EL CARRETON DE LA MUERTE
El carretón de la muerte
Llegada la media noche, muchas personas del
Centro Histórico escuchan el roce de las ruedas
de una carreta con el suelo. Hay quienes
aseguran han oído hasta relinchar a los
caballos.Cuando la curiosidad hace que las
personas vayan a ver, no ven nada, aunque
escuchan y hay quienes dicen sienten un aire
extraño que pasa sobre sus cabezas porque este
carretón no roza el piso sino que vuela... La
gente prefiere quedarse en su casa y solo
escucharlo pasar porque dicen que en ese
carretón nos iremos todos, el dia que la muerte
decida trasladarnos al mas allá.
EL CADEJO O CADEJOS
La leyenda del cadejo o cadejos está presente en
casi todo centroamérica, se trata de un perro enorme
de color blanco y ojos rojos que protege a los
hombres cuando llegan a altas horas de la noche, sin
embargo el cadejo tiene un enemigo, el cadejo negro,
un ser diabólico que ataca y mata a las personas de
dudosa moral, cuando ambos el espíritu protector y el
diabólico se encuentran comienza entre ambos una
lucha a muerte que normalmente da tiempo a la
persona a huir.
-
Según las leyendas en Guatemala, es un animal fantásmagórico que aparece
en suelo guatemalteco. La versión más conocida de este animal es la de forma
de un perro de color negro y ojos rojos que pareciera tienen fuego. Se cree que
cuida a aquellos que se embriagan y deambulan por las noches ayudándoles a
encontrar el camino a casa o bien durmiendo cerca de ellos para evitar les
roben o dañen. Las otras versiones refieren que este ser tiene dualidad, el
negro y blanco, este último cuida de mujeres en el mismo estado físico, sin
embargo éstos son rivales y no pierden oportunidad de agredirse, aunque se
narra que se han unido para salvaguardar a sus protegidos de otro espectro
como La Llorona, Siguanaba o de algún maleante. También este personaje
tiene su resonancia precolombina maya en un espectro bienhechor guardián de
los caminos.
LOS PENINTENTES DE LA RECOLECCION
Todos los días a los doce de la noche, los vecinos
del Barrio de La Recolección escuchan pasos de
encadenados. Son penitentes fantasmas que
quieren librarse de sus culpas.
Cuando los han visto no solo van encadenados sino
con capuchones antiguos. Algunos se flagelan. Son
animas por las cuales las viejitas dicen hay que
rezar.
Verlos atemoriza pero también produce pena y compasión porque a nadie le
gustaría estar eternamente encadenado a sus malas acciones.
La Mujer del Cementerio
Todo empezó un día común y corriente en la capital de
Guatemala. Un señor taxista, estaba haciendo su
recorrido, y paso casualmente cerca del sector
correspondiente al cementerio general ubicado en la
zona 3 capitalina, el señor al pasar por la puerta
principal, recogió a una joven, que le pidió que la
llevara. El señor la recogió y la llevo al sitio que le
indicó dicha mujer. Al llegar al lugar, la mujer se bajo
sin pagarle al hombre, dejando la puerta abierta y sin
mencionar ninguna palabra, por lo cual le dio a
entender al hombre del taxi que ya volvería.
Al estar en frente de la casa, timbro y golpeo la puerta al ver que nadie
respondía decidió entrar, el hombre quedó extrañado y fijo su mirada en
aquella casa. Al dirigir su mirada al segundo piso la vio pasar de un cuarto a
otro, por lo cual le hizo pensar que ya bajaría a pagarle.
Pero luego de un largo rato de espera, aquel hombre se canso y decidió subir a
preguntarle a la mujer, que lo tenía esperando hace varias horas, si le pagaría
la carrera del cementerio general hasta dicha casa. al escuchar el ruido del
taxista salió una señora, pero no era la misma que el había traído hasta esa
casa, al sentirse un poco extrañado, pregunto por una mujer que había traído
hacía unos instantes y cuál sería su sorpresa que aquella señora le dijo que
ella era la única que vivía ahí después de la muerte de su hermana. Aquel
hombre le dijo que hace pocos minutos que había visto a la señora que el
había traído pasar por el segundo piso y que el la había visto por la ventana.
La señora quedo asombrada y lo invito a verificar que ellos dos eran los únicos
en ese momento en la casa. El señor no salía de su asombro cuando al entrar
vio una foto de la señora, con la misma ropa, no dudo un minuto en
identificarla, era ella, repetía y repetía sin cesar, la mujer no lo creía, ella es mi
hermana y falleció hace unos cuantos años, le decía, pero el señor no
entendía, sólo decía, era ella... era ella... era ella...
La señora fue con dicho hombre hasta el cementerio central, para que él
pudiera comprobar que aquella mujer estaba muerta.
LA LLORONA
Cuenta la leyenda que era una mujer de sociedad,
joven y bella, que se caso con un hombre mayor,
bueno, responsable y cariñoso, que la consentía
como una niña, su único defecto... que no tenia
fortuna.
Pero el sabiendo que su joven mujer le gustaba
alternar en la sociedad y " escalar alturas ", trabajaba
sin descanso para poder satisfacer las necesidades
económicas de su esposa, la que sintiéndose
consentida despilfarraba todo lo que le daba su
marido y exigiéndole cada día mas, para poder estar a la altura de sus amigas,
las que dedicaba tiempo a fiestas y constantes paseos.
Marisa López de Figueroa, tuvo varios hijos estos eran educados por la
servidumbre mientras que la madre se dedicaba a cosas triviales. Así pasaron
varios años, el matrimonio.
Figueroa López, tuvo cuatro hijos y una vida difícil, por la señora de la casa,
que repulsaba el hogar y nunca se ocupo de los hijos. Pasaron los años y el
marido enfermó gravemente, al poco tiempo murió, llevándose " la llave de la
despensa ", la viuda se quedó sin un centavo, y al frente de sus hijos que le
pedían que comer. Por un tiempo la señora de Figueroa comenzó a vender sus
muebles. Sus alhajas con lo que la fue pasando.
Pocos eran los recursos que ya le quedaban, y al sentirse inútil para trabajar, y
sin un centavo para mantener a sus hijos, lo pensó mucho, pero un día los
reunió diciéndoles que los iba a llevar de paseo al río de los pirules. Los ishtos
saltaban de alegría, ya que era la primera vez que su madre los levaba de
paseo al campo. Los subió al carruaje y salió de su casa a las voladas, como si
trajera gran prisa por llegar. Llegó al río, que entonces era caudaloso, los bajo
del carro, que ella misma guiaba y fue aventando uno a uno a los pequeños,
que con las manitas le hacían señas de que se estaban ahogando.
Pero ella, tendenciosa y fría , veía como se los iba llevando la corriente,
haciendo gorgoritos el agua, hasta quedarse quieta. A sus hijos se los llevo la
corriente, en ese momento ya estarían muertos . Como autómata se retiro de el
lugar, tomo el carruaje, salió como "alma que lleva el diablo ", pero los
remordimientos la hicieron regresar al lugar del crimen. Era inútil las criaturas
habían pasado a mejor vida. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, se
tiro ella también al río y pronto se pudieron ver cuatro cadáveres de niños y el
de una mujer que flotaban en el río.
Dice la leyenda que a partir de esa fecha, a las doce de la noche, la señora
Marisa venia de ultratumba a llorar su desgracia: salía del cementerio (en
donde les dieron cristiana sepultura) y cruzaba la ciudad en un carruaje, dando
alaridos y gritando ¡ Aaaaay mis hijos ¡ ¡ Donde estarán mis hijos ¡ y así hasta
llegar al río de los pirules en donde desaparecía. Todas las personas que la
veían pasar a medianoche por las calles se santiguaban con reverencia al
escuchar sus gemidos y gritos. Juraban que con la luz de la luna veían su
carruaje que conducía una dama de negro que con alaridos buscaba a sus
hijos.
Las mujeres cerraban las ventanas, y al trasnochador que venía con copas,
hasta la borrachera se le quitaba al ver aquel carro que conducía un espectro,
donde iba la llorona, del carruaje salían grandes llamaradas y se escuchaba
una largo y triste gemido de una mujer, un esqueleto vestido de negro, el que
guiaba el carruaje, jalado por caballos briosos. Un día, cuatro amigos,
haciéndose los valientes, quisieron seguir al carruaje que corría a gran
velocidad por céntrica calle de Aguascalientes que daba al río pirules.
Ellos la seguían, temblando de miedo, pero dándose valor con las copitas, dio
un último grito de tristeza y dolor ¡ Aaaay mis hijos ¡ y desapareció con todo y
carruaje.