Somatización o síntomas somáticos y trastornos relacionados
Introducción
De un modo genérico, el término somatización se refiere a quejas físicas que
ocasionan malestar, en ausencia de hallazgos clínicos que permitan justificar una
causa orgánica.
El rasgo principal de estos trastornos es la presentación reiterada de síntomas
somáticos difícilmente explicables desde la fisiopatología, acompañados de
demandas continuadas de pruebas complementarias y derivaciones, a pesar de
repetidos resultados negativos y de continuas garantías de los médicos de que los
síntomas no tienen justificación orgánica.
El concepto de somatización tiene tres componentes:
Experiencial: lo constituyen los síntomas que experimenta el sujeto.
Cognitivo: es la interpretación que el paciente hace de sus síntomas. En
general, interpreta la somatización en el contexto de una enfermedad
amenazante no detectada.
Conductual: la persona busca un diagnóstico y un tratamiento médico de
forma persistente.
La consulta de pacientes con síntomas somáticos sin una explicación clínica
definida es frecuente en AP. Es más habitual en mujeres y la edad de inicio suele
ser antes de los 30 años. Representan del 15 al 25% de las consultas en AP y de
un 30 a un 70% de ellas permanece sin explicación tras su evaluación1.
Estos pacientes generan sensación de inefectividad en el profesional, frustración e
incluso antipatía, y son considerados como pacientes difíciles. Consumen muchos
recursos sanitarios por la solicitud de estudios innecesarios e interconsultas a
especialistas con el consiguiente riesgo de yatrogenia2.
Formas de presentación
Cabe diferenciar las somatizaciones en agudas y crónicas3:
Las somatizaciones agudas se dan en individuos con una personalidad y un
nivel previo de adaptación normales, que debido a un estrés psicosocial
presentan síntomas somáticos. Estos pacientes, sin una orientación
adecuada, pueden llegar a cronificarse.
Las somatizaciones crónicas se dan en pacientes con un nivel previo de
adaptación insatisfactorio y frecuentes problemas de personalidad, que
presentan desde hace mucho tiempo, un mínimo de 6 meses, múltiples
síntomas físicos inexplicados que les producen mucha incapacidad.
Clasificación diagnóstica
Las somatizaciones están incluidas en los trastornos somatomorfos de la
Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10)4. La nueva clasificación del
Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5)5 ya no usa el
término somatización y ha eliminado la categoría del trastorno por somatización que
existía en la versión anterior (DSM-4-TR). El argumento para introducir esta
modificación es que es difícil probar que un síntoma no está causado por una
enfermedad médica. Así, para los pacientes en los que predominan los síntomas
somáticos que causan molestias y deterioro psicosocial, se ha creado una categoría
llamada síntomas somáticos y trastornos relacionados (tabla 1).
El diagnóstico no es fácil, ya que atribuir un síntoma físico a un trastorno psiquiátrico
tiene muchas implicaciones. Por ello es importante que, además de no encontrar
una causa orgánica demostrable ni un mecanismo patológico conocido que los
explique, exista la presunción razonable de que dichos síntomas están asociados a
factores psicológicos o al estrés.
A efectos prácticos, cabe destacar los siguientes trastornos entre las
somatizaciones:
Trastorno por somatización. Se inicia antes de los 30 años y es de 9 a 10
veces más frecuente en la mujer. Este trastorno no se caracteriza por el
número de molestias físicas, sino por el hecho de que afecten a múltiples
órganos. Consulta por molestias derivadas de los síntomas y no por el miedo
de padecer determinada enfermedad. Ya no se reconoce como entidad en la
clasificación del DSM-5.
Hipocondría. Lo que predomina es la preocupación, más que por los propios
síntomas, por la convicción de tener una enfermedad grave. Existe un grado
elevado de ansiedad acerca de la salud, y el individuo se alarma con facilidad
por su estado de salud. Equivale al «trastorno de ansiedad por enfermedad»
de la clasificación del DSM-5.
Trastornos conversivos o disociativos. Estos pacientes refieren síntomas
de alteración motora o sensitiva en los que los hallazgos clínicos aportan
pruebas de la incompatibilidad entre el síntoma y las afecciones neurológicas
o médicas reconocidas.
Síndromes funcionales somáticos. Se encuentran en la frontera entre lo
físico y lo psicológico, como el síndrome de fatiga crónica, la fibromialgia o el
síndrome del intestino irritable. La ventaja de incluirlos como un síndrome
funcional es que, al aproximarse al modelo médico, el paciente lo asume
mejor. En general, en el manejo de estos trastornos se pueden emplear los
principios que se aplican al tratamiento de las somatizaciones.
Comorbilidad con patología psiquiátrica. Es de destacar que los síntomas
de ansiedad y depresión son mucho más frecuentes en estos pacientes. Por
otro lado, en AP, del 50 al 70% de los trastornos psiquiátricos se presenta con
síntomas somáticos y el 75% de los pacientes con depresión mayor o ataques
de pánico consultan exclusivamente por síntomas somáticos6.
En la práctica habitual de la AP, muchos pacientes presentan un conjunto de
síntomas, muy a menudo dolor, dolor somatomorfo4 que no cumple criterios para
entidades clínicas definidas.
Presentación clínica
El paciente puede presentar una amplia variedad de síntomas somáticos que
afectan a diferentes órganos7:
Síntomas generales: astenia, cansancio.
Musculosqueléticos: cervicalgias, dolores generalizados.
Gastrointestinales: dolor y distensión abdominal, «gases», diarrea,
estreñimiento.
Cardiorrespiratorios: palpitaciones, dolor torácico, sensación de falta de aire.
Neurológicos: cefalea, mareos, debilidad muscular, alteraciones de la visión o
de la marcha.
Genitourinarios: disuria, prurito, dispareunia.
Los síntomas más frecuentes son los musculosqueléticos, seguidos de astenia y
fatiga8. Hay una serie de claves (tabla 2) que pueden hacer pensar en un proceso
de somatización9, y se agrupan según la presentación clínica actual, la historia
clínica previa y la personalidad y adaptación social del paciente:
Presentación clínica actual
Los síntomas se expresan con una preocupación excesiva y
desproporcionada10.
Presencia de tres o más síntomas vagos, mal definidos, en distintos aparatos.
Presencia asociada de síntomas de ansiedad o depresión11.
Presencia de estresantes.
En la historia clínica, subyace una angustia latente y una excesiva búsqueda
de atención lo que hace que sean percibidos como pacientes difíciles 12.
Vulnerabilidad: los pacientes dicen sentirse enfermos, viven sus síntomas con
gran preocupación y sufrimiento.
Sintomatología fluctuante, con respuestas vagas y a veces contradictorias a
las preguntas y exploraciones realizadas.
Historia clínica previa
Historias con múltiples pruebas complementarias con resultados negativos,
diagnósticos poco claros y tratamientos de baja utilidad terapéutica. Existe un
patrón de alta utilización de los servicios sanitarios y suelen ser pacientes
híper frecuentadores.
Experiencias desagradables con la medicina. Son frecuentes los cambios de
médico.
Personalidad y adaptación social
Son frecuentes los rasgos de personalidad de tipo histérico o dependiente.
Su situación vital es insatisfactoria, con dificultades laborales, conyugales o
económicas.
Frecuentes carencias afectivas en la infancia; en casos extremos, maltrato e
incluso abusos sexuales3.
Frecuentes enfermedades de los padres, suelen ser pacientes que han sido
«sobreexpuestos a la enfermedad»3 desde la infancia.
Abordaje diagnóstico
El diagnóstico inicial debe hacerse siempre después de descartar enfermedades
médicas. Es fundamental realizar una exploración clínica que permita llegar a la
conclusión razonable de que no hay una enfermedad física y que, además,
transmita al paciente la seguridad de que sus quejas son tenidas en cuenta 13.
Algunas enfermedades, como la esclerosis múltiple o el lupus eritematoso, pueden
provocar síntomas confusos inicialmente y por este motivo hay que tenerlas en
cuenta, si bien son muy poco frecuentes.
Es aconsejable abrir desde el principio el foco a lo biopsicosocial, a la vez que se
exploran los aspectos médicos, ya que el paciente puede estar más abierto a
comentar dichos aspectos al inicio de un nuevo síntoma que cuando las pruebas
han descartado una enfermedad física14.
Los antecedentes de múltiples consultas en estos pacientes hacen que no sea
aconsejable persistir en soluciones que fracasaron y que aumentarán la ansiedad
del paciente y la frustración del médico15. En general, no conviene discutir sobre el
origen físico o psicológico de los síntomas.
Es importante ser cuidadoso en la forma de referirse a los síntomas. Debe evitarse
confrontar con el paciente, y no utilizar frases del tipo: «Todo está bien, el problema
no es físico…; usted no tiene nada...». Muchos pacientes lo interpretan como una
acusación de faltar a la verdad y se enojan, y esto favorecerá la motivación a seguir
buscando por otro lado una causa orgánica para sus síntomas.
Por el contrario, se recomienda que el acercamiento a la problemática por la que
demanda el paciente (en este caso, sus síntomas) se base en la intención de
transmitirle que comprendemos su sufrimiento, con el objetivo de fortalecer la
empatía y el vínculo relacional16.
Seguimiento
Es necesario el seguimiento por parte del mismo médico, que debería ver al
paciente de forma regular, en un plazo aconsejable entre 4 y 6 semanas. Es
fundamental la programación de visitas regulares, para que el paciente perciba que
no es necesaria la existencia de sintomatología para que se le preste atención 9.
El examen físico es importante para descartar causas orgánicas y para reasegurar
al paciente13. Es útil repetirlo en cada consulta, aunque sea en forma mínima y con
el objetivo de que el paciente se sienta «atendido».
Hay que ser muy conservador a la hora de pedir pruebas complementarias. Esto le
hace sospechar al paciente que el médico piensa algo que no dice y refuerza el
mecanismo físico de los síntomas. Pedir pruebas para tranquilizar al paciente ha
demostrado que no produce seguridad en él ni reduce su ansiedad, solo parece
disminuir levemente el número de visitas clínicas siguientes17.
Tratamiento
El elemento terapéutico más eficaz es un médico hábil, flexible y empático en la
relación con el enfermo. La atención de los trastornos de somatización requiere
explorar todos los síntomas, recoger la evolución natural y la comorbilidad
psiquiátrica acompañante, conocer la biografía del paciente, así como las
experiencias personales y sociales derivadas del trastorno (contacto con otros
médicos), representación de lo patológico (modelo explicativo de los síntomas) y su
actitud y conducta frente a la enfermedad9.
En el abordaje terapéutico de estos pacientes, es muy importante conocer las
expectativas del paciente (tabla 3), reconocer los sentimientos que despierta entre
los profesionales (tabla 4) y utilizar pautas generales de actuación que han
demostrado ser eficaces para su manejo9 (tabla 5).
Pautas generales de actuación
Planificar citas regulares18, para que el paciente se sienta atendido por el
mismo profesional, estableciendo una relación de colaboración.
Reconocer y legitimar sus síntomas.
Mantener comunicación con otros profesionales implicados en la atención del
paciente.
Evitar información ambigua acerca de los hallazgos clínicos.
Realizar exploraciones clínicas sencillas y frecuentes, pidiendo pruebas
complementarias en función de los signos objetivos y no de los síntomas.
Intentar relacionar las circunstancias psicosociales con el empeoramiento de
su sintomatología.
Centrarse en el alivio de los síntomas más que en descubrir sus causas,
proporcionándole estrategias para el afrontamiento de sus síntomas físicos.
Estar atento a la patología psiquiátrica coexistente más frecuente en estos
pacientes, para diagnosticarla y tratarla, sobre todo la ansiedad y la depresión,
por si pueden beneficiarse de un tratamiento más específico.
Valorar y tratar la posibilidad de abuso de sustancias, más frecuente en estos
pacientes.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico19 ocupa un lugar secundario, salvo si coexiste
otra enfermedad psiquiátrica que lo justifique (grado de recomendación C).
Son más eficaces los antidepresivos tricíclicos que los inhibidores selectivos
de la recaptación de la serotonina (ISRS); la amitriptilina es uno de los más
utilizados, pero la nortriptilina puede funcionar igual y se tolera mejor. Se
aconseja comenzar por dosis bajas e incrementarlas hasta conseguir el
resultado deseado (grado de recomendación B).
Los ISRS pueden ser útiles en el trastorno hipocondríaco y el trastorno
dismórfico corporal20 (grado de recomendación B).
La hierba de San Juan puede ser eficaz en los trastornos por somatización
con independencia de la existencia de depresión21 (grado de recomendación
B).
En el dolor somatomorfo, los antidepresivos son eficaces, más los tricíclicos
y los inhibidores de serotonina y noradrenalina (duloxetina, venlafaxina y
desvenlafaxina) que los ISRS (grado de recomendación B).
Hay que intentar evitar la administración de analgésicos opioides y
medicaciones potencialmente adictivas (grado de recomendación C).
Tratamiento no farmacológico
La psicoeducación puede ser útil en el manejo de la somatización, aplicando
modelos de enfermedad con una base orgánica o funcional sobre la que
influyen las situaciones estresantes, los problemas psicológicos, o ambos9
(grado de recomendación C).
La psicoterapia es eficaz, ayuda a los pacientes a manejar sus síntomas y a
desarrollar estrategias alternativas para expresar las emociones subyacentes.
Ha demostrado eficacia la terapia cognitivo-conductual que se puede aplicar
de forma individual o en grupo22, y que pretende mejorar la capacidad
funcional y minimizar las conductas que refuerzan el papel de enfermo (grado
de recomendación C).
Las técnicas de relajación pueden ser tan eficaces como la terapia cognitivo-
conductual23 (grado de recomendación C).
La técnica de reatribución de Golberg24 ha demostrado eficacia en pacientes
somatizadores leves13 (grado de recomendación B). Fue especialmente
diseñada en AP para aplicarla en pacientes con problemas de somatización
(tabla 6).
Criterios de derivación
Hay que evitar remitir al paciente de manera sistemática a los distintos especialistas,
ya que puede ser manejado de forma idónea en AP, si se aplican los principios y las
técnicas anteriores.
Los pacientes con dudas diagnósticas, comorbilidad psiquiátrica importante o los
pacientes jóvenes con trastornos de somatización deben ser derivados para intentar
evitar la cronificación de su enfermedad.
Pronóstico
El curso es a menudo crónico, con ligeras variaciones según los trastornos. El
paciente difícilmente estará sin síntomas; por ello, los objetivos irán encaminados a
mejorar su calidad de vida, mantener una buena relación terapéutica con el paciente
y ayudarle a mejorar su funcionamiento psicosocial. De esta forma, se conseguirá
una disminución de las pruebas diagnósticas, la medicación y las derivaciones a
asistencia especializada con la iatrogenia consiguiente
[Link]
Trastorno de conversión
Es una afección mental en la cual una persona presenta ceguera, parálisis u otros
síntomas del sistema nervioso (neurológicos) que no se pueden explicar por medio
de una valoración médica.
Causas
Los síntomas del trastorno de conversión pueden ocurrir debido a un conflicto
psicológico.
Los síntomas generalmente comienzan de manera repentina después de una
experiencia estresante. Las personas tienen mayor riesgo de presentar este
trastorno si también tienen:
Una afección física
Un trastorno disociativo (escape de la realidad que no es a propósito)
Un trastorno de personalidad (incapacidad para manejar los sentimientos y
comportamientos que se esperan en determinadas situaciones sociales)
Las personas que padecen el trastorno de conversión no están inventando
(simulando) los síntomas. Algunos proveedores de atención médica falsamente
creen que este trastorno no es una afección real y pueden decirle a las personas
que todo el problema está en su cabeza. Sin embargo, esta afección es real. Causa
angustia y no se puede controlar a voluntad.
Se piensa que los síntomas físicos son un intento por resolver el conflicto que la
persona siente en su interior. Por ejemplo, una mujer que cree que no es aceptable
tener sentimientos violentos puede repentinamente sentir entumecimiento en sus
brazos después de enojarse a tal punto que deseaba golpear a alguien. En lugar de
permitirse tener pensamientos violentos con respecto a golpear a alguien, ella
experimenta el síntoma físico del entumecimiento de los brazos.
Síntomas
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Los síntomas de un trastorno de conversión involucran la pérdida de una o más
funciones corporales, como:
Ceguera
Incapacidad para hablar
Entumecimiento
Parálisis
Los síntomas más comunes de este trastorno son:
Un síntoma debilitante que se inicia repentinamente.
Antecedentes de un problema psicológico que mejora después de que el
síntoma aparece.
Falta de preocupación que generalmente ocurre con un síntoma grave.
Pruebas y exámenes
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El proveedor llevará a cabo un examen físico y puede ordenar pruebas diagnósticas.
Estas se hacen para asegurarse de que no haya causa físicas de los síntomas.
Tratamiento
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La psicoterapia y el entrenamiento en el manejo del estrés pueden ayudar a reducir
los síntomas.
La parte del cuerpo o la función física afectada puede necesitar fisioterapia o terapia
ocupacional hasta que los síntomas desaparezcan. Por ejemplo, un brazo
paralizado se debe ejercitar para conservar los músculos fuertes.
Expectativas (pronóstico)
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Los síntomas generalmente duran de días a semanas y pueden desaparecer
repentinamente. Por lo general, el síntoma en sí no es potencialmente mortal, pero
las complicaciones pueden ser debilitantes.
Cuándo contactar a un profesional médico
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Acuda a su proveedor o un profesional en salud mental si usted o alguien que usted
conoce tiene síntomas de un trastorno de conversión.
Nombres alternativos
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Trastorno de síntoma neurológico funcional; Neurosis histérica.
[Link]
Los trastornos disociativos
Son trastornos mentales que suponen una desconexión y falta de continuidad entre
pensamientos, recuerdos, entornos, acciones e identidad. Una persona que sufre
trastornos disociativos escapa de la realidad de formas involuntarias y poco
saludables, lo que causa problemas con el funcionamiento diario.
Por lo general, los trastornos disociativos aparecen en reacción a un trauma y
ayudan a mantener los recuerdos difíciles controlados. Los síntomas, que pueden
ir de la amnesia hasta las identidades alternativas, dependen, en parte, del tipo de
trastorno que tengas. Los períodos de estrés pueden empeorar temporalmente los
síntomas, haciéndolos más evidentes.
Los tratamientos para los trastornos disociativos pueden ser la terapia de
conversación (psicoterapia) y los medicamentos. Si bien tratar los trastornos
disociativos puede ser difícil, muchas personas aprenden nuevas formas de
afrontarlos y llevan una vida saludable y productiva.
Síntomas
Los signos y síntomas dependen del tipo de trastornos disociativos que tengas, pero
pueden comprender:
Pérdida de memoria (amnesia) de ciertos períodos, sucesos, personas e
información personal
Sensación de estar separado de ti mismo y de tus emociones
Percepción de que las personas y cosas que te rodean están distorsionadas
o son irreales
Un sentido confuso de la identidad
Estrés significativo o problemas en tus relaciones personales, tu trabajo y
otros ámbitos importantes de tu vida
Incapacidad para afrontar bien el estrés emocional o profesional
Problemas de salud mental, como depresión, ansiedad, y pensamientos y
comportamientos suicidas
Hay tres trastornos disociativos principales definidos en el Diagnostic and Statistical
Manual of Mental Disorders (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales 5, DSM-5) publicado por la American Psychiatric Association (Asociación
Estadounidense de Psiquiatría):
Amnesia disociativa. El síntoma principal es una pérdida de memoria que
es más grave que un olvido normal y que no puede justificarse por la
existencia de una enfermedad. No puedes recordar información sobre ti ni
sobre acontecimientos y personas de tu vida, en especial los relacionados
con un momento traumático. La amnesia disociativa puede ser específica de
acontecimientos producidos en un cierto momento, como combates intensos,
o, con menor frecuencia, puede tratarse de la pérdida completa de la
memoria sobre ti mismo. A veces puede implicar que te traslades o
deambules en un estado de confusión que te aleje de tu vida (fuga
disociativa). El episodio de amnesia generalmente se presenta en forma
repentina y puede durar minutos, horas o, rara vez, meses o años.
Trastorno de identidad disociativo. Este trastorno, antes conocido como
«trastorno de personalidad múltiple», se caracteriza por «alternar» diferentes
identidades. Es posible que sientas la presencia de dos o más personas que
hablan o viven en tu cabeza y que sientas que estas identidades te
poseyeron. Cada identidad puede tener un nombre, una historia personal y
características únicas, entre ellas, diferencias obvias de voz, género, tratos
e incluso cualidades físicas, como la necesidad de usar lentes. También hay
diferencias en cuanto a la familiaridad de cada identidad con las demás. Las
personas con trastorno de identidad disociativo, en general, también tienen
amnesia disociativa y, a menudo, sufren fuga disociativa.
Trastorno de despersonalización-desrealización. Este trastorno implica
una sensación continua o episódica de desconexión o de estar fuera de ti
mismo, al observar tus acciones, sentimientos, pensamientos y a ti mismo
desde cierta distancia como si estuvieras mirando una película
(despersonalización). Es posible que otras personas y cosas que te rodean
se perciban distantes, borrosas o como en un sueño, que el tiempo transcurra
más lenta o más rápidamente y que el mundo parezca irreal (desrealización).
Puedes sentir despersonalización, desrealización o ambas. Es posible que
los síntomas, que pueden ser profundamente angustiantes, duren solo unos
momentos o que vayan y vengan a lo largo de los años.
Cuándo consultar al médico
En una crisis, algunas personas con trastornos disociativos pueden tener
reviviscencias traumáticas que resultan abrumadoras o que están asociadas con
una conducta peligrosa. Las personas que tienen estos síntomas deberían recibir
atención médica en una sala de urgencias.
Si tú o un ser querido tienen síntomas menos urgentes que puedan indicar un
trastorno disociativo, ponte en contacto con el médico.
Causas
Los trastornos disociativos suelen manifestarse como una manera de afrontar los
traumas. La mayoría de las veces, los trastornos se presentan en niños sometidos
a maltrato emocional, abuso sexual o maltrato físico durante un largo tiempo, o bien,
con menor frecuencia, a un entorno doméstico aterrador o muy impredecible. El
estrés de una guerra o una catástrofe natural pueden generar trastornos
disociativos.
La identidad personal aún está en formación durante la infancia. Por eso, un niño
tiene una capacidad mayor que un adulto de despegarse de sí mismo y observar el
trauma como si le estuviera pasando a otra persona. Un niño que aprende a disociar
para superar una experiencia traumática puede usar ese mecanismo de superación
como respuesta a situaciones estresantes en su vida.
Factores de riesgo
Las personas que padecen maltrato físico, sexual o emocional en la infancia durante
mucho tiempo corren mayor riesgo de manifestar trastornos disociativos.
Los niños y los adultos que pasan por otros sucesos traumáticos, como guerras,
desastres naturales, secuestros, torturas o procedimientos médicos prolongados y
traumatizantes en la niñez, también pueden tener estos trastornos.
Complicaciones
Las personas con trastornos disociativos presentan un mayor riesgo de tener
complicaciones y trastornos asociados, tales como:
Autolesiones o mutilaciones
Pensamientos y comportamiento suicidas
Disfunción sexual
Trastornos por alcoholismo y abuso de drogas
Depresión y trastornos de ansiedad
Trastorno por estrés postraumático
Trastornos de la personalidad
Trastornos del sueño, como pesadillas, insomnio y sonambulismo
Trastornos de la alimentación
Síntomas físicos, como aturdimiento o convulsiones no epilépticas
Dificultades considerables en las relaciones personales y en el trabajo
Prevención
Los niños que son víctimas de maltrato físico o emocional o de abuso sexual
presentan mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental, como los
trastornos disociativos. Si el estrés u otros problemas personales están afectando
la forma en que tratas a tu hijo, busca ayuda.
Habla con una persona de confianza como puede ser un amigo, el médico o
un líder de tu comunidad religiosa.
Pide ayuda para hallar recursos disponibles tales como grupos de apoyo para
padres y terapeutas de familia.
Busca iglesias y programas educativos comunitarios que ofrezcan clases de
crianza de hijos, que también pueden ayudarte a aprender técnicas
parentales más saludables.
Si tu hijo ha sido víctima de maltrato o ha sufrido otra situación traumática, consulta
con el médico de inmediato. Es posible que el médico te derive a un profesional de
salud mental que pueda ayudar a tu hijo a recuperarse y a adquirir la capacidad de
enfrentar desafíos o situaciones.
Diagnóstico
El diagnóstico, por lo general, comprende evaluar los síntomas y descartar cualquier
afección que podría causarlos. Las pruebas y el diagnóstico suelen comprender una
derivación a un profesional de salud mental para que determine tu diagnóstico.
La evaluación puede comprender lo siguiente:
Exploración física. Tu médico te examina, te hace preguntas profundas y
analiza tus síntomas y tus antecedentes personales. Algunos exámenes
pueden descartar trastornos físicos (por ejemplo, lesiones en la cabeza,
ciertas enfermedades cerebrales, privación del sueño o intoxicación) que
pueden causar síntomas como pérdida de memoria y sensación de irrealidad.
Examen psiquiátrico. El profesional de salud mental te hace preguntas
acerca de tus pensamientos, tus sentimientos, tu conducta y analiza tus
síntomas. Si lo autorizas, la información que brinden familiares u otras
personas puede resultar útil.
Criterios de diagnóstico del Manual DSM-5. El profesional de salud mental
puede comparar tus síntomas con los criterios para el diagnóstico que se
describen en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders DSM-
5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5),
publicado por la American Psychiatric Association (Asociación
Estadounidense de Psiquiatría).
Para el diagnóstico de trastornos disociativos, el DSM-5 enumera estos criterios.
Amnesia disociativa
Para la amnesia disociativa:
Tuviste un episodio o más (por lo general, traumáticos o estresantes) en los
que no podías recordar información personal importante, tu identidad o tu
historia de vida. Esta pérdida de memoria es demasiado amplia para
explicarse como un olvido común.
Los episodios de pérdida de memoria no suceden solo en el trascurso de otro
trastorno de salud mental, como el trastorno de estrés postraumático. Los
síntomas tampoco se deben al alcohol u otras drogas y la causa no es una
afección médica o neurológica, como la amnesia asociada con un
traumatismo de la cabeza.
También puedes experimentar una fuga disociativa, en la que
intencionalmente viajas o experimentas un estado de confusión con amnesia
(incapacidad de recordar tu identidad u otra información personal
importante).
Los síntomas producen estrés significativo o problemas en tus relaciones
personales, trabajo y otros ámbitos importantes de tu vida.
Trastorno de identidad disociativo
Si padeces trastorno de identidad disociativo:
Manifiestas, u otras personas observan en ti, dos o más identidades o
personalidades definidas (lo que en algunas culturas puede describirse como
«posesión») en forma no deseada e involuntaria. Cada identidad tiene su
propio patrón para percibir, relacionarse y pensar sobre ti mismo y el mundo.
Tienes lagunas recurrentes de memoria para episodios cotidianos,
habilidades, información personal importante y sucesos traumáticos, y estas
lagunas son demasiado amplias para explicarse como olvidos comunes.
Estos síntomas no forman parte de una práctica cultural o religiosa aceptada
por la mayoría de las personas de tu comunidad.
Los síntomas no se deben al alcohol u otras drogas, ni a una afección
médica. En los niños, los síntomas no se deben a amigos imaginarios ni a
otros juegos de fantasía.
Los síntomas producen estrés significativo o problemas en tus relaciones
personales, trabajo y otros ámbitos importantes de tu vida.
Trastorno de despersonalización-desrealización
Tienes la sensación persistente o recurrente de estar separado de ti mismo,
como si fueras un observador externo de tus pensamientos, sensaciones,
acciones o de tu cuerpo (despersonalización). O bien, te sientes desapegado
o experimentas una sensación de irrealidad con respecto a las cosas que te
rodean, como si estuvieras en un sueño o como si el mundo estuviera
distorsionado (desrealización).
Durante un episodio de despersonalización o desrealización, sabes que lo
que experimentas no es real.
Los síntomas no ocurren solo en el trascurso de otro trastorno mental, como
esquizofrenia o trastorno de pánico, o durante otro trastorno disociativo.
Además, los síntomas no se explican por los efectos directos del alcohol o
de otras drogas ni por una enfermedad, como la epilepsia del lóbulo temporal.
Los síntomas producen estrés significativo o problemas en tus relaciones
personales, trabajo y otros ámbitos importantes de tu vida.
Tratamiento
El tratamiento para los trastornos disociativos puede variar en función del tipo de
trastorno que tienes, pero, por lo general, incluye psicoterapia y medicamentos.
Psicoterapia
La psicoterapia es el principal tratamiento para los trastornos disociativos. Esta
forma de terapia, también llamada «terapia de conversación», «asesoramiento
psicológico» o «terapia psicológica», consiste en hablar sobre tu trastorno y los
problemas relacionados con un profesional de salud mental. Busca un terapeuta
con formación avanzada o experiencia en la atención de personas que han tenido
algún trauma.
Tu terapeuta trabajará para ayudarte a entender la causa de tu trastorno y a
desarrollar nuevas formas de afrontar las situaciones de estrés. Con el tiempo, el
terapeuta puede ayudarte a hablar más sobre el trauma que sufriste, pero, por lo
general, solo lo hará cuando puedas hacer frente a desafíos o situaciones y tengas
una relación con el terapeuta como para tener estas conversaciones de manera
segura.
Medicamentos
Aunque no hay medicamentos que traten específicamente los trastornos
disociativos, el médico puede recetarte antidepresivos, medicamentos para la
ansiedad o antipsicóticos para ayudarte a controlar los síntomas de salud mental
asociados con los trastornos disociativos.
Preparación para la consulta
Como primer paso, puede que el médico pida que te sometas a un examen
minucioso para descartar posibles causas físicas de los síntomas. Sin embargo, en
algunos casos, pueden derivarte de inmediato a un psiquiatra. Si es posible, pídele
a un familiar o a un amigo que te acompañe para que te ayude a recordar la
información.
[Link]
disorders/symptoms-causes/syc-20355215
El trastorno facticio
Es un trastorno mental grave en el cual una persona engaña a los demás
haciéndose el enfermo, enfermándose a propósito o lastimándose a sí mismo. El
trastorno facticio también puede producirse cuando los miembros de una familia o
las personas responsables del cuidado declaran falsamente que otros, por ejemplo
los niños, están enfermos, lesionados o afectados.
Los síntomas de este trastorno pueden variar de leves (una pequeña exageración
de los síntomas) a graves (antes llamado «síndrome de Munchausen»). Es posible
que la persona invente los síntomas o que incluso adultere las pruebas médicas
para convencer a otros de que necesita un tratamiento, como cirugías de alto riesgo.
El trastorno facticio no es lo mismo que inventar problemas médicos para un
beneficio práctico, como irse del trabajo antes o ganar un juicio. Si bien las personas
que sufren este trastorno saben que causan sus síntomas o enfermedades, es
posible que no entiendan las razones de su conducta o que no reconozcan que
tienen un problema.
Se trata de un trastorno difícil de identificar y de tratar. Sin embargo, la ayuda médica
y psiquiátrica es fundamental para prevenir lesiones graves e incluso la muerte por
las lesiones autoinfligidas típicas de este trastorno.
Síntomas
Los síntomas del trastorno facticio implican la simulación o producción de
enfermedades o lesiones, o la exageración de síntomas o de discapacidades para
engañar a otras personas. Las personas que padecen el trastorno llegan muy lejos
para ocultar el engaño, por lo que puede ser difícil darse cuenta de que en realidad
sus síntomas forman parte de un trastorno mental grave. Continúan con el engaño,
incluso sin recibir ningún beneficio o recompensa evidente o cuando se enfrentan
con pruebas objetivas que no respaldan sus dichos.
Los signos y síntomas del trastorno facticio pueden comprender:
Problemas médicos o psicológicos astutos y convincentes
Amplios conocimientos de términos médicos y enfermedades
Síntomas vagos o contradictorios
Afecciones que empeoran sin razón aparente
Afecciones que no responden a las terapias habituales según lo previsto
Buscar atención de muchos médicos u hospitales diferentes, incluso usando
un nombre falso
Resistencia a permitir que los médicos hablen con familiares, amigos u otros
profesionales de salud
Hospitalizaciones frecuentes
Afán por someterse a pruebas frecuentes u operaciones riesgosas
Muchas cicatrices quirúrgicas o evidencia de numerosos procedimientos
Recibir pocas visitas durante la hospitalización
Discusiones con los médicos y el personal
Trastorno facticio impuesto a otro
El trastorno facticio impuesto a otro (antes llamado «síndrome de Munchausen por
poderes») ocurre cuando alguien miente diciendo que otra persona presenta signos
y síntomas físicos o psicológicos de enfermedad, o le provoca lesiones o
enfermedades a otra persona con la intención de engañar a los demás.
Las personas que padecen este trastorno dicen que otra persona está enferma,
lesionada o tiene problemas en sus funciones, y que necesita atención médica. Por
lo general, se manifiesta en padres que dañan a un hijo. Esta forma de maltrato
puede poner al niño en peligro grave de sufrir lesiones o de recibir atención médica
innecesaria.
Cómo fingen enfermedades las personas con trastorno facticio
Como las personas con trastorno facticio se vuelven expertas en fingir síntomas y
enfermedades o en producirse lesiones reales a sí mismas, puede ser difícil para
los profesionales de salud y sus seres queridos saber si las enfermedades son
reales o no.
Las personas con trastorno facticio inventan síntomas o se provocan enfermedades
de varias maneras, entre ellas:
Exagerar los síntomas existentes. Incluso cuando hay una afección
médica o psicológica real, pueden exagerar los síntomas para parecer más
enfermas o afectadas de lo que realmente están.
Inventar historias. Pueden proporcionar una historia clínica falsa a sus
seres queridos, a los profesionales de salud o a los grupos de apoyo; por
ejemplo, pueden afirmar que tienen cáncer o SIDA. También pueden falsificar
los expedientes médicos para que indiquen una enfermedad.
Simular síntomas. Pueden simular síntomas, como dolor de estómago,
convulsiones o pérdida del conocimiento.
Causarse daños o lesiones. Pueden dañarse a ellas mismas, por ejemplo,
inyectándose bacterias, leche, gasolina o heces. Pueden lesionarse, cortarse
o quemarse intencionalmente. Pueden tomar medicamentos, como
anticoagulantes o medicamentos para la diabetes, para simular
enfermedades. También pueden interferir en la cicatrización de las heridas
(por ejemplo, reabrir o infectar los cortes).
Adulteración. Pueden manipular instrumentos médicos para distorsionar los
resultados (por ejemplo, calentar los termómetros). O pueden adulterar los
análisis de laboratorio (por ejemplo, contaminar las muestras de orina con
sangre u otras sustancias).
Cuándo consultar al médico
Las personas con trastorno facticio pueden ser muy conscientes del riesgo de
lesiones o incluso de muerte como resultado del daño que se causan a sí mismas
o del tratamiento que solicitan, pero no pueden controlar su conducta y es poco
probable que busquen ayuda. Aunque se las enfrente con pruebas objetivas (por
ejemplo, con una cinta de video) de que están provocando su enfermedad, con
frecuencia lo niegan y se rehúsan a recibir tratamiento psiquiátrico.
Si piensas que un ser querido puede estar exagerando o fingiendo problemas de
salud, puede ser útil intentar tener una conversación amable con esa persona sobre
tus preocupaciones. Evita la ira, los juicios de valor y las confrontaciones. Además,
intenta reforzar y alentar actividades más saludables y productivas en lugar de
enfocarte en las creencias y conductas disfuncionales. Bríndale tu apoyo y afecto y,
de ser posible, ayúdale a buscar un tratamiento para este trastorno.
Si un ser querido se lastima a sí mismo o intenta suicidarse, llama al 911, pide
asistencia médica de urgencia o, si puedes hacerlo de manera segura, intenta
llevarlo a una sala de emergencias de inmediato.
Causas
No se conoce la causa del trastorno facticio. Sin embargo, una combinación de
factores psicológicos y vivencias estresantes puede provocar el trastorno.
Factores de riesgo
Hay varios factores que pueden aumentar el riesgo de padecer el trastorno facticio,
entre ellos:
Traumas infantiles, tales como abuso sexual o maltrato emocional o físico
Una enfermedad grave en la infancia
Pérdida de un ser querido por muerte, enfermedad o abandono
Experiencias pasadas durante un momento de enfermedad y la atención que
despertaron
Identidad o autoestima deficientes
Trastornos de la personalidad
Depresión
Deseo de estar relacionado con médicos o centros médicos
Trabajar en el ámbito del cuidado de la salud
El trastorno facticio se considera poco frecuente, pero no se sabe cuántas personas
lo padecen. Algunas personas usan nombres falsos para que no las detecten,
algunas visitan diferentes hospitales y médicos, y algunas nunca se identifican, lo
que dificulta realizar una estimación confiable de la cantidad de afectados.
Complicaciones
Las personas con trastorno facticio están dispuestas a arriesgar su vida para que
las consideren enfermas. A menudo, también tienen otros trastornos de salud
mental. Por lo tanto, afrontan muchas posibles complicaciones, entre ellas:
Lesiones o muerte por afecciones autoinfligidas
Problemas graves de salud por infecciones o cirugías, u otros procedimientos
innecesarios
Pérdida de órganos o extremidades por cirugías innecesarias
Abuso de alcohol o de otras sustancias
Problemas significativos en la vida cotidiana, las relaciones personales y el
trabajo
Abuso cuando la conducta se inflige a otras personas
Prevención
Actualmente, no existe ninguna manera conocida de prevenir el trastorno facticio,
ya que se desconocen sus causas. El reconocimiento y tratamiento tempranos del
trastorno facticio pueden ayudar a evitar pruebas y tratamientos innecesarios que
podrían resultar peligrosos.
Diagnóstico
A menudo, diagnosticar el trastorno facticio resulta extremadamente difícil. Las
personas con trastorno facticio son expertas en fingir muchas enfermedades y
trastornos diferentes. Y, con frecuencia, efectivamente tienen enfermedades reales
que incluso pueden poner en riesgo la vida, a pesar de que estas afecciones pueden
ser autoinfligidas.
Debido a que la persona acude a varios médicos y hospitales, el uso de nombres
falsos y las regulaciones de privacidad y confidencialidad posiblemente dificulten o
imposibiliten la recopilación de información sobre experiencias médicas anteriores.
El diagnóstico se realiza en función de la identificación objetiva de síntomas
inventados, en lugar de la intención o de los motivos que tuvo la persona para
hacerlo. Un médico puede sospechar un trastorno fingido en los siguientes casos:
La historia clínica del paciente no tiene sentido
No hay motivos creíbles para la presencia de una enfermedad o de una lesión
La enfermedad no sigue el curso habitual
El paciente no llega a curarse, sin motivo aparente, a pesar de que el
tratamiento que sigue es adecuado
Se observan síntomas o resultados de análisis de laboratorio contradictorios
o incoherentes
La persona se resiste a obtener información previa de expedientes médicos,
de otros profesionales de cuidado de la salud o de miembros de la familia
Se descubre a la persona mintiendo o autoinfligiéndose una lesión
Para ayudar a determinar si una persona padece un trastorno fingido, los médicos
realizan lo siguiente:
Hacen una entrevista minuciosa
Solicitan expedientes médicos anteriores
Hablan con miembros de la familia para obtener más información
Piden solamente las pruebas requeridas para abordar los posibles problemas
físicos
Pueden usar los criterios del Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales DSM-5), publicado por la American Psychiatric Association
(Asociación Estadounidense de Psiquiatría)
Tratamiento
Con frecuencia, el tratamiento del trastorno facticio es difícil y no hay terapias
estándares. Como las personas con trastornos facticios desean asumir el papel de
enfermas, muchas veces no están dispuestas a buscar o aceptar un tratamiento
para la enfermedad. Sin embargo, si se la aborda amablemente y sin emitir juicios
de valor, una persona con un trastorno facticio puede aceptar que un profesional de
salud mental le brinde tratamiento.
Enfoque sin prejuicios
Las acusaciones directas de trastorno facticio, por lo general, hacen que la persona
afectada se enoje y se ponga a la defensiva, y que termine abruptamente la relación
con un médico u hospital y solicite un tratamiento en otro lugar. Por eso, el médico
podría intentar crear un espacio «seguro» para evitarle a tu ser querido la
humillación de admitir que está fingiendo los síntomas y ofrecerle información y
ayuda.
Por ejemplo, el médico puede asegurarle que no tener una explicación para sus
síntomas produce estrés y sugerirle que el estrés puede ser la causa de algunos
síntomas físicos. O bien, puede pedirle que acepte que, si no funciona el próximo
tratamiento médico, explorarán juntos la posibilidad de que la enfermedad tenga
una causa psicológica.
En ambos casos, el médico intentará hacer que tu ser querido recurra a la atención
de un profesional de salud mental. De este modo, tanto el médico como los seres
queridos pueden reforzar las conductas productivas saludables sin prestar atención
innecesaria a los síntomas y el deterioro.
Opciones de tratamiento
Con frecuencia, el tratamiento se concentra en controlar el trastorno, en lugar de
intentar curarlo. En general, el tratamiento comprende:
Tener un médico de atención primaria. Contar con un médico de cabecera
para supervisar la atención médica puede ser útil para controlar la atención
necesaria y el plan de tratamiento, así como para reducir o eliminar las
consultas con muchos médicos, especialistas y cirujanos.
Psicoterapia. La terapia de conversación (psicoterapia) y la terapia
conductual pueden ser útiles para controlar el estrés y hacer frente a desafíos
o situaciones. Si es posible, también se puede sugerir la terapia familiar.
También se pueden abordar otros trastornos de salud mental, como la
depresión.
Medicamentos. Es posible que se utilicen medicamentos para tratar otros
trastornos de salud mental, como la depresión o la ansiedad.
Hospitalización. En casos graves, puede ser necesario permanecer
temporalmente en un hospital psiquiátrico para garantizar la seguridad y el
tratamiento.
Es posible que el tratamiento no sea aceptado o que no resulte útil, en especial si
la persona sufre un trastorno facticio grave. En esos casos, el objetivo puede ser
evitar otros tratamientos invasivos o riesgosos. En los casos en que el trastorno
facticio afecte a otras personas, el médico evaluará si se trata de un caso de maltrato
y lo informará a las autoridades adecuadas, si corresponde.
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Estilo de vida y remedios caseros
En conjunto con el tratamiento profesional, estos consejos pueden ayudar a las
personas con trastorno facticio:
Cumple con tu plan de tratamiento. Asiste a las consultas de terapia y toma
los medicamentos como te lo indican. Si sientes el impulso de hacerte daño
o de provocarte una enfermedad, habla honestamente con el terapeuta o con
el médico de atención primaria para buscar mejores formas de encarar las
emociones.
Ten un médico de cabecera. Cuenta con un solo médico de atención
primaria de confianza para controlar tu atención, en lugar de visitar a varios
médicos, especialistas y cirujanos.
Recuerda los riesgos. Recuerda que podrías enfrentar lesiones
permanentes o incluso la muerte cada vez que te lastimas a ti mismo o te
realizas una prueba o una cirugía riesgosas innecesariamente.
No corras. Resiste el impulso de buscar un médico nuevo o de huir a una
ciudad distinta donde los profesionales de la medicina no conozcan tus
antecedentes. El terapeuta puede ayudarte a sobrellevar estos impulsos
incontenibles.
Conéctate con alguien. Muchas personas con trastorno facticio carecen de
amistades y de otras relaciones. Trata de encontrar a alguien en quien seas
capaz de confiar, con quien compartir momentos agradables y a quien ofrecer
tu propio apoyo.
Preparación para la consulta
Las personas con trastorno facticio, posiblemente, reciban la primera atención
médica si un médico considera que hay problemas psicológicos que pueden influir
en la aparición de la enfermedad. Si un ser querido tiene síntomas que señalan un
trastorno facticio, es posible que el médico que lo atiende se comunique contigo con
anticipación para conversar acerca de los antecedentes de salud de ese ser querido.
Si piensas que un ser querido sufre de trastorno facticio, comunícate con el médico
que lo atiende y empieza a hablar del problema tú mismo. La siguiente información
te ayudará a prepararte para esa conversación.
Qué puedes hacer
Para prepararte, haz una lista que comprenda lo siguiente:
Los antecedentes de salud de tu ser querido, con el mayor detalle posible.
Toma nota de las dolencias de salud, los diagnósticos, los tratamientos
médicos y los procedimientos. Si es posible, lleva los nombres y la
información de contacto de los profesionales de salud que lo atendieron o de
los centros donde recibió atención. Prepárate para ayudar a tu ser querido a
firmar permisos de divulgación de información para obtener registros y
permitir que se lleven a cabo conversaciones con otros profesionales de
salud.
Todo comportamiento o circunstancia actual que observes y que te haga
pensar que tu ser querido puede sufrir de trastorno facticio.
Aspectos importantes de los antecedentes personales de tu ser querido,
como maltrato u otros traumas de la niñez, así como toda pérdida importante
que haya sufrido últimamente.
Medicamentos que tome tu ser querido, entre ellos, los suplementos y los
medicamentos recetados y de venta libre, y sus dosis
[Link]
departments/ddc-20356036