ENSAYO DEMOGRAFÍA UN PROBLEMA GLOBAL
Él fenómeno de la demografía de la población mundial debe ser un
tema de preocupación para los gobiernos de todos los países. ¿En
qué consiste digo fenómeno y porque es grav?’. A lo largo del siglo 20,
la población mundial se ha más que cuadruplicado y sigue
aumentando en unos 80 millones cada año, por lo que puede
duplicarse de nuevo en pocas décadas. Es preciso por ello valorar el
papel de esta explosión demográfica, junto al hiperconsumo de una
quinta parte de la humanidad, en la actual situación de auténtica
emergencia planetaria, así como reclamar la desaparición de las leyes
que criminalizan en muchos países los medios mal llamados
“anticonceptivos”. Medios gracias a los cuales las concepciones
pueden ser el fruto de decisiones responsables y no la consecuencia
indeseada del desconocimiento o de la imposición de
fundamentalismos religiosos que exigen asociar sexualidad
exclusivamente a procreación.
Dada la frecuente resistencia a aceptar que el crecimiento
demográfico representa hoy un grave problema, conviene proporcionar
algunos datos acerca del mismo que permitan valorar su papel, junto
al hiperconsumo de una quinta parte de la humanidad, en el actual
crecimiento no sustentable y situación de auténtica emergencia
planetaria. La Comisión Mundial del Medio Ambiente ha señalado las
consecuencias: “En muchas partes del mundo, la población crece
según tasas que los recursos ambientales disponibles no pueden
sostener, tasas que están sobrepasando todas las expectativas
razonables de mejora en materia de vivienda, atención médica,
seguridad alimentaria o suministro de energía”.
Se podría afirmar que el rápido crecimiento demográfico es diferente
de los problemas anteriores, en términos cualitativos y cuantitativos.
Su alcance es mundial. Ha recibido intensa atención pública en todo el
mundo. Ha persistido por mucho más tiempo como tema normativo, y
las respuestas normativas a dicho crecimiento que principalmente se
han centrando en la planificación familiar, la escolarización y
potenciación de la mujer y el desarrollo económico en general han
envuelto a veintenas de gobiernos nacionales y docenas de
organizaciones internacionales.
La eficacia de estas políticas para reducir la fecundidad y ralentizar el
crecimiento demográfico ha sido clara, aunque desesperantemente
lenta en aparecer. Menos de 40 años después de la aparición del
término “explosión demográfica”, los índices de fecundidad están
disminuyendo en casi todos los países. De hecho, en más de la
tercera parte de las naciones de la Tierra (inclusive la China, Japón y
toda Europa) que representan la mitad de la población mundial, la tasa
de fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo de la población.
Entre los países desarrollados, los Estados Unidos es el único en el
que se puede esperar algo de crecimiento, como consecuencia de la
inmigración y de que su tasa de fecundidad es superior a la de otras
naciones industrializadas.
Y entonces qué, ¿están ahora bien las cosas?
Ni mucho menos. En la mayoría de los países con tasas de fecundidad
por debajo de los niveles de reemplazo, la población sigue creciendo
debido al gran número de mujeres en edad de procrear. Por otra parte,
la fecundidad en la mayor parte del mundo en desarrollo continúa
superando los niveles de reemplazo demográfico; y esos países, en
África y Asia, representarán casi la totalidad del incremento
demográfico mundial desde el presente hasta 2050. Asimismo, si la
fecundidad continúa por encima de los niveles de reemplazo, la
población mundial no llegará a estabilizarse y mucho menos
contraerse por sí misma. Las tremendas reducciones que tuvieron
lugar en la fecundidad en los últimos 40 años en gran parte del mundo
cesarán si no se sigue invirtiendo en la mujer, la planificación familiar y
el desarrollo, como se indicó anteriormente.
El mundo ya no está en la situación en que un paradigma o “problema”
podía abarcar una multitud de dinámicas y temas enmarcados todos
ellos bajo el rubro de “población”. Las presiones de la globalización y
las disparidades en las tasas de fecundidad entre países vecinos
hacen que la relación de la población con el medio ambiente, la salud,
las cuestiones de género, la pobreza, la migración, la urbanización, el
envejecimiento y la juventud generen nuevos y complejos problemas
económicos y de establecimiento de políticas.
En medio de tal complejidad y malentendidos, se ha identificado una
serie de temas centrales que describen y consideran los problemas de
población, y las oportunidades que conllevan, de cara a las próximas
décadas.
Estos temas centrales no se restringen a un enfoque erróneo sobre un
sólo problema de población, ni se pronuncian a favor de los Estados
Unidos o del mundo en desarrollo, sino que tratan el problema como
un fenómeno que cada a vez es más transnacional. También se
abordan las oportunidades no sólo los problemas que pueden surgir
del cambio demográfico, y ponen de relieve el gran valor de los datos
sobre población en la búsqueda de soluciones normativas.
Los temas son los siguientes:
Salud reproductiva y fecundidad. Más de medio millón de mujeres
siguen muriendo cada año por causas relacionadas con el embarazo.
Casi la mitad de las mujeres en todo el mundo inclusive el 85% de las
que viven en el África subsahariana y el 28% de las de los Estados
Unidos) siguen sin usar métodos anticonceptivos modernos. La
situación respecto al VIH es igual de deprimente: casi 20 millones de
mujeres en todo el mundo tienen la infección, y los índices de infección
entre las mujeres africanas de 15 a 19 años son entre cinco y seis
veces superiores a los de los varones de la misma edad. El SIDA es
también la principal causa de muerte entre las mujeres
estadounidenses de origen africano, de 25 y 34 años de edad. Para
poder continuar mejorando a este respecto hay que seguir invirtiendo
en planificación familiar y salud reproductiva, y dirigirse a las mujeres y
las parejas que generalmente son las más difíciles de contactar.
Niños y familias. La reducción en las tasas de mortalidad infantil y de
lactantes en casi todo el mundo obedeció al conocimiento científico del
siglo XX, la salud pública y el desarrollo económico, pero tanto en los
Estados Unidos como a nivel internacional sigue sin dedicarse
suficiente inversión y atención a la política dirigida a estas poblaciones
cruciales. De igual forma el VIH y el SIDA han dejado a 14 millones de
niños huérfanos; y si bien la menor fecundidad en los países en
desarrollo ofrece una oportunidad para elevar la inversión en salud,
nutrición, y la escolaridad de cada niño lo que los demógrafos
denominan “la ganancia demográfica”) pocos gobiernos nacionales
están listos para aprovechar esta oportunidad.
Población y medio ambiente. Alrededor del 70% de la población más
pobre del mundo depende de la tierra para su ingreso y sustento, pero
cada vez con más frecuencia las familias rurales en todo el mundo
residen en zonas de vulnerabilidad ecológica, sobreviven con la
agricultura de rosa y quema, y usan productos forestales como
combustible, comida para animales y materiales de construcción de
bosques sobre explotados. La pobreza extrema puede llevar a los
residentes rurales a destruir los recursos de los que dependen para su
sustento, y dejarlos imposibilitados para satisfacer sus necesidades
básicas cuando suben los precios de los bienes ambientales, como el
agua, la tierra o la vida marina. Paralelamente, el mayor ingreso y el
nivel de vida elevan la demanda mundial de los bienes de consumo, lo
que también causa deforestación y degradación ambiental; y los
factores demográficos contribuyen inexorablemente a la gravedad de
la situación, incluso en el mundo en desarrollo, con problemas como
costas densamente pobladas, expuestas a tormentas, y los bajos
niveles de la capa freática en la región sudoccidental de los Estados
Unidos. Todo lo anterior puede mejorarse considerablemente
mediante una política pública basada en datos probados.
Envejecimiento de la población. La reducción demográfica que se
espera en muchos países desarrollados irá acompañada de
proporciones muy bajas de gente joven y un alto número de personas
mayores, lo que crea la dificultad que ya se está viviendo en la Unión
Europea y Japón, y en un futuro afectará a los Estados Unidos al igual
que a muchos países en desarrollo de cómo mantener al creciente
número de jubilados y mantener la economía productiva.
Migración y urbanización. La fuga de cerebros, la globalización, el
hacinamiento costero, la xenofobia y la discriminación, así como la
desaparición de las ciudades rurales son una o varias de las
manifestaciones de la migración y la urbanización que afectan la vida
de todos los países del planeta y los conectan entre sí de forma
inusitada. La globalización económica está creando movimientos
masivos de personal, puestos de trabajo e ingreso, y eleva el nivel de
vida de muchas personas en los países en desarrollo, al tiempo que
amenaza el sustento de otras. Los países en desarrollo están
perdiendo personal capacitado especialmente en las profesiones de la
salud que se traslada a Europa o Norte América. Los emigrantes y los
países que los reciben salen beneficiados, pero los lugares de
procedencia acaban con escasez laboral. Estas y otras presiones
surgirán muy pronto en los países en desarrollo..
La pobreza y la desigualdad. La pobreza y la desigualdad son las
principales causas de la mala salud, los altos índices de mortalidad y
la falta de acceso a la educación; y estos factores en sí mismos
perpetúan y agravan la pobreza individual y nacional, y la desigualdad
a nivel mundial. En los países menos desarrollados, el gasto en salud
es de alrededor de $11 por persona, por año (muy inferior a los $30
por persona que recomienda la Organización Mundial de la Salud,
para cubrir las necesidades esenciales de sanidad). Asimismo, la
gente que vive en pobreza tiende a tener menor acceso a métodos
anticonceptivos modernos, a vivir en áreas de degradación ambiental,
y a emigrar “por necesidad” en vez de “atraídos” por la oportunidad. En
los Estados Unidos los índices de pobreza infantil oscilan entre el 7% y
el 26% entre los diferentes estados, lo que demuestra que incluso
algunas sociedades altamente industrializadas no han resuelto este
problema.
Temas de género. La mayor alfabetización de las mujeres en los
países en desarrollo ha sido un factor indiscutible en la reducción de la
fecundidad y las mejoras en salud reproductiva. Al elevar la condición
de la mujer en el hogar y en el lugar de trabajo, así como en la vida
política y social y fomentar la participación por igual de los hombres y
las mujeres en la decisión de procrear también se esperan mejoras en
las áreas de salud y en el crecimiento económico en general. La
disparidad entre la realidad actual y los cambios que se necesitan es
sin duda mayor en este área que en cualquier otro de los temas
centrales. Se necesitan cambios legislativos, económicos y culturales,
pero los resultados tendrán efectos positivos en la mayoría de los
temas centrales de
Los anteriores temas presentan dificultades y oportunidades que están
sumamente relacionadas entre sí. Por ejemplo, al mejorar la
planificación familiar se reduce el número de niños que hay que
atender, con lo que se elevan los recursos disponibles para la salud y
educación de cada niño en particular. La menor natalidad también
alivia las presiones demográficas sobre el medio ambiente; pero la
escasez de jóvenes significa asimismo una reducción en la población
activa que lleva a preocuparse por el sustento de una sociedad de
avanzada edad. La migración y la urbanización hacen que el
hacinamiento en un país o región se traslade a otros lugares, nos
guste o no. Y la actuación, con pruebas fundadas, en temas de género
especialmente en lo referente al papel de la mujer en la vida familiar y
de la comunidad puede conllevar logros en casi todos los aspectos
indicados anteriormente.