinta: un mapa catastral de la provincia de 1872 consignaba que
sólo 360 propietarios poseían más del 40% de la tierra y existían enormes cantidades de tierras en manos
del Estado. Citado en Zeberio, Blanca. “Un mundo rural en cambio”, [Link].
10
europea en la constitución del mercado de trabajo y la formación de las colonias
agrícolas como modelo de ocupación territorial y de transformación social capitalista, que
por el análisis del disciplinamiento de la población rural autóctona destinada a otras
unidades productivas. Éste, a su vez, ha incluido más el tratamiento de lo que podría
llamarse población rural mestiza que la indígena de comunidades chaqueñas
particularmente.

La historiografía ha encarado escasamente el tema del indígena en condición de


mano de obra fuera del período colonial hispánico.

Los estudios más clásicos o tradicionales y los renovados a partir de la historia social
han concebido de manera muy distinta el tratamiento del mundo indígena, ponderando
de modo diferente su importancia, su rol, su situación y su existencia en general. De
todos modos, tanto unos como otros no han tomado mayormente el tema de la población
indígena de la segunda mitad del siglo XIX en la integración del mercado de mano de
obra capitalista. El modelo de la provincia agrícola bajo el patrón de la colonia de
arrendatarios inmigrantes primó en los estudios.

En nuestro análisis planteamos que al mismo tiempo que comenzaba en la provincia


el establecimiento de familias de inmigrantes europeos y la fundación de colonias
agrícolas en su región centro, norte y sur, prosperó un mercado de trabajo forzado
compuesto por indígenas capturados en expediciones militares y privadas tornados en
servidumbre para los obrajes madereros, las tareas agrícolas y el servicio doméstico
urbano. El disciplinamiento social y laboral de la población rural nativa y la inmigración
europea, fueron dos modelos que se superpusieron temporal y espacialmente.

Los obrajes madereros constituyeron una de las principales producciones capitalistas


de la época, que aprovecharon los montes naturales al punto de su extinción en varias
zonas del Chaco austral, así como las facilidades del gobierno provincial para su
apropiación privada, y una población de diversas tribus y naciones del Chaco gualamba
a quienes se persiguió, asesinó, redujo, concentró y convirtió en servidumbre. Esa
conversión en servidumbre fue sustancial y no accesoria para el desarrollo de la
producción capitalista de materias primas destinadas principalmente a la exportación
durante la década de 1870. Bajo esa condición trabajaron en ingenios y obrajes del norte
provincial y en otras áreas de frontera de provincias que limitaban con el Chaco austral
11
que demandaban mano de obra cercana y adaptada al clima tórrido. También lo hicieron
ofreciéndose voluntariamente a los obrajes cuando ya las posibilidades de vida
independiente en el monte y las llanuras no eran posibles dada la presión blanca por la
tierra. La extracción forzada de brazos del monte implicaba una segunda ventaja para los
propietarios criollos o extranjeros: el espacio que quedaba deshabitado.

La hipótesis que acompaña el trabajo es que estas formas de cautividad y trabajo,


tan importantes para la apropiación privada del territorio y la puesta en marcha de
empresas madereras, no constituyeron formas marginales de producción del mercado de
trabajo o transicionales hacia formas asalariadas, sino principales y propias de la
expansión capitalista. Y ello se desprende de la consideración de que el sistema
capitalista supuso como rasgo definitorio la apropiación privada de los medios de
producción con tendencia monopólica pero no necesariamente el trabajo libre asalariado,
ni en las áreas del centro ni en las periferias de la economía-mundo. La imagen
idealizada de lo que se piensa es el modelo más puro de capitalismo competitivo llevó a
que se analizaran las situaciones históricas que implicaron la no-libertad de trabajo como
desviaciones de la norma. Como explica Wallerstein, “si descubrimos –como sucede-
que el sistema parece contener amplias zonas de productos mercantilizados y no
mercantilizados, y amplias zonas de propiedad y capital enajenable y no enajenable,
entonces por lo menos deberíamos preguntarnos si esta “combinación” o mezcla de lo
que se ha denominado libre y no libre, no es en sí misma la característica definitoria del
capitalismo como sistema histórico”.19

La expansión del sistema fue compatible con la persistencia e incluso la reaparición


de formas forzosas de trabajo próximas a la esclavitud. En el espacio que nos incumbe,
ésta fue producto de una política liberal que al mismo tiempo que negaba la esclavitud, la
retomaba en zonas de frontera de manera prioritaria y la invisibilizaba con distintos
recursos hacia el resto de la sociedad.

3. La frontera: “entradas” y estrategias de resistencias


La guerra contra el mundo indígena puede ser explicada principalmente por causas
económicas, pero resulta interesante ver que las acciones en respuesta practicadas por

19
Wallerstein, Immanuel. “Llamado a debate sobre un paradigma”, en Impensar las Ciencias Sociales,
México, Siglo XXI Ed., 1998, pp.270-271.
12
los indígenas tuvieron una complejidad mayor que debe ser clarificada a partir de
explicaciones que partan desde la visión y razones estos sujetos subalternos.

La lectura que la historiografía hizo –aún lo hace- del originario suele llevar a: 1-
negar su presencia, y en ello la metáfora del desierto es elocuente; 2-presentarlo como
inimputable, y de ese modo su supuesto atraso, incapacidad e ignorancia han llevado a
protegerlo dando lugar a una abundante bibliografía indigenista; 3-construirlo como el
enemigo salvaje, a quien se debe destruir so pena de quedar expuesto a su “peligrosa
hostilidad”.

¿Qué ventajas se lograban con estas “sacas”? Desde 1852 empezó a cambiar la seguridad de los

caminos y los cantones fronterizos. Pero hay que tener en cuenta que “Los mocovíes no se
doblegan al trabajo, son el azote de las fronteras de Santiago y Santa Fe ” 20…

El Estado santafesino tenía límites difusos hacia el Norte. El avance militar entonces
permitía al mismo tiempo marcar líneas de frontera, (como puede apreciarse en la
cartografía), y capturar indígenas para el trabajo.

Expediciones militares de conquista y captura formadas por oficiales y tropa más


vecinos con sus recursos, utilizan –por ser una tradición, y por creerse más efectivo- la
presencia de capellanes, religiosos, tanto de órdenes como seglares. El rol de la orden
franciscana de Propaganda Fide desde fines del siglo XVIII, será central, a la vez que
expondrá algunas tensiones producidas al interior del ámbito religioso, así como de éste
con propietarios, funcionarios y militares21

Sobre la participación de los diferentes expedicionarios –vecinos milicianos, militares


y sacerdotes- tenemos una ilustrativa documentación en relaciones, mensajes, informes,
testimonios, fotografías. Eventualmente, las operaciones se hacían actuando varias
provincias conjuntamente: Salta, Santiago del Estero, Corrientes, comunicaron a Santa
Fe sus planes, dispositivos, estrategias.

El testimonio de Moore:

“Con esta persecución tan tenaz conseguimos a los 14 días dar alcance a los indios en sus
propios toldos a las ocho de la noche…

20
Carrasco pag 604
21
Fuentes: testimonios del Prefecto de Misiones Franciscano Vicente Caloni, publicados en 1884.
Mensajes de los gobernadores: …Relación de Moore…Colección de fotografías de Clementino Paredes en
Museo Histórico de Santa Fe.
13
Apenas empezado a clarear el día, rompimos el fuego y un momento después la victoria más
completa coronaba nuestros esfuerzos. Diecinueve cadáveres indios quedaron en el campo y un
número de heridos que no puede determinarse con precisión pero que pasan de veinte.
“Las chinas y criaturas que también fueron tomadas, se les dio libertad completa por no tener
elementos para poderlas conducir”

Esto es evidencia la práctica del traslado forzoso de las mujeres y niños.

“Estábamos armados de rifles a repetición de Winchester, algunos tenían de Wetterbeys …, y


algunos Remingtones”.
El segundo día encontramos 4 indios cerca del Arroyo Tobas, montados sobre caballos que
habían robado al Malabrigo; naturalmente los mandamos en el otro mundo.
“Al rayar el día dejando algunos hombres con sus caballos, la mayor parte se puso en marcha;
alcanzamos a la toldería sin ser descubiertos; una mujer salió muy de prisa de su rancho y
inmediatamente se puso a gritar; no abrió más la boca de nuevo en este mundo.
“Los hombres se abalanzaron afuera de sus ranchos al ruido de los tiros de rifle y la mayor parte
se disparó hacia los montes. La descarga sin embargo había sido bastante ligera y un gran
número fueron muertos y otros tantos llevaron balas con ellos.
“Entre los cadáveres se halla el Cacique José Domingo o José Peralta que fue reconocido por su
poncho. (Documento 2 (informe): (fs. 1338 a 1340)

Evidencia del intercambio de bienes, reciprocidades y vínculos entre indios libres y


reducidos:
“Una gran cantidad de curiosidades fueron también traídas y entre otras huesos de … cuyos se
servirán como botones.
“En el pueblito de los indios encontramos yerba, café molido, azúcar y también una cantidad de
utensilios de cocina en fonta y jarra batida [¿?] etc.
“A según la opinión de nuestro jefe Dn. Guillermo Moore este proviene de la existencia de
relaciones amigables con los indios del Rey. (Doc.2)

Apenas iniciada la expedición de Moore, “tres hombres enviados por el Señor Vatry … de la
Colonia Vanguardia bajo las órdenes de M. Andrieux, ingeniero de la colonia, llegan para
incorporarse a nosotros y tomar parte en la expedición. Andrieux trae una carta de
recomendación escrita por el Señor Vatry a D. Guillermo Moore nuestro jefe. Mr. Andrieux es
francés, los hombres que nos trae son un criollo de esta provincia y dos indios del Rey
14
empleados como peones en la Colonia Vanguardia. Conducen con ellos víveres y caballos que
deben servirles para el viaje. Después de minuciosos datos que recogimos de Mr. Andrieux, el
Señor Moore acepta estos tres hombres como miembros de la expedición y son los llamados
Simón Frutos criollo, Francisco Cabral y Juan Gómez indios. Haciendo regresar estos hombres
nos exponíamos a que fueran a contar al Rey que los extranjeros estaban reunidos para hacer
una expedición al Gran Chaco.
Al día siguiente “los indios enviados por el Señor Vatry habían tocado retirada sin dar aviso a
nadie y llevan doce diversos objetos pertenecientes a la expedición, entre otros el revolver de
Benjamín Moore. Cinco hombres se dedicaron al momento a su persecución pero no pudieron
encontrarlos. Al regreso de nuestros compañeros nos pusimos en marcha con la idea que los
dos indios que acababan de dejarnos han ido a dar aviso a los montaraces directa o
indirectamente y probablemente a hacer fracasar la expedición.(Doc.3)

Los montes fueron siempre un espacio de escape y resistencia. Hacia las diez nos
lanzamos en ésta, atacando indios que acabamos de distinguir huyendo para ganar los
montes. No alcanzamos a prender más que dos mujeres, un hombre y siete criaturas, los
demás se escapan entre el monte en donde no podemos seguirlos..(Doc.3)

Vamos a obligar al indio a servirnos de guía y parece por otra parte bien dispuesto en este
sentido; dice llamarse Huanta y ser compadre de Mateo Villalba, un indio reducido en el Rey.
(…)nos cuenta que hay en las inmediaciones un arroyo que cree conduce al Rey; suponemos
que ha sido de los indios reducidos y que posteriormente echó de menos su primera existencia.
Hijos del monte y de los caraguatas espinosos, por ellos se deslizaban…

4. De la libertad al sojuzgamiento. La construcción del salvaje

Los diferentes testimonios sobre la guerra de fronteras en el Chaco Austral


evidencian la contradicción que resulta de una historiografía acusadora de la sociedad
indigena como agresora por un lado, y de la lectura atenta de la documentación que
evidencia la agresión militar de expediciones cuidadosamente preparadas al efecto, por
otro.

La burguesía gobernante en Santa Fe, 2da mitad del siglo XIX justifica los avances
1- como defensivos de la hostilidad del salvaje, 2-ante la necesidad de demarcar la
15
frontera Norte y 3-el objetivo de modernizar la sociedad de acuerdo a un proyecto liberal
republicano.

En la Relación de la expedición conducida por Williams T. Moore en 1875 –extenso


diario de marcha redactado por Jean Grobet a pedido de aquél y firmada a ruego por
éste22- se declara que la expedición fue motivada por el ataque de 150 indios de pelea a
la colonia Malabrigo con el costo de dos muchachos muertos, un hombre y una mujer,
toma de dos rehenes y el robo de ganado y caballos. Hace constar además que en solo
4 dias, se organizó una expedición de 40 vecinos, más soldados y personal de sus
estancias, “con caballos y víveres aportados por el Estado unos días antes”. Si esta
entrega fue realizada a los fines de una entrada a los toldos, el ataque sufrido en
Malabrigo sólo aceleró la operación, ya pensada, pero no fue la causa de la misma.

El grado de violencia que se desprende de la relación de Grobet, testificando que


“Apenas empezado a clarear el día, rompimos el fuego y un momento después la victoria
más completa coronaba nuestros esfuerzos. Diecinueve cadáveres indios quedaron en
el campo y un número de heridos que no puede determinarse con precisión pero que
pasan de veinte.” Radica en contar con “Remingtones y Winchesters” y disparar a
matar sin importar edad ni sexo –por ejemplo, la mujer que salio de un toldo y gritó
dando la alarma -los invasores habían logrado alcanzar la toldería sin ser descubiertos-
“salió muy de prisa e inmediatamente se puso a gritar; no abrió más la boca de nuevo en
este mundo”.

Ante la agresión expuesta, los originarios se defendieron cada vez que tuvieron
oportunidad. Como consecuencia de ello, desaparecieron las colonias la Vanguardia,
Eloisa y California, que habían sido fundadas y habitadas por de galeses, franceses y
norteamericanos respectivamente. Sobrevivieron, en situación difícil, Alejandra y

22
MINISTERIO DE GOBIERNO - SECCION GOBIERNO - Expd: 025 0 Extr: 0000 Sec: 0001
TOMO: 42 Tipo: SOLICITUDES VS Desde: 1875 Hasta 1875
TEXTO: DOCUMENTOS RELATIVOS A DOS EXPEDICIONES HECHAS AL INTERIOR DEL CHACO POR
GUILLERMO MOORE.

El expediente consta de tres documentos: una carta del 31/7/1875 al gobernador de Santa Fe Servando
Bayo escrita por Guillermo Moore (tal vez firmada a ruego suyo –está dañada-), un informe sintético de esa
expedición de julio firmada por Marcos Grobet a ruego de Moore, y una relación diaria de la expedición al
Gran Chaco comandada por Moore en el mes de septiembre y escrita por Juan Grobet, de 50 páginas de
extensión.
16
Malabrigo. Algunos grupos de familias de aquéllas decidieron permanecer refugiándose
en pueblo Reconquista23.

Cabe destacar, sin embargo, que los indios no tenían, como frecuentemente se
afirma, “un ethos guerrero”. Simplemente que como dependían de los recursos del
bosque, si en sus desplazamientos llegaban a territorio de otros grupos, estos los
rechazaban, pero no luchaban a destruirse.

Los que participan de la conquista del espacio chaqueño –militares, colonos


particulares, religiosos- no necesariamente acuerdan mutuamente las acciones. Los
indígenas aprovechan esas diferencias. De las informaciones que recoge de buena
fuente llega en conocimiento que los dos indios enviados por el Señor Vatry y que nos
dejaron al final de la segunda jornada de marcha, vinieron a su regreso a quejarse al
Comandante de que se les había engañado llevándolos con un falso pretexto en una
expedición que no querían hacer contra sus hermanos. Sabe también se juzgaba con
generalidad que debían haberse mandado mensajes a los indios de las tolderías más
próximas a estos parajes para informarles que los gringos estaban en campaña y que, a
consecuencia de estos avisos, 35 indios alzados con los cuales se trataba desde algún
tiempo habían venido a reducirse hacía ocho o diez días. Estas informaciones nos
explica la razón de haber encontrado tantas tolderías abandonadas; los que no se
redujeron se habían ocultado…

A los milicos les molesta la iniciativa privada porque afecta el monopolio pretendido de la
fuerza. Por parte de los subalternos es una muestra clara de uso de estrategias de
identificación de conflictos entre los dominantes y aprovechamiento de esas disputas.

Nuestro compañero es informado también que el cuerpo de oficiales (Estado Mayor) está muy
contrariado de que los gringos se ocupen de la seguridad de las colonias y demuestren con muy
pocas fuerzas relativamente a aquellos de que disponen las fronteras que se pueda llegar a
hacer lo que ellos casi nunca consiguen, es decir, matar y prender indios.

23
Guido Tourn, en sus libros Los Galeses en Santa Fe, Colonia Alexandra y el más reciente Historias de
Pioneros, abunda en información sobre estas colonias.
17
Se dice que han sido enviadas notas a Buenos Aires; ignoramos su contenido pero
creemos que el ministro de la guerra nos vitupresará (¿?) la conducta de los que no
temen exponer su vida para castigar los salteadores y recobrar cautivos.

5. Los originarios chaqueños en situación de cautiverio: reducidos y


coactivamente empleados

Las matanzas de indígenas por expedicionarios privados y soldados del Estado


provincial se hicieron ante la resistencia a ser subalternizados. Es decir: si aceptan el
traslado a “pueblos en policia” –en la expresión colonial- o a los ingenios y aserraderos
como proletarizados, podian conservar su vida. Quienes se resistían sólo les esperaba
vivir en perpetuo riesgo de muerte. La “chusma”, parte más vulnerable de la sociedad
indígena, tenía el irremediable destino de ser distribuida entre las familias burguesas, ni
más un menos que lo sucedido con los bozales africanos siglos anteriores.

El Fray franciscado Vicente Caloni expresa que los indios “piden” y “aceptan” ser
reducidos, pero él mismo, tanto como otros frailes de su congregación relatan las huidas
y rebeliones.

En la misma relación de la expedición Moore, Grobet da información económica:


“Esta reciente Colonia –la Vanguardia- se dedica especialmente a la explotación de los
bosques que existen en abundancia sobre el terreno que le ha sido concedido; posee
actualmente dos máquinas a vapor que ponen en movimiento sierras verticales y
circulares, y un torno. Para hacer funcionar estas máquinas la administración ocupa en
este momento un personal de más de cien obreros de toda clase.”

Es decir, el trabajo indígena provee plusvalía en los obrajes, en las colonias del
Norte provincial con producción maderera (no en la traza de las colonias o parcelas de
cultivo de los colonos sino en las estancias más grandes y los obrajes), en el servicio
doméstico urbano y rural. ¿Cómo es su servidumbre?: con o sin propiedad física de los
indígenas, con o sin prestaciones personales sumadas a las laborales, con o sin salario,
con o sin libertad de movilidad territorial.

La esclavización de indios en la región no había sido una política del Estado colonial
ni de particulares. Es ya de los procesos posindependencia cuando aparecen algunos
esporádicos registros. Darwin en su diario de viaje comenta que Estanislao López vendía
18
algunos indiecitos por unos pocos pesos; pero es en la década de 1870, cuando esto
comienza masivamente Contra la supuesta “mano de obra libre están, asimismo las
referencias de que el empleo es con frecuencia la unidad familiar.

Los partícipes de esta etapa de conquista del Chaco recibieron compensación por la
masacre. En efecto: Empresarios colonizadores, mercenarios extranjeros y nativos,
gobierno provincial, orden religiosa de franciscanos, y cuerpos militares ganaron, capital
en sus diversas formas, propiedades, titulos, cargos y bienes simbolicos.

Qué tipo de explicación merece la intervención de La Orden Franciscana?

¿Es por la debilidad del Estado provincial, lo que la vuelve la única institución que
puede recibir contingentes étnicos que deben ser aculturados? ¿es el rol aún fuerte que
desempeña la Iglesia o las órdenes en la conquista territorial y étnica? Tambien hubo
monjas franciscanas (recordemos que la orden tiene a su cargo la enseñanza primaria
en Santa Fe durante todo el siglo XIX) que se encargaron de enseñar las labores
domésticas, las formas de hablar y vestir de la sociedad blanca, y el trato a las futuras
amas/amos a las indias e indiecitos recién traídos de sus tribus

Los funcionarios de gobierno, en tanto, tuvieron relaciones cercanas con los


religiosos: Servando Bayo fue, junto a su padre Marcelino, Síndico del Convento de San
Francisco de San Carlos; de hecho sus restos fueron enterrados allí, con lo que su
ascendencia en el Convento duró hasta su muerte. (Campana, p.80) Tambien sabemos
que las autoridades nacionales, más laicistas, declararon el retiro de los religiosos de los
poblado indios, a lo que la legislatura santafesina respondió con nuevas gestiones para
impedir que se concretara la medida. La tarea de franciscanos en las reducciones del
Chaco fue importante y continuada en el siglo XX, como lo muestran las fotos del Banco
Paucke.

Los indios y su acompañamiento siguen viaje hacia la capital a la cual llegan cerca de las
siete de la noche. Vienen todos con buena salud y son recibidos en casa de Don Patricio
Cullen en donde pasan la noche y son entregados al día siguiente al Señor
Gobernador. . Los resultados de la expedición parecen ser: 19 cautivos (5 mujeres, 1
hombre y 13 niños), 4 muertos (3 hombres y 1 mujer herida).
19

6. Conclusiones

Hemos identificado diversos actores partícipes de la conquista del Chaco: militares,


colonos particulares, orden franciscana, autoridades provinciales. Todos con propósitos
institucionales como personales en la expansión. Los partícipes estatales, religiosos y
privados tuvieron intereses comunes, tanto económicos como simbólicos. Los militares
recibieron tierras del Estado santafesino (Obligado), al igual que los funcionarios y los
religiosos.

Los funcionarios, por su parte, además de intereses económicos como mencionamos


en Mariano Cabal, tuvieron estrecha vinculación con instituciones eclesiásticas. (El caso
mencionado de Bayo como Síndico del Convento de San Francisco de San Carlos). En
esa relación se advirtió la existencia de dos propuestas sobre la estrategia a seguir
contra las naciones indígenas: quienes abogaban por el avance gradual de las fronteras
y quienes sostenían la guerra de exterminio (Nicasio Oroño (1865-1868) y Servando
Bayo (1874-1878). Ambas posturas abrevaban del pensamiento ilustrado y liberal, que
así como sirvió al planteo de los derechos políticos ciudadanos, en el terreno militar
planteó la destrucción de un enemigo al que no se le atribuía ningún rasgo humano.

Las sociedades aborígenes, a su vez, sufrieron una desestructuración notable, como


antesala a la que tendrían en la etapa de Benjamin Victorica.

“Sacar a los indios de su natural”, fue la premisa que orientó las acciones de
particulares y autoridades varias, y que constituyó un atentado a la pervivencia de su
sociedad: sus capacidades y posibilidades se disminuían conforme se los alejaba de los
montes. La guerra defensiva de su territorio muestra que los pueblos nómadas tenían
sentido de territorialidad, como toda sociedad, y éste integraba la base de su
cosmovisión, cultura y subsistencia.

De todas maneras, actuaron en su subalternidad, resistiendo de diversas maneras.

Los estudios más clásicos o tradicionales y los renovados a partir de la historia social
han concebido de manera muy distinta el tratamiento del mundo indígena, ponderando
de modo diferente su importancia, su rol, su situación y su existencia en general. De
todos modos, tanto unos como otros no han tomado mayormente el tema de la población
indígena de la segunda mitad del siglo XIX en la integración del mercado de mano de
20
obra capitalista. El modelo de la provincia agrícola bajo el patrón de la colonia de
arrendatarios inmigrantes primó en los estudios.

En nuestro análisis planteamos que al mismo tiempo que comenzaba en la provincia


el establecimiento de familias de inmigrantes europeos y la fundación de colonias
agrícolas en su región centro, norte y sur, prosperó un mercado de trabajo forzado
compuesto por indígenas capturados en expediciones militares y privadas tornados en
servidumbre para los obrajes madereros, las tareas agrícolas y el servicio doméstico
urbano. El disciplinamiento social y laboral de la población rural nativa y la inmigración
europea, fueron dos modelos que se superpusieron temporal y espacialmente.

Los obrajes madereros constituyeron una de las principales producciones capitalistas


de la época, que aprovecharon los montes naturales al punto de su extinción en varias
zonas del Chaco austral, y a una población de diversas tribus y naciones del Chaco
gualamba a quienes se persiguió, asesinó, redujo, concentró y convirtió en servidumbre.
Esa conversión en servidumbre fue sustancial y no accesoria para el desarrollo de la
producción capitalista de materias primas destinadas principalmente a la exportación
durante la década de 1870. Bajo esa condición trabajaron en ingenios y obrajes del norte
provincial y en otras áreas de frontera de provincias que limitaban con el Chaco austral.
También lo hicieron ofreciéndose voluntariamente a los obrajes cuando ya las
posibilidades de vida independiente en el monte y las llanuras no eran posibles dada la
presión blanca por la tierra.

La política de conversión en cautivos focalizó en mujeres y niños: la chusma.

La hipótesis que acompaña el trabajo es que estas formas de cautividad y trabajo,


tan importantes para la apropiación privada del territorio y la puesta en marcha de
empresas madereras, no constituyeron formas marginales de producción del mercado de
trabajo o transicionales hacia formas asalariadas, sino principales y propias de la
expansión capitalista. Y ello se desprende de la consideración de que el sistema
capitalista supuso como rasgo definitorio la apropiación privada de los medios de
producción con tendencia monopólica pero no necesariamente el trabajo libre asalariado,
ni en las áreas del centro ni en las periferias de la economía-mundo. La imagen
idealizada de lo que se piensa es el modelo más puro de capitalismo competitivo llevó a
21
que se analizaran las situaciones históricas que implicaron la no-libertad de trabajo como
desviaciones de la norma. (Wallerstein)24

La expansión del sistema fue compatible con la persistencia e incluso la reaparición


de formas forzosas de trabajo próximas a la esclavitud. En el espacio que nos incumbe,
ésta fue producto de una política liberal que al mismo tiempo que negaba la esclavitud, la
retomaba en zonas de frontera de manera prioritaria y la invisibilizaba con distintos
recursos hacia el resto de la sociedad.

La modernización social y económica incluyó el desarrollo de formas forzadas de


trabajo indígena a la par que otras transformaciones supuestamente más “acordes” con
las transformaciones liberales.

24
Wallerstein, Immanuel. “Llamado a debate sobre un paradigma”, en Impensar las Ciencias Sociales,
México, Siglo XXI Ed., 1998, pp.270-271.

También podría gustarte