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Análisis narrativo de "Del amor y otros demonios"

Este documento resume la trama y elementos narrativos de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. En tres oraciones, describe que la historia sigue a Sierva María, una niña que sufre varios calvarios y es maltratada después de ser mordida por un perro rabioso. Luego de recuperarse, la creen poseída y es llevada a un convento donde la someten a torturas. También habla del amor prohibido entre Sierva María y el cura Cayetano. El resumen brinda una visión general de la

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Análisis narrativo de "Del amor y otros demonios"

Este documento resume la trama y elementos narrativos de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. En tres oraciones, describe que la historia sigue a Sierva María, una niña que sufre varios calvarios y es maltratada después de ser mordida por un perro rabioso. Luego de recuperarse, la creen poseída y es llevada a un convento donde la someten a torturas. También habla del amor prohibido entre Sierva María y el cura Cayetano. El resumen brinda una visión general de la

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Temporalidad

Por Evocación: Dos días después de la fiesta, y casi por descuido, la criada le contó a Bernarda que
a Sierva María la había mordido un perro.

Por Suspenso: El obispo fue notificado el lunes de que Sierva María estaba lista para los exorcismos.
Había terminado la merienda en su terraza de campánulas amarillas, y no le prestó una atención
especial al recado.

Por Engarzamiento: No volvió a saberse nada de los mordidos hasta principios de enero, cuando una
india andariega conocida con el nombre de Sagunta tocó a la puerta del marqués a la hora sangrada
de la siesta.

Tiempo

Del Escritor: Diciembre había empezado mal, pero pronto recuperó sus tardes de amatista y sus
noches de brisas locas. La Navidad fue más alegre que en otros años por las buenas noticias de
España.

Histórico: A mediados de marzo, los riesgos del mal de rabia parecían conjurados. El marqués,
agradecido con su suerte, se propuso enmendar el pasado y conquistar el corazón de la hija con la
receta de felicidad aconsejada por Abrenuncio. Le consagró todo a su tiempo.

Espacio o Ambiente

Espacio: El palacio donde vivía era el más antiguo de la ciudad, con dos pisos de espacios enormes
y en ruinas, de los cuales el obispo no ocupaba ni la mitad de uno. Estaba junto a la catedral, y tenía
con ésta un claustro común de arcos renegridos, y un patio con un aljibe en ruinas entre matorrales
desérticos. Hasta la fachada imponente de piedra labrada y sus portones de maderas enterizas
revelaban los estragos del abandono.

Ambiente: La niña dormía. El marqués la vio inmóvil y mustia y se preguntó si prefería verla muerta o
sometida al castigo de la rabia. Le arregló el mosquitero para que no la sangraran los murciélagos, la
arropó para que no siguiera tosiendo, y permaneció en vela junto a la cama, con el gozo nuevo de que
la amaba como nunca había amado en este mundo.

Tipo de narrador:

 La novela cuenta con un narrador omnisciente, es quien conoce más que el protagonista acerca de la
historia. Además de las características comunes de los narradores en tercera persona, por lo tanto, el
narrador omnisciente está caracterizado por un conocimiento total de todos los hechos pasados y
presentes (incluso futuros en algunos casos), además de los pensamientos de todos los personajes.

 Dicho narrador puede manifestarse también en anticipaciones (ofrece un avance de hechos que se
narrarán más tarde) o presentaciones de la biografía de un personaje cuando entra en acción.
Tecnicas Narrativas
Procedimiento Dialogal:
 Forma indirecta: -He depositado la niña en Santa Clara-
Abrenuncio no entendió y el marqués aprovechó su desconcierto para el golpe siguiente.
-Será exorcizada-, dijo.
El médico respiró a fondo y dijo con una calma ejemplar:
-Cuénteme todo-

Desorden Cronológico:

 El gobernador de la ciudad que era soltero y mariposon le ofreció al virrey un almuerzo de hombres
solos. A los postes una cortina se abrió de fondo la esclava abisinia que el gobernador había comprado
su peso en oro.

Procedimiento Descriptivo:

 Tenía la nariz afilada, el cráneo acalabazado, los ojos oblicuos, los dientes intactos y
el porte equivoco de un gladiador romano.
 Al final encontró el mordisco: in desgarrón en el tobillo izquierdo, ya con su costra seca, y unas
excoriaciones apenas visibles en el calcañal.

Flashback:

 (Escena retrospectiva), ya que se presentan los hechos en desorden de manera fragmentada con
cambios continuos en el tiempo y en el espacio.

Contra Punto:

 Al amanecer del 27 de abril, Sierva María empezaba a dormirse después que Cayetano abandonó la
celda, cuando entraron a buscarla sin anuncio para iniciar los exorcismos. Fue el ritual de un
condenado a muerte.La llevaron a rastras al abrevadero, la lavaron a baldazos, la despojaron a tirones
de sus collares y le pusieron el camisón brutal de los herejes
 Mi opinion
 En mi opinión esta es una obra literaria muy difícil y rara de entender ya que los acontecimientos
planteados no son en orden entonces debes estar muy al pendiente.

Mi punto de vista
Desde mi punto de vista este párrafo es importante porque gracias a este diálogo descubrimos que
para la Iglesia el mal de la rabia en su punto más crítico lo entendían como una manifestación de que
la persona estaba poseída por el demonio, el cual para la Iglesia “éstos” se valían de diferentes
maneras para apropiarse del alma.
Es así que el Santo Oficio creyó que Sierva María estaba poseída, ya que también no podían tolerar
que una niña blanca tenga costumbres y comportamiento de negra esclava, o que tenga la enfermedad
de la rabia ya que era un mal incurable y en su posición de nobles era tan vergonzoso como lo decía
su propia madre Bernarda de Cabrera.
Trama
Relata la historia de Sierva María de Todos los Ángeles, quien ha sufrido grandes calvarios a lo largo
de su corta vida. En este proceso narrativo se van describiendo diversos paisajes de Cartagena-
Colombia en la época colonial con sus problemas sociales, culturales, ambientales, etc. Luego de que
la mordiese un perro rabioso en el mercado, se comienza a creer que la niña había contraído dicha
enfermedad, y luego, al recuperarse, quienes la rodean están convencidos de que la pequeña Sierva
María está poseída, de esta forma es llevada a un convento por su padre, el marqués de Casalduero
y Dueñas, donde es tratada de forma inhumana, y se enamora de Cayetano Delaura, el cura que en
teoría tenía que exorcizarla. El amor es mutuo, Cayetano también se halla perdidamente enamorado
de Sierva María; pero al enterarse sus superiores de esta situación, el sacerdote es transferido a un
leprosario y a Sierva María la someten a diversas torturas para sacar el supuesto "demonio", situación
que deriva en la trágica muerte de la niña, aunque en el libro se menciona que "murió de amor".
Después de muerta le seguía creciendo el cabello, luego de cientos de años se descubre que el pelo
nunca le dejó de crecer, pues éste medía 22 metros y 11 centímetros
Tiempo narrativo
Flash Back, ya que se presentan los hechos en desorden de manera fragmentada con cambios
continuos en el tiempo y en el espacio.
Tema.
PRINCIPAL.- El tema principal de la obra es que la intolerancia cristiana juega un papel muy
importante. La obra nos traslada a una época en que la Iglesia es el eje alrededor del cual gira la
sociedad y en que las autoridades eclesiásticas gozan de mucho poder. En las colonias hispanas, la
Iglesia cumple una estricta función evangelizadora y debido a la firmeza de sus preceptos, no tolera
que ninguna otra cultura amenace o contradiga su autoridad.

SECUNDARIO.- En la obra se pueden apreciar dos temas secundarios:


 Las creencias e ideas antiguas acerca de acontecimientos anormales adjudicándolas a
posesiones demoniacas.
 El amor que surge como consecuencia de las supuestas posesiones teniendo en cuenta la
ausencia de cariño y comprensión.

Resumen de los capítulos


UNO
El día 7 de diciembre, día de San Ambrosio Obispo, un perro cenizo mordió a cuatro personas que se
le atravesaron en el camino. Tres de ellas eran esclavos y la otra era Sierva María de Todos los
Ángeles, hija única del marqués de Casalduero, que había ido con una sirvienta mulata al mercado
para comprar una ristra de cascabeles para la fiesta de sus doce años. Aquel mismo día llegó un
embarque de esclavos que se pensaba venía contaminado de una peste, pero resultó ser producto de
un envenenamiento.
Bernarda Cabrera, madre de Sierva María y esposa sin títulos del marqués de Casalduero era una
mestiza brava, seductora, rapaz, parrandera y consumía mucha miel fermentada y tabletas de tabaco.
Había sido muy astuta en el comercio de esclavos pero ahora, debido a sus excesos, la hacienda
donde vivían, estaba en malas condiciones. Anteriormente, la esclava Dominga de Advientogobernó
la casa, crió a Sierva María y era la única con autoridad para mediar entre el marqués y su esposa,
pero hace no mucho había fallecido y Sierva María andaba siempre con los esclavos. Para el festejo
de su cumpleaños, los esclavos de la casa le pintaron la cara de negro, le colgaron collares de santería
y le cuidaban la cabellera rojiza que nunca le habían cortado y se enrollaba con trenzas.
Sierva María tenía el cuerpo escuálido, era tímida, de piel lívida, de ojos azul taciturno y cabello
cobrizo, se parecía a su padre y su forma de ser la hacían parecer invisible.
Las esclavas le informaron a Bernarda sobre la mordida del perro dos días después. Ella fue a revisar
a su hija y vio la marca cicatrizada en el tobillo y no se preocupó más por el asunto. Al domingo
siguiente, la esclava que llevaba a Sierva María aquel día, vio al mismo perro que mordió a la niña
muerto por la rabia. Bernarda no se preocupó al respecto, la herida estaba seca y tampoco se lo
comentó a su marido.
A principios de enero, Sagunta, una india andariega visitó al marqués para informarle sobre la peste
de rabia que había y sobre las personas que sufrían de esta por las mordidas del perro, entre ellas, su
hija. Sagunta afirmaba ser la única poseedora de las llaves de San Huberto, patrono de los cazadores
y sanador de los rabiados. Como el marqués, quien no se interesaba en ningún asunto del hogar
desconocía de la mordida, la despidió sin prestarle atención, pero Bernarda le confirmó el hecho
después.
Para el marqués era claro, siempre pensó que amaba a su hija aunque nunca le prestaba atención,
pero el miedo al mal de rabia lo obligaba a confesarse que se engañaba a sí mismo por comodidad.
En cambio Bernarda tenía plena conciencia de no amarla nada ni de ser correspondida por Sierva
María y ambas cosas le parecían justas. Mucho del odio que ambos padres sentían por la niña era por
lo que ella tenía del uno y del otro.
Preocupado por el mal de rabia, el marqués fue al hospital del Amor de Dios para ver al enfermo de
rabia, quien se encontraba amarrado en una situación deplorable y consumido por la enfermedad. A
la salida del hospital, se cruzó con el doctor Abrenuncio, un judío doctor erudito que permanecía junto
a su caballo muerto. El marqués lo invitó a pasar a su carroza y lo cuestionó sobre la rabia y el estado
del paciente. Abrenuncio recomendó que debían matar al enfermo como buenos cristianos para
detener su sufrimiento, pues ya no había cura, pero aclaró que algunos podían no contraer la rabia
pese a la mordida.
El marqués dejó al doctor en su casa y cuando éste regresó a su hacienda le ordenó a su criado
Neptuno, recoger el caballo del doctor para darle sepultura y le pidió que le regalara su mejor caballo
del establo.
Bernarda se aplicaba lavativas de consuelo por sus males y excesos, sobre todo por el incendio de
sus vísceras. Nada quedaba entonces de lo que fue de recién casada y cuando concebía aventuras
comerciales hasta que conoció a Judas Iscariote, un esclavo que compró porque lo deseaba y le
gustaba mucho. Bernarda enloqueció por él, lo bañó en oro, con cadenas, anillos y pulseras, creyó
morir cuando se enteró de que se acostaba con todas, pero finalmente se conformó con las sobras.
Una tarde, Dominga de Adviento los descubrió haciendo el amor pero Bernarda le prohibió comentar
algo. El marqués, si es que sabía, se hacía el desentendido y Sierva María estaba tan olvidada, que
un día, cuando Bernarda regresaba de parranda, confundió a su hija con otra persona.
Cuando el marqués regreso del hospital del Amor de Dios, estaba completamente determinado a tomar
las riendas de la casa, pues cuando Bernarda sucumbió en sus vicios y Dominga de Adviento murió,
los esclavos se infiltraron a la casa y había un total descontrol de las cosas. Lo primero que hizo fue
devolverle a la niña el dormitorio de su abuela la marquesa, de donde Bernarda la había sacado para
que durmiera con los esclavos.
Después espantó a los esclavos que dormitaban y amenazó con azotes a los que volvieran a hacer
sus necesidades en los rincones o jugaran suerte y azar en los aposentos clausurados.
Sierva María se resistió cuando su padre la llevó en brazos al dormitorio y le aclaró a los esclavos que
ella viviría en la casa y no con ellos. La niña no le contestaba ni miraba a su padre. A la mañana
siguiente, el marqué fue a revisar la habitación de su hija y esta se había ido a dormir con las esclavas
por su costumbre.
El marqués le encargó a Caridad del Cobre, la mulata que acompañó a la niña el día en que la mordió
el perro, el cuidado de la niña como si fuera Dominga de Adviento. Le pidió que le diera informes del
comportamiento de su hija y que le impidiera traspasar la cerca de espinos que haría construir entre
el patio de los esclavos y el resto de la casa.
A la mañana siguiente, el marqués fue muy temprano a casa del doctor Abrenuncio para pedirle que
examinara a su hija. El doctor estaba muy agradecido por el caballo nuevo y lo acompañó para
examinar a Sierva María. Bernarda desaprobaba la presencia del doctor judío, pero no fue un
impedimento para que Abrenuncio viera a la niña. Durante el examen médico, la niña mintió
constantemente y parecía estar muy sana a excepción de un extraño olor a cebolla. Caridad del Cobre
le reveló al marqués que la niña se había entregado en secreto a las ciencias de los esclavos y la
encerraban desnuda en la bodega de cebollas para destruir el maleficio del perro.
Abrenuncio pensó que la herida estaba lejos del cerebro y poco profunda, por tanto, podía estar libre
de rabia. El marqués había decidido apelar al hospital y cuidarla en casa. Mientras tanto, el doctor le
recomendó darle todo cuanto pudiera hacerla feliz, pues no hay medicina que cure lo que la felicidad
no puede curar.
DOS
Nunca se supo cómo había llegado el marqués a semejante estado de desidia antes de que el perro
mordiera a su hija, ni porqué mantuvo su matrimonio disfuncional.
Ignacio, heredero único, no daba señales de nada ni de querer a nadie. Creció con signos de retraso
mental y sus primeros síntomas de vida los dio a los 20 años de edad, cuando se enviaba cartas de
amor con Dulce Olivia, una de las reclusas del manicomio Divina Pastora, contiguo a la hacienda del
marqués. Fue así como el marqués aprendió a leer y escribir, pero su familia no permitiría esa relación
porque deseaban que se casara con la heredera de un grande de España. Fue así como desposó a
Doña Olalla de Mendoza, una mujer muy bella y de grandes talentos para la música, a la que mantuvo
virgen para no concederle la gracia de tener un hijo. Doña Olalla y el marqués no se entendían en la
música, pero desde el día en que Ignacio se fijó en la tiorba italiana, practicaban juntos ejercicios bajo
los árboles del huerto. El 9 de noviembre, la pareja estaba tocando un dúo bajo los naranjos cuando
de pronto un relámpago los cegó y Doña Olalla cayó fulminada por la centella.
El marqués ordenó funerales de reina y encontró en el huerto un mensaje de Dulce Olivia que se
responsabilizaba por el rayo.
El marqués donó sus bienes materiales, sólo conservó la mansión con el patio reducido al mínimo y el
Trapiche de Mahates, y a Dominga de Adviento le cedió el gobierno de la casa. Desde entonces, el
marqués temía que los esclavos lo asesinaran y ordenó mantener siempre las luces encendidas.
Dulce Olivia se consoló con la añoranza de lo que nunca fue y por las noches se escapaba de la Divina
Pastora para entrar a la mansión, limpiar los pasillos, acomodar y lavar las cosas que creía que los
esclavos no hacían bien. Dominga de Adviento murió sin saber nunca por qué los pasillos estaban
más limpios al amanecer y por qué las cosas estaban en otro lugar.
Poco antes de cumplir un año de viudo el marqués descubrió a Dulce Olivia en la casa y desde
entonces reanudaron una amistad prohibida que alguna vez pareció amor. Conversaban hasta el
amanecer sin ilusiones ni despecho, como un viejo matrimonio, hasta que alguno de los dos decía algo
incorrecto, se enfadaban y Dulce Olivia desaparecía por un largo rato. Ella se ofreció para consolarlo
y ser su esclava sumisa, pero él juró nunca más casarse. Sin embargo, antes de un año se casó a
escondidas con Bernarda, hija de un antiguo capataz de su padre quien tras escabullirse en los
aposentos del marqués y quitarle su virginidad, quedó embarazada.
Cuando Sierva María de los Ángeles nació, Dominga de Adviento juró, si sobrevivía el difícil parto, que
no le cortaría el cabello hasta su noche de bodas. Bernarda despreció a su hija desde el principio y
Dominga la educó conforme a su religión. La niña era sigilosa en sus movimientos y por ello, su madre
le colocaba una campana para conocer sus movimientos en la casa, pero aún así, se las ingeniaba
para parecer un fantasma aterrador y Bernarda decidió enviarla a dormir con los esclavos.
El día que Bernarda conoció a Judas Iscariote, aprendió a masticar tabaco y hojas de coca. Probó el
canabis de la India, la trementina de Chipre, el peyote del Real de Catorce y probó por lo menos una
vez el opio del nao de China.
Judas se volvió ladrón, proxeneta, sodomita ocasional, y todo por vicio, pues nada le faltaba. Una mala
noche se enfrentó con tres galeotes de la flota por un pleito de barajas y lo mataron. Bernarda se
refugió en el Trapiche y la casa quedó al garete, y si no naufragó, fue por la mano de Dominga de
Adviento.
El marqués escuchaba rumores de que hablaba sola, deliraba en el Trapiche y vivía en estado de
delirio. Tal era su deterioro que ni el marido la reconoció cuando volvió de Mahates, después de tres
años, poco antes de que el perro mordiera a la niña.
A mediados de marzo parecía que los males de rabia habían sido conjurados. El marqués le dio a su
hija el tratamiento de felicidad que le recomendó el doctor. Padre e hija daban largos paseos para ver
atardeceres y el mar. El marqués intentó quitarle las costumbres negras enseñándole más cosas de
blancos en dos meses que en toda su vida. Había comprado cajas de música y desempolvado su
instrumento italiano para hacer música con su hija.
El doctor Abrenuncio los visitaba cada semana y un día escuchó a Bernarda quejarse fuertemente por
el deterioro de su hígado. El doctor afirmó que para septiembre moriría y el marqués lamentó que
tendría que esperar tanto tiempo.
Un día Caridad del Cobre despertó al marqués de su siesta para informarle que la niña tenía fiebre.
Abrenuncio fue a examinarla y sugirió esperar para ver cómo se desarrollaba la fiebre. El marqués no
quiso delegar su confianza a Dios sino a todo aquel que le diera esperanzas, así que sometió a la niña
a múltiples tratamientos de muchos doctores. Al cabo de dos semanas, Sierva María había soportado
dos baños de hierbas y dos lavativas emolientes por día, la habían llevado al borde de la agonía con
pócimas de estibio natural y otros filtros mortales. Había pasado por todo, vértigos, convulsiones,
espasmos, delirios, solturas de vientre y de vejiga y se revolcaba por los suelos aullando de dolor y de
furia. Incluso los curanderos más audaces la abandonaron a su suerte hasta que reapareció Sagunta
con sus métodos poco tradicionales. Sagunta se desnudó de sus sábanas y se embadurnó de unturas
de indios para restregar su cuerpo con el de la niña desnuda. Ésta se resistió a pesar de su debilidad,
pero Sagunta la sometió. Bernarda escuchó los alaridos dementes y al ver lo que pasaba, azotó a
ambas con los hicos de la hamaca.
El obispo de la diócesis, Don Tonibio de Cáceres y Virtudes, preocupado y alarmado por la situación
de Sierva María, hizo llamar al marqués porque pensaba que su hija podía estar poseída por demonios
y era necesario encomendarla a Dios, pues su cuerpo podía no tener cura, pero su alma sí.
El marqués dejó de asistir a la iglesia y de ser creyente desde que su primera mujer falleció, pero las
palabras del obispo lo hicieron reflexionar sobre la futura condición de su hija.
El obispo y el padre Cayetano Delaura aseguraban que Abrenuncio era un hereje que maldijo a la niña
y le recomendaron al marqués llevar a su hija al Convento de Santa Clara para exorcizarla.
Cuando el marqués regresó de su cita con el obispo, escuchó a su hija tocar las cuerdas de la tiorba
y cantar la canción que él le había enseñado, pero cuando entró en su recámara la niña volvió a
enfermar. El marqués pasó la noche en vela junto a la cama de su hija y a la mañana siguiente, estaba
determinado para llevarla al convento. Vistió a la niña con un vestido que pertenecía a Bernarda en su
juventud y la hacía lucir como una reina, preparó una maleta y llevó a la niña al convento de Santa
Clara.
Las monjas se la llevaron sin darles tiempo de que se despidieran y el último recuerdo que tuvo de ella
fue cuando atravesaba la galería del jardín arrastrando el pie lastimado.
TRES
El convento de Santa Clara era un edificio cuadrado frente al mar de tres pisos con numerosas
ventanas. Tenía 80 monjas, todas con sus servicios y 36 criollas de las grandes familias del virreinato.
Al final de todo el Convento, lo más lejos posible y dejado, había un pabellón solitario que durante 68
años sirvió de cárcel a la inquisición. Fue en la última celda de ese rincón donde encerraron a Sierva
María a los 93 días de ser mordida por el perro y sin ningún síntoma de rabia.
Las novicias que custodiaban a Sierva María a su llegada, se interesaron por sus anillos y collares de
santería, pero cuando intentaron quitárselos, la niña se retorció y mordió la mano de una de ellas. Poco
después pasaron dos esclavas negras que reconocieron los collares y le hablaron en lengua yoruba.
Sierva María les contestó, les dijo su nombre de esclava, María Mandinga y se fue con ellas a la cocina
en donde ayudó a matar un chivo y jugó con los niños y adultos esclavos.
La abadesa, Josefa Miranda, resentida con el clero del obispo por múltiples injusticias cometidas en el
pasado contra su diócesis, estaba molesta por la presencia de la niña endemoniada que nadie había
visto aún, pues Sierva María había pasado desapercibida en su primer día en el convento, como si
fuera invisible.
A la mañana siguiente Sierva María se descubrió por su canto con las esclavas y por la fuerza, fue
llevada a su celda.
Desde entonces no ocurrió nada que no fuera atribuido al maleficio de Sierva María. Varias noches
declararon para las actas que la niña volaba con unas alas transparentes que omitían un zumbido
fantástico. Un día, las monjas intentaron quitarle los collares de santería, pero Sierva María se defendió
con fuerza, saltó por la ventana y alborotó las colmenas de abejas y los animales del establo. Tardaron
dos días en volver a juntar los animales.
Nunca como entonces era tan agitada y libre la vida del convento. Había monjas por los corredores
que jugaban baraja española, dados cargados y tomaban licores en las celdas menos pensadas. Una
niña endemoniada dentro del convento tenía la fascinación de una aventura novedosa.
Algunas monjas, en grupos de dos o tres, escapaban por la noche para hablar con Sierva María, y en
una ocasión la despojaron de sus collares, pero al cabo de un día, una de ellas se cayó por las
escaleras y se fracturó el cráneo. Ninguna monja se sentía segura si no le regresaban sus collares,
así que se los devolvieron.
Para el marqués fueron días de luto, se había arrepentido de haber internado a su hija. En su inquietud,
fue a visitar a Abrenuncio para comentarle lo que había hecho y éste le recomendó que la sacara del
convento cuanto antes, pues los exorcismos eran iguales o peores a las santerías de los esclavos y la
niña se encontraba ahora prisionera.
El marqués le escribió una carta al obispo solicitando una audiencia para tratar el caso.
El obispo fue notificado de que Sierva María estaba lista para iniciar los exorcismos. El padre Cayetano
Delaura estaba muy intrigado con el caso, pues había soñado que Sierva María estaba sentada frente
a un campo nevado comiendo uvas, y la última uva representaba la muerte. Lo más raro para Delaura
es que el campo nevado era Salamanca el momento que nevó durante tres días consecutivos y los
corderos murieron sofocados por la nieve. El obispo le ofreció encargarse del caso, pero Delaura no
deseaba aceptar porque esperaba el puesto de bibliotecario en el Vaticano. Toda su vida había
deseado ser bibliotecario; Delaura leía mucho y se encargaba de leerle al Obispo y de su biblioteca.
Su destino original había sido viajar a Yucatán, pero el barco no consiguió llegar y tras un año de estar
en Cartagena de Indias y con la llegada del Obispo de Cáceres, permaneció allí, como su protegido.
El obispo insistió en que Delaura tomara el caso, pues el éxito en éste podría representar una certera
entrada al puesto que anhelaba para el Vaticano.
Así fue como Cayetano Alcino del Espíritu Santo Delaura y Escudero, a los 36 años cumplidos, entró
en la vida de Sierva María y fue parte importante de la historia de la ciudad.
Al día siguiente, Cayetano Delaura fue al convento de Santa Clara con todas las armas para enfrentar
al demonio (agua bendita y óleos sacramentales). La abadesa le decía que la presencia de la niña
había provocado que las flores crecieran distintas y se manifestaban constantes eventos
sobrenaturales. Delaura respondió que era muy delicado atribuirle al demonio las cosas inexplicables.
Antes de llegar a la celda de Sierva María, pasaron por la celda de Martina Laborde, una antigua monja
condenada a cadena perpetua por haber matado a dos compañeras suyas con un cuchillo. Llevaba
encerrada 11 años y era más conocida por sus intentos frustrados por escapar que por su crimen.
Al entrar a la celda de Sierva María, Delaura percibió un olor a pudredumbre debido a las heces
regadas de la niña. Ella yacía boca arriba sobre la cama sin colchón, atada de pies a cabeza con
correas de cuero. Delaura pensó que si la niña no estaba poseída, el ambiente era propicio para
estarlo. Cayetano examinó a la niña y se impresionó al ver la herida en el tobillo, supurada por la
chapucería de los curanderos. Mientras la revisaba le decía que su presencia allí no era para
martirizarla sino por la sospecha de que tuviera un demonio adentro. Sierva María ni lo miraba ni se
quejaba ni se interesó por sus prédicas.
Cayetano volvió a visitar a Sierva María el lunes siguiente, pero ella lo recibió con un mal ceño y su
celda apestaba aún más. Cuando Delaura se atrevió a desatarla, Sierva María se le fue encima como
una fiera y le mordió la mano. Cayetano logró colocarle un rosario en el cuello para tratar de defenderse
del ataque.
Por otro lado, Martina Laborde no halló la menor resistencia en Sierva María. Fue como si el alma de
Dominga de Adviento hubiera entrado a la celda de la niña cuando Martina le sonrió. Ambas entablaron
una amistad y prometieron ver juntas el eclipse total de sol que habría el próximo lunes.
El domingo, después de misa, Delaura le llevó a Sierva María una canastilla de dulces. Ella descubrió
que Cayetano llevaba la mano vendada y él le dijo que una perrita rabiosa con una cola rojiza de más
de un metro lo había mordido. Sierva María tocó su herida, rió por primera vez y afirmó ser más mala
que la peste. Antes de marcharse del convento Delaura realizó una protesta formal por la mala comida
de las reclusas y las condiciones en que tenían a Sierva María.
Esa misma noche, Cayetano creyó haber visto a Sierva María en la biblioteca del obispo, vestida en
su bata de reclusa y con su cabellera de fuego, colocando un armo de gardenias recién nacidas en el
florero del mesón. Recitó una frase de Gracilazo, “por vos nací, por vos tengo la vida y por vos muero”.
Cerró los ojos para asegurarse de que no era un engaño de las sombras y cuando los volvió a abrir la
visión había desaparecido pero la biblioteca estaba saturada por el olor a gardenias.
CUATRO
El padre Cayetano y el obispo admiraron juntos el eclipse, pero Delaura se lastimó un ojo por mirarlo
directamente. Cayetano le dijo al obispo que no creía que Sierva María estuviera poseída y atribuía
las acusaciones en las actas de las monjas a su falta de entendimiento y cerrazón. El obispo pidió que
continuara a pesar de las dudas sobre su posesión demoníaca.
Al día siguiente Sierva María le dijo a Cayetano que sabía que moriría pronto porque Martina Laborde
se lo había asegurado. Delaura la reconfortó de su llanto con paliativos confesionarios, y fue entonces
cuando Sierva María comprendió que Delaura era su exorcista y no su médico. Cayetano le confesó
que le ayudaba porque la quería mucho.
De salida, el padre le llamó la atención a Martina por asustar a Sierva María, pero ella nunca dijo que
moriría y comprendieron que Sierva María mentía al respecto, como siempre lo había hecho. No
obstante Delaura comprendió que estaba asustada y había creado un ambiente mortuorio a su
alrededor.
El obispo le entregó a Cayetano una carta de parte de la abadesa en donde se quejaba de la tutela de
Sierva María y de la prepotencia con la que se comportaba Cayetano. Delaura se molestó y afirmó
que si alguien estaba poseído era la abadesa. El obispo lo reprendió por cualquier exceso que hubiese
cometido a la vez que manifestaba su comprensión, pero se dejó ir por la nostalgia que siempre lo
acechaba desde que inició su vejez y olvidó el tema.
A finales de mes arribó a Cartagena de las Indias el nuevo virrey, don Rodrigo de Buen Lozano, y su
séquito. La virreina tenía algún parentesco con la abadesa y había solicitado alojarse en el convento.
Era casi adolescente, activa y un poco díscola en el convento. No hubo rincón que no registrara ni
nada bueno que no quisiera mejorar. La abadesa trató de impedir que se acercara a la celda de Sierva
María, pero ello sólo aumentó más su curiosidad. Tan pronto la vio, Martina Laborde se arrojó a sus
pies para que le concediera el perdón. La virreina se sintió hechizada cuando vio a Sierva María
cosiendo en un rincón y se hizo el propósito de redimirla.
Durante una cena con el gobernador y el virrey, la virreina presentó a Sierva María, quien parecía una
reina con el vestido de Bernarda. El virrey no podía creer que estuviera poseída y la encomendó a sus
doctores, quienes coincidieron con Abrenuncio en que no tenía ningún síntoma de rabia y era muy
probable que ya no la contrajera, sin embargo, nadie se sintió autorizado para dudar de su posesión
demoníaca.
El virrey visitó al obispo para comentarle sus planes para gobernar y especialmente, hablar sobre
Sierva María. El obispo aclaró que la niña se encontraba en buenas manos. El virrey negó el indulto
de Martina porque le parecía un mal precedente ante los demás reos.
Al día siguiente, el obispo decidió que Sierva María permanecería en el convento pero en mejores
condiciones y no bajo el régimen carcelario. Asimismo le delegó a Delaura libertad de proceder y le
pidió que visitara al marqués.
Cayetano se apresuró felizmente al Convento y un pintor hacía el retrato de Sierva María vestida como
reina, con el cabello hasta los pies, emanando una luz extraordinaria, parada en una nube y en medio
de una corte de demonios sumisos. Delaura cayó en éxtasis con aquella visión de una niña que se
había convertido en mujer.
Sierva María le narró un sueño que tuvo, el cual era el mismo sueño que Cayetano había tenido antes
de conocerla. Antes de terminar el relato, Sierva María confesó estar asustada pero Delaura le
prometió que pronto sería libre y feliz por la gracia del Espíritu Santo.
Por otro lado, Bernarda no estaba enterada de la ausencia de su hija hasta que un día confundió a
Dulce Olivia con Sierva María en una de sus alucinaciones. El marqués le comentó la situación y
Bernarda, a pesar de haberla odiado siempre, se consoló al saber que su hija seguía viva. Al día
siguiente, Bernarda se marchó de la casa con sus cosas y su dinero; el marqués comprendió entonces
que era para siempre.
Delaura visitó al marqués, quien yacía solo en la hamaca, para informarle que él estaba encargado de
la salud de su hija. El marqués le enseñó la recámara de Sierva María, la maletita que le había
preparado el día que la dejó en el convento y le pidió que se la llevara a su hija. Asimismo, le pidió que
visitara a Abrenuncio para hablar sobre la salud de Sierva María.
Pese a que Delaura sabía que Abrenuncio era buscado por el Santo Oficio fue a visitarlo. Abrenuncio
lo atendió con mucho gusto y le enseñó su extensa biblioteca. Cayetano estaba asombrado por los
numerosos libros y especialmente porque encontró Los cuatro libros de Amadís de Gaula, el libro
prohibido que le confiscó el rector del seminario a los 12 años de edad. Ambos hablaron sobre Sierva
María. Abrenuncio afirmó que ella no estaba poseída por el diablo y le hizo ver a Delaura que él estaba
allí porque deseaba hablar sobre ella. Cayetano se sintió en evidencia y se apresuró para marcharse.
El doctor le regaló una medicina para curar su ojo lastimado por el eclipse.
De allí, Delaura fue al convento para ver a Sierva María, le entregó la maletita que enviaba su padre y
ella la recibió con gran desprecio, pues lo odiaba y prefería estar primero muerta antes de volverlo a
ver. Entonces Sierva María se transformó en energúmeno, comenzó a escupirlo y escupió una baba
verde. Delaura toleraba sus escupitajos, ponía la otra mejilla y rezaba con devoción, pero sólo Martina
consiguió someter a la niña con sus maneras celestiales. Cayetano huyó y se encerró en la biblioteca
a rezar, sacó las pertenencias de Sierva María de la maletita, las olió con deseo, las amó y habló con
ellas obscenamente hasta que no pudo más. Entonces se desnudó el torso y comenzó a flagelarse
con un odio insaciable. El obispo, que había quedado pendiente de él, lo encontró revolcándose en un
lodazal de sangre y de lágrimas. Delaura sólo dijo que era el demonio mismo, el más terrible de todos.
CINCO
Cayetano confesó su deseo y todo cuanto había ocurrido. El obispo lo despojó de sus encomiendas y
privilegios y lo mandó a servir de enfermero de leprosos en el hospital del Amor de Dios. Altos
dignatarios de la diócesis intercedieron por Cayetano, pero el obispo no cedió manteniendo ocultas las
razones de su decisión.
Martina se había hecho cargo de Sierva María con gran devoción y le pidió que le permitiera hablar
con sus demonios para salir del convento a cambio de su alma. Sierva María enumeró a seis demonios
y Martina identificó a uno de ellos como un demonio africano que alguna vez había hostigado la casa
de sus padres.
Por su parte, Cayetano se había sometido con humildad a las condiciones infames del hospital.
El primer martes de penitencia, Abrenuncio se encontró con Cayetano y trató de convencerlo para que
fuera a visitarlo a su casa para conversar. Asimismo, le regaló un libro de las Cartas Filosóficas en
latín. Cayetano, asombrado por la bondad del doctor, prometió visitarlo a escondidas algún día.
Una noche, por una extraña inspiración, Delaura escapó del hospital para visitar a Sierva María. Le
costó trabajo entrar pero un leproso del hospital le había indicado el camino correcto a través de un
túnel que no estaba sellado.
Al principio, Sierva María se resistió, pero finalmente conversaron felices por dos horas. Delaura volvió
a visitarla las siguientes noches y entre versos y poemas se fueron enamorando y besando, pero
manteniéndose siempre vírgenes porque él deseaba mantener su castidad hasta el día en que fueran
libres para casarse. Cayetano afirmaba ser capaz de cualquier cosa por ella y Sierva María lo probaba
constantemente con crueldad infantil.
Sierva María mantenía su cuarto arreglado como una mujer que espera a su esposo y Cayetano se
quedaba con ella hasta el amanecer. Una mañana temprano, mientras la pareja dormía, la guardiana
entró con el desayuno de Sierva María, pero salió sin haber visto a Delaura, quien se había vuelto
igual de invisible como su amada.
Sierva María le regaló el precioso collar de Oddúa y Cayetano le enseñó a leer, escribir y el culto de
la devoción del Espíritu Santo, a la espera del día en que fueran libres y casados.
Sierva María le pidió a Cayetano que escaparan juntos, pero él se negó para esperar debidamente el
día de su debido exorcismo y liberación.
Al amanecer del 27 de abril comenzaron los exorcismos de Sierva María sin previo aviso. La llevaron
a rastras al abrevadero, la lavaron a baldazos, la despojaron a tirones de sus collares, le pusieron el
camisón brutal de los herejes y le cortaron la cabellera hasta la altura de la nuca. Por último le pusieron
una camisa de fuerza y la taparon con un trapo fúnebre para llevarla a la capilla. El obispo había
convocado a prebendados esclarecidos del Cabildo Eclesiástico para que lo asistieran en el proceso.
Sierva María, fuera de sí por el terror gritó ante las palabras y oraciones del obispo. El obispo sufrió
un ataque de asma, como era común en su salud, y la ceremonia terminó con un estrépito colosal.
Cayetano encontró aquella noche a Sierva María tiritando de fiebre dentro de una camisa de fuerza y
lo que más lo indignó fue que le dejaron el cráneo pelado. Sierva María le contó la terrible experiencia
en la capilla y deseaba morirse. Delaura intentó consolarla y le colocó el collar que le había regalado
a falta de los demás.
Al día siguiente, un sacerdote viejo de talla imponente conocido como el padre Tomás de Aquino de
Narváez, antiguo fiscal del Santo Oficio en Sevilla y párroco del barrio de los esclavos, escogido por
el obispo para sustituirlo en los exorcismos, le regresó a Sierva María sus collares y le habló en lengua
yoruba. Ella sintió confianza hacia él y nadie parecía mejor hecho para entenderse con Sierva María y
enfrentarse con más razón a sus demonios.
Sierva María lo reconoció al instante como un arcángel de salvación y no se equivocó. Tras explicarle
sobre los demonios y corregir a la abadesa sobre las actas, el padre prometió que pondría la mayor
diligencia para que fuera asunto de días, y ojalá de horas.
Al día siguiente, en la iglesia del padre Aquino, no se podía oficiar la misa porque el padre había
desaparecido. A las ocho, la niña del servicio fue a sacar el agua del aljibe y allí estaba el padre Aquino,
flotando bocarriba con las calzas que se dejaba puestas para dormir. Fue una muerte triste y sentida
y un misterio que nunca se esclareció, y que la abadesa proclamó como la prueba terminante de la
maldición del demonio contra su convento.
La noticia llegó hasta la celda de Sierva María que se quedó esperando al padre con una ilusión
inocente. No supo explicarle a Cayetano quién era, pero le transmitió su gratitud y la confianza que
sentía por él. Hasta entonces les había parecido que el amor les bastaba para ser felices pero fue
Sierva María quien se dio cuenta de que la libertad sólo dependía de ellos. Una madrugada, después
de largas horas de besos, le suplicó a Delaura que no se fuera, pero él lo tomó a la ligera y se despidió;
entonces ella saltó de la cama decidida a marcharse con él para refugiarse con él en San Basilio de
Palenque, un pueblo de esclavos fugitivos a doce leguas, donde sería recibida, sin duda, como una
reina. A Cayetano le pareció una idea providencial pero confiaba más bien en formalismos legales. De
modo que cuando Sierva María lo puso en la encrucijada de quedarse o llevársela, Delaura trató de
zafarse de ella y escapó.
La reacción de Sierva María fue feroz, se encerró con tranca y amenazó con prenderle fuego a la celda
e incinerarse en ella si no la dejaban irse. Le prendió fuego al colchón pero Martina intervino con sus
modos sedantes e impidió la tragedia.
La ansiedad de Sierva María apresuró la de Cayetano por encontrar un recurso inmediato distinto a la
fuga así que intentó ver en dos ocasiones al marqués, pero sin éxito.
Entre tanto, el marqués, en su soledad, había llamado nuevamente a Dulce Olivia, quien apareció
después de un tiempo y lo culpó de la pérdida de Sierva María, asegurando que el hijo del obispo,
refiriéndose a Cayetano, tenía emputecida y empreñada a su hija, según las versiones de Sagunta.
Era el final de siempre, el marqués sintió que le faltaba aire y ambos volvieron a pelear. La versión de
Dulce Olivia, confirmada y pervertida por Sagunta era que en efecto, Sierva María estaba secuestrada
en el convento para saciar los apetitos satánicos de Cayetano Delaura y que había concebido un hijo
de dos cabezas.
El marqués no se repuso jamás y derrotado por la añoranza fue a buscar a Bernarda al Trapiche.
Ambos se manifestaron el odio que creían haber sentido el uno por el otro y Bernarda le confesó que
su padre la envió para engañarlo y violarlo con el objeto de quedar embarazada, y luego asesinarlo.
Permanecieron en silencio viendo el atardecer y el marqués supo que no tenía nada qué agradecerle;
se levantó sin prisas y se fue por donde había venido sin despedirse.
Lo único que se encontró de él, dos veranos más tarde, en una vereda sin rumbo, fueron sus restos
carcomidos por los gallinazos.
Un día Martina Laborde había escapado del convento. La única noticia que se tuvo de ella fue un papel
escrito para Sierva María que decía que rezaría tres veces al día para que fueran felices.
La abadesa aseguraban que eran cómplices y Sierva María afirmó que eran seis y había escapado
por la terraza con sus alas de murciélagos.
Las monjas registraron el convento y descubrieron la entrada de albañil por la cual Cayetano entraba
y la sellaron de inmediato por sus dos extremos. Sierva María fue mudada a la fuerza a una celda con
candado en el pabellón de las enterradas vivas.
Esa noche, Cayetano se rompió los puños tratando de derribar la tapia del túnel. Arrebatado por una
fuerza demente corrió en busca del marqués, pero se encontró con Dulce Olivia enfurecida que se
negó a llevarlo con él y amenazó con echarle los perros sino se marchaba.
El martes, cuando Abrenuncio fue al hospital, le contó su frustración, los motivos reales de su casstigo
y hasta las noches de amor en la celda. Abrenuncio se quedó perplejo y trató de disuadirlo, pero
Cayetano no lo oyó y corrió al convento en pleno día, por la puerta de servicio, convencido de ser
invisible por el poder de la oración. Subió al segundo piso, pasó frente a la nueva celda de Sierva
María sin saberlo, y trató de llegar a la celda de su amada, pero las monjas lo descubrieron y Cayetano
fue puesto a disposición del Santo Oficio, y condenado en un juicio de plaza pública por sospecha de
herejía, provocando disturbios populares y controversias en el seno de la Iglesia. Cumplió la condena
como enfermero en el hospital del Amor de Dios, donde vivió muchos años en connivencia con sus
enfermos, comiendo y durmiendo con ellos por los suelos, pero no consiguió su gran anhelo confesado
de contraer la lepra.
Sierva María lo había esperado en vano. A los tres días dejó de comer en una explosión de rebeldía
que agravó los indicios de posesión. El obispo resumió los exorcismos con una energía inconcebible
en su estado y a su edad. Sierva María lo enfrentó con una ferocidad satánica, hablando en lenguas
o con aullidos de pájaros infernales. El segundo día la tierra tembló y ya no cabía duda de que Sierva
María estuviera a merced de todos los demonios. De regreso a la celda le aplicaron una lavativa de
agua bendita para expulsar a los demonios de sus entrañas.
El acoso prosiguió por tres días más. Aunque llevaba una semana sin comer, Sierva María lograba
defenderse con fuerza y golpes.
Sierva María no entendió nunca qué fue de Cayetano De Laura, por qué no volvió y el 29 de mayo, sin
alientos para más, volvió a soñar con la ventana de campo nevado, donde Cayetano no estaba ni
volvería a estar nunca. Tenía en el regazo un racimo de uvas doradas que volvían a retoñar tan pronto
como se las comía, pero esta vez las arrancaba de dos en dos para ganarle al racimo hasta la última
uva. La guardiana que entró para prepararla para la sexta sesión de exorcismos la encontró muerta
de amor en la cama con los ojos radiantes y la piel de recién nacida. El cabello le brotaba y se le veía
crecer.

Relación existente entre el tema literario y la realidad objetiva

Existe una estrecha relación entre el tema literario y la realidad objetiva porque en la actualidad vemos
aún las creencias é ideas acerca de posesiones de demonios o también conocidos como exorcismos
en la cual se cree que la persona está poseída recurriendo así los exorcismos. El autor refleja aquella
problemática que existía y que existe en la época actual, destacando la supremacía de la autoridad
religiosa ante estos hechos y la creencia inmoral del amor entre un cura y su paciente, que como se
ve hoy en día sigue siendo un acto considerado como fornicación, separándolo del cargo.

Prólogo
El 26 de octubre de 1949 no fue un día de grandes noticias. El maestro Clemente Manuel Zabala, jefe
de redacción del diario donde hacía mis primeras letras de reportero, terminó la reunión de la mañana
con dos o tres sugerencias de rutina. No encomendó una tarea concreta a ningún redactor. minutos
después se enteró, por teléfono de .que estaban vaciando las criptas funerarias del antiguo convento
de Santa Clara, y me ordenó sin ilusiones:

«Date una vuelta por allá a ver qué se te ocurre».

El histórico convento de las clarisas, convertido en hospital desde hacía un siglo, iba a ser vendido
para construir en su lugar un hotel de cinco estrellas. Su preciosa capilla estaba casi a la intemperie
por el derrumbe paulatino del tejado, pero en sus criptas permanecían enterradas tres generaciones
de obispos y abadesas y otras gentes principales. El primer paso era desocuparlas, entregar los restos
a quienes los reclamaran, y tirar el saldo en la fosa común.

Me sorprendió el primitivismo del método. Los obreros destapaban las fosas a piocha y azadón,
sacaban los ataúdes podridos que se desbarataban con sólo moverlos, y separaban los huesos del
mazacote de polvo con jirones de ropa y cabellos marchitos. Cuanto más ilustre era el muerto más
arduo era el trabajo, porque había que escarbar en los escombros de los cuerpos y cerner muy fino
sus residuos para rescatar las piedras preciosas y las prendas de orfebrería.

El maestro de obra copiaba los datos de la lápida en un cuaderno de escolar, ordenaba los huesos en
montones separados, y ponía la hoja con el nombre encima de cada uno para que no se confundieran.
Así que mi primera visión al entrar en el templo fue una larga fila de montículos de huesos, recalentados
por el bárbaro sol de octubre que se metía a chorros por los portillos del techo, y sin más identidad
que el nombre escrito a lápiz en un pedazo de papel. Casi medio siglo después siento todavía el
estupor que me causó aquel testimonio terrible del paso arrasador de los años.

Allí estaban, entre muchos otros, un virrey del Perú y su amante secreta; don Toribio de Cáceres y
Virtudes, obispo de esta diócesis; varias abadesas del convento, entre ellas la madre Josefa Miranda,
y el bachiller en artes don Cristóbal de Eraso, que había consagrado media vida a fabricar los
artesonados. Había una cripta cerrada con la lápida del segundo marqués de Casalduero, don Ygnacio
de Alfaro y Dueñas, pero cuando la abrieron se vio que estaba vacía y sin usar. En cambio los restos
de su marquesa, doña Olalla de Mendoza, estaban con su lápida propia en la cripta vecina. El maestro
de obra no le dio importancia: era normal que un noble criollo hubiera aderezado su propia tumba y
que lo hubieran sepultado en otra.

En la tercera hornacina del altar mayor, del lado del Evangelio, allí estaba la noticia. La lápida
saltó en pedazos al primer golpe de la piocha, y una cabellera viva de un color de cobre intenso se
derramó fuera de la cripta. El maestro de obra quiso sacarla completa con la ayuda de sus obreros, y
cuanto más tiraban de ella más larga y abundante parecía, hasta que salieron las últimas hebras
todavía prendidas a un cráneo de niña. En la hornacina no quedó nada más que unos huesecillos
menudos y dispersos, y en la lápida de cantería carcomida por el salitre sólo era legible un nombre sin
apellidos: Sierva María de Todos los Ángeles. Extendida en el suelo, la cabellera espléndida medía
veintidós metros con once centímetros.

El maestro de obra me explicó sin asombro que el cabello humano crecía un centímetro por mes hasta
después de la muerte, y veintidós metros le parecieron un buen promedio para doscientos años. A mí,
en cambio, no me pareció tan trivial, porque mi abuela me contaba de niño la leyenda de una
marquesita de doce años cuya cabellera le arrastraba como una cola de novia, que había muerto del
¡ mal de rabia por el mordisco de un perro, y era venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos
milagros. La idea de que esa tumba pudiera ser la suya fue mi noticia de aquel día, y el origen de este
libro.

Persona gramatical en la que está escrita la obra

La obra está escrita en la 3ra persona porque el autor narra los acontecimientos que le suceden a los
personajes.

Párrafo mas importante


“… Digan lo que digan los médicos”, dijo “la rabia en los humanos suele ser una de las tantas artimañas
del Enemigo”.
El marqués no entendió. El Obispo le hizo una explicación tan dramática que pareció el preludio de
una condena el fuego eterno.
“Por fortuna”, concluyó, “aunque el cuerpo de tu niña sea irrecuperable, Dios nos ha dado los medios
de salvar su alma”. La opresión del anochecer ocupó el mundo. El marqués vio el primer lucero en el
cielo malva, y pensó, en su hija, sola en la casa sórdida, arrastrando el pié maltratado por las
chapucerías de los curanderos. Preguntó con su modestia natural: “¿Qué debo hacer?”
El Obispo se lo explicó punto por punto. Le autorizó para usar su nombre en cada gestión, y sobre
todo en el convento de Santa Clara, donde debía internar a la niña a la mayor brevedad.
“Déjala en nuestras manos”, concluyo. “Dios hará el resto” Pág. 80
Movimiento literario al que pertenece la obra
La obra pertenece al realismo mágico porque el autor intenta presentar una versión compleja de la
realidad integrando elementos mágicos y misteriosos, como es el caso de la posesión demoníaca de
Sierva María y la forma en que su cabello brotaba luego de morir.
Idea principal y secundaria
El tema principal de la obra es la influencia de la Iglesia durante esa época, en la que se hacía lo que
esta ordenaba sin cuestionar sus decisiones. La sociedad se regia por sus mandatos, fichando de
herejes a todo el que tuviera un modo de pensar diferente a esta, como es el caso del médico
Abrenuncio, a quien por tener creencias contrarias a las de la iglesia llamaban hereje, demonio y
avisaban a la sociedad para que se alejara de el, o el caso de las creencias africanas de Sierva María,
creencias propias de esa cultura, pero que la iglesia no supo respetar y las oprimía.
Dentro de las ideas secundarias podemos destacar:
 La falta de atención de los padres de Sierva María hacia esta, razón por la cual fue criada por
los negros y adquirió sus costumbres y luego era rechazada por supuestamente tener demonios
dentro.
 El deseo del Marques de darle a su hija enferma todo lo que en 12 años nunca le dio y querer
cambiar su forma de ser, forma adquirida por su falta de atención.
 El amor que se profesan Cayetano y Sierva María debido a la incomprensión de la sociedad
con ellas.
 Las ideas arcaicas de la época respecto a las enfermedades y a los acontecimientos
desconocidos, a los cuales se les atribuía que eran obras de demonio.
 La mala relación entre los padres de Sierva María, una hundida en los vicios paganos y
el otro en una depresión y culpa que no lo dejaban vivir en paz.

Género y subgénero
El género de la obra es épico porque el autor narra sucesos creados en su mente sobre una serie de
personajes.
El subgénero es novela porque es un relato extenso, con un argumento un tanto complicado, donde
aparte de los hechos, se narra la manera en que estos influyen emocionalmente a los personajes.

Figuras lierarias
Hipérbole:
“mi pobre niña, señor, ya se está volviendo perro”
“con una avidez de vientre para saciar un cuartel”
“todo lo que se sabe debe estar en este cuarto”

Epíteto:

“nariz afilada”
“cráneo acalabazado”
“ojos gitanos”

Anáfora:

“No la herraron en el corralón, ni cantaron su edad, ni su estado de salud”


“Ni blancos, ni negros, ni indios pensaban en la rabia”

Comparación:

“nada es tan fácil de resolver como la muerte de un caballo”


“temo tanto a los caballos como a las gallinas”

Metáfora:

“Cuanto más transparente es la escritura más se ve la poesía”


Prosopografía:
“tenia el cuerpo escuálido, la timidez irredimible, la piel lívida”

Época y lugar en el que se desarrolla la obra

La obra está ambientada en la época del Virreinato en España. Donde existía la esclavitud y la iglesia
imponía su autoridad complaciéndose al descuartizar a los esclavos en el potro o asándolos vivos en
espectáculos públicos por hechicerías, además de ejecutar a los enfermos mentales como
energúmenos o herejes. También es la época donde se creía en posesiones sobrenaturales y ritos.

Personajes
Principales:
* Sierva María de Todos los Angeles
* El Padre Cayetano Delaura
* El Marques de Casualdero
* Dr. Abrenuncio Sa Pereira Cao
Secundarios:
* Bernarda de Cabrera
* Obispo de la diócesis Don Toribio de Caceres
* Josefa Miranda
* Dominga de Adviento
* Martina Laborde
* Padre Tomas de Aquino de Narváez
* El Virrey y su esposa
* Sagunta
* Dulce Olivia

Personajes referenciales
- Padre Tomás de Aquino de Narváez, antiguo fiscal del Santo Oficio
-El Virrey don Toribio de Buen Lozano y su esposa
-Sagunta, india andariega, muy vieja que andaba descalza, tenía fama de ser remiendavirgos y
abortera.
Características de los personajes principales

Sierva María de Todos los Ángeles: Hija del Marqués y de Bernarda de Cabrera, de 12 años de
edad; cuerpo escuálido; piel lívida; ojos de azul taciturno y de cabellera larga de color cobre radiante.
A causa de la falta de atención de sus padres fue criada por esclavos negros y adquirió sus
costumbres.
Cayetano Dalaura: Hombre de confianza del Obispo, bibliotecario de 36 años de edad, intenso,
pálido, de ojos vivaces y el cabello muy negro con un mechón blanco en la frente, de aliento breve y
manos febriles. Tenía como sueño ser encargado de la biblioteca en el Vaticano y pasaba largos ratos
leyendo. Fue encargado por el obispo de exorcizar a Sierva María.
El Marqués de Casualdero: Segundo Marqués de Casualdero de 64 años de edad. Padre de Sierva
María de Todos los Ángeles y esposo de Bernarda de Cabrera. Hombre de apariencia fúnebre, se
sentía culpable por no haber dedicado tiempo a su hija y quiso cubrir todas sus faltas al enterarse que
había sido mordida por un perro con rabia.
Dr. Abrenuncio Sa Pereira Cao: Médico notable y controvertido de la ciudad, idéntico al Rey de
Bastos. En el obispado se decía que era un farsante y hereje, que no tenía ningún título de médico y
que solo tenía la reputación de supuestamente haber resucitado a un muerto.

Característica de los personajes secundarios

Bernarda de Cabrera: Su comportamiento se basa en obsesiones superfluas donde para ella


brindar amor no es una de sus cualidades y solo es importante su vida. Vive al margen de la
problemática que se le presenta a su hija.
Cayetano Delaura: Es una persona que le gustaba leer, pasivo que primero no aceptó exorcisar a
Sierva María pero que después aceptó por petición del Obispo, que a raíz de los tratamientos
brindados a Sierva María se enamora de ésta recitándole los versos y poesías leídas, estudiadas
constantemente. AL tomar conciencia que estaba en pecado se sometió a castigos físicos, siempre
supo que no estaba endemoniada Sierva María y que solo eran muestras de querer ser amada y
comprendida.
Abrenuncio de Sa Pereira Cao: Su comportamiento era de un médico con conocimientos de magia
negra, adivinaba el futuro incierto de los enfermos. Tenía mala reputación pero nadie ponía en duda
su sabiduría; su especialidad terrorífica era predecir a los enfermos el día y la hora de la muerte.
Obispo de la diócesis don Toribio de Cáceres y Virtudes: Era una persona que estaba siempre
encerrada a causa de sus enfermedades adquiridas por el correr de los años, quién por no sentirse
con las fuerzas suficientes para exorcisar a Sierva María la encomienda a Cayetano Delaura. Al
descubrir el amor que surgió entre Cayetano y Sierva María lo castiga enviándolo a cuidar leprosos y
asume el cargo de exorcista.
Josefa Miranda:Era una persona autoritaria que tenía enemistad con el episcopado, era demasiado
creyente de fuerzas malignas y exorcismos, que la llevó a pensar al extremo que la niña estaba
endemoniada. Al inicio no acepta el ingreso de Sierva María al convento y considera que sus alaridos
y convulsiones eran demoniacas.
Dominga de Adviento:Una mujer recta con los demás esclavos, imponía su autoridad como
esclava mayor en casa de del Marqués, tenía mucho amor por Sierva María. Cumplía con sus tareas
domésticas a la vez que se daba cuenta de lo que sucedía en casa del Marqués, pero no se le permitía
hacer comentarios. Cuando nació Sierva María hizo la promesa de que nunca se le cortaría el cabello
hasta que se casara, para que viva pues había nacido mal de salud.
Martina Laborde: Era una mujer que vivía con la obsesión de ser libre aunque tuviera que volver a
matar. Al conocer a Sierva María se hace su amiga enseñándole a bordar descubre que ella no está
poseída si no que es una niña mentirosa y que por el amor que le hizo falta hacía espectáculos para
que le prestarán atención.

Aspecto Sociológico
En el ámbito familiar se desarrolla en una familia desunida, marcada por el rencor y la falta de amor entre
sus miembros. Esto se ve reflejado en la personalidad de Sierva María, que por la desatención de sus
padres se vuelve un niña solitaria, más parecida a un fantasma que a una niña de 12 años.
En el aspecto social se desarrolla en una época marcada por la esclavitud, el colonialismo y la gran
influencia de la iglesia sobre los asuntos sociales. En esa época se traían esclavos de África para servir a
los blancos y eran vendidos en medio de la ciudad como objetos. La iglesia tenía un rol trascendental en
los asuntos de la sociedad, ya que como evangelizadora del nuevo mundo tenía como tarea regir la
sociedad por lo que ellos consideraban buenos caminos y eran intolerantes frente a las demás culturas.
En el aspecto político se desarrolla durante el virreinato de España, época en que no había en si
independencia, sino colonialismo por parta de España, por lo que el país estaba regido por los mandatos
españoles.
En el aspecto económico se desarrolla en un familia que era muy rica y parte de la sociedad, pero por la
mujer gastarse el dinero en amantes poco a poco fueron perdiendo sus riquezas y la casa se les volvió una
ruina.

ESTRUCTURA
La obra está dividida en 5 capítulos, con un total de 201 páginas.
POSICIÓN DEL NARRADOR
La posición del Narrador es de segunda persona, porque está de observador.
PROCEDIMIENTOS:
NARRACIÓN
“… Cuando la guardiana se apartó, la niña quiso saciar sus hambres atrasadas con la media
almojábana, pero escupió el bocado. “Sabe a mierda de golondrinas”, dijo. Sin embargo, su humor
cambio…” Pág. 120
“…En las pausas de la pasión intercambiaban pruebas excesivas. Él le dijo que sería capaz de
cualquier cosa por ella. Sierva María le pidió con una crueldad infantil que se comiera por ella una
cucaracha…”. Pág. 175
“… Cayetano encontró aquella noche a Sierva María tiritando de fiebre dentro de la camisa de
fuerza. Lo que más lo indignó fue el escarnio del cráneo pelado, “Dios del cielo”, murmuró con una
rabia sorda, mientras la liberada de las correas…” Pág. 178
“… La niña hija de noble y plebeya tuvo una infancia de expósita. La madre la odió desde que le dio
de mamar por única vez, y se negó a tenerla con ella por temor de matarla. Dominga de Adviento la
amamantó, la bautizó en Cristo y la consagró a Olokun, una deidad yoruba de sexo incierto cuyo
rostro se presume tan temible que sólo se deja ver en sueños, y siempre con una máscara…” Pág.
60
“…Siguieron haciendo el amor en la siesta, de prisa y sin corazón, a la sombra evangélica de los
naranjos. Las locas los alentaban procaces desde las terrazas, y celebraban sus triunfos con
aplausos de estadio. Antes de que el marqués tomara conciencia de los riesgos que lo acechaban,
Bernarda lo sacó del estupor con la novedad de que estaba encinta de dos meses…” Pág. 58.

DESCRIPCIÓN
“…Una mañana de lluvias tardías, bajo el signo de sagitario nació sietemensina y mal Sierva María
de Todos los Angeles. Parecía un renacuajo descolorido, y el cordón umbilical enrollado en el cuello
estaba a punto de estrangularla…” Pág. 59
“…Empujó la puerta sin permiso y trató de ver a Bernarda en la penumbra del cuarto, y no estaba en
la cama. La llamó por su nombre, y ella no contestó. Entonces abrió la ventana y la luz metálica de
las cuatro se la mostró en carne viva, desnuda y abierta en cruz en el suelo, y envuelta en el fulgor
de sus flatos letales. Su piel tenía el color mortecino de la atrabilis rebosada. Levantó la cabeza,
encandilada por el resplandor de la ventana abierta de golpe y no reconoció al médico a contraluz…”
Pág. 67
“… Allí estaba, sentada en la silla del tocador, con la túnica blanca y la cabellera suelta hasta el piso,
tocando un ejercicio que había aprendido de él. No podía creer que fuera la misma que había dejado
al medio día postrada por la inclemencia de los curanderos, a menos que hubiera ocurrido un
milagro…” Pág. 80
“… “Quienquiera que seas”, gritó. “Por orden de Cristo Dios y Señor de todo lo visible y lo invisible,
de todo lo que es, lo que fue y lo que ha de ser, abandona ese cuerpo redimido por el bautismo y
vuelve a las tinieblas. Sierva María fuera de sí por el terror, gritó también. El Obispo aumentó la voz
para acallarla, pero ella gritó más. El Obispo aspiró a fondo y volvió a abrir la boca para continuar el
conjuro, pero el aire se le murió dentro del pecho y no pudo expulsarlo…” Pág. 178
“… Ella lo midió con un ojo de tasadora rejugada. Era enorme, con piel de foca, torso ondulado,
caderas estrechas y piernas espigadas, y con unas manos plácidas que negaban su oficio. Bernarda
calculó: “Mides ocho cuartas”. “Más tres pulgadas”, dijo él…” Pág. 33
DIÁLOGOS
“… No se imagina lo bien que le queda el sombrero”.
Delaura se contagió de su emoción
“Veo que la quiere mucho”, le dijo
“No se imagina cuanto”, dijo el Marqués “Daría el alma por verla” Delaura sintió una vez más que el
Espíritu Santo no se saltaba el mínimo detalle.
“Nada será más fácil”, dijo, “si podemos demostrar que no está poseída”
“Hable con Abrenuncio”, dijo el marqués. “Desde el principio ha dicho que Sierva está sana, pero
sólo él puede explicarlo”.
Delaura vio su encrucijada. Abrenuncio podía serle providencial, pero hablar con él podía tener
implicancias indeseables. El marqués pareció leerle el pensamiento.
“Es un gran hombre”, dijo
“Delaura hizo un gesto significativo con la cabeza
“Conozco los expedientes del Santo Oficio”, dijo…”
“… Tal pareces en tu sano juicio”, dijo
“Siempre lo he estado”, dijo ella, “fuiste tú el que no me vio nunca como era”.
“Yo te distinguí entre la montonera cuando todas eran jóvenes y bellas y era difícil distinguir a la
mejor” dijo él
“Me distinguí yo misma para ti”, dijo ella, “Tu no. Siempre fuiste como ahora: un pobre diablo”
“Me insultas en mi propia casa”, dijo él.
La inminencia del altercado entusiasmó a Dulce Olivia.
“Es tan mía como tuya”, dijo. “Como es mía la niña aunque la haya parido una perra”. Y sin dar
tiempo a la réplica, concluyó.
“Y lo peor son las malas manos en que la has dejado”.
“En las manos de Dios”, dijo él.
Dulce Olivia gritó enfurecida:
“En las del hijo del Obispo, que la tiene emputecida y empreñada”
“Si te muerdes la lengua te envenenas”, gritó el marqués escandalizado…” Pág. 189
“… “¿Cuántos años tiene?”
“Cumplí treinta y seis en marzo”, dijo él
Ella lo escudriñó
“Ya es un viejecito”, le dijo con un punto de burla. Se fijó en los surcos de su frente y agregó con toda
la inclemencia de su edad.
“Un viejecito arrugado”. Él lo tomó con buen ánimo. Sierva María le preguntó porque tenía un
mechón blanco.
“Es un lunar”, dijo él
“De afeite”, dijo ella
“De natura”, dijo él.
“También mi madre lo tuvo”.
Hasta entonces no había dejado de mirarla a los ojos y ella no daba muestras de rendirse. Él aspiró
hondo, y recitó:
“Oh dulces prendas por mi mal halladas”
Ella no entendió
“Es un verso del abuelo de mi tatarabuela”, le explicó él…” Pág. 170
“… “He depositado la niña en Santa Clara”
Abrenuncio no entendió, y el marqués aprovechó su desconcierto para el golpe siguiente.
“Será exorcizada”, dijo
El médico respiró a fondo y dijo con una calma ejemplar:
“Cuénteme todo”
Entonces el marqués le contó: la visita al obispo, sus ansias de rezar, su determinación ciega, su
noche en blanco. Fue una capitulación de cristiano viejo que no se reservó ningún secreto para su
complacencia.
“Estoy convencido de que fue un mandato de Dios”, concluyó
“Quiere decir que ha recuperado la fe”, dijo Abrenuncio
“Nunca se deja de creer por completo”, dijo el marqués.
“La duda persiste”…”Pág. 100
“… Hazte cargo del caso”
Le dijo sin abrir los ojos y soltó un ronquido de león
Delaura acabó de comer y se sentó en su poltrona habitual bajo las enredaderas en flor
Entonces el obispo abrió los ojos
“No me has contestado”, le dijo
“Creí que lo había dicho dormido”, dijo Delaura
“Ahora lo estoy repitiendo despierto”, dijo el Obispo te encomiendo la salud de la niña.
“Es lo más raro que me haya acaecido jamás”, dijo Delaura
“¿Quieres decir que no?”
“No soy exorcista, padre mío”, dijo Delaura
“No tengo el carácter ni la formación ni la información para pretenderlo y además, ya sabemos que
Dios ha asignado otro camino…” Pag. 106
CARTAS: En la Obra no existen cartas
LENGUAJE Y ESTILO:
TIPO DE VOCABULARIO: Arcaísmos - Neologismos – Extranjerismos

Argumento
Sierva María de todos los Angeles hija del Marqués de Casualdero Ygnacio de Alfaro y Dueñas y de
Bernarda de Cabrera, nace sietemesina, escuálida y con pocas esperanzas de vida, desde que nació nunca
recibió cariño ni amor de sus padres ya que ninguno de los dos la quiso. Es así que Dominga de Adviento
la esclava mayor de la casa la ayuda a nacer y al verla tan mal hace una promesa a la virgen la que
consistía en que no le cortaría el cabello hasta el día en que se casase si esta vive; la bautiza con el nombre
de “Sierva María de Todos los Angeles”, se encarga de ella, le enseña sus costumbres, su idioma y es
criada junto con los esclavos, de esta manera adquiere diferentes formas de vida y enseñanzas, sin tener
contacto con el mundo real que era de los blancos.
En el día de su cumpleaños(cumplía 12 años); es enviada junto con una esclava a realizar las compras
para su fiesta, y se les prohibe ir por los lugares donde se realizaba la veta de esclavos; ellas parten pero
hacen caso omiso a las indicaciones dadas antes de salir, al pasar por el mercado cruza un perro que ya
había mordido a tres personas y a su vez contagiado de la rabia, Sierva María también fue alcanzada
recibiendo una mordida en el tobillo izquierdo, al regresar a casa. Al pasar los días, Sagunta una india del
pueblo que había visto lo sucedido va a casa del marqués y le cuenta lo sucedido. Él cuestiona a Sierva
María y con gran soltura ella responde que no le había mordido ningún perro sino que se había caído; al
interrogar a la esclava y escuchando la verdad el marqués recurre a Abrenuncio médico del pueblo y éste
le comenta que dos de las personas mordidas habían muerto y el tercero se encontraba interno en el
hospital con convulsiones y alaridos. Abrenuncio aconseja que visite a este último para que se dé cuenta
de lo que podría pasarle a su hija. El marqués lo visita y recurre a las hechicerías, curanderos y a cuanto
brujo pudiese ayudar a Sierva María.
Todos estos acontecimientos llegaron hasta el Santo Oficio donde el Obispo manda a llamar al Marqués,
éste acude y es aconsejado para que interne a Sierva en el convento de Santa Clara donde le dice que
Dios se encargará de ella. Asimismo el Obispo le presenta a Cayetano Delaura y hace que le de referencias
que se tenía de Abrenuncio, le comenta que es parte del mal y que su nombre significa “perro” así que le
prohiben que siga con aquellos ritos que se le proporcionaban a Sierva María.
Sierva María es internada y con sus convulsiones y gritos energúmenos además de su comportamiento es
considerada por la Abadesa de este convento como “poseída por fuerzas malignas”; es allí donde comienza
su martirio ya que el Santo Oficio junto con la Abadesa deciden exorcisarla y le otorgan el cargo de exorcista
a Cayetano Delaura.
Cayetano Delaura como exorcista acude al convento diariamente a ver a Sierva María y con el transcurrir
del tiempo se da cuenta que no estaba poseída y que su comportamiento era el de una niña blanca con
actitudes de negra, así como también descubre que se había enamorado de ella.
Le enseña sus versos y pasa la mayor parte del tiempo con ella. Al mismo tiempo que se otorga castigos
físicos admitiendo que estaba en pecado. Cuando no puede mantener este secreto se lo confiesa al Obispo
y éste lo castiga enviándolo al hospital de leprosos a que se encargue de ellos, así él tomaría el cargo de
exorcisar a Sierva, donde le aplica métodos crueles con la idea de sacar el demonio de su cuerpo. Al
quedar separados Cayetano vive con la idea de adquirir la enfermedad de la lepra y ella sufre con los
exorcismos a su vez esperando a Cayetano que nunca llegó.
Su padre el Marqués se interna en la soledad arrepintiéndose de no haber querido a su hija, de no darle
amor y culpándose que por ello ella había sido dejada en manos de los esclavos. Bernarda nunca quiso a
Sierva y no se enteró de nada ya que se encontraba enferma de tanta miel fermentada que había debido
con los amantes, a su vez que se va de la casa del marqués dejándolo solo y ella queda sola esperando
el día de su muerte.
Sierva María muere al recibir los tratos inhumanos del Obispo. Sin aliento para más, volvió a soñar con la
venta de un campo nevado, donde Cayetano Delaura no estaba ni volvería a estar nunca, pero esta vez
las uvas nos arrancaba de una en una, sino de dos en dos sin respirar apenas por las ansias de ganarle al
racimo hasta la última uva.
Descenlace
Un día cuando Cayetano iba a cruzarse la cerca para ver a Sierva María y fue rodeado por muchas monjas
que lo descubrieron y lo mandaron al hospital a cuidar leprosos el resto de su vida. Sierva María nunca
supo porque Cayetano nunca volvió y fue exorcizada por el obispo, quien le corto su larga cabellera y la
mantuvieron encerrado porque sus indicios de posesión demoníaca aumentaron. Sierva María dejo de
comer y murió, siempre preguntándose porque Cayetano nunca regreso. Una guardiana la encontró muerta
en su cama y se veía como el cabello le brotaba.
Nudo.
La niña fue llevada al convento donde no fue muy bien recibida. La abadesa era una mujer de muy mal
carácter y se quejaba constantemente de que le hayan llevado a ese demonio. El obispo encargo a su
hombre de confianza, el padre Cayetano Delaura, para que se hiciera cargo de los exorcismos de la niña,
pero este termino obsesionado con ella y el obispo lo encontró acariciando extasiado las prendas de Sierva
María, porque lo que le retiro el cargo y lo mando a cuidar leprosos. A pesar de eso, Sierva María y
Cayetano se veían todas las noches a escondidas en el convento y se enamoraron locamente envueltos
en un éxtasis indescriptible.
Introducción
La obra inicia cuando Sierva María de Todos Los Ángeles, hija del Marques de Casalduero es mordida por
un perro con rabia. Días después del incidente, se lo comunicaron a su madre, pero como la herida había
cicatrizado no le presto importancia. Un mes después una esclava fue a visitar al Marqués para decirle de
la peste de rabia que había y que su hija había sido mordida por un perro con rabia. Su esposa le confirmo
el hecho, por lo que el marques quería dar a su hija todo lo que no le había dado antes porque estaba
enferma y pronto moriría. La niña enfermo y sufrió muchas fiebres, por lo que se pensó que estaba poseída
por un demonio y el obispo recomendó llevarla al convento de Santa Clara para ser exorcizada
Gabriel García Márquez
Nació en Aracataca, Colombia el 6 de marzo del 1927. La familia pronto abandonaría la ciudad para
marchar a vivir en Bogotá. García se formó inicialmente en el terreno del periodismo en Bogotá, además
de estudiar derecho. Durante el 1946 fue redactor de “El Universal”, un periódico de Cartagena de Indias,
de “El Heraldo” en Barranquilla (1948-1952) y del “Espectador” en Bogotá a partir del 1952. Entre 1959 y
1961 trabajo para la agencia cubana de noticias “La Prensa” en su país. Debido a sus ideas izquierdistas
paso las décadas de 1960 y 1970 en un exilio voluntario en México y España. El compromiso político de
Gabriel García Márquez esta integrado en sus obras y origino el marco histórico de la Colombia del
bogotazo y todo el “periódico” de violencia en sus escrituras.

El primer cuento de García, La tercera resignación, fue publicado en 1947 en un periódico liberal de Bogotá.
Un año después empezó su trabajo oficial de periodismo. Los primeros trabajos eran todos cuentos
publicados en el mismo periódico para el que escribía, este se llamaba “El Espectador”, durante los años
1947 a 1952 publico un total de quince cuentos. La hojarasca fue su primera novela publicada en 1955, y
esta recibió una crítica excelente. La obra maestra de Gabriel García Márquez es Cien años de soledad,
publicada en 1967. El realismo mágico es un elemento literario fundamental en las novelas de García,
como en Cien años de soledad. Otras obras en las cuales predomina esta característica son: Crónica de
una muerte anunciada (1981), Del amor y otros demonios (1994) y La hojarasca (1955). Gabriel García
Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura en el 1982. Este escritor fue famoso tanto por su genio como
escritor, como por su impecable habilidad de utilizar ese talento para compartir ideas políticas y sociales.

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